Capitulo veintisiete
Bella POV
La llamada se cortó y yo me quedé con el teléfono entre mis manos… temblando y esperando que fuese verdad lo que me había dicho y todo se acabase cuanto antes.
Después de unos minutos en trance, mirando el teléfono entre mis manos, esperando inconscientemente que volviese a sonar y fuese su voz la que me hablase al otro lado… me puse en pie con dificultad, caminé hacia la puerta y antes de abrir recordé que había dejado a Rose y a Emmett solos, así con suavidad y evitando hacer cualquier tipo de ruido giré el pomo lentamente… cuando la puerta tuvo una rendija abierta lo suficiente grande como para que pudiese ver me asomé con cautela… sé que estaba mal, ¡estaba espiando por el amor de dios! Pero mi amiga y Emmett habían llegado a un punto casi absurdo, se les notaba a ambos que se gustaban, solo que ellos solos estaban complicando las cosas por su falta de comunicación, necesitaban un empujoncito y si las cosas no se aclaraban pronto sería yo la que aclarase todo, pero nada de empujoncitos no… los tiraba directamente al precipicio y que se apañaran después ellos con sus sentimientos.
Asomé el ojo por la rendija y me quedé paralizada… ¿pero cómo? No daba crédito a lo que estaba viendo… yo pensando en darle el empujón definitivo y ellos… ¡se estaban besando! Eso definitivamente era algo bueno, estaba por salir sigilosamente de la habitación y dejarles un poco de intimidad cuando me di cuenta de una cosa… ¡Estaban sobre mi cama! Yo tendría que dormir ahí luego y ellos prácticamente estaban haciéndolo sin desnudarse. ¡Se acordarían de quien es Bella Swan! abrí la puerta del todo y me puse a los pies de la cama con los brazos cruzados. Carraspeé para llamar su atención… una vez… dos veces… tres veces… ya enojada comencé a llamarlos por su nombre.
– Emmett… Rose… Emmett… Rose… –ni caso… ¿Acaso era más interesante el contenido de sus estómagos?
Esto era embarazoso… ¿qué tendría que hacer para separarlos y que me escuchasen? Se me ocurrió una idea… era una broma un poco pesada, pero ellos se lo habían buscado. Fui de nuevo al baño y llené un vaso de agua, regresé a la habitación y volví a darles una oportunidad antes de proceder.
– Rose… Emmett… Rose… Emmett… –creo que si intentase hablar con las paredes tendría más atención.
Al no conseguir ningún tipo de respuesta por su parte, más que el sonido de sus labios al succionarse… ¡ew! Me acerqué a un lateral de la cama y vertí el contenido del vaso sobre sus cabezas…
– ¡FUEGO! –grité a todo pulmón.
Ambos pegaron un alarido y se incorporaron sobresaltados, yo los miraba con una sonrisa enorme y ellos comenzaron a decir todo tipo de improperios.
– ¿Tenéis algo que contarme? –pregunté con inocencia.
– ¿Estás loca? –Gritó Rosalie– ¡Mira mi pelo!
– ¿Pero que haces Bella? –preguntó Emmett irritado.
– Creí que de un momento a otro os daría un combustión espontanea… –contesté encogiéndome de hombros.
– ¿Y por eso has necesitado mojarnos? Haberte ido y nos dejabas tranquilos –bramó Rosalie.
– Rose cariño… –dije con dulzura– ¡Estáis en mi cama!
Ambos enrojecieron y comenzaron a mirar sus manos visiblemente nerviosos.
– ¡Fuera de aquí!... los dos –les pedí. Cuando iban a mitad de camino los llame y los dos se giraron en mi dirección– me alegro mucho por vosotros… ya iba siendo hora.
Sonrieron avergonzados de nuevo y salieron de la habitación. En cuanto la puerta se cerró me dejé caer sobre la cama y suspiré… ahora Rose y Emmett estaban juntos, me alegraba mucho por ellos, pero a la vez me daban envidia, ellos sí podían estar juntos, no había nada que impidiese que se besasen y que durmiesen uno al lado del otro. Sabía que me estaba comportando como una mala amiga al sentir envidia de Rosalie, pero no lo podía evitar… yo amaba a Edward y no podíamos estar juntos… era injusto.
