Nota antes de comenzar: ¡Perdón! Por favor, no me odien porque hoy no les traigo lo que sigue justo donde se quedó el capítulo anterior. Lo que les tengo hoy, es, ni más ni menos que… ¡El punto de vista de Harry! ¡Y con capítulo doble: uno hoy, otro mañana!)
(Paciencia y serenidad, pequeños saltamontes. ¡Les prometo que les va a gustar y, después, lo que sigue les sabrá mucho mejor!)
Capítulo 24. La historia de Harry, primera parte
Lunes 25 de diciembre.
Harry estaba que se lo llevaban los mil demonios. Corría de arriba abajo por toda la casa, llamando a Kreacher a gritos y pidiéndole ayuda para terminar de empacar todos sus baúles. El servicio de mudanza internacional que Hermione le había conseguido no iba a demorar en llegar a tocar a la puerta y él apenas llevaba la faena hecha a medias.
El maldito elfo anciano estaba escondiéndose para no ayudar, y Harry estaba a punto de un ataque de nervios.
Estaba abriendo la boca por vigésima vez para gritarle a Kreacher, cuando éste se le apareció enfrente y le sacó un susto. Vaya, ¿así que ahora el elfo tenía poderes de adivinación?
No obstante, antes de poder pedirle nada, Kreacher se inclinó y le dijo:
—El amo Harry Potter tiene una llamada en la chimenea de la cocina, señor. Su amigo el señor Ron Weasley lo busca.
Harry cerró la boca antes de decir nada y, molesto por la interrupción, corrió escaleras abajo hacia la cocina para averiguar qué era lo que Ron quería. Ya en la mañana se habían hablado para desearse feliz Navidad, ¿qué podría ser ahora?
Todavía no terminaba de colocarse delante de la chimenea encendida, cuando comenzó a hablar a toda prisa:
—Ron, si esto tiene algo que ver con las cartas que me ha estado enviando Gabrielle, ya te dije que yo no estoy interesado en inmiscuirme con… —se silenció porque, al acercarse al hogar, vio a Ron negar con la cabeza en movimientos muy enérgicos—. ¿Ah, no?
—No, no. No se trata de eso. No me lo vas a creer, compañero —dijo Ron con urgencia—, pero acabo de recibir una llamada de parte del hurón Malfoy, de entre toda la maldita gente.
De inmediato, Harry se inquietó por lo que fuera que Ron tuviera que contarle. Tenía años que no sabía de Malfoy, pero, por alguna razón, el rubio siempre era un tema de conversación que hacía saltar todas sus alarmas en cuanto escuchaba su nombre porque… Bueno. Porque nunca decepcionaba. Siempre era… interesante, por decirlo de alguna forma.
—¿Malfoy? ¿Draco Malfoy? ¿Te llamó? ¿A ti? —¿Y por qué no a mí?, lo traicionó su inconsciente, pero al menos sólo lo pensó y no lo dijo en voz alta. Negó con la cabeza y le preguntó a Ron—: ¿Cómo supo tu dirección?
—Esa es una pregunta excelente —dijo Ron frunciendo el ceño. Tenía una taza de té en la mano y, por la manera en que la meneaba por todos lados, parecía haber derramado al menos la mitad de su contenido—. Recuerdo habérselo preguntado, pero el cretino me ignoró y cambió de tema. Pero, olvida eso, lo interesante aquí es por qué me llamó. ¡No vas a creerlo, pero el muy desgraciado ha encontrado tu reloj!
Harry, en efecto, no podía creerlo. Se quedó boquiabierto mirando la cabeza de Ron entre las llamas y recordando, de golpe, su querido reloj perdido. Comenzó a enrojecer como en cada ocasión que se acordaba que, como un grandísimo estúpido descuidado, había extraviado aquella joya que era una de las pocas cosas materiales que realmente le importaban. Tanto se avergonzaba de haberlo tirado por ahí que no se lo había confesado a nadie con excepción de Ron y Hermione.
Sentía que iba a morir de pena y vergüenza si no lo encontraba, y más si alguna vez Molly le preguntaba por él.
Y resultaba que era Malfoy quien lo había hallado. Pero, en serio, ¿cuántas probabilidades existían de que aquello pudiera haber sucedido? ¿Sería una señal de algo?
Acalorándose, Harry recordó fugazmente una ocasión en la que se había topado con Malfoy en una fiesta del Ministerio e, impresionado por lo bien que se veía y creyendo que los años transcurridos habrían sido suficientes como para haber olvidado viejas rencillas, Harry había ido directo a invitarlo a beber con él con la esperanza de que pudiera suceder algo mucho más interesante después… Pero Malfoy se había girado a verlo como quien mira a una cucaracha aplastada contra el suelo y se había negado, por supuesto. Evidentemente, para él, no había pasado suficiente tiempo.
—De acuerdo, Malfoy halló el reloj… Es raro, pero supongo que no imposible —fue lo que le dijo a Ron mientras pensaba en todo lo anterior—. ¿Imagino que te lo devolvió y quiere la recompensa?
Ron puso los ojos en blanco y negó con la cabeza.
—¡No, ojalá fuera sólo eso! ¡El muy maldito sabe que el reloj es tuyo! Me lo ha dicho así directamente. Y no sólo eso, no me lo ha querido devolver porque pone como condición entregártelo a ti en persona. Y dice que si no accedes, va a subastarlo.
Harry se decepcionó.
—Entonces no lo tiene, está mintiendo sólo para molestar.
—No, no miente. Sí lo tiene. Me lo mostró a través de la chimenea y pude comprobar que sí es tu reloj. —Se quedaron en silencio durante un momento, Harry estaba incrédulo y no sabía qué pensar. Ron suspiró y completó—: Lo siento compañero. Le pregunté para qué demonios quería verte y me dijo una sarta de tonterías: que te admiraba mucho, que quería tu autógrafo y la oportunidad de hablar contigo por última vez antes de que te fueras del país y un montón de monsergas del tipo.
Harry casi se atraganta con su propia saliva.
—¿Eso…? ¡¿Eso fue lo que te dijo?!
—Sí, amigo, pero evidentemente está mintiendo, ¿no lo crees?
La ilusión de Harry se pinchó como un globo.
—Sí, claro… tienes razón. Entonces, ¿qué querrá conmigo?
Ron se encogió de hombros.
—¿Realmente? Quién sabe. Con el hurón, todo es impredecible, pero… si preguntas mi opinión, no creo que sea nada bueno. Quizá quiere echarte un mal de ojo para que te vaya pésimo en Estados Unidos y burlarse de ti, no sé. Si decides verlo, yo que tú tendría cuidado. Me dijo que si estabas interesado en recuperar tu reloj, le mandaras una lechuza con la hora y el sitio.
Harry, asintiendo levemente con la cabeza, le agradeció a Ron por el mensaje. Finalizaron la llamada y Harry corrió escaleras arriba a volver a buscar a Kreacher y continuar guardando su equipaje.
No obstante, durante un largo rato, no pudo dejar de pensar en Malfoy y sus misteriosas intenciones. Porque, en verdad, ¿a qué estaba jugando aquel cretino?
Las horas pasaron como arena entre los dedos y Harry tuvo que sacarse de la cabeza tanto a Malfoy como a su reloj. Los de la mudanza llegaron por cajas y baúles, y luego, Harry tuvo que hacer otro baúl con sus cosas más personales para llevarlo consigo al otro día cuando tomara el traslador.
Esa noche iba a cenar con Teddy y Andrómeda, así que, terminando finalmente de guardar todo lo necesario, se arregló con una túnica de mago en vez de usar ropas muggles (porque sabía que a Andrómeda eso le agradaba), y se marchó a Wootton Cottage.
