Veintinueve capítulos ya ¡que emoción! En realidad son menos, porque hay que descontar los glosarios y apéndices de personajes, lo que lo dejaría en veinticinco, pero aún así sigue siendo un montón. Es el fic más largo que he escrito, y si llegase a terminarlo (que espero que sí) va a serlo bastante más. Bueno, un agradecimiento especial a los que leéis , dejando reviews o hablando luego conmigo porque si sigo escribiendo esta historia (y de verdad que lo paso bien haciéndolo) es gracias a vosotros. ¡Así que este capítulo es vuestro!
-Lollyfan33: Tus reviews sí que se superan cada vez que me escribes una nueva, esta me ha hecho enormemente feliz porque la leí en un momento de bajón y me anime mucho. La verdad es que comparto contigo esa doble emoción tanto por las misiones como por los intermedios, porque como todo el rato pasan un montón de cosas y hay mucha intriga me resultan muy interesantes de escribir.
Efectivamente la escena del asesinato de Timón (que con la de Eric y Aurora, y la violación de Aladdín creo que es de lo más desagradable que he escrito) está inspirada en uno de los asesinatos de "It", libro que me leí hace dos años y recordaba especialmente esta escena (no sé si sale también en las pelis que han hecho porque no las he visto la verdad, pero me imagino que la habrán incluido). Stephen King es una buena referencia a la hora de escribir terror (la mejor seguramente) y siempre cojo pequeñas pinceladas de inspiración de escenas como esta o en otras películas de acción y terror, o incluso dentro de las propias películas de Disney, como ya habrás notado. ¡Pero la verdad es que me ha encantado, porque has acertado completamente!
En cuanto al resto de personajes yo también siento mucha angustia porque sé quienes vivirán y quienes no, y te aseguro que se sufre cuando sabes cuál va a ser su destino pero todavía no han llegado a él. La verdad es que Lady Tremaine es un gran personaje, yo diría que con Billy, Lilo y Rourke es de los más completos que he escrito, o al menos de los que más calan al lector enseguida. ¡Y naturalmente Johnny Depp no podía faltar en Gantz (es mi actor preferido), con más de un personaje! De momento tenemos al Sombrerero, que me parece un personaje maravilloso y me encanta su diseño, y más adelante ya le veremos las rastas a Jack...
En fin mil gracias por tu review que de verdad que fue como un revitalizante y un abrazo muy fuerte, espero que este capítulo lo disfrutes también mucho (y pronto subiré otro del Reformatorio también).
Ahora procedamos al capítulo. ¡Que lo disfrutéis mucho!
QUINTA MISIÓN: SACO DE BICHOS (PRIMERA PARTE)
Aparecieron en un estrecho y pestilente callejón que Jim indicó rápidamente como de la zona roja. No debían de estar lejos de su barrio, quizás incluso de su casa. Sin embargo cuando vio las altas torres del desgastado manicomio de Witzed, se dio cuenta de que estaban más al norte. Como siempre, llevaban los ajustados uniformes negros, y habían cogido cada uno un arma, más las cuatro katanas (Aladdín, Jim, Hércules y Meg) y las seis granadas (Lilo, Ariel, Timón, Lady Tremaine y Bella). Como siempre, habían ido desapareciendo uno a uno de la sala. Ariel y Bella se habían quedado las últimas, y entre ellas había reinado un incómodo silencio. Bella reconocía a Ariel de haberla visto en el cine con Jim, y ya se imaginaba la relación que había entre ellos. Ariel por su parte no podía creer que Jim se hubiese buscado a otra chica tan rápido, y que ella le hubiese aceptado. Tampoco podía creer (y se odiaba además por ello) que le molestara.
Como siempre además de las armas la esfera les había proporcionado otra interesante arma, que como siempre era la más esencial, si sabía utilizarse: si bien la joya de la corona había permitido hablar la caja fuerte de Juan, el reloj había invocado al cocodrilo que se había zampado a Garfio, y la poción rosa había permitido a Aladdín, Ariel y Billy recuperar su forma humana tras ser víctimas de la magia de Yzma. En la última misión la concha con agujero servía para ver los hechizos de magia negra a través de ella, con lo que Hércules pudo descubrir que Úrsula no era quién decía ser, aunque desafortunadamente eso no permitió que Jim se salvara de ser engañado. En esta ocasión el pequeño objeto especial era aún más curioso: era un bastoncillo de caramelo, rojo y blanco. Hércules lo había examinado, curioso.
-Nada de comérselo fortachón. Recuerda tu dieta sana…-bromeó Meg dándole un ligero golpe con sus caderas. Hércules la miró, fascinado. Aún no se había acostumbrado a verla. No podía ser real. No podía ser de nuevo ella…
Meg cortaba la respiración con su mono negro de Gantz que se ajustaba perfectamente en su delgado vientre y anchas caderas. Jim se la quedó mirando unos segundos, epatado, cosa que Bella tampoco pasó por alto. La chica estaba muy asustada, y seguía sin entender nada de lo que estaba pasando.
-Jim… tengo miedo… que es lo que pasa…-preguntó preocupada. Llevaba como siempre sus gruesas gafas de nerd y el pelo recogido en una coleta corta, que a Jim le gustaba soltar siempre. El chico sin embargo no estaba para juegos ahora.
-Dame el radar-le pidió a Hércules, que se lo pasó sin rechistar, distraído con Meg.
Jim echó un vistazo a la pantalla. Como siempre el código militar indicaba en que zona de Suburbia se encontraban (al lado del manicomio de Witzed y los cenagales tóxicos) y el tiempo que tenían. Al verlo, Jim se quedó paralizado… ¿cómo era posible…?
-Veinticuatro-leyó, perplejo. Aladdín y Ariel se volvieron también con sorpresa-pone que tenemos… setenta y cinco horas para cumplir la misión.
-Un día…-dijo Aladdín, rascándose la melena negra.
-Muy bien las mates-comentó Meg, burlona.
-Oye, creía que la perra sarcástica del grupo era yo-dijo Timón, que no se cortaba un pelo, mirando a Meg con desdén. Ella ignoró el comentario del suricato, signo de que la había ofendido.
-Debe de haber un error… veinticuatro… eso es mucho tiempo-dijo Jim frunciendo el ceño, pero Hércules negó con la cabeza.
-No te creas, Jim: he estado en misiones que duraban una semana. La bola lo elige, dependiendo de cuánto considere que vamos a tardar…
-Y si fallamos…-susurró Aladdín.
-Nunca lo he sabido-dijo Hércules con gravedad-pero puedo presuponer que moriremos…
-Mejor no comprobarlo…-dijo Meg arrebatándole el radar a Jim y echando una ojeada-aquí no está… no lo entiendo.
Jim miró a Meg con mosqueo, no le gustaba nada la actitud de aquella chica y la forma en que le había quitado el radar, pero prefirió no decir nada. Fue hacia Bella, que estaba temblando mientras miraba su arma, asustada.
-Jim… yo no quiero hacer esto… me quiero ir a casa…-dijo, mirándole con miedo-¿por qué no me explicas qué…?
-Todos hemos muerto, y si queremos conservar la vida tenemos que matar a alguien-explicó Jim secamente. Bella palideció al escuchar aquello. No podía ser verdad-el objetivo hoy es Oogie Boogie, y tenemos que encontrarlo en un plazo… de tres días. Si no, moriremos.
-No… no es posible…-susurró Bella, asustada. Jim se encogió de hombros y señaló a su pistola.
-Solo tienen un tiro, pero desintegran todo lo que tocan, así que guárdalo bien-explicó. Bella miró el arma muy asustada.
-¿Y tú espada…?
-Corta hasta el acero-dijo Jim mirando la hoja de la katana, también de un poderoso color negro cristalizado, y viendo sus ojos reflejados en ella. No dudaría en usarla contra ese monstruo cuando lo encontrasen. Era increíble lo que se había acostumbrado a matar desde que estaba en Gantz. Ya no valoraba la vida del mismo modo que antes, ni la suya ni la de los demás…
-En realidad si quiere puede irse-comentó Meg examinando el radar-el perímetro esta vez es toda la ciudad, así que puede irse a su casa. Y Oogie Boogie no está aquí… no entiendo, suelen enviarnos cerca de dónde está el objetivo.
-A no ser que quiera que hagamos otra cosa antes…-razonó Hércules, cogiendo el radar de Meg, que se quedó mirándolo, divertida-y ella no se debe ir, ninguno de nosotros. Si queremos sobrevivir debemos permanecer unidos.
-Pero mi padre… estará asustado… la casa se ha quemado… está… está en peligro…-dijo Bella, preocupada.
-¿Qué le ha pasado a la casa?-preguntó Jim, preocupado. Bella le explicó entre sollozos como había podido ver el fuego consumiéndolo todo a la vez que ella saltaba por los aires y se golpeaba en la cabeza. Si su padre regresaba y encontraba la casa así… podía llevarse un gran susto.
-Escucha chica, esto… ¿cómo te llamas?-preguntó Hércules acercándose a ella.
-Bella-contestó Jim en su lugar.
-Vale, Bella-asintió Hércules-no tardaremos mucho… debemos estar juntos para acabar con Oogie, y después podrás regresar a casa. No ocurrirá nada malo, confía en mí…
-Pero puede pensar que he muerto-insistió Bella, llorosa-¡puede sufrir un infarto! ¡Su corazón es delicado!
-Corres un grave peligro si te marchas, en serio-dijo Hércules, dolido por la situación de ella, pero sabiendo que en ello no podía ceder. Bella se volvió hacia Jim y le miró, ahora más decidida.
-Voy a ir a buscarle… ven conmigo-pidió en un tono suplicante. Jim la miró angustiado, porque realmente no sabía qué decirle.
-Bella, deberías quedarte con nosotros. Cuánto antes salgamos a buscarlo, antes volveremos… pero si te vas…-por otra parte y pensándolo bien si se iba no correría peligro de ser asesinada. Y como no se salía del radar, tampoco moriría de un estallido de cabeza como le había ocurrido a Chi Fu. En realidad, era mucho mejor si se marchaba, y Lilo también…
-No veo por qué tiene que hacerlo…-dijo Jim mirando a Hércules con preocupación-en realidad es mejor si se marcha… deberían irse todos…
Miró a Lilo, que negó con la cabeza enérgicamente.
-Yo no voy a ningún sitio. Soy parte del equipo-dijo la niña con decisión. Jim admiró tanto su ingenuidad como su valor.
Hércules miró a Jim con profunda tristeza en sus ojos claros, y a Jim le pareció sincero.
-Cuando comencé a luchar en Gantz yo también pensaba eso Jim, de hecho lo hicimos en una ocasión-explicó el fortachón, dándose leves golpes con el puño en la pierna mientras hablaba-dejamos a las mujeres y los niños escondidos en un almacén y los demás fuimos a luchar… fue un grave error… solo yo sobreviví esa vez, y fue por los pelos.
-No entiendo…-esta vez fue Ariel la que habló, preocupada.
-La esfera no nos ha elegido al azar-explicó Hércules muy serio-ninguno de aquí estamos aquí por casualidad, sino porque cumplimos el perfil perfecto para que uniendo fuerzas podamos derrotar al objetivo. Lo que significa que debemos todos luchar dando el máximo de nuestras fuerzas, o la misión se torcerá…
-Ya…-Jim recordó la primera misión, en la que Chi Fu había abandonado el grupo y la misión había ido bastante mal, o la vez en que Rourke y Helga intentaban matarse durante su lucha contra Yzma, que también salió bastante malograda (cobrándose entre otras vidas la de Billy Joe).
-No puedo hacer esto… no… no entiendo nada…-susurró Bella preocupada. Hércules le puso sus grandes y curtidas manos en los hombros a la chica, mirándola fijamente.
-Lo sé… pero confía en mí… y volverás sana a casa…-dijo con seriedad. Se quedaron mirándose fijamente unos segundos, hasta que Bella agachó la cabeza, y comenzó a llorar de nuevo, asustada. Jim la abrazó con fuerza y la besó en la frente, mientras Ariel y Aladdín les miraban de reojo. Ella no podía soportar la presencia de la pareja. Simplemente no podía aguantarla.
-No deberías hacer promesas que no puedes cumplir…-le susurró Meg a Hércules cuando los dos se alejaron del resto, sujetando el radar entre sus manos-es imposible que todos sobrevivan…
-Es difícil, pero no imposible-dijo Hércules con confianza. Luego se encaró con ella, enfadado-Meg, creo que me debes una explicación.
-Yo no te debo nadahaha…-rió Meg, mirándole con lástima. Luego se acercó a su oído, susurrante-pero si sobrevivimos a esta misión… te explicaré todo… verás todo de mí…
Las mejillas de Hércules se colorearon de un divertido tono rosado, y el chico por primera vez perdió su aire audaz para parecer inofensivo frente a aquella mujer aparentemente inofensiva frente a él.
-M Meg… no tendrías… esto… -tragó saliva, retrocediendo cortado, cuando tiró un cubo de basura, haciendo un escándalo tremendo.
-Vas a despertar a todo el vecindario-se rió Meg.
-Tranquilos, no dicen nada, lo tengo comprobado-dijo Timón con sarcasmo.
-Entonces… ¿eres un terrorista?-le preguntaba Pumbaa al extraño hombre del sombrero de copa. Los participantes de Gantz habían hecho un corrillo del que Hércules, Meg, Jim y Bella permanecían alejados.
-Soy un liberador-dijo el Sombrerero con voz lenta y sombría. Sus ojos estaban ahora ocultos por la visera del sombrero, dándole un aspecto tétrico y siniestro-mi misión es terminar con la tiranía de Suburbia… con la Reina Blanca… y la Reina Roja…
-Caray, que violento-dijo Pumbaa, fascinado.
-Pero entonces… ¿quién gobernará la ciudad?-preguntó Lilo, al que no le encajaban las piezas.
-Nosotros, claro-respondió Aladdín, que estaba de acuerdo con lo que el Sombrerero hacía.
-Pero nosotros no somos reyes…-razonó Lilo, frotándose de la cabeza.
-No me importa quién gobierne después… pero no será esa sanguinaria tirana… su cabeza ondeará de un pendón, niña, regando a su pueblo con su sangre y tu verás un amanecer nuevo en esta ciudad-dijo el Sombrerero con voz queda. Sus interlocutores se miraron, inquietos. No era una presencia del todo agradable un chalado que preparaba atentados contra el cuerpo de la ley.
-Y supongo que morirías inmolándote o algo así-comentó Timón sin una pizca de tacto.
-En realidad no…-una desagradable sonrisa amarga se formó en los rosados labios del Sombrerero-no exactamente… pero ahora que tengo una oportunidad… tendré mi venganza.
-Primero tenemos que acabar con Oogie Boogie-les recordó Hércules, metiéndose en el grupo para retomar el mando.
-Sí, sí, estoy de acuerdo-dijo el Sombrerero enseñando sus dientes amarillentos. Jim se fijó en que tenía las manos llenas de heridas y vendadas. En el dedo corazón de la mano izquierda llevaba un dedal que le tapaba la carne levantada.
-¿Podemos empezar ya?-preguntó Lady Tremaine con impaciencia. Tenía muchas cosas qué hacer, y aunque lo negaría la misión la provocaba una gran angustia. Temía morir… sus hijas la necesitaban, y aún tenía muchas cosas que hacer antes de dejar este mundo. Morir no entraba entre sus planes.
-Sí, pero tenemos un problema…-dijo Hércules-Oogie Boogie está en la otra punta de la ciudad, pero creo que si Gantz nos ha dejado aquí es porque quiere decirnos algo… tal vez tenga que ver con el sanatorio…
-¿Con ese catillo?-preguntó Sebastián señalando las altas torres negras del manicomio-yo ahí no entro ni en mil año… de ahí no se sale…
-Es ridículo fortachón, tenemos que ir a buscarlo ahora mismo-dijo Meg seriamente.
-No, estoy convencido de que deberíamos entrar-insistió Hércules-debe de haber algo que se nos está escapando.
-¡Ese sitio es una fortaleza! ¿Para qué correr riesgos innecesarios?-exclamó Meg, que empezaba a perder la paciencia.
-A lo mejor cuando se programó la misión él seguía encerrado dentro… y por eso…-sugirió Aladdín, encogiéndose de hombros. Hércules y Meg le miraron muy serios.
-Gantz nunca se equivoca-dijo la chica secamente-sabe perfectamente que él está libre.
-Por eso mismo-insistió Hércules-déjame entrar a mirar… al menos un momento…
-¿No era que no debíamos separarnos?-le recordó ella con sorna.
-Solo será un momento-insistió Hércules, devolviéndola el radar-quédatelo… volveré enseguida.
-No puedo creerlo-dijo Meg poniendo los ojos en blanco.
-Tenemos veinticuatro horas-le recordó Hércules mientras se desvanecía girando la rueda de su traje-¡anímate un poco!
Mientras los demás esperaban fuera Hércules se introdujo silenciosamente en Witzed aprovechando la desmaterialización del traje para atravesar sus muros y entrar en los pasillos. Una vez dentro tomó consistencia en un área sin cámaras, y escondido en un lavabo esperó a que entrase otro enfermero. Entró un psicólogo más bajo que él, pero bastante ancho, así que le cabría bastante bien.
-Perdona…-dijo Hércules dándole un leve coscorrón en la cabeza que lo dejó k.o. El fortachón metió al médico en una de las cabinas de retretes y le quitó la ropa. Luego se metió en la de al lado y se desnudó (debajo del traje negro no llevaban nada), vistiéndose la bata del médico. Cuando salió al pasillo se cruzó con varios enfermeros que le miraron curiosos, pero él los ignoró y siguió su camino. Se había puesto también las gafas del médico, con la esperanza de que eso camuflara un poco más su aspecto, y nadie lo reconociera como la súper estrella de los deportes.
Hércules caminó muy deprisa por los oscuros pasillos sin ventanas de Witzed, preguntándose dónde estaría. Debería haberse llevado el radar, porque ahora estaba perdido en aquel interminable laberinto lleno de habitaciones de las que salían leves gemidos de vez en cuando.
-"Vamos a ver, piensa…-se dijo Hércules a sí mismo, intentando concentrarse-él estaba encerrado en el bloque cero, lo llamaban el "Infierno"… vas a tener que preguntar…"
Vio que pasaba una enfermera rellenita por un pasillo lateral, y fue hacia ella.
-Oiga, disculpe usted…-la llamó. Ella se volvió, apretando los morros al verlo. Por un segundo, Hércules se temió que le hubiese reconocido.
-¿Es usted el doctor Gromit?-preguntó la enfermera con su cascada voz de fumadora.
-Sí, sí… precisamente les buscaba…-mintió Hércules sonriendo encantador. Entonces vio que en su placa ponía "Doctor Krospell", y se apresuró a esconderla rápidamente.
-Por favor venga conmigo doctor Gromit, es que le ha dado otro ataque de los suyos y no hay quién le haga entrar en razón-dijo la enfermera poniendo los ojos en blanco.
-Oh sí… claro…-Hércules iba a echar a correr cuando vio que otros tres enfermeros venían en la otra dirección. Maldita sea… no quería montar un escándalo, o llamaría la atención de las cámaras y enseguida tendría a todo el personal de seguridad encima suyo. Llevaba el traje bien doblado debajo de la bata, listo para volver a ponérselo cuando fuera necesario. De momento iba bien.
-Allí está…-dijo la enfermera abriendo una de las habitaciones. Un hombre viejo se había subido a la cama y blandía una percha amenazadoramente, como si fuera una espada.
-¡Voto a bríos marinero Ratched, que no se me acerque nadie!-gritó el anciano, furioso, dando botes en la cama.
-Almirante Boom, este es el capitán Gromit-dijo la enfermera señalando a Hércules, que estaba perplejo-viene a ayudarle con su problema…
-¡Un iceberg!-gritó el "almirante" Boom señalando al final de su cama-¡hemos chocado con un maldito iceberg del infierno! ¡Nos vamos a hundir más hondo que el Lusitania!
-Tranquilícese almirante… solo tómese estas pastillas-dijo la enfermera Ratched, pero Boom no la hizo caso y cogiendo una almohada la lanzó hacia ellos, dándole en la cara a Hércules-¿lo ve, doctor Gromit? No me hace caso.
-Mmmmmmn… vaya-Hércules se rascó su fuerte mentón mientras pensaba en algo. De repente se le ocurrió una idea-¡espere almirante! ¡No hay por qué preocuparse!-dijo, acercándose a él.
-Vade retro, pirata del Caribe-le advirtió el almirante Boom apuntándolo con su percha-atrás o te rajo como a una trucha.
-No tiene que preocuparse por el iceberg, almirante-dijo Hércules sentándose en la cama e invitando a Boom a hacer lo mismo-no va a hundirnos.
-¿Ah no?-terció Boom, perplejo.
-Claro, porque… bueno, porque estamos en un submarino-explicó Hércules, y haciendo mímica con las manos fingió bajar un periscopio-¿lo ve…?
-¿Un submarino?-repitió el almirante Boom, asombrado-pero…
-Ha vuelto a confundirse, almirante…-dijo la enfermera Ratched acercándole una pastilla-tómesela y ya verá como se le pasa todo…
-Claro, le necesitamos para pilotar el submarino-le recordó Hércules. Boom miró al muchacho a la cara unos segundos, y pareció fiarse de él. Finalmente tomó la pastilla y tragó del agua que le ofrecía Ratched, y poco a poco se fue quedando calmado, mientras la enfermera le arropaba.
-Muchas gracias, capitán Gromit… recuérdeme que comente su sagacidad en la Academia…-murmuró el almirante mientras se adormilaba, aún con su enorme sombrero puesto.
-Es la primera vez que se calma tan rápido… vaya idea más buena, doctor-le felicitó la enfermera Ratched impresionada.
-Bueno, qué puedo decir… son los nuevos métodos-se excusó Hércules, encantador-¿qué ocurrió para que acabase así…?
-Se lo puse en la ficha, tiene demencia senil… cree que sigue en la Academia Estelar, aunque se jubiló hace diez años-explicó la enfermera Ratched mirando a Boom con compasión-su familia lo ha enviado aquí, porque no desean ocuparse ellos mismos…
-Pues eso es lamentable…-reconoció Hércules, apenado. Luego volvió a centrarse en el plan-ya sabe que soy nuevo, enfermera, y ando buscando el despacho del director… necesito tratar de un problema personal con él…
-¿No será mejor que vaya a recursos humanos?-preguntó Ratched extrañada.
-Hágame caso, no-rebatió Hércules. Luego bajó un poco más la voz, mirando a los lados como si temiera ser escuchado-tiene que ver con el pago de la seguridad social…
-Oh…-Ratched también bajo la voz-pierde el tiempo doctor Gromit… no le van a dar ni un duro más de lo firmado en el contrato. Y ya sabe que es por diez años.
-Ya, ya…-admitió Hércules, fingiendo distracción-aun así me gustaría intentarlo…
-Bueno…-la enfermera Ratched cerró la puerta de la pequeña habitación del almirante Boom-siga ese pasillo hasta los ascensores, es la planta veintitrés, luego debe tomar el pasillo izquierdo y seguir recto hasta que vea un busto muy grande que tiene de Freud. La primera puerta al lado es el despacho de Monsieur D'Arque…
-Gracias…-dijo Hércules guiñándola un ojo. Luego se alejó. La enfermera Ratched le miró preocupada. Le parecía un doctor muy raro…
Hércules avanzó sigiloso siguiendo las instrucciones de la enfermera. En los ascensores se cruzó con una mujer alta y elegante que iba acompañada de un policía.
-¿Suben?-preguntó Hércules.
-No, bajamos-respondió ella, ajustándose su sombrero de flores.
-Si quiere se lo mandamos luego-se ofreció el policía, que tenía un rostro muy amable.
-No, gracias, cogeré otro-dijo Hércules dejándolos seguir.
