Capitulo veintiocho
Edward POV
Me pasé la noche mirándola dormir… no podía creerme que después de todo en ese mismo momento estuviésemos juntos. Las primeras luces del día iluminaron su pelo arrancando destellos rojizos de él. No podía creer como había llegado a amarla tanto, como esa pequeña chiquilla que se presentó en una de mis ruedas de prensa fingiendo ser quien no era había llegado a ser tan importante para mí. No era una más… era ella, la persona con la que quería parar el resto de mi vida, cada segundo estaba más convencido de ello.
Un par de horas después del amanecer salí de la cama con mucho cuidado sin despertarla, quería darle una sorpresa. Fui hasta la cocina y comencé a prepararle el desayuno, estaba en esas cuando Rosalie entró en la cocina, en cuanto me vio agachó la mirada avergonzada. Mientras yo esperaba a que las tostadas estuviesen en su punto ella se sirvió un café en completo silencio. Cuando ya tuve todo en la bandeja preparado para llevárselo a Bella, me dispuse a salir de la habitación.
– Edward –me llamó en un susurro, yo solo me giré y la miré esperando que continuase hablando– lo siento, nunca imaginé que todo acabase así.
– Lo sé –susurré– si Bella te ha perdonado yo también podré hacerlo, supongo que tenías tus razones.
– Las tenía… –musitó.
Sin esperar una palabra más por su parte continué mi camino hacia la habitación de Bella, en cuanto crucé la puerta la tranquilidad que me embargaba su simple presencia me dio de lleno. Parecía una diosa allí dormida, con expresión sosegada. Dejé la bandeja sobre la mesita de noche y desnudándome en unos segundos volví a meterme con ella en la cama, en seguida su cuerpo se enredó en el mío como lo estaba minutos antes, suspiró y apoyó la cabeza en mi pecho mientras susurraba mi nombre. Mi pecho se hinchó de alegría, estaba presente incluso en sus sueños.
Comencé a dejar besos en la piel desnuda de sus hombros y ella se removió con desgana, continué besando la piel de su cuello y ella comenzó a reírse. Me gustaba la idea de despertar a su lado, de poder hacer ese ritual cada mañana, de poder ser la primera persona en ver sus preciosos ojos chocolate cada mañana, como lo hacía en ese momento, mientras sentía como el alma se me escapaba cada vez que me perdía en esos dos enormes pozos marrones.
– Buenos días… –susurró sonriendo.
– Siempre son buenos a tu lado –dije mirándola.
Ví como se ruborizaba e intentaba ocultarse con su cabello, esa era una de las cosas que me había enamorado de ella, su inocencia, la amaba, a cada segundo estaba más seguro.
– Tengo algo para ti –dije mostrándole la bandeja del desayuno, se sentó en la cama intentando ocultar su desnudez con la sábana, me pareció una imagen demasiado tentadora, pero tenía que hacer que ese desayuno fuese inolvidable, así que le entregué mi camisa y ella se la puso mientras sus mejillas volvían a teñirse de rojo.
– Gracias –musitó.
La observé desayunar mientras yo saboreaba sólo un café, no podía apartar la mirada de ella, y en mi cabeza solo resonaban las palabras que tenía que pronunciar, aunque tenía un nudo en la garganta que hasta me impedía poder tragar. Cuando terminó se volvió a acomodar en mi pecho suspirando. Era su lugar, encajaba perfectamente entre mis brazos, era como si mi cuerpo hubiese sido creado solo para ella, para poder abrazarla y consentirla como la princesa que era.
– Bella –la llamé después de aclararme la garganta–, tengo que decirte algo. Ella se apartó un poco de mí y se sentó a mi lado en la cama.
– ¿Pasa algo? –preguntó asustada, supongo que al ver mi nerviosismo podía esperarse cualquier cosa.
– No… bueno sí… pero no es nada malo… espero –balbuceé.
Respiré hondo unas cuantas veces mientras miraba la ventana frente a mí sintiéndome incapaz de de mirarla a los ojos todavía.
– Edward… ¿estás bien? –preguntó poniendo una de sus manos en mi mejilla.
Dejé que mi cuerpo se deleitara con su calor, mezclado con las ansias de volver a hacer el amor con ella viéndola solo con mi camisa y el pelo revuelto. Aparté mis pensamientos y tomé una de sus manos entre las mías, cerré los ojos y me concentré en aquellas palabras que llevaba días ensayando.
