Los personajes de Dragon Ball y Naruto no me pertenecen. Son obra y creación de Akira Toriyama y Masashi Kishimoto respectivamente.

Hola de nuevo, mis queridos lectores. He tenido unos días pesados en el trabajo con lo del Coronavirus, de allí el gran retraso. En fin, no quiero dilatarme más este aspecto, aquí los dejos con las respuestas a los reviews sin cuenta del último capítulo (se los debía) y pasamos al capítulo 25 que espero les guste.

Reviews:

Guest: Agradezco un millón que sigas la historia desde la parte 1 amigo, eso son varios años entonces jaja. Espero y te entretengas con el siguiente capítulo.

TragicAsesino: Qué bueno que te gustó la parte de Ino y Trunks, la verdad ya hacía falta. Sobre Goten y Sakura, habrá que esperar un poco, más adelante escribiré lo que pasó en la habitación del tiempo ;)

Arturo: Gracias por el apoyo y tus buenos deseos, hermano! Y pues sí, la verdad no pensaba incluir al ssj4, en todo caso agradezco tu sugerencia, a mí me gusta la transformación pero simplemente no pienso poner cosas de GT. Gracias por tus buenos deseos, también te deseo lo mejor.

Ruliac: Como siempre gracias por leer, amigo. Tranquilo, que Trunks no quedará rezagado, de todas formas recuerda que el potencial de Goten y Trunks es muy superior al de sus padres, y en este fic no han dejado de entrenar, aparte Blizzard ha estado entrenando con Goten sobre el ki divino, esa es la explicación, igual comprendo si la idea no te agrada, pero por ahí va el asunto por ahora. Espero leerte otra vez.

NirvanaSon: Muchas gracias, espero que este capítulo también te sorprenda, sobre todo el final jaja. Y sí, ya era hora de que Ino se recuperara ;)

Misael921: Un gusto leerte después de tanto tiempo amigo. Tranquilo, comenta cuando puedas, no es una obligación ni mucho menos, pero sí que agradezco mucho tus palabras cuando lo haces jaja. Tienes razón sobre lo de Sakura, la fuerza que ella demuestra es porque canaliza chakra en sus golpes, ahora que lo pienso no la recuerdo levantando algo pesado, pero sí recuerdo que Tsunade llegó a levantar la espada de Gamabunta, así que tan débiles no han de ser. Sobre lo de Onoki, si no estoy equivocado él puede volar gracias a su jutsu de descompresión de la materia, donde puede aumentar o disminuir la densidad de los objetos y con ello hacerlos más ligeros o pesados; no se me ocurre por ahora una forma en que Sakura pudiera volar, recuerdo que Naturo al final del manga también podía, pero nunca lo explicaron bien y tenía que ver con el poder del sabio de los 6 caminos. En fin, espero que te agrade el capítulo amigo, un saludo!

Guest: Perdona que no te conteste en portugués jaja. Pues sí, ya era hora de que Trunks e Ino se sinceraran, ya veremos qué pasa con Goten y Sakura. Lamento no haber podido actualizar en febrero, pero pasaron muchas cosas por desgracia.

LectVerd: A veces algunos capítulos se hacen cortos, solo espero que este te parezca un poco más largo. Ojalá sigas allí para seguir leyendo, gracias por tu mensaje y ojalá te guste la pelea que se avecina.

Guest: Por desgracia no pude continuar pronto, pero sí que lo haré hasta el final ;)

Breno Lucas: Qué bueno que te guste la pareja de Ino y Trunks, la verdad es que a mí también me gustan juntos jaja. No te preocupes, que luego haré un capítulo de cómo fue todo el entrenamiento de Goten y Sakura y qué fue lo que pasó cuando estuvieron solos esos dos años. Sobre el torneo de poder, actualmente estoy casi seguro de ya no hacerlo, cambiaron algunas cosas y la verdad no pienso llevar la historia tan lejos como tenía pensado en un principio, pero sí te digo que el equipo que mencionaste es el que planeaba llevar. Saludos para ti también.

Urea Mabele: Un millón de gracias, es bueno saber que te guste tanto la historia jaja aunque lamento decir que no creo que haya una tercera temporada, y si la hay, diría que sería después de terminar otras historias. Saludos!

Dr Goku: Yo diría que el Dr Goku y el chapo y sus cuates son de nuestro universo, a lo mucho un planeta Tierra paralelo. Pd: no me gustó tanto la saga de estrellas de cine salvo alguno que otro capítulo.

Johan: Un gusto leerte después de tanto, Johan. Pues sí, la regla que dices de los acentos ya tiene unos años, yo seguía usándolos porque creo que era opcional, pero tienes razón, es más práctico no hacerlo, como verás en este capítulo ya no lo hice. Me alegra leer ese análisis tuyo, pues así lo siento yo también. Todo lo que dijiste de Sakura y Sasuke, canónicamente hablando, es cierto. En este fic la diferencia es que llegó Goten y empezó a relacionarse más con Sakura que el mismo Sasuke, quien por desgracia se ve influenciado negativamente más rápido que en el canon por todo lo que dijiste, esto hace que Sasuke y Sakura compartan menos todavía que en el canon, después ocurre ese punto de quiebre que ya conocemos cuando se va de la aldea. Años después, entra en escena Karin, que como bien señalas, cuenta con vivencias antiguas y actuales que le permiten entender a Sasuke mejor y por ende es más probable que entre ellos se geste una relación de pareja más lógica y con bases. Algunos de los lectores no entienden que lo que hubo entre Goten y Karin no fue un amor de pareja, empezando porque apenas se han visto dos o tres veces a lo mucho en el fic. Lo que ve Goten en Karin, es su primer contacto con la crueldad de un mundo que no conocía: una chica huérfana, hambrienta, temerosa y maltratada. Él intenta salvarla con lo poco que sabe, pero fracasa y se siente terriblemente culpable por ello, por primera vez encuentra que hay algo para lo que su inmensa fuerza no sirve de nada, y esto sinceramente lo trauma un poco. Por extensión, Goten supone que pueden haber muchas otras personas en el mundo en la situación de Karin, pero por su fracaso con ella, ni siquiera intenta enfrentarse a esto. Lo que ve Karin en Goten, es a la persona que siempre necesitó para no sufrir lo que sufrió, a su "héroe", pero también se sabe una mala persona por las cosas que ha hecho para poder sobrevivir y por eso insiste en alejar a Goten porque no se siente merecedora de su atención: insiste en seguir a Sasuke porque como él, entiende que la vida que le tocó vivir es de un "no retorno", si bien se ve tentada más de una vez a irse con Goten a Konoha, pero de antemano sabe que no funcionaría. En efecto, Karin se quedará con Sasuke, y no pienso que Sasuke regrese a Konoha por sus crímenes, al menos mi idea desde hace tiempo es dejarlo como exiliado por siempre (te adelantaste con eso jaja). Sobre Sakura, en efecto no habrá la infame escena de la declaración a Naruto, más que nada porque en este punto de la historia ella ya es una persona diferente, de hecho, más adelante escribiré todo lo que pasó en la habitación del tiempo, y la verdad es que Sakura madura bastante y llega a la realización de que no debe usar la fuerza que ganó para traer a Sasuke de regreso: ella ya se rindió en este aspecto a diferencia de Naruto (lo siento por el pequeño spoiler, luego desarrollaré esta parte para darme a entender mejor). En fin, mil gracias por tu análisis, muy contento de leerlo porque veo que has leído atentamente la historia jaja. ¡Saludos amigo!

Narcomundi/narcoman: Tendría que ver amigo, puede que lo haga como un sketch como bien dices, a mí la verdad me gustaría jaja, pero primero tengo pendiente el partido de fútbol del universo 9 con el 4, de los hermanos ratas como capitanes de sus equipos. Estaría bueno que el Dr Goku sea el que viene a buscar a Goten y Trunks junto al Chapo, Nappa y el Yamchu. Saludos!

Adriel: Me alegro que te guste la historia, gracias por el apoyo y ojalá desees leer más.

Pedro Lucas: Muchas gracias, espero te guste también este capítulo ;)

Guest: Thanks, my friend. I will continue the story to the end.

Miguelphenom: Hola hermano, me contenta saber que los capítulos previos fueran de tu agrado. En efecto, en este fic Orochijackson no perdió los brazos, pero igual seguía necesitando cambiar de cuerpos cada cierto tiempo, por lo que, aunque Sasuke lo derrota en este fic off panel, podríamos suponer que le costó mucho más que en el canon, pero igual Orochi podía hallarse algo debilitado porque ya necesitaba tomar el cuerpo de Sasuke y además lo subestimó. Sobre lo segundo y lo tercero, también estas en lo cierto, en efecto los cuerpos de los anteriores Kages podrían ser usados con el Edo Tensei por Kabuto, pero por el momento no lo he visto tan necesario como verás en este capítulo, quizá más adelante sí. Y sobre Minato, sí pienso traerlo más adelante, tiene que encontrarse con Naruto jaja. ¡Saludos amigo!

Brocolyn: Estoy bien, solo ocupado por el asunto de la pandemia que me retrasó más de lo deseado. Gracias por tu preocuación.

Guest: Amigo, aprecio mucho que te gusten tantos las dos historias y más aún que hayas sido capaz de leerlas otras vez, lo cual es toda una maratón por sí mismo jaja. Sobre la transformación de Goten en ssjg, comprendo si no es de tu agrado, y puede que tengas razón, aunque mi idea no es hacerlo simplemente para que superen a Goku y Vegeta, sino porque el guión lo amerita por la clase de enemigo que se avecina. Además, más adelante iba a explicar (aunque en este capítulo ya lo dejo entrever) que Goten no está consiguiendo esos resultados por sí solo: cuando medita, se reúne con Blizzard gracias a ese truco que tiene de viajar a otros planos y allí entrenan juntos mentalmente. Blizzard es el que le ha ido enseñando, luego, sí creo que Goten sería capaz de algo así porque, al igual que Trunks, tienen mucho más potencial de crecimiento que sus respectivos padres, y en este fic nunca han dejado de entrenar. Lo de Sakura es simplemente un entrenamiento que Goten le dio, no es que peleó contra ella usando transformaciones de Dios ni mucho menos, la diferencia entre ambos es gigantesca, por lo que no entendí mucho la comparación entre la infame escena de Goku ssj blue contra Krilin. Si notas que la historia va "alejándose" del canon a diferencia de la primera parte como bien dices, es porque justamente he ganado más confianza como escritor y poco a poco me atrevo a tomar más libertades, a no apegarme tanto al guión como hice al principio donde llegué a reciclar demasiadas cosas del canon. Cada lector tiene sus gustos, algunos como tú gustan más de la primera parte, pero otros justamente me hicieron críticas en ella por no haber sido capaz de desligarme tanto del canon y atreverme a más cosas nueva. En fin, cada lector tiene sus gustos y en este tiempo he aprendido que no puedo agradar a todos, cosa que antes me llegaba a causar hasta angustia, pero a día de hoy simplemente sigo en lo mío. Agradezco, eso sí, todo tu apoyo y espero desees seguir leyendo. Un abrazo, cuídate y saludos.

