Epílogo.

Bella POV

El sol daba de lleno en mi ojos y tuve que parpadear varias veces antes de que mis corneas se acostumbrasen a la fuerte luz. Me desperecé un poco incomoda en la cama y unos susurros llamaron mi atención desde el otro lado la habitación.

– Vas a despertar a mamá… no llores pequeño –la voz de Edward tenía un matiz muy dulce que nunca había escuchado, algo que hizo que mi pecho se encogiera y algunas lágrimas comenzaran a picar en mis ojos.

Me moví un poco para ver mejor lo que estaba sucediendo, ví a mi marido con nuestro bebé en brazos, lo mecía y le tarareaba mientras él intentaba sollozar aunque solo soltaba pequeños gruñiditos muy graciosos.

– Te queda el papel de papá –susurré.

Edward levantó la mirada y clavó sus verdes ojos en los míos, vi como sus labios se tensaban en una sonrisa y los míos la respondieron inconscientemente.

– Buenos días mamá… intenté tranquilizarlo pero… –nuestro pequeño gruñó más fuerte y Edward dio brinco sobresaltado– creo que no lo hago bien– su ceño se frunció mientras acortaba la distancia que nos separaba y lo depositó en mi brazos.

En cuanto el pequeño peso de su cuerpo se notó en mis brazos aquel calor inexplicable que sentí en mi pecho en el momento en el que nació volvió a hacerse notar. Mi pequeño abrió sus verdes ojos y los clavó en los míos igual que su padre. Eran tan fácil perderse en ellos, tenía apenas unas horas de vida y ya parecía estar contándote mil cosas solo con la mirada.

– Todavía tenemos que pensar en cómo se llamará –susurró Edward sentándose a mi lado y acariciando la mejilla de nuestro bebé.

– Lo sé… pero no me decido, todos los que hemos pensado me parecen tan poco a acordes a él… –dije con una mueca.

– Tienes razón… pero no podemos dejarlo así sin más… necesitamos decidir cómo se llama para poder regañarlo cuando sea grande –bromeó.

Ambos reímos juntos hasta que una enfermera abrió la puerta disculpándose.

– Necesito llevarme a este hombrecito para hacerle un par de pruebas –nos dijo con una sonrisa.

En cuanto la chica despareció por la puerta los brazos de Edward me envolvieron y comenzó a besarme, un beso tierno… dulce… suave…

– Creo que ya te lo he dicho pero… gracias –susurró en mis labios– me has hecho el hombre más feliz del mundo.

– Yo también debería agradecerte… también soy muy feliz –susurré de vuelta.

Solo recordaba en momento en el que me sentí tan feliz, él día de nuestra boda…

Habíamos decido entre los dos hacer algo sencillo. El jardín de los Cullen volvió a cubrirse con una carpa como la de mi cumpleaños, pero en esta ocasión las cortinas eran blancas por completo. El techo estaba repleto de mariposas de tono rosado muy tenue y las cortinas ondeaban levemente con la ligera brisa.

Había muy pocas personas, la familia, los amigos… incluso Edward finalmente invitó a algunos de los agentes del FBI que estaban en el caso de Tanya. Había un pasillo con una alfombra blanco custodiado por sillas perfectamente colocadas a ambos lados, muriendo en una pérgola decorada con flores rosadas del mismo tono que las mariposas del techo.

Rose, Alice y Esme me había enfundado en un vestido blanco, con dos finos tirantes y muy ceñido a mi pecho, a la altura de mis caderas caía en cascada hasta mis pies. Intenté negarme a llevar tacones pero una mirada amenazadora de Alice me invitó a desistir en mi insistencia.

Cuando ví que Rose y Emmett avanzaban por el pasillo tomados de la mano se me hizo un nudo en el estómago. Y cuando Jasper y Alice los siguieron mis piernas comenzaron a temblar. Lo pero fue cuando después continuaron Jake y Nessie… creí que el corazón se me saldría del pecho… pero Charlie agarró mi mano con fuerza infundiéndome valor y respiré hondo.

Cuando fui yo la que comenzó a avanzar por el pasillo mi único temor era tropezar y caer de bruces… pero todos mis miedos se disiparon en cuanto vi a Edward, con su esmoquin negro esperándome en la pérgola con una enorme sonrisa y sus ojos irradiando más amor del que había visto nunca.

Sí quiero… –en cuanto esas dos palabras salieron de mi pecho sentí como mi corazón con un solo latido inundaba mi pecho con una enorme alegría… y cuando Edward las pronunció también creí que no podría ser posible tanta felicidad…

– Ya está de vuelta el principito de papá y mamá –dijo la enfermera sonriendo mientras me entregaba de nuevo a mi bebé.

A Edward y a mí se nos cayó la baba en cuanto nuestro pequeño nos dedicó una mirada y pareció esbozar una pequeña sonrisa… sabíamos que era algo involuntario pero nos llenó de orgullo en ese momento.

– Este principito también debe comer –la misma enfermera nos tendió un biberón y salió de la habitación dándonos privacidad.