– Bella… verás yo… –abrí los ojos y la miré, su rostro me dio la tranquilidad que necesitaba y suspiré– llevo unos días dándole vueltas, sé que quizás es muy precipitado, de acuerdo, realmente es precipitado, pero no tiene porque ser ahora mismo, yo te amo y esperaría lo que hiciese falta. Como si no quieres aceptar y prefieres que nos quedemos así como estamos, de verdad Bella, no estás obligada a aceptar, pero me gustaría que lo hicieses, para mí eres y serás siempre la única, y me gustaría ser lo mismo para ti… –me quedé mirándola y ella me observaba en silencio, esperando algo más, yo volví a ponerme nervioso y me revolví el pelo impaciente, pero ella continuaba igual… impasible– ¿Qué… qué dices? ¿Aceptas?
Me miró durante unos segundos más y después sonrió… eso es buena señal… ¿cierto?
– ¿A qué quieres que acepte? –Preguntó en un susurro –no me has hecho ninguna pregunta en concreto.
La miré entrecerrando los ojos mientras intentaba recordar mis palabras… bufé mientras negaba con la cabeza azotándome internamente por ser tan estúpido. Metí la mano en mi bolsillo y saqué aquella caja que mi madre me había entregado en Forks días antes con lágrimas en los ojos y una enorme sonrisa. Me aclaré la garganta una vez más y la miré a los ojos.
– ¿Te quieres casar conmigo? –pregunté en un susurro.
Y otra vez silencio y quietud, no movía ningún musculo mientras su mirada estaba clavada en la caja abierta entre mis manos. Después de un minuto parpadeó varias veces y desvió su mirada hacia mis ojos. Pude leer lo que pasaba por su cabeza en ese mismo momento, y sellé sus labios con los míos en un rápido beso.
– Sé lo que estás pensando –susurré contra sus labios– no tiene que ser ahora, puedes acabar la carrera e incluso esperar a tener un trabajo, solo quiero que me prometas que lo harás algún día, que serás mía igual que yo seré tuyo.
– Ya soy tuya… no necesitas poner un anillo en mi dedo para saber eso –musitó bajando la mirada.
– Sé que tienes miedo porque a tus padres no les funcionó en su momento, pero míralos ahora, están felices cada uno con su nueva pareja, ellos fallaron porque no era la persona adecuada, aunque yo no diría que fallasen –ella me miró sorprendida por mis últimas palabras.
– Fallaron, se equivocaron… su divorcio a menos de un año de la boda es prueba de ello –replicó.
– Pues fue un fallo hermoso… –dije acariciando su mejilla– gracias a ese fallo tú estás aquí… entre mis brazos…
– No desvíes el tema –volvió a replicar.
– No lo desvíes tú –tome su mano izquierda e hice que el anillo se deslizase por su dedo lentamente, dejándole oportunidad de retirar la mano si así lo deseaba… no lo hizo–míralo… parece que ha sido creado para estar sobre tu dedo… susurré acariciando su mano.
Miró el anillo y una lágrima descendió por su mejilla.
– Amor… ¿qué pasa? –Pregunté asustado– no tienes que decir que sí, ya te lo he dicho antes, no estás obligada a nada.
– No es eso –susurró.
– ¿Entonces? –pregunté.
– Te amo… –enterró su cara en mi pecho y comenzó a sollozar débilmente– sí quiero –su voz sonó amortiguada por mi pecho y apenas pude entender.
– ¿Qué? –pregunté confundido.
Se apartó lentamente de mí y me miró a los ojos.
– Que sí quiero casarme contigo –susurró.
Una lágrima descendió por su mejilla y murió en sus labios mientras yo la miraba intentando procesar sus palabras… sí quería… sí quería… se casaría conmigo. Una enorme sonrisa surcó mi rostro y me lancé a abrazarla y besarla, la amaba… no había otro motivo para mi felicidad. Sólo quedaba esperar que el problema de Tanya acabase cuanto antes y podríamos estar juntos… felices y tranquilos.
Bella POV
Cuando ví aquel anillo sentí como si el tiempo y el mundo se pararan a mí alrededor… casarme… con Edward… nunca había pensado algo así. Pero ahora tenía la posibilidad frente a mí, solo tenía que pronunciar una simple sílaba y ya estaría atada a él para siempre. No sonaba a algo malo, pero las palabras "boda" "matrimonio" "compromiso" y "marido" me daban repelús… una especie de alergia. Aunque si iba acompañadas por el nombre de Edward no me atacaba el estremecimiento típico cuando me imaginaba una de esas situaciones.
¿Podría yo estar preparada para unir mi vida a la de Edward? ¿Podría ser capaz de ser la esposa de Edward Cullen con todo lo que eso conllevaba? Mientras estaba abrazaba a su pecho y repetía en mi cabeza las palabras que él dijo… me daba opción a elegir, en todo. Sobre si casarnos no, el cuándo, el cómo y podría imaginar que hasta el por qué… pero solo había un motivo por el que quería hacerlo: por él. Lo amaba, y eso era más que suficiente.
