Stiles fue el primero en despertar. A lo largo de los años había conseguido desarrollar la asombrosa capacidad de abrir los ojos siempre a la misma hora entre semana, incluso si no había sonado su alarma; pero cuando llegaba el fin de semana o las vacaciones podía pasarse la mitad de la mañana durmiendo, compensando las noches en vela que en ocasiones debía soportar por culpa del trabajo.
Extrañamente, hoy no tenía que ir a ningún sitio, pero a las siete de la mañana ya estaba con los ojos abiertos de par en par.
En seguida se encontró con la explicación del "fallo" en su reloj interno. Y no era otra cosa que un Derek Hale plácidamente dormido a su lado, ajeno a la vorágine de sentimientos que Stiles había empezado a experimentar tan pronto como recordó qué día era.
Así, pese a que disfrutaba como pocos del poder espiar a su condenadamente atractivo novio mientras dormía, esta vez Stiles quiso interrumpir su descanso. Había que aprovechar el escaso tiempo que les quedaba.
No sintiéndose para nada culpable, Stilinski se pegó completamente al cuerpo de Derek y comenzó a besar su cara: primero las mejillas, luego la nariz y finalmente, cuando el hombre lobo protestó en sueños al empezar a despertarse, lo hizo en los labios.
No fue el mejor beso de todos, pues el otro apenas pudo participar, pero seguía siendo Derek y sus labios y, en opinión de Stiles, no había mejor manera de comenzar el día.
- Buenos días, prometido.
- ¿Todavía estás con esas? –fue el saludo del Alfa. Aún estaba adormilado pero la bienvenida de Stiles había conseguido que despertara con una estúpida sonrisa en la cara de la que tardaría en desprenderse.
- Tengo que aprovechar las últimas horas que me quedan. Pasado mañana, a esta misma hora, ya sólo podré llamarte "marido" –Le dio otro beso, que esta vez fue mejor correspondido-. Derek Hale, mi marido. Suena incluso mejor de lo que pensaba.
- Lo dices como si fueras a casarte con otra persona. Seguiré siendo yo, el mismo de hoy y el mismo que conociste hace años.
- Sí. Pero poder llamarte marido lo hace todo más permanente. Más definitivo. En cuanto digas el "sí, quiero", la ley te atará a mí y ya nada podrá separarnos.
- Siempre queda el divorcio –sugirió, alzando una ceja.
Stiles se llevó una mano al pecho, fingiendo un infarto.
- Eso no lo digas ni en broma –se quejó-. Además, para hacer efectivo el divorcio, las dos personas tienen que firmar el documento. Y yo jamás haré eso, ni aunque me tortures. –Le clavó un dedo en el pecho-. Lo siento mucho, Mr. Hale, pero ya no vas a poder deshacerte de mí.
- No creo que sea muy inteligente decirle eso a la persona que todavía no ha dicho "sí, quiero".
- Tú mismo… -fingió indiferencia, recorriendo el pecho del hombre lobo con el dedo-. Si quieres plantarme en el juzgado, delante de todos mis amigos ¡Y! delante de mi padre, será bajo tu responsabilidad. Yo sólo te puedo recomendar encarecidamente que no lo hagas, porque entonces acabarás arrepintiéndote.
- ¿Ah, sí? –Colocó una mano en la cadera de Stiles, motivado por las caricias de su prometido-. ¿Y eso?
- ¿Dónde vas a encontrar a otro hombre que te dé hijas tan preciosas como la que tienes ahora?
- No sé… Siempre puedo pedirle a Peter que me enseñe ese ritual que usó.
Stiles ni se inmutó, como tampoco hizo el día que Derek le explicó quién había sido el verdadero "culpable" de que se quedara embarazado. Entonces, tras varios minutos de silencio en los que recapituló todo lo que había ocurrido bajo el nuevo punto de vista que ofrecía esa información, tan sólo se encogió de hombros y soltó un sincero "demos gracias por los tíos entrometidos".
- Aun así… -Colocó una pierna sobre la cadera de Derek, aumentando el contacto de sus cuerpos-. He sido yo quien ha conseguido que te despiertes cada mañana justo como estás ahora, tan relajado y… feliz. Dudo mucho que nadie más pueda darte lo que yo te doy.
- En eso estamos de acuerdo.
