Capítulo 29

A la mañana siguiente, luego de que empacaran sus cosas y se despidieran de los Señores Toyo, ambos caminaron rumbo a la estación de trenes, dado que el ambarino se había encargado de reservar sus pasajes esa misma mañana, por lo que todo estaba listo. Así como también, se había encargado de confirmar la hora con la Psiquiatra para el día siguiente y les había informado a sus familiares sobre su anticipado regreso con el fin de que no hicieran preguntas incomodas sobre la situación que estaban pasando. Si bien algunos sabían que el motivo de su regreso se conectaba con el estado emocional de Sakuno, el ambarino no había querido dar mayores detalles de lo que realmente había ocurrido la noche anterior, teniendo en cuenta que eso sólo conseguiría alarmarlos más de lo que ya estaban. Además, estaba exhausto, no había podido dormir mucho, ya que temía que, si cerraba los ojos unos minutos, Sakuno volvería a seguir a Hiro en la oscuridad y podría estar en peligro nuevamente. Su cabeza no dejaba de reproducir una y otra vez la misma escena, cuando había rescatado a su esposa y había creído por un momento que sería la última vez que la vería…

Tras haber abordado el tren, Sakuno se acomodó en el asiento que estaba junto a la ventana, mientras Ryoma se encargaba de ordenar las maletas en el portaequipaje que se encontraba sobre sus cabezas, esperaba que llegaran pronto a su destino, porque quería irse de ese lugar lo más pronto posible.

—¿En qué piensas? —Le preguntó Sakuno, una vez que lo vio sentarse junto a ella.

—¿Por qué lo preguntas?

—¿Eh? Porque…no has dicho ni una sola palabra en todo el camino.

—Ah no es nada…sólo estoy cansado. —Reflexionó bien que decir antes de hacerlo, ya que sabía que cualquier cosa podría ser malinterpretado por la castaña.

—Ah ya veo. Y con respecto a los demás ¿Ya les avisaste que regresaremos antes?

—Sí, hablé con mamá hace unas horas.

—¿Y qué dijeron? ¿Estaban muy sorprendidos?

—Desde luego que lo estaban, pero después lo entendieron.

—Ah…—Se apoyó en su hombro.

—¿Qué ocurre?

—Nada, también estoy cansada. Fue una noche dura.

—Sí, tienes razón. Pero ya llegaremos a casa. —Rodeó sus hombros para acercarla hacia él.

—Lo sé.

Dicho esto, Sakuno cerró los ojos y permitió que Morfeo se apoderara de ella para poder profundamente en los brazos del ambarino, estaba tan cansada que no podía vencer al sueño esta vez. Ryoma, en cambio deseaba poder dormir tan plácidamente como lo hacia su esposa, pero no podía, aunque deseara, porque estaba tan preocupado por lo que había vivido la noche anterior que le resultaba imposible poder conciliar el sueño en esos momentos. Y se preguntaba si realmente podría volver a dormir tranquilo algún día con todo lo que estaba pasando.

Tras unas largas horas de viaje, finalmente llegaron a casa, donde los esperaban todos los integrantes de su familia con una gran sonrisa, pese a que todos tenían muchas preguntas que hacerles a ambos con respecto a su repentino regreso, no hicieron comentario alguno sobre ello y los condujeron al comedor para que comieran antes de ir a descansar. Sakuno se sentía mucho mejor, ya que había conseguido dormir todo el camino de regreso, sólo tenía un ligero dolor en los brazos producto de las maletas cargadas que llevaban, pero fuera de eso, estaba como nueva. Ryoma no podía decir lo mismo con respecto a su estado, considerando que no sólo había tenido problemas para conciliar el sueño en el viaje producto de los gritos de unos niños que estaban cerca, sino también se encontraba con un gran dolor de espalda producto de lo incomodo que eran los asientos.

Una vez que Rinko se aseguró de que su nuera se quedara dormida en su habitación, se escabulló a la cocina para interrogar a su historia sobre lo que estaba ocurriendo, sabiendo que él se encontraba en la pequeña mesa de dicha sala tomando un café.

—He regresado, finalmente Sakuno se ha quedado dormida en su habitación.