Metalazul: En efecto, estuve ocupado con el trabajo por la situación del coronavirus, pero logré terminar el capítulo por una semana de cuarentena que me mandaron a la casa, no porque esté enfermo (por suerte), sino como una medida para evitar que todos los médicos nos contagiemos a la vez. Mil gracias por la compresión.

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25. Luna Llena

Nagato sopesaba largamente en el agridulce desenlace de los reveses acontecidos tras el plan para eliminar a Goten y Trunks. Fracasaron, sí, y ahora se antojaba imposible tan siquiera plantear una segunda intentona. Ya no podrían capturar a los dos Bijūs faltantes, y aunque pudieran, no servía de nada reunir un poder que se hacía polvo frente al de los saiyajins. Tenían que lograr ambas cosas, no valía una o la otra.

Pensaba, entonces, que su proyecto de paz había finalizado para siempre, hasta que los aconteceres internacionales posteriores a su derrota, adoptaron un giro inesperado a la vez que jodidamente irónico: las naciones fijaron una alianza nunca antes vista en la historia de la humanidad para oponerse a Akatsuki. Luego, había paz, y esta era idéntica en su aborrecible naturaleza a aquella que perseguía, una que, de hecho, se alzaba en cimientos de hipocresía pero rotunda efectividad, guiada por el miedo que despertaban los saiyajins en sus supuestos aliados. Akatsuki quedó expuesta como la única responsable de las desgracias que enemistaron a todos, encarnaban la excusa perfecta para ser el blanco común del mundo shinobi. Dejar las cosas como estaban era lo más sensato. Concentrar todo el odio en sí mismos para preservar la armonía del planeta, tal y como hiciera Itachi Uchiha para mantener la estabilidad política y militar de Konoha.

Los seis cuerpos, ajenos a su acuciante congoja, yacían inertes en sus respectivas cápsulas de ensoñación. Konan le daba una vuelta por tercera vez ese día, devorando sus silencios que sabían más turbios de lo habitual.

―Soltar nuestras armas… ¿sería lo correcto ahora mismo?

Ella lo contempló quedamente, enfermo, lívido y caquéxico, atravesado grotescamente por barras de acero en la espalda. ―¿Estás cómodo con que la paz dependa de ellos? ―Replicó con otra pregunta.

Nagato lo meditó unos segundos que se antojaron a la fracción de un siglo. ―Es paz, al fin y al cabo. Creo, para infortunio nuestro, que será breve. Durará lo que tarde Konoha en asimilar a sus descendientes, o lo que demore en venir un extraterrestre atraído por sus poderes.

Konan era consciente de lo último, mas no había reparado lo suficiente en lo primero. Ciertamente Goten y Trunks podían ser una cosa, desprender en el mundo una influencia u otra, pero inevitablemente los hijos y nietos que pudieran engendrar, pasarían a formar, de manera perentoria e indefectible, parte del corrupto sistema shinobi. De nuevo habría guerra, la repartición de fuerzas apuntaría sus focos sobre un nuevo objetivo, este mucho más complejo de absorber y controlar que los actuales Bijūs. Un escenario más caótico sin cabida a dudas. Y, sin embargo, Konan percibía vacilación en su amigo, como si preservar el status quo resultara ideal para ellos.

En eso se reportaba Obito por primera vez desde su fracaso hacía semanas, emergiendo de un retorcido vórtice que de a poco dibujaba sus formas. Estaba con la mitad del torso desnudo y vendado, con la máscara astillada encubriendo un semblante demacrado, alargado y azotado por el estrés.

―Tengo un plan. Este no saldrá mal. ―Espetó ante el desconcertado escrutinio con que le recibían Konan y Nagato―. Hay mucho que debo decirles, pero el tiempo no nos favorece en este momento. Habremos de centrarnos en lo que haremos esta noche. Ni mañana, ni pasado. Debe ser esta noche.

No comenzó precisamente bien. Su apariencia, su tono, su exaltada y presurosa propuesta: nada de ello le revestía en confianza, sino de improvisación, desespero y hasta locura, porque cabría preguntarse si estaría Obito en sus cabales luego del duro descalabro sufrido.

―¿Por qué esta noche? ¿Y por qué acudes ahora, a menos de medio día de tu supuesto plan? ―Contestó Nagato, encorvando su escuálida silueta y con la voz rasposa.

―Porque así ha de ser. ―Los sorprendió Zetsu que recién brotaba del suelo, este sí ataviado con la túnica de Akatsuki y ambas mitades conservando su habitual apariencia―. Es complicado de explicar, pero me temo que si no lo hacemos, las preguntas e incertidumbre no pararán de aflorar entre nosotros. Permítanme hacerme de unos minutos para contarles lo ocurrido.

La historia de Kaiō-shin los dejó pasmados. La cara de Konan se desencajó en asombro. La de Nagato, siempre impertérrita, se sacudió en un leve espasmo, casi imperceptible, de crispante conmoción; él, un ser divino entre hombres, no era más que una hormiga bajo la lupa de un verdadero Dios. Era difícil asimilarlo, peor aceptarlo, si bien las circunstancias relacionadas a los saiyajins eran tan fantásticas, que debía creerlo lo antes posible por su propio bien.

Fue cuando Rō, quien disfrutaba la escena desde el Planeta Sagrado, se apareció vía telepática ante los cuatro shinobis allí reunidos a través de una vívida imagen mental.

―¿Qué demonios está pasando? ―La kunoichi se encontró en medio de una oscura nada. A su derecha vino a notar que estaba Nagato dentro de su máquina de transporte, y a su izquierda, Obito y Zetsu, más tranquilos en apariencia porque sabían lo que estaba pasando.

―Un gusto tener por fin la oportunidad de presentarme ante ustedes. Nagato, Konan. ―Emergido de las sombras, se reverenció Rō con taimada y palpable falsedad―. Soy Kaiō-Shin, Dios de los dioses, y como comprenderán a continuación, es de mi competencia hacer algo respecto a los saiyajins que se han entrometido en mi universo. ―Dicho esto, apareció frente a los presentes a modo de holograma una recreación de la primera charla que sostuvo la deidad con Obito y Zetsu, de esta manera se ahorraba tiempo en palabrerías.

Nagato y Konan tuvieron entonces conocimiento de la terrible verdad que les desvelaba un mundo infinitamente más complejo de lo que jamás hubieran imaginado. Sus problemas, guerras y triquiñuelas, se hicieron polvo como los mundos y especies que Kaiō-Shin había visto extinguirse productos de riñas internas o seres provenientes de otros planetas. No podía intervenir por sí mismo, lo prohibían sus leyes, pero debía hacer algo respecto a Goten y Trunks, quienes resultaron ser más poderosos que el mismísimo dios, para evitar la desestabilización de su universo y la creación de otros a partir de líneas alternas de tiempo. Un completo caos.

―Esta noche tenemos que actuar. ―Prosiguió, caminando de un lado a otro con los brazos tras su espalda―. A grandes rasgos, el plan es sencillo. Atacarán la guarida de Sasuke, que para tal hora estará de regreso con Danzō. Luego, me entregarán los ojos Sharingan con el Kotoamatsukami, pues ese don no deben tenerlo ustedes los humanos. Matarán a Danzō en el proceso, de manera que no habrá forma en que Sasuke pueda reconciliarse con Konoha y se mantendrá en su estatus de traidor, así el portador del Kyūbi tendría fundados motivos para seguir buscándolo. ¿Itachi? Da igual lo que hagan con él, solo quiero el otro ojo que él tiene. Luego vendrá la siguiente parte del plan, donde reuniré la energía que necesito de los saiyajins para romper el sello de mi guardián.

―En conclusión, todo esto es con el único fin de conseguir el Kotoamatsukami para usted. ―Inquirió Nagato con un dejo de suspicacia―. No nos conduce realmente al propósito de eliminar a los saiyajins.

―¡Ah, claro que no! Goten y Trunks serán parte de nuestra fiesta.

―Espera, ¿qué quieres decir? ―Obito no cabía de asombro. Hasta lo que sabía, los saiyajins no entraban en la ecuación de hoy.

―Perdona, ¿pero acaso lo había pasado por alto? ―Respondió Rō con simulada sorpresa. Se llevó una mano al pecho y explayó los ojos con preocupación―. No, no se trata de eso. Sucede que esa parte del plan estará completamente en mis manos. Ustedes no tienen que ocuparse de ello. Los saiyajins me darán la energía que necesitamos esta misma noche, de eso me encargaré yo.

―No formaré parte de un plan del que no dispongo de todos los detalles. ―Zanjó Nagato sin mayores reparos, y con su postura estuvo de acuerdo Konan. Ese sujeto no inspiraba nada bueno.

Zetsu y Obito estaban en la misma línea, pero el primero obedecía a Kaiō-Shin porque este sabía de su objetivo para despertar a su madre Kaguya, y el segundo porque, muy a su pesar, se atormentaba con la idea de que Rin le hubiera visto todos estos años desde el paraíso: debía luchar por verla cuando muriera, aunque fuera por un instante, y para ello debía sortear el infierno, cosa imposible sin la mano de Rō de por medio.

―Entiendo. No podría exigirte menos. ―Exhaló Obito con pesadez.