Apenas entró por la chimenea, se encontró con todo un espectáculo. Andrómeda, con gesto angustiado, estaba reteniendo a un muy enojado Teddy entre sus brazos mientras los dos observaban una caja envuelta en papel que estaba sobre la mesa y a un búho posado en el respaldo de una silla. El búho, muy grande y bonito, los miraba a todos con sus enormes ojos ambarinos, luciendo nada impresionado y hasta aburrido. Andrómeda, en cuanto vio a Harry, exclamó:
—Oh Harry, ¡qué bueno que llegas!
—¿Qué sucede? —preguntó él, sacando la varita del bolsillo de su túnica sin ni siquiera pensárselo.
—¡Me ha llegado ese regalo, padrino! —gritó Teddy al borde de las lágrimas, señalando la caja—. ¡Y mi abue no me deja ni tocarlo!
—¿Por qué? ¿Quién lo envía? —preguntó Harry caminando hacia la mesa para mirar la caja más de cerca. Tenía un sobre adjunto y la letra era bonita y elegante. Harry frunció el ceño. Esa caligrafía le era muy familiar…
—Este búho altanero acaba de llegar con la caja —aclaró Andrómeda—. De inmediato, Teddy quiso abrirla pero he tenido que recordarle, de muy mala manera, que uno no puede ir por ahí tocando objetos de dudosa procedencia.
—¡Pero es un regalo! —exclamó Teddy—. ¡Y hoy es Navidad!
—Teddy, espera —ordenó Harry sin levantar la voz. Algo de autoritario tuvo que tener su petición, pues Teddy dejó de lloriquear y de tironearse dentro del abrazo de su abuela. Se quedó quieto y obedeció, y Andrómeda, aliviada, lo soltó—. Tu abuela tiene toda la razón. Lamentablemente, en nuestro mundo mágico, tenemos que cuidarnos de los objetos de origen desconocido pues podrían estar impregnados de maldiciones del peor tipo… Con los años, te darás cuenta de que la maldad de alguna gente no conoce límites —susurró, casi como para él.
Con la punta de su varita, levitó el sobre y lo hizo abrirse. La carta salió y, flotando en el aire, se desdobló para que Harry pudiera leerla. Éste abrió la boca y jadeó.
—¡Es de Malfoy!
—¿Malfoy? ¿Draco Malfoy? —preguntó Andrómeda.
—¿Quién es Dragón Malfoy?
—Espera, Teddy… Voy a leer. —Azorado, Harry leyó la nota con rapidez—. Pues no dice mucho… Sólo les desea feliz Navidad a ustedes dos, y dice que su intención es que Teddy sea el poseedor de esto ya que es una reliquia de la familia Black y afirma que Teddy se las merece… —Se giró hacia Andrómeda y la miró con extrañeza—. Lo que sea que eso signifique.
Andrómeda caminó hasta Harry y, usando también su varita, desenvolvió el papel del regalo. Ante ellos, se reveló una preciosa caja recubierta de cuero con el escudo de los Black hermosamente tallado en la tapa. Harry le dio otro toque de varita, y la caja se abrió. Era un juego de pelotas de quidditch de la mejor calidad, muy antiguas y muy bonitas. Harry no pudo evitar soltar un silbido de la impresión. Él, que tenía toda su vida adulta jugando al quidditch, nunca había visto pelotas que, a simple vista, parecieran anunciar que valían una fortuna.
—Vaya… qué preciosidad —masculló.
—¡Harry! ¡Pero esto viene de parte de Malfoy! De Malfoy, de quien no hemos sabido nada de nada durante años… —le dijo Andrómeda—. ¿Por qué ahora…? No entiendo.
—A ver, yo quiero ver —pidió Teddy. Harry le permitió subirse encima de una silla para que pudiera echarle un vistazo al interior de la caja. Teddy soltó un alarido de placer—. ¡QUÉ BONITAS PELOTAS! Pero, ¿y sí servirán? ¡Se ven tan viejas!
Harry no pudo evitar sonreír ante la alegría del niño. No obstante, la desconfianza de Andrómeda tenía fundamento. En verdad, ellos tenían toda la vida de no saber nada de parte de Malfoy, ni un acercamiento, ni una carta… nada. Era bastante sospechoso que, de pronto, sin motivo aparente, le enviara a Teddy un regalo que parecía ser una reliquia familiar de muchísimo valor.
Además… Estaba también el detalle de que quería entrevistarse con Harry para devolverle su reloj. ¿Estaban relacionados ambos eventos? ¿Qué demonios era lo que estaba planeando Malfoy? ¿Quizá, cómo decía Ron, sabotear la salida de Harry hacia América como una manera de gastarle una divertida broma sólo por molestar, o peor, algo mucho más maligno?
Harry frunció el ceño, decepcionándose porque hacía unas horas él había creído que Malfoy realmente quería verlo para charlar con él. Había sido un estúpido forjándose semejantes ilusiones. Suspiró y le dijo a Andrómeda.
—No toquen nada. Voy a pedirle consejo a Hermione.
De ese modo, en una rápida llamada vía chimenea, fue Ron quien, todo histérico, le recomendó a Harry pedirle ayuda a Bill para que revisara que la caja no contuviera ninguna maldición. Hermione apoyó esa idea y le sugirió a Harry que enfrentara personalmente a Malfoy para preguntarle qué pretendía con todo eso, pero contando con la ayuda y el apoyo tanto de Bill como de Ginny, quien, siendo auror, conocía bastantes mañas para defenderse de magos oscuros.
Harry se sintió un tanto ofendido ante esa sugerencia, pues, ¿acaso él no había vencido al mismísimo Voldemort? Estaba bien que ahora fuera un simple jugador de quidditch, pero él creía firmemente que no había perdido sus habilidades como combatiente de las artes oscuras… o al menos, no mucho.
Como fuera, y a falta de mejores ideas, hizo lo que sus amigos le aconsejaron.
Resultó que el regalo de Malfoy estaba completamente limpio de magia oscura y, al contrario, Bill les informó que las pelotas parecían contener un encantamiento bastante benigno de protección y fidelidad hacia el dueño en turno.
Harry, incrédulo, insistió en que se quedaran con él en Wootton Cottage para que le ayudaran a enfrentar a Malfoy, por si acaso éste estaba bajo alguna maldición. Bill, sonriendo mucho, accedió. Ginny también porque, de cualquier forma, prefería estar ahí a estar en La Madriguera ayudando con la cena, según dijo.
Entonces, respaldado por los dos Weasley y con la autorización de Andrómeda, Harry decidió citar ahí a Malfoy a través del mismo búho que, curiosamente había estado esperando todo el tiempo ahí posado en la cocina, alimentado por un aburrido Teddy quien se había entretenido arrojándole al pico golosinas lechuciles.
—Llévasela a tu amo, por favor —le pidió Harry al enorme pájaro después de atarle una nota en la pata. El ave salió volando de ahí hacia la noche nevada.
—Harry… tranquilízate —le pidió Bill en tono apaciguador—. Malfoy ya está desarmado y no puede hacer nada ofensivo. Permítele que se explique.
Harry, quien tenía a Malfoy sujeto de la chaqueta y con la punta de la varita pegada a su cara, le dedicó una mirada de advertencia y lo soltó bruscamente. Malfoy se giró a verlo con aire ofendido, casi herido, y se acomodó la ropa que Harry le había arrugado.
Harry lo miró con los ojos entrecerrados porque… Porque ahí había algo raro y se notaba a simple vista. Él, que había observado a Malfoy con detenimiento durante sus años de colegio, podía verlo con claridad: Malfoy había cambiado. Ya no lo miraba con el mismo odio y desprecio de antes, se notaba perfectamente en sus ojos. Ya no eran helados. Harry se devanó los sesos tratando de entender. ¿Acaso había sucedido algo que había provocado que Malfoy mudara la opinión que tenía de él?
