La historia pertenece a Adriana Rubens y los personajes a Thomas Astruc. Mío solo es el tiempo que invierto en hacer esta adaptación.

Bueeeno bueno, tocaba capítulo el lunes y mañana pero como el lunes tuve algunos problemas de internet y mañana no voy a poder subirlo. SORPRESA! Dos capítulos hoy.

A leer!

Capitulo 23

Cuando Adrien llegó a casa de Marinette, acompañado de Luka, se estaba cocinando a fuego lento. Se sentía un autentico majadero, embobado por una bruja de aspecto inocente que no hacía más que ocultarle cosas y que con solo una mirada podía conseguir lo que fuera de él.

Era irrisorio.

Para colmo, su hermano pequeño, en su faceta de medico integro, se había negado a explicarle de que iba todo aquello alegando secreto profesional. ¡Cachorro impertinente! En cuanto pudiera quedaría con él en el Hansson's, un club de boxeo selecto al que acudían los dos, para darle una buena zurra.

Todavía no habían llamado a la puerta cuando se abrió.

Doctor Agreste, lord Agreste, los estábamos esperando – declaró el mayordomo con preocupación en la mirada.

Era el primer rasgo de humanidad que Adrien veía en aquel hombre, lo que le hizo darse cuenta de la gravedad de la urgencia.

Los condujeron sin perdida de tiempo a una habitación del piso superior. Adrien no sabia que esperar; por eso se sorprendió al encontrarse con Marinette velando a una pequeña figura que yacía en el centro de una cama tan grande que empequeñecía aún más a su ocupante. La muchacha pareció aliviada al ver aparecer a los dos hombres. Compuso una temblorosa sonrisa de agradecimiento para Adrien, pero en seguida centró su atención en Luka.

Doctor Agreste, gracias por darse tanta prisa.

Luka asintió y miró con el ceño fruncido a la niña que temblaba de costado hecha un ovillo, con el rostro pálido y contraído, cubierta por una gruesa manta. Se le acercó con movimientos suaves.

¿Qué le ocurre?

Se llama Mary, está… - murmuró Mari, y bajó tanto el tono que Adrien no pudo distinguir las palabras. Se acercó un poco más para enterarse de una vez de lo que estaba pasando.

Luka tensó la mandíbula al oírla. Se sentó en la cama, le puso una mano en la frente a la niña y le habló con tono tranquilizador:

Hola, Mary, soy el doctor Agreste – le susurró con dulzura -. Me han dicho que no te encuentras muy bien y he venido a ayudarte. ¿Me enseñas donde te duele?

La niña entreabrió los ojos, nublados por el dolor. Reflejaban el alma rora de quien ha vivido un infierno y no ha conseguido salir impune. Asintió temblorosa.

Luka apartó con cuidado la manta para poder examinarla.

¡Por el amor de Dios! – exclamó Adrien, incrédulo.

Quizá Luka estuviera acostumbrado a ver situaciones de ese tipo, pero él, desde luego, no. Aquella cría no podía tener más de diez años y se encontraba en avanzado estado de gestación.

Dirigió una mirada inquisitiva a Marinette, en busca de respuestas.

¿Estaba entre los niños que rescataste de ese malnacido?

Sí, la…, la compré en Whitechapel – explicó Mari en un murmullo bajo para que la niña no lo oyera -. La pobre trabajaba de prostituta, pero en su estado ya no les servía y la iban a matar.

Adrien no podía apartar los ojos de aquella pequeña. En su mundo aquellas cosas no pasaban; eran inconcebibles. ¿Cómo era posible que hubiera personas como él, que tenían toda clase de lujos, derechos y comodidades, en la misma ciudad que permitían que niñas como aquella se prostituyeran?

No le hacía gracia que Marinette se hubiera mezclado en algo tan sucio y peligroso, cuando la escoria que estaba detrás de aquello la había amenazado.

En un segundo, su instinto protector, de por sí ya muy desarrollado, se mezcló con la intensa e incontrolable emoción que le provocaba aquella muchacha, creando un sentimiento que fue incapaz de sobrellevar de forma racional.

Te prohíbo que vuelvas a Whitechapel – gruñó con voz tensa -. No quiero que vuelvas a mezclarte con un asunto como este. Más aun, te prohíbo que vuelvas a pisar El Jardín Secreto.

La muchacha se puso rígida y adoptó la postura guerra que había visto un montón de veces en Ladybug y que siempre lo excitaba.

¿Me lo prohíbes? – inquirió indignada -. Te recuerdo que no tienes ningún derecho a prohibirme nada.

Te recuerdo que soy tu prometido y, como tal, tengo todo el derecho de…

Luka, consciente de que su hermano no era nada propenso a subir la voz, lo miró desconcertado, pero al ver que la niña temblaba no dudó en intervenir.