Acomodé bien al bebé en mis brazos y comencé a darle su biberón. Él tenía sus ojos clavados en mí al igual que su padre.

– Esto es perfecto… nunca creí que podría pasarme todo esto a mí –dijo emocionado.

– Te ha pasado… nos ha pasado –lo miré entre mis pestañas y él sonreía de oreja a oreja.

– ¿Te acuerdas de… de cuando encargamos a este pequeño? –preguntó mientras deslizaba un dedo por mi brazo desnudo.

Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo y me tensé.

– Como olvidarlo… –susurré– en aquella habitación de hotel en Nueva York pasó algo más que nuestra reconciliación…

– Te amo –susurró en mi oído.

– Como yo a ti.

– Os amo a los dos… –volvió a susurrar.

Las lágrimas comenzaban a amenazar de nuevo cuando la puerta se abrió en ese momento y unos muy orgullosos abuelos la cruzaron. Carlisle, Esme y Charlie miraban embelesados la escena, y pude jurar que hasta vi un par de lágrimas en los ojos de mi padre.

– ¿Qué tal habéis pasado la noche? –nos preguntó Esme.

– Un poco larga… este bribón no nos dejó dormir mucho –dijo Edward – No le llames así… si es un angelito –protestó ella con voz dulce.

– Además está muy sano… es todo un Cullen –sonrió orgulloso Carlisle.

No nos olvidemos que tiene sangre Swan… ¿Sino de donde ha sacado esas mejillas sonrosadas? –dijo Charlie derramando orgullo por cada poro.

– Es la mejor mezcla… un Cullen Swan –interferí antes de que comenzaran a discutir.

– ¿Hay noticias de Emmett? –preguntó Edward rompiendo un corto silencio que se formó.

– Ese jovencito me va escuchar cuando regrese… –masculló Esme entre dientes.

Es que sí… Emmett se había ganado una buena reprimenda, sobre todo soportaría la ira de Alice Cullen. Un par de semanas antes no se le ocurrió mejor idea que secuestrar a Rose y llevársela a Las Vegas para casarse en secreto. El mejor modo de darnos las noticia fue enviándonos una foto por el móvil con el sosteniendo a una muy sonriente Rose en brazos mientras ella mostraba muy orgullosa su nueva alianza. Alice entró en shock en cuanto la vio y comenzó a murmurar insultos y amenazas contra el mejor amigo de su hermano… que ya era considerado un miembro más en la familia. Nos costó muchísimo tranquilizarla y convencerla de que coger un avión y presentarse en las Vegas no era la mejor opción, sobre todo Esme que pensó que podría volverse loca y casarse ella también.

– ¿Alguien hablaba de mí? –preguntó muy sonriente mientras cruzaba la puerta de mi habitación– Espero que hayáis tenido un buen motivo para interrumpir mi luna de miel.

– No tienes nada que reprochar, jovencito… ya sabrás quien es Esme Cullen enfadada –volvió a farfullar.

– ¡Dios mío Bella! –chilló Rose colocándose a mi lado– es el bebé más guapo que he visto en mi vida…

– Es por la genética… los Cullen tiene su marca en la belleza –canturreó Alice entrando en la habitación seguida muy de cerca de Jasper.

– Los Swan también tienen su parte de culpa –murmuró Charlie haciéndose el indiferente.

– Por supuesto que sí –dijo Edward abrasándome con su mirada.

– ¡Mira que te traigo Bella! –chilló Alice sentándose de un salto en la cama.

Rose cogió a mi bebé en brazos dejándome libre temporalmente para mirar lo que mi diabólica cuñada me había traído. Alice me tendió un par de revistas y al mirarlas gemí avergonzada. En portada había una foto mía con Edward mientras escogíamos una cunita para nuestro bebé unos días antes.

– ¿Todavía no te acostumbras? –preguntó Edward en mi oído.

No mucho –le contesté también en un susurro.

– ¡Pues ya va siendo hora! –Se quejó Alice– ya hace seis meses de la primera.

Sí… ya hacía seis meses…

...

Edward tenía la presentación de su última película en Los Ángeles, no sé cómo fue pero lograron convencerme para que lo acompañase y así sería mi presentación oficial como su prometida. Cada vez que lo recuerdo me dan escalofríos. Alice me obligó a ponerme un vestido rojo con un escote muy prominente. Una cosa era que el embarazo me hubiese regalado dos tallas más de sostén y otra que fuese mostrándolo… pero Alice insistió en que debía sentirme orgullosa de los meloncitos que me estaban regalando las hormonas.

Cuando íbamos en la limusina camino al teatro donde sería la premier estaba hecha un manojo de nervios. Edward frotaba mi espalda y me tomaba de la mano intentando tranquilizarme pero no era posible, era superior a mí.

Si no estás segura puedes volverte al hotel en la limusina –me susurró Edward cuando estábamos a dos manzanas.

No… si he llegado hasta aquí acabaré con esto… tarde o temprano debe pasar –dije intentando convencerme más a mí misma que a nadie más.

¿Segura? –preguntó otra vez.

