Cora se levantó una hora antes de que sonara el despertador. Por primera vez en años había puesto la alarma para asegurarse de contar con el tiempo suficiente para preparar a Sara y arreglarse, antes de poner rumbo a los juzgados. Y no es que fuera de esas personas que necesitaban horas para estar lista, pero no dejaba de ser la boda de su hermano. Aunque luego se arrepintiera, cuando el resto del mundo llegara tarde, ella quería disfrutar todo lo posible de ese día único.
Además del hecho de que contar con tiempo extra también servía para solucionar pequeños imprevistos de última hora… Como era encontrarse con su hermano ya despierto y con cara de llevar unas cuantas horas así, de pie junto a la cuna de Sara.
La menor de los Hale agudizó sus sentidos para escuchar el latido de Derek. Que su pulso estuviera desbocado, pese a ser en parte algo normal en el día de su boda, no la tranquilizó mucho. Dirigió entonces la vista al sofá, donde Peter seguía durmiendo, y quiso odiarle por estar tan relajado cuando a pocos metros tenía a su sobrino pasando por un momento complicado. Pero por otro lado, su tío ya había demostrado con creces que se preocupaba por Derek, así que esta vez tendría que ser ella quien se hiciera cargo de la situación.
Y a fin de cuentas era su hermana. Aunque fuera la pequeña y en teoría era él quien debía cuidar de ella, estaba bien cambiar las tornas de vez en cuando.
- Dime que no estás martirizándote y pensando en el pasado –fue su directo saludo.
Era la ventaja de ser hombres lobos y encima apellidándose Hale: sabían darle la importancia justa a las muestras de cortesía cuando tenían entre manos algo más importante.
Derek no se dignó en mirarla, pero al menos tampoco trató de negar la evidencia:
- Resulta complicado no hacerlo.
- ¿Por qué? Tú más que nadie merece ser feliz. Y qué mejor momento para serlo que en el día de tu boda.
- Ese es el problema. –La sonrisa que trataba de mostrar estaba teñida de tristeza-. Todavía no me puedo creer que vaya a pasar de verdad. Es como si estuviera esperando a que ocurra algo que me impida casarme…
- ¿Crees que Stiles no se va a presentar?
- Claro que no. Sé que él no tiene dudas –Su sonrisa se volvió fanfarrona-. Y si las tuviera, sabe lo que le espera como no aparezca.
- ¿Entonces?
- No estoy acostumbrado a que las cosas me salgan bien.
- ¿En serio? –exageró la ironía-. Porque si no me equivoco, eres la misma persona que resulta ser el padre de este precioso bebé y que lleva años junto a un hombre que le quiere con locura… Ya tendrías que haberte acostumbrado.
- Pues no lo he hecho –suspiró a su pesar-. Desde el momento en que empecé a salir con Stiles me pregunté cuánto duraría. Cuándo aparecería alguien o algo que me lo arrebatara… Los primeros días que dormí a su lado no pude pegar ojo; me pasaba la noche vigilándole, asegurándome que estaba a salvo.
- Y yo que confiaba en que ya habías superado tu fase de acosador.
- Ya no lo hago… -Su hermana alzó una ceja, observando con descaro la cuna-. Ya no lo hago tanto –corrigió.
- Supongo que ese es el inconveniente de querer de verdad a alguien –se mostró un poco más amigable-. Que siempre vas a tener ese miedo de perderle.
- Pero mi miedo está justificado. Ya perdí a alguien a quien quería en el pasado. Más de una vez.
- Esta vez no lo harás.
- ¿Cómo puedes estar tan segura? Los Hale eran la manada más poderosa de California y una de las más fuertes de todo el país. Y de ella sólo sobrevivimos tú, Peter y yo. Y Peter casi no lo cuenta.
Viendo lo bien que estaban yendo la cosa, Cora optó entonces por un cambio de estrategia:
- Tienes razón. No puedo estar segura. Tal vez mañana aparezca una nueva manada con ganas de guerra porque el Alfa de Beacon Hills se ha casado. O incluso puede que se presenten al banquete de esta tarde, cabreados porque no les has invitado y protagonicen su propia versión de la Boda Roja. O qué demonios, puede que ni siquiera llegues a casarte porque de camino al juzgado tengamos un accidente.
Derek tardó en encontrar las palabras, completamente descolocado.
- ¿Así es como pretendes animarme?
