Capitulo veintitrés

Edward POV

Me desperté a la mañana siguiente cuando un rayo de sol me golpeó en la cara… me revolví en mi cama y me tapé la cabeza con la sábana. De repente lo recuerdos de la noche anterior inundaron mi mente, una enorme sonrisa se me pegó a la cara… Bella me había perdonado, habíamos hecho el amor, ella era mía de nuevo. Estiré e brazo buscándola por la cama solo para encontrarme con su lado del colchón vacío y frío…

Me senté en la cama de golpe y miré a mí alrededor, buscándola. Pero ella no estaba, y su ropa tampoco. Me levanté de golpe y fui corriendo hasta el baño… quizás se estaba dando una ducha, pero cuando abrí la puerta solo había vacío… no podía entenderlo, la noche anterior todo había ido tan bien… quizás demasiado bien.

Corrí hacia mi ropa y busqué el teléfono… quizás me había dejado un mensaje antes de irse… o una llamada… o lo que sea. Lo cogí mientras mis manos temblaban enérgicamente. Sólo había un mensaje de Emmett.

"Si la princesita pregunta, no has estado con Bella"

Mi ceño se arrugó, no entendía nada… Bella había desaparecido sin dejar rastro y Emmett me envía ese mensaje… me apoyé en la pared y dejé que mi cuerpo fuese descendiendo poco a poco hasta el suelo, agarré mi cabeza con las manos y dejé que toda la angustia y dolor que estaba comenzando a sentir se apoderara de mí.

Bella POV

Estaba entre sus brazos, haciendo el amor con él, sintiendo cada caricia y grabándolas a fuego en mi memoria. Quería recordar esa noche, quería que dentro de veinte años recordáramos esta vez casi como la primera… lo amaba. Sé que puede sonar estúpido, lo había perdonado con solo cuatro palabras… pero había tanta sinceridad en su voz. No podía continuar viviendo sin él, parecía que si lo estaba haciendo pero cuando volví a verlo sentí que solo respiraba a medias, que solo reía a medias… todo era a medias si no podía compartirlo con él.

Me desperté en mitad de la noche rodeada por sus brazos. La luz de la luna se colaba por la ventana y me dejaba apreciar su silueta sobre la cama, a mi lado, abrazándome… sonreí casi involuntariamente. No entendía como podía caber tanto amor dentro de mi pecho. Acaricié su rostro y sentí como sus labios se tensaban en una ligera sonrisa… la mía se ensanchó al instante. Se acomodó sobre la cama y me apretó con más fuerza contra su pecho, ese era mi lugar, quería estar así cada noche, sintiendo su piel contra la mía. Volví a cerrar los ojos y me dejé llevar de nuevo. Solo deseaba que saliese el sol y poder ver sus ojos de nuevo.

El timbre de mi teléfono me despertó de nuevo. Una luz rojiza se colaba por las ventanas indicándome que todavía estaba amaneciendo… era demasiado temprano. Me desperecé y caminé a trompicones hacia mi pantalón, donde estaba el maldito aparato. Miré el identificador y ese número no lo tenía registrado… mi ceño se frunció pero contesté de todos modos… una llamada a esas horas solo tenía dos motivos: o había pasado algo o era una broma.

– ¿Diga? –pregunté en un susurro para no despertar a Edward que todavía dormía plácidamente,

– ¿Bella? Soy Emmett, siento despertarte pero es importante –me dijo una voz al otro lado.

– ¿Emmett? –Pregunté confundida– ¿Ha pasado algo?

– Algo así… ¿has visto a Edward? –preguntó.

Yo miré hacia la cama y enrojecí… ¿qué si lo había visto? En todo su esplendor… y esperaba hacerlo durante mucho tiempo más. Una sonrisa estúpida se me formó en el rostro al pensar en todo lo que nos quedaba por vivir juntos.

– Sí… sí que lo he visto –susurré.

– ¡Mierda! Sabía que estaba ahí– masculló.

– Emmett… ¿Ha pasado algo? –volví a preguntar.

– Voy a tu casa, haz las maletas y sal de Nueva York ya… yo estoy en un hotel iré a buscarte ahora mismo.

– Emmett –dije con voz temblorosa– ¿Es una broma cierto?

– Ojalá… voy hacia tu casa y ahora te explico.

– No estoy en casa, estoy con Edward, en un hotel –mi voz sonaba entrecortada.

– Está bien... dame la dirección y ahora voy a buscarte… si puede ser que Edward no se entere de nada –dijo.

– Emmett… ¿qué está pasando?

– Te explico en cuanto nos veamos… sal al hall del hotel cuanto antes, estoy de camino.

Después de darle la dirección exacta del hotel colgué el teléfono y me vestí con la ropa del día anterior. Me acerqué a la cama donde Edward dormía tranquilamente… tenía una sonrisa dibujada en sus labios… me estaba costando horrores ponerme en pie y salir de aquella habitación. No sabía el motivo ni por cuánto tiempo sería… me partía en dos tener que separarme de él justo después de habernos recuperado. Me incliné y besé sus labios con cuidado de no despertarlo…

– Lo siento… te amo –susurré contra sus labios antes de volver a besarlo otra vez.

