Capitulo veintinueve
Bella POV
Cuando me bajé de aquel pequeño avión me temblaban las piernas… casi no me había dado tiempo a reaccionar cuando Kate irrumpió en mi habitación y me arrastró de allí diciéndome que Edward no podría venir como tenía planeado, que tendría que ir yo a Chicago. Emmett y Rosalie se ofrecieron a acompañarme y no pude negarme, un vuelo tan largo yo sola sería frustrante, aunque de nada me sirvió, se pasaron la mayor parte del tiempo succionándose mutuamente como si su vida dependiese de ello. Casi prefería que no se hubiesen arreglado las cosas entre ellos, al menos tendría a mis dos amigos, no a dos ventosas con patas que no hacían más que besarse… aunque no hacía falta más que ver la felicidad en sus ojos para saber que estar juntos era lo suyo, se complementaban tanto como Edward y yo, uno sin el otro no eran nada.
El viento de chicago azotó mi cabello y me hizo encogerme bajo el abrigo. Después de más de un mes Los Ángeles cambiar de clima no sentaba bien… pero en fin.
El aeropuerto estaba lleno de periodistas que no hacían más que flashear a Emmett y a Rose, ambos bajaron abrazados de jet y continuaron así a lo largo del todo el aeropuerto. Su excusa fue que así que la prensa no se daría cuenta de que yo los acompañaba y no sabrían quien era… puf, no hacía falta más que ver la cara de orgullo de Emmett sosteniendo la mano de su novia y llenándose la boca con halagos hacia ella, para que su pobre excusa de protegerme quedase olvidada y solo se viese la adoración que sentía por Rosalie.
Subimos a una limusina hummer y Emmett fue explicándonos el recorrido que hacía durante todo el trayecto como si fuese un guía turístico, yo puse mis oídos en stand by después de la segunda broma. No es que no quisiese escuchar a Emmett… pero tenía demasiadas cosas en las que pensar. Solo deseaba llegar de una vez a ese maldito hotel y ver a Edward para poder abrazarlo… cinco días sin apenas saber de él y sin escuchar su voz ya eran demasiados.
– Jasper –oí la voz de Emmett de repente.
Lo miré y lo vi hablando por teléfono.
– Mantenlo ocupado… –decía con su voz atronadora– ya sé que Alice es más pequeña que él y no se las puede, pero tú eres del FBI ¿cierto? Algo podrás hacer, una llave para inmovilizarlo o utiliza la pistola eléctrica… ¿cómo que no es legal en este estado?... ser del FBI para eso… ok, ya me centro… entiendo que esté nervioso pero ya estamos cerca… ok… nos vemos.
Cuando colgó me miró con una disculpa y me señaló con la mano el edificio del hotel donde nos habíamos parado. No esperé a que el botones se acercase y abrí la puerta yo misma de un tirón, pero en cuanto puse un pie en el suelo dispuesta a salir corriendo me di cuenta de que no sabía a dónde debía dirigirme... así que algo avergonzada me giré y miré a Emmett suplicante… él solo comenzó a reír entre dientes mientras negaba con la cabeza.
– Séptimo piso… habitación 707 (Nana… no he podido evitarlo ¡yai!)
No esperé más y entré en el edificio casi a la carrera, llegué al ascensor casi en un suspiro y pulsé varias veces casi frenéticamente el botón del número siete… cuando las puertas se abrieron me vi en un pasillo completamente desierto con diez puertas… frente a mí tenía la 705. Caminé hacia la derecha, bueno, realmente corrí hacia la derecha y me paré frente a la puerta 704. Maldije entre dientes por haberme equivocado y volviendo sobre mis pasos corrí hacia el sentido contrario a lo largo del pasillo. Me frené en seco frente a la 707 y me apoyé en la pared recuperando un poco el aliento… después de todo estar encerrada en casa de Kate no le había hecho ningún favor a mi forma física.
Levanté el puño dispuesta a llamar cuando unas voces demasiado conocidas llamaron mi atención desde el interior de la habitación.
– ¿Te puedes tranquilizar un poco? –gritaba Alice.
– ¿Cómo quieres que me tranquilice? Prometí que iría a buscarla y ahora no puedo – oí gruñir a Edward.
– Lo entenderá –contestó Alice con voz tranquila.
– Edward –lo llamó la voz tranquila de Jasper– no eres sospechoso de nada, pero debes quedarte unos días en la cuidad para poder declarar, créeme que si pudieses irte sería el primero en dejarte hacerlo.
