Aquí está la continuación del intermedio, que la verdad he escrito más rápido de lo que me esperaba. Voy a unas velocidades súper sónicas ultimamente. Aunque es breve (relativamente claro) seguro que os va a gustar, tiene cosas muy interesantes. ¿Quién creéis que será el villano está vez? Emosión emosión...

-Lollyfan33:Como siempre una magnífica review que me da fuerzas para seguir con la historia, no sabes cómo te lo agradezco, de veras. Pues sí la muerte de la señora Cohen no estaba planeada en el principio, pero a veces la historia se escribe sola, y unas cosas terminan llevando a otras. Oogie Boogie es mi personaje favorito de "Pesadilla antes de Navidad" y tanto él como muchos otros de los estrambóticos personajes de la película van a aparecer, porque me parece que pegan bastante en la tétrica historia. La verdad es que yo también apoyo el JimAriel (creo que puede ser el nombre del ship, no estoy seguro, je) aunque eso no significa que en la historia vayan a acabar juntos (sobre todo porque uno de los dos puede morir en cualquier momento) pero como bien señalas desarrollar la personalidad de Jim es uno de los puntos principales del fic hasta ahora, y me parece un personaje estupendo, que también comparte varios puntos en común con el Zoro de "Shinsekawa".

Y Lady Tremaine por supuesto es magnífica porque al igual que en la película original siempre tiene una jugarreta guardada, un as en la manga con la que torturar a sus desdichados enemigos. Sobre todo me fascina en enorme odio que siente hacia Cenicienta, solo por ser mejor que ella, peor realmente existen personas así, todos podemos acabar siendo Lady Tremaine si nos dejamos llevar por la envidia como ella. Me hace mucha gracia el odio que tenéis a Rourke que sigue siendo el personaje más odiado hasta la fecha (aunque hay que decir que Úrsula le ha hehco bastante la competencia también). En fin, como siempre muchas gracias por leer y comentar, tus reviews ayudan a dar una mayor calidad a esta historia, en serio. ¡Un abrazo muy fuerte y nos leemos pronto!

Bueno, y ahora sin más dilación, que empiece la función.


-No lo encontramos, no lo encontramos, no está por ninguna parte-lloriqueaban los chimpancés, preocupados.

-¡Venga ya!-gritó el rey Loui, furioso, golpeándolos en el coco con fuerza-¡No pueden haberse desvanecido así como así! ¿Y Kaa?

-La hemos contenido, jefe -le tranquilizó uno de los primates, aliviándolo-pero casi se escapa…

-¡Cómo lo habéis podido hacer tan mal! ¡Maldita sea, skipidi tupidi pá!-se lamentó el rey Loui dándole una patada a un sillón de su despacho y tirándolo.

-Pues no sé, jefe… usted quiso echarlo a la serpiente… si lo hubiese echado muerto…-replicó otro de sus monos, encogiéndose de hombros.

-Ya, claro, la culpa siempre es del mando, la culpa siempre es del mando…-gruñó Loui encogiéndose de hombros-¡perra suerte!

-Sabemos dónde vive-recordó el chimpancé, sonriendo cruelmente-solo tenemos que ir para allá… no le dará tiempo a llevarse a su madre…

-Mmmmmn…-Loui se rascó la barbilla con un pie, pensativo. Le apetecía volverse a subir a su castillo hinchable y olvidarse de los problemas, pero por desgracia eran demasiados los asuntos que tenía que atender-sí, sí, id a matarle…

-Un momento, por favor-pidió una voz. Los monos de Loui se miraron con sorpresa. En la puerta estaba Rafiki, apoyado en su viejo y mortífero palo.

-¡Es ese, jefe!-chilló uno de los monos-¡él fue quién liberó al chico!

-Vejestorio…-comentó Loui, sonriendo- te acabas de suicidar…

-Solo quiero hablar…-dijo Rafiki con calma.

-Matadlo…-replicó Loui sin inmutarse. Rafiki entrecerró los ojos para visionar bien a todos sus enemigos mientras se preparaba para el combate. Eran unos diez chimpancés, y él uno solo… iba a ser una buena paliza…


-Y bueno… ella se marchó… no creo que vuelva…-dijo Jim, posando en la mesa su jarra de cerveza.

-No, no creo…-corroboró Timón con tristeza.

-Qué cosa más triste, por Dios-sollozó Pumbaa, conmovido. Jim asintió.

-Pero me da igual… quiero decir… joder… no sé explicarlo…

-Con todo lo que te has bebido no creo que sepas-apuntó Timón.

-Es como sí…-Jim ya no les escuchaba. Hablaba más para sí-… es como haber estado en un agujero… y empezar a ver la salida…

-¿No será porque tienes a esa otra chica, Bella, que te da lo que quieres?-preguntó Pumbaa, que tenía una gran sensibilidad en asuntos amorosos.

-Sí, claro… no sé… yo aún la quiero…

-Pero Bella no sabe eso…-le recordó Pumbaa, preocupado-y cuando lo sepa, le partirás el corazón.

-No quiero partirle el corazón-dijo Jim hundiéndose en el asiento del bar en el que estaban-no quiero hacerle daño a nadie…

Estaban en un pub con decoración vegetal, similar a un bosque celta. Allí comían y bebían caballos y osos antropomórficos de aspecto simpático.

-En realidad estoy harto… no paro de hacer daño a todos los que me rodean, pero al final, todo es culpa mía. No sé cómo hacerlo bien no sé… no sé nada… siento que no sé nada de nada sobre cómo tratar con los demás-dijo Jim con los ojos brillantes.

-Vaya, estás chafado-dijo Pumbaa, compasivo-bueno Jim, en momentos así mi amigo Timón siempre dice que el pasado es atrasado.

-No es así Pumbaa-dijo Timón dejando su lata de cerveza a un lado y frotándose las sienes con desesperación-Señor, dame más paciencia. Descansa, se te ha sobrecalentado el cerebro…

Pumbaa se hundió a un lado, refunfuñando, mientras Timón alzaba sus brazos con profesionalidad.

-Lo que yo siempre digo Jim es "hay que dejar el pasado atrás"… verás, en ocasiones pasan cosas malas y tú no puedes evitarlo, ¿cierto?

-Eeeeh…-Jim arrugó la frente, no muy convencido.

-¡Cierto!-insistió Timón-si el mundo te da la espalda, tú dale la espalda a él.

-Eso está muy guay… pero el mundo no te deja en paz…-gruñó Jim.

-Hakuna Matata.

-¿Qué?-Jim arqueó una ceja. ¿Sería un taco en su idioma?

-Ha ku na Ma ta ta-repitió Pumbaa-o sea, que no te angusties.

-Hakuna Matata…-repitió Jim-vale, suena bien…

-Fíjate en nosotros, nosotros eh… Pumbaa y yo-Timón cogió al jabalí y lo apretó a su lado-estamos muertos ¿no? Como tú ¡Y aquí estamos, pasándolo bien! Mientras te lata el corazón, es de lo único que te debes preocupar.

-No sé si eso tiene sentido-dijo Jim cruzando sus brazos, divertido. Aunque no iba a admitirlo, lo peor era que realmente le estaban convenciendo de su punto-¿cómo moristeis vosotros? Nunca me lo habéis comentado…

-Nos apuñalaron en un puente…-recordó Timón-fue bastante desagradable, pero ¿sabes qué? ¡Hakuna Matata!

-Y luego casi morimos otra vez, por culpa de esos peces asesinos!-añadió Pumbaa-pero ¡Hakuna Matata!

La gente del bar comenzaba a mirarlos, porque hablaban muy alto. Timón se levantó de su mesa y fue hacia el micro que había entre dos árboles de pega, agarrándolo.

-Di que sí compañero, dilo…-dijo Timón golpeando levemente el micrófono para probarlo-ejem… cof, cof…. Hakuna Matata… vive y deja vivir…

-Hakuna Matata… ¡Vive y sé feliz!-añadió Pumbaa colocándose a su lado.

Timón y Pumbaa comenzaron a bailar moviéndose a un lado y a otro al compás de su canción mientras la gente los miraba y aplaudía.

Ningún problema

Debe hacerte sufrir

Pues lo más fácil es

saber decir

¡Hakuna Mata!

¡HAKUNA MATATA!

Timón y Pumbaa hicieron suyo el escenario mientras Timón recordaba la última vez que la habían cantado. Hacía ya casi un mes y un día… había sido el mismo día de su muerte… un mal, terrible vida… pero Hakuna Matata, y ahora estaba bien.

Con unas enormes gafas de sol rosas de brillantes y un traje de lentejuelas, Timón había cantado al lado de Pumbaa, que llevaba un tocado de plumas, al lado de sus amigos del karaoke: Paki la hipopótama, Terk la gorila y Ono el pájaro garceta. Todos los habían aplaudido al escuchar su canción, que tan bien se sabían y disfrutaban un montón.

-Fijaos en Pumbaa, fijaos-cantaba Timón-cuando él era muy pequeñín…

-¡CUANDO YO ERA MUY PEQUEÑÍIIIIN!-berreó Pumbaa.

-Muy bonito…-gruñó Timón.

-Gracias-repuso Pumbaa sonriendo.

When I was a cool young one
(When he was a cool young one)
I worked in the colony payin' my dues
Accepting without question the prevailing views
That a young man's life was one long grind
Diggin' holes standing guard till it crossed my mind

I was wrong, all along
All that I needed,
Was to have heeded

Hakuna Matata!
What a wonderful phrase
Hakuna matata
Ain't no passing craze
It means no worries
For the rest of your days
It's our problem free
Philosophy
Hakuna matata

-¡Bravo! ¡Bravísimo!-aplaudieron Paki, Terk y Ono. Timón y Pumbaa hicieron una amplia reverencia al terminar, y fueron a sentarse con ellos, mientras todo el bar les aclamaba. Estaban en la cafetería Taizé, y allí disfrutaban de una agradable tarde de viernes sin preocupaciones, lo que ellos llamaban una buena Hakuna Matata. Timón y Pumbaa eran la única pareja en el grupo, pues Paki, Terk y Ono estaban solteros, aunque también eran gays.

El grupo se reunía siempre que podía para celebrar su buena vida y disfrutar de su compañía. Ni Timón ni Pumbaa vivían demasiado presionados por el trabajo (obviamente, su credo se lo prohibía). Pumbaa trabajaba como consultor de una ONG en la que se ocupaba de organizar los actos benéficos y de ayuda social a los más pobres de Suburbia, mientras que Timón era el dueño de una tienda de ropa queer muy exitosa entre el público homosexual , donde con su inefable ojo crítico opinaba y decidía cuáles eran las mejores prendas para sus adinerados clientes. Así, ambos podían permitirse pasar unos largos y descansados fines de semana disfrutando de su compañía. Vivían juntos en un buen apartamento de la zona blanca, que habían decorado con primor en su refinado gusto, y formaban parte de una cómoda comunidad de vecinos.

-Hakuna Matata Pumbaa, pero totalmente-había dicho Timón un día, mientras ambos descansaban en su cama, mirando su techo donde Timón había ordenado hacer una copia de la bóveda de la capilla Sixtina.

-Sí…-Pumbaa le dio un besó a Timón en la cabeza, y luego cerró los ojos y se quedó dormido.

En su cena de cafetería el grupo brindó por la amistad, la salud y los buenos momentos.

-Verás que me he puesto tu brazalete Timón-comentó Paki enseñándole su gruesa muñeca de hipopótama.

-Admirable, linda, preciosa-dijo Timón vaciándose su gin tonic con las mejillas coloradas-lo próximo que te regalaré serán unas gafas nuevas, esas ya las has llevado mucho…

-Con cristales de esos no, eh Timón-rió Terk señalando las gafas rosas del suricato.

-¿No os gustan? A mí me parecen una fantasía-comentó Timón limpiándolas distraído.

-Bueno… tenemos que ir organizando el viaje de navidades… nos vamos a quedar sin plazas…-dijo el pájaro Ono, ajustándose sus gafas de intelectual.

-Yo en navidades no puedo, viene mi madre-recordó Paki.

-Yo trabajo hermanas, imposible-dijo Terk.

-Oh, tendrá que ser después… podemos ir en Nochevieja…-propuso Pumbaa, que siempre era el que tenía las mejores soluciones a todos los problemas.

-¡Estupendo! Celebrar la Nochevieja en la isla de Kon Tikí sería la mejor forma de concluir este año… nunca pensé que podría caber tanta felicidad dentro de este viejo suricato-comentó Timón, tan dramático como siempre.

-Si ayer dijiste que odiabas tu vida…-recordó Pumbaa.

-Bocazas…-siseó Timón.

-Creo que en Nochevieja sería estupendo-dijo Paki emocionada. Los demás asintieron.

-Queda dicho entonces-dijo Ono apuntándolo en su agenda-¡mañana mismo voy a la agencia a hacer las reservas!

-Deja Ono, podemos ocuparnos Pumbaa y yo, tenemos una agencia cerca-le tranquilizó Timón sorbiendo hasta la última gota de su bebida distraído.

-Sí, bueno, solo necesitamos los datos…-recordó Pumbaa bebiendo de su batido frutal. El jabalí era abstemio, y además intentaba ponerse a dieta.

-¡Pues por el viaje a Kon Tiki!-exclamó Terk alzando su copa.

-¡Por el viaje!-le siguieron los otros, y prorrumpieron en risas.

A las tres de la mañana dejaron la cafetería de Taizé para volver a sus casas. Terk y Paki habían quedado con otros amigos para ir a la discoteca, pero Ono se iba a su casa a dormir, y Timón y Pumbaa decidieron hacer lo mismo. Ya no eran tan jóvenes, y además al día siguiente tenían trabajo. Bunga vendría a la ciudad, y tenían que visitarlo.

-Hic… Hakuuuna Matata…-cantaba Timón a viva voz, divertido. Pumbaa le sujetó para que no se cayera, y le dio un beso en la frente.

-Vamos anda… mira que te has puesto contentillo…-comentó el jabalí, mientras Timón daba un traspiés.

-Sí que es verdad Pumbaa… pero ahí estás tú para recogerme cuando me caiga…

Deambularon por las calles para llegar a su casa, pero se salieron de la principal y se metieron por unas callejuelas solitarias. No solían ir por allí. Algo (¿la mala suerte, el destino?) les hizo tomar ese camino…

-Don't go for second best baby, put your love to the test, you know you know you got to…-cantaba Timón a gritos. Pumbaa le hizo los coros.

-Express yourself, you got to make it, respect youself, hey, hey hey, hey…

Unos de los puentes daba al Mercurio, el río que atravesaba la zona blanca de Suburbia. Sus aguas iban algo sucias y Timón y Pumbaa vieron su reflejo borroso en ellas. También vieron acercarse desde lejos a otros reflejos…

Sid Phillips y sus colegas eran una panda de niñatos ricos que disfrutaban de una buena vida en la zona blanca, pero que admiraban e imitaban la forma de ser de los chicos duros de la zona roja. Agresivos y depresivos, escuchaban rap y se creían muy malos por fumarse porros en los recreos de las clases, pero solo tenían quince años y en su vida nadie les había dado una hostia bien dada. Ellos sabían lo que era la violencia y el odio… deseaban utilizarla, deseaban valerse de ella, pero… no se atrevían. Al menos hasta que esa noche, mientras buscaban en el móvil un prostíbulo en el que les dejaran colarse pese a ser menores de edad, vieron pasear a Timón y Pumbaa en su alegre vuelta a casa, y decidieron acercarse a charlar con ellos. Iba a ser divertido…

-¡Eh, vosotros, eh!-gritó Sid, yendo hacia ellos-¡maricones!

-¡Jajajajaja!-rió Bufford, el gordo y aún más violento amigo de Sid.

-Oh mierda, lo que nos faltaba-Timón puso los ojos en blanco-acelera…

Pero Bufford se había cruzado en su camino. Detrás de ellos, Sid sonreía, cruzado de brazos.

-Te he hablado, puto maricón ¿no me has oído?-le preguntó impaciente.

-Mierda…-Timón buscó por la mirada. Estaban rodeados, salvo por el lado del río, pero había varios metros de caída y el agua debía de estar muy fría.

-¿Venís de la discoteca esa, la de los gays?-preguntó Sid escupiendo al suelo-¿venís de chuparos un rato la polla?

-Tienen pinta de ser de los que se lo tragan todo-rió Bufford, dándole un empujón a Pumbaa.

-Chicos, por favor, tenemos prisa-dijo el jabalí, guardando la calma-¿os importa si nos vamos ahora? No queremos molestar…

-Ya nos molestas, gilipollas…-dijo Sid desafiante-no nos gustan los maricas en este barrio… nos dais asco.

-¿En serio? ¿"Gilipollas"?-terció Timón con ironía. Sid le miró con sorpresa: no se esperaba que se atrevieran a contestarlo. Pero a Timón no le asustaba demasiado un crío humano, por mucho que llevara una camiseta negra con una calavera en ella-mira chico no eres el primero que nos insulta por ser lo que somos ni que dice que le molestamos y la verdad es que nos da igual. Nosotros nos vamos ahora y así no tienes que vernos más.

Los demás chicos se apartaron cuando Timón se abrió paso, pero Sid le frenó. Puto animalejo, no iba a dejarle en ridículo delante de sus colegas. Nadie le tosía a Sid Phillips, nadie.

-¡Escúchame puto homoxesual, tú harás lo que yo te diga!-gritó Sid enseñando sus sucios bráquets.