Salí de aquella habitación sin hacer ruido, y al cerrar la puerta sentí como se me volví a partir el corazón en mil pedazos. Bajé al hall por las escaleras… no me apetecía darme prisa… cada paso que daba me costaba más que el anterior, sentía una especie de gravedad o magnetismo que me empujaba a la dirección contraria a la que quería avanzar, hacia aquella habitación…

Cuando llegué al Hall un muy nervioso Emmett me esperaba dando vueltas como un león enjaulado. E acerqué a él lentamente y en cuanto me vio me envolvió en sus brazos y me dio un fuerte abrazo. Yo me dejé hacer… me alegraba verlo después de tanto tiempo, pero no el motivo por el que lo hacía, que aun no sabiendo exactamente lo que pasaba sabía que no era nada bueno gracias a la expresión de Emmett.

– ¿Vas a decirme que pasa? –volví a preguntarle.

– Aquí no… vamos –dijo mientras me arrastraba hacia la salida.

Tenía uno de sus brazos sobre mis hombros, y parecía que quería ocultarme de algo, porque tenía mi cara prácticamente incrustada en su pecho. Me metió en un coche negro con los cristales tintados y antes de cerrar la puerta miró a ambos lados como buscando a alguien. Cuando se sentó en el asiento del conductor me crucé de brazos y lo miré con el ceño fruncido.

– ¿Me vas a decir que pasa? –volví a preguntarle.

Me miró durante unos segundos y arrancó el coche volviendo la mirada al frente.

– Vamos a tu casa a buscar algo de ropa –dijo simplemente.

– Emmett…

– Está bien… pero no le digas a nadie –suspiró– Tanya sabe dónde estás… no sé cómo te ha encontrado. Bueno sí lo sé… para Charlotte fue muy fácil así que para ella también, por lo que…

– Para, para, para… –lo detuve– ¿Qué Charlotte qué?

Emmett volvió a suspirar…

– ¿No te lo ha contado Edward? –Preguntó, a lo que yo negué con la cabeza– Charlotte te estaba buscando, ¿por qué crees que te encontró Edward?

ME quedé pensativa unos instantes, hasta que dejé ese tema aparcado para analizarlo en otro momento.

– ¿Qué pasa si Tanya sabe dónde estoy? –le pregunté a Emmett

– Que está loca… –murmuró– nos hemos enterado de un par de cosas… ahora solo te diré que estás en peligro y tienes que salir de la ciudad.

– ¿Qué? ¿Por qué? No puedo... Emmett, mi trabajo… la universidad… no le he dicho nada a Edward… ni a mi familia… ¿Por qué? –pregunté atropelladamente.

– Ahora vamos a buscar tu ropa… después te sigo contando... tenemos un largo viaje por delante… –dijo con una sonrisa triste.

Asentí y miré alrededor, estábamos estacionados frente a mi edificio. Bajé mecánicamente del auto y caminé como autómata hasta mi apartamento. Al abrir la puerta Ness y Jake estaban sentados en el sofá, en silencio y con cara de preocupación. Ness parecía nerviosa y Jake… Jake estaba enfadado. En cuanto puse un pie en el interior Ness me envolvió en sus brazos mientras casi lloraba. Jake miraba desde el sofá, con los brazos cruzados y una evidente cara de frustración.

– ¿Qué ha pasado? –preguntó Ness apartándose un poco de mí.

– Tengo… tengo que irme –susurré para que no se me rompiese la voz.

– ¿Otra vez escapas? –Pregunto Jake poniéndose en pie– Ese Cullen no me gusta y solo te hace daño...en cuanto el aparece escapas y no dices porque…

– Jacob… este no es el mejor momento para una de tus escenitas de hermano mayor –dije algo molesta.

– Te he hecho la maleta… Alice llamó hace una hora y me dijo que lo hiciese –susurró Nessa.

– Gracias… –le dije abrazándola de nuevo.

– ¿A dónde vas esta vez? –gruño Jacob.

– A Florida… Jacksonville –dijo Emmett.

– ¿Vas con tu madre? –preguntó Jake.

– No… con mamá no… ella está de viaje con Phil –mentí.

Jake bufó y comenzó a dar vueltas por el salón mientras murmuraba maldiciones, Ness estaba a mi lado, agarrada a mi mano y mirándome con tristeza.

– Dile a Ben y Ang que lo siento –susurré–, y dale un beso a Brian.

Ella me devolvió una sonrisa triste, mientras volvía a abrazarme.

– ¿Cuándo vuelves? –preguntó con voz ahogada.

Yo miré Emmett… era él quien tenía todas las respuestas.

– Espero que en unos días todo esté solucionado. De todos modos, estaremos en contacto. Y si podéis... salid de aquí, no es seguro –dijo mirando a Jake.

– ¿Pero qué está pasando? –preguntó Jake bufando.

– Llévatela a Forks –dijo Emmett en su dirección señalando a mi amiga– podrá quedarse en el apartamento de Bella o con los Cullen si no quiere estar sola.