-¿Siempre hablas como si estuvieses en un funeral?-preguntó el policía a la mujer una vez se hubieron cerrado las puertas. Ella se giró y le fulminó con la mirada.
-Le agradecería que me tratase de usted, agente Albert…-dijo ella muy seria.
-Perdona… perdone…-dijo él, sonriente-usted puede llamarme solamente Bert, agente Mary…
-Poppins-completó ella-Mary Poppins. Nunca más solo Mary.
-Vale, Mary Poppins… ¿y qué hace una mujer como usted en un sitio como este? En la secreta sí que saben contratar policías-dijo Bert, tirándola los tejos descaradamente. Mary Poppins se volvió a él cruzando los brazos alrededor de su paraguas con cabeza de loro.
-Agente Bert, le pediría encarecidamente que dejara de ofenderme con sus comentarios totalmente fuera de lugar-dijo, severa-tenemos un caso muy grave entre manos, y no es cuestión de tomárselo a la ligera con semejantes frivolidades.
-Guau… usted sí que tiene vocabulario, Mary Poppins-reconoció Bert apoyándose en la pared del ascensor. Estaban ya en los sótanos, pronto llegarían a los oscuros pasadizos del bloque cero. Mary observó su reflejo en el cristal del ascensor, pensativa. Oogie Boogie había sido su mayor triunfo como maga, y lo que le había aportado su ascenso al consejo de los Siete hacía años. Ahora el monstruo volvía a estar suelto. Debía estar preparada para luchar por su vida.
-Usted… usted parece buena en su trabajo-comentó Bert mirándola de reojo. Luego rió, cortado-perdone que hable tanto… me pasa siempre… cuando la compañía es grata.
-No puedo empatizar con usted-respondió Mary mientras las puertas se abrían. El pasillo era tan oscuro que apenas se veían ni a sí mismos. Al final se escuchaban gritos. Bert tragó saliva, intimidado. Mary le miró con superioridad y empezó a andar haciendo el sonido de sus tacones-vamos, no le hagamos esperar…
-Si tiene todo el tiempo del mundo…-replicó Bert, pero la siguió.
Hércules forzó la entrada al despacho de Monsieur D'Arque (no le costó demasiado, de hecho lo hizo sin querer, porque con solo tocar el picaporte lo arrancó) y accedió a su escritorio, curioseando todo lo que había allí. En el despacho no había cámaras (D'Arque no iba a permitir que existieran grabaciones de lo que él hacía allí), así que decidió que era el momento de volver a ponerse el traje. A fin de cuentas lo necesitaba. Se bajó los pantalones y se quitó la camisa y bata de médico y volvió a ajustarse las mallas negras, que le apretaban especialmente en la entrepierna. Una vez recolocado, el héroe acercó la ruedecita de la muñequera al ordenador del director, y se produjo un leve flash: después, Hércules pudo acceder fácilmente a los controles de todas las claves de seguridad del despacho, abriendo los archivos de pacientes de los que D'Arque disponía.
Había varias carpetas con horribles análisis de pacientes sometidos a "experimentos" del asilo, lo que confirmaba la teoría de los ciudadanos de Suburbia de que D'Arque era un torturador. Hércules los pasó rápidamente, asqueado. Luego abrió la carpeta con los nombres de los reclusos más peligrosos. No tardó mucho en encontrar lo que buscaba.
PACIENTE 666: OOGIE BOOGIE
-Interno del bloque cero (fugado)
-Estancia prolongada indefinidamente
-Máximo peligro
-Altamente inteligente, tendencias psicopáticas, inclinación por la tortura y el sadismo. Ludopatía.
-Biológicamente indestructible. Consultar con la Estrella.
-Relacionados: Jack Skeleton.
-La Estrella Azul…-susurró Hércules mientras leía los archivos. D'Arque conocía la existencia de "la Estrella"… lo que significaba que ocultaba algo importante. El cerebro de Hércules trabajaba a toda velocidad… empezaba a creer que Oogie no se había fugado por un casual…
"Relacionados Jack Skeleton"-eso también le sonaba…. ¿dónde había escuchado ese nombre antes?
-Deténganlo-dijo una voz fría y cascada. Hércules se volvió para ver a Monsieur D'Arque y unos diez guardias de seguridad apuntándolo con pistolas y un rifle.
-Mierda…-dijo él. Entonces pulsó la ruedecita del traje y desapareció. Los guardias se miraron entre ellos, sorprendidos.
-¡Idiotas!-exclamó D'Arque indignado-¡poneos las gafas caloríficas!
Hércules se deslizaba para salir del despacho cuando reparó en algo de la mesa que no había visto antes: había un papelito con dibujos y letras de niño escritas, y en él aparecía un dibujo de Oogie Boogie y de varias calabazas de Halloween. Se materializó un segundo, lo cogió y lo guardó en el bolsillo del traje mientras volvía a desaparecer y atravesaba una pared lateral para escapar de allí. Los guardias se colocaron las gafas caloríficas pero no consiguieron nada porque el cuerpo de Hércules no desprendía calor al volatilizarse, era totalmente inconsistente. Al ver su ordenador abierto y la hoja de su escritorio desaparecida, D'Arque montó en cólera.
-¡ENCONTRADLO!-ordenó, furioso. ¿Quién había tenido la osadía de entrar en su despacho de ese modo? Seguramente alguien que conocía su pequeño secreto, su relación con la Estrella Azul. Era el momento de hacer otra llamada…
RRRIIIIIIIIIING… un teléfono sonó en una oscura sala llena de humo donde una mano enguantada en tela negra lo cogió, acercándoselo a la oreja.
-¿Si?-su voz sonaba distorsionada, porque llevaba una máscara tapándole el rostro. Siempre la llevaba.
-Tenemos un problema…-dijo Monsieur D'Arque, cerrando su archivador con gesto amargo. Menos mal que el intruso no había encontrado sus carpetas llenas de fotos de niñas desnudas.
-Te dije que no me llamaras más-dijo la voz del enmascarado, furiosa.
-Tenemos un problema… alguien ha estado entrando en mis archivos, un hombre… creo que…-pero D'Arque se cortó porque no podía seguir hablando. De repente le costaba mucho respirar, y notó como de la cabeza se le iba abriendo su herida de hacía días, y le sangraba de nuevo.
-Soluciónalo-ordenó el desconocido, imperioso-por la cuenta que te trae…
-Aaaaaagh… ssssí…-jadeó D'Arque luchando por respirar. Finalmente el embrujo cesó, y el viejo pudo volver a respirar con normalidad, mientras se llevaba una mano a la frente y se manchaba la mano con la pegajosa sangre. D'Arque hizo llamar al jefe de seguridad, Cummings, de inmediato.
-¿Sí, señor?-dijo él, presentándose al momento, muy formal.
-Cierre las salidas-ordenó D'Arque-y traiga a esos dos policías que han venido ante mí…
-Muy bien, señor-dijo Cummings.
Las salidas de Witzed volvieron a cerrarse, y la capota de seguridad empezó a extenderse por encima de los torreones del manicomio. Hércules sabía que la energía de su traje empezaba a bajar, y que necesitaba reservarla para más adelante. Evitando a unos guardias que lo perseguían se escondió en unos baños de la decimonovena planta, e intentó pensar en un modo de escapar. Mirando la pared del servicio, tuvo una idea. Peligrosa, pero quizá efectiva:
-Ggggggñ…-Hércules descendió por las cañerías aferrado a ellas como un mono, lento pero seguro, manchándose las manos con la suciedad acumulada por los años. Tenía aún que bajar más de diez pisos para poder llegar al muro exterior. Luego usaría la desmaterialización para salir como había entrado.
-Está dentro del sistema de cañerías-informó uno de los guardias, mirando en los ordenadores.
-Vamos-ordenó el jefe Cummings, armado con su revólver-de aquí no se escapa nadie otra vez.
Hércules continuaba su escabroso descenso cuando una bala atravesó la pared de la cañería, hiriéndolo en el brazo.
-¡AY!-Hércules vio por el agujero de la bala como la luz exterior se tapaba por los guardias de seguridad que se acercaban más a la pared para seguir disparando.
-¡Acribilladlo!-gritó el jefe Cummings con decisión. Cientos de balas atravesaron la pared justo hacia donde estaba Hércules pero él soltó la cañería y cayó al vacío casi cuarenta metros hasta el suelo, acompañado por los trozos de pared que las balas arrancaron.
-¡OOOOOOOOH!-Hércules activó de nuevo el desmaterializador, atravesando el suelo de las cañerías hasta caer en las alcantarillas que había debajo de Witzed. Por desgracia para él la energía de su traje se había terminado, y cuando volvió a recobrar su forma física, estaba sumergido en una repugnante laguna de mierda pura.
-¡PUAG!-Hércules escupió un chorro de líquido fecal mientras nadaba a toda prisa hacia la luz que provenía del fondo de la larga alcantarilla. Si llegaba allí podría salir a la calle.
-¿Dónde está?-preguntó el jefe Cummings por su interfono.
-En las alcantarillas, creo… ya no le localizo…-informó el guardia del ordenador. El jefe Cummings maldijo por lo bajo, mientras trataba de recuperar la seguridad del sanatario y volver todo a la normalidad.
-Qué ¿poniéndonos guapos?-preguntó Meg, divertida, cuando Hércules llegó hasta ellos de nuevo, en la calle, manchado por todas partes de mierda y con el pelo hecho un asco.
-Lo… lo siento…-dijo él, presionando la rueda de su muñequera. Instantáneamente volvía a estar limpio y seco. Jim recordaba esa habilidad, él mismo ya la había utilizado una vez, en la tormenta de su misión contra Garfio.
-Hemos perdido casi una hora-dijo Meg, impaciente.
-Bueno, nos quedan veintitrés, ¿no? Creo que hay tiempo de sobra-dijo Hércules acercándose al grupo y sacando el dibujito de Oogie Boogie.
-¿Qué es eso?-preguntó Aladdín interesado.
-No lo sé… pero creo que a Oogie lo han soltado a propósito… y no sé por qué-admitió Hércules-tiene que ver con la Estrella…
Jim, que intentaba tranquilizar a Bella una vez más, levantó la cabeza al escuchar ese nombre, interesado. Lilo ya se lo había mencionado. Una sociedad secreta… ¿qué clase de sociedad…?
-La Estrella…-repitió también Bella, alzando las cejas con sorpresa.
Meg puso los ojos en blanco.
-¿Eso es todo lo que has averiguado?-preguntó, impaciente.
-Pues sí… creo que nos es poco-repuso Hércules a la defensiva-¿vosotros que…?
-Sabemos exactamente dónde está-le cortó Meg-y tenemos vehículos para ir.
-¿Pero cómo vamos a conducirlos?-dijo Aladdín-no tenemos las llaves. Si tuviese mi llave maestra…
Recordó el pequeño aparato que le había comprado a Jumbaa hacía unos meses, y que le permitía abrir cerraduras y controlar aparatos eléctricos sencillos.
-Antes de continuar creo que es necesario que os explique las funciones del traje-dijo Hércules, muy serio, haciendo gestos para que todos se acercaran y le prestasen atención-mirad, son unas combinaciones muy sencillas de movimientos.
Girando la rueda a la izquierda, el traje y su portador desaparecían. Pulsando el botón del centro podían volar, función compatible a desaparecer. Girando a la derecha el traje permitía la respiración bajo el agua y se mantenía totalmente seco aunque estuviese sumergido en líquidos.
-También sirve de secado instantáneo. Una vez un miembro del grupo en un terreno lluvioso murió de neumonía al tercer día de misión-explicaba Hércules. Timón miró a Pumbaa, escéptico- el botón pequeño sirve para crear un escudo protector en caso de peligro, y en cuanto a esa pequeña ranura que está a un lado… sí, esa que casi no se ve… sirve para controlar máquinas eléctricas. Solo hay que acercarlo a cualquier generador…
-Pero esto tiene batería…-recordó Jim-después de un rato, el traje se queda sin energía.
-Es cierto. Y tarda media hora en volver a cargarse. Lo que significa que debéis tener mucho cuidado con el poder del traje, y la medida en que lo usáis-explicitó.
-¿Cómo sabremos que nos quedamos sin energía?-preguntó Pumbaa.
-Las luces del traje-explicó Hércules señalando las pequeñas lucecitas que el mono negro tenía en cuello y extremidades-se van apagando conforme pierdes energía.
-Vaya una cosa-protestó Timón-trajes recargables, pistolas de un solo tiro… no es que nos lo pongan muy fácil, la verdad.
-Yo creo que sí-repuso Hércules, convencido-solo hay que saber jugar bien tus cartas. Y recordar que las cosas no son lo que parecen en este juego…
-No es un juego…-murmuró Jim con voz ronca. Odiaba que lo llamasen así. Un juego es divertido…
-Se te olvida una cosa de la ropa, monitor-comentó Meg.
-Ah sí, es cierto-recordó Hércules-aumenta vuestra resistencia, fuerza y habilidad. Cuantos más puntos tengáis, más lo hará…
-¿Qué?-saltó Aladdín, sorprendido-¿en serio?
-¿En ninguna misión has resultado herido y te has salvado de milagro?-preguntó Hércules interesado. Aladdín recordó como en la primera le habían disparado dos veces y calcinado la cara, y aún así había seguido luchando. Y cómo Helga había sobrevivido en la segunda misión a un disparo en el vientre, y Ariel al acuchillamiento de Kronk en la tercera.
-Pues… sí…-reconoció-pero… ¿hasta cuánto puede aumentar tu fuerza?-era lo que más le interesaba al moreno.
-Pues…-Hércules cogió el coche con las manos y lo levantó con facilidad. Todos lo miraron, pasmados, mientras él lo sujetaba en sus hombros-hasta esto.
-Joder…-dijo Aladdín, alucinado. Jim también se había quedado atónito.
-A partir de los cien puntos la fuerza aumenta hasta niveles increíbles-dijo Hércules-pero espero que no tengáis que llegar a eso, y seáis libres antes…
-Por eso rompiste el techo en el palacio bajo el mar…-recordó Timón.
Lady Tremaine y el Sombrerero miraban sus trajes con la codicia brillando en los ojos. Ella movió los dedos dentro del elástico material negro, fascinada. Con un traje tan poderoso… podía lograr muchas cosas…
-Bien, sabiendo todas estas cosas… y bueno, creo que la mayoría ya tenéis experiencia suficiente-adujo Hércules-pongámonos en marcha…
Es el momento de regresar a Mary Poppins, quien en el tiempo que Hércules había estado investigando en el despacho de Monsieur D'Arque había descendido hasta el Bloque Cero donde estaban las celdas de máxima seguridad, acompañada por el agente Bert. Mary tenía un permiso especial de acceso para entrar en el bloque, que los guardias después de revisar con lupa permitieron.
-Una gota…-dijo uno de los seguratas, hundiendo la aguja en la yema del dedo de Mary. Para ella el dolor era imperceptible, y a fin de cuentas las normas eran las normas: todo miembro que entrara o saliera debía pagar con sangre… así quedaba registrado cada acceso.
-Vaya… ese D'Arque es todo un genio cuando se trata de dar mal rollo-comentó Bert mientras descendía en el viejo ascensor con Mary hacia las celdas. Al contrario que en los otros pasillos, allí no se escuchaba nada: reinaba un silencio sepulcral, que era aún más inquietante que los gemidos de los reclusos a través de sus celdas…-se podría grabar una película de terror aquí.
Mary Poppins no respondió. Bert al observó con aburrimiento. Realmente le gustaba aquella mujer, no podía explicar por qué, pero su corazón latía con mucha más fuerza desde que se la habían presentado el día anterior en comisaria, como una compañera de la secreta. Ahora deseaba hablarla de él, intimar si era posible. La situación era espinosa claro… pero aunque Mary Poppins fuese mucho más de lo que parecía, el agente Bert no era tampoco un policía cualquiera. La misión de Oogie Boogie le había sido encomendada por sus muchos méritos deteniendo a peligrosos criminales en Suburbia.
-Bienvenidos…-saludó el doctor Liebre cuando Mary y Bert entraron en el bloque dejando atrás el ascensor-bienvenidos ambos al bloque cero…
-Dejémoslo en "venidos"-dijo Bert mientras le estrechaba la mano a la Liebre.
-Usted es el doctor Thackary Earwicked, supongo-dijo Mary estrechándole la mano a la Liebre, que asintió mientras bizqueaba un poco. Su pelaje estaba como siempre muy espigado y sus dientes sucios y torcidos le sobresalían del morro resaltando su condición animal-el psicólogo de Oogie…
-Psiquiatra, señora-la corrigió la Liebre, ofendida.
-Señorita-le corrigió Mary, cortante-si no le importa, me gustaría hacerle unas preguntas.
-Naturalmente, sí, ya me advirtieron de que vendría-dijo la Liebre recolocándose la bata y mirando a Mary con molestia.
-¿Le advirtieron?-repitió Mary arqueando una ceja fríamente-espero que no tenga usted que ocultarme nada, señor Earwicked… porque lo sabré.
La Liebre miró a Mary unos segundos con desdén, sopesándola. Desde luego, era más dura de lo que pensaba. Su empleo estaba en juego, así que sería mejor ir al grano. Doctor Liebre sabía que no aguantaría un interrogatorio directo, no tenía los nervios para eso, pero aún quedaba otra opción claro… había una persona en aquel lugar que sabía más de Oogie que él mismo.
-En realidad, no creo que yo pueda darle demasiada información-dijo la Liebre intentando sonar estúpido-verá, a mí me asignaron a Oogie ese mismo año, y apenas he podido concluir mucho de él.
-¿Qué pasó con su anterior psiquiatra?-preguntó Bert extrañado. La expresión burlona de la Liebre le dio a entender lo que había pasado con él.
-Ha "jubilado" a cuatro doctores desde que lo encerraron en esta institución-recordó la Liebre malhumorada-he tenido mucha suerte de no ser el quinto…
-Demasiada-observó Mary, y la Liebre se maldijo a sí mismo por haber hecho ese comentario-aunque no pueda darnos demasiada información, quisiera hacerle unas preguntas… no aquí, si es posible. ¿No tiene algún lugar mejor que ofrecernos?
-En realidad no-dijo una fría voz desde el fondo del pasillo. Mary y Bert se volvieron, sorprendidos, mientras la Liebre sonreía. Parecía que el otro tenía ganas de hablar…
-¿Él también está…?-Mary miró a la Liebre con sorpresa e indignación-¿los han encerrado juntos… a los dos?
-Caray… Jack Skeleton…-dijo Bert, asombrado, y empezó a andar hacia la celda de la que venía la voz, clara y diáfana, pero también escalofriante.
-¡Espere Bert!-le llamó Mary preocupada, pero el agente no la escuchó, y ella le siguió, suspirando. Bert se detuvo en frente de la celda de Jack Skeleton: dos paredes de cristal reforzado sin ningún agujero protegían una estrechísima celducha en la que el recluso descansaba. Tenía solo varios libros de lectura apilados en el suelo y un póster de un bello prado con amapolas y un sol radiante.
Jack Skeleton era como ya habréis adivinado, un esqueleto. Muy alto y aún más delgado, llevaba el uniforme gris de Witzed cuya tela marcaba las costillas y le llegaba hasta las rótulas. Su cabeza era un cráneo descarnado con dos cuencas vacías y una siniestra sonrisa con una boca blanca, blanca y rasgada. Mary ya había olvidado lo espeluznante que resultaba encontrarse en su presencia. Pero ahora de nuevo cara a cara, podía volver a reencontrarse con el miedo en persona, al ver a Jack Skeleton.
-Mary Poppins…-Jack hizo una educada reverencia ante la dama, que intentó camuflar su miedo bajo su habitual máscara de desprecio-mi torpe lenguaje mundano no puede expresar lo mucho que mi corazón se alegra de que vuelvas a aparecer ante mí.
-Usted no tiene corazón-replicó Mary secamente. Luego tomó a Bert por el hombro y tiró de él-vámonos, deprisa.
-Espera un momento, espera-dijo él, fascinado por el aspecto de Skeleton. No todos los días puede uno hablar con una calavera parlante-¿qué sabes tú de Oogie Boogie?
-Bueno, éramos compañeros de celda, y es vox populi que en ese tipo de relación secretos no existen-dijo Jack rascándose la calavera distraído.
-¿Compartíais la celda?-preguntó Bert sorprendido.
-La prisión, quiero decir-se corrigió Jack Skeleton-Pero éramos vecinos. Fíjese, era esa de ahí enfrente-Bert se giró para ver la celda de al lado, que estaba a oscuras y sin ningún ocupante-Siempre le ofendió que yo tuviese más medidas de seguridad que él, pero eso ya es una cuestión personal. Siempre hemos tenido esa rivalidad…
-¿Siempre? ¿Y… de qué se conocen?-preguntó Bert, insaciable de información. Aunque las cuencas de los ojos de Jack Skeleton estaban vacías, algo malévolo brilló en ellos al escuchar la pregunta.
-Basta ya Bert, es una orden-dijo Mary, muy seria-venga conmigo inmediatamente.
-Mary Poppins-Bert se volvió hacia ella, con una tenue sonrisa-¿Jack Skeleton y Oogie Boogie se conocían? ¡Aquí hay mucha tela que cortar, como diría el bueno de mi tío!
-¿Cómo se llama su tío? Conocí a un hombre que empleaba esa expresión-comentó Jack Skeleton educado.
-No tenemos… nada… que oír de él…-insistió Mary mientras arrastraba a Bert hacia la salida-vámonos, quiero interrogar al señor Earwicked…
-Glups…-murmuró la Liebre al escucharla.
-¿Nada de mí Mary Poppins? ¿Ni un poema?-preguntó Jack Skeleton, apenado. Luego sonrió con una mueca diabólica-¿ni su plan?
Mary estaba ya de nuevo al final del pasillo cuando se detuvo de golpe. Suspirando profundamente se fue girando para volver luego a la celda. Bert la siguió.
-¿Qué sabe?-preguntó Mary. Jack Skeleton se había puesto a hacer yoga boca abajo, al parecer ahora indiferente. Como ya habían picado el anzuelo, solo le quedaba hacerse el interesante.
-¿Qué puedes ofrecerme, Mary Poppins?-susurró Jack, socarrón.
-Nada-replicó ella, temblando por la furia-nada en absoluto. Le pido que me diga todo lo que sabe sobre lo que pretende es criatura… porque si no… será usted tan responsable de las muertes como él.
-Oh, pues eso no está tan mal-razonó Jack Skeleton, pícaro-voy a sesgar cientos de vidas sin ni siquiera salir de mi celda.
-¿Cientos?-repitió Bert, incrédulo.
-Fíjate que gran honor sería, Mary Poppins… el mayor asesino de Suburbia… ¡mata sin ni siquiera salir de su celda!-siguió riéndose el esqueleto alzando sus huesudos brazos al aire y estirando las falanges de sus dedos.
Mientras Jack seguía hablando, había otra criatura a quien los visitantes habían interesado: de la otra celda frente a Jack una figura se movió en la oscuridad. Era una mujer, o al menos eso parecía. Con los largos cabellos pegados al rostro, posó sus manos en el cristal y miró con sus ojos descolocados hacia los dos policías, interesada y también furiosa. Ella estaba hablando con Jack… nadie hablaba con su Jack…
-En realidad tú no te vas a llevar el honor, Skeleton-comentó Bert guiñándole un ojo a Mary-Oogie está causando sensación en las noticias, tiene a toda la ciudad cagada en sus casas. Hasta la policía tiene miedo de buscarle… de ti… bueno, yo no me acordaba hasta que te he visto ahora, y ni siquiera sé muy bien por qué estás aquí… si me dijeras el Lobo Feroz pues sí recuerdo ese caso, pero tú…
-El Lobo Feroz era un vulgar asesino en serie-dijo Jack Skeleton, que aunque quería seguir pareciendo indiferente se veía molesto-yo soy un profesional muy superior… a la hora de matar, soy un artista…
-Claro… pero yo diría que en materia de arte usted es Salieri, y Oogie Boogie es Mozart-respondió Bert, sabiendo por dónde tenía que tirar. Tanto Jack como Mary le miraban incrédulos-la verdad es que no creo que tengas mucho que contarnos… me sorprendería si quiera si realmente él hubiese hablado contigo…
Jack Skeleton se levantó de nuevo, mirando a Bert con rostro inexpresivo, lo cual resultaba aún más atemorizante que cuando mostraba rabia o crueldad. Se acercó al cristal hasta rozarlo con los huesos de sus costillas. Bert y Mary no retrocedieron, aunque empezaban a notarse mucho más tensos.
