Si algo bueno tuvo toda la vorágine de sorpresas, planes de futuro y la cantidad de gente que de repente se interesó por su vida privada cuando contaron que Stiles estaba embarazado, fue que eso les sirvió para estar prevenidos en el momento de anunciar que iban a casarse.
Y tal vez fue porque al lado de que un hombre se quedara embarazado, que por fin fuera a tener lugar la boda a la que todos llevaban queriendo ir desde hacía años era una cosa sin importancia, pero Derek tuvo la sensación de que la gente no se puso tan frenética como habría imaginado.
Eso, o tal vez fue que ambos aprendieron de sus errores y esta vez, en lugar de intentar luchar contra viento y marea frente a toda la gente que se empeñaba en darles su opinión, decidieron dejarse llevar por la corriente.
Así, tan pronto como dieron la noticia a todos, aprovechando que se habían reunido en el loft para ver a Sara, después de los efusivos abrazos y felicitaciones de rigor más unos cuantos "ya era hora", Derek no tuvo ningún problema en que Stiles creara con Lydia, Erica, Allison y Cora una grupo especial de preparativos de boda.
Ahora que Cora estaba con ellos (de momento no tenía intención de mudarse de Beacon Hills para estar el mayor tiempo posible con su sobrina y, a ojos de todo el mundo, con el bebé que ella misma dio a luz), al menos tenía la seguridad de que alguien pondría sentido común en los preparativos. Y tal vez fuera porque ahora iban a casarse y tenían una hija en común, pero Derek ya no tenía miedo de que el trío de rubia, morena y pelirroja le robara a su chico.
De hecho, se alegraba de que quisieran ayudar a Stiles con los preparativos, pues sólo de pensar en la cantidad de cosas que ya estaban diciendo que debían mirar a los cinco minutos, estaba más que conforme con que le mantuvieran apartado. Mientras le dijeran dónde y a qué hora tendría que estar para casarse con Stiles, por él era más que perfecto.
Además de que, gracias a las visitas que tuvieron que hacer a todos los comercios dedicados al negocio de bodas (y que Derek jamás habría imaginado que fueran tantos), ello le permitió pasar más tiempo con su hija a solas.
Y así es justo como estaba ahora, acompañado de su hija y a punto de hacer la única misión que tenía a cargo para todo el tema de la boda.
Ni siquiera tuvo ocasión de llamar. Iba a pulsar el timbre cuando la puerta se abrió y Peter observó a su inesperada visita.
- Qué agradable sorpresa –exageró, dejándoles pasar- ¿Hace cuánto que no venías por aquí? ¿Y dónde está tu otra mitad? –preguntó cuando Derek cerró la puerta tras él-. ¿O es que planeas secuestrar a tu hija y quedártela tú solo? ¿Es por eso que has venido a verme? ¿Para pedirme consejo?
Derek no respondió a ni una sola de las preguntas de su tío (sería la primera vez que Peter esperaba que lo hiciera) y tomó los primeros minutos para acomodar a su hija. Entró en el salón y dejó el carrito junto al sofá. Sacó entonces de la bolsa el lobo de peluche y se lo entregó a su hija antes de darle un beso en la cabeza. Sara no tardó en agarrar el peluche y llevárselo a la boca, mordiendo una de las patas mientras se abrazaba al lobo, casi del mismo tamaño que ella.
A su lado, Peter observó el comportamiento de su sobrino con una mezcla de asombro y… normalidad. Pese a ser la primera vez que veía a Derek en modo padre, era sorprendente la seguridad con que hacía cada uno de sus movimientos, como si llevara toda la vida al cargo de otra persona.
Bueno. En ese sentido llevaba años haciendo lo mismo y con personas aún más complicadas que bebés medio lobos: adolescentes medio lobos.
Una vez estuvo todo dispuesto se dignó en responder a su tío. Al menos, la única pregunta que merecía la pena responder.
- En realidad él ha sido el secuestrado –comentó, sentándose en un brazo del sofá para no perder de vista a su hija mientras hablaba con Peter-. En cuanto se enteraron de la boda Cora y las demás empezaron a hacer planes para organizarlo todo, y afortunadamente yo no entro en esos planes. De hecho, me amenazaron con que no interviniera.
- Comprensible. Hacía tiempo que no había en el pueblo un acontecimiento multitudinario que no fuera un funeral. Y ya que estamos, supongo que las felicitaciones están a la orden del día... Aunque más bien debería decir "ya era hora" –sonrió de medio lado-. Sigues tomándote las cosas con mucha calma.