―Ni yo. ―Continuó Kaiō-Shin―. Lamentablemente el tiempo no juega a nuestro favor, extenderme en la parte que me corresponde hará que no lleguemos a tiempo a nuestra cita. Ustedes deben preocuparse por lo suyo, y yo por lo mío. ―Se giró hacia el enmascarado, abordándole en aires inquisitivos―. Descuida, podrás lidiar con esto sin mayores contratiempos. Me puse en contacto con Kabuto y también participará. No podía ignorar los beneficios de esa técnica suya que levanta a los muertos.

―¿Kabuto estuvo de acuerdo?

―Así es. Le ofrecí a Orochimaru.

La conexión mental se rompió. Los cuatro estaban de vuelta en la derruida habitación de la base de Nagato en Amekagure. La humedad penetró fuerte en sus fosas nasales. La lluvia repiqueteaba impávidamente contra el metal en el exterior, recordándoles que siempre estuvieron allí, pero que la experiencia telepática resultó tan vivida, que les sustrajo en absoluto de la realidad.

―Con los Zetsus blancos deberíamos apañárnosla. Itachi está demasiado débil. Tú encárgate de Sasuke, que yo haré el resto. Nos vemos en la guarida. ―Zetsu desapareció bajo tierra, enfocado en afinar los preparativos en las pocas horas que tenían para dar rienda suelta a la operación.

Obito, antes de esfumarse en la distorsión espacio temporal del Kamui, perforó a Nagato con el rojo Sharingan a través del agujero de su máscara, y con voz áspera le dijo:

―Cuando triunfemos, regresaré para reclamar el Rinnengan, tal y como siempre estuvo pactado.

―¿Aun a falta de dos Bijūs?

Uchiha le miró de soslayo, ya durante su partida. ―Si puedo terminar con dos saiyajins, un par de Bijūs serán la nada misma.

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Faltaban cinco para las siete de la mañana. Entre humeantes tazas de té verde para levantar el ánimo, y dangos glaseados en pasta de castañas que bien sabían consentir al paladar, jugaban a las cartas Izumo y Kotetsu en el puesto de vigilancia de Konoha. Las misiones del día aún no se repartían, por lo que el flujo de entrada y salida era nulo, podían permitirse unos minutos de paz antes de iniciar la tediosa labor de completar formularios y entregar pases provisorios a los comerciantes que por allí ingresaran, eso hasta que un zumbido extraño pero breve los puso en sobre aviso. Levantaron la cabeza para encontrarse con la alumna de Tsunade y el saiyajin con cola, caminando campantes y risueños a través de los enormes portones de la aldea.

―¡Sol, hermoso sol! ―Ronroneó la pelirrosa brazos al cielo. Nunca creyó sentirse tan extasiada por la tórrida sensación de los incipientes rayos del astro rey calentando su pálida piel. Dos años sin ver la verdadera luz del amanecer era algo que se decía fácil.

―¿Verdad que se siente genial? ―Apuntó Goten, imitando el gesto de ella―. El aire, el clima, todo es completamente diferente. Apuesto a que te sientes más ligera que una pluma.

―Es una locura. ―Murmuró, con la vista puesta en sus enguantadas manos que no cesaba de abrir y cerrar―. Después de acostumbrarme a una gravedad aumentada cien veces, esto se siente irreal.

―Y pensar que cuando comenzaste no podías respirar con apenas diez.

―Hey, par de tórtolos, ¿se puede saber cuándo abandonaron la aldea? ―Preguntó Kotetsu en tono poco afable, en parte porque interrumpieron lo que le restaba de receso, y por otra dada la salida sin autorización de una kunoichi activa. No obstante, contrario a lo que esperaba, su broma no causó el efecto de disgusto esperado, sino que Sakura se aproximó a la cabina de vigilancia y ladeó la cabeza en ademán divertido.

―Podría decirse que no salimos realmente, o al menos no por la puerta principal. Descuiden, Tsunade-sama estaba al tanto de mi partida para entrenar.

―¿Nada que declarar entonces? ―Interrogó Izumo, más apacible en sus maneras.

―No, nada. No tomamos ninguna misión, tampoco traemos mercancía con nosotros.

―¿Equipaje?

―Acá. ―Contestó Goten con una cápsula entre los dedos, si bien no era cierto que portaban sus pertenencias en ella.

En eso se hicieron las siete y, puntuales como de costumbre, se presentaron los integrantes del equipo Gai, con Lee marchando a la cabeza en su tradicional acto de pregonar las bendiciones de vivir bajo la filosofía del fuego de la juventud, su sensei más atrás desparramando lágrimas de orgullo, y finalmente unos avergonzados Neji y Tenten cerrando la formación. Lo de todos los días.

―¡Sakura, Goten, qué sorpresa verlos tan temprano por acá! ―Los saludó Lee rebosante en su característico entusiasmo―. Escuché que se habían ido a entrenar. La verdad no los hacía de regreso tan pronto.

―No fue tan pronto como parece. ―Respondió Sakura en medio de risillas nerviosas mientras frotaba su nuca―. En mi opinión fue más que suficiente. Muy difícil, pero valió la pena el esfuerzo.

Gai y Lee acorralaron al saiyajin, atosigándole con peticiones para agendar futuras prácticas de combate. Tenten vio su oportunidad para abordar a la pelirrosa e interrogarla con la prudencia suficiente como para no ser escuchadas. La tomó de una muñeca para apartarla del bullicio que armaron sus compañeros, y con una entrecerrada mirada insinuante, preguntó:

―¿Cómo les fue? Y antes de que digas nada, sabes que no me refiero al entrenamiento.

Sakura se sonrojó. No estaba preparada para confesar a la primera lo que ocurrió en la habitación del tiempo. Incluso platicarlo con Ino le costaría lo suyo.

―Bu-Bueno, creo que nos llevamos un poco mejor, tú-tú sabes, lo normal…

―Ya, lo normal. ―Los labios de Tenten delinearon una expresión pícara―. Entonces ya se besaron.

La kunocihi se puso más roja todavía. Los besos eran lo de menos, porque si contara una fracción de lo que hicieron dentro de esa habitación, la maestra de armas pondría el grito al cielo.

―Al-Algo por el estilo…

Tenten reprimió un gemido y apretó a Sakura por los hombros en señal de complicidad femenina. Fue allí que sus ojos castaños se ampliaron al notar algo curioso: la complexión de su amiga era otra, tocarla fue como pasar las manos sobre una roca tallada. La kunochi retrocedió un paso inconscientemente para contemplarla mejor. No es que Sakura estuviera enorme, seguía siendo esbelta y pequeña de estatura, pero sus brazos descubiertos exhibían relieves musculares casi afilados en manifestación a una masa magra muy definida y carente de un gramo de grasa. Notó a dos tiempos que los dedos que asomaban por sus guantes estaban tapizados en vendajes percudidos de sangre seca. Llevaba las uñas partidas, y los nudillos abultados sobresalían del desgastado cuero negro que forcejeaba por no rasgarse sobre estos. Los muslos bajo la falda, estos sí que considerablemente más gruesos, parecían esculpidos en mármol. ¿Qué clase de endemoniado entrenamiento podía generar tales cambios en una persona en tan solo dos días? Anatómica y fisiológicamente era un sinsentido.

Neji, más al fondo y de brazos cruzados, sí que notó dichos cambios de inmediato. No encendió su Byakugan para no pecar de indiscreto, tal y como su compañera de equipo hacía en ese momento, pero de alguna manera podía respirar un aura sólida y avasallante emanando de Sakura sin que ella se lo propusiera, como si su poder fuera tan gigantesco que inevitablemente irradiaba de ella incluso en estado de reposo. Era otra persona, no había duda de ello.

―Andando, chicos. No tenemos tiempo que perder. ―Apuró Gai con su mochila a cuestas, secundado de cerca por un motivado Lee con la promesa de Goten para un combate de práctica.

Neji y Tenten siguieron su camino con la mente llena de preguntas acerca de la transformación de Sakura. Ahora que lo pensaban mejor, se le veía también algo más madura, como si un par de años hubieran pasado por ella. Incluso estaba unos centímetros más alta, lo justo para presumir de la misma talla que la maestra de armas, de hecho.

―Apuesto a que querrás volver a casa para ver a tus padres. ―Comentó el saiyajin durante los últimos movimientos de la mano con que despedía a la distancia a sus amigos.

La propuesta caló pesadamente en Sakura. Sí, moría por ver a sus padres, lo que no evitó que se sintiera terrible por Goten. Dentro de la habitación pudo conocer quién era más allá de esa pinta alegre y despreocupada que enseñaba al mundo. Descubrió sus miedos, frustraciones, y también lo mucho que extrañaba a la señora Milk y a Goku. Por eso, cuando regresó a su hogar, abrazó entre lágrimas a Mebuki y Kizashi como no podía recordar, agradecida por tenerlos desde siempre a su lado y jurándose no despreciarlos nunca más.

Goten, por su parte, hizo lo propio y tomó un desvío antes de regresar a la mansión Hyūga, soltando un agotado suspiro frente a la puerta de la única persona a quien permitió, desde mucho antes que Sakura, tomar una mirada más íntima a su persona.

―¿Cómo te fue esta vez? Pareces cansado. ―Le recibió Kurenai con una reconfortante sonrisa, haciéndose a un lado para dejarlo pasar y ofrecerle un vaso de leche con algo dulce―. Sakura dejó dicho con sus padres y Tsunade-sama que tenía intenciones de entrenar contigo por dos días. Las noticias corren rápido por estos lares.

―Vaya, así que lo supiste. ―Contestó con un toque de desgano que se acentuó cuando una galleta de mantequilla se le escurrió de entre los dedos y fue a parar al fondo del vaso con leche.

―Por supuesto, ¿o acaso pensaste que no me daría por enterada de tus salidas? Recuerda que mientras estés aquí, mi tarea es ponerte un ojo encima hasta que tu madre se haga cargo. ―Kurenai se mordió los labios para no romper en risas cuando vio a Goten ahogarse con la bebida. Luego de traerle unas servilletas para que se limpiara, se produjo un silencio exasperante durante el que ella se dio permiso para preocuparse otra vez―. Sabes que no me gusta que vayas a ese lugar. Te está consumiendo.

―¿Cómo sabes que estuve en la habitación? Ni siquiera Sakura sabía de ello.―Replicó, no sin antes chupar el chocolate de otra galleta que manchaba sus dedos―. Además, no es cierto que me esté superando. He estado en ese lugar muchas veces, incluso desde niño. Estoy acostumbrado.