-Ahora supongo que yo tengo que ofenderme por tus provocaciones y explicar todo lo que conozco del caso, como un patán. Bueno, voy a complacerte, agente de policía… aunque a mí manera… veamos si la policía de Suburbia es tan buena como dicen…
-¿Dónde está Oogie?-preguntó Mary, preocupada-¿tú lo sabes?
Jack asintió lentamente mientras una sonrisa iba formándose de oreja a oreja (o dónde deberían estar las orejas, claro).
-Él juega a una especie de juego, Mary… no sé exactamente qué quiere con él, pero sé que su vida y su estabilidad dependen de ello. Porque las ansías de jugarlo son la única cosa que lo mantiene con vida…
-¿Y en qué consiste el juego?-susurró Mary, acercándose aún más al cristal. La Liebre miraba a Jack, preocupada. No sabía si a Monsieur D'Arque le gustaría enterarse de que el esqueleto había estado hablando con los policías. Si lo responsabilizaba a él de todo…
-¿Crees que debería hablarte de ello?-preguntó Jack, disfrutando de tenerla en vilo-en realidad, reconozco que me gustaría hacerlo. Para poder ver… para saber… si de verdad eres tan buena como para detenerlo.
-¿Qué quiere hacer…? ¿Dónde puedo encontrarlo?-dijo Mary en un susurro, mientras se acercaba al cristal aún más, hasta pegarse. Jack se acercó también, lo que preocupó a Bert.
-Mary… ten cuidado…-la advirtió el agente, cogiéndola del hombro. Ella estaba tan concentrada en el prisionero que ni siquiera le notó.
En ese momento un ascensor descendió con siete seguratas que irrumpieron en el pasillo del bloque cero con presteza.
-Aléjense de las celdas-ordenó uno de ellos, arrogante-tienen que salir de aquí ahora mismo.
-¿Qué?-preguntó Bert con sorpresa.
-Órdenes de Monsieur D'Arque-respondió el guardia, implacable.
-¡Pero…!
Mary seguía sin prestar atención a sus captores: miraba fijamente a Jack, tratando de desentrañar el misterio. ¿Dónde estaría Oogie? ¿Cómo iba a encontrarlo?
-Piensa Mary… solo tienes que repasar la historia… y vendrá a ti… Oogie quiere arreglar lo que ocurrió… y para ello piensa seguir un juego… tiene varias partes… creo que son las piezas de un dado… es un juego divertido.
-¿Dónde está?-preguntó Mary en un susurro. Los ojos de Jack se entrecerraron en finas líneas negras sobre su hueso blanco.
-Vamos… no puedo ponértelo tan fácil… ¿no?
-¡Ya me han oído, agente Bert, agente Poppins!-insistió uno de los guardias-¡FUERA!
Mary Poppins salió de Witzed veloz como el viento seguida de Bert, que dio un traspiés en el puente de la entrada y a punto estuvo de caer al foso de aguas fétidas que protegía al manicomio. Su coche patrulla los esperaba en el parking de visitas en el pabellón norte, y Mary entró y arrancó el autovolante sin esperar a su compañero, que tuvo que subirse en marcha para no perderla.
-¡Mary!-la llamó, enfadado. Ella le lanzó una mirada de advertencia, y Bert se tranquilizó-ejem, Mary Poppins… ¿qué pasa? ¿Por qué te marchas? Tenemos que volver… ¡no pueden echarnos! ¡Tenemos una orden de investigación!
-Tenemos que irnos antes de que no nos sea posible-indicó Mary señalando las salidas del pabellón, que estaban bloqueadas por sendas puertas de hierro-han cerrado todas las salidas… ¡es una trampa!
-Pero… ¿por qué?-preguntó Bert extrañado… ¿qué querían hacerles?
Vio que unos guardias se acercaban por detrás. No podían escapar… y si no podían irse de Witzed, Bert tenía la horrible certeza de que acabarían allí encerrados, junto al resto de reclusos locos perdidos.
-¡Agárrese Bert!-ordenó Mary arrancando el coche patrulla y yendo directa a la enorme plancha metálica. Bert se abrochó el cinturón asustado mientras veía el autovolante acelerar cada vez más.
-Misil de corto alcance-dijo una voz robótica en el coche cuando Mary presionó un botón en su pantalla de control. Un pequeño misil salió disparado hacia la plancha y la hizo saltar por los aires, saliendo luego su autovolante directo hacia la libertad.
-¡Deténganlos ahora mismo!-ordenó uno de los guardias vigías al verles salir del aparcamiento-¡DETÉNGANLOS!
-Ya vienen…-observó Mary, que iba hacia la capota protectora, la última barrera que los separaba de la libertad. Por detrás de ellos otros tres autovolantes los perseguían, y de ellos se asomaron varios guardias armados con metralletas, para derribarles.
-¡Somos policías!-se escandalizó Bert-¿pero cómo se atreven?
-¡Menos hablar y quítemelos de encima!-pidió Mary nerviosa. Bert no necesitó que se lo repitiera: se pasó al asiento trasero del coche y asomándose por la ventana apuntó a la cabeza de uno de los atacantes. Luego se lo pensó mejor y le dio en las manos. A fin de cuentas eran guardias, no criminales, y solo estaban siguiendo órdenes.
-¡UAAAAGH!-al recibir el impacto de bala en las manos el guardia soltó su metralleta, que cayó casi cien metros hasta el suelo. Mary rozó el hierro de la capota que rodeaba Witzed con el coche, pensando en un modo de salir.
-¡Esto no lo tumbará un mini misil!-protestó Bert-¡no podemos salir!
-¡Sí podemos!-insistió Mary, furiosa. En ese instante una ráfaga de disparos les paso rozando y reventó los cristales traseros del coche-¡AH! ¡BERT, QUÍTENOSLOS DE ENCIMA!
-¡Voy!-dijo Bert disparando de nuevo y reventando los faros de uno de los coches perseguidores-¡Cómo agarre a ese D'Arque!
Bert tenía mucha puntería, y cuando otro de los guardias iba a ametrallarle de nuevo el agente le disparó justamente en su metralleta, reventándosela. Ya solo quedaba un coche persiguiéndolos, pero Bert no conseguía acertarle, y no quería matar a sus ocupantes. Mary por su parte seguía buscando un orificio por el que salir de aquel claustrofóbico infierno.
-¡Mary no podemos salir, tenemos que rendirnos!-exclamó Bert angustiado.
-¡De eso nada!-respondió ella, furiosa-¡Nos matarán! ¡Dispara!
-¡Pero…!-protestó él.
-¡Bert, vamos!-gritó Mary desquiciada-¡Dispáralos!
En realidad solo necesitaba que su compañero se despistase… ya sabía cómo saldrían de allí. Era un truco muy sencillo en realidad.
-¡Mary!-gritó Bert asustado al ver como ella volvía a lanzarse hacia los metálicos muros de contención. Había cerrado los ojos y repetía unas palabras en silencio. Su máxima concentración era ahora fundamental, o de lo contrario no podría conseguirlo.
-Aszd, gisah aszd…-susurró Mary, y por un momento no escuchó nada más: el coche llegó a la pared pero no se chocó contra ella: al contrario se deshizo en cientos de pétalos de rosa, que llovieron por todo Witzed, posándose en sus almenas y sobre el foso, delicadamente.
Desde los coches, los guardias vieron caer la lluvia de pétalos rosas, algunos se les pegaron a ellos en el cristal. Se miraron entre ellos, atónitos.
-¿Qué… qué ha pasado?-preguntó uno.
Desde luego esa vez Monsieur D'Arque no iba a creerlos.
Cuando Bert recuperó la conciencia estuvo a punto de caerse porque se encontraba tumbado en la azotea de un alto edificio. Respiró entrecortadamente unos segundos, asustado, hasta que entendió lo que pasaba y pudo recordar su reciente huida en el autovolante. Los guardias, Jack Skeleton, Mary… ¡Mary Poppins!
Bert se incorporó y vio que la mujer estaba en un extremo de la cornisa, alzando su paraguas.
-¡Mary! ¡Mary Poppins!-el agente se levantó y dando un traspiés fue hacia ella-¡Maldita sea, Mary!
Ella iba justo a saltar, pero al escuchar a Bert se detuvo en el momento. No podía descubrirse, ya se había arriesgado mucho.
-¡Mary!
-Ya le dije que era…
-¡Mary, estás bien!-Bert la abrazó con fuerza. Mary Poppins se quedó paralizada unos segundos, y luego se soltó al instante, ofendida, al menos en apariencia.
-¡Bert!-le miró con enfado. El agente la miró, radiante-Bert, debo irme…
-¿Cómo hemos conseguido escapar?-preguntó él, asombrado-no recuerdo nada…
-Se desmayó…-mintió ella-pero Bert, debo irme. El tiempo es muy valioso, no nos queda mucho.
-¡Toda la capota estaba cerrada! ¿Por dónde salimos?-insistió Bert. Al ver la serie expresión de ella se calmó un poco-esto, sí… ¿por dónde debemos buscar?
-"Debemos" no Bert-dijo Mary, cortante-debo. Yo sigo sola ahora.
-¿Qué?-Bert giró un poco la cabeza, extrañado-el comisario nos asignó el caso a los dos…
-Lo sé, lo sé, pero no tengo tiempo-insistió Mary, nerviosa-sé lo que hay que hacer y… usted solo me retrasaría.
Bert se metió las manos en los bolsillos y miró a la mujer divertido. Mary chistó, impaciente. No tenía tiempo que perder, pero no podía hacer magia delante de aquel hombre, o se delataría. La Estrella Azul lo prohibía expresamente, y ella ya se había saltado bastante de esa norma. Además, él no dejaba de mirarla como si supiera perfectamente lo que estaba pensando. Y eso a Mary la desesperaba profundamente.
-¿Por qué no nos vamos poniendo en camino?-sugirió él, con calma-lo digo para ahorrarnos seguir discutiendo…
En unos segundos ambos bajaban del edificio en ascensor y corrían a la calle. Bert localizó enseguida un buen coche.
-Brrrrrr… si al menos hubiéramos recuperado nuestros abrigos-se quejó el agente mientras echaba humo por la boca. Nevaba de nuevo, lo que complicaba bastante las cosas.
-¡Alto, policía!-exclamó Mary enseñando su placa. El tipo que iba a entrar en el coche se detuvo, sorprendido-¡necesitamos su coche!
-Pe… pero…-protestó él, mirando la placa con recelo.
-Policía amigo. Es un momento-dijo Bert mientras entraba en el asiento del copiloto-se lo devolveremos enseguida…
-¡Tengo que ir a mi casa enseguida!-se quejó el tipo enseñándoles los regalos de Santa Claus que llevaba para sus hijos.
-¡Coja el endobús!-dijo Mary mientras arrancaba y salía disparada de allí. Bert se despidió del hombre alzando una mano, a lo que el tipo respondió alzando un dedo.
-Mira Mary, Witzed…-Bert señaló a unos coches negros acorazados que volaban por una calle cercana-nos están buscando… pero en este coche no nos reconocerán…
-No-admitió Mary-así que no hay peligro… Bert, quiero que se baje del coche.
-Ya lo hemos discutido. Yo voy contigo Mary Poppins-dijo él con aquella encantadora sonrisa que a Mary le ponía de los nervios-eso o tendrás que dispararme…
-No me de ideas…-replicó Mary poniendo los ojos en blanco. Cuando el semáforo se puso en verde el autovolante arrancó y se perdió el vórtice de tráfico. Pese a ser sábado y Nochebuena, Suburbia nunca paraba, y había tanto tráfico como de costumbre. Mary torció en dirección contraria en varios momentos, y esquivó un camión cisterna que estuvo a punto de embestirla.
-¡Mujer tenías que ser!-gritó el camionero mientras se alejaba. Ella ni le escuchó, tan concentrada como iba.
-Oye, Mary… a lo mejor debería conducir yo… para que lleguemos de una pieza, digo-sugirió Bert, como siempre de buen humor. La gélida mirada que le dirigió ella le dio a entender que debería estarse calladito.
Atravesaban los primeros edificios de la zona blanca, y Mary torció por uno de los pasajes que había con cientos de tiendas en ellos, en los que los autovolantes aparcaban momentáneamente en la entrada de dónde querían comprar y luego seguían su viaje. Era una auténtica locura porque se formaban unos atascos tremendos y no acababa el día sin que alguien se chocase, pero el consumismo insaciable de los habitantes de la zona blanca era así.
-¿A dónde vamos?-preguntó Bert como quien no quiere la cosa.
-A "la Isla de los Juegos"-respondió Mary mientras daba un volantazo y hacía descender el coche varios metros para esquivar la línea del endobús que atravesaba la ciudad en un puente por aquella zona.
-¿La Isla…? Eso había cerrado ¿no? ¿Crees que se esconde ahí?-preguntó Bert con sorpresa.
-No lo creo, lo sé-respondió ella, tan impasible como siempre-hágame caso Bert, por favor, y baje del coche…
-Jack Skeleton dijo que Oogie jugaba a un juego… que quería arreglar su historia…-recordó Bert rascándose su corto cabello negro-¿querrá arreglar lo que hizo mal en el pasado…? ¿Qué hizo en el pasado?
-No quiere arreglar nada-comentó Mary, conduciendo distraída-quiere cometer los asesinatos que no pudo cometer la primera vez… y la primera vez lo detuve en "la Isla de los Juegos"… él… él pretendía matar a cincuenta niños…
Bert silbó, impresionado. Lo creáis o no, él había oído y visto cosas peores que eso. Pero no dejaba de ser una bestialidad.
-Espero no llegar tarde…-susurró Mary, consternada-no sabe de lo que él es capaz…
-No, no lo sé, pero tú sí-dijo Bert, picado-¿por qué no me lo cuentas? ¿cómo le detuviste? ¿de dónde sale él… y Jack Skeleton?
Mary no respondió. Siguió conduciendo en silencio hasta que un semáforo la obligó a pararse, o cien coches se la hubieran llevado por delante. Cruzada de brazos miró a Bert con fastidio, mientras él la sonreía travieso.
-Vamos Mary, venga ya… cuéntamelo-insistió él.
-Es Mary Poppins… y pareces un niño pequeño-replicó ella despectiva.
-Ah, ¿ya me tuteas? Eso es bueno-dijo Bert alzando las manos, bromista. Al ver que ella seguía sin sonreír se puso un poco más serio. La miró preocupado-¿qué es lo que pasó, Mary….? ¿Quién es Oogie Boogie?
Los ojos castaños de Bert se perdieron en los azules de Mary, y por unos segundos la maga se olvidó de por qué estaba conduciendo, a quién perseguía y a dónde iba. Cuando recuperó la concentración, se odió a sí misma por haberse permitido algo así. ¿Qué le pasaba? No podía creer que de verdad Bert estuviese consiguiendo distraerla así.
Suspirando, Mary volvió a tomar el volante con sus manos de guantes de seda. Bert creía que no iba a decir nada más, cuando para sus sorpresa ella comenzó a hablar.
-No sé mucho sobre quién es, porque nunca he querido saberlo. Pero al tener que detenerlo, tuve que investigar bastante para entender quién era, y de dónde venía… siempre he querido olvidarlo… han pasado cinco años.
El verdadero nombre de Oogie Boogie es Damien Brahms, pero eso ya nadie lo recuerda, dudo que él mismo lo haga. Sus orígenes humanos carecen de importancia, solo sé que venía de una familia pobre de la zona roja, y que consiguió una beca para estudiar en una universidad de Marmóreo, en la zona blanca. Aspiraba a ser médico, cirujano, creo, hasta que comenzó a sentirse atraído por el estudio de los muertos gracias al interés que despertó en él su profesor, Jonathan Skellingtong, un reputado médico y catedrático de medicina en la universidad. La influencia que Skellingtong tuvo en Brahms fue vital para los acontecimientos que vendrían posteriormente.
Según sé, Brahms y Skellingtong pasaron meses estudiando una falsa ciencia, algo parecido a la magia negra, llamada la Nigromancia, que permitía conectar con los muertos. En un principio yo creía que lo que ellos buscaban con eso era devolverles la vida, pero no era así: lo que ellos perseguían era alcanzar la vida eterna, y para eso necesitaban que alguien del más allá les dijera como hacerlo. No ponga esa cara, Bert. Las creencias en el Más Allá son algo muy común, por desgracia.
Brahms tenía el perfil de un sociópata: tímido, retraído, pero en realidad brillante y con una mente muy turbulenta, según sé no solía relacionarse con sus compañeros, y por supuesto nunca se le conoció relación alguna. Conseguí hablar con una chica de su edad que quiso salir una vez con él, y que me contó que Brahms había intentado hacerle… algo horrible. Ya en su temprana juventud sus tendencias sádicas se iban apoderando de su espíritu. Pero él… él se sentía atraído por el doctor Skellingtong. Su maestro era una mente privilegiada con la que sin duda Brahms conectó, y estoy segura de que su relación trascendió de la simple amistad… por desgracia para Brahms, Skellintong era una mente aún más perturbada que la suya, ya que el doctor era un asesino en serie que había conseguido escapar de la justicia varias veces y cometido ya horribles crímenes. Brahms desconocía esto, o quizás lo supo en algún momento, pero para entonces estaba tan enamorado de Skellintong y compartía tanto su sed de poder que era imposible que se alejara de él.
Por lo que entiendo, Brahms y Skellingtong se hicieron con la copia de un antiguo libro de magia negra, que solo contenía algunos de los hechizos del original. Skellintong entendía bien como utilizar el hechizo, pero solo le contó a Brahms una parte de ello: para alcanzar la supuesta inmortalidad, el sujeto en cuestión debía desollarse la piel a sí mismo, hasta el último pedazo de carne, y luego alimentarse de un alma humana… Jonathan quería alimentarse del alma de Brahms, y lo engañó para que lo ayudase en el ritual, preparándolo en una capilla… lo que hicieron allí fue… fue horrible. Yo tuve que ir para ver la escena y… tenían varios cuerpos colgados del techo… abiertos… Dios mío…
Mary hizo una pausa, llevándose una mano a la boca. Cada vez que recordaba la capilla de paredes y techo rojas, con los cuerpos desnudos y rajados, y las vísceras por el suelo, le entraban ganas de vomitar. El olor a humo por las derretidas velas del ritual le traía aún peores recuerdos. No había podido volver a entrar en una capilla en su vida, porque todas le recordaban a esa. Recordó como entre lágrimas se lo había contado a Merlín… y Merlín como siempre no la había escuchado…
-Brahms y Skellingtong sacrificaron a diez humanos, cinco mujeres y cinco hombres. Según sé prepararon un plato… con partes de cada uno de los muertos y se… se lo comieron… lo sé… lo sé. El caso es que tras el rito oscuro ambos debieron de realizar el… el acto sexual… sobre el altar… para unificar definitivamente sus almas… y luego Brahms se preparó para lo que creía que sería su inmortalidad: pero Skellingtong lo durmió haciéndole beber un falso elixir que según él lo ayudaría en el trance, y luego lo encerró en un ataúd que llenó de insectos. Mientras el alma de Brahms se consumía, devorado vivo por los escarabajos y hormigas, Jonathan se arrancó la piel a cuchilladas y luego efectuó el conjuro, consumiendo su propia alma… y por consiguiente atándose para siempre a nuestro mundo…
-Pero Brahms sobrevivió-susurró Bert, asustado-porque Oogie Boogie no está muerto… y según dicen no puede…
-El alma de Jonathan quedó unida a sus huesos para siempre, y por eso hoy se le conoce como Jack Skeleton… pero Brahms… su espíritu abandonó su cuerpo al morir este, pero no desapareció: el hechizo debía hacerlo esfumarse al inmortalizarse Jack, pero por algún motivo el alma de Brahms no se marchó de este mundo… permaneció en él… al menos a través de los mismos insectos que lo habían devorado. El espíritu de Oogie Boogie puede vivir mientras pueda poseer a esas criaturas. Y así ha ido regenerándose poco a poco, atrayendo hacia sí a más criaturas repugnantes y oscuras, hasta convertirse en una bestia horrible, y que por supuesto ya ha dejado atrás toda humanidad posible… al igual que Jack.
-Pero Oogie intenta arreglarlo ahora…-recordó Bert-al menos eso ha dicho Skeleton…
Mary le miró con los ojos temblorosos. Realmente estaba asustada.
-Lo que Brahms cree es que podrá recuperar su forma humana, su cuerpo, o al menos una mayor consistencia, si se alimenta de un ingrediente especial…
-¿Cuál…?
Mary tragó saliva, pálida. Tardó un poco en responder a eso.
-Niños… carne de niños…
Hubo un prolongado silencio en el que Bert repasó repugnado la historia. Desconocía que los dos asesinos en serie más peligrosos de Suburbia hubiesen tenido cualquier tipo de relación, y mucho menos una tan explícita, pero ahora sentía mucho más miedo, si cabía, hacia Jack Skeleton y por supuesto a Oogie Boogie. Por eso había ido a la feria… quería matar allí a unos niños, pero Mary le había detenido. Ahora repetiría el intento, por algún motivo en el mismo lugar. Si Oogie era tan terrible como decían, no estaba seguro de querer verlo… pero lucharía contra él hasta su último esfuerzo, eso Bert lo tenía muy claro.
Sin embargo todo aquello seguía dejando un claro interrogante para él.
-Pero entonces… ¿la magia existe? Porque eso es lo que quiere decir… yo siempre lo había creído pero… hay tantas cosas que no tienen explicación…-dijo Bert, mirándola con suspicacia. Mary callaba más de lo que hablaba, aunque ya era una suerte que hubiera hablado tanto.
La mujer tomó una callejuela estrecha, y a lo lejos Bert distinguió los raíles de una alta montaña rusa y una noria desvencijada… habían llegado a la Isla de los Juegos…
-De la magia yo no sé nada-dijo Mary-pero ahora que ya te he contado todo esto… es hora de ponerse a trabajar.
-Y tú que lo digas, Mary, y tú que lo digas…-dijo Bert mientras aparcaban…
Mientras Mary y Bert escapaban del manicomio y hablaban sobre la espeluznante historia de Oogie y Jack Skeleton, tres vehículos sobrevolaban la ciudad de Suburbia en dirección a la zona blanca. Bueno, eso no era algo tan raro, lo sobrevolaban muchos, pero en estos tres iban nuestros protagonistas, participantes de la misión: en el primer, conducido por Hércules, iban Ariel, Sebastián y Lady Tremaine. En el segundo, que conducía Meg, iban ella, Aladdín, Timón y Pumbaa. El tercero lo llevaba Jim, y a su lado iba sentada Bella, detrás Lilo y el "Sombrero", que cerraba los ojos y parecía dormitar. "Es como si nada de esto le importara…-pensó Jim mirándolo por el retrovisor, curioso-¿de dónde habrá salido este tío?".
-Recordad, el objetivo es únicamente Oogie Boogie. Debemos rodearlo y después disparar sin dudarlo. Pero no abráis fuego si no estáis totalmente seguros de que vais a acertar en el objetivo-dijo Hércules por el comunicador del traje. Sí, el traje también tenía un comunicador, cosa de la que el fortachón también se acordó de hablarles antes de subir a los coches.
-Recibido, musculitos-dijo Timón desde el suyo. Era un pequeño chip situado en el cuello del traje. Timón lo miró con fastidio-¿y ahora como sé yo cuando está activado y cuando no el coso este?