—Qué bueno. —Respondió el ambarino sin quitar sus ojos de su café.

—¿Qué sucedió? —Le preguntó Rinko, cerrando la puerta de la cocina. —¿Por qué regresaron antes del viaje?

—Como te dije antes, las circunstancias nos obligaron a hacerlo.

—¿Qué circunstancias? Aún no me queda claro eso. —Se cruzó de brazos. —¿Acaso ha ocurrido algo malo?

—Sí. —Habló Ryoma con serenidad. —Sakuno ha…bueno…no sé cómo explicarlo.

—¿No puedes? Tú siempre buscas la manera de explicar las cosas.

—Sí, es que esto no es tan sencillo de explicar. —La miró, apartando sus manos de su café. —Pues verás, ella ha…

—¡¿Qué hizo?! —Exclamó Rinko nerviosa.

—No me has dejado terminar. —Suspiró Ryoma— A este ritmo, será más complejo contarte la historia.

—Está bien, lo siento. —Susurró y aguardó en silencio.

—Pues verás…ella tuvo un accidente, debido a que se lanzó al lago en medio de la noche.

—¿Qué quieres decir con que "se lanzó"? ¿Acaso Sakuno…ha intentado atentar contra su vida? —Lo interrogó nerviosa, pero su hijo no dijo nada al respecto. —¡Ryoma, respóndeme! ¡¿Es así o no?! Sakuno-Chan… ¿Lo hizo a propósito?

—¡¿Qué intentas decir con eso, Rinko?! —Intervino Sumire en la cocina, dando un portazo, sorprendiendo a ambos. —¡Mi nieta no sería capaz de hacer semejante acto de cobardía! ¡Ella no es así! ¿O me equivoco, Ryoma?

—Quizás esta vez…podría estar equivocada. —Dijo con dificultad Ryoma. —En realidad, quiero creer que no lo hizo con esa intención, pero…tengo mis dudas. Sí no la hubiera descubierto, es posible que no hubiera sobrevivido.

—¿Qué quieres decir? —Lo interrogó Sumire nerviosa, de pronto se sentía mareada y necesitaba un asiento.

—Creo que debería sentarse antes de escuchar esto. —Le sugirió Ryoma, viendo como temblaba.

—¡No lo haré hasta que me lo digas!

—Sumire…creo que deberías hacerle caso a Ryoma, no te encuentras bien. —Se acercó a ella Rinko.

—¡No es así! ¡Estoy bien! —Gruñó. —¡Ahora prosigue con la historia!

—Está bien. —Suspiró Ryoma, era tan terca igual que su nieta. —La sorprendí en el lago, en medio de la noche. Eran cerca de las 3 A.M

—¡Tan tarde! ¿Qué hacía ahí?

—Es una larga historia…—Miró a los alrededores, esperando que nadie más los escuchara.

—Tranquilo, no hay nadie más en el primer piso. —Le dijo sumiré leyendo sus pensamientos. —Entonces… ¿Qué ocurrió?

—Está bien. Yo me encontraba durmiendo, cuando sentí su ausencia…cuando la fui a buscar, encontré sus sandalias cerca del lago. Así que inferí que se encontraba ahí, por lo que salté a rescatarla.

—¡Qué peligroso! Deberías haber pedido ayuda. —Habló Rinko nerviosa.

—Sí lo hubiera hecho, no habrían alcanzado a llegar. De hecho, cuando logré sacarla del lago, no hicieron mucho.

—¿De qué hablas?

—El paramédico tardó demasiado en llegar. Así que tuve que re-animarla yo mismo…no sé cuántos minutos estuvo inconsciente, pero se hicieron una eternidad, porque no abría los ojos. Por un momento, temí que no volvería a hacerlo. —Susurró con un hilo de voz, viendo la reacción de ambas mujeres que ahora lo observaban con preocupación. —Pero después de muchos intentos, finalmente lo hizo.

—¡Qué alivio! Eso quiere decir que… sí no hubiera sido por ti, nuestra Sakuno…

—Se habría ido.

—Menos mal no fue así. —Habló Sumire, quien finalmente había decidido sentarse, porque su corazón latía a mil. —Te lo agradezco mucho, Ryoma.

