CAPITULO ESPECIAL

"El primer Sacerdote de Orochi"

(Origen)

*Nota: este relato esta centrado en el surgimiento del primer sacerdote de Orochi, por eso algunos detalles que ya muchos conocemos sobre la separación de los clanes no han sido detallados… conoceremos lo que sucedió detrás de todo (esta es mi versión).

En el inicio de la era Heain, los tres clanes más poderosos conocidos como Yata, Kusanagi y Yasakani mantenían una estrecha relación, y no solo por el hecho de que sus territorios estaban contiguos uno del otro, si no también por que cientos de años atrás, sus antepasados habían unido fuerzas para hacer frente al demonio Orochi. Es por eso que como cada año las cabezas de los clanes organizaban una celebración a modo de conmemorar aquella hazaña que finalmente trajo paz a sus tierras.

El regocijo que generalmente duraba alrededor de cinco días siempre se llevaba a cabo en el territorio de los Kusanagi, pues eran sus tierras las que se encontraban justo en el medio de los tres clanes, ademas de que ya era conocido que Lord Kusanagi disfrutaba mucho de las reuniones y todo aquello que le produjera distracción.

—¡Yasakani-dono! ¡¿que no piensas bailar?! ¡las damas te están esperando! —dijo el anfitrión desplomándose entre los cojines después de haber bailado por un largo periodo.

—No me apetece bailar, pero adelante, no te detengas por mi —respondió el estoico Lord.

—Esa actitud que cargas, es por que tu esposa no quiso acompañarte, ¿verdad? es una lastima, presumes tanto de que tiene una hermosa voz que realmente tenia ilusión de escucharla interpretar algo.

—Mi querida Himemiya esta indispuesta, últimamente no se encuentra bien de salud, es por eso que prefirió permanecer en reposo.

—¿ya la ha examinado algún medico?

—No, ella no deja que nadie se acerque… —suspiro —solo su dama de compañía.

El señor de las tierras Kusanagi observo con detenimiento a su mas que aliado, su amigo y pudo comprobar que en su mirada había angustia.

—Descuida, probablemente este en cinta y cuando te des cuenta estarás abrazando a tu heredero— comento el otro a manera de devolverle el animo —y bueno, ya estas aquí, si no deseas bailar me ofrezco para que nos embriaguemos hasta olvidar nuestros nombres.

El serio y enorme señor Yasakani sonrío levemente y acento a la oferta, sin embargo este gesto fue para que su aliado no se diera cuenta que en el fondo el trataba de ocultar el hecho de que su querida esposa lo rechazaba.

Mientras ambos se empinaban los recipientes con licor observaban a la gente disfrutar de la amenidad de la música, los platillos y el cotilleo; pero entre toda la muchedumbre había una significante porción que se había aglomerado cerca de las puertas principales mirando a quienes cruzaban por estas; eran los miembros del clan Yata que habían arribado y todos estaban dandole la bienvenida a la gran sacerdotisa, ofreciendo saludos y caravanas.

—Es curioso que haya tantas damas alrededor de la maestra Yata — dijo Yasakani

—Ella es muy respetada y admirada, sin embargo no se debe a ella que estén reunidas, si no a ese sujeto —comento lo ultimo con un tono serio.

De entre los miembros del clan de Yata había uno de ellos que destacaba, aquel que caminaba al lado derecho, junto a la gran sacerdotisa, el único hombre de entre todos, con facciones que fácilmente lo harían confundirse con los de una dama, un sujeto al que todas las presentes no podían quitarle la vista de encima y no solo por sus rasgos y si no también por su altura y sus impecables modales.

—¡Bienvenido Hajime-sama! —lo saludaban incluso las que ya estaban desposadas o comprometidas.

Así es, el Sacerdote Hajime era conocido como un hombre "hermoso" un hombre que desentonaba del resto de los demás pues carecía de ese aspecto y maneras primitivas que poseían la mayoría.

—A llegado tu gran rival — dijo Yasakani a su amigo a modo de broma.

—No me compares con ese sujeto cara de mujer, yo soy un verdadero hombre —respondió frunciendo el entrecejo —si quieres comparar solo mira el numero de mis concubinas, cuantas tengo yo y cuantas tiene él.

—El es un sacerdote de alto rango, a diferencia de ti no puede poseer concubinas, tan solo puede contraer nupcias.

—Pues ya te estas pareciendo a él, haz dejado de tomar concubinas por causa de Himemiya.

Yasakani exhalo a modo de no seguirle el juego.

Cuando vieron que el cortejo de la gran sacerdotisa se acercaba hasta ellos decidieron tener cuidado de sus palabras y se acomodaron para saludar a la líder de los Yata como se debía.

—Es un honor recibirla una vez mas, suma sacerdotisa —dijo el anfitrión.

—El honor es mio Lord Kusanagi, Lord Yasakani —reverencio.

La dama tomo asiento al lado del señor de las tierras, y su mano derecha el sacerdote Hajime, busco lugar junto al líder del clan Yasakani. Y se mantuvieron en silencio contemplando la celebración, no obstante el silencio no demoro gracias a que el extrovertido Lord Kusanagi fácilmente lograba entablar charla.

—Felicidades por su compromiso, Kusanagi-dono —dijo la sacerdotisa.

—Esperamos que la suma sacerdotisa sea quien efectué la ceremonia de boda —respondió Kusanagi.

—Por desgracia yo no realizo ceremonias de boda, pero el sacerdote Hajime tiene la capacidad para ello.

Al oírla Kusanagi viro los ojos.

—Es increíble que la descendiente de los Kushinada ya tenga quince años, el tiempo si que vuela —dijo Yasakani

—Era inevitable —comento Kusanagi que lleno su copa.

—Que manera de expresar tus afectos.

—Bueno, no todos tenemos la fortuna de elegir a nuestra esposa así como tu Yasakani, que suerte de tu parte que hayas podido escoger a una mujer tan hermosa —el alcohol ya lo comenzaba a traicionar.

—La doncella Kushinada también es una mujer muy bella.

—Lo es, simplemente no me agrada que me impongan las cosas —continuo bebiendo.

—Fueron los designios del Dios Susanoo, cuando se le permitió regresar a las huestes celestiales: él pidió a los Kusanagi que cuidaran de su consorte de la tierra y es así como los Kusanagi y los Kushinada se unieron —expreso la sacerdotisa Yata

—El pidió que se uniera la doncella de aquel entonces con mi antepasado, no hay nada escrito de que todos los Kusanagi debamos unirnos por obligación.

—Es la interpretación que dieron sus antepasados Kusanagi-dono —comento el sacerdote Hajime apoyando a la lider de su clan.

Al escuchar hablar al otro Kusanagi expuso un semblante de irritación.

—Es suficiente, si sigues bebiendo de esa manera terminaras por destruir cientos de años de alianza —murmuro Yasakani a Kusanagi y le aparto el licor —te escoltare hasta tu mansión —Como fiel y buen amigo Yasakani llevo casi a cuestas al otro que iba pronunciando maldiciones entre dientes.

A la mañana siguiente se preparo un banquete, el señor de las tierras se disculpo por sus palabras impropias y de inmediato fue perdonado por su amigo y la sacerdotisa que comprendían que todo había sido producto de la bebida.

—Hablemos de otros asuntos, suma sacerdotisa, no hemos escuchado mucho de su clan por el momento, ¿ha tenido usted algún problema? No olvide que Yasakani-dono y yo estamos para apoyarla.

—Se lo agradezco, sin embargo los únicos asuntos que me mantienen ocupada son debido a que el emperador esta asignando mayor territorio a los templos budistas, todo a causa de que el gobierno anterior decidió adoptar muchas costumbre del reino de Wei (China), si continua de esa forma los templos Shinto podrían desaparecer.

—El emperador se ha olvidado de lo que sucedió, al igual que la mayoría de la región.

—Quizás si plasmáramos los hechos sucedidos y lo enviamos al palacio su majestad tendría en mayor presencia a nuestros clanes —sugirió Yasakani frotando su mentón.

—No suena mala idea —comento Kusanagi

—El sacerdote Hajime puede encargarse de eso —indico la suprema sacerdotisa —después de todo él es el escriba del templo principal.