Tal vez fue por la fuerza de la costumbre, pero a Derek ya no le molestó el comentario. Especialmente cuando su tío tenía todo el derecho del mundo a meterse con él, ya que él había sido el único al que no invitó al loft para informarle sobre el feliz acontecimiento.
- Llevamos años viviendo juntos. No es que vaya a cambiar mucho la cosa por llevar un anillo.
- Entonces, ¿por qué lo has hecho ahora?
El Alfa suspiró profundamente. Esa era una pregunta con la que seguía sintiéndose incómodo. Sobre todo porque había muchas razones por haberlo hecho y ninguna en realidad.
- Supongo que porque Stiles se lo merecía. Los dos en realidad. Tienes razón. Era hora de que nos juntáramos para celebrar algo agradable.
Peter asintió, aunque lo hizo sin mirarle siquiera, toda su atención centrada en el bebé de semanas de vida que seguía jugando con aquel viejo lobo de trapo. Se acercó a la niña y se puso de rodillas para estar a su altura, observándola de cerca. No le pasó desapercibida la reacción de su sobrino al lado, quien se puso tenso de repente. No podía asegurar si se había puesto nervioso porque estuviera tan cerca de su hija, como haría con cualquier otra persona como padre primerizo hiperprotector que era, o sólo lo había hecho porque era precisamente él quien estaba tan cerca de su bebé.
Fuera cual fuese la respuesta, decidió que lo mejor era no arriesgarse. Y por muchas ganas que tuviera de coger a su sobrina la dejó donde estaba, jugando plácidamente, centrándose de nuevo en el padre de la criatura.
Derek se relajó visiblemente cuando Peter se alejó del sofá y fue a la cocina. Volvió al momento con dos cervezas, entregándole una que aceptó en seguida, preguntándose por qué de repente aquel gesto tan cotidiano le resultaba tan extraño.
Tal vez porque nunca había hecho nada parecido con Peter, se dio cuenta entonces.
La sorpresa de ese hecho, pues tomar cervezas era algo que había hecho con todo el mundo… incluso con Scott, le ayudó a terminar de decidirse sobre lo que realmente había ido a hacer allí:
- Y hablando de la boda –comentó tras dar el primer trago-. También he venido porque quería pedirte un favor.
- ¿A mí?
- Sí. Aunque, más que un favor, es una petición. Si aceptas, claro. –Su tío le dio pie a seguir con una mirada curiosa y divertida a un tiempo- ¿Quieres ser mi padrino?
La sonrisita que había estado mostrando Peter hasta entonces, desapareció tan pronto como la pregunta fue formulada. Entonces el antiguo Alfa abrió los ojos de par en par y su rostro adquirió un rictus mortecino que hacía mucho que Derek no veía en su tío.
- ¿Eso es que no? –preguntó cuando los segundos pasaron y seguía sin darle una respuesta.
Peter dejó la cerveza en la mesa. Al hacerlo Derek tuvo la sensación de que le temblaban las manos, pero no podía estar seguro porque sería la primera vez en toda su vida que le veía en ese estado.
Pero por la expresión de su rostro cuando se acercó a él, queriendo saber cuál era el problema, eso era justo lo que parecía: que Peter Hale, el hombre impasible que siempre quiso ser el Alfa y en cierto modo lo seguía siendo, estaba asustado.
- No lo entiendo –dijo al fin el mayor de los Hale.
Al hablar, Derek sintió un escalofrío. ¿Cómo era posible que su voz hubiera sonado exactamente igual a la que tenía Stiles al poco de conocerse, cuando la posibilidad de morir pasó a ser una constante en su vida?
Debían ser imaginaciones suyas, decidió al fin.
- No hay mucho que entender. Eres el mejor candidato.
- ¿Y qué pasa con Cora?
- Ella estará con Sara todo el tiempo. Y lo que necesito es un padrino, no una madrina… -añadió, burlándose con él-. Tú eres el único familiar que me queda que pueda cumplir con esa función –Peter abrió un poco más los ojos y Derek se arrepintió de su elección de palabras-. Aunque no es sólo por eso. También es porque quiero que seas tú.
- ¿Por qué? –preguntó. Aunque más bien parecía una acusación-. Ni siquiera te caigo bien.