-Ni siquiera sabes decir homosexual-contestó Timón con aburrimiento-¿qué queréis, dinero? Os lo damos, pero dejadnos ir. Es tarde y queremos irnos a la cama…

¡ZAS! Sid había sacado la navaja, y apuntaba con ella al cuello de Timón. Pumbaa contuvo un grito, asustado, mientras que Timón respiraba profundamente. Seguía pareciendo bastante indiferente, aunque en realidad empezaba a preocuparse un poco.

-Nno me contestes, maricón-dijo Sid al que le temblaba un poco la mano. Quería hacerlo. Quería matarlo. Pero no se atrevía. Era una locura… pero quería hacerlo. Podía tener engañados a los demás con su forma de ser pero en el fondo Sid sabía que era un maldito cobarde. Quería demostrarse a sí mismo que eso no era verdad.

-Ayyy…-Timón miró de reojo a Pumbaa, suspirando. ¿Qué hacer ahora? Solo querían irse de allí enseguida… ¿era mucho pedir?

-Sid mejor vámonos…-dijo otro de los chicos.

-¡Cállate!-gritó Sid, furioso-¿te acojona? Sois unos putos maricas, como ellos…

-Veo que repites mucho la palabra…-comentó Timón, fríamente-¿no será que tienes algún problemilla con ella…?

-Timón, déjalo…-le avisó Pumbaa, preocupado. Pero Timón mantenía su actitud desafiante: si el crío le tocaba, le demandaría. Así que ya era hora de ponerle los puntos sobre las íes a ese matón de patio.

-¿Me llamas gay? ¿Es eso?-preguntó Sid, furioso.

-Lo has dicho tú, no yo-rebatió Timón encogiéndose de hombros. El suricato sabía muy bien como cabrear a la gente, que se lo dijeran a su ex novio.

¡CHAS! La mano de Sid se movió con velocidad: de un tajo, Timón cayó al suelo, mientras notaba la sangre salirle del morro, la boca y el párpado, por donde la navaja había pasado.

-¡AAAAH!-gritó el suricato, dolorido y humillado.

-¡Jajajajajaja!-rió Sid, aunque estaba claro que no le estaba haciendo ninguna gracia. Sus amigos se miraron, preocupados.

-¡Timón!-gritó Pumbaa asustado-Grrrrrr….

Pumbaa movió su fuerte cornamenta zafándose de Bufford que le estaba sujetando, y echó a correr hacia Sid, derribándolo de una cornada.

-¡SID!-Bufford se levantó, asustado, al ver a su amigo saltando por los aires y cayendo al suelo con estrépito.

-Dejadnos… en paz…-pidió Pumbaa angustiado, mientras acercaba su morro al de Timón y examinaba sus heridas-¿estás bien Timón? ¿te duele?

-Ayyy… ¿tú que crees…?-replicó él, mordaz-Ay…

-Ven, te llevaré a un hospital…-dijo Pumbaa incorporándolo para cargárselo en la espalda.

-Aaaaaah…-Timón le apartó, podía andar solo. No necesitaba un hospital. Lo único que quería era largarse de aquel maldito callejón. Le estaba dando muy mala espina.

Timón solo tuvo unos momentos para verlo, y no le dio tiempo a advertir a Pumbaa: Sid se había incorporado con los ojos llameantes y se había lanzado encima del jabalí, hundiéndole la navaja en la tripa, cerca del ombligo.

-¡OOOOOOOOH!-Pumbaa soltó un rugido de dolor incontrolado y sacudió sus cuernos, golpeando de nuevo a Sid y levantándole la carne del brazo mientras lo tiraba al suelo.

-¡Aaaaah! ¡Cabrón!-gritó Sid furioso mientras se llevaba la mano al brazo herido.

-¡SID! ¡SID! ¡JODER!-los amigos de Sid miraban al jabalí herido preocupados. Pumbaa miró a Sid con furia, aún con la navaja clavada en el abdomen, subiendo y bajando al compás de su entrecortada respiración, cuando Bufford apareció detrás suyo y se la hundió todavía más.

-¡PUMBAA!-chilló Timón al verlo. Bufford sacó su propia navaja y la clavó también, cerca del oído del jabalí-¡PUMBAAAAA!

-¡JODER!-Sid y Bufford se apartaron del cuerpo del jabalí, que temblaba por las heridas mortales. Pumbaa quiso andar un poco hacia su amor, pero solo pudo mirarle. Luego dio un traspiés, y cayó al río, causando un curioso chapoteo antes de hundirse.

-Pumba…-Timón tragó saliva mirando horrorizado las ondas que habían quedado en el agua mientras la sombra del cuerpo de su jabalí desaparecía rápidamente.

-Sid… Sid, coño, le has matado…-susurró uno de los amigos del chico. Sid miraba al igual que Timón el agua, hipnotizado.

-Ssí… le he matado…-murmuró, aún incapaz de creérselo. Su primer asesinato. Siempre se había preguntado cómo era el quitarle la vida a alguien. La sensación era curiosa… no tan excitante como una primera vez sexual una experiencia extrema pero… ahora no se le iba de la cabeza. No podía dejar de pensar en el jabalí. Ni podría en mucho tiempo…

-Tenemos que irnos de aquí…-dijo Bufford, mirando a Sid preocupado-le hemos matado…

-¡No, le habéis matado!-gritó el compañero de ellos, y los demás le apoyaron-¡nosotros no tenemos nada que ver!

-¿De qué cojones vais? ¡Todos estamos en esto, hijos de puta! ¡TODOS!-gritó Bufford, furioso.

-Le he matado…-repitió Sid, mirando la sangre de su navaja. Era la sangre del jabalí. Era muy roja… había debido de doler…

-Eres gilipollas-le dijo otro de los compañeros a Bufford-que os jodan… la poli os matará…

Empezaron a marcharse, mientras Bufford, furioso, los espetaba. Timón vio cómo se alejaban, dejándolo solo con aquellos dos trastornados. Entonces sintió pánico.

-¡ESPERAD!-chilló el suricato, angustiado-¡ESPERAD, VOLVED! ¡AYUDADME! ¡AYUDADME POR FAVOR!

Ellos ni le miraron. Sabían que eran cómplices, y que Timón los demandaría. Así que dejarían que Bufford y Sid lo matasen a él también. Muerto el suricato, moriría el secreto, pero ellos tendrían la conciencia tranquila porque no habían participado. Eran tan despreciables como ellos.

-¡NO!-gimió Timón, sollozando, cuando la mano de Bufford le agarró por el cuello. El adolescente era muy peludo pese a su juventud. Era algo de lo que los demás siempre se habían reído.

-Hazlo tú, Sid…-dijo Bufford. Sid le miró con la cabeza levemente ladeada. Ahora parecía en un trance.

-¿Por qué yo?-preguntó finalmente.

-¡JODER, PORQUE HAS EMPEZADO TÚ!-gritó Bufford. Él también estaba histérico. Eran muy jóvenes para tirar toda su vida por la borda. Pero por un asesinato en primer grado podían enfrentarse a una pena muy dura, además de quedar para siempre marginados de la sociedad-¡TE HE SALVADO EL CULO, PHILLIPS! ¡MÁTALO, HOSTIA!

-Está bien…-dijo Sid finalmente, levantando su mano izquierda, con la sanguinolenta navaja.

-¡NO!-Timón le mordió a Bufford con todas sus fuerzas en la mano y echó a correr aprovechando que le soltaba. Subió unas escalerillas hacia otro de los callejones, mientras gritaba a todo pulmón-¡SOCORRO! ¡SOCORRO, AYUDA, ME ESTÁN ATACANDO! ¡SOCORRO!

No parecía haber nadie. En realidad si lo había, pero era viernes por la noche, y a nadie le importaba una mierda si le estaban matando o no. Si seguía haciendo ruido mucho rato, pues algún vecino se animaría a llamar a la policía. Pero no iban a molestarse por aquellos gritos estúpidos a no ser que fuera imprescindible. Si tuviesen que hacerlo cada vez que los oían…

-¡NO! No, no…-Timón acababa de encontrarse con un callejón sin salida. Intentó escalar hasta la ventana, pero resbaló. En ese momento, las sombras de Bufford y Sid le sorprendieron.

-¿Lo entiendes ahora…?-preguntó Sid, que ya no parecía el mismo-¿lo entiendes, maricón?

-El… ¿el qué?-preguntó Timón, cuyo corazón le latía a mil por hora.

-Grita, grita otra vez. Nadie vendrá… ¿sabes por qué…? ¿lo sabes?

Timón lloraba, asustado. Sid se acercó hasta enseñarle sus sucios dientes. Tenía unos bonitos ojos verdes, eran el único rasgo aceptable de su rostro. El chico olía a alcohol, y a droga. Dios, que asco.

-Porque a NADIE le importa UNA MIERDA lo que te pase… así es esta puta ciudad…-le dijo, haciendo ademán de darle un mordisco. Timón cerró los ojos, derramando gruesas lágrimas. No sabía qué hacer. Solo podía suplicarle…

-Por favor, no lo hagas… te lo pido por favor… haré lo que quieras-le rogó. Lo que fuera…

Sid miró a Buford y luego a Timón, que encogido contra la pared daba un aspecto lamentable. La policía aún tardaría en encontrar el cuerpo de Pumbaa, quizás hasta la mañana siguiente, y desde luego sus "amigos" no denunciarían el asesinato… había tiempo.

-Cómemela…-dijo finalmente. Timón abrió mucho los ojos, asustado-cómemela toda…

Bufford miró a Sid con enfado y asco. En realidad él sabía lo que su amigo ocultaba en realidad, porque Sid guardaba algunas fotos de chicos en su móvil. Todo aquel lío porque era un puto reprimido. Buford escupió en el suelo y se dio la vuelta, vigilando que nadie se acercara.

-No me mates… por favor, no te denunciaré…-susurró Timón-pero no me mates…

-Cómemela… y no te mataré… vamos, hazlo-le ordenó Sid. Timón agachó la cabeza, avergonzado. No creía ni una palabra del chico. Pero tal vez así ganaría tiempo, tal vez alguien encontrase a Pumbaa, o algún vecino se animaría al fin a avisar a la poli. No le quedaba otra opción. Sid ya se había bajado los bóxers y le miraba impaciente.

-Aaah… aaaah…-Timón cogió el pequeño pene del chico y se lo introdujo en la boca, avergonzado. El sabor era repugnante, pero aún más lo era el saber que se lo estaba haciendo a ese despreciable hijo de puta. Quería morderle, arrancárselo de un tirón. Pero no se atrevía… sabía que entonces sería peor.

-Sigue… vamos-dijo Sid moviendo ligeramente las caderas mientras Timón continuaba chupando. El chico había cerrado los ojos y sujetaba con una mano el pelo de la cabeza de Timón, mientras con la otra mantenía la navaja alejada de su alcance. Un poco más adelante, Bufford suspiraba. Después de esa noche no volvería a acercarse a Sid, se lo juró a sí mismo-¡Oooooh…. OOOOOH!

-Nnnoogglllfff…-Timón recibió la explosión de Sid en la boca y se atragantó repugnado, pero él le obligó a mantener la boca dentro hasta que le pareció suficiente. Después de expulsar todo su esperma, Sid también meó en la boca de Timón, que comenzó a toser y a lagrimear. Era lo más asqueroso que le había pasado en la vida, y lo más denigrante.

A continuación vino lo más doloroso.

-¡AAAAAAAH NOOOOOOO!-el suricato se retorció mientras Sid le rajaba el vientre de arriba abajo con sádica violencia.

-Chsssssst, no grites…-susurró el chico tapándole la boca a Timón. Siendo un pequeño suricato, nada podía hacer contra un humano ya grande, solo intentar soportar el dolor. Las tripas de Timón salpicaron la camiseta de Sid de sangre mientras el suricato daba sus últimos espasmos antes de expirar. Sid se quedó observándolo, fascinado y repugnado. Entonces acercó su navaja al morro de Timón, y se lo cortó. Luego siguió arrancándole el pellejo de la cara, revelando los músculos y la carne detrás de ello. Era fascinante. Era increíblemente atrayente…

-Vamos…-le interrumpió Bufford, poniéndole una mano en el hombro.

Entre los dos llevaron el cuerpo de Timón al borde del río, y cerciorándose primero de que nadie los observaba lo arrojaron al agua, cerca de donde habían lanzado antes a Pumbaa. El agua limpiaría cualquier traza de sus huellas. Y la corriente los llevaría lejos, donde ya no podrían relacionarlos. No podrían, estaban seguros…

-Ya está… gracias tío…-dijo Sid intentando chocarle la mano a Bufford en la espalda, pero él la apartó, y luego le dio un puñetazo a Sid en la boca, tan fuerte que casi le salta los bráquets.

-No vuelvas a acercarte a mí…-le dijo Bufford, temblando. Luego se alejó sin decir nada más. Sid se quedó allí unos instantes, reflexionando. Luego se alejó sin decir nada más.

-Y bueno… ese fue nuestro fin…-recordó Timón brindando con Pumbaa. Jim les miraba consternado.

-Joder… que cabrones…-susurró-¿y ahora… qué habéis hecho con ellos?

-¿Con ellos?-preguntó Pumbaa sorprendido-¡Pues nada! ¿qué íbamos a hacer?

-No podemos denunciarlos por un asesinato que no han cometido-añadió Timón, y estalló en carcajadas-¡pero la cara que se les va a quedar cuando nos vean!

-¿Y si tratan de repetirlo?-sugirió Jim preocupado.

-No creo. Seguro que hasta se alegran de vernos… en realidad nadie quiere cargar con una muerte en sus hombros ¿no?-dijo Timón con calma-Hakuna Matata Jimmy… esa es la clave.

-No os entiendo-dijo Jim, pero rió también con ellos-en serio. No puedo.

-Tú pruébalo… y ya verás. Es como cuando pruebas la tele por primera vez-dijo Timón. Al oír esa sugerencia, Pumbaa empezó a partirse de risa de nuevo-ayy… es bueno estar vivos. Aunque no sé cómo es estar muerto, así que tampoco te sé decir…

-A lo mejor no hay diferencia-repuso Pumbaa-a lo mejor siempre estamos muertos pero no lo sabemos…. Y los que se dan cuenta son los que creemos que han muerto, cuando en realidad han empezado a vivir…

-Escribe una novela ¿vale? No me ralles a estas horas…-replicó Timón aburrido.

-¿Qué hora…?-Jim consultó su interfono. Eran pasadas las tres. Debería ir pensando en volver a casa, al día siguiente tenía que madrugar para ayudar a Sarah, se había comprometido a hacerlo, y quería sacar un tiempecito para ir a visitar luego a Bella.

-Bueno Jim, hasta la vista entonces-dijo Timón sonriendo-cuídate.

-Sí, sí, y no te preocupes por tu sirenita…-dijo Pumbaa dándole un fuerte abrazo-ya verás como todo sale bien…

-Sí… claro-dijo Jim sonriendo tristemente. Luego salió del bar y montó en su Solaryum. Daría un par de vueltas por Suburbia ahora que la noche estaba en su hora más oscura. Era bueno estar vivo, así que quería aprovecharlo.


Todos los chimpancés se arrastraban por el suelo, llenos de moratones y sangre, mientras -Rafiki avanzaba por la estancia hasta el rey Loui.

-¡Supasibididibidú, ¿qué quieres tú?!-chilló el orangután asustado-¡Te daré dinero, dinero, te daré lo que tú quieras!

-¿Ahora sí quieres hablar? Solo quiero una cosa-dijo Rafiki haciéndolo callar dándole un bastonazo en la cabeza-no vuelvas a meterte en la vida de ese chico, ¿entendido? O te daré de comer a tu serpiente…

-Sssí… vale-accedió Loui, frotándose los chichones mientras dejaba su maletín de dinero a un lado.

-Bueno, y el dinero te lo acepto también, ya que estamos-dijo Rafiki apropiándose del maletín, complacido. Loui iba a replicar pero viendo el palo que sujetaba su compañero simio prefirió callarse. Rafiki se alejó a la puerta de salida y le miró una última vez muy serio, mientras hablaba con una grave voz-en serio, rey de los monos. No vuelvas a acercarte a él.

Loui se quedó en el despacho apretando los puños sin poder hacer nada. Pensó en preparar un contraataque y poner precio a la cabeza del babuino, pero acababa de verlo en acción y le daba verdadero miedo que sobreviviera y volviese a por él. Mientras sus chimpancés volvían a recolocarse, Loui se dirigió a su jacuzzi que estaba en la sala de al lado. Le vendría bien relajarse un rato. Aquel chico le había traído más problemas que beneficios. Antes o después se vengaría de él.

Mientras tanto Rafiki sonrió contento del resultado de su visita. Jim estaba ahora a salvo. Y era un chico demasiado interesante, muy, mucho, vaya. Iba a ser divertido seguir de cerca sus movimientos, después de todo…

Vio pasar por el cielo lo que parecía una estrella fugaz, peor que era un espíritu libre imbuido por el fuego de la libertad mientras volaba por los tejados de Suburbia gritando, rebosante de vida.


Un teléfono sonaba con un suave pitido que indicaba llamada, mientras la enérgica música puesta a tope en los gigantescos altavoces impedía escucharlo. Al lado de las espalderas había varias imágenes enormes y carteles promocionales que observaba mientras hacía las flexiones, sudoroso. El gimnasio era del tamaño de una casa, y en él había todo lo necesario para convertir un cuerpo en un templo griego: pesas, bicicleta estática, un enorme aparato multiestación para trabajar todos y cada uno de los músculos con sus distintas opciones, barras de equilibrio, potro, pértiga y un arco con pesadas flechas. En la sala de al lado había una gran piscina, donde Hércules nadaba diariamente más de tres mil metros entre idas y vueltas.

