Capitulo veinticinco

Bella POV

Asentí mientras caminaba hacia la puerta donde Rose me esperaba, pero me giré antes de cruzarla mirando sus ojos.

– Le diré que estás bien, y que lo echas de menos –susurró con una sonrisa.

Yo solo pude musitar un "gracias" tan bajo que no creo que pudiese oírlo, mientras mis mejillas ardían de nuevo.

Rose me condujo por esa enorme casa en la que me perdería si me dejaban sola, los pasillos eran largos y estrechos, con innumerables puertas… sí, me perdería sin un guía a un plano. Abrió una puerta y con un gesto de la mano me indicó que entrase. Cuando lo hice miré a mi alrededor y pude mis maletas a un lado de la cama, seguro que Emmett las había traído cuando entró en la casa, Rose entró detrás de mí y abrió otra puerta indicándome donde estaba la ducha.

– Gracias –musité.

– ¿Después podemos hablar? –preguntó en un susurro.

– Claro –contesté no muy convencida.

Me encerré en el baño y me miré al espejo, la que se veía allí no parecía yo. Mi rostro no era así, estaba sonrojada, mis ojos brillaban más de lo normal…. Definitivamente no era yo. Suspiré y comencé a quitarme la ropa, los recuerdos de aquella noche en el hotel, cuando Edward me arrancaba esa misma, cuando sus caricias y sus besos inundaban mi piel… suspiré y me metí debajo del chorro de agua fría. Dejé que me despertara, que activara todos mis músculos y espabilara mis neuronas. Después salí y me envolví en una toalla. Cuando salí a mi habitación Rose me estaba esperando sentada en la cama, hice como que no la había visto y me dirigí hacia mis maletas, no presté atención a lo que buscaba, pero en cuento encontré algo de ropa interior y algo de ropa lo saqué y me lo puse.

Me giré y me enfrenté a Rose, ella tampoco parecía ella, tenía al vista perdida y podía jurar que sus ojos estaban vidriosos como si hubiese llorado o fuese a hacerlo de un momento a otro. Se me partió el corazón al verla así, era Rose, mi mejor amiga desde que éramos niñas, me había dolido lo que hizo pero a ella también, estaba sufriendo, estaba pasándolo mal, y aunque algo me decía que no era del todo, sospechaba que yo tenía la culpa.

– Rose –la llame mientras me sentaba en la cama a su lado.

Ella me miró y sonrió tristemente mientras una lágrima resbala por su mejilla izquierda. Se la sequé con cuidado y suspiré.

– ¿qué pasa? –pregunté.

– Lo siento… de verdad Bella yo no sabía que esto se pondría así… me siento culpable, si Edward hubiese luchado por ti frente a esa zorra… las cosas no serían como son –dijo con voz rota.

– ¿Por qué? –pregunté.

– Sabes el por qué… esta tía está loca.

– No me refiero a ese por qué, quiero saber porque lo has hecho, porque le dijiste a Edward que me dejase.

Suspiró y se reacomodó en la cama, apoyó su espalda en el cabecero de esta y palmeó el colchón a su lado para que yo me pusiese allí. Lo hice mientras una sensación extraña me recorría el cuerpo, así era como hablábamos siempre, cuando teníamos algo importante que decir nos tumbábamos en la cama y simplemente hablábamos.

– Solo no me interrumpas cuando te cuente todo esto…. ¿de acuerdo? –me pidió sin mirarme– ya bastante me cuesta recordarlo como para encima repetirlo… y prométeme que no se lo dirás a nadie.

– De acuerdo –susurré.

– ¿Recuerdas el baile de primavera cuando teníamos quince? ¿Con quién fui?– pregunto.

– Sí… fuiste con Félix… ¡a no! Le diste calabazas después cuando fuiste con Royce – contesté.

– Sí, no lo recuerdas bien porque te quedaste en casa… aun cuando Demetri te suplicó que lo acompañases…

– Rose… ve al grano –la corté.

– Lo siento, lo siento… tienes razón, a lo importante –sonrió con tristeza y miró al techo–. Royce esa noche fue un encanto, bailamos, reímos… en el baile fue un cielo conmigo… además de la cara de envidia de todas porque Royce tenía diecisiete, y prefirió ir conmigo que con una de su edad.

Se quedó en silencio y se estremeció.

– Pero… –la alenté a que continuase.

– Cuando le pedí que me llevase a casa nos fuimos en su coche, antes de llegar a la calle donde vivíamos cogió el desvío hacia el mirador… ¿recuerdas aquel mirador cierto? –preguntó.

– Sí… donde van las parejitas a meterse mano.

– Ese mismo, yo al principio pensé que estaba bromeando y le pedí que diese la vuelta y me llevase a casa, pero él solo rio y me dijo que después de aguantarme durante toda la noche lo menos que podía hacer era agradecérselo.

– ¿Qué? –pregunté asustada.

– Me llevó allí Bella –dijo llorando– me arrancó el vestido e hizo lo que quiso conmigo mientras yo le gritaba suplicando que parase.

– Rose –susurré paralizada.

– ¿recuerdas mis clases de defensa personal de aquel verano? –Volvió a preguntar, yo asentí– ¿y la paliza que le dieron a Royce que lo tuvo dos semanas en el hospital? – preguntó ahora mirándome con una sonrisa maliciosa.

– ¿fuiste tú? –pregunté sorprendida.

– Me apliqué mucho en esas clases, y no te puedes imaginar cómo disfruté pegándole, como me reía mientras me suplicaba que parase… –sonreía mientras hablaba– me cobré todo lo que me hizo, y desde ese día no se atrevió si quiera a mirarme.

