Capitulo veintiséis

Edward POV

Cuando subimos a ese avión rumbo a Forks sabía que el viaje se me haría más largo de lo normal, y si añadimos que iba acompañado por Jacob, sería casi un infierno. Pero me sorprendí a mí mismo completamente relajado y mirando por la ventana, Alice en su llamada me había asegura que Bella estaba bien, y lo más importante… que me amaba, así que lo demás carecía de importancia.

Jacob también me sorprendió manteniéndose tranquilo. Ness estaba sujetado una de sus manos entre las suyas y eso parecía apaciguar su humor tan alterable, al menos en mi presencia. Después de nuestra pequeña conversación sobre Tanya no volvimos a cruzar ni una palabra, algo que también agradecí, ya que si recordaba lo que me había dicho volvería a preguntarme que fue lo que hizo Tanya y acabaría por volverme loco.

Cuando el Jet aterrizó en el pequeño aeropuerto de Port Ángeles fue como si me quitase una gran losa de la espalda. Sabía que Bella no estaba allí, ni si quiera estaba cerca, pero estar en Forks era como volver a ella, a los recuerdos de esos días en los que fui tan feliz a su lado. No había vuelto allí desde la tarde en que la dejé, pensaba que volver me haría daño, pero una vez allí, y completamente seguro de que mis sentimientos por ella eran totalmente correspondidos, las cosas cambiaban notablemente. Era como un bálsamo que aliviaba mi dolor por estar lejos de ella.

Nos subimos a un coche que mi hermana nos había enviado, esa enana siempre estaba en todo, y nos fuimos hacia Forks. Después de dejar a Jacob y a Ness en frente de la casa del padre de Bella fui a mi casa a enfrentarme a la verdad, o eso esperaba, ya que Alice me había prometido contarme todo una vez estuviese aquí.

En cuanto crucé la puerta fui recibido por los amorosos brazos de mi madre, no pude evitar devolverle el abrazo efusivamente mientras dejaba caer mis maletas y enterraba mi rostro en su pelo. Nadie como ella sabía lo mucho que necesitaba ser abrazado en ese momento, necesitaba sentirme seguro de que pasase lo que pasase ella estaría a mi lado, apoyándome. Y fue sentir sus brazos rodeando mi cintura para sentir como mi corazón se recomponía un poquito y volvía latir a un ritmo más acompasado. Me derrumbé frente a ella, no podía engañarla. Cuando me fui de Forks, unas semanas atrás, no pasaba por mi mejor momento y ahora, aunque sabía que Bella me amaba tanto como yo a ella, tampoco era completamente feliz, estaba seguro de que una sombra estaba planeando sobre nosotros y me moría por saber que era.

Después de llorar como un niño durante unos minutos en el regazo de Esme, me sentí mucho mejor, mi pecho todavía dolía por estar lejos de Bella, pero estando en casa el dolor era más llevadero.

Alice y Jasper entraron por la puerta principal y me dedicaron una mirada lastimera, eso me pareció mala señal, me dolía su lástima, pero no sabía el motivo por el cual lo hacían así que me inquietaba el doble. Ambos se sentó a mi lado en el sofá y Alice tomó una de mis manos entre las suyas, agradecí ese gesto, estaba necesitado de cariño, tener a Bella tan lejos de mí me hacía sentir insignificante y pequeño, necesitaba que alguien me recordase que me quería para poder sentirme un poco mejor. Suspiré y miré a mi hermana a los ojos esperando que comenzase a hablar. Ella se tomó su tiempo, supuse que estaba buscando las palabras adecuadas para decirme lo que fuese que tenía decirme, ya que por su cara de angustia sospechaba que no sería algo muy grato.

– No voy a decirte lo que realmente estoy pensando porque estoy completamente segura de que tú no tienes la culpa de nada –dijo con tranquilidad, algo muy extraño en ella–, pero estén muy seguro de que si pudiese le arrancaría los ojos y se los…

– Alice –la reprendió nuestra madre.

