Bueno, ya que no se puede salir de casa y tal aquí os dejo un capítulo bien denso para que tengáis lectura y al menos este rato podáis viajar a otro lugar lejos de aquí. También os digo que teniendo en cuenta que la historia habla del terrible asesino Oogie Boogie y de una ciudad súper chunga llamada Suburbia a lo mejor preferís seguir en casa. Pero bueno, yo aquí os lo dejo caer, que estoy seguro que os va a gustar un montón.

-Lollyfan33: Pronto veremos más del Sombrero y de Cobra Burbujas, son verdaderamente un par de personajes muy intrigantes, el primero porque sabemos muy poco de él y el segundo porque como bien señalas tú parece que es bastante miserable, jugando en ambos bandos. Las motivaciones de Cobra son quizás las menos claras de la historia hasta ahora, pero todo se resolverá, con el tiempo. Ciertamente el capítulo fue bastante sanguinario, pero ese es el espíritu de Gantz y yo trato de hacer una historia bastante aterradora y violenta, no te voy a negar que disfruto bastante en las partes más bestias porque son las más divertidas de escribir. Suena mal, pero es casi lo que menos me cuesta de todo, jajajaja.

Me alegro un montón de que los capítulos te gusten y te sumerjas en ellos de este modo, yo intento que así sea para darles la mayor calidad posible. ¡Muchísimas gracias por leer y espero que con este pases también un buen rato!

Bueno,lo dicho, que lo disfrutéis (mañana subiré uno del Reformatorio Shinsekawa) ¡y ahora que estamos en casa, aprovechad bien el tiempo para descansar y hacer cosas que os gusten (en la medida de lo que podáis, claro)!


MISIÓN 5: SACO DE BICHOS (CONTINUACIÓN)

John Darling Sr. era un hombre de principios, serio y responsable, aunque también tenía un buen sentido del humor, aspecto del que sus subordinados podían dar fe. Afectuoso y leal, mimaba mucho a su esposa, Mary, quien no tenía ocupación alguna más que criar a sus hijos, trabajo que desempeñaba estupendamente desde la peluquería o saliendo a comer con sus amigas del club de bridge. La señora Darling era una mujer pasiva, aburrida e indiferente, que nunca había sido capaz de conectar con sus hijos, Wendy, John y Miquel. Ellos apenas sentían el afecto de una madre, que se dedicaba a tenerlos siempre bien peinaditos y educados para que todos la felicitasen por ello y no la diesen problemas. Por el contrario John Sr. si sabía disfrutar de ellos el poco tiempo que los veía. El señor Darling llevaba a sus hijos al parque y a la piscina en los fines de semana, y jugaba con ellos a los indios y vaqueros, los piratas y con sus muñecos. A Wendy la contaba historias muy interesantes y la llevaba a ballet los lunes, aunque con la entrada a la adolescencia la niña se había ido distanciando de su padre cada vez más. Pese a eso y aunque tenía poco tiempo para ellos el señor Darling trataba de darle lo máximo a sus pequeños y a su esposa, para la que sin embargo nunca era suficiente.

El señor Darling había estudiado física y química, pero la carrera no lo motivaba demasiado, y acabó por cambiarse a criminología. Desde allí había hecho un grado especial que lo permitía ingresar en el cuerpo de policía como investigador, de lo que con el tiempo fue ascendiendo hasta inspector general. Su colaboración con Mary Poppins hacía cinco años en el caso del asesino en serie conocido como Oogie Boogie le había proporcionado a Darling un último acceso como comisario del sector 3 de Montressor, un cargo importantísimo (al menos para lo que eran los empleos en ese barrio) que le había permitido vivir con sus tres niños, con los que hasta ahora había llevado una cuenta más o menos ajustada, de un modo más libre y económicamente desahogado. El señor Darling se felicitaba a sí mismo por su buen trabajo cada día y por su sagacidad a la hora de detener criminales, que lo había proporcionado el sobrenombre de "el lince". Hasta había tenido el honor de estrechar la mano de Básil de la Calle Baker, el mayor detective de Suburbia.

No todo eran ventajas para los Darling, claro, y la familia había recibido más de una amenaza por parte de criminales y asesinos descubiertos por John. Sin embargo su casa, un bonito y espacioso chalet en la zona más acomodada de Montressor, estaba bien protegida por siete agentes de policía que vigilaban día y noche para asegurarse de que no hubiese ningún peligro para los niños. Jim la había visto alguna vez sobrevolando por allí en su tabla aunque nunca se había fijado. Sin embargo al empezar Peter a salir con la mayor de los hijos, Wendy, les contó dónde estaba la casa, y desde entonces Jim la tenía echada el ojo.

Los señores Darling sabían que entre su hija y aquel chaval drogadicto de aspecto nada recomendable llamado Peter había algo, y la habían prohibido verlo, aunque ella los había desobedecido ganándose una buena bronca por parte de su padre. Él no sospechaban que el chico había llegado a influir tanto a su Wendy que la había convencido para colarlo en su casa cuando los padres no estaban, y que Peter había llegado a quitarle la ropa a su hija, y postrarla en su camita de sábanas rosas… y la había quitado mucho más. Con apenas quince años Wendy ya había conocido placeres y deseos que a opinión de su padre era muy pronto (y muy malo) conocer así. El señor Darling habló una vez con Peter y lo amenazó con detenerlo como siguiera viendo a Wendy. Normalmente eso hubiese bastado para ahuyentar al chico, pero con lo que el señor Darling no contaba es que Peter realmente estaba enamorado de su hija, no era un simple encaprichamiento. En los finos y pálidos brazos de Wendy Peter había encontrado el amor que no hallaba en su casa, y quería tenerla consigo para siempre. De hecho estaba buscando un trabajo de media jornada con el que empezar a pagar el piso al que pudiesen fugarse para tener una vida juntos…

Amanecía en Suburbia en el día de Navidad, y los señores Darling salieron de su casa con sus hijos en dirección a la casa de sus abuelos, en el centro. Comerían con el resto de la familia, y por la tarde los niños tendrían fiesta con sus compañeros del cole vigilados por la cuidadora, Nana, mientras el señor y la señora Darling iban a una cena de sociedad con los amigos del trabajo de John y sus parejas.

-No quiero ir papá… la abuela me preguntará por el colegio-dijo Miquel, el hermano pequeño, que era como decía su madre "un niño de anuncio" de cabello rubio y suave, ojos azul claro y un rostro angelical.

-No te preocupes Miquel, no te dirá nada-le tranquilizó John Jr., el hermano mediano, que al contrario que Miquel era un niño feucho, con enormes gafas para corregir sus muchas dioptrías.

-¡Cállate, gilipollas!-le gritó Miquel a su hermano mayor, agresivo.

-Niños, dejaos de pelear-dijo la señora Darling con aburrimiento-de verdad John ¿no podríamos dejarlos en casa?

-Mi madre quiere verlos, cielo-recordó el señor Darling-Miquel, cuida tu lenguaje ¿entendido? No quiero oírte decir esa palabra más.

-Vale…-gruñó Miquel que estaba en la dificililla edad de los diez años. En realidad, para algunas personas todas las edades son dificilillas.

-Wendy, no has cogido la falda que te dije-dijo la señora Darling mirando a Wendy con reprobación. Ella puso los ojos en blanco-no me pongas esa cara Wendy. Eres una irresponsable.

-Esta falda me queda mejor mamá-dijo ella con voz monótona. A la señora Darling no le gustaba nada como su "angelito" la respondía últimamente, pero a Wendy le daba igual: cada vez veía a su madre más patética y vieja. Ella tenía de novio a un chico malo que sabía volverla loca con solo un beso, mientras que su madre solo tenía a su padre, un hombre rechoncho y ya pasados los cuarenta y cinco. En realidad, Wendy estaba segura de que su madre estaba celosa de ella, y esa secreta idea había ido creando un abismo de enemistad entre ellas.

-Vete a cambiarte ahora mismo-dijo la señora Darling con voz gélida. Su hija podría ponerse todo lo chula que quisiera, pero aún no había llegado a la edad en que podría desobedecerla directamente.

-Cariño, vamos a llegar tarde…-protestó el señor Darling intentando tener tacto.

-Yo de aquí no me muevo hasta que ella se cambie-dijo la señora Darling secamente, y luego sacó un espejo y comenzó a retocarse el maquillaje.

Wendy miró a su madre con odio y luego a su padre, que se encogió de hombros con impotencia.

-¡Muévete Wendy!-la gritó Miquel enfadado.

-Déjala-le dijo su hermano mayor. Miquel pegó a John una colleja tirándole las gafas, y él no pudo aguantarlo más, saltando encima suyo y forcejeando. La señora Darling se volvió, furiosa.

-¡Cómo os despeinéis…!

Un cuarto de hora más tarde (para desesperación del señor Darling) Wendy salió de la casa con la falda que su madre quería, y los ojos llorosos. La señora Darling no dijo nada mientras veía a su hija subir en el coche, y luego cerró los ojos para reposar del cansancio que le provocaban sus hijos mientras su marido (que contenía la angustia de llegar tan tarde a la comida de sus padres) arrancaba de mal humor. Nadie habló durante el trayecto. Pero así solían ser todos los trayectos de los Darling. Todos los miembros de la familia desearían estar en cualquier otro lugar que no fuese ese coche.

"Te veo esta noche" Wendy leyó el mensaje de Peter y sonrió para sí. Sí, tenía muchas ganas de volver a verle, de volver a sentirle. Le pediría que no lo hiciera, le diría que le dolía (lo que era cierto) pero sabía que él la convencería para hacerlo con dulces besos y mimos, y al final la haría sentir tan adulta cuando la desnudase y cuando le hiciese eso… eso tan extraño… una vez se siente, no es fácil de olvidar…

Wendy se asomó por la ventana del coche absorta en sus pensamientos mientras dejaban su chalet atrás. Desde una cornisa alguien los espiaba… llevaba horas espiándolos…

-Delicioso tentempié… ñam…-un montón de arañas se fueron arremolinando formando una cara repugnante que soltaba baba verde por su boca-nos veremos en la noche…

Nada podría salvarlos, ni siquiera Mary Poppins.


Hacía ya unas horas que el sol había salido en Suburbia. Las primeras horas de aquel día veinticinco fueron en las que más calentó, pues a partir de mediodía comenzó a descender y otra nevada devolvió a Suburbia el frío invernal helador. Era la una del mediodía cuando en las altas y desvencijadas torres de Witzed brillaba el sol, filtrándose por las pocas ventanas de la institución como la esperanza, que la mayoría de sus internos sin embargo ya había perdido.

Monsieur D'Arque se encontraba en su despacho estudiando unos informes cuando su interfono privado volvió a sonar. Vacilando antes de cogerlo, el viejo extendido sus dedos largos y huesudos y cogió el auricular.

-Diga…

-Creía que sería esta noche… esto no era lo que teníamos planeado-se escuchó una voz al otro lado de la línea. Era de nuevo aquel enmascarado. Monsieur D'Arque podía ver a la perfección la careta blanca con líneas rojas y aquellos ojos amarillos tan brillantes.

-Ha surgido un imprevisto… intenté retenerla pero se escapó… es muy poderosa-dijo Monsieur D'Arque tratando de parecer calmado aunque no lo estaba en absoluto: al contrario, estaba muy furioso. Nunca debería haberse dejado convencer para semejante plan-además, no lo entiendo… la idea original era que Oogie Boogie la matara… ¿cómo va a hacerlo si yo la retengo aquí?

-La idea original no era esa, estúpido-replicó la voz con dureza-no tienes ni idea del plan, te lo aseguro, ni idea, así que cállate. Te he llamado por otro motivo: unos agentes de ese cuerpo especial tan molesto han llegado a tu centro…

-¿De Hacienda?-preguntó Monsieur D'Arque, aterrado.

-No, del D23-replicó la voz con paciencia-os están investigando… te harán preguntas. Así que no digas nada ¿entendido, D'Arque? Por la cuenta que te trae…

-Sí, sí, claro… pero… ¿en mi institución? No tengo miedo… cuento con medidas para defenderme-dijo Monsieur D'Arque indignado.

-Más te vale que así sea.

-Pero…

-No quiero escuchar nada más. Te volveré a llamar para más instrucciones. No quiero más fallos.

Monsieur D'Arque hizo una mueca de rabia cuando escuchó el interfono comunicar. ¿Quién se creía que era aquel estúpido mago de feria? Nunca debió llegar a un acuerdo con él, pero el pago era muy prometedor, no había podido negarse. Sin embargo para recibirlo había sacrificado el renombre de su manicomio permitiendo la fuga de un preso, y se había puesto a sí mismo en peligro. El hecho de que también hubiese soltado a un peligroso maniaco homicida sobre Suburbia era para Monsieur D'Arque un mal menor. Mientras a él no le afectase.

Por la línea cuatro de su interfono sonó otra llamada. El viejo psiquiatra la pulsó de mala gana.

-¿Qué?-preguntó, molesto.

-Perdone que le moleste señor, pero es urgente-era el doctor Liebre. Parecía preocupado-hay unos agentes de la policía aquí… quieren… quieren llevarse a Skeleton…

-¿QUÉ?

Monsieur D'Arque bajó a toda prisa en su ascensor privado hacia el Bloque 0, mientras los agentes del D23 ya estaban allí y discutían con los guardias de seguridad. El jefe Cummings no había tenido más opción que dejarlos pasar tras enseñarles ellos una placa especial del gobierno.

-¿Sabe lo que venimos a hacer?-le preguntó uno de los agentes del D23 a Cummings.

-Sabe que se marcha...-respondió él, preocupado.

Pasaron al lado de las celdas de varios asesinos psicópatas como el payaso "Sonrisitas" o Sally, la "hija del demonio" que había asesinado a toda su familia el día de su boda. Las dos últimas celdas eran las más seguras de todo Suburbia. Y allí estaba Jack, tumbado mirando al infinito, mientras una sonrisa se iba dibujando lentamente en su cadavérico rostro.

-Parece que hay una fiesta… cogeré mi cepillo de dientes…-dijo el esqueleto con perfidia.

-Prepare todo para sacarlo-ordenó el superior de los agentes del D23.

-¡Un momento!-Monsieur D'Arque irrumpió en el pasillo seguido por siete guardias de seguridad. Los presos se asomaron por los cristales de sus pequeñas celdas para ver mejor la escena-¡Tiren las armas!

-Monsieur D'Arque, supongo-dijo el agente secamente. El viejo asintió, furioso.

-¿Quiénes son ustedes? ¿Quién los envía?-preguntó, apuntando a los agentes con un arma.

-Somos los perros de la muerte, Monsieur D'Arque-dijo él levantando también su pistola-nos envía Padre Tiempo, porque su tiempo se ha acabado.

¡BANG! ¡BANG! Con ocho disparos, el agente liquidó a Monsieur D'Arque de un tiro en la cabeza y a todos los guardias que iban con él.

-¡NO!-gritó el jefe Cummings, impactado, al ver a su jefe muerte en el suelo, y a todos los demás. Se volvió hacia los agentes, enfurecido-¿Por qué?

-Era un traidor, él permitió la fuga del monstruo-respondió el agente encogiéndose de hombros-y los demás no nos hubieran permitido marchar. Ahora prepare la marcha del prisionero 667, y nada de trampas, o se unirá a ellos.

-Tenemos que darnos prisa. Cobra nos acaba de llamar-le dijo otro de los agentes.

-Ya vamos.

En unos minutos los guardias del manicomio habían metido a Jack en un enorme recipiente metálico sin una sola apertura: un solo agujero o mirilla para que el preso pudiera ver algo podría causarles un sinfín de problemas. El esqueleto soportó con calma que lo llenasen de cadenas y le pusieran un verdugo en la cabeza que lo impedía moverla.

-¿No es excesivo?-preguntó uno de los agentes del D23. Sus compañeros lo miraron con reprobación.

-¿A dónde se lo llevan?-preguntó el jefe Cummings, siguiéndolos hacia el ascensor mientras ellos lo subían.

-Eso a usted no le importa. Lo que queremos es que informe de que también se ha fugado. Usted no nos ha visto, ni nos conoce-dijo el agente tamborileando los dedos sobre el enorme sarcófago metálico que transportaba a Jack.

-Pero… será el fin de Witzed… dos fugas… el gobierno nos multará, habrá consecuencias…-dijo el jefe Cummings tragando saliva. Los agentes del D23 ni se inmutaron al oír aquello.

-No nos ha visto. Y no sabe nada-repitió el agente con paciencia-si no, nos volverá a ver, y no le gustará.

El jefe Cummings vaciló unos segundos. Si protestaba lo matarían, seguro. Probablemente eran mafiosos o algo así. Dio una cabezada, indicando que lo había entendido. Jack Skeleton se marchaba, y había sido por méritos propios. Pues con eso la trabajada reputación del manicomio se iba definitivamente al garete. Con Monsieur D'Arque muerto, seguramente el gobierno terminaría por intervenirlo, tomar el control o incluso cerrarlo.

Un enorme furgón similar al que había llevado a Jim y sus compañeros presos esperaba a los agentes del D23 en el mismo parking por el que Mary Poppins y Bert habían tenido que huir. Subieron el recipiente metálico en él con mucho cuidado y luego mientras el jefe de los agentes y dos más se quedaban atrás con él, los otros dos se sentaron en la parte delantera para conducir.

-Hasta otra, Cummings-dijo el agente bajándose un poco sus gafas de sol negras y guiñándole un ojo-le recomiendo que no haya otra…

-Joder…-el jefe Cummings los vio elevarse y dejar Witzed. La Liebre también los había seguido, y se quedó al lado del agente, tirándose de sus largas y peludas orejas.

-¿Y ahora qué vamos a hacer?-preguntó el psiquiatra, nervioso.

-Ya lo ha oído, nada. No sabemos nada-dijo el jefe Cummings, pétreo-Así que vuelta al trabajo.

Mientras el furgón dejaba atrás Witzed, el jefe de los agentes llamó a Cobra Burbujas, que en ese momento se encontraba en su despacho hablando con Meg. Tras dos horas de interrogatorio, la chica empezaba a estar un poco cansada del asunto.

-¿Qué pasa?-preguntó Cobra cogiendo el interfono de mal humor.

-Ya le tenemos. Lo llevamos hacia allí-respondió su subordinado, con un ligero deje de satisfacción aunque intentaba que no se le notase.

-Muy bien ¿qué tal si no me molestáis hasta que llegue?-respondió Cobra Burbujas, cortante. Luego colgó. Se quedó mirando a Meg mientras jugueteaba con los anillos de sus dedos. Ella estaba pálida, aún sentía el dolor por los golpes recibidos en la carpa por Oogie.

-Repasemos lo que sé: hay una extraña bola negra llamada Gantz que selecciona a individuos que han muerto y los obliga a matar a cambio de conservar su vida ¿cierto?

Ella no respondió. Miraba al suelo con el rostro ceñudo, mientras su largo cabello violáceo le caía por el rostro.

-Les da un objetivo y un tiempo determinado… determinado en este radar, por lo que veo-Cobra miró el radar que tenía en su mesa con curiosidad-les quedan diecinueve horas. Para matar a alguien eso es mucho tiempo…

Meg seguía sin responder. Había cerrado los ojos y respiraba entrecortadamente. Cobra Burbujas apretó los labios, ligeramente impaciente.

-Mire, Mégara, yo solo quiero ayudarla. Está claro que usted no está en esto porque quiere…

Al oír eso Meg abrió los ojos, y una desagradable sonrisa se formó en su rostro.

-En realidad yo sí…-dijo en un susurro-yo si estoy en esto porque quiero…

-¿Qué?-preguntó el señor Burbujas con sorpresa. Meg le miró con fijeza, negando levemente con la cabeza.

-¿Quién eres tú?-preguntó la chica con suspicacia-no eres un agente del D23. Tienes pinta de todo, menos de eso.

-¿Qué pinta tiene un agente del D23?-preguntó Cobra Burbujas sonriendo también ahora.

-Tú ya sabías todo lo que me has preguntado… creo que sabes incluso más… creo que sabes quién es Gantz… si no me equivoco-dijo Meg. Ahora fue Cobra quien desvió la mirada molesto ante la actitud desafiante de la chica. Cobra se levantó y se sirvió de una jarra de agua con paciencia.

-Mi trabajo es saberlo todo…-dijo tranquilamente. Meg negó con la cabeza.

-Tú trabajas para él… para Rátigan. Él es quién te lo ha confiado…-dijo la joven en un susurro que se escuchó perfectamente en toda la estancia. El despacho de Cobra Burbujas era enorme, pero al igual que él muy anónimo. Solo había una fotografía muy antigua de unos adolescentes en un equipo de baloncesto. Por lo que Meg pudo averiguar, Cobra tenía una enorme mata de pelo afro en su juventud.

-¿Me equivoco?-insistió la chica, y al ver que Cobra la daba la espalda soltó una débil risita-no, no lo hago… supongo que ahora podrás darle las armas y trajes que quiera…

-Y ahora tú lo sabes-completó Cobra. Meg tragó saliva. Ya se esperaba algo así: Cobra Burbujas no la iba a dejar vivir mucho tiempo si ella descubría su secreto. Pero ella contaba con un escudo que la protegería del agente en caso de que quisiera hacerla daño: información. Aún no lo había contado todo…

-Creo que imaginas que no puedo dejarte vivir mucho más-dijo Cobra volviéndose a sentar en frente de ella en la mesa.

-Tú tampoco vivirás mucho más-respondió ella tranquilamente.

-¿Ah no?

-No… créeme, he jugado a esto un par de veces… él elige las misiones sabiendo quién tiene que caer, y cómo… tal vez eligió esta… pensando en ti.

-¿En mí?-repitió Cobra. No quería parecer sorprendido, aunque lo estaba.

Meg cruzó las piernas levantando la túnica gris que les habían puesto al llegar, y enseñando descaradamente sus muslos. El agente Burbujas tamborileó los dedos en la mesa, impaciente, ignorándola.

-¿Hay algo que quiera hacer antes de morir, agente Burbujas?-preguntó Meg, provocativa. Él la miró con odio, y ella soltó una carcajada-venga, si en realidad es muy sencillo: suéltanos, déjanos matarlo y luego ya discutiremos lo demás. Pero no puedes retenernos… podemos morir todos… hay una niña en peligro.

-La niña es lo de menos-dijo Cobra Burbujas cortante-no puedo permitir que os vayáis, y menos con los trajes y armas, que sé que es lo que estás pensando. Mi plan es otro, y aunque te parezca increíble es bastante mejor: Oogie Boogie pretende vengarse del criminal Jack Skeleton, que lo convirtió en lo que es hoy. Así que usaremos a Skeleton como cebo, y cuando Boogie vaya a buscarlo acabaremos con él. Será el fin de una amenaza potencial para Suburbia que jamás debió ser perdonada.

-No podréis matarlo-dijo Meg apretando los dientes-no puede morir… solo la magia…

-La magia es solo una ilusión Mégara-dijo Cobra Burbujas encendiendo una pantalla flotante en su despacho que se colocó frente a ellos-hay muchas formas de eliminar a un monstruo así… observa…

En la pantalla apareció el prototipo de lo que parecía una aspiradora especial. Meg arqueó una ceja, extrañada.

-Una unidad de contención de fantasmas-aclaró Cobra Burbujas cruzado de brazos a su lado-cuando la forma mortal (esto es los insectos que controla) de Oogie sea destruida, su espectro tratará de huir nuevamente, pero nosotros lo encerraremos en esta arma especial creada para retener espíritus. Es un arma creada por la Estrella Azul, que nosotros adquirimos hace tiempo. Ellos no lo saben, claro. Ellos no saben nada de nada…

-Encerraréis a Oogie en ese contenedor… ¿y luego?-preguntó Meg con sorpresa. Cobra sonrió.

-Luego lo destruiremos con la energía de vuestras armas. Asunto concluido.

-No creo que hagáis eso… seguramente lo guardéis en un sótano secreto o algo así, esperando la oportunidad de utilizarlo-apuntó Meg astutamente. Cobra Burbujas la dio la espalda nuevamente mientras la pantalla flotante desaparecía.

-Ahora es tu turno, Mégara, y quiero que me seas sincera-dijo el señor Burbujas-ciertamente sé quién es Gantz, sé que busca y cómo lo hará. Y ya sospechaba que mi vida correría peligro antes o después. Pero hay algo que necesito saber, cuanto antes…

-¿Y qué es?-preguntó ella con impaciencia. Cobra Burbujas se acercó hasta que sus rostros quedaron pegados a escasos centímetros. Meg tragó saliva.

-¿Dónde está el Código de Er? El que tenía guardado el príncipe Juan en su castillo… la caja fue abierta hace meses, cuando fue asesinado. Y ese código ha desaparecido…

Meg se vio reflejada en los cristales de Cobra, y reconoció el miedo en su rostro.

-Yo no sé nada de ese código…-admitió, asustada-aunque supongo que… él lo necesita…

-Lo necesitamos todos-dijo Cobra apretando los dientes-así que no me mientas… porque si es que de verdad no lo sabes… no hay nada más con lo que me puedas persuadir.

Meg vio como Cobra acariciaba levemente algo en el lateral de su chaqueta… quizás era su revólver…


-Cobra seguro tendrá el ascenso por este trabajo-dijo uno de los agentes en el furgón-se achacará todo el mérito de la operación.

-Solo hacemos nuestro trabajo, recuerda-contestó el cabecilla de los agentes, limpiando sus gafas de sol negras-si tú quieres un ascenso, pídelo y ya está.

-No es tan sencillo…

El furgón se acercaba a la base sur del D23, situada en un pequeño edificio aparentemente en ruinas, pero que realmente escondía una de sus bases de operaciones en su interior. Tuvieron que pararse en un cruce de calles al ponerse el semáforo en rojo.

-Joder, cada vez duran menos-se quejó el agente que conducía.

-Es raro…-reconoció el de al lado, entrecerrando los ojos para verlo bien. Apenas había durado cuatro segundos entre semáforo y semáforo.

Entonces algo aterrizó sobre el capo del furgón: algo grande y pesado.

-¡AAAAAAAAAAH!-gritaron los dos agentes al reconocerlo: era Oogie.

-Buenos días renos, veo que me traéis mi regalo de Navidad-bromeó antes de romper el cristal y agarrarlos por la pechera.

-Me cago en la puta…-el agente que iba de copiloto sacó su arma y comenzó a disparar a Oogie por todo el cuerpo. El monstruo rugió como si fuesen varios monstruos a la vez, algunos con voces más agudas y otros mucho más graves.

-¡MÁTALO BOB! ¡MÁTALO COÑO!-gritó el agente que iba de piloto. Oogie Boogie le estampó la cabeza contra el volante, rompiéndole la nariz. El agente llamado Bob siguió disparando, soltándose del agarre del monstruo y retrocediendo.

"Ha venido antes de lo que Cobra se esperaba-pensó para sí, preocupado-hay que acabar con él…"

-Vamos hombre-rió el monstruo-¿no quieres jugar con Oogie?

De una patada el monstruo lo hizo atravesar la puerta y aterrizar al lado de los agentes que custodiaban a Oogie en el espacioso compartimento trasero. Los agentes ya estaban preparados para recibir al monstruo: el jefe de ellos sujetaba un bazooka y apuntaba hacia él con decisión.

-¿En serio?-se burló Oogie escupiendo un siniestro líquido amarillento por la boca-Esa cosa parece muy potente… ¿vais a volaros vosotros conmigo?

-Tienes un cerebro de mosquito-respondió el agente, sonriendo. Entonces el bazooka lanzó una extraña onda sónica que impactó en el cuerpo de Oogie. El monstruo se revolvió chillando de nuevo mientras los insectos que conformaban su cuerpo se retorcían y salían disparados hacia los lados, temblando. Moscas, libélulas, cucarachas y una lagartija cayeron al suelo y se revolvieron doloridas mientras Oogie se iba descomponiendo de nuevo.

-¡NNNNNOOOOOO!-gritó el monstruo, enfurecido-¡PARAPARAPARA!

-Destruid a las criaturas-ordenó el agente mientras sus compañeros sacaban unos pequeños sopletes y apuntaban con ellos a los insectos-y sacad la unidad de contención.

Uno de los agentes sacó la extraña pistola con forma de aspiradora y apuntó con ella a Oogie. Iba a enlatar su forma espectral…

¡CLONK! El camión sufrió una fuerte sacudida y los agentes perdieron el equilibrio. Solo el jefe consiguió no caerse, apuntando a Oogie con el bazooka sónico. El monstruo intentaba recomponerse, pero las ondas lo tenían neutralizado. ¡CLONK! Otro golpe bestial puso el furgón boca abajo, y entonces sí el bazooka dejó de funcionar y Oogie comenzó a recuperarse.

-¿Pero qué coño pasa?-preguntó el jefe de los agentes reincorporándose con las gafas rotas.

-¡VOY!-el antes copiloto regresó a la cabina del conductor, donde su compañero malherido había agarrado de nuevo el volante e intentaba recuperar el control del furgón-¿Qué pasa?

-Una grúa…-indicó el agente señalando por la ventanilla rota. Asomándose, vieron una enorme grúa de construcción que se había colocado encima de ellos y los golpeaba con su enorme gancho.

-¿Quién la…?-preguntó el agente. Viendo al piloto de la cabina, se quedó a cuadros.

-Nanananana naninaniná-canturreaba Lock mientras Shock y Barrel detrás suyos reían malvadamente-it's raining it's raining, splash, splash splash… pichapacha pichapacha, splash splash splash…

-¿Qué cojo…?-el agente miró a su compañero perplejo. Los niños se habían pintado la cara de blanco y lucían horribles máscaras demoniacas. Miraron a los agentes desde la cabina de la grúa, muy por encima de ellos, y les enseñaron el dedo corazón mientras Lock les hacía un calvo.

-¡Vais a ver qué divertido! ¡Moríos, mariconas!-gritó Lock tirando de la palanca de la cabina. El gancho de la grúa volvió a caer velozmente hacia el furgón dándole un tremendo golpe. Los agentes volvieron a perder el equilibrio mientras el techo del furgón se aboyaba por la presión. El sarcófago donde estaba Jack Skeleton encerrado se deslizó por el suelo del furgón y chocó contra uno de los agentes, aplastándolo contra la pared

-¡Hay que acabar con ellos!-exclamó el jefe de los agentes que intentaba llegar hasta el bazooka-¡Vamos, reorganizaos!

-Jojojojojojojo-rió Oogie, recomponiéndose de nuevo-Oooooojojojojojojojojooo ¡JAJAJAJAJAJAJA! Vais a morir espermatozoides… ¡VAIS A MORIR!

-¡NO!-gritó el agente intentando defenderse pero Oogie se lanzó encima suyo y poniéndole la boca en el rostro le mordió la nariz y se la arrancó de cuajo. Luego hundió sus manos en el vientre del agente bajo su chaqueta, y aunque esté intentó apartarlo estas (afiladas por cientos de aguijones) se hundieron en su vientre reventándoselo.

-¡UAAAAAAAAGH!-gritó el agente, retorciéndose de dolor mientras Oogie seguía encima suyo. Entonces otro de los agentes, recuperando el bazooka, apunto hacia el monstruo. Oogie se volvió asustado, era demasiado tarde para él: la onda volvería a golpearlo.

Pero entonces el camión dio otra fuerte sacudida y todos salieron disparados: Lock, Shock y Barrel habían cogido con el gancho de la grúa el camión por su parte delantera y lo elevaban ahora como si fuese un pez que hubiesen cogido del mar. El camión era muy pesado y aunque ellos querían subirlo no pudieron porque la grúa se tambaleó de un lado a otro sin control.

-¿Ah, sí?-chilló Lock enfurecido, tirando más fuerte de la palanca.

-¡Vas a terminar por romperla!-le regañó Shock dándole una colleja-¡Déjame a mí!

-¡Suelta!-replicó Lock agarrado a la palanca.

-Chicos, cuidado…-los advirtió Barrel, como siempre el más sensato.

El camión se meció a los lados sujetó por el gancho y chocó contra los coches que estaban detrás, y contra la ventana de un rascacielos, que reventó como una bola de demolición.

-¡Me cago en la puta!-gritó Lock furioso. Shock le mordió la mano y cogió ella la palanca, encantada.

-¡AH! ¡Por fin!-chilló la niña con perfidia. Entonces comenzó a juguetear con los mandos haciendo que el camión se sacudiera aún más.

-¡Ay! ¡Au!-los agentes se daban golpes dentro del camión, que se había convertido en un auténtico infierno: apenas podían ver nada por las sacudidas, y uno de ellos se dio en la cabeza contra el sarcófago metálico y se la abrió.

-Necesitamos refuerzos, repito, necesitamos refuerzos-dijo el copiloto del furgón hablando por su interfono. Esperaba que en la base del D23, ya muy cercana, pudiesen escucharlo.

Efectivamente los controladores recibieron el mensaje y enviaron otra patrulla al punto donde estaba ocurriendo el incidente. Debían atrapar a Oogie al precio que fuese, órdenes directas del agente Burbujas.

-¡Iremos en los ciclomotores!-dijo uno de ellos mientras subía a una moto y se ponía el habitual casco negro de agente. Los demás lo imitaron, y arrancando sus vehículos se elevaron y salieron por la ventana secreta del hangar principal del edificio en ruinas.

-Es nuestra oportunidad…-le dijo Hércules a Ariel. Ya se habían infiltrado en el edificio, y al ver el revuelo que se estaba armando se colaron en una de las salas de vigilancia. Hércules colocó sus puños encima de las cabezas de los encargados de vigilancia y los dejó k.o con un leve golpe.

-Increíble…-dijo Sebastián mirando los enormes músculos del chico.

-No lo es tanto-dijo él sonriendo con satisfacción. Luego se volvió hacia Lady Tremaine que como siempre los seguía impasible-¿puedes controlar las cámaras mientras busco a los otros?

-Si os dais prisa…-respondió ella fríamente. Hércules asintió y salió de allí con Ariel y Sebastián, corriendo por el pasillo.

-¡EH, ALTO!-gritó un agente del D23 al verlos allí. Sacó su pistola y los disparó, pero agarrando a Ariel por los hombros y levantándola en volandas Hércules evitó que la bala la hiriera. Luego arrancó una plancha metálica de la pared y se la tiró al agente a la cara, derribándolo.

-Activa tu escudo, por si acaso-le dijo Hércules a Ariel. Ella asintió asustada. Luego echaron a correr de nuevo-¡Vamos!


-Jack, Jack, Jack…-Oogie se acercó al sarcófago metálico y se dispuso a abrirlo-parece que al final los dos lo hemos conseguido… viejo amigo, que bien volverte a ver sin una celda de por medio… hay tanto que quiero contarte… tú me entiendes ¿verdad?

Oogie intentó abrir la tapa del sarcófago sin éxito, estaba cerrada herméticamente, y necesitaba una llave especial para desbloquearla. Siseando como una serpiente el monstruo avanzó hacia los malheridos agentes del D23, que intentaban dispararlo aunque apenas se mantenían conscientes tras las violentas sacudidas.

-La llave. Ahora-exigió Oogie con voz ronca, estrangulando a uno de los agentes. Él señaló al jefe, que seguía vivo pese a las muchas heridas que Oogie la había provocado.

-La… la tiene el jefe…-murmuró, asustado. Oogie avanzó hacia el indefenso jefe de los agentes, cuando el otro agente al que acababa de soltar se tiró encima del saco de bichos y abriéndole su enorme bocaza le metió una granada en la boca-sayonara, baby-le dijo, sonriendo.

¡BOOOOOOM!

-¡AY! ¿Qué pasa?-chillaron Lock, Shock y Barrel asustados al ver que una explosión sacudía el camión y hacía que todas sus puertas saliesen disparadas y se perdiesen entre los altos edificios de Suburbia. Una de ellas fue volando hacia una terraza donde un jubilado regaba sus plantas, con tan mal tino que lo atravesó por la mitad.

-Papi Oogie no sube-lloriqueó Shock preocupada-¿qué hacemos?

Lock miró al camión, pensativo.

-Sacudámoslo un poco más. A lo mejor le están dando problemas-sugirió, y apoderándose una vez más de la palanca el diabólico niño la sacudió, haciendo que el camión se desestabilizara de nuevo.

Dentro del camión la situación era crítica tanto para el atacante como para los atacados. Totalmente en vertical y ahora sin puertas el furgón se había convertido en un mortal tobogán que llevaba directo a una caída abismal.

-RRRRUAGGG… NNO…-gritó Oogie rabioso, sujetando la enorme caja de metal para que no se cayera. Jack debía seguir dentro, preguntándose qué pasaba ahí fuera. O quizás se lo imaginaba…

La mayoría de los agentes habían muerto en la explosión de la granada, y Oogie estaba prácticamente sin fuerzas porque había perdido a la mitad de sus bichos, que se habían calcinado. Haciendo un esfuerzo monumental el monstruo sujetaba la caja de Jack con uno de sus brazos, que se había estirado exageradamente como si fuese un tentáculo hecho de miles de repugnantes criaturas.

-Jjj…joputa… te ha salido mal-dijo uno de los agentes escupiendo un diente y apuntando al brazo de Oogie con su arma.

-BUUUUAAAAAAGH-Oogie vomitó su ácida pasta verde contra el agente, que cegado por ella se soltó de su agarre y se deslizó por el suelo del camión hacia la salida.

-¡NOOOOOOO!-gritó mientras caía al vacío. Se estrellaría en el suelo de la calle, casi treinta pisos más abajo.

-Adióooos-canturrearon Lock, Shock y Barrel al verlo caer.

-A ver si cae alguno más-rió Lock volviendo a tirar de la palanca.

-Maldita ssea… idiotas…-rugió Oogie cuando el camión volvió a moverse-necesito que me recojan…

Otro agente intentó escalar para alcanzar el volante en la parte superior del camión, pero Oogie lo agarró por el tobillo y lo tiró también al vacío. Jadeando mientras tiraba de la caja de metal, fue ascendiendo en vertical hacia la parte delantera del camión para salir por la misma ventana por la que había entrado y que los niños lo vieran. Tenían que recogerlo.

-¡Es nuestro!-exclamó uno de los agentes. Acababa de llegar un nuevo escuadrón, e iban montados en sus ciclomotores . Sacando unas pistolas especiales engancharon el sarcófago de Jack y tiraron de él, apartándolo de Oogie.