– Bella me está esperando y yo estoy atrapado aquí…
Sonreí ante la desesperación que mostraba Edward por verme… no pude evitarlo. Suspiré y llamé a la puerta golpeando mis nudillos suavemente contra la madera.
– ¡Al fin! –gritó Alice.
– ¿Quién es? –preguntó Edward.
– Servicio de habitaciones –contestó mi amiga con ironía.
Abrió la puerta ella misma y me hundió en un abrazo, se lo devolví casi sin darme cuenta… llevaba demasiado tiempo sin verla… sin poder evitarlo esas lágrimas que llevaban varios días acompañándome volvieron a desbordar de mis ojos.
Edward POV
Estaba histérico, sí histérico era la palabra adecuada… ¿Cómo esperaban que estuviese tranquilo mientras Bella estaba a cientos de kilómetros esperando que la fuese a buscar? Se lo había prometido, y ahora no podía cumplir mi promesa otra vez por culpa de Tanya… bufé y unos golpes en la puerta me sobresaltaron.
– ¡Al fin! –gritó Alice.
– ¿Quién es? –pregunté.
– Servicio de habitaciones –contestó mientras rodaba los ojos.
Salió del dormitorio principal donde estábamos cerrando la puerta tras ella. Jasper solo sonrió mientras negaba con la cabeza y murmuraba algo como "déjame solo con la bestia" pero fingí no prestarle mucha atención. Después mi hermana volvió a la habitación y con un "adiós" apenas audible salió de la allí arrastrando a Jasper con ella. No pude evitar fijarme en que sus ojos estaban rojos y parecía rehuirme la mirada, además que intentaba ocultar una sonrisa.
– Tienes el almuerzo en la sala… espero que sea de tu agrado –dijo guiñándome un ojo.
Negué con la cabeza y salí a la sala, lo que vi allí me dejó petrificado. Solo podía abrir y cerrar la boca sin que ningún sonido saliese de ella… ¿era posible que ella estuviese allí? ¿Conmigo? Corrí los pasos que nos separaban y la estreché entre mis brazos para asegurarme de que era real… la había necesitado tanto estas últimas noches.
Cuando tuve que salir precipitadamente de casa de Kate porque Tanya me había encontrado no pude evitar dejar una parte de mí con ella, la necesitaba para ser feliz… ¡por dios! ¡Iba a ser mi mujer, por supuesto que la necesitaba a mí lado! La abracé con fuerza y besé su pelo mientras sentía la humedad de sus lágrimas en mi camisa... no me importaba, nada me importaba mientras pudiese abrazarla como lo estaba haciendo ahora.
Y nos besamos… nos besamos como si fuese la última vez que podríamos hacerlo, pero totalmente seguros de que era la primera vez de muchas que nos quedaban, ella como mi mujer y yo como su esposo. La estreché con fuerza una vez más, sintiendo como su cuerpo encajaba en el mío, deslizando mis manos por su espalda mientras ellas se aferraba a mi cuello. Mil escalofríos me recorrieron cuando nuestras lenguas se encontraron, había echado tanto de menos esa sensación.
No hicieron falta palabras… la desnudé lentamente mientras ella hacía lo mismo conmigo, necesitaba sentir su piel, abrazarla con fuerza fundiendo su cuerpo con el mío. Con ella completamente desnuda de un salto enredó sus piernas en mi cintura, la llevé hasta la cama casi a tientas, porque no quería separarme de sus labios. La tumbé con cuidado, sin dejar de mirar sus ojos, y la penetré lentamente, ambos gemimos y suspiramos ante el contacto. No hacían falta juegos previos, ni si quiera el decirnos cuanto nos amábamos porque eso era más que evidente. Solo nos necesitábamos el uno al otro para ser felices.
Comencé a moverme lentamente en su interior, sintiendo como su cuerpo me recibía como lo había hecho otras veces… Bella gemía, suspiraba y decía mi nombre entre jadeos, eso era lo que necesitaba oír. Se estremecía bajo mi cuerpo, la sentía tensarse y relajarse en cada envestida, la veía cerrar los ojos y suspirar de placer. Nos miramos a los ojos y una sonrisa se dibujó en nuestros rostros.
– Te amo –susurramos ambos a la vez.