– Ya sé, ya sé… –se defendió– Edward –susurró mi nombre y me miró prudentemente–, ante todo conserva la calma, ya hay un procedimiento en marcha para solucionarlo todo.

– ¿Vas a decirme de una vez lo que está pasando o tendré que adivinarlo? –pregunté ansioso.

– Tanya ha contratado a alguien para que le dé un susto a Bella –susurró mirando al suelo.

Me quedé mirándola fijamente, intentando asimilar sus palabras… me costaba creer lo que estaba diciendo, pero Alice no tendría ningún motivo para mentirme sobre algo como eso, más cuando su mejor amiga estaba en medio, pero… ¿Tanya sería capaz de hacer algo así? ¿Sería tan fría y manipuladora? Claro que sí, era la mujer más fría y sin escrúpulos que había conocido en mi vida, sería capaz de hacer eso y muchos más por conseguir lo que quería, y en esta ocasión yo era lo que quería, así por consiguiente, Bella era su único obstáculo para llegar a mí.

Sentí como la ira comenzaba a bullir por mis venas, mi vista se nubló y comencé a verlo todo rojo. Estaba completamente seguro que si tuviese a Tanya enfrente en ese momento no quedaría de una pieza, olvidaría sin pensarlo que yo soy un caballero y ella una mujer. Mis manos temblaban y mi respiración era más acelerada de lo normal, parecía un toro desbocado y enrabietado con un único objetivo: Tanya Denali.

– ¡Te he dicho que te mantuvieses tranquilo! –chilló Alice sujetándome por los hombros.

Fijé mi vista en sus ojos azules y poco a poco fui volviendo a la normalidad.

– ¿Cuál es ese procedimiento que va a solucionarlo todo? –pregunté con voz contenida.

Alice y Jasper compartieron una mirada durante un segundo, él asintió casi imperceptiblemente y luego ella volvió a mirarme con prudencia.

– El FBI está investigando a Tanya desde hace algún tiempo –comenzó a explicar–, por lo visto está metida en negocios algo turbios, la amenaza a Bella es solo la punta del iceberg.

– ¿Qué? –pregunté sorprendido por sus palabras… era algo que me estaba costando creer.

– Drogas, tráfico de armas, robo de coches de lujo… la lista es muy larga. El dinero vuelve loca a la gente y Tanya tiene mucho, por lo que está muy loca… está metida hasta el cuello –dijo ahora Jasper–. Con la confesión de Jenks la tenemos bien pillada, pero la investigación que hay abierta en los Ángeles no nos deja actuar por el momento.

– ¿Nos? –pregunté confuso cuando utilizó el plural para explicarse.

Jasper suspiró y una ligera sonrisa jugó en sus labios, metió la mano en su bolsillo y sacó algo, extendió la mano en mi dirección y me mostró una placa.

– Jasper Whitlock, agente especial del FBI –dijo con voz profesional.

Alice sonrió orgullosa y yo me quedé pasmado mirando la foto de mi supuesto futuro cuñado que ahora resultaba ser un agente especial. Bufé y negué con la cabeza en un gesto de incredulidad… tanta información me estaba aturdiendo.

– Hay un operativo en marcha para detenerla y hacerle un juicio rápido –continuó Jasper–, solo están esperando el momento adecuado para hacerlo.

– ¿Cuándo? –Pregunté en un grito– ¿Cuándo encuentre a Bella y le haga dios sabe qué?

– Tranquilo, Edward –me volvió a pedir mi hermana.

– ¿Cómo quieres que esté tranquilo cuando alguien está amenazando la vida de Bella? Volví a gritar– ¿ya te has olvidado de que es tu mejor amiga?

– No lo he hecho –gritó con voz dura–, la quiero más de lo que te puedes llegar a imaginar… ¡es como mi hermana! Pero confío en que Jasper y el resto del FBI saben lo que tienen que hacer y podrán acabar con esto cuanto antes.