-¡NOOOOOOOOOO!-rugió el monstruo, frustado.

-Disparad-los agentes sacaron sus armas de fuego y tiraron contra Oogie, cuyos insectos comenzaron a deshacerse de nuevo. Rabioso, el monstruo pensó por unos segundos qué debía hacer. No le quitarían a Jack, era una de las seis tiradas de su dado, y lo necesitaba para completar el juego. No le quitarían a Jack, era suyo.

-¡RUAGGGGGGG!-Oogie saltó hacia el ciclomotor de uno de los agentes y lo arrojó de él, apropiándose de la moto-¡JIAJAJAJAJAJAJA! ¡COGEDME AHORA!

Arrancando Oogie hizo un looping y volvió hacia los agentes disparando con el arma del agente al que había tirado. Sin embargo ellos esquivaron sus tiros y le dispararon también, haciéndolo retorcerse por el dolor.

-Está casi sin fuerzas ¡Es nuestro!-exclamó uno de os agentes.

-¡OOGIE! ¡OOGIEEE!-chillaron Lock y Shock desde la grúa, asustados al verlo huir.

-Tenemos que irnos…-les dijo Barrel, moviendo ahora él la palanca y haciendo que el gancho de la grúa soltase el furgón. Este, ya sin energía, cayó también hasta el suelo, provocando otra terrible explosión al estrellarse y causando varias muertes.

La grúa que Lock, Shock y Barrel habían robado de un edificio en obras se movió de nuevo con los niños a bordo en retirada, mientras tres motos del D23 los perseguían.

Oogie también intentaba huir, y metiéndose en un túnel trató de despistar a sus perseguidores, rabioso. Nunca había conducido una moto, pero como todo lo que hacía, usando la locura era sencillo. Solo había que pulsar botones al azar y pisar los pedales, a ver qué pasaba.

-JOJOJOJOJOJO ¡JAJAJAJAAJA!-rió Oogie al ver que dejaba atrás a las cuatro motos que lo perseguían. Sin embargo al volverse hacia adelante y descubrir otras tres motos esperándolo en la salida dio un grito de frustración y se desvió de nuevo, esta vez en dirección este.

-Es nuestro-los motoristas lo persiguieron cada vez más cerca mientras Oogie maldecía por lo bajo, y entonces sacando sus fusiles apuntaron a la espalda del monstruo, abriendo varios agujeros en ella a balazos.

-¡No!-dijo uno de los agentes, impidiéndoles continuar-mirad…

Apuntó al generador de energía del ciclomotor de Oogie, y apretando el gatillo una sola bala voló a toda velocidad entre los coches que surcaban el túnel hasta colisionar contra la moto del monstruo. Oogie no entendió que estaba pasando, solo notó como el fuego de la moto al estallar lo abrasaba la piel y como salía disparado, estrellándose contra el cristal de varios coches y luego desapareciendo entre la explosión.

-¡JODER! Casi matas a los otros conductores-le gritó uno de sus compañeros al agente que había disparado.

-Lo primero es la misión-replicó él, impasible.

Entre las llamas de la moto explosionada los agentes buscaron a Oogie, pero el humo apenas dejaba ver nada.

-Aquí agente Pétalo, hemos derribado al objetivo-informó uno de los agentes por su interfono a la base. Lady Tremaine, que estaba allí revisando los controles, recibió la transmisión-no lo encontramos, esperamos órdenes.

La mujer vaciló unos segundos, pensando en qué hacer.

-Sigan buscando-ordenó finalmente. Luego miró por las pantallas, encontrando a Hércules y Ariel en una de ellas, cerca de la sala de prisioneros-daos prisa...-les dijo desde el micro del traje de Gantz.

-Tranquila, ya los tenemos-dijo Hércules cruzando el pasillo. Cuatro guardias del D23 grandes como armarios custodiaban la entrada. Al ver llegar a Hércules y Ariel sacaron sus armas y los apuntaron, pero Hércules activó el escudo con la muñequera y se protegió de las balas. Luego saltó hacia ellos: agarrando la cabeza de dos de ellos las chocó haciendo un ruido secó. Luego le dio una patada al tercero, que se dobló aullando de dolor y se quedó hecho un ovillo en el suelo. Al cuarto le metió un puñetazo tan fuerte que atravesó tres paredes, rompiéndose la mitad de sus huesos.

-Vaya… me he vuelto a dejar llevar-dijo Hércules avergonzado mientras miraba su puño preocupado.

-Un poco, me parese a mí-comentó Sebastián mirando el agujero de la pared impresionado.

-Si, ya… ¿os importa sacarnos?-dijo Jim pegado a los barrotes de la celda-pronto vendrán más.

-A sus órdenes-dijo Hércules y agarrando los barrotes los arrancó de cuajo, dejando libre el acceso de huida-¿estáis bien? ¿Y Meg?

-Se la ha llevado el jefe de ellos-explicó Jim, sacando a Bella entre sus brazos. Entonces su mirada se cruzó con la de Ariel. No se habían visto desde recién empezada la misión. Él había estado a punto de morir varias veces, podría no haber vuelto a verla nunca más.

Durante unos segundos que para ellos fueron eternos Jim y Ariel siguieron mirándose, y el muchacho sintió esa conexión, como si en vez de dos almas fuesen una. Recordaba sus labios, aquella vez que la besó en su casa... antes de que ella se fuera.

Jim vio que Ariel desviaba la mirada con fingida indiferencia y se cruzaba de brazos, y él también arrugó la frente, molesto. Seguía siendo la misma imbécil de siempre. Pero ahora no tenía tiempo para ella, había dos personas que dependían de él.

-Tenemos que irnos de aquí…-le dijo el chico a Hércules.

-No puedo irme sin Meg-respondió Hércules ahora más serio.

-Ya, tenemos que irnos después de recuperar a Meg y al radar-concretó Jim con impaciencia-pero no sé dónde la tienen…

-Yo sí-dijo Hércules, acercando su boca al micro-¿Agatha?

-Quinta planta, ascensor de la izquierda-se escuchó la voz de Lady Tremaine desde el micro-y vienen más guardias.

-Vamos-dijo Hércules guiando al resto.

-¿Y las armas? ¿Y los trajes?-preguntó Jim, al que nada de aquello le parecía demasiado bien pensado. Iban solo cubiertos con aquella estúpida túnica gris, descalzos y perdidos. Como siempre, la improvisación dejaba las cosas en un punto muerto. Necesitaba un plan, como cuando había engañado a Yzma en la tercera misión.

-Recuperaremos nuestras cosas, pero de momento seguidme-dijo Hércules esperando a que el resto pasase delante. Los guardias ya venían por el fondo, pero usando su katana para rajar el techo el chico provocó un desplome que los impidió perseguirlos.

-Informad al agente Burbujas, los prisioneros han escapado-dijo uno de los agentes.

En el despacho de Cobra él seguía reunido con Meg. Ella parecía más relajada, sobre todo porque había conseguido sonsacarle información a él, sobre aquel código famoso y el D23. Cuando sonó el interfono, ambos se sobresaltaron.

-Disculpa un momento-dijo Cobra-debe de ser por lo de Oogie.

-Pues no creo…-Meg miró el radar que estaba en el escritorio de Cobra. El tiempo seguía corriendo, y pronto las diecinueve horas pasarían a ser solo dieciocho. Cada segundo contaba en Gantz, eso ella lo sabía bien. Y Oogie no estaba muerto, ni mucho menos. ¿Cómo hacerle entender a Cobra la gravedad del asunto?

-¿Qué pasa?-preguntó el agente descolgando el interfono-¿Sí? ¿Qué? ¿Qué? Mmmmmn… de acuerdo.

Cuando colgó, Cobra se volvió hacia Meg. Su rostro volvía a estar ensombrecido, un mal augurio sin lugar a dudas.

-Me temo que vamos a tener que posponer nuestra encantadora reunión-dijo, haciendo crujir sus nudillos-tus amigos a los que no habíamos conseguido atrapar han venido para dejarse coger voluntariamente. Si no te importa tengo que ir a por ellos.

-Claro cielo… yo te espero aquí-dijo Meg encogiéndose de hombros. Pero Cobra la agarró de los brazos y la obligó a levantarse.

-Ya sabes cómo va esto así que no me lo compliques, te lo pido por favor-dijo el agente tirando de ella. Meg pensó en pisarle o intentar escurrirse, pero sabía que no era una buena idea. Lo mejor era esperar y confiar en Hércules. Pero Meg no confiaba en nadie, ni siquiera en él. Pese a todo…

En el pasillo de la quinta planta los agentes del D23 habían acorralado a los fugitivos de Gantz, y Hércules se había puesto delante mientras frenaba los balazos con su espada y su campo de fuerza que le generaba el traje.

-Pronto te quedarás sin energía-le avisó Aladdín, preocupado-si tuviésemos armas.

-No necesitamos las putas armas-dijo Jim sonriendo, enseñándole el comunicador que su amigo árabe había robado a uno de sus vigilantes. Con él Jim había conseguido trastear y preparar una pequeña jugada-ya llega…

Las ventanas de la base sur del D23 estaban tintadas para que nadie supiera que pasaba dentro, y blindadas con un acero especial. La tabla de Jim, que avisada por su dueño había cruzado el cielo de Suburbia como un destello, se estrelló contra la ventana a una velocidad de más de mil kilómetros/hora, y la atravesó como una bala de cañón. La tabla se dobló por el impacto del cristal reforzado, pero nada hubiera podido detener a semejante misil. Atravesando varias paredes y volando por los huecos de las escaleras llegó hasta donde estaba Jim, derribando a todos los agentes del D23 que los acorralaban de paso.

-¡Sí!-Jim corrió hacia la tabla como si fuese un viejo amigo y la analizó, preocupado. Su precipitada entrada en el edificio la había dejado muy dañada, pero aún funcionaba.

-Sabía que comprártela serviría de algo-bromeó Aladdín corriendo también a su lado-¿Y ahora qué?

-Ahora vamos a por las armas-dijo Jim. Miró a Hércules, que le observaba impresionado-¿dónde están?

-Hangar cuatro, semisótano-indicó Lady Tremaine desde la sala de control. Entonces se dio cuenta de que estaban abriendo la puerta que ella había bloqueado-voy a tardar en volver a hablar…

-No hay problema-dijo Hércules. Luego se volvió hacia Aladdín y Jim-está en el semisótano, hangar cuatro. ¿Podréis…?

-Recupera el radar y a la chica, nos reencontramos aquí en quince minutos-dijo Jim montando en la tabla. Aladdín subió detrás y se agarró a su amigo para no caerse-¡y cuida de ellas!

Señaló a Bella y a Lilo. Ariel volvió a mirar a Jim sorprendida ante ese último comentario, pero él piso el pedal de la tabla y se dispuso a arrancar sin prestarla ni la más mínima atención Había una decisión especial brillando en los ojos del chico. Casi siempre que corrían peligro él la miraba. Siempre había estado pendiente en las misiones, y en cambio ahora era como si ni siquiera supiese que estaba. "Cuida de ellas…"

-Adiós-se despidió Aladdín de la pelirroja, haciendo como si disparara con los dedos. Luego se alejaron a toda velocidad, levantando viento a su paso. Ariel los vio alejarse respirando muy deprisa. Se dio cuenta de que Bella la miraba, y furiosa la dio la espalda.

-¿Dónde está el tipo del sombrero?-preguntó Hércules extrañado.

-No ha venido con nosotros… desapareció-explicó Lilo preocupada. Sebastián por su parte se había sentado en la cabeza de Pumbaa, que seguía sollozando en silencio, recordando a Timón.

-Tranquilo, tranquilo… etamos contigo-dijo el cangrejo, compasivo. Él también tenía mucho miedo… miedo de ser el siguiente.

-Timón… todo es culpa mía…-lloraba Pumbaa, al que nada ni nadie hubiese podido consolar en ese momento.

-Tenemos que seguir-dijo Hércules guiándolos por otro pasillo hacia el despacho de Cobra, cuando el mismísimo agente los cortó el paso sujetando a Meg con una mano y su revólver con la otra, y acompañado por otros diez agentes que los apuntaban con sus armas. Iban a abrir fuego cuando Hércules sacó su pistola de luz, y todos se pararon.

-El más mínimo movimiento y lo aprieto-advirtió el chico con decisión. Por supuesto no hablaba en serio… nunca sería capaz de hacer daño a Meg.

-No deseo mataros, solo quiero que hablemos-dijo Cobra Burbujas con paciencia.

-Pue para no desealo bien que lo ha intentao-comentó Sebastián cruzando sus pinzas.

-Entregaos… acabamos de apresar a Oogie Boogie… la misión ha terminado-mintió Cobra intentando persuadirlos.

-Si es así tráigalo aquí y mátelo-ordenó Hércules-entonces dejaré las armas.

-Tardará un poco, pero lo conseguiremos-dijo Cobra-ahora hablemos chico, con calma, con calma. ¿Eres Hércules, no? Eres muy admirado en esta ciudad…

-Si es cierto. Pero yo no sé quién es usted…-dijo Hércules, siguiéndole el juego pero sin relajar el arma ni un momento.

-Agente Cobra Burbujas… intenté entrevistarme contigo hace poco, sin éxito. Eres un hombre ocupado-dijo Cobra. Meg intentó zafarse, y él la sujetó con más fuerza para impedirlo-escucha… sé quiénes sois y lo que os ocurre… solo quiero ayudaros. Pero a cambio necesito el Código de Er… es muy importante.

-¿El código?-repitió Hércules arrugando levemente la nariz. No tenía ni idea de lo que le hablaba.

-Sí, el código-repitió Cobra Burbujas con un deje de impaciencia en su voz-sé que lo tenéis vosotros… lo quiero. Repito, solo quiero ese código. El resto lo podemos negociar.

-Pues es curioso… porque yo no creo que queráis negociar nada-comentó Hércules mirando a los hombres de Cobra-que bajen las armas…

El agente Burbujas suspiró, y con un gesto hizo que sus hombres bajasen las pistolas. Sin embargo él seguía sujetando la suya con la mano izquierda, mientras que con la derecha retenía a Meg.

-Estate quieta, en serio-la advirtió. Meg arqueó la cabeza hacia atrás, desesperada.

-Fortachón, déjalo…-pidió, dolida-marchaos…

-No lo permitiré… te llevaré conmigo-dijo Hércules. Meg sonrió tristemente.

-Ya hemos pasado por esto antes… ¿verdad?

Entretanto en la sala de control cuatro agentes del D23 acababan de tirar la puerta a bajo e irrumpido armados hasta los dientes y disparando contra las pantallas. Pero ahí no parecía haber nadie.

-¿Dónde coño…?-empezó uno, cuando vio que una pequeña bola metálica rodaba hasta sus pies. Era una granada de mano-¡NO!

¡BOOOOOOOM! La explosión de luz desintegró a dos de los agentes mientras los otros dos salían disparados hacia atrás por la onda expansiva y se chocaban con la pared, quedando inconscientes. Lady Tremaine desactivó su invisibilidad reapareciendo ante los ojos de los agentes y sonrió satisfecha. Habían dejado el monitor inutilizado por los disparos, así que ya no servía de nada estar allí.

Lady Tremaine se dirigió hacia la salida de la sala de control cuando uno de los agentes supervivientes levantó su arma hacia ella y disparó. La bala sin embargo rebotó ante el escudo de energía que Agatha activó justo a tiempo. El agente disparó de nuevo contra ella y entonces Lady Tremaine lo apuntó con su pistola de luz y lo desintegró de un tiro. Acababa de gastarla inútilmente.

-Mmmmn…-Lady Tremaine tenía una palabrota rondándola la cabeza pero como era ante todo una señora no la dijo. Solo noqueó con el arma al último agente que quedaba, asegurándose de que no se movía, y quitándole su revólver salió de allí. Su traje estaba casi sin energía, iba a tener que ser muy rápida ahora, y no tener ni un solo descuido más.


-¿Qué esperas conseguir? No sé qué código es ese, ni quién lo tiene-le decía Hércules a Cobra Burbujas, mientras seguían enfrentándose con la mirada.

-Pues yo creo que sí. ¿Dónde está el joven Hawkins…? Él fue visto abriendo esa caja fuerte la noche del veintiséis de septiembre.

-¿Qué caja fuerte?-preguntó Hércules con sorpresa.

-La que se encontraba en el castillo del príncipe Juan-Cobra Burbujas entendió que realmente el fortachón no entendía nada. Pero Ariel si lo hacía. Aladdín ya les había hablado de su código una vez. Era el árabe quién lo tenía, por lo menos hasta dónde ella sabía.

-Fortachón, marchaos… ellos no lo tienen… estáis perdiendo el tiempo…-siseó Meg. Cobra la apretó con más fuerza.

-No me obligues a utilizar la fuerza, Hércules-le avisó. El musculoso héroe le devolvió la mirada con fiereza.

-¿La fuerza?-repitió, burlón.

-Semola sorsa… sedrisah zozsa…-susurraba Bella. Lilo la miró sorprendida. La chica estaba realizando otro hechizo. Las cosas se iban a poner muy peligrosas de un momento a otro-sanasteri sostia…

-No podemos dejaros escapar-dijo Cobra Burbujas apretando los dientes-así que terminemos con esto ¿tranquilitos, de acuerdo?

Hércules sonrió con decisión.

-De acuerdo-dijo, y dando un tremendo y elevadísimo salto golpeó el sueño con sus puños, provocando un temblor: los soldados del D23 perdieron el equilibrio, y Cobra Burbujas estuvo a punto de soltar a Meg, que aprovechando el susto se zafó de él, pero Cobra consiguió agarrarla de nuevo.

-¡Usemos la fuerza!-exclamó Hércules acercándose a Cobra Burbujas y dándole un bestial puñetazo en el rostro: el agente salió disparado hacia el techo, que atravesó abriendo un enorme agujero. Los demás agentes miraron a Hércules boquiabiertos, y entonces el fortachón sacó su espada y cortó varias de sus armas.

-¡MUERE!-uno de los agentes apuntó y disparó a Hércules, cuando de su arma salieron solo un puñado de margaritas-¿QUÉ…?

¡ZAS! Otro puñetazo mandó al agente a hacer compañía a Cobra Burbujas en el piso de arriba. Los agentes disparaban de sus armas, por las que solo salían flores, mariposas y burbujitas. Bella sonrió satisfecha.

-¡Uala!-exclamó Lilo, asombrada-¡tienes que enseñarme a hacer eso!

-Mpfff…-Ariel miró a Bella con mal disimulada envidia. Esa magia ella también sabía hacerla… bueno, antes, por lo menos. Tras su suicidio no había vuelto a intentar utilizar sus poderes mágicos, ni siquiera cuando su vida había vuelto a correr peligro. Había algo que la impedía querer hacerlo.

-¡CORRED!-le ordenó Hércules al grupo, y todos lo obedecieron mientras más agentes irrumpían por las escaleras laterales, estos sí armados con pistolas de verdad.

En el semi sótano, Jim y Aladdín sobrevolaron a los guardias que los disparaban protegiendo los trajes y armas. No esperaban que hubiera tantos, pero acababan de sufrir una emboscada, y Jim no conseguía quitárselos de encima. Debían llegar a las armas como fuera. Estas habían sido metidas en unas enormes urnas reforzadas con energía láser protector.

-¡NO ESPERABA TANTOS!-gritó Jim esquivando a tiempo a un agente que saltando de una viga trató de atraparlos.

-¿Tienes algún plan?-le preguntó Aladdín, aferrado a él y gritándole en el oído.

-¡No! ¿Tú?-Jim movió la tabla en zigzag y esquivó los disparos de los agentes. Con un revólver recogido anteriormente disparó varias veces, aunque ninguna consiguió acertar, pues sus oponentes eran muy rápidos. Una de las balas de ellos sin embargo si hirió a Jim en el tobillo, y el vuelo de la tabla se detuvo mientras él y Aladdín caían en picado.

-¡MIERDA!-Aladdín agarró a Jim por la cintura y se lanzó lejos de la tabla, rodando por el suelo como una bola. La Solaryum se dio un buen golpe contra el suelo haciendo un ruido seco y luego derrapó chocando contra un agente y derribándolo. Aladdín disparó contra los tres agentes que les perseguían mientras empujaba a Jim hacia un lado. Le dio a uno en el cuello matándolo en el acto, pero los otros dos dispararon y le dieron de lleno en el pecho. Aladdín cayó hacia atrás escupiendo sangre por la boca.

-¡oh…!-gimió el árabe, antes de caer con un ruido seco.

-¡NO!-gritó Jim al verlo. ¡No podía ser cierto! Con un rápido movimiento recuperó su arma y disparó contra los otros dos agentes. Al primero lo dio en la cara, y al segundo la bala le acertó en la rodilla. El agente del D23 cayó al suelo y apuntó con su pistola a Jim en la cara. El chico hizo lo mismo con su arma, y los dedos de ambos se deslizaron hacia el gatillo. Se matarían el uno al otro.

-Espera chico ¡espera!-gritó el agente, asustado-no dispares…. Y yo no dispararé…

-Sí, claro…-Jim le miró rabioso. Aladdín… Aladdín… ¡lo habían matado! No podía estar muerto, simplemente no podía estarlo-que te jodan.

-Venga, tira tu arma y yo haré lo mismo-dijo el agente, jadeando. Jim se vio reflejado en las gafas de sol de su enemigo, y se acordó de Cobra Burbujas. Él tenía la culpa de todo aquello. El adusto rostro negro del agente se apareció en la mente del chico. Apretando los dientes Jim se dispuso a presionar el gatillo. No iba a vivir mucho, de todas formas.

-Como quieras-dijo el agente, frunciendo el ceño. O los dos o ninguno.

Jim disparó su bala a la vez que el agente, y ambas volaron en direcciones opuestas en menos de un segundo. Instantes después, para sorpresa de los dos, los proyectiles colisionaron achatándose el uno contra el otro y rebotando hacia el techo, donde chocaron y luego cayeron del nuevo al suelo. Jim y el agente se quedaron mirándose pasmados, asimilando la increíble coincidencia que acababa de pasar. Fueron apenas unos segundos, el tiempo suficiente para que su cerebro entendiera, e instantes después el gatillo se apretó y disparó de nuevo.

El agente había vuelto a disparar.

Jim cerró los ojos.

-Joder…-su oponente estaba muerto. Jim había rodado por el suelo esquivando su segundo disparo y luego le había disparado él mismo, acertando en una de sus gafas. Por el cristal roto comenzó a brotar sangre, mientras el agente temblaba unos segundos, intentando hacer algo, para luego dejar caer su cabeza en el suelo de golpe. Jim se quedó unos segundos jadeando y mirándolo. Luego, movido por la fuerza de la desesperación, se consiguió incorporar pese a la herida de bala en el tobillo y fue hasta Aladdín que estaba tendido en el suelo.

-Nno… ¡NO!-gritó Jim con los ojos anegados en lágrimas-¡NO TE MUERAS! ¡NO TE MUERAS POR FAVOR!-agarró a Aladdín por los hombros y lo miró con angustia-¡ALADDÍN! ¡NO!

-Ugh…-el moreno apretó los dientes con fuerza mientras respiraba, para sorpresa de Jim. El chico miró a Aladdín, lloroso, mientras el árabe le miraba con los ojos entrecerrados-Jim tío… tienes que irte rápido… van a venir más…

-¡NO! ¡Te llevaré!-Jim intentó incorporar a Aladdín pero no pudo. El árabe gritó de dolor al intentar Jim levantarlo. La herida era muy grave, y la sangre no cesaba de brotar. El pecho de Aladdín subía y bajaba rápidamente. Moriría pronto-¡te llevaré, vamos! ¡NO TE RINDAS!

-Jim lo siento… luchar contigo… ha sido lo mejor… gracias…-susurró Aladdín que mantenía los ojos cerrados intentando ignorar el dolor.

-¡NO!

En ese momento Jim escuchó unos pasos y se volvió, asustado. Tal vez era el momento de que él también muriera…

Sin embargo se trataba de aquella extraña mujer, Lady Tremaine, que acababa de llegar armada con un revólver, y acercándose a una de las cajas que contenían las armas desactivó el cerrojo con la muñequera de su traje y consiguió sacar dos pistolas. Lady Tremaine miró las armas con escabrosa satisfacción y luego miró a Jim y a Aladdín, fulminándolos con la mirada.

-¡Se está muriendo!-gritó Jim asustado-¡POR FAVOR!

Nunca la había oído hablar. De hecho, al chico le sorprendió que fuese capaz de hacerlo.

-No hay nada que hacer-dijo Lady Tremaine con apatía. Jim la miró atónito. Tenía un aspecto lamentable, con el cabello castaño por la cara, pálido y con los ojos desorbitados. Sin embargo también resultaba enternecedor. Parecía un niño pequeño muerto de miedo. Un niño desesperado porque alguien pudiese ayudarlo. Aladdín se moría. El tiempo para él se acababa, como antes para Billy se había acabado.

-No puedo…-repitió Lady Tremaine.

-¡HAZ ALGO!-gritó Jim desesperado-¡AYÚDANOS!

Lady Tremaine lo observó con frialdad. Jim la sostuvo la mirada unos segundos, pero luego volvió a bajarla hacia su moribundo compañero.

-Tranquilo Aladdín estoy aquí… tranquilo…-decía. Aladdín le miraba con la visión nublada. Apenas podía ver nada-tranquilo… mírame…

Jim seguía intentando tranquilizar a Aladdín que temblaba sin control mientras el cuerpo le chorreaba sudor, mientras Lady Tremaine seguía mirándolos a los dos con desprecio. Estuvo así callada durante casi un minuto, hasta que finalmente se acercó a dónde estaban, agachándose. Jim la miró sorprendido. El chico tenía el rostro desencajado por el miedo.

-Déjame verlo…-Lady Tremaine se acercó a la herida y la miró con sus ojos grisáceos. La bala había impactado bien, pero no estaba demasiado dentro. Tal vez… tal vez…

-¿Qué…?-Jim miró a Lady Tremaine con impaciencia. ¿Sabría ella algo de cómo ayudarles? ¿Podrían hacer algo? Esta vez el doctor Dawson no estaba allí para salvarlos.

-Tenemos que hacer que deje de sangrar-dijo Lady Tremaine secamente, tensando sus dedos mientras desgarraba la túnica del chico para dejar su pecho al descubierto-haz presión en la herida.

-Pero… pero… ¿y la bala?-preguntó Jim, nervioso. Lady Tremaine negó con la cabeza.

-Yo no puedo sacársela-dijo-no sé cómo hacerlo… presiona… presiona, no dejes que salga más sangre…

-¡JODER!-gritó Jim asustado, mientras Aladdín daba un grito desgarrador al sentirlo. Cada vez le estaba costando más respirar, Jim notaba como la respiración del chico se estaba volviendo más dificultosa por segundos.

-Necesitamos ayuda, estoy en el semi sótano-dijo Lady Tremaine por el micro de su traje-repito, necesitamos ayuda…

-Aladdín, tranquilo… espera…-dijo Jim.

-¡OOOOOH!-Aladdín se restregó por el suelo notando el insoportable dolor de la hemorragia mientras Jim intentaba calmarlo.

-Tenemos que hacer algo ¡hay que sacarle esa bala!-gritó Jim desesperado. Lady Tremaine negó con la cabeza. No había hablado con ese chico en la vida, y si su amigo moría o vivía le debería importar muy poco, pero se sentía extrañamente involucrada en aquel asunto. Había algo en ese tal Jim… que la hacía tener que quedarse allí.

-Como ese hombre no sepa sacársela…-dijo Lady Tremaine haciendo referencia Hércules-no creo que podamos hacer mucho más…

Fue como si una chispa se encendiese en la cabeza de Jim. Pues claro ¿cómo no lo había pensado antes?

-Bella…-susurró.

-¿Perdón?-dijo Lady Tremaine, ofendida.

-Bella… ¡Bella, mi novia!-gritó Jim agarrando a Lady Tremaine del brazo. La dama le miró sorprendida y repugnada-¡ella sabe magia! ¡Resulta que sabe, joder! Puede curarlo… ¡seguro que puede! ¡Ve a buscarla! ¡CORRE!

Lady Tremaine entrecerró los ojos dilatando las aletas de su nariz con desprecio.

-… por favor-pidió Jim, nervioso. Aquello pareció gustarle más a la mujer, que se incorporó y fue hacia la salida, no demasiado rápido, pero tampoco sin detenerse más. Jim siguió al lado de Aladdín, quien parecía perder fuerzas por momentos-tranquilo… respira, tranquilo… yo contendré la herida…

El corazón le latía muy rápido, pero la herida hacía que la sangre no se bombeara correctamente, y pronto sufriría una parada cardiaca. Además el rostro del moreno se estaba poniendo rojo, no podía respirar.

-Me… ahggggg…-Aladdín miró a Jim con sus grandes castaños, desesperado. Jim no podía sostenerle la mirada. No quería ver como la vida se extinguía en ellos.


-En el sótano necesitan refuerzos-le dijo Hércules a Meg mientras bloqueaba una puerta para que los agentes del D23 no pudiesen pasar-¿puedo contar con vosotros?

-Tenemos armas ¿no?-dijo Meg señalando a Ariel que cargaba con su pistola y su granada-y abajo hay más.

-No sé qué os podéis encontrar a bajo-dijo Hércules preocupado. Sacó una de las dos pistolas que tenía y se la pasó a Meg-toma, por si acaso.

-No te preocupes, sabré cuidarme-dijo Meg guiñándole un ojo. Se quedaron unos segundos observándose. Era tan raro poder volver a verse, poder volver a hablar después de tanto tiempo. Hércules despegó sus carnosos labios y se acercó a Meg, pero ella se apartó soltando una risotada-¡No voy a besarte!

-Perdón, perdón… no quería…-se disculpó él, muy cortado. Meg le puso las manos en los hombros, suspirando.

-A por ellos fortachón-le animó. Hércules apretó los puños con decisión.

Mientras Meg, Bella, Lilo, Ariel, Pumbaa y Sebastián iban hacia el sótano, Hércules abrió la puerta que acababa de bloquear, y se quedó frente a una veintena de agentes del D23, todos ellos armados con pistolas, fusiles, barras de hierro y cuchillos. Cobra Burbujas estaba detrás de la mayoría de ellos, pero se le distinguía perfectamente porque era mucho más alto.

-¡RÍNDETE INMEDIATAMENTE O USAREMOS LA… O TE ANIQUILAREMOS!-gritó Cobra Burbujas levantando su pistola amenazador.

-¿En serio?-los blancos y redondeados dientes de Hércules asomaron en una sonrisa mientras el chico aferraba con fuerza el mango de su katana especial-vamos allá…

-¡KYAAAAAAAAAAAAAAA!-los agentes del D23 saltaron sobre Hércules disparando como locos mientras él frenaba todos y cada uno de sus disparos con espectacular destreza. Luego activó el escudo protector del traje, y dando un gran salto en el aire golpeó sus puños creando otra onda expansiva que los alejó a todos. Los agentes siguieron gastando balas contra Hércules mientras el daba una pirueta en el suelo y haciendo una saeta con su arma les cortaba las piernas a cinco de ellos. Cayeron al suelo gritando presas del dolor mientras otro muy grandote se abalanzaba sobre el héroe con una enorme hacha especial, pero él detuvo el hacha con sus manos antes de que pudiese herirlo y girando muy rápidamente sobre sí mismo la mandó volando por los aires con su dueño.

Diez agentes del D23 disparaban a Hércules mientras cinco sacaban espadas y navajas e intentaban herirlos. Los agentes habían sido instruidos en artes marciales avanzadas para el combate, pero Hércules los superaba a todos en esos conocimientos, y se movía como un torbellino de furia mientras esquivaba sus golpes y los iba venciendo uno a uno ya fuese con su espada o con sus puños. Uno de los agentes intentó asestarle una patada mortal en el cuello pero Hércules detuvo su pierna en el aire y lo utilizó como escudo para parar el puñetazo de otro. Derribando a ambos agentes Hércules se subió encima de ellos y paró tres golpes seguidos que trataba de darle un tercero. Luego le asestó un codazo en la cara a un cuarto que quería apuñalarle por la espalda, y al quinto desgraciado, un agente muy astuto que trataba de quitarle el arma de Gantz que colgaba de su cinturón, Hércules le rajó tres veces, en el pecho, la cadera y las rodillas, rebanándolo en rodajas como a un pan.

-Genial…-se acordó de Úrsula, a la que había dejado bien partidita en dos partes exactamente iguales. En ese momento un enorme puño se estrelló en la cara del fortachón, que salió disparado en dirección contraria y se chocó con una enorme impresora, destrozando sus mecanismos.

-Muy bien… si quieres jugar así, por mi encantado-Cobra Burbujas mantenía los puños en alto como un boxeador apuntando hacia Hércules. El chico se frotó la cara y escupió un diente sorprendido: ¿cómo era posible que Burbujas le hubiese golpeado así a él? No era tan fuerte…

Pero viendo sus puños entendió por qué: el agente llevaba unas guanteleras de metal que tenían una extraña luz verde brillando en ellos. Eran puños sónicos, Hércules solo había visto un par más en toda su vida.

-Ahora seguirás usando la fuerza ¿eh?-preguntó Burbujas quitándose las gafas para revelar sus pequeños e inquisitorios ojitos-me da que no vas a ser tan gallito, hijo de puta.

-No deberías haberme insultado…-dijo Hércules cruzándose de brazos. No tenía ningún miedo. Derrotarle no le costaría tanto…

Cobra Burbujas se desabrochó la corbata y se quitó la camisa rebelando su musculoso torso. Tenía unos pectorales enormes y unos bíceps tan gruesos como los de Hércules. Al héroe le sorprendió ver un tatuaje en el brazo izquierdo de una flor de Hawaii.

CRAK, CRAK. Cobra Burbujas hizo crujir su cuello mientras miraba a Hércules con sus penetrantes ojos y luego cogiendo carrerilla como un toro echó a correr hacia él.

-¡AAAAAAAAAH!-gritó el héroe estirando su puño hacia Cobra. Pero él lo detuvo con su guante, y luego le sacudió a Hércules un puñetazo en el estómago doblándolo por la mitad. El chico escupió mientras notaba un dolor indescriptible en el vientre, pero se recompuso y le sacudió a Cobra un fuerte golpe en la cara, derribándolo.

Hércules contaba con la ventaja de que el cuerpo de Cobra era menos resistente que el suyo gracias al traje de Gantz. La fuerza del agente se concentraba en los puños metálicos, mientras que la suya se expandía por todo el traje. Debía aprovecharse de eso para derrotarlo.

-Aaaaagh… en realidad desearía que fuese un cuerpo a cuerpo…-reconoció Cobra Burbujas-sin trampas… ni puños, ni trajes especiales…

-Me parecería… justo…-reconoció Hércules-quizás otro día estaría bien… pero ahora mismo no puede ser… tengo una misión que completar.

-Y yo no puedo permitirlo-le recordó Cobra sonriendo como un lobo.

-Sigamos…

Hércules fue de nuevo hacia Cobra, quien esquivó sus puños, pero el fortachón le dio una patada al negro en su entrepierna haciéndolo caer dando un alarido. Hércules le dio a Cobra otra patada en la cara y lo tiró hacia atrás pero Cobra uso sus manos para hacer un pino, asestarle a Hércules una patada en la cara que le rompió las narices y luego volver a ponerse en pie frente a él.

-Nno…-Hércules siguió haciendo sus ágiles movimientos de combate contra Cobra que los esquivaba uno tras otro y conseguía darle de vez en cuando. El agente estaba realmente versado en las artes marciales, hasta el punto de dejarlo impresionado. Pero Hércules no iba a rendirse tan rápidamente.

-¡UAAAAAAH!-Hércules levantó una mesa de despacho cuando la pelea los llevó a los dos hacia una sala de reuniones, y la arrojó contra el agente Burbujas que saltando por encima de ella levantó sus puños y le dio un implacable puñetazo en la cabeza. Hércules retrocedió, mareado, mientras el agente lo agarraba por las piernas y lo tiraba al suelo, tratando de ahogarlo.

-JJJJJJJJJGGGGGG…-Burbujas y Hércules forcejearon en el suelo pataleando y girando el uno de encima del otro. Al final fue el chico quien se reincorporó y le dio otro bestial golpe a Cobra en la cara, partiéndole la nariz y el labio.

-PUAGH…-Cobra escupió sangre hacia un lado mientras se limpiaba con su grueso antebrazo-terminemos con esto de una vez, Hércules…-dijo mientras agitaba sus dedos cubiertos por los guantes de metal. La energía especial que desprendía de ellos lo hacían imparable.

-Nada me gustaría más, kairos-dijo Hércules guiñándole uno de sus amoratonados ojos. Cobra sonrió.

-Sabía que eras tú… estaba seguro de ello…

-No me lo habrías puesto tan fácil si no, ¿verdad?-dijo Hércules, secándose también la sangre que le corría por la nariz. Cobra y él se miraron unos segundos, el agente henchido y extrañamente satisfecho. Por fin.

-Entonces que gane el mejor…-dijo frotando sus puños y haciendo que la energía verdosa de ellos se convirtiese rápidamente en una esfera inmensa.

-Sea…-Hércules saltó hacia Cobra y él se preparó para resistir el ataque: el fortachó esquivó los puños de su contrincante y le sacudió una bestial patada en la cara que lo mandó disparado a otra sala atravesando una pared.

-¡OOOOOH!-Cobra notó como la columna vertebral le dolía de un modo punzante. No tuvo tiempo de recuperarse del golpe porque Hércules ya había saltado hasta él y agarrándolo de los brazos le sacudió otro bestial puñetazo en la cara, tumbándolo.

Burbujas se desplomó en el suelo, aparentemente k.o. Hércules se quedó observando a su rival caído mientras iba realentizando la respiración para serenarse. Era crucial que se lo dijera, que hablase con él, era muy importante. Se agachó al lado de Cobra, mirando hacia los lados para comprobar que nadie los estaba viendo. Aunque daba igual. Gantz siempre estaba mirando…

-Escucha… Cobra…-dijo Hércules en el oído del agente. Pero este se movió de repente, y agarrándole la cabeza con las manos se la estampó contra una columna.

-¡OH!-Hércules retrocedió, atontado por el golpe, momento que Cobra Burbujas aprovechó para reincorporarse, sacudirle otro golpe en la espalda a su oponente y luego bloquearlo con una llave de judo.