Fue entonces cuando comenzó a sentirse culpable aunque intentó no demostrarlo. Tal vez aquella emboscada que le habían tendido a Malfoy apenas al salir de la chimenea, había sido demasiado.
Malfoy, obviamente, se sintió insultado. Quiso retirarse y le pidió a Ginny que le devolviera su varita. No obstante, Harry no estaba dispuesto a dejarlo marchar sin que se explicara primero, porque, después de todo, la seguridad de Teddy estaba de por medio. Le hizo preguntas que Malfoy respondió con burlas y sarcasmo, y fue entonces que Bill, quien parecía harto, le pidió permiso a Malfoy para revisarlo.
Ante el asombro de Harry (pues había creído firmemente que Malfoy se negaría), Bill pudo pasarle un encantamiento detector de malignidad. Terminó y, con una enorme sonrisa, se giró hacia Harry y le dijo:
—¿Lo ves, Harry? Nada maligno. Este es Draco Malfoy, nacido en junio de 1980 y quien no tiene encima ni un solo hechizo, maldición ni encantamiento que lo esté forzando a actuar en contra de su voluntad.
Harry se sintió francamente avergonzado pero, sobre todo, intrigado.
—¿Estás seguro?
Tanto Bill como Malfoy pusieron los ojos en blanco.
—Tan seguro como que tengo años de trabajar rompiendo maldiciones de todo tipo. Este mago está limpio y no tiene malas intenciones hacia ti o hacia Teddy. Lo mismo que la caja de las pelotas. No tiene ni un solo rastro de magia oscura en ella —finalizó, mirando a Harry con divertida acusación.
Malfoy sonrió feroz y susurró en tono sugerente:
—Además, Potter, corrígeme si me equivoco, pero hace un par de años parecía que mi malignidad no te molestaba cuando nos encontramos en un evento y me invitaste a tomar contigo. ¿Acaso ya lo olvidaste? Yo te noté muy dispuesto a pasar tiempo a solas en mi perversa compañía.
Harry no pudo evitarlo: se sonrojó. Pero no sólo eso, también se sintió ridículamente halagado de que Malfoy recordara esa ocasión. Wow, ¿eso quiere decir que quizá no le soy indiferente? Escuchó a Ginny reírse de él pero no le importó.
La pelirroja le devolvió a Malfoy su varita, se despidió y se marchó.
Bill también decidió marcharse, pero, a diferencia de Ginny, él se despidió muy cordialmente de Malfoy, algo que descolocó completamente a Harry pero lo ayudó a confiar y a relajarse. Porque si Bill, quien era ahí el experto en maldiciones y quien acababa de escanear a Malfoy, confiaba así…
Finalmente, Malfoy y Harry se quedaron a solas en la cocina. Malfoy elevó el mentón y lo miró con ojos acusadores, pero Harry no se dejó amedrentar. Ahora que había pasado la desconfianza, lo único que lo hacía dudar era el misterio detrás de todo aquello. Realmente, ¿qué era lo que estaba planeando Malfoy?
—Si tanto te molesta mi presencia, puedo entregarte el reloj y largarme por donde vine, Potter. Además, creo que ya no tengo tantas ganas de charlar contigo como tenía antes. Ni siquiera te preocupes por darme recompensa alguna. No necesito ni quiero nada de ti —dijo Malfoy entonces con voz dura y le ofreció a Harry un paquete envuelto en papel.
Harry se lo aceptó, sintiéndose arrepentido de haberle hecho caso a Ron y a Hermione. Tendría que haber confiado más en su propio instinto. Tendría que haber sabido que, a esas alturas de la vida, Malfoy no iba a andarse con niñerías.
—No quiero que te vayas así, Malfoy —le dijo en voz baja, mirándolo a los ojos—. De verdad quiero hablar contigo y escuchar tu versión. Especialmente, en lo que se refiere a Teddy y por qué has decidido buscarlo ahora. Además, si tus intenciones son honestas, entonces eso quiere decir que te debo una gran disculpa.
—De acuerdo. Revisa tu reloj, y entonces hablamos —acordó Malfoy después de suspirar con hastío, pero no engañaba a Harry. Éste se dio cuenta de que Malfoy también parecía más relajado y menos enojado.
Al menos, había aceptado no marcharse sin hablar. Harry comenzó a abrir el paquete y, de pronto y sin venir a cuento, escuchó a Malfoy emitir un gemidito.
—¿Sucede algo? —le preguntó, elevando sus ojos hacia él.
Malfoy parecía un poco sonrojado, pero aparte de eso, se veía bien. Parpadeó ante la pregunta.
—No-no. ¿Y bien? —le preguntó en tono brusco—. ¿Sí es este tu reloj?
Harry le dedicó una mirada extrañada y terminó de sacar el reloj del paquete. Soltó un jadeo de asombro y placer: en efecto, ése era su reloj, y no sólo eso… Estaba limpio, reparado, brillante y como nuevo. Se veía precioso y Harry sintió una emoción cálida y un gran alivio. No sólo lo había recuperado: también le habían dado toda una renovación. Le comentó lo anterior a Malfoy y luego le preguntó:
—¿Te lo encontraste así o tú lo mandaste a reparar y limpiar?
Malfoy le explicó que él lo había hecho, y Harry se sintió impresionado y agradecido. Se puso el reloj en la muñeca izquierda y lo observó unos segundos. Se le humedecieron los ojos: seguro que Molly estaría feliz de ver lo bien que Harry había cuidado el reloj (aunque no fuera cierto). Le agradeció todo a Malfoy y se ofreció a darle la recompensa.
Pero Malfoy negó con la cabeza, mirándolo fijo a los ojos con intensidad. Entonces, Harry sintió que se le erizaba cada vello del cuerpo porque Malfoy le susurró sonriendo y arqueando una ceja:
—Realmente no quiero la recompensa, Potter. Pero si insistes en darme algo a cambio… Se me ocurren algunas ideas.
—¿Ah, sí? —dijo Harry y lo miró con los ojos muy abiertos, incrédulo, su corazón comenzando a latir a toda velocidad. ¡¿Malfoy le estaba coqueteando?! ¿Malfoy, quien lo había rechazado hacía años, ahora estaba ahí, buscándolo e insinuándosele?
¿Podía ser cierto tanta jodida buena suerte?
Harry abrió la boca, muy dispuesto a darle el visto bueno a cualquier cosa que Malfoy estuviera a punto de sugerirle, pero, para su mala suerte, ese fue el momento en que Andrómeda y Teddy entraron a la cocina y los interrumpieron.
Andrómeda, quien pareció captar en Harry las señales que indicaban que todo estaba bien con Malfoy y que sus intenciones no eran negativas, lo invitó a cenar con ellos y Harry no pudo evitar emocionarse ante eso. Le ayudó a Andrómeda a servir la comida mientras Malfoy charlaba con Teddy acerca de quidditch y Harry, cada vez más intrigado, ardía de ganas de poder quedarse a solas con aquel rubio para enterarse de una vez por todas de qué iba todo aquello.
El punto fue que, conforme pasaban los minutos de aquella cena navideña, Harry, en vez de obtener respuestas, se sentía más y más curioso y atraído hacia aquel mago a quien tenía años sin ver. En su mente, le daba vueltas una y otra vez a la aparente insinuación que Malfoy le había soltado un rato antes, "Si insistes en darme algo a cambio… Se me ocurren algunas ideas", y no dejaba de preguntarse si acaso Malfoy querría llegar a lo que Harry había anhelado desde hacía años cuando, de pronto, volteó a ver a Malfoy y lo encontró convertido en un hombre exquisito, guapísimo, refinado y buenísimo.