―Ese es el problema. Te estás acostumbrando demasiado. ―Continuó ella con aires de inquietud―. Ya te lo dije, te noto agotado. Dos días corrientes no te harían ver así. La habitación, por el contrario, se está llevando mucho de ti. Es un lugar demasiado crudo, y te estás perdiendo la vida por regresar con frecuencia a ese lugar. ¿Cuántos años tienes ahora? ¿Diecinueve? ¿Veinte?

―Ya no estoy seguro. ―Concedió, evitando en todo momento su inquisitiva mirada roja―. En cualquier caso, eso es lo de menos. Lo único que importa ahora es que yo… bueno, digamos que estoy un poco más cerca…

Kurenai alzó una ceja. No necesitaba formular la predecible pregunta que cualquier otro haría: "Pero si ya eres demasiado fuerte, Goten. ¿Hasta dónde quieres llegar?". Ese tema ya estaba desgastado, poco podía hacer ella para persuadirlo de su obsesión. A diferencia de Goku, Goten no entrenaba por el simple hecho de hacerse más fuerte, de superar sus límites en pos de encontrar nuevos adversarios que le brindasen la mayor emoción a la que un saiyajin podía aspirar, esto era, una buena batalla. Esos genes guerreros ya estaban más diluidos en él. Por el contrario, si pudiera evitarse semejantes esfuerzos a cambio de llevar una vida más tranquila, lo haría sin cabida a dudas, el problema es que ahora se sentía con una responsabilidad demasiado enorme encima, pues él y su amigo Trunks eran la única línea de defensa que tenía la Tierra en ese desconocido universo.

―Goten, entiendo tus razones, créeme. ―Le habló la kunoichi en un tono quedo impregnado de empatía―. Sé que te marchaste hace tres años porque pensaste que estaríamos más seguros sin tu presencia, tal y como decidió hacer tu padre en cierto punto de su vida, pero ese no es el caso ahora mismo. Estás aquí con nosotros. Tu vida será un suplicio si estás bajo una permanente expectativa.

Las exaltadas palabras que le dedicó Naruto antes de dicha partida, revolotearon en su cabeza con tormentoso eco.

Si de verdad no eres un cobarde, entonces volverás y entrenarás a Sakura para que me ayude a traer de regreso a Sasuke. Y si viene otro maldito monstruo del espacio, la luna o de donde sea a destruir la Tierra, ¡entonces le pateas el trasero y asunto acabado!

Pero Goten sí que se sintió cobarde al respecto, porque aunque cumplió su promesa, seguía temiendo en demasía no ser lo bastante fuerte si es que los demás llegaban a depender de él: la sombra de Cooler se alargaba mucho. Por eso se alejó de todos. No quería establecer lazos estrechos que aumentaran sus recelos. Buscaba emular, inconscientemente, ese desapego antinatural de su padre para liberarse de cargas y tranquilizar su espíritu. Entendió con el tiempo que no era tan saiyajin como creía. Su lado humano, más desarrollado todavía, no le brindaba la tan ansiada paz que perseguía por mucho que mantuviera distancias y meditara días enteros. Allí entraba entonces la figura de Sakura, quien con su compañía y afecto le hizo recapacitar durante los dos años de entrenamiento. Necesitaba del calor humano, no podía aspirar a la vida de Kami-sama, Blizzard o Kaiō-sama.

―¿Sabe? Tiene toda la razón, Kurenai sensei. ―Dejó escapar una sonrisa de alivio tan grata y espontánea, que la kunoichi quedó descolocada unos segundos―. Nunca volveré a entrar a ese lugar tan desagradable. Estoy exhausto, no puedo más. Creo que me tomaré un verdadero descanso. Sí, eso haré. Continuaré las clases con Hanabi para mantener la cabeza ocupada.

―Goten… ―Ella no imaginó que en verdad lo reconsideraría. Parpadeó repetidas veces, incrédula con su decisión. Fue cuando una chispa saltó en su mente, y entendió el motivo de su cambio de parecer―. Supongo que ya son novios, ¿o me equivoco? ―El saiyajin escupió la leche por doquier. Pidió disculpas no menos de cinco veces en tanto limpiaba el desastre con las servilletas a un ritmo frenético―. ¿Y bien? ―Insistió ella para evitar que se hiciera el desentendido.

―No-no es como que lo hayamos hablado, ya sabe. ―Dijo con la mirada al techo y una mano en la nuca―. Pero sí, creo que tenemos algo. Compartíamos la cama, nos bañábamos juntos, ese tipo de cosas…

Fue el turno de Kurenai para escupir el café con una explosividad tal, que gotitas calientes salpicaron y quemaron el antebrazo del saiyajin.

―¿Que ustedes quéééé?

―¡Hey, pero no se lo vaya a decir a nadie! Sakura dijo que debía ser muy prudente porque es demasiado pronto para contarlo, después de todo, se supone que solo nos fuimos por dos días.

La kunoichi no cabía de asombro. Goten pudo anunciarlo de otra forma, con mayor sutileza quizá, pero siendo como era, lo normal es que lo dejara caer sin más. La noticia, por supuesto, no saldría de esas paredes, porque el honor de Sakura también estaba de por medio.

―Vaya, eso sí que no me lo esperaba. ―Manifestó, todavía aturdida por la confesión―. Descuida, sabes que tus secretos siempre están a salvo conmigo.

―En verdad se lo agradezco. Me siento culpable por compartirle mis problemas siendo que usted tiene tantos o más que yo.

―Ni lo menciones. ―Declaró mientras ladeaba la cabeza y sonreía―. Para mí nuestras charlas son terapéuticas en ambos sentidos. Siempre serás bienvenido.

El saiyajin se levantó, dispuesto a retirarse a la mansión Hyūga, no sin antes ponerse de cuclillas frente a la mujer para ponerle una mano sobre su abdomen ligeramente distendido.

―¿Seguro no quiere que le diga si será niño o niña?

―No. Prefiero que sea una sorpresa.

―De acuerdo. ―Goten estrechó la mirada, concentrado en las sensaciones que le transfería la energía de la criatura―. Su chakra gira, se siente delgado… creo que su naturaleza será la del viento.

Los ojos rojos de ella translucieron en una película de lágrimas que no llegaron a desbordarse.

―Por supuesto, como su padre. ―Respondió con la voz quebrada.

Ya confesado, el saiyajin se reunió con Hanabi nuevamente en el patio de la residencia Hyūga. Pese a la costumbre, seguía sin resultarle fácil adaptarse al hecho de que tenía dos años sin verla, si bien sus maneras casuales no despertaban suspicacia alguna en ella. Imaginó que para Sakura debía ser mucho más complicado simular naturalidad frente a toda persona con quien se encontrase hoy.

―Y bien, ¿cómo estuvo tu cita? ―Bromeó ella con las cejas arqueadas al tiempo que iniciaba sus estiramientos previos a la práctica―. Supe que fueron a entrenar. No es lo que esperaba, aunque tratándose de ti, apuesto a que es lo más cercano a una cita que se te puede sacar.

Goten evadió sus escrutadores orbes perlados, lo cual resaltó todavía más su vergüenza.

―No me puedo quejar. Fue toda una experiencia. ―Hanabi estaba por soltarle un comentario burlesco, pero depuso su intento cuando el saiyajin, con su expresión alegre y desentendida, la dejó confundida con una inadvertida propuesta―. ¿Te parece si al terminar salimos a cenar? También podemos avisarle a tu hermana para que nos acompañe.

―¿Me estás tomando el pelo? ―Respondió perpleja, luego contenta―. ¡Ja! Esto no me lo esperaba. ¿No tienes acaso mucho que meditar para entrenar con tus amiguitos imaginarios o lo que sea?

―Ya te lo dije, no son imaginarios. ―Goten adoptó postura de combate. Su alumna hizo lo propio, ambos preparados para iniciar la sesión de combate―. Mañana será, Blizzard puede esperar.

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Era extraño, aunque no en un mal sentido, cuando Kakashi despertaba con el peso de otra persona a su lado. Si se trataba de Anko, no siempre le sobrevenían gratos recuerdos, pero con Hana Inuzuka era diferente: no participaban únicamente del fugaz y prohibido placer de mantener relaciones sexuales que la mayoría de veces devenían en violencia y sadismo, esto, claro, por parte de Mitarashi, sino que con ella compartía gustos más saludables como eran el entrenamiento y cría de ninken para el trabajo. De hecho, Pakkun y sus otros siete perros fueron domesticados por la hermana de Kiba, y todavía recurría a ella cuando necesitaba una opinión o consejo al respecto.

Fue en las visitas más recientes cuando debió claudicar a sus deseos de invitarla a salir. Llevaba unos años viendo con detalle la hermosa mujer en que se había convertido. Ella, por su parte, se angustiaba porque Kakashi no parecía muy listo en captar las sonrisillas y ligeros contactos con que pretendía demostrarle interés, hasta que finalmente optó por sacarla a comer cuando ella dijo que no estaría mal un poco de sashimi como pago a sus servicios de criadora.

Se levantó taimadamente para no despertarla, cuidándose de no desarroparla en el proceso. No tuvo mucho éxito, porque mientras se echaba agua a la cara en el lavabo del baño, Hana abrió un ojo y terminó por desperezarse al contemplar el perfecto trasero de Kakashi. Sería la envidia del resto cuando se enteraran que estaba saliendo con uno de los mejores culos de la aldea, esto según la escala de valoración femenina de Konoha.

―¿Te parece si preparo algo para el desayuno? ―Sugirió al tiempo que se estiraba y la sábana acariciaba de arriba abajo su nívea piel.

―Me temo que debo hacer unas compras para reponer suministros―. Kakashi se distrajo unos segundos en sus redondos pechos antes de proseguir. Sí, gustaba de su compañía, pero si la dejaba tostar el pan y servirle un vaso con jugo de naranja, lo tendrían agarrado por las bolas antes de darse cuenta. No estaba dispuesto a dar ese paso todavía―. ¿Te parece si mejor vamos por algo sencillo para la noche? Udon, Ramen, ya sabes, algo por el estilo.

―Ramen estaría bien. Tengo años sin darme una vuelta por Ichiraku, te lo juro. ―La kunoichi se puso los shorts y el chaleco táctico verde. Caminó hasta Kakashi, todavía desnudo, y se puso de puntillas para besarlo en los labios por encima de la máscara―. A las diez en Ichiraku entonces.

