La historia pertenece a Adriana Rubens y los personajes a Thomas Astruc. Mío solo es el tiempo que invierto en hacer esta adaptación.
Lo sé, sé que dije que actualizaría el sábado pero en mi defensa debo decir que...mentí. Lo intenté pero no hubo manera. Así que perdonenme y no me castiguen.
A leer :)
Capitulo 26
Tonta, tonta y mil veces tonta, pensó Mari una vez más, golpeando la cabeza contra la almohada.
¿Cómo podía haberse dejado manipular por Alya de ese modo? Cuando su amiga la visitó por sorpresa, un par de horas después de la escenita de la biblioteca con Adrien, estaba tan deprimida, tan hundida, que su sugerencia de pasar unos días fuera le pareció la mejor idea posible. Necesitaba alejarse de Londres y de Adrien todo lo posible para recuperar la cordura y volver a la realidad con entereza. La realidad era que lo había perdido para siempre. Era consciente de que nunca había sido suyo, pero su corazón no lo sentía así. Durante las horas compartidas se había sentido tan unida a el que creyó rozar el paraíso.
Nuevas lagrimas anegaron sus ojos, pero las reprimió con determinación. Debía ser fuerte y enfrentarse a la realidad. Una chica como ella nunca podría aspirar a compartir su vida con el marques de Chat Noir. Y aunque el la amase, que no era el caso, no podría exponerlos a él y a su familia a las murmuraciones y el escandalo si salía a la luz su origen.
Ese pensamiento la hizo gemir y volver a golpear la almohada con la cabeza.
Condenada Alya, pensó por milésima vez.
¿Cómo había podido acabar en Bellrose House? Era como si una oveja fuera a buscar refugio a la cueva de los lobos, en concreto, en la cueva de la familia del Lobo Feroz. Si Adrien se enteraba de que estaba allí la echaría a patadas.
Se sentía tan alterada cuando Alya fue a verla que no puso ninguna objeción cuando le propuso una escapada fuera de Londres. Debería haber insistido en conocer el destino antes de subir al carruaje, pero teniendo en cuenta su estado de ánimo y tras una noche en vela junto al lecho de Mary, simplemente se dejó llevar. A los pocos minutos de emprender el viaje cayó rendida en un profundo sueño.
Cual no seria su sorpresa cuando, al descender del carruaje, se encontró ante la amplia escalinata de entrada de Bellorse House, con la sonriente y hermosa duquesa de Bellrose en persona dándole la bienvenida.
O0o0o0o0o0o0o
Un suave golpe en la puerta le hizo levantar la cabeza de la almohada. Se enderezó de golpe cuando la puerta se abrió con lentitud y el rostro de la duquesa le dio los buenos días con una cálida sonrisa.
-Mari, querida, me alegra ver que ya estás despierta – dijo con voz dulce, irrumpiendo en la habitación como habían hecho los rayos de sol al amanecer.
Emilie Agreste brillaba con luz propia, con una hermosura tan exquisita que los hombres perdían el hilo cuando estaban ante ella y las mujeres guardaban la distancia de forma inconsciente, intimidadas.
Como Mari había crecido junto a Alya, que era una copia de su madre pero con los cabellos rojos, ya estaba acostumbrada a tal despliegue de belleza. Tal vez por eso el apuesto rostro de Luka la dejaba indiferente. En cambio, el atractivo austero de Adrien, más parecido al de su padre, la hacía temblar.
-¿Como te encuentras esta mañana? – preguntó, mirándola con preocupación.
No era para menos. Desde su llegada había estado encerrada en el dormitorio, sin ánimos para salir de la cama. Lo único que le apetecía era dormir. Dormir y dejar de pensar. Tal vez así el dolor se hiciera más llevadero.
Pero seguía sin desaparecer.
-Supongo que mejor – consiguió decir con voz cautelosa -. Tal vez haya sido una afección estomacal, y por eso me siento tan cansada e inapetente – mintió, y se sintió mal por ello.
Pero alguna excusa tenía que dar para explicar su comportamiento inapropiado. No era normal que una visita se encerrara en una habitación a dormir.
-Tranquila, lo entiendo – murmuró la duquesa mirándola con comprensión, como si pudiera leer la verdad en sus ojos -. ¿Quieres que mande una nota a mi hojo Luka, para que venga a Bellrose House y te examine?
-¡No! – exclamó con tal contundencia que sobresaltó a la duquesa -. Perdón, quería decir que ya no es necesario. En serio, me encuentro mucho mejor.
Mucho mejor quizás era una exageración, pero estaba decidida a convertirla en realidad. Esa mañana se había despertado determinada: puesto que el dolor no iba a desaparecer de su corazón, había llegado el momento de aprender a vivir con él.
Era una mujer practica. Amaba a un hombre que no podía tener y eso no podía cambiarlo; no dependía de ella. Así que no tenía sentido que siguiera dándole vueltas.