Me puse en pie y comencé a dar vueltas como un león enjaulado. No podía quedarme parado sin hacer nada… necesitaba poder hacer algo para ayudar a acabar con esto cuanto antes.

– Tranquilízate Edward… poniéndote así no vas a conseguir nada –volvió a pedirme Alice.

– ¿Cómo quieres que me tranquilice? –Pregunté de nuevo– ¡Hay alguien ahí fuera que quiera matar a mi Bella! No puedo simplemente quedarme quieto y estar tranquilo…

– Ella está a salvo con Emmett, además, no seas tan melodramático… solo quiere asustarle –dijo Alice restándole importancia.

– Conozco a Tanya y nunca hace nada a medias… –pensé en voz alta.

– En eso estoy de acuerdo –me apoyó Jasper–, viendo su expediente pude darme cuenta de eso, cuando hace algo… lo hace de verdad. Ya ha quitado a varias personas de en mido sin remordimientos… con Bella no le costaría mucho.

Continué dando vueltas en círculos como un loco, mi mente daba vueltas y más vueltas buscándole sentido a todo eso. Me estaba volviendo loco por la culpa, si yo no hubiese irrumpido en la vida de Bella nada de esto estaría pasando. Ella estaría tranquilamente viviendo su vida sin tener que preocuparse de que cualquier psicópata fue tras ella atentando contra su vida. . Y de repente algo hizo click en mi cabeza, me detuve bruscamente y miré a Jasper a los ojos mientras organizaba los recuerdos en mi mente.

– Aquel hombre… –susurré casi para mí mismo.

– ¿Qué hombre? –preguntó Jasper dejando salir al agente que se supone que tenía dentro.

– Cuando estaba en Nueva York un hombre fue a la cafetería buscando a Bella – expliqué–, fue cuando ya se había ido… me hizo varias preguntas sobre ella, no me dio buena espina y le mentí en casi todo, además, preguntaba demasiado.

– ¿Recuerdas como se llama? –preguntó.

– Me lo dijo… pero no lo recuerdo. Era algo que comenzaba con J… Jaime… Jared, John… no estoy seguro –dije confuso.

– ¿recuerdas su aspecto o algo significativo para poder identificarlo? –volvió a preguntar en tono profesional.

Me masajeé las sienes intentado recordad, era algo importante, tenía que forzar mis neuronas al máximo, con ello podía ayudar a Bella. Poco a poco comenzó a formarse una imagen algo difusa en mi mente, a medida que los recuerdos iban tomando forma la imagen de ese hombre se hacía más clara.

– Era casi tan alto como yo… rubio con el pelo largo sujeto en una coleta… –comencé a explicar– tenía los ojos oscuros y era fuerte… aunque no tanto como Emmett o tú mismo…

– ¿James? –preguntó con prudencia a la vez que alzaba una ceja.

– ¡James! –Grité– sí, era James… James Cam o Cand no estoy seguro. Me dijo que era profesor en la universidad…

– James Cam, James Scott, James Carter… tiene varios nombres que utiliza a su antojo… es uno de los lacayos de Tanya, siempre hace sus trabajos sucios a cambio de una buena cantidad de dinero –dijo Jasper–. Ahora estoy seguro de que no es solo una amenaza, Tanya quiere quitar a Bella de en medio, James nunca juega.

Alice se tapó la boca con la mano y yo me estremecí ante sus palabras.

– ¿Puedes decirme algo más sobre él? –volvió a preguntar Jasper.

Negué con la cabeza lentamente mientras me sentaba y me asía fuerte de mis propios cabellos con ansiedad… – LA cafetería… –dije como en trance.

– ¿qué cafetería? –preguntó Ahora Alice.

– Donde trabajaba Bella… Angie's, James estaba allí cuando lo vi. Ness también tuvo que verlo en alguna ocasión –contesté con voz cansada.