Mientras subía y bajaba entretenido escuchando la animada música de entrenamiento, Hércules intentaba alejar de su mente los pensamientos que lo perturbaban. El deporte era la mejor forma que conocía para desestresarse y olvidar todo lo malo. Después de una jornada completa de entrenamientos, ya nada le parecía imposible. Quizás por eso había llegado hasta donde estaba, después de todo. Cuando hacía deporte olvidaba el dolor y los problemas. Olvidaba viejas heridas del pasado, y rastros de besos que aún guardaba en el corazón…

-Unnng…-Hércules se notaba ya un poco cansado, llevaba ya casi diez series y le pesaban los hombros. Desde las nueve hasta la una se había hecho todos los ejercicios del gimnasio. Empezaba a conocerse demasiado bien todas las rutinas, quizás habría que ir pensando unas nuevas.

-¡Oh!-el chico levantó la cabeza con sorpresa al ver la lucecita pitando en su interfono: alguien lo estaba llamando, pero el tono del móvil era inaudible-¡Voy!

Hércules se incorporó y fue hacia el teléfono mientras agarraba una toalla y empezaba a secarse el rostro y la nuca, perlados de sudor. Recogiendo una bebida energética que llevaba en su bolsa, la abrió mientras contestaba:

-¿Diga?

-Chico chico chico, tengo buenas noticias-era la voz de su entrenador personal, y como siempre parecía tener prisa.

-¿Qué pasa? ¿Vienes al final a cenar hoy?-preguntó Hércules con una sonrisa.

-¿Tú te crees que hay tiempo para eso? No. Te llamo por el contrato que teníamos con AC. Han accedido, harás ese anuncio. Lo que significa unos diez millones de mickeys más para tener contento a papito-el entrenador personal de Hércules le gustaba llamarse papito a sí mismo, como apelativo "cariñoso"-así que mañana tienes que estar en las oficinas de AC para una sesión fotográfica ¡Nada de llegar tarde ¿entendido?! ¡O te pongo a hacer isquiotibiales hasta el día que te mueras!

-Vale, vale, pero te olvidas de una cosa…-dijo Hércules sonriendo con calma. Le encantaba hacerle rabiar, en realidad era muy divertido-esta noche es Nochebuena… y mañana Navidad.

-¿Y qué? ¿La celebras?-preguntó el entrenador, mosqueado.

-No, pero los empleados y fotógrafos de AC seguro que sí. Nadie trabaja en Nochebuena Phil… la ciudad está en servicios mínimos…

Hubo un silencio de varios segundos. El entrenador parecía estar reconsiderando toda la negociación.

-Por eso se estaba riendo el secretario cuando le dije que mañana por la mañana te tenía ahí…-musitó el entrenador. Hércules sabía que estaba en el punto de ebullición.

-Tranquilo… pero el día 26 allí me tendrás… sin falta-Hércules flexionó los músculos del bíceps, distraído, mientras continuaba al teléfono. El grosor de su brazo era desmesurado.

-Vas a hacer varios con otro chico, el que sale ahora en la tele, cómo se llama… un moro…

-Aladdín-dijo Hércules, y sonrió aún más-sí, creo que le conozco…

-Muy bien, pues ya está, nada más-de repente, la voz del entrenador sonó más baja-¿y… has averiguado algo?

Hércules suspiró. Le había dicho muchas veces que no hablara de aquello por el teléfono. La línea estaba intervenida, era muy peligroso, y más ahora que él…

-No, no sé nada. Ya hablaremos…-dijo, cortante.

-Vale, vale, perdona. Es que…

-No pasa nada Phil, te lo explico el lunes-dijo Hércules con calma-vena, hasta luego vieja cabra…

Tras colgar, el chico se llevó las manos al cabello y se lo echó hacia atrás. Los rizos rojizos de Hércules empezaron a gotear cuando él se echó una botella de agua por encima para hidratarse. Era hora de darse una ducha.

Los vestuarios del gimnasio de Hércules eran también muy grandes: conectaban por la salida principal con su piscina de verano, y por la otra salida con la sala de entrenamientos. Hércules se desnudó echando las húmedas ropas de deporte rápidamente a una bolsa y luego se observó en el espejo atentamente. Ciertamente era impresionante; la revista Cotillòn de Miss Peggy le había situado por cinco años seguidos en el top de su lista el hombre más hot de Suburbia, y era un modelo de esfuerzo y trabajo físico constante. Hércules ladeó un poco el cuyo mirando sus ojos azules reflejados en el espejo mientras se acariciaba lentamente la blanca y dura piel de sus muslos, notando un leve cosquilleo en ellos. Sabía lo que ocurriría en la ducha. Pero tampoco podía hacer otra cosa.

Había pasado ya mucho tiempo, y aun así ella no salía de su cabeza. Hércules no quería olvidarla, pero esperaba que con el tiempo la herida sanara. Al contrario, solamente había conseguido que se abriera más. Quizás era la esperanza lo que lo hiciera… la esperanza de volver a verla.

Y ahora la tenía más que nunca. La culpable de ello era Gantz.

Gantz era la culpable de todo.


Mister Aladdin, sir, have a wish or two or three
I'm on the job, you big nabob
You ain't never had a friend, never had a friend
You ain't never had a friend, never had a friend
never… had … FRIEND LIIIIKE ME! Ha ha ha

You ain't never had a friend like me!

Cuando el Genio terminó de pegar botes y la canción llegó a su punto álgido saltaron fuegos artificiales y las bailarinas se subieron sobre los acróbatas alzando sus manos al cielo. Había tantas luces y destellos que por un momento los cámaras quedaron cegados. Luego todas las luces se apagaron.

-¿Es buena?-preguntó Aladdín, que vestido solo con un chaleco violeta de lentejuelas y unos bombachos negros estaba al lado del genio.

-Sí chicos-dijo Mike Wazowsky al lado de las cámaras-es buena ¡Tomaos un descanso!

-¡Síii!-los bailarines y cantantes bajaron del escenario para ir a comer algo y reponer fuerzas.

-Vaya vaya Pete, la de esta noche va a ser una ocasión memorable-comentó el señor Waternoose. Waternoose era un curioso cruce entre araña y cangrejo que a Aladdín le revolvía las tripas porque le recordaba a Scroop. Aún así trataba bastante con él, pues era el encargado de revisar la programación de cada día, y tenía mucho poder.

Pete, un félido grande y agresivo, era uno de los productores ejecutivos más importantes. Aladdín le detestaba profundamente, pero por suerte no tenía que tratar demasiado con él. Tanto el Genio como Billy en su momento le advirtieron que era mejor no hacerlo.

-Si todo sale bien este será el programa más visto de la temporada, Genio-le dijo Pete al cómico, que se hinchó de orgullo.

-Sí, bueno, modestamente… tengo un par de chistes políticos para hacer ambientillo en sus casas cuando estén cenando-comentó, divertido.

-Nada de chistes políticos, ya lo sabes-le avisó Pete, amenazante-Hoy no.

-Creo que sé lo que puedo decir y lo que no. Llevo muchos años en este programa, y mi público me ha sido fiel…-dijo el Genio, y Aladdín reconoció en él la vena de divo que ya había visto muchas veces también en Billy. Se preguntó si él mismo la estaría adquiriendo, aunque por desgracia esos últimos días la respuesta le era "sí".

-El público no le es fiel a nadie-terció Pete, agresivo.

-Como tu mujer…-masculló el Genio entre dientes, pero prefirió claudicar. Ya improvisaría frente a las cámaras y haría alguna broma con la cabeza de la Reina Roja, o algo así.

-Y tú procura no meter la pata-le espetó Pete a Aladdín, que arqueó una ceja con desagrado-no quiero más publicidad negativa del Cotillón.

-Tranquilo…-Aladdín no le dio más importancia, y dándole la espalda a Pete salió del plató. Abú corrió a posarse en su hombro, por fin había vuelto a traerlo a las sesiones después de tenerlo abandonado en la mansión de Billy por semanas. "Nunca más te haré algo así-se disculpó el árabe abrazando a su hermano simio, que asintió, emocionado-lo prometo…"

Aladdín había pasado toda la noche del día anterior reflexionando sobre lo sucedido. Las palabras dichas por Ariel lo habían hecho recapacitar, y ver las cosas de otro modo. Observando las pocas estrellas que se alcanzaban a ver desde la zona blanca mientras fumaba un cigarrillo envuelto en una cómoda bata perteneciente a su colega rockero, Aladdín pensó en Billy, en Yasmín y en todo lo que le había acontecido. Realmente él no creía tener nada de especial. Era un chico afortunado, sí: era atractivo, inteligente y valiente. Pero su vida había sido una auténtica mierda, y siempre había creído pertenecer a ella. A la puta mierda.

Cuando ahora por fin las cosas le iban bien, Aladdín no se sentía feliz. Estaba matando todo lo que había aprendido y creído en su interior: el dinero, los bienes materiales, la arrogancia y la satisfacción por todo lo conseguido le nublaban sobre los valores que antaño consideraba fundamentales. Aladdín no había tenido una madre que lo educara, ni recordaba unas sabias palabras de un mentor como Silver que le ayudase a discernir sobre el bien y el mal. Pero en su solitaria andadura por este cruel mundo había aprendido que las cosas más importantes no están en los lujos de los poderosos (y por eso ellos nunca están satisfechos) si no en pequeños detalles: en un pequeño gesto de amor, en un recuerdo feliz, en una bella melodía. La empatía, la honestidad y la humildad eran mucho más importantes que las copas llenas de champán y joyas que desde hacía ya dos meses se estaba bebiendo. Billy lo había entendido demasiado tarde, y había intentado cambiar, y lo había conseguido, pese a que podía haberse destruido a sí mismo en el intento. Al final había recuperado el amor de Spencer y había hallado la redención de su alma. De otra cosa Aladdín no estaba seguro, pero de eso sí.

Y ahora él encontraría la redención. Porque no iba a esperar a estar tan solo y desesperado como Billy, que pese a tener millones de fans y ser amado por toda la sociedad, realmente no había llegado a ser conocido por nadie.

-Gracias por volver-dijo Aladdín sonriendo. Jim estaba apoyado en la puerta de su despacho, y le saludó con un gesto de cabeza.

-Vine en cuanto lo leí-dijo enseñándole el mensaje de su interfono-¿qué es lo que pasa? ¿estás bien?

-Bueno, en realidad no…-dijo Aladdín tras pensarlo un segundo-pero voy a estarlo… así que no te preocupes.

Jim asintió. Luego le dio un fuerte apretón en el hombro. Aladdín le miró y ambos sonrieron. Se entendían muy bien, porque no eran muy distintos en realidad. Era esa sensación que tienes con unas muy pocas personas, de que tus almas conectan y puedes saber perfectamente lo que están pensando, con solo una mirada.

-Ya te hablé de esto…-dijo Aladdín sacando la pequeña hoja de ecuaciones de su escritorio. Suponía que eran ecuaciones, aunque de eso no estaba seguro: había letras, números y símbolos extraños en un idioma que él no conocía- es la hoja que estaba en la caja fuerte de Juan… creo que tiene algo que ver en esto…

-Guau…-Jim la echó un vistazo. No entendía una mierda. Pero no podía dejar de mirarla. Tantos números y códigos indescifrables… era un juego, a fin de cuentas. Un rompecabezas esperando a que alguien lo resolviera. Eso le gustaba…

-Llevo semanas volviéndome loco para entenderla, pero no hay nada, ni en Internet ni en libros antiguos-explicó Aladdín rascándose la cabeza distraído. Jim le escuchaba observando la sopa de números-¿tampoco lo pillas, no?

-Nop… pero debe de haber algún modo… eso está claro-dijo Jim levantando por fin la mirada del papel-¿has hablado de esto con alguien?

-No, tranquilo-dijo Aladdín sonriendo satisfecho-sé que hay que ir con cuidado. Aunque no entiendo por qué el D23 nos busca a nosotros. Quiero decir, no tenemos la culpa. Gantz nos obliga.

-Ya…-Jim notaba algo extraño en el ambiente cada vez que alguien pronunciaba el nombre de aquella puta esfera. Incluso cuando simplemente lo pensaba, una sensación de desasosiego y dolor le rodeaba-pero eso aclara algo…

-¿El qué?-preguntó Aladdín recolocándose en la silla.

-Que el gobierno no tiene nada que ver-Jim se encogió de hombros-si no, ellos no lo estarían investigando. Porque ellos son el gobierno, ¿no?

-Ya…-Aladdín tamborileó los dedos- pero entonces… ¿quién?

-Ni idea…

Aladdín hizo un recuento en su cabeza de las misiones y las distintas muertes. Dios, era todo tan extraño e inexplicable… tan… sobrenatural… ¿y si se trataba realmente de Alá, de Dios? ¿Y si todo era parte de un plan que ellos no podían entender? Había también otra opción…

-La mafia…-dijo Aladdín finalmente.

-¿La mafia?-repitió Jim. Él también lo había pensado, ciertamente.

-Nos hemos cargado a dos capos mafiosos y a un pirata…-recapituló Aladdín-tienen que ser ellos… una guerra interna…

-¿Y Úrsula?-recordó Jim.

-Pues ella… bueno… puede que se enteraran de sus planes… ella dijo que tenía negocios en la superficie, o algo así… así es como pudo espiaros…-recordó Aladdín. Jim asintió.

-Juan mencionó… e Yzma también… a Rátigan… él debe tener algo que ver en todo esto-recordó Jim muy concentrado-creo que la clave está en esa persona.

-Él no es una persona…-dijo Aladdín fríamente-es una rata…

-¿Le conoces?-preguntó Jim, interesado. De ser así, facilitaría bastante las cosas.

-Si has trabajado en los bajos fondos oyes hablar de él antes o después… él es el rey del crimen… el más buscado de esta ciudad.

-Eso lo sé… su recompensa es muy grande-recordó Jim.

-La más grande de todas-Aladdín se acercó un poco más a Jim, y el chico pudo distinguir las ojeras en el moreno, más marcadas que nunca-todos le tienen miedo Rátigan, hasta los jefes… no sé de lo que es capaz… pero debe de ser peor que nada a lo que nos hemos enfrentado… además dicen que es un genio…

-Ya…-Jim asintió lentamente-y ese genio hijo de puta puede ser quien nos la haya liado con esto.

-Sí, supongo…-Aladdín invitó a Jim a guardarse la hoja-por lo menos tenemos algo: Rátigan, Finkelstein, el D23… y esa puta rallada.

-Intentaré resolverla, a ver si yo puedo…-dijo Jim sonriendo.

-Joder, me siento estúpido-rió Aladdín excusándose.

-Lo eres un poco, pero no pasa nada-bromeó Jim con malicia-a ver si yo puedo resolverlo…

-Eh, eh, que cerebrito tienes debajo de ese peinado…-rió Aladdín revolviéndole el pelo a Jim, que rió e intentó zafarse de él. Forcejearon un rato riendo hasta que tiraron un adorno de la mesa y lo rompieron.

-Joder no… eso vale más que mi vida…-dijo Aladdín riendo mientras Jim se agachaba y recogía los pedazos-… no hace falta Jim…

-En realidad tiene gracia porque cuando nos conocimos tú me dijiste que yo era rico…-recordó Jim poniendo los trozos del adorno en la mesa. Era realmente feo, en realidad Aladdín se alegraba de que alguien lo hubiera roto.

-Bueno…-Aladdín asintió dándole la razón a su amigo-creo que por una vez he tenido un golpe de suerte, la tenía toda acumulada. Pero la voy a devolver, en serio.

-Ya…-Jim asintió lentamente. Luego miró al despacho, y decidió ser sincero. Llevaba días pensándolo-este sitio no te pega nada… ¿no estás harto?

-Hasta los huevos-reconoció Aladdín. De repente sus ojos castaños se iluminaron con un travieso brillo especial-pero sabes qué… vamos a empezar por ahí.

-¿Uh?-Jim observó extrañado como Aladdín abría un armario y sacaba una bolsa con palos de golf en ella.

-El otro día tuve que estar cuatro horas jugando a esto-explicó Aladdín sacando uno de los palos y mirando su reflejo en él-he cogido práctica…

Y alzando el palo reventó el cristal de la mesita haciéndolo saltar por todas partes. Jim pegó un respingo al verlo. Aladdín le miró con emoción en sus ojos.

-Eeeeeh vale… se te ha ido ya…-dijo Jim, soltando luego una carcajada.

-Creo que en realidad ha vuelto… hace mucho que no hago ninguna gamberrada-dijo Aladdín le ofreció un palo, sonriendo-¿tú no?

-Pues…-Jim miró el palo y reflexionó unos segundos. Luego sonrió. Sí, en realidad el cuerpo se lo estaba pidiendo.

Aladdín puso en la radio uno de los discos de Billy a tope y luego comenzó a darle golpes a todas las cosas de su despacho. Jim tiró toda una estantería y luego saltó en el sofá para coger impulso y dar el siguiente golpe.

-Creo que me largo de aquí… tengo hasta las siete para darme un descanso-dijo Aladdín echando la cabeza hacia atrás.

-Creo que yo también-reconoció Jim, y ambos echaron a correr por el pasillo armados con los palos, golpeando cosas de vez en cuando cosas y con la música sonando a tope desde el despacho.

When we were young the future was so bright
The old neighborhood was so alive
And every kid on the whole damn street
Was gonna make it big and not be beat

Now the neighborhood's cracked and torn
The kids are grown up but their lives are worn
How can one little street
Swallow so many lives?

Chances thrown
Nothing's free
Longing for what used to be
Still it's hard
Hard to see
Fragile lives, shattered dreams!