—Será un honor para mi cumplir con ese deber —respondió.

Las celebraciones continuaron los siguientes días, pero no todo era embriagarse y bailar, los miembros de los otros clanes habían preparados sus propios atractivos, el Clan de los Yasakani recito poemas inspirados en la derrota de la serpiente y por parte de los Yata se efectuaron danzas tradicionales en gratitud a los Dioses quienes les brindaron las reliquias.

—Hajime-sama luce bellísimo ejecutando la danza —murmuraron algunas de las concubinas de Kusanagi —me pregunto si podremos bailar con él —reian como si fueran unas chiquillas.

Yasakani esbozo una sonrisa al ver la expresión de su amigo que las había escuchado claramente.

—Son unas mal agradecidas.

—Solo quieren bailar con él —dijo el otro para traerle la calma —y de todos modos creo que es mejor que disimules pues aquí viene tu prometida.

La doncella Kushinada decidió aparecer para compartir al lado de su prometido los festejos de los clanes, era notable la diferencia de edad y sobre todo en el aspecto ya que la joven aun tenia una baja estatura y un rostro ligeramente infantil, no obstante la doncella se esforzaba por actuar y verse como una dama de sociedad.

—Mi señor, los miembros de la casa Kushinada hemos preparado un numero para honrar a los tres líderes, esperamos que sea de su agrado —comento con propiedad y dando un par de aplausos ingresaron a la explanada un grupo de personas que comenzaron a efectuar una representación teatral* de la pelea, sin embargo no era una representación seria, se trataba de una sátira que provocaba la risa de los espectadores al ver a la serpiente siendo derrotada de una manera bastante cómica.

Todos reían, incluso la gran sacerdotisa dejo salir ligeras risitas, todos menos el sacerdote Hajime que no lograba comprender donde se alojaba la comedia en el suceso de siglos pasados; aun cuando habían dado muerte a un ser que casi destruye la región le parecía incomodo que lo tomaran a burla.

—¡Hajime-sama, usted nos protegerá de la serpiente con su espejo Yata! —decían las mujeres aferrando sus manos a la manga del hombre, las féminas habían bebido de más para cuando cayo la noche y el efecto de licor provocaba que tuvieran actitudes desinhibidas.

—Temo que esa tarea seria imposible para mi, ya que mi poder no es comparado a la gran sacerdotisa o a nuestros señores de las llamas.

—¡Entonces que ellos enfrenten a la serpiente y usted se quedara en la mansión cuidando de nosotras!

El otro solo les seguía el juego hasta cierto punto, jamas se ante ponía a los tres grandes señores.

El sacerdote Hajime no solo había sido bendecido con belleza, si no también gozaba de la reputación de ser un hombre sumamente inteligente, es por ello que se convirtió en consejero, mano derecha y escriba principal de la gran sacerdotisa. El tenia la posición más alta que un hombre podía aspirar dentro de su clan y para su edad era impresionante. Sus consejos no solo eran escuchados por la poderosa dama, muchos llegaban a él en busca de sabiduría, incluyendo a Lord Yasakani.

—Ya déjenlo, han estado sobre el sacerdote desde hace rato, harán que tenga pensamientos impuros o algo así sí lo continúan tocando —Las reprendió Kusanagi irritado.

Una vez que se vio liberado de las féminas Hajime se disculpo para tomar un poco de aire en el exterior, sin embargo mas que aire el deseaba descargar lo que sentía en ese preciso momento. A pesar de sus modales, su popularidad y su posición Hajime tenia un secreto que desde siempre había luchado por mantener oculto. En el fondo el tenia repulsión hacia el contacto humano; sus amables gestos, sonrisas y palabras hacia los otros se acumulaban en sus entrañas provocándole nauseas, había ocasiones como esta en las cuales solía escapar a los bosques solo para regurgitar cuando era tocado o permanecía por mucho tiempo en una sala llena de personas que, según él, tenían una inteligencia no mayor a la de un cerdo. Solía bañarse hasta tres veces al día con agua a temperaturas elevadas convencido de que así podría estar limpio de la existencia de los otros y solía encerrarse en su tiempo de ocio a modo de fingir que estaba en meditación con tal de no mirar a nadie.

Dias después, los festejos habían concluido y el sacerdote comenzó la tarea que le había sido asignada, aquella de redactar completamente el suceso de la pelea contra Orochi.

Dentro de los anaqueles del templo y reuniendo todo lo que había sobrevivido a la en ese entonces era Yayoi, el sacerdote no pudo recolectar más que solo narrativas ilegibles y pergaminos que estaban a nada de ser polvo, así que pensó en otra alternativa. Hajime comenzó por transcribir todo lo que el conocía al respecto y después se dispuso a entablar conversación con cada uno de los lideres de los clanes para saber hasta que punto conocían de la historia, primero entrevisto a la suma sacerdotisa y de ahí se dirigió al territorio de los Kusanagi.

Fue recibido sin demora por el señor quien deseaba apresurar la charla, pues ninguno era del agrado del otro, pero el sacerdote jamas lo dejaría ver, siempre mostraba su mejor semblante y modales frente al otro cosa que a Kusanagi lo molestaba pues lo hacia sentir como si tuviera la inteligencia de algún tipo de primate. Aunque la charla fue bastante fluida, la verdad era que Lord Kusanagi no solo no había aportado nada nuevo a la investigación, si no que había dado detalles erróneos, cosa que provoco que el sacerdote solo terminara con una gran dolor de cabeza como cada vez que hablaba con este.

—¡Es increíble que siendo el representante de un clan no tenga tan siquiera el conocimiento de su propia historia! —decía para si mientras abordaba la carreta para ir en dirección de las tierras de los Yasakani. Pero no pudo ser recibido por el señor del lugar.

Sin una idea mejor, hizo caso a su instinto y decidió meditar su siguiente objetivo, la sala del templo principal donde se albergaba el legítimo sello de Orochi, en el fondo de su ser, el sacerdote siempre tuvo curiosidad de saber que fue lo que origino la furia de la enorme serpiente, y no existía nadie que le pudiera brindar esa información si no el mismo Orochi, pero, —¿como podría el sacerdote obtener respuestas sin liberar el sello?— Su búsqueda lo llevo hasta las antiguas tierras de los Kushinada, justo donde se había dado muerte a la serpiente de las múltiples cabezas. Mientras deambulaba contemplando los pastizales que cubrían el terreno que se miraba como si nada hubiera sucedido jamas, se topo con algo que llamo su atención, era una especie de presencia que lo atraía a una recóndita cueva mas allá de los campos y los claros; en su interior hallo aun hombre de un aspecto bastante desagradable, el mismo Hajime no pudo y no quiso disimular, así que sacando su abanico cubrió su nariz y su boca.

—¿quien eres? — pregunto el inquilino.

—Esa pregunta debería hacerla yo, ya que estas tierras le pertenecen ahora a los Kusanagi.

—No soy un residente de este lugar, solo una visita —comento el ser dentro de la cueva

—¿eres humano?

—te haz dado cuenta… antes lo fui, era un hechicero hasta que hice un pacto al beber la sangre de un Dios, ahora soy un demonio.

—¿sangre de un Dios? —levanto la ceja

—Orochi.

Al escuchar pronunciar el nombre de la serpiente, el sacerdote bajo un poco su abanico y se arriesgo a acercarse.

—No hay sangre de Orochi en este lugar.

—La hubo, hace cientos de años, yo logre extraer la sangre seca de la serpiente que fue absorbida por la tierra con un ritual de necromancia, y ahora tengo el poder suficiente… mi nombre es Hizoku.

—¿por que me cuentas esto? —Cerro su abanico.

—por que puedo ver en tu semblante que estas interesado, no eres como los otros.

—¿te refieres a los humanos?

—si…

—¿como sabias sobre Orochi?

—Por que lo escuche, antes él estaba por todas partes, de bajo de la tierra, en el tronco de los arboles, en la corriente de los arroyos, en el silbido del viento; pero la ultima vez que lo oí, exclamo de dolor, pasaron muchos años y no volví a oírlo, fue que vine aquí y supe que había sido derrotado. Los hombres acabaron con él, sin siquiera saber que se trataba de una deidad, el grito de la tierra que exigía justicia debido a que cortaban los arboles para extender los pastizales y las cosechas, envenenaban ríos y violaban los suelos para extraer los metales.