- ¿Quién ha dicho eso? –Las cejas de Derek se arquearon, mostrando una sorpresa que creció cuando Peter se limitó a señalarle con el dedo-. Pensé que tú eras el que mejor me conocía –le reprochó, un tanto dolido-. ¿Creías que todo lo que te decía era en serio? Si realmente fuera como pretendía aparentar, ahora mismo no estaría con Stiles y mucho menos acabaría de tener una hija con él.
Peter volvió a guardar silencio, esperando a que Derek siguiera. Pero cuando los segundos pasaron y siguió mirándole y sin hacer lo que esperaba que hiciera, que era retirar su oferta de ser el padrino de su boda, ya no pudo contenerse.
- ¿Acaso has olvidado todo lo que te hice? –preguntó, sorprendido-. Intenté matarte, Derek. Y no fue sólo cosa de una vez… Y también secuestré a tu querido Stiles. ¿Es que ya lo has olvidado?
- Claro que no –protestó- ¿Por qué sacas ahora todo eso?
- Porque alguien tiene que hacerlo –alzó la voz, moviendo las manos frenético al ser incapaz de quedarse quieto-. No tiene ningún sentido que vengas pidiéndome que yo, de entre el resto del mundo, sea tu padrino. Tiene que haber un candidato mejor… Demonios, hasta Chris Argent tendría más sentido como padrino que yo. -Se llevó las manos al pelo, frustrado-. No es esto lo que tendría que haber pasado.
Derek entrecerró los ojos, completamente alerta.
- ¿Qué significa eso?
- Se suponía que el nacimiento de tu hija marcaría un punto de inflexión –comentó Peter, cubriéndose el rostro con ambas manos- . Que a partir de ahora seguirías con tu vida y con tu familia. Tu nueva familia. Y podrías dejar atrás todo lo…
- ¿Qué has querido decir con que "esto" no es lo que tendría que haber pasado?
Cuando Peter no respondió pero por fin se atrevió a mirarle a la cara, quedando claro en sus ojos azules que había mucho más de lo que él sabía, terminó de perder los nervios que ni siquiera sabía que estaba empezando a perder. Pero esa siempre había sido una de las cualidades de su tío: sacarle de quicio en cuestión de segundos.
- Dímelo –pidió con voz de Alfa, indicando que no era realmente una petición. Y cuando Peter siguió callado no tuvo ningún problema en dejarle las cosas más claras aún: le agarró del cuello de su camisa y le empotró contra la pared-. ¡Dímelo! ¡Qué demonios has hecho!
Peter protestó ante el golpe. Cerró los ojos con gesto de dolor. Y cuando los abrió Derek dejó escapar un suspiro ahogado, soltando el agarre de sus manos.
Jamás había visto esa mirada en Peter. Ni siquiera cuando…
- Sólo quería que fueras feliz… -dijo el hombre en un susurro que, de nuevo, le recordó a ese Stiles adolescente. ¿Cómo podía ser que emanara esa misma sensación el hombre hecho y derecho que ahora tenía frente a él?-. Después de todo lo que te había quitado, quería por una vez ser yo quien te daba la oportunidad de tener lo que siempre habías querido.
La mirada de tristeza de Peter era tan abrumadora, tan opuesta a lo que siempre había representado su tío para él, que Derek tardó unos segundos en escuchar lo que le estaba diciendo.
- No entiendo. Tú no me has…
- Maté a tu hermana para convertirme en el Alfa.
Silencio.
- Eso no es verdad –le reprochó Derek. Nunca había querido volver a sacar ese tema con Peter y tenía un buen motivo para ello. Abrir viejas heridas nunca traía nada bueno, y menos cuando daba igual lo que se dijera, no es que fuera a cambiar el final-. No eras consciente de lo que hacías. No fue realmente culpa tuya…
- ¿Y qué pasa con Paige? –contraatacó, dolido y feliz a partes iguales porque había sorprendido a su sobrino con la guardia baja.
- Tú no la mataste –murmuró, las pupilas temblando-. Eso… Eso fue responsabilidad mía.
- Porque fui yo quien te puso en esa posición. Quería que la manada Hale siguiera siendo poderosa. Y obsesionado con esa idea lo que hice fue destruirla. Empezando por ti…
La congoja encerrada en los claros ojos de Peter fue tal que Derek tuvo que dar un paso atrás. De pronto tenía la sensación de que estaba con otro hombre completamente distinto al que recordaba que era su tío… Peor aún, que por primera vez estaba con el verdadero Peter Hale.