– La llamaré ahora mismo –dijo Alice poniéndose en pie y buscando algo en su bolso– , tú ve a darte una ducha y duerme un poco… estás que das pena.

Asentí y me puse en pie con dificultad, me despedí de ambos con un movimiento pesado de mi mano y me dirigí hacia las escaleras con pasos cansados.

– Edward –me llamó Jasper– Bella estará a salva muy pronto, me ocuparé personalmente de ello.

– Gracias –musité.

Me volví y continué mi camino hacia mi habitación, con cada escalón que subí me sentía más y más cansado. El peso de la culpa pesaba más que nunca sobre mis hombros y el cansancio de la última noche prácticamente en vela con Bella, la desesperación por no encontrarla a mi lado al amanecer y luego el viaje en avión… todo comenzaba a pasarme factura, mi cuerpo pedía cama a gritos y no sentía con fuerzas si quiera para llegar al siguiente escalón. Tropecé con el último escalón y me caí sobre la alfombra con un fuerte estruendo, maldije entre diente y suspiré derrotado.

– ¿Edward? –oí que me llamaban.

Me giré quedando sentando en el suelo y llevé mis manos al rostro frotando mis ojos con fuerza para intentar serenarme un poco.

– ¿Edward estás bien? –volví a escuchar.

– Papa… –susurré.

– Vamos hijo –dijo mientras me ayudaba a ponerme en pie.

Prácticamente tuvo que arrastrarme hasta mi habitación, suerte que el todavía era fuerte y joven y estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones debido a su trabajo en el hospital. Me ayudó a tumbarme en la cama y se acercó para besar mi frente… ese sencillo gesto de su parte me hizo romperme de nuevo y las lágrimas volvieron a inundar mis ojos.

– Lo siento mucho –susurró Carlisle– nunca imaginé que podría pasar algo así… es… es de locos.

– No importa papá –contesté como pude entre sollozos.

Me quedé dormido entre los brazos de mi padre... como cuando era un niño. Él solo estaba ahí, abrazándome y dándome palabras de apoyo. Después de todo tenía mucha suerte de poder contar con mi familia en momentos como este.

Cuando me desperté, la luz del día que se colaba por la ventana iluminaba la habitación…. Me estiré perezosamente y un latigazo de dolor recorrió mis músculos adormecidos. Me puse en pie como pude y fui hacia el baño a darme una larga ducha. El agua caliente relajó mis músculos, pero todavía podía sentir mi espada agarrotada y adolorida.

Bajé las escaleras después de vestirme con la ropa que Alice había dejado sobre mi cama, el olor a café recién hecho inundó mis fosas nasales en cuanto puse un pie en la sala. Casi en trance fui siguiendo ese apetitoso olor hasta la cocina y me encontré con mi madre extendiéndome una taza de delicioso café. Besé su frente y tomé la taza de entre sus manos, luego me senté en la mesa y suspiré.

– ¿qué tal has dormido? –preguntó sentándose a mi lado.

– No muy bien… –contesté en un susurro.

– Alice me dio esto para ti –dijo extendiendo un teléfono en la mesa, la miré sin entender y ella me dio una sonrisa triste– llámala.

Sin decir ni una sola palabra más, salió de la cocina y me dejo a solas con el teléfono y mi café. Miré a ambos intermitentemente, y después le di un largo sorbo a mi café. Me aterraba hablar con Bella, no sabía que podía decirle. Alice me aseguró que me amaba pero quizás estaba enfadada conmigo por haberla metido en este lío. Pero necesitaba oír su voz… suspiré y agarré el teléfono con manos temblorosas. Busqué el número de Bella en la memoria y pulsé el botón de llamada, el tono sonó varias veces antes de que contestasen l otro lado de la línea y un par de segundos después escuché su voz.

Mi corazón comenzó a latir a una velocidad escandalosa y el mundo dejó de girar lanzándome hacia el espacio… solo importaba ella, solo ella… que pese a estar a miles de kilómetros la sentía más cerca de mí que nunca.