Malfoy estaba tal y como a Harry le encantaban, tal como se los había recetado el sanador.
¿De verdad Malfoy estaría dispuesto a llegar a más con él?
Bueno, pensó Harry, sólo hay una manera de averiguarlo, ¿no?
La ocasión se le presentó pronto: Malfoy transfiguró su bufanda en un sombrero para que Harry pudiera usarlo durante la cena. La transformación era impecable, y Harry aprovechó para halagarlo y no sólo eso. Mirándolo fijo y sonriéndole de lado, le soltó en voz baja:
—Ahora no puedo dejar de preguntarme en qué otras cosas serás así de bueno y... de cuales otros talentos tuyos me habré estado perdiendo.
Malfoy lo miró con los ojos como platos. Para enorme beneplácito de Harry, no parecía asqueado ni horrorizado, sino exactamente todo lo contrario. Harry, fascinado y comenzando a saborear aquella conquista, le arqueó una ceja y le sonrió apenas levemente.
Ni siquiera le importó cuando Andrómeda, quien obviamente también había captado la insinuación, lo regañó discretamente y cambió de tema.
La cena transcurrió tan amena que Harry apenas sí podía creerlo. Se pasó aquellos minutos estudiando a Malfoy, su comportamiento y el modo en que se dirigía hacia Teddy y Andrómeda, y la verdad era que se sentía impactado. No se consideraba a sí mismo como la persona con la mayor inteligencia emocional del planeta, pero, por alguna razón, le parecía que Malfoy era sincero en el modo en que parecía estimar a Teddy y a Andrómeda. Quizá… Harry se rascó la cabeza y llegó a la conclusión de que, quizá, simple y llanamente, Malfoy había madurado y sólo quería reencontrarse con su familia.
A Harry aquello no le venía nada mal. La verdad era que había pasado semanas enteras sintiéndose culpable por tener que abandonar a Teddy, así que… Era consciente de que Malfoy no sería un padrino sustituto a esas alturas, pero al menos Teddy tendría una figura masculina en quien apoyarse y confiar.
Andrómeda sirvió el postre y Malfoy le alabó sus dotes culinarias. En un momento dado, cuando Andrómeda confesó que Harry le había ayudado a preparar la cena, al estúpido imprudente de Harry se le ocurrió decir, mientras hacía con la mano el ademán de cortar algo a gran velocidad:
—Deberías verme con un cuchillo, Malfoy. Doy verdadero miedo.
Para su azoro, Malfoy lo miró con los ojos muy abiertos llenos de terror. Comenzó a sudar, a estremecerse y empalideció notablemente, y Harry tuvo unos segundos para darse cuenta de qué era lo que había pasado ahí.
El sectumsempra.
¡Merlín, pero cómo podía ser tan idiota para recordarle a Malfoy semejante ocasión! Avergonzado, Harry abrió mucho la boca y farfulló, estirando una mano hacia Malfoy pero sin atreverse a tocarlo:
—Lo-lo siento mucho, Malfoy. En serio, lo siento, no sé… No sé en qué estaba pensando. Dios mío, soy un imbécil.
Malfoy intentó sonreír y se notó que luchaba por tranquilizarse. Andrómeda y Teddy observaban su intercambio sin comprender palabra, y Harry no supo qué más decir. Lo único que le quedó por hacer fue observar a Malfoy con gesto culpable. Éste se negó a verlo a la cara mientras se concentraba en respirar hondo para calmarse.
El momento desagradable pasó pronto gracias a Teddy quien intervino y, graciosamente, desvió la conversación hacia otros rumbos.
No obstante, la sensación de culpa y arrepentimiento se quedó calando muy hondo el alma de Harry, y éste sabía que era una sensación que le costaría dejar a un lado no sólo durante aquella noche.
Haber creído que había asesinado a Malfoy, era una de sus pesadillas más frecuentes. Si él se sentía así, no podía ni comenzar a imaginar el trauma que significaría aquel evento para el mismo Malfoy.
Sintiéndose terrible, Harry le siguió el juego a Teddy para cambiar de tema, pero no pudo dejar de observar a Malfoy con una comprensión cada vez más honesta.
Un largo rato después, cuando ya hubieron terminado de cenar y Andrómeda se hubiese enfadado un poco con Malfoy porque éste le mencionó a Narcisa, Harry y el rubio volvieron a quedarse a solas en la cocina.
Harry no podía quitarle los ojos de encima a Malfoy y eso era, por sí mismo, familiar y excitante, pero no en el sentido sexual de la palabra, sino en aquel que significaba "lleno de emoción a causa del desvelamiento de secretos". Porque, para Harry, observar a Malfoy y preguntarse cuáles eran sus planes, no era nada nuevo en absoluto. Había sacado máster en esa materia en el colegio.
Aquel Slytherin taimado jamás decepcionaba y siempre era un misterio digno de revelarse.
Otra cosa aparte era que Malfoy no fuera en absoluto un sujeto de mal ver. Su apariencia era impecable y eso, sumado a sus modales suaves y refinados, daban como resultado que fuera todo un agasajo para la vista. En verdad, era un hombre guapísimo, quizá el más guapo con el que Harry hubiese tenido la suerte de encontrarse antes. Éste se había quedado totalmente embobado apreciando la estilizada figura de su cuerpo, revelada favorablemente gracias a las líneas de un fino traje muggle hecho a la medida, y ni hablar de las facciones perfectas de su rosto y lo bonito que era su cabello. Lo traía en un moderno corte que le sentaba muy bien: corto de la parte trasera y un poco más largo enfrente. Le caía sobre la frente en una cascada lacia y platinada, y a Harry le costaba creer que alguien pudiera tener el pelo así de tentador.
Así que Harry se dedicó a nada más que mirarlo mientras Malfoy se quitaba el sombrero con gesto triste y procedía a lavar los platos con ayuda de su varita. Harry se sorprendió todavía más cuando descubrió que, en efecto, Malfoy sí sabía limpiar de verdad, aunque fuera con ayuda de la magia.
Harry, sonriendo discretamente, se acercó más a él y comenzó a ayudarlo al tiempo que trataba de hacerlo sentir mejor. Intuía que Malfoy estaba tratando de arreglar su relación con su tía para luego reconciliarla con la señora Malfoy, y Harry no podía negar que encontraba aquellas resoluciones completamente válidas y loables. Así que pensó que podía ayudar.
Después de unos minutos en los que Harry había intentado animar a Malfoy a seguir adelante con su proyecto de reconciliar a las hermanas Black, lo vio sonreír ampliamente sin razón aparente.
—¿Por qué sonríes? —le preguntó—. ¿Qué es tan gracioso?
—Tú y tú ridículo sombrero —le respondió Malfoy y se puso serio. Carraspeó y miró hacia Harry—: ¿Quieres… Quieres aprovechar que mi tía se ha ausentado de la cocina para hablar conmigo de una vez por todas de los temas que te preocupan? O, en vez de eso, quizá podríamos…
Harry dejó de secar platos y también lo miró. El corazón había comenzado a latirle mucho más rápido.
—¿Podríamos, qué, Malfoy? —lo animó, intentando sonar lo suficientemente insinuante para confirmarle que sí, que él también deseaba quedarse a solas con él y llegar a mucho más.
Malfoy inclinó la cabeza y miró a Harry de reojo, y éste encontró ese gesto estúpidamente adorable.
—O... podríamos bebernos algo aquí con Andrómeda y, luego, no lo sé... salir de aquí, juntos, y yo podría invitarte un trago más fuerte en mi apartamento, donde podremos hablar largo y tendido del tema que quieras.
Harry sonrió, emocionándose mucho.