-¡Míster Aladdín!-protestó uno de los recepcionistas, mientras Aladdín pasaba a su lado y le tiraba el ordenador de un golpe.

-¡JAJAJAJAJAJAJAJA!-rió Jim al verlo, rompiendo una lámpara de la entrada. Los de seguridad ya corrían detrás de ellos-¡VAMOS!

Salieron al aparcamiento de la MTV y montando Aladdín en su alfombra y Jim en su tabla se alejaron volando de allí.

-¡YUHUUUUUUU!-gritó Jim emocionado. A su lado Aladdín soltaba carcajadas mientras el gélido viento le daba en la cara. Iban a hacer otra de sus carreras, por supuesto.

-¿No tienes frío?-le preguntó Jim a Aladdín cuando después de estarse persiguiendo por entre los autovolantes por casi una hora pararon en una cornisa.

-Que va… -dijo Aladdín, que solo llevaba el chaleco para protegerse de cintura para arriba-he pasado más frío, en serio.

-Resolveré esto-dijo Jim indicando los cálculos que ahora iban bien guardados en su bolsillo-confía en mí…

-Siempre…-dijo Aladdín y dándole un fuerte abrazo de nuevo se despidieron-será mejor que vuelva, porque creo que me la voy a cargar… tú no te preocupes, no saben quién eres.

-Y si no me da igual. Pensaba echarte la culpa…-bromeó Jim.

-Feliz Navidad Jim-dijo Aladdín mientras subía a su alfombra.

-Feliz Navidad, tío. Pásalo bien-Jim sonrió con sinceridad. Se miraron una última vez y luego Aladdín se alejó volando en la alfombra, perdiéndose entre los copos que volvían a caer por la ciudad.

-Mierda…-Jim montó en la tabla y se apresuró a dirigirse a la zona roja. La nevada esta vez prometía ser buena…


Mamá estaría ya volviendo a casa con el abuelo Hawkins. Jim no se hacía a la idea de tener que aguantarlo esas vacaciones, los recuerdos que tenía del abuelo no eran muy buenos. Pero en fin, si se sentía tan solo como para llamarlos, tampoco pasaba nada por aceptarle entre ellos. No está bien dejar que alguien se sienta solo. Jim lo había aprendido con el tiempo…

-Me tienes que estar jodiendo…-Jim vio que el acceso del vórtice de tráfico que iba a tomar para entrar en la zona roja estaba cortado por ventiscas. Diez guardias rojos puestos en fila impedían el paso, desviando a los autos. Tendría que coger la entrada del norte. Dando un giro de ciento ochenta grados esquivó varios coches y se dirigió hacia allí, rozando los tejados más altos de los edificios blancos.

Jim se vio obligado a pararse en un semáforo cuando este dejó pasar a un centenar de coches que venían en la dirección contraria. Arrodillándose en la tabla, consultó su móvil distraído. La calma con la que se tomaba el estar suspendido a más de mil metros de altura era increíble.

-¡Es Jim! ¡Eh Jim! ¡Hola!-saludó una voz conocida. Jim se volvió con sorpresa para ver en el coche de al lado la ventanilla bajarse, y una carita regordeta y alegre asomarse para saludarlo: era Michael Banks, el hijo del banquero George Banks que había conseguido retrasarle la deuda a su madre (con un poco de persuasión por parte de Jim).

-¡Hola Jim!-saludó la hermana de Michael, Jane, asomándose también. Los niños llevaban unos elegantes sombreritos y en la mano de Michael había un enorme chupachups.

-Eh ¿cómo os va?-preguntó Jim sonriéndoles.

-¿Ya tiene tu mamá el dinero Jim?-preguntó Michael. A Jim le conmovió que el niño siguiese acordándose de eso pasado ya tantas semanas. Cuando eres niño muchas veces te preocupas más por el resto. Creciendo, aprendes a dejar de hacerlo.

-Sí, lo tiene-dijo Jim echándose el cabello hacia atrás-ya tenemos el recibo. Nos ayudó mucho, vuestro padre.

-¿Sí? ¡Ayyy!-Jane dio palmaditas, emocionada-¿lo ves Michael? ¡Te dije que lo haría!

-Bueno niños, basta ya, os va a entrar frío-dijo una tercera voz. Una mujer muy elegante y a juicio de Jim bastante pija se asomó también por la ventana, mirando a Jim muy seria. Llevaba un sombrerito negro adornado con flores y en la mano derecha sujetaba un paraguas con la cabeza de un loro, que a Jim le llamó mucho la atención.

-Si conduce del modo en el que le he visto hacerlo, un día va a tener un accidente-dijo la mujer mirando a Jim con severidad. El arqueó una ceja, divertido, mirando luego a los niños, que parecían más cortados ante la presencia de su institutriz. Jim recordaba que ellos ya la habían mencionado… ¿cómo era la palabra que habían dicho…? Era una palabra muy larga…

-Que paséis buena Navidad…-le dijo Jim a los niños. Luego le guiñó un ojo a Mary y haciendo rugir el motor de su Solaryum arrancó, esquivando a los autovolantes que venían en dirección contraria y perdiéndose entre el barullo.

-Qué vergüenza-dijo Mary cruzándose de brazos- vaya sinvergüenza.

-¿Qué te ocurre Mary Poppins?-preguntó Jane con un hilo de voz-¿estás enfadada?

-Sí, no sueles ser así-añadió Michael, más directo.

-El viento está cambiando niños, y estoy preocupada-dijo Mary mirando su interfono, preocupada. No había noticias de ese asesino… iba a tener que empezar a investigar más a fondo… empezaría por el manicomio, Witzed. Esa noche la tenía libre, así que podría acercarse un rato. Ella no celebraba la Navidad, ni tenía con quién. Merlín ya no estaba…

-Pero aún nos quieres… ¿no?-preguntó Jane angustiada. Mary Poppins la miró, tardando unos segundos en verla de verdad. No quería estar distraída y descuidarlos. Eso era lo que hacían los señores Banks con ellos. Así que apartó de sus pensamientos a Oogie Boogie y se concentró en los niños.

-Pues claro que no os quiero Jane Banks… ¡si sigues siendo tan impertinente, ¿cómo iba a hacerlo?!

Jane y Michael se miraron y sonrieron, traviesos. Esa sí era la Mary Poppins que conocían. El chófer de los Banks arrancó, y ellos se acercaron a Mary aferrándose a ella para que les diera calor.

-¿Nos cantas una canción sobre el invierno Mary Poppins?-pidió Jane con voz suave.

-Sí, una en la que salga el Yeti-pidió Michael.

-En estas señaladas fechas, lo más indicado es un villancico-dijo Mary-así que estaos quietos, mientras pienso en alguno…

Llega otra vez Navidad

Vuelve Jesús a buscar

En nuestros corazones un portal

Dónde cobijo encontrar

Sentir calor del hogar

Un corazón sencillo su cuna será

Si regalas palabras y risas

Y al que llora consuelo le das

Es tu alma una estrella que brilla y en tu corazón llega la Navidad

Es tu alma una estrella que brilla y en tu corazón llegó Navidad.

Por algún extraño motivo la misma canción asomaba a la mente de Jim en aquel preciso momento. Era un villancico que les habían enseñado en la escuela tiempo atrás. De niños solían llevarlos a la Iglesia y venía un cura, parecido al Fraile Tuck, que les hablaba de Jesús. De eso hacía ya mucho tiempo. Pero Jim aún recordaba muchas cosas. La religión le parecía rara, absurda y aburrida. Pero desde que había muerto, empezaba a manifestar un interés nuevo por ella. Porque realmente si necesitaba motivos para creer en lo imposible, sin duda ya los había tenido.

Al llegar a casa Jim dejó la tabla en su pequeño taller del garaje y fue a la cocina. Le había dicho a su madre que recogería la cocina por ella antes de que ella volviese con el abuelo Carl. Así que metió todos los platos en el fregadero, abrió el grifo y los mojó a toda velocidad. El invento de Maurice de secado instantáneo le habría venido muy bien en ese momento. Cogiendo un trapo enorme envolvió todos los platos y fue secándolos rápidamente, mientras se ponía la radio y bailaba al compás, distraído. Se sentía más contento últimamente, y no sabía por qué. Podría ser por Bella, podría ser por las vacaciones… pero sabía que era otra cosa: simplemente el hecho de seguir con vida ya era más que suficiente para celebrarlo.

See the girl with the diamonds and the shoes? yeah
She walks around like she's got nothin' to lose
Yes she's a go-getter, she's everybody's type
She's a queen of the city but she don't believe the hype
She's got her own elevation, holy motivation
'Til I wrote some letters on big bold signs

I got faith in you baby, I got faith in you now
And you've been such a, such a good friend of me
Know that I love you somehow
I met you, hallelujah, I got faith

Morfo se acercó a Jim, que lo cogió por sus minúsculos bracitos y se subió a la mesa de la cocina, dando palmas animadamente. De no ser porque conocía los poderes de Morfo, no hubiera podido engañar a Yzma en la tercera misión y conseguir acabar con ella. Increíble, ¿verdad? Dando un salto Jim aterrizó en el suelo de rodillas dando luego una pirueta mientras Morfo le aplaudía entusiasmado.

Jim estaba haciendo el moonwalk mientras recolocaba los cubiertos cuando la puerta sonó y entró su madre, cargada con una maleta de equipaje, y seguida de un hombre bajito, viejo y malencarado. Vaya, el abuelo Carl no había cambiado nada: solo era unos ocho, nueve años más viejo que la última vez que se vieron.

-Tu habitación está arriba… te subo el equipaje ahora mismo…-decía Sarah distraída.

-¿Me va a tocar subir escaleras?-preguntó el abuelo Carl con voz grave.

-También tienes el sofá…-comentó Jim fríamente. El abuelo Carl y Sarah se quedaron mirándolo sorprendidos.

-Oh, Jim…-Sarah se recuperó enseguida, forzando una sonrisa incómoda-aquí está el abuelo… ¿podrías subirle tú las maletas, eh…? Por qué… ¿por qué no os saludáis?

Jim y el abuelo se miraron con tanto desprecio que la tensión podía cortarse con un cuchillo. El incómodo silencio se vio interrumpido por los gorgoritos de Morfo que iba y venía por la estancia sin enterarse de nada.

-¿Qué es esa cosa?-preguntó finalmente el abuelo Carl señalando a Morfo.

-Nuestra mascota…-explicó Sarah-es muy divertida, ya verás.

-Me parece que habría que llamar a los de control de plagas…-observó el abuelo Carl, receloso-eso podría reproducirse…

-Tranquilo, no lo hará…-dijo Jim irónico, recogiendo a Morfo entre sus manos y haciéndole cosquillas en su gelatinoso vientre.

-No hablaba del bicho…-dijo el abuelo Carl, grosero. Jim alzó las cejas, e iba a contestar cuando vio el gesto suplicante de su madre y decidió callarse. Tirando de las comisuras de sus labios forzó una sonrisa de hiena mientras le asesinaba con la mirada.

-Te subiré la maleta…-se ofreció Jim agarrando el equipaje del abuelo Carl.

-¡Eeespera!-el abuelo intentó impedirlo, preocupado, pero era tarde: Jim empezó a arrastrar la maleta por las escaleras procurando darle un buen golpe contra las paredes y sacudirla como una batidora. El abuelo Carl miró a Sarah, furioso-veo que sigue sin domesticar…

-Bueno… podrías probar tú con él. A mí no me funciona nada-replicó ella, molesta-tu siempre sabes qué hacer…

-¡No he venido aquí a ocuparme de tu hijo!-se escandalizó el abuelo Carl.

-¡Pues yo ahora mismo tampoco puedo ocuparme de él!-replicó Sarah, dándole la espalda para ir hacia la lavadora-discúlpame pero tengo trabajo…

-Voy a por Dug-dijo Carl saliendo a la entrada, y empezó a silbar-¡Vamos perrito, ven! ¡Vamos, Dug!

En su cuarto Jim recolocó las cosas. Sabía que el abuelo lo cotillearía todo, así que bloqueó su ordenador y guardó las revistas eróticas y las de motos y tablas de surf en los estantes más altos, donde no alcanzaría. Carl siempre había sido un taponcete, herencia por la que Jim y Sarah tampoco eran muy altos.

Jim decidió conservar el código de Aladdín en la cartera, al menos por ahora, aunque era peligroso salir a la calle así, porque podían atracarle. Cuando el abuelo se largara y él recuperase su cuarto, haría una copia. De repente, otro pensamiento lo detuvo… ¿cuánto iba él a quedarse?

-No me lo ha dicho… quizá mucho tiempo…-dijo Sarah fingiendo estar muy ocupada para no tener que enfrentar la mirada de furia de su hijo.

-Me tienes que estar jodiendo…-suspiró Jim, vencido.

-¡Esa boca!-exclamó el abuelo Carl, mientras volvía a entrar en la casa, seguido de un enorme perro que al ver a Jim se tiró encima suyo y le lamió la cara-¡Dug no! ¡No chupes eso! ¡A saber dónde ha estado!

-Me tienes que estar jodiendo…-repitió Jim apretando los puños mientras las babas de Dug le estropeaban el peinado y le corrían por el rostro. Le esperaba una Navidad poco usual, desde luego. Y él que se quejaba de la monotonía…


Al fin llegó la tarde esperada: la mayoría de trabajos terminaban hoy más pronto, en el único día del año en el que Suburbia se paraba a celebrar. En la zona blanca la mayoría de edificios de oficinas quedaban vacíos y todo el mundo se iba a sus casas. En la roja en cambio muchos trabajadores continuaban en sus puestos (sobre todo la policía y empleados de seguridad como los de Witzed). Pero todos tenían ese espíritu que inexplicablemente se apoderaba de ellos una vez al año. El de los buenos propósitos, el de ser mejores y sembrar el amor. Un propósito estúpido.

En las distintas casas todos celebraban la Navidad de forma diferente: Jim había quedado con Tarzán y Jim en un parque para charlar un rato, y luego volvió a su piso, donde iba a ayudar a Sarah con la cena que celebraba el doctor Doopler, el jefe de ella que era quien les alquilaba el piso y mantenía. Sarah y Jim se vestirían con uniforme de servicio y atenderían a los invitados de Doopler. Por suerte la fiesta terminaría pronto, y luego ellos podrían cenar a las doce. El abuelo Carl protestó mucho con todo eso, pero no le hicieron caso.

Lady Tremaine y sus hijas cenaban en un restaurante caro de la zona blanca. Lady Tremaine había pensado que por una vez podía permitirse el lujo, aunque el dinero no fuera muy bien. Se sentía plena sabiendo que mientras ella degustaba el champán, Cenicienta estaba en una celda de máxima seguridad con un mísero plato de hablas mal cocinado. Efectivamente Ella lloraba amargamente sabiendo el día que era y que su padre no estaba ya, y apenas podía comer por el terror a lo que iba a sucederle luego…

-Mamá, tenemos preparado un villancico de Navidad-dijo Drizella mientras metía sus dedos en el champán intentando sacar un anillo que se le había caído dentro.

-No por favor, no me hagáis eso-respondió Lady Tremaine, sarcástica.

-Se llama "El caganet de Belén"-añadió Anastasia, muy orgullosa de sí misma.

Lady Tremaine suspiró ¿cómo podían ser tan profundamente imbéciles? Y sobre todo ¿por qué las quería tanto, aun así? Se preguntó que estaría haciendo Hamish jr… ya se ocuparía también de él… a fin de cuentas era su madre, y debía educarle…

En el barrio de Hapana Timón y Pumbaa habían preparado una cena especial en su casa con su hijo Bunga, que había vuelto de estudiar en la ciudad vecina de Tiro. Bunga tenía veinte años, y ellos lo habían adoptado cuando era solo un bebé en un barrio sombrío de la zona roja. Lo querían mucho más de lo que podían querer a ninguna otra criatura.

-Papá y papá… tengo una noticia que daros…-dijo Bunga mirándolos a ratos a cada uno, y luego tomando aire-voy a casarme.

-¿Ah sí?-dijo Pumbaa, sonriendo emocionado.

-¿Ya?-Timón no parecía tan convencido.

-Es una chica buena, tenéis que conocerla… es una gorila-aclaró Bunga.

-Uh, no has perdido tú el tiempo…-ironizó Timón, trinchando sus gusanos navideños para comérselos.

-El problema es que… bueno…-Bunga se revolvió algo incómodo-a su padre…

-¿No le gustas tú?-preguntó Pumbaa, siempre concernido por esos asuntos.

-No, no… no le gustan… los homosexuales…-explicó Bunga, cortado.

-Aaaaaaaah…-Timón y Pumbaa se miraron alzando una ceja, y luego siguieron comiendo con calma.

-¿No… no os parece mal?-preguntó Bunga preocupado.

-¿A nosotros? Pues no-dijo Timón-el problema es de él, no nuestro… pero si tú quieres casarte con ella, ni él ni nosotros tenemos nada que decir…

-No sé si su padre opina igual…-musitó Bunga.

-Bueno, invítale a comer aquí mañana-sugirió Pumbaa.

-Es Navidad, tendrá planes-le recordó Timón.

-Pues a cenar-se corrigió Pumbaa-y ya verás como cuando nos conoce no piensa igual.

Diciendo esto el jabalí engulló un cuenco de cucarachas azules manchándose la boca con su sangre amarillenta.

-Seguro…-murmuró Bunga con un hilo de voz.