—Pero el devoro a esas mujeres — comento refiriéndose a los antepasados de Kushinada —¿que eso no es también injusto? —comento sin siquiera pestañear.

—el solo quería demostrar el dolor que le estaban provocando, y quería un sacrificio a cambio, pero su ira es mas grande ahora… si prestas atención puedes escucharlo, permite que él te hable y cuando lo hagas, buscame mas allá de tu archipiélago —Con eso, aquel demonio desaparecido entre las sombras y el sacerdote no parecía inmutado en absoluto.

De vuelta en las tierras de Yata, Hajime fue convocado por la gran sacerdotisa para indicarle que Lord Yasakani lo requería de inmediato, algo que en el fondo le desagrado pues deseaba continuar con su investigación, sin embargo Yasakani era el único hombre que el podía respetar e incluso ver casi como si igual, o así lo fue hasta que el otro se desposo.

—Hajime-sama, lo he llamado aquí por que se que usted posee un amplio conocimiento de medicina —el hombre hablaba con la mirada y la voz al suelo —mi esposa se a apartado de mi y temo que sea víctima de algún hechizo o enfermad, es por eso que le suplico que usted hable con ella.

—¿cual es la dolencia de su señora?

—Ella parece odiar mi rostro, se que sale de paseo y sonríe a otros, en mi pueblo la adoran; sin embargo a mi jamas me sonríe y después de nuestra noche de boda se aparto, apenas si me dirige la palabra tras la puerta.

—comprendo Yasakani-dono, sin embargo, ¿no considera usted que la gran sacerdotisa sea mas apta? O quizás, ¿una dama como Kushinada?..

—La misma suma sacerdotisa fue quien me aconsejo a usted, y con respecto a Lady Kushinada… Si ella se entera, entonces podría correr la voz entre las tierras de Kusanagi y no deseo que el pueblo piense mal de Himemiya, quiero protegerla a toda cosa, se que usted es una persona prudente y discreta Hajime-sama —El semblante de Yasakani nuevamente lucia angustiado.

—Que patético se ve, ni siquiera yo puedo evitar sentir lastima de este hombre, pero, es su culpa por desposarse con una pueblerina —pensó el miembro de los Yata.

Cuando el sacerdote llego a la parte de la residencia donde habitaba la mujer de Yasakani se dio cuenta que desbordaba en tesoros, había habitaciones llenas con Kimonos de seda en todos los colores de las horas del cielo, joyas, piezas de oro; en los corredores había flores frescas, incienso, todo lo que una mujer podría soñar, digno incluso de una concubina del mismo emperador.

El sacerdote fue recibido por la señora de Yasakani, una mujer de increíble belleza, como si de una diosa se tratase, su cabello era largo y negro al igual que sus ojos, su maquillaje era perfecto y con solo la pronunciación de una sola palabra dejo salir el timbre de su hermosa voz, aquella por la cual era tan conocida. Pero ni toda esa belleza sacudió al sacerdote, por el contrario, fue Lady Yasakani quien quedo impactada de la presencia del miembro de los Yata, que era muy diferente a su esposo de facciones ásperas y voz extremadamente gruesa.

—¿es usted Hajime-sama?

—Es un honor conocerla en persona Lady Himemiya —El hombre reviso su pulso y el rostro de la dama para asegurarse de que estuviera sana, rápidamente se percato que ella no tenia ningún tipo de dolencia física ni espiritual —sus piel se a puesto roja pero su temperatura es normal.

La dama no respondió, el color rojizo se debía al roce con la piel del sacerdote.

—¿ha sido mi señor quien lo ha mandado a llamar?

—así es, Lord Yasakani me ha comentado que usted no desea estar en su presencia.

—Mi señor…. Ese hombre, ¡ese hombre me tiene como su prisionera! —dijo bajando la mirada mientras los ojos se le comenzaban a cristalizar.

—¿la retiene en contra de su voluntad?, si es así entonces hablare con el para negociar su libertad.

—¡No!, es decir… el me trajo aquí para ser su esposa, ¡el me compro!

El sacerdote suspiro y comenzó a inspeccionar los detalles de la habitación que estaba tapizada en lujos.

—¿que es exactamente lo que Lord Yasakani ha hecho para ganarse su desprecio?

—él… se ausenta por semanas, cuando comíamos juntos casi no hablaba, no me preguntaba como estaba, ni me halagaba de como me veía, sus palabras eran cortantes, siempre muy frio y áspero; y cuando me toco… el no me dijo nada, simplemente lo hizo como si fuera una figurilla —ella comenzó a llorar.

—¿eso es todo? —respondió el sacerdote —creo que usted debe pensar un poco mas en su señor y menos en usted, por que estoy seguro que para él usted ocupa sus primeros pensamientos.

—¡por supuesto que no! ¡El es despreciable! — trato de moderar su voz —si tan solo el fuera jovial como Lord Kusanagi, o… tan educado como usted.

Hajime estaba comenzando a perder la paciencia, le parecía que los argumentos de la dama eran un simple berrinche.

—¿sabe usted la diferencia que hay entre los señores de las llamas?, las tierras de Yasakani-dono son las más prosperas y extensas, el se ausenta por que ante todo es la cabeza de un clan y debe asegurarse de que su pueblo tenga lo que necesita, su deber es cuidar de todos; lo he visto con mis propios ojos, en el fondo es alguien gentil, es un hombre serio sin embargo es parte de su manera de ser mas no significa que sea alguien malo. Pero si tanto lo desprecia, ¿por que no le pide su libertad? Estoy seguro que él le permitirá marcharse.

La mujer se detuvo un momento para reflexionar.

—¿por que lo apoya? ¡Esta de su lado!

—solo digo la verdad, considero que Yasakani-dono es realmente un verdadero líder, ha sido nombrado señor feudal hace apenas unos años, es por eso que viaja mucho a la capital, seguramente si se gana la confianza del emperador e incrementa su territorio podría aspirar a Shogun.

—eso es aun peor, significa que me abandonara para estar en la capital y es un lugar en el que no puedo habitar.

—señora, ¿usted se siente inferior con respecto a su señor?

—y, yo, yo no soy como las damas de la corte, ni siquiera se leer o escribir, ¡por eso le digo que este hombre me tiene como prisionera!

Himemiya provenía de un pequeño pueblo de una provincia cercana, un lugar sumamente pobre y carente de características que pudieran volverlo prospero para aquel entonces, fue por una coincidencia que Lord Yasakani la había conocido y se enamoro de ella a primera vista.

—Lady Yasakani, créame que deseo ayudarla, pero no comprendo que es lo que usted desea, le sugiero que aclare sus pensamientos y reflexione al respecto.

El hombre se retiro y fue a rendir el resultado de su charla al señor de las tierras.

—¿ella se siente inferior?

—creo que los lujos abrumaron su juicio, señor.

—Son obsequios.

—Dele un tiempo a su esposa para que ella ponga en claro sus ideas —Hajime se sentía sumamente fastidiado de tener que lidiar con los caprichos de la esposa de Yasakani, así que arrojo las palabras que le permitirían continuar con su investigación.

Al fin, una vez de nuevo en el templo, el sacerdote Yata aguardo la noche para escabullirse a la sala donde se encontraba el sello de Orochi. Siguiendo los consejos del hechicero demonio decidió aguardar el tiempo que fuera necesario hasta poder contar con la presencia de aquel dios.

La noche pasaba y la temperatura disminuía.

—¿por que permaneces en este lugar? —por fin, pudo escuchar una voz deslizarse en su mente.

—soy un sacerdote, parte de mi deber es servir e interpretar a los dioses.

Al escuchar que el sujeto lo había llamado dios, sintió interés en su visitante.

—los tuyos me llaman demonio, ¿que es lo que buscas sacerdote?

—conocimiento, quiero saber la razón real de por que surgio de la tierra, quiero saber quien eres.

—soy tu enemigo

—es verdad, pero incluso a los enemigos hay que conocerlos y comprenderlos, ademas, siempre escucho ambas versiones de la historia.