-Nos estamos quedando sin opciones, kairos-susurró Cobra en el oído del fortachón-así que será mejor que hablemos. Es el principio del fin.

-Pero ahora… ¡no puedo!-exclamó Hércules furioso.

-Oh sí… podrás-dijo Cobra antes de coger carrerilla y usar al fortachón de ariete contra una gruesa puerta metálica.


-Aladdín joder… ¡ALADDÍN!-Jim vio cómo su amigo dejaba de temblar y se iba quedando cada vez más lento. Hacía ya unos minutos que aquella mujer se había marchado. Jim se temía que no iba a volver. Había agentes buscándolos por todas partes, y si lo encontraban lo matarían seguro. Pero él no iba a dejar a Aladdín tirado. No pensaba dejarlo morir.

-…aaaaaaaah…-el moreno se estaba quedando sin aire. Tenía las vías respiratorias bloqueadas porque la sangre le circulaba cada vez peor. Jim notaba como su sudada piel estaba cada vez más caliente e hinchada.

-No… no…-Jim vio que Aladdín se quedaba sin respiración. Sabía que debía hacer, se lo habían enseñado en la Academia, así que bajando su cabeza pegó sus labios a los suyos y empezó a insuflarle aire a su amigo para evitar que se ahogara.

-¡JIM!-Bella acababa de llegar al semi sótano junto a Lilo, Lady Tremaine y Ariel. La pelirroja fue la primera en ver el "beso" y se quedó estupefacta. Bella abrió la boca varias veces sin saber qué decir, mientras Lilo parpadeaba confusa.

Incluso herido de la bala y al borde de la muerte, Aladdín se quedó con expresión de ¿Quéeeeeeeee? en el rostro al sentir los labios de su amigo pegados a los suyos. Joder, eso sí que no esperaba que pasase nunca.

-Jim…-Bella fue la primera en reponerse, y acercándose a Aladdín se inclinó a su lado. Jim despegó los labios de su amigo, que aspiró agradecido el oxígeno que le había dado, y miró a la chica con desesperación.

-¿Puedes ayudarlo? ¿Sabes… algún hechizo?

Hubo unos instantes de desesperado silencio mientras Bella miraba el agujero en el pecho de Aladdín.

-Sí Jim pero… esa herida es muy grave-dijo Bella.

-¡Por favor!-gritó Jim fuera de sí-¡no quiero que muera!

Ariel se acercó también a Aladdín inclinándose a su lado, preocupada.

-Aladdín…-susurró la pelirroja y lo tomó de la mano. El moreno abrió levemente los ojos para mirarla y las comisuras de sus labios temblaron tratando de esbozar una sonrisa.

-A… Ariel…-susurró, enternecido. Ella sintió un escalofrío recorriéndole la columna vertebral. No quería que muriera. Debía de haber un modo de salvarlo.

-Es un hechizo de curación, pero si sale mal…-decía Bella, echándose un mechón de pelo castaño hacia atrás.

-¿Si sale mal?-insistió Jim impaciente.

-Puede morir…-gimoteó Bella, angustiada. Jim iba a decir algo pero se calló. Era un grave riesgo… le estaba pidiendo mucho a Bella…

-Se morirá de todas formas si no lo intentas-intervino Ariel-así que vamos… ¡hazlo!

Bella y Ariel se miraron fijamente unos instantes. La pelirroja la alentó con un gesto de cabeza. Bella vio que ella también tenía miedo, pero la alentaba con la mirada.

-Primero debemos sacarle la bala…-dijo finalmente la chica mirando a Jim.

-Hecho-respondió él. Mientras esperaba se le había ocurrido desmaterializarse y meter su mano en el pecho de Aladdín, consiguiendo extraer la bala y sacársela. El árabe había gritado mucho, pero al menos ya no tenía el corrosivo plomo en el cuerpo.

Tragando saliva angustiada Bella puso sus manos sobre el pecho de Jim y cerrando los ojos comenzó a susurrar unas palabras muy suaves: sus letras sonaban dulces, delicadas como el cristal y cómodas como el algodón.

-Vienen más…-indicó Lady Tremaine señalando la entrada izquierda. A Bella te temblaron un poco las cejas, y la luz que estaba saliendo de su mano desapareció.

-¡Cubridnos! ¡Será un momento!-le gritó Jim. Ella alzó la cabeza, indignada por su irreverencia, pero finalmente se dirigió hacia la puerta y cuando tres agentes avanzaron hacia ella arrojó la otra granada de Gantz que había conseguido. La explosión de luz hizo temblar toda la estancia, y mató a dos de los agentes. Al tercero lo remató Lady Tremaine disparando con un revólver que recogió del suelo.

-Deja caer… deja caerla… escúchame… deja la lluvia caer…-susurró Bella. Una lágrima recorrió sus mejillas mientras de sus dedos una cálida luz blanca brotaba por las yemas y se acercaba a la herida de Aladdín. Eran como unas ramificaciones luminosas, unas lenguas hechas de llama que lamían la herida, y poco a poco fueron consumiendo la sangre y rehaciendo la carne. Aladdín temblaba cada vez menos, mientras las lágrimas cruzaban su rostro y se perdían en su leve barba. Sujetó con su mano izquierda la mano de Ariel, y con la derecha la de Jim. La pelirroja y Hawkins se miraron de reojo al ver como el color volvía poco a poco al rostro de Aladdín y lo revitalizaba.

-No tenemos mucho tiempo…-insistió Lady Tremaine. Jim la hizo un gesto para que se callara. Bella estaba muy concentrada. La herida ya tenía una leve capa de carne viva por encima, pero aún estaba muy delicada. Las luces sin embargo seguían brillando. La sanación continuaba. Jim miró fascinado a Bella… ¿qué más cosas no sabía de ella? Aquella rara chica del cine… quizás nunca habría podido conocerla… y pensar que alguien tan fascinante como ella llevaba años suspirando por él… era tan afortunado.

Ariel reconocía esa mirada en Jim. Solía dirigírsela a ella. Pero ya no. Ya nunca más.

-Ya… ya está…-Bella se desvaneció, agotada por el esfuerzo, y Jim la sujetó evitando que se desplomara en el suelo. El chico miró a Aladdín, que seguía en el suelo, pero parecía mucho mejor.

-Aladdín… yo… ¿qué tal estás…?-preguntó, con los ojos brillantes.

-Mmmmmmn…-Aladdín seguía teniendo los ojos cerrados, pero esta vez sí que pudo sonreír-¿yo? Después de liarnos, mucho mejor…

Jim soltó una carcajada de enloquecida felicidad y lo abrazó, también Ariel. Lilo sonrió emocionada y corrió a darle un besito al árabe en la mejilla, que se lo agradeció mucho.

-¡AH!-Meg acababa de descender por la escalera. Lady Tremaine iba a dispararla creyendo que era otro agente, pero se detuvo justo a tiempo-¡Tengo el radar! ¡Tenemos que irnos!

-¡Lo ha conseguido!-exclamó Sebastián, contento. Meg se había desviado del resto del grupo para regresar al despacho de Cobra y recuperar el radar. De paso también le había robado un lápiz de memoria con información confidencial. Podría serle muy útil…

-Vámonos ya-dijo Meg. Agarrando la muñeca de Lady Tremaine la puso en otra de las cajas blindadas y abriendo la cerradura recogió dos de las espadas de Gantz.

-Ogh…-Lady Tremaine miró a Meg furiosa por utilizarla así pero ella la ignoró completamente, y le indicó otra caja blindada más. Allí estaban los trajes que les habían quitado. ¡La misión aún tenía futuro!

-¿Y Hércules?-le preguntó Ariel a Meg, preocupada.

-Está arriba reteniendo a los últimos agentes-explicó Meg-pero pronto vendrán más de otras bases, tenemos que irnos ya. Hemos perdido media hora más, no nos sobra el tiempo.

-Tenemos que coger… ugh… sus camiones…-Jim hizo un esfuerzo para incorporarse (aún estaba herido por la bala en el tobillo) ayudado por Lilo, mientras a Bella la ayudaba Pumbaa, y Ariel tiraba de Aladdín.

-¡VAMOS!-Meg recogió también dos pistolas de balas normales de los agentes caídos y se dirigió hacia un puente que llevaba al hangar en el que los habían traído. Debían salir de allí inmediatamente. Por suerte había dos camiones aparcados allí, tenían vehículos y posibilidad de huir.

-Muy bien…-Meg se colocó en la parte trasera del furgón y se quitó la túnica con decisión, colocándose después su traje negro rápidamente. Se dio cuenta de que Jim y Aladdín la miraban con escaso disimulo de sus pensamientos, pero no hizo ningún comentario-vamos… fortachón… fortachón… Hércules, ¿me recibes?-preguntó Meg por el micro del traje.

Hércules no respondía. Meg se mordió el labio inferior con angustia. El radar indicó que seguía en la planta superior, con otro punto que señalaba a Cobra Burbujas.

-Hércules…repitió Meg de nuevo, nerviosa. No respondía-tenemos que irnos…

-Pero… ¿y él?-preguntó Ariel, tumbando a Aladdín en la parte trasera del furgón-¿el qué?

-No podemos quedarnos aquí… pronto vendrán más y acabarán con nosotros-dijo Meg, incómoda.

-¡Hércules vino a rescataros!-protestó Ariel, furiosa. Jim la miró con sorpresa. Nunca la había visto así de involucrada en una misión.

-Hay que… buscarle…-murmuró Aladdín que se estaba recuperando rápidamente. Tenía una fortaleza tremenda.

-¡No podemos!-insistió Meg, claramente enfadada-¡van a llegar más agentes! ¡Nos estamos quedando sin armas!

-Meg… Meg-la voz de Hércules se escuchó desde el micro de la chica. Ella lo cogió al instante.

-¿Cómo estás?-le preguntó, muy seria.

-Marchaos…-dijo Hércules con voz entrecortada-yo os alcanzaré… iros…

-Pero… ¿y tú?-Meg frunció el ceño preocupada. La voz de Hércules no le sonaba nada bien. Ella también empezaba a perder confianza-¿Hércules?

-¡IDOS! ¡MEG, MARCHAOS AHORA MISMO!-gritó Hércules a la desesperada.

-Hércules…-ella miró a sus compañeros y les dio la espalda para que no vieran la angustia en su rostro-¿estarás bien?

Silencio. Agudizando el oído, ella distinguió su respiración y la voz de Cobra Burbujas a lo lejos. Le estaba diciendo algo…

-Sí-dijo Hércules-volveré verte.

Meg aspiró profundamente para coger fuerzas y dándose la vuelta hacia el resto se enfrentó a sus miradas de desconcierto.

-Nos vamos…-dijo con seriedad.

-¡NO!-gritó Ariel, contrariada-¡No lo haremos!

-¡LA PRIORIDAD ES LA MISIÓN!-gritó Meg, desquiciada-¡SI NOS QUEDAMOS AQUÍ NOS MATARÁN! ¿QUIERES MORIR? ¿DE VERDAD QUIERES?

Ariel enmudeció ante el ataque directo de ella. Meg y la sirenita se quedaron mirándose fijamente la una a la otra, encaradas. Jim pensó (conociendo a Ariel) que ella bajaría la mirada y se rendiría. Pero no lo hizo así.

-No-dijo la pelirroja con decisión-pero no voy a dejarle…

Tenía un arma y una granada, además de una de las espadas que había recogido. Podía luchar.

-Yo voy a buscarlo-dijo Ariel, mirando a los otros-vosotros… ¿vosotros venís conmigo?

Jim, Lilo, Bella y Pumbaa se miraron entre ellos, preocupados.

-Arie…-intervino Sebastián-ella tiene rasón… aquí corres peligro…

Ella negó con la cabeza y se dirigió hacia la salida sin decir nada más.

-Espera…-pidió Aladdín estirando un brazo hacia ella, pero no podía seguirla. Jim tampoco, apenas se sostenía en pie, aunque estaba de acuerdo con ella.

-No sabemos cómo matar a ese bicho… Hércules tal vez sí lo sepa…-susurró Jim. En el rostro de Meg se reflejaba una intensa amargura.

-Muy bien-dijo ella secamente, y entró en la cabina de la furgoneta-yo me marcho... subíos, antes de que sea tarde.

-Joder… -protestó Aladdín frotándose la rodilla dolorido-había que seguir juntos…

-Vamos….-Lady Tremaine se colocó en el asiento de la copiloto al lado de Meg, mientras Bella subía a Jim detrás, al lado de Pumbaa.

-¡Arie!-Sebastián se fue tras la pelirroja y escaló por su larga melena hasta colocarse en su hombro-¿está segura de esto Arié? ¡No van a matá!

-A mí ya no me importa…-dijo ella, ceñuda. En realidad no sabía por qué estaba haciendo aquello. Solo sabía que Hércules la había protegido, y que a su lado se sentía bien. ¿Tal vez necesitaba demostrarse algo a sí misma? Que ella también servía de algo… como Bella…

-¡Yo también voy!-dijo Lilo decidida, pero Jim la sujetó por el brazo.

-Es muy peligroso-la recordó con fiereza.

-¡No vamos a dejarle así! ¡Él ya es Ohana! ¡No se abandona al Ohana!-protestó Lilo.

-¿Ohana?-repitió Aladdín, arrastrándose al borde del camión.

-¿Tú a dónde vas?-le preguntó Jim con sorpresa.

-Me quedo con ella….-dijo Aladdín. Jim le miró con incredulidad. Si se quedaba, Aladdín moriría seguro-Jim dile que vuelva… si se va, no volveremos a verla…

Jim miró a Ariel que ya estaba a varios metros, en la puerta. La pelirroja se volvió una vez más, y las miradas de ambos se cruzaron. "Solo tienes que decirlo-pensó Ariel para sí-una palabra… por favor, dilo, Jim…". No pensaba quedarse, pero quería oírlo. Quería ver que aún le importaba.

Ya habían pasado por eso antes ¿verdad?

Jim bajó la mirada, y no dijo nada. Si ella quería irse, él no lo impediría. Ariel le contempló con el rostro embargado en lágrima y las mejillas coloradas. Entonces notó un punzante dolor en el corazón. Un dolor que ya conocía.

-¡CUIDADO!-gritó Bella de repente: la bala le pasó rozando a Ariel el rostro rajándole la mejilla. La chica dio un chillido, sorprendida: el segundo disparo de la agente que acababa de encontrarlos iba a darle directo en el pecho, cuando la pelirroja activó el escudo de su muñequera y se protegió.

-¡A ELLOS!-cinco agentes se colocaron en posición de ataque y abrieron fuego contra los prófugos. Jim se incorporó lo mejor que pudo y ayudado por Lilo y Bella cerró las puertas del furgón mientras las balas rebotaban contra ellas.

-¡Joder! ¡Vamos!-Meg pisó el acelerador mientras bajaba la palanca de cambios y el autovolante comenzó a elevarse.

-¡Mierda, joder! ¡Que no se escapen!-gritó uno de los agentes apuntando a la batería del furgón. Si la acertaba, el vehículo explotaría.

¡BANG! La bala golpeó en la batería haciendo que una descarga eléctrica la recorriera. Meg comprobó en la pantalla del furgón que perdían energía… si no salían de allí rápido, no podrían despegar.

-Moríos…-el agente del D23 volvió a apuntar a la batería del furgón pero asomándose por la ventana Meg le disparó en el pecho, derribándolo. Dos de los cuatro agentes que quedaban salieron en persecución de Ariel que corrió hasta un ascensor y consiguió despistarlos a tiempo, mientras que los otros dos siguieron disparando al coche. Un disparo se cargó la ventana, y otro habría atravesado la frente de Meg si ella no hubiese activado el escudo de su recién recuperado traje a tiempo.

-¡PONEOS LOS TRAJES!-ordenó Meg a sus compañeros que estaban en la parte trasera del furgón, muy espaciosa y oscura. Ellos se apresuraron a obedecer. Lilo y Bella se cambiaron dándole la espalda a Jim, que ayudó también a Aladdín a colocárselo.

-¿Podrías…?-Jim señaló la herida de su tobillo a Bella dejando su pierna derecha sin cubrir-me duele mucho…

-¡Sí, claro! Bueno… necesito reposar un momento…-reconoció Bella, cansada-solo es un momento, cuando me encuentre mejor te la curo…

-No hay prisa…-dijo Jim tomándola de las manos. Sin embargo no estaba nada tranquilo. Ariel se había quedado allí con Hércules, y aún quedaban agentes que podían atraparlos. "Estará bien, tiene el traje… no es tonta… estará bien…"-se dijo para sí, tratando de calmarse. Bella miró a Jim fijamente. Sabía en lo que estaba pensando.

-"Que no se muera… por favor Gantz… que no muera"-Jim se sorprendió a sí mismo de sus propios pensamientos. ¿Le estaba hablando a Gantz?

-¡UGGGGGH!-Meg embistió con el furgón a uno de los agentes que se quedó chocado en el cristal delantero durante unos segundos y luego resbaló desapareciendo de su vista, y luego aceleró hacia la salida del aparcamiento secreto. Uno de los agentes la estaba cerrando cuando Lady Tremaine le disparó con su arma acertándole cerca del corazón. Sin embargo el mal ya estaba hecho: la puerta se estaba cerrando, el hueco de salida era cada vez más estrecho.

-¡NO!-gritó Lady Tremaine asustada adivinando las intenciones de Meg.

-¡SÍ!-gritó la joven, y acelerando al máximo ladeó levemente el furgón para que pudiera colarse por la apertura antes de que la puerta se cerrara. Jim vio en el radar como los agentes quedaban atrás mientras ellos se alejaban sobrevolando los edificios de la zona blanca. Estaban cerca del límite con la zona roja. Y sin saber dónde estaba ahora Oogie Boogie podían rondar sin encontrarlo por muucho tiempo. Bueno, al menos unas dieciséis horas más. Las horas corrían rápido.

-Oh… mierda-Jim acababa de distinguir varios puntos cerca de ellos. Los agentes del D23 habían cogido de nuevo sus motos, no iban a dejarlos escapar tan fácilmente.

-¿Qué pasa?-Bella miró a Jim con preocupación. Él la sonrió, tratando de calmarla.

-Voy a necesitar que me cures ya el tobillo…


-Llévenselo arriba… ¡y con cuidado!-dijo Cobra Burbujas con voz ronca mientras observaba a Hércules, que tirado en el suelo gruñía, dolorido. El último puñetazo sónico de Burbujas lo había dejado k.o. No esperaba un contraataque tan fuerte por parte del agente-¿Los demás?

-Tienen un furgón jefe. No irán muy lejos-explicó uno de los agentes.

-Bueno, para empezar no deberían haber podido escapar-replicó Cobra con dureza-traedlos inmediatamente. ¿Y el recluso?

-Lo han desviado… va a ir a la base del norte-dijo el otro agente, cortado porque sabía que eso enfurecería a su superior.

-¿QUÉ?-Cobra se limpió la sangre de los labios provocada por las heridas que le había hecho Hércules, mientras sus ojos brillaban de rabia-¿Por qué?

-Son órdenes de arriba jefe… han dicho que aquí ya no es seguro-dijo, encogiéndose de hombros.

-Cualquier base de la que yo esté al mando es segura-replicó Cobra Burbujas furioso.

-Bueno, usted mismo lo ha dicho jefe-contestó el subordinado. Cobra Burbujas recogió uno de sus anillos de oro que se le habían caído durante la pelea y se lo puso en el dedo anular.

Cobra Burbujas avanzó por los pasillos acompañado de sus subalternos mientras intentaba contactar con la base del norte.

-Skeleton era responsabilidad mía-dijo Burbujas desde su interfono-yo debo ocuparme de él.

-Las órdenes han cambiado Cobra-replicó la voz de otro agente desde el otro lado-Skeleton permanecerá en la base Eco hasta nueva orden. Si hay algún problema discútelo con Monogram.

-Grrrrr….-Cobra colgó el interfono y miró a sus acompañantes. Una gruesa vena se hinchaba en su cuello-si se quedan a Skeleton nosotros conseguiremos a Oogie. No voy a permitir que un agente de segunda se lleve todo el mérito de la operación.

-De acuerdo jefe-dijeron los otros.

-Preparaos para salir en cinco minutos. ¡Y que me traigan a esos fugados!

Los agentes corrieron a obedecer las órdenes de Cobra rápidos y seguros mientras él iba hacia su despacho. Le pareció escuchar un ruido de pasos, y por un momento creyó ver una sombra en la esquina del pasillo. Sospechando, Cobra se asomó pero no vio a nadie. Arrugó un poco su ancha nariz y luego continuó su camino, frotándose las heridas de sus nudillos.

-Po poco…-susurró Sebastián en el oído de Ariel. Se habían hecho invisibles justo a tiempo. Pero el traje de ambos estaba ya casi sin energías.

-Se lo llevaron por ahí-indicó Ariel señalando las escaleras.

-Ay Arie… eto no e bueno… yo etoy muy asustado…-murmuró el cangrejo encogiendo sus pinzas-deberíamo haber ido con lo otro.

-¿Le abandonarías?-preguntó Ariel, fiera-él me salvó la vida… mató a Úrsula.

-E increíble…-comentó Sebastián-lo valiente que ere…

Cobra entró en su despacho y comprobó que tenía una llamada en su interfono privado. Tragó saliva mientras se secaba la calva, perlada de sudor, y lo encendía.

-Las cosas no están saliendo como me dijiste… ¿a que no…?-dijo la voz de Rátigan desde el otro lado de la línea.

-No puedes continuar llamándome. Te rastrearán-Cobra no se dejó intimidar tan fácilmente.

-Que pena, que pena… me parece que no va a haber acuerdo…-comentó Rátigan con un deje de burla en su voz.

-El acuerdo era que me dejaras actuar a mí manera-le recordó Cobra Burbujas, cortante-tendrás tus armas. Ya tengo dos pistolas… y a todos los prisioneros.

-Y el código…-le recordó Rátigan.

-Y el código…-repitió Cobra-lo tendrás todo…. Si tienes paciencia ¿me entiendes?

-Te entiendo… bien… como suele decirse, la recompensa es para el que espera-comentó Rátigan-volveremos a ponernos en contacto…

-¡No…!-iba a decir Cobra, pero su interlocutor ya había colgado.

Cobra sonrió para sí imaginando que le dirían sus superiores si supiesen de su acuerdo con Rátigan. Desde luego ya podía irse olvidando de ese ascenso. Pero todo era parte del plan.

-¿Qué…?-Cobra se detuvo en el acto al ver que el radar ya no estaba sobre la mesa. Esa maldita zorra…-no, no, no…

Abriendo uno de los cajones descubrió que el lápiz de memoria ya no estaba allí.

-¡MIERDA!-Cobra tiró el escritorio, furioso, destrozando la foto de los jugadores de baloncesto. ¡¿Dónde estaba?! Si lo había cogido ella… si lo echaba todo a rodar…

"Nunca me pagarán lo suficiente por esto…-pensó Cobra mientras trataba de recomponerse y trazar otro plan-nunca…".


Hasta el mediodía la situación de los participantes de Gantz fue crítica: huyendo en el furgón de los agentes consiguieron despistarles por un tiempo mientras Jim distinguió a Oogie Boogie en el área norte de la zona roja. Iban a dirigirse hacia allí cuando los agentes volvieron a localizarlos, y esta vez traían también un mini tanque, que volaba más rápido que cualquiera de sus motos.

-Me cago en la puta…-dijo Jim al verlo en el radar-nos va a alcanzar…

-Tal vez deberíamos dispararlos…-murmuró Aladdín que se estaba recuperando muy rápido de sus heridas. Bella también había conseguido que la herida del tobillo de Jim se cerrara, con lo que el joven podía moverse con casi tanta agilidad como de costumbre.

-Podría usar tu tabla…-sugirió Lilo-puedo distraerlos.

-Ni hablar-replicó Jim. Si había alguien que debía mantenerse a salvo esa era Lilo. Pero la idea de la niña le encendió una lucecita a Jim, esa fatal bombillita que el chico tenía en la cabeza y que podía ser tan genial como terrible.

-No queda energía… vamos a caer…-Meg miró la pantalla del autovolante con preocupación. Debía forzar un aterrizaje. Si conseguía quitarse al mini tanque de encima podrían abandonar el furgón y huir. Pero el vehículo del D23 no se apartaba de ellos.

-Necesito una espada-dijo Jim asomándose a la cabina de control. Meg y Lady Tremaine lo miraron con sorpresa. La chica le pasó una de las katanas negras, mirándolo con desconcierto.

-Pero espera… ¿qué vas a …?

-¡APARTAOS!-Jim abrió la puerta trasera del furgón cogiendo su Solaryum con una mano y saltando encima de ella pisó a fondo y saltó del autovolante, cayendo en picado al vacío.

-¡JIIIIIIIM!-chilló Lilo asustada.

-¡CIERRA RÁPIDO! ¡CIERRA!-le gritó Aladdín a Bella mientras tiraba de los portones del furgón evitando que las balas de los agentes los acribillaran.

-¡YUHUUUUUUUUUU!-Jim notó como el frío aire de Suburbia lo devolvía a la vida de sopetón. Después de haber estado tantas horas encerrados en la celda era un alivio notar de nuevo la nieve caer en el pelo. Sintió frío, pero activando la función térmica de su traje se sintió cómodo y a gusto. Jim remontó su descenso y ascendió en vertical hacia los motoristas del D23, sacando la espada y apuntando hacia ellos.

-¡NO!-los agentes lo dispararon pero Jim detuvo las balas usando la espada como un bate. Iba tan rápido que apenas podía verlas, pero tenía unos reflejos de lince, y para su sorpresa las balas rebotaron en el metal de la hoja, dando a uno de los agentes que se cayó de la moto. Jim aceleró hacia otro y le hundió la espada en la batería, haciendo que la moto chisporroteara y forzándolo a aterrizar.

Aún quedaban cinco agentes en ciclomotores pero estaban más lejos. La mayor preocupación de Jim era el tanque. Aceleró para alcanzarlo, preparando la espada para otro golpe.

-Mátalo…-ordenó el piloto del tanque al encargado del cañón. Este lo giró y trazó una trayectoria hacia Jim.

-Mierda…-el chico se dio cuenta de que el cañón lo apuntaba. Sabía por sus años en la Academia Estelar que un disparo de cañón era casi imposible de esquivar. Tenía que actuar deprisa. La bombillita se encendió otra vez.

-¡UAAAAAAAA!-Jim aceleró directamente hacia el tanque sin importarle que lo apuntara, y cuando estuvo muy cerca saltó de la tabla y se agarró al cañón de este, haciéndolo bajar de su posición. El disparo fijado para su tabla se desvió y fue directo hacia la calle, reventando la acera y haciendo que los transeúntes se alejasen corriendo.

-La policía…-dijo uno de los motoristas del D23 al escuchar las sirenas. Los polis, que no sabían quienes eran los agentes del D23, abrieron fuego contra ellos indiscriminadamente, obligándolos a retirarse. El tanque sin embargo continuó su persecución del furgón, al menos hasta que Jim, aún agarrado al cañón, clavó su espada en el interior del arma provocando un cortocircuito y luego rajó todo el vientre del vehículo, cortando cientos de cables y conexiones.

-Tendremos que aterrizar…-gruñó el agente que pilotaba, activando el protocolo de emergencia-voy a matar a ese chico…

Por una cámara pudieron ver a Jim que saltaba sobre su tabla de nuevo, les guiñaba un ojo burlón y luego se alejaba de nuevo hacia el furgón.

-Es bueno…-reconoció el cañonero del tanque-muy bueno.

Instantes después ambos aterrizaron en la cornisa de un edificio, y la policía los rodeó.

-La policía se queda atrás-observó Lady Tremaine mirando el retrovisor-y el chico vuelve…

-Cuando pasemos este túnel aterrizaré-dijo Meg echándose el cabello a un lado y sintiéndose aliviada. De verdad creía que iban a cogerlos.

Tras desviarse por uno de los enrevesados túneles de la zona roja Meg se detuvo en un parking al descubierto y posó el furgón. Abrió la puerta y descendió mientras Jim aterrizaba también cerca de ellos.

-¿Qué decís a eso?-comentó Meg mirando a Jim y sonriendo. A Jim le pareció la primera sonrisa que veía de la joven. Y le pareció preciosa-nos has salvado la vida…

-¡Jim!-Aladdín corrió a abrazar a su amigo-¡Tío, eres el puto amo!

-Homosexuales…-murmuró Lady Tremaine despectiva.

-No tardarán en encontrarnos-dijo Jim-tenemos que encontrarlo nosotros antes.

-Ha vuelto a aparecer…-dijo Bella señalando el radar. Jim lo observó atentamente. Efectivamente el punto rojo de Oogie Boogie se movía rápidamente junto a otros tres puntitos, dirigiéndose de nuevo a la zona roja.

-Vale… tendremos que seguir a pie…-dijo Meg mientras cogían un ascensor y bajaban del parking. La gente los miraba extrañados. La verdad es que a la luz del día ver a un grupo tan variopinto vestido con trajes negros de algo parecido al látex era harto curioso.

Nunca antes habían luchado en Gantz durante el día. Jim observó su reflejo en el ascensor, curioso. ¿Qué estaría haciendo su madre? Debía de estar muy preocupada por él. Cuando regresase se la iba a cargar, porque no podría explicarle dónde había estado. Cuando regresase…

-Stitch debe de estar muy preocupado…-le dijo Lilo a Bella, arrugando la frente.

-Y mi padre…-dijo ella con angustia-¿cuándo acabará esto?

-Ya has visto, todos corremos peligro-dijo Meg que también se observaba en el espejo. A Jim le parecía una de las mujeres más bellas que había visto nunca. No solo porque físicamente era increíblemente atractiva, con aquellos ojazos violetas, ese largo y fragante cabello y sus angulosos rasgos, sino también por su personalidad. De algún modo le recordaba… a él.

-Hasta que Oogie Boogie no muera, no podemos volver a nuestra vida normal. Ese es el precio que debemos pagar… por seguir vivos…-dijo Meg pasándose la lengua por sus rojos labios y humedeciéndolos.

-En realidad creo… que tenemos mucha suerte-dijo Aladdín, pensando bastante sus palabras antes de hablar.

-¿Suerte?-repitió Meg, irónica.

-Si no estuviéramos aquí estaríamos muertos… y yo prefiero esto a estar muerto…-dijo Aladdín encogiéndose de hombros.

Jim pensó que Meg se burlaría del chico pero al contrario pareció entristecida por su comentario.

-Yo pensaba como tú al principio… pero acabas volviéndote loca…

-Se puede salir ¿no?-recordó Aladdín mientras salían del ascensor y se mezclaban entre la multitud. Podían ir raros, pero entre la marea de gente de Suburbia nadie haría preguntas.

-No se puede-dijo Meg con dureza-puede que el fortachón lo haya conseguido una vez, pero él es un caso especial. Aquí solo hay dos opciones: morir o seguir jugando…

Y de momento, seguían en el juego, gracias a Gantz.


La comida de Navidad fue para los hermanos Darling tan tediosa como de costumbre: Miquel y Wendy estaban pensando en las visitas que recibirían por la tarde, mientras que John intentaba sacar conversación a sus abuelos, que como lo consideraban su nieto más aburrido lo ignoraban o lo criticaban. Los primos de los Darling eran tres niños repelentes, los Houser, rubios, altos y perfectos, que siempre se estaban comparando con ellos. Lucy Hauser era despectiva y arrogante, y sus padres y abuelos siempre la consideraban con Wendy. "Por qué no puedes ser como Lucy"-le había dicho una vez la señora Darling a su hija. Wendy lloraba muchas veces en secreto, odiándose a sí misma por no "ser suficiente". Lucy tenía mejor cuerpo, mejores pechos, estaba en mejor forma y era más guapa… y sacaba mejores notas, claro. Todo era mejor que ella. Pero Lucy no tenía a Peter… Peter era solo de ella.

-¿Qué será, qué será?-canturrearon el señor Darling y la abuela Darling mientras los niños abrían los regalos.

-¿Qué es esto?-protestó Miquel al quitar el papel regalo de uno de sus presentes descubriendo un libro-¡Yo no quiero libros!

-Es de fútbol, como a ti te gusta-señaló la abuela Darling con paciencia-¡Papá Noel quiere que aprendas a leer!

-Ya, Papá Noel… gracias abuela-dijo Miquel desdeñoso mientras echaba el libro a un lado e iba a por sus otros regalos.

-Que desagradecido…-criticó la señora Darling, que tampoco valoraba en absoluto el collar de plata que su marido la había conseguido. El señor Darling sí se mostró más que satisfecho con su enciclopedia de criminología y sus calcetines de osos. En cuanto a Wendy la regalaron un bonito vestido turquesa y unos preciosos guantes a juego. Por supuesto a la prima Lucy le quedaba mucho mejor su conjunto rosa. Pero Wendy solo pensaba en Peter. Cuando se vieran esa tarde él iba a quedar impresionado… no tenía palabras para describir su emoción…

-Bueno niños, es la hora de la foto de familia-dijo el señor Darling pasándole la mano por el hombro a su hijo John, que le miró sonriendo. Por lo menos a John y Wendy sí les habían gustado sus regalos, aunque Miquel mantenía una cara de desagrado para mostrar su desacuerdo.

-Hazla tú, John. Que si no se estropea la foto…-le dijeron los señores Houser al señor Darling. Se suponía que era en broma, aunque por supuesto no lo era en absoluto. La señora Darling fue incapaz de sonreír al escuchar aquello.

-Yo la hago, no hay problema… ¡Yo la hago!-exclamó el señor Darling divertido mientras cogía la cámara y los encuadraba-¡decid "Navidad"!

-¡Navidad!

-Navimierda…-murmuró Miquel.

A las cuatro los señores Darling salieron de la casa. Los invitados de los niños llegarían pronto, y ellos debían prepararse para la cena con sus amigos, que empezaría a las seis.

-Muchas gracias mamá, ha estado todo muy rico…-dijo el señor Darling besando a la abuela en las mejillas.

-Nos vemos mañana ¿no?-preguntó ella mientras abrazaba fuertemente a Miquel.

-Claro abuela-dijo él dándola un fuerte beso. En realidad él no quería volver bajo ningún concepto porque la casa de la abuela era un aburrimiento y prefería jugar a los videojuegos en su cuarto, pero lo que decía su padre iba a misa, y le tocaba aguantarse.

-Adiós Doris, gracias-se despidió la señora Darling. Ya en el coche, se mantuvo cruzada de brazos con aire despectivo. El señor Darling lo notó pero prefirió ignorarlo manteniéndose como siempre de buen humor.

-Bueno bueno chicos, ¡ahora van a venir vuestros amigos!-exclamó mientras arrancaba el coche.

-¡Síiiiii!-exclamó Miquel emocionado-bueno, menos John, que no tiene.

John agachó la cabeza, dolido, mientras miraba por la ventana tratando de ignorar a su hermano.

-Miriam me ha dicho que no va a poder venir…-dijo Wendy. Por supuesto era mentira. Cuando se había enterado de que Peter iba a venir, Wendy había mandado a paseo a su amiga.

-¿Qué? Vaya… no es propio de sus padres hacer estas cosas… aunque claro, es Navidad-dijo el señor Darling frotando su grueso bigote. Luego miró a su esposa, que continuaba con los brazos cruzados con un gesto parecido al de Miquel-¿tú te lo has pasado bien mi vida? El cordero ha estado muy rico…

-¿Por qué permites que se rían así de ti?-dijo la señora Darling, indignada. "Ya estamos…"-pensó el señor Darling, suspirando-¿suspiras? Estoy harta de tener que soportarla… es una arrogante…

-Es mi hermana-replicó el señor Darling con voz suplicante.

-Es una imbécil-dijo ella, insensible.

-Sí, son todos idiotas. Yo no quiero verlos más-intervino Miquel con saña. El señor Darling se inclinó en el volante, enfadado.

-Pues no os preocupéis. Procuraré veáis a mí familia lo menos posible-dijo con voz ronca. La señora Darling lo miró muy enfadada. El resto del trayecto fue como siempre en silencio.

La señora Darling miró por el espejito del copiloto a su hija, que sonreía para sí. Wendy notó la mirada de su madre clavada en ella, y la ignoró, furiosa. Ella estaba acabada. No tenía ni idea de quién era su hija…

La señora Darling ya sospechaba que Wendy había debido de volver a quedar con aquel criminal esa noche, pero no iba a hacer nada para impedirlo. En realidad la envidiaba tanto. Era un chico atractivo… si ella pudiera…

Pensó en su cuñado, el señor Houser. Él si era un hombre atractivo, y con un buen trabajo, un negocio seguro. Su esposo, sin embargo. Había noches en que la señora Darling se tocaba, e imaginaba, y soñaba que era Houser quien la tocaba, quien la hacía suya, y no su esposo. Ojalá él la notase. Ojalá pudiesen fugarse…

A las cinco los señores Darling se estaban arreglando para su reunión de la tarde, mientras Miquel recibía a sus invitados, tres amigos suyos del colegio: Tootles, Nibs y Slightly, que era un chico muy alto para su edad y más espabilado que el resto. Los chicos aunque tenían diez años entraron en la casa con sus camisas del Call of Duty y unas gafas de sol demasiado grandes para ellos. Eran lo que Jim y sus amigos llamaban "niños rata" por excelencia.

-Hola tío-saludaron a Miquel dándole unas palmadas. Él sonrió emocionado. Al menos estaba contento por una vez.

-¡Vamos al cuarto!-les animó, guiándolos por su gran casa.

-Recuerda que a las seis tendré la merienda…-dijo Nana, la cuidadora.

-Que pesada…-Miquel la ignoró completamente y entró en su habitación seguido de sus colegas. Antes de entrar le dio una colleja a John, que pasaba por allí.

-No le hagas caso…-le dijo el señor Darling a John al verlo.

-No pasa nada papá…

-Bueno, pasadlo bien aquí… no te acerques mucho a tu hermano-aconsejó el señor Darling mirando a John preocupado. Quería mucho a su hijo, y por eso sufría cuando lo veía maltratado por su hermano, o sin amigos.

-Tranquilo papá… pasadlo bien-dijo John abrazando a su padre. Luego se fue a su habitación, donde pensaba ponerse a leer el nuevo cómic que le habían traído y que tanto tiempo llevaba esperando.

-Adiós papá nos vemos luego…-dijo Wendy besándole en la mejilla y sonriendo. Se había puesto el nuevo vestido turquesa, y estaba radiante.