—No se preocupe, era mi deber hacerlo.

—Lo sé, pero aun así…gracias. —Susurró Sumire triste. —¿Y-Y te dijo cuál fue su motivo para saltar?

—Sí, pero eso…no me corresponde a mi decirlo, sería mejor que ella se lo diga.

—¡Eres su esposo! Si te corresponde decirlo. —Lo acusó Sumire, nuevamente alterada.

—Sí, pero sería mejor que ella lo hiciera.

—Ryoma tiene razón, Sumire. Es mejor que esperemos que sakuno-Chan nos diga, cuando esté lista.

—Sí.

—Está bien. —Suspiró Sumire. —¿Y qué piensan hacer al respecto? Me refiero con todo esto que sucedió.

—Buscaremos ayuda. De hecho, ya tenemos una hora con una terapeuta para mañana y le hará una evaluación.

—Ya veo, eso es bueno.

—Sí, dependiendo de cómo salga la evaluación, nos dirá si es recomendable que consuma medicamentos o no. Pero eso aún no lo sabemos.

—Entiendo…—Reflexionó Sumire.

—Tranquila, Sumire. La terapeuta va a decir lo que será mejor para ella y si son medicamentos, tendremos que apoyarla.

—Lo sé, pero nunca creí que llegaríamos a este punto. —Se lamentó Sumire. —Aunque debí imaginarlo, cuando pasó lo del bebé.

—Sí, yo también lo pensé. —Reconoció Rinko. —Pero hijo, tengan claro que tienen todo nuestro apoyo. Juntos lograremos salir adelante con Sakuno, no están solos en esto. Y si necesitan cualquier cosa, estaremos aquí ¿Verdad, Sumire?

—Sí, cuenten con ello.

—Gracias a ambas.

—Pero hay algo que quiero saber, Ryoma. —Carraspeó Sumire, quien parecía haber perdido la voz un segundo.

—¿Qué es?

—Lo que le pasa a Sakuno ¿tiene que ver con…Hiro?

—Sí, eso es lo que le sigue afectando mucho.

—Ya veo ¿Y…es grave lo que tiene?

—Si bien no me especializo en el área de psiquiatría, podría decir que es posible que lo sea. Incluso la doctora me había dicho que, en algunas circunstancias como estas, se toma la decisión de internar a los pacientes. —Hizo una pausa, viendo el rostro de terror de ambas mujeres. —Pero…no sé si eso sea lo mejor para ella.

—¡¿I-Internarla?! ¿Tan grave es? —Preguntó Sumire temerosa.

—Sí.

—Tranquila, Sumire. Ryoma mencionó que en "algunas circunstancias" se interna a los pacientes, así que no podemos determinar aún si ese será el caso de Sakuno. Tenemos que esperar la evaluación de la doctora.

—Sí, tienes razón. —Suspiró Sumire. —Pero espero que ese no sea el caso.

Los tres se quedaron en silencio unos minutos, ensimismados en sus pensamientos sobre la castaña, si bien sabían que lo mejor era que asistiera a una terapeuta, al mismo tiempo, tenían miedo de que las conclusiones que sacara esa persona fueran finalmente de internarla, ya que aunque nadie lo quería reconocer, sabían muy bien que Sakuno no se encontraba nada bien, teniendo en cuenta su estado mental de los últimos meses y también lo que había ocurrido ahora en el lago.