—Fueron los mismos hombres quienes me despertaron, al ofender a la naturaleza… Tenían lo necesario para sobrevivir, comida, agua, podían construir sus hogares y con el paso del tiempo comenzaron a abusar de su presencia en este mundo, comenzaron a odiarse unos a otros, a matarse entre ellos, a envidiar lo que cada uno tenia, a exigir lo que no les correspondía, fue el hombre quien se corrompió y la principal víctima fue la tierra que no podía hablar; yo surgí a causa de ese sufrimiento, a causa de la oscuridad que se alberga en el alma de los hombres —hablaba como si se arrastrara dentro de la cabeza del sacerdote.

—y entonces, ¿por que devoraste a esas mujeres?

—solo quería que ellos sintieran el dolor de la tierra, quería darles una lección.

—Comprendo tus argumentos, sin embargo a pesar de lo que dices el hombre no es muy diferente de los animales, se maneja por instinto y es ignorante desde su nacimiento…

—¡el hombre es egoísta! ¡es vil y ruin!.. si no puedes entender eso, entonces, no tengo nada mas que hablar sacerdote.

El resto de la noche Hajime se quedo dormido con aquella conversación en su mente.

Fue entonces que no demoro en presentarse a el un sueño, en este se veía envuelto entre serpientes de distintos tamaños, todas de color verde brillante y por alguna razón no parecía desagradarle, incluso las encontró hermosas, pues sus escamas lucían como cientos de piedras preciosas. Los reptiles lo acariciaban al deslizarse como si de un un familiar se tratase. Despertó con toda serenidad, pues ya estaba acostumbrado a ese tipo de sueños y visiones que desde su nacimiento llegaban a él de la nada.

—¿ser instructor de Himemiya-dono? —dijo el sacerdote alzando la cabeza

Hajime había sido solicitado por Lord Yasakani de nuevo, no obstante, esta vez a petición de su esposa para que fuese su maestro.

—yo también estaba un poco sorprendido cuando me lo solicito, pero recordé lo que usted me dijo con respecto a que ella se siente inferior, así que si eso es lo que ella desea entonces quiero complacerla.

—Yasakani-dono, yo… —el hombre quería rechazar la petición

—Por favor, Hajime-sama —dijo inclinándose ante él —le suplico me ayude, yo, me sentí dichoso que mi esposa por fin me hiciera una petición, aunque solo fuese para esto, ella dijo que hablar con usted la hizo reflexionar algunas cosas, quizás con su influencia usted pueda hacer que mi esposa vuelva a mi.

Nuevamente el sacerdote sintió lastima por el Lord y termino por aceptar. Así que cada tercer día llegaba a las tierras de los Yasakani y permanecía una noche para enseñar lectura y escritura a la mujer del dueño de las tierras.

—Hajime-sama, estoy un poco cansada de la lectura —dijo Himemiya llevándose la mano a la cabeza.

—Bien, entonces me retirare por hoy señora para que usted pueda descansar.

—¡No! —lo detuvo —no es necesario, yo, yo solo necesito un poco de aire, ¿le molestaría acompañarme a dar un paseo por el jardín?

El sacerdote sonrío como cortesía y accedió a ser su compañía.

El representante de Yata se detuvo en frente de un hermoso estanque donde abundaban las flores y se inclino un poco para contemplarlas.

—¿le gustan las flores?

—me agrada la naturaleza en general, es tan pacifica, justa y sabia, es por eso que el verde es mi color predilecto, y para mi fortuna puedo verlo todos los días con solo asomar los ojos a la ventana.

Cada vez que el se expresaba con ese sosegado tono de voz ella lo contemplaba sin parpadear.

—Hajime-sama, ¿por que no se ha casado?

—Es la gran sacerdotisa la que determinara cuando sea el momento adecuado para mi, ella será quien elija a mi futura esposa, supongo que aun no lo ha hecho por que me mantiene sumamente ocupado.

—es tan cruel que no pueda elegir a quien amar.

—¿amor? —rió despacio

—¿no le gustaría estar con alguien a quien ame?

—me conformo con que mi futura esposa cumpla con mis simples requisitos.

—¿cuales son sus requisitos? —pregunto ansiosa

—No me agrada que las personas usen maquillaje, ni tengan los dientes negros*, una mujer limpia y culta, eso es todo lo que deseo.

Al escucharlo la mujer dijo que su dolencia había pasado y de inmediato regreso a las lecciones.

—lamento mucho informar señora que nuestra siguiente reunión se retrasara ya que debo efectuar la ceremonia de matrimonio de Lord Kusanagi y Kushinada-dono en unas semanas, así que por el momento solo le pediré que lea estos pergaminos —se despidió.

Esa noche Lord Yasakani fue hasta el corredor donde se alojaba su esposa, ella no le permitió entrar, pero accedió a mantener una conversación a espaldas.

—iré a la capital, solo será por breve tiempo, te prometo que volveré lo mas pronto posible, para que asistamos juntos a la ceremonia de los Kusanagi —ella no respondió —¿no deseas acompañarme? Tu… quizás puedas ayudarme a elegir algún presente para ellos.

—lo siento mi señor, debo atender mis tareas —respondió de manera cortante.

—entiendo… hay, ¿hay algo que desees que traiga para ti?

—sí, un Kimono para la ceremonia.

—¿un Kimono? Pero, tienes muchos aquí que no haz usado en absoluto…

—¡entonces olvidelo! —dijo enojada y se dispuso a cerrar la ventanilla, sin embargo cuando se giro él también lo hizo y se encontraron cara a cara.

—te traeré el Kimono mas hermoso de todos no importa cuanto cueste.

Ella cubrir su rostro y le volvió a dar la espalda.

—¡verde!, quiero que el Kimono sea de color verde como las hojas…

El Lord guardián de la magatama cumplió con su palabra y volvió incluso mucho antes de la ceremonia, con un bellísimo Kimono en tonos verdes, era tan fino que las criadas lo admiraban cada vez que pasaban por donde estaba extendido. Himemiya solo envío una nota de agradecimiento a su esposo y aun con ese pobre gesto él se sentía dichoso.

—Date prisa y mátame —dijo Kusanagi a su amigo en un tono dramático—Matame antes de que amanezca

Los señores de las llamas solían encontrarse cada tanto y entrenar juntos para mantener sus nivel de combate, incluso desarrollaron un estilo en común, técnicas que compartían uno y otro.

—Estas exagerando, tan solo vas a casarte, no es como si fuera una condena —respondió Yasakani —ademas, muy seguramente continuaras con tu libertino estilo de vida mi estimado amigo.

—Sabes que tendré que moderarme, ademas mi prometida desea que comience a involucrarme más en los asuntos de Heian-Kyo (Kioto*) para que me den el titulo de feudal, es muy exigente.

—Esa es una mujer que fue educada para acompañar a un líder.

—Si tanto te agrada ¿por que no hacemos un cambio?, Kushinada por Himemiya —Yasakani lo miro con frialdad —solo era una ocurrencia, no te lo tomes en serio.

El otro no demoro en volver a sonreír, pues ya estaba acostumbrado a las maneras de su aliado.

—por cierto, ¿como se encuentra Himemiya de salud?

—parece que esta mejorando, vendrá conmigo a tu ceremonia, incluso me pidió un atuendo especial.

—me alegra por ti.

—si, todo es gracias al sacerdote Hajime.

Una vez al termino de la ceremonia religiosa de los Kusanagi hubo una pequeña celebración en sus mismas tierras.

—Siéntanse libres de comer y beber todo lo que deseen —dijo la nueva señora Kusanagi.

Durante todo el evento Himemiya buscaba con la mirada al sacerdote, el cual la había ignorado concentrándose en sus funciones ya que la gran sacerdotisa también estaba presente.

—¿que sucede? Haz estado inquieta —la cuestiono su esposo

—yo, no me siento bien.

—entonces te llevare a casa.

De repente un mensajero llego de la capital para entregar un recado a Yasakani y a la gran sacerdotisa que eran solicitados para una audiencia con el emperador.

—¿a ocurrido algo? —pregunto la sacerdotisa.

—el emperador desea verlos por cuestiones de territorio

—enviare una nota de disculpa al emperador, mi esposa esta enferma así que me quedare para cuidar de ella.