Tenía un proyecto, mujeres y niños a los que ayudar. Sí que podía cambiar sus vidas a mejor; dependía de ella sacar adelante todo lo que había puesto en marcha, así que debía concentrarse en eso.
Y lo primero era regresar a Londres.
-He abusado de su hospitalidad de una forma imperdonable, lady Agreste. Ya va siendo hora de que vuelva a casa; no quiero continuar siendo una molestia. Hoy mismo me voy a Londres.
Una sombra de alarma cruzó la mirada de la duquesa.
-Pero no te puedes ir hoy, querida – se apresuró a decir -. Casi no hemos tenido tiempo de disfrutar de tu compañía. Esperaba que te quedaras al menos un par de días más. Mañana es el cumpleaños de Alya y vamos a organizar un fastuoso baile. Asistirá el clan Agreste al completo, y algunos amigos – explicó entusiasmada -, y por supuesto, contábamos también contigo.
El cumpleaños de Alya. Lo había olvidado. Pero lo que menos le apetecía era acudir a una fiesta, y menos cuando seguro que asistía Adrien.
-Si va a ser algo familiar, prefiero no ir.
-Mari, querida, no digas tonterías – cortó Emilie con un bufido impropio de una duquesa -. Sabes que eres como de la familia. Te queremos muchísimo y siempre estaremos en deuda contigo por todo lo que has hecho por Alya.
-¿Lo que yo he hecho por Alya? – preguntó sorprendida.
-Te voy a confesar una cosa. ¿Sabes por qué quise que Alya asistiera como interna a la academia de la señora Bustier?
Era algo que Mari nunca había comprendido. La familia de Alya tenía medios para proporcionarle una excelente educación sin necesidad de sacarla de casa, y le constaba que estaban tan unidos que, para ellos, tenerla fuera había sido un motivo de pesar.
-Veras, yo de joven era bastante bonita – explicó la duquesa con total modestia, pues su belleza era incomparable -, y eso no me granjeó demasiadas amistades. Más bien ninguna – reconoció con dolor en la mirada -. Mi familia me había protegido en demasía y casi no había salido de casa. Cuando me presentaron en sociedad, entre mi aspecto y mi carácter introvertido y tímido, la experiencia fue desastrosa – añadió con tristeza -. En conclusión, la mayor parte de mi infancia y juventud fue solitaria; no sabía relacionarme con los demás. – Suspiró con pesar -. Cuando Alya empezó a convertirse en una belleza, supe que mi historia podía repetirse en ella. La idea de Fu era que se educara con un profesor particular, aquí en Bellrose House, a lo que yo me negué contundentemente. Le hice entender que lo mejor para que la niña aprendiera a relacionarse y a hacer amigas era llevarla a un colegio de señoritas. Y el internado de la señora Bustier era el mejor.
Eso era cierto. Acudían a la academia las hijas de la flor y nata de la sociedad. Y Mari. Ella era una intrusa, como un cardo entre las rosas.
-¿Sabes que cuando llevaba un mes allí estuvimos a punto de sacarla?
-No, no lo sabía.
-No conseguía adaptarse; no encajaba con las otras chicas. Ya la conoces; aunque no lo parezca, Alya es muy sencilla y no le gusta destacar ni por su fortuna ni por su belleza ni por su alcurnia, y esas tres cosas eran lo único que veían las niñas de allí. Durante el primer mes se sintió muy desgraciada. Y entonces apareciste tu.
La duquesa tomó las manos de Mari y las apretó con cariño.
-Tú miraste a Alya más allá de su físico, su dinero o su título. Tú la quisiste por lo que era en realidad, y contribuiste a que las demás pudieran conocerla. Gracias a ti, Aly consiguió encajar. Gracias a tu amistad es la chica alegre y extrovertida que es ahora. Gracias a ti…
-No, por favor, no siga – cortó Mari, incomoda por sus palabras -. No merezco su gratitud. No…, no puedo asistir a la fiesta de mañana. Debo regresar cuanto antes.
-Quédate al menos una noche más. Alya ha tenido que ir a Londres a hacer unos recados y no volverá hasta la tarde. Así podrás despedirte de ella.
Mari dudó. Sería una total falta de educación negar esa sencilla petición a la duquesa, pero cuanto más tiempo pasara allí, más riesgo corría de encontrarse con Adrien, y no estaba preparada para otro enfrentamiento.
-Lo siento, lady Agreste – se excusó -, pero me resulta imposible. Debo regresar a Londres cuanto antes.
La duquesa frunció el ceño, contrariada.
-Está bien. Voy a encargar que te preparen el carruaje - cedió al final con una sonrisa un poco tirante, poniéndose en pie -, en cuanto sea posible – añadió, con un destello en la mirada, justo antes de cerrar la puerta y salir.
Mari sintió un escalofrío de alarma. Conocía esa mirada. Era igual que la de Aly cuando estaba tramando algo.
No olvideis que darme follow y no dejarme un review es como tocarme una teta y salir corriendo!