Lilo también celebraba la Navidad en el piso de los padres de David, que eran una familia acomodada pese a vivir en la zona roja. Ella y Stitch se sentaban en la mesa de los pequeños mientras David, Nanny y la hermana de David, Rose, comían con los señores Kawena. Nanny era muy afortunada, como Sarah siempre le decía, porque se llevaba muy bien con sus suegros, y también con Rose, que era una chica dulce y encantada de tenerla como cuñada. Bueno, cuñada no exactamente, y ese era uno de los temas de la cena…

-Ahora estás ganando un buen sueldo…-decía el señor Kawena con seriedad-y no me quiero morir sin tener nietos…

-Papá…-replicó David, cortado.

-David no es el problema, si no yo…-se apresuró a decir Nanny para echarle un cable a su novio-tengo mil problemas, y un hijo solo me traería más problemas…

-Oh, dan una alegría superior a todo lo demás-dijo la señora Kawena quitándole importancia.

Lilo escuchaba la conversación desde su mesita, con el rostro abatido. Ella sabía que si Nanny y David no se casaban, era precisamente por ella. Nanny tenía que cuidarla, y eso era una gran responsabilidad. Ojalá fuese un poquito más mayor y pudiera irse. Así ya no la molestaría más…

-Para ya-le dijo Lilo a Stitch, que estaba lamiendo el plato de la sopa distraído.

-Lilo caraculo-dijo el monstruito haciéndola un corte de manga.

-¡Eso no se hace!-le regañó Lilo dándole un manotazo. Stitch se encogió, malhumorado.

-Stitch quiere patinaje-dijo Stitch señalando a la televisión, donde el programa del Genio ya estaba teniendo lugar: habían puesto una pista de hielo en el plató y había un número de patinaje artístico precioso.

-Mañana podemos ir si quieres-dijo Lilo con calma. Luego bajó la voz un poco más-después de investigar…

-¡Síiii!-exclamó Stitch emocionado.

Lilo volvió a concentrarse en escuchar la conversación de "los mayores", intranquila.

-Mamá, Nanny tiene que cuidar a Lilo…-le recordó Rose a la señora Kawena en un susurro.

-Cierto pero un niño más no es un problema. Vosotros fuisteis dos y nunca tuve problema en criaros y llevar un trabajo-replicó la señora Kawena indiferente.

-¿Te acuerdas de la vez qué nos dejó abandonados en Fantasyland?-le dijo David a Rose, que rió malvadamente.

-Sí claro… una sola vez en mi vida, y ya soy la peor madre del mundo…-dijo la señora Kawena, dramática.

David y Nanny se miraron, nerviosos. Tal vez era el momento de contarlo. Ella le tomó de la mano y se decidió a hablar, porque sabía que para él era difícil.

-En realidad, nosotros… bueno, yo he encontrado un trabajo como secretaria en una empresa de Republika… y David también ha pedido el traslado…

Se hizo un breve silencio en la mesa. Los señores Kawena se miraron con sorpresa.

-¿Republika Republika, quieres decir? ¿La ciudad?-preguntó el señor Kawena, asombrado.

-Sí papá, la ciudad del este-dijo Rose, que tenía un complejo de hermana listilla.

-Ya sé dónde está Republika, he estado un par de veces-respondió el señor Kawena, cortante-pero David ¿por qué?

-Ha sido una decisión mía-respondió Nanny, a la que le molestaba un poco que el señor Kawena se dirigiese siempre a su hijo en vez de a ella cuando tocaba decidir algo-en esta ciudad tenemos pocas posibilidades pero en Republika… podemos empezar una nueva vida…

-¿Y para qué queréis una nueva vida…?-preguntó la señora Kawena, angustiada-¿no sois felices aquí?

-Sí lo somos mamá-aclaró David, al que Nanny agradeció que se atreviera a hablar al fin-solo es que… bueno, queremos hacerlo, y ya está. Queremos salir de Suburbia una temporada, cambiar de aires. Y ganaremos más dinero…

-Pero si os quedáis en Suburbia podríais ganar mucho más-insistió el señor Kawena, ceñudo.

-Pues es que no lo estamos ganando-gruñó David, mirando a su padre enfadado. ¿Por qué tenían siempre que discutir todo lo que él hacía?

-Suburbia es la ciudad más grande de todas-dijo la señora Kawena-y la más rica…

-En realidad esa es China…-recordó Rose.

-Sin contar a China-se corrigió la señora Kawena-¿dónde vais a estar mejor que aquí?

En ese momento el programa del Genio se interrumpía para el noticiero de la noche. La primera noticia era la más comentada: Oogie Boogie había sido visto al fin, cerca del barrio de la zona blanca de los Puentes. La policía estaba peinando la zona, pero no había muchas esperanzas de encontrarlo.

-Recuerden que si ven a esta criatura no deben acercarse a ella bajo ningún pretexto ni intentar nada, avisen de inmediato a las autoridades-dijo el presentador, muy serio.

-Oogie Boogie se encuentra en la lista de los diez más buscados de Suburbia, y también ahora de los diez más buscados de Gathar-informó la presentadora, mientras la lista aparecía en la pantalla pequeña. Lilo la observó, curiosa.

LOS DIEZ MÁS BUSCADOS DE SUBURBIA:

Profesor Padriac Rátigan (jefe criminal)

Oogie Boogie (recluso fugado)

Capitán Jack Sparrow (pirata)

Capitán Héctor Barbossa (pirata)

Rey Candy (jefe criminal)

Doctor Drakeen (inventor)

Bagheraa (jefe criminal)

Fidget (asesino a sueldo)

Shere Khan (jefe criminal)

Doctor Heinz Doofesmirth (inventor)

La lista se ha visto sometida a variaciones debido a la muerte de James Garfio e Yzma, anteriormente también ocupantes.

-Creo que esta es una buena razón para irnos-comentó David señalando la televisión-esta ciudad está llena de criminales ¿sabes que la tasa de crimen en Republika es del cuarenta por ciento?

-Aquí es del noventa-recordó Rose.

-¿Y qué? A ti eso no te afecta-replicó el señor Kawena, cerrado en banda.

-Hasta que lo haga…-replicó David.

-No tiene por qué hacerlo…

-O sí… papá, esta ciudad está llena de odio, y ahora más que nunca… es solo cuestión de tiempo que todo…explote-dijo David muy serio. El señor Kawena negó con la cabeza, arrogante. Él creía saberlo todo.

-Qué tontería…

-De un modo u otro nos iremos…-dijo Nanny-no os preocupéis, hay un tren que lleva muy bien hasta Repúblika, podréis venir a visitarnos a menudo, sobre todo ahora que os vais a jubilar.

-Sí, eso es cierto…-reconoció la señora Kawena.

La tensión de la conversación se rebajó un poco con esto último y pronto volvían a conversar amistosamente. Pero Lilo no estaba tan contenta. Ella no quería marcharse, y menos a otra ciudad. Además, si Gantz la llamaba en Suburbia… ¿cómo iba luego a regresar ella a su casa, si vivía a miles de kilómetros de allí?

-Lilo… sonríe…-la intentó animar Stitch. Lilo hundió la cabeza en la mesa, cansada.

-Me va a estallar el cerebelo-dijo con voz lúgubre. Stitch la tomó de la mano con sus garritas azules.

-Ven-la indicó, llevándola a la terraza de la casa. Lilo le siguió de mala gana, cuando vio que nevaba de nuevo, y dejaba un paisaje precioso, todo cubierto de nieve con unas pocas personas caminando por las calles de abajo.

-Qué bonito…-dijo Lilo emocionada, y abrazó a su amigo-gracias Stitch, tú sí que sabes animarme.

-Jiji… Stitch-dijo el monstruíto sonriendo con sus afilados dientes.

-¿No vais a coger frío?-preguntó David acercándose con ellos a ver la nevada.

-No…-Lilo dejó que el chico la abrazara a ella y a Stitch y los tres contemplaron la ciudad absortos en la nieve que caía.


You ain't never had a friend, never had a friend
You ain't never had a friend, never had a friend
never… had … FRIEND LIIIIKE ME! Ha ha ha

You ain't never had a friend like me!

Cuando el número terminó todos los bailarines corrieron a las cámaras y saludaron emocionados, abrazándose unos a otros.

-¡FELIZ NAVIDAD, SUBURBIA!-gritó el Genio emocionado mientras abrazaba a Aladdín y al chef francés. Louis se había recuperado rápido tras su última batalla contra Sebastián, sobre todo porque ese programa había sido retransmitido en directo y había recibido unas críticas muy buenas, llegando incluso a ser considerado "el mejor de todos".

-¡FELIZ NAVIDAD! ¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO!-gritaban los bailarines y presentadores mientras los títulos de crédito aparecían en pantalla desfilando ante cámara.

El programa había estado lleno de grandes momentos como un divertidísimo sketch de la Banda del Patio donde Aladdín había hecho una interpretación tremenda, bailes exóticos con acrobacias como el del patinaje artístico y el Genio más gracioso que nunca, metiendo por supuesto chistes sobre política que hicieron hervir de rabia a Pete detrás de las cámaras.

Aladdín abrazó a TJ, Spinelli y Gretchen, mientras unos camareros les servían un pequeño aperitivo a todos los participantes en el show.

-Has estado brillante-le dijo Celia acercándose al moreno y sonriendo. Estaba claro que no quería pasar la Nochebuena sola…

-Gracias…-respondió Aladdín forzando una sonrisa y alejándose luego. No la pasaría con él.

-¡Ahora toca beber y beber hasta reventar!-exclamó Gretchen ajustándose sus enormes gafas de culo de botella. En la realidad era una juerguera tremenda.

-Parece que hay fiesta en la casa del Genio, me lo acaba de decir-informó Prickly , que interpretaba al director del colegio como personaje recurrente en el sketch de "la Banda".

-¡Bien! ¡Él siempre contrata chorbis guapas!-exclamó Gus emocionado.

-¿Chorbis, en serio?-terció TJ, burlón, y Gus le dio un amistoso golpe-yo voy a pasar la Nochebuena con Sabrina. Será nuestra primera juntos.

-Ya, no nos cuentes más-terció Spinelli, que en realidad estaba celosa porque ella estaba enamorada de TJ. Desde que él salía con la espectacular cantante Sabrina, no hablaba de otra cosa.

Aladdín se quedó pensativo al escuchar a TJ. Le gustaría tener a Yasmín para pasar la noche con ella. La echaba cada vez más de menos. En realidad, pensaba pasar la Nochebuena él solito. Ya había tomado una decisión.

-Aladdín, ¿tienes un momento?-le llamó el señor Waternoose. Al ya se lo esperaba: después de acabar el show, Waternoose y Pete querían tener un par de palabritas con él por la "bromita" de cargarse cosas aquella mañana con un amigo. Pero aprovechando el bullicio Aladdín se escaqueó y subió a una limusina que iba en dirección a la casa del Genio, con el director Prikley, Gretchen, Spinelli, Gus y Alan A'Dale, el gallo cantante de country.

-Un buen show Aladdín… hemos roto records de audiencia-explicó Alan A'Dale rasgando su guitarra, que siempre llevaba consigo-esto me inspira para una canción.

-No te molestes…-dijo la vieja Finster, actriz que hacía de la "profe mala" en "la Banda del Patio".

-Hay una procesión esta noche en honor a Billy… sus fans van a recordar su primera Navidad sin él-dijo Alan A'Dale.

-Sí, lo sé-dijo Aladdín. Miles de fans del Cobra iban a dejar la comodidad de sus casas para salir esa noche con fotos de Billy y encender velas para recordarlo. Aladdín también había ido a encender una vela en su casa, pero no pensaba ir. Spencer sí había ido, de hecho desfilaba entre los muchos fans como uno más, anónimo, sin que nadie de los que le rodeaban supiera que él era el único que realmente había entendido a Billy, y el único a quien Billy había querido de verdad. Pero él lo prefería así.

"Feliz Navidad Billy"-dijo Spencer encendiendo su vela. Ojalá la luz lo guiase, allí donde estuviera.

-Hay gente que tiene muy poco qué hacer-comentó el director Prickley bebiendo de una copa de cava que había en la limusina.

-Cuidado no manches la tapicería-le advirtió Spinelli-no me apetece mucho la casa del Genio… siempre se llena… creo que me iré a los Puentes…

-Como veas…-dijo Aladdín encogiéndose de hombros. Podría irse con ella, Spinelli era una de sus mejores amigas en la MTV, pero antes tenía algo qué hacer.

-Yo puedo ir contigo Spinelli-sugirió Gus viendo su oportunidad.

-Ya hemos pasado por esto Gus-gruñó la chica, quitándoselo de encima.

La casa del Genio era un caos en ese momento: había gente por todas partes, en sus jardines y piscina, nadando. Las casas de Beverly Hills estaban protegidas por una burbuja anticlimática, por lo que siempre hacía buen tiempo, mientras que en el resto de Suburbia te congelabas incluso con abrigo.

Había actores, cantantes y estrellas deportivas por todas partes. También altos cargos y ricos empresarios que hicieron a Aladdín revolverse las entrañas. Las prostitutas de lujo buscaban el mejor postor para pasar la noche con él y cobrar más que el sueldo de un funcionario, mientras el alcohol corría por todas partes y también la droga: entrando en uno de los despachos de la casa Aladdín vio que había cola para echar la cocaína sobre la mesa y esnifársela.

Aladdín se acordaba de sus navidades anteriores, en el orfanato de Madame Medusa donde ella había permitido que McLeach los violase a él y a su hermana. Recordó su posterior marcha del orfanato y sus Nochebuenas en un comedor social con cientos de niños hambrientos y un par de buenas monjas que estaban desbordadas porque no había comida para todos.

La cantante Violetta cogió un plato de aceitunas para comérselo pero la dieron un empujón y se le cayeron todas. Mientras reía y cogía otra bandeja, un camarero recogió las aceitunas del suelo y las tiró a la basura. Hacía solo una Nochebuena, Aladdín habría matado por una de esas aceitunas. Solo una.

Las prostitutas bailaban encima de los ricos que las metían dinero en el sujetador mientras la música y las luces impedían ver nada. El Genio estaba también acomodado en un sofá contando con su potente voz un par de chistes a unas actrices que reían forzadamente, porque en realidad no le pillaban demasiado.

Aladdín vio el champán derramarse por encima de los caros sofás. Olió el humo de las carísimas drogas y tabacos que solo los millonarios podían permitirse. Vio los billetes volar por la estancia mientras todo el mundo intentaba jactarse de algo, unos de sus películas, otros de sus empresas, etc, etc…

¿Qué estarían haciendo sus colegas del barrio de la Guardia? Más de uno iría al desfile de Billy, y luego a beber en una discoteca auténtica para pasarlo bien. Sería cutre, sería pobre, pero sería auténtico… serían sus verdaderos hermanos, y su verdadera vida. A lo mejor aún estaba a tiempo de alcanzarlos, y le dejaban pinchar algo a él.

-¡Aladdín! ¡Siéntate con nosotros! ¡Gran Alí, príncipe Alí!-le aclamó el Genio al verle acercarse. Llevaba un suntuoso abrigo de plumas y unas gafas tintadas de violeta para resaltar aún más su aspecto excéntrico.

-Hola… quería hablar contigo-dijo Aladdín sentándose en el sofá mientras las actrices se lo comían con los ojos.

-Hablar lo que se dice hablar no vamos a poder ahora mismo-dijo el Genio riendo-¡pero siempre puedes bailar! ¡Hoy les hemos machacado, campeón!

-Solo es un momento-dijo Aladdín bebiendo un sorbo de tónica, muy tranquilo-Quería decirte que lo dejo…

El Genio que también estaba bebiendo se atragantó al oírlo, y sus acompañantes le dieron palmadas en la espalda intentando calmarlo. Las apartó, nervioso.

-¿Qué dejas el qué?-preguntó, ya sin sonreír.

-El trabajo-especificó Aladdín, divertido por su situación-lo siento…

-¿Qué… qué estás diciendo?-el Genio negó con la cabeza, extrañado-Al, Al… ¡Aladdín!

Él ya se había dado la vuelta y se marchaba, cuando el Genio lo agarró del hombro y lo viró bruscamente. No era la primera vez que el Genio veía una determinación así en los ojos de alguien. Él una vez hace ya mucho tiempo también había decidido alejarse del opulento y falso mundo de la fama, pero había terminado por volver a engullirlo. No permitiría que Aladdín escapase. Era estúpido.

-Si buscas un aumento, hay otras formas de pedirlo-dijo el Genio con seriedad. Aladdín negó con la cabeza, riendo, mientras sacaba su carnet de accionista de la MTV y lo rompía en su cara.

-Lo dejo Genio… feliz Navidad-dijo.

-Qué tontería Al, estás borracho-dijo el Genio mirando a los lados. Había demasiado escándalo como para que nadie los escuchase, afortunadamente para ellos-deja que te lleve a casa…

-No he estado tan sobrio en mucho tiempo-negó Aladdín convencido-vendí mi alma al diablo el día que acepté trabajar aquí. Pues ahora lo dejo. Lo siento, pero no hay otra forma.

El Genio iba a soltar un taco gordo, pero se contuvo. Miró a un lado y a otro, entrecerrando sus ojos en finas rendijas, mientras se relamía los labios azules.

-Mira a tu alrededor Al… esto es lo que cualquiera querría… tienes todo lo que puedes querer…

-Créeme, no es así-dijo Aladdín. De repente la clara verdad se asomó, como de casualidad-y tú lo sabes… porque sientes lo mismo.

-Eso no es así-rebatió el Genio con amargura-eso no es así, y tú te equivocas. Todo el mundo quiere esto… todos quieren ser nosotros.

-Pues les dejo un hueco.

-¿Y qué piensas hacer?-preguntó el Genio con un hilo de voz-no eres nada sin esto… nada… ¿qué vas a hacer?

