La espera hasta la llegada de Stiles se le hizo poco más que eterna.

Pese a tener ya bien guardados los anillos, seguía notando ese nudo en el estómago. Y acostumbrado como estaba a esperar lo peor de cada situación, no terminaba de aceptar que esa presión era simplemente debido a la emoción y las ganas de que su prometido llegara.
Pero tenía que reconocer que tener a Stiles a su lado le vendría de perlas para calmarse. Siempre le habían dicho que, como buen Hale que era, le encantaba ser el centro de atención. Pero tal y como estaba ahora, esperando junto a la juez que les casaría y delante de un montón de gente que no tenían nada mejor que hacer que cuchichear entre ellos lo nervioso que se le veía, como si no supieran perfectamente que podía oírles, hubiese preferido ser invisible.
Menos mal que Cora estaba en primera fila, con Sara entre sus brazos, y verla allí hacía que se pudiera olvidar un poco de todo lo demás. Así que eso fue lo que hizo: centrarse en su hija y respirar hondo, pensando que después de todo lo que habían tenido que soportar aquello era un camino de rosas.
Y en cierto modo lo era.

Pero cuando de repente todo el mundo se puso en pie para mirar a un Stiles que acababa de aparecer al fondo del pasillo, Derek juró que el corazón jamás le había latido tan deprisa.
Y eso no tenía mucho sentido en un supuesto camino de rosas.

Su vestuario no era despampanante. Desde el principio le dijo que quería ir cómodo y que se negaba a ponerse corbata, y había cumplido con su palabra optando por una camisa oscura de cuello mao que permitía mostrar algunos lunares de su cuello, y que resaltaba perfectamente con la chaqueta y pantalón gris claro.

Jamás le había visto tan condenadamente atractivo.

Y eso que desde que empezó a trabajar junto al sheriff dijo adiós a las camisetas de palmeras (salvo cuando estaba en casa y quería ponerse cómodo), dando fe de que, si se lo proponía, podía ser elegante.

Sin embargo, eso no fue lo que le quitó la respiración. Por mucho que la percha fuera increíble, ya se la conocía a fondo, tanto con ropa como sin ella. Y aunque entendía los murmullos de asombro entre los presentes a medida que recorría el pasillo, porque ellos no estaban acostumbrados a verle así, lo que en su caso estaba haciendo que le temblaran las piernas era esa sonrisa absolutamente maravillosa que le estaba dirigiendo exclusivamente a él.

Al principio se le veía nervioso y parecía que Stiles no iba a levantar la vista del suelo, abrumado por tener a tanta gente pendiente de él. Pero fue comenzar a recorrer el pasillo, con su padre a su lado, y fijar la vista en Derek. Y apenas se encontraron sus miradas ese nerviosismo que había estado sintiendo, con el corazón latiéndole tan deprisa como a Derek, desapareció por completo para ser sustituido por una sonrisa totalmente arrebatadora.
Lo único que ahora mismo veía el hombre lobo.

Derek recordaba vagamente cuando, siendo un niño, su padre les contó cómo fue el día de su boda. En realidad se lo estaba contando a Laura y Cora, pues en su caso siempre había renegando de que le interesaran esas cosas; pero el hecho de que su padre se quedara con la mirada perdida cuando les contaba lo guapa que estaba su madre, como si todavía pudiera verla así, siempre le intrigó. Al igual que él, se había caracterizado por ser un hombre introvertido que apenas reflejaba sus emociones. Por tanto, le sorprendía que actuara como un colegial que acababa de descubrir el amor por primera vez, y más cuando estaba hablando de algo que ocurrió muchísimo tiempo atrás.

Ahora, viendo a Stiles yendo hacia él con una mezcla de seguridad, ilusión y nerviosismo, supo que eso fue exactamente lo que sintió su padre aquel día.
Ser consciente de ello hizo que se sintiera increíblemente feliz, y no sólo porque estaba a punto de casarse. Poder sentir lo mismo que sintieron sus padres en el día de su boda consiguió que también experimentara la sensación de tenerles a su lado.

Derek Hale jamás había sido tan feliz.

Justo en ese instante, como si Stiles quisiera que su corazón se detuviera, paró unos segundos en su avance para acercarse a la primera fila, donde Cora tenía a su hija en brazos. Le dio un beso a Sara en la cabeza, lo que fue respondido por un gritito de júbilo del bebé, y no le extrañó que a su lado el sheriff ya estuviera llorando… Claro que entonces Peter le ofreció un pañuelo para que se enjugara sus propias lágrimas.