JODER. Malfoy acababa de invitarlo a ir a su apartamento. Malfoy, el mago más atractivo que Harry había conocido nunca (y mira que, con su historial de conquistas, eso ya era decir) y con quien tenía un pasado bastante turbulento, acababa de invitarlo a ir a su apartamento sin dejar a dudas de cuáles eran sus intenciones ahí.
Harry luchó con ganas para no soltar un grito de triunfo. Con la mayor serenidad que pudo fingir, respondió:
—Me parece una idea excelente, Malfoy.
—¿Lo dices en serio? ¿Irás a meterte tú solo a mi guarida de maldad después de que tuviste que recurrir a la ayuda de una auror y de un rompe-maldiciones para contenerme? —se burló Malfoy, cruzándose de brazos.
Harry se rió. Terminó con la última olla y la dejó a un lado. Se apoyó de espalda contra la encimera y también se cruzó de brazos.
—Digamos que... nunca he sido muy listo que digamos, puedes preguntárselo a Hermione, y digamos también que me encanta meterme en problemas. —Hizo una pausa donde se permitió mirar a Malfoy de arriba abajo de modo apreciativo. Demonios. Las manos le picaban por quitarle a Malfoy aquel traje muggle que lo hacía verse así de bien.
Soltó un suspiro y, de pronto, quizá porque acababa de mencionar a Hermione, pensó en lo que su amiga opinaría de Harry planeando irse a follar con Malfoy. Seguramente estaría horrorizada. Pero, Harry, ¿has pensado en las repercusiones de eso? ¡Malfoy no es un cualquiera en tu vida! Frunció el ceño. ¿Estaba seguro de qué era en lo que se estaba metiendo? ¿No sería más sensato sólo hablar con Malfoy del tema que le preocupaba, irse a su casa a dormir y largarse al otro día a Washington?
Dejó de sonreír y le explicó a Malfoy que en verdad necesitaban hablar acerca de Teddy y de sus intenciones hacia él.
Malfoy aceptó y Harry volvió a mirarlo de arriba abajo. Sonrió y frunció el entrecejo con curiosidad.
—¿Por qué estás vestido con un traje muggle?
Malfoy no le respondió. Le sonrió también y salió de la cocina.
Con la sangre ardiéndole en las venas y sabiendo que si se quedaba a solas con él, difícilmente podría contenerse de no tocarlo, Harry lo siguió.
Después de haber estado a punto de poder robarle un beso a Malfoy gracias al muérdago, ambos magos finalmente se despidieron de la anfitriona y del pequeño Ted y se encaminaron a la cocina para tomar la red flu. Malfoy, curiosamente nervioso, le dio a Harry la dirección de su casa y se adelantó.
Harry se sentía emocionado como hacía años no se sentía por una conquista, pero, al mismo tiempo, esa misma intensidad en sus emociones lo hacía ponerse en guardia.
Miró las llamas verdes por las que Malfoy acababa de desaparecer y analizó la situación. ¿De veras estaba así de loco como para ir a meterse al loft de Malfoy, de entre toda la gente, para tener un acostón con él justo la noche anterior a su marcha a América?
Pero fue justo ese pensamiento lo que terminó de convencerlo.
Encogiéndose de hombros, decidió que, precisamente por eso, porque al otro día iba a irse a otro continente, aquel polvo con Malfoy no podía representar peligro de ningún tipo. Malfoy también sabía a lo que se atenía. Sabía que Harry se iba al otro día, y no le importaba: aun así lo estaba invitando a irse a follar con él. Era evidente que no esperaba nada más de parte de Harry. Además, Malfoy tenía fama de promiscuo: Harry sabía bien que no se le conocía ni una sola relación que hubiese durado más de una noche.
Así que, concluyó Harry, realmente no había riesgo de herir sentimientos ni causar rencillas. Así, si ellos dos volvían a encontrarse más adelante, especialmente ahora que Malfoy parecía querer formar parte de la vida de Teddy, no sería incómodo porque ambos eran adultos crecidos y responsables de su sexualidad que sabían bien en lo que se estaban metiendo.
En un polvo casual y nada más.
Convenciéndose de ello, Harry tomó polvos flu y siguió a Malfoy a través de la chimenea.
Salió a un loft tremendamente amplio, elegante y moderno. Harry estaba sinceramente admirado, pero no podía dejar de pensar que lo mejor, lo más bello y lo más apetecible del sitio era el mismísimo Malfoy. Éste, dándole la espalda a Harry mientras servía dos vasos con whisky, le brindó la oportunidad de observarlo sin reparos y provocar que las ganas de tocarlo y besarlo se incrementaran hasta casi volverse insoportables.
Malfoy colgó las cosas de Harry en un perchero y lo invitó a sentarse.
—¿Tú no tienes tu propio apartamento? —le preguntó Malfoy después de que Harry le hubiese comentado que su loft era genial.
Harry lo miró abrirse el botón de su chaqueta antes de sentarse en un sofá frente a él, cruzando las piernas de un modo extraordinariamente sensual. ¿Cómo hacía Malfoy para que el simple acto de sentarse fuera una clara invitación a follar?
Harry estaba tan distraído con lo que veía que no sabía ni qué estaba respondiendo. Hablaron de un par de tonterías más, pero Harry no aguantó la tensión. Se bebió el whisky que Malfoy le había servido de un solo trago. Los nervios se lo estaban comiendo vivo y no comprendía por qué. Generalmente, durante los últimos años, follar con la gente era algo que se había vuelto demasiado fácil para él y un acto casi rutinario. ¿Por qué con Malfoy lo sentía como si fuera una primera vez? ¿Por qué tenía el implacable presentimiento de que, si lo hacía, iba a cruzar una línea invisible y que ese era un acto del cual tal vez se arrepentiría?
Dejó el vaso sobre una mesa y miró directo hacia Malfoy. Malfoy lo miró a su vez con algo que parecía susto pero que indudablemente también era deseo.
Harry sentía que no aguantaba más.
—Malfoy —le dijo—. Dejémonos de tonterías, que ambos sabemos que esta no es una visita de cortesía.
—¿Ah, no?
Harry negó con la cabeza. No podía quitarle los ojos de encima al otro. Maldito Malfoy, ¿por qué era que lo encontraba tan cautivador?
—Creo que no. —Nervioso, Harry se frotó el puente de la nariz con dos dedos, se quitó los anteojos, los limpió un poco y volvió a ponérselos. Intentó explicarle lo que había sucedido aquella tarde. Decidió sincerarse con Malfoy: le contó de su desconfianza inicial, pero también de las buenas vibras que le había causado haberlo visto convivir con Teddy y Andrómeda. Confiaba en él. Por alguna tonta razón, pero así era.
—Puedes marcharte tranquilo, Potter —exclamó de pronto Malfoy cuando Harry le confesó que lo ponía nervioso que pudiera hacerle algún daño a Teddy y él no estuviera ahí cerca para evitarlo—. Puedo jurarte por lo que quieras que lo único que deseo es estar cerca de mi sobrino y que mi madre se reconcilie con su hermana. De hecho, hablando de juramentos —dijo y se puso de pie, dejando el vaso de whisky a un lado y abotonándose la chaqueta—, podemos buscarnos un testigo y hacer un juramento inquebrantable, tú y yo. Te juraré lo que…
Harry, obedeciendo a un impulso que no entendía de donde venía, enardecido porque le conmovía que Malfoy estuviese dispuesto a hacer un juramento inquebrantable, también se puso de pie. Caminó el par de pasos que lo separaban de Malfoy y, con un brazo, le rodeó la cintura y lo atrajo hacia él bruscamente.
Incapaz de contenerse más, lo besó.