-Tienes que pulsarlo para hablar Timón-le recordó Pumbaa presionándolo con una de sus pezuñas-¿ves? Hoooola.
-¡Au!-protestaron el resto de participantes al escuchar el fuerte salido de Pumbaa que resonaba en sus oídos, aunque no llevasen auriculares ni nada por el estilo.
-Nos vas a dejar sordos-le dijo Aladdín al jabalí.
-Lo siento-se disculpó Pumbaa, sonrojado-solo quería enseñárselo…
-En realidad este traje sirve para todo. El problema es que te marca todo…-protestó Timón.
-Tienes razón-comentó Aladdín, suspirando.
-Tú no te quejes, que a ti lo que te marca es puro músculo-replicó el suricato, tan directo como siempre-mira nosotros mira… ahí toda la chicha, como un embutido.
-Tendrías que pedirle consejo a Hércules para que te prepare una tabla de ejercicios-bromeó Aladdín, y Timón rió. Al volante, Meg también sonrió. Aladdín, sentado de copiloto, la miró de reojo. La mujer le atraía mucho, pero el árabe pasaba de intentar nada. Después de la muerte de Helga, se le habían pasado las ganas de intentar ese tipo de relación con otra compañera. Hasta su amistad con Jim le asustaba, sabiendo que podía perderlo como había pasado con Billy. Seguía echando tanto de menos a su colega rockero…
-¿Y tú cómo… cómo acabaste en esto?-preguntó Aladdín poniendo las manos tras la cabeza y fingiendo estar distraído.
-Pregúntame mejor mi edad, es menos grosero-respondió Meg con sarcasmo. Aladdín resbaló un poco en el asiento, cortado.
-Pe… perdona, no pretendía… no sabía que te molestara… a mí no me molesta.
-A mí tampoco, pero no quiero hablar de eso ahora mismo ¿te parece bien?-preguntó Meg con una sonrisa falsa. "Son siempre unas bordes"-pensó Aladdín con fastidio. Pero eran las que más le gustaban a él…
-Lo siento, perdona… yo era por hablar de algo…-dijo el moreno encogiéndose de hombros-¿puedo poner la radio por lo menos?
-Si quieres…-Meg se encogió de hombros. Aladdín encendió y la dejó puesta mientras una triste canción sonaba. Echó una ojeada por el cristal, y pensó en Yasmín. ¿Dónde estaría ella ahora? Podía morir esa misma noche, y entonces nunca volvería a verla… nunca más. La simple idea lo asustaba más que la misma muerte…
-Ese es el problema…-dijo Meg y Aladdín la miró sorprendido-por eso es mejor no hablar…
-No te entiendo…-dijo Aladdín negando con la cabeza.
-Venga ya-rió Meg echando su larga cabellera a un lado con elegancia-yo creo que sí, Aladdín…
La chica cambió la radio y comenzó a sonar una animada canción country cantada por la hija del gallo Alan A'Dale, Sheryl A'Dale, que siguiendo los pasos de su padre también se había hecho música. La música movida y la entretenida conversación en la que se metió con Timón y Pumbaa hicieron que al menos por un rato Aladdín se olvidase del creciente miedo y se distrajera. La misión iba a necesitarlo, como siempre, y esta vez no podía permitirse ni un solo fallo, por su bien y el del resto.
I'm American made, Bud Light, Chevrolet
My momma taught me wrong from right
I was born in the south
Sometimes I have a big mouth
When I see something that I don't like
I gotta say it
We been driving this road
For a mightly long time
Payin' no mind to the signs
Well this neighborhood's changed
It's all been rearranged
We left that change somewhere behind
Slow down, you're gonna crash
Baby you were screamin'
It's a blast, blast, blast
Look out babe you got your blinders on
Everybody's lookin' for a way
To get real gone, real gone
Real Gone
En el coche de Jim también sonaba música, aunque más tranquila y baja. El chico conducía abstraído en sus pensamientos mientras detrás suyo el Sombrerero dormitaba y Bella y Lilo hablaban entretenidas. Como siempre, la niña tenía conversación de sobra una vez se la conocía, y Bella a la que le gustaban mucho los niños la escuchaba entretenida.
-… al principio no entendía lo que era, pero le he ido enseñando, y ya sabe sumar y restar. Bueno, creo que deberíamos repasar la resta, porque eso le cuesta más pillarlo. Siempre dice que el resultado es cero-decía Lilo. Bella asentía, sonriendo enternecida por la niña-pero Stitch es muy listo aunque no lo parezca, solo que hay distintas inteligencias, me lo explicó Nanny.
-Me gustaría conocerlo ¿de verdad es un experimento genético?-dijo Bella, impresionada. Lilo asintió muy orgullosa.
-Lo rescatamos de E.P.C.O.T en la misión anterior no, en la anterior. Y me salvó la vida de los Baymax que querían matarme. Luego vino a la casa de David y Nanny dijo que no podía quedarse pero Jim me ayudó y al final se quedó-explicó atropelladamente. Bella no lo pillaba todo, pero al escuchar la parte de Jim miró al sitio del conductor donde estaba su novio y le sonrió con calidez. Jim la miró desde el retrovisor y la guiñó un ojo.
-No es que hiciera mucho tampoco-le dijo el chico a Lilo-solo le deje mi tabla al bichejo…
-¡Pero gracias a ti Nanny dejó que se quedara!-insistió Lilo alegre. Luego se detuvo un momento, pensativa-espero que no se preocupe por mí… ¿creéis que pasará algo si tardo en regresar? ¿Perderán la memoria de eso también?
-No lo sé… no sé cómo funciona esto-dijo Jim con voz grave-pero no te preocupes, algo se nos ocurrirá…
-Nanny quiere que nos cambiemos de ciudad…-murmuró Lilo, encogiéndose en el asiento-quiere que nos vayamos a Republika… pero yo no me quiero marchar.
Bella la miró sorprendida. Por lo que habían hablado Lilo no era demasiado popular en el colegio, y la mayoría de sus compañeros la trataba mal. Imaginativa y con mucho mundo interior, simplemente no encajaba con el resto, y Bella sabía mejor que nadie lo que era no encajar. Quería ayudar a esa niña, protegerla, y sentía una enorme admiración por Jim y todo lo que había hecho. Bella no sabía claro que Jim se sentía responsable de la muerte de la niña, pero ni él ni Lilo iban a explicárselo. La niña había decidido olvidarlo, y Jim también intentaba hacerlo.
-Cuando yo era pequeña, vivía en Republika-recordó Bella mirando las pequeñas luces de su traje de Gantz. Aún no se había acostumbrado a él-luego tuve que mudarme aquí a vivir y no me gustó nada… pero mi padre dijo que depende de cómo te lo tomes los cambios serán mejores o peores. Pero no puedes evitarlos. Lo único permanente es el cambio.
-Ojalá se pudiese parar el tiempo, o volver atrás-dijo Lilo, pensativa-me gustaría ver a mis padres…
Jim tamborileó los dedos en el volante mientras se detenía en un semáforo. "A mí también me gustaría ver al mío"-pensó, con dolor. Aunque total ¿para qué? Desde luego él no quería volver a verlo, o ya habría vuelto. Simplemente se había desentendido de él. Ese dolor era muy fuerte.
-¡Oh! ¡Jim!-Lilo se asomó por la ventana y señaló por ella. Bella se asomó también y contuvo una exclamación de sorpresa.
-¿Quiénes son?
-Mierda…-Jim se imaginaba quienes eran: mirando por uno de los retrovisores laterales vio como tres motos volaban hacia ellos, y sobre ellas unos tipos vestidos con ropas y cascos negros los apuntaban con rifles-…poneos el cinturón.
-¡ALTO!-gritó uno de los motoristas, alzando su arma, pero Jim arrancó y esquivando los coches que venían en dirección contraria se saltó el semáforo. Los autovolantes conducidos por Hércules y Meg arrancaron también y se lanzaron a la huida. No había tiempo que perder.
-A por ellos-dijo otro de los motoristas, y colándose también entre los coches los siguieron a toda velocidad.
-¡Nos siguen!-le avisó Lilo a Jim, que mirando de nuevo por el retrovisor comprobó que era cierto.
-Ya veremos…-dijo el chico y virando el coche a la derecha se metió en una calle más estrecha. Uno de los motoristas le vio hacerlo y se desvió a por él, mientras el resto seguían su trayectoria por los otros coches.
-Vale, que eres un puto cebado…-observó Jim, e hizo un descenso en picado bajando cientos de metros hasta rozar el suelo de asfalto. La moto bajó también en picado tras ellos apuntando con su fusil, pero en ese momento Jim volvió a ascender, y abriendo la puerta de su lado de una patada hizo que el motorista que bajaba se diese un tremendo porrazo con ella y se cayera de la moto, aterrizando en el suelo, inconsciente.
-¡JIM!-exclamó Bella, horrorizada.
-¡Jajajajaja!-rió Jim, satisfecho-¡Vamos! ¡No puedo perderlos!
-Esos no eran policías…-observó el Sombrerero mirando al motorista caído mientras se alejaban de él.
-No, al menos no de los normales-respondió Jim, sorprendido de que él se hubiera despertado (¿o es que nunca había estado dormido?)-creo que son agentes del D23… llevan semanas buscándonos…
-Ooooh… el señor de las Burbujas-recordó Lilo-creo que él sabe que Stitch se escapó de E.P.C.O.T.
-Jim, ve con más cuidado-le pidió Bella, asustada. Ella no estaba acostumbrada a aquellas maniobras ni a la violencia que el chico había empleado contra su perseguidor. Bella aún no terminaba de asimilar la grave situación en la que se encontraban. Era lógico porque no había participado en ninguna misión anterior. La primera vez a Jim también le había pasado, y había cometido errores de principiante que ahora no cometería.
Los otros cuatro motoristas del D23 continuaban persiguiendo a los otros dos coches, un volvo y un lexus, conducidos por Hércules y Meg respectivamente. Ella conducía en zigzag para esquivar las balas eléctricas que les lanzaban sus perseguidores, mientras Hércules iba en línea recta y había permitido que ellos se pusieran a los lados del coche.
-Cuidado-les advirtió el fortachón a sus compañeros, y cuando uno de los motoristas lo apuntó con su arma Hércules dio un volantazo e hizo que su coche chocase con la moto, derribándolo. El otro consiguió dispararles en el capó, y el coche comenzó a chisporrotear, averiado.
-¡NO!-exclamó Hércules, furioso, al verlo. Pisando a fondo aceleró al máximo para continuar. Debían aterrizar enseguida.
-¡No vamo a matá!-chilló Sebastián agarrándose al brazo de Ariel con tanta fuerza que la hizo sangre.
-¡OOOOOOOOOH!-Hércules aterrizó el coche en el techo de un rascacielos, y este derrapó hasta quedar justo en el final del suelo, a punto de caer al vacío.
-¡Bajad, rápido!-ordenó Hércules saltando del coche. Ariel, Sebastián y Lady Tremaine lo imitaron, e instantes después el motor explosionó y el auto cayó al vacío, estrellándose cien metros más abajo.
-Oh…-Ariel suspiró, angustiada, mientras se frotaba la zona del brazo que Sebastián la había pellizcado.
-¡Cuidado chico!-exclamó Sebastián subiéndose al hombro de Hércules. Él se giró ante la advertencia para ver como el motorista se acercaba apuntándolo con su arma.
-Grrrrrr…-Hércules apretó los dientes, rabioso.
-Rendíos inmediatamente y dejad las armas, nada de bromas…-advirtió el motorista, pero Hércules dio un tremendo salto hacia él derribándolo de su moto y aterrizando en el suelo, a su lado. El motorista intentó escapar pero Hércules lo agarró del cuello, y levantándolo en el aire lo estampó con brutalidad, haciendo un cráter en el cemento del suelo.
-¡NO!-gritó Hércules, frustrado, pegándole un puñetazo tan fuerte en el casco al motorista que se lo partió en dos. Al caerse, rebeló el rostro de un humano, que lo miraba ahora muy asustado. Hércules vio el miedo en los ojos del agente y se detuvo… ¿qué estaba haciendo? Tenía que parar… no podía enfadarse así… no podía dejarse llevar…
Se dio cuenta de que Ariel y los demás le miraban en silencio, y jadeando se apartó del motorista, y se llevó las manos a la cabellera pelirroja, echándosela hacia atrás. Respiró unos segundos, intentando tranquilizarse. La pelirroja estaba impresionada por la fuerza de Hércules. No podía negar que se sentía un poco atraída por él. La verdad era que entre Hércules, Aladdín y Jim, Ariel notaba esas sensaciones tan fuertes que hacían que su cuerpo humano recientemente adquirido la produjese escalofríos. No sabría decir cuál le gustaba más. Cuál quería más dentro de ella…
-¿Quiénes sois?-preguntó Hércules acercándose al motorista de nuevo. El no respondió, y cerró los ojos. El fortachón lo cogió por el cuello de su chupa y lo acercó al borde del edificio-no me queda paciencia…
-Como imaginarás, no me han entrenado para hablar…-susurró el agente, escupiendo sangre en la cara del chico al hablar-así que adelante…
Hércules tembló de rabia. Sería demasiado fácil soltarle. Se ahorrarían muchos problemas. Pero eso iba en contra de todo lo que él creía. No mataría a un hombre desarmado. Lo dejó en el suelo, y luego se volvió hacia Ariel y Lady Tremaine.
-Vamos a tener que buscar otro coche…-les dijo, encogiéndose de hombros-no tengo el radar, pero no será difícil encontrar a los demás. Meg… ¿Meg, me recibes?
-Sí, aunque no es el mejor momento-exclamó ella mientras conducía. Sus dos perseguidores aún seguían detrás-¿qué pasa?
-Nos hemos quedado atrás. Seguid, ya os alcanzaremos… pero no intentéis atacar a Oogie todavía ¿me has oído? No intentéis… - Detrás de Hércules, el motorista se estaba reincorporando, y llevándose la mano a una de sus botas sacó una afilada navaja de ella. Ariel lo vio, y casi instintivamente llevó su mano a su pistola. Tenía que impedirlo.
-Vale, nosotros seguimos…-respondió Meg desde el comunicador. Se la escuchaba angustiada. Hércules sintió miedo al pensar que podía perderla. El tiempo apremiaba, desde luego.
-¡AAAAAAH!-lo siguiente que ocurrió fue muy rápido: el motorista se levantó cuchillo en mano y se tiró al cuello de Hércules justo cuando Ariel sacaba su pistola para apuntarle. Sin embargo el musculitos fue más rápido, y girando velozmente le sacudió un puñetazo en la cara a su agresor, que se quedó suspendido en el aire unos segundos con la cara hundida en el puño de Herc, y luego cayó de nuevo al suelo. Esta vez sí que no iba a poder moverse más.
-Vaya, has sido muy rápida-observó Hércules mirando a Ariel, que sujetaba su arma con las dos manos mientras miraba al motorista inconsciente.
-Casi me da un infarto-jadeó Sebastián, que se había llevado un susto de muerte. Apenas habían sido unos segundos, pero muy intensos-¿y ahora qué hasemo?
-Seguir-dijo Hércules con decisión-y rápido antes de que la policía nos alcance.
-Ya vienen…-señaló Lady Tremaine. Las sirenas resonaban cada vez más cerca, y Hércules distinguió tres coches patrulla que sobrevolaban hacia ellos. Lady Tremaine abrió una puerta que bajaba al interior del rascacielos-por aquí…-les indicó.
-¡Vamos!-los tres humanos y el cangrejo bajaron corriendo al interior del edificio. Eran casi doscientos pisos para bajar, y les iba a costar salir de allí sin que les pillasen. Hércules confiaba en que el resto de sus compañeros tuviesen mejor suerte.
-¡Maldita suerte!-protestó Timón viendo como uno de los motoristas se ponía al lado suyo y los apuntaba-¿qué hacemos?
-Esperad-dijo Aladdín asomándose por la ventanilla. El motorista iba a disparar, cuando Aladdín le agarró el arma y tiró de ella.
-Suelta, capullo-le dijo el motorista, forcejeando.
-Suelta tú-respondió el árabe con descaro, apuntándolo con su pistola de Gantz. El motorista perdió la concentración por la sorpresa, y aprovechando eso Aladdín le arrebató el arma. Luego se volvió a meter en el coche, no sin antes guiñarle un ojo, socarrón-¡hasta la vista, capullo!
Cuando la cabeza de Aladdín desapareció de nuevo dentro del coche, el motorista vio que iba directo hacia un cartel flotante que anunciaba una marca de calzoncillos. Ya era demasiado tarde para frenar.
-Oh oh…-dijo, antes de que la moto estallara violentamente y él saliese disparado por los aires.
-Bien hecho-Meg felicitó a Aladdín mientras él sujetaba el rifle eléctrico con interés-a ver si me puedo librar del otro.
-Eso es fácil…-dijo Timón apuntando al otro motorista con su pistola.
-¡NO!-gritaron Meg y Aladdín girándose hacia el suricato, pero ya era tarde: Timón apretó el gatillo y un rayo de luz le dio de lleno al último de sus perseguidores, que tras unos segundos suspendido en el aire en una luz cegadora, desapareció en el acto, sin dejar rastro.
-¡Maldita sea! ¡No!-gritó Meg, frustrada.
-¿Qué pasa?-protestó Timón, a la defensiva-nos lo he quitado de encima…
-¡No podemos gastar munición tan a la ligera!-explicó Aladdín. Timón le miró, ceñudo.
-¿Te parece a la ligera? Iba a dispararnos. A los otros casi se los han cargado…
-Lo sé, pero podíamos controlarlo… -insistió Aladdín-si empezamos a disparar a lo tonto…
-A mí me parece que a lo tonto es abrir una ventanilla y hacer que casi te disparen directamente—explicó Timón con voz fría.
-Bueno, bueno, ya no se puede arreglar, y aquí no ha pasado nada…-intervino Pumbaa, que sabía bien que si Timón se metía en una discusión podía ser muy desagradable.
-Oh no, casi nada-dijo Meg apretando el volante furiosa-solo se ha cargado a un tío y ha gastado un arma. Solo eso.
-Creo que si condujeras mejor para empezar no nos habrían alcanzado, rica-replicó Timón cruelmente. Meg iba a replicar algo todavía más cruel pero Aladdín y Pumbaa intervinieron cambiando de tema para que la cosa no degenerase.
-¿Saco el radar?-le preguntó el moreno a Meg. Ella, que respiraba entrecortadamente por el enfado, asintió dando una seca cabezada. Aladdín sacó el radar de la guantera del coche y lo observó. Más o menos entendía el código, gracias a que Jim se lo había explicado mientras esperaban a Hércules en Witzed- eeeeh, vale, es por la derecha…-indicó el chico.
Meg torció y el lexus se encontró pronto con el coche de Jim, que era el primero que se había zafado de los motoristas.
-Te seguimos-dijo Jim desde su comunicador-¿les esperamos a ellos?
-No, no hace falta-contestó Meg-ya nos alcanzarán.
Los dos coches se alejaron rápidamente. A lo lejos ya se veía el lugar donde estaba el objetivo. Los raíles más altos de la montaña rusa de "la Isla de los Juegos" sobresalían por encima de los rascacielos. Si el radar no mentía, y nunca lo hacía, allí los aguardaba ya Oogie Boogie.
-Han escapado… todos-informó uno de los motoristas supervivientes por su interfono.
-Creo que vais a ser degradados-contestó una grave voz desde él. Cobra Burbujas estaba en su limusina negra y se observaba sus grandes y nudosas manos, llenas de anillos de oro-os dije que quería a alguno vivo… hay una anciana, una niña, tres animales y cuatro adolescentes ¿de verdad es tan difícil?
-Necesitamos vehículos nuevos… yo los traeré… pero T4 y T5 están muertos. Y T7 está herido, le han golpeado muy fuerte-dijo el motorista, angustiado. A T3 simplemente no le encontramos… parece que ha desaparecido…
-Han utilizado sus armas-replicó Cobra Burbujas ajustándose sus gafas de sol. Era lo que Jim le había explicado aunque claro, el chico ya no se acordaba de eso-debéis encontrarlos y avisarme inmediatamente. Nada de fallos ¿entendido?
-Sí, señor-dijo el motorista, suspirando, y luego retiró el interfono-será hijo de puta…
-No ha cortado la comunicación T1…-se escuchó la voz de Cobra Burbujas aún desde el móvil.
-Ay… eje… perdone… -dijo el motorista T1, ahora deseando desaparecer él también.
-Una vez vine aquí cuando era niño…-recordó Jim mientras aparcaba en la entrada de "la Isla de los Juegos"-je…
-¿Qué pasa?-preguntó Bella, que había colocado sus brazos en torno al cuello del chico para abrazarlo.
-Nada, nada… es que es curioso…
La primera y única vez que Jim había estado en "la Isla" había sido con nueve años, y había sido en compañía del abuelo Carl, que lo había llevado junto a su primo, Milo. Hacía mucho que Jim no sabía nada de Milo. Tampoco quería saberlo, pero pensarlo ahora le daba nostalgia. Aquella había sido una de las pocas veces en las que había visto a su abuelo Carl sonreír. Se acordaba tan bien porque le había chocado mucho verlo sonriendo.
Jim recordaba "la Isla de los Juegos" como un lugar bastante más alegre, lleno de gente, globos y puestos de algodón de azúcar. Se parecía al parque de Montressor, el Stromboli, donde había ido alguna vez con Ariel, pero mucho más lujoso y rebosante de diversión. De eso sin embargo ya no quedaba nada: la feria llevaba abandonada unos cinco años, y el tiempo había hecho mella en ella, además de que la nieve le daba un aspecto muy tétrico, casi onírico. Los carteles de las atracciones estaban descoloridos, y aún había peluches en las casetas de tiro al blanco, ahora ya podridos por el paso de los años.
Alcanzaron a Meg que ya había entrado por la puerta principal del parque saltándose uno de los tornos y seguida de Aladdín, Timón y Pumbaa.
-Jim…-Aladdín chocó la mano de su amigo-se han quedado atrás.
-Nos alcanzaran enseguida… eso dice ella-dijo Jim señalando a Meg. Aunque no lo dijera, el chico no dejaba de pensar en Ariel. Se sentiría mucho más tranquilo si tuviese a la pelirroja a la vista. Pero no era el momento de pensar en ella. ¡Maldita sea, tenía que quitársela de la cabeza!
Bella miraba a Jim con suspicacia, y el chico se temió que ella adivinara lo que estaba pensando. Así que la dio la espalda y se concentró en la misión. No había tiempo que perder, aunque el radar indicase que aún tenían veintitrés horas todavía por delante.
-¿Dónde está ahora?-preguntó Jim acercándose al radar que Timón sujetaba ahora.
-Mira…-el suricato señaló un grueso punto rojo que parpadeaba. Ese debía de ser Oogie Boogie, y… estaba muy cerca de ellos.
-¿Esperamos a los demás?-preguntó Aladdín mirando a Meg. Ella negó con la cabeza.
-Contamos con el factor sorpresa… no deberíamos perderlo-dijo, parpadeando con sus fascinantes ojos color violeta.
-Busquémoslo y acabemos con la bestia… creo que estamos adentrándonos en su reino-comentó el Sombrerero. Era curioso verlo con el traje negro puesto y su viejo sombrero de copa, le daba un aspecto muy extraño.
-Sí, puede que haya trampas-corroboró Aladdín, acordándose de Yzma-mejor no separarse…
Jim miró a Bella y la sonrió intentando calmarla.
-Ven. Dame la mano-le dijo.
El grupo comenzó a avanzar lentamente por el parque. Había unos enormes muñecos animados que estaban inmóviles y parecían seguirlos con la mirada. Jim se acordaba de alguno al verlo, especialmente de la enorme cabeza de payaso por cuya boca entraban los raíles de la montaña rusa Bing Bong, la segunda más grande de Suburbia hasta su clausura.
