La historia pertenece a Adriana Rubens y los personajes a Thomas Astruc. Mío solo es el tiempo que invierto en hacer esta adaptación.

Capitulo 24

A la mañana siguiente, tras una noche de insomnio cuidando a Mary, Andrew comunicó a Marinette, con su habitual talante impasible, que el inspector Roberts estaba en la puerta y solicitaba hablar con ella.

Lo recibió en la biblioteca, sentada detrás de su escritorio, con una sonrisa rígida y la clásica postura de la señora Bustier.

Querida señorita Cheng, su belleza aumenta cada vez que la veo – comentó a modo de saludo.

¿Qué desea, inspector Roberts? – inquirió ella de forma directa, con intención de hacerlo salir de su casa cuanto antes -. ¿Tiene alguna novedad sobre la muerte de mi tía?

Me temo que por esa parte no he hecho ningún avance; todo parece indicar que su tía sorprendió a un ladrón – explicó -. Pero no he venido por eso. Me sorprende no haber recibido noticias suyas después de un mes – dijo con voz suave, y se sentó en uno de los sillones que enfrentaban el escritorio -. ¿Acaso ha olvidado nuestro acuerdo?

No sé de ningún acuerdo – respondió ella en tono seco -. Solo se que usted me chantajeó para que buscase una libreta, pero siento comunicarle que por ahora no la he encontrado. ¿Esta seguro de que mi tía la tenía?

Completamente; ella misma me dijo que la había dejado a buen recaudo en la biblioteca de El Jardín.

Le aseguro que he registrado minuciosamente cada centímetro de esa habitación y no he dado con ella.

Pues busque mejor – gruñó, y la miró pensativo -. He venido porque ha llegado a mis oídos que ha estado interfiriendo en los negocios de Hawk Moth. ¿Acaso ha descubierto lo lucrativa que resulta la prostitución infantil y quiere sacar tajada?

Por supuesto que no – replicó indignada -. Me ofende que piense eso. Tan solo vi la oportunidad de ayudar a unos niños.

Pues deje de hacerlo – gruñó el inspector -. Llevamos mucho tiempo detrás de Moth y no queremos que se ponga nervioso por culpa suya y cambie sus hábitos. Concentre sus esfuerzos en localizar la maldita libreta. No me defraude o lo lamentará – amenazó a modo de despedida.

Marinette no perdió el tiempo: fue directa a la biblioteca de El Jardín Secreto.

No había mentido al inspector Roberts; había registrado cada centímetro de aquel lugar. Había rebuscado entre los libros, en el escritorio, en la vitrina de las máscaras, en los sofás, en los muebles auxiliares…y en el secreter.

Había inspeccionado ese endiablado mueble milímetro a milímetro y, si bien era cierto que había descubierto un sorprendente numero de compartimentos ocultos, en ninguno se encontraban los dichosos documentos que quería el inspector. Lo único que se le ocurría era que faltaba algún recoveco por descubrir en el enrevesado secreter.

Sus manos acariciaron la superficie del mueble, explorando con el tacto en busca de posibles resortes.

Sigues insistiendo en que está ahí.

La voz de Nino la sobresaltó.

Es el lugar más lógico para esconder la dichosa libreta. Hasta ahora ha aparecido un montón de papeles, pero no la libreta que busca Roberts; sobre todo son cartas personales.

¿Las has leído?

Ya te lo he dicho: es correspondencia personal de mi tia – explicó indignada -. Tan solo las he hojeado para confirmar que no son lo que busca el inspector.

¿Te importa si las leo yo?

¿Te parece adecuado leer la correspondencia ajena?

Nino soltó un bufido, como si no le importara en absoluto lo que se considerase apropiado.

¿Sabes?, el inspector ha venido a verme esta mañana. Se está impacientando porque no encuentro la libreta. Parece que tampoco le ha hecho gracia que haya interferido en los negocios de Hawk Moth.

Y no es el único. A tu prometido tampoco le ha entusiasmado.

Ya te lo he dicho: no es mi prometido – murmuró Mari -. Ayer puse fin al compromiso.

O al menos lo había intentado, pero el muy cabezota no le había hecho caso. Era difícil imponerse a una persona que con solo tocarla la hacía perder la razón. Tenía que encontrar la forma de hacerle entender que no se podían casar.

Marinette tenía grabadas a fuego las palabras que Adrien había dicho a Plagg la noche anterior: Los hombres como nosotros no nos podemos casar con mujeres como ella, pero sí podemos tenerlas de amantes. Y tenía razón: el matrimonio entre ellos era imposible; la amenaza del escándalo los perseguiría siempre. La marquesa de Chat Noir no podía pasearse por Whitechapel y mezclarse con prostitutas, y Marinette estaba decidida a ayudar a esas mujeres a conseguir una vida mejor.

Le habría resultado más fácil romper el compromiso si no hubiese hecho el amor con él, pero no había forma humana de resistirse. Más aun, lo deseaba de forma vergonzosa. El problema era que conocía a Adrien y su sentido del honor. Ahora que había tomado su virginidad seria imposible convencerlo de que, tal como estaban las cosas, lo más juicioso era cancelar el compromiso.

Unos golpes en la puerta la devolvieron a la realidad.

Ladybug, el marques de Cat Noir está en la entrada – anunció la señora Befana -. Dice que viene a hablar con su prometida.