El jōnin se retiró la máscara y entró a la ducha cuando se aseguró que Hana se puso las sandalias en la entrada y cerró la puerta tras de sí. Salió a los pocos minutos con la toalla ceñida a la cintura y echó unos huevos al sartén mientras se ponía el resto de su particular indumentaria. Se suponía que debía acudir a la oficina de Tsunade por un asunto sobre oficializar el ingreso de Sai a su equipo, esto debido a la disolución de Raíz tras la deserción de Danzō, pero hasta entonces tenía una hora de sobra para visitar la Piedra de los Héroes como hacía a diario, cada mañana.

El monolito, tallado a modo de diamante y negro como el carbón, se tatuaba de centenares de nombres que pertenecieron a valientes shinobis muertos en acción. Muchos fueron viejos conocidos, compañeros de academia, amigos, incluso le asistieron en alguna misión en específico. No obstante, los minutos se le pasaban examinando con tristeza los nombres de cuatro personas en especial: Minato Namikaze, Rin Nohara, Sakumo Hatake, y Obito Uchiha. Este último en particular le abstrajo la mayor parte del tiempo, quizá porque amaneció con su ojo descubierto bastante rojo y debió desviarse a la farmacia para comprar unas gotas.

―"En el mundo ninja, aquellos que rompen las reglas son escoria. Pero aquellos que abandonan a sus amigos, son peor que escoria".

Sus palabras y voluntad se tatuaron a fuego en su alma. Le debía la vida a Obito, tanto la vez en que le salvó de ser aplastado por las rocas que se desplomaban del techo de la caverna, como al regalarle un Sharingan que le ayudó a salir ileso en más de una ocasión durante futuras batallas. Por sus palabras supo perdonar y encarar la afrenta que le supusieron las acciones de Sakumo, su difunto padre, y en retribución a todo ello, no pudo cumplir con la única promesa que le hizo: proteger a Rin.

―Maldición, creo que en serio tengo algo en el ojo. ―Gruñó en tanto se lo refregaba y sacaba las gotas para echarse un par de ellas. Se marchó cuando se acercaba la hora de reunirse con Tsunade, la única persona en el mundo a la que no podía hacer esperar. En el trayecto vislumbró muy a lo lejos a Goten y Sakura, y podría jurar que se despidieron con un beso de no ser por la distancia y que no podía fiarse mucho de su ojo irritado. Se aproximó sin apuros al mismo tiempo en que la kunoichi se retiraba en sentido opuesto―. Veo que ya regresaste de tu entrenamiento, Goten.

―¡Ah, Kakashi sensei, es usted! ―Exclamó con aire exaltado. Su sentido de la percepción se vio nublado por las ansias de besar a la pelirrosa, jurando así que no había nadie por los alrededores más allá de lo que le alcanzaba la vista. Quizá a eso se refería Jiraiya sensei con que tuviera cuidado con las mujeres, pues lo harían vulnerable y distraído.

―Espero que Sakura haya tenido tiempo de aprender un par de cosas…

―Bu-bueno, fueron varias en realidad. Se sorprendería con lo fuerte que se ha vuelto. ―El muchacho era un manojo de nervios. Pelaba los dientes en una sonrisa forzada y se frotaba compulsivamente la nuca. Así, el jōnin certificó que su nublada visión no le había engañado―. En fin, debo irme. Tengo que hacer algo antes de regresar a casa de Hanabi. ¡Nos vemos!

―Espera. ―El saiyajin detuvo su carrera, quedando estático como una piedra y sudando frío. Sakura lo mataría si el secreto se sabía tan rápido. Debían esperar para que resultara más natural hacerlo público―. Goten, si tuvieras que decidir entre respetar las reglas o romperlas en un momento dado por el bienestar de tus amigos, ¿qué harías?

―¿Disculpe?

―Es solo una suposición. Además, sé que no eres un shinobi, tu código no es el mío, pero imagina que me refiero a una regla muy importante, algo relacionado con… no lo sé, el Otro Mundo, las Esferas del Dragón, o cualquier cosa importante de esas que nos has hablado.

―Es una pregunta algo extraña. ―Dijo con una mueca alegre, sintiéndose aliviado porque no tenía que ver con lo de Sakura.

―Lo siento, tienes razón. Creo que amanecí con la cabeza dándole vueltas a un asunto. ―Las máscara de Kakashi se estiró con la sonrisa tras ella―. No tiene sentido preguntar algo cuya respuesta conozco de antemano. De hecho, estoy seguro que tratándose de Trunks, me diría lo mismo que tú.

―No crea, yo soy más inteligente que él. ―Objetó, señalándose a sí mismo y con un guiño.

―Etooo… dejémoslo con que eres mi favorito de los dos, aunque no sé si cuente porque al fin y al cabo eres mi alumno.

Cada uno siguió su camino, Kakashi a la torre Kage, y Goten rumbo a casa de Kurenai, todavía sacudido entre risas.

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En su orgullo, Sasuke no permitió que Suigetsu y Jūgo se inmiscuyeran en la pelea, todavía si esta llegaba a prolongarse y hacerse dura hasta lo indecible, porque justo de eso se trató, una batalla de desgaste y paciencia, una en la que Danzō se aprovechó de las células de Hashirama y los múltiples ojos Sharingan con que contaba para evitar su muerte a partir del Izanagi, una técnica absolutamente irreal y prohibida como pocas.

Sasuke tenía de su lado los ojos de su hermano, con lo cual podía usar con libertad Amaterasu y Susanoo sin morir de dolor o perder la visión en medio de lágrimas de sangre. Debió admitir, eso sí, que aunque la batalla se tornó tediosa, cogió un cariz placentero el tener la oportunidad de matar al desgraciado viejo más de una vez de formas tan variopintas como escabrosas: incinerado en llantos dentro del Amaterasu, empalado con el raikiri, decapitado con la katana, triturado bajo una mano del Susanoo, con el cerebro licuado producto de una atroz ilusión del Tsukuyomi, eso por nombrar lo más destacable.

Cuando Danzō agotó sus reservas de chakra, la posibilidad de regenerar más ojos Sharingan y, con ello, de sortear una muerte definitiva gracias al Izanagi, tuvo la intención de suicidarse con el poco honor que le restaba con tal de no caer en manos del enemigo, fiel a sus maneras shinobis de no dejar rastros de un cuerpo con su respectiva evidencia, de esfumarse por siempre en el anonimato de las sombras desde las que siempre actuó y se aquerenció. Pero no pudo, porque previendo esta posibilidad, Uchiha utilizó un potente somnífero proveniente de gases emanados por la sangre derramada de las serpientes mutiladas durante la refriega. De algo le servían todavía los jutsus del malnacido Orochimaru, quien permanecía sellado en su interior.

―¿Cuánto durará el efecto de esa cosa? ―Suigetsu, cubriendo su boca con el antebrazo, se cuidó de no pisar las manchas rojas de fluidos de reptil que apenas emitían tenues rastros del soporífero vaho.

―Lo suficiente para llevarlo de regreso a la guarida. ―Sasuke blandió la katana para sacudir la sangre de su hoja. Estaba cansado, gastó mucha energía con sus técnicas oculares, si bien lo compensaba la satisfacción de acorralar y hacer sufrir al viejo una fracción de lo que merecía―. De cualquier modo, Karin se encargará de que no despierte de improviso en el trayecto.

La pelirroja extrajo de sus mangas púrpuras varias ampollas con anestésicos que preparó en la guarida de Orochimaru, listas para ser usadas en cuanto sintiera la más mínima modificación en la frecuencia cardiaca o respiratoria del prisionero, signo de que los gases sedantes de serpiente se diluían en su torrente sanguíneo y estaba por recobrar la conciencia. Por prevención, Jūgo se encargó de amarrarlo firmemente con sogas, para luego echárselo sobre un hombro como un costal de patatas y así emprender el viaje de vuelta.

No hubo mayores contratiempos, a lo mucho Karin debió inyectar una ampolla en el cuello de Danzō cuando el flujo de su chakra comenzó a acelerarse al son de su pulso y respiración. Ya a las afueras del escondite, ingresaron todos a excepción de Suigetsu, escogido por las malas para vigilar la entrada. Descendieron hasta la abandonada sala de procedimientos quirúrgicos donde la kunoichi colocó una palma en el suelo y apareció el dibujo de un sello de varios trigramas, cuya función sería bloquear el chakra del prisionero.

―Colócalo ahí, Jūgo. ―Ordenó Sasuke, señalando el símbolo recién creado de cinco metros de diámetro. Tenía un gran centro en espiral del que se irradiaban kanjis en nueve puntas, pues Karin fusionó tres símbolos simples de tres sellos cada uno para constituir una formidable prisión impar que desestabilizara y anulara la energía de Danzō. En definitiva, la sangre Uzumaki corría por sus venas.

A los pocos minutos fueron alcanzados por el lejano eco que transmitían los cansados pasos de Itachi. Su condición desmejoró sustancialmente los últimos días y la marcha se le hacía complicada. Su impávida expresión reflejó un atisbo de extrañeza cuando vio a Danzō en el suelo amarrado como una oruga.

―Así que lo trajiste.

―Te dije que podía hacerlo. ―Respondió Sasuke con un tono diferente, más cercano al de un hermano menor que reafirmaba con hechos su postura.

―Nunca dudé de tu capacidad, sino de que la información que obtuviste de esa supuesta ANBU de Raíz fuera verídica.

―¿Vas a seguir con eso? ―Un rictus de crispación contorsionó los labios del menor de los Uchiha.

―De todas formas, en mi estado actual, no es como si hubiera sido capaz de detenerte…

Tal declaración frustró a Sasuke por completo, ponía de manifiesto que sin importar el resultado positivo de la misión, Itachi se mantenía en desacuerdo con su proceder. Era como si sus esfuerzos se minimizaran al nivel de las exitosas tareas escolares que traía a casa pero que se veían opacadas por los logros de ANBU de su hermano mayor.

―¿Por qué eres así? ―Gimió con un dejo de dolor timbrando su verbo.