—de ninguna manera —dijo lady Kusanagi —debe ir, nadie deja esperando al emperador seria una gran ofensa.

—así es, si haces eso todo por lo que haz estado esforzándote se perderá —comento Kusanagi —tranquilo, Himemiya-dono puede descansar aquí, cuidaremos de ella.

—si es un problema de salud, Hajime-sama puede quedarse como responsable de vigilar sus signos vitales —comento la sacerdotisa

—me quedare —dijo Himemiya —estaré acompañada de nuestros aliados tu ve a cumplir con tus responsabilidades, yo estaré mejor a tu retorno —le sonrió a su esposo. Y con esa sonrisa el hombre no puso pero alguno y partió junto a la caravana de la sacerdotisa.

Una vez entrada la noche, Hajime fue a revisar los signos vitales de la dama a quien encontró con ropa de cama y recién bañada.

—no es bueno que tome un baño tan tarde Himemiya-dono

—esta bien, el clima es agradable

—¿se siente mejor ahora?

—mucho mejor, sabe, quería hablar con usted para decirle que he terminado con todo lo que me ha enseñado, así que por favor no dude en poner una lección mas compleja para mi.

—la lección que le di es bastante compleja señora, pero ahora no es momento de hablar sobre eso, debe descansar —se levanto para retirarse.

—Hajime-sama… usted, ¿que piensa de mi? Yo quiero saber como me veo atreves de los ojos de Hajime-sama.

—no debe importarle lo que yo piense de usted señora, después de todo, es la mujer de un Lord…

Cuando el sacerdote levanto los ojos vio que la dama estaba llorando y antes de que pudiera interrogarla ella salió corriendo hacia los terrenos donde la hierva era espesa.

El sacerdote no alerto a otros, la siguió lo mas pronto hasta una zona aledaña a las tierras de Kusanagi.

—¡señora! ¡Es muy peligroso que vague por aquí en la noche!

—¡me siento tan desdichada! —dijo sollozando —¡por que Hajime-sama no me mira de ninguna manera! —El otro permanecido en silencio mientras le permitía a la otra desahogarse —Hajime-sama, el día de hoy me he bañado dos veces, use un Kimono especial para ti, no he ennegrecido mis dientes* y mi rostro esta impecable —lo abrazo dejando reposar su cuerpo sobre el pecho del sacerdote —¡¿no merezco una recompensa por haber cumplido con la lección?! ¡¿Es que a caso Hajime-sama no me ve como una mujer?! ¡Por favor mire a través de mi y dese cuenta cuan desesperada estoy por una caricia de Hajime-sama!

—Señora, usted… lo que esta pidiendo y diciendo esta fuera de lugar…

—Se que esta mal, pero yo deseo solo ser tocada por usted, por su manera de hablar por su gentileza —La mujer retrocedió y soltó las ataduras de sus ropajes revelando la piel de su cuerpo ante el hombre. Fue así como entre la vegetación del bosque y la oscuridad de aquella noche sin luna, la mujer de Lord Yasakani cometió un acto de traición contra su señor.

El sacerdote no espero a que amaneciera, dejo a la dama en sus aposentos después de haberla tomado y se escabullo con la intención de retornar a las tierras de Yata para darse un baño de agua caliente.

—Hajime-sama, ¿piensa irse y dejar a Lady-Himemiya — dijo Kusanagi que volvía del pasillo de los aposentos de su ahora esposa.

—un asunto de gran importancia me a surgido Lord Kusanagi —comento sin mirarlo a la cara —así que con su permiso…

—¡no puede irse! ¡¿Que pasa si Himemiya-dono empeora?!..

—Lord Kusanagi —suspiro —el único mal que tiene Lady-Himemiya es el de no poder amar a su esposo.

—¡¿que?!

—es por eso que Lord Yasakani esta desesperado por conquistar a su esposa, pero ella realmente lo desprecia.

—¿por que el no me dijo nada de esto?

—por que heriría su orgullo de hombre, ahora si me permite, debo irme —avanzo arrastrando sus ropajes.

El sacerdote iba caminando hasta sus aposentos, mientras se tallaba el cuerpo con la esperanza de que la sensación de lo que había sucedido desapareciera. Pero se detuvo en el medio pues algo llamo su atención, la sala del templo, donde estaba el sello de Orochi.

—Volviste —dijo la voz del dios reptante.

—Las palabras que dijiste anteriormente, no es que no las comprenda, en realidad, estaba asombrado de escucharlas en voz alta… existe alguien en este mundo, una sola persona a quien yo admiraba y respetaba, un Lord, sabio y justo, pero, él se perdió por el amor de una mujer, una mujer que aun cuando la envolvió en regalos y se esforzó en cumplir todos sus deseos termino por traicionarlo…. aquellas palabras que pronunciaste, no me perturbaron en absoluto, pues en el fondo creo que es exactamente lo mismo que siempre he pensado… yo odio ser humano, por que los repudio a todos… la raza humana posee el don de la razón, un don que es desperdiciado y me avergüenzo de ello.

—eres diferente a ellos

—no lo soy, soy igual de ruin.

—la diferencia es que tu lo sabes… soy un dios y estoy dispuesto a perdonarte, por que tu decidiste compartirme tus pecados, me haz visitado y me haz escuchado y es por eso que quiero obsequiarte algo, ¿que es lo que deseas?

El sacerdote no respondió.

Kusanagi no pudo evitar sentirse preocupado por su amigo después de lo que el sacerdote le había dicho, así que decidió ir a visitarlo, pero se encontró con que Yasakani aun estaba fuera de sus tierras. Los criados le ofrecieron dar un mensaje cuando este retornara sin embargo el otro no lo considero necesario, antes de irse tomo la decisión de hablar con la señora de Yasakani quien lo recibió a través de la cortina. Kusanagi quería lograr persuadir a la mujer de que le diera una oportunidad a su marido ya que temía que el otro pudiera enfermar de angustia.

—Con todo respeto Lord Kusanagi, ¿no se como puede pedirme semejante cosa cuando es usted quien siempre se ha quejado de haber tenido un matrimonio por acuerdo.

—Señora, se que no tengo la calidad moral de solicitarle nada, pero si lo hago es por que se que Yasakani-dono es un buen hombre, mejor de lo que yo soy y si usted se lo permite, él la hará feliz.

—¡¿como usted lo hace con Lady Kusanagi?!

—Entre mi princesa y yo quizás no hay amor, pero la aprecio, buscare su bienestar siempre y tal vez con el tiempo desarrollemos sentimientos uno por el otro…

—¡es suficiente señor, le pido que se retire, debo prepararme para mi lección!

—esta bien, la dejare en paz por ahora, pero volveré por el bien de mi amigo —Kusanagi no tuvo mas remedio que retornar.

—Hajime-sama, ¿por que no habías venido a verme? —dijo Himemiya- una vez que el otro regreso después de días de ausencia.

—señora, solo volví para decirle que este será el ultimo día que seré su instructor, designare a otra persona…

—¡¿que?! ¡No!, ¡no puedes dejarme! ¡No después de lo que sucedió! —se hecho sobre el hombre —¡tal vez piensas que solo fue lujuria, pero yo en verdad tengo sentimientos hacia usted, Hajime-sama!

—Himemiya-dono, usted es la mujer de Lord Yasakani, ni siquiera deberíamos tener esta conversación

—lo se, soy la mujer de un hombre al que no amo.

—si tanto le aflige su condición, entonces pida que sea enviada lejos de este lugar.

—si hago eso, ¿que será de mi?, estaré sola y sobre todo lejos de usted.

—señora yo no…

—Lord Kusanagi ha venido a visitarme constantemente y no lo puedo rechazar por que soy inferior, todo el tiempo insiste en que le de una oportunidad a mi esposo, estoy harta de esto y ademas temo que el descubra lo nuestro.

—¿lo nuestro?..

—Hajime-sama, por favor, trate de persuadir a Kusanagi-dono de que ya no me visite —comenzó a llorar mientras cubría su rostro con la manga de su kimono —si el sigue viniendo descubrirá todo.

—¿desde cuando mi existencia se volvió tan complicada y miserable? —susurro el sacerdote mientras abandonaba la casa de los Yasakani.