-¿Por qué lo cerraron?-preguntó Bella, curiosa.
-Ni idea… se quedarían sin pasta…-comentó Aladdín, encogiéndose de hombros.
-En realidad fue por él-explicó Lilo, y todos la miraron con sorpresa-aquí detuvieron a Oogie Boogie la primera vez. Lo leí en su historial….
-¿Robaste su historial?-preguntó Jim con sorpresa.
-Que va, eso está en internet-respondió la niña sacando la lengua, despreocupada.
-Cuidado ahora… estamos cerca…-dijo Meg, avanzando cautelosa, pistola en mano.
-Tened cuidado…-avisó Aladdín.
-¡Ya lo sabemos!-protestó Timón-Señor, que coñazo…
-Hay algo más en el radar-observó Jim, que siendo el que mejor lo entendía era quien lo llevaba ahora-pero no es Oogie… hay más gente aquí… esperad un momento…
Tres puntitos avanzaban directamente a ellos por una calle lateral. Meg miró a los demás con gesto de advertencia señalando a unas casetas que había a un lado y moviendo la cabeza. Todos se apresuraron a obedecer, corriendo a ellas y ocultándose. Jim y Aladdín se asomaron un poco desde el borde, dispuestos a disparar en cuanto fuera necesario.
-Oh…-Meg se asomó también un segundo, cuando tres enormes sombras aparecieron al final de la avenida de los tenderetes. Una de las sombras estiró una mano de afiladas garras hacia el puesto de helados, donde solo quedaba una plasta congelada de lo que antes había sido chocolate.
-¡JA!-Lock cogió el helado putrefacto y se lo llevó a la boca-Jiñajiñajiña… ¡para mí todo!
-¡No te comas eso, está envenenado!-le advirtió Shock, dándole un manotazo y haciendo que el chocolate se cayera al suelo.
-¡Puta!-gritó Lock enfadado.
-No os enfadéis chicos… aquí hay otras cosas ricas-indicó Barrel, señalando la máquina de palomitas, que aún parecía poder funcionar. El niño se subió a ella y comenzó a aporrearla hasta que se iluminó y empezó a calentarse-¿tenéis el maíz?
-No, pero podemos meterte a ti-se rió Lock y agarrando a Barrel de los calzoncillos lo acercó a la máquina que empezaba a calentarse más que un horno.
-¡IIIIIIIH LOCK, PARA! ¡SOCORRO SHOCK! ¡SOCORRO!-chilló el indefenso Barrel, intentando liberarse del agarre de Lock.
-¡Juajijuajijuaji!-rió Shock sacudiendo su grasiento pelo. Luego se puso más seria-¡Lock, para! ¡Déjalo en paz!
Lock le sacó la lengua a Shock, pero luego soltó a Barrel, que cayó al suelo de bruces.
-Eres una puta-le dijo Lock a Shock, que alzó la cabeza, ofendida.
-Y tú no eres muy amable-observó Meg. Lock dio un respingo asustado al verla. Los tres niños se giraron hacia Meg y la miraron primero con sorpresa, luego con rabia-que tierno… tres mocosos buscando un parque temático…
-¿A quién llamas mocosos?-preguntó Lock enseñándole los dientes. Los tenía muy sucios y afilados para ser un niñito.
-No te muevas-le avisó Meg, apuntándolo con el cañón de su pistola. Al verla Lock cerró la boca, y el odio relució en sus ojos amarillentos.
-Sois un poco pequeños para deambular solos por aquí ¿no?-preguntó el Sombrerero acercándose también-Sobre todo el día de Navidad…
-¿Crees que...?-preguntó Jim, asombrado. Lock, Shock y Barrel se quedaron sin palabras al ver como de todos los puestos salían aquellos tipos tan variopintos, todos vestidos con aquel extraño traje negro. Por algún motivo, y pese a que algunos como el jabalí eran ridículos, les dio miedo. Tal vez era la ropa… pero daban miedo.
-Es un ejército…-susurró Shock a sus dos amigos. Ellos se llevaron las manos a la boca y se mordieron las uñas, atemorizados.
-Venga ya, cortad el rollo, sabemos que trabajáis para él. ¿Sabe que venimos?-les preguntó Meg con aburrimiento.
-¿Cómo sabe eso?-le preguntó Bella a Jim, mirando a Meg con incredulidad.
-Bueno, cuando llevas un par de partidas empiezas a ver las cosas de otro modo-explicó Jim cruzado de brazos. La verdad es que él no habría sospechado tan rápido de los niños, aunque estaba claro que todo jugaba en su contra: ¿qué diablos hacían si no tres críos en aquel parque de noche? Pero… ¿cuál era su relación con Oogie?
-¿Qué hace vuestro jefe?-insistió Meg. Ellos la miraron con rabia.
-No diremos nada…-dijo Lock, agresivo.
-Nonosotros no conocemos a nadie…-se apresuró a decir Shock, corrigiendo a su compañero-nos hemos perdido… veníamos a disfrutar de la feria…
-Ya. Bueno, cerró cuando erais bebés, así que dudo que sea por nostalgia-dijo Meg, despectiva. Luego se giró al resto-va a haber que atarles.
-¿No se suma puntos si liquidamos a los secuaces del jefe?-recordó Timón-era broma, era broma…-se apresuró a decir cuando todos le miraron, escépticos. A fin de cuentas ¿serían capaces de matar a unos niños?
-Ven conmigo anda, peque…-le dijo Aladdín a Barrel, acercándose a él, simpático. El niñito pequeño y rechoncho lo miró, asustado, escondiéndose detrás de sus amigos más mayores.
-¡RUAAAAAJ!-Lock se abalanzó sobre Aladdín abriendo su boca y mordiéndolo en el brazo. El moreno se lo sacudió rápidamente mientras retrocedía, dolorido.
-¡Joder!-exclamó, mirando a Lock con sorpresa-¡niño caníbal!
-Estate quieto ¿vale?-le dijo Jim a Lock apuntándolo a la cabeza con su pistola.
-¡JA! No os atreveréis a matarnos…-dijo Lock enseñando su lengua azulada mientras le hacía a Jim un corte de manga. Los ojos de Hawkins se oscurecieron poniendo su pose más siniestra, que asustó al niño.
-No me pongas a prueba ¿vale?-dijo Jim con voz amenazante-no estoy aquí por nada…
Era una fachada, por supuesto, pero funcionó porque Lock se asustó bastante y se quedó calladito mientras Aladdín los ataba a un poste con una cuerda de uno de los puestos.
-Quedaos aquí… por vuestro bien-dijo Meg cuando Aladdín terminó de atarlos. A Lock le apretó especialmente, mirándole con mala cara-con tantos gritos vuestro jefe seguro que sabe que estamos aquí…
-Oogie Boogie no es nuestro jefe, es nuestro papá-dijo Barrel con su aguda voz de niño.
-Sí, sí lo es-siseó Shock, apretando los puños-nuestro buen papá… somos Shock, Lock y Barrel, los niños de Oogie Boogie-canturreó.
-Será Lock, Shock y Barrel-la corrigió Lock, enfadado-somos Lock, Shock y Barrel, los niños de Oogie Boogie… na na na na… niños sanguinarios…
-Caray, están totalmente locos-comentó el Sombrerero, cuyos ojos se desviaban ligeramente a los lados al sonreír.
-¿Puedes hacerlos callar?-le preguntó Aladdín al Sombrero. En realidad no supo por qué lo hizo, pero estaba seguro de que si había alguien que podía era él.
-Claro…-el Sombrero se agachó al lado de los niños y los miró con aquella perturbada mirada suya tan siniestra, mientras sus grandes ojos verdes relucían en la oscuridad. El Sombrerero miró a los niños durante unos segundos con el rostro inexpresivo, mientras sacaba un reloj de bolsillo de su sombrero y se lo ponía en la cara-ahora escuchadme, Lock, Shock y Barrel, hijos del mal… dormid, dormid el sueño de los ángeles… que ya veremos al despertar…
Los niños fueron cerrando los ojos lentamente, forcejeando y luchando por soltarse, sin éxito. Lock fue el que más se resistió, tratando de morder la cuerda y escupiendo, pero finalmente se quedó paralizado, y las pupilas de sus ojos aumentaron de tamaño. Seguía viendo los ojos del Sombrerero, pero ahora su cabeza daba vueltas y vueltas en una espiral de espacio inexistente que parecía susurrarlo en los sueños. Los tres niños se quedaron así, sin pestañear y con un leve hilillo de saliva cayendo de la boca, mientras el Sombrerero se guardaba el reloj y sonreía satisfecho.
-Vaya… eres todo un personaje-comentó Meg mirando al Sombrerero colocarse su sombrero de copa de nuevo.
-Tengo algunos trucos-reconoció él mientras movía sus dedos impaciente, como si estuviera tocando el piano-luego se acercó a los niños y habló con voz susurrante-¿Qué está haciendo vuestro jefe ahora?
-Ugh… aaaaah… papá Oogie Boogie está en su carpa… está comiendo-musitó Lock, frunciendo levemente el ceño mientras permanecía en el trance.
-No nos espera ¿verdad?-preguntó Meg. El Sombrerero la miró de soslayo con una sonrisa.
-Solo me responden a mí-dijo. Luego volvió a acercarse a los niños. A Jim le dio muy mal rollo ver cómo era capaz de controlarlos así-¿sabe papá Oogie que venimos? ¿Lo sabe…?
-Nno…-musitó Shock, inmóvil-no sabe nada…
El Sombrerero miró a Meg y ella asintió. Era suficiente.
-Seguid aquí, y no hagáis ruido-dijo el Sombrerero moviendo sus dedos frente a los ojos de los niños, que asintieron lentamente. Luego él se puso en marcha-vamos…
El grupo se puso de nuevo en camino. Quedaba poco para llegar a dónde estaba Oogie, en el mismo corazón del parque. Jim llevaba de una mano a Bella y de la otra a Lilo, mientras Aladdín y Meg caminaban por delante suyo, y Timón, Pumbaa y el Sombrerero por detrás.
-¿Cuánto tiempo van a estar así dormidos?-le preguntó Pumbaa al Sombrerero. Él miró a las oscuras nieves con una inquietante expresión en el rostro.
-Depende… de lo que yo quiera... así que puede que mucho.
-¿Pero entonces tú puedes despertarlos, no?-añadió Timón-siempre me han dado mucha curiosidad estas cosas.
-Hay un par de métodos para sacar a alguien de un trance hipnótico-explicó el Sombrerero con su suave y melodiosa voz-pero si no conoces los más efectivos, lo mejor es probar con un golpe muy fuerte… aunque a veces pueda provocar un ataque epiléptico, suele funcionar, mal que bien.
-Curioso…-Pumbaa asintió lentamente.
-No me suena muy bien-objetó Timón.
-Pero como ves es efectivo-dijo el Sombrerero. En sus ojos brillaban ahora las luces de los edificios, como si fuesen estrellas.
-Vale, está ahí dentro-dijo Meg señalando al fondo de la avenida que estaban recorriendo. Había una gran carpa de circo roja y blanca, ahora más bien gris por la contaminación y la suciedad. Era muy grande, y Jim recordó haber entrado allí con Milo y el abuelo Carl a ver un espectáculo de payasos, en el que uno de ellos había sacado una serpiente de su bota. Realmente odiaba a las serpientes, ahora más que nunca tras su encuentro con Kaa.
Todos se apiñaron cerca de una de las entradas a la carpa, como si fuesen un grupo escolar. Meg, junto al Sombrerero la más alta del grupo, miró al resto con el rostro erguido y desenvainó su espada negra. Jim se llevó la mano a la suya, que colgaba del delgado cinturón del traje junto a su pistola.
-Voy a entrar… esperadme aquí…-dijo, girando su rueda para desaparecerse.
-Espera, no-Aladdín la impidió hacerlo-es mejor que vayamos todos. Separarnos no es una buena idea, Hércules lo dijo.
Meg le miró con recelo pero finalmente asintió.
-Pero tened cuidado…-les avisó-y no disparéis si no lo digo… hasta que no dé yo la señal-añadió, mirando a Timón.
-¿Y a esta quién la ha puesto al mando si puede saberse?-le susurró el suricato a Pumbaa.
-Es una profesional Timón-replicó el jabalí, desenfadado.
-¿Una profesional? Venga ya…
El interior de la carpa era muy oscuro. Avanzaron por un estrecho corredor intentando hacer el menor ruido posible. Jim se dio cuenta de que el suelo estaba encharcado, e intentó evitar hacer mucho ruido con el chapoteo, por si acaso.
Se escuchaba una cancioncilla a lo lejos, con una voz grave, jadeante y arrastrada, que retumbaba por toda la carpa. Lilo le apretó la mano a Jim con más fuerza. Aladdín que estaba delante vio el mido en los ojos de la niña, y la guiñó un ojo para tranquilizarla.
-¿Qué vamos a hacer…?-susurró Bella preocupada-¿cómo vamos a matarlo?
-Tranquila-dijo Jim, aunque él tampoco lo estaba. No le importaba matar a Oogie, él mismo ya se había deshecho de Yzma y no sentía demasiados remordimientos, pero le preocupaba si conseguirían hacerlo. Llevaba el suficiente tiempo en Gantz como para saber que era demasiado fácil, sobre todo teniendo cuarenta y ocho horas de plazo.
La voz seguía sonando una melodía sensual y potente, parecida a la de un cabaret. No se veía nada en absoluto, y a Jim no le gustó un pelo.
-Vamos a una trampa, seguro-le dijo Aladdín a Meg. Ella asintió lentamente-desintegremos la carpa… así no podrá esconderse…
-Se puede escapar-le recordó Meg-espera un momento… no se acercará… confía en mí.
-Eso nos dijo tu novio…-dijo Aladdín apretando los dientes-y la última vez la palmaron unos cuántos, ¿lo sabías?
Meg no le hizo caso.
La voz seguía cantando y sonaba cada vez más fuerte. Entonces una parte del escenario de la carpa se iluminó. Lo que había en ella hizo que todos reprimieran un grito de terror.
-Vaya…-el Sombrerero abrió mucho los ojos, asombrado.
Oil and grime, poison sludge
Diesel clouds and noxious muck
Slime beneath me, slime up above
Ooh, you'll love my (ah-ah-ah) toxic love
Toxic love!
I see the world and all the creatures in it
I suck 'em dry and spit 'em out like spinach
I feel the power, it's growing by the minute
And pretty soon you're gonna see me wallow in it
I feel good, a special kind of horny
Flowers and trees depress and frankly bore me
I think I'll spew them all with cyanide saliva
Pour me a puke cocktail and take me to the driver
Filthy brown acid rain
Pouring down like egg chow mein
All that's foul, all that's stained
Breeding in my toxic brain
Oil and grime, poison sludge
Diesel clouds and noxious muck
Slime beneath me, slime up above
Ooh, you'll love my (ah-ah-ah) toxic love
Toxic love!
La imagen que había ante ellos era tan descarnada como espeluznante: al principio parecía solo una masa rojiza y deforme, que aún se movía levemente como si hubiese vida en ella, pero cuando la vista se le acostumbró un poco al nuevo foco de luz Jim pudo distinguir cuerpos, muchos cuerpos, de niños de entre cinco y diez años, retorciéndose unos encima de otros. La mayoría estaban muertos, pero algunos vivían, y desnudos y llenos de cortes resollaban como cerdos en el matadero, luchando por su vida aunque ya ni siquiera podía moverse. Los cuerpos de algunos de los niños tenían miembros mutilados, les faltaban brazos, piernas o los ojos. Jim vio con horror como un crío de unos seis años lo miraba y parpadeaba con el único ojo que le quedaba, extendiendo hacia él un sangrante muñón de lo que antes había sido su mano.
-¡BLOOOOORG!-Bella había empezado a vomitar, incapaz de contener la repugnancia, y Pumbaa también. Ambos retrocedieron, verdes, y echaron la pota en el suelo, temblorosos. Bella había empezado a llorar del espanto, y también Lilo, aunque la niña seguía paralizada y las lágrimas le surcaban el rostro, en silencio.
-Jim… te... tengo miedo-sollozó Lilo, asustada.
-Tranquila…-Jim también estaba consternado, pero curtido a base de horrores en las anteriores misiones se mantuvo firme, y alzando su arma hacia donde estaban los niños intentó encontrar algo sospechoso sobre lo que abrir fuego. Oogie no podía estar lejos.
-¡AH!-Meg se giró en redondo al escuchar un ruido sospechoso a la izquierda, pero no había nadie. Entonces las luces de la carpa se empezaron a encender y la voz del monstruo sonó aún más fuerte por todos los altavoces. Los niños mutilados cerraron los ojos y comenzaron a llorar lágrimas de sangre. Muchos estaban a bajo del montón, aplastados por el peso del resto de sus compañeros de matanza.
-Había una vez un Oogie, y se divertía, y jugaba, y reía y follaba y mamaba y le gustaban las piruletas y los dulces caramelos-canturreó la voz, ahora más aguda y vibrante-sus amigos del bosque venían a verlo, pero él quería jugar, y solo quería jugar, los columpios se han roto, y es hora de volver a casa… ¿dónde estará hoy mi buen amigo, el mejor que tuve en vida? ¿Por qué todo el mundo quiere matar? ¿Por qué hay que matar? Te mataré…
Jim sujetó a Lilo entre sus brazos mientras le daba la mano a Bella, que se limpiaba la boca después de haber vomitado, llorosa y con las mejillas sonrojadas.
-Déjate ver-dijo Aladdín valientemente. Pero Oogie Boogie no parecía dignarse a hacerlo, al menos por el momento…
Meg dio varios pasos hacia la pirámide de niños, y Aladdín también detrás de ella, intentando detenerla. El árabe entonces pisó algo diferente, que ya no eran charcos. Sorprendido, vio como debajo suyo pataleaba un enorme escarabajo al que había aplastado.
-Mierda…-ahora lo entendía. Pero era demasiado tarde: estaban rodeados por los bichos, que estaban por todo el suelo, el techo y las paredes. Aladdín cogió el brazo de Meg y tiró de ella para alejarla, porque cientos de hormigas, arañas y cucarachas correteaban hacia ella moviendo hambrientas las pinzas de sus bocas-¡CUIDADO!
Aladdín apuntó a los insectos e iba a disparar cuando se detuvo. ¿Qué sentido tendría? A fin de cuentas, solo eran unos bichos. Pero Oogie Boogie… ¿dónde estaba? No lo entendía.
-¡CORRED!-Jim apremió a Aladdín y a Meg a que volvieran con el resto del grupo, mientras miraba los insectos receloso.
-¡Pero ¿dónde está?!-gritó Aladdín, furioso-¿Dónde está él?
-¿No lo entiendes?-replicó Jim-¡Él es los insectos! ¡ESTÁ EN TODAS PARTES!
Aladdín vio asustado como todos los insectos alzaban el vuelo formando un enjambre frente a él: las moscas y mariquitas sujetaban a las lombrices y las arañas que no podían volar, y todas se abalanzaron sobre el árabe como una marejada de invertebrados sedientos de carne humana. Los ojos del chico se nublaron por los cientos de pequeños bichos que chocaban contra él agobiándolo y mordiéndole por todas partes.
-Joder…-Aladdín sin embargo no era tan fácil de sorprender: desenvainando su espada con un grácil giro de muñeca hizo un molinillo que cortó el aire y cercenó a cientos de los insectos que intentaban atacarlo. Se escuchó un sonido desgarrador en el aire, un grito de ultratumba, mientras los insectos se recolocaban en su formación para atacarlo de nuevo. Sin embargo Meg y Jim habían sacado sus espadas también, y dando sablazos al aire alejaron a los insectos. Las hojas de las katanas estaban tan afiladas que con solo rozar las alas de los bichos las cortaban limpiamente en dos. Los extraños gritos procedentes de ningún sitio se multiplicaron mientras los bichos iban reduciéndose, aunque aún no lo suficiente.
Entonces los insectos sobrevolaron la carpa hacia el techo, y luego volvieron a posarse en el escenario, a unos metros de donde estaban Aladdín, Meg y Jim. Una enorme cortina verde que había servido antes como telón cayó del techo y los envolvió de un modo extraño.
-¡Damas y caballeros, niños y niñatas, prepárense a recibir al señor de las pesadillas, al duque de los horrores, al campeón de las violaciones y el profesor del asesinato miiiiiiister Ooooooogie Booogie!-cantó la voz, ahora de nuevo grave y muy fuerte. La cortina envolvió a los insectos mientras iba moldeándose a la forma de algo parecido a una silueta humana, pero muy alta y muy gorda. Jim, Aladdín y Meg confrontaron cara a cara a Oogie Boogie mientras él terminaba de formarse ante ellos, en la cima de la montaña de niños muertos. De la nada se escuchó un fuerte aplauso de un público inexistente, mientras Oogie Boogie abría su boca como una marioneta y alzaba los brazos, divertido.
-¡Bienvenidos todos, bienvenidos todos, muchas gracias! ¡Estáis en vuestra casa, bienvenidos! ¿Estáis todos listos para morir?-preguntó el monstruo mientras bajaba con la elegancia de un musical la montaña de los niños, pisando sus cabezas de cuando en cuando como si fuesen escaloncitos de un escenario. Oogie miró a sus ocho atacantes y soltó una ronca carcajada que se fue transformando en un sonido animal, un rugido como de león, que les puso a todos los pelos de punta. Aquella criatura era tan irreal, tan increíble y perturbadora que resultaba realmente siniestra e intimidante. A Jim sin embargo no le temblaron las manos ni un momento. Iba a cargárselo, e iba a hacerlo él mismo. Hércules no era el único que quería seguir sumando puntos.
-¿Cómo os llamáis? ¿De dónde venís? Venga, venga, espectáculo-pidió Oogie extendiendo su mano como si fuese un micrófono hacia ellos. Entonces vio a Lilo y su boca se torció en una sonrisa maléfica-¿cómo te llamas tú pequeña? ¿Quieres jugar con papi Oogie?
¡CHAS! Jim no se hizo esperar. Cortó el brazo de Oogie con rapidez y limpieza, y mientras el monstruo chillaba cientos de insectos salieron de su brazo, indefensos. Jim los pisoteó asqueado, manchándose el traje con su sangre amarillenta.
-¡Ahora!-Meg apuntó con su arma a Boogie y disparó. Pero antes incluso de que pasara Jim estaba seguro de que no funcionaría, como aquella vez en que Silver disparó a una de las ventanas del piso de Gantz. Efectivamente, el destello de luz salió disparado hacia Oogie y lo atravesó, iluminándolo por unos segundos. Se escuchó de nuevo un chillido inhumano que parecían cientos de voces llorando a la vez, y luego por unos segundos la luz fue tan fuerte que no dejó ver nada en absoluto. Luego, cuando los ojos de todos pudieron recuperarse del flash, vieron que Oogie seguía allí.
-No…-Aladdín avanzó hacia él intentando comprenderlo: entonces vio que al monstruo volvía a ser solo muchos insectos pues la manta que lo cubría había desaparecido, y también gran parte de su barriga. Pero no todo él: solo los insectos que habían sido alcanzados por el rayo, no más.
-Ajajajajajajaja…-rió Oogie Boogie con su boca formada por arañas, mosquitos, larvas y chinches-jojojojojojo… ¡JOJOJOJOJOJOJAJOJOJOJO!
Entonces se tiró sobre Meg intentando atacarla pero ella se defendió con la espada, obligándolo a apartarse. Oogie se deshizo de nuevo en los insectos que sobrevolaron toda la sala y huyeron hacia un corredor que estaba en el extremo opuesto de la carpa. Todos se miraron sin saber qué hacer.
-¿Cómo vamos… a matarlo?-preguntó Aladdín, preocupado. Meg frunció el ceño.
-Mataremos a todos los bichos-dijo con decisión. Entonces tiró su pistola, ya inútil, y cogió la granada de Timón, echando a correr por el corredor tras Oogie.