Tras la puerta de la cocina, había una cuarta persona que contenía el aliento y trataba de reprimir los sentimientos encontrados que tenía con el resto de los integrantes de la familia por lo que le sucedía a su cuñada. Sakura, quien había ido a la cocina a buscar un vaso de agua, se lamentaba por haber escuchado lo que sucedía. Sin embargo, al igual que su madre, ella ya sospechaba que algo no marchaba bien, no sólo por el hecho de haber regresado repentinamente, sino también por el estado en que se encontraban su hermano y Sakuno, le hacía pensar que algo no estaba bien. Aunque Ryoma solía ocultar sus emociones, ella siempre podía notar cuando no se encontraba bien y ahora podía notarlo, su rostro lo decía todo. Esa imagen demacrada que tenía su hermano era igual a la que tenía cuando se habían enterado de la muerte de Hiro, se notaba la preocupación retratada en él. Ahora lo entendía todo…tenía muchos deseos de abrir la puerta de la cocina y correr a sus brazos como cuando era una niña para consolarlo. A veces obsequiándole un dibujo o horneando un pastel para él, era suficiente para hacerlo sonreír. Ahora no, sabía que, aunque hiciera todas esas cosas, no podría hacerlo sentir mejor, ya que no era un problema de insignificante como una calificación o un conflicto de sus padres, sino que era la salud mental de su esposa la que estaba en juego en esos momentos. Su cuñada, la única persona que lograba consolarla cuando estaba mal, además de su hermano y también, era la que hacía sonreír a los demás. Sakuno al igual que el resto de los integrantes de su familia, era como una luz que brillaba en su vida y por lo mismo, le aterraba la idea de que no volver a verla resplandecer nunca más. Y ese precisamente, era el miedo colectivo que tenían todos.

A la mañana siguiente, tal como habían acordado la noche anterior, tras haber desayunado con los demás, ambos salieron rumbo a su encuentro con la Psiquiatra, quien los atendería en su consulta privada que se encontraba a unos minutos de su antigua Preparatoria, por lo que tenían que tomar el mismo camino de antes para llegar allí. No sabían quien de los dos estaba más nervioso, sí era Sakuno en su primer encuentro con una especialista de ese tipo, o si era el caso del ambarino que se sentía temeroso de lo que Rina les podría decir.

—¿Estás seguro de que es por aquí? —Le preguntó la castaña, sosteniendo su mano.

—Sí, Momo-Sempai me lo mencionó y también busqué la dirección antes de venir aquí. Según mis cálculos, estaremos en diez minutos ahí.

—Sí es así, realmente se encuentra cerca de la Preparatoria…

—Sí ¿Por qué lo mencionas?

—Por nada en especial, es sólo que no recuerdo haber visto un centro psiquiátrico por aquí, eso es todo.

—Ah ya veo. A mí me parece haberlo visto un par de veces.

—¿De verdad?

—Sí, cuando salía de la Preparatoria. Vi la fotografía en internet y sé que hemos pasado por ahí muchas veces.

—Es posible…a veces soy un poco distraída.

—¿Un poco? —Enarcó una ceja con burla.

—Bueno, demasiado. —Admitió ofendida.

—Pero no eres la única. —Se encogió de hombros. —Aunque no lo creas, también lo soy.

—No lo creo. —Bufó

—Pero lo soy, como todo el mundo. A veces pasamos desapercibido muchas cosas en nuestra vida, por concentrarnos en otras que no valen la pena. —Dibujó una pequeña sonrisa en su rostro, de pronto se sintió nostálgico.

—¿Cómo cuáles?

—Como querer cumplir el deseo de los otros, concentrarte solamente en el tenis y casi dejar ir a la única persona que querías por orgullo ¿No te suena?

—Sí, como olvidarlo. —Sonrió un momento. —Yo también seguí ese camino, en mi deseo de querer olvidar, pase desapercibido que compartíamos el mismo sentimiento.

—Es verdad, pero yo tampoco quería que lo descubrieras en un comienzo. Así que debo admitir que fue mi culpa que no lo notaras.

—Es verdad, fue tu culpa. —Bufó.

—¿Una disculpa no basta? Me he disculpado cientos de veces, parece que nunca no es suficiente. —Se burló.

—Nunca estaré conforme. —Fingió estar molesta, viendo como él hacía una mueca y luego sonrió.

—¿Por qué? ¿Qué hizo papá? —Apareció Hiro junto a ellos, generando que la castaña se detuviera bruscamente.

—¿Qué sucede? ¿Estás bien? —Le preguntó Ryoma, notando como su cuerpo se ponía rígido. —¿Fue algo que dije?

—No, no es eso. Estoy bien, no te preocupes. Es sólo que…

—Es Hiro de nuevo ¿no?

—Sí, está aquí otra vez.

—Ya veo.

—Normalmente me acomodaba su compañía, pero ahora…no lo sé.

—¿Te molesto, mamá? —Habló Hiro triste.

—No es eso.

—¿No es qué? —Preguntó confuso el ambarino.

