El banquete de la boda no fue en ningún restaurante. No merecía la pena al ser tan pocos invitados, y menos cuando la presencia de los camareros les obligaría a tener que ser discretos con lo que decían y especialmente con lo que hacían… Algo que, cuando juntabas hombres lobo y comida, se convertía prácticamente en una misión imposible.

Todo eso se pudo solucionar cuando Chris Argent ofreció uno de sus almacenes. Si bien ahí terminó su participación en la organización del banquete, ya que a partir de ese instante Lydia se hizo cargo de la situación y se presentó con un grupo de voluntarios-forzosos (absolutamente todos salvo los novios), para decorar adecuadamente el almacén y que no fuera demasiado empalagoso pero que quedara claro que allí se estaba celebrando una boda. Ella también fue la encargada de contratar al servicio de catering, que se marchó tan pronto como dejó los cien de kilos de comida… y con los camareros bastante asombrados por el hecho de que hubiera menos de 20 personas para tanta cantidad.

Pero tanto esfuerzo al final mereció la pena y la comida transcurrió con bastante tranquilidad para lo que cabría esperar. El Sheriff, Melissa, Peter, Cora y la pequeña Sara acompañaban a los novios en la mesa principal, quienes seguían en su propio mundo sin hacer mucho caso a lo que pasaba a su alrededor… Salvo cuando Erica y Jackson les gritaron que dejaran algo para la noche al enésimo beso que se dieron, o cuando Derek no tuvo más remedio que pedirles "amablemente" a Isaac y Boyd que dejaran algo de comida para los demás, pues se habían colocado delante de la fuente de la carne con toda la intención de defenderla del resto de comensales.

Mucho más relajado fue el momento en que Scott pronunció su discurso, como padrino de uno de los contrayentes. Y Derek tuvo que reconocer que fue sorprendentemente emotivo para lo que habría esperado. Se veía que a Scott también le había sentado bien el matrimonio, pues atrás había quedado ese joven hombre lobo que era incapaz de captar las cosas a la primera y que tenía la sorprendente capacidad de decir lo peor y en el peor momento posible. En lugar de ese chico al que Derek no llegaba a entender cómo Stiles podía serle tan fiel, pues la mayoría de las veces se olvidaba completamente de su supuesto amigo para pensar exclusivamente en él, lo que ahora veía era a un verdadero amigo. Un auténtico hermano que resumió la historia de sus vidas desde el mismo instante en que se conocieron en la guardería, y que tuvo la mezcla perfecta de momentos vergonzosos y emotivos y entre los que no faltó la mención a la madre de Stiles, para finalmente reconocer que uno de los días más felices fue cuando supo que su hermano había encontrado al hombre su vida. Porque saber que por fin estaba junto a esa persona que le haría tan feliz como Stiles merecía ser, era todo lo que podía pedir.

Apenas terminó de hablar, en medio de la ronda de aplausos y brindis, Stiles corrió hacia Scott para abrazarle con tantas ganas que acabó levantándole del suelo. Derek dejó que se desahogara en condiciones, de paso que le susurraba a Scott un "gracias" que el Beta escuchó perfectamente, sin necesidad siquiera de acercarse a él, pues por nada del mundo pensaba interferir en ese momento entre hermanos.

Pero aquello no sería realmente una boda si después de un momento tan emotivo no le siguiera otro más… terrenal. Y para eso siempre estaba Erica Reyes.

Stiles había vuelto a su mesa y estaba acunando a Sara, que con tanto escándalo la pobre no conseguía dormir en condiciones, mientras algunos invitados ya se habían acercado a la zona reservada a la pista de baile y el resto estaban terminándose las copas de champán. Entonces la rubia se acercó a la mesa presidencial. Estaba despampanante con un vestido rojo que dejaba toda su espalda al aire, mientras que por delante su escote dejaba poco a la imaginación. Se colocó frente a los novios y, con una sonrisa que era ejemplo de la más pura inocencia, les entregó una pequeña caja que Derek miró con sorpresa. Por el olor sabía perfectamente lo que había dentro.