Itachi le miró largo rato, indescifrable, inconmovible―. Porque velo por tu bien y el de Konoha por sobre todas las cosas, de allí que tomara las decisiones que tomé. ―El grupo quedó de piedra con tal aseveración―. Dijiste que buscabas venganza contra Danzō, solo eso. Entonces, ¿por qué lo traes vivo hasta acá? Sé que no lo haces para presentármelo como un trofeo de caza, no es para nada tu estilo. Tampoco planeas torturarlo en mi presencia para subsanar el daño que nos ha hecho, pues sabes que eso me tiene sin importancia. ―Hizo una pausa en la que Sasuke sintió sus extremidades heladas y el corazón encogérsele en un puño―. Has capturado a Danzō porque deseas acercarte por medio de él a Konoha.

Rayos, este tipo es realmente listo… y sexy. ―Karin sacudió la cabeza para desprenderse de las ideas que estaban de sobra.

―Lo ocultaste para que no hiciera un esfuerzo innecesario para ir tras tu pista. Admito que tampoco es algo que imaginé desde un principio, pero viendo que lo has tomado como rehén, sospecho que deseas entablar alguna clase de negociación en nuestro beneficio.

―¿Y qué si ese fuera el caso? ―Gruñó Sasuke, irritado por saberse descubierto.

―Mis crímenes no tienen indulto, si bien tampoco estuvo estipulado que así fuera. Los tuyos probablemente tampoco. Si queremos resguardar la paz de la que goza la aldea, la historia oficial del genocidio del clan Uchiha, aunque falsa, debe mantenerse, de lo contrario…

― ¡Maldición! ¿Podrías escucharme por una jodida vez? ―Estalló Sasuke, cansado porque, para su descontento, su hermano siempre parecía tener la razón―. No todo lo que hago ni lo que pienso es un error, muestra de ello es lo que hoy logré con mi equipo. Tú estuviste mal, nunca se trató de una trampa ya que nada de esto hubiera sido posible, pero aquí estamos, con el desgraciado de Danzō en nuestras manos, sin complicaciones ni errores que lamentar. Seguiré en la misma línea, obtendré lo que quiero, me pondré en contacto con la Hokage y ella tendrá que escuchar mi oferta, porque tenemos algo que ella y los demás Kages necesitan.

Quejidos toscos y guturales, provenientes de la contorsionada silueta maniatada de Danzō, interrumpieron la discusión de los hermanos. El viejo, con los vendajes ensangrentados y el semblante famélico, livideció al encontrarse con Itachi Uchiha. Se arrastró por instinto para poner distancia, hasta que Sasuke inundó la sala con el metálico cantar de la katana desenvainándose y la apuntó a su cuello.

―Cuánto tiempo, Danzō. ―Itachi se irguió. El desdén propio de un Uchiha que se hiciera preciar, refulgió en su retinta mirada, sus rasgos gélidos y crípticos, su aura peligrosa―. Considerando la clase de hombre que eres, jamás imaginé que nos reencontraríamos en estas circunstancias. Traicionar a la aldea que juraste defender sin importar los medios es curioso por decir lo menos.

―¡No tienes ni idea, mocoso pedante! ―La cara del viejo se congestionó de rabia, al punto que las pequeñas heridas en su frente y cejas se reabrieron y volvieron a sangrar―. Preservar la estabilidad y poder de Konoha siempre será lo primero, y si para ello debo aliarme con el enemigo transitoriamente, pues así lo haría y lo haré las veces que haga falta. ―Si algo no podía ponerse en tela de juicio para Danzō, era su fidelidad y recalcitrantes maneras en pos de mantener el equilibrio político y militar de la aldea, desde aquellas más diplomáticas y sutiles, hasta las más sanguinarias y aborrecibles―. Los saiyajins son bestias sin cadena que tarde o temprano volcarán el caos de su imprudencia sobre la Nación del Fuego. Desde niños demostraron que no podían ser educados ni absorbidos por nuestro sistema como shinobis corrientes, que jamás obedecerían mis órdenes o las del Hokage de turno, por lo que supe, primero que nadie, que representaban un peligro para nuestro país.

―Eres un infeliz. ―Sasuke desfiguró sus rasgos en ira. Presionó la punta de su katana contra la garganta de Danzō, llegando a incrustarla en su piel y obligándolo a estamparse contra el suelo―. Con tal de mantener tus ideas de mierda eres capaz de destruir la vida de tu propia gente.

―Ustedes los Uchiha querían provocar un golpe de estado. La muerte de tu clan salvó las vidas de otros miles. ¿Llamas a eso una decisión de mierda?

―¡Cierra la boca! ―Sasuke conectó una patada en la cara de Danzō. El golpe resultó tan violento, que la cabeza del viejo rebotó contra el suelo de concreto, haciéndolo añicos como si fuera de cristal, y un puñado de piezas dentales fueron a parar al extremo opuesto de la habitación―. ¡Tú obligaste a Itachi a hacerlo, a matar a mamá y a papá! ¡No nos diste otra opción, no nos diste más tiempo!

―¡Tiempo es lo que no había! ―Clamó sin los dientes de la mitad derecha de la mandíbula, con las encías desnudas embadurnadas en sangre―. Pero cómo puedo exigirle a un criminal y traidor sin honor ni sentido de la justicia que entienda de lo que estoy hablando.

Sasuke apretó el mango de la katana con tanta fuerza que creyó que lo iba a pulverizar. Si no fuera porque lo necesitaba vivo para tener alguna oportunidad de salvar a Itachi, lo habría despedazado con gusto y sin compasión.

¡BOOOOMMM!

Una formidable explosión proveniente del exterior sacudió las instalaciones del recinto. Las paredes se agrietaron, las columnas se remecieron, el hormigón en polvo les cayó desde el techo, y la alarma se dibujó en sus rostros bajo una complicidad avenida. Esta reacción incluía a Danzō, por lo que Itachi, casi con toda seguridad, confirmó que su hermano, en efecto, cayó redondo en una trampa.

―Cuando dejaste de trabajar con el sujeto enmascarado, ¿estuviste acompañado por ex miembros de Raiz? ―Interrogó Itachi con prisa.

―Estaba solo. Nunca comuniqué mi alianza con Akatsuki a nadie, tampoco revelé la verdad de mi ausencia ni al más fiel de mis subordinados. Debía ser una operación de sumo secreto.

Itachi proceso la situación a la velocidad del rayo. Sabían del escondite de Danzō, así que enviaron a una falsa kunoichi de Raíz para revelar su posición a Sasuke, es decir, sabían también donde estaban ellos. Entonces, ¿qué sentido tenía reunirlos en un solo lugar para atacarlos? Tendría más probabilidad de éxito ejecutar la operación en dos tandas, por separado, con lo cual se ahorraban también otras variables como un posible fracaso por parte de Sasuke, o que de entrada no estuviera interesado en capturar a Danzō. Es como si un ente que todo lo veía, que escuchaba sus conversaciones y hasta sus pensamientos, si es que cabe, hubiera tramado todo. Eso, o simplemente un enemigo descuidado y de actuar narcisista.

¡BOOOOMMM!

Una segunda sacudida, más fuerte que la anterior, amenazó con echarles encima la guarida entera.

―¿Qué hacemos? Suigetsu está solo allá arriba, hay que apoyarlo. ―Dijo Jūgo al tiempo que las marcas del sello maldito se esparcían por su piel. Estaba anticipándose a la acción.

―Yo puedo quedarme con Danzō. No tendré problemas en vigilarlo. ―Sugirió Karin.

―No. Puede que también vengan por él. Es tan riesgoso quedarse aquí como salir a pelear. ―Farfulló Itachi, ya con el Sharingan encendido―. De hecho, debo admitir que no estoy seguro de qué es lo que quiere el enemigo. No necesitaban a Sasuke para dar con Danzō, y viceversa. Prologaron la ecuación, aumentando el riesgo de cometer errores en algún punto para llegar a la situación actual. ―En un sorpresivo movimiento que nadie pudo anticipar, Itachi se inclinó y arrancó con ridícula precisión el ojo Sharingan que Danzō ocultaba tras los vendajes en su rostro, el mismo que perteneció a Shisui, haciéndolo gruñir de dolor y dejándolo con la cavidad orbitaria vacía y sangrante―. Esto es lo único con valor que le queda. ―Dijo, enseñando el globo ocular carmesí entre las yemas de sus dedos―. Sin el Kotoamatsukami, Danzō no sirve de nada.

―¡No podemos dejarlo aquí! ―Insistió Sasuke―. Todavía nos sirve para negociar.

―En este momento, Danzō no es más que una carga para nosotros, protegerlo dividirá nuestras fuerzas. Debemos unirnos y pelear para escapar.

Sasuke empuñó las manos. Agachó la cabeza, presa de la impotencia. Odiaba admitirlo, pero su hermano tenía razón. Morirían todos si no se defendían contra lo que sea con lo que Suigetsu batallaba afuera, que sin lugar a dudas, no se trataba de un escuadrón de shinobis de la alianza, pues esa extraña manera de actuar, maliciosa por demás, no era obra de la organización de un puñado de aldeas.

―De acuerdo, lo haremos a tu modo.

Sasuke dio una señal a Karin con la cabeza. Ella le entendió sin necesidad de mediar palabra, así que extrajo una de las ampollas anestésicas que le restaban y la inyectó en el cuello de Danzō, poniéndolo a dormir antes de que se diera cuenta. Si ganaban la batalla, regresarían a por él. Si la guarida se destruía por completo, moriría aplastado por las rocas. Si no tenían más opción que escapar del enemigo, este capturaría a Danzō de todas formas. La idea de Sasuke es que el viejo maldito no pudiera escapar a su nefasto destino.

Danzō ya no es importante. Itachi le quitó el ojo, ahora él tiene los dos Kotoamatsukami―. Por su parte, Rō comunicaba telepáticamente a Obito lo que acababa de pasar en las profundidades de la cueva―. Ahora se dirigen hacia nosotros. Parece que Itachi le está implantando el ojo a un cuervo… ah, sí, ¡qué bien pensado! Resulta que el cuervo tiene los dos ojos, jamás lo hubiera adivinado.

Obito estaba maravillado por lo ventajoso que era tener a Kaiō-shin de su lado informándole en tiempo real lo que planeaba el adversario. Mientras tanto, disfrutaba sin mover un dedo de las bonitas piezas que trajo Kabuto desde el mundo de los muertos.