El hombre aprovechó para alejarse de la pared, doliéndose todavía del golpe recibido.
- Nunca me he perdonado por lo que te obligué a presenciar –continuó en voz queda, acercándose al carrito donde estaba su sobrina-. Cuando tuviste que matar a Paige o cuando encontraste a Laura en el bosque…
- ¿Por qué no me lo habías dicho?
El hombre alzó la mirada y, esta vez sí, mostró esa sonrisa torcida que era genuinamente Peter Hale.
- Eran mis fantasmas. Tú ya bastante tenías con los tuyos.
- ¿Y qué es lo que has hecho? –esta vez sí sonó a pregunta-. Dímelo. Ya no tiene sentido que lo ocultes…
La sonrisa de Peter se agrandó un poco más. Sobre todo cuando devolvió la atención a su sobrina y vio que esta le estaba mirando.
- Simplemente jugué mis cartas para que las Fuerzas Sobrenaturales actuaran en tu favor.
- ¿Estás hablando del embarazo de Stiles? –preguntó, sorprendido-. ¿Tú tuviste algo que ver?
Peter comenzó a reír. Y por poca gracia que le hiciera que se estuviera riendo de él, Derek prefería mil veces eso a tener que lidiar con un Peter triste ante el que no sabía ni cómo reaccionar.
- ¿De verdad creías que las fuerzas encargadas de mantener la balanza del universo se iban a preocupar porque el Alfa de una zona perdida de California no tuviera descendientes?
- Eso fue lo que me dijo Deaton.
- Después de que yo le amenazara si te contaba la verdad.
Si. Eso cuadraba perfectamente con el Peter que conocía.
- ¿Qué hiciste?
- Sólo un intercambio… -Se encogió de hombros, quitándole importancia-. Busqué un viejo libro de rituales que me permitió contactar con nuestras queridas Fuerzas Sobrenaturales y les pedí que intercedieran por ti. Les hice un resumen de todo lo que habías hecho hasta ahora y todo lo que habías perdido, y conseguí convencerles para que por una vez las cosas te salieran bien y pudieras formar una familia.
El Alfa trató de asimilar toda la información. Lo más sencillo sería creer que se lo estaba inventando todo porque nada de aquello tenía sentido pero… ¿cuándo les había pasado eso a ninguno de los dos?
- Has dicho que hiciste un intercambio. ¿Qué tuviste que dar a cambio? –La mirada tristona volvió pero ello no hizo que Derek diera marcha atrás-. ¡Dímelo!
- Nada importante en realidad. Sólo mi mitad de lobo.
La confesión le hizo recordar el quejido de su tío ante el golpe que le había dado. Peter no se habría quejado jamás ante un simple empujón. No a no ser que…
- Eres humano.
- Cien por cien.
Derek tuvo que sentarse en el brazo del sofá. Aquello era demasiado.
- No me había dado cuenta –murmuró el Alfa.
- Últimamente no pasamos mucho tiempo juntos. Nunca lo hemos hecho, en realidad –volvió a encogerse de hombros-. Aunque tampoco es que pudiera esperar otra cosa.
- ¿Por qué no me lo dijiste?
- ¿Y ahorrarte la sorpresa cuando te enteraras? No gracias.
- Estoy hablando en serio. Si algo le hubiera pasado a…
- Eso jamás habría ocurrido. –La mueca burlona de Peter se transformó en una de total seriedad-. Fue lo primero que dejé claro antes de aceptar el trato.
- Entonces por qué no contármelo desde el principio. Si sabías que todo iba a salir bien.
- Siempre estaba la opción de que no aceptarais. Especialmente el afortunado que se quedó embarazado.
- ¿Y después? Cuando ya sabías que íbamos a seguir adelante con el embarazo, ¿por qué no nos dijiste que había sido gracias a ti?
- Qué puedo decir. Ha sido convertirme en humano y se me han quitado las ganas de ser siempre el protagonista.
- Quiero saber la verdad. Por favor.
Peter lanzó un chasquido que, a diferencia de otros más comunes en él, se parecía más al que habría soltado un cachorrito abandonado. Derek odió ser en parte la causa de ese quejido lastimero. Más aún que éste se debiera a que simplemente le estaba pidiendo que fuera sincero.
- Porque no quería que te sintieras en deuda conmigo. No después de…
A Derek le dolió que a Peter le fallara la voz. Le dolió tanto que llegó a sentirlo físicamente. Era como descubrir que ese héroe al que siempre había admirado en realidad no era más que un hombre asustado.