Lo besó con ímpetu y casi con enojo. Después de unos pocos segundos, Malfoy reaccionó y comenzó a corresponderle. Se aferró a las mangas de la túnica de Harry mientras éste lo besaba y lo besaba y gruñía contra sus labios. Harry, con la mente obnubilada por el deseo, lo sujetó con más fuerza y lo pegó completamente a él.
Malfoy se estaba sosteniendo de sus mangas con una ansiedad que Harry encontró enternecedora, y de inmediato intentó dejar de pensar en el porqué de eso. Decidió apresurar las cosas porque… No estaba seguro de por qué, pero le parecía que, entre más preliminares y besos compartieran, más y más iba a prenderse de Malfoy y eso era algo que no se podía permitir.
Sus manos, una sobre la espalda y otra sobre la cintura de Malfoy, comenzaron a moverse hacia abajo hasta terminar acunando posesivamente el trasero del rubio. Oh cielos, era perfecto, era firme y redondo y Harry creyó que iba a morirse sólo por tocarlo así por encima de aquel pantalón muggle que tan bien resaltaba la figura del rubio. Sintió a Malfoy emitir un jadeo ahogado dentro del beso animal que se estaban dando, y por alguna razón, eso encendió a Harry todavía más.
Tiró de Malfoy hacia él y restregó su cuerpo contra el suyo.
Sus erecciones se frotaron entre las telas de sus ropas y ambos magos gimotearon.
—Joder, Malfoy —susurró Harry contra los labios suaves y deliciosos de Malfoy, sin alejar sus rostros, jadeando uno encima del otro—... No me equivoqué contigo, ¿cierto? Tú también lo estás deseando.
—¿En serio tienes que preguntarlo? —masculló Malfoy y se meneó contra Harry, asegurándose de que el otro pudiera sentirlo perfectamente bien—. Vamos, Potter, no me decepciones... me habían dicho que eras listo.
Harry soltó una risita sardónica. Estar ahí con Malfoy sintiendo cada beso y cada caricia con aquella intensidad… era cualquier cosa menos el comportamiento de alguien listo.
—No sé quién te habrá dicho eso, pero... Si fuera un poco listo en verdad, no estaría aquí en tu loft, haciéndote esto, deseando... —Desando poder quedarme toda la noche, deseando no tener que irme mañana. Es estúpido, yo soy un estúpido, no tengo idea en qué me estoy metiendo—. Joder, Malfoy, pero es que, maldita sea, no pude resistirlo… No pude resistirte. Te ves… Eres...
Eres lo que siempre había deseado y no me había dado cuenta, pensó Harry, horrorizado de sus propios sentimientos, tragándose aquella frase porque no iba a cometer el error de decirle semejante disparate a alguien que, Harry sabía bien, era un mago ricachón y mimado que iba por toda Inglaterra acostándose con medio mundo sin tomar jamás a nadie en serio.
Furioso ante ese pensamiento, Harry soltó una maldición y volvió a arremeter contra la boca de Malfoy, besándolo tan duro que de seguro estaba lastimándolo. Lo besó así durante un largo rato, sin dejar de frotarse, sin dejar de acariciarlo, gruñendo y gimoteando cada vez que hacían algo nuevo y diferente con sus labios, casi derritiéndose cuando Malfoy sumergió la lengua en su boca.
Por Merlín y todos los putos magos, Malfoy era realmente ardiente y Harry creyó que iba a morirse sólo de estar ahí besándolo… No quería ni imaginar lo que sería llegar a mucho más con él.
Sin dejar de besarlo, Harry quitó sus manos del trasero de Malfoy y comenzó a abrirle la ropa. Le quitó la chaqueta y la dejó caer a un lado sobre el sofá. Gimoteó agradecido cuando pudo recorrer con las manos la espalda y el torso de Malfoy aun por encima de la camisa. Malfoy llevó sus propias manos a los botones que sostenían la túnica de Harry para comenzar a abrirlos, pero éste no se lo permitió.
No quería desnudarse. No quería prolongar aquello más de lo necesario. Si así.. si así...
Negó con la cabeza y retiró las manos de Malfoy.
—Todavía no —le mintió, porque la verdad era que no pensaba desnudarse ni en ese momento ni más tarde. Separó sus bocas y apoyó su frente sobre la de Malfoy mientras miraba hacia abajo. Comenzó a abrirle el cinturón mientras murmuraba ardiente sobre sus labios—: Maldito bastardo calculador... te pregunté por qué te habías puesto este jodido traje muggle, tú, de entre toda la gente... Tú, a quien yo recordaba como alguien que odiaba a los no mágicos... Y aquí estás, vestido con sus ropas, viviendo en su territorio, usando sus tecnologías... ¿Qué pretendes con eso, Malfoy? ¿Volverme loco? ¿Ese es tu plan?
Malfoy soltó una risotada ahogada al mismo tiempo que Harry conseguía abrirle el pantalón.
—¿Volverte loco? ¿A ti? Mi buen dios, Potter —se burló—, no puedo creer que seas así de egocéntrico. No todos giramos a tu alrededor, ¿sab...?
No pudo seguir hablando porque Harry metió la mano debajo de toda su ropa y tomó su erección. Gimiendo y cerrando los ojos, arremetió contra Malfoy para besarlo otra vez, ahogando, de ese modo, los gemidos desesperados del otro. Lo acarició suavemente mientras, con la otra mano, le bajaba los pantalones y los calzoncillos lo más que podía.
Después de unos momentos de sólo besarlo y acariciarlo, Harry alejó su rostro del de Malfoy. Bajó los ojos hacia donde su mano acariciaba la erección palpitante del rubio. Gimoteó ante la vista: aquella erección era hermosa, apetecible, deliciosa, y, joder, Harry tenía que comérsela ahora que tenía oportunidad o jamás podría perdonárselo.
—Malfoy... eres... Eres realmente hermoso. Y tan sexy. Nunca... Nunca me lo imaginé. ¿Por qué no hicimos esto mucho antes? —Y lo decía totalmente en serio. ¿Cuántos años perdidos entre ellos sólo porque Malfoy lo rechazó una vez, porque Harry había sido lo suficientemente orgulloso y tonto para no insistir, para no buscarlo más?
Quizá… si se hubieran encontrado mucho antes, quizá incluso podrían haber comenzado una relación. Quizá, si hubieran estado juntos, Harry no habría aceptado aquel trabajo en América que ahora se le antojaba como un verdadero castigo. Ya antes había dudado si había hecho bien en aceptarlo. Ahora, estaba convencido de que sí.
Volviendo a enojarse, Harry arremetió una vez más contra la boca de Malfoy y lo besó como si no hubiera un mañana. Continuó usando su mano derecha para acariciar aquella erección ardiente, y con la otra mano, acarició la espalda de Malfoy hacia arriba hasta llegar a su cabeza. Lo tomó del cabello, maravillándose de su suavidad. Lo apretó en un puño y tiró de él hacia atrás. Le mordió el cuello con fuerza y Malfoy emitió un quejido de dolor y placer combinados.
Joder, iba a volverse loco. ¿De veras iba a poder conformarse sólo con eso? ¿Sólo con una paja, una mamada, algo así de impersonal y casual?
Hubiera dado lo que fuera por llevárselo a la cama a hacerle el amor una y otra vez toda la noche, pero…
No podía hacer eso. De hecho, ni siquiera estaba seguro de que Malfoy quisiera aquello. Por lo que Harry sabía, lo más seguro era que Malfoy sólo estuviera esperando un rápido desahogo para luego sacar a Harry a patadas de su loft y, "si te he visto, no me acuerdo".
Le dio una última mordida a Malfoy y levantó la cara. Ambos magos se miraron durante un segundo, jadeantes, sonrojados y calientes como el infierno.
—Sabes que te ves increíble con esta ropa y por eso la usas, ¿cierto? —susurró Harry.