– ¿Tan grave es? –le pregunté a Emmett.

– Lo siento Bella… está loca… no sé cómo ha podido llegar a pasar esto –dijo mirando al suelo–, tenemos que irnos… no es seguro que sigas aquí.

– Ness… te encantará Forks, puedes quedarte en mi casa el tiempo que quieras.

– ¿Pero que está pasando? –volvió a preguntar Jake.

– Hablad con Alice, ella os contará hasta donde pueda –volvió a contestar Emmett.

Me despedí de mi hermano y de mi amiga y bajé las escaleras con Emmett pisándome los talones, el llevaba una maleta con mis cosas, la metió en el maletero del coche mientras yo me acomodaba en el asiento del acompañante una vez más. Me hundí en él, cerré los ojos e intenté por todos los medios que las lágrimas que llevaban minutos amenazando con salir lo hiciesen, sentí los brazos de Emmett rodeándome mientras me hacía presa del llanto. No entendía como las cosas podían cambiar tan de repente, hace solo unas horas era completamente feliz de nuevo…

– Bella… se arreglará todo ¿de acuerdo? –me susurró al oído.

Yo solo asentí y volví a colocarme en mi asiento mirando con melancolía por la ventana… otra ciudad que dejaba atrás… aunque esta vez no era por voluntad propia.

– ¿Me lo vas a explicar todo? –le pregunté con un hilo de voz.

– Tanya está loca –masculló.

– Eso ya lo he oído… quiero saber lo que está haciendo –le pedí.

Suspiró y me miró de reojo.

– Antes de nada te diré que no vamos a Florida… vamos a los Ángeles –lo miré con la boca abierta dispuesta a protestar–, es mejor así créeme, cuantas menos personas lo sepan mejor.

– Peso Nessie es de confianza –protesté.

– Lo sé… pero es mejor así… de verdad.

– A ver… explícame que es lo que quiere esa "loca" –remarqué la última palabra.

– Quiere a Edward –contestó.

Me quedé pensándolo unos instantes.

– ¿Y eso que tiene que ver conmigo? –pregunté confusa.

– Todo… tú eres su mayor impedimento para llegar a él. Aunque él ya le había dejado las cosas claras antes de conocerte, pero para ella tú eres la única culpable –explicó Emmett.

– De acuerdo… y ¿por qué estoy en peligro?

– Nos hemos enterado de que ha contratado a alguien para darte un susto, un aviso para que te alejes de él. Sabe dónde vives, donde estudias y donde trabajas. Seguro que ha contratado a algún detective –me quedé con la boca abierta procesando sus palabras– por eso le he dicho a tu amiga y al armario empotrado de tu hermano que salgan de tu apartamento, es probable que entren en él buscándote.

– Emmett eso… no puede ser… me estás tomando el pelo ¿no? –pregunté.

– Lo siento… ojalá fuese broma.

– Esto parece una película de acción –mascullé entre dientes.

– Y mira por donde te han dado el papel protagonista –dijo sonriendo.

– Emmett... no me parece gracioso –dije al borde de las lágrimas de nuevo.

– Venga… no te pongas así… solucionaremos esto en unos días… después no reiremos de esto –dijo acariciando mi rodilla.

Desvié la mirada hacia la ventana de nuevo, estábamos en una autopista… al parecer íbamos a hacer un largo viaje… prácticamente cruzaríamos el país de un lado a otro. Suspiré… solo me apetecía haberme quedado en la cama con Edward…

– ¿cómo habéis sabido todo esto? –le pregunté sin mirarlo.

– J. Jenks, el publicista de Tanya tiene la lengua floja… solo asustándolo un poco ha cantado como un pajarito –por su tono de voz se notaba que estaba sonriendo.

– No es justo que te aproveches de tus músculos para amedrentar a los demás –le regañé mirándolo con el ceño fruncido.

Me deslumbró con una enorme sonrisa.

– ¡Oh! No he sido yo… ha sido Jasper.

– ¿Jasper? –Pregunté sorprendida – ¿Jasper… nuestro Jasper?

– El mismo… tenías que haberlo visto... pensé que se mearía en los pantalones –decía carcajeándose.

Una tímida sonrisa se asomó en mi rostro al imaginarme la escena… no podía. Jasper simplemente era la tranquilidad en persona, no podía imaginármelo asustando a alguien.

– Jazz te quiere… haría cualquier cosa por ti por Alice –susurró Emmett sacándome de mis pensamientos.

– ¿Jazz? –pregunté divertida.

– ¿Qué? Es un gran tipo… me cae bien.

Después nos quedamos en un cómodo silencio durante unos minutos.

– ¿Por qué vamos en coche? –Le pregunté– ¿No había sido más rápido en avión?

– Así es más fácil despistar… es posible que continúen siguiéndote –contestó sin desviar la mirada de la carretera.

– ¿Podrías ir más despacio? –pregunté después.

Me miró sonriendo y pude ver alegría en sus ojos.

– Así llegaremos antes… –dijo simplemente.