Si vais a discutir, salid de aquí, o perturbareis a la niña más de lo que está – interrumpió con tono duro, mientras sacaba sus instrumentos del maletín para examinar a la pequeña.

Adrien masculló un improperio y, con gesto adusto, cogió a Marinette del brazo y la sacó de la habitación.

Llevame a algún sitio donde nadie nos pueda interrumpir – ordenó impaciente.

La muchacha lo condujo al piso inferior y entraron en una biblioteca muy parecida a la de El Jardín Secreto. En cuanto la puerta se cerró tras ellos comenzaron las preguntas.

Por Dios, Marinette – exclamó él, hundiéndose los dedos en el cabello claro -. Explícame que ha pasado para que hayas acabado metida en semejante situación.

Mi tía Natalie era la dueña de El Jardín – explicó con sencillez -. Cuando murió, lo heredé.

¿En qué pensaba tu tía al dejarte semejante herencia? – inquirió incrédulo -. ¿Y por qué demonios la aceptaste? ¿Por dinero? – Empezó a pasearse de un lado a otro de la habitación -. Sabes que ni mi familia ni yo íbamos a permitir que te faltara nada; como mi prometida estas bajo mi responsabilidad.

Pues tienes una forma muy curiosa de cuidar de tus responsabilidades.

Adrien se merecía el reproche y lo sabía, pero en aquel momento no se le había ocurrido nada mejor. Dos años atrás, ella era demasiado joven para saciar la pasión que había despertado en él, y la única forma de mantenerse apartado era poner distancia entre ellos.

Que no estuviera aquí no significa que no estuvieras protegida. Mis padres me aseguraron que velarían por ti en mi ausencia. De todas formas, ya no tiene sentido discutir sobre eso. Ahora ya estoy aquí, así que dejaras cualquier relación con El Jardín Secreto de inmediato y te trasladarás a Bellrose House hasta la boda.

No pienso hacer nada de eso y no me puedes obligar. No puedes presentarte después de dos años sin preocuparte por mi y tomar el control de mi vida en un segundo. Soy una mujer independiente y pretendo seguir siéndolo – dijo ella, alzando el rostro y con los bazos en jarras.

A Adrien se el encendió la sangre. Era la única persona que se atrevía a plantarle cara de aquella manera, la única capaz de llevarle la contraria, la única capaz de hacerle perder la cabeza.

Como tu futuro esposo tengo derecho a…

No me voy a casar contigo – anunció con seriedad -. Los dos sabemos que te comprometiste conmigo para acallar a mi tía. Ahora ya no está, ya no es necesario ese sacrificio.

¿Sacrificio?, pensó Adrien asombrado. Esa muchacha no tenía ni idea.

El sacrificio había sido pasar dos años alejado de ella, dos años en los que no había podido tocar a otra mujer, dos años en los que había intentado convencerse de que aquella noche en el invernadero había sido tan solo un episodio de pasión incontrolable…y únicamente habían hecho falta dos días para que se diera cuenta de la profundidad de sus sentimientos.

En un par de zancadas llegó hasta ella y, antes de que pudiera reaccionar, la apresó entre sus brazos y la besó con pasión. Su boca se apoderó de los labios femeninos con fiereza, y su lengua buscó la entrada a la miel de su interior. La muchacha respondió de inmediato, con una dulzura que, como siempre, prendió hasta la ultima partícula de su ser.

¿En serio crees que esto es un sacrificio? – musitó él, y abandonó su boca para dejarle un reguero de besos en la tierna curva del cuello.

La muchacha se rindió con un suspiro entrecortado y enlazó los brazos alrededor de su cuello. En esos momentos los dos sabían que ella no le podía negar nada.

Unos suaves golpes en la puerta tuvieron el mismo efecto que un jarro de agua helada sobre sus acalorados cuerpos. Se separaron con premura, ella evitando su mirada y él mirándola con la promesa de que sería suya.

Luka entró a la biblioteca con semblante serio.

Necesito una copa – suspiró, dejándose caer en el sofá.

Adrien se la puso en la mano a una velocidad asombrosa.

¿Cómo está Mary? – preguntó Marinette, restregándose las manos con nerviosismo.

Está bien; tan bien como puede estar cuna cría que ha pasado por un infierno – musitó con voz cansada -. Pero la criatura que esperaba ha nacido muerta. Era demasiado pronto. – Se bebió la copa de un trago -. ¿Qué clase de mundo permite estas atrocidades? – preguntó, a nadie en concreto -. Apenas tiene diez años; debería estar jugando con muñecas y no recuperándose de un parto prematuro. ¿Qué clase de degenerados hacen cosas así?

El hombre que había amenazado a su prometida: Hawk Moth. Y Adrien se prometió que movería cielo y tierra para acabar con él.

¿Review? ;)