En opinión del Alfa no había mejor manera de mostrar su acuerdo que por medio de los hechos, por lo que dejó claro lo mucho que compartía su opinión besándole; al mismo tiempo llevó una mano hasta el culo de Stiles. Y apenas gimió su futuro marido en su boca, Derek se movió en la cama hasta acabar justo encima de él, besándole lentamente pero sin pausa, mientras que sus respectivas erecciones crecían a un ritmo menos lento.
Y fue entonces cuando sonó el móvil de Stiles.
- Hmmm –se quejó el ayudante del sheriff, sin abandonar la boca de su prometido-. ¿Qué horas son estas de llamar?
- ¿No deberías cogerlo? –preguntó Derek, aunque sin muchas intenciones de separarse.
- Ya se cansarán.
- Sara puede despertarse.
- No te preocupes. Para lo que tienes en mente no se necesita mucho tiempo.
En ese momento Derek estaba concentrado en lamer el cuello de Stiles, jugando a ver cuántos gemidos distintos conseguía arrancarle, pero la tarea quedó interrumpida ante el último comentario. Se separó lentamente, soportando todo el peso de su cuerpo con sus brazos para contemplarle desde arriba.
- ¿Perdona?
- Ya sabes lo que quiero decir… -Stiles no le dio más importancia, deseando que siguiera usando su lengua -. Tú sólo sígueme la corriente… y sigue con lo que estabas. –El sonido del móvil cesó de golpe- ¿Ves? Ya podemos seguir.
Dos segundos más tarde llamaron a la puerta y Stiles soltó un gruñido.
- ¿Esto es una conspiración para que se nos caigan las pelotas o qué?
Derek ya se había quitado de encima cuando la inesperada visita habló desde el otro lado de la puerta.
- ¿Podéis dejar de revolcaros en las sábanas? El olor a sexo empieza a ser asfixiante.
La sorpresa de Stiles al oír la voz femenina fue mayúscula cuando, al mirar la llamada perdida del móvil, vio que se trataba de la misma persona:
- ¿Erica? –gritó desde la cama.
- Hola, cielo –dos segundos de pausa-. ¿Te importaría abrirme? No está bien hacer esperar a las amigas.
- Qué demonios está pasando. –Un furibundo Stiles bajó de la cama de un salto y con el mismo ímpetu abrió la puerta, sin haberse parado antes a vestirse. Algo de lo que se arrepintió al descubrir que Erica no estaba sola-. ¡Joder! ¿Qué hacéis todos aquí?
En un triste intento por ocultar su desnudez, y agradeciendo llevar al menos los calzoncillos, Stiles se encogió un poco sobre sí mismo, tapándose con los brazos el pecho y las piernas. Y no es que se avergonzara de su cuerpo, todo lo contrario. Para haber dado a luz hacía menos de un mes se conservaba estupendamente. Pero una cosa era sentirse orgulloso de su cuerpo, y otra muy distinta que todos se recrearan en dicho cuerpo. Siendo todos, absolutamente todos: Erica, Isaac, Boyd, Scott, Allison y Lydia.
La Beta de Derek, la única que de momento había hablado, observó con malicia el pobre intento de Stiles por taparse.
- Es curioso. Cuando pensabas que sólo estaba yo no has tenido problemas en abrir la puerta estando en calzoncillos… Y ahora de repente te vuelves vergonzoso. –Se llevó un dedo a sus labios carmesí-. ¿Acaso hay algo… o alguien que te gustaría compartir conmigo, Stiles?
- Ni en tus sueños –gruñó a lo lejos el Alfa. Stiles dio media vuelta, todavía sin entender qué estaba pasando, a lo que Derek aprovechó para tirarle los pantalones a la cara. Y Stiles, que seguía sin comprender nada pero las órdenes tan directas las captaba a la primera, se puso rápidamente los vaqueros.
- Está bien. ¡Qué coño está pasando aquí!
- Lo que está pasando es que vamos a secuestrarte –anunció Scott, triunfal.
Pero el anuncio no tuvo el mismo efecto en su amigo:
- ¿Qué?
- Mañana te casas –aportó Lydia, pese a que ya lo sabían todos-. Tienes que tener un último día de libertad antes de ser condenado al matrimonio. –Las dos parejas de amigos que estaban felizmente casadas la miraron mal, pero ella sólo movió su cabeza para que su melena pelirroja ondeara, en un gesto de indiferencia perfectamente calculado-. Ya sabéis lo que quiero decir.
- Pero no puedo irme con vosotros –intervino el supuesto secuestrado-. Todavía hay que preparar cosas para la boda. Y no puedo dejar a Sara…
- No te preocupes por eso. Yo me quedaré con ella.