Pero Derek pudo resarcirse rápidamente cuando Stiles todavía no había terminado de colocarse a su lado y le agarró de la cintura para plantarle tal beso en los labios que no le sorprendió oír gritos y aplausos de fondo, ni que el rubor cubriera sus mejillas cuando le permitió respirar.

- Veo que me has echado de menos –fue el saludo de su prometido.

- No tienes ni idea –susurró en su oído para que sólo él lo oyera, pero el "aww" que soltaron sus Betas le dejó claro que no había sido así.

¿En serio se había olvidado de que era un hombre lobo?

No se sintió mal por el lapsus mental, pues en realidad no estaba siendo consciente de nada. De hecho, apenas se enteró de la ceremonia, ya que en lugar de escuchar las palabras de la juez, que al parecer soltó un discurso muy bonito sobre la importancia de encontrar a la persona adecuada, sólo era capaz de sentir la mano de Stiles sobre la suya y de escuchar el latido de su corazón perfectamente acompasado con el suyo. E intuía que a Stiles le estaba pasando lo mismo, porque en todo momento se le quedó mirando, embelesado, observándose los dos fijamente como si no hubiera nadie más allí.

Menos mal que Isaac se había llevado la cámara y lo estaba grabando todo, porque a tenor de las lágrimas que tenía todo el mundo cuando la mujer terminó de hablar, debía haber sido un discurso de lo más emotivo. Se notaba que era amiga personal del Sheriff, pues dudaba que hiciera discursos tan largos y tan sentidos para el resto de las parejas que casaba. Y sin olvidar el detalle de que ella sí conocía todo lo que había que saber sobre el mundo sobrenatural de Beacon Hills, por lo que cualquier posible mención a hombres lobo y lunas llenas que hubiera a lo largo de la boda no acabaría con nadie encerrado en Eichen House.

De pronto Peter le dio un par de golpecitos en el hombro, murmurando un "los anillos" ante lo que sus Betas, los únicos que lo habían oído, rompieron en carcajadas. Así que Derek no tuvo ningún reparo en dar media vuelta para alzar una ceja en su pose más peligrosa.
Las risas cesaron de golpe.

- Ese es mi chico. Imponiéndose ante sus Betas, incluso en el día de su boda.

- Para que luego digas que no soy buen Alfa.

- Ahora los dos contrayentes dirán sus votos matrimoniales –anunció la juez, dirigiéndose a Derek y tomando las dos alianzas.

El hombre lobo tomó entonces la mano de Stiles. No sacó ningún papel donde tenía escrito el discurso. No le hacía falta. Desde el momento en que acordaron que cada uno escribiría sus propios votos, supo lo que le diría al que estaba a punto de convertirse en su marido.

- Gracias por salvarme –comenzó, rotundo-. Porque eso fue lo que hiciste. Antes de conocerte, mi vida se había convertido en una sucesión de días vacíos llenos de soledad, culpabilidad y rabia. Sólo me mantenía en pie el pensar que alguien podría necesitarme y siempre sería mejor que yo muriera en su lugar. No tenía miedo a morir, pues tampoco tenía nada que perder. –Notó la mano de Stiles temblando entre sus dedos y la apretó con un poco más de firmeza-. Y entonces apareciste tú. Y casi sin que me diera cuenta conseguiste que cada día se hiciera más soportable. Que fuera yo quien buscara ese nuevo día para intentar ser feliz. Conseguiste que llegara a pensar que merecía ser feliz. Incluso al principio, cuando todavía no me atrevía a decirte que te quería, el hecho de que siguieras vivo ya era suficiente para mí. Poder ver tu sonrisa un día más, ser capaz de que yo también quisiera volver a sonreír después de tanto tiempo. –Apretó un poco más los dedos de Stiles, inspirando profundamente-. Jamás podré agradecerte lo suficiente el haberme dado una nueva vida. Un futuro que ansío compartir a tu lado y al lado de Sara… Jamás habría pensado que un día estaría aquí, a tu lado y delante de nuestras familias, y que me sentiría el hombre más feliz del mundo. Pero eso es justo lo que soy ahora. Y te lo debo a ti. El hombre más asombroso que he tenido la fortuna de conocer. –No pudo contenerse más y besó sus dedos-. Te quiero, Stiles. Te admiro, te respeto y te amo con locura. Y pienso demostrártelo cada día del resto de mi larga vida junto a ti.