Por un lado estaba Kimimaro, que con su sorprendente taijutsu y huesos espada mantenía ocupado por sí solo a Suigetsu, quien no podía hacer nada para evitar que el tercer Raikage arremetiera mientras tanto con su monstruosa fuerza contra las paredes de la montaña, haciéndola temblar y amenazando con desplomarla sobre Sasuke y el resto del equipo. Mū, el segundo Tsuchikage, y Rasa, cuarto Kazekage y padre de Gaara, esperaban de brazos cruzados su turno para actuar según se los indicara Kabuto, escondido en una gruta apenas a un kilómetro de distancia. Por si fuera poco, esto era solo una muestra del arsenal disponible, porque en caso de que la situación llegara a complicarse, cosa que Kabuto dudaba seriamente, contaba con otras interesantes cartas bajo la manga como eran Hashirama y Tobirama.

Ahí vienen. ―Avisó Rō segundos antes de que el equipo de Sasuke saliera de la cueva en forma de cuatro manchas negras con escasa definición―. Itachi planea usar sus cuervos como distracción, pero habrá uno que volará lejos para escapar con los ojos en caso de que ellos no lograran hacerlo. Debes estar atento a ese momento.

Obito conocía el truco. Bastaba con atacar a Itachi, quien se disolvería en una ilusión de muchos cuervos, y según Rō, uno de esos tendría implantados ambos Kotoamatsukami. De no ser por la videncia del Dios, no hubieran dado nunca con ese par de malditos ojos.

―Como lo sospechaba. ―Murmuró Itachi al notar la presencia del enmascarado y los Edo Tensei.

―¿Podrían echarme una mano en lugar de quedarse ahí parados viéndose como enamorados? ―Bufó Suigetsu, haciendo lo imposible por contener las veloces estocadas de Kimimaro, muy superior a él en velocidad―. El señor rarito no para de sacarse huesos hasta del culo y la verdad es que ya me tiene con los pelos de punta.

―¡Kimimaro! ―Jūgo perdió la compostura al ver a su gran amigo peleando contra Suigetsu, tal y como lo recordaba en apariencia, si bien ligeramente cambiado por el jutsu de resurrección.

―Jūgo, debes huir, en este momento no soy capaz de controlar mis movimientos, estoy siendo manipulado desde las sombras por un sujeto. ―En tanto, no paraba de asestar golpes con un hueso en cada mano a modo de espada contra la astillada hoja de la sanbatō de Suigetsu. En efecto, sus huesos eran más duros que el acero.

El panorama era terrible. El enemigo planeó la emboscada con todo a su favor, invocando seguramente aquellos shinobis que más les convenían para la ocasión.

Jūgo comenzó a perder la razón a medida que pasaba a la fase dos. Se transformó en una bestia oscura de cabello naranja que aullaba desaforada, pero su intimidante ser no pudo dar ni dos pasos en dirección a Kimimaro cuando el tercer Raikage, imbuido por completo en su elemento rayo, apareció de la nada junto a él y lo tacleó por las costillas con increíble brutalidad.

¡BRROOOMMM!

El cuerpo de Jūgo, en medio de volteretas descontroladas, salió volando hacia el bosque y reventó decenas de árboles durante el trayecto, abriendo la tierra en una profunda zanja con su cuerpo y dejando un rastro de polvo que se veía a kilómetros de distancia.

―¡Es muy rápido! ―Exclamó Sasuke impactado, quien apenas pudo seguir el movimiento del tipo con el Mangekyō Sharingan activo. Ese sujeto estaba fuera de lo común. Además era muy fuerte, tanto que se quitó de encima al portentoso Jūgo como si de una mosca se tratara. Comprobó que ciertamente era demasiado veloz cuando intentó quemarlo con el Amaterasu, pero el enorme Raikage desapareció de su campo visual y evitó las negras llamas, y cuando vino a notarlo, ya lo tenía a su lado, a punto de atravesarlo con tres electrificados dedos de su mano.

¡Craaack!

Itachi lo protegió en el último instante convocando un brazo rojo del Susuanoo, el cual sufrió una pequeña cuarteadura en su superficie producto del penetrante golpe del tercero.

―Esa técnica… es la misma que le vi usar a Madara Uchiha. ―Dijo Mū, recordando su agrio enfrentamiento contra él―. Significa que estos jóvenes tienen el Sharingan. Después de todo, quizá haya valido la pena que me resucitaran por un rato.

Rasa señaló con sus brazos a los Uchiha y los embistió con una avalancha de polvo de oro, sin embargo, ambos invocaron la forma completa de sus respectivos Susanoo. El mar de arena dorada cubrió todo, y por sobre esta, el tronco de dos temibles samurái, uno rojo y otro azul, sobresalían victoriosos con armaduras impenetrables y armas legendarias empuñadas. Obito y el Raikage saltaron a la copa de unos árboles, Mū flotaba en el aire, y Karin y Suigetsu estaban resguardados dentro del Susanoo de Sasuke.

El ataque del Cuarto Kazekage no acabó allí. Con sus brazos en alto, oscureció el cielo al hacer levitar el pequeño desierto de oro sobre sus cabezas, para luego condensarlo todo en una gigantesca pirámide invertida que usaría para aplastarlos.

―Parece un buen escudo ese que tienen. Me pregunto si seguirá intacto después de recibir este ataque. ―La pirámide flotante crujió y se encogió a una tercera parte de su tamaño inicial, producto de la monstruosa comprensión que involuntariamente ejecutaba Rasa en la arena para hacerla un objeto más denso, fuerte y letal.

Sasuke disparó una enorme flecha de chakra azul con el Susanoo, pero esta se hizo añicos contra la superficie de la pirámide sin apenas dañarla, y cuando entendió el aprieto en que se hallaba, ya era demasiado tarde para esquivarla.

¡BAAAAMMM!

Una onda de choque dobló los árboles doscientos metros a la redonda hasta hacerlos tocar el suelo, si bien la mayoría de estos no soportaron tal ángulo de inclinación y terminaron con los troncos partidos y miles de astillas disparadas por doquier

Rasa levantó una ceja al contemplar cómo entre los dos samuráis sostenían el monumento con que pretendía aplastarlos. Los pies de los gigantes se incrustaban de a poco en el rocoso suelo, uno de ellos, con un escudo rojo al frente, fue responsable de desviar en el segundo final la afilada punta dorada de la pirámide.

―Jinton: Genkai Hakuri no Jutsu(Elemento Polvo: Jutsu del Desprendimiento del Mundo Primitivo).

Kabuto encontró la brecha que estaba esperando. Mū disparó un rayo blanco que trajo la luz del día al campo de batalla. El elemento polvo impactó de lleno contra el desprotegido pecho del Susanoo rojo, atravesándolo de lado a lado y pulverizando la silueta de Uchiha en el recorrido.

―¡Itachiii! ―Gritó desesperado el menor de los hermanos, viendo cómo el feroz guerrero rojo se fragmentaba en pedazos y se desvanecía en un lamentable hálito de fuego moribundo. En su lugar, un centenar de cuervos huían despavoridos en todas direcciones, luego se aglomeraron en un patrón circular cual aves de carroña, chocando y mezclándose entre sí en una masa oscura que adoptó la forma de Itachi, sano y salvo.

Pero hubo un cuervo, uno solo de entre esa bandada de oscuras bestias ruidosas que voló lejos de todo el alboroto, uno que nadie vio, que no graznó y que los presentes pasaron por alto entre la oscuridad de la noche… excepto Obito, que estuvo atento y además recibió el llamado de Rō.

―¡Ese, allá a tu izquierda, atrápalo antes de que se vaya más lejos!

―Descuida. No lo perdí de vista. ―Su Sharingan brilló espeluznantemente a través de la máscara. Solo Itachi notó, horrorizado, cómo el ave desaparecía a la distancia en medio de una distorsión espacio temporal. Kamui.

―No es posible… ¿cómo? ―Jadeó, incrédulo con la escena. No había manera de que alguien sospechara ese plan. Itachi sabía que tenían pocas probabilidades de escapar con vida, aunque tuvo fe en que al menos salvaría el legado de Shisui. Ahora ni eso.

―Perfecto, ya tenemos el Kotoamatsukami, ¿ahora qué? ¿Cuándo viene la parte de los saiyajins?

Levanta la barrera. De lo demás me encargaré yo. ―Respondió Rō con un timbre de voz descompasado, haciendo lo imposible por no reventar en histéricas carcajadas. Iba a disfrutar de un espectáculo irrepetible.

Entonces Obito dio la indicación. Disparó una bola de fuego al cielo, señal insigne de los Uchiha. Cuatro Zetsus blancos, dispuestos estratégicamente en forma de un perímetro cuadrado, deshicieron un cubo invisible que se encargaba de aislar el chakra de ellos del exterior, algo similar al método que usaron en el plan para exterminar a los saiyajins, pero esta vez suprimiendo por completo la energía de los que estaban dentro de la barrera.

―¿Qué pasa? ¿Por qué no vienen? ―Preguntó Obito al cabo de un minuto en el que ninguno movió un músculo. Incluso Kabuto, expectante desde su guarida, inmovilizó a los Edo Tensei a la espera de los saiyajins.

Parece que aprendieron la lección de la última vez. Son más cautelosos, lo están discutiendo, pero descuida, solo debes agitar un poco el avispero.

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―Otro más, por favor. ―Pedía Goten cuando sorbía los últimos fideos de su décimo tanzón de ramen.

―Ya lo oyó, señor, tráigale otra orden a mi amigo. ―Dijo Hanabi con una sonrisa de oreja a oreja―. No se preocupe, que la cuenta corre por mi casa.

―Como usted diga, señorita Hyūga. ―El viejo Teuchi no recordaba la última vez que atendió a tan distinguida clientela. Bueno, eso por Hanabi y Hinata, porque el saiyajin de distinguido tenía su inconmensurable apetito nada más.