—Nada.

—Entiendo, estabas hablando con él. —Suspiró Ryoma.

—Sí…

—Bueno, ya nos queda poco para llegar ¿Quieres descansar un rato o…continuamos?

—¿A dónde vamos? —Preguntó Hiro nervioso.

—No, vamos. —Ignoró a su pequeño hijo y le dio la mano a su esposo.

—Bien, continuemos entonces.

De pronto se sentía culpable, si bien sabía que estaba haciendo lo correcto de ir a terapia como lo habían acordado, ahora que Hiro estaba ahí, daba la impresión de que lo estaba entregando a alguien que se desharía de él para siempre y no se sentía preparada para ello. Pero al menos, sabía que no estaba sola en eso y tenía a su familia de su lado, tanto esa persona que ahora sostenía su mano, como la que la esperaba en casa, ellos eran el sistema de apoyo que necesitaba. Y claro, también estaban sus amigas que no podía dejar fuera, aunque no se había atrevido a decirles lo que le estaba pasando realmente, sabía que, si lo hacía, la iban a apoyar, incluso si terminaba después en un manicomio, tal como decían en la Preparatoria de broma. En ese entonces, le parecía divertido bromear con ese tipo de cosas, porque jamás creían que realmente alguna de ellas terminaría ahí y también porque habían apostado que de ser alguien, esa persona sería Tomoka con sus locuras y no había sido así. "¿Estás lista?" le había preguntado el ambarino, interrumpiendo sus pensamientos una vez más y se había percatado que ya se encontraban ahí. Su corazón latía a mil, sus pies temblaban y sentía una extraña sensación en su estómago que le generaba nauseas, pero aún con todos esos síntomas, se atrevió a decir "Sí" con decisión y a cruzar la puerta de la consulta, había llegado el momento. Por ello, luego de cancelar la cita con la secretaria y esperar unos minutos en la sala de espera, finalmente alguien dijo su nombre por el altavoz y tuvo que obligar sus piernas a moverse. Si bien, esperaba entrar sola, considerando que ya era adulta, se alivio al escuchar que los primeros minutos Ryoma podría estar a su lado, teniendo en cuenta que se sentía incapaz de soltar su mano.

Entraron a sala color crema, la cual tenía en sus paredes muchos certificados de reconocimiento, un escritorio con muchos lápices, dos sillones al final y una ventana con persianas antiguas, le hacía creer que se encontraba en una especie de salas de interrogatorio. "Adelante, pueden sentarse en el sillón largo", dijo una mujer de cabello negro corto que aparentaba tener unos cincuenta años, su voz era tan tranquila que le generaba paz escucharla, sin embargo, su rostro lucía tan inexpresivo que temía que ya la estuviera analizando, aunque ese fuera su trabajo.

—¿Están cómodos? ¿Quieren algo de beber?

—Un vaso de agua estaría bien. —Habló Ryoma, viendo que Sakuno parecía tener los labios sellados, ya que sólo asentía sin decir mucho, olvidando que la paciente era ella.

—Bien, aquí tienen. —Les dijo Rina, entregándole dos vasos. —Bueno, me presento. Mi nombre es Rina Hamasaki, soy Psiquiatra y terapeuta, titulada de la Universidad de Kyoto. Actualmente me encuentro trabajando tanto aquí en esta consulta, como también en el Hospital de Tokio.

—Eso he escuchado. —Comentó Ryoma.

—Tú debes ser Ryoma Echizen ¿no? —Sonrió. —Es un gusto conocerte, te imaginaba distinto por teléfono.

—El gusto es mío. Y ella es mi esposa…

—Sakuno Echizen, un gusto conocerla. —Habló Sakuno al fin.

—Un placer, Sakuno. —Le sonrió Rinko. —Bueno, tu esposo me ha contado algunas cosas por teléfono, pero quiero que ahora me las cuentes tú ¿crees que puedes hacerlo?

—S-Supongo.

—Tomate tu tiempo, tranquila.

—Bien…—Miró a su esposo y luego a la psiquiatra.

—Mira, antes de comenzar, vamos a dividir la sesión en dos bloques. Por un lado, me gustaría conversar con ambos sobre como comenzó todo esto y lo que han hecho al respecto. Y después, me gustaría quedarme a solas contigo, si te parece.