– Que sí quiero casarme contigo –cuando esa palabras abandonaron mis labios no me arrepentí, nunca estuve tan segura de algo como lo estaba de eso.
Edward… solo pronunciar su nombre me arrancaba un suspiro y hacía que todo mi cuerpo temblase de anticipación. Lo amaba con todo mí ser y cada una de las células de mi cuerpo… quería pasar el resto de mis días a su lado. Viendo como cada mañana intentaba dominar su rebelde cabello, o como su sonrisa se ladeaba provocándome una combustión espontanea… era así de simple. Lo necesitaba para poder vivir y no dejaría que ese tren se me escapase.
Después de esa noche Edward volvió a pasar alguna noche más conmigo, hacíamos el amor hasta la madrugada y después nos dormíamos en los brazos del otro. Me sentía completa a su lado, no me importaba estar encerrada, ni me importaba la amenaza de Tanya mientras estaba a su lado, allí era feliz, entre sus brazos. Poco a poco pasaron otras tres semanas. Ya había dado por perdido mi semestre en la universidad, quedaban solo dos meses para que acabase y no había estudiado prácticamente nada. Así que ya no me molestaba si quiera en coger los libros y simular que los leía, Jasper… el súper agente del FBI, me dijo que les enviaría una carta explicándoles el motivo por el que me estaba ausentando de las clases y así posiblemente me dejarían presentarme a los exámenes aunque no hubiese acudido a las clases.
Esa noche Edward también había ido adormir conmigo… era lo mejor de estar encerrada, cuando él venía a compartir mi cama. Me dolía cuando a la mañana siguiente tenía que irse, pero entendía que era por nuestro bien, Tanya no podía enterarse de nada. Pero ese amanecer fue muy diferente…
Eran las seis de la mañana cuando la puerta de mi habitación se abrió abruptamente, Edward dio un sato sobre la cama y me pegó a su cuerpo al mío como protegiéndome de algo… yo me reí y me dejé abrazar aunque mi sonrisa duró muy poco, la figura de Emmett irrumpió entre los rebeldes rayos de sol que querían colarse por las cortinas y su cara de angustia me congeló el aire en la tráquea.
– Edward… está aquí… –esas tres palabras fueron como mi condena de muerte.
Edward se puso en pie como impulsado por un resorte y comenzó a vestirse. Cuando ya tenía la ropa puesta, aunque arrugada, se giró y me abrazó como si su vida dependiese de ello. Me besó como nunca lo había hecho, era casi como una despedida, pero me supo tan amarga que no pude evitar que unas cuantas lágrimas descendiesen por mis mejillas. Lo vi desaparecer por la puerta mientras las palabras de su última promesa susurrada en mi oído todavía resonaban en mi mente.
"Haré que se acabe pronto y vendré a por ti"
Suspiré y me dejé caer en la cama, mientras las lágrimas continuaban saliendo de mis ojos.
– No salgas de esta habitación –oí la voz de Emmett, me incorporé levemente y vi su mirada suplicándome perdón– Jared y Paul estarán al otro lado y no dejarán que entre aquí bajo ningún concepto.
Sin más se dio la vuelta y desapareció por el umbral de puerta como lo había hecho su amigo, segundos antes. Oí voces gritando y discutiendo en el piso inferior, uno o dos portazos y después el motor de dos coches alejándose de la casa dejando todo en absoluto silencio. Volví a llorar mientras sentía como Edward cada vez estaba más lejos… esto no era justo… no. Rosalie entró en la habitación y sin decir ni una palara me metió conmigo en la cama y me abrazó mientras me deshacía en lágrimas.
Cuatro días pasaron desde que Tanya estuvo en la casa de Kate, cuatro días en los que no supe nada de Edward, en los que no llamó ni vino a verme. Cuatro noches en vela y cuatro días sin apenas probar bocado. Era absurdo, lo sé, pero sentía a Edward muy lejos, un presentimiento en mi pecho me decía que algo en mi vida cambiaría muy pronto, pero aunque ese cambio podría ser bueno, me negaba a pensar que algo bueno podría pasarme para luego no tener que lamentar el haber tenido demasiadas esperanzas.
Mi teléfono comenzó a vibrar sobre la mesita de noche, al lado de mi libro de Orgullo y Prejuicio que hacía días que no tocaba. Lo cogí con desgana y vi que era un mensaje de texto, lo abrí y mi corazón dio un vuelco… era de Edward. Solo cuatro palabras, que no entendía muy bien el motivo pero sí su significado.
