Hola a todos! Espero que pasaris un feliz San Valentín y me echarais lo suficiente de menos como para leer este capítulo enseguida.
Proximo capitulo programado para el sabado.
A leer :)
La historia pertenece a Adriana Rubens y los personajes a Thomas Astruc. Mío solo es el tiempo que invierto en hacer esta adaptación.
Capitulo 25
Hansson's Club era un afamado club de boxeo situado en Covent Graden, a orillas del Támesis, frecuentado exclusivamente por miembros de la alta sociedad.
Su propietario, Erik Hansson, era un inmigrante sueco llegado a Londres cuarenta años atrás. Era una imponente figura de dos metros de puro musculo coronado por una cabeza tan calva como una bola de billar. Tras hacerse un nombre en aquel mundillo por ser invencible en todas las peleas, se había retirado para fundar ese prestigioso establecimiento.
Adrien siempre se había tomado el boxeo como un medio para liberar estrés y mantenerse en forma, pero en los dos últimos días había acudido mañana y tarde, acuciado por la necesidad de aplacar la furia que lo consumía por dentro.
Lord Agreste, siempre es un placer verlo por aquí – saludó con un suspiro el mismísimo señor Hansson -, pero mi negocio empieza a resentirse a causa de sus visitas.
El club estaba vacío. Después de pasar dos días derrotando de forma contundente a cuantos adversarios se le ponían delante, Adrien se había convertido en una figura a la que evitar.
¿No ha pensado en convertirse en boxeador profesional? – preguntó el sueco, entusiasmado por la idea -. Con los puños que tiene y el instinto asesino que ha desarrollado últimamente, con un poco de entrenamiento podría llegar lejos.
Adrien ni siquiera se molestó en contestar. Había ido a machacar a alguien, a agotar hasta la extenuación cada musculo de su cuerpo y a despejar su mente. Solo así podía dejar de pensar en Marinette.
¿Con quien voy a enfrentarme hoy? – preguntó impaciente.
Ese es el problema – musitó el señor Hansson -. Ninguno de los miembros del club quiere pelear contra usted. Aprecian sus caras. En cuanto lo han visto venir han salido en tropel.
¿Me esta diciendo que no puedo pelear con nadie? – preguntó Adrien, incrédulo.
Mi sparring no se ha presentado a trabaja porque aun se está recuperando de la paliza de ayer – explicó el sueco -, así que…
Yo me enfrentaría contigo – dijo una voz conocida a sus espaldas -, pero valoro demasiado mis manos. Si me rompo los puños contra tu dura cabezota, mi trabajo puede resentirse.
Luka. No había vuelto a verlo desde la noche en que atendió a pequeña Mary.
Tengo un amigo al que le encantaría darte unos cuantos puñetazos – continuó diciendo con una sonrisa, cabeceando hacia la derecha -, aunque me temo que no es miembro del club.
Cuando Adrien miró en la dirección en la que le indicaba su hermano se le tensó todo el cuerpo.
Nino Lahiffe.
Debo señalarte que tu gusto para elegir amigos es pésimo.
Pues yo debo decirte que tienes un gusto exquisito en la elección de mujeres – apuntó Luka con sinceridad.
Adrien pensó que era mofa y fulminó a su hermano con la mirada.
Ojo con lo que dices si quieres conservar esa preciosa cara por la que suspiran todas – advirtió con un gruñido.
El señor Hansson intentó intervenir.
Las reglas del club no permiten la entrada de caballeros que no sean socios.
Hágalo socio – decretó Adrien.
Pero…, pero… Debería abonar a tarifa anual y estar recomendado por dos miembros del club.
Yo pago encantado y lo recomiendo – aseveró con voz suave el marques de Chat Noir, deseoso de enfrentarse a él.
Y yo le doy la segunda recomendación – añadió Luka con una sonrisa.
Siendo así, por mí no hay inconveniente. Yo arbitro.
Los hombres se prepararon para la pelea. Aunque guardaban silencio, sus miradas expresaban a gritos la animosidad que sentían. En una esquina, un muchacho del club ayudaba a Adrien con los guates; en la opuesta, Luka hacía lo propio con Nino.
Aquí los caballeros pelean según las reglas del marqués de Queensberry – explicaba mientras tanto el sueco a Nino -. Es obligatorio el uso de guantes. Respecto a las normas, baste saber que no están permitidos los golpes de cintura para abajo, y que no debe golpear a su contrincante cuando este de rodillas o en el suelo.
¿Has boxeado alguna vez? – preguntó Luka a Nino, mirándolo con lastima, justo antes de que empezara el asalto.
El primer derechazo de Nino impactó de lleno en la mejilla de Adrien y le hizo tambalearse.
He practicado un poco con Ivan – reconoció Nino con una sonrisa de satisfacción y un guiño cómplice.