-¡EH! ¡Eso era mío!-protestó el suricato, furioso.
-Toma, te dejo la mía-dijo Lilo.
-¡Espera, es muy peligroso!-le dijo Jim a Aladdín viendo que echaba a correr detrás de Meg-¡seguro que es una trampa!
-Por eso mismo… -respondió Aladdín, asustado pero decidido-¡tengo que ayudarla!
-Joder… que cabezota…-dijo Jim cuando Aladdín reanudó su carrera tras Meg y Oogie Boogie. Estaba claro que le iban a necesitar, él también tenía una espada y entre Aladdín y Meg no sumaban ni media neurona. Jim miró a Lilo y a Bella muy serio-¿Quedaos aquí, vale? Volveré enseguida…
-¡No, no lo harás! ¡Jim, quédate con nosotros!-pidió Bella angustiada.
-Meg dijo que no nos separásemos-recordó Lilo preocupada.
-No puedo dejar que vayan solos…-dijo Jim, hablando más para la niña que para Bella-por favor, quedaos aquí, no tardaré… podréis seguirme desde el radar…
-¡Jim, no!-insistió Bella, angustiada.
-¿Tú vienes?-le preguntó Jim al Sombrerero, que había dado un paso adelante.
-Creo que sí… no me gustaría tener que quedarme aquí-dijo el Sombrerero señalando a los niños muertos. Jim sintió otro escalofrío al volver a mirarlos. Era un espectáculo realmente terrorífico. Pero así era Gantz.
-Ayudad a los que estén vivos…-le pidió Jim a Bella, que seguía negando con la cabeza-volveré enseguida, en serio.
-¡Nn…!-quiso decir ella, pero Jim la dio un fugaz beso en la boca y luego echó a correr por el pasadizo junto al Sombrerero. Bella, Lilo, Timón y Pumbaa se quedaron bajo la carpa en silencio, mirando a los niños sin saber bien qué hacer. Lilo fue la primera en acercarse y tirar de uno de ellos que aún respiraba, para alejarlo del resto y tratar de ayudarlo. El niño tenía rajado el vientre, las piernas y los genitales, de un modo tan horrible que le asomaban por las heridas trozos de órganos bañados en sangre. Lilo lo tumbó en el suelo mientras lloraba.
-El traje… ¿no puede hacer nada parar curarlos?-le preguntó a Bella, que seguía alejada porque era incapaz de contemplar aquel descarnado espectáculo.
-Que yo sepa no…-le dijo Pumbaa a Lilo, venciendo su repugnancia y acercándose a ayudarla-que yo sepa no…
-Aiiiudaaahj…-jadeó el niño mirando a Lilo con el rostro desencajado y colorado por el indescriptible dolor. Era muy fuerte. Lilo supo mientras miraba aquel rostro de pesadilla que aquella imagen la perseguiría para siempre, marcándola el resto de sus días.
Hércules, Ariel, Sebastián y Lady Tremaine acababan de conseguir otro autovolante mientras en un estrecho callejón habían conseguido despistar a los policías y alejarse de ellos. El musculoso héroe acercó la rueda de su muñeca al volante del coche, hakeándolo para poder utilizarlo.
-Va a ser un viaje movidito-dijo mientras se abrochaba el cinturón-¡así que agarraos!
-Eto del viaje movidito me va a acabá dando un infarto-dijo Sebastián, tembloroso.
Ariel se sujetó fuertemente a los brazos del coche robado notando a Sebastián agarrado a su muslo izquierdo. La pelirroja cerró los ojos, y volvió a pensar en Jim. Solo esperaba que él, Aladdín y Lilo estuviesen bien… tenía un mal presentimiento sobre todo aquello.
Entretanto Mary y Bert aparcaban también en la entrada de "la Isla de los Juegos". Nevaba otra vez, y Mary abrió su paraguas para protegerse de los copos mientras Bert se ponía su grueso abrigo negro.
-Aquí ha venido alguien más-observó Bert señalando los dos autovolantes aparcados en la entrada. Mary asintió lentamente.
-En Witzed se había infiltrado alguien más que nosotros… creo que están buscando a Oogie… alguien que no es la policía-dijo, echando vapor blanco por la boca mientras hablaba-vamos Bert, no perdamos más tiempo…
-Si yo no pierdo tiempo…-resolló Bert mientras andaba torpemente entre la capa de nieve. Se adentraron en la feria. Mary echó una ojeada a la enorme cabeza de payaso y a los sucios y desvencijados puestos. Luego señaló al suelo.
-Mire Bert… son muchos-dijo. Efectivamente varios caminos de huellas recientes se perdían por el fondo de la avenida principal. Bert asintió, sonriendo.
-Y nos llevarán hasta él-dijo, satisfecho-en realidad va a ser más fácil de lo que pensábamos.
-Oh, no lo creo-dijo Mary y por primera vez sonrió, aunque fuese con amargura. Luego continuó avanzando por el sendero, y Bert la siguió. El agente intentó ir al paso de Mary mientras la miraba con fascinación. Era una mujer hermosísima y con una personalidad muy fuerte. Bert no podía dejar de admirarla, desde el momento en el que la había conocido.
-Lo cerraron después de que usted lo detuviese la primera vez…-comentó Bert distraído-es una pena, porque era un sitio muy bonito…
-Ese monstruo quería sacrificar a cincuenta niños porque creía que así recuperaría su cuerpo…-recordó Mary, cerrando los ojos por el horror-temo que esté volviendo a intentarlo… que eso sea lo que quiere arreglar…
-¿Cómo lo encontraste?-preguntó Bert dando un leve tirón cuando su pie se hundió demasiado en la nieve y por unos segundos quedó atrapado. Entre la oscuridad de la noche, el frío y la nieve la noche estaba siendo un verdadero ascazo.
-Con la ayuda de un buen policía-respondió Mary cuya bufanda naranja ondeaba en el aire en un curioso vaivén-el agente Darling. Él consiguió establecer una variable común entre todos los niños desaparecidos, y así pudimos localizar el punto en común, este parque, como base de Oogie. Intenté hacer lo mismo esta vez, pero el área de operación de Oogie ha sido mucho mayor, precisamente para evitar que volviese a encontrarlo. Lo irónico ha sido que se ocultase en el mismo sitio, y a mí no se me ocurriera comprobarlo. Que estúpida. Pensé… pensé que no volvería al mismo sitio…
-Pensaste-dijo Bert-pero él no piensa. Tranquila Mary, le detendremos.
-Mary Poppins-le recordó ella con dureza. Luego se suavizó un poco, debido a la angustia-sé que voy a detenerlo. Lo que me da miedo es a cuánta gente hará daño antes de que lo consiga. Porque eso sí es responsabilidad mía.
-Claro que no-insistió Bert-claro que no…
Pero Mary no le hizo caso. Y siguió avanzando a paso ligero. Quería correr, pero sabía que sería mejor reservarse las fuerzas para cuando Oogie y ella volviesen a verse cara a cara de nuevo.
-¡JOJOJOJOJOJOJO! ¡FELIZ HALLOWEEEEEEN!-se escuchó una voz gangosa que parecía venir de todas partes.
-Es Navidad, gilipollas-contestó Jim mirando a los lados para ver si lo pillaba moviéndose entre las sombras. Habían dejado la carpa atrás y lo habían perseguido hasta un laberinto de espejos. Se lo estaban pensando antes de entrar. Entre los cristales, Oogie podía ser aún más peligroso…
-¿Traes el radar?-le preguntó Meg a Jim girándose en la oscuridad.
-Eeeeeh… no-admitió él. Se lo había dejado a Lilo para garantizar su seguridad, al menos un poco más. Meg le miró con dureza, pero no le dijo nada.
-No importa-dijo la mujer moviendo levemente sus caderas (y vaya caderas que tenía)-hay más formas de encontrar a una rata…
-Sí que las hay, sí que las hay, sí las hayyyy-canturreó la voz de Oogie desde dentro del laberinto-venid a veerme a mí labeeeerinto… ¿qué laberinto? El de mi polla cuando me laa pintoo…
-Agh… podrías tener un poco de gracia por lo menos ¿no?-repuso Meg poniendo los ojos en blanco. Luego avanzó hacia el interior con decisión. Aladdín y Jim se miraron, preocupados, pero la siguieron también dispuestos a todo. El Sombrerero nuevamente atrás cerraba la comitiva.
Era la primera vez que Jim entraba en un laberinto de espejos, aunque había visto alguno en películas y videojuegos nunca había entrado porque en la mayoría de parques ya no quedaban, y la última vez que estuvo en "la Isla" no se le había ocurrido meterse en aquel. Tal y como imaginaba, era difícil avanzar porque no quedaba muy claro lo que era realidad y lo que no era nada, debido a los muchos confusos reflejos que los espejos daban: un truco visual para confundir los sentidos y hacer que los visitantes del laberinto se diesen tremendos golpes contra las paredes, a veces de modos más divertido que otros.
Tras darse el tercer porrazo y cagarse en la madre del inventor de los laberintos, Jim afinó la vista lo máximo que pudo y empezó a discernir mejor entre el espejo y el pasillo de verdad, abriéndose camino rápidamente. Sin embargo además de ser difícil de moverse, era un puñetero laberinto, lo que significaba que no era tan sencillo encontrar la salida. Jim pensó un momento en disparar a los cristales, pero si se quedaba sin su arma sería mucho más vulnerable. Se le ocurrió ir rajando los espejos con su espada, de forma que no pudiesen confundirlo más.
-¿Dónde estás?-preguntó Aladdín, frente a ellos-vamos, da la cara.
Los cuatro se miraron en silencio, expectantes. Parecía que Oogie no iba a hablar, cuando los sorprendió a todos con su voz, de nuevo cambiada a más aguda y estridente.
-¿Dónde estará Oogie? ¿Dónde estará? ¿Izquierda? ¿Derecha? ¿Quién lo sabrá?
El reflejo del monstruo apareció en uno de los espejos y Jim estuvo a punto de dispararlo, pero se detuvo al darse cuenta de que era falso. Oogie apareció reflejado en varios espejos, en unos más gordo, en otros más delgado, en algunos meneaba el trasero, burlón, provocándolos.
-Eres un cobarde…-sentenció Aladdín, calmado.
-¿Quién se atreve a decir que soy un gato? ¡Eso lo será tu padre, tu padre y un pato…! toma bomba, toma, explota y vete a cenar-dijo, burlón-hijoputa…
-Que chaval…-le dijo Aladdín a Jim, cuando del techo cayó una enorme bomba con una mecha prendida que estaba a punto de estallar.
-¡CORRED!-chilló Meg saltando hacia atrás. Jim y Aladdín no tuvieron tantos reflejos, pero justo cuando la bomba estallaba ambos presionaron el botón de desintegración y se desmaterializaron mientras el fuego los atravesaba, teniendo que haberlos calcinado. El Sombrerero por su parte no tuvo tanta suerte, y salió volando por los aires, estampándose con un espejo y cayendo al suelo entre una lluvia de cristales. Se quedó allí inconsciente, con una herida en la cabeza que tiñó su pelo naranja de rojo.
-Gilipollas…-dijo Jim cuando volvieron a reaparecer. No convenía gastar energía. ¡ZAS! Un alargado brazo recubierto por sucios trapos agarró a Jim del tobillo y tiró de él con fuerza arrastrándolo por otro pasillo de espejos.
-¡JIM!-gritó Aladdín yendo tras él.
-¡JODER!-Jim notó como los brazos lo elevaban y se vio enfrente de Oogie, cara a cara. El rostro del monstruo eran tan solo unas hendiduras en los ojos y una enorme bocaza por la que se podía ver a los insectos revolverse en marabunta, mientras que los trapos que los contenían eran sucios y marrones en esta ocasión. Oogie sonrió a Jim pícaramente mientras él notaba como las manos del monstruo se apretaban más y más en su cuerpo.
-Eeeeeeh, no me toques-dijo Jim y moviendo su espada se la hundió a Oogie en el estómago, haciéndole dar un grito de rabia y soltarlo. Pero seguía sin poder matarlo, y aunque agitó su espada cortándole un brazo no consiguió nada. Oogie rugió de nuevo como un león y le dio a Jim una fuerte patada, derribándolo, pero el chico se reincorporó y volvió a por él, rabioso.
-¡AAAAAAAH!-Aladdín apareció por el otro extremo del laberinto y atacó también a Oogie. Los dos chicos empuñaron sus espadas, amenazantes, y dieron sablazos por un lado y otro, cortando a Oogie en cachitos. Luego empezaron a pisotear a los insectos que salían por todas partes, pero Oogie volvió a conformarse rápidamente recuperando su cuerpo.
-¡Joder, ¿no hay manera de matarlo?!-gritó Aladdín a la desesperada. Un avispón trató de picarlo en el cuello, pero el árabe lo agarró al vuelo y lo espachurró en la mano.
-Tiene qque haberla…-musitó Jim mientras cortaba una pierna de Oogie Boogie y retiraba de sus hombros a varias tarántulas que le escalaban por la espalda.
-¡APARTAOS!-gritó Meg en ese momento apareciendo por detrás de Aladdín. Jim y él volvieron a desvanecerse mientras Oogie miraba a Meg con sorpresa.
-¿Qué haces, putilla?-preguntó el monstruo con curiosidad. Meg le arrojó la granada que le había quitado a Timón, y esta estalló al lado de Oogie y sus insectos, que se desintegraron al instante. Los espejos del laberinto se rompieron todos por la onda expansiva y Aladdín, Meg y Jim salieron volando hasta chocarse en distintos sitios y quedar también semi inconscientes. Jim se dio un fuerte golpe contra una columna, y quedó tendido cerca del Sombrerero, desmayado.
-Oooooh…-Aladdín fue el primero en recuperarse. Vio a Meg a su lado y zarandeándola levemente consiguió que ella se recuperase también-oye… Meg… Meg-la llamó.
-Hum… ¿qué pasa?-preguntó ella en voz baja. Entonces se dio cuenta de que tenían un espejo encima suyo, aplastándolos-vaya…
Aladdín distinguió en el techo algo que le preocupó bastante: aunque todos los insectos se habían desintegrado con la explosión, nuevamente aparecían más que iban reuniéndose cerca de ellos formando una figura. La risa de Oogie Boogie pudo volverse a escuchar resonando por todas partes. Meg y Aladdín se miraron aterrorizados.
-Rápido… ¡vamos!-Meg empujó el espejo hacia arriba para incorporarse. Ayudada por Aladdín consiguió quitarlo de encima-¡dispárale! ¡vamos!
Aladdín no estaba muy convencido, pero obedeció: de nuevo un rayo de luz cruzó la estancia, y de nuevo los insectos desaparecieron. Los dos se quedaron mirando al lugar dónde había estado Oogie sin saber qué hacer.
-Ga… Gantz…-susurró Meg. Pasaron unos segundos, pero como los dos ya se esperaban, no pasó anda.
-No está muerto-le dijo Meg a Aladdín. Por primera vez parecía realmente preocupada-nno… no sé qué hacer…
-Jim lo ha dicho… tiene que haber una forma-dijo Aladdín. Luego fue hacia su amigo, que yacía inconsciente-¿Jim, estás bien? ¡Jim!
-Ooooh…-el chico se frotó la cabeza con angustia mientras intentaba entender qué estaba pasando.
-Tranquilo Jim, estás bien…-dijo Aladdín con calma.
-Pero… no está muerto-dijo él con voz ronca.
-No…-admitió Aladdín-y no sabemos cómo matarle…
-Jo…joder…
-Hay que moverlos… tenéis que despertar-le dijo Meg a Jim, agachándose también junto a Aladdín. En ese momento se escuchó un leve sonido, y algo saltó sobre ella.
-¡AAAAAAAAAH!-chilló Meg asustada cuando una masa de insectos y trapos la derribó: volvía a ser Oogie, pero esta vez eran pocos los insectos que lo daban forma, porque ellos habían matado a la mayoría, así que ahora la cabeza del monstruo era más grandota y el resto del cuerpo chiquitillo, dándole una divertida apariencia de bebé.
-Muere, muere, muere. Muere zorra, mueremueremuere…-repetía Baby Boogie de cuyas manitas de tapo salieron varios aguijones de avispa intentando herir a Meg en el cuello.
-¡OGH!-Meg le dio una patada a Baby Boogie lanzándolo por los aires y haciendo que se chocase en el techo de los espejos. Entonces ella se reincorporó y lo apuntó con su espada.
-¡BLOOOOOGH!-Baby Boogie lanzó un repugnante vómito verduzco sobre Meg, poniéndola perdida.
-¡AAAAAGH!-chilló ella asqueada mientras se apartaba el cabello ahora pringoso de la cara, muerta de asco. Dando un salto tremendo gracias al traje intentó ensartar a Oogie en su espada pero él la esquivó y aterrizando en el suelo echó a correr hacia el exterior del laberinto.
-¡ESPERA!-la llamó Aladdín, que ayudaba a Jim a levantarse en ese momento.
-¡NO PODEMOS PERMITIR QUE ESCAPE!-gritó Meg mientras corría con la katana sujeta por las dos manos como una samurái por el pasillo hacia el exterior. Baby Boogie se volvió y la hizo un corte de manga antes de seguir corriendo.
-¡Cómeme la polla, zorra cabrona!-gritó Baby Oogie con voz cavernosa- ¡Trágatelo todo!
-¡TE VAS A TRAGAR TÚ ESTO!-le gritó Meg hasta las narices, intentando rajarlo con la espada. Oogie la esquivó por los pelos y siguió correteando malicioso saliendo hacia fuera y corriendo ahora a la montaña rusa.
-Ve con ella…-jadeó Jim poniéndole una mano en el hombro a Aladdín-hay que cargárselo… enseguida.
-Pero tú…
-Enseguida estaré bien-dijo Jim forzando una sonrisa para tranquilizarle-coge mi arma… ¡tú corre, vamos! ¡Yo os alcanzo!
-Vale…-Aladdín echó a correr, mirando una vez más a Jim y siguiendo luego tras Meg, de la que ya apenas se veía una silueta. Apoyándose en la pared de cristales rotos, Jim fue recuperando fuerzas. Había sido un acto demasiado imprudente darle a Aladdín su arma ¿por qué había sido tan generoso? Estúpido, eso es lo que era, un maldito idiota. Pero había confiado en Aladdín, y seguía haciéndolo. Verdaderamente confiaba en él.
Aladdín había llegado a la entrada de la montaña rusa para ver como Meg arrancaba uno de los carros y empezaba a subir los raíles de la montaña persiguiendo a Oogie, que iba delante en otro de ellos.
-No me vas a pillar, hija de puta. Mamahuevos, no vas a cogerme-se reía Oogie. Meg le ignoraba olímpicamente, sentada en el carro con una fría mirada asesina. Cuando lo agarrara…-¡Putilla, guarra, cerda!-se rió Baby Boogie y orinó en el carro de Meg, manchándola el traje.
-A ver...-Aladdín intentó subirse a otro carro, pero no funcionaban. Iba a poner su muñequera para activarlo, cuando se le ocurrió una idea mejor…
-¡Que vamos! ¡JAJAJAJAJAJA! ¡Vamos alláaaaa!-gritó Oogie emocionado cuando su carro llegó a la cima de los raíles y se vio la caída de casi treinta metros que tenían por delante. La nieve los rodeaba y la fuerte ventisca hizo que los raíles de la montaña rusa chirriasen. Oogie rió, demoniaco. Si la montaña rusa se desmoronaba a él no le pasaría nada, como siempre. De ella en cambio no podía decirse lo mismo.
-Te tengo…-susurró Meg cuando su carro se acercó al suyo. Pero entonces ambos comenzaron el descenso en picado a toda velocidad. Iban tan rápido que Meg solo veía una mancha borrosa de todo lo que la rodeaba, sin entender nada en absoluto de lo que estaba pasando.
-¡UAAAAAAAAAAAAAH!
-¡OOOOOOOOOOOH!-chilló Oogie, de cuyo cuerpo se escurrieron varios insectos por la velocidad.
Meg intentó mantener la cabeza serena mientras alzaba su espada, y dando un fuerte tajo la estrelló contra el carrito de Oogie, que dio un fuerte traqueteo. El monstruo se volvió sorprendido al notar el filo de la espada tan cerca suyo.
-¡DÉJAME!-gritó enfurecido-¡KAPULLAAAAAA!
Los carritos dieron varios giros en espiral mientras iban hacia la siguiente subida. En esa ascensión era a dónde Aladdín estaba escalando. Cuando el carrito de Oogie se acercara, él estaría preparado.
-¡HORA DE MORIR!-Oogie saltó al carro de Meg y la dio una fuerte patada en la cara. Aunque era muy pequeñito, se movía con una rapidez mortal.
-¡YIAAAA!-Meg volvió a agitar su espada estando a punto de cortarlo en dos pero Oogie lo esquivó y abriendo su boca le lanzó un gapo a la cara de la chica, cegándola momentáneamente.
-¡ESTO ME LO QUEDO YO! ¡JIAJIEEJEE!-gritó Baby Boogie triunfal, apoderándose de la katana. Meg abrió mucho los ojos, asustada. Iban muy rápido, no podía saltar del carrito.
Baby Boogie se abalanzó katana en mano contra Meg pero ella se giró hábilmente y esquivó su estocada, con la que atravesó el respaldo del carrito. Meg le dio un puñetazo a Baby Boogie y lo echó a un lado, intentando recuperar su arma pero entonces Oogie saltó sobre ella y la mordió en el párpado, intentando sacarle los ojos.
-¡NO!-Meg fue rápida y agarró por las piernas al pequeño monstruo, arrojándolo de nuevo al carrito que iba delante. Aunque le sangraba la ceja pudo recuperar su arma y miró a Oogie con la rabia chispeando en su mirada. Él no era tan fácil de matar, pero ella tampoco.
-PUTA TETONA, SE AVECINA TU FIN-dijo Oogie alzándose en el carrito.
-Ay por favor, me das hasta risa-replicó Meg, burlona. Baby Boogie apretó sus puñitos, furioso. Los carritos volvían a decelerar porque una vez más subían en ascensión hacia el pico más alto. Oogie sonrió, diabólico.
-Esta bajada es la peor de todas. Voy a matarte… voy a matarte y no podrás impedirlo… luego me follaré tu cadáver… fornicaré con él, y me cagaré encima… pero primero…
-¿Primero esto?-se escuchó una voz delante de los carros. Aladdín había escalado ágilmente hasta los raíles más altos, y apuntaba a Oogie con su arma. La maldad en el deforme rostro de Oogie se convirtió en sorpresa momentánea. Aladdín lo apuntó con la pistola de Jim y guiñándole un ojo disparó a su carrito.
-¡YIAAAAAAAAAARGHHHH!-chilló Oogie asustado. Un potente flash que los deslumbró a todos y segundos después ya no había nada. El carro y su dueño habían desaparecido. Aladdín arqueó una ceja, poco convencido.
-¿Está…?
-No-Meg negó con la cabeza mientras bajaba de su carrito y lo dejaba continuar su peligrosa trayectoria-claro que no… mira…
Señaló un extraño humo que sobrevolaba el cielo. Aladdín no sabría decir si estaba allí o no, era como si no perteneciese a este mundo, como si no lo estuviese viendo con sus ojos mortales, si no con los del alma…
-Hércules… ¿me recibes? Hércules…-Meg habló por el micro de su traje. Pasaron unos segundos de silencio hasta que el héroe respondió.
-Estamos llegando-anunció-¿lo tenéis?
-Sí, pero no podemos matarlo-respondió Meg mirando a Aladdín preocupada.
-Lo sé-dijo Hércules, para sorpresa de la joven-tiene sentido ahora que lo has dicho. Él no es un mortal…
-Pero debe de haber una forma de matarlo ¿no?-preguntó Meg con impaciencia-el experto eres tú…
-Esperadnos ahí, llegaremos enseguida-dijo Hércules-no sigáis tras él…
-De acuerdo-Meg dejó el micro del cuello y miró a Aladdín muy seria-tenemos que volver con los otros… va a intentar atacarlos…
-¿Cómo lo sabes?-preguntó Aladdín sorprendido.