Los días fueron pasando lentamente… Kate me dijo que lo único que tendría que hacer era quedarme en la casa… no podía salir ni al jardín. Se suponía que nadie debía saber donde estaba, ni si quiera mi familia. Sólo los Cullen y por supuesto Edward, sabían cuál era mi verdadero paradero.
Me sentía como Rapunzel encerrada en lo alto de la torre de un castillo esperando a que su caballero viniese a rescatarla. La mansión en la que me encontraba era lo suficiente grande para parecer un castillo, y la ventana de mi habitación estaba en un cuarto piso… las similitudes eran demasiadas… hasta Edward parecía el príncipe de ensueño de cualquier cuento de hadas.
Emmett y Rose me hacían compañía y salían de vez en cuando a comprar todo lo que necesitaba… poco a poco pasó una semana y luego dos… yo me sentía encarcelada. Tenía todo lo que necesitaba, ropa, comida, agua y productos de higiene, una televisión, un ordenador con conexión a internet… pero me faltaba algo: libertad… y los más importante: Edward. Habíamos hablado unas cuantas veces más a lo largo de esas semanas, y la tónica de nuestras conversaciones era prácticamente igual. Entre "te amos" "te echo de menos" e "iré a buscarte pronto" pasaban los minutos. Siempre acaba llorando y suplicándole que hiciese todo lo posible para que todo acabase cuanto antes y él me lo prometía después de jurar que haría pagar a Tanya por todo.
En la televisión y en internet podía ponerme al día de todas las noticias sobre Edward… y no me gustaba nada ver fotos suyas con Tanya casi en cualquier lugar. En una ocasión incluso llegué a reclamarle a Kate pera que me explicara que estaba pasando exactamente, porque simplemente no se alejaba de ella y ya… Kate me explicó que la policía estaba de por medio, había varias denuncias contra Taya, algo que me asustó, y solo estaban esperando el momento adecuado para detenerla. Edward simplemente estaba interpretando un papel para que ella no sospechase nada y todo fuese lo más normal posible. Lo entendí, aunque me costaba aceptar que Edward tuviese que estar a su lado, intenté hacerme a la idea de que eso era un trabajo más, como cuando hacía sus películas, pero que la que recibía sus abrazos y Besos fuese Tanya no me ayudaba a verlo de ese modo.
Por otro lado Kate me trataba muy bien, era como una madre, al veces al estar con ella recordaba a Esme e inevitablemente también a Renée… siempre estaba preocupada de que tuviese todo lo que necesitaba y me encontrase cómoda. Y en una ocasión llegó a confesarme que no había conocido a nadie mejor para Edward que yo. Me hizo sonrojar, ella amaba a Edward como su hijo y que me aceptase sin condiciones era importante para mí.
Hoy había sido un día largo… había hecho calor y demasiado sol, aunque solo pude disfrutarlo en la terraza y bajo unas enormes gafas de sol que ocultaban prácticamente mi cara, pero algo era algo, al menos pude disfrutar de la brisa fresca y ver los árboles que rodeaban la gran mansión. No era muy tarde, apenas las nueve, pero ya había cenada y me había leído todos los libros que había en la casa… leer no sería la palabra adecuada, más bien devorar... sí esa sí era la exacta. Me fui a la cama y me quedé mirando al techo durante unos cuantos minutos, simplemente no pensando en nada… o al menos intentándolo. Cuando me encontraba sola y sin nada que hacer era cuando echaba más de manos a Edward, hacía ya unos días que no hablábamos y necesitaba al menos oír su voz.
No recuerdo cómo pero me quedé dormida, estaba soñando algo maravilloso, estaba entre los brazos de Edward, su aroma me envolvía y sus labios dejaban cientos de besos por mi rostro y mi cuello. Me sentía estremecer entre sueños, suspiraba y repetía su nombre una y otra vez. Un escalofría recorrió mi espalda cuando su húmeda lengua jugó con el lóbulo de mi oreja, y aunque no quería que acabase el suelo llegó a su final. Abrí los ojos y me vi envuelta por la oscuridad… todo había sido un sueño, muy real pero solo un sueño.
Pateé las mantas e intenté levantarme pero había algo sujetándome la cintura que me lo impedía, intenté forcejear pero era inútil, no podía deshacerme de esa presa… oí un risas a mi lado y me paralicé.