-Mi princesa…-dijo el señor Darling enternecido. Pero vio algo extraño en los ojos de Wendy. Y ella se dio cuenta de que él lo había visto. Su padre sospechaba-…Wendy…-la llamó el señor Darling muy serio. Ella le miró intentando parecer seria, pero con la verdad brillándole en los ojos.

-¿Qué pasa?-preguntó con fingida inocencia.

-Miriam no viene… ¿no quieres invitar a otra amiga?-preguntó el señor Darling frunciendo el ceño. Ella tardó unos segundos en responder, mientras meditaba mucho sus palabras.

-No papá… me apetece estar sola…-mintió. El señor Darling arrugó la frente. No estaba nada satisfecho, se temía lo peor.

-Entonces no quiero que venga nadie más… ¿me entiendes?-dijo, amenazante. Wendy pestañeó varias veces, fingiendo tristeza.

-Claro papá… no va a venir nadie…

El señor Darling asintió con gravedad, justo cuando su mujer salía de su habitación, ya aseada y lista para marcharse. La señora Darling miró a su marido, altanera, y él torció el gesto. Seguían enfadados por su disputa anterior. Ya fingirían que estaban bien cuando estuvieran en la fiesta.

-Hasta luego Nana, cuídemelos-dijo el señor Darling. Los policías que solían custodiar la casa estaban como siempre en la entrada del jardín, jugando a las cartas. El señor Darling los saludó al pasar.

-Te has dejado el interfono-le dijo la señora Darling con voz glacial mientras el coche de los Darling asomaba su morro a la calle.

-Bueno, llevamos el tuyo ¿no?-gruñó el señor Darling. Casi nunca llevaba su interfono encima si no era en el trabajo, era una manía suya. No le gustaba que lo molestasen fuera de horas, y le parecía mal que los habitantes de Suburbia dependieran tanto de él.

Sin embargo esa vez se podría haber acordado, para variar. Sobre todo porque podría haber leído los diez mensajes que Mary Poppins le había mandado avisándole del inminente peligro que corrían él y toda su familia. La señora Darling había visto que el teléfono de su marido había mensajes, y podría haberlo cogido si hubiese querido, pero por simple despecho decidió no hacer nada, ignorarlo y dejarlo allí. Era problema de él… o eso creía ella.

-¡Bien, se han ido!-gritó Miquel emocionado al verlos alejarse por la ventana-chavales, la casa es nuestra.

-¡Miquel, nada de correr, acabo de fregar!-protestó Nana al ver pasar a Miquel y sus amigos a la carrera.

-¡Jajajajajaja! ¡Joder!-gritó el niño, risueño.

-Eh, podemos bajar al garaje… eso molaría-sugirió Slightly, como siempre el que tenía las ideas más peligrosas.

-¡Sí!-exclamaron Miquel, Nibs y Tootles. Ignorando las protestas de la agotada Nana, corrieron hacia allí tirando varios marcos con fotografías mientras pasaban.

-Que mal está tu hermano, que mal. Cada día se porta peor-le dijo Nana a John que había entrado a la cocina a por una pera.

-Déjale… es así-repuso él encogiéndose de hombros. Recordaba cuando de más niño él y Miquel se llevaban bien. Su hermanito pequeño lo admiraba y seguía todos sus pasos. Ahora ya de eso no quedaba nada. John tenía la sensación de que Miquel lo odiaba, y no entendía por qué. Bueno, en realidad todo el mundo le odiaba al parecer.

-"Ya se han ido"-le escribió Wendy a Peter desde su interfono. Él siempre tardaba bastante en contestar. Wendy miraba y miraba su chat, ampliaba y encogía su foto de perfil, de él con su colega, un tal Jim Hawkins. A Wendy Jim le parecía más guapo que Peter, pero para ella el joven Hawkins no tenía ni una pizca del carisma y encanto de su novio.

Wendy vio que Peter estaba en línea pero no la respondía. Luego salió del chat. Wendy maldijo para sí. Una vez más el miedo y las dudas la asaltaban. "Estará hablando con otra… no eres importante para él… no te quiere… ¿y si no te quiere…?". Wendy se tumbó en la cama y sollozó con amargura, cuando sonó un mensaje en el interfono. Era él.

-"Voy"-decía. Ya lo había leído. Pronto iba a llegar. Wendy sintió como un escalofrío de placer la recorría por todo el cuerpo. Su chico venía. Su amor. E iba a hacerle eso tan malo, pero que la hacía sentir tan bien. Seguro que tenía alguno de esos trucos suyos para enseñarle…

-Peter…-gimoteó ella llevándose las manos a sus pequeños pechos y suspirando. Quería sentirlo… quería tocarlo. ¿Cómo podía haberse vuelto así…? Atrás quedaba la infancia y su inocencia, atrás quedaban los sueños y los modales de señorita aprendidas con su madre. Cuando estaba con él desnuda no eran personas, eran animales. Wendy sabía que perdía el control estando él a su lado. Y eso la gustaba. Necesitaba sentir que lo perdía de nuevo.

Abrió la ventana para refrescar la habitación un momento (pronto en ella haría mucho calor) y luego buscó entre sus cajones la ropa interior más bonita que tuviera. No es que Peter se fijase mucho en su ropa interior (casi siempre se la quitaba enseguida) pero ella quería estar lo más guapa posible. Después se dispuso a ir al cuarto de su madre a echarse una buena capa de maquillaje para estar muy guapa, y cerró la ventana.

-Agh… ¡fuera!-exclamó Wendy al ver los insectos pegados en ella-¡fuera!

Los gusanos y cucarachas se alejaron rápidamente. Wendy supuso que vendrían del jardín, aunque se le hizo raro. Repugnada, se propuso recordarle a su padre que llamase la atención al jardinero cuando este volviera por la noche. Si es que no volvía enfadado con su madre, que era bastante probable.

Mientras Wendy se maquillaba las cucarachas volvieron a trepar por las ventanas y paredes de la casa. En el puesto de vigilancia, los guardias de seguridad de la casa ya se habían dado cuenta de la invasión, aunque por desgracia para ellos había sido demasiado tarde: al último que quedó una enorme tarántula le saltó encima y clavándole sus pinzas en la nariz le sacó los ojos con sus largas y peludas patas mientras el resto de insectos se le colaban por la boca y las orejas, royéndole el cerebro.

-Agentes federales Blubs y Durland les habla la agente Poppins… agentes federales, repito-decía una voz por el interfono del puesto de vigilancia. Los insectos se acumularon alrededor del interfono. Una tijereta se acercó al cable y usando sus afiladas pinzas lo cortó. Los ojos de los insectos brillaron malvadamente mientras esperaban. Ya quedaba poco para entrar en acción. Solo tenía que llegar el resto de ellos mismos. Y ya estaban casi todos: había arañas, lombrices, cucarachas, libélulas, polillas, ranas, culebras, ratones e incluso murciélagos, con sus negras y rasgadas alitas listas para despegar.

-Agentes… ¡Agentes!-Mary Poppins colgó el interfono y lo metió en su bolso, preocupada. Miró a Bert con nerviosismo.

-A lo mejor no hay nadie en la casa…-se aventuró el agente, tan optimista como siempre.

-Tienen que estar… pero él aún no ha llegado-dijo Mary acariciando el mango del paraguas. Debía estar lista para entrar en acción en cualquier momento, no importaba ya que Bert fuese testigo. Llevaban al menos dos horas persiguiendo a Oogie por toda la ciudad, y habían conseguido acorralarlo en aquella planta de energía hidráulica, cerca de los pantanos de Crims, donde se encontraba también Witzed.

-¿Cómo sabes que está aquí…?-preguntó Bert que también acariciaba el mango de su pistola, preparado para todo.

-Hágame caso Bert… confíe en mí-dijo Mary decidida.

-Confía…

-¿Qué?-ella le miró con sorpresa.

-No hace falta que me trastes de usted, Mary Poppins…-dijo Bert guiñándola un ojo. Ella suspiró.

-Pues a mí sí me hace falta que usted lo haga, Bert…

Avanzaban en silencio cuando escucharon un ruido en el pasillo del fondo. La planta tenía anchos corredores que pasaban por encima de tanques de agua que unas enormes manejas metálicas removían a gran velocidad, extrayendo electricidad de ella. Era una solución efectiva para toda la contaminación que tanto mal hacía a Suburbia, aunque por desgracia para la gran mayoría la energía eléctrica era llevada solo a la zona blanca, que siempre se mantenía más limpia y respirable que la roja.

-Vamos…-Mary fue hacia el lugar de dónde provenía el ruido avanzando con decisión. Bert la siguió, más preocupado.

-¡Mary, espera…!

Lo siguiente fue muy rápido: una espada salió de la nada y estuvo a punto de cortar el paraguas de Mary, sin embargo ella lo esquivó a tiempo y gritó.

-¡REPULSO!-de su paraguas salió una onda expansiva que mandó a Jim, Aladdín, Meg y Bella volando por los aires.

-Vaya…-Lady Tremaine lo esquivó justo a tiempo, evitando ser también propulsada por el hechizo.

-¿MARY? ¿QUÉ…?-Bert miró a su compañera pasmado, pero ella estaba a demasiadas cosas como para ocuparse de darle explicaciones.

-¿Vosotros otra vez?-exclamó Mary Poppins alzando su paraguas. Lilo y Pumbaa se encogieron, asustados, pero Lady Tremaine no retrocedió: llevaba las dos pistolas que había recuperado en la base del D23, y apuntó con una a Mary y con la otra al policía.

-Quietos…-avisó, amenazadora. Los mataría en ese mismo instante, de no ser porque se quedaría sin municiones…

-¿Por qué vaya a dónde vaya no dejo de encontrarme con ustedes?-preguntó Mary Poppins lejos de asustarse. Naturalmente desconocía el poder de esas armas, si no puede que quizás se hubiera preocupado un poco más-¿Quiénes son?

-Agh… no queremos problemas-dijo Jim reincorporándose tras la caída. Mary Poppins entrecerró los ojos, reconociéndolo. Eso sí la preocupaba: aquel chico la había visto con los niños. Sabía algo de ella que los demás no debían de saber…-buscamos lo mismo que tú…

-Ya lo sé…-replicó Mary con arrogancia-mi pregunta es por qué.

-No tenemos elección-dijo Lilo. Mary la miró con las cejas levantadas.

-Y esta niña… ¿por qué está con vosotros?-preguntó, enfadada.

-Ya lo has oído, no tenemos elección-replicó Aladdín levantándose también. Estaba harto de perder el tiempo, después de haber resultado herido se moría de ganas de entrar en acción-¿por qué no lo matamos, y hablamos después?

-A mí me parece buena idea…-corroboró Bert poniendo una mano en el hombro de Mary. Ella lo miró, furiosa.

-Pues a mí no me lo parece-dijo la mujer con severidad-estas personas son muy peligrosas, desconozco por qué pero el D23 las busca y además ellos…

"Ellos saben algo de Merlín". Recordó lo que Cobra Burbujas le había dicho. El mago estaba con ellos, formaba parte del grupo. ¿Sería alguna especie de culto? ¿O quizás otra sociedad secreta que el propio Merlín había creado? Miró a Bella, ella sabía hacer magia, la había visto enfrentarse a Oogie la noche anterior en la carpa. Sí, Mary Poppins quería respuestas.

Estas sin embargo iban a tener que esperar: de un puente superior cayó de repente un enorme fardo que resultó ser uno de los empleados de la fábrica, ahorcado. Sus ojos y lengua habían sido devorados, y también presentaba unas desagradables yagas en el cuello, similares a las de los niños que Oogie había matado en la feria.

-¡AAAAAAAAAAH!-gritó Bella, a punto de desmayarse al ver el cadáver. Jim la abrazó mientras desenvainaba su espada y buscaba cualquier leve signo del monstruo a su alrededor.

-Está cerca…-susurró Meg mirando el radar-por la izquierda…

-El radar…-Mary reconoció el ingenio que Cobra Burbujas la había enseñado antes-¿cómo habéis conseguido fugaros?

-Ya ves, servimos para todo-comentó Aladdín risueño-nos ha costado lo nuestro eso sí…

-No podemos matarlo…-recordó Bella angustiada-es inmortal…

De repente las luces de la planta se apagaron, y todo quedó a oscuras. Ya habían pasado por eso antes: Oogie se disponía a atacar.

Una luz proveniente de la punta del paraguas de Mary hizo que el grupo pudiera ver por dónde avanzaba.

-Vas a tener que explicarme un par de cosas cuando esto acabe Mary Poppins-comentó Bert alucinado con los poderes de su compañera.

-No-respondió ella. Luego miró a Bella con seriedad-tú deberías saber mejor que nadie que Oogie Boogie puede ser destruido. Pero para ello necesitaré tu ayuda… porque hay que invocar un poder inmenso para conseguir atrapar a su alma y desterrarla de este mundo.

-Pero yo no… apenas sé hacer magia-explicó Bella en un susurro.

-Calla-la cortó Mary. Acababa de escuchar algo…

-¿Atrapar su alma y desterrarla de este mundo? ¿Desterrarla?-la voz se escuchaba igual que la de Mary, pero se iba volviendo cada vez más desgarrada y aguda-soy Mary la chupapollas ¡Mary la chupopollas! ¡Vais a morirmorirmorir! ¡Os voy a comer todo!

-Que… vulgar-dijo Mary llevándose la mano a la nariz para tapársela, asqueada. Un fétido olor empezaba a llenar el ambiente. Quizás venía de los cuerpos abiertos en canal de cinco empleados de la planta que Oogie Boogie lanzó sobre ellos.

-¡Cuidado!-Jim apartó a Lilo evitando que un cuerpo aplastase a la niña. Aladdín miró hacia arriba y distinguió una masa gorda y deforme moviéndose por entre las vigas, cortando varios cables de dónde estaban colgados los cuerpos.

-Capullo…-Aladdín apuntó hacia arriba con su revólver y disparó varias veces. Sin embargo falló todas, y Oogie cortó los últimos cuerpos. Uno de ellos golpeó a Lady Tremaine que se desplomó, contusionada. Aladdín la ayudó a levantarse y luego disparó de nuevo, gastando las últimas balas de la pistola. Esta vez sí consiguió dar a Oogie, que cayó del techo y aterrizó en el suelo cerca de un enorme bidón lleno de agua.

-¡DISPARAD!-gritó Meg mirando a Lady Tremaine, que seguía teniendo las dos pistolas de luz. Ella sin embargo se encontraba dolorida, pero Aladdín cogió una de sus armas y apuntó a Oogie listo para abrir fuego.

¡FFFFFFFFUUUUUUUUU!-Oogie Boogie giró una manivela mientras reía enloquecidamente, liberando todo el agua retenida en el tanque.

-¡NO!-gritó Mary furiosa al verlo. Era demasiado tarde para detenerlo.

-¡MARY POPPINS!-gritó Bert asustado.

-¡DISPARADLO!-gritó Meg.

-¡NNO!-Jim abrazó a Lilo y a Bella. Cerró los ojos un segundo: el impacto iba a ser fuerte.

¡SPLASSSSSSSH! La enorme ola se los llevó por delante a todos menos a Mary que se elevó en su paraguas hasta el techo y luego apuntó con él a Oogie. De la punta del paraguas salieron unas volutas de luz roja que fueron hacia Oogie y le abrasaron la piel. Los bichos que lo conformaban comenzaron a chillar y a deshacerse heridos por el fuego rojo que los iba abrasando. El hechizo de Mary destruía los cuerpos poseídos por espectros impuros. Solo debía ser utilizado en casos de extrema urgencia. Si había un caso así era este.

-¡RRRRRRRRROOOOORRRRRRRFFFFF!-Oogie se retorció de dolor mientras se quemaba poco a poco. Mary volvió a apuntarlo, furiosa, pero él la escupió vómito verde, cegándola momentáneamente. Se lanzó a una ventana tratando de escapar, pero Mary lo retuvo.

-Debí hacer esto la primera vez… pero confiaba en tu recuperación-dijo Mary con voz entrecortada-me equivocaba…

-Pierdes el tiempo conmigo Mary…-rió Oogie escupiendo varios saltamontes por la boca. Mary los deshizo chasqueando los dedos.

-Nunca volverás a matar…-le avisó ella, levantando su paraguas lista para destruir su forma mortal. No daría tiempo al espectro para escapar.

-Y sin embargo, todos tus amigos van a morir ahogados…-comentó Oogie, hablando ahora muy serio. Los insectos de su cuerpo se recompusieron y formaron un rostro humanoide, como el de un joven burlón-¿qué pasa contigo, Mary Poppins?

Ella se volvió: el agua arrastraba a Bert y a los desconocidos por los correderos de la planta, directos hacia el desagüe principal. Eran por lo menos cien metros de caída hasta las cloacas.

-Maldita sea…-Mary lanzó una última voluta de humo contra el cuerpo de Oogie, que gritó desesperado y luego echó a volar rápidamente hacia los otros.

-¡NO TE SUELTES!-Jim intentó nadar contracorriente tirando de Lilo y Bella pero fue incapaz, era demasiado peso y el agua iba muy rápido. Intentó pulsar en la muñequera la función de vuelo, pero su traje se había quedado sin energía después de su ataque al tanque en la calle.

Aladdín sí consiguió agarrarse a un saliente de una pared y evitar ser arrastrado, y Meg por su parte clavó el arma en el suelo y aunque el agua siguió corriendo no pudo llevársela consigo.

-¡OOOOOOH!-Bert nadó a crol intentando salvarse pero fue en vano: el agua corría muy velozmente y se los llevaba directos al desagüe de la planta: un enorme agujero infernal por el que desaparecerían como si hubiesen tirado de la cadena.

-¡Nononononono! ¡JODER!-Jim sacó el interfono robado con el que había llamado a su tabla y rápidamente pulsó un comando para atraerla de nuevo. Pero no daría tiempo. Segundos más tarde caían al vacío en una impresionante cascada hacia la oscuridad.

-¡SEMPERIO!-Mary voló hacia ellos veloz como un halcón e igual de certera. Su paraguas hizo el ruido de un cañonazo y una luz similar a la de una bengala voló desde él hacia los caídos, rodeándolos de repente y atrapándolos en unas burbujas de color rosa-¡Os tengo!

-¿Q… qué…?-Jim vio su propio reflejo alucinado en la burbuja donde ahora él y Bella iban montados. En otra estaban Lilo y Lady Tremaine, y en la tercera Pumbaa y Bert.

-Oh…. Ooooh…-Bella echó la cabeza hacia atrás, de nuevo casi al borde del desmayo.

-Joder… esa tía es buena-comentó Aladdín, que acababa de posarse en el suelo después de que todo el agua soltada pasase.

-¡Intenta escapar!-gritó Meg señalando a Oogie Boogie, que se arrastraba rápidamente hacia una tubería aun ardiendo con aquellas extrañas llamas carmesí.

Aladdín era el que estaba más cerca de Oogie así que corrió hacia él. Se había quedado sin balas, pero usaría la poca energía que le quedaba en el traje como fuera para matar a aquel ese hijo de puta. En ese momento la tabla de Jim apareció por un pasillo lateral. Aladdín se montó en ella y la desvió hacia Oogie, dando luego un salto y estampándosela al monstruo en la cabeza.

-¡BLLLOOOOORRRRRRGGGGGGG….!-la cabeza amorfa de Oogie Boogie se espachurró en el suelo salpicando a Aladdín con jugo de insecto. Él chico le sacudió varias veces más con la tabla, "por si acaso". Le tenía verdadera repugnancia a aquel monstruo. Ninguno de sus enemigos anteriores se había ganado tanto su odio.

-Sempae…-a una palabra de Mary, las burbujas explotaron dejando a sus ocupantes en el suelo. Jim solo necesitó un segundo para echar a correr a dónde ya estaban Aladdín y Meg y ponerse a pisotear también lo que quedaba de Oogie Boogie.

-Parad… ¡parad! ¡Alejaos!-ordenó Mary Poppins con decisión. Entonces alzó las manos y volvió a hablar con voz potente, con los ojos brillando.

-¿Qué hace?-le preguntó Jim a Bella, que acababa de alcanzarlo.

-Es un hechizo de exorcismo…-explicó ella que estaba tiritando por la riada pero pese a su consternación no había dejado que el pánico la controlara-por lo que leí sirve para repeler el mal, para contenerlo… pero yo apenas sé cómo utilizarlo.

-Regna terrae… cantata deo… regna terrae… -repetía Mary una vez más. Oogie Boogie se retorcía, furioso, y rugía de nuevo mientras por su boca asomaban afilados dientes que parecían de tiburón.

-RRRROOOOOAAAAAAAAAAA…. ¡MALDITA! ¡ZORRA, ZORRA PUTA DEL INFIERNO, ZORRA MARY POPPINS COMEPOLLAS! ¡TE MATARÉ, TE MATAREEEEEEE!-rugió el monstruo retorciéndose de dolor mientras la hacía un corte de manga con sus puños de un solo dedo-¡CABRONAAAAAAAA!

-Sal y da la cara, espíritu inmundo… enfréntate al mal, yo te lo ordeno… ¡ENFRÉNTATE A MÍ!-ordenó Mary furiosa. A su alrededor los demás la miraban alucinados. Bert se sonrió para sí.

Pero no era el único que se sonreía. La rasgada boca de Oogie se curvó en una perversa sonrisa mientras el fuego rojo lo consumía y las palabras de Mary lo convulsionaban.

-Jojojojojojojo… jejejejejeje…jajajajaja…-Oogie escupió una mariquita mientras el suelo y las paredes de la planta eléctrica comenzaban a retumbar de un modo alarmante, haciendo que todos se tambalearan peligrosamente.

-Oh no…-Meg fue la primera en entenderlo-¡rápido, despareced!

-¡No me queda energía!-gritó Jim.

-¡Ni a mí!-por primera vez Lady Tremaine también parecía asustada. También entendía lo que iba a pasar…

Tic-toc-tic-toc… la bomba de relojería colocada por Oogie en el motor de la fábrica había explosionado, y pronto las explosiones se fueron sucediendo en cadena mientras todo el edificio se desmoronaba convirtiéndose en un infierno de llamas.

Mary miró a Oogie Boogie con rabia. El monstruo seguía aprisionado por su hechizo, pero pronto se liberaría.

-Ya están esperándome Mary zorra Mary… ya están en la casa de los Darling… nadie los va a salvar…-dijo lo que quedaba de Oogie sacando su lengua que eran varias larvas entrelazadas.

-No lo hagas. No tienes por qué hacerlo. Mátame a mí…-pidió Mary intentando que no se notara el mucho miedo que tenía-estoy dispuesta a luchar contigo… con todo lo que tengas.

-Y lo harás…-la voz de Oogie sonó mucho más seria ahora, y humana-te enfrentarás conmigo… y con los corazones de los niños…

-¡No por fa…!

-¡MARY!-gritó Bert, cogiéndola y señalando a la nube de fuego que iba directa hacia ellos-¡CORRE!

Jim se había montado en su tabla. Quería llevarse a Lilo y a Bella consigo, pero ellas se negaron.

-Podemos desaparecernos, llévatela a ella-dijeron señalando a Lady Tremaine. Jim las miró asustado.

-No quiero que… os pase nada…-dijo preocupado.

-¡No te preocupes! ¡Llévatela ya!-le apremió Lilo.

-Pero…

Lady Tremaine no dudó un segundo en saltar sobre la tabla para huir. Jim miró una última vez a Lilo y luego pisando a fondo salió disparado de allí hacia uno de los ventanales. El resto del grupo se dispuso a accionar su desmaterializador.

-No…-Mary retuvo a Meg antes de que esta desapareciera-daos la mano…

-Oh…-todos la miraron con sorpresa mientras la maga alzaba sus manos al cielo e invocaba otro hechizo, haciendo unos gestos mágicos extraños, como si estuviese sujetando una esfera. De repente Mary trazó un cuadrado en el suelo, y el fuego que avanzaba hacia ellos desapareció. Bueno, en realidad desapareció absolutamente todo lo que les estaba rodeando, porque Mary Poppins hizo aparecer una casita de la nada, y de repente todos estaban sentados allí, tomando el té, y al asomarse por la ventana de la casita Aladdín pudo ver perfectamente el fuego y el humo calcinando la fábrica mientras todo se desplomaba.

-Verdad que te dije que me parecías una chica interesante-bromeó Bert.

-Suficiente…-Mary se echó té, abstraída, mientras el fuego rugía fuera de un modo escalofriante.

-¿Cómo… cómo lo ha hecho?-preguntó Bella, absolutamente anonadada. Había leído sobre los hechizos de espacio, pero nunca, jamás, pensó que llegaría a ver algo así.

-¿Por qué no nos afecta el fuego?-preguntó Meg mientras se servía también una rápida taza de té para reponer fuerzas. Cabe recordar que llevaban casi doce horas sin comer nada. Meg se acordó del pequeño bastón de regaliz que les había dado Gantz.

-Vaya pregunta. Es una casa mágica, hija. Eso es-dijo Mary con aburrimiento-espero que vuestros amigos se hayan alejado lo suficiente de la fábrica.

Jim y Lady Tremaine observaron cómo los camiones de bomberos se acercaban presurosos a la planta eléctrica intentando apagar sin éxito lo que quedaba de ella, pues estaba totalmente consumida por el fuego.

-Aléjate más…-le ordenó Lady Tremaine asustada. Había conseguido conservar una de sus dos pistolas, pero la otra la había perdido en la riada.

-"Dónde están…-pensó Jim con angustia-¿dónde están?". No podía creerse que hubiera sido tan cobarde de huir dejándolas allí, pero lo habían convencido de que estarían bien. Joder… no podían morir… no iba a permitirlo.

-¡ESPERA!-gritó Lady Tremaine asustada al ver que Jim descendía hacia la fábrica aterrizando en una pequeña torrecilla metálica a la que las llamas no habían alcanzado.

-¡LILO! ¡BELLA!¡ALADDÍN! ¡LILO!-gritó Jim apartando escombros. Una enorme viga estuvo a punto de aplastarlo pero él se apartó a tiempo. Entonces entre el fuego pudo distinguir algo: era un pequeño enjambre de insectos que escapa volando al cielo, echando humo. Oogie Boogie había vuelto a escaparse una vez más.

-¡NO!-gritó Jim furioso. Habían vuelto a perderlo…-¡ALADDÍN! ¡BELLA!

De repente vio algo entre las ruinas que le hizo olvidarse de todo lo demás. No recordaba haber visto ninguna casita de cuento de hadas en la fábrica antes. Parecía haber estado allí siempre, cubierta de musgo, con su chimenea de piedra y su tejadito rojo, que extrañamente la llama no consumía. Por la pequeña puerta de madera asomó la cabeza de Lilo, que le dedicó una ancha sonrisa.

-¡Jim!-llamó, más contenta que unas castañuelas-¡Ven, entra! ¡Es muy divertido!

Mary Poppins abrió la puerta del todo y salió, aferrada como siempre a su paraguas y su bolso negro.

-¡Eh, eh, Mary, espera!-Bert se dio con el bajo techo de la casa al salir detrás de ella-¿a dónde vas?

-Ya te lo he dicho Bert, no voy a explicarte nada de esto-dijo Mary abriendo su paraguas lista para despegar.

-Ya lo sé. Pero vas a ir a por él-dijo Bert muy serio-¿a dónde? Llevaré refuerzos.

Mary no tenía tiempo que perder, pero vio la decisión en los ojos de Bert, y optó por ceder. Después de todo era probable que necesitase ayuda, visto lo visto: Oogie ya estaba preparado para ella, y se le había tendido ya dos emboscadas era muy probable que tuviese ya en mente otra para atraparla y matarla en su confrontamiento final.

-Va a la casa de los Darling-dijo Mary secamente mientras empezaba a elevarse-no sé si llegaré a tiempo. Llama a todas las unidades y diles que intervengan de inmediato. La prioridad es sacar de la casa a los padres y sus hijos.

Si tan solo el señor Darling hubiese contestado a sus llamadas… pero siendo Navidad era normal que no hubiese mirado el teléfono. Maldita, maldita fuera su suerte. Mary Poppins no temía tanto lo que pudiese hacerla Oogie Boogie como lo que les hiciera a los niños. Siempre eran niños. Debía detenerlo.

-¡Y ustedes no hagan nada!-les advirtió Mary al resto, antes de elevarse en el cielo y desaparecer entre las nubes. La nieve caía sobre las llamas de la planta hidráulica, formando una curiosa combinación blanca y roja, colores de la muerte.

-Ya habéis oído, lo mejor es que os retiréis… y me dejéis esas armas-dijo Bert sonriendo amistoso. Jim, Meg, Aladdín y Lady Tremaine alzaron las cejas de un modo tan similar que pareció que lo habían estado ensayando-vale, vale, ya lo pillo… quizás no me las vayáis a dejar.

-El radar…-Meg lo había perdido durante la riada. Encontrarlo ahora entre el voraz fuego sería imposible. Miró a los demás angustiada.

-¿Cómo lo encontraremos ahora?-dijo Bella. Pero Bert ya tenía la respuesta a eso.

-Yo sé a dónde van-dijo con una sonrisa de suficiencia. Como se esperaba, se encontró con Aladdín, Meg y Lady Tremaine apuntándolo-tranquilos, tranquilos, os lo pienso decir, en serio. Pero me tenéis que prometer que vais a tener cuidado… sobre todo con la niña… ¿no podemos dejarla en algún otro sitio?

-Pues… en realidad…-empezó Jim.

-¡No!-exclamó Lilo enfadada-Hércules dijo que todos éramos necesarios. Yo también. ¿Te acuerdas?

-Ya pero… joder Lilo… no quiero que te pase nada-dijo Jim preocupado.

-Yo tampoco quiero que te pase a ti-replicó ella con firmeza-así que iré con vosotros.

-Eres valiente, la verdad-reconoció Bert admirado.

-Sí, sí que lo es-corroboró Aladdín aupando a la niña en sus brazos y alejándola de las ruinas de la fábrica. La casita de Mary Poppins había desaparecido poco a poco hasta ser solo unas trazas de musgo en el suelo-y bueno… ¿nos llevas allí?

Bert miró el fuego y luego al cielo. Los copos de nieve parecían realizar un lento baile mientras caían y caían, cubriéndolo todo con su manto. Bajo la nieve hay calor… bajo el hielo hay siempre un corazón.

-Dirá que no, pero me parece que nos va a necesitar-dijo Bert sonriendo-¡vamos! Hay que encontrar un transporte…

-Genial… ¿no podría darnos Gantz un coche?-protestó Aladdín mientras lo seguía con Lilo en brazos.

Remontaron una nevada ladera dejando la fábrica y los pantanos atrás. Bert buscaba la comisaría más cercana.

-¿Seguro que podemos fiarnos de él?-le susurró Meg a Aladdín, preocupada.

-Sí, tú tranquila-dijo el árabe-hazme caso, sé leer a las personas.

-Ya. De salida me extraña que sepas leer-ironizó ella.

-¿Dónde va ella?-dijo Jim adelantándose, con la Solaryum sujeta en su brazo izquierdo-puedo adelantarme.

-Está bien, te diré el número, emmm, a ver, ella lo dijo antes-Bert sacó su teléfono y lo miró rápidamente-aquí está: sector 3 de Montressor, Kensington 445… es una casa grande, creo.

Al escuchar aquello Jim palideció. Esa dirección le sonaba mucho…

-Espera…-dijo el chico. Ahora visualizaba perfectamente aquella casa en su cabeza. Maldita sea. La vida son coincidencias…


¿Qué había pasado, mientras tanto?

La casa de los Darling fue viendo el atardecer mientras el tiempo transcurría lentamente en su interior, para algunos de sus residentes más que para otros: Miquel, Slightly, Nibs y Tootles habían visto porno en el ordenador del niño quedando alucinados (y secretamente repugnados) de lo que encontraron, y luego se habían viciado a jugar al nuevo Epic que al niño le habían comprado sus padres por Navidad en casa. John por su parte después de terminar los cómics se había puesto a escribir tranquilamente una de sus historias, que nunca dejaba leer a nadie porque le daba mucha vergüenza. Después hizo un intermedio y se fue a charlar con Nana, que estaba poniendo el lavavajillas en la cocina. En cuanto a Wendy terminó de arreglarse y esperó a Peter pacientemente: él no tardó en aparecer, para placer de ella.

"stoy en la puerta" "la de atrás" decían sus escuetos mensajes. Wendy vigiló que Nana no estuviera y luego fue hacia el cobertizo del jardinero. Había una puerta de acceso por allí, pero a esas horas estaba en sombra y los vigilantes de la casa se iban hacia las zonas de sol, dejándola desprotegida un rato. Wendy abrió a Peter muy satisfecha de haber burlado a los vigilantes (no sospechaba, claro, que ya estaban todos muertos, pero claro ella no podía saberlo).

-Hola Wen…-Peter se coló por la puerta y se lanzó sobre sus labios, comiéndoselos con avidez, filtrando su áspera lengua con la pequeña y húmeda lengua de la niña, y apretándola con fuerza contra su delgado cuerpo-Wendy…-susurró en su oído. Peter sabía lo que provocaba en ella. Sabía lo que Wendy disfrutaba con aquel juego, con aquella forma sucia y atrevida de tratarla. Porque ella estaba empezando a aprender que era tan sucia como él…

-Peter…-Wendy notó el sabor a porro de la boca de Peter. Le gustaba el sabor a porro. Él la mordió suavemente en el cuello y luego deslizó sus manos al escote de ella-¡aquí nno!-exclamó Wendy riendo tontamente. Él insistió y ella resistió, aunque en realidad era un juego. Un delicioso juego de niños…

-Slurp… aaaaajjjj…-algo los espiaba desde un seto oscuro. Algo se movía en la sombra, hambriento de sangre y de dolor. Algo que aún se estaba terminando de formar con las criaturas más patéticas y repulsivas que habitaban en Suburbia.

-Tengo… frío…-susurró Wendy. Peter presionó sus pulgares en los pezones de la niña, que ahogó un gemido. Los tenía en punta.

-Ven adentro…-susurró él levantándola la falda y acariciándole las piernas hasta acercarse mucho a sus bragas-ven… quiero enseñarte una cosa.

-¿Una cosa?-repitió Wendy con un tono levemente agudo en la voz-¿qué cosa?

-Una cosa-repitió Peter, besándola de nuevo-ven y te la enseño…

-Dime qué es…-insistió Wendy, pícara. Entonces Peter tomó su mano y la guió hasta su pene. Estaba duro como una piedra, a él le gustaba explicarlo así. Wendy cerró los ojos un segundo notando un escalofrío de placer ante ese tacto. Si, ya conocía al pequeño Peter… como se alegraba de verlo otra vez.

-Joder, tu hermana es una zorra…-comentó Nibbs mientras él, Miquel, Slightly y Tootles los espiaban por la ventana y los veían besándose.

-¿Crees que lo haría conmigo?-le preguntó Slightly a Miquel, esperanzado.

-Claro que no. Dejadla. Es gilipollas-dijo Miquel, asqueado. Estaba harto de ver a Wendy comportarse así. Desde aquella vez que los había pillado desnudos en la habitación a principio de curso, a Miquel no se le iba de la cabeza lo que estaba haciendo Wendy. Él aún era muy pequeño para entenderlo (ella también). Llevaba solo unos diez añitos en este mundo rodeado de infancia e inocencia y de repente en nada todo lo que creía conocer resultaba tener un lado mucho más oscuro, o ser una completa mentira, como la Navidad. Miquel en realidad tenía miedo. Pero no lo iba a mostrar.

-Yo quiero ver como follan-dijo Slightly incapaz de contener su pervertida curiosidad.

-¿Van a follar?-preguntó Tootles, que era el más inocentón.

-¡Pues claro!

-¡Tenemos una partida pendiente! ¿No?-protestó Miquel volviendo a coger los mandos de la consola-luego me dará pasta para que no me chive a papá y a mamá. ¡Vamos, volved, pesados!

-Vale, vale…-dijeron ellos dándose la vuelta. Slightly se quedó un rato más, hasta que Peter y Wendy se metieron dentro, riendo. El chico se quedó unos segundos pensativo, mientras imaginaba como sería aquello y deseaba conseguirlo pronto, pero entonces algo llamó su atención: un arbusto se había movido. Por unos segundos creyó ver algo asomarse, aunque luego solo había hojas.

-Miquel… ¿tenéis animales en el jardín?-preguntó Slightly arqueando una ceja.

-¿Vas a jugar o no?-replicó su amigo enfadado. Slightly caviló un segundo pero luego regresó. Recomenzaron la partida. Mientras tanto Oogie Boogie los observaba.


-Bueno, po lo meno lo hemo intentado-comentó Sebastián mientras paseaba por las fuertes rodillas de Hércules, que lo miraba curioso.

-A mí me ha parecido un muy buen intento-reconoció el fortachón sonriendo amistosamente: Ariel y el cangrejo habían tratado de distraer a los agentes causando una explosión en la cara norte del edificio para luego liberar a Hércules de la celda especial en la que lo habían metido, pero les había sido del todo imposible lograrlo. Ariel había amenazado con disparar su pistola de luz, pero siendo ella una y ellos al menos veinte, y contando con tan solo un disparo, tuvo que acabar rindiéndose. Ahora Cobra Burbujas tenía tres armas, dos espadas y una granada, además de los trajes de sus tres reclusos, y ellos nada de nada.

-Debéis entender lo delicado de la situación: todo el mundo va detrás de ese asesino, pero nadie consigue cogerlo. Y vosotros… vosotros os atravesáis por en medio-explicó Cobra a Hércules y a Ariel, que vestidos solo con una túnica gris sobrevolaban Suburbia en uno de los vehículos de la agencia- ya he contactado con las familias de Hawkins, Tremaine y Pelekai. Y también con la de esa chica, Bella. Pronto los traeremos a la base Eco para interrogarlos.

-Las familias no saben nada Cobra, y lo sabes. Si pretendes usarlas como arma de chantaje lo pagarás caro-le avisó Hércules, furioso. Cobra Burbujas se ajustó sus gafas mientras lo miraba con escepticismo.

-¿Y cómo se supone que me lo vas a hacer pagar?-preguntó con voz grave Cobra mientras engullía una ensalada en un taper que uno de los agentes le había traído, y observaba las vistas a la ciudad desde el vehículo blindado-porque te he hecho besar la lona. Al gran Hércules…

-No era una pelea justa-reconoció él-ni por mi parte ni por la tuya. Habría que repetirla.