El sacerdote comenzó a hacer costumbre sus visitas a la presencia de Orochi, le parecía raro ser que el único que podía comprender sus pensamientos fuera aquel dios reptante.

—Si eres un dios, ¿por que no te liberas de ese sello?

—por que los humanos destruyeron mi cuerpo, sin un cuerpo yo solo seré una manifestación disforme.

—toma el cuerpo de cualquiera.

—no es tan fácil, para comenzar el sacrificio quedo inconcluso, ademas, no cualquiera puede ser un recipiente que resista mi poder.

—¿y si tuvieras un recipiente adecuado? ¿Que seria lo primero que harías?

—no responderé a tus preguntas hasta que me digas que es lo que deseas.

El otro volvió a guardar silencio por un par de minutos antes de continuar.

—aun no estoy seguro de que es lo que deseo realmente.

Con la ausencia de su esposo Himemiya salía para recorrer el pueblo de su clan, las personas no demoraban en rodearla y llenarla de elogios, ella sonreía de una manera adorable hacia ellos y les hablaba con amabilidad. La señora de Yasakani había logrado hacer que el sacerdote la acompañase en uno de sus tantos recorridos, después de todo era un sacerdote y no causaría sospecha alguna.

—Lady Himemiya es tan linda —decían los pobladores —creo que es demasiado hermosa para nuestro señor, ella debería estar con alguien con la belleza de Hajime-sama.

El sacerdote escuchaba cada palabra de entre los cuchicheos al mismo tiempo que miraba las expresiones de la esposa de Yasakani, de pronto llego a él una de sus tantas visiones, se trataba del señor de la magatama, el cual estaba sumergido en un mar de dolor y lagrimas mientras repetía el nombre de su señora, su llanto era tan desgarrador que por un instante el sacerdote pensó que realmente estaba sucediendo.

De regreso a la casa de los Yasakani se encontraron al señor de las tierras del centro que una vez mas estaba esperando para hablar con la esposa de su amigo. Pero ella paso de largo alegando que no se sentía bien a excusa de evadirlo.

—Esa mujer, realmente solo siente desprecio por Yasakani, ella no quiere entender.

El perspicaz sacerdote de inmediato noto como los criados comenzaban a murmurar entre si en la dirección de Kusanagi.

—Lord Yasakani volverá pronto, seria prudente Kusanagi-dono que detuviese sus visitas a Himemiya-dono, se podría prestar a malos entendidos —expreso con toda la intención de evitar un conflicto, pero el otro no lo vio de esa manera.

El señor de las llamas se giro al sacerdote y con una expresión de irritación comenzó a hablar.

—Es verdad que puedo ser informal con las mujeres, sin embargo nunca traicionaría a un amigo o aun aliado y menos a Yasakani, el es el único amigo de verdad que tengo y quiero que él y su esposa sean felices, es por eso que la visito, trato de convencerla de que le de otra oportunidad a su señor, aunque el no ha hecho nada realmente para ofenderla.

—Pero debe ser precavido, por mas amigo que sea de usted, Lord Yasakani no deja de ser un hombre…

—¡suficiente! ¡¿Como te atreves a dirigirte de esa manera a mi?! ¡Pareciera que no quisieras ayudar a Yasakani!

—¡Kusanagi-dono usted esta mal interpretando!..

—¡si vuelves a levantar el tono de tu voz olvidare por un momento que perteneces a nuestros aliados! —El señor de las llamas se marcho sin dirigirle ni una sola cortesía al sacerdote.

Irritado por el trato de Kusanagi y la actitud de Himemiya, Hajime se sintió rebasado, el podía manejar un grado de tolerancia hacia los otros y sus acciones pero esto le parecía demasiado, estaba harto, harto de todo lo que lo rodeaba así que busco refugio en el único lugar en el cual se sentía comprendido e identificado, la sala del sello.

—Detesto ir a los poblados, por que siempre termino siendo consciente de todo lo que esta sucediendo a mi alrededor, no hay sitio al que mirar sin sentir repugnancia alguna, la gente esta mas preocupada por si misma que por su propio entorno —hablaba al azar mientras se concentraba en el fino resplandor oscuro que se apreciaba entre las orillas de lo que tenia apresado la energía de esa existencia conocida como Orochi —hoy fui rebajado por un hombre que es inferior a mi en conocimiento, solo por que nació siendo alguien privilegiado, me he decepcionado de la única persona por la cual sentía cierto respeto al ver como pierde su propia dignidad ante una persona que solo lo esta utilizando —la voz de Hajime se tornaba cada vez mas fría.

—Entiendo tu sentir, tu y yo somos iguales, yo soy un dios, un ser poderoso que ha sido humillado por permanecer en esta sala como si fuera un insecto en una caja, solo por ir en contra del egoísmo de los humanos.

El sacerdote reflexiono sobre las palabras de la deidad y todo lo que había experimentado a lo largo de esos días.

—Ya se que es lo que deseo, deseo limpiar a este mundo de las personas que solo se dedican a destruir —con cada palabra el semblante del sacerdote se hacia más sombrío —yo deseo servirte, deseo darte un cuerpo apropiado para tu resurrección y que cumplas con tu cometido y así crear un nuevo pueblo, un pueblo que haga del conocimiento su guía, y de tus palabras su credo. Por que tus deseos también son los míos.

—si eso es lo que quieres, entonces así será, y hasta que yo este materializado por completo tu serás el guía para orquestar mis mandatos, tu labor será buscar a todos aquellos que formaron parte de mi alguna vez y acabar con mis enemigos; mis sombras serán tus ojos, mi sumo sacerdote.

Ese titulo le parecía apropiado, tanto que no pudo evitar esbozar una enorme y diabólica sonrisa

—¿cual es la primera encomienda? mi señor.

—divide a los tesoros…

—¿que? Lord Kusanagi estuvo aquí.

—si mi señor, vino de visita con frecuencia, pero al no encontrarlo a usted tuvo audiencias con su esposa.

A su regreso, la servidumbre informo de inmediato al señor Yasakani todos los hechos que estaban sucediendo.

—¿sabe de que hablaron?

—no señor, mi señora no me quiso decir.

—¿donde esta mi esposa ahora?

—tomando su segundo baño, ella dice que se sentía inapropiada para tomar sus lecciones si se no baña antes de estas.

El señor de la magatama estaba abrumado, quería dialogar con su mujer pero ella indico que lo recibiría hasta el termino de sus lecciones.

—estoy feliz de desistiera de la idea de apartarse Hajime-sama —sonrío la mujer mientras contemplaba la presencia del hombre dentro de sus aposentos.

—le ruego me disculpe Himemiya-dono, es solo que yo estaba confundido, ahora me doy cuenta que todo esto es quizás parte del destino —dijo enredando con delicadeza el cabello de la dama entre sus largo y delgados dedos —yo vine aquí para enseñarle, y estoy dispuesto a hacerlo —se acerco al oido de esta —voy a enseñarle absolutamente todo…o al menos eso deseo, pues seria una lastima que su señor sospechara.

—no lo hará, ¿c-cierto? —comento insegura

—si usted estuviera mas cerca de su señor, entonces, el no tendría duda

—pero no deseo que vuelva a tocarme

—eso es inevitable, algunos día tendrás que permitirlo o el se cansara y te regresara a tu aldea, donde no podremos vernos nunca mas —se dirigió de manera informal.

—¡no! ¡Eso no!

—entonces, no te mataría dirigirle el saludo o una leve sonrisa para comenzar, dime, ¿que sucederá si en algún momento quedas en cinta? —arrojo la pregunta el sacerdote —no podrás justificar que le pertenece a él y aun si lo lograras el niño crecerá seguramente con un espejo de Yata en su interior y no con las llamas de la magatama.

Las palabras del sacerdote la dejaron pensativa a la esposa de Yasakani mientras el otro trataba de confundirla con sus caricias.

Los días pasaron y las visitas continuaron a la dama que siempre estaba dispuesta a recibir al sacerdote, fue sencillo para él envolverla en su red, con una caricia o un susurro provocaba que ella accediera absolutamente a todo. Pronto ella siguió los consejos de su amante y haciendo un enorme esfuerzo comenzó a proporcionarle mas cariño y contacto a su esposo, pues para Himemiya era un sacrificio que valía la pena con tal de no ser separada de su verdadero amor.