– Hola dormilona –susurró aquella voz en mi oído.
Me estremecí y cerré mis ojos con fuerza. Tenía que estar soñando todavía… eso no podía ser verdad. Me giré lentamente y encendí la lámpara que había sobre una de las mesitas de noche, volví a girarme para enfrentarme a la verdad y esos dos pozos esmeraldas me miraban con una alegría infinita. Mis ojos se llenaron de lágrimas y no tarde en sentir sus brazos rodeándome, me acomodé en su pecho y dejé que el dolor que había pasado por estar alejados se fuese de mi pecho, estaba con él, con Edward… ya nada más importaba mientras pudiésemos seguir estando juntos.
– Amor… no llores más por favor –susurró en mi oído.
– ¿Qué haces aquí? –pregunté entre sollozos.
– He venido a verte… no podía soportarlo más.
– ¿A verme? ¿Sólo has venido a verme? –pregunté asustada.
Edward suspiró y se sentó en la cama, lo imité y me puse a su lado, no tardó en tomar mis manos entre las suyas y me miró a los ojos.
– Las cosas no son tan fáciles como lo parecían en un primer momento –explicó– Jasper y Garrett están poniendo todo de su parte, pero Tanya es más lista de lo que creían.
– ¿Jasper y Garrett? –pregunté sorprendida.
– Garrett es un agente del FBI que tiene adjudicado el caso de Tanya en Los Ángeles – ¿FBI? –mis ojos se abrieron desmesuradamente.
– Sí… pero ¿Sabes qué? No me apetece hablar de todo es ahora –dijo acercándome a su pecho.
– ¿Y que te apetece hacer entonces? –pregunté con inocencia.
– He estado demasiado tiempo sin ti… sin tus besos… no te imaginas cuanto te he echado de menos –dijo enterrando su cara en mi pelo– necesitaba verte… no sabes cuánto… aunque solo fuese para dormir a tu lado como lo estaba haciendo ahora.
– Edward… –susurré.
Después me acerqué y me senté sobre él a horcajadas. Enredé mis brazos en su cuello y lo atraje hacia mí, hice que nuestros labios se uniesen, un beso dulce, tierno… corto, demasiado corto. Volví a besarlo, una vez, otra vez… nuestros labios se abrieron y nuestras lenguas se unieron por fin… lo había echado tanto de menos…
Sus manos se deslizaban por mi espalda bajo la camiseta de Emmett que utilizaba para dormir, hacia demasiado calor para utilizar un pijama. Sus dedos delineaban mi columna, enviando descargas eléctricas por todo mi cuerpo, sus labios se deslizaban por los míos y su lengua luchaba con la mía. Era una batalla de dos, ambos queríamos ganas y ninguno perdería.
Suspiré cuando los labios de Edward descendieron por mi cuello, hizo a un lado el cuello de la camiseta dejando uno de mis hombros al descubierto, mordisqueó suavemente la piel sensible de ese lugar y no pude acallar el gemido que escapó de mis labios. Edward sonrió contra mi piel y yo casi desesperada comencé a desabrochar los botones de su camisa… la hice desaparecer en unos pocos segundos, para poder deleitarme una vez más con el perfecto pecho de Edward.
Comencé a besarlo con más pasión, intentando borrar con mis besos todo rastro de Tanya que pudiese haber en él, me obligaba a creer que era solo trabajo, pero aun así quería dejar una huella en él que ni ella misma pudiese borrar después. Edward metió las dos manos bajo mi camiseta y me la quitó por la cabeza, no llevaba sostén y mis pechos se balancearon frente a su cara, sonrió y me dedicó una de sus miradas más picantes… tanto que sentí como mis braguitas se humedecían casi al instante. Se abalanzó a besar mis pechos, mis pezones recibieron sus labios endureciéndose ante el contacto. Arqueé mi espalda y eché mi cabeza hacia atrás haciendo que mi entrepierna se frotase con la suya.
Edward gimió y mordió mi pezón con fuerza, algo que me hizo gritar, pero no precisamente de dolor. Me sujetó por la cintura con fuerza y nos hizo girar quedando él sobre mí, se apartó y me miró a los ojos sonriendo con esa sonrisa que solo él sabía lo que me provocaba y sin decir ni una sola palabra comenzó a besar mi piel descendiendo lentamente por mi cuerpo. Cuando llegó a mi cadera siguió bajando por una de mis piernas hasta llegar a mi tobillo.