- Pero tarde o temprano me habría enterado de que habías cambiado –murmuró el hombre lobo.
- Lo dudo mucho. Estos meses han sido una auténtica locura y no has estado muy centrado, es verdad. Pero para saber que me pasaba algo raro, primero sería necesario que me vieras… Y estaba convencido de que en cuanto tuvierais a Sara con vosotros te olvidarías definitivamente de mí.
Derek apretó los labios. Era horrible darse cuenta de que su tío pensara eso de él. Ser consciente de que en parte tenía razón.
Y entonces se dio cuenta de un detalle. Era la primera vez que Peter decía el nombre de su hija.
Y sonaba tan… familiar.
- Pues no lo voy a hacer –recuperó un poco de su genio-. No tenía pensado hacerlo hace cinco minutos y no pienso hacerlo ahora. Y no. No es porque me sienta en deuda contigo.
- Pero lo haces. Te conozco demasiado bien, Derek.
- Y por eso no me contaste tu plan… -comprendió entonces-. Sabías que si me lo decías antes de tiempo me negaría a que Stiles siguiera adelante con el embarazo, convencido de que tenías otros motivos para hacerlo.
- Y habría sido lo normal. No es la primera vez que te traiciono. –Su mirada se volvió aún más triste-. Y siendo esta la primera voz que te ayudo simplemente porque quiero… ¿quién querría deberle algo al malo de la historia?
- Tú no… -se odió por no poder terminar la frase-. Ninguno de nosotros somos de los buenos. Nunca lo hemos sido.
- Discrepo. Pero tú siempre has sido el más inocente de los dos. No creo que pueda hacerte cambiar de idea ahora, después de tantos años.
El Alfa… el único hombre lobo de los presentes, resopló.
El siguiente suspiro fue más sentido.
- No es justo -murmuró.
- ¿El qué?
- No es justo que te vayas a perder parte de su vida. –Miró a su hija-. Que no puedas enseñarla a superar sus primeras lunas llenas como hiciste conmigo, o que ni siquiera puedas captar su esencia como Cora o yo hacemos. Especialmente cuando ha sido gracias a ti que…
- Ya te he dicho que no me debes nada –le interrumpió de mala manera-. Ni siquiera las gracias.
- Aun así, sigue sin ser justo.
- Acepto las consecuencias. Ya lo hice en situaciones mucho peores, cuando yo fui el único que sobrevivió al incendio. Ahora está siendo mucho más fácil.
Derek sintió que el corazón se le paraba.
No por primera vez desde que hubiera llegado tuvo la sensación de estar frente a un Peter Hale completamente distinto. Era como si de repente pudiera verle de verdad, sin todos esos muros que había construido a su alrededor y que hasta ahora creía que estaban ahí para convencer a todos de que era mucho más fuerte de lo que parecía. Pero en realidad estaban ahí para intentar demostrar a todos, y a sí mismo el primero, que no estaba tan aterrorizado y solo como realmente se sentía.
Al darse cuenta de la verdad quiso preguntarle un millón de cosas a la vez: si seguía teniendo pesadillas con la noche del incendio; si el fuego le aterrorizaba y por eso su casa siempre estaba tan fría; si recordaba algo de los años que estuvo en la unidad de cuidados intensivos sin que nadie fuera a verle.
Al final no se atrevió a hacerlo. Habían pasado años desde el incendio, por lo que no es que fuera demasiado pronto para tratar ese tema, pero tenía la seguridad de que en el caso de Peter esos recuerdos seguían siendo tan recientes como el primer día.
Peter no había tenido la increíble suerte que tuvo él con Stiles al encontrar a alguien que le entendiera tan bien y estuviera dispuesto a escucharle lo poco que quisiera decirle y cuando estuviera listo, daba igual el tiempo que hiciera falta para que se atreviera a abrirse a alguien y dejar atrás todos sus demonios.
Derek apretó los puños, odiándose por no haber podido ser esa persona para su tío. Era verdad que nunca fue el mejor modelo a seguir y siempre pensó en sí mismo antes que en los demás; pero también fue esa figura paterna que tanto le ayudó desde que tenía memoria, cuando su propio padre no podía estar a su lado, siempre ocupado con temas de la manada.
Y Peter también era la persona que acaba de hacer lo impensable y se había puesto por detrás de todo lo demás, pensando sólo en la felicidad de su sobrino.