En solo unos segundos más sentí como se tensaba, como sus paredes se cernían en torno a mi miembro, gritó mi nombre y yo enterré la nariz en su cuello dejándome llevar con ella. Nos quedamos inmóviles, todavía estaba dentro de ella y era algo que no quería evitar, estaba demasiado bien así. Nos hice girar y Bella se acomodó en mi pecho abrazando mi cintura y yo rodeé su espalda con uno de mis brazos acercándola más a mí.
– Te he echado de menos –susurró.
– Igual que yo a ti –contesté en el mismo tono de voz.
De repente Bella se tensó y se sentó en la cama mirándome fijamente. Sin decir ni una sola palabra se puso en pie salió de habitación, completamente desnuda. Tuve que hacer de tripas corazón y buscar todo mi autocontrol para no salir tras ella y jalarla de nuevo hasta la cama. Entró un minuto o dos después, algo avergonzada, con mi camisa puesta y un paquete en sus manos. Se puso de rodillas a mi lado en la cama, y con una tímida sonrisa me tendió el paquete.
– No tenías que comprarme nada –dije avergonzado.
– No lo he comprado –susurró– bueno, técnicamente si lo he comprado, pero no es el regalo que hay dentro, lo importantes es el significado que tiene.
Me dejó confundido, la miré esperando que me explicase algo más antes de abrirlo pero solo se sonrojó y bajó la mirada. Abrí las cintas plateadas del regalo, y luego removí el papel de color azul para encontrarme con una caja alargada, parecía como de una joya o un reloj, pero no tenía sentido. Miré a Bella a los ojos esperando alguna señal de su parte pero solo me instó para que abriese la caja de una vez.
La abrí sin más demora y lo que encontré me dejó paralizado, la miré con los ojos muy abiertos, esperando algo… aunque no sabía exactamente el qué…
– ¿No dices nada? –preguntó nerviosa.
Moví la cabeza intentado despertar de mi aturdimiento mientras una sonrisa surcaba mis labios.
– ¿Esto es… lo que creo que es? –pregunté con un hilo de voz.
– Sí… –susurró.
– Pero… es que… no puedo… ¿cómo ha ocurrido? –pregunté confundido.
– ¿Tengo que explicarte de donde vienen los bebés? –preguntó enarcando una ceja.
– No… quiero decir que siempre nos hemos… ¡oh! –Me detuve cuando me di cuenta de lo evidente– vaya… ya sé cómo y cuando ha pasado…
Me quedé en silencio, mirando todavía el test de embarazo dentro de aquella caja… me costaba creer que eso estuviese pasando de verdad. Había pensado en tener una familia con Bella… ¿pero tan pronto? Eso era… ¡fantástico! Yo me sentía preparado para dar ese paso, ese gran paso, pero no sabía lo que pensaba ella al respecto.
– Todavía no me has dicho que piensas –dijo mirando sus manos sobre su regazo.
La miré, estaba sonrojada, y posiblemente aguantando las lágrimas…
– Pienso que te amo… –le dije tomando su mano y tirando de ella para poder abrazarla– y que voy a ser la persona más feliz del mundo al tener un hijo contigo.
– Yo también te amo… –susurró contra mi pecho.
Bella POV
Edward no entendía porque quería hacer esto… pero lo necesitaba, tenía que verle la cara, hablar con ella y dejarle claro que las cosas no habían salido como ella quería… gracias al cielo.
Las últimas noticias decían que James había sido condenado a cadena perpetua por el asesinato confeso de veinte personas. Tanya por otro lado, después de su caía había estado inconsciente durante dos semanas. Los médicos pronosticaban que se había roto la columna en tres zonas diferentes, estaría tetrapléjica si es que sobrevivía, ya que había sufrido muchos daños internos.
No me alegraba que estuviese al borde de la muerte, pero tampoco me avergonzaba reconocer que no sentía nada por ella, ni si quiera lástima, nos había hecho mucho daño a Edward y a mí, si no fuese por ella las cosas habían sido muy distintas. Pero ahora ya estaba hecho, no había modo de cambiar el pasado, así que lo que teníamos que hacer era seguir adelante dejando atrás todos esos fantasmas del pasado que continuaban atormentándonos.
Tanya era uno de esos fantasmas para mí, quería dejarla atrás, dejarle claro que ni ella misma había podido con mi relación con Edward. Recordarle que no tenía nada que hacer con eso, y que el mismo Karma se había encargado de devolverle todo el dolor que habría sembrado.
Cuando cruzamos las puertas del hospital Jasper me abordó con cara de evidente preocupación.
– Bella… no tienes que hacer esto, no es bueno en tu estado que te expongas a una emoción tan fuerte –me suplicó.