—Sí, está bien.

—Tomo esta medida, considerando en primer lugar porque veo que no quieres soltar su mano en estos momentos y necesitas de su apoyo, como también porque tu esposo se ve involucrado en este proceso.

—Entiendo…—Susurró Sakuno. —¿Por dónde empiezo?

—Por donde tu quieras. —Le habló Rina, sosteniendo una libreta y un lápiz.

—Está bien…todo comenzó hace unos meses, cuando quedé embarazada de Hiro. —Notó que el pequeño niño que siempre la acompañaba estaba ahí, mirándola asustado, por lo que se atrevió a desviar su mirada y concentrarse en la terapeuta. —Y luego…tuve un aborto involuntario.

Cuando comenzó el relato, Sakuno era la única que hablaba, ya que Ryoma no tenía la oportunidad de comentar nada y también, pensaba que lo mejor era contenerla en ese momento, en lugar de acompañar su relato, teniendo en cuenta que ese era su espacio y tenía que respetarlo. Por ello, sólo se mantuvo en silencio, sosteniendo su mano y dándole apoyo. Rina también mantenía una posición de escucha, sólo preguntándole cosas que le llamaban la atención, pero fuera de eso, era silencio absoluto, ya que imaginaba lo angustiada que estaba. Después de alrededor de cuarenta minutos, la castaña se detuvo y comenzó a llorar desconsoladamente, aferrándose a los pañuelos que le entregaban. Si bien, solía llorar de esa manera cuando estaba encerrada en casa, Ryoma sentía que era la primera vez que oía un llanto tan desgarrador como ese, un llanto tan poderoso que incluso era capaz de atravesar su pecho y generarle angustia.

—Tranquila, lo has hecho bien. —Le dijo Rina, tocando su mano para contenerla.

—Gracias… ¿Puedo ir al baño un momento? —Necesitaba calmarse.

—Está bien. Es la puerta de la izquierda.

—Gracias, vengo enseguida.

—Ryoma ¿Tienes algo más que agregar?

—No, fue precisamente así.

—¿Cómo te sientes al respecto? Noto que también estás conmovido.

—Sí, no fue una situación grata de recordar. Al igual que Sakuno…recuerdo ese día como si hubiera sido ayer y es tan desgarradora como se escucha.

—Debe haber sido difícil para ustedes afrontar eso.

—Lo fue.

—Así como también debe haberlo sido lo de las vacaciones.

—Sí, de hecho, lo han sido los últimos meses.

—Entiendo. Creo que es importante para el proceso de Sakuno que tengamos una entrevista otro día. Veo que ahora hay varias cosas que no puedes decir, porque ella está cerca. Por ello, te propongo que tengamos una cita durante la próxima semana ¿Te parece?

—Sí, lo prefiero así. Ahora mismo…—Miró la puerta del baño. —No es posible hablarlo todo.

—Comprendo, no te preocupes. Entonces, cuando Sakuno vuelva, te pediré que la esperes afuera para poder conversar con ella.

—Está bien.

—Mientras, puedes hablar con mi secretaria para agendar la próxima hora.

—Bien, haré eso. Y con respecto a lo que ha visto hasta ahora…sé que es un poco apresurado, pero ¿cree que debería tener un tratamiento farmacológico?

—Sí, es lo más apropiado. Pero los fármacos no lo son todo, también el trabajo terapéutico es importante. Así que debe seguir ambas cosas y debemos ver como evoluciona.

—Entiendo, pero... —Sus palabras fueron interrumpidas con el regreso de la castaña, quien tenía los ojos hinchados tanto llorar y su nariz estaba roja. Pero se veía mejor que hace un rato.

—He regresado. —Habló la castaña. —¿Qué sucede? —Preguntó, analizando el rostro de Ryoma.

—Tranquila, no pasa nada. —Le habló Rina. —¿Recuerdas nuestro acuerdo del inicio de la sesión? Sobre separarlo en dos bloques.

—Sí, lo recuerdo… ¿Ya es hora?

—Sí, sólo si te parece.

—Pues…—Vio a Ryoma levantarse y se sintió nerviosa.