Y tal vez no fuera hoy ni mañana o pasado pero Derek acabaría convirtiéndose en ese apoyo que debería haber sido cuando, desesperado por alejarse de la culpabilidad al saber que había sido en parte responsable del incendio que Kate provocó, dejó atrás a un hombre que ni siquiera sabía lo que había pasado. Un hombre que acababa de ver morir a su hermana y a la mujer con la que algún día se habría casado, junto a toda su familia y el único sitio que siempre consideraría su hogar.
Después de aquello, que Peter hubiera perdido la cabeza y llevado por la sed de venganza hubiera acabado matando a su propia sobrina, era casi lo más normal que podría haber ocurrido. Y algo de lo que jamás le culparía, del mismo modo que sabía que Peter jamás le culpó por el incendio.
Empezó a temblar antes de darse cuenta siquiera de que lo estaba haciendo. Se suponía que había ido allí para dar una buena noticia ahora que empezaba una nueva vida junto a Stiles y Sara. No quería que el peso de los recuerdos, aunque fueran recuerdos en los que hasta ahora no se había tomado la molestia de pensar, estropearan el momento.
Especialmente porque Peter no se lo merecía.
Y entonces cayó en la cuenta de un importante detalle.
Algo que, por simple que pareciera, esperaba que sirviera para empezar a romper el muro que habían ido construyendo entre los dos a base de mentiras, secretos y opiniones equivocadas.
Cogió a su hija en brazos, acunándola un poco cuando ella empezó a protestar al haber perdido el contacto con su lobo de peluche… El mismo lobo que Peter recuperó y guardó durante tanto tiempo. En su fuero interno Derek se dio una patada en sus partes más íntimas: por qué demonios había esperado tanto para hacer aquello.
Una vez la tuvo tranquila se la acercó a su tío quien, desde que hubiera confesado su plan maestro, no había dicho nada.
- ¿Quieres cogerla?
Peter le miró como si se hubiera vuelto loco. Luego miró al bebé, quien volvía a tener esos profundos ojos verdes clavados en él, y su expresión se suavizó un poco. Más que suavizarse, pasó de mostrar asombro a cierta preocupación.
- ¿Estás seguro? –preguntó con dudas.
A su lado Derek sintió que se le empañaban los ojos. Hasta ahora Peter nunca la había cogido porque él no se lo había permitido, siempre sospechando de él y viéndole como esa persona que siempre ocultaba algo y que… bueno, en realidad había vuelto a hacer, pero esta vez para bien.
Pero lejos de quejarse porque fuera la única persona que conocía a Sara Hale que todavía no había podido acunarla, cuando era el que más derecho tenía a hacerlo y no sólo porque fuera familia, Peter siguió apartado del resto. Aceptando ese sino que, como buen Hale que era, le vino impuesto sin que pudiera hacer absolutamente nada para cambiarlo.
Y al igual que Stiles hizo con él ahora iba a ser Derek quien ayudara a Peter a, si no podía cambiar su destino, al menos sí quisiera aceptarlo.
- Por supuesto –dijo finalmente. Le entregó al bebé y en seguida Sara alargó sus brazos hacia el hombre-. Sé que no vas a dejar que se caiga.
Peter tragó con dificultad al sentir el peso de la pequeña. Y cuando las manos de Sara fueron a su barbilla y trató de agarrar los pelos de su barba, por corta que esta fuera, soltó una risita de emoción.
A su lado Derek sintió una punzada en el pecho. Era la primera vez que veía a su tío sonreír de manera genuina.
Siempre se había preguntado qué haría falta para que ese hombre tan distante mostrara un poco de sentimientos y ahora comprendía que siempre tuvo la respuesta: sólo necesitaba que alguien le hiciera partícipe de esos sentimientos.
- Entonces, ¿qué me dices? –preguntó cuando ya habían pasado unos minutos. Peter seguía mirando a Sara con adoración y devolvió la atención a su sobrino el tiempo suficiente para indicarle que no sabía a qué se estaba refiriendo-. ¿Quieres ser mi padrino de boda?
Peter miró a su sobrino, luego a la hija de este y después cerró los ojos, pensando en todas las personas que habían quedado atrás y que jamás conocerían a la nueva Hale. Cuando abrió los ojos, aunque ya sólo fuera un hombre y no un hombre lobo, sus ojos brillaron de un modo especial.
- Nada me gustaría más.