Malfoy sonrió presuntuoso y Harry no pudo soportarlo más.
Sobrepasado, gimoteó y se dejó caer de rodillas. Sacó la lengua justo enfrente de la erección chorreante del rubio y lo miró, retador.
Oh sí, se la iba a chupar. Se la iba a chupar hasta hacerlo ver estrellas, para que, cuando Harry terminara y se fuera, a Malfoy le costara mucho encontrar a cualquier otra persona que se la mamara igual que él.
—Mierd... —comenzó a mascullar Malfoy justo antes de verse interrumpido por la lengua de Harry.
Le dio una pequeña lamida a la punta de la erección del otro y se bebió las gotas de preseminal acumuladas ahí. Cerró los ojos y frunció el ceño. Joder, era delicioso. Harry hizo una pausa mientras observaba la perfecta y ardiente erección de Malfoy frente a su cara. Usó ambas manos para bajarle el pantalón y los calzoncillos hasta los tobillos y acarició las piernas musculosas y casi lampiñas.
—Me moría por probarte —le confesó—. Siempre quise hacerte esto desde que descubrí lo bueno que te habías puesto, pero la verdad nunca pensé que me darías la oportunidad. Creía que me odiabas, pues cada vez que nos encontrábamos, parecías tan lejano, tan inalcanzable... Tan poco interesado. Hasta hoy… —Con una mano, tomó la erección de Malfoy y la acarició lentamente. Malfoy puso los ojos en blanco y siseó.
—Potter... Oh Potter, por favor…
—¿Desesperado, Malfoy? Imagínate como estoy yo que te he deseado durante años... —Comenzó a besar la erección de Malfoy mientras mascullaba, totalmente inconsciente de lo que estaba diciendo—: ¿Por qué tenías que aparecerte justo hoy, Malfoy, por qué justo hasta hoy...?
Tomó la cabeza de la erección de Malfoy entre sus labios entreabiertos y la chupó... Malfoy gimió y enterró los dedos en los hombros de Harry, visiblemente complacido. Harry comenzó entonces a chupársela con ganas, con todo aquel deseo acumulado durante tantos años. Lo sintió temblar y se afanó todavía más, decidido a darle la mejor mamada de su vida para que jamás se olvidara de él.
Se metió toda la erección de Malfoy hasta la garganta y lo escuchó gemir profundamente. Llevó sus dos manos hacia el trasero desnudo del otro, acariciando lascivamente sus nalgas, rozándole la hendidura entre éstas, provocándolo, pidiéndole permiso.
—Oh, Ha... Ah. Potter, por favor, por favor... Tócame.
Harry sonrió y no se hizo del rogar. Apareció una buena cantidad de lubricante y, con los dedos embadurnados, le toqueteó entre las nalgas, buscando... Encontró su entrada y, sin preámbulo, sumergió un dedo ahí.
Malfoy respondió divinamente: jadeó, llevó una mano a la cabeza de Harry y lo tomó fuertemente del cabello. Harry gimió, asintió y, sin dejar de chupar y con un dedo profundamente metido en el trasero de Malfoy, masculló:
—Sí, Malfoy, así... fóllate mi boca, hazlo, por favor...
Tener a Malfoy follándose su boca con completa libertad lo hacía excitarse de un modo que no era nada normal.
—Joder, Potter... —siseó Malfoy al tiempo que lo tomaba de la nuca y comenzaba a empujarse dentro de él.
Harry no dejó de mover su dedo en su interior, y escuchó a Malfoy gritar roncamente cuando encontró su próstata.
—Ha... Potter, Potter, ya voy... Voy a…
A Harry le encendió el inminente orgasmo de Malfoy. Gimió con aprobación y se lo comió todavía más profundamente. Sumergió el dedo dentro del culo de Malfoy con mayor insistencia. Malfoy dejó salir un grito ronco, se echó hacia delante casi cayendo encima suyo, le tiró del cabello y eyaculó ardiente y espeso dentro de su boca. Harry gimoteó, ansioso por correrse él también, maldita sea, nunca se había sentido así de excitado sólo por hacerle una mamada a alguien.
—Oh, joder, joder —jadeaba Malfoy encima suyo, satisfecho y sonriente—. Oh dios, Ha... Potter... te a...
—¿Me, qué? —preguntó Harry con voz ronca, retirándose de Malfoy y sacando el dedo del interior de su cuerpo.
Malfoy abrió los ojos, bajó su rostro y lo miró con una intensidad que Harry no entendió.
—Te a-admiro, es lo que iba a decir —masculló. Harry sonrió y se puso de pie—. Podría obsequiarte algunos cumplidos bastante acertados con referencia a tu extraordinario talento oral, pero no quiero darte más motivos para que se te suba a la cabeza. Luego, tu ego pesará tanto que no habrá traslador que pueda llevarte a América —dijo Malfoy con su característico tono arrastrado. Pero la sonrisa enorme que tenía en la cara compensaba cualquier tono pedante.
Harry se arrojó sobre Malfoy por toda respuesta. Lo besó de nuevo de manera salvaje. Lo tomó de las caderas y se frotó contra él sin importarle que el otro estuviese desnudo y él, no.
Malfoy gimoteó y se permitió ser besado así durante unos momentos. Entonces, separó un poco la boca de la de Harry y le dijo:
—Si quieres, si quieres... puedes follarme —sugirió con voz insegura, tanto, que Harry se sintió extrañamente conmovido pero también asustado—. Vamos a la cama —añadió Malfoy.
Harry se alejó de él y y lo miró fijamente a los ojos sin decir nada durante unos momentos. ¿Ir a la cama? ¿Follarse a Malfoy?
Eso… eso sonaba genial. Sonaba demasiado íntimo. Sonaba extraordinariamente peligroso.
Pero, al mismo tiempo… Joder. Quizá jamás en la vida volvería a tener la oportunidad de hacer aquello con Malfoy. Harry no sabía qué hacer. Además, se sentía tan a punto de eyacular que creía que no iba a aguantar.
—Yo... De acuerdo, vamos. Pero... pero tengo que confesártelo, Malfoy. Eres el polvo más ardiente que he tenido en años… Si te follo, no creo... no creo durar.
Malfoy, por alguna razón, pareció aliviado. Soltó una risita y negó con la cabeza al tiempo que se sentaba en el sofá para sacarse los zapatos y la ropa que Harry le había dejado enroscada en los tobillos.
—¿Te preocupas por eso? Como si yo hubiera durado mucho, también. No te mortifiques, Potter. Igual, podemos repetir una y otra vez, ¿no lo crees? Después de todo, la noche es joven —finalizó con una sonrisa coqueta.
Harry arqueó las cejas y no dijo nada. ¿Repetir? Mierda. Por alguna razón, prolongar lo que fuera que estaba sucediendo ahí con Malfoy le parecía lo más arriesgado que había hecho en su vida, y mira que con todo lo que le había tocado vivir, eso ya era decir.
Entonces, de pronto, Harry notó que Malfoy estaba comenzando a desabrocharse la camisa. La camisa, cuya tela cubría el torso de Malfoy, torso que el mismo Harry había dañado con el peor de los hechizos de magia negra que nunca había ejecutado. Aterrorizado e incapaz de mirar las cicatrices que él mismo le había causado, Harry dio un paso hacia Malfoy, lo tomó de las solapas de la camisa, lo levantó del sofá y lo besó con ardor, obligándolo a dejarse la prenda puesta.
No, no puedo llegar a más, no, era el pensamiento que no dejaba de repetirse una y otra vez en su mente. Todo aquello con Malfoy estaba resultando demasiado demandante e intenso. Con tanta historia entre ellos, todo se volvía muy personal y cercano.