- Tenía pensado dároslo al final –explicó la mujer, guiñándole el ojo a su Alfa-. Pero por el modo en que no os habéis despegado el uno del otro, pensé que tal vez querríais usarlo ya.

- ¿Qué es? –preguntó Stiles, ilusionado por el regalo y ansioso por abrirlo.

- Mejor espera a que lleguemos a casa –comentó, señalando con una ceja a su padre, quien en esos momentos estaba charlando con Satomi y Deaton.

Stiles no necesitó mucho más para aceptar la recomendación, abrazando a la mujer con efusividad. Un regalo siempre era bien recibido.
No obstante, Erica no se conformó con eso y una vez se separó de Stiles corrió a hacer lo mismo con su Alfa, alargando el abrazo más de lo normal… Hasta que Stiles carraspeó exageradamente.

- No te quejes tanto, Stilinski –sermoneó la Beta–. Que a partir de ahora le vas a tener sólo para ti. –Cogió entonces al humano de la mano-. Pero como no quiero que te sientas inferior a tu maridito, dejo que seas tú el primero en sacarme a bailar –dijo, tirando ya de él hacia la pista.

Derek no les puso ningún impedimento. Stiles se desinhibía de lo lindo a la hora de bailar, especialmente si su pareja era una persona tan poco discreta como él, y eso le daba la excusa perfecta para alejarse de una zona que estaba muy fuera de su confort.

Sin embargo Cora no vio sus intenciones (o las vio y le daba exactamente lo mismo) y en seguida la tuvo a su lado, pidiéndole tener su primer baile con él, pues la única condición que había puesto Derek era que NO habría baile nupcial.

Afortunadamente estaba sonando una canción lenta en esos momentos, mucho más fácil de seguir para un hombre que tendría muchas cualidades pero la del ritmo, definitivamente, no era una de ellas… Todavía recordaba cuando Stiles acabó cayéndose al suelo de lo mucho que se rio de él la noche en que le pidió que le mostrara sus movimientos de baile.

Dejó que Peter se hiciera cargo de Sara, de paso que aprovechaba para hacer migas con Melissa. El Alfa estaba observando la interacción de la pareja, alegre por ver a su tío tan cómodo en un día que podría haber traído recuerdos demasiado tristes, cuando Cora llamó su atención.

- Entonces… ¿ya se lo has dicho?

- Aún no. Stiles quería hacerlo durante los discursos, pero es algo lo suficientemente importante como para no anunciarlo así. Especialmente cuando cabe la posibilidad de que diga que no.

- ¿Crees que va a decir que no?

- No lo sé. Si me lo hubieras preguntado hace un mes te habría dicho que imposible. Pero ahora, viéndole tan… doméstico, ya no sé qué pensar.

- Sea como sea, se le ve feliz –observó con mesura a su tío, que en esos momentos se estaba riendo de algo que había dicho Parrish, quien se había acercado a la pareja con una botella de champán-. Me alegro mucho por él.

- Yo también –admitió Derek, fijándose entonces en su hermana con más atención-. Creo que todavía no te lo he dicho, pero estás preciosa.

El rubor cubrió rápidamente las mejillas de Cora, consiguiendo que por unos instantes recordara a esa chiquilla que siempre imitaba a su hermana mayor. En una época en que la vida no les había dado tantos reveses y no les había obligado a madurar tan deprisa. Ese era otro de los motivos por los que se alegraba de haber celebrado aquella boda.

- Gracias. Tú tampoco estás nada mal.

- Va en los genes –respondió, prepotente.

- Viendo que estás de tan buen humor, quería aprovechar para decirte una cosa.

- ¿Qué cosa?

- ¿Te parecería mal que me viniera a vivir aquí?

Derek paró en el acto. La sujetó de ambos brazos y la observó con detenimiento para asegurarse que no le estaba mintiendo.

- ¿Lo dices en serio? ¿Venir a Beacon Hills?

- ¿Eso es que te parece bien?

- ¿Cómo va a parecerme mal? –se quejó, sorprendido, estrechándola en seguida con más fuerza-. Me alegro muchísimo.

- Tenía miedo de que pensaras que te estaba agobiando, dándote otra carga ahora que estaba Sara.