-Estoy segura, créeme-dijo Meg tras unos segundos de vacilación-ven conmigo, vamos.
Aladdín no necesitó que se lo dijera dos veces.
-Chicos, Oogie Boogie va hacia allí, repito, Oogie Boogie va a por vosotros-dijo Meg corriendo de vuelta a la carpa-¡tened cuidado!
-Tranquila, estoy con ellos-dijo Jim que había regresado junto a Bella y el resto-ya me lo imaginaba…
-Corréis peligro-dijo Meg-le hemos dejado sin cuerpo, pero puede regresar…
-¿Sin cuerpo?-repitió Jim extrañado, mientras miraba a Bella. Ella se ajustó sus redondas gafas, preocupada.
-No van a sobrevivir, necesitan una ambulancia-dijo Lilo al lado de los cuatro niños que aún respiraban. Uno de ellos estaba realmente mal, Oogie Boogie se había comido sus dos piernas.
En ese momento se escuchó una ronca risotada mientras las luces de la carpa se apagaban todas.
-¡LILO, VEN!-la llamó Jim nervioso, pero ella quería permanecer al lado de los niños heridos.
-Mierda, ya estamos otra vez-protestó Timón, agarrándose de la pezuña de Pumbaa preocupado.
-Tengo miedo Timón-reconoció el jabalí.
-Tranquilo estooo… el señor Sombrerito nos protegerá-dijo Timón señalando al Sombrerero.
-Tarrant…-dijo él, que también había regresado a la carpa con Jim.
-Bueno, Tarrant… tengo que hacerte una oferta de trabajo para mi tienda… ese sombrero está realmente bien-dijo Timón señalando al que adornaba la cabeza del Sombrerero.
-Podemos discutirlo, desde luego-reconoció él sonriendo levemente-sin embargo yo que tú ahora… me concentraría en el monstruo…
La perturbada risa de Oogie Boogie resonó por toda la carpa mientras esta se iluminaba de colores rojos y azulados, deslumbrándolos. Entonces el suelo comenzó a girar velozmente como una peonza mientras las clavijas y varillas del techo vibraban y se separaban de la carpa moviéndose con maléfica velocidad.
-Me tienes que estar jodiendo…-musitó Jim. ¿En qué infierno acababa de meterse?
-BIENVENIDOS A LA RULETA DE LA MALA SUERTE QUERIDOS AMIGOS-se escuchó la voz de Oogie mientras las afiladas varillas de metal empezaban a descender desde la techadura hacia los asustados participantes de Gantz-¿Quién será el primero en quedar ensartado como un pincho moruno? ¡PROBLEMOS, PROVEMOS, HAGAN SUS APUESTAS! ¡JOJOJOJOJEJEJEJOJOJO!
-¡CUIDADO!-Jim se tiró sobre Lilo esquivando justo a tiempo que una varilla de metal la atravesara la cabeza. La varilla se quedó clavada en el suelo, que ahora brillaba de distintos colores como si fuese una pista de baile y giraba cada vez más rápido. Jim intentó no marearse en aquella terrible batidora mientras estaba muy atento a los movimientos de las varillas metálicas que el espíritu de Oogie hacía girar de un lado a otro.
-¡NO SE PUEDE MATAR LO QUE YA ESTÁ MUERTO, PERO SE PUEDE JUGAR MIENTRAS AÚN TENGAS TIEMPO!-gritó el monstruo y lanzó una enorme barra de hierro sobre Timón y Pumbaa, que rodaron por el suelo de la pista doloridos. Pumbaa perdió el sentido mientras Timón era arrastrado por la corriente giratoria de la ruleta y se chocaba con los cadáveres de los niños que ahora también iban y venían en un vaivén infernal.
-¡AGÁRRATE!-le gritó Jim a Bella, apretándola a su pecho mientras con su espada partía en dos una barra que casi lo aplastaba. Tenía que llegar hasta Lilo antes de que fuese tarde, pero había demasiados objetos cortantes volando alrededor suyo atacándolo. Girando la espada a toda velocidad se protegió de ellas, y luego activó el escudo del traje para abrirse paso con mayor facilidad.
Un cable lo distrajo agarrándolo del tobillo como una serpiente, y aunque la distracción fue tan solo un momento hasta que Jim se deshizo de ella, ya era tarde para Lilo.
-¡NOOOOO!-la niña pataleó intentando soltarse cuando una barra se dobló como metal maleable y la atrapó por la cintura. Con distintas formas metálicas, una enorme boca de afilados dientes de hierro se había formado enfrente suyo, y se disponía a zampársela-¡JIIIIIIIM!-gritó Lilo indefensa.
-¡NOOOOOOOOOO!-gritó Jim presa del pánico al ver que el monstruo se metía a Lilo entre sus fauces.
-¡NO!-Aladdín entró en la carpa rajando el techo con su espada y partió en dos la boca metálica, recogiendo a Lilo en sus brazos y protegiéndola del ataque del monstruo. Los afilados metales controlados por Oogie Boogie se volvieron hacia el árabe listos para atacarlo, cuando Meg cayó detrás suyo y los destrozo todos con su katana.
-Tienes mucho que aprender todavía, monstruo-dijo Meg con satisfacción.
-¡LILO!-Jim llegó hasta la niña y la abrazó con fuerza. La ruleta sin embargo iba más deprisa todavía, y entonces perdieron el equilibrio y fueron arrastrados por el suelo en aquel interminable círculo infernal-¡ME CAGO EN LA LECHE!
Jim se reincorporó con la niña en sus brazos y alzando la espada partió en dos uno de los cuerpos de los niños muertos que Oogie lanzaba contra él. Lilo chilló asustada pero Jim la cogió de la mano y tiró de ella hacia uno de los extremos de la ruleta. Si conseguían salir del suelo de la carpa estarían fuera de peligro, pero era muy difícil en medio de aquel vórtice.
-¡CUIDADO!-le advirtió Meg al Sombrerero cuando un cable tentacular lo agarró y levanto llevándolo hacia unos afilados clavos. Él no se lo pensó demasiado, porque apuntó con su pistola a los clavos y los desintegró de un tiro. Meg saltó hacia él y cortando el cable lo liberó.
-¡SALTA!-Jim lanzó a Lilo hacia fuera de la ruleta y ella cayó en suelo inmóvil, aliviada-¡SAL DE AQUÍ LILO, CORRE!
-¡SALTA!-le dijo Lilo a Jim, pero él no podía irse sin ayudar a los demás, en especial a Bella. La chica había dejado de moverse y dejaba que la ruleta la arrastrara en su endemoniado movimiento, mirando al centro de la carpa como hipnotizada.
-¡BELLA!-gritó Jim asustado-¡BELLA, VAMOS!
Pero ella no parecía oírle. Había cerrado los ojos, parecía en una especie de trance.
-¡BELLA!
¿Se iba a dejar morir? ¿Estaría en estado de shock? ¿Por qué no hacía nada? ¿Por qué no lo hacía?
-¡VAMOS!-Aladdín recogió a Pumbaa que seguía semi inconsciente y tiró de él para sacarlo de la ruleta, mientras Meg intentaba alcanzar a Timón. El Sombrerero por su parte no esperó a nadie, y en cuanto pudo saltó también y se puso a salvo.
-¡MEG, CUIDADO!-la avisó Aladdín, pero una viga metálica embistió a la chica y la arrojó al otro lado de la sala. Cogiendo la pistola de Pumbaa Aladdín apuntó a la viga y la desintegró antes de que esta aplastase a Meg. La chica tenía la boca partida y no podía moverse por el brutal golpe, por lo que los metales de la carpa que aún controlaba Oogie se concentraron en ella.
-¡ACTIVA EL ESCUDO!-le dijo Aladdín a Meg, preocupado-¡CORRE!
Cuatro cuchillas muy afiladas fueron hacia Meg. Ella las vio caer casi a cámara lenta hacia ella, cuando giró la rueda y un pequeño escudo protector se activó protegiéndola del ataque. La energía de su traje estaba casi a cero como indicaban las pequeñas lucecitas, lo que significaba que estaba más indefensa que nunca.
-¡TE DIJE QUE TE MATARÍA!-se escuchó la neurótica voz de Oogie mientras otra plancha de hierro iba hacia Meg, pero ella alzó su espada y la partió en dos evitando hacerse daño alguno. Aladdín llegó hasta ella y la ayudó a incorporarse, preocupado. Era imposible que la ruleta fuese más rápido, y el árabe estaba luchando contra el mareo con sus últimas fuerzas.
-Te sacaré… de aquí…-balbuceó aturdido. No iban a conseguirlo…
-¡TIMÓN, CUIDADO!-gritó Pumbaa al ver a su amigo dando tumbos por la ruleta, atolondrado.
-¿Pumbaa, qué narices te…?-empezó a protestar el suricato, cuando una varilla de hierro lo atravesó el pecho haciéndole abrir mucho los ojos por la sorpresa. La sangre del suricato salió disparada del traje mientras abría y cerraba la boca varias veces, como cuando Sid le había rajado con su navaja. Pareció ver a Pumbaa unos segundos, pero luego se desplomó, siendo arrastrado con los cuerpos de los pequeños.
-¡TIMÓOOOOOOOOOON!-gritó Pumbaa desesperado al verlo. Aquello era demasiado para el jabalí, que enloquecido comenzó a correr por la rueda dando tumbos y chocando con sus fuertes cuernos contra todo lo que se le ponía por delante. Ya no veía nada, simplemente destruía todo a su paso. Sin embargo un golpe contra una pesada plancha lo derribó, rompiéndole los morros y dejándolo fuera de combate.
-¡BELLA! ¡BELLA!-gritó Jim a la desesperada, sin entender qué era lo que le ocurría. Entonces se dio cuenta de que ella susurraba palabras en voz baja. Y de algún modo un extraño resplandor azul claro la rodeaba. Ya había visto eso antes ¿sería posible…?
-Putaputaputaputacabrona detente… ¡Para ya, maldita zorra!-gritó Oogie Boogie, furioso-¡DEJA DE HACER ESO!
Bella repetía un mantra en silencio cada vez más deprisa mientras Oogie Boogie emitía de nuevo rugidos ensordecedores que aturdían a todos. La chica había perdido sus gafas que le habían resbalado de la cara con el tremendo movimiento, pero aunque no veía gran cosa pudo distinguir una criatura de niebla frente a ella, revolviéndose rabiosa.
-¡PARA!-repitió Oogie Boogie hirviendo de rabia.
-Vete de este reino, vete lejos, lejos… regna terrae… cantata Deo… regna terrae…-susurraba Bella apretando los ojos. La energía azul que la rodeaba era cada vez más potente, formando una espiral enfrente suyo, mientras el espíritu maligno de Oogie intentaba acercarse inútilmente, retorciéndose en el aire como si las palabras lo quemaran-¡LIBERA NOS DOMINATES! ¡LIBERANOS!
-¿Qué hace…?-preguntó Aladdín al lado de la malherida Meg.
-Lo… lo está echando…-musitó la chica que pese a estar aturdida no se perdía ni un segundo.
-RRROAAAAAAAGGGGGH-tronó Oogie Boogie furioso, y entonces el suelo comenzó a resquebrajarse mientras invocaba todo su poder. La carpa comenzó a arder y también las gradas de los espectadores, y entonces Oogie extendió sus zarpas fantasmales hacia Bella, amenazante. Ella se había caído con el temblor del suelo, y ahora estaba indefensa.
-¡NO!-gritó Jim corriendo hacia ella. Pero en ese momento alguien se adelantó: el techo de la carpa volvió a rajarse por la cima y una luz muy fuerte, blanca y llena de pureza, deslumbró a todos los presentes. Mary Poppins entró en la carpa sujetando su paraguas que brillaba como una estrella, y apuntando con él a Oogie habló con una voz mucho más potente que la del monstruo, y mucho más terrible.
-CRIATURA DEL AVERNO, ES HORA DE TERMINAR CON TUS PECADOS-dijo Mary cuyos ojos estaban blancos y sus ropas ya no parecían un abultado abrigo de señorita, sino una túnica real de maga ancestral-¡DEA PSALLITE ALADIA! ¡OMNIBUS LEGIO!
La luz provocada por Mary era cien veces más potente que la que había invocado Bella, y por lo que parecía mucho más dañina. Se escuchó un grito desgarrador que debía provenir de Oogie Boogie, y después todo fue muy confuso: la carpa se derrumbó cubriendo a todos los presentes y el fuego comenzó a consumirla mientras un viento huracanado desatado por el poder de la criatura se expandía por todo el parque arrancando atracciones y puestos de su sitio y levantando la capa de nieve. Después de un ruido atronador de chillidos y jadeos todo se quedó en silencio.
Bert se había quedado intentando interrogar a los tres niños de Oogie Boogie, Lock, Shock y Barrel que seguían hipnotizados y no decían nada. Mary habría podido deshipnotizarlos con un simple chasquido de dedos, pero prefirió no hacerlo para tener a su insistente compañero ocupado. Sin embargo al notar la brisa y escuchar el lejano bullicio de la carpa Bert echó a correr siguiendo los pasos de las botas de Mary y llegó justo a tiempo de ver como la carpa se derrumbaba.
La primera en salir de la lona de la carpa fue la propia Mary que echándola a un lado se reajustó su sombrero con expresión de fastidio. Después se asomaron Jim, Lilo, el Sombrerero y finalmente Aladdín tirando de Meg que necesitaba ayuda para incorporarse. Bella seguía tumbada en el suelo, y no parecía estar allí: su cuerpo sí, desde luego, pero su cuerpo volaba lejos, muy lejos de su mente, en un cielo estrellado. Bella vio entre las nubes celestiales a su madre, formada por un manto de estrellas, que la sonreía con dulzura. Se sintió cálida, desnuda pero protegida por el amor. ¿Dónde estaba? ¿Qué podía hacer para permanecer allí… siempre?
-Bella… Bella…-poco a poco los ojos de la chica fueron enfocando a Jim, que tenía todo el cabello echado hacia adelante y estaba apostado a un lado, con su cabeza pegada a la de ella. Bella sonrió lentamente. Quería mucho a Jim…
-¿Quién es? Aparta-dijo Mary Poppins cogiendo a Jim por el hombro y echándolo a un lado.
-¡EH!-protestó él, pero Mary no le hizo ni caso. Sacando un pequeño frasco relleno de una sustancia plateada de su bolso se lo dio de beber a Bella. Ella no quería beberlo, estaba muy frío, y cuando lo tomaba se sentía cada vez más viva, en el sentido convencional de la palabra. No quería sentirse así… estaba mejor antes… quería volver a aquel cosmos infinito, a ver a su madre.
-Desgraciada… ¿quién eres tú?-le dijo Mary a Bella, consternada-desgraciada… te podrías haber muerto…
-¿Qué haces?-le preguntó Jim a Mary volviendo a colocarse al lado de Bella, protector-¿quién eres tú?
Pero se detuvo a mitad de la pregunta… conocía a esa mujer, le sonaba de algo… ¡Claro! Acababa de caer en la cuenta: era la acompañante de Michael y Jean Banks, los hijos del señor Banks. La había visto fugazmente el día anterior, en el coche con ellos. ¿Qué cojones hacía allí esa pava? ¿Por qué de repente era una pro de la magia? ¿Por qué los había rescatado? ¿Se había vuelto el mundo loco?
-¡Mary...!-Bert se había acercado a la lona dispuesto a ayudar, aunque había desenfundado su arma: aquellos tipos vestidos con esa ropa negra no le daban buena espina, y menos todavía al ver que ellos también llevaban armas.
-Timón… Timóoooon…-Pumbaa lloraba entre los pliegues de la lona al lado de su amado suricato, que yacía en el suelo en una pose que él mismo habría considerado patética, con los brazos extendidos y doblados. Daba pena verlo, sobre todo porque solo hacía unos segundos había estado vivo, haciendo comentarios de todo lo que le rodeaba con su insistente vocecilla, que quisieran o no habían tomado cariño. Aladdín miró de refilón al suricato con lástima, sintiéndolo por él. Pero ya había visto a demasiados caídos en aquella maldita condena (Chicha, Aurora, el señor Saltamontes, Ling, Yao y Chien Po… Billy… Helga…) y era incapaz de derramar ni una lágrima. Pumbaa sin embargo las derramó todas por él.
-Bella… Bella, ¿estás bien?-le preguntó Jim a su novia, que asintió lentamente, con los ojos enrojecidos.
-Lo… lo siento-musitó la chica, aturdida-no quería… tuve que hacerlo…
-Pero… ¿cómo?-preguntó Jim, impactado-¿cómo sabías…?
Se detuvo al notar la fría punta del paraguas de Mary en su cuello. Girando la cabeza se encontró con la mujer, que altiva y gélida le miraba amenazante. Jim apretó los dientes, tenía pocas ganas de broma.
-¿Qué quieres?-preguntó Jim amenazante.
-Qué quiere, pequeño salvaje-le corrigió Mary con arrogancia-soy agente de policía, será mejor que me digas ahora mismo todo lo que sabes o te aseguro que vas a desear que ese bicho te hubiese llevado consigo.
-¿"Usted" cree?-preguntó Jim burlón.
-Nos tenemos que ir…-Aladdín había cogido el radar que acababa de pasarle Lilo, y señalaba el punto rojo en él-se está moviendo…
-¿Qué es eso?-Mary Poppins estiró una mano para cogerlo, pero Aladdín se la apartó con desconfianza.
-Perdona, tenemos que irnos… tenemos… tenemos que cargarnos a ese tío-dijo Aladdín intentando ser agradable, aunque en ese momento no le quedaba demasiado de su buen humor habitual. El puto Oogie Boogie había conseguido tocarle los cojones de verdad, y ya empezaba a entender que aquella misión no iba a ser más sencilla que las otras por tener más tiempo, si no mucho, quizás muchísimo más jodida.
-De momento lo habéis hecho muy bien-dijo Mary, irónica-vosotros no vais a ninguna parte, siento deciros. Estáis detenidos. Y espero una explicación inmediata de lo que significa todo esto.
-Exactamente-añadió Bert, apostándose al lado de Mary, que suspiró cansada. Suerte que no había llegado a verla haciendo magia, o su secreto estaría en peligro. Los tipos de negro sin embargo si lo habían visto, y Mary estaba realmente intrigada por saber quiénes eran. Si tenía que utilizar todos sus poderes para sonsacárselo lo haría, no sería la primera vez.
-Vale, hagámoslo así-dijo Aladdín cogiendo la pistola de Lilo y apuntando con ella a la cabeza de Mary Poppins-nosotros no queremos problemas y seguro que vosotros tampoco. Nos vamos ahora mismo ¿de acuerdo? Y ya nos veremos otro día…
-¿Tú no eres Alí, el que sale en la tele?-señaló Bert con sorpresa-el otro día me compré tu marca de calzoncillos.
-Me cago en la puta…-Aladdín puso los ojos en blanco sin dejar de apuntar a Mary, que le miraba como si fuese un chicle que acababa de encontrar pegado al zapato.
-¿Cómo te atreves?-preguntó ella furiosa-apuntar a una señorita.
-Perdóneme, pero no hay otra forma-dijo Aladdín encogiéndose de hombros. No sería capaz de matarla pero en ese momento la situación era muy desesperada… ¿y dónde estaba Hércules a todo esto?
-Será mejor que dejéis las armas en el suelo y os rindáis-dijo Mary ahora con una sonrisa maliciosa en el rostro. Jim y Aladdín se miraron, incrédulos.
-¿Tú crees?-le dijo Aladdín a Mary Poppins, mascando la boca como si tuviera un chicle. Ella asintió lentamente y luego miró hacia atrás. Jim se volvió también mientras Aladdín continuaba concentrado en su prisionera, y entonces palideció.
-A… Aladdín-llamó Jim a su amigo, que se giró con fastidio para quedarse también de piedra. Frente a ellos había unos trece motoristas como los que los habían perseguido, todos con cascos y trajes negros, apuntándolos con unos enormes fusiles.
-Dejen las armas en el suelo y ríndanse-dijo uno de ellos a través de su casco.
-Mmje… lo que he dicho-dijo Mary Poppins con una descarada sonrisa.
Jim y Aladdín volvieron a mirarse cavilando por un segundo, para finalmente depositar las armas en el suelo, maldiciendo para sus adentros.
-Han hecho bien en dejarse coger… podría haberse complicado más-dijo Hércules en voz baja mientras espiaban desde una ventana de un edificio cercano la entrada de "la Isla", donde estaban desfilando sus compañeros con las manos en alto para entrar uno a uno muy despacio en un enorme camión negro.
-¿Cómo vamos a ayudarlos?-preguntó Ariel preocupada. Hércules se rascó su grueso mentón mientras los vigilaba con calma.
-Por eso no te preocupes, será fácil… lo que me preocupa es cómo recuperar las armas… ya suponía que el D23 nos estaba buscando… eso solo nos complica más las cosas.
-¿El D23?-repitió Lady Tremaine con sorpresa. En una fiesta de sociedad había conocido a un rico caballero que había trabajado para esta sociedad secreta. Según él "no podía contar nada sobre ello, o le matarían". Lady Tremaine se puso roja como un tomate cuando Anastasia y Drizella le dijeron al caballero que si no podía contar nada era porque se lo estaba inventando.
-Es un cuerpo especial de espionaje, una policía secreta e independiente del resto de organismos de Suburbia-aclaró Hércules con seriedad-son muy peligrosos…
-¿Y qué quieren?-preguntó Ariel mirando al fortachón asustada. Se sentía protegida a su lado, le gustaba estar junto a él.
-Pues enterarse de que nos traemos entre manos. Pero por encima de eso… las armas-Hércules señaló a los motoristas vestidos de negro que hablaban con unos individuos trajeados. Sujetaban en sus manos las pistolas y espadas que les habían arrebatado a Aladdín, Jim y el resto. Los agentes del D23 permanecían inexpresivos, aunque estaba claro que les atraía el poder de las armas más que nada, pues no podían dejar de mirarlas.
-Si consiguen desmontar las armas y aprenden a fabricarlas sería un desastre-explicó Hércules lentamente-quién sabe lo que sería de esta ciudad con cientos de pistolas como estas en el mercado.
-Por eso mismo en el D23 solo estamos personas lo suficientemente capacitadas como para no cometer una insensatez así-dijo una voz detrás de ellos, sobresaltándolos. Como de la nada había aparecido Cobra Burbujas, tan alto e imponente como siempre.
-Oh…-Lady Tremaine miró al agente asustada y fue a ocultarse detrás de Hércules y Ariel.
-¡Un agente! ¡No va a detené!-exclamó Sebastián-¡huyamo!
-Agente Burbujas, veo que le siguen gustando las apariciones dramáticas-comentó Hércules con una sonrisa.
-Y a usted correr riesgos innecesarios, Hércules-dijo Cobra Burbujas haciendo crujir sus nudillos-dense por presos.
-No lo creo-Hércules no tenía necesidad ni siquiera de sacar su arma: con la fuerza especial del traje y su ya de por sí enorme fuerza podía enfrentarse al gigantón Cobra perfectamente. Cierto era que no debía subestimarlo, cualquier agente del D23 era una máquina de matar, y él más que ninguno.
-Nos vamos a ir-dijo Hércules alzando sus manos-y usted no va a impedírnoslo.
-Yo solo no…-reconoció Cobra Burbujas, y detrás de él aparecieron cinco agentes más del D23 armados con enormes fusiles-pero con ellos seguro que me es posible…
-Tampoco lo creo-dijo Hércules. Luego miró a Ariel de reojo-activad el desactivador…-susurró.