La tranquilidad de Derek sorprendió a Stiles, pues bien sabía que el hombre lobo no era fan de las sorpresas. Pero más aún lo hizo cuando Derek se acercó al grupo, ya ataviado con sus propios vaqueros, y le entregó la vieja mochila que Stiles llevaba en el instituto. Al cogerla vio que contenía ropa y un pequeño neceser.
- Espera… ¿Sabías todo esto?
- Por supuesto.
Como Derek no se dignó en aportar un poco más de información a su respuesta tan de Alfa, buscó a Scott para que rellenara los huecos:
- En un principio el plan había sido secuestrarte de verdad, sin decirle nada a nadie…
- Pero siendo el hijo del sheriff y prometido del Alfa –añadió Allison-, intuimos que no era el mejor plan y lo más inteligente sería contárselo antes a Derek.
- ¿Y te parece bien? –preguntó a su prometido.
- ¿Por qué no iba a parecérmelo? Tienen razón. Es tu último día de soltero. Tendrás que aprovecharlo.
- ¿Y qué hay de ti?
- ¿Qué va a hacer él? –preguntó Isaac, todo ironía-. ¿Celebrar una despedida de soltero con su tío y su hermana? –No se inmutó cuando todos le miraron de mala manera-. Es la verdad.
- Pero…
- Lo tengo todo controlado. Tú sólo diviértete y asegúrate de estar a la hora correcta en el juzgado… -Dejó que sus ojos de Alfa brillaran-. O tendrás que vértelas de verdad conmigo.
- Gracias –sonrió, colgándose de su cuello para abrazarle-. Eres el mejor.
- Eso ya lo sabía.
Stiles iba a responder a la prepotencia de Derek como se merecía, pero antes tuvo la dignidad de avisar a sus amigos… y que seguían esperando a que su secuestrado quisiera marcharse con ellos.
- Chicos –canturreó, todavía sonriendo de oreja a oreja-. A no ser que queráis ver una muestra de afecto en público bastante empalagosa, os recomiendo que vayáis bajando. Enseguida me reúno con vosotros.
Todos se apresuraron en seguir la recomendación de Stiles, salvo una Erica que directamente se apoyó en la puerta para ver mejor.
- ¿Qué? -¿preguntó cuando la pareja se quedó mirándola? -. Siempre he sido admiradora de las muestras de afecto en público… Poniéndome ojitos no me vas a convencer, jefe –se indignó cuando Derek le asesinó con la mirada.
Viendo que así sólo perdían el tiempo, Derek hizo caso omiso de Erica para besar a Stiles como se merecía. Como hubiera deseado hacer en la comodidad de la cama. Pero eso tendría que esperar a cuando ya estuvieran casados.
Una vez rompió el besó Stiles todavía no se reunió con su amiga. Antes tenía que despedirse de la otra personita que vivía con ellos, incluso si ella no era consciente de que su padre se iba a marchar.
Ver dormir a Sara en la cuna le provocó emociones encontradas. No podía ser más feliz por tener a esa preciosidad como sangre de su sangre, pero no dejaba de ser la hija a la que iba a abandonar para irse con sus amigos.
- No vas a abandonarla.
Stiles miró a Derek, sorprendido.
- ¿He vuelto a decir lo que estaba pensando?
- No. Pero no me ha hecho falta –acarició la cabeza de Sara, quien se removió un poco para seguir durmiendo plácidamente-. Ni siquiera se va a dar cuenta de que no estás.
- Eso no ayuda a que me sienta mejor.
Derek sonrió ante el puchero de Stiles.
- Cuando estemos en nuestra noche de bodas y se ponga a llorar, te recordaré esto. A ver si así no te sientes tan culpable.
- Me parece bien –Contempló un par de segundos a su hija y besó su cabeza con cuidado-. Adiós mi vida. Mañana te veo.
Tuvo que ser Derek quien alejó a Stiles de la cuna, pues Erica empezaba a impacientarse. Le agarró de la muñeca y le condujo hasta la puerta, donde la mujer lobo tomó el relevo para asegurarse de que no volviera a despedirse otra vez de su hija.
- Pásatelo bien –le ordenó Derek, ya cerrando la puerta.
- Tú también. –Le dio un último beso-. Nos vemos mañana, prometido.
El Alfa sintió una leve presión en el pecho. Al final iba a echar de menos que le llamara así.
- Hasta mañana, futuro marido.