A Ariel le sorprendía la afabilidad con la que se hablaban Cobra Burbujas y Hércules, así como el hecho de que parecieran tan tranquilos con respecto al asunto. El joven héroe miraba a Cobra fijamente, como si quisiera memorizar cada uno de sus rasgos, mientras él simplemente seguía comiendo su ensalada.

-Va a haber que terminar con esto-dijo Hércules-a uno de los dos le toca hacerlo.

Ariel miró a Hércules cada vez más extrañada. Pero… ¿de qué estaban hablando?

-Entonces ¿estás seguro de que es él? ¿Cómo puedes estarlo?-dijo Cobra sorprendido. Dos de sus agentes se acercaron a él pero los alejó con un gesto, indicando que deseaba estar solo con los prisioneros.

-Yo no lo estoy, pero Merlín si lo estaba… no debemos correr riesgos, por lo que habría que asegurarse pero… pero sí, yo diría que sí-reconoció Hércules. Miraba a Cobra fijamente, como si lo conociera de hace mucho tiempo aunque no era así-te toca escoger bando, agente Burbujas.

-Claro…-Cobra miró nuevamente a Suburbia. Pasaban por encima del museo arqueológico, cuyas cristaleras reflejaban los autovolantes surcando el cielo-si yo lo hago… se acabó para mí.

-Venga ya… creo que sabes cuidarte perfectamente ¿no es cierto?-rió Hércules. Cobra negó lentamente.

-No se trata de eso. que se acabará-dijo. Ya no parecía tan intimidante. Una aura de tristeza lo rodeaba y Ariel no supo por qué pero hasta le dio lástima.

-Sin embargo es el momento-dijo Hércules tragando saliva y mirándolo-debe ser así. Todos sabíamos a qué atenernos…

Hubo un rato de silencio mientras Cobra reflexionaba. El autovolante del D23 cruzó un puente y se internó en el barrio de Yuca, al norte de la zona blanca. Debían estar llevándolos a la base Eco, el refugio secreto del D23 allí.

-Cerrad las ventanas-ordenó Cobra y el vehículo quedó completamente a oscuras. Ariel notó las patitas de Sebastián removerse entre sus dedos. Tenía bastante frío con aquella túnica repugnante. Ojalá pudiera recuperar su traje.

Aunque Ariel no podía verlo, el autovolante se metió en una pared rocosa de las muchas que se elevaban en el barrio de Yuca, y por una compuerta secreta atravesó un largo túnel hasta el hangar de aterrizaje de la base. Allí ya les esperaban varios agentes del D23.

-Burbujas. Muy insatisfactorio-dijo el agente Powers, un hombre de edad ya madura con un grueso bigote-once prisioneros… y se te han escapado ocho…

-Quisiera ver qué harías tú en mi lugar, Powers-replicó Cobra sin dejarse intimidar-¿dónde está el Mayor?

-El Mayor no se encuentra aquí ahora Cobra, tiene una reunión importante-dijo el agente Trigger, compañero de Powers.

-Pues es una pena que vaya a tener que posponerla. Porque yo debo hablar con él-replicó Cobra Burbujas con dureza-avisadlo inmediatamente.

Trigger y Powers se miraron con sorpresa mientras Cobra se habría paso llevando a los prisioneros.

-Pero… no puedes…-replicó Trigger.

-Yo puedo hacer lo que quiera-respondió Cobra Burbujas con rudeza. Luego los dejó ahí colgados sin decir nada más.

Hércules observaba atentamente todos los movimientos de Burbujas hasta que se dio cuenta de que Ariel lo miraba con impaciencia. La pelirroja señaló los grilletes eléctricos que les habían puesto en las muñecas, impaciente. ¿Qué se suponía que iban a hacer ahora?

-Debemos irnos ya. Nuestros compañeros nos necesitan-dijo Hércules. Era imposible saber qué opinaba Cobra de aquello, porque permanecía de espaldas, pero Ariel estaba convencida de que no debía de estar muy de acuerdo.

-Llevadlos a una celda de alta seguridad-le dijo a uno de sus agentes-y procurad que esta vez no escapen.

-Okey, boss.

Los agentes del D23 se llevaron a rastras a Ariel, Hércules y Sebastián, mientras Burbujas se dirigía a uno de los ascensores con forma de cápsulas de cristal que había en el pasillo del fondo.

-¡DEBES LIBERARNOS COBRA!-gritó Hércules furioso-¡ELLOS MORIRÁN! ¡SUÉLTANOS!

-Enseguida estaré con ellos-le dijo Cobra a uno de sus agentes subiendo al ascensor-¿dónde está el otro?

-En la cuarta-su acompañante pulsó el botón de la cuarta planta-verá como lo tienen…

Cobra cruzó un largo pasillo que llevaba hasta una amplia estancia. En el centro de ella, retenido por grilletes eléctricos, se encontraba Jack Skeleton, que sonreía como siempre con aquel aire maniaco mientras guiñaba lentamente los agujeros de su calavera que en otro momento fueron ojos.

-Jack Skeleton, supongo-dijo Burbujas secamente.

-¿Supone?-repitió Skeleton burlón-me han hablado de usted. Cobra Burbujas… eso sí que es un nombre sugerente.

-Me alegra que le guste. Quiero que hablemos claro, así que espero que entienda mi necesidad de no perder el tiempo-dijo Cobra apretando los dientes. Skeleton lo sopesó durante unos segundos, entendiendo que con él no iba a ser tan sencillo. Finalmente inclinó su cabeza levemente, dando a entender que estaba de acuerdo. Si intentaba hacer un movimiento brusco de su cuerpo, las esferas eléctricas que retenían sus brazos y piernas le darían tremendas descargas.

-El D23 tiene la misión de destruir al prófugo de la justicia Damien Brahms, ahora Oogie Boogie-explicó Cobra con voz mecánica-aunque podemos hacerlo perfectamente con nuestros medios, sería preferible que usted colaborase y nos diese cierta información sobre él que necesitamos saber para ser… más eficaces en la tarea.

Cobra esperó paciente a la respuesta de Skeleton. El prisionero parecía desconcertado.

-No lo entiendo… ¿por qué quieren matarlo? Ustedes fueron los que pidieron dejarnos con vida a los dos hace cinco años-dijo el esqueleto.

-A sí que lo sabe-dijo Cobra.

-Pues claro…-Skeleton rió levemente, pero las esferas amenazaron con darle una descarga si se reía demasiado-¿por qué iba a dejarnos si no vivos un gobierno que ejecuta a casi todos los asesinos y rateros de la calle y no invierte ni un mickey en programas de reforma social? El mayor fallo de Suburbia está en la falta de empatía, yo siempre lo he dicho.

-Dígame… ¿en qué consistía exactamente el ritual que ejecutó con Oogie Boogie?-preguntó Cobra Burbujas mientras dos de sus agentes activaban la grabadora de la conversación.

-Se trata de un conjuro escrito en un libro de magia negra que conseguimos robar a la Estrella… ¿conoce la Estrella Azul, agente Burbujas?-preguntó Jack Skeleton con voz lúgubre.

-Conozco muchas cosas…

-Entonces sabrá que para utilizar hechizos de magia negra un académico de la Estrella debe tener el rango de mago de primer grado. Yo carecía de cualquier rango porque carezco de poderes mágicos. Pero la magia, aunque no sea innata, si se puede adquirir…

-Y usted así lo hizo-completó Cobra.

-El ritual debía unir a dos almas (en este caso la mía y la de Oogie), haciendo que una se alimentase de la otra, y así alcanzara la inmortalidad. Yo naturalmente no le conté esto a Oogie… lo que le dije fue que ambos viviríamos para siempre una vida perfecta… la realidad era que él iba a morir, y yo podría vivir para siempre gracias a su muerte. Estúpido…

-Entonces… ¿cómo…?

El rostro de Jack Skeleton se contrajo en un gesto más agresivo mientras hablaba nuevamente. Podía entenderse que pese a su frialdad y pretendida burla, el odio y la rabia por la situación en la que se encontraba lo carcomían por dentro sus huesos huecos.

-El ritual nos ató a ambos a la vida, de un modo que no esperábamos. Ahora ninguno podemos morir, pero la vida de ninguno de los dos está completa. No habitamos un cuerpo por pleno derecho. Y ambos creemos que al matar al otro podremos encontrar la paz que nuestra alma necesita.

-Entonces usted también quiere matarlo…-observó Cobra. Skeleton parpadeó lentamente.

-En realidad me gusta más verlo sufrir así… es delicioso ver como provoca tanto sufrimiento a sus víctimas, como se las ingenia para torturarlas de esos modos tan horrendos, solo porque espera conseguir que sufran más que él mismo. Pero eso es imposible, nadie sufre más que el mismo. Debo reconocerlo… me encanta.

Aquellas palabras fueron tan duras que hasta Cobra se detuvo unos instantes. La labia de Skeleton era tan escalofriante como su aspecto. Burbujas sabía que era tan peligroso como Oogie o más, porque era demasiado inteligente. Tenía que contenerlo como fuera.

-¿Hay algún modo rápido de matarlo? Una forma… de destruirlo para siempre…-susurró Cobra acercándose a Jack. El esqueleto lo miró fijamente. Burbujas era sin duda la visita más interesante que recibía desde Mary Poppins.

-No, no creo que la haya. Aunque claro… ustedes no son los únicos que lo están buscando… ah… ya lo sabe-inquirió. Aunque no veía los ojos de Burbujas y el agente permanecía inexpresivo, Skeleton era un gran lector de mentes-sí, sí, sí… puede que ella sí sepa como matarlo. Pero tal vez necesita ayuda… ¿qué le retiene, agente Burbujas? Veo… veo una lucha interior…

Cobra ordenó al agente que lo acompañaba que cortase la grabación y luego se dirigió de nuevo al angosto pasillo.

-Ahora lo único que quiero que vea es su celda hermética. Permanecerá allí hasta mi próxima visita.

-¿Pero va a lograr vencer a Oogie Boogie en serio? ¿Sin más ayuda? No lo creo…-se mofó Jack Skeleton. Cobra lo miró ceñudo una última vez, antes de que las compuertas se cerraran y el ascensor comenzase su bajada.

-Bien… movámoslo-le dijo uno de los agentes del D23 al otro, mirando a Jack.


Cobra bajó hasta la celda donde tenían retenidos a Hércules, Ariel y Sebastián. El cangrejo daba vueltas en círculos murmurando palabras incomprensibles, impaciente, y haciendo clak clak con sus pincitas.

-Eto no puee ser bueno, eto no lo puee sé… no van a detené a todo y no van a enserrá de por via-se lamentaba el cangrejo. De repente se detuvo, teniendo una idea. Avanzando hacia Ariel la miró esperanzado-si avisamo a tu padre… el todavía pue echarno una aleta… solo hay que conseguí asercarse a la costa…

-¿A pa… mi padre?-Ariel le miró con sorpresa que pronto se convirtió en enfado-no sabemos nada de él ni de Atlántica… deben de estar reconstruyendo el palacio…

-Te equivoca Arie la siudá ya ha sio recuperada-la explicó Sebastián con convencimiento-me lo contó un salmón que vi en el pantano que venía de allí… lo pese que habían huido ya han vuelto a la siudá y han venio de otro mare para ayudá a reconstruila. Y tu padre… el rey ya se está recuperando… etuvo grave pero se pondrá bien…

Ariel le había dado la espalda a Sebastián pero no se perdía ni una sola de sus palabras. ¿Su padre se estaba recuperando? ¿Atlántica había sobrevivido? No quería saberlo, simplemente no quería. Necesitaba romper con el pasado. Pero uno no puede cortar de golpe sus orígenes y su sangre. Simplemente porque es lo es.

-Si me permites el atrevimiento yo te diría que tu padre te quería-intervino Hércules con voz cálida-él trazó conmigo el plan para derrotar a Úrsula y aunque le avisé de que su vida corría peligro estuvo dispuesto a ello por ti. Creo que podrías tomar eso como una prueba sólida de su amor-defendió.

Ariel le miró de reojo. Al hablarla Hércules así la chica se ruborizó levemente. Se sentía muy a gusto a su lado. Y cuando la hablaba era tan comprensivo… tan protector. Pero no estaba dispuesta a aceptar lo que él decía. No quería ni hablar de su hogar. Y aun así esa noche podía morir, y nunca más volvería a ver a ninguna de sus hermanas, ni a su padre. ¿Las echaba de menos? No, no lo hacía. No las necesitaba para nada. Y aun así… deseaba verlas a todas… explicarles el miedo que sentía. Incluso a Attina, pese a todo lo ocurrido. Incluso a ella.

-La familia es complicada-susurró Hércules, comprensivo-pero créeme… es una de las pocas cosas por las que merece la cosa luchar.

-Ya… yo estoy harta de luchar-susurró Ariel abrazándose a sí misma con dolor. Entonces para su sorpresa él la abrazo, y ella notó el calor de sus musculosos pectorales, recostándola en ellos.

-Lo sé… pero todo va a ir bien, te lo prometo-dijo-todo saldrá bien.

Sebastián los observó y negó con la cabeza lentamente. No. Claro que no iría bien. Morirían. Todos morirían, de un modo u otro. Igual que había muerto aquel viejo que era mago, y la mujer rubia, y el pobre Timón, y se imaginaba que tantos otros.

-No te preocupes por Aladdín… él estará bien, sabe cuidarse-la tranquilizó Hércules apartando ya su brazo de ella y acomodándose en la celda. Ariel le miró con sorpresa.

-¿Al… Aladdín?-repitió, pasmada. Hércules frunció levemente el ceño, confuso.

-Oh, perdona… no, nada…

-Nosotros no, no…-Ariel no pudo evitar soltar una risita nerviosa al decirlo-no sé por qué… da igual…

-Ya…

-Da lo mismo…

Tanto Hércules como Ariel estaban visiblemente colorados y ahora miraban cada uno a un lado. Ambos eran bastante retraídos en esos temas, les costaba mucho abrirse al respecto. Ariel sin embargo sí que por otra parte lo anhelaba cada vez más. Anhelaba un beso. Aquel joven era muy atractivo, un poco mayor que ella, pero simplemente impresionante, y muy, muy bueno. Quería besarle en los labios. Aunque por otra parte pensar en Aladdín también la hacía sentir como en un sueño. Pero Aladdín tenía novia, o al menos eso decía él…

-Ojalá yo pueda hacérselo entender a Meg…-dijo Hércules. Ariel, que había apoyado su cabeza en el hombro del chico, se reincorporó de golpe.

-Q…¿el qué?-preguntó, desconcertada. Ya se imaginaba la respuesta…

-Que la quiero. Que todavía la quiero… que la querré siempre…-susurró el chico, apoyando la cabeza en sus manos. Luego la miró, avergonzado-lo siento, no quiero molestarte pero… reencontrármela así de repente ha sido extraño… y creo que puedo confiar en ti.

-Sí puedes-se apresuró a decir Ariel-pero… ¿qué pasó entre vosotros…?

Le seguía preocupando el tiempo que corría y la cada vez más falta de esperanza, pero no veía un modo de salir de aquella celda hermética, y tampoco había otra cosa que hacer. La historia de Hércules le interesaba cada vez más.

-Bueno, ella…-empezó a decir el chico, cuando del ascensor del fondo entró Cobra Burbujas, y todos los agentes que estaban de vigilancia se incorporaron para saludarlo.

-Dejadnos-ordenó él. Los vigilantes vacilaron pero Cobra hizo crujir un poco el cuello con impaciencia y todos obedecieron a una. Cobra acercó su huella dactilar a la puerta y la abrió, dejando salir a los tres presos-es hora de marcharos, tenéis una misión que cumplir y yo también.

-No lo entiendo…-susurró Ariel, confundida.

-No es fácil de entender-reconoció Cobra-os marcharéis, pero tengo una condición, gladiador.

Hércules ya iba hacia el pasillo, pero se detuvo al escuchar eso. Miró a Cobra con impaciencia.

-No voy muy bien de tiempo…-dijo, y por primera vez pareció más preocupado.

-No me importa-replicó Cobra Burbujas impasible-yo haré lo que debo, pero tú debes hacer lo que te pida. Me pediste una revancha… y te la voy a conceder…

Hércules miró a Cobra con asombro. El agente se había vuelto a quitar la chaqueta y se estaba desabrochando la camisa.

-Esta vez sin trucos. Cuerpo a cuerpo. Quiero ver… quién eres.

Hércules miró a Ariel que negó con la cabeza. Ya que estaban libres se tenían que pirar ahora mismo.

-Está bien-accedió el héroe, sacudiéndose sus rizos cobrizos-pero seré rápido.

-Sí, yo también…

Cobra Burbujas hizo crujir sus nudillos. Si ya había vencido al chico una vez cuando contaba con plenitud de fuerzas… ¿cómo iba Hércules a vencerlo ahora…?


Oogie Boogie no había tardado más que unos minutos en llegar hasta la casa de los Darling, donde el resto de criaturas que había apostado allí ya lo estaban esperando. De nuevo se iban recomponiendo formando su repulsivo cuerpo, sus manos, su tripa y su boca, mientras que una tela de un color verde sucio lo iba encerrando poco a poco. Oogie sonrió lentamente mientras una serpiente verde subía por su garganta y se convertía en su lengua. La nieve caía lentamente. Recogiendo un copo se lo llevó a la boca y lo masticó lentamente. No sentía el sabor, pero sentía el hambre. Nunca estaba saciado. Ni de comida, ni de bebida. Ni siquiera de la carne humana. Su alma nunca encontraría reposo porque su alma ya no existía, ahora era una versión imperfecta y pútrida de lo que había sido una vez, y con cada muerte que cometía, cada crueldad que realizaba se acercaba más y más al mismísimo Infierno.

No podía saciarse nunca de los deseos del cuerpo ni de la paz del alma. Pero podía saciarse de venganza. Jugueteando una vez más con su dado especial lo arrojó al aire. Ya había tirado tres veces: la fuga del manicomio (primera tirada obligatoriamente para salir), la matanza en la feria (suma tres puntos) y el señor Darling, a cuya familia estaba a punto de sacrificar en honor a su propio ser. Le quedaban otras tres tiradas, dos reservadas a Mary y a Skeleton y una más, la especial, la que sí o sí sería la definitiva. Pero antes de eso debía vengarse de ellos dos. El dado decidiría de cuál de ellos primero. Odiaba a Mary Poppins con todas sus fuerzas y suponía un gran peligro para él, pero si tuviera que elegir optaría primero por Jack. Jack Skeleton, el hombre, el monstruo que le había hecho aquello. La persona con cuya alma había efectuado la mayor conexión quizás entre dos seres, y ahora ambos vivían aquella condena porque los dos se negaban a abandonar la vida.

Como había sido el conocerlo en aquella facultad, hace ya tantos años. Un profesor astuto, con una dialéctica increíble, todo aquel conocimiento, y sus palabras… como lo habían alimentado, como le habían insuflado… el amor de Oogie hacia Jack había derivado en una enfermiza obsesión por él, hasta el punto de que no podía dejar de mirarlo, y se deleitaba con solo escucharlo respirar. Habría hecho cualquier cosa con tal de complacerlo. Y lo había hecho…

-Ponte esto…-Jack (Jonathan) le ofreció una máscara negra con unos orificios solo para la nariz y la boca. Tenía pinchos en la cabeza, y estaba hecha de cuero negro.

-Ssí…-Brahms cogió la máscara. Ya se había quitado la camisa, y sus michelines estaban manchados con la sangre de los niños asesinados. La pequeña capilla estaba bloqueada con los fémures del sacerdote que habían asesinado unas horas antes, y que habían colocado en las argollas para que fuese imposible abrirla desde fuera. Los niños que acudirían a la catequesis con él estaban ahora todos muertos y abiertos en canal, colgando uno cerca de cada columna de la capilla. El Cristo en la cruz que presidía la pequeña iglesia estaba puesto boca abajo, y ellos habían escrito todo tipo de signos groseros en su cuerpo e incluso puesto un juguete obsceno en la boca. En el suelo pintados había estrellas mágicas y símbolos paganos de invocación satánica. El sarcófago estaba a un lado, preparado, y sobre el altar al lado del vino y el pan había un afilado cuchillo. Jonathan lo miraba con miedo. Debía usarlo, pero le daba miedo el dolor. Sin embargo estaba lo suficientemente loco como para hacerlo. Y Oogie como para seguirlo, hasta donde fuera.

-Desvístete…-Jonathan fue llenando el cáliz bendito con la sangre de los niños mientras leía las palabras escritas en el libro. Era una copia del Doomulacrum. Había tenido que sesgar más de veinte vidas para conseguirlo, pero había merecido la pena-slogbjksa jora futrah gantz sryptah…

Brahms ya estaba desnudo cuando Jonathan fue hacia él. El doctor se quitó su elegante toga y su sombrero, revelando su larga melena rubia, que Brahms acarició embelesado. Jonathan Skellingtong era tan atractivo, en todos los sentidos. Era una belleza morbosa, una personalidad inteligente y malvada que atraía a los hombres como el poder a la corrupción.

-Bebe…-Jontahan dejó a Brahms beber mientras terminaba de desnudarse. Luego comenzó a masturbarlo mientras bebía él también de la sangre. El rojo líquido goteó por las bocas de ambos mientras se besaban y se mordían los labios ávidamente. Brahms gimió con fuerza mientras Jonathan le ajustaba una cadena al cuello y otras en la cintura, dominándolo como si fuera su perro. Y como a un perro iba a tratarlo.

-Ooooooogh…. ¡OOOOOOOH!-gimió Brahms mientras Jontahan lo penetraba por detrás sin ningún tipo de cuidado ni compasión y comenzaba a envestirloviolentamente-¡OOOOOOOOHAAAAAAAA!

-Oogie Boogie… mi Oogie…-susurró Jonathan apretando los pequeños aros que colgaban de los pezones de Brahms y tirando de las cadenas, ahogándolo. Sabía que es lo que le hacía daño, pero a él le gustaba. Damien amaba el dolor. Eso los unía. Igual que la maldad.

Jonathan penetró a Brahms con cada vez más violencia haciéndole sangrar mientras tiraba tan fuerte de sus pezones que los piercings le pusieron la piel roja, y le azotaba en el gordo trasero con fuerza. Finalmente terminaron de hacerlo y colocándose el uno encima del otro en direcciones opuestas engulleron el semen el uno del otro, mordiéndose y arañándose mientras lo hacían.

Jonathan había seguido pronunciando las palabras memorizadas del complicado rito. Los tatuajes de su cuerpo eran marcas negras de sus propios huesos. Al parecer eso le permitiría volver a recuperar su cuerpo una vez muriera. Y en perfecto estado, totalmente sano. Se le llamaba el Rito de la Agonia. Está bastante claro por qué.

-Nggggggggmmmmmnnn…-volvieron a besarse y entonces Jack le arrancó de un mordiscó el labio inferior a Brahms. El chico soltó un alarido, sorprendido, y entonces de una patada Skellingtong lo arrojó al sarcófago que supuestamente ambos debían ocupar.

-¡ESPERA!-gritó Brahms sorprendido. Pero era tarde: Skellintong lo había encadenado bien dentro del ataúd de hierro, y ahora le sonreía, burlón. Totalmente inmovilizado y con la máscara sado aún impidiéndole ver nada Brahms estaba totalmente a su merced.

-Lo siento mucho Brahms, pero querías que fuésemos uno. Tu alma lo será, en la mía. Porque solo yo viviré-explicó Jack mientras iba a la parte trasera de la iglesia y sacaba una enorme caja. La había escondido allí días antes de ir ambos a comenzar el ritual.

-¡ESPERA! ¡NO!-rugió Brahms, tratando de liberarse inútilmente.

-Sssssssh, tranquilo Oogie, tranquilo… solo son unos amigos…-explicó Skellingtong mientras abría la caja: unos enormes escarabajos negros fueron cayendo uno tras otro al ataúd, moviendo las pinzas de su boca con avidez. Enseguida olfatearon la carne de Brahms, y acercándose a sus rellenos y rosados muslos le asestaron un buen bocado, arrancando la carne de cuajo y masticándola complacidos.

-¡RRRRRAAAAAAARRRRRRRGH!-chilló Brahms. Ni siquiera podía ver quien lo estaba matando así, pero los escarabajos mordían y mordían sin compasión. Skellintong agradeció haber encontrado en el mercado negro unos escarabajos que no se comieran los unos a los otros, o en el tiempo de espera seguramente se habrían destruido entre ellos.

-Lo siento Oogie… pero tenía que hacerlo. No pienso disfrutar de la eternidad con alguien tan vulgar como tú a mí lado. Como ya te dije, los dioses son filósofos porque solo ellos merecen ser inmortales-rió Jack entre dientes mientras se echaba su larga melena rubia hacia atrás y luego cerraba el ataúd y le echaba el cerrojo. La tapa de la caja se tambaleó, desesperada, mientras dentro Brahms la golpeaba desesperado por salir. No temía perder la vida. Pero aquel no era el plan. Ahora estaba simplemente bloqueado… su mente simplemente no podía asimilar que él le hubiese hecho algo así. Jack lo sabía, y disfrutaba enormemente con ello. Habían sido dos maravillosos años al lado de Oogie, matando, follando y estudiando la magia negra de la Nigromancia, pero ahora ya no lo necesitaba más, y para Jack si había algo satisfactorio era deshacerse de alguien y hacerle ver que no lo necesitaba más. Era otro enfermo modo más de alimentar su ego.

-Siente la muerte… aulla por ello… araña que sube… sangre en el pecho…toma al diablo… toma mi cuerpo-recitó Jonathan Skellintong mientras tomaba el cuchillo de la mesa del altar y se comía el pan. Ahora venía la parte más difícil, porque le tocaba a él sentir el dolor para ello. Y debía forzarse a hacerlo hasta el final.

-Aaaaaaaaah… aaaaaaaah… nnno…. Aaaah…-Jonathan se acercó el cuchillo al dedo y se cortó la yema lentamente hasta dar luego un tajo rápido, cayendo esta al suelo, dejando un reguero de sangre-aaaaaaaah…-poco a poco fue cortándose todas las yemas. Luego fue pelando los dedos, uno a uno. Dentro del ataúd, Brahms gritaba y luchaba contra los bichos. Logró aplastar a algunos, pero eran cientos y muy resistentes. Notó como se le metían en fila por el ano e iban arrancando carne del interior. Escalaban por sus intestinos e iban comiéndoselo todo. Brahms apenas podía pensar… pero una palabra se iba formando en su mente: traición, traición… traición de Jack… venganza.

-¡AAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRGGGGGG!-Jack se rasgó las mejillas y se arrancó de un tirón la piel de las pestañas y la frente. El dolor lo hizo tambalearse, pero se había drogado para perder parte del sentido del tacto y era capaz de soportarlo a duras penas.

Se quedó afónico de tanto gritar mientras se iba cortando poco a poco la piel del pecho bajando luego a los muslos. Se desolló toda la carne pegada a los huesos, y los miembros cartilaginosos como las orejas y la nariz los cortó en tajos rápidos, cayendo junto a las yemas de los dedos y posteriormente los testículos y el pene.

Dando tumbos Jack terminó de arrancarse tendones de la piel. Estaba agonizando mientras terminaba su enloquecida carnicería, pero al menos confiaba en que Oogie estuviese sufriendo también: efectivamente su compañero había sido troceado y comido por los insectos carnívoros hasta los huesos, de modo que rápidamente fue desapareciendo hasta quedar solo huesos. Entonces Jack abrió un pequeño orificio del sarcófago, por el que empezaron a escapar escarabajos mientras él vertía gasolina dentro. Luego se la echó por encima, haciendo que su piel en carne viva le doliera de un modo tan insoportable que cayó al suelo, perdiendo el conocimiento. Permaneció así tirado unos minutos hasta que recuperó la conciencia.

-¡AAAAAAAAAHHHHH!-jadeó, histérico. Apenas entendió lo que pasaba sacó de su túnica tirada en el suelo el mechero y se prendió fuego con él. La gasolina prendió al momento tanto en su cuerpo como en el interior del ataúd. Jack se dejó caer encima del ataúd y apoyando la cabeza en la cubierta metálica gritó nuevamente mientras el dolor lo mataba definitivamente… bueno, no lo mataba… lo hacía nacer de nuevo.

En unos minutos la capilla estaba llena de humo y el Cristo se consumía también en las llamas, mientras sus ojos parecían llorar sangre viendo aquel lamentable espectáculo. El cuerpo de Jonathan era ahora solo un esqueleto, al que el fuego era incapaz de consumir por algún motivo. Lentamente, su cráneo comenzó a moverse y miró hacia la salida de la iglesia. La boca fue esbozando una escalofriante sonrisa mientras temblando se iba incorporando poco a poco. Estaba vivo… estaba vivo… no entendía nada, pero estaba vivo…

-¡ABRAN LAS PUERTAS! ¡ABRAN LAS PUERTAS!-gritaba la policía desde fuera. Los padres de los niños habían denunciado su aparición demasiado tarde. Cuando los policías echaron a bajo las puertas y se encontraron con aquel impactante espectáculo, una agente incluso se desmayó.

Pero solo estaba el ataúd. El esqueleto había oído.

-¿Qué ha pasado? ¿Qué ha podido pasar aquí?-preguntó el capitán de la policía, totalmente horrorizado. Su primer oficial no pudo responderle porque estaba ocupado vomitando-¿Qué cojones ha pasado?

-Están muertos… todos muertos… el sacerdote…-le enseñó otro de sus agentes que sí conservó la calma. Los huesos descuartizados del cura estaban por el suelo. El capitán los examinó conmocionado mientras los demás apagaban el fuego y acordonaban la zona.

-Estremecedor… totalmente macabro.

-Pero… ¿por qué?-dijo otra agente, acercándose al ataúd… ¿por qué?

Disparando al cerrojo y abriendo la caja descubrió solo unos infectos escarabajos que se revolvían y pataleaban de modo extraño. Aparentemente no les pasaba nada, pero parecían estar sufriendo un ataque. Solo habían sobrevivido unos diez, al resto el fuego los había matado. Pero los que quedaban se comportaban de un modo extraño.

-¿Qué cree que…?-preguntó la agente cogiendo a uno de ellos, cuando el escarabajo la pegó un mordisco en el dedo-¡AU!

-¿Clarisse?-preguntó el capitán, volviéndose con sorpresa. El escarabajo saltó sobre la agente y la mordió en la nariz ávidamente. El resto lo imitaron y atacaron también a la mujer, sacándola los ojos.

-¡NO, NO, NO! ¡MATADLOS!-ordenó el capitán de policía, y él y sus hombres los pisotearon hasta matarlos a todos-ya está… tranquila Clarisse, ya está… no…

-¡UAAAAAA! ¡ESTOY CIEGA! ¡ME HAN DEJADO CIEEEGAAAA!-gritó la agente retorciéndose mientras sus compañeros corrían a socorrerla. Ninguno de ellos podría volver a dormir tranquilo por las noches. Nunca. El recuerdo de aquella escena espectral los perseguiría para siempre, al igual que luego a los padres de los desdichados niños y feligreses del sacerdote.

-Nuestra alma se fue arrastrando… vagamos y vagamos sin conciencia ni entendimiento… olvidamos hasta nuestro propio nombre… hasta que nos recompusimos…-gruñó Oogie con agresividad-sí, Jack… la vida es para los filósofos… pero no quiero vida. Quiero muerte… jojojojojo… quiero matar… matarte… y jugar… lo más importante es jugar… jojojejajo… jo…

Oogie Boogie terminó de masticar ese copo de nieve mientras el dolor del recuerdo paseaba por los límites de su conciencia. Era el momento de ponerse en marcha. Olía la felicidad de los niños en la casa. Y olía algo más… algo muy tentador. Olía a sexo. Sexo de menores… mmmmmmn… que olor tan suculento…

-¿Quieres que juguemos, Jack? Jugaremos…-rió Oogie.

¿Quién de los dos sería el rey, el más terrible y siniestro señor de la muerte en Suburbia? Él, desde luego. Su poder se acrecentaba por momentos, y con unos cuantos niños más sería imposible detenerlo. Estaba más vivo que nunca.


En la casa Miquel y sus amigos habían puesto muy alta la música en los altavoces de su consola y Nana intentaba entrar en el cuarto para hacerlos callar, pero la habían bloqueado. La vieja perrita volvió refunfuñando por el pasillo, cuando vio como algo verde y raro se movía por él. Extrañada fue en su busca, pero no vio nada. Entonces reparó en algo en el suelo. Un líquido verde.

-Qué asco…-murmuró, mientras iba a por la fregona. Iban a ponerla perdida la moqueta.

En su habitación John continuaba escribiendo su historia, de ciencia ficción y fantasía, con elfos, hadas y dragones, pero ahora se había puesto la música en los cascos y permanecía aislado del mundo. Tal vez por eso no vio pasar un enorme pegote por su ventana deslizándose tejado arriba. Ni la luz cada vez más fuerte que provenía del jardín…

En cuanto a Wendy, era la que más absorta estaba de los tres: Peter había sacado de su mochila una cachimba portable y le estaba enseñando cómo funcionaba mientras la calentaba. Era de plástico transparente, y brillaba con un resplandor verdoso. El chico cogió la pipeta y se la metió en la boca, dando una honda calada con la que hizo un anillo de humo. Wendy rió, impresionada. Su chico malo…

-Toma. Prueba-la ofreció él-relaja mazo.

-Nno…-lo rechazó ella. Aunque su padre les había advertido cientos de veces de los peligros de las drogas Wendy se moría de ganas de probarla, solo que no quería aceptar a la primera. Tenía que hacerse la difícil un poco más.

-Prueba… venga…-Peter le metió la pipa en la boca, y Wendy chupó lentamente, cerrando los ojos. Peter la observó hacerlo. Vio los labios de la niña salivar mientras el humo se filtraba hacia dentro. Lo que él quería hacerle a esos labios…

-Cof, cof…-Wendy apartó el humo con las manos mientras lagrimeaba-nno me gusta… para…

-No me hables como si tuvieras tres años-replicó Peter mientras dejaba su abrigo a un lado y la miraba-te tienes que acostumbrar, pero relaja un montón. Ya no somos putos niños… ¿no?

-Nno…-reconoció Wendy. Ella no quería ser una niña, quería ser una mujer. De hecho ya lo era. Tomando la cachimba volvió a fumar la hierba y la sensación fue convenciéndola rápidamente. Sí, aquello sabía muy bien. Y se iba sintiendo mejor, más relajada. ¿Sería su propia sugestión mental, o de verdad estaba pasando…? Vaya, la verdad es que estaba mucho mejor. Además estaba muy contenta. Miró a Peter mientras una lenta sonrisa se iba dibujando en sus labios, y luego extendió las manos hacia él.

-Bésame…-pidió con voz aguda. Él se apresuró a complacerla. Peter besuqueó a Wendy en los labios y la barbilla sentándola encima suyo y acariciándola todo el cuerpo. Entonces, como ella ya se esperaba, comenzó a bajarle la cremallera del vestido. La chica ahogó un gemidito dando a entender que la complacía, eso lo hacía más divertido. Peter la besó con más fuerza y Wendy dejó que sus lenguas se entrelazaran, ambas llenas de aquel extraño sabor a droga, mientras Peter la bajaba el vestido y metía las manos por dentro de su sujetador, acariciando sus pequeñas tetitas. Wendy comenzó a soltar pequeños gemiditos, muy agudos y desesperantes. Eran ridículos, pero a Peter lo ponían todavía más cachondo. Ella cerró los ojos y se frotó contra el cuerpo de él, calentándolo, con lo que Peter sin poder resistirse la tumbó en la cama y la fue besando por todo el cuerpo con avidez. Peter era como Jim y sus amigos un adicto al sexo, pero al contrario que ellos tenía un problema con los tiempos, porque apenas era capaz de aguantarse cuando tenía ganas. Debía empezar a hacerlo y cuanto antes. Luego lamentaba el quedar saciado tan rápido, pero era incapaz de resistir sus propias ansias cuando empezaba.

-Mmmmmmmnnnn… Wen… joder… di mi nombre…-susurró, bajándola las bragas.

-Nno… no hagas eso…-pidió ella avergonzada. Travieso, Peter se inclinó ante su vagina y comenzó a besarla, haciendo chillar de nuevo a la chica , que agitó sus blancas piernas en el aire mientras Peter se las sujetaba y besaba sus pies.

-Venga… di mi nombre…-pidió, sugerente.

-Ssí… iiiiiiiih… Peter… Peeeter… iiiiiiih…-gimió Wendy mientras Peter se metía sus dedos de los pies en la boca-¡Peter!

Él siguió encima de ella mientras se quitaba la camisa dejando al descubierto su delgado y pálido cuerpo y dejaba que Wendy le besara los lunares del torso. Distraídos como estaban devorándose en la cama no notaban como los insectos se iban colando por debajo de la puerta, sin ni siquiera avisar. Los insectos los miraban. Veían como aquellos cachorros humanos copulaban, como gozaban de un modo tan pleno que para un animal invertebrado no es posible sentir. En los ocho ojos de las peludas tarántulas se reflejó el pene de Peter cuando este lo dejó al descubierto y se lo acercó al rostro de su novia.

-Wen… Wendy, tú me… ¿me lo chuparías…?-preguntó sin darle más rodeos. Ella le miró sorprendida. Quería, pero le daba miedo… no sabía cómo hacerlo. Lentamente fue acercando su cabeza al miembro erecto del chico, que respiraba entrecortadamente por la emoción.

Las arañas miraban. Las cucarachas también. Y cada vez se iban extendiendo más por la habitación. Wendy chupaba. Eso sí que sabía raro. Y bien… los insectos percibían con su hipersensibilidad los gruñidos de Peter, que sujetaba el pelo de la cabeza de la chica como siempre había deseado hacer. Él parecía tan complacido por ella. Tan embriagado por su femenina e íntima esencia.

Le matarían primero.


-¿Qué pasa?-preguntó Slightly con sorpresa cuando de repente la consola se les apagó-¡JODER!-habían perdido la partida.

-Se ha ido la luz-comentó Tootles. Miraron a Miquel, que observaba al techo extrañado. ¿La luz? ¿Cómo era posible? Su padre pagaba a la mejor empresa de Suburbia, no era tan fácil que pasara algo así…

-Voy a ver-dijo el niño mientras sacaba su interfono y encendía la linterna-esperadme aquí…

-Vale.