Hinata estaba feliz de ver a su hermana tan animada. Hanabi no tuvo una infancia precisamente normal, ni siquiera para los esquemas de un shinobi promedio: la obligaron a dejar de jugar con sus muñecas desde los cinco años, empujada, desde muy temprana edad, a asumir el liderazgo de su clan, lo que le significó largas jornadas de entrenamiento sufrido y cero amistades con otros niños contemporáneos a ella. Cierto que Hinata pasó por lo mismo, lo cual la hizo crecer como una chica parca e introvertida, pero era testigo de que Hiashi fue más exigente todavía con su hermanita, así que era refrescante verla haciendo buenas migas con el saiyajin, pues aunque era extrovertida, la verdad es que apenas tenía amigos.

―¡Y deme otro a mí también, señor!

―He-hermana, ¿no crees que es suficiente? Por lo general no comes tanto. ―Tartamudeó al ver cómo bebía el caldo de su tercer bol de sopa.

―Si quiero ser fuerte como Goten, tengo que alimentarme bien, ¿no es así?

―Aja… ―Replicó él a duras penas con las mejillas repletas de fideos y cerdo.

En eso llegaban al local Kakashi y Hana Inuzuka, sorprendidos de ver a las hermanas Hyūga en un tarantín tan popular, aunque la escena cobró sentido con Goten fungiendo de protagonista.

―Vaya, disculpe si estamos de sobra, señor Teuchi. ―Se excusó Kakashi con el rostro asomado por las cortinas―. Podemos venir más tarde si está demasiado ocupado con… bueno, usted me entiende.

―Para nada. Pasen y tomen asiento, que para fortuna mía me acompaña mi hija esta noche. ―Teuchi, sonriente y amable, se notaba no obstante sudoroso y ajetreado mientras amasaba nuevos fideos y cortaba ingredientes sobre la tabla de madera.

El jōnin cogió asiento junto a Goten y le puso una mano en el hombro para tratar de buscarle conversación, eso para darle respiro al cocinero y que recuperara los minutos de rezago que llevaba.

―Pensé que a estas horas estarías con Sakura.

Goten se atragantó. Hanabi le socorrió con fuertes palmadas en la espalda mientras él se inclinaba tosiendo sobre el mostrador.

―No-no he visto a Sakura desde que llegamos. ―Replicó con voz áspera y los ojos vidriosos, alcanzando un vaso de agua que le traía la hija de Teuchi―. Además, no es como si tuviera que saber en dónde anda. Ella debe estar con sus cosas. En fin, creo que ya terminé con la cena.

―¿Tan pronto? ―Se extrañó Hanabi―. Bien, si es así, vayamos al centro a probar algunos juegos. Entre los dos nos llenaremos fácilmente de premios.

Goten le correspondió con una sonrisa. No había estado en ese barrio desde hace tres años cuando Naruto lo invitó a participar de dichas actividades. Pero su gesto agradable se esfumó cuando la sensación de un puñado de energías conocidas atravesó su mente como un relámpago. Karin, Sasuke y, por desgracia, el tipo de Akatsuki con máscara.

―Me van a perdonar, pero no puedo quedarme por más tiempo. Acaba de surgir algo importante.

Y así, ante las preguntas desilusionadas de Hanabi, y las confundidas muecas de Hana, Hinata y Kakashi, el saiyajin corrió las cortinas, salió a mitad de la calle y voló en dirección al cielo nocturno, lento pero sin pausa, hasta posar sus botas en la cima del monumento Kage, justo sobre la cabeza de piedra del Tercer Hokage. A los pocos segundos, Trunks aterrizó frente a él, con la cara igual de desencajada.

―¿Qué piensas sobre esto? ―Comenzó Goten con ademán severo.

―Es obvio que se trata de una trampa. Después de lo que pasó, no tiene sentido que se muestren así nada más y nos lo hagan saber. ―Dejaron de hablar por unos instantes, percibiendo las fluctuaciones de chakra que subían y bajaban. Sintieron unas presencias que realmente eran diferentes, muy poderosas, y ganaban claro terreno frente a Sasuke y sus aliados―. Debemos hacer algo, de lo contrario los matarán.

―¿Cambió tu opinión sobre AKatsuki? ―Insinuó Goten con una risilla astuta.

―En absoluto. Es solo que ya sabemos que Sasuke y los suyos no fueron más que herramientas del líder de la organización. Ya no trabajan juntos. ―Los afilados ojos de Trunks destellaron como un par de fríos zafiros―. Quieren que vayamos. Lo ideal sería avisar a un jōnin como Kakashi-sensei, pero justo en eso consiste la estrategia de ellos, en ponernos contra las cuerdas en una situación donde no tenemos tiempo de acudir con un buen escuadrón de ninjas, pues será demasiado tarde.

―Tienes razón. Entre que se organicen y lleguen al sitio junto a nosotros, no habrá nada que rescatar. ―Goten se señaló a sí mismo con el pulgar―. Iremos los dos. Yo estaré a la cabeza, tú mantendrás cierta distancia para evaluar la situación desde lejos y luego intervendrás si es necesario. Mientras resolvemos, podemos enviar un mensaje telepáticamente a Tsunade-sama o algún otro Kage que esté más cerca de la zona, así mandarán refuerzos hasta nuestra posición.

―Es razonable. Vayamos entonces.

Los dos amigos asintieron y chocaron un antebrazo. Acto seguido, se rodearon de un aura blanca y partieron a gran velocidad hacia el norte.

―¡No puedo asegurarlo, pero creo que nos estamos acercando más a Iwagakure o Kumogakure! ―Gritó Trunks para sobreponer su voz a las crudas ráfagas de viento, notando que el lugar de la pelea parecía estar más próximo a esas aldeas que a Konoha―. ¡Creo que será mejor comunicarnos con ninjas de la nube o la roca!

―¡De acuerdo, tú te encargarás de comunicarte con ellos!

Ambos se detuvieron en seco cuando ya estaban a menos de dos kilómetros de la zona. Desde su elevada posición, podían escuchar los estruendos y ver los destellos de la feroz batalla que tenía lugar más al frente, en el bosque bajo ellos.

La noche era oscura, y aquí Trunks atinó a levantar la mirada para encontrarse con una luna en fase cuarto menguante. Un detalle sin importancia, de no ser porque, minutos antes, retozaba con Ino sobre el pasto de una colina cercana a un campo de entrenamiento, y ella comentó, de forma alegre aunque casual:

―"Qué bonita se ve la luna llena. Es tan grande que alumbra como el día"

―¡TRUNKS! ―Le gritó su amigo al ver que no contestaba a sus palabras―. Te dije que voy a bajar. Acércate un poco más, si ves algo extraño avísame o llama a los demás, lo que tú escojas. Después de todo, eres mejor que yo para ese tipo de cosas.

―E-espera. ―Balbuceó cuando ya Goten colocaba dos dedos sobre su frente para teletransportarse. Un mal presentimiento sacudió cada fibra del saiyajin, pero ante la falta de evidencia y sentido común, sería estúpido pedirle que desistiera y pensaran en otro plan―. Cuídate, por favor.

―Tú también.

Por un momento, Trunks juró ver al señor Goku en la expresión de Goten: una sonrisa grande sin cabida a la maldad, dos dedos de su mano izquierda posados sobre la frente, y un saludo estilo militar con la derecha.

¡Zip!

Desapareció, y con él, la zozobra creció cruelmente dentro del pecho de Trunks. Pasaron los minutos. El silencio se hizo insoportable y ruidoso, casi enloquecedor. El cielo se iluminó en un instante cuando, ante su atónita mirada, la luna se hacía plena y parecía acercarse al planeta Tierra por obra y gracia de una fuerza divina caprichosa y perversa.

Un rugido atroz rasgó los cielos. Trunks quedó petrificado por un miedo primitivo, ancestral, más ominoso y descomedido que cualquier otro que hubiera sentido, porque sin saberlo, sus genes de saiyajin reaccionaban al llamado proveniente del ser que se alzaba en la cúspide de la cadena alimenticia de su especie.

Un ki borrascoso, salvaje y gigantesco como ningún otro que hubiera percibido, se disparó de un momento a otro, sin encontrar límite ni templanza, confuso a la vez que iracundo. Lo peor de todo, es que se trataba del ki de Goten, y cuando al fin las fuerzas retornaron a él y le permitieron volar para acercarse al escenario de pesadilla, se encontró con una espantosa visión que no olvidaría jamás.

―¿Go-Goten? ―Bajo él, sobresaliendo de entre los árboles que apenas le llegaban por las rodillas, se empinaba un monstruo de treinta metro de alto con la apariencia de un gorila hipermusculado, un cráneo más cercano al de un lobo, y ojos rojos que proyectaban una gula animal.

La bestia emitía unos aullidos tan estruendosos y pavorosos, que las montañas lejanas se conmovían de terror. La naturaleza entera temblaba de pánico por la inconcebible abominación que se erguía sobre ella, un monstruo proveniente de otra galaxia, incompatible para los estándares de un mundo tan frágil como la Tierra.

Una cadena de detonaciones arropó al mono desde sus pies hasta la cintura. Decenas de Zetsus blancos, rellenos como muñecos de felpa con sellos explosivos, se colgaron de las piernas del Ōzaru y se autodestruyeron para desbordarlo en locura entre el ruido y la agresión. Su ki se elevó mucho más que antes cuando un aura blanca descomunal lo rodeó, y el oscuro pelaje de su enorme cabeza se erizó idéntico al de un Super Saiyajin.

Trunks supo que estaban ante un problema sin precedentes cuando entendió que el animal, en medio de su cólera sin paragón, accedió al poder mediante el que Goten extraía todo su potencial sin la necesidad de transformarse en un guerrero dorado.

―Esto es malo…

El paisaje se cubrió de púrpura cuando el Ōzaru abrió sus fauces y concentró, igual que hiciera un Bijū, una cantidad de energía lo suficientemente grande como para desaparecer a la Tierra miles de veces.

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Fin del capítulo.

Por si alguien todavía se lo pregunta, sí, esto vendría a ser Goten Ōzaru liberando su potencial oculto (estado místico o como lo quieran llamar).

Antes de que me maten, quería decirles que sí tengo pensado escribir sobre el entrenamiento de Goten y Sakura, lo que pasa es que decidí hacer un time skip para poder continuar con lo principal de la historia, luego retornaré a ese punto, que es necesario porque muestra el desarrollo de la relación entre ambos a partir de ese entrenamiento.

Sin más que decir, agradezco el apoyo que siempre me dan, espero nos leamos de nuevo y ya saben, comenten sus impresiones sobre el capítulo.

¡Saludos!