Al terminar de hablar hubo un pequeño revuelo entre los asistentes: Cora trataba de disimular las lágrimas, preocupada sobre todo porque no se corriera su maquillaje por una vez que lo llevaba; Erica soltaba aire, acalorada, con una mezcla de emoción contenida y orgullo ante lo asombroso que era su Alfa; Isaac no tuvo más remedio que entregarle la cámara a Boyd para que siguiera grabando, pues en su caso no se cortó a la hora de sonarse la nariz; Parrish tenía una mano en los labios, emocionado ante lo que acababa de escuchar y tratando de no echarse a llorar; Melisa buscaba un pañuelo en su bolso ante un impertérrito Chris, y Scott se abrazaba a Allison, incapaz de contener las lágrimas, lo que fue respondido por Jackson con un meneo de su cabeza, como avergonzado de lo que estaba viendo, pero enseguida se pasó discretamente un dedo por los ojos, evitando que cayera una solitaria lágrima.

Nada de eso captó la atención de Stiles, que en esos momentos sólo tenía ojos para Derek.

- Me estoy casando con Derek Hale –comenzó sus votos con voz firme-. Creo que eso es suficiente para dejar claro lo que supone para mí estar hoy aquí, a tu lado, en el día de nuestra boda… Te miro y todavía me cuesta creer el largo camino que hemos recorrido juntos desde aquellos días en los que lo único que hacíamos era amenazarnos y desear la muerte del otro. –Derek rio por lo bajo, al igual que la mayoría de los presentes, mientras que la cara de la juez era todo un poema–. Pero supongo que no hay nada mejor para saber que has encontrado la horma de tu zapato que siendo capaz de hacer eso sin remordimientos. Y te aseguro que no hay nada de lo que me arrepienta, incluso cuando al principio fui especialmente cruel contigo, porque cada pequeña decisión que he tomado desde el día en que nos conocimos me ha llevado a este momento. Uno que ni en mis sueños más locos pensé que vería algún día... –Se mojó los labios, un tanto nervioso por estar siendo tan sincero delante de tanta gente. Pero sólo tuvo que mirar de nuevo a Derek a los ojos para que el resto del mundo desapareciera y pudiera seguir–. Cuando supe que te quería sólo pensé en hacer lo imposible para que desapareciera ese ceño fruncido que siempre llevabas. Porque por muy sexy que fuera, tu sonrisa le daba mil vueltas. Y pensar que yo podía hacer feliz al lobo amargado hacía que me sintiera el más afortunado del mundo por haber conseguido ese milagro. Porque sabía que sólo a mí me sonreías así. –Derek mostró justo esa sonrisa y Stiles tuvo que respirar hondo de lo rápido que le latía el corazón– Recuerdo el chico que era cuando nos conocimos y el hombre en el que me he convertido, y es sorprendente lo mucho que he cambiado... Y no sólo por lo de haberme quedado embarazado –añadió en voz baja, arrancando una leve carcajada a Derek–. También está lo mucho que he mejorado como persona. Y sé que tú has sido el principal culpable de ese cambio, aunque sólo sea porque me has dado un propósito para seguir adelante. Y ese es el de hacerte feliz cada día de mi vida. A ti y a nuestra hija. Y ahora, aquí, te juro que pienso cumplir con ese propósito todos los días de nuestra vida juntos.

Derek ya estaba tirando de la mano de Stiles cuando éste dijo la última palabra para abrazarle con todas sus fuerzas. No obstante, fue un abrazo corto, pues apenas dos segundos después lo rompió para besarle, arrancando unos cuantos silbidos de júbilo por parte de Parrish y Isaac.

El hombre lobo habría seguido gustoso con el beso, sin importarle el público, hasta que notó un par de golpecitos en el hombro y un carraspeo por parte del Sheriff.

Se alejó rápidamente de la boca de Stiles para evitar una nueva tentación y se dio cuenta de que la juez estaba esperando para continuar con la ceremonia.

- Siento interrumpir –murmuró la mujer con cierta pena–. Pero todavía no os he declarado en matrimonio.

- Perdón –se sonrojó Stiles–. Es que los dos somos un poco impetuosos.