Yo solo asentí. Cuando la limusina se detuvo solo se podían oír los ensordecedores gritos de las chicas que estaban esperando para ver a Edward, que tomó mi mano con fuerza y me miró sonriendo.

¿Estás lista? –preguntó

Ni un poquito –mi voz tembló– pero nunca lo estaré… así que vamos.

Me dio un beso fugaz en los labios y la puerta de abrió de repente, me tendió la mano una vez que él salió y en cuanto puse un pie en la alfombra roja un millón de flashes me cegaron.

...

– ¿Otra vez en las nubes? –vi una mano moverse frente a mis ojos y parpadeé varias veces.

– ¿Jake? –Pregunté sorprendida– ¿cuándo has llegado?

Hace diez minutos… pero no te has enterado… sabe dios en quien pensabas – contestó riéndose.

– No la molestes –lo regañó Nessie dándole un golpe en el hombro– Hola mi niña – me abrazó con fuerza y me besó la mejilla– es de parte de Brian… Ángela dice que tienes que ir a presentárselo para que se amigos cuanto antes.

– Iremos pronto –dijo Edward– en cuanto arregle un par de cosas en la oficina estaremos libres de viajar a donde sea… siempre que mis dos amores puedan hacerlo, claro.

Sí, Edward dejó a un lado su trabajo como actor. No se retiró permanentemente pero sí por un tiempo. Y ahora que estaba más tiempo en casa aprovechó para cumplir una de sus metas: creó una productora de cine independiente "Eclipse Productions" con sede en Seattle, aunque hizo una oficina en nuestra casa para no tener que ir tanto a la ciudad.

– Y bueno… todavía no nos has presentado al nuevo miembro de la familia –dijo Emmett– llevamos aquí un buen rato y nadie nos ha dicho como se llama.

Rose me devolvió a mi pequeño que pareció relajarse al estar en mis brazos y cerró sus ojitos para dormir.

– Es que no nos hemos decidido todavía –confesó Edward avergonzado.

– ¿Cómo que no tenéis nombre? Habéis tenido tiempo de pensar –dijo Alice frunciendo el ceño.

– Teníamos varios pensados… pero no nos parecen apropiados… –fruncí el ceño–no tiene cara de Adam… ni de Nicholas… mucho menos de David o Clark

– ¿Qué tal Kellan? –dijo Rose.

– ¿Qué tipo de nombre es Kellan? –Preguntó Edward arrugando la nariz– parece que estás llamando a un perro…

– A mí me gusta… –reprochó Emmett.

Yo lo miré enarcando una ceja y negué con la cabeza… a lo que él resopló mientras se encogía de hombros.

– ¿Qué os parece Billy? –preguntó Charlie.

– No me agrada mucho –contesté arrugando la nariz.

– A mí me gusta Jackson… –susurró Alice.

¿Jackson? –Pregunté mirando a mi pequeño, que hizo sobresalir su labio inferior en un puchero– no parece que comparta tu opinión…

– Pues es un nombre muy bonito –dijo Jasper algo molesto.

– Calla… así nos lo quedamos para nosotros –le susurró Alice al oído, él sonrió ampliamente.

– ¿Y Peter? –preguntó ahora Esme.

– Bonito nombre… –confirmó Carlisle.

– No tiene cara de Peter– dijo Edward frunciendo los labios– ¿Y Robert?

Yo lo miré con cara de espanto.

– No pienso ponerle a mí hijo el nombre de un actorcito inglés –bufé.

– Es muy buen actor –refutó enfurruñado.

– ¿De quién habláis? –preguntaron Alice y Rose a coro.

– Robert Pattinson –contestó Edward sonriendo.

Las chicas suspiraron y los chicos resoplaron hastiados… menos Edward, que tenía una fijación extraña con ese chico, solo porque era su amigo.

– ¡Taylor! –dijo Jake enérgicamente…

– Ni hablar… –contestó Edward.

– Pues es un nombre precioso –refutó Nessie cruzándose de brazos.

– También nos lo guardamos para nosotros –le susurró Jake sonriendo.

Charlie miró a ambos con una ceja alzada y luego negó con la cabeza.

– Por ahora me llega con un nieto… no apuréis tanto –les pidió.

– ¿Qué decís de Michael? –Pregunté yo– ¿Qué te parece a ti cosita? –Miré a mi bebé– Mi pequeño Mike…

– ¡NO! –gritaron todos.

Yo me asusté y me encogí un poco en la cama.

– Pues le llamamos bebé y cuando sea grande que escoja él –dijo Edward fingiendo estar harto.

– ¡Edward Anthony Cullen, no vuelvas a decir algo como eso! –lo regañó Esme.

Una bombillita se encendió en mi cabeza y miré a Edward con una sonrisa, él me la respondió y ambos miramos a nuestro bebé.

– Bienvenido a la familia pequeño Anthony –susurramos los dos.


Ahora es cuando legáis aquí y decís: "Pues la historia no era tan buena, quizá la tenía un poco idealizada", porque es lo que me pasa a mí cuando leo cosas que escribí en esa época.

Pues nada... espero que os haya gustado y mil gracias por llegar hasta aquí.