Miquel se asomó al pasillo e iluminó a un lado y a otro con la linterna. Quiso llamar a Nana o salir al pasillo, pero por algún motivo se quedó paralizado. Vamos, no era el momento de ser cobardes: hacía ya un año que no le temía a la oscuridad, y no iba a dejarse achantar así por un simple apagón delante de sus amigos, se burlarían de él. Hasta él mismo lo haría.

-¿Nana?-Miquel avanzó por el pasillo lentamente escuchando las voces de sus amigos susurrar detrás suyo-¿Nana? Mierda…

-Creo que es un apagón…-dijo Tootles asustado.

-¡Ya lo sabemos!-le dijo Nibs pegándole una colleja-¡tontolculo!

-A lo mejor no es eso… a lo mejor son ladrones de los que detuvo su padre-dijo Slightly con maldad-que vienen a vengarse…

Miquel se quedó paralizado al oírlo. Su padre ya los había advertido en las semanas anteriores sobre aquello. Pero no era posible… según les había dicho el señor Darling Oogie Boogie no sabía dónde ellos vivían, y tampoco sabía que él era quién había conseguido encontrarlo la última vez. La casa estaba protegida por seis agentes de policía especiales durante todo el día. Era difícil que ese monstruo se acercara… era difícil…

-Ugh…-Miquel pisó una cucaracha que correteaba por el pasillo, indefensa, y asqueado apartó su piececito-¡qué asco!

-¿Qué pasa Mike?-preguntó Slightly sobresaltándolo al acercarse por detrás suyo-tío, tranquilo…

-¿Nana? ¡Nana, joder!-llamó Miquel con angustia. Pero su vieja cuidadora no contestaba. Ahí fue cuando Miquel supo de seguro que las cosas no iban bien: Nana siempre contestaba, nunca había tardado tanto en ir a atenderlo cuando él la llamaba. Lo había cuidado tantísimo desde que era niño que casi era más su madre ella que la propia señora Darling.

-Mamá… mamá…-la voz de Miquel sollozando sonó al torcer la esquina del pasillo. Solo que no era él quién había hablado.

-¿Qué dices?-le preguntó Slightly con sorpresa.

-¡Yo no he dicho nada!-exclamó Miquel asustado. Allí había alguien más. Tenían que volver. ¿Y si solo era una broma de John? Pero su hermano mayor no era capaz de algo tan ingenioso, no tenía esa gracia. Miquel se volvió hacia Slightly y lo miró con miedo. ¿Cómo explicarle que estaba asustado? Le importaba demasiado la opinión de su amigo más popular, y sabía que se reiría de él.

-Vamos al cuarto… llamaré desde ahí-dijo, sonando más agudo de lo que hubiera querido.

-¿No habría que buscar los fusibles?-preguntó Slightly, preocupado por él.

-Vamos dentro-repitió Miquel, mecánicamente. Una vez dentro de su luminosa habitación se volvió a sentir bien de nuevo. Ahí no podían hacerle nada. Aún entraba la luz del sol por las ventanas, protegiéndolo del mal. Tenía que hacer algo.

-¿A quién llamas?-preguntó Slightly pasándose la lengua por sus bráquets mientras le miraba.

-Al poli de fuera… mi padre me dio su número… -explicó Miquel-se llama Blubs, es un negro…

-Ya. No te va a responder…-respondió Slightly señalando a la ventana. Miquel se asomó. No era la luz del sol lo que se filtraba por sus ventanas: el jardín estaba en llamas: fuera había un par de coches de bomberos intentando apagarlo, pero las lenguas de fuego ascendían muy alto y el humo los impedía acercarse. Miquel se quedó blanco como el papel al verlo.

-¡Tenemos que salir de aquí!-exclamó Slightly yendo hacia la puerta.

-¡Espera! ¡Por la ventana!-gritó Miquel quitando el pestillo de su ventana, cuando algo golpeó el cristal, manchándolo y dándole un susto de muerte: era la cabeza de John.

-¡UAAAAAAAAAAAAH!-gritaron los niños al verlo cayéndose al suelo impactados. Los ojos de Miquel se le salieron de las órbitas al ver la cabeza de John ahí colgando de sus cascos aún puestos en las orejas. A través de sus gruesas gafas, dio la impresión de que el hermano mayor entendía por un segundo lo que pasaba, pues sus ojos brillaron al ver a Miquel. Pero cuando la cabeza rebotó haciendo un ruido seco en el cristal, estuvo claro que estaba muerto. Dos enormes pegotes de sangre resbalaron por la ventana y cayeron en los arbustos.

-John…-Miquel siguió mirando la cabeza de su hermano, hipnotizado. No podía ser verdad, eso no podía estar pasando. Simplemente no era cierto. Estaba soñando, sí, era un sueño. Más bien una pesadilla…

-¡VAMOS!-Slightly había cogido a Miquel y tiraba de él hacia el pasillo-¡Hay que salir de aquí!

-¡JOHN!-grito nuevamente Miquel, descontrolado.

Arriba, Peter le hacía un chupetón a Wendy en el cuello, mientras ella notaba el pene de él rozándola su entrada. Peter ya no era él mismo, sino una criatura ansiosa e inquieta, sediento de todo lo que ella pudiera darle.

-¿Nno has oído algo?-preguntó Wendy súbitamente extrañada. Le había parecido escuchar un grito. Peter, sudoroso, separó sus labios del cuello de la chica y volvió a pellizcarla los pezones, haciéndola soltar un gemido.

-Sí que estás colocada…-bromeó. Luego la miró muy serio. Wendy sabía lo que venía ahora-Wendy… nnnngggg…-Peter fue introduciendo su pene en la estrecha cavidad que correspondía haciendo que la chica respirase cada vez más rápido y gimiese cada vez más alto, con aquella voz tan aguda que de inocente cada día tenía menos.

-Uuuuuuuuuh Peter… iiiiiih… iiiiiiiih…-Wendy se retorció mientras Peter terminaba de acceder a ella. Nuevamente el chico no se había puesto un preservativo para tener sexo con ella. Era verdaderamente un inconsciente.

-Ah ah ah… ah ah…-Peter comenzó a moverse dentro de la chica cuando empezó a notarse a gusto en la posición en la que estaba, y poco a poco aceleró el ritmo, tomándola de las manos y tumbándose encima suyo. Parecían una sola figura que se movía al compás, y de la que se escapaban gemidos cada vez más fuertes, disfrutables, sin importarles nada que los demás se enterasen. Los hermanos de Wendy no la delatarían (Miquel a cambio de dinero) y Nana tampoco, pues quería demasiado a la niña.

Wendy y Nana estaban muy unidas, aunque con los años se habían ido distanciando como le había pasado a la chica con el resto de la familia. Sin embargo de saber que ahora su cuidadora se encontraba en el pasillo con la cabeza abierta y los sesos desparramados por su cuidada moqueta, la chica seguramente habría gritado de terror.

-Ah ¡Ahhhhhh! ¡Fffffff, sí!-gimió Peter complacido mientras continuaba follando sin pausa a su delicada amante. Wendy hundió sus dedos en el lacio cabello del chico y lo acercó a ella para poder besarlo de nuevo. Lo quería tanto… sobre todo cuando la hacía cosas así.

-Sigue… más rápido… hazlo más…-pidió. Él aceleró para complacerla, aunque empezaba a encontrarse fatigado. Últimamente se cansaba más deprisa que nunca, ya apenas aguantaba seguir el ritmo de sus amigos en los partidos de fútbol y las carreras.

-Me vas… aaaaaah… me vas a pedir que te deje… me lo vas a pedir…-dijo Peter mientras la embestía con especial fuerza. Wendy notó dolor, pero no dijo nada. El chico siguió a lo suyo dando todas sus fuerzas, cuando notó un pequeño dolor en el pie izquierdo. Lo ignoró y siguió a lo suyo, mientras flexionaba los dedos de sus pies para liberarse. Llevando las manos a la cintura de Wendy la apretó para acercarlo más a él. Que suave era la piel de la chica… y que bien olía, a aquella colonia de rosas.

-Aaaaaaaaah… oooooh…-Peter seguía notando el dolor, pero era más fuerte. De repente, se hizo insoportable. Volviéndose, se encontró con que lo tenía metido en la boca de una extraña criatura, y esta lo estaba mordisqueando. De hecho, tenía los dedos en carne viva-¿AaaaaaaaAAAAAAAAAH? ¡JODER!

Peter intentó apartar el pie de la boca del monstruo, pero este se lo sujetó con fuerza y siguió mordiéndole los dedos. Peter notó perfectamente como aquella criatura le clavaba los dientes en el dedo gordo y se lo arrancaba de cuajo.

-¡JODER!-gritó el chico consiguiendo apartárselo por fin de la boca-¡WENDYYYYYY!

-¡PETER!-Wendy se había cubierto con la sábana de su cama mientras contemplaba con espanto a la criatura que acababa de colarse en su habitación: Oogie Boogie sonreía vilmente y fue creciendo enfrente de ellos hasta alcanzar la altura de un jugador de un jugador de baloncesto, y la altura de un equipo entero.

-¡BLUOOOOORRRRRJJJAAAAAAAAGH!!-el monstruo se abalanzó sobre Peter listo para el ataque cuando él le arrojó la cachimba que aún humeaba a la cara.

-¡CORRE!-gritó, cogiéndole la mano a Wendy y yendo hacia la ventana. Se detuvieron al ver el fuego del jardín, momento que aprovechó Oogie para saltar encima suyo y tratar de sujetarlos.-¡NO!-Peter tiró de Wendy y ambos salieron al pasillo, tropezándose con el cadáver de Nana fuera.

-¡NANA!-chilló Wendy horrorizada.

-¡JODER!-Peter miró a la muerta llevándose las manos a la cabeza, pero luego siguió corriendo llevando a Wendy sin detenerse un segundo más. Oogie Boogie se asomó por la puerta de la habitación y los vio correr por las escaleras hacia el primer piso del chalet.

-Corred corred, que no me atraparéis… soy el hombre de los bichos, y esta noche moriréis-canturreó con maldad mientras volvía a deshacerse rápidamente. Los insectos que se encontraban en el puesto de vigilancia en llamas teclearon rápidamente en el ordenador.

-"Modo búnker"-dijo la robótica voz del servidor. Y las persianas de la casa se bajaron rápidamente, mientras las puertas se bloqueaban. Los niños, atrapados dentro, se quedaron totalmente a oscuras.

-Joder…-Peter vio como la última de las persianas se cerraba, y lamentó ir desnudo y no tener a mano su mechero. Debían llegar a la cocina, allí había otro… y también había cuchillos-vamos… ssssssh, no hagas ruido…

-Peter… Peter…-sollozó Wendy asustada. La imagen de Nana muerta no se iba de su cabeza, y aún estaba más asustada pensando otra cosa: ¿dónde estaban sus hermanos?

-Calla… vamos…-Peter guió a Wendy hasta la cocina, y a tientas buscó el mechero. Se dio un fuerte golpe con una mesa que no recordaba de su visita anterior y comenzó a maldecir por lo bajo. Se encontraba mareado: los efectos de la maría que se había fumado le estaban pasando factura, y además seguía fatigado. Pero incluso así Peter seguía siendo mucho Peter.

Encendiendo la cerilla cogió un cuchillo carnicero y contempló el rostro de Wendy, que envuelta en la sábana lloraba descontroladamente y daba verdadero miedo iluminada por la llama.

-Peter… Peter… oh Peter… ooooh…-sollozó Wendy. Él la abrazó tratando de tranquilizarla, aunque no sabía bien cómo hacerlo. Corrían un grave peligro. Joder, ¿cómo podía haber acabado la cosa así? Hacía solo unos putos segundos su vida era perfecta y se encontraba en su mejor momento, y ahora…

Joder…

-Ssssssh, tranquila…-Peter comprobó la otra salida de la cocina-aquí estamos seguros… si viene por la derecha salimos por la izquierda… y si viene por la izquierda…

-Miquel y John…-susurró Wendy, y a Peter se le cayó el alma a los pies-¿dónde están? ¡Va a matarlos Peter! ¡VA A MATARLOS!

-¡Calla Wendy!-Peter la puso la mano en la boca, asustado-Wendy habla más bajo o nos va a encontrar… escucha, voy a esperar a que aparezca, y cuando entre lo apuñalo por detrás…

Wendy negó con la cabeza. Cualquier cosa que implicase enfrentarse a él no le parecía un buen plan. Además Oogie Boogie no era una criatura normal, no parecía poder ser… apuñalada…

-O quizás tenga una idea mejor…-dijo Peter cogiendo las cerillas y recordando como en el cuarto él había retrocedido ante el fuego-sí… es mejor…

-Peter, no…-gimoteó Wendy presa del pánico. Él la dio un manotazo, instándola a que se callara. Luego con los ojos la indicó que avanzasen, lentamente. Le había parecido oír pasos. Tal vez Oogie…

Pero Oogie Boogie ya no los buscaba a ellos. Había vuelto a concentrarse en sus amiguitos del piso de arriba. Viendo que no podían salir de la casa por ningún sitio, Miquel y sus amigos habían optado por atrincherarse en el desván, usando la navaja de Slightly, un bate de béisbol y una espada comprada por el señor Darling como obsequio como principales armas.

-¿Qué hacemos… si sube…?-preguntó Nibs, preocupado. Miquel sujetó la espada con fuerza, decidido.

-Lo mataremos-dijo simplemente. Pero no estaba demasiado convencido de eso. De hecho lo más probable es que pasara lo contrario.

-Chicos… no quiero morir-dijo Nibs encogiéndose angustiado.

-Ni yo…-Tootles lloriqueó mientras los mocos le colgaban de su respingona nariz.

-La culpa es de Miquel… no deberíamos haber venido a esta casa…-susurró Slightly con un hilo de voz. Miquel se volvió primero con sorpresa, pero luego rápidamente pasando a ser enfado.

Sin embargo un sonido muy fuerte los sobresaltó. Todos se giraron con sorpresa. Una luz brillaba en la trampilla. Se escuchaban pasos.

-Vamos Wendy… ssssssh, tranquila-se escuchó la voz, calmada y paciente. Miquel conocía esa voz: era Peter.

-¿Quién… quién es?-se atrevió a preguntar Slightly, asustado. Hubo unos largos segundos de silencio en los que la luz que brillaba en la trampilla titiló débilmente-¿quién es?-repitió valientemente el chico.

-Soy yo, tío, Peter. Tenéis… tenéis que ayudarnos… Wen está herida…-explicó el chico.

Slightly, Nibs y Tootles miraron a Miquel, que asintió lentamente. Se acercaron a la trampilla con cautela, pero entonces Miquel se quedó paralizado. Él conocía a Peter…

-¿Qué… qué es esa luz?-preguntó Miquel con cautela. Hubo unos largos silencios en que los niños solo sintieron el ruido de sus corazones, machacándolos.

-Es mi mechero... ¿nos abrís o no?-preguntó Peter, impaciente. Slightly inclinó su mano hacia la apertura de la trampilla, cuando Miquel se lo impidió.

-¡NO!-gritó, asustado. Había algo en aquella voz que no le gustaba, no sabía que era, pero estaba seguro de que ese no era Peter. De hecho incluso estaba seguro de quién sí era-¡APARTAOS!-avisó a sus amigos, pero en ese momento la trampilla se rompió y una bola enorme saltó hasta el techo y luego aterrizó en el suelo, estirando su brazo y atrapando a Nibbs.

-¡CHICOS!-chilló el niño pataleando para defenderse mientras Oogie Boogie lo llevaba hacia él, pero sus amigos no fueron capaces de ayudarlo: presas de terror se tiraron por la trampilla y huyeron buscando otro refugio, mientras Nibbs los veía alejarse con los ojos annegados en lágrimas-¡CHICOS NO! ¡AYUDADME!

-Jo jo jo… para eso están los amigos-se cachondeó Oogie Boogie mientras le levantaba la camisa a Nibbs dejando al descubierto la tripita aún rellena del niño.

-¡NNO!-chilló Nibbs retorciéndose en los brazos de tela y muerte de Oogie Boogie, pero él lo acercó hacia sí con la camiseta levantada y llevando su boca a la tripa del chico comenzó a morderla con cada vez más fuerza y de modo compulsivo. Nibbs chilló mientras un temblor incontrolable se apoderaba de su cuerpo y notaba el dolor más espantoso que había experimentado en su vida. Era muy pequeño como para sentir algo así. Era muy pequeño como para morir.

-Sgrunt…. Grrrrofffff….-Oogie Boogie siguió mordisqueando aquel suculento bocadillo de hígado y fibras de niño mientras la sangre saltaba para todos los lados en pequeños chorritos-mmmm, delicieux… un bocatto di cardenale… ¡JOJOJOJOJOJOJOJOJO! ¡JA JA JA JE JUA JA JA JE JAJAJAJAJAJA!

La horripilante risa del monstruo resonó por todo el edificio mientras fuera los bomberos luchaban por apagar las llamas. Una explosión eléctrica en lo que antes había sido el área de vigilancia de la casa mató a uno de los bomberos y causó a su compañero severas heridas.

-Y tenía que ser en Navidad…-gruñó el agente de policía Gerson mientras movilizaba a sus unidades-¿han localizado ya al comisario?

-Está en esa cena para peces gordos-le respondió uno de sus oficiales-ya ha sido avisado.

-Bien… que no se acerque al perímetro… lo último que necesito ahora es a un superior histérico que me joda la operación-dijo Gerson con aburrimiento. Luego se dirigió a los bomberos-¿ya se puede pasar?

-Las llamas están consumiendo los pilares de la casa, puede venirse abajo en cualquier momento-explicó el jefe de los bomberos, cauteloso-tenemos que entrar y sacar a los niños, sus agentes tendrán que esperar.

-Tenemos órdenes claras, entrar y detener a ese asesino-replicó Gerson.

-¿Está seguro de que está dentro?

-Pues claro-replicó él ofendido. La llamada le había venido de la mismísima Mary Poppins, al parecer una agente muy reputada de policía-si sus hombres entran por los niños él los matará. Tendremos que entrar todos, policías y bomberos. Bajo nuestro propio riesgo.

-No lo veo claro…-replicó el jefe de bomberos. Entonces lo llamó uno de sus ayudantes.

-Acabamos de abrir un paso-le dijo-creo que podemos entrar…

En ese momento los bomberos se abrieron paso dejando entrever un estrecho acceso por donde las llamas habían dejado de arder. Una mujer los hizo ponerse firmes y quitarse todos para abrirla paso.

-Dios mío…-Mary Poppins vio el tejado de la casa de los Darling, que ahora llameaba como el mismísimo infierno, y abriendo su paraguas para protegerse del fuego fue avanzando por el paso hacia el interior del jardín y la puerta del chalet.

Dentro de la casa cada vez hacía más calor, pero las llamas aún no habían entrado: los verdaderos Peter(que se había puesto unos pantalones del señor Darling que encontró en la lavadora) y Wendy se encontraron con Miquel, Slightly y Tootles.

-¡Miquel, Miquel!-Wendy abrazó con fuerza a su hermano, llorando y luego le apartó su sedoso pelo rubio de la cara. Era un angelito, su pequeño angel, y ahora el horror lo había marcado para siempre en el rostro, arrancándole la infancia de un golpe-¿Y John?

-John…-Miquel agachó la cabeza, notando un intenso dolor en el pecho.

-Está… muerto-completó Slightly. Pareció que Wendy tardaba una eternidad en asimilar sus palabras. Hubiera sido mejor que no lo hubiera hecho.

-No… no, no… ¡NO!-gritó, horrorizada.

-¡SSSSSSH, WENDY!-Peter le puso una mano en la boca evitando que chillara, mientras ella se dejaba caer malenvuelta en la sábana y lloraba descontroladamente. Slightly observaba la desnudez de la chica bajo la sábana con los ojos vidriosos, mientras Miquel, sujetando la espada, apretaba la boca con decisión.

-Tenemos que salir de aquí…-dijo el niñito, preocupado-luego nos vengaremos…

-¿De mí?-preguntó una voz. Todos gritaron y echaron a correr en la dirección opuesta de dónde había venido, solo para encontrarse con el cuerpo de Nibbs totalmente mutilado, sin un brazo, la mitad de la cara y las entrañas roídas.

-¡UAAAAAAAAAAAAAH!-gritó Wendy. Fue demasiado para ella, porque un montón de lucecitas aparecieron en sus ojos y en unos segundos se desmayó.

-¡WENDY, NO!-gritó Peter al verla caer en el suelo. Temió que Oogie Boogie los atacara entonces, pero nuevamente el monstruo parecía haber desaparecido. En realidad dejaba tiempo a sus víctimas para recomponerse después del golpe, y volver a intentar luchar. Así era mucho más divertido. ¿Cuál sería el siguiente? ¿Cuál sería?

-En las últimas noticias nos han informado de que un domicilio en el sector 3 del barrio de Montressor se encuentra en llamas…-alguien acababa de encender el televisor. Asomándose al salón, Peter y Miquel vieron perfectamente a Oogie sentado en la butaca del señor Darling mientras abría una Coca-Cola y eructaba.

Peter lo pensó un segundo, hasta que el valor (y la locura) se apoderaron de él.

-Dame la espada…-le pidió a Miquel. El niño le miró asustado.

-Él quiere que vayas…-le avisó, preocupado.

-Lo sé… me la suda…

Con la espada del señor Darling en la mano Peter avanzó al sillón mientras los demás metían a Wendy en el cuarto de los señores Darling y la recostaban en su cama.

SSSSSSHHHHWWW… Peter levantó la espada, de aspecto medieval, por encima de la cabeza de saco de Oogie y le asestó un potente y mortal golpe en el cráneo. Mortal habría sido para cualquier ser humano o corriente de Suburbia. Pero Oogie Boogie no lo era…

-¿Me vas a follar, Peter?-preguntó Oogie Boogie imitando la ñoña voz de Wendy-¿vas a dejarme chupártela de nuevo?

-Que te follen…-Peter encendió una cerilla y la arrojó a la tela de Oogie que prendió rápidamente. El monstruo soltó un atronador rugido y luego lanzó el cuenco que había de adorno en la mesa contra Pan, haciéndole un tremendo moratón en el ojo.

-¡CORRE!-gritó Miquel asomándose desde el cuarto de sus padres. Peter echó a correr hacia allí espada en mano cuando Oogie saltó de la butaca y corrió detrás suyo agarrándolo del brazo. Peter se consiguió soltar y entró en la habitación cuando Miquel y Slighlty cerraban la puerta de golpe. Entre los tres chicos bloquearon la entrada del cuarto y pusieron un armario delante, porque Oogie daba golpes fortísimos para derribarla.

-¡Rápido, hay que buscar otra salida!-gritó Peter asustado.

-¡NO HAY MÁS SALIDAS!-chilló Miquel asustado. Slightly fue al baño de los padres y observó que la ventana estaba también bloqueada por una persiana de plomo.

-¡Mierda! ¿En qué momento se le ocurrió a tus padres hacer esto en la casa?-gritó el chico, desesperado. De repente a Miquel se le iluminó la mirada.

-Ellos… podían controlarlo desde sus interfonos…-recordó.

Peter, Slightly y Tootles lo miraron pasmados. Luego lentamente todos se volvieron hacia la cama donde yacía Wendy. Al lado de la chica desvanecida estaba el interfono del señor Darling.

-¡MÍO!-todos se tiraron a por él, pero fue Miquel quien lo atrapó.

-¡Enciéndelo, VAMOS!-gritó Slightly con impaciencia.

-Oh….-Peter vio como la puerta del cuarto estaba a punto de ceder. Aferrándose a la espada se dispuso a pelear de nuevo-ábrela, rápido…

-No pue… está bloqueado…-susurró Miquel tecleando horrorizado.

-¿No te sabes las contraseñas de tus padres?-ladró Slighlty

¡BROOOM! La puerta cedió y también el armario que bloqueaba el paso. La grotesca silueta de Oogie Boogie taponó la salida mientras el monstruo se relamía mirando a los niños.

-Mmmmmmmnnnnnn… ¿a quién me como primero?-miró hacia Wendy-tal vez al tocinito de cielo. Por lo que me han contado tiene un coñito delicioso…

-¡AAAAAAAAH!-Peter saltó encima de Oogie con la espada pero él detuvo el ataque sujetando la afilada hoja con sus manos y luego la volvió hacia Peter, dándole un tajo que le rajo la cara justo por la mitad. El chico dio un alarido mientras caía hacia atrás y luego Oogie avanzó hacia Slightly.

-¡IIIIIIIH!-él cogió a Miquel y se lo tiró a Oogie a la cara para intentar huir él, pero Oogie Boogie apartó a Miquel y cogió a Slightly mientras reía mordazmente.

-Jojojojo… no deberías haber hecho eso, putita…-se burló con voz gangosa-dime, Miquel… ¿quieres que tu amiguete se salve? A él no le ha importado una mierda que tú no…

Miquel miró a Slightly que le dirigió una mirada suplicante. Los dos niños se miraron, hasta que Miquel apartó la mirada, dolido. No fue capaz de decir nada.

-Aaaaaaaarffff…-Oogie Boogie le mordió la cabeza a Slightly que pataleó intentando quitárselo de encima pero no pudo. Se escuchó un tremendo crujido que significaba que Oogie acababa de reventarle el cráneo como el que come patatas crujientes, y por la boca del monstruo chorreó el líquido de los sesos del niño.

-IIIIIIiiiiiiiiih…-el chillido de Slightly se fue apagando hasta ser apenas audible mientras sus ojos se quedaban en blanco y Oogie introducía su lengua hasta lo más hondo de sus sesos para sacarle bien el jugo.

-Arf, arf…-Peter y Miquel tiraron de Wendy intentando sacarla de la habitación, mientras Oogie tiraba a Slightly al suelo e iba hacia Tootles, que había optado por esconderse en un armarito del baño rezando para que no lo encontrara. El pequeño rezaba a Dios y a la Virgen para que el monstruo no diera con él. Pero cuando la sombra de la cabeza de Oogie asomó por la rejilla del armario, supo que era el final.

-Hola bebé…-saludó Oogie, amistoso. Disfrutó especialmente con los chillidos de aquel pobre niño mientras lo estaba matando.


-¡No podemos abrir la puerta! ¡Están todas bloqueadas!-exclamó uno de los bomberos.

-¡TRAED ÉL LÁSER!-ordenó otro. Abrirían una obertura en las planchas de plomo para poder entrar, era más fácil y seguro que en el resto de la pared.

-Maldita sea…-Mary no podía esperar a eso: deslizándose a un lado se fue al otro lado de la casa, y procurando que nadie la viere apuntó a una de las puertas y susurró un hechizo.

-Tergeo…-el metal de la puerta se convirtió en una cadenas de colores, y Mary pasó a través de ellas con delicadeza mientras entraba en la casa. Escuchó ruidos en la segunda planta-Dios…

Corrió presurosa hacia ellos.


-No…-Jim sobrevoló la casa incendiada, reconociéndola inmediatamente: el hogar de los Darling ardía consumiéndose por el fuego mientras los bomberos trataban de entrar. La policía le dio a entender que Oogie también debía de estar dentro.

"A veces cuando no están los padres voy, y follamos-aún escuchaba la voz de Peter contándoselo tantas veces-Wendy es una chica… bueno… mierda no sé explicártelo, ella… me hace querer ser mejor…"

-Ya…-Jim entrecerró los ojos mientras observaba el tejado de la casa. La energía de su traje había vuelto a reactivarse, lo que significaba que estaba listo para entrar nuevamente en acción.

Sobrevoló más cerca del tejado con la Solaryum y entonces inclinándose dio un salto y cayó varios metros hacia el tejado, activando justo en el momento la función de desaparición que le permitió atravesar las llamas sin peligro y aterrizar en el interior de la casa. Jim se volvió corpóreo nuevamente en el suelo del primer piso. Levantándose lentamente observó como todo estaba en un silencio sepulcral, y a oscuras. Por suerte para él las pequeñas luces del traje iluminaban un poco, y en unos minutos ya estaba acostumbrado a aquella oscuridad.

-Vale…-Jim levantó su espada que para su sorpresa brillaba también con un leve resplandor azul. Cada sombra de la casa le parecía una posible amenaza, por lo que avanzaba con cautela temiéndose lo peor en cada esquina. ¿Estaría Oogie esperándolo? ¿Habría matado ya a todos los miembros de la familia? Por favor, que no hubiese llegado tarde… por favor que siguiesen con vida…

Y que el resto de miembros del equipo no tardasen demasiado…

¡PAF! Un ruido sordo hizo que Jim se volviera cortando en el aire con un ágil movimiento, pero no vio a nadie. Avanzó por uno de los pasillos mientras se veía reflejado en el cristal de los marcos de las fotos. Una familia numerosa, una familia modélica… Jim sentía cada vez más miedo y angustia por ellos.

Una gota de sudor resbaló por su frente hasta la ceja mientras los verdes ojos del chico distinguían algo tirado en el suelo… era un cuerpo que se arrastraba. Con solo verlo fue capaz de reconocerle al instante.

-¡Jim!-Peter miró a su amigo con los ojos desorbitados. Verlo allí sería un shock de no ser por todo lo ocurrido antes. Mientras miraba a Jim y le acariciaba el rostro, temblando, Peter se echó a llorar-Ji… Jim… snif… Jimmm….

-Sssssh, tranquilo tío… estoy aquí, estoy… ¿dónde están los demás?-le consoló Jim, echando la cabeza hacia atrás y dando gracias de que él siguiera con vida.

-Wendy, Wendy… ha matado a Wendy… Wendy, Jim… mmmmmn….-Peter negaba con la cabeza mientras las lágrimas se mezclaban con la sangre de su rostro.

-Tranquilo… voy a sacarte de aquí Pete… tranquilo hermano…-le calmó Jim intentando incorporarlo. Pero Peter no parecía quererse mover. Jim le miró preocupado-venga Pete… ven conmigo… por favor…

-Quiero morir…-dijo Peter finalmente, acurrucándose en el suelo-quiero que me mate…

Jim miró a los lados y descubrió que el fuego ya estaba entrando en la casa y quemaba el techo del salón. El tiempo corría en su contra.

-Ven conmigo…-insistió, tirando de él-vamos tío… vamos…

-Nno…

-Los bomberos entrarán enseguida a sacarlo-intervino Mary Poppins. Jim la miró sorprendido.

-¿Hace cuánto has llegado?-preguntó con sorpresa.

-He entrado hace unos minutos. Le acabo de ver en el piso de arriba, pero se me ha escapado-dijo Mary. Su rostro permanecía totalmente inexpresivo. Pero Jim sabía que eso era por el dolor, estaba seguro-¿Sabes dónde está ahora?

Jim negó, impotente, cuando Peter hizo un ruidito desesperado y señaló al pasillo del fondo. Daba al cuarto de los señores Darling.

-Ahí… ahí… ha vuelto a entrar-susurró. Se quedó señalando al lugar con la mirada perdida. Jim vio que Peter tenía varias heridas en el costado. Se estaba desangrando.

-Hay que sacarlo…-insistió él inclinándose al lado de su amigo, pero Mary ya no le escuchaba. La mujer avanzó hacia el cuarto. La puerta estaba tirada en el suelo, y había dos niños muertos en el suelo, uno de ellos un crío de diez años y la otra la niña, que tenía la entrepierna totalmente destrozada hasta el punto de que las piernas se le habían partido al no tener nada que las uniera. Mary vio como el rostro de Wendy aún conservaba una expresión de terror tan indescriptible como obvia. Había debido de ser un sufrimiento insoportable.

Sentado en la cama, Oogie Boogie estaba de espaldas a la mujer, y hacía un ruido untuoso y repugnante al masticar algo. Mary, con Jim detrás de ella espada en mano, avanzó hacia Oogie apuntándolo con su paraguas.

-¿Y qué has hecho ahora…?-preguntó ella en un susurro, mientras las lágrimas le recorrían el rostro. Oogie Boogie se volvió lentamente con la boca abierta en una perfecta "o" de sorpresa, desvelando los pedazos de carne que tenía entre los dientes: se estaba comiendo la regordeta pierna del pequeño Miquel, cuyo resto del cuerpo yacía en el suelo: el niño tenía el torso separado de las piernas y los brazos. Lo peor era que aún respiraba, y pestañeaba lentamente incapaz de otra cosa que observar su propia lenta y cruenta muerte.

-Hoggaaa…-saludó Oogie Boogie escupiendo un dedo de Miquel al suelo mientras hablaba. Jim lo miró mientras una mueca de asco y odio aparecían en su rostro.

-Mátame…-se escuchó suplicar a Peter desde atrás-mataméeeeeh…

Jim no supo por qué, pero en ese momento fue como si el tiempo se detuviera, un segundo solo, para darle tiempo a pensar. No podía entender qué hacía en aquella estancia con aquel horrible monstruo, presenciando la execrable carnicería que acababa de realizar. Simplemente era incapaz de presenciarlo por más tiempo, era superior a sus fuerzas.

-¡HIJO DE PUTA!-gritó furioso, y alzando su espada le dio un fuerte tajo a Oogie. Él intentó detenerla como había hecho con la del señor Darling pero el sable de Gantz le cortó en las manos e hizo que le saltasen bichos por todos los lados. Alzando otra vez su arma Jim decapitó a Oogie, y luego hundió su espada otra vez en la cabeza del monstruo, haciéndolo gritar con más fuerza.

-UUUUUUUUOOOOYYYIYIIIOIOO… ¡CAPULLLLLO! ¡MALDITO!-chilló Oogie con desesperación. Jim miró a Mary, que parecía impresionada.

-Nada mal-reconoció ella mientras se preparaba para su hechizo.

-¡MI TURNO!-el cuerpo de Oogie se tiró encima de Jim quitándole su espada y él notó como los insectos se removían en el interior del saco deseosos de matarlo. Unos gruesos aguijones rasgaron el saco verde dispuestos a inyectarse en el vientre de Jim, pero él activó el escudo del traje y estos rebotaron, incapaces de penetrarlo.

-¡JODER!-Jim forcejeó con el cuerpo de Oogie por el pasillo hasta llegar a la barandilla de la escalera. Mary los siguió, preparada para intervenir-¡Suéltame!

-Hijoputa, hijputa voy a matarte, voy a matarte y tú me la vas a mamar… hijoputa, hijoputa…-repetía Oogie Boogie.

-¡QUÉ PESADO!-Jim le pegó una patada en el cuerpo a Oogie consiguiendo quitárselo de encima aunque no le hizo daño. Sin embargo el monstruo, rompiéndole un jarrón en la cabeza, si consiguió hacerlo caer escaleras abajo.

-¡ROAAAAAAAARGH!-Oogie saltó desde las escaleras hasta aterrizar encima de Jim. Su cabeza había vuelto a recomponerse con el resto del cuerpo, y parecía más furioso que nunca. Jim quiso quitárselo de encima activando la función de desmaterialización cuando se dio cuenta de que la poca energía que su traje había recuperado se había vuelto a agotar.

-Mierda…-murmuró el chico mientras pataleaba inútilmente. Entonces vio como unas libélulas habían recogido su espada y se la llevaban a Oogie-¡No! ¡No! ¡Nonononono!

-Sí sí sí… Ooogie Booooogie-canturreó el monstruo levantando su espada amenazador-sisisisisi… vas a morir, marica bastardo…

¡WHOOOOOOOOM! Un láser de luz atravesó el aire y dio en la mano de Oogie, que se desintegró. Cientos de bichos desaparecieron en el momento. El monstruo y Jim miraron a quien había disparado, Mary, asombrados.

-La perdisteis en la fábrica…-dijo Mary, que había tenido la pistola de Gantz guardada en el bolso todo ese tiempo-por eso ahora…

-¡BLOOOOOOOOGH!!-Oogie Boogie giró la cabeza ciento ochenta grados y le vomitó en la cara y la ropa a Poppins, llenándola de un repugnante líquido verde. La maga se sacudió el pringue, indignada, y agitando su paraguas levantó un tremendo viento en la estancia que zarandeó a Oogie Boogie, lo estrelló contra el techo y luego contra la televisión del fondo.

-Oooooouaaaaaaahmmmmmmoooooooooovvvvvvv…-los gruñidos de Oogie eran cada vez más inhumanos, sonaban como si fueran varios a la vez, y a Jim le pusieron la carne de gallina.

-Bicho de mierda…-el chico recuperó su espada y comenzó a atacar a Oogie clavándosela en su gorda panza y cortándole el brazo que aún tenía sano.

-¡Apártate!-gritó Mary preocupada-¡No puedo hacer nada si estás ahí! ¡Es peligroso, vamos!

Jim iba a apartarse pero Oogie sujetó sus muñecas impidiéndole moverse.

-¡BOH!-el monstruo se deshizo en cientos de insectos que atacaron a Jim y volaron hacia Mary. Trazando un círculo con el paraguas en el aire ella los apartó.

-Mierda…-una cucaracha volaba directa al ojo de Jim pero él la atrapó en el aire y la aplastó con la mano. Oogie Boogie iba a necesitar algo mejor que eso si quería vencerlo. Aunque él también claro.

Los insectos volaban en enjambre por la casa buscando un modo de contraatacar, con Mary y Jim corriendo detrás de ellos. Vieron la puerta que había desbloqueado la maga y fueron hacia ella para tener más campo, pero Mary la bloqueó con otro hechizo, haciendo aparecer una enhiesta roca con grabados por la que a los bichos les era imposible escapar. Se puso escuchar el rugido de frustración de Oogie mientras torcía por un pasillo y desaparecía de su vista.

Mary y Jim se encontraron de nuevo solos, con los gemidos de Peter resonando de fondo. El chaval estaba desesperado. Pero lo fundamental era acabar con Oogie.

-Los bomberos están a punto de entrar…-observó Mary. El ruido de la cortadora láser echando a bajo la puerta de plomo era cada vez más fuerte-pero si lo hacen él tendrá por dónde huir…

-Mary… Mary Poppins-dijo Jim mientras se echaba el cabello hacia un lado, cansado. Ella le miró, curiosa-no creo que él quiera huir…

Mary entonces se dio cuenta de que habían llegado a la cocina. El cuerpo de un crio estaba tirado en el suelo, con las tripas abiertas en canal. Pero eso no era la que la preocupaba.