Parece que todavía no se ha enterado de la ruptura de vuestro compromiso – observó Nino con una sonrisa irónica.

Ese hombre es terco como una mula. Se guía solo por el sentido del honor.

Lahiffe la miró pensativo.

¿Realmente quieres romper con lord Agreste?

No, es lo último que deseo.

Sí – contestó, intentando parecer convincente.

Señora Befana, denos dos minutos y déjelo pasar – instruyó Nino, guiñando un ojo a la mujer.

Bajo la curiosa mirada de Marinette, dejó entreabierta la puerta de la biblioteca y empezó a desabrocharse la chaqueta.

Solo hay una manera de que un hombre con la determinación del marqués cambie de opinión sobre el compromiso – explicó mientras se soltaba la corbata y los primeros botones de la camisa.

Cogió a Marinette de la mano y la tendió en el mismo sofá donde, la noche anterior, había yacido con Adrien.

¿Estas loco? Nos matará a los dos – exclamó cuando se dio cuenta de sus intenciones.

No pudo decir nada más, porque al instante siguiente tenía encima el pesado cuerpo de Nino. Los labios del hombre se movieron con destreza sobre los suyos en un beso que, si bien no la estremecía como los de Adrien, no podía negar que era agradable.

Si quieres que esto funcione, pásame los brazos por el cuello y deja de comportarte como un pescado frio – le murmuró al oído.

¿Pescado frio? Marinette lo fulminó con la mirada y procedió a besarlo como si su vida dependerá de ello, como si fueran los labios de Adrien los que se posaban ardientes sobre los suyos.

Hija de puta – atronó una voz iracunda.

Adrien – balbució la muchacha. Se quitó de encima a Nino y se puso de pie al instante.

El marques de Chat Noir mostraba un semblante pétreo, con el cuerpo rígido de ira y una mirada asesina. Aunque debajo de esa ira Marinette pudo percibir un intenso dolor que la hizo tambalearse.

Adrien, yo…

Querida, no tiene ningún sentido que pongas excusas – afirmó Nino de pronto, rodeándola con el brazo -. El marques merece saber la verdad. Marinette está enamorada de mi – añadió con una sonrisa relamida.

Los ojos verdes se clavaron en ella como puñales.

¿Eso es cierto?

Por supuesto que no.

Si…, amo a Nino.

Adrien se tambaleó como si lo hubieran golpeado, pero se recompuso al instante. Mari vio como se apagaba el brillo esmeralda de sus ojos hasta que no fueron más que dos trozos de jade opaco, vacíos de toda expresión, de toda emoción, de todo sentimiento. Y se sorprendió de lo mucho que parecían haberle dolido sus palabras.

No lo entiendo – murmuró -. Si estabas enamorada de él, ¿por qué dejaste que ayer te hiciera el amor?

Marinette titubeó, sin saber que contestar a eso. Nunca en la vida dejaría que otro hombre la tocara, a no ser que fuera Adrien.

Nino salió en su ayuda de nuevo:

Fue por mi causa – reconoció con una sonrisa -. Tengo la norma de no acostarme con vírgenes. – Se encogió de hombros -. Pero ahora, gracias a ti, ya no existe ese inconveniente.

Adrien la miró con un atisbo de suplica en los ojos, como rogándole que desmintiera aquellas palabras.

¿Qué esperabas? Después de dos años sin saber de ti, era normal que mis afectos se desviaran hacia otra persona – declaró, sorprendida de que su voz no temblara como su cuerpo.

Adrien tensó la mandíbula y apretó los puños. Con gesto rígido, buscó en el bolsillo interior de su chaqueta, sacó una bolsa de dinero y la arrojó a los pies de Mari.

Por los servicios prestados – aclaró con tono despectivo -. Con un poco más de práctica, seguro que te conviertes en la estrella de este burdel.

Mari no dijo nada, consciente de que se merecía ese insulto y mucho más. Apretó los puños con tanta fuerza que notó como las uñas se le clavaban en la piel. Pero aquel dolor fue bienvenido; alivió la sensación de vacío que la inundó al verlo salir de la habitación sin mirar atrás.

Se quedó paralizada, intentando recuperar el aliento y controlar los temblores que recorrían su cuerpo.

Plas, plas, plas, plas.

Magnifica actuación – exclamó Nino, aplaudiendo -. Durante un momento he pensado que el imperturbable marques de Chat Noir te estrangularía. Desde luego, tu si que sabes sacar lo mejor de ese hombre – ironizó con una sonrisa -. Te odia.

Marinette se derrumbó en el suelo con un gemido agónico, mientras desgarradores sollozos salían de su garganta, en un intento de atemperar la desolación que sentía.

¡Por Dios, muchacha! – exclamó Nino asombrado, arrodillándose junto a ella -. ¿Qué te ocurre? Pensé que esto era lo que querías.

Es…, es el marques de Chat Noir – balbució entre sollozos -, y yo… solo soy una rata de alcantarilla. Si se descubriera mi origen, el escándalo y la vergüenza recaerían sobre el y su familia. He hecho lo mejor para todos.

Entonces, ¿Por qué lloras? – preguntó Nino con voz suave, mirándola con compasión.

Mari lo miró abatida, con los ojos llenos de lágrimas y los labios temblorosos.

Porque lo amo.

¿Review? ;)