- Jamás pensaría eso. Además de que ya sabes cuidar de ti misma. Pero incluso en el caso de que no lo fueras, eres mi hermana –apretó un poco más la mano que sujetaba mientras bailaban-. Cuidar de ti nunca fue una carga y nunca lo será.

- Me alegro –se ruborizó un poco-. Al principio sólo tenía pensado quedarme hasta que Sara naciera. Pero viéndote tan feliz con Stiles, y a Peter, me he dado cuenta de lo mucho que me he perdido en estos años.

- Pensé que querías empezar una nueva vida de cero, sin nada que te recordara al pasado… Venir a nuestro antiguo hogar no es el mejor sitio para conseguirlo.

- Lo sé –admitió, apoyando la cabeza en el pecho de Derek-. Y por eso no me planteé jamás esa idea. Pero recuerdo cuando nos encontramos de nuevo, cuando me rescataste de la manada de Alfas, junto a Boyd y Erica. Entonces ni siquiera parecías tú, tan deprimido y triste y… Era como si estuvieras esperando a morir. –Sonrió entonces-. Pero mírate ahora. Tan feliz en el día de tu boda. Jamás te había visto tan radiante.

- Todo el mérito es de cierta persona –murmuró, mirando a esa persona que ahora estaba a unos metros de ellos, bailando con Erica con bastante menos discreción y haciéndola dar vueltas sin parar.

- Me alegro muchísimo de que le hayas encontrado –suspiró-. Tal vez yo también pueda encontrar a mi media naranja.

Derek apretó los labios, aguantando las ganas de echarse a reír.

- ¿Te refieres a Isaac? –susurró en su oído. Y cuando Cora se ruborizó, alzó una ceja acusatoria.

- ¿Por qué dices eso? –trató de disimular-. Yo no…

- Te diré una cosa que tal vez no te haga gracia al principio, pero de la que acabarás alegrándote –comentó, retomando el ritmo de la canción-. Eres exactamente igual que yo.

- ¿En qué sentido?

- En lo sutil que creemos ser –dijo, recordando sus primeros días en Beacon Hills, cuando acababa de conocer a Stiles-. Y en cómo intentamos disimular que no nos interesa alguien, pero casualmente siempre aparecemos a su lado.

Cora quiso renegar. Al final acabó desistiendo antes de intentarlo siquiera.

- Entonces… ¿no te parece mal?

- ¿Lo de mudarte aquí o lo de Isaac?

- Las dos cosas en realidad.

- Isaac es mi Beta favorito –susurró en su oído, aun sabiendo que Erica podía oírle y que no le iba a sentar nada bien-. Sara necesita a su tía. Y yo necesito a mi hermana… Jamás me parecería mal.

Cuando la canción terminó Cora se quedó un rato con su hermano, emocionada por sus palabras… hasta que llegó a Isaac y con una sutilidad propia de los Hale le pidió si podía bailar con ella, pues era la única persona con quien no lo había hecho todavía.

Derek la dejó marchar, no sin antes enviarle a Isaac el mensaje de advertencia propio de hermano mayor, tras lo que volvió a la mesa presidencial para echarle un vistazo a Sara y dejar libre a Peter en su tarea de niñera. Él también merecía disfrutar de la fiesta.

Una hora más tarde Stiles salía de la pista de baile, exhausto y necesitando un poco más de champán. Llevaba un buen rato bailando con Scott, recordando los pasos que empleaban cuando eran unos críos y que, por estúpidos que les parecieran ahora, era la tradición y había que cumplir con ella.

Tras rellenar su copa le llamó la atención ver que Lydia, Allison y Erica estaban sentadas en las sillas más próximas a la zona de las mesas del banquete, ahora vacías. Las tres estaban absortas, mirando un punto en concreto. Por su parte, a unos cuantos metros de distancia Jackson miraba al trío y parecía estar bastante... ¿enfadado? Stiles no le dio importancia. No dejaba de ser Jackson.

- ¿Qué hacéis aquí, tan concentradas? -preguntó, sentándose entre ellas.

- Nada –replicó Erica, sin mirarle siquiera-. Sólo odiarte por tener tanta suerte.