-¡AAAAAAAAH!-Oogie apareció detrás de la mesa y les lanzó una lluvia de afilados cuchillos. Mary los apartó con solo un aspaviento de la mano, aunque uno de ellos le pasó rozando a Jim clavándose en la pared de al lado.

-¿Eso es todo?-preguntó Mary con sorpresa.

-JAJAJAJAJAJA-Oogie cogió una pila de platos y los fue lanzando como freesbes. Abriendo el paraguas Mary los detuvo todos, y luego generó un lazo de luz amarilla que sujetó a Oogie y lo fue acercando hacia ella.

-Es hora de acabar con esto, Brahms-le dijo muy seria. Oogie le lanzó otro plato y luego agarró una tartera llena de salsa, que Nana había puesto a hervir para la cena.

-¡CUIDADO!-advirtió Jim a Mary cuando vio que Oogie se bebía la salsa hirviendo para a continuación escupírsela a la mujer. Mary pronunció un rápido hechizo y la sala hirviendo se convirtió en otro líquido que no hervía, y que al salpicarlos apenas les hizo nada.

-¿Té?-saboreó Jim, curioso.

-Pues claro-respondió Mary altiva. Luego sacudió el paraguas y el lazo dorado hizo que Oogie gritara al ser sujetado por él. Al parecer el tacto de aquella magia abrasaba al monstruo.

-¡RRORRRRRORRRRROOOOO! ¡Furcia malnacida comedora de coños voy a arrancarte los ojos y a metértelos por el culo!-rugió Oogie descontrolado.

-Por favor, esa lengua-Mary hizo aparecer un trozo de esparadrapo que le tapó la boca a Oogie. Entonces otra boca se formó en el bajo vientre del monstruo.

-Ramera fornicadora de cabras voy a violarte y me vas a suplicar que acabe contigo ¡POPPINS, POPPINS! ¡SUPLICARÁS TU PUTA MUERTE!-amenazó Oogie. Entonces la boca comenzó a liberar a todos los insectos y a una sustancia negra. No era del todo un líquido, ni tampoco un gas. Ni siquiera estaba allí del todo, era una magia incomprensible para Jim, lo que sí que pudo entender es que no era buena, sobre todo cuando la sustancia negra se adhirió a las paredes de la casa y de repente toda ella se volvió más putrefacta y decadente.

-¿La… la está poseyendo?-preguntó Jim preocupado. Mary asintió lentamente.

-Su poder crece… pronto podrá poseer a personas y… tenemos que acabar con él…

-JOJOJOJOJEJOJO…-rió Oogie, cuya estruendosa risa sonaba ahora por toda la casa-¡SI NO ACABO YO ANTES CON VOSOTROS, ZORRITAS! ESTA ES LA CASA DE TERROR DE OOGIE BOOGIE, PASEN Y VEAN SEÑORES… ¡PASEN Y MUERAN!

-¡VAMOS!-los bomberos habían terminado de abrir la puerta y entraron en la casa seguidos de los policías. La encontraron totalmente a oscuras, y extrañamente no eran capaces de iluminarla, ni siquiera con sus linternas. El jefe de los bomberos distinguió el cuerpo de Peter en el pasillo y corrió a socorrerlo.

-¿Dónde están los demás?-le preguntó mientras se lo cargaba a hombros-¿dónde están tus compañeros?

-Mu…. Mmmuuuuu…-Peter temblaba incontrolablemente mientras le caía baba de la boca. Había perdido mucha sangre, y el cuerpo le latía muy deprisa, pues estaba en estado de shock.

-Jefe, mire-señaló uno de los policías al agente Gerson, que acercó su linterna a la pared con sorpresa: en ella estaban escritas palabrotas en todos los idiomas, además de dibujos espeluznantes de gente muerta de formas horribles, ahorcados, descuartizados y quemados vivos. Lo que le dio al jefe Gerson el susto de su vida fue el hecho de reconocer su propio rostro en uno de los dibujos.

-¿Pero qué cojones?-gruñó, alzando su pistola con impaciencia, cuando la mesita del salón fue directa hacia él a toda velocidad y lo estrelló contra una pared, doblándolo por la cintura-¡OOOOOOOOH!-gritó Gerson retorciéndose de dolor antes de perder el sentido.

-¡JEFE!-gritaron los policías, pero los objetos de la casa se levantaron y empezaron a lanzarse contra ellos, a la vez que el suelo se astillaba y el techo subía y bajaba como loco.

-¡ESTÁ ENCANTADA!-gritó uno de los bomberos, esquivando por los pelos los afilados cristales de los marcos de las fotos.

Los bomberos se echaron al suelo mientras trataban de sacar a Peter fuera y los policías hacían tiro al blanco con los distintos objetos que los iban atacando. Estaban más que entrenados para enfrentarse a amenazas así, por extrañas que fueran, pero Oogie aún tenía muchos recursos bajo la manga: del techo comenzó a chorrear sangre, y el salón pronto se fue inundando del líquido rojo mientras los insectos volaban por todas partes cegando a los policías y atacándolos. Como Mary había dicho Oogie era cada vez más fuerte, y con cada asesinato que cometía su negra alma se consolidaba más aún.

-JOJOJOJOJO ¡JAJAJAJAJAJAJA! MORID, POLITOSTES-se escuchó su voz por toda la casa. Entonces gritó tan fuerte que todos los policías tuvieron que taparse los oídos, ensordecidos por un sonido insoportable. El espíritu de Oogie aprovechó ese momento para atacarlos con más fuerza, haciendo que las cortinas los agarrasen y una butaca que volaba por el techo comenzase a martillear a uno de los bomberos en el suelo, destrozándole los huesos.

-Maldito monstruo…-Mary se mantenía junto a Jim en la cocina, había conseguido alejar a Oogie de ellos, y ahora, clavando su paraguas en el suelo, se dispuso a pronunciar su rito-vigila que no me ataque mientras le conjuro…

-Pero…-Jim prefirió no protestar, y con la espada desenvainada se dispuso a hacer frente a cualquier ataque que Oogie les hiciera. Mary Poppins cerró los ojos mientras empezaba el rito-¡CUIDADO!

Un enorme avispón verde se lanzó al cuello de Mary, pero con un veloz contraataque Jim estiró su brazo hasta él rajándolo por la mitad. El avispón cayó al suelo con un tajo perfecto, y ya no pudo hacer nada más.

-Gracias…-Mary se quitó el sombrero y alzó las manos, lista para hablar.

Fuera de la casa, siete autovolantes de la policía acababan de llegar, y de uno de ellos descendió Bert acompañado del resto del grupo.

-¡Están ahí dentro!-señaló Bert corriendo hacia la casa. Los bomberos habían conseguido extinguir la mayor parte del incendio del jardín, aunque el tejado seguía en llamas. Además la casa se había vuelto de repente de un color negruzco que nada tenía que ver con el humo, y parecía muy peligroso entrar.

-Agente Bert, comisaría de la Torre-dijo Bert enseñando su placa a sus compañeros-¿cuál es la situación?

-Los están atacando, aunque no sabemos qué-explicó otro de los agentes-no conseguimos contactar con ellos…

-¿Y por qué no entran?-saltó Bert indignado.

-Esperamos órdenes…

-Yo soy capitán, así que aquí tiene mis órdenes-exclamó Bert-¡entramos!

-¿Y nosotros?-intervino Meg desenvainando su espada.

-Lo mejor es que esperéis aquí…-dijo Bert mirando a Lilo. La chica entendió que el policía tenía miedo.

-Está bien… pero yo voy con vosotros…-dijo ella.

-¡Y yo!-intervino Aladdín.

-¡Y yo!-añadió Lilo.

-No, tú no.


-¡ROAAAAAAARRRRRRR!-Oogie hizo que los peldaños de la escalera de madera se arrancaran y volasen por el pasillo, clavándose en las cabezas de los policías-¡JOJOJOJOJO! ¡MADERA PARA LOS MADEROS!

-Me cago en la puta…-uno de los policías reventó a balazos el peldaño que iba a por él, y luego sacando su navaja se la clavó a la pared, pretendiendo hacer daño a la casa. Oogie no sintió el dolor, pero el intrépido policía si lo sintió, por desgracia, cuando la pared se abrió como una boca y se lo tragó.

-¿Qué demonios?-Bert vio el desolador espectáculo cuando él y otros diez policías irrumpieron en la casa seguidos por Meg y Aladdín.

-Oh no…-Aladdín esquivó una figurita de porcelana que pretendía darle en la cara, y luego miró a Meg-¿y nosotros… ahora qué…?

-¿Dónde está ella?-preguntó Meg, refiriéndose a Bella. Iban a necesitar su magia después de todo.

Aladdín se volvió hacia la puerta para salir a buscar a su compañera, cuando unos afilados dientes cortaron la salida. Del techo también salieron unos afilados colmillos, mientras este empezaba a descender.

-¡MORIRÉIS TODOS! ¡ESTA ES LA CASA DE LA MUERTE, Y TODOS VAIS A MORIR!-gritó Oogie Boogie con voz histriónica.

-Que te crees tú eso, tío-Aladdín pulsó la función de desaparición y salió de la casa rápidamente. Si Bella podía hacer algún tipo de magia contra Oogie, era el momento.

La magia ya estaba en marcha mientras Mary hacía el rito. Jim vigilaba alrededor de ella, con la espada sujeta con las dos manos con vigorosa destreza. Sabía que Oogie Boogie haría todo lo posible por impedirla realizar el hechizo. Pero allí estaba él para pararle los pies al monstruo.

-Oye mi voz Damien Brahms… sal de esta casa-susurró Mary, antes de comenzar de nuevo sus loas en latín-liberanos Deo… innomini santicus santis…

Jim escuchó la plegaria notando una extraña sensación de paz interior… la voz de Mary parecía venir de un lugar muy lejano, y de repente el frío de la casa se fue volviendo más cálido. Durante unos segundos Jim tuvo la reconfortante certeza de que todo iba a salir bien, y de que todos se salvarían… por desgracia esa sensación duró apenas unos segundos, porque las patitas que asomaban por la puerta de la cocina le hicieron volver a la realidad.

-Me tienes que estar jodiendo…-maldijo Jim al ver entrar en la estancia una araña más grande que el mismo, que abría y cerraba las afiladas pinzas de su boca con voracidad mientras sus gruesas patas tanteaban el suelo en busca de presas-no, por favor…

-Ssssssssssh…-un puñado de serpientes entró deslizándose por el suelo. Por ahí sí que Jim no pasaba. Desde Kaa, odiaba a las serpientes.

-¡YIAAAAAAAH!-Jim decapitó con la katana las cabezas de los reptiles mientras avanzaba hacia la araña pero esta resultó ser más rápida de lo que él esperaba y le golpeó con una de sus patas. La araña quiso morder a Jim e inocularle su veneno pero Jim se apartó a tiempo y alzando la espada se la clavó de nuevo al monstruo en los morros.

-¡IIIIIIIIIIIIIIH!-la araña emitió el sonido más asqueroso y molesto que Jim había escuchado hasta la fecha, y harto, el chico le hundió el filo de la espada hasta tan hondo que notó como su brazo se sumergía en las entrañas del monstruo y se las destrozaba.

La araña trató nuevamente de morder a Jim pero él se apartó a tiempo y luego agonizando se chocó contra la mesa y la vitrocerámica de la cocina, para finalmente desplomarse. Jim solo tuvo dos segundos de alivio, porque por la puerta asomaron otras dos arañas de iguales proporciones a la anterior, y unos moscardones más grandes que sus puños.

-Venga, que sí. Más bichos de mierda…-comentó él, ironico, alzando de nuevo la katana para matarlos.

La casa poseída por Oogie se estaba desplomando rápidamente, y mientras las ventanas se iluminaban de un color rojizo como si fuesen ojos el porche se torció formando una boca. Ahora la mansión Darling era una horrible versión del rostro de Oogie, que se reía de los policías y bomberos de fuera.

-¡NO! ¡DEJÉNME ENTRAR! ¡VAMOS!-gritó el señor Darling, poseído por una rabia incontrolable-¡MIS HIJOS!

-Señor Darling es muy peligroso, los nuestros ya están dentro, no se preocupe-trató de calmarle una agente mientras otros dos policías lo sujetaban.

-¡NO, NO! ¡MIS HIJOS!-repitió Darling desesperado, pataleando en el aire. La señora Darling contemplaba el desolador espectáculo absorta en silencio. Parecía hipnotizada por la imagen del monstruo en su casa. Y estaba más blanca que la muerte.

Dentro, los policías y bomberos se habían reagrupado en tres facciones, una en cada esquina del salón. Todo lo que Oogie lanzaba contra ellos lo repelían rápidamente, aunque no eran capaces de detenerlo.

-No podemos seguir así…-dijo uno de los agentes con voz potente-saquemos los cuerpos y quememos la casa…

-¡¿Y CÓMO SACAMOS LOS CUERPOS?!-gritó uno de los bomberos. Habían intentado acceder a la habitación donde estaban Wendy, Miquel y Slightly, pero Oogie había inundado el pasillo también con más de cien litros de sangre, y por el agua nadaban unos asquerosos gusanos gigantes que se metían por dentro de los pantalones de los bomberos y les comían sus partes.

-JOJOJOJJO ¡JÁ! Y ahora… el gran final-anunció la voz de Oogie. Las paredes se fueron arrugando mientras la casa se iba comprimiendo en torno a ellos. Iba a aplastarlos a todos. De las lámparas y muebles surgieron afiladas espinas metálicas mientras los cristales, movidos por un viento malditos, volaban por todas partes cortando en la piel de los agentes y bomberos.

-¡JODER! ¡JODER!-los policías tenían la ocasión de huir, pero no iban a rendirse sin presentar batalla. Utilizando sus propias manos trataron de retener el avance de las paredes, sin demasiado éxito. Los gusanos gigantes se enroscaron en las piernas de uno de ellos y quisieron morderle en el trasero pero el agente los agujereó a balazos dejándolos tiesos.

Fuera de la casa, Bella miraba a Aladdín asustada.

-No tengo… suficiente poder…-le dijo, avergonzada.

-Vas a tener que intentarlo al menos-replicó él tranquilizándola con una sonrisa.

Pero se equivocaba, porque no iba a ser necesario. Mary acababa de terminar su hechizo.

-Regna terrae… cantata Deo… Deo, liberanos ¡LIBERANOS!-exclamó, alzando las manos. El cabello se la despeinó mientras a su alrededor el suelo se volvía de un potente color blanco. La luz blanca que estaba invocando se fue expandiendo destruyendo la negrura que Oogie había instalado en la casa: las paredes, la inundación de sangre, el fuego y los monstruos desaparecieron mientras un alarido de dolor daba a entender que Oogie dejaba la casa en paz-¡SAL A LA LUZ!

Los policías vieron con sorpresa como todo volvía a la normalidad en la casa y por unos segundos parecía otro lugar por la potente luz blanca que lo volvió un sitio más puro, casi místico. La luz luego desapareció y la casa volvió a ser lo que era. Pero su demonio estaba definitivamente fuera, y no podía hacer más daño.

-No está…-dijo Jim mirando a Mary, que se recolocaba el cabello con señorío.

-No… ha huido…-dijo ella, enfadada-y ya no tenemos vuestro radar…

-¿Por qué vino a esta casa?-preguntó Jim, echando la cabeza hacia atrás, agotado. Se había cargado a cinco arañas, siete gusanos y casi veinte moscardones-¿también cuidabas a estos niños?

-No, son de un buen detective llamado…-Mary se detuvo al instante. Los niños. Jean y Michael. Dios, estaba tan claro… ¿cómo no se había dado cuenta antes? No, Oogie Boogie no podía saber que ella los cuidaba, era una tapadera secreta, pero… él se había enterado de dónde estaba Darling… él lo tenía planeado todo desde el principio… para mortificarla… para acabar con ella…

-Lo sabe…-susurró Mary con los ojos anegados en lágrimas. Notó como le costaba respirar, el pulso se le estaba acelerando. Al verla así, Jim también lo entendió de inmediato.

-Va a por ellos-dijo el chico, llevándose las manos a la boca-¡JODER! ¡TENEMOS QUE IR AHORA!

Mary no dijo nada más: alzando su paraguas apuntó al techo y cerró los ojos.

-¡NO, ESPERA! ¡LLÉVAME CONTI…!-quiso decir Jim, pero una fortísima explosión hizo que el techo se abriera y Mary salió disparada como un cohete en dirección a la zona blanca-¡MIERDA!

Pero Jim aún no había dicho su última palabra. George Banks era el padre de esos críos… joder, aún podía ver a ese par de angelitos gracias a los cuáles había conseguido aplazar la deuda de su madre… George Banks… trabajaba en la banca McPato, pero en estos momentos estaría probablemente cenando en su casa, y todos los bancos estaban cerrados…

-Mierda… piensa, joder…-Jim sabía que algo se le estaba escapando… estaba seguro.

-¡JIM!-exclamó Aladdín entrando en la cocina al verlo-¡Te estaba llamando por el micro!

-¡EL RECIBO!-exclamó Jim chasqueando los dedos. ¡Claro, el recibo del banco que le enviaron a Sarah para el cambio de plazo! George Banks se lo había adjuntado desde su casa, a Jim le había extrañado porque no era la dirección del banco, sino de una avenida de la zona blanca que no le sonaba demasiado.

Pero no recordaba el nombre… mierda ¡No se acordaba de nada! El papel estaba en casa, entre las cosas de Sarah… sí, ella no lo había tirado todavía, ni pensaba hacerlo, era demasiado valioso. Joder…

-Tengo que ir a casa…-le dijo Jim a Aladdín, mientras pulsaba en el interfono para llamar a su Solaryum.

-¿A casa?-repitió Aladdín perplejo. Jim asintió. Joder, menos mal que se la había ocurrido cargar su tabla de energía el día anterior. Bendita fuese su mente por una vez previsora.

-¡SÍ! ¡SÉ DÓNDE VA A IR AHORA! ¡CONSEGUID UN COCHE! ¡OS MANDARÉ LA DIRECCIÓN, TENÉIS QUE ESTAR LISTOS!-gritó mientras montaba en la tabla de un salto.

-Vale… ¡está bien!-asintió Aladdín, que confiaba plenamente en su amigo-¡prepararé a los demás!

-Joder…-Jim pisó a fondo en su tabla y fue a toda velocidad hacia su casa. Si el trayecto hasta la de los Darling ya había sido angustioso este fue todavía peor. Ni siquiera había podido despedirse de Peter, comprobar que estaba bien… joder, su amigo acababa de recibir sin duda el golpe más duro de su vida… por lo menos no había muerto.

¿Y Ariel? La última vez que Jim la vio en el radar (llevaba pendiente de ella desde que se separaron) seguía viva… ¿pero y si ya no? ¿Qué había podido hacer Cobra Burbujas con ella? Lo mataría si la hacía daño. Joder, no podía perderla. La quería, aún la quería, y demasiado…

"¿Jim, Jim, cómo está tu madre?"-Jim veía perfectamente el rostro de Michael y Jean, los pequeños Banks, sonriéndole desde el coche en aquel fortuito encuentro. Gracias a ello había podido conocer también a Mary Poppins y entender su relación con los niños. Eso había sido una suerte, o de lo contrario ahora no podría saber a dónde se dirigía ella con tanta certeza. Pero… ¿quién era en realidad Mary Poppins? Tenía poderes, como Merlín. ¿Por qué trabajaba para la policía? ¿Por qué cuidaba de unos niños? La Estrella Azul… la clave estaba en la Estrella.

-¡Vamos, joder!-Jim esquivó un coche que se había parado súbitamente y se saltó tres semáforos, ya no le importaba nado salvo llegar a casa. Dios, las imágenes de aquellos niños muertos no se le iban de la cabeza. Y Oogie había sido capaz de poseer la casa entera, de no ser por Mary los habría matado a todos. Joder, aquella vez sí que lo tenían difícil ¿cómo se supone que se mata a un monstruo inmortal? Puto, puto saco de bichos…

-¡VAMOS!-gritó Jim furioso mientras descendía en picado por la avenida principal de Montressor. Ya podía ver a lo lejos la torrecilla de su casa. Joder, el tiempo transcurría muchísimo más lento cuando estaba cerca de llegar el momento esperado.

-¡UF!-Jim dejó la tabla apoyada en la puerta de la casa y tiró de la puerta, pero esta estaba cerrada. Mierda, su madre debía de haber echado la llave. Escaló por la pared lateral hasta la ventana de su habitación y desde allí pudo acceder. Encontró al abuelo Carl durmiendo en su cama. El hombre exhibía una expresión de terrible dolor en el rostro. A Jim le sorprendió ver lo que el viejo sujetaba entre sus callosas manos: la foto que Sarah tenía de ella con su hijo con apenas cinco años. Jim se sintió conmovido, aunque no había tiempo para sentimentalismos.

-Ssssssh, Dug…-Jim tranquilizó al perro cuando este comenzó a ladrar-calla, joder… calla…

Bajó las escaleras hasta la cocina y rebuscó entre los cajones el papel del recibo. Mierda… ¿dónde guardaba esas cosas Sarah? Tal vez en su cuarto…

-¿Jim?

La voz de su madre lo paralizó. Jim se volvió lentamente hacia Sara, que estaba apoyada en la puerta de su habitación. Su madre tenía los ojos enrojecidos, y estaba muy blanca. Seguramente se había pasado toda la noche llorando.

-Jjim…-musitó Sarah, aún incapaz de creer que estuviera allí.

-Mamá, mamá…-Jim no sabía que decirle. Tenía demasiada prisa, no podía pararse ahora a esto-¡Mamá, el recibo! ¡Necesito el recibo del banco!

-Jim, ¿dónde estabas?-le preguntó Sarah al muchacho frotándose los ojos perpleja. Morfo salió también de la habitación y emitió un chillidito de felicidad al reconocer a su amo, contra cuya mejilla se apresuró a restregarse con afecto-¿dónde estabas hijo?

-Mamá, ahora no hay tiempo de explicártelo-dijo Jim. Y de verdad no lo había. Además ¿por dónde empezaría a hacerlo?-necesito el recibo del banco hay… hay vidas en peligro.

-¡Jim!-Sarah siguió a su hijo hasta el interior de su cuarto: Jim abrió el cajón del tocador de su madre y sacó papeles a todo correr buscando el recibo. Sarah vio alarmada como su hijo miraba los distintos papeles sin ningún tipo de reparo-¡JIM NO!

Jim se detuvo de repente en una foto: eran su madre, muy joven, con un apuesto desconocido de piel morena y cabello largo y oscuro. Jim arqueó las cejas, extrañado. ¿Quién era ese tío? No lo había visto en la vida.

¡No había tiempo! Encontrando al fin el papelito rosa del recibo Jim lo miró buscando la dirección, cuando se dio cuenta de que estaba rasgado. Sarah se había quedado solo con la parte importante.

-No…-susurró, pálido-nonononono…

Se volvió hacia su madre, que sin embargo sujetaba la otra parte del papel entre sus dedos.

-Lo iba a tirar pero me lo guardé-confesó ella-por sí teníamos que ir… a tirarle huevos a la casa o algo así…

Jim cogió el papel, lo leyó y luego le dio un fuerte abrazo a su madre.

-Aladdín… ¿me recibís? ¿me recibe alguien?-dijo agarrando el micro.

-Sí, aquí estamos-respondió la cálida voz del árabe desde el otro lado-¿ya lo…?

-Calle del Cerezo 16, barrio de Lynsberg… está en la zona blanca-dijo Jim rápidamente.

-Ya. Sé dónde es-respondió Aladdín-Nos vemos allí.

Se escuchó un comentario de Meg pero muy difuso, y Jim cortó su conexión. Luego fue hacia la puerta. Si se daba prisa podría alcanzarlos y llegar a la vez. Esperaba que Mary Poppins ya estuviese allí y se hubiera conseguido adelantar a Oogie. Pero algo le decía que no era así…

-¡Jim!-Sarah lo retuvo agarrándolo del brazo. Él la miró con angustia. En el silencio, Morfo hacía gárgaras con el agua del grifo mientras contemplaba a madre e hijo, creyendo que estaban jugando o algo así.

-Mamá… me tengo que ir… no puedo quedarme… ojalá pudiera, pero no puedo…-dijo Jim agachando la cabeza.

-Jim, nno…-lloró Sarah. Hacía tiempo que él no la veía así de devastada. "Para, por favor-pensó él-por favor, no quiero verte así… no llores, mamá…"-no te vayas Jim… quédate conmigo… no te vayas…

Jim negó con la cabeza y la cogió las mejillas con las manos.

-Confía en mí, por favor, volveré. Te juro que volveré… solo confía en mí… ¿vale? Por favor mamá… tengo que irme… confía en mí…

Se miraron el uno al otro en aquellos ojos verdes que tan parecidos eran y finalmente Sarah cerró los ojos y asintió lentamente. Temblaba muchísimo. Jim quería decirle algo más que la tranquilizara (y lo tranquilizase a sí mismo) pero simplemente no pudo. Recogiendo su tabla salió a la calle y echándola al suelo despegó y se alejó de allí veloz como una estrella fugaz. Sarah lo vio alejarse por la puerta mientras se desplomaba en el suelo, con Morfo y Dug a su lado.

-JJjim….

¿Y si no volvía a verlo…?


-No podrán matar a Oogie mientras tenga otro cuerpo al que escapar… si sigue poseyendo insectos y demás criaturas del submundo podrá saltar de una a otra sin dejar su forma espectral vulnerable, con lo que será imposible destruirlo… tienen que obligarle a mostrar… todo su poder…

Skeleton estaba encerrado en la celda más segura de todo el complejo del D23. Había ocho guardias en torno a él con cañones apuntándolo, y el acero revestido que protegía la celda era de una aleación prácticamente indestructible.

-Si quiere mejorar sus condiciones esperamos una mejor colaboración-dijo Cobra Burbujas.

-Ya, claro… ¿qué mejorías puedo esperar de esto?-replicó Jack, sarcástico.

Cobra hablaba con él a través de una pantalla de su coche: el agente iba con Hércules, Ariel y Sebastián en su autovolante, circulando a toda prisa por la ciudad.

-¿Estamos seguros de esto?-preguntó Hércules mientras se reajustaba la malla del traje negro en las manos.

-Claro… puedes jurarlo-dijo Cobra Burbujas mientras pulsaba un botón de su coche y hacía que todos los semáforos de dónde estaban a tres calles se les pusieran verdes.

Al final los había dejado libres. Ariel seguía sin entender nada, salvo que las cosas habían mejorado: después de su enfrentamiento, Cobra había devuelto los trajes y las armas, y se los había llevado en su propio deportivo sin darle más explicaciones a nadie.

La pelea entre Hércules y Cobra había impresionado mucho a la chica: se habían dado descomunales golpes, Hércules había esquivado ágilmente los gruesos puños de Cobra para propinarle luego una hábil patada en el rostro, y finalmente habían forcejeado, ambos desnudos de cintura para arriba flexionando todos sus descomunales músculos sudando hasta que Cobra había terminado cediendo y Hércules le había conseguido asestar un golpe definitivo en una zona débil del cuello, derribándolo. Tras su derrota, Hércules había ayudado al señor Burbujas a reincorporarse y este le había felicitado por su combate. Definitivamente Ariel no entendía nada en absoluto.

-¿Cómo podemos acabar con esos insectos? En Suburbia ha millones de especies-observó Cobra Burbujas mirando la pantalla en la que aparecía Jack, distraído.

-Conforme vaya aumentando su poder Oogie podrá ir poseyendo más cosas… animales… personas… su única desventaja es que su alma va matando a los cuerpos lentamente, y debe cambiar cada cierto tiempo… pero eso les dará igual porque a él le sobra el tiempo para matarlos…

-Ya, y a mí me sobra el tiempo para hacer que te vuelen en pedazos-replicó Cobra con dureza-dime algo que no sepa… o mejor cállate.

-Mmmmn… ¿qué tal su próximo destino?-sugirió Skeleton sonriendo.

El coche de Cobra dio un giro total haciendo que le pitasen los de atrás.

"Sí-pensó Skeleton, satisfecho-parece Mary Poppins que después de todo la suerte te va a sonreír… si eres lo suficientemente audaz como para vencer a Oogie, lo cual dudo… yo le di la idea a Oogie de vengarse a través de los niños. No me fue difícil descubrir, hace ya un año, que cuidabas a los Banks. Incluso en prisión veo más que tú… veo más que todos… y veo que a esta ciudad le quedan los días contados… ¿estarás tú cuando eso ocurra Mary? La muerte va a reclamar muchas almas pronto… ten cuidado de no estar en la lista de los llamados… pues esta vez son muchos, tanto ellos como los escogidos… ".

-Si me has mentido acerca de la dirección arrancarte la piel te parecerá lo mejor que te ha pasado en la vida-le amenazó Cobra antes de cortar la conexión. Jack se quedó allí, riendo, mientras se sentaba en el suelo y comenzaba a meditar otra vez.

-Bueno…-miró a los guardias que lo vigilaban-hay que disfrutar del tiempo, ¿verdad? Mientras se tiene… no vuelve, luego. No vuelve…

-El Mayor acaba de terminar en la reunión-dijo el agente Trigger a su compañero el agente Powers-dice que quiere ver a Skeleton…

-¿Para qué…? Las órdenes son mantenerlo aquí hasta que se resuelva el caso… y ejecutarlo-replicó Powers, extrañado. Trigger le miró con gravedad.

-Las órdenes han cambiado.

En su celda, Skeleton sonrió de nuevo.


La familia de los Banks era parecida a la de los Darling en muchos aspectos: amante del orden y la buena imagen George Banks, banquero y premio especial del consejo de administración del banco industrias McPato era un adinerado burgués que había llevado una vida de éxito pero siempre tranquila, lejos de las ambiciones y las locuras de sus compañeros de trabajo, que mezclaban drogas con éxito. Banks venía de un barrio medio de la zona roja y siempre se había esforzado mucho por sacar excelentes notas en la escuela y posteriormente por hacer un muy buen trabajo, lo que lo había ido consiguiendo ascensos cada vez más jugosos. En la alta sociedad de la zona blanca conoció a Winnifred Payne con la que finalmente se casó y tuvo a sus dos queridos hijos, Jean, la mayor, y Michael.

Aunque el señor Banks, como el señor Darling, quería mucho a su familia, no conseguía conectar demasiado con ella: su vida dedicada a su trabajo hacía que cada vez pasase menos tiempo tanto con sus hijos como con su esposa, la que por cierto dedicaba su tiempo de casada sin trabajo a trabajar en organizaciones feministas y tampoco pasaba mucho tiempo por casa. George le insinuó alguna vez a Winnifred que se ocupase más de los niños (con lo que solo consiguió dormir en el sofá) y finalmente ambos se pusieron a buscar niñera. El problema era que Jean y Michael, con cada una que pasaba se portaban peor. A la última, una tal Polly, la habían metido una rata en el cuarto y la habían hecho subirse a la montaña rusa del parque de atracciones para huir ellos luego.

-Es la cuarta niñera en lo que va de año Winnifred ¡la cuarta!-exclamó el señor Banks, indignado.

-Sí cariño, sé contar-respondió Winnifred mientras hilaba un cartel de "yo no nací de tu costilla, tú naciste de mi culo".

-¡Estos niños no pueden seguir así! ¡Son unos irresponsables y la culpa es tuya!-exclamó George mientras se atusaba su pequeño y finito bigote.

-¿Mía? Que va George que va… son así, ya crecerán-respondió la señora Banks quitándole importancia.

-No irás… no irás a llevar tú eso en la manifestación-dijo el señor Banks mirando el cartel preocupado.

-¿Yo? No, que va, es para unas estudiantes-dijo la señora Banks mirándole con sorpresa-bueno ¿y qué pasaría si lo llevase yo?

El señor Banks suspiró mientras cogía un papel y un lápiz y lo mordía pensativo.

-Va a haber que buscar otra… pero esta vez el anuncio lo escribiré yo. Como Dios manda.

-Muy bien mi vida.

-Y la escogeré yo personalmente.

-Claro mi cielo.

-Seré justo, pero imparcial. Benévolo pero implacable.

-Sí tesoro sí.

-También me ha salido una rana por la boca mientras me estaba duchando esta mañana…

-Que bien vida…

-¡Winnifred!-se enfureció el señor Banks.

-Ay, perdona-se disculpó ella, escuchándolo al fin-sí, sí, amor… escribe el anuncio escribe… pero creo que todas las niñeras de Suburbia ya han pasado por aquí… y luego se van todas directas a terapia.

-Ya veremos…-había gruñido el señor Banks mientras procedía a redactar su pomposo pero claro anuncio. La clave del éxito, y muy a su pesar él lo sabía, era el sueldo que se ofrecía. Muy alto por, en teoría, un trabajo fácil.

Y así el señor Banks procedió a entrevistar a una larga cola de niñeras. Sus hijos Jean y Michael le pidieron que fuese él quien se ocupara de ellos y no las niñeras, pero George Banks no los escuchó ¡qué tontería! Un padre no está para ocuparse de sus hijos. El abuelo Banks jamás había cuidado de George… de hecho, él apenas recordaba haber hablado con él si quiera.

-Vaya haciéndolas pasar, Ellen-le dijo el señor Banks a la asistenta, que haciendo una educada reverencia fue hacia la ventana. Era el tercer día, y las niñeras (a cuál más horrorosa) seguían esperando fuera. Ellen tardó un rato en volver. Y cuando lo hizo, trajo a Mary Poppins.

-Buenos días-dijo la recién llegada con educación. El señor Banks se quedó mirándola perplejo. El rostro… el rostro de aquella mujer le era familiar, aunque no sabía por qué. Era una mujer muy hermosa, dicho fuera de paso.

-Bu… buenos días-dijo el señor Banks estrechándola la mano con galantería e invitándola a pasar-siéntese por favor… yo… yo soy George Banks… el del anuncio… claro…

-Claro-replicó Mary Poppins sonriendo-mi nombre es Mary Poppins.

-Mary Poppins… Mary Poppins…-el señor Banks paladeó el nombre mientras la miraba con los ojos entrecerrados. Sí, definitivamente la conocía ¿dónde la había visto antes?

-George, cielo, estamos aquí-le recordó Winnifred, sentada a su lado-perdónele, creo que no ha desayunado bien hoy.

-Oh no, discúlpenme a mí-dijo Mary con impecable educación-no les he entregado mi carta de referencia ni mis papeles. En una entrevista de trabajo, es lo primero.

-Vaya, sí, vaya… pero…-el señor Banks arrugó la frente mientras leía las cartas-pero esto no puede ser… esto… la universidad de Litos… tiene el grado de derecho y filología.

-Sí-corroboró la aspirante a niñera, con calma. El señor y la señora Banks se miraron con asombro, y luego la miraron a ella.

-Y es que… ¿no encuentra trabajo?-preguntó Winnifred perpleja.

-No, naturalmente no se trata de eso-dijo Mary con una encantadora sonrisa-verán, yo… bueno, me dedico desde hace cinco años a educar a niños… por toda Suburbia. Niños de los que sus… padres… tienen quejas. Pasó un tiempo con ellos, generalmente un año, y luego, cuando termino, ya nunca más me necesitan.

-¿Les pega?-preguntó la señora Banks alarmada.

-Jamás-contestó Mary, tan ancha.

-¿Les… les grita?-sugirió el señor Banks-les castigará a base de bien…

-Tampoco-dijo Mary con calma.

-¿Y entonces cómo…?

-Mis normas son jamás golpear, jamás gritar y por supuesto jamás denigrar ni hacer comentarios que puedan dañar en su autoestima-respondió Mary encogiéndose de hombros-por lo demás, soy bastante firme, aunque benévola.

-Sí, ¿eh?-dijo el señor Banks asintiendo con incredulidad.

-Vaya, una niñera filóloga y psicológica-comentó Winnifred impresionada-ay George, si las otras madres se enterasen seríamos la envidia de todo el barrio…

-¿La envidia? Venga ya…-George releyó los papeles de Mary mosqueado. No le convencía mucho nada de aquello… venía incluso recomendada por el rector de la universidad. Vaya, desde luego por referencias era la mejor. Y era muy educada, cierto. Pero le resultaba tan extrañamente familiar… ¿dónde, dónde había visto él antes a Mary Poppins? Su cerebro casi le hacía sentir que era un sueño.

-¿Nos la quedamos?-pidió Winnifred, como si estuvieran hablando de un perro.

-No sé, yo creo que deberíamos pensarlo… aún quedan niñeras-dijo el señor Banks rascándose la cabeza con extrañeza.

-Muy bien-contestó Mary, impasible-les he incluido mi contacto telefónico y vía mail para cualquier duda o solicitud. Cuando lo sepan avísenme. Pero les rogaría que fuera como máximo en el plazo de una semana. Tengo otras solicitudes esperando mi respuesta.

-¿Ah, la requieren en otros sitios?-preguntó el señor Banks, sorprendido, mientras Winnifred ahogaba un chillidito.

-Pues sí… tengo tres ofertas en este barrio, para empezar-recordó Mary como si tal cosa.

Winnifred miró a George enfadada, y esta vez él sí tuvo que ceder. Mary se quedaba. El señor Banks firmó los papeles y en menos de media hora la señorita Poppins trabajaba y vivía oficialmente en su casa, y debía ocuparse de los niños. Él le pidió a Ellen que fuese a despedir a las otras niñeras a lo que Elen le respondió que una fuerte ventisca se las había llevado a todas. El señor Banks comenzó a sospechar desde entonces que Ellen tomaba drogas.

-Buenos días niños. Yo soy Mary Poppins-saludó la niñera a Michael y Jean, que la miraban con la boca abierta-y lo primero que vamos a hacer es recoger vuestro cuarto.