-Bueno, pues… lo dejaré a la improvisación-dijo Aladdín recordando una de las últimas conversaciones que habían tenido.

Por primera vez en mucho tiempo, el Genio se quedó sin palabras. Abrió y cerró la boca varias veces, sin saber que decir. Aladdín le dio unas palmadas en la espalda, y luego salió de allí. Y cuando cruzó el umbral de la casa se sintió mejor, muchísimo mejor. Estaba dejando atrás una etapa de su vida, y lo sabía. Se notaba diferente, era extraño, pero también muy bueno.

Aladdín subió en un taxi para volver a la mansión de Billy. Abú le estaría esperando, últimamente le dejaba traerse a otros monos callejeros a la casa. Sabía que a Billy no le habría importado. Abriendo su interfono Aladdín miró sus contactos. Era una pena que Ariel no tuviese móvil. No supo por qué pensó en ella la primera de todos, tal vez porque fue ella quien lo liberó con sus palabras, la que le hizo al fin darse cuenta de lo que estaba pasando.

Decidió volver a casa, darse una buena ducha y salir en la Alfombra Mágica: el banco aún no había cerrado, podía sacar una buena parte del dinero que había ganado en aquellas últimas semanas. Estaba seguro de que en el barrio de la Guardia podía ayudar a celebrar una de las mejores Navidades de la historia. Planear aquello le hizo sentir mejor que cualquiera de las fiestas y éxitos de los dos últimos meses.


-Una sopa deliciosa Sarah. Gracias, ya puedes llevártela-dijo el doctor Doopler. Sarah recogió los platos ayudada por Jim y trajo el segundo plato. Ni el doctor Doopler (un científico perruno con la cabeza en las nubes) ni sus ocho invitados eran personas muy interesantes: todos hombres solterones y aburridos cuchicheaban cuando Sarah entraba porque les daba vergüenza hablar en voz alta delante de ella, y según Jim se había enterado participaban en la elaboración de una nueva teoría sobre el planeta Gathar que podía ser toda una revolución. El chico no tenía ni idea de que iba la cosa y tampoco le interesaba ni lo más mínimo, pero al parecer era un auténtico bombazo…

-Será cualquier chorrada, como que han descubierto un nuevo material geológico-dijo Jim encogiéndose de hombros mientras hablaba con Bella por el interfono.

-Oh, eso sería muy interesante-reconoció Bella emocionada. Estaba preparando el pavo para comerlo con Maurice, que como siempre estaba en el sótano trabajando, esperando hasta el último segundo para arreglarse y cenar- pero por lo que me has dicho ellos son astrónomos… debe de tratarse de otra cosa… como la órbita del planeta o algo así.

-Ya…-Jim fregó los platos de sopa distraído mientras sujetaba el teléfono con su hombro-¿y tú qué tal? ¿cómo va tu padre? Dile que feliz Navidad…

-Ya sabes, abajo, como siempre… ¡Papá, Jim te desea feliz Navidad!-exclamó Bella asomándose al sótano.

-Ah sí, sí… ¡dile que yo también cariño!-exclamó Maurice. Jim sonrió al escuchar la voz del anciano. Se había encariñado mucho con él, y eso que era profesor.

Sarah entraba en ese momento a sacar la carne, cuando vio a Jim charlando por el teléfono. Ella ya sabía que andaba con una chica nueva porque Jim se lo había dicho, pero aún no la conocía. Aunque sabía que no debía cotillear, la señora Hawkins afinó el oído mientras colocaba la humeante carne en una fuente de plata de Doopler.

-Sí… oye, mañana por la tarde después de la comida y eso puedo pasarme… sí, sí, claro…-decía Jim distraído. A Sarah le sorprendió la calidez en su voz. No era por ser engreída, pero su hijo debía de ser un novio espléndido, al menos si quería…

-Tengo tu libro…-dijo Bella sonriendo mientras pasaba un dedo por el regalo de Jim, envuelto en un fuerte papel rojo.

-No…-Jim soltó una carcajada-¡te dije que no lo compraras!

-Te va a gustar-dijo Bella, sentándose y sonriendo embobada-ya verás como sí…

-Bueno… yo también tengo tu regalo…-dijo Jim. Luego bajó un poco más la voz-y te lo quiero dar pronto…

Bella se mordió el labio pensándolo. Cada vez que Jim la tocaba era como la primera vez. Cada vez que ese chico malo la atravesaba con sus ojos verdes ella sentía que su vida era valiosa, que toda la soledad de aquellos años no importaba, porque al fin una persona la quería de verdad, y esa persona era el chico más guapo, inteligente y bueno de la ciudad. Bueno no era del todo, pero Bella creía ver algo más de bondad detrás de esa faceta hostil que presentaba siempre. Y creía poder ayudarle a sacarla fuera. Creía poder cambiar a Jim, hacerle mejor. Y Jim creía lo mismo. Sentir la devoción absoluta que Bella tenía hacia él al principio solo había sentido para hacerle sentir superior y dominante, pero ahora se sentía conmovido por ella, y sabía que además de su madre, tenía otros cálidos brazos a los que acudir. Unos brazos entre los que además podía hacer muchas más cosas…

-¿Y cuánto os queda para que podáis cenar?-preguntó Bella preparando el pavo en la mesa.

-Ya van a pasar al segundo. Solo les queda eso y los postres, supongo que otra hora más o menos…-Jim se volvió para ver a su madre que le sonreía pícaramente. La hizo un gesto para que se marchara y Sarah se rió.

-Me gustaría verte con ese uniforme de camarero…-susurró Bella entrelazando un rizo en sus dedos. Jim con una camisa blanca y una pajarita negra la hacía tener escalofríos con solo imaginarlo.

-Bueno, verás, estoy muy sexy-comentó Jim, mirando a su madre malicioso. Sarah se dejó de reír y miró a Jim fingiendo escándalo-pero cuando acabe de cenar puedo acercarme… si no te parece tarde…

-Nunca me lo parecería…-dijo Bella sonriendo. Esperaría toda la noche en vela si hacía falta para encontrarlo. Cada segundo sin tenerlo a su lado se le hacía eterno.

Cuando finalmente Jim colgó miró a su madre cruzando los brazos.

-Eres una cotilla-la reprendió.

-Venga ya, tendrás que presentármela ¿no?-dijo Sarah acariciando el rostro de su hijo-me alegra verte tan contento.

-Ya…-Jim desvió la mirada, algo incómodo. Su madre era la única persona que conocía más o menos lo que había pasado con Ariel. Y aún veía en los ojos de ella el recuerdo de lo vivido con la pelirroja. Él sabía que Sarah se había hecho amiga de la sirenita, y que también lamentaba su marcha. Él sabía que Sarah deseaba verlos a los dos juntos… pero bueno, ya era sabido como había terminado todo…

-Mamá…-Sarah se detuvo al escuchar a su hijo llamarla. Hacía mucho que no la llamaba "mamá". Lo creas o no, eso es importante para una madre.

-¿Sí?-preguntó Sarah volviéndose y ocultando su emoción.

-¿Y tú estás contenta? Conmigo, quiero decir…-Jim la miró esperanzado. Se miraron durante unos segundos, ambos conteniendo la emoción, y tantas cosas que querrían decir.

-Sí Jim-dijo Sarah finalmente-claro que lo estoy.

Acercándose a él le besó en la mejilla y le sacudió un poco el cabello. Luego recogió la fuente y se dispuso a bajar de nuevo a la casa de Doopler. No debían retrasarse más.

-¿Ya estáis aquí otra vez?-el abuelo Carl acababa de volver de dar un paseo a Dug, y el perro correteó por toda la casa persiguiendo a Morfo que había ido con ellos-tú bicho raro es un peligro nacional.

-Oh, cállate-dijo Jim dándole la espalda y yéndose también a la casa de Doopler. El abuelo Carl se quedó con la palabra en la boca, viendo a su nieto alejarse. Al principio pareció asombrado, pero luego endureció el rostro, como siempre. Niñato impresentable. No merecía ser ni su nieto…


Suburbia y las demás ciudades de los hombres celebraban la Nochebuena en paz. Por increíble que pareciera, esta era la noche en que menos criminalidad había en todo el mundo. Hasta los ladrones preferían pasar la noche con su familia. Aún así seguía habiendo patrullas y alta seguridad en todo el reino… hay mentes criminales que nunca descansan. El capitán de policía Tex fue avisado por radio de que habían sido encontrados dos cadáveres en un parque cercano al barrio de Sherwood. Dos cadáveres de niños. Decidió ir a investigar.

Entretanto las cenas por toda la ciudad recordaban el nacimiento de Jesús, o por lo menos la importancia de reunirse en familia para celebrar buenos momentos. En Nôtre-Dame, la catedral de Suburbia que se encontraba en la zona blanca, el Archidiácono daba una misa solemne a la que asistirían muchos de los altos cargos de la ciudad.

En la Estrella Azul no se celebraba la Navidad, claro. Los magos eran agnósticos, o al menos creían en otro tipo de poder que no era el de la mano de Dios: ellos creían en la magia como fuerza superior a todas las demás, pero la magia no tiene voz ni mandamientos. Actúa de modo inescrutable, pero actúa siempre bien.

Sentados en corro en pequeños cojines disfrutando de la comida los alumnos de la Estrella disfrutaban de una suculenta cena con sopa caliente y delicioso pescado mientras los magos más poderosos comían en un gran comedor, presidido por los Siete. En este caso serían los seis, ya que Mary Poppins no estaba. La maga tenía mucho trabajo que hacer esa noche. Había un monstruo suelto en la ciudad. Y todos confiaban en ella para detenerlo…

-¿Tú has enviado la nevada?-le preguntó Lewis a Elsa. En las últimas semanas se habían hecho inseparables: desde que el chico conoció a Elsa en compañía del mago Merlín habían empezado a hablar, y Lewis había descubierto que Elsa era una joven muy inteligente y la única persona que parecía entenderlo en aquel agujero.

-Claro que no la he enviado-respondió Elsa con calma, aunque era mentira. Sí que lo había hecho. Cada vez notaba más consonancia entre el tiempo y sus poderes. Cuando llegaba el invierno, su magia aumentaba y la hacía sentirse más fuerte, superior a todos los demás. A veces temía lo que eso podía significar. Pero su conciencia se lo hacía olvidar enseguida.

Lejos del templo de la Estrella Azul, Tía Dalma y sus seguidores también celebraban la Navidad con una procesión similar a la que estaban haciendo los fans de Billy en el centro de Suburbia. Ariel y Sebastián, sentados en la rama de uno de los frondosos árboles del Pantano, contemplaban la procesión dirigida por Tía Dalma, que recitaba rezos extraños mientras elevaba una esfera de luz anaranjada en el aire, que iluminaba el río como un pequeño sol. Las serpientes del río rodeaban a Tía Dalma cuyo cuerpo de cintura para abajo permanecía sumergido en el pantano, y parecían besar y adorar su negra piel.

-Feli Navidá Arie-dijo Sebastián con cariño-y mi mejore deseo.

-Feliz Navidad Sebastián-Ariel cogió al cangrejo entre sus manos y le besó la viscosa cabecita-gracias por estar siempre…

-Nada…-respondió el cangrejo, restándole importancia-ay mi niña… mucho no queda aún por delante, mucho aún…

-¿Qué crees que… estarán haciendo en casa?-preguntó Ariel en un susurro.

-No lo sé, pero si quiere saberlo, e sencillo-dijo Sebastián recostándose en el regazo de Ariel mientras veía a los fieles de Tía Dalma tras ella. Algunos llevaban a sus niños recién nacidos en brazos, otros eran familias muy numerosas que lo habían dejado todo por ella. La canción que cantaban se la había compuesto Sebastián a Tía Dalma ese mismo día, como rezo especial.

I need to know these answers
I need to find my way
Seize my tomorrow
Learn my yesterday
I need to take these chances
Let all my feelings show
Can't tell what's waiting
Still I need to go
I need to know…

Tía Dalma miró al cielo mientras lágrimas le caían de los ojos y le corrían el rímel. Era una drama queen, le parecía a Ariel, pero aún así era fascinante. Una mujer increíble, como pocas conocía.

Mirando al cielo Ariel se acordó de Flounders, y el corazón la atravesó con una fuerte punzada. Ojalá pudiese volver a verlo, aunque solo fuera una vez más. Hacerle saber que lo sentía mucho, que lo quería más que a nada por todo lo que había hecho por ella.

-No piense tanto Ariel…-le dijo Sebastián, adivinando por su mirada lo que le ocurría-solo cierra lo ojo… y disfruta…

Ariel hizo caso y dejó que el cangrejo la cerrara los ojos. Luego suspiró profundamente y comenzó a cantar junto al resto de fieles. Poco a poco todos se callaron para escucharla a ella. Su voz era como la de un ángel. Hasta Tía Dalma detuvo su plegaria para poder disfrutar de ella. Un canto que no era de este mundo. Ariel llevaba sin cantar desde que había abandonado el mar. Y al volver a hacerlo se sentía liberada… se sentía viva de nuevo.

Cuando terminó los fieles no dijeron nada, solo siguieron con su procesión, pero muchos siguieron mirándola largo rato, fascinados por ella. Ariel se recostó en la rama, calentándose al lado de las velas que estaban colocadas por todo el pantano. Por su cabeza seguían pasando Flounders, su padre y sus hermanas… ¿qué habría sido de Attina? Ojalá pudiera verla, decirle lo mucho que sentía todo lo ocurrido, lo mucho que realmente la quería… porque sí, aún les quería, a todos… incluso a Tritón.

Por último, y odiándose a sí misma por ello, pensó en Jim. Se lo imaginó en su casa cenando con Sarah y Morfo, solos y silenciosos. Pero claro que no, Jim seguramente subiría al tejado y pasaría allí un rato reflexionando, como solía gustarle hacer. Luego cogería su tabla y se largaría a surcar los cielos de la ciudad, pues él amaba la libertad más que a nada.

Ariel se dio cuenta de que estaba sonriendo al recordar esas costumbres del chico. Y rápidamente se esforzó por pensar en otra cosa, porque quería acordarse de todo menos de Jim Hawkins.

I need to know…


La cena en la casa de los Hawkins no era exactamente como Ariel lo había imaginado, y eso era porque no contaba con el tercer elemento de la mesa aquel día, el abuelo Hawkins, Carl, que traía aún más tensión al hogar ya de por sí disfuncional. Mientras Jim y Sarah tomaban la sopa, Carl se dedicaba a observarles con odio.

-¿No te la tomas papá?-preguntó Sarah, extrañada. Jim mantenía sus ojos clavados en el plato, intentando abstraerse de la cena, porque sabía que si no estallaría y gritaría a aquel hombre.

-Quieres envenenarme…-dijo el abuelo Carl con voz ronca-no pienso comerla.

-No se come, se bebe-dijo Jim, incapaz de contenerse. Sarah lo miró alarmada. Se temía que su padre estallara en gritos como siempre, pero Carl no lo hizo. Permaneció callado, observando a Jim mientras una lenta sonrisa iba formándose en sus labios.

-Dime hijo… ¿no vas a salir esta noche? Puedes atracar a un par de señoras antes de que amanezca-dijo con saña-así podrías comprarte otro pendiente…

-Prefiero quedarme aquí aguantándote…-dijo Jim. Iba a decir algo más pero su madre le apretó la mano, y haciendo un ejercicio de contención absoluta Jim respiró profundamente hinchando el pecho hasta que no le cabía más aire, y expulsándolo después.

-Eres un maleducado-dijo el abuelo Carl cruzándose de brazos. "Pero me tomo la sopa, gilipollas"-pensó Jim para sí. En lugar de eso dijo:

-Sí, sí que lo soy…

-Sí que lo soy-repitió Morfo con voz aguda mientras se acercaba al perro Dug y se convertía en una copia de él.

-¡Sarah! ¡Sarah, necesito tu ayuda!-se escuchó la voz de Doopler desde abajo-¡ven!

Sarah se levantó pero su padre la sujetó por la mano con fuerza, impidiéndoselo.

-No vayas, estás cenando. Dile que se espere.

-¡No puedo hacer eso!-exclamó Sarah, nerviosa-¡Papá!

-¡Tienes que imponerte, hija!-exclamó Carl furioso.

-¿Quieres dejarla, pesado?-Jim apartó la mano de su abuelo de Sarah, dejándola ir-¿voy contigo?

-No, no hace falta-dijo Sarah-enseguida subo.

-Es que se quedan a dormir, ya te dije que podía pasar…-se escuchó la voz de Doopler desde abajo mientras Sarah cerraba la trampilla que daba a su piso.-gracias…

-Eres insoportable-le dijo Jim al abuelo Carl, que le miró con profundo desprecio. Luego siguió cenando la sopa, sin decir nada más. El abuelo Carl se dedicó a fulminarle con la mirada, pero Jim no le hizo ni caso. En cuanto terminase se largaba a ver a Bella. No quería permanecer ni un minuto más bajo el techo de ese ser tan insufrible.

-No has cambiado nada, James-dijo el abuelo Carl en voz baja. Jim cerró los ojos. El abuelo solía hablarle así cuando era niño, siempre regañándolo: "esto no es así, James" "deja en paz a tu madre, James, solo sabes molestar".

En el sofá, Dug jugueteaba con Morfo intentando atraparlo, parecían encantados el uno con el otro.

-Eres igual que tu padre… solo buscas formas de molestar a Sarah… de hacerla daño…-susurró el abuelo Carl con desprecio-esperaba que te curasen los años, que maduraras, pero no es así…

Jim estuvo a punto de saltar al escuchar mencionar a su madre, pero de nuevo se contuvo. Sabía que la solución no era esa: podía atacarle con sus propias armas, y ganar. Se lo debía a sí mismo, por tantos años soportándole.