– Estaré bien Jazz, no te preocupes– lo tranquilicé.
Edward me tomó la mano y me miró advirtiéndome silenciosamente lo que se había cansado de repetirme durante el vuelo a Chicago, donde Tanya continuaba internada porque sus heridas eran demasiado graves para trasladarla. "Al primer síntoma de algo raro, te saco de allí arrastrándote si hace falta". Asentí débilmente con la cabeza para indicarle que había recibido su mensaje, me dio un suave apretón a la mano y continuamos caminando.
Dos policías custodiaban la entrada de la habitación de cuidados intensivos donde Tanya estaba, nos pidieron identificación para entrar y con un gesto de Jasper lo hicieron casi con los ojos cerrados. Cuando entré e esa habitación el olor a desinfectante me escoció la nariz, el pitido del holter era monótono y repetitivo, y un respirador surtía de oxigeno el magullado cuerpo de Tanya. Allí estaba tendida sobre la cama, con la cara amoratada y más pálida de lo normal. Rota y desmadejada como una muñeca olvidada…. pero aún así continuó sin dame pena ni lástima, ella sola se había labrado ese futuro.
– ¿Qué haces tú aquí? –preguntó con voz cansada mientras intentaba respirar con dificultad.
– Venía a ver como estabas –contesté con frialdad.
– Ya lo ves… medio muerta… ¿estarás feliz? –intentó sonar irónica pero fue bastante patética, ya que se ahogaba si intentaba pronunciar demasiadas palabras sin detenerse a tomar aire.
– Sí… estoy más feliz de lo que imaginas… pero que tú estés aquí y en este estado… es la menor de mis felicidades –contesté con suficiencia.
– ¿Y cuáles son tus otros motivos? –preguntó.
La miré y sonreí triunfante… podía ser muy cruel hacerle esto cuando estaba en ese estado, pero su crueldad no había titubeado al pedirle a James que me matara… ni que hiciese lo mismo con muchas otras personas. El daño que yo iba a hacerle era solo psicológico, una tortura que la perseguiría hasta el final de sus días… si es que eran días lo que le quedaba.
– Edward y yo vamos a casarnos en un par de semanas –sonreí ante la mueca de desagrado que mostró su rostro.
– Nada es eterno… existe el divorcio –dijo restándole importancia.
Me acerqué un poco a la cama y me incliné sobre ella.
– Vamos a tener un hijo… –susurré en su oído– mientras tú creías que estabas ganando, Edward se escapaba para verme y me dejó embarazada… algo que tú nunca podrás conseguir.
Me aparté sonriendo todavía y sus ojos expresaron más furia de la que creí que podría existir. Los pitidos del holter se aceleraron y una enfermera me sacó de un empujón de la habitación, una alarma comenzó a sonar en los pasillos y varios efectivos médicos entraron en la habitación a la velocidad de la luz.
– Ya no tenemos nada que hacer aquí… –dijo Edward mientras tiraba de mí para que avanzase con él hacia la salida.
Ahora estábamos en el hotel. Yo estaba tumbada en la cama y Edward tenía la cabeza apoyada en mi pecho mientras con un dedo hacía círculos sobre mi vientre todavía plano.
– Tenemos que pensar un nombre –murmuró.
– Todavía no sabemos si es niño o niña…
– Pero podemos ir pensando… –protestó. – Todavía tenemos más de seis meses para eso…
– Lo que tú digas –masculló.
El sonido del teléfono rompió el silencio que se había formado después de nuestra pequeña "discusión", y Edward estiró una mano para contestar. Puso el altavoz cuando supo que era Jasper para que yo también pudiese escuchar.
– ¿Jasper? –pregunté.
– Bella… ¿puedo hablar con Edward? –preguntó él.
– Te estoy escuchando, estás por el altavoz –dijo Edward.
– Ok… de acuerdo –murmuró– Tanya ha muerto hace una hora… poco después de que salieseis del hospital.
Edward se quedó muy quieto y me miró con la boca abierta.
– ¿Qué ha pasado? –pregunté con voz ahogada.
– Por lo visto su corazón no resistió, escuché que un médico dijo que literalmente se le había roto, que eso tuvo que ser muy doloroso.
– Gracias por avisar Jasper –oí que pronunciaba Edward antes de cortar la llamada.
Pero después de todo… todavía no sentía pena por ella, como decía mi abuela, el que siembra vientos, recoge tempestades. Tanya solo recibió lo que se merecía.
FIN