– ¿no lo denunciaste? –pregunté.

– ¿Para qué? –Preguntó con tristeza– violó a medio instituto, yo solo fui una más, las denuncias se las pasaba por donde quería, sus padres tenían tanto dinero que hasta la policía hacía lo que ellos querían.

– ¿Por… por que no me contaste nada? –pregunté con lágrimas en los ojos.

– Siempre has sido muy inocente Bella… en lugar de contarte te cuidé –dijo acariciando mi cabello–, intenté inculcarte que no te fiases de nadie, que te hicieses respetar… pero con Edward me excedí… el te ama y no iba a hacerte daño.

– ¿por eso siempre has sido tan dura conmigo?

– Lo siento… lo siento muchísimo Bella, pero no creí que las cosas saliesen así… de verdad –suplicó de nuevo tomando mis manos entre las suyas–. Sé que no tengo derecho, pero ¿me dejas tener una "conversación" con Tanya cuando acabe todo esto?

Comencé a reírme mientras las lágrimas continuaban rodando por mis mejillas… nos abrazamos y las dos nos reíamos a carcajadas mientras llorábamos. Estuvimos así unos minutos, simplemente disfrutando en silencio de la compañía de la otra.

– ¿Y Emmett? –pregunté de repente.

– ¿Qué hay con él? –preguntó frunciendo el ceño.

– Le gustas… mucho… pero te tiene miedo –le aseguré.

– ¿cómo sabes que le gusto? –preguntó sorprendida.

– Emmett es como un niño pequeño, hace poco que lo conozco pero es muy inocente y no puede ocultar nada… –le expliqué– cuando habla de ti se le iluminan los ojos, además es todo un caballero. Solo le ha faltado la armadura y el caballo cuando ha ido a buscarme a Nueva York.

– ¿De verdad le gusto? –preguntó sorprendida.

– Rose… es evidente, fíjate un poco en sus reacciones cuando estás cerca… está loco por ti –aseguré con una sonrisa– él me suplicó que te dejase explicarme, que te escuchase e hiciese un esfuerzo por entenderte.

– ¿De verdad hizo eso? –preguntó de nuevo, asombrada.

Iba a contestar pero unos golpes en la puerta nos interrumpieron.

– Adelante –grité.

Emmett asomó la cabeza sonriendo.

– No puedo dormir por mucho que diga la enana esa… ¿Bella me puedo quedar…?

¡Oh lo siento! No sabía que tenías compañía…

– Emmett pasa –le pedí mientras miraba a mi amiga de reojo.

– No es necesario, os dejo hablar y vengo después –dijo mientras se rascaba la cabeza y miraba al suelo…. Eran tan adorables.

– No, de verdad, pasa… ya hemos hablado –dije con una sonrisa.

– ¿Y va todo bien? –preguntó preocupado.

– Perfectamente… ¿verdad Rose? –la miré de reojo y ella se removió nerviosa.

– Sí –musitó desviando la mirada.

– Ven Emmett, siéntate con nosotras –palmeé el colchón a mi lado y no tardó en tumbarse dejándome a mí en medio de los dos.

– ¿Y ya habéis solucionado todo? –preguntó Emmett algo avergonzado.

– Sí… Rose me ha explicado sus motivos… y los he entendido –dije tomando su mano entre las mías de nuevo– Y bueno Emmett… ¿qué tal todo por…?

ME interrumpió el sonido de mi móvil y me levante de la cama de un salto para contestar, al mirar la pantalla el nombre de Alice parpadeaba insistentemente.

– Es Alice… ahora vuelvo –dije giñando un ojo mientras me metía en el baño para tener más privacidad, los dos enrojecieron ante mi gesto y yo reí internamente– Hola Alice –contesté al teléfono con una sonrisa.

– Bella –susurró aquella voz.

Y yo caí de rodillas al suelo, lo había echado tanto de menos… y ahora estaba hablando con él, él me estaba llamando…

– Bella… ¿estás ahí? –preguntó asustado.

– Edward… –fue lo único que pude decir antes de romper a llorar.

– Amor no llores por favor… te prometo que todo se va a solucionar… pero por favor, no llores… –suplicó.

– Estoy bien… –dije con voz estrangulada.

– Te echo de menos… –suspiró.

– Y yo a ti… –dije mientras sentía las lágrimas ardiendo en mis mejillas.

– Haré todo lo posible por mantenerte a salvo, ya he hablado con Kate y tiene todo planeado, por favor, haz lo que te pide y todo se solucionará antes de lo que imaginamos.

– ¿Dónde estás? –pregunté con un hilo de voz.

– En Forks… me he traído a tu hermano y a Ness conmigo en el jet.

– ¿Has estado con Jake en un espacio cerrado y todavía estás vivo? –pregunté divertida.

– Me hiere tu falta de confianza en mi fuerza… –dijo fingiendo indignación.

Sonreí con tristeza mientras seguía llorando.

– Te amo –dije antes de que un sollozo me rompiese la voz.

– No más de lo que yo te amo a ti –susurró.

– Edward –oí la voz de Alice en la distancia.

– Ya va Alice… –dijo Edward algo enfadado– tengo que colgar Bella, no olvides que te amo y que haré todo lo posible para que esto se solucione cuanto antes.

– Te estaré esperando –prometí.

– Y yo iré a buscarte.

La llamada se cortó y yo me quedé con el teléfono entre mis manos… temblando y esperando que fuese verdad lo que me había dicho y todo se acabase cuanto antes.