A partir de entonces las cosas habían cambiado mucho en la calle del Cerezo número 16 , y habían sido a mejor. Aunque el señor Banks se quejaba de los métodos en su opinión horteras y poco dignos de Mary Poppins, que les enseñaba a los niños cancioncillas tontas y los llevaba todos los días de paseo al parque, lo cierto es que Jean y Michael mejoraron tanto en casa como en el colegio, y su padre notó que cada vez eran más felices. Mary Poppins insistió mucho en que ella libraba los miércoles, y los Banks dejaban a los niños con Ellen y la señora Brill, la asistenta y la cocinera, que jugaban con ellos y los entretenían con sus cotilleos. Sin embargo, una tarde Mary sugirió al señor Banks que sacase a los niños a pasear ese miércoles, ya que él también tenía la tarde libre. El señor Banks los sacó al parque dónde él solía ir a jugar de niño, en la zona roja. Les contó a Jean y Michael muchas historias de cuándo él era pequeño, como que había un rey diferente, y que el aire no estaba tan negro, y ellos las escucharon con avidez. Eran niños muy buenos, y sobre todo llenos de curiosidad. Después de pasar todo un agobiado día en el banco, el señor Banks se sintió muy despejado al poder hablar de su vida con alguien a quien de verdad le interesaba. Así fue como a partir de entonces, cada miércoles, los sacaba a pasear, y del miércoles pasó a también los fines de semana, y al viernes, por lo que poco a poco las intervenciones de Mary Poppins en la casa eran cada vez menores.

-Un día me tendré que ir, pero no os preocupéis-dijo ella-no me echaréis de menos…

-Yo siempre te querré Mary Poppins… eres la mejor-dijo Michael, desde su cama.

-Calla anda y tómate la medicina-le dijo Mary-mira que andar saltando en charcos sin las botas.

-Así es más divertido-replicó él con una dulce sonrisa.

-Ya… pero entonces toca la medicina-le avisó Mary Poppins. Michael se la tragó obediente, y luego la sonrió.

-¿Nos cantas algo Mary Poppins?-pidió Jane, con su voz suave que tanto la caracterizaba.

-No, hoy no me apetece-replicó la niñera estirando las piernas en su silla mientras observaba a los niños.

-¡Veeeeenga por favor!-suplicaron ellos. Mary Poppins puso los ojos en blanco.

-Está bien… ¡pero luego os dormís!

-Sí, sí-dijeron ellos, aunque no era su propósito.

-La de las palomas…-pidió Michael. Mary Poppins asintió. Luego comenzó a cantar con su potente voz.

Al clarear yendo al templo se ve
La vieja llegar al umbral
Escuchar su pregón causa honda emoción:
«Compre migajas de pan»

Los pajarillos hambrientos están
Lástima da su dolor
Están aguardando sus migas de pan
«Sólo son dos peniques, señor»

Compre usted migas de pan
Dos peniques cuestan, no más
«Compre pan» es su cantar
Mientras se ven las aves llegar

Allí están las estatuas también de los santos
Parecen oír su cantar
Tal vez con sus labios de piedra sonríen
Cuando alguien se acerca a comprar

Su pregón da siempre emoción
Es un ruego que va al corazón:
«Compre usted, tenga piedad
Compre, compre migas de pan»

Los niños se fueron quedando dormidos mientras escuchaban la triste pero bella canción.

-Algún día yo se los compraré…-susurró Michael. Mary Poppins le dio un beso en su mejillita, mientras se la acariciaba enternecida.

-Lo sé-dijo.

Volviendo al momento presente, los señores Banks pasaban cada vez más tiempo con sus hijos, y la familia una vez dividida y bastante alterada había pasado a estar cada vez más unida, de ahí que el señor Banks incluso le hubiese concedido vacaciones pagadas a Mary durante siete días en Navidad.

El señor Banks había llevado a sus hijos y a su mujer a comer en el centro para celebrar la Navidad con su familia, y luego a un bonito parque infantil con tiovivo y noria donde había otros niños con los que Jean y Michael pudieron jugar. A la tarde los llevó en su caro mercedes a ver las luces de la zona blanca, y dieron un paseo por el mirador que daba a la puesta de sol.

-¡Mira papá! ¡La señora de las palomas!-exclamó Jean emocionada.

-¿La señora de qué?-el señor Banks miró a su hija extrañado.

-¡Mary Poppins dice que vende comida para los pajaritos!-dijo Jean emocionada.

La tal señora de las palomas era una mendiga cualquiera que pedía limosna. En la zona blanca los mendigos estaban bastante regulados, y en muchas ocasiones eran expulsados de vuelta a la zona roja, pero en este caso la pobre mujer aprovechaba que era Navidad para pedir dinero.

-¡Danos dos mickeys papá, ella lo necesita!-pidió Jean, compasiva.

-Sí, Mary Poppins dice que…

-Mary Poppins dice muchas cosas y con ese cuento ya me tenéis muy cansado-protestó el señor Banks mientras tiraba de los niños para alejarlos de la anciana-estáis montando un espectáculo… ¡vamos, vamos!

-Pero papá, por favor… ¿qué te cuesta?-pidió Jean con los ojos humedecidos.

-Sí, no es justo-protestó como siempre Michael.

-Mira Jean, si papá le diese dinero a cada persona que viniera a pedírselo, no tendríamos dinero-dijo el señor Banks ceñudo-esa señora si quiere ayuda solo tiene que ir a una iglesia a pedirla…

-Pero tú dijiste que hay que compartir… y también lo dijeron en misa-recordó Jean. A eso el señor Banks no supo que responder.

-Vamos George… solo son dos mickeys…-dijo la señora Banks, encogiéndose de hombros. Su marido suspiró y sacó la cartera.

-Tomad anda… ¡pero ya nunca más!-les avisó. Pero al ver la cara de felicidad que se les ponía a sus hijos mientras se acercaban a la pobre ancianita y le daban el dinero, supo que habría más veces. En fin, que se le iba a hacer.

A la noche, el señor Banks acostó a sus hijos y les cantó una de sus canciones preferidas, el himno de la banca McPato, que hablaba de las inversiones, ahorros y acciones.

-Vale papá… ya nos dormimos-dijeron los niños, agotados.

-Muy bien, muy bien… dormid bien y soñad con cosas bonitas-dijo el señor Banks besando a sus hijos. Jean le dio un fuerte abrazo mientras posaba sus manitas en sus mejillas.

-Gracias por los dos mickeys, papá-dijo la niña.

-De nada, de nada-respondió el señor Banks dulcemente.

-Hala, a estos niños ya los acuesto yo-dijo Winnifred entrando en el cuarto con la medicina. Michael era propenso a los catarros en los meses de invierno.

-¿Te… te ocupas tú?-preguntó el señor Banks con sorpresa.

-Sí George, claro-respondió ella como si tal cosa, pero la verdad es que George nunca, jamás, pensó que su mujer llegaría a ocuparse de los niños tanto-hala niños, ahora a dormir.

-Mamá ¿nos cuentas un cuento? Mary Poppins siempre cuenta uno…-pidió Jean con dulzura.

-A Mary Poppins la paga tu padre para que lo haga cielo, es su trabajo-dijo la señora Banks mientras se limaba las uñas coquetamente-pero está bien. Vamos a ver… uno que no sea muy largo… ¡ah, ya sé! Caperucita Roja: érase una vez una niña que fue a ver a su abuela que estaba ingresada pero su abuela resultó ser un lobo que intentó comerse a la niña y entonces un cazador… bueno, una cazadora, disparó al lobo y lo mató, salvando a Caperucita que se volvió a su casa. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

-Pero mamá…-protestó Michael. Literalmente el cuento había durado menos de diez segundos.

-Es que ya es muy tarde, ¡os tenéis que dormir! Mañana os cuento la versión extendida-dijo su madre dándoles dos suaves besos a los pequeños.

-Mmmj, buenas noches-dijo Michael mientras su madre lo arropaba y salía de la estancia.

-Buenas noches hijos-dijo ella apagando las luces antes de salir.

En cuanto la escucharon alejarse los pequeños encendieron las luces de sus mesillas de noche y comenzaron a saltar en las camas mientras cantaban una canción que les había enseñado Mary Poppins.

Con un poco de azúcar es la píldora que os dan, la píldora que os dan pasará mejor!-cantaron los niños, risueños. Michael dio una voltereta en la cama mientras Jean se envolvía su edredón como si fuera una princesa. Estaban muy contentos… sus padres los querían otra vez, y Mary Poppins también. Aquel era sin duda uno de los mejores días en la vida de los niños…

Por la ventana sin embargo se asomaba lo que estaba a punto de estropearlo todo: como un pegote de mierda un montón de insectos adheridos al cristal murmuraban palabras mientras se filtraban por un desagüe al interior de la casa. "Ya son nuestros, ya son, ya son… ya son nuestros…".

Él estaba a punto de atacar de nuevo. Estaba a punto de comer otra vez…


-¿Cómo vamos a hacer para destruirlo?-preguntó Aladdín mientras torcía en una avenida para entrar en la zona blanca-¡no se le puede matar!

-Esa tía sí puede-le recordó Meg que esta vez ocupaba el asiento de copiloto-¡debemos ayudarla!

-¡Solo nos quedan siete horas!-recordó Lilo preocupada.

-¡Tiempo de sobra!-respondió Meg decidida. Pero la verdad es que habían perdido mucho y muy rápido. La esperanza empezaba a desaparecer para el grupo de Gantz.

-Espero que Jim llegue antes…-dijo Aladdín mientras acariciaba el revólver que le había fisgado a un policía. También habían conseguido uno de sus autovolantes, lo que explicaba por qué todo el mundo los habría paso al tener la sirena encendida.

-Vamos por delante suyo, así que lo dudo-replicó Meg secamente-así que no esperes nada. Solo nos queda confiar en una persona… y es Hércules.

-Hércules…-Aladdín dio un volantazo saltándose otro semáforo mientras detrás suyo cuatro coches estaban a punto de chocar y le gritaban de todo-¿crees que habrá escapado o algo así…?

-No estoy segura…-Meg vio su propio reflejo en el cristal mientras respiraba con angustia-de lo que sí estoy segura es de que podemos confiar en él…

-Bueno…

Aladdín recordó con angustia su salida de la casa de los Darling. El que, supuso, era el padre de los niños, daba alaridos de terror mientras al chico joven superviviente se lo llevaban en una camilla al hospital, y la casa terminaba de desmoronarse. A los cadáveres los sacaron al descubierto, ante la luz de los inescrupulosos fotógrafos. Iba a ser muy difícil olvidar aquello.

El autovolante continuó su trayecto hacia la calle de los Cerezos mientras la ventisca era cada vez más fuerte y Aladdín tenía que activar el parabrisas para evitar que la nieve les cubriese el cristal.


En la casa de los Banks Jean y Michael seguían cantando por toda la habitación imaginando que estaban en una selva explorando. Jean sacó su tigre de peluche y comenzó a perseguir a Michael con él, mientras el niño reía. Luego los dos se subieron a la cama de la niña y fingieron que conducían un vehículo.

Sin embargo escucharon unos ruidos fuera que los alertaron. Parecían sus padres, discutiendo. Jean y Michael se miraron, preocupados. No les gustaba que sus padres discutiesen. Luego sin embargo se dieron cuenta de que había alguien más con ellos. Alguien que no debería estar allí…

-¿Mary Poppins?-los niños se quedaron quietos en la cama de Jean, cuando la puerta se abrió y Mary entró en el cuarto.

-¡Niños!-corrió a abrazarlos con fuerza. Era la primera vez que Mary hacía algo así, pues no solía dar muestras de afecto tan firmes. Los niños la miraron sorprendidos.

-Mary Poppins… ¿qué haces aquí?-preguntaron mientras ella se separaba.

-Tenéis que venir conmigo… corréis un grave peligro… todos lo corren-dijo mirando a los Banks, que azorados, habían entrado detrás de ella.

-Un momento Mary Poppins, vamos a ver-dijo el señor Banks echándose el pelo hacia un lado mientras intentaba comprender la situación-¿qué está usted diciendo? ¿Cómo que Oogie Boogie?

-Nuestro barrio está bien vigilado-dijo la señora Banks, que parecía más asustada que su esposo-hay policías en cada manzana ¡oh George, ¿por qué iba a venir nadie a…?!

-Ya se lo he dicho, vendrá, tienen que creerme. Debemos salir de aquí ahora mismo y buscar protección para ustedes-insistió Mary mientras iba al armario y sacaba los abrigos de los niños-menos mal que he llegado antes…

Ya le extrañaba que eso fuese así… pero no iba a desperdiciar esa suerte, naturalmente.

-George, ese asesino mata niños, lo dijeron en el telediario-recordó Winnifred-¡vámonos con Mary Poppins! A fin de cuentas ella siempre tiene razón.

-¡Ponéoslos!-ordenó Mary lanzando los abrigos a Jean y Michael, que aún seguían en la cama de la pequeña, sin saber qué hacer.

-A ver, a ver… cómo comprenderá, esto es un poco repentino…-dijo el señor Banks frotándose las sienes con cansancio.

-George, nunca te he dado motivos para desconfiar de mí-dijo Mary, muy seria-por favor, créeme ahora.

-¿George?-repitió el señor Banks, sorprendido de que lo tutease.

Se quedó mirándola fijamente a los ojos, y de repente lo entendió.

-Ya me acuerdo…-dijo, abriendo mucho la boca-¡Mary Poppins!

En ese momento sin embargo un extraño ruido los hizo dejar el resto de la conversación: un crujidito en la madera del suelo les hizo girarse: alrededor de la cama de los niños el suelo se estaba rajando.

-¡NO!-gritó Mary al verlo-¡RÁPIDO S….!

El suelo se rompió y la cama cayó a toda prisa por el agujero que se había formado hacia el primer piso… solo que allí había otro agujero, y debajo otro más… la cama con los pequeños desapareció en la oscuridad mientras se los escuchaba gritar horrorizados.

-¡AAAAAAAAAAaaaaaaaaaaah!-sus gritos se apagaron conforme iban hundiéndose más.

-¡NIÑOS!-la señora Banks se asomó al agujero horrorizada y estuvo a punto de caerse, pero el señor Banks la agarró a tiempo.

-¡WINNIFRED!-la sujetó-¡RÁPIDO, LLAMA A LA POLICÍA! Yo… ¡yo bajaré a por ellos!

-No-Mary Poppins los apartó mientras abría su paraguas con decisión-quédense aquí…

Y de un salto cayó por el improvisado tobogán de la muerte que Oogie había creado.

-¡Mary Poppiiiiiiins!-se escuchó decir a los Banks desde arriba, pero pronto sus siluetas desaparecieron en la oscuridad. Mary descendió varios cientos de metros. Así que en eso se había estado ocupando Oogie durante las semanas en que la policía lo había estado buscando por toda la ciudad. Y ella, estúpida, no había sido capaz de enterarse. Estaba demasiado centrada en buscar a Merlín, había descuidado sus tareas con los niños al verlos tan bien con sus padres… aquello demostraba una vez más que solo era una estúpida que no dejaba de cometer errores. Que no daba la talla. Pero Mary Poppins no se rendía tan fácilmente.

¡PLOF! Mary Poppins amortiguó la bajada abriendo su paraguas y usándolo de paracaídas aterrizando en las fétidas aguas de las cloacas, que la cubrieron hasta las rodillas.

-Agh…-Mary aspiró el fétido tufo de las alcantarillas de Suburbia. Podía hacer un conjuro que la hiciera no aspirar aquel olor, pero no había tiempo para eso: iluminando su paraguas observó su entorno. Dios mío, no le veía ¿dónde estaba ahora? Maldita sea… no perdería a los niños.

-¡OOGIE BOOGIE!-gritó Mary con voz potente-¡¿DÓNDE ESTÁS?! ¡MUÉSTRATE!

Escuchó un ruido sospechoso a la izquierda y rápidamente lanzó un conjuro, pero no era el monstruo, sino una repugnante ratita que roía un trozo de excremento humano. Mary suspiró. Muy bien: lo haría a las malas.

Levantando el paraguas se dispuso a hacer una invocación que obligase al monstruo a salir.

-¡VEN CRIATURA, SAL DE LAS SOMBRAS!-exclamó la maga. Los chillidos de Jean y Michael la interrumpieron.

-¡MARY POPPINS!-gritó Jean, asustada. Estaban sentados aún en la cama de la niña, flotando en medio de las asquerosas aguas residuales. Mary Poppins suspiró al verlos aún con vida, pero había un problema: estaban rodeados de insectos por todas partes: en la piel, el pelo y la ropa de los niños habían posados mosquitos, larvas, saltamontes, cucarachas, arañas demás repulsivas criaturas además de serpientes que se enroscaban en la cama y ratas que nadaban por las negras aguas alrededor suyo. Si daba un solo paso en falso… de los niños no quedarían ni los huesos.

-¡UAAAAAH!-Oogie Boogie apareció por detrás de ella y la hundió algo en el busto: era un puñal. Mary Poppins lo le había visto venir, y notó el intenso dolor de la hoja de acero hundiéndose en su pecho. Oogie agarró el paraguas de la maga y lo lanzó a un lado, mientras seguía retorciendo el cuchillo en su piel-zorra puta lamecoños ¿a quién vas a matar tú ahora? Voy a comerte viva… vas a ser mi placer… y me vas a rogar que te mate…

-¡EXIMEN!-Mary generó un campo de energía rosa que apartó a Oogie de ella. Luego movió los dedos haciendo una especie de figura con ellos e hizo aparecer una celda de hierro en la que el monstruo quedó atrapado.

-¡RRRRRRRRRROOOOOOOOOORRRRRRGHHHH!-lleno de rabia Oogie se deshizo nuevamente en insectos escapando de la celda mientras Mary se sacaba el puñal del pecho, notando como la sangre brotaba de su teta a borbotones, y luego buscaba su paraguas en el agua. Notó repugnantes trozos de mierda bajo el agua, pero no conseguía asir su mango con la forma de una cabeza de loro… tenía que estar por algún sitio…

-¡Maryyyyyyyyyy!-a Jean y Michael las ratas los estaban cercando cada vez más en la cama mientras abrían sus repugnantes boquitas y es enseñaban sus dientes, hambrientos-¡MARY, SOCORRO!

NO, MARY POPPINS!-traicionero, Oogie Boogie volvió a agarrar a la mujer por el pelo y le tiró fuertemente del moño, arrancándole gran parte del pelo-quieta puta… vas a verlos morir... tú me encerraste, zorra hija de puta… te voy a devolver el favor…

-¡DÉJAME!-Mary agarró el brazo de Oogie y girando sobre él le dio una patada al monstruo en la cara. Oogie la apartó de un fuerte manotazo pero Mary entonces conjuró una enorme flor de luz que al abrir sus pétalos golpeó al monstruo, arrojándolo por los aires al otro extremo del canal. Oogie notó como los insectos que formaban su cuerpo se convertían en mariposas rosas y se alejaban volando de él. Mary Poppins los había purificado.

-¡NNNOOOOO!-rugió furioso. Al mover sus manos las ratas obedecieron y se lanzaron sobre Jean y Michael, pero Mary Poppins hizo que los niños quedasen encerrados en una bola de cristal de nieve, con lo que no podían atacarlos.

-¡Mary Poppins, Mary Poppins!-gritaban Jean y Michael asustados mientras las ratas golpeaban el cristal de la esfera con agresividad tratando de romperlo. Una legión de avispas clavaron sus aguijones repetidamente, tratando de romperlo sin éxito.

-Accio…-Mary consiguió que el paraguas fuera volando hasta ella y apuntando con él a Oogie nuevamente lanzó una de aquellas esferas de luz rojas. El monstruo la esquivó y luego se hundió en el agua, desapareciendo de su vista-maldita sea…-Mary Poppins se elevó del agua de las cloacas. Aún le dolía mucho la puñalada traicionera de Oogie, y notaba como le estaba costando respirar. Debía detenerse para sanar la herida, pero lo más importante era sacar a los niños de ahí con vida.

-¡OOOOOOGIIIEEEE BOOOOOOGIEEEEE!-el monstruo apareció detrás de ella chorreando líquido fecal mientras saltaba encima suyo. Mary le lanzó un conjuro de defensa pero Oogie resistió su magia y abrazándola cayó con ella de nuevo al agua.

-¡NNNN….!-Mary notó como se ahogaba en el repugnante líquido mezcla de tantos residuos, y como Oogie la abrazaba fuertemente. Notó también como los aguijones de los insectos se la clavaban en el cuerpo, mientras la cabeza de Oogie se iba acercando a ella para morderla. Iba a morderla en el rostro…

Mary quiso invocar un conjuro mental pero el dolor la impedía concentrarse, y cada vez más sentía que las fuerzas la abandonaban. No se rendiría. Aquel monstruo no acabaría con ella, y menos con sus niños. Haciendo un esfuerzo consiguió crear una burbuja de aire que la permitió ver y respirar en el agua, y entonces se encontró con el deformado y espeluznante rostro de Oogie frente al suyo. El monstruo abrió la boca con voracidad cuando algo le hizo detenerse, y no fue Mary: ella se percató de que el agua vibraba en ondas antinaturales.

-Como veis nosotros también tenemos nuestros juguetes…-les decía Cobra Burbujas a Hércules y Ariel mientras sujetaba entre sus manos el arma de ondas que ya habían utilizado antes para enfrentarse al monstruo. Oogie Boogie se retorció presa del pánico saliendo a la superficie mientras los insectos se iban cayendo a los lados, inquietos por la aguda frecuencia que los estaba matando.

-¡UAAAAAAAAAAAAAAH NOOOOOOOO! ¡NEGRO CABRÓN, NEGRO CABRÓN!-gritaba Oogie, pero su voz era cada vez más débil al igual que su forma que se estaba deshaciendo bajo su saco verde.

-¡AAAAAAAAH!-Mary salió de agua con todo el pelo caído por la cara y manchada entera de un repulsivo líquido marrón. La maga miró a Oogie que se retorcía y con un conjuro lo lanzó contra una pared de la cloaca-es tú fin…

-¡NNNNO!-Oogie apretó sus manos y las ratas dejaron la bola de cristal para atacar a Cobra y sus compañeros. A ellas las vibraciones no les afectaban como a los insectos al ser animales más grandes y fuertes. Cinco ratas peludas y grandes como un bebé humano saltaron sobre Cobra y le mordieron el brazo pero él ignoró el dolor y se las sacudió como si tal cosa.

-Espero que me cuenten que estoy haciendo horas extra-dijo el agente secamente mientras aumentaba la frecuencia de su vibrador y hacía que las ratas también se detuvieran-anda, payaso, prueba otra cosa…

Oogie Boogie fue deslizándose por la pared de negros ladrillos intentando escapar por el conducto izquierdo del alcantarillado, pero apenas podía moverse.

-¡Eh, ¿qué ocurre?!-se escucharon unas voces a lo lejos: Aladdín, Meg, Jim y los demás habían descendido, y los señores Banks venían con ellos.

-¡Niños!-exclamó la señora Banks al ver a sus hijos encerrados en aquella esfera.

-¡NO, ESPEREN!-gritó Mary preocupada. Pero era tarde: el espíritu de Oogie Boogie salió de su cuerpo y avanzó hacia la señora Banks. Iba a poseerla… sí, ya había alcanzado ese poder…

-¡NO!-gritaron Hércules y Cobra al ver al espectro yendo hacia ella. Pero Mary se interpuso, y el espectro de Oogie Boogie entró en su interior. Durante unos segundos la maga perdió la conciencia, y se le fue la cabeza.

-Ooooh…-se desplomó de nuevo en el agua de la alcantarilla.

-¡Mary Poppins!-exclamó el señor Banks asustado al verlo, mientras los demás la rodeaban.

-¿Qué hacemos…?-preguntó Aladdín preocupado.

-Apartaos-ordenó Cobra-debe vencerlo… o la consumirá…

Mary pataleó en el agua movida por una terrible fuerza interior mientras el fantasma de Oogie Boogie la torturaba. La piel de la maga se puso de un color verdoso mientras sus pupilas se dilatan hasta volver sus ojos negros y de su boca comenzaba a gotear un líquido mezclado con huevas de insectos.

-No podemos hacer nada…-dijo Cobra muy serio-vamos Mary… lucha… vamos…

-¡AAAAAAAAAH!-gritó ella descontrolada por el dolor. Oogie iba a matarla… cuando lo hiciera, nadie podría vencerlo… nadie más se enfrentaría a él.

-Vamos, mírame, furcia… si tenías valor para enfrentarte a mí, hazlo ahora-dijo la voz de Oogie en la cabeza de la mujer. Mary se vio a sí misma en medio de la oscuridad, rodeada de telarañas y de huesos que formaban un inestable suelo. Oogie Boogie estaba en frente de ella, y era una sombra inmensa que la encaraba, burlón-ya es tarde Mary, no puedes vencerme… he visto tu interior… y no hay nada, nada que pueda hacerme salir de aquí… acéptame Mary… vamos…

Mary se vio envuelta de repente por la tela verde que constituía el cuerpo de Oogie, mientras él abría su irregular boca para tragársela.

-Nno… ¡NO!-gritó ella. Pero era cierto: en su interior no había ni un ápice de luz en aquel momento. Había fracasado, en todos los aspectos. No era digna de hacerse llamar maga. Su mayor amor había desaparecido, y ahora estaba segura de que no iba a volver. Y su peor enemigo la había vencido… llegaba la hora de morir…

-¡No Mary Poppins! ¡Mary Poppins, vamos!-gritó Jean dando golpes a la bola de cristal procurando que ella la oyera.

-¡Mary Poppins estamos aquí!-exclamó Michael-¿te acuerdas de lo que nos dijiste? ¡Cuándo no sabes qué hacer… di la palabra!

-La palabra…-Mary escuchó las voces de los niños y miró a Oogie en el interior de su cabeza. El monstruo sonreía de un modo abyecto, preparado para terminar definitivamente con ella tomando su cuerpo.

-¿Qué palabra es esa, Mary Poppins? "Florecilla"… ¿"felicidad"?-se burló el monstruo, apretándola con más fuerza mientras consumía su alma-vamos… déjate matar… es mejor… es lo mejor que puedes hacer ahora…

-La palabra… es…-Mary miró a Oogie con fiereza, mientras una llama roja la rodeaba y la hacía soltarla-lo que se dice… cuándo no se sabe qué hacer…

-¿QUÉ?-Oogie la miró, extrañado y furioso. No entendía por qué no podía terminar de poseerla. ¿Qué los separaba?

Mary se alzó frente al monstruo mientras una constelación la rodeaba y brillaba con la fuerza de diez mil soles. La luz venía de los niños, lo mejor que le había pasado en mucho tiempo, y por los que daría la vida. Merlín ya no estaría, y su alma nunca encontraría la paz, pero con ellos… con ellos aún tenía fuerzas para luchar una vez más.

-¡SUPERCALIFRAGILISTICOEXPIALIDOSO!-exclamó Mary mientras ella pasaba a formar también parte de la luz. Oogie soltó un alarido de indefensión mientras la luz lo desintegraba y expulsaba del interior de Mary.

-¡YIIIIIAAAAAAAAH!-el monstruo soltó el cuerpo de la mujer y salió de ella siendo solo una sombra malvada y desesperada por asirse a algo-¡NOOOOOOOOO!

-¡MATADLO!-gritó Meg a los que aún conservaban pistolas de luz, pero Cobra no levantó su arma.

-Eso no va a servir de nada-la recordó-solo dañan lo material…

Y Oogie Boogie no era algo material. El humo del espectro se alejó de allí por un conducto seguido por un enjambre de insectos y ratas, dejando a sus atacantes atrás una vez más.

-Pero… le hemos perdido-dijo Aladdín mirando a Cobra y a Hércules enfadado-¡joder, le hemos perdido otra vez!

-No creas, joven Aladdín-dijo Cobra que pese a estar en una oscura cloaca seguía llevando sus gafas de sol-en realidad no irá muy lejos…

-¿Te encuentras bien?-Jim estaba inclinado al lado de Mary Poppins que había perdido en conocimiento y seguía cubierta en mierda hasta el pelo.

-Tiene que descansar-interrumpió Bert, que acababa de bajar acompañado de varios agentes del D23-¿estáis todos bien?

-¿Qué ha pasado…? ¿qué ha pasado aquí?-repetía el señor Banks. En ese momento Jim fue hacia la bola de nieve donde estaban protegidos Jean y Michael y usando la espada de Gantz la rajó por la mitad, sacándolos.

-¡Jim!-exclamaron ellos, agradecidos. Pero luego fueron corriendo hacia Mary muy preocupados.

-¡Niños!-la señora Banks abrazó a Jean y Michael mientras ellos observaban a Mary que les escuchaba pero era incapaz de contestarlos. Su batalla interior con Oogie la había dejado el cuerpo sin fuerzas.

-¿Qué ha pasado…?-decía el señor Banks. ¿Cómo habían podido llegar a algo así?-Santo Dios…

-Tranquilo-dijo Cobra Burbujas acercándose a él y sacando un aparato que Jim ya conocía-mire esto…

Hubo un flash y luego George Banks se quedó paralizado, con los ojos vidriosos. Cobra repitió lo mismo con su esposa, y ella también pareció quedarse absorta, sin entender nada de lo que pasaba. Los niños fueron los últimos a los que Cobra apuntó, pero Bert lo detuvo.

-Me parece que con ellos no va a ser necesario-dijo, desenfadado-es mejor que lo recuerden… están del lado de ella…

-Está bien-accedió el señor Burbujas.

-Joder…-Jim miró a Cobra que para su sorpresa le sonrió mientras se guardaba de nuevo el desmemorizador en su lustrosa chaqueta.

-Ahora vayamos a lo que nos ocupa. Mary Poppins está fuera de juego, tendremos que ser nosotros quiénes nos ocupemos-dijo Cobra Burbujas con seriedad-Bert, ¿ha averiguado algo más?

-Me temo que no, jefe-negó el policía encogiéndose de hombros.

-¿Trabajabas… para él?-inquirió Meg con sorpresa. Bert asintió, guiñándola un ojo.

-El D23 está en todas partes, ya os lo dijimos. Cuando Oogie Boogie escapó del manicomio hace tres semanas Monsieur D'Arque llamó a la Estrella Azul solicitando un mago que lo detuviera. La elegida fue ella, Mary Poppins. Pero los magos de la Estrella Azul, para trabajar, deben ir siempre de incógnito, porque la magia está prohibida en Suburbia como bien recordarás. Así que Mary tiró de su falsa identidad de reputada policía para investigar el caso, y entonces nosotros para tenerla vigilada también adoptamos falsas identidades. La mía mola bastante, por cierto…

-Pero entonces Mary… ¿se pondrá bien?-preguntó Jean, preocupada. Bert se acercó a ella sonriéndola con calidez.

-Sí pequeña, tranquila. Todo va a ir bien, no te tienes de qué preocupar-dijo-ahora ella necesita descansar.

-Y nosotros encontrar a Oogie-intervino Meg, impaciente. Avanzó hacia Hércules, que la sonrió, divertido-¿no se suponía que tenías la situación bajo control? A mí no me lo parece…

-No, a mí tampoco, pero este hombre sorprende, vaya que sí-dijo Sebastián que se había subido a la cabeza de Ariel para mantenerse lo más alejado posible de las repulsivas aguas fecales. La pelirroja miró a Jim, que tenía el rostro iluminado por volverla a ver con vida. Sin embargo cuando Bella abrazó al joven Hawkins, Ariel bajó la mirada nuevamente, inexpresiva.

-Verás Meg, Oogie Boogie no es el único que ha hecho planes en este tiempo-explicó Hércules con satisfacción-gracias a un compañero suyo de prisión hemos podido averiguar que estaba aquí… y ahora sabemos también cuál es su base principal. El último de sus escondrijos, de dónde no va a poder escapar…

-¿Cómo?-preguntó Meg con sorpresa. Entonces en el micrófono del traje de Hércules resonó una voz ya conocida.

-Ha vuelto… está malherido, es el momento-dijo.

-Muy bien, vamos hacia allí-respondió Hércules, cortando después la conexión con una sonrisa. Meg lo entendió al instante.

-El Sombrerero…-exclamó, asombrada.

-Después del incidente de la carpa siguió a unos secuaces de Oogie que al parecer ya conocéis hasta la base secreta de su jefe, y ahora está allí, esperándonos. El Sombrerero contactó conmigo, y ahora todos sabemos dónde se oculta.

-Entonces le tenemos…-dijo Meg en un susurro. Cobra asintió.

-Le tenemos-reconoció-mis agentes ya están de camino a su escondite secreto, un laberinto de hierro y cobre en el corazón de las cloacas de esta ciudad. Lo detendrán… pero necesitamos un mago para acabar con él…

-Cof… cof… agh… yo iré…-susurró Mary, luchando por hablar pero aún debilitada.

-Estás demasiado débil…-dijo Cobra Burbujas acercándose a ella y a los niños que la cuidaban-te matará…

-Puedo… hacerlo-dijo Mary, intentando recuperar el digno porte que antes solía poseer-dadme un momento…

-Podemos discutir de esto en otro sitio… por favor-pidió Meg cerrando los ojos para no tener que ver un enorme excremento que flotaba en la corriente.

-Sí-dijo Cobra-vamos arriba… allí contactaré con mis hombres.

Tomó a Mary en brazos y ascendió por unas escalerillas que daban a la calle. Entrarían a la casa de los Darling y descansarían allí un segundo. Gracias a su estrategia la batalla contra Oogie podía ganarse esta vez, pero todos sabían que no sería fácil.


-Oooooorfff…

Oogie Boogie llegó a su "casa" arrastrándose mientras poco a poco iba recuperándose de su última batalla. Maldita sea, el plan había salido mal, eso no lo esperaba: mientras que el asesinato de los tres niños Darling había salido a pedir de boca, su emboscada final a Mary en la casa de los Banks se había complicado, y todo porque había dejado demasiados cabos sueltos… demasiados enemigos. Pero aún podía contraatacar. Supuso que el D23 y aquellos extraños tipos vestidos con ropa negra volverían a por él, quizás pronto. Debía estar preparado. Tenía que recuperar fuerzas. Si tuviese al menos la carne de algún niño más…

Lo que ignoraba es que ya era tarde: escondidos entre las tuberías de su escondrijo diez agentes del D23 lo estaban esperando. Todos llevaban armas de fuego especiales , y el agente principal una unidad de contención de fantasmas, listo para atrapar a Oogie dentro.

-Mierda…-el Sombrerero vio a los agentes deslizarse lentamente rodeando a Oogie, que estaba en el centro del laberinto de cañerías preparando algo en su mesa de trabajo ¿otra bomba, quizás? ¿una nueva arma con la que vengarse de Mary?

-Vamos…-los agentes se prepararon para el ataque mientras Oogie seguía a lo suyo. Al monstruo le pareció escuchar un ruido sospechoso y se giró, pero no vio nada. Los agentes contaron hasta tres y luego saltaron hacia él apuntándolo con sus lanzallamas. Pero en ese momento las luces se fueron.

-¿EH?-exclamó un agente, extrañado. Oogie los había escuchado venir.

-JOJOJOJOJO… JEJEJEJEJE-rió el monstruo entre las sombras. Cuando ellos encendieron sus linternas, descubrieron que él ya no estaba allí.

-Mierda… mierda ¿dónde está?-dijo uno de los agentes, asustado-Localizarlo…

-JOJOJOJOJ JEJEJEJEJEJE…-la risa de Oogie Boogie se fue volviendo cada vez más alta y desquiciada mientras por encima de las cabezas de los agentes volaban unos murciélagos e insectos salían por todas las cañerías uniéndose a él.

-No… ¡NO!-gritaron los agentes al ver lo que estaba naciendo frente a ellos.

-Ssí… ¡SÍ!

El Sombrerero, aún oculto tras una columna de aquella decadente cripta, decidió salir de allí rápidamente, pero entonces unos afilados colmillos metálicos se le clavaron en las piernas. Barrel acababa de ponerle un cepo en la pierna, y reía como un histérico.

-¡EH!-el Sombrerero quiso quitarse aquella trampa mortal cuando Shock y Lock saltaron encima de él armados con unos bates metálicos y le dieron tremendos golpes en la cabeza, abriéndole varias brechas y abatiéndolo.

-Que buen plato le espera a Oogie Boogie… un puto espía-dijo Shock con odio.

-Ji ji ji… tenemos que prepararnos… pronto vendrán más invitados-dijo Lock con una sonrisa curvando sus labios pintados de azul.

-Vamos, vamos…-los niños arrastraron al Sombrerero por entre los estrechos pasillos de tuberías mientras reían vilmente. Podían escucharse los gritos de los agentes peleando contra Oogie mientras este acababa con ellos.

Ahora era una masa gigantesca, medía más de veinte metros y apenas cabía en las estrechas cañerías de su base secreta.

-¡No, no, NO!-gritó el último agente que quedaba en pie. Intentó activar el arma sonora para vencerlo, pero una avispa le picó en la mano haciéndosela soltar, y Oogie Boogie la aplastó con fuerza.

-ADIOOOOOS-canturreó el monstruo mientras se metía al agente en la boca y lo masticaba frenéticamente. Si Mary lo quería tendría que venir a por él… y en su casa, jugarían con sus normas. Pero no importaba… estaba preparado y deseoso de volver a matar otra vez.

Porque para eso se había concebido una vez, hace tiempo, entre fuego y sangre. Para matar.

You don't know how you took it
You just know what you've got
Oh Lordy, you've been stealing
From the thieves and you got caught
In the headlights of a stretch car
You're a star

Dressing like your sister
Living like a tart
They don't know what you're doing
Babe, it must be art
You're a headache, in a suitcase
You're a star

Oh no, don't be shy
You don't have to go blind
Hold me, thrill me, kiss me, kill me!


Este sí que ha sido de seguro el capítulo más sangriento de todos, o uno de los que más. También ha tenido escenas de humor (me encantó escribir la parte de la familia Banks) de manera que alterna acción y violencia con escenas triviales de la vida familiar, como pasa con los Darling. ¿Qué os ha parecido? ¿Qué personajes os han gustado más? ¿Y menos? Mi escena preferida de escribir ha sido la persecución entre Peter y los Darling contra Oogie Boogie por su casa, llevaba mucho tiempo esperando para escribirla. Y también el momento en el que se reencuentran Jim y su madre.

Hay pequeñas pinceladas de muchas tramas que se avanzarán más adelante. Pero como siempre Cobra Burbujas sigue siendo un enigma, Mary Poppins y su sociedad secreta otra y el cómo van a vencer a Oogie Boogie me temo que también.

Añadir también que Mary Poppins es una de mis películas favoritas de Disney, me parece que tanto de guión, como música y actuaciones tiene una calidad excepcional. Si no la habéis visto, o hace mucho que la visteis, yo os la recomiendo.

¡En cuanto tenga el siguiente (último de esta misión) lo subiré!Un abrazo muy fuerte, muchas muchísimas gracias si habéis llegado hasta aquí y pronto espero que nos volvamos a leer.