—Veo que estas mas contento ahora —dijo Kusanagi a su amigo en uno de sus tantos encuentros para medir sus fuerzas.

—Finalmente he podido ganar el corazón de mi esposa —respondió con una sonrisa —incluso ella dijo que seria bueno que buscaramos procrear un heredero pronto.

—me alegra mucho por ti, finalmente Himemiya reflexiono las cosas.

—¿a que te refieres?

—¡Eh!, no, no es nada —El señor de Kusanagi había hablado de más y solo pudo rogar por que su amigo no hiciera mas preguntas.

Durante la madrugada de esa noche la gran sacerdotisa solicito una reunión de emergencia con los otros líderes, a puerta cerrada y con solo aquellos a quienes más confianza tenían, comenzaron a discutir la visión de la líder del clan Yata.

—Yo también tuve ese sueño —comento Yasakani

—¡es imposible! —dijo Kusanagi —lo que describen… es exactamente lo que se dibujo en mi mente.

—No Kusanagi-dono, no es imposible, los Dioses nos han hablado y nos han entregado una revelación, ellos no nos han abandonado después de todo. Pero debemos tener cuidado, lo mejor será mantener este suceso solo entre nosotros hasta que aquel espíritu se manifieste.

En cuanto pudo el sacerdote Hajime comunico todo lo que habían hablado los tres líderes a su deidad de la tierra, el mensaje de los dioses del cielo los cuales estaban seguros de que un día Orochi podría volver a tener una forma física.

—Por fortuna la gran sacerdotisa dio los detalles de las señas que identificaran a aquel espíritu entre nosotros, vivirá en el interior de un infante que tenga la sangre de los tres clanes y por lo tanto albergara los tres tesoros.

—Debemos estar atentos —respondió la voz

—Para acabar con el antes de que crezca

—No, si lo matamos el espíritu simplemente renacerá en el futuro, en otro cuerpo, lo ideal seria mantenerlo con vida hasta saber como deshacernos correctamente de él.

—Mi señor, ¿no cree que seria un desperdicio?, una criatura con las tres reliquias puede ser útil de alguna manera.

—¿que es lo que sugieres? —lo cuestiono Orochi.

—Yo le prometí a mi señor que le daría un cuerpo apropiado para renacer, y seria una ventaja que pudiese renacer en un cuerpo que posea las reliquias, así usted no podría volver a ser sellado.

Bajo el manto de la oscuridad el sacerdote Hajime paso el resto de las horas armando e idealizando su cometido, con la intención de estar por delante de sus adversarios.

—Entonces, ¿es verdad? ¡Mi Himemiya esta embarazada!

—así es señor —afirmo el sacerdote de Yata —en el vientre de su señora reposa su futuro heredero.

El semblante de Lord Yasakani no cabia de felicidad.

—¡Esto hay que celebrarlo! ¡Organizare un banquete, inviten a nuestros aliados! ¡Hajime-sama por favor interceda ante la suma sacerdotisa para que bendiga a mi esposa!

Y no se hizo esperar, a solo dos días de dar las ordenes, por primera vez las tierras de los Yasakani se llenaron de jubilo para celebrar el nacimiento del futuro heredero, pero a pesar de todo la señora no estaba complacida y lo reflejaba en su rostro. El vivir una doble vida y la manipulación del sacerdote Hajime la había sometido a un gran estrés, la antes resplandeciente Himemiya ahora solo era un manojo de angustia que su esposo no podía notar pues estaba demasiado feliz para eso, así que aprovechando que el estaba charlando con otros se aparto para regresar a sus aposentos.

—Himemiya-dono — la alcanzo el señor Kusanagi —¿se encuentra bien?

—si, es solo que estoy algo cansada.

—comprendo, entonces no le robare mucho tiempo, solo quiero agradecerle por haber considerado las cosas y entrado en razón para mantenerse al lado de Lord Yasakani, estoy seguro que él la hará feliz.

Al escucharlo ella sintió que todo le daba vueltas —si tan solo supiera que era a la persona que ella más despreciaba y que solo estaba haciendo eso para mantener la relación con el sacerdote. Abrumada, la mujer de Yasakani comenzó a sentirse débil.

—¿donde esta Himemiya? —pregunto su esposo que ya se había percatado de su ausencia.

—ella estaba justo aquí señor, al lado de Lord Kusanagi… —dijo Hajime —oh, el tampoco esta aquí —añadió en un tono pernicioso.

De inmediato el señor de la magatama fue en busca de su esposa, pero lo único con lo que se topo, fue a su amigo salir de la habitación de su consorte, no podía creerlo cuando lo vio.

—Yasakani, que bueno que estas aquí, Himemiya se sintió débil y no tuve más remedio que llevarla a sus aposentos —El otro estaba mudo —¿me estas escuchando?

—s, si, enviare a Hajime-sama a que la revise.

—su esposa esta bien, solo es fatiga señor, lo prudente seria que estuviera bajo cuidados especiales hasta el alumbramiento —comento el sacerdote una vez que reviso a la señora

—Hajime-sama, ¿podría permanecer en mi mansión hasta ese entonces?, es usted al único a quien puedo confiar los cuidados de salud de mi mujer —reverencio el otro con la petición.

—En realidad, me alivia que usted lo pida señor, ya que desde hace un tiempo había estado preocupado por lo que estaba sucediendo.

—¿de que hablas?

—n, no, no es nada señor, era algo que pensé hace un tiempo; pero solo fue una jugarreta de mi imaginación.

—¡aguarda! ¡si es sobre Himemiya debo saberlo!

—bueno, unos meses atrás la señora recibía visitas constantes de Lord Kusanagi y comencé a temer lo peor, es por eso que esperaba mantenerme al lado de la señora para protegerla y cuidarla en sus ausencias, sin embargo no tenia idea de como mencionarlo a usted ya que Lord Kusanagi es su amigo entrañable, por fortuna al parecer todo fue un mal entendido de mi parte, me avergüenzo de mis pensamientos impropios —se inclino hasta el piso.

—Kusanagi… —murmuro el otro —Hajime-sama —por favor, no se aparte de lado de mi esposa hasta que de a luz se lo suplico.

El resto de los meses Yasakani se distancio de sus aliados y nadie vio salir a la señora Himemiya, se corrio el rumor de que su embarazo había sido delicado y por eso no podía recibir visitas ni aparecer en publico; fue así hasta que el heredero nació, un varón sano y fuerte. Sin embargo, tal y como lo predijo el sacerdote, el niño no era Yasakani, pues en su interior se alojaba un espejo de Yata.

—No se como decirle esto señor —dijo Hajime quien había estado a cargo de examinar al pequeño.

—¡solo habla de una vez! —exigió Yasakani quien ya tenia un semblante frio para ese entonces.

—la reliquia del joven heredero…

—¿es una magatama?

Con una excelente actuación el sacerdote bajo la cabeza y la sacudió en negación

—la reliquia del pequeño, es una espada de Kusanagi.

El señor de las tierras mas prosperas no dijo nada por un momento y solo se dio la media vuelta.

—Creí, creí que ella había cambiado, creí que me amaba, incluso dejo que la tocara —dijo el hombre llevándose las manos a la cabeza —todo fue un engaño, un engaño para que yo pensara que era mi hijo… —la voz del Lord se quebró por un instante —¡ella nunca iba a amarme! ¿verdad Hajime-sama? —El otro suspiro respondiendo con su silencio —¡¿que fue lo que hice mal?! ¡¿A caso no era suficiente para ella?! ¡¿Que me falto darle?! —se soltó en un llanto de ira —¡si me hubiera pedido mi vida se la hubiera dado!

Mientras el pobre y traicionado hombre desahogaba su dolor el sacerdote por dentro solo sentía repulsión al ver como se humillaba con sus lagrimas.

—Yasakani-dono le juro que mantendré silencio ante lo que usted decida hacer, lo respeto demasiado como para exponer esta situación, incluso silenciare ante la suma sacerdotisa —continuo actuando —un escándalo de esta magnitud podría poner en riesgo su actual posición.