-De hacer daño a mamá sabrás tú más. Eres la que peor la ha tratado de todos-dijo Jim dejando la cuchara y apoyando la cabeza en una mano mientras miraba a su abuelo con una irónica sonrisa-¿no?

Carl palideció al escuchar aquello.

-¿Cómo te atreves…?-susurró, furioso, mientras los puños le temblaban.

-No, como te atreves tú-dijo Jim, cortante-te presentas en Navidad después de no hablarla durante ocho años sabiendo todo lo que ha sufrido, y vienes quejándote con un puto perro baboso y encima rechazas su sopa. Me tienes hasta los huevos, gilipollas. No te echo a patadas porque me das demasiada pena para hacerlo, pero eres un hijo de puta cabrón de mierda, y por lo que veo los años no curan eso.

Carl negó con la cabeza varias veces, sin saber que contestar. Jim le miró con fiereza, y finalmente el abuelo desvió la mirada, avergonzado. Jim volvió a meter la cuchara en la sopa para acabársela, ceñudo. Se había despachado bien a gusto, la verdad. Y sabía que todo lo que había hecho era cierto, incluso lo de echarlo a patadas (que estaba a un tris de hacer).

-Lo que pasó entre yo y tu madre tú no lo sabes. Ella… yo… no me dejó otra opción…-balbuceó Carl intentando defenderse, tras unos minutos pensándolo.

-No me interesa-le interrumpió Jim alzando una mano-en serio, cállate.

-Tú no lo entiendes… no tenía otra opción que venir… no podía…-dijo el abuelo Carl. Jim se levantó y empezó a lavar su cuenco de sopa, intentando no escucharle. A lo mejor se ponía los cascos para el segundo plato, y así podía ignorarle todavía más.

-No podía… no podía-repitió Morfo acercándose al abuelo Carl y adoptando ahora su forma. Él lo alejó, molesto.

-Tenía que venir… tenía que advertirte…-dijo finalmente. Al oír aquello, Jim se quedó unos segundos paralizado, con el cuenco en sus manos. ¿Para advertirle…?

-¿Para advertirme de qué?-preguntó el chico, girándose con sorpresa.

-De… de Gantz…-susurró el abuelo Carl.


Jim tardó un poco en reaccionar tras escuchar ese nombre. Jamás en toda su vida pensó que escucharía a su abuelo hablar de aquello. ¿Pero entonces qué era…? ¿Cómo lo sabía él…?

-¿Qué sabes de Gantz?-dijo Jim dejando el cuenco en el fregadero, pues había estado a punto de tirarlo al suelo del susto-¿qué sabes tú?

-Luego hablaremos de eso… Sarah subirá en cualquier momento-dijo el abuelo Carl, pero Jim se acercó a la mesa y agarró a su abuelo de la chaqueta, acercando su rostro al suyo.

-¿Qué sabes tú?-preguntó, exacerbado. El abuelo Carl lo miró atemorizado. En realidad solo era un lamentable viejo indefenso, solo eso.

-Yo… yo también juego… también participo-susurró el abuelo Carl. Jim negó con la cabeza, perplejo. No podía ser verdad… si él no estaba en su equipo…

-Tendrías que estar…

-Muerto-completó el abuelo Carl. Luego le enseñó unas pequeñas marcas en su rechoncha y flácida barriga-una extirpación de tumor… no pudieron hacerlo peor. Acabaron conmigo.

-Pero entonces tú… tú estás en otro equipo-dedujo Jim.

-Pues claro… ¿creíais que erais los únicos?-inquirió el abuelo Carl, impaciente-escucha Jim, ese agente del D23 vino a verme, sabe que estamos todos en esto, pero creo que… no quiere nada bueno de nosotros. No sé si lo sabes, pero si consigues cien puntos, puedes escapar. Yo he conseguido ya diez…

-¿En serio?-preguntó Jim sorprendido, aunque el abuelo Carl pudo leer la verdad en sus ojos: diez puntos no eran nada si quería salir de allí-¿y cuántas misiones llevas?

-Cuatro…-recordó el abuelo Carl-ha sido… ha sido horrible… viajamos fuera de la ciudad… y por el mar… y bajo tierra… fue horroroso… pero yo no tuve que ocuparme del objetivo. Otros lo hicieron por mí.

-¿Quién más hay?-preguntó Jim, nervioso-¿quién?

-Eso no importa ahora Jim, lo importante es que debes saber lo que nosotros hemos averiguado-dijo el abuelo Carl salivando mucho al hablar-hay un libro muy antiguo llamado el Doomulacrum que habla de la resurrección de los muertos. Ese es el libro que el doctor Finkelstein utilizó para apoderarse de nuestras almas con Gantz.

-Pero Finkelstein está muerto…-recordó Jim.

-Pagó con su vida el haber creado su invento, pero aún no tenemos claro por qué lo hizo, ni para quién-susurró Carl-si encuentras ese libro tal vez podamos hacer algo pero… ya lo hemos buscado mucho, y no encontramos nada. Yo jamás había oído hablar de él…

-Pero no lo entiendo… si Finkelstein utilizó ese libro… ¿quién controla ahora la esfera? ¿quién es… Gantz?-preguntó Jim preocupado.

-No lo sé-tembló Carl, que ahora parecía mucho más viejo y al borde del llanto-yo solo quería avisarte porque… porque ese hombre, el policía secreto, te tiene fichado y me dijo que además sabía algo de ti que tu desconoces… algo importante…

-¿El qué? ¿El qué, abuelo?-insistió Jim, angustiado. La oscuridad de la sala se comía medio rostro de Carl y de Jim, dándoles un aspecto más tenebroso mientras hablaban de Gantz.

-No lo sé…-sollozó el abuelo Carl, asustado-no lo recuerdo… no me acuerdo de nada… es como si mis…

-Como si hubieran desaparecido-completó Jim-ya… joder…

Tenía tanta información. Sabía que era Nochebuena, pero saldría ahora mismo a buscar a Aladdín y a contárselo. Tal vez también a Lilo. Era cuestión de vida o muerte. Si lo averiguaban a tiempo tal vez podrían librarse antes de…

-Jim…-el abuelo Carl tembló incontrolablemente señalando las piernas del chico.

-Oh no…-dijo él, mientras el corazón se le aceleraba. Estaba desapareciendo de nuevo. Un mes, un largo mes de libertad antes de regresar de nuevo a otra mortífera misión de Gantz. ¿Qué le depararía esta vez? No quería ni pensarlo. Joder, estaba muerto de miedo.

Jim miró a su abuelo que permanecía sentado, al lado de unos perplejos Morfo y Dug.

-Dile que he salido…-le dijo Jim a Carl-que ya volveré…

-Oh…-cuando el chico se esfumó, Carl reprimió un escalofrío de terror. No era creyente, pero en ese momento se encomendó a los santos y al Altísimo suplicándolos que el niño se salvara, que volviese vivo a casa. No podía ni respirar del miedo. Y Sarah… Sarah estaba a bajo, y Carl sabía que quería a Jim más que a su propia vida. Si perdía a su hijo… ¿Cómo seguiría ella adelante?

-Dios mío…-Carl se derrumbó en el suelo, llevándose una mano a su corazón que le martilleaba con fuerza-Dios mío no… que viva… por favor que no se muera… Dios…

-Dios, Dios…-repitió Morfo preocupado.

Dios.

Gantz.


Al igual que Jim el resto de los participantes de la misión anterior fueron desapareciendo. Ahora solo quedaba que se unieran unos nuevos.

-No… mieeeerda…-dijo Aladdín al notarse desaparecer. Se encontraba en el barrio de la Guardia, ayudando en el comedor social a donde solía acudir con las monjas. Abú dio un respingo al darse cuenta de que el hombro de Aladdín desaparecía, y emitió un chillido señalando las piernas de su amigo, que se alejó de la multitud de niños que pedían comida al darse cuenta de que empezaba a pasar de nuevo.

-Deséame suerte Abú…

-¡IIIIIIIK!-exclamó el monito, horrorizado.

En la casa de los Kawena, Lilo y el resto de la familia se estaban haciendo una foto juntos. Ella estaba en el centro con Stitch, mientras Nanny y David la ponían manos uno en cada hombro, arrodillados a su lado, y detrás los señores Kawena y Rose sonreían anchamente.

-¡Feliz Navidad, Ohana!-dijeron los siete a la vez, y Stitch mostró una vez más su terrible sonrisa que al señor Kawena le daba escalofríos.

-¿Qué clase de perro es?-le preguntó el señor Kawena a Lilo, preocupado.

-Stitch es único en su especie-explicó ella convencida-lo he llamado un zombiguau. Un perro zombi.

-Ya… zombiguau…-el señor Kawena miró preocupado a Nanny, que negaba con la cabeza.

-Venga Lilo, ayúdame a recoger-dijo Nanny distraída.

-¿Me he portado bien Nanny?-dijo Lilo cogiendo de la mano a su hermana mayor.

-Pues claro-asintió ella y la dio un fuerte besazo en la frente-hoy mejor que mejor.

Empezaron a llevarse los platos a la cocina, cuando Lilo se dio cuenta de que su piececito estaba desapareciendo… lo que significaba…

-Oye Lilo, sé que lo del cambio de ciudad no te ha gustado…-dijo Nanny mientras colocaba una pila de platos en el fregadero-pero quiero que sepas que la última palabra la tendrás tú. Republika es una ciudad tranquila y he buscado un colegio dónde estoy segura de que harás buenos amigos… y estará Stitch. Pero si no quieres… la última palabra será tuya.

Se volvió para ver que nadie estaba escuchándola.

-¿Lilo?-preguntó Nanny extrañada. Debía de haberse ido a jugar, como siempre. Bueno, ya la avisaría después.

-¡Stiiiitch!-Lilo corrió al lado de su perro que la miró preocupado.

-¡Lilo no!-dijo intentando aferrarla, pero los brazos de la niña ya no estaban.

-Invéntate una excusa…-dijo Lilo escondiéndose con él en el baño-de por qué no estoy… intenta ganar tiempo…

-Lilo no vayas…-dijo Stitch preocupado. Lilo no…

Pero ya no estaba. Una vez más había desaparecido, y volvería a formarse en el horrible lugar que visitaba en la noche, en sus pesadillas. Stitch entrecerró sus ojos hasta convertirlos en finas líneas. Esto no había acabado…

De igual forma Ariel y Sebastián empezaron también a esfumarse. El cangrejo miró a Ariel asustado.

-¿Ahora?-preguntó con horror. ¿Justo ahora?

-Sí…-Ariel agachó la mirada, mientras el miedo crecía también en su interior. La última vez les había ido de poco, de muy poco. Ariel echó un último vistazo al Bayou, a sus verdes copas y caudaloso río. Allí había encontrado un hogar durante todo aquel tiempo… realmente se había podido alejar de todo, y olvidar el pasado. No sabía si eso seguiría siendo posible ahora…

Tía Dalma los vio desaparecer a ambos desde el altar del pantano donde estaba orando, y sonrió.

-Bien… -se dijo a sí misma mientras se frotaba las manos de largas uñas-no está muerto lo que duerme eternamente, Ariel… y con el paso de los eones hasta la misma muerte puede morir…

Ariel, Sebastián, Jim, Aladdín, Timón y Pumbaa desaparecieron cada uno en sus respectivas celebraciones, al igual que Lady Tremaine que estaba de vuelta a casa, viendo la televisión con sus hijas y Lucifer, y al darse cuenta de lo que ocurría se levantó con el pretexto de ir al baño…

-Que cagona está hecha ¿eh?-le dijo Anastasia a Drizella, rascándose el culo mientras se tumbaba en el sofá donde antes había estado su madre.

-Será la edad-respondió Drizella, sin apartar los ojos de la televisión, hipnotizada.


- "Somos pocos los que tenemos la valentía para enamorarnos del todo"-leía distraídamente Bella. Era un libro muy antiguo, de una escritora a la que el polvo de los años había hecho olvidar, pero Bella lo encontraba sumamente interesante. Recogida en el sofá con el calor de una estufa disfrutaba de la lectura mientras se imaginaba a sí misma como la propia Elizabeth, y a Jim como el señor Darcy.

No esperaba que su padre tardase mucho más. Ya estaba acostumbrada a ese tipo de cosas, por lo que los demás lo encontraban excéntrico y molesto, y ella en cambio muy tierno: a Maurice acababa de ocurrírsele que el cinturón de calor que él y Jim estaban desarrollando podía funcionar mejor con un cableado nuevo, y se había ido corriendo al centro comercial a intentar conseguirlos. Sabía que ese centro no cerraba ni en Navidad, y además como le había dicho a Bella "si no lo hago ahora mismo, se me olvidará luego". Conociendo a su padre Bella le había dejado ir dándole un beso en su arrugada frente y luego se había sentado con uno de los muchos libros de su librería. El que había comprado para Jim esperaba debajo del árbol, todavía envuelto. Bella sonrió levemente mientras lo miraba, distraída. Ay Jim… si tan solo supiera que la estaba haciendo más feliz de lo que se había sentido en toda su vida. Como en el libro, le asustaba mucho sentirse atada a otra persona, pero a la vez no podía dejar de estarlo.

En el sótano, Maurice se había dejado el cinturón de calor encendido, y este había prendido una mecha, que ahora quemaba la vieja mesa de madera sobre la que el padre trabajaba: los apuntes de Maurice, sus carpetas llenas de anotaciones sobre sus inventos y libros de consulta comenzaron también a arder. Pero el despiste de Maurice todavía no se había cobrado suficiente, porque el fuego saltó a las cajas de inventos que comenzaron también a calcinarse.

Distraída con el libro Bella notaba un calor cada vez más fuerte, pero no le extrañó ya que estaba el calefactor puesto. Cuando un libro la absorbía no se enteraba de nada más, como era el caso. Pegada a la lectura igual que Drizella a la televisión, Bella saboreaba cada palabra, disfrutaba con la visión de cada imagen generada por las letras negras improntas en el papel, sin saber que debajo de su cómodo nidito se estaba formando un infierno de llamas y humo negro.

Y las llamas alcanzaron los materiales inflamables. Maurice los tenía guardados en un armarito metálico para evitar este tipo de cosas, pero la llama consiguió filtrarse por las puertas y alcanzar el acetileno, con lo que en unos segundos se produjo una tremenda explosión, seguida de otra tan brutal que el techo del sótano (y suelo de la casa) saltó por los aires.

Bella no tuvo tiempo de enterarse ni de lo que estaba pasando: solo se vio a sí misma propulsada hacia el techo a toda velocidad mientras su vestido empezaba también a arder, y luego se golpeó fuertemente con el techo, haciendo un sonoro "crak" y cayendo después al suelo, muerta. El fuego comenzó a trepar por el agujero que se había creado en el salón por el estallido y consumió el sofá y los libros de la gran librería. Maurice no tardaría en llegar y descubrir la casa en llamas, mas no encontraría a su hija.

Ella se iba a otro sitio.


-Mira Sid… ¡jajajajaja! ¡Soy una princesa!-exclamó Suzie.

-Cállate-respondió Sid, sentándose en un banco del parque y cruzándose de brazos. Había sido otra insufrible cena de Navidad con sus padres, tíos y primos mayores, que como siempre se metían con él. Pero él tenía la cabeza en otra parte: llevaba casi un mes sin hablar con Bufford, hasta que él le había mandado una foto por el móvil de Timón y Pumbaa, paseando por la calle tan tranquilos. Sid primero había vomitado, luego sufrido un ataque de nervios y finalmente se había puesto a pensar qué hacer ahora. Bufford le había dicho que no haría nada, porque al parecer ellos no habían hablado con la policía ni les habían denunciado, pero Sid no estaba de acuerdo. Para empezar deseaba hablar con ellos… y averiguar cómo cojones habían podido regresar de entre los muertos.

La hermana de Sid, Suzie, patinaba tan entretenida mientras Sid pasaba de ella. Ya estaba acostumbrada: ella quería mucho a Sid, pero él la pegaba, le rompía las muñecas y la trataba fatal, si es que la hacía caso en algún momento. Una vez Suzie pilló a Sid en su cuarto con actitud indecorosa y como "castigo" el chico la había dejado un ojo morado con un bate de beisbol. Luego Suzie había mentido a sus padres diciendo que se lo había hecho con una puerta, para no inculpar a Sid.

Suzie seguía patinando, cuando algo se movió entre los arbustos del parque. Extrañada se detuvo, y se quedó mirándolo. Sid había vuelto a sacar el móvil y escribía sin parar, así que cuando ella volvió a llamarlo, no la hizo caso.

-Suzie Sue… linda Suzie… que patines tan bonitos… se te da muy bien patinar-canturreó una voz entre los arbustos. Suzie se quedó de piedra. La voz sonaba dulce y cantarina, pero había algo horrible y violento en ella, algo que congeló la sangre en la niña-no tengas miedo Suzie Sue… soy Santa Clavos… te traigo tu regalo… el viejo Santa Clavos…

-¿Santa Claus?-preguntó Suzie extrañada, acercándose un poco más al arbusto. Quería ver lo que era, quería saber qué se escondía detrás de él ¿Sería su primo Julian, gastándola otra broma?

-Santa Clavos, Santa Clavos un regalo te daré… linda Suzie, pequeña Suzie, solo acércate…-canturreó la voz. Suzie se asomó entre las ramas del arbusto y distinguió una fuerte luz verde fosforita entre las hojas. Era muy bonita.

-¡Sid!-llamó Suzie-¡Eh, Sid!