- Si algo he aprendido con todo lo que hemos vivido, es que la vida puede darte un revés en cualquier momento. Para bien o para mal. Durante años viví creyendo que estaba sola y que toda mi familia murió en el incendio. Y un día, de repente, volví a encontrarte. Y ahora soy tía de la niña más bonita del mundo… Qué quieres que te diga, me gusta cómo están las cosas y me da igual lo que dure: un día, una semana, un año o cincuenta. Pienso disfrutar de esa felicidad. –Le dio un par de palmaditas en la mejilla-. Y tú también deberías hacerlo.
- ¿Y no es injusto que sea feliz sabiendo…?
- Que mamá y papá no están aquí –terminó por su hermano. Derek asintió-. Todo lo contrario. Porque si ellos se sacrificaron por nosotros, tenemos que esforzarnos para seguir adelante.
- Pero ellos no se sacrificaron. Si murieron fue por mi…
- Más te vale que no termines esa frase, o te juro por Dios que te doy un puñetazo. Y me da igual que sea el día en que vas a casarte.
El insulto consiguió que Derek sonriera de verdad por primera vez.
- Tú sí que sabes dar ánimos.
- Ventajas de hermana pequeña. Ahora, ¿te importa empezar a moverte? Porque ya llevamos un buen rato perdiendo el tiempo y no me gustaría que llegaras tarde a tu boda.
- Sólo tardo media hora en cambiarme.
- Pero yo necesito más tiempo para estar presentable.
- ¿En serio? ¿Tú? –La pregunta estaba llena de sarcasmo-. ¿Desde cuándo actúas como una mujer?
Cora observó a su hermano, usando la técnica familiar de asesinar con la mirada.
- Ya van dos. A la tercera te la ganas.
- Anotado queda. –Le dio un beso en la mejilla, seguido de un cálido abrazo-. Pero antes de empezar a prepararnos, toca alimentar a las bestias.
- ¿Stiles deja que llames así a tu hija?
- No me refería a Sara –dijo, dirigiendo la vista al sofá, donde Peter Hale comenzaba a desperezarse-. Qué mejor manera de empezar este día que desayunando todo los Hale juntos.
La menor de los Hale (con permiso de Sara) no podía estar más de acuerdo.
**********
A la entrada de los juzgados Derek esperaba ansioso la llegada de su tío. Justo cuando estaban saliendo del loft Peter había dicho que tenía que pasarse por su apartamento para recoger una cosa y él no le había dado ninguna importancia… Hasta que al llegar al juzgado y ver que ya estaban todos allí (salvo el otro novio, pues Stiles le había prometido que llegaría elegantemente tarde) recordó que Peter era el encargado de los anillos. Lo que significaba que esa "cosa" que tenía que recoger eran las alianzas. Sin las que no podrían casarse.
Para rematar la cosa Jackson se había presentado en los jugados recién llegado del aeropuerto, asegurando que por nada del mundo se iba a perder la boda de su Alfa. Y aunque fuera toda una sorpresa tener a su primer Beta en un día tan especial, también sabía que no iba a perder ninguna ocasión para convertirse en el centro de las miradas; como señalaba el hecho de que estuviera incluso más elegante que Derek, quien había optado por combinar el negro del traje con el de la camisa, sin llevar siquiera corbata. Así, por mucho que el Beta parecía haber madurado, como atestiguaba el hecho de que estuviera hablando cordialmente con sus compañeros de instituto, sabía que en ese sentido Jackson era tan peligroso como Erica a la hora de decir lo que pensaba en todo momento. Y para qué mentir, tener a dos personas con esa habilidad en un día que iba a ser una auténtica montaña rusa de emociones, no era precisamente tranquilizador.
Incapaz de disimular su nerviosismo, sobre todo cuando la mitad de los invitados podían captar el latido frenético de su corazón, no tuvo más remedio que salir del pequeño salón en el que se oficiaría la ceremonia. Pero una vez fuera los nervios no desaparecieron. Todo lo contrario. Si alguien le ofreciera un cigarro en esos momentos, empezaría a fumar sin dudarlo.
Por fin, diez minutos después y cuando ya estaba a punto de tener un infarto, un taxi aparcó frente a él dejando salir a Peter Hale. Le abordó tan pronto como pagó al taxista.
- Dime que tienes los anillos.
- Tengo los anillos.