La pelirroja y Lady Tremaine no dudaron en hacerlo, desintegrándose al instante. Sebastián que había tardado unos segundos en pillarlo lo hizo también desapareciendo de la vista de Cobra Burbujas. Hércules fue el último: haciendo un divertido saludo con los dedos se desapareció justo cuando cuatro dardos tranquilizantes disparados por los agentes le iban a impactar.
-Buscadlos-ordenó Cobra Burbujas, impasible ante aquella inesperada fuga. Luego se dirigió hacia su autovolante que lo esperaba en la azotea del edificio y montó en él-llévame con el camión de prisioneros.
En el camión de prisioneros habían obligado a los seis reclusos (Jim, Aladdín, Lilo, Meg, Bella y Pumbaa) a quitarse toda la ropa que llevaban y sentarse en unos estrechos banquillos que había en la vagoneta. Todos estaban un poco cortados de tener que estar los unos en frente de los otros en pelotas, pero la vulnerabilidad de haber perdido el traje y las armas, y el miedo a que la misión no pudiese completarse era todavía peor.
-No os preocupéis, Hércules sigue libre, y también Ariel-dijo Aladdín, tratando de ser optimista.
-Y… el Sombrerero-recordó Jim, que estaba cruzado de brazos mientras notaba a Lilo encogida a su lado. La verdad es que no tenía de qué avergonzarse, al igual que Aladdín era un chico musculoso y muy atractivo, pero no le gustaba que la niña tuviese que verlo así. Lilo por su parte se recogía la rechoncha tripita con las manos con la mirada puesta en el suelo, aunque de vez en cuando lanzaba miradas de curiosidad, sobre todo a Aladdín y a Jim. Le parecían muy guapos y verlos así la hacía sentirse rara, aunque no fuese a decirlo en voz alta.
La más avergonzada sin duda era Bella que estaba encogida y sollozaba al lado de Jim, y el que menos Aladdín, que acostumbrado ya a estas cosas hacía ruiditos con la boca mientras jugueteaba con sus manos y esperaba a ver qué podía hacer.
-No os preocupéis, saldremos de esta…-dijo Meg. Ya no parecía tan sarcástica y distante, ahora se la veía bastante preocupada-os prometo que lo conseguiremos.
-Eso ya se lo prometiste a Timón…-dijo Pumbaa, acostado en una esquina del camión, con los ojos enrojecidos-y ahora… snif… ¡está muerto!
-No pude hacer más, ya os advertimos de los riesgos…-se defendió Meg. Aladdín vio que estaba dolida. No quería, pero no podía dejar de mirarla. Desnuda Meg era… mnnnnnnn…
-Todos podemos morir… así que no digáis que está bajo control, porque está claro que no lo está-dijo Jim con voz lúgubre mientras le acariciaba el pelo a Bella. Estaba harto de todo aquello. A veces se preguntaba si de verdad merecía la pena seguir luchando.
Meg levantó la cabeza con orgullo y se echó hacia atrás su pelo ensuciado por los vómitos de Oogie. Luego los miró seriamente.
-No puedo prometer que sobreviváis… nunca lo he prometido. Pero mientras estéis conmigo… daré hasta mi último esfuerzo para que os salvéis… eso sí os lo prometo.
-Todos lo haremos…-replicó Jim, taciturno-gracias de todas formas…
Meg miró a Aladdín preocupada, y él se encogió de hombros dando a entender que pensaba lo mismo. La mujer enterró la cabeza en las manos y se quedó pensativa, y el resto no tardó en imitarla. No había mucho que contar… el miedo se les atragantaba en la garganta.
-¿Quiénes son ustedes?-le preguntó Mary Poppins a Cobra Burbujas cuando dos de los moteros la llevaron hasta su presencia en su coche.
-Cobra Burbujas, del D23. Usted debe de ser la agente Poppins-dijo Cobra mirando a Mary a través de los negros cristales de sus gafas.
-Mary Poppins, exacto. ¿Podría ver su documentación?-preguntó ella, claramente molesta-me gustaría saber por qué nos retienen aquí.
Cobra Burbujas sonrió, y a Mary le pareció una de las sonrisas más desagradables que había visto en su vida.
-Verá agente Poppins, queremos saber qué relación tienen estos asesinatos con ustedes…-dijo estirando sus gruesas manos llenas de anillos hacia unos botones que había en el mango de su asiento.
-¿Los asesinatos de Oogie Boogie? Los estoy investigando, debo detenerle-dijo Mary con frialdad-no está usted tan bien informado como yo pensaba…
-No me ha entendido usted bien, agente Poppins-Cobra Burbujas encendió un holograma en el que aparecían entre otros las imágenes del Príncipe Juan, el capitán Garfio e Yzma-buscamos la relación entre los asesinatos de estas personas y esos jóvenes terroristas a los que acabamos de detener.
-¿Terroristas?-repitió Mary con sorpresa-no creo que lo sean… no tenían pinta de serlo.
-Ya-Cobra Burbujas se quitó las gafas rebelando sus ojos, sorprendentemente pequeños para un hombre en el que todo era desproporcionado-y entonces… ¿la Estrella Azul en esto qué tiene que ver?
Mary Poppins se quedó unos segundos callada mientras encajaba esas palabras como un golpe. Había subestimado a aquel hombre. No debía de ser un agente del D23 cualquiera. Por su aspecto y la información que tenía, era el padre de todos los agentes.
-Disculpe, no he entendido su pregunta-dijo Mary en una convincente imitación de desconcierto.
-No me haga perder el tiempo, es algo que los dos odiamos. Nuestro trabajo es saberlo todo y yo sé por ejemplo que usted es Mary Poppins, uno de los siete miembros del Consejo de la Estrella Azul, maga de máximo nivel y potencialmente peligrosa. Esto la relaciona con nuestro caso totalmente. Explíqueme por qué.
Mary miró a Cobra Burbujas unos segundos, indecisa.
-Yo no tengo nada que ver con esos asesinatos de los que usted me habla, y mi organización tampoco. Pero será un placer informarles de que la suya se está inmiscuyendo en nuestros asuntos…
-Por favor agente Poppins, le ruego que coopere o me va a obligar a utilizar métodos menos agradables para persuadirla-dijo el señor Burbujas torciendo el gesto-el mago Merlín, miembro de su organización, ha sido visto con estos atacantes en varias ocasiones, justo en la escena del crimen. Las muertes de estos caudillos mafiosos (Yzma, Garfio, etc.) está perturbando la delicada jerarquía de poder en Suburbia… y eso puede traernos muchos problemas, tanto a mi organización como a la suya.
Mary Poppins no había escuchado casi nada de lo que Cobra había dicho desde la mención de Merlín. Simplemente se había quedado atónita. ¿Qué él… ¿ ¿Qué…? Sabía que ocultaba algo. Sabía que la había mentido en algo más, que la estaba ocultando un terrible secreto… ¿pero cómo era posible? No le cabía en la cabeza. Simplemente no lo entendía.
-¿Merlín formaba parte de su grupo? ¿Pero… pero qué es lo que ellos quieren?-preguntó Mary con la voz muy aguda-¿Quiénes son?
-Eso es lo que queremos averiguar, aunque por lo visto usted tampoco lo sabe-dijo Cobra Burbujas viendo la sinceridad en el desconcierto de Mary, y entendiendo que no era ella quien iba a darle la clave del misterio-todo lo que sé es que unos cuántos habitantes de esta ciudad, al parecer al azar, han sido seleccionados para participar en un proyecto secreto llamado Gantz, y que fingen sus propias muertes en algún momento, por motivos que desconozco. El proyecto les proporciona armas poderosísimas (que ya obran en nuestro poder) y les da como objetivo a una reconocida personalidad de la ciudad, generalmente mafiosos y asesinos, como es este caso. Su objetivo en esta misión es el mismo que el de usted, el célebre homicida antes conocido como Damien Brahms.
Cobra Burbujas le enseñó a Mary el radar de Gantz y los diferentes puntos que los representaban a ellos, a los prisioneros y uno muy grande y rojo… que era Oogie Boogie.
-Dios mío… con esto puedo seguirlo allí donde vaya…-susurró Mary extendiendo la mano. Cobra Burbujas sin embargo alejó el radar de ella. Mary Poppins torció el gesto.
-Usted imaginará que yo no soy lo que parezco, ¿no es cierto?-dijo la maga, apretando fuertemente el mango de su paraguas.
-Y usted seguro que ya sabe que yo tampoco-respondió Cobra Burbujas de nuevo con una sonrisa. Pegaba menos en su cara que un niño con un revólver.
-¿Qué quiere de mí?-preguntó Mary con un hilo de voz.
-Ahora ya nada-respondió Cobra Burbujas con calma-pero le advierto que vamos a vigilar su organización muy de cerca, y que si es necesario intervendremos para clausurarla.
-Clausurar la Estrella Azul…-repitió Mary, y esta vez fue ella la que sonrió-claro, claro…
-No nos subestime. La magia está prohibida en Suburbia-le recordó Cobra Burbujas de nuevo muy serio-si ustedes existen es porque nosotros lo permitimos. Y de nosotros no va a haber ningún hechizo que les pueda proteger.
-Creo que ahora soy yo la que quiere un par de respuestas-dijo Mary Poppins y de repente las luces del coche titilearon un poco. Estaba enfadada.
-Puede que las quiera, e incluso que las reciba, pero ahora no voy a dárselas-replicó Cobra-Oogie Boogie se ha puesto en marcha y va a volver a matar. Detenidos estos individuos, usted es la única que puede detenerlo. Tenía una misión, señorita Poppins… le toca cumplirla.
Mary fulminó a Cobra Burbujas con la mirada mientras su corazón latía con más fuerza. Efectivamente debía cumplir con su cometido, tenía que salvar la ciudad de Oogie destruyéndolo de una vez por todas. Pero todas aquellas revelaciones y el peligro en el que se encontraba su amada Estrella la hacían desviarse del camino que debía seguir. Por suerte Mary sabía mantener la cabeza muy fría en todas las ocasiones.
-Volveremos a hablar-le dijo a Cobra Burbujas abriendo la puerta de su coche, aunque sobrevolaban los rascacielos-muy pronto.
Cobra Burbujas observó asombrado como la damisela saltaba al vacío y luego sobrevolaba los cielos y la nieve aferrada a su paraguas, con una elegancia indiscutible. Era increíble, la magia.
-Muy pronto-repitió el agente antes de cerrar la puerta del coche de nuevo.
Llevaban casi una hora encerrados, y el silencio era ya insoportable, cuando Aladdín se puso a canturrear para matar el rato. Lilo se animó y cantó también, pero el resto siguieron en silencio, aunque un poco más aliviados.
-Venga Jim, canta conmigo-le dijo Aladdín guiñándole un ojo-no todos los días te desnudan unos agentes y te secuestran cuando estás a punto de morir… take a walk on the wild side…
Candy came from out on the island,
In the backroom she was everybody's darling,
But she never lost her head
Even when she was giving head
She sayes, hey baby, take a walk on the wild side
Said, hey babe, take a walk on the wild side
And the colored girls go,…
-Siempre me ha gustado esa canción-dijo Cobra Burbujas mientras habrían las compuertas del camión y varios soldados cogían a los prisioneros por el cuello-sáquenlos.
-¡JODER! ¡Me cago en vosotros!-decía Jim mientras forcejeaba por soltarse. Meg miró a Cobra Burbujas unos segundos con sus fuertes ojos violeta, pero él la ignoró.
Los llevaron hasta una estancia circular totalmente cerrada. Iba a ser difícil escapar de allí, más aún sin los trajes. Unos agentes les trajeron unas túnicas grises que se pusieron por encima. A Lilo le quedaba grande, e iba arrastrando cola como si fuese una novia.
-Bien, veamos… lo primero será tomarles las muestras-dijo Cobra Burbujas con aburrimiento. Un pequeño robot de ojitos brillantes apareció y recogió muestras de sangre de todos los presentes, pinchándolos en el dedo índice. Lilo chilló porque le daban miedo las agujas, y luego se chupó el dedo, llorosa.
-Tenéis que dejarnos ir… estamos en peligro-dijo Jim.
-… de morir-completó Cobra Burbujas-sí, lo sé, tú mismo me lo dijiste, pero no debes preocuparte. He mandado a un escuadrón de mis hombres a buscar a Oogie Boogie y ellos acabarán con él. Después de eso ya no tendréis que preocuparos ¿no? Así que hablemos de otras cosas…
-Usted no lo entiende…-Meg negó con la cabeza-él no puede morir… no le afectan los disparos…
-Sé qué no puede, y sé cómo acabar con él-replicó Cobra Burbujas con dureza-no era mi deber ocuparme de un vulgar asesino, pero sabiendo que eso los pone a ustedes en peligro he ordenado su aniquilación. Así que no se preocupen.
Pulsó un botón que mostró el holograma de un arma. Parecía una pistola, aunque más grande y con un pequeño recipiente de cristal a un lado.
-Una unidad de contención de espectros-explicó Cobra Burbujas. Aladdín soltó una risita, y el agente le miró enfadado.
-Perdón, perdón-se disculpó el árabe-es que esto parece una película…
-Si lo fuera, los diálogos serían mejores-respondió Cobra Burbujas con desprecio-en cualquier caso ahora decidiremos qué hacer con cada uno de ustedes. Tú…-señaló a Jim-te irás con ellos-señaló a Bella y a Aladdín-a nuestra sala de interrogatorios. Luego usted…-señaló a Meg, que ya se lo esperaba-se vendrá conmigo a mi despacho, y esos dos-apuntó hacia Pumbaa y Lilo-serán devueltos a sus hogares, porque este asunto es muy peligroso, y está claro que no es para ellos. No sé quién es Gantz, y por lo que veo ustedes tampoco, pero parece que carece de escrúpulos.
-Tú también-le dijo Jim valientemente. Cobra Burbujas ignoró el comentario.
-Llévenselos-dijo con firmeza. Ellos intentaron resistirse, pero no había nada que hacer-y dejen las armas en el arsenal. ¿Se sabe algo de los otros?
-Bueno, las indicaciones que nos dio su radar son correctas-respondió otro de los agentes, tan inexpresivo como Cobra-se desplazan hacia el este… pronto los atraparemos…
-Estupendo-Cobra Burbujas se frotó las manos con satisfacción. Aquella misión iba a garantizarle el ascenso que tanto esperaba… y desde luego lo merecía, después de meses de investigaciones y suposiciones tan complicadas.
-Joder tíos… no veo cómo vamos a salir de esta-dijo Aladdín. Uno de los guardias le empujó con fuerza para que caminase más rápido-¡Eh, te relajas! Capullo…
-Sabías hacer magia… como Merlín… ¿por qué no me lo dijiste?-le preguntó Jim a Bella. Ella agachó la mirada con vergüenza.
-Pensé que no me creerías… o que te alejarías de mí… la gente a la que se lo he mostrado… mis amigos… me dejaron de lado.
-Yo nunca haría eso-replicó Jim con enfado-tú sabías lo de la Estrella Azul… por eso te sorprendiste al oírla mencionar… ¿qué sabes?
-¡No sé nada!-replicó Bella con angustia-¡de verdad!-insistió al ver el escepticismo en la cara de los dos chicos-la magia que he aprendido la saqué de un libro de mi casa… lo encontré por casualidad, era de mi madre… es un libro de hechizos, con la marca de la Estrella… sé que es una academia de magia, pero no sé más… oh Jim, créeme, por favor… lo siento… lo siento…
Comenzó a sollozar de nuevo, y Jim la cogió en sus brazos y la abrazó, compasivo. No quería verla llorar.
-Sssssh, tranquila… venga, vamos… no llores…-la besó en la frente con afecto. Aladdín miró hacia otro lado para no darles corte. Él pensaba en Yasmín. Cada vez se temía más que no iba a volver a verla. ¿Y a quién consolaba él, a quién se abrazaba? Estaba solo… pero es que él estaba condenado a estarlo siempre, ya había perdido a sus padres y a Alya, y ahora al amor de su vida. ¿Qué más daba?
-Tenemos que escapar de aquí…-dijo Aladdín cuando los metieron en una pequeña celda de aquella extraña base secreta del D23-afortunadamente soy un experto en fugas.
-Sorpréndenos, experto-bromeó Jim-porque me estoy quedando sin ideas.
-Bueno…-Aladdín se rascó la sombra de la barba pensativo-que yo recuerde, me dijiste que podías llamar a tu tabla por control remoto… ¿no?
-Sí…-admitió Jim-pero necesito un codificador o un interfono. Y no lo tenemos.
-Los guardias si tienen-dijo Aladdín con una sonrisa maliciosa, y sacó un móvil de su túnica gris.
-¿Dónde te lo habías guardado?-preguntó Jim con asco.
-Venga, menos preguntas y más acción-dijo Aladdín pasándole el interfono a su amigo y acomodándose en la pequeña camilla de la celda-creo que aún podemos tocarle un poco las burbujas al pesao ese.
-Dí que sí…-Jim sonrió mientras tecleaba a toda velocidad en el móvil robado. Necesitaba un poco de tiempo, pero no demasiado para un genio informático como él.
-Espérame aquí un momento-le dijo cobra Burbujas a Meg mientras la encadenaban a un asiento enfrente suyo.
-Vaya, yo quería ir al baño-replicó ella con sarcasmo. El agente la ignoró.
Cobra Burbujas fue a otra sala y marcó un número en su interfono secreto, independiente al del resto de los del D23. Como esperaba, la respuesta no tardó en llegar.
-¿Y bien?-dijo una voz grave y cavernosa. La rata estaba impaciente.
-Les tenemos, como le dije-contestó Cobra Burbujas con calma-la mayoría no saben gran cosa, pero hay una mujer que sí…
-Bien. Averigua lo que sea y mátalos a todos-respondió Rátigan desde el otro lado de la línea-y sobre todo Cobra… tráeme sus armas. Eso es lo más importante…
-De acuerdo. Pero no olvides el trato-dijo Cobra Burbujas antes de colgar. Guardó el móvil en un cajón secreto de aquel pequeño despacho extra y luego se miró en el espejito de su escritorio, preocupado. Había llegado el momento.
T
T
Avanzaba por los pasillos de Witzed a toda velocidad, los veía todos como si estuviese allí realmente, aunque solo era una conciencia. Un viejo truco de magia que el propio Merlín la había enseñado, pero que requería tiempo, dedicación y mucha energía. Mary descendió por el hueco del ascensor y entró en el bloque cero, hasta llegar a las celdas de los prisioneros.
Jack Skeleton volvía a estar sentado en flor de loto, meditando, cuando la notó en su propio cráneo.
-Me sorprende lo que está dispuesta a hacer la gente para verme-comentó el esqueleto con una sonrisa. En la celda de enfrente, la joven prisionera de piel cerúlea y cabellos estropajosos levantó la cabeza y lo miró con sorpresa. El esqueleto estaba hablando solo.
-Jack…-susurró ella, mirándolo con sus enormes y sobresalidos ojos.
-Solo quiero hablar un momento-dijo la voz de Mary en la cabeza del recluso, que rió con sorna.
-Ya te lo dije Mary Poppins… tienes muy poco que ofrecerme…
-Salvo tu derrota… ¿qué crees que hará una vez tenga el poder suficiente?-dijo Mary. Le alegró ver que Skeleton reaccionaba ante eso-vamos Jonathan… ayúdame a destruirlo. Lo quieres tanto como yo…
-En realidad tengo curiosidad por lo que puede llegar a hacer-dijo Jack, tamborileando sus dedos blancos en el suelo y haciendo un ruido hueco-pero bien es cierto que no tendría ningún mérito que lo hiciera sin correr riesgos. Y la policía para él no es un peligro. Tú en cambio sí.
Mary asintió lentamente. Necesitaba mantener una absoluta concentración para seguir conectada a la mente de Jack o se saldría de ella y perdería la información. Si pudiese apoderarse de aquel radar…
-Pero… ¿qué quieres que te diga Mary Poppins?-musitó Jack encogiéndose de hombros-Lo que sé ya te lo dije: que quiere arreglar lo que en el pasado hizo mal y "corregir" los errores en su macabro juego. Para eso ha fabricado un dado… y cada vez que lo tira, elige una de esas cosas al hazar.
-¿Y qué cosas son? Un dado tiene seis caras…-dijo Mary.
-Mmmmn veamos… piensa Mary, piensa… te daré una prenda: su fuga era una de ellas, así que eso lo deja en cinco-dijo el esqueleto con una torva sonrisa.
-Vengarse de mí-razonó Mary-vengarse de ti… realizar la matanza que no pudo hacer en la feria…
-Bien, muy bien… ya tienes cuatro-la apremió Jack, como si fuese su profesor-más, venga Mary Poppins, tú puedes…
-Alcanzar su máximo poder, eso ya lo ha intentado-dijo Mary-y…
-¿Y…?
-Y… no lo sé… no sé qué más puede querer… matarte a ti y a mí le va a ser difícil por nuestras circunstancias pero… no lo sé…-Mary se llevó una mano a los labios mientras lo pensaba. Estaba muy perdida-dímelo, por favor.
-Venga Mary, no puede ser tan difícil-Jack arqueó una ceja-¿no habrá nadie más del que quiera vengarse…?
Mary iba a replicar cuando de repente lo vio claro. Y al darse cuenta palideció… ¿Cómo no había caído en la cuenta antes?
-Ya lo sabes…-dijo Jack con una maléfica sonrisa en su calavera. La chica de enfrente pegaba la oreja al cristal, intentando enterarse de algo.
-Darling… oh Dios mío…-Mary cortó la conexión y se reencontró de nuevo en el coche de policía, donde había pedido a Bert que la dejase sola unos momentos con su infusión.
El inspector de policía que le había ayudado a capturarlo la vez anterior. Qué estúpida había sido. Pues claro que Oogie lo buscaría. No sabía si era el siguiente objetivo, pero debía apresurarse a llegar allí cuánto antes.
-Sí, estoy de servicio con una fabulosa señorita-le explicaba Bert a la empleada del puesto de cafés al que le estaba comprando mientras Mary estaba en el coche-somos inseparables…
En ese momento Mary arrancó el autovolante y se fue a toda pastilla a buscar la casa de los Darling. No recordaba dónde era. Tendría que consultarlo en un plano…
-Inseparables…-repitió la vieja empleada con sarcasmo. Bert echó a correr detrás del coche, pero al llegar al límite de la plataforma en la que se habían parado no pudo seguirlo.
-Mary Poppins…-preguntó Bert en un susurro-¿qué ocurre ahora?
Lock, Shock y Barrel estaban apiñados a un lado del oscuro cuartucho, mientras los insectos volvían a apiñarse reconstruyendo el cuerpo de la criatura.
-Oooooooh…-dijeron los niñitos a la vez, entusiasmados. Habían conseguido salir del trance hipnótico y escapar de milagro antes de que los detuvieran a ellos también.
El dado saltó por los aires y aterrizó en el suelo, chapoteando las negras aguas de las cloacas. Los tres niños se acercaron para mirarlo. ¿Qué era lo que ponía…?
-"Darling"-leyeron los tres al unísono. Oogie Boogie asintió lentamente.
Iba a disfrutar en especial con aquella carnicería. Solo esperaba que sus enemigos pudiesen estar allí, o si no no tendría ninguna gracia…
¿Os gustó? Yo lo he pasado muy bien escribiéndolo, creo que ha sido un capítulo bastante chulo. Me ha gustado especialmente la historia de Oogie Boogie con Jack Skeleton (¿os esperabais su aparición?) y la batalla en el parque de atracciones. Pobre Timón eso sí, es un personaje que me gusta mucho pero al igual que Kuzco ha tenido un papel corto en la historia. En fin, intento meterlos a todos aunque unos personajes encajan mejor que otros, y además así nunca se sabe quién va a sobrevivir y quién no.
En el siguiente capítulo la caza continua ¿caerá alguien más? ¿habrá algún modo de derrotar a Oogie? ¿Y qué oculta Cobra Burbujas? Dejadme un review si os gustó por fa y mucho ánimo de mi parte hasta que nos leamos la próxima vez ;)