- ¡Y espera a esta noche! –gritó de fondo Erica, arrancando carcajadas entre los asistentes… hasta que Derek se dio media vuelta para advertirla con un levantamiento de cejas que se estuviera quietecita.

- Por favor, continúe –pidió a la juez.

La mujer le entregó entonces la alianza a Derek.

- Repite conmigo –se dirigió al hombre lobo–. Yo, Derek Hale.

- Yo. Derek Hale –alzó la mano de Stiles y colocó la alianza en su dedo índice.

- Te tomo a ti M… –Stiles carraspeó exageradamente–. A ti, Stiles Stilinski –corrigió la mujer ante la decepción general.

- Te tomo a ti, Stiles Stilinski –repitió Derek, conteniendo la risa.

- Como mi legítimo esposo para amarte, respetarte y cuidarte todos los días de mi vida.

- Como mi legítimo esposo para amarte, respetarte y cuidarte todos los días de mi vida –repitió, solemne, mientras introducía poco a poco el anillo en el dedo.

Stiles tomó entonces la otra alianza, repitiendo el juramento.

- Yo. Stiles Stilinski, te tomo a ti Derek Hale, como mi legítimo esposo para amarte, respetarte y cuidarte todos los días de mi vida.

Terminó de colocar la alianza y entrelazó sus dedos con los de Derek, maravillado por lo bien que quedaban los dos anillos a juego.

- ¿Ya podemos besarnos? –preguntó entonces a la juez, moviéndose en el sitio con impaciencia y sin apartar la mirada de Derek.

- Ehh… Un segundo todavía –carraspeó la mujer para mantenerse en situación–. Por los poderes que me confiere el estado de California y el Condado de Beacon Hills, yo os declaro esposo y esposo.

Un ensordecedor aplauso resonó en la sala. Stiles ya se estaba relamiendo, al igual que Derek, pero el humano tuvo un segundo de cordura para dirigirse antes a su padre.

- A lo mejor no deberías ver esto –sugirió.

- No seas dramático –protestó Stilinski, todavía enjugándose las lágrimas-. Es tu marido. Nada de lo que hagas…

Derek no le dejó terminar, pues ya estaba tirando del brazo de su marido para, esta vez sí, besarle con ansias. Agarró con una de sus fuertes manos la cintura de Stiles, estrechándole todo lo que pudo contra su cuerpo, y llevó la otra hasta su nuca para ahondar un poco más el beso, a lo que el otro respondió agarrando su camisa para que sus cuerpos no estuvieran separados ni un milímetro.

Los silbidos, aplausos y vítores no tardaron en llegar, incluso por parte de Peter, que parecía aprobar lo efusivo que se había vuelto su sobrino… El Sheriff, por su parte, prefirió limitarse a sonreír con moderación, para nada acostumbrado a esa efusividad por parte de su yerno.

El beso se prolongó durante un buen rato, aunque en opinión de los dos ya maridos fue horriblemente corto.

Tuvo que ser Peter quien terminó de separarles para sugerirles que ya tendrían más tiempo en la noche de bodas y que ahora era turno de las felicitaciones, tras lo que no se cortó a la hora de abrazar a su sobrino, dándole unas palmaditas en la espalda bastante potentes, y a continuación hacer lo mismo con el nuevo integrante de la familia.

- Enhorabuena –murmuró, increíblemente alegre. Un sentimiento que quedó del todo claro cuando también abrazó al sheriff, comentando que había sido una ceremonia preciosa.

Derek y Stiles se observaron con asombro, pues en toda su vida habían visto a Peter tan sociable, pero de nuevo no les dejaron mucho tiempo para reaccionar. En seguida oyeron un grito y, antes de que se diera cuenta de qué estaba pasando, Cora ya se había tirado en brazos de su hermano para abrazarle de tal manera que parecía querer asfixiarle. Afortunadamente antes había tenido la cordura de dejar a Sara en brazos de Allison, con lo que no hubo que lamentar ningún incidente… Otra cosa fue cuando le tocó el turno de abrazar a su cuñado y Stiles tuvo que recordarle que él no era un hombre lobo y que si seguía así acabaría rompiéndole las costillas.

Las felicitaciones se alargaron hasta que Jackson, cuyo gesto serio contrastaba con los ojos rojos y humedecidos, comentó que si eso era realmente una boda ya iba siendo hora de que empezara el banquete. Y que más les valía que fuera contundente, pues en el avión no le habían dado nada de comer.