- Hmmm ¿Gracias? Pero por qué… -siguió la dirección de las tres mujeres. Al descubrir por fin qué era lo que tanto había llamado su atención, sonrió de oreja a oreja-. Ahora lo entiendo.

Eso explicaba por qué Jackson tenía esa cara, pensó Stiles. Desde que hubiera llegado no había hecho otra cosa que lanzarle miraditas a Lydia, esperando que fuera ella quien se acercara a saludarle. Y en vez de ello la pelirroja estaba mirando a otra persona:

Frente al grupo, a unos metros de distancia, estaba Derek. Y parecía estar totalmente ajeno a la celebración, pues en esos momentos sólo tenía ojos para su hija. Le estaba dando el biberón, acunándola levemente. Por fin parecía que iba a dormirse. Para estar más cómodo se había quitado la chaqueta, lo que ofrecía una perfecta imagen de su camisa ciñéndose de un modo un tanto indecente sobre su torso y brazos. Y como guinda del pastel estaba la radiante sonrisa que le estaba mostrando a Sara, sin ser consciente de las miradas que estaba recibiendo por parte del grupo de invitadas.

- En serio, ¿cómo puede ser real? –se quejó Lydia- No sólo tiene ese cuerpo hecho para el pecado y esa cara sobre la que se deberían escribir poemas, sino que además es el jodido padre del año.

La descripción tan gráfica por parte de Lydia, y que sonaría mucho más lógica en Erica pero no en la pelirroja, sorprendió a Stiles.

- No sabía que pensaras eso de Derek. ¿Acaso hay algo que no sepa, Lydia? –bromeó, achispado por el alcohol-. No sabía que te gustara tanto mi marido.

- Claro. Porque de repente me he quedado ciega.

- No es justo que todo eso lo tenga una misma persona –comentó Erica, poniendo un puchero… al tiempo que se comía a Derek con los ojos-. El mundo debería estar un poco mejor repartido.

- Qué puedo decir –pasó un brazo por los hombros de sus amigas, increíblemente contento por ser la envidia de las mujeres más guapas de la sala-. Me ha tocado el premio gordo.

- Y que lo digas –reconoció Allison, quien intentaba ser más discreta con las miraditas al Alfa por respeto a su marido también presente-. Más te vale no cagarla y conservarle para siempre.

- ¿Por qué lo dices como si sólo pudiera cagarla yo? –se quejó-. También podría meter la pata él.

- Él –replicó Lydia, el sarcasmo en todo lo alto- ¿Te refieres al hombre que le está dando el biberón a su hija con esa perfecta sonrisa y esos firmes brazos y ese pantalón que le queda tan ajustado que parece un modelo de pasarela, y que ha hecho que me olvide completamente de la barra libre?

- Hmmm. Sí, supongo que sí.

- Y el mismo que consiguió que te quedaras embarazado gracias a la intervención de su tío psicópata, que ahora resulta que es de todo menos psicópata –añadió Allison.

- Ehhh. ¿Sí?

- El genuino Alfa de Beacon Hills. La mezcla perfecta entre bestia salvaje en la cama y príncipe encantador cuando toca hablar con el suegro…

- ¿Cómo puedes saber cómo es en la cama?

Erica alzó una ceja, mirándole con desprecio.

- Lo diré delicadamente: Cuando acababa de transformarme en su Beta y tuve los ovarios de besarle, estuve a punto de correrme sólo por lo que noté que había bajo sus pantalones… Y él ni siquiera estaba empalmado.

- ¿Eso es decirlo delicadamente?

- Más te vale que le hagas feliz, Stiles. Porque sí, definitivamente te ha tocado el gordo con él.

En ese instante Derek acababa de terminar de dar el biberón, y de pronto se dio cuenta de que le estaban mirando. Al ver que entre el grupo estaba Stiles la sorpresa se transformó en un guiño de ojos, al que su marido respondió como si fuera un perro de Pavlov.

- Disculpad, chicas –comentó, poniéndose en pie y tomando la copa de champán que hasta entonces había tenido Erica en la mano- Debo atender a mi premio gordo… -les guiñó el ojo-. Disfrutad del espectáculo.