Derek hubiera respirado aliviado sino fuera porque, uno: su tío había respondido con esa sonrisita de superioridad que no había perdido con su mitad lobo. Y dos: porque era su tío.
- ¿Qué no me estás contando?
- ¿Nada?
- ¿Te recuerdo que yo sí sigo siendo hombre lobo? ¡Dime por Dios que no has perdido los anillos! -Se llevó las manos a la cabeza, angustiado-. Sólo te pedí que te encargaras de eso… Stiles me va a matar.
- Dice poco de ti que tengas miedo de tu futuro marido. Eso no suena a relación sana… Especialmente para todo un Alfa.
- No estás en la mejor situación para bromear -advirtió.
- Está bien –Levantó las manos en señal de paz-. Para tu tranquilidad, no he perdido los anillos.
- ¿Entonces?
- …He hecho un pequeño cambio.
- ¿Qué significa eso? ¿Qué cambio había que hacer?
Como respuesta Peter sacó del bolsillo interno de su chaqueta una pequeña caja de terciopelo. Derek la abrió en seguida para asegurarse que los anillos estaban dentro… y miró extrañado a su tío.
- No son los que encargué.
- ¿Te gustan?
Los observó con más detenimiento.
- Sí -admitió-. De hecho, casi me gusta más así, en oro blanco, pero… ¿Qué tenían de malo los primeros? Sólo buscaba un par de alianzas. Daba igual el material.
- Lo sé. Pero quería que fueran especiales. Que significaran algo más.
- ¿Y estos lo son?
- Son los anillos que tendríamos que haber llevado Anna y yo.
La garganta de Derek se cerró de golpe.
La sonrisita de superioridad de Peter había desaparecido por completo.
- Ni siquiera sabía que todavía los guardabas –murmuró el hombre lobo.
- ¿Recuerdas el lobo de peluche? Lo encontré el mismo día que fui a buscar los anillos, tan pronto como pude salir del hospital. Temía que alguien los hubiera robado.
Derek podía imaginarse perfectamente a un Peter cubierto de cicatrices por las llamas, rebuscando desesperado entre los restos de la casa donde pereció toda su familia, incluyendo la mujer con la que debería haber formado una. Si Kate no hubiera quemado la casa con su prometida dentro, Anna y él se habrían casado apenas tres meses más tarde.
- Lo siento –susurró Derek.
- ¿Por qué?
- No había pensado en lo difícil que sería para ti este día.
- No está siendo difícil. Y voy a ser tu padrino.
- Tendría que haber sido yo el que fuera a tu boda.
Peter hizo con la mano un gesto de no darle importancia.
- Qué se le va a hacer. A veces ocurren imprevistos que nos trastocan los planes.
- ¿Seguro que quieres que me quede con tus anillos?
- Es lo que ella hubiera querido. Mejor que sean vuestras alianzas y podáis lucirlas todos los días, a que se queden para siempre en su caja.
- Podrían ser tuyas. En el futuro.
- ¿Acaso has conocido a alguien interesado en mí? –bromeó-. Si es así, preséntamela cuanto antes.
- No necesito ser tu celestina... Y aunque ahora no estés con nadie, eso no tiene por qué significar que no debas conocer a nadie más.
El mayor de los Hale sonrió ante el cuidado de su sobrino a la hora de elegir las palabras. Era tan raro que mostrara preocupación de un modo tan abierto, que le resultaba adorable ver que lo hacía con él.
- Lo sé. Esa es una conversación que he tenido conmigo muchas veces. Y supongo que ya estoy listo para dar ese paso. Aunque reconozco que será difícil encontrar a alguien que me haga olvidar a Anna por completo.
- Pero puede darse… Eres un hombre muy atractivo. –Peter abrió los ojos de par en par, sorprendido por el repentino cumplido, y Derek se apresuró en rebajarlo-, incluso para tu edad.
La nueva sonrisa de Peter fue más parecida a la que solía mostrar.
- Gracias, sobrino. Pero si eso llega a ocurrir, ya me encargaré de comprar otros anillos expresamente para la afortunada.
- Entonces, ¿no te importa que Stiles y yo…?
- Si fuera así, no te los habría dado.
Derek apretó la caja de terciopelo en su mano. A continuación, apretó el cuerpo de su tío entre sus brazos.
- Definitivamente, no podría haber pedido mejor padrino.