—Sólo estaré afuera, no te preocupes. —Le habló Ryoma con calma.

—Así es, no se irá muy lejos. Puedes estar tranquila.

—Está bien. —Susurró.

—Nos vemos afuera. —Ryoma besó su frente. —Tranquila, puedes hacerlo.

—Lo sé, nos vemos.

Una vez que Ryoma cerró la puerta, Sakuno se quedó inmóvil en el salón sin saber que hacer, pese a que sabía que lo correcto era deslizarse hacia el sillón cercano, se sentía igual de nerviosa que al comienzo. Sin embargo, Rina se puso a su nivel y le sonrió, diciéndole que se sentara para poder retomar la conversación que tenían. Así como también, le explicó las razones por las que consideraba que era mejor que su esposo estuviera afuera, teniendo en cuenta que hay muchas cosas que ella tenía guardadas y se limitaba a decir por la presencia de alguien más, pese a que ese alguien fuera alguien de confianza, debía tener su espacio para que eso funcionara. Luego de razonar sus palabras, Sakuno asintió y retomó su lugar en el largo sillón, aunque él no estuviera a su lado, tenía que acceder a la propuesta que le hacía esa mujer que apenas conocía, ya que sólo de ese modo podría salir del abismo en el que se encontraba y lo sabía muy bien. Además, si lo pensaba, había varios temas que no se había atrevido a abordar en la sesión con Ryoma, los cuales estaban precisamente conectados con la existencia de Hiro y sus miedos de abandonarlo otra vez. Ahora que lo hablaba con otra persona, se sentía mucho mejor.

En la sala de espera, se encontraba Ryoma sentado en uno de los sofás, sus piernas temblaban al igual que ese fatídico día en el que habían perdido a Hiro, le costaba respirar, ya que había un nudo en su garganta tan fuerte que lo oprimía cada vez más. Así como también, tenía angustia. Todas estas sensaciones le generaban extrañeza, dado que él no era el tipo de personas que permitía que las emociones ganaran la batalla y, aun así, ahí estaban…destruyendo todo a su paso. Pero sabía que no podía rendirse, no podía estar mal, no podía ser débil, no mientras ella lo estaba. Tomó aire tratando de controlar, él no podía caer al abismo, más bien él era quien tenía que ayudarla a salir de él, porque si ambos caían ¿Quién lo haría entonces…? Aunque no quería admitirlo al igual que Sakuno, necesitaba ayuda…porque si no tomaba medidas ahora, después sería tarde.

Continuará…

Hola! ¿Cómo están? Espero que bien. Lamento la eterna demora, soy consciente que tardé demasiado, pero estuve con muchas cosas como siempre. Sin embargo, ahora si puse de mi parte y terminé la continuación. Pensaba que no quería entregar una conti tan corta, por eso creí que lo mejor sería esta por ahora. Si bien, hay algunos capítulos que son realmente largos, este lo mejor es dejarlo aquí.

¡Espero que les guste y comenten! Mi página de Facebook es Hinata-Sakuno fanfiction.

(Mi reflexión de este capítulo no es sólo dar cuenta de la angustia que siente Sakuno con la depresión, sino también ver la otra parte, como se siente Ryoma en todo este asunto, quien se está exigiendo demasiado por cuidar a su esposa sin tener medidas de autocuidado para sí mismo. Y bueno, pensé también en esto, por lo que está pasando con el coronavirus, dado que muchos pacientes (Como saben soy psicóloga) están colapsando emocionalmente, ya sea por sus propias preocupaciones por el virus (lo que es un tema común), como también por querer hacerse cargo de todo y creer que no tienen derecho a estar mal. Cuando no es así, no por estar mal es el fin del mundo, tienen que darse su momento para desahogarse, llorar, gritar y sobre todo estar bien, proteger su salud mental es muy importante. Así que si alguno(a) necesita hablar o algo por lo que está sucediendo ahora, pueden escribirme).

Con respecto a las otras continuaciones, estoy trabajando en paralelo en la historia "Todo por un papel" y otras historias. Así que en cuanto estén listas, les iré avisando.

Muchas gracias por comentar siempre y espero que estén bien, saludos!