****************
La despedida de soltero de Stiles fue todo lo que podría pedir. Si no fuera suficiente con estar rodeado de todos sus amigos y poder contarles durantes horas hasta el más mínimo detalle de lo maravillosa que era su hija, siendo un pesado enseñando todas sus fotos; además era la primera vez que estaban todos juntos.
Algo así no sucedía prácticamente desde la boda de Scott, ya que fue terminar el instituto y las ocasiones en que podían estar todos juntos cada vez fueron más esporádicas. Ya fuera por sus respectivos trabajos, el hecho de que ni Boyd ni Erica vivieran en Beacon Hills o que tanto Isaac con sus audiciones (de momento sólo había conseguido salir como secundario en una serie de vampiros y en otra de zombies) como Lydia y las conferencias que daba por todo el mundo sobre sus últimas investigaciones, era prácticamente imposible que todos coincidieran. Y aunque hubieran estado todos juntos cuando Sara nació o el día que anunciaron que estaba embarazado, entonces el bebé había acaparado toda la atención.
Ahora que Sara no estaba, y tras ahogar sus remordimientos de ser un mal padre por haberla dejado con unas cuantas cervezas que Scott le obligó a beber (para eso están los amigos), todo fue como volver al pasado. Como si acabaran de salir de clase y estuvieran charlando sobre lo que iban a hacer el fin de semana… y que generalmente se acababa convirtiendo en el plan de cómo detener al último monstruo que había llegado a Beacon Hills.
Afortunadamente hoy no tenían nada de eso, lo que les dejaba total libertad para divertirse y no pensar en preocupaciones. Por ejemplo, yendo a Jungle, aquel local frente a cuya puerta Stiles intentó decirle por primera vez a su padre que era gay.
Fue entrar en el Club y viajar al pasado. Especialmente cuando fue Danny quien les dio la bienvenida con un efusivo abrazo. Desde que se hubiera casado y regentara con su marido el local, apenas había coincidido con ellos por la cantidad de trabajo que le exigía. Por ello, apenas supo de los planes para su despedida, fue el primero en sugerir que fueran allí, prometiéndoles un par de rondas gratis.
Esta vez, afortunadamente, no le pidieron el carnet cuando se pidió un ron con cola, y la cosa mejoró aún más cuando el camarero le guiñó el ojo tras servir la primera ronda de chupitos. Y le daba igual que Isaac dijera que iba a chivarse a Derek por ponerle ojitos a los camareros. Tanto sus amigos como su propio prometido sabían que ni borracho engañaría a Derek, entre otros motivos porque las comparaciones eran odiosas y en casa tenía a un auténtico diamante.
Así pues, Stiles se divirtió como nunca, recordando los viejos tiempos en los que creía que iba a morir virgen, y maravillándose de lo mucho que había cambiado su vida desde entonces.
- ¿Os podéis creer que me voy a casar? Parece que fue ayer cuando éramos unos mocosos cuya única preocupación era ser titulares en el equipo de lacrosse.
- Sí. Pero a raíz de que me convirtiera en hombre lobo nuestras prioridades cambiaron bastante.
- ¿Has pensado alguna vez en todo lo que le debo a Peter? Sí él no te hubiera mordido, Derek jamás habría vuelto a Beacon Hills y no le habría conocido… Y ahora no tendría una hija.
- Por tu propio bien, no le digas jamás eso a Peter o su ego explotará.
- No es verdad.
- ¿El qué? –preguntó a Boyd, que era quien había hablado.
- Aunque Peter no hubiera mordido a Scott, Derek habría vuelto a Beacon Hills para reunirse con su hermana. Y en el caso de que su familia no hubiera muerto en el incendio, Derek jamás se habría marchado a Nueva York. Y tarde o temprano os habríais acabado encontrando porque, tal y como sois, sería imposible que no supierais el uno de la existencia del otro. Estabais predestinados. Siempre lo habéis estado, no importa lo que ocurriera.
Stiles tuvo que mirar al resto del grupo para asegurarse de que sí: que el hombre lobo que hablaba incluso menos que su Alfa, acababa de soltar semejante discurso.
- Joder, Boyd. Eso es precioso.
- Mi maridito siempre sabe qué decir en el momento justo…
- Y tú nunca sabes cuando callarte –apostilló Boyd.
- Exacto –Erica le guiñó un ojo-. También estábamos predestinados.
- Un brindis –propuso entonces Scott, poniéndose en pie y alzando su copa- Por el destino.
El resto de amigos le imitaron y chocaron sus copas.
- Por el destino.