Sid le hizo un corte de manga a su hermana sin levantar la cabeza del móvil, pero fue lo último que pudo hacerla, porque en ese momento a ella el arbusto se la tragó, e instantes después ya no estaba. Sid siguió escribiendo casi un minuto más en el interfono, hasta que algo llamó la atención: ya no la escuchaba… y era muy raro que Suzie estuviera tanto tiempo callada.

-¿Suzie? ¿Suzie?-Sid se levantó, extrañado, y comenzó a buscarla. Si era una puta broma, la partiría la cara. Pero hacía un momento estaba allí. Si se perdía, sus padres le matarían. Puta niña de mierda… ojalá se muriera.

De repente Sid creyó ver algo en ese arbusto al lado del que su hermana había estado antes. Algo que le llamó mucho la atención. Una sustancia roja. Acercándose lentamente estiró una mano y cogió la sustancia. Sí, él la conocía. La misma que había salido de los vientres del jabalí y el suricato, a los que tanto había disfrutado matando. ¿Era sangre, no? Lo llamaban así…

Sid vio algo más entre los arbustos, y eso lo dejó paralizado por unos segundos. No podía creer que fuese cierto lo que estaba viendo. Simplemente no podía ser verdad: se acercó un poco más, con la sangre helada, para distinguir la cabeza de su hermana. La cabeza de Suzie había sido arrancada de su cuerpo y clavada en una de las ramas… y debajo había un brazo, y una pierna. Y en la yerba, varios restos de sus vísceras.

-Aaaaaaaah…. ¡AAAAAAAAAAAH!-gritó Sid echando a correr, pero entonces una mano larga, larga, larga, como una serpiente, lo atrapó y tiró de él hacia el arbusto. Sid notó en su tobillo el sucio tacto de unas ásperas sábanas que envolvían la mano-¡NO! ¡SUÉLTAME! ¡SOCORRO! ¡AYUDAPORFAVOR!

-Ven Sid… te gusta matar… a mí también… seamos amigos-decía la voz. Sid le dio una patada a la mano y sacando su navaja la hundió en el trapo, pero entonces contempló, horrorizado, como de él empezaban a salir arañas, hormigas y gusanos… no había carne que apuñalar… aquel ser no era humano-ven conmigo Sid… yo también puedo chuparte la polla… vas a ver lo que puedo hacer yo con ella… VAS A VERRRRRRRLO…

-¡NOOOOOOOO!-lloró Sid aterrorizado-¡POR FAVOR, PAR….!

Y desapareció en el arbusto. Por unos segundos las hojas se agitaron y las ramas se movieron con violencia, mientras había un forcejeo dentro de él. Luego se hizo el silencio. Y más sangre goteó de las ramas.

-Na na na na… ooooh…-cantaba la voz. Arrancando el cráneo del cuerpo mutilado de Sid lo clavó en otro palo, al lado de la cabeza de su hermana Suzie-quizás estés escuchando un Boogie que es mortal… uoooo… uooooo… ¡UOOOOOO, SOY EL OOGIE BOOGIE MAN!

Con sus manos repugnantes, y ese hedor a muerto

Oogie Boogie sembró de sangre y carne su huerto.

En distintos arbustos, colgó de aquel nene

Su pierna, sus manos, sus orejas y su pene

Y ahora ya se marcha, porque es Navidad,

y a otros niños debe visitar

Nuestro héroe, Oogie Boogie, un amigo especial

Esta noche, bajo tu cama, esperándote estará…

.

Huele la muerte… ¡huele la muerte!

¡Lleva la muerte!


Gantz Gantz Gantz Gantz Gantz Gantz ¡Gantz! ¡Gantz! ¡Gantz! ¡GANTZ! ¡GANTZ! ¡GANTZ! ¡GANTZ! ¡GANTZ!


-Vale, genial. Ya estamos otra vez-dijo Jim mientras se materializaba en la sala: como esperaba ya estaban varios de ellos allí: Timón y Pumbaa, la vieja desagradable, Hércules y Aladdín.

-¡Jim!-Lilo le sobresaltó detrás suyo, corriendo a abrazarlo-¡Me alegro de verte!

-Yo… yo también-dijo Jim acariciándola el cabello con ternura-aunque sea en estas circunstancias… ¿qué tal la Navidad?

-¡Muy bien! ¡Y vosotros! ¡te he visto en la tele Aladdín!-exclamó Lilo animada. Jim observó curioso a la niña. Era mucho más alegre y vivaracha que cuando la había conocido. Suponía que era porque la conocía mejor. Realmente era un tesoro, como decía Nanny.

-Salgo guapo, ¿eh?-se jactó el árabe. Jim le dio una colleja, y los tres rieron-lo he dejado-le dijo Aladdín a Jim.

-¿En serio?-dijo el chico, asombrado.

-Sí… creo que es lo mejor que podía hacer… aunque sea un pringado toda la vida-dijo Aladdín encogiéndose de hombros.

-No creo que lo seas. Para nada-respondió Jim, sincero, y Aladdín sonrió con gratitud.

-Pues yo sí lo creo. Pregunta por lo menos si necesitan un esteticien con ideas modernas-intervino Timón, tan cotilla como siempre.

-Hola Lilo-saludó Pumbaa, cariñoso-¡me alegro de verte!

-Aquí vamos otra vez-dijo Lilo abrazando al jabalí-espero que Stitch pueda retener a Nanny hasta que volvamos…

-Ya… mi madre se va a rallar mucho como tarde…-dijo Jim. "Si es que vuelvo"-pensó para sí, preocupado, aunque no lo dijo.

-Bueno, tenemos a nuestro nuevo capitán…-dijo Aladdín señalando a Hércules. Los ojos de todos los presentes se volvieron hacia él.

-… tendremos que matar al objetivo… si consigues cien puntos, puedes pedir un deseo. Cuando yo los consiga, pediré la libertad de todos vosotros-explicaba Hércules al recién llegado, que hacía poco que había recuperado la conciencia. Jim lo miró curioso.

Había pocas personas tan raras como el tipo que acababa de llegar nuevo a esa misión: su rostro era blanco, pero como si se lo hubieran pintado, aunque Jim sabía que no era así; tenía dos ojos verdes brillantes como faros, enmarcados en fuertes ojeras azuladas, y dos largas cejas, al igual que su cabello, naranjas. El pelo lo llevaba frito hacia los lados, y su cabeza la coronaba un enorme sombrero de copa, con varios alfileres de oro clavados en él y un pañuelo rosa que lo envolvía. En la etiqueta del sombrero ponía 10/6, refiriéndose al precio del modelo. Sus ropas también eran raras, una chaqueta azul larga y raída, y calcetines de colores que se metían en gruesos zapatones.

El "Sombrerero" miró a Jim con sus penetrantes ojos (el derecho lo tenía ligeramente desviado) y compuso una ancha sonrisa, desvelando que tenía los dos incisivos centrales separados dejando un curioso hueco entre ellos.

-Así que después de todo esta noche habrá matanza… bueno-dijo con su voz, aguda y temblorosa. A Jim le fascinaba tan curiosa la apariencia del recién llegado (y por lo que pudo ver también al resto de los participantes) que por un momento se olvidó de dónde estaban, y de que aún faltaban cuatro participantes.

El primero de ellos no tardó en llegar también: la esfera emitió su habitual brillo rojizo mientras el pequeño cuerpo de Sebastián se iba conformando en el suelo.

-Anda, el cangrejo reggaetonero-comentó Timón con los brazos en jarra mientras Sebastián recobraba el sentido y miraba a su alrededor.

-No pueo créelo… aquí otra ve…-Sebastián miró a su alrededor y saludó a sus viejos conocidos inclinando la cabeza.

-Cómo vas, "amante escarlata"-preguntó Jim sonriendo.

-Nada mal, nada mal…-comentó Sebastián subiéndose a la repisa de la ventana y echando un vistazo a la Torre de Suburbia-¿y vosotro qué? ¿etái preparado?

-Pues… no-admitió Jim-…como siempre.

-Oh…-Aladdín se volvió al ver que Ariel aparecía también en la estancia: esta vez no estaba desnuda como cuando la conocieron, si no que llevaba un sencillo vestido blanco, la túnica de los seguidores de Tía Dalma. Todos se hicieron a un lado mientras Ariel terminaba de materializarse, y Jim avanzó hacia ella con los ojos brillantes. Tanto tiempo sin verla… no podía contenerse… deseaba saludarla, intentar hablar de nuevo. Su orgullo quería impedírselo, pero simplemente no podía…

Sin embargo otra cosa sí pudo, porque otro cuerpo se estaba formando también: al principio solo eran unas femeninas piernas, pero solo con verlas Jim también la reconoció al instante, y se quedó petrificado. No… no, por favor… otra vez no…

-Oooooh…-Bella se tambaleó y cayó al suelo, inmóvil, al lado de Ariel que acababa de terminar de formarse. La pelirroja la miró con sorpresa, y luego a Jim, que estaba en el centro, pasmado.

-Jim… ¿la conoces?-le preguntó Aladdín a Jim, arqueando una ceja. Él asintió lentamente. En ese momento Bella levantó la cabeza y miró a los extraños que la rodeaban con miedo.

-Oh… ¡Oh!...-sus ojos se detuvieron al reconocer a Jim en frente suyo.

-Jim…-susurró Ariel mirándole. Jim la miró a ella. Luego miró a Bella.

-Jim…-dijo Bella, asustada-¡Jim! ¿Qué está pasando…?

Ambas miraban fijamente al chico, asustadas, y él no sabía qué hacer. Miró primero Ariel, luego a Bella, y luego a Ariel de nuevo. Los ojos azul océano de la pelirroja volvían a absorber los suyos… se conocían tan bien…

-Ven… tranquila… estás a salvo… no pasa nada…-dijo Jim ayudando a Bella a levantarse y llevándola a uno de los cojines que había en un extremo de la sala. Bella le abrazó y comenzó a llorar, asustada.

-Jim… Jim, me encuentro mmal… no sé qué pasa-sollozó, asustada. Entonces vio la bola negra, e inexplicablemente comenzó a temblar.

-Ssssssh, tranquila… estoy aquí Bella… tranquila…-dijo Jim abrazándola y dándole un beso en la frente. Sus ojos se cruzaron con los de Ariel una vez más. Ella estaba pálida, mirándolos. Pero al ver que Jim la miraba de nuevo su rostro se torció en un gesto de enfado, y levantándose fue a la esquina donde estaban apostados Hércules y Aladdín.

-Solo falta una persona…-recordó Aladdín-y entonces nos dirá el objetivo… me pregunto quién será esta vez.

-Pronto lo sabremos…-dijo Hércules con voz ronca-pero hay algo que me llama la atención, por lo que me habéis contado.

-¿El qué?-preguntó Aladdín extrañado.

-Él-Hércules señaló a Jim, que levantó la cabeza del hombro de Bella para mirarlo con sorpresa.

-¿Qué te pasa a ti ahora?-preguntó Jim malhumorado.

-Tú ya conocías a otros antes de empezar las misiones… a ese cyborg, y a una mujer-dijo Hércules, con calma. Intentaba no sonar demasiado acusador, aunque lo estaba haciendo-y… y a la niña… Merlín me lo dijo.

-¿Merlín te lo dijo?-Jim frunció el ceño, cabreado-¿y qué quieres decir con eso?

-No es nada malo, no quiero ofenderte-dijo Hércules alzando las manos para tranquilizarlo. Era increíble lo alto y ancho que era, a su lado un potente musculitos como Aladdín parecía solo un niño pequeño-solo quiero decir que… llevo jugando diez misiones en este "juego" y… nunca había visto un caso así… sí que me parece sospechoso, pero no por qué creas que ocultas algo… no sé si me explico.

-Pues no-cortó Jim-si quieres la verdad, no me hace ni puta gracia. No…

Estaba muy asustado. Ya había perdido a dos personas muy importantes (Silver y Amelia) por culpa de aquel puto juego. No quería perder a Bella ahora. ¿Y si en la próxima misión aparecía su madre? ¿Qué podía hacer para detener todo aquello?

-Vamos fortachón, es inevitable que haya conocidos entre nosotros… -dijo una voz grave y sexy desde atrás. A Aladdín y a Jim les pareció la voz más erótica que habían escuchado en su vida. Pero claro, combinada al cuerpazo al que iba unida, hizo que ambos se quedaran duros como piedras contemplando a la mujer que acababa de aparecer en el pasillo, apoyada en el marco de la puerta del salón-… a fin de cuentas, esta ciudad no es tan grande.

La expresión de Hércules ahora era parecida a la de Jim cuando vio a Bella. La joven entró en la estancia contoneando sus gruesas caderas con descaro. Llevaba un vaporoso vestido violeta y un escote muy ancho, que presionaba sus voluptuosos pechos. También tenía una larguísima melena castaña con reflejos lilas, recogida en una gruesa coleta. Los ojos de la chica, de largas pestañas pintadas, eran de color violeta. Aladdín se relamió los labios. Los ojos violeta eran uno de sus mayores fetiches. Muy poca gente en la ciudad los tenía.

-M… ¿Meg?-Hércules había pasado de ser el caballero andante a más bien el caballo. Parecía tan sorprendido como asustado-¿qué… qué haces aquí…?

-Pues lo mismo que tú, como comprenderás no vivo aquí-dijo Meg con sarcasmo.

-¿Meg?-repitió Aladdín, interesado.

-Mis amigos me llaman Mégara, o eso harían si los tuviera-dijo Meg con gesto despectivo-¿y a ti te han puesto algún nombre a parte de todos esos ondulantes perctorales?

-Estooo… sí, AAladdín… Aladdín-dijo el chico, componiendo una encantadora sonrisa.

-Qué bonito… creo que te llamaré Al-dijo Meg dándole la espalda mientras miraba al resto-así que ya estamos todos… estupendo, deberíamos empezar…

-Descarada-murmuró Lady Tremaine, mirando a la chica con desprecio.

-Espera-Hércules la sujetó, y Meg le lanzó una mirada que lo desarmó totalmente. Era imposible… no se sentía preparado para ella… había pasado tanto tiempo-Meg… estás viva…

-En realidad no del todo, y tú tampoco ¿recuerdas?-dijo ella hablando muy despacio y con paciencia, como si le estuviese explicando a un niño hipersensible a sumar-¿no eras el que llevaba aquí diez misiones? Pues vamos… no podemos hacer esperar a estas personas… cuando antes empecemos, antes nos podremos marchar…

-Pero Meg…-insistió Hércules, preocupado.

-Ssssssssh…-Meg presionó el pequeño botón a un lado de la esfera y esta se abrió, revelando al cadáver del doctor Finkelstein. Al verlo, Bella se quedó paralizada, y abrazó aún más fuerte a Jim, muerta de miedo.

-Era verdad…-comentó el "Sombrerero" echando un vistazo al muerto-así que… hay un objetivo…

-Que nos dirá enseguida…-dijo Meg apoyándose en la pared al lado de la esfera. Luego miró a los presentes, curiosa-sois un grupo muy raro… de verdad, no es por ofender. Pero me resulta curioso que… halláis sobrevivido.

-Te sorprenderías.

Todos se volvieron con sorpresa cuando Ariel habló. Miraba a Meg muy seria. Ni su aparición ni la de Bella le gustaban a la pelirroja en absoluto. Y no podía, ni quería, ocultarlo.

-Sí bueno… ahora veremos… creo poder apostar sobre quién será-dijo Meg.

-Yo también-intervino Lilo.

-¿En serio? Vaya…-Meg sonrió a la niña con sarcasmo, pero se quedó muy sorprendida cuando Lilo le devolvió la misma sonrisa. Vaya, la pequeña era de armas tomar.

La temida musiquita del Steamboat Willie empezó a sonar. Aladdín y Jim se miraron, sombríos, y luego avanzaron hacia la esfera para ver bien. Había poco tiempo, y tanto por hacer…

En la superficie de la esfera empezaron a salir unas letras rojas, tan mal escritas como siempre.

-Hijo de puta…-susurró Jim mientras leía.

-¿Es un hombre?-preguntó Meg, irónica-cuánto sabes…

Olah, soi Gantz, buestro nuebo mejor amigo.

Ya ke la avéis kagado con buestras bidas y estais muertos, yo aré lo ke kiera con eyias de aohra en hadelante. Hasí ke prerepadaros, porque bais a tener ke ser mui vuenos para conservarlas. En serio, mui vuenos.

-Joder…-Aladdín quería darle a la esfera con el palo de golf, pero claro, no podía hacerlo.

La misión empezó a escribirse, y mientras una imagen aparecía en la pantalla, todos se miraron, asustados.

-Lo sabía-dijo Lilo, muy seria. Sus dotes detectivescas eran mejores de lo que pensaba.

Mizión Zinco: Zaco de bixos

Ezte es Ugi Bugi i se a eskapado de un hospital para jente malita de la cavesa. Komo no ba a kerer bolver nezesitaria ke lo matarais por mi… y dejad de intentar piyarme, porke nunca savreis kien soy, ja, ja, ja felizes fiestas!

La foto era muy confusa y apenas se veía nada, no como en las anteriores, pero Jim estaba seguro de que si veía a Oogie Boogie lo reconocería de inmediato.


Y en el próximo episodio ¡comienza la misión! ¿Lograrán vencer a Oogie? ¿Alguna apuesta sobre quién va a morir? O tal vez se salven todos...

Me ha gustado sobre todo el Jim vs abuelo Carl y cuando Aladdín le planta cara por fin al Genio. En fin si os gustó dejad un review y un abrazo muy grande, ¡pasadlo bien y nos leemos!