Harry no podía arriesgarse a enamorarse de Malfoy. De él, menos que nadie. Estaba completamente convencido de que Malfoy jamás le correspondería. Haber recordado en esos momentos el maldito sectumsempra de los cojones, sólo era una confirmación de que habían sucedido cosas entre ellos que jamás se perdonarían.
Si después de todos esos años, Harry no había podido perdonarse a sí mismo por haber usado magia negra contra Malfoy, ¿cómo podría perdonarlo él?
Decidido a terminar con aquello para huir lo más pronto posible sin tener que pasar a la cama, Harry comenzó a abrirse la túnica a toda prisa. Malfoy llevó sus manos al cabello de Harry y lo peinó entre sus dedos. Harry se estremeció con aquella caricia porque se sentía demasiado cariñosa, demasiado…
Harry terminó de abrirse la túnica y sus manos se fueron directas a su pantalón. Liberó su erección y Malfoy dejó de besarlo para bajar la vista. Saber que Malfoy lo estaba observando con aquella avidez, provocó que Harry sintiera su excitación crecer de un modo que ya era imposible de creer. Se acarició él mismo y soltó un gimoteo, sintiendo que iba a correrse en cualquier momento.
—Hablando de polvos ardientes, Potter... Mira nada más lo que tenemos aquí —masculló Malfoy. El rubio llevó una mano hacia la erección de Harry y comenzó a acariciarlo él mismo, lento y suave. Harry gimoteó largamente y apoyó la cabeza sobre el hombro de Malfoy, sobrepasado. Malfoy le susurró al oído—: Voy a chupártela primero, Potter. Luego, podrás follarme en la cama, si es que te portas bien y te lo ganas.
Harry asintió con un gemido ahogado, meneando la cabeza contra el hombro de Malfoy. Éste soltó una risita, se sentó otra vez sobre el sofá, lo tomó de los muslos y lo acercó de un tirón.
Harry, con los pantalones a medio abrir y sólo con su miembro de fuera, apoyó las manos sobre el cabello de Malfoy mientras éste se lo tragaba de un solo bocado. Se metió la erección de Harry lo más profundo que pudo y comenzó a chupar con frenesí, usando la lengua para oprimir la parte inferior, bebiéndose con gusto las gotas derramadas por la excitación, rasguñando un poco con los dientes y empapando de saliva. Con las manos, lo tocaba y acariciaba de los muslos, lo aferraba de las caderas, y lo agarraba de las nalgas para empujarlo más hacia él.
Harry estaba alucinado. Y pensar que había creído que él le daría la mamada de su vida a Malfoy. Soy tan ingenuo. Tuvo que reconocer que estaba sucediendo exactamente al revés.
—Oh joder, joder, oh Malfoy.
Harry apretó el suave cabello de Malfoy y tiró de él. En medio de las brumas de su éxtasis, alcanzó a escuchar que Malfoy se quejaba de dolor y trató de soltar su agarre, sin mucho éxito. Incapaz de aguantar más, se empujó hacia delante, clavó la punta de su erección en la garganta de Malfoy y comenzó a eyacular sin tener oportunidad de darle ningún aviso. Pero a Malfoy pareció no molestarle: se bebió cada gota derramada por Harry mientras éste, sobrepasado, se retorcía, cerraba los ojos y echaba la cabeza hacia atrás, mordiéndose los labios para sofocar los gemidos de alivio ante su liberación.
Jadeando para recuperar el aliento, Harry finalmente abrió los ojos, inclinó la cabeza y miró a Malfoy. Le sonrió tímidamente.
No se había dado cuenta, pero no había quitado las manos del cabello de Malfoy. Después de habérselo aferrado mientras eyaculaba como si su vida dependiese de eso, en ese momento lo estaba acariciando tiernamente. Era… Joder, el cabello de Malfoy no sólo era hermoso, también era muy suave. Harry creyó que jamás se cansaría de tocarlo.
—Wow, Malfoy... —susurró sin aliento—. Eso fue genial. Ya decía yo que tenías verdaderos talentos ocultos. Me alegro de habértelos conocido antes de… —se interrumpió y carraspeó. Antes de irme a otro continente y antes de que tú encontraras a otro con quien sí querrías entablar una relación, fue lo que había estado a punto de decir.
Desvió la mirada, soltó a Malfoy del cabello, dio un paso atrás y comenzó a cerrarse el pantalón. No podía continuar mirándolo a los ojos. Aterrorizado, se dio cuenta de que no había nada que deseara más que tomarlo entre sus brazos, besarlo hasta perder la consciencia y acariciar su cabello toda la noche sin parar. Pero no podía hacer nada de eso. Se moría de miedo de que Malfoy volviera a proponerle ir a la cama, porque sabía que no iba a poder negarse y, después de ello, no estaba seguro de cómo podría continuar adelante con su vida sabiendo que aquello no se volvería a repetir.
—¿Ya te vas? —le preguntó Malfoy en tono casual y esa pregunta fue como si le echara encima un cubo de agua helada. Y él que había estado pensando que Malfoy lo invitaría a pasar a la cama.
Harry se las ingenió para no verlo a la cara mientras caminaba hacia el perchero y tomaba su capa y el sombrero de guarda que Malfoy le había hecho.
—Sí-sí, así es —tartamudeó—. Ya tengo que irme. Lo siento mucho, Malfoy, pero es que salgo de viaje mañana y, ¿sabes? Todavía tengo millones de cosas que hacer y que empacar y... Bueno. Tú entiendes, ¿cierto?
Bueno, era obvio que entendía. Malfoy tenía fama de echar a sus amantes de su casa apenas al terminar, así que, ¿por qué Harry sería la excepción? Sintiéndose terrible, Harry miró a Malfoy de reojo y sonrió tenso. Malfoy no le correspondió el gesto y Harry se sintió peor.
—Ha... Potter, yo... —comenzó a decir Malfoy, pero Harry no quería escuchar sus excusas para admitir que "sí, aquello había sido bueno, pero ya vete, por favor".
Jamás se había sentido así de vacío y triste al terminar de tener sexo con nadie. Se detuvo en su camino a la chimenea, se giró un poco y se obligó a mirar a Malfoy a los ojos.
Lo notó desconcertado, y eso también lo desconcertó a él. En todo caso, no quería arriesgarse a que Malfoy le pidiera que se quedara.
—Perdóname, Malfoy —se disculpó—, pero de verdad, te lo juro, no puedo... no puedo quedarme. Quizá... Quizá más adelante, si tú aun quieres... Mira, probablemente regrese a Inglaterra durante las vacaciones de Pascua para pasarlas con Teddy. Si se da el caso, y si tú continúas visitando a tu tía, y nos vemos, podríamos... Tú y yo... Bueno. Ya me entiendes. —Aterrorizado por lo que sentía y urgido por salir de ahí antes de avergonzarse más a él mismo, Harry tomó un puñado de polvos flu. Antes de echarlos a la chimenea, añadió—: Te mandaré una postal desde América, ahora que sé tu dirección. Buenas noches, Malfoy. Feliz Navidad.
Diciendo eso, Harry huyó despavorido por la chimenea hasta su casa.
Llegó a la cocina de Grimmauld Place, arrojó sobre la mesa las cosas que llevaba en la mano y corrió hasta su recámara en el piso superior.
Sentía como si debiera huir de algo, pero no entendía de qué.
nota:
Mañana, la segunda parte de la historia de Harry!
¡Cuídense mucho! Si les es posible a ustedes y sus familias, no salgan de casa y eviten el mayor contacto posible con el exterior. Les mando todo mi cariño y espero que, cuando termine toda esta catástrofe, todos los que ahora nos leemos aquí continuemos y que no nos falte ninguno. ¡Los quiero!