Con el siguiente puñetazo, Adrien le borró la sonrisa de la boca. Estaba furioso; sentía deseos de descuartizar a aquel hombre. No tuvo piedad. Durante los tres minutos que duró el asalto encajó una serie de golpes contundentes contra Lahiffe, que trataba de defenderse como podía. Cualquier hombre normal estaría ya contra la lona, pero en cambio aquella rata rastrera resistía.
Cuando Hansson anunció un descanso de un minuto, Nino suspiró aliviado.
Tu maldito hermano es una bestia – aseguró a Luka, impresionado a su pesar -. Quien iba a pensar que un señorito que anda como si tuviera un palo en el culo golpearía de esa manera – jadeó, intentando recuperar el aliento -. Y yo que pensaba darle una paliza…
Siento tener que decirte que el que te está dando una paliza es él, Lahiffe – evidenció Luka, examinándole la cara -. El ojo se te está hinchando tanto que dentro de nada no lo vas a poder abrir, y como te pegue otra vez en la boca puede que tus dientes no lo resistan. Sera mejor que pruebes otra táctica.
¿Y qué sugieres, doc?
En vista de que el enfrentamiento directo no está siendo como esperábamos, tal vez debas probar a razonar con él.
Razona tú – bufó Nino -. Yo ya tengo bastante con intentar sobrevivir sin perder los dientes.
Vosotros, par de genios – gruñó Adrien fastidiado -, no sé si os habéis dado cuenta de que lo estoy oyendo todo. Y no estoy de humor para razonar. Me estáis sacando de mis casillas. Tan solo quiero aplastar a esa cucaracha de una vez por todas y, ya puestos, hacer un favor a las féminas de la sociedad y estropear un poco ese bonito rostro.
-¿Lo de cucaracha vapor ti o por mí?
-Me temo que por ti, Lahiffe. -Luka sonrió -. Yo soy el de la cara bonita. Pero tranquilo; seguiremos el plan acordado.
-¿Plan? ¿Qué plan?
- Tu intenta sobrevivir…; yo intentaré razonar.
Hansson anunció el segundo asalto.
Los dos contrincantes bailaron sobre la lona, girando, retrocediendo, adelantándose, como en una coreografía bien ensayada.
Cuando Adrien estaba preparado para asestar el primer puñetazo se dejó oír la voz de Luka:
-¿Sabes, Adri? Realmente dije en serio lo de que tienes muy buen gusto para las mujeres, Marinette es extraordinaria.
La única reacción visible que provocó ese comentario fue que Adrien atacó con más furia a Nino.
-El plan no funciona – gruñó Adrien, esquivando un derechazo.
-Es hermosa, inteligente, educada… Todo lo que un hombre podría desear – continuó Luka -. Pero ante todo, es la mujer más generosa y altruista que he conocido, capaz de alejar de si al hombre al que ama con tal de protegerlo.
-¿De que hablas? – gruñó Adrien sin perder de vista a Nino, que acababa de esquivar otro de sus golpes.
Aquella rata de alcantarilla se movía muy rápido.
-Lo que trato de decir es que, a pesar de que sin duda es mejor persona que tu – explicó Luka con retintín -, se siente inferior y no quiere cargarte con un matrimonio que podría terminar en escándalo.
-¿Eso es cierto? – preguntó Adrien a Nino, con un puño amenazador.
-El beso que presenciaste fue lo único que hubo entre nosotros – reconoció Nino con una mueca -, y lo pusimos en escena con una única finalidad.
-Apartarme de ella – concluyó Adrien con un murmullo ronco.
Mierda, pensó tras reflexionar durante unos segundos. Tenía que verla. Tenía que hablar con Marinette. Sintió que su cuerpo se llenaba de energía, y que el alivio y la paz se adentraba poco a poco en su corazón. Después de dos días de oscuridad, finalmente atisbaba la luz.
Y esa luz era ella.
Vio la cara de Nino Lahiffe delante de él sonriéndole como un idiota, y actuó sin pensar. Con un tremendo gancho de derecha lo tumbó directamente.
-Joder, ¿a que demonios ha venido eso? – preguntó el hombre desde el suelo, moviendo la mandíbula con precaución para ver si se la había fracturado.
-Te lo debía por el beso que le diste – adujo Adrien con el ceño fruncido -. Como se repita, despídete de los dientes – advirtió con voz gélida -. Y ahora, si me disculpáis, voy a buscar a prometida para dejar claras unas cosas.
-Bueno, ese es el problema – gruñó Nino con preocupación.
-Lahiffe no la encuentra por ningún sitio; por eso fue a buscarme para que mediara en este encuentro – explicó Luka.
-Si la tiene Hawk Moth, cualquier ayuda es poca – declaró Nino -. Necesito que me ayudes a encontrarla.
- No la tiene Hawk Moth – afirmó Adrien con tranquilidad.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?
-Conozco a Marinette desde que era una cría, y con los años he llegado a desarrollar cierto…afecto por ella – dijo, sin poder expresar todavía en voz alta la profundidad de sus sentimientos -. ¿En serio creéis que no le proporcionaría protección solo por sentirme despechado?
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