—si… es verdad, no puedo permitir que esto se sepa, así que, enviare a Himemiya y al bebé fuera de la región... ¡no! la enviare a una de las islas que colinda con nuestras tierras, ese será su castigo, ¡si ella no pudo amarme por las buenas! ¡Me tendrá que suplicar para que pueda sostener a su hijo!

—no me involucrare en el destino de la señora, pero señor, el bebé no posee culpa alguna…

—¡esa criatura no es mía!

—entonces, permítame llevar al infante a un lugar donde tenga una vida decente y que este lejos, si acepta los dioses sabrán que es usted indulgente y le otorgaran felicidad en su siguiente vida.

—haz lo que quieras —dijo el abatido hombre —pero en cuanto Himemiya se reponga del parto, la quiero fuera de aquí.

Cuando la señora de Yasakani recibió la orden de dejar aquel lugar su desesperación la llevo a buscar refugio en su amante, citándolo cerca de las tierras de los Kusanagi que estaban en el medio.

—¡Hajime-sama! ¡Es terrible! ¡Mi señor sospecha que tengo una aventura y quiere enviarme a las tierras que están del otro lado del océano y me mantendrá en la miseria! ¡Debemos huir Hajime-sama! ¡Vámonos lejos donde ese hombre no pueda encontrarnos, donde podamos ser felices! —se aferro a su pecho.

—¿y por que haría algo tan estupido como eso? —pronuncio con una voz serena y fria.

—¡¿que dices?! ¡¿A caso no me amas?!

—¿amor?, ¿te refieres a esa palabra que las personas utilizan para justificar sus actos de bajeza y falta de buen juicio?… no, el amor no existe, solo la atracción y en este caso ni siquiera eso hay entre nosotros— rió —bueno, al menos por mi parte.

—¡¿como puedes decir eso después de que me tomaste tantas veces?!

—te tome, por que tu prácticamente me rogaste que lo hiciera, incluso cumpliste con mis requisitos para hacerlo, estabas tan desesperada.

—¡monstruo! ¡Le dire a mi señor lo que haz hecho!

—¿ahora es tu señor?, vaya, estoy agotado de que te hagas la víctima, sabes, nunca he sentido agrado por las personas, pero las que son como tu son incluso las mas despreciables; andando por ahí con una expresión de encanto para que todos sientan lastima por ti. Haz traicionado a un hombre que era capaz de tirarse al piso por ti, que te saco de tu chiquero donde seguramente morirías de hambre o terminarías como una prostituta; te hizo su reina, te lleno de obsequios, se desvivió por ti y tu no podías ni regalarle una sonrisa honesta, si tanto lo despreciabas pudiste haberte ido sola, estoy seguro que el no hubiera movido ni un dedo encontrar de ti ni te hubiera desamparado, pero en el fondo te gustaba, te gustaba ser adorada por él y por toda la gente, tener la atención. Te gustaba tratarlo como a un perro al que podías humillar… Traicionaste al hombre que te adoraba solo por mi aspecto y mis tratos, e incluso eres capaz de abandonar a tu hijo por un hombre—sonrío maquiavélicamente —hermosa por fuera, pero podrida por dentro ¿como puedes vivir contigo misma?

—¡eres un desgraciado! ¡Le dire la verdad a todos! ¡te llevare conmigo hasta el infierno! —se dio la media vuelta

—¿crees que eres tan lista?, para comenzar, el infierno es algo que no tocare, soy un sacerdote y el más respetado después de la gran sacerdotisa, tengo la confianza de Lord Yasakani y tu eres la mujer que parió al hijo de otro hombre, ¿a quien le creerán mas? —la amenazo mientras la sujetaba con fuerza.

—¡suéltame!

—eso no será posible, me haz sido de utilidad hasta ahora, pero en este preciso momento me servirás más muerta que viva —sonrío perversamente.

—¡¿que huyo?! — exclamo Yasakani

—¡si mi señor! ¡Himemiya-dono abandono la mansión hace unas horas!

—¡busquen por todas partes! ¡No me importa si tienen que buscar debajo de cada piedra!

Fue así como durante horas y sin descanso los vasallos de las tierras de Yasakani buscaron a la mujer, hasta que finalmente la encontraron.

El cuerpo sin vida de Himemiya fue hallado en los limites de las tierras de Kusanagi; y al enterarse su esposo perdió la razón, pues en el fondo aun la amaba a pesar de su traición. Cegado por el dolor y la ira, busco al primer culpable que se le cruzo en su envenenada cabeza, a quien alguna vez considero su amigo. Yasakani sabia que sus fuerzas eran iguales, así que tomo la decisión de equilibrar la balanza a su favor, el guardián de la reliquia de la magatama irrumpió en las tierras de Yata para así hacerse de el único poder que sabia que podría darle la ventaja contra Kusanagi o al menos eso creía…

—Así que un pacto con Orochi… es lamentable que Lord Yasakani terminara por romper su amistad y ahora haya corrompido su sangre de esa manera —dijo el sacerdote Hajime ante la gran sacerdotisa varios meses después.

—El también termino de romper la alianza con nosotros, cree que solo estamos de parte de los Kusanagi cuando en realidad lo único que queremos es ayudarlo.

—Me apena no haber estado a su lado gran sacerdotisa.

—Esta bien, tu tenias otra tarea en ese momento, gracias a ti el único hijo de Yasakani que no posee la sangre de Orochi esta a salvo en el antiguo reino de Wei.

—así es mi señora, pero me temo que mi retorno es solo para despedirme, he decidido regresar a Wei para educar a ese niño y tal vez en el futuro se convierta en un gran sacerdote ya que yo no contraje nupcias dedicare mi vida a esa criatura.

—Comprendo Hajime-sama, agradezco tus servicios todos estos años.

—No tiene nada que agradecer mi señora, por cierto, quiero entregarle esto, es la redacción final de los hechos sucedidos siglos atrás

—Lo había olvidado, es una pena que ahora sea inútil ya que la alianza se ha terminado, me pregunto si algún día podremos contemplar a las tres reliquias juntas de nuevo.

—No hay que perder la esperanza mi señora, ahora si me permite dejare el pergamino en la sala del sello, junto a la profecía del guerrero sagrado.

El sacerdote llego una vez mas hasta la presencia de su dios y ahí le compartió sus siguientes planes.

—Viviré temporalmente del otro lado del mar, me ocupare de adoctrinar a aquel niño que lleva mi sangre y más tarde gracias a las enseñanzas de Hizoku podré transferir mi conciencia a él y continuar cumpliendo con mi tarea de servirle, señor; es por eso que probablemente no volvamos a vernos por algún tiempo.

—no será así, recuerda que mis ojos estarán contigo siempre, y podrás escucharme cada que desees.

—eso me llena de dicha mi señor Orochi.

El sacerdote hizo una ultima parada, en las tierras de Yasakani, donde sorpresivamente el señor lo recibió.

—Lord Yasakani, he venido a mostrar mis respetos ante usted, jamas olvidare el tiempo que estuve a sus servicios y es por eso mismo que he decidido apartarme de mi clan, no puedo soportar lo que han hecho, va en contra de mis principios, así que seré sacerdote misionero en Wei —Mintió.

La mansión del señor de la magatama había tenido un cambio drástico no solo en como lucia, si no también en el ambiente que se percibía, era la presencia de la oscuridad. Algo que Hajime considero muy agradable.

—algún día haré que paguen por todo —murmuro el sombrío líder de los Yasakani — y si el tiempo se acaba para mi, mis hijos seguirán con mi cometido.

—¿hijos?

—¿no te lo dije Hajime?— mis ocho concubinas están en cinta.

—felicidades Yasakani-dono, le deseo la mejor de las fortunas —hizo una reverencia mientras contenía su perversa sonrisa —se que nuestro dios le concederá la dicha que tanto merece.

—¿nuestro dios?

El otro no le respondió al Lord solo siguió sonriendo hasta cruzar la puerta y desaparecer de su vista para siempre.

Mientras el sacerdote avanzaba para regresar hasta las hoy conocidas tierras de China las sombras que se formaban de los arboles comenzaron a desprenderse de estos y fueron tras el, arrastrándose como si fueran serpientes. Al alcanzarlo, las sombras de Orochi lo envolvieron con su oscuridad, abrazando su ya corrompida reliquia del espejo.