"Siempre cumplo mis promesas"
Edward POV
Hoy era el día… sabía que no era el mejor escenario posible, una gala benéfica en Chicago. Pero tenía que acabar con Tanya cuanto antes. El FBI había conseguido capturar a James, mientras se disponía a acabar con J. Jenks, el publicista de Tanya, por orden de la misma por haberlo delatado. James se acobardó, y con la promesa de librarlo del corredor de la muerte confesó todo lo que Tanya se traía entre manos, dio pruebas más que de sobra e incluso confesó que el embarazo de Tanya era falso y había pagado a un prestigioso doctor para que falseara las pruebas.
Estaba tan nervioso mientras íbamos hacia el teatro donde era la gala que no dejaba de retorcer mis manos una contra la otra. Hoy sería el día… después de que todo pasase cogería un jet hacia Los Ángeles y sacaría a Bella de allí.
Bella POV
Todavía tenía el teléfono entre mis manos cuando Rosalie entró en mi habitación sin siquiera llamar a la puerta.
– Rose… Edward me ha enviado un mensaje –grité emocionada poniéndome en pie, mi cabeza dio vueltas unos segundos pero se lo achaqué a que apenas me había movido desea cama los últimos cuatro días y a que tampoco me había alimentado muy bien– eso es que está bien.
– Lo sé –dijo sonriendo– pero no vengo a hablar de eso.
La miré con el ceño fruncido y me tendió una bolsa que tenía entre sus manos y en la que todavía no había reparado. Cuando ví lo que contenía mis ojos se abrieron desmesuradamente.
– Rose… ¿Qué has hecho? ¿Es que no te enseñaron bien en el instituto? –dije con una sonrisa bailando en mi labios.
– No son para mí… –dijo seria.
Mi boca se abrió durante unos segundos…
– ¿No pensarás que yo…? –mis palabras fueron bajando de volumen hasta que me quedé en silencio.
– Echa cuentas… desde que estás aquí no has tenido el periodo, y aparte de eso has tenido mucha actividad… ¡No lo niegues! –Refutó cuando abrí la puerta para protestar– se os oye desde el otro lado del pasillo, así que no te atrevas a negarlo.
– No puede ser Rose… no puedes estar pensando eso –intentaba convencerme más a mí misma que a ella– siempre nos hemos prote… ¡oh dios mío!
– Entra en ese baño y sal de dudas –me ordenó señalando la puerta.
Edward POV
En cuanto salimos de la limusina los flashes de la cámaras nos cegaron a ambos, como me había explicado Jasper segundos antes por teléfono, me hice a un lado para evitar acabar en medio de toda la operación. En cuanto me separé dos pasos de ella pude ver el pelo rubio de Jasper corriendo a toda velocidad hacia nosotros, continué apartándome y la mirada de Garret, el otro agente encargado del caso, se cruzó con la mía. Tanya echó a correr por los escalones del teatro intentado escapar pero otro agente la interceptó en la puerta, la poyaron contra la pared y podía ver como los labios de aquel hombre se movían pronunciando sus derechos mientras le ponían las esposas.
Esperaba sentir una alegría inmensa al ver esa imagen, pero solo sentí alivio… alivio y pena por ella. No entendía como una mujer tan bella y con un futuro tan prometedor había echado su vida por la borda solo por la codicia… por el poder.
Bella POV
Decir que estaba nerviosa era poco. Los minutos parecían haberse detenido y el reloj no avanzaba… diez minutos… tenía que esperar diez malditos minutos. Los cinco test de embarazo de Rosalie me había comprado descansaban sobre el lavabo mientras yo estaba sentada en el retrete mirando el reloj fijamente. Rosalie estaba sentada en el suelo entre mis piernas, mirando su reloj casi tan nerviosa como yo.
La alarma comenzó a sonar indicando que el tiempo había pasado… era la hora.
Edward POV
Lo siguiente que pasó fue como si estuviese viendo una película a cámara lenta. El agente que intentaba agarrar a Tanya se descuidó durante unos segundos y ella consiguió liberarse de su agarre, echó a correr escapando de él, uno de sus zapatos pareció soltarse y ella comenzó a caer… pero eso no fue todo, solo tenía las escaleras frente a ella. Ví como su cuerpo avanzaba lentamente hacia ellas, como luego impactaba contra el filo de las mismas y continuaba bajando y golpeándose en diferentes partes de su cuerpo.
Mi corazón de paro cuando la vi tendida en la alfombra roja que nos recibía, con su cuerpo contorsionado en una postura casi imposible, varios agentes corrieron hacia ella y otros gritaban por radio pidiendo una ambulancia. Los flashes de las cámaras no se detuvieron en ningún momento y yo estaba paralizado siendo un mero espectador de todo eso.