– Te amo –susurró besando mi pie.
Siguió besando hasta que se introdujo mis dedos en su boca… su lengua jugaba con ellos haciéndome cosquillas, pero a la vez estaba despertando algo mí que no creí que fuese posible solo con lo que estaba haciendo. En seguida cambió de pie y comenzó a darle la misma atención al otro, yo suspiraba, mientras una de sus manos acariciaba mi pantorrilla y ascendía lentamente, después fue su boca la que siguió el rumbo de su mano, y al llegar a mi rodilla la cara interna de mi muslo fue la que recibió toda su atención.
Yo suspiraba y retorcía, su lentitud me estaba desquiciando, pero a la vez me estaba resultando una tortura de lo más placentera. Abrí mis piernas sin prácticamente darme cuenta y Edward sonrió mientras colocaba sus manos a ambos lados de mis caderas. Continuó con sus besos hasta mi ingle, y sin darme tiempo a procesar lo que estaba haciendo, comenzó a besar mi sexo sobre mi ropa interior que para ese entonces estaba prácticamente empapada. Gemí cuando su lengua trazó la línea de mis labios… humedeciendo más la fina tela si es que eso era posible. Mordisqueó mi clítoris y sentí que podría desmayarme de un momento a otro con tanto placer.
Casi con violencia me quitó las pequeñas braguitas negras que me cubrían y atacó mi sexo con su lengua sin compasión. Me aferré a las sábanas con ambas manos y de mi boca solo salían gemidos y jadeos entrecortados. Uno de sus dedos comenzó a penetrarme de inmediato, y con esa simple intrusión sentí como mi cuerpo respondía, como mis entrañas se contraían y se retorcían haciendo que casi perdiese el sentido ante el orgasmo que me estaba atacando.
Edward se separó un poco de mí y oí como desabrochaba su pantalón y lo bajaba hasta sus rodillas, con urgencia se acercó hasta mí y se colocó entre mis piernas. Con mis pies comencé a bajarle el pantalón y enseguida acabó en un punto indefinido de la habitación.
ME quedé sin respiración cuando su miembro me penetró de un solo golpe, y se quedó inmóvil en mi interior. Abracé a Edward por la espalda y busqué sus labios frenéticamente. Los encontré y los devoré con hambre, lo necesitaba… moví mis caderas dándole permiso para que comenzase a moverse pero no me hizo caso, continuó besándome mientras estaba quieto sobre mí.
Nos volvió a hacer girar sin salir de mí y yo quedé sentada sobre él de nuevo a horcajadas, me incliné hacia delante y volví a besar sus labios mientras sus manos se apoderaban de mis pechos, masajeándolos y pellizcándolos sin compasión. Comencé a moverme sobre él, Edward llevó sus manos a mis caderas ralentizando el ritmo y en seguida conseguimos un vaivén acompasado que nos hacía gemir a los dos.
Cuando me acercaba a su boca para besarlo enredaba una de sus manos en mi pelo agarrando mi nuca con fuerza y aprisionándome contra él. Yo me moví cada vez con más velocidad y fuerza, Edward acompañaba mis movimientos con unas suaves embestidas de sus caderas que hacían que llegase todavía más a dentro, llenándome por completo. Gemí y grité su nombre cuando sentí que mi orgasmo estaba cerca.
Edward me agarró de las manos y las inmovilizó en mi espalda, hizo que me tumbase sobre su pecho, y fue él el que comenzó a embestirme con fuerza. Yo gritaba contra su cuello e intentaba liberar mis manos para acariciarle, pero no me lo permitía.
– Córrete –susurraba– quiero que te corras mi amor.
Una ola de frenesí me nublo la vista y sentí como mis paredes hacían a Edward prisionero en mi interior, sentí como esa ola recorría todo mi cuerpo y llegaba hasta lo más profundo. Colapsé sobre Edward, él también se quedó inmóvil abrazándome… solo nuestra respiración acelerada y nuestros corazones desbocados rompían el silencio de la habitación.
– Te amo… te amo… te amo –lo oía susurrar contra mi pelo.
– Yo también te amo –contesté con voz entrecortada.
