Eran las cinco de la madrugada cuando llegaron a casa. No habían tenido intención de quedarse hasta tan tarde, pero cada vez que intentaban marcharse había alguien que les obligaba a quedarse un ratito más, ya fuera proponiendo un nuevo brindis, un nuevo baile si era con Stiles o, en el caso de Derek, con la simple mención de "que clase de Alfa se marcha antes que sus Betas de su propia boda".
Y aunque entonces a Derek le pareció de vida o muerte el demostrarle a sus Betas que estaba por encima de ellos, ahora que por fin estaban solos (el sheriff había aceptado quedarse con Sara para que tuvieran una noche de bodas "tranquila") pensó que había ocasiones en las que no pasaba nada si se mostraba menos Alfa. Especialmente cuando lo importante era que le quedara claro a cierta persona que cuando quería podía ser el mejor del mundo.
Mientras aparcaba observó a esa persona en concreto con disimulo. Pese a lo cansado que se le veía, su marido todavía llevaba esa perenne sonrisa de felicidad. No era para menos: entre el alcohol, el día lleno de emociones y las horas que eran, lo raro es que no se hubiera quedado dormido en el coche.
- ¿Quieres que cumpla con la tradición? –preguntó nada más entrar en el edificio. Ante la extrañeza de Stiles, se explicó mejor-. Llevarte en brazos.
- ¿Harías eso? –Abrió los ojos de par en par-. No te imaginaba tan cliché.
- Un día es un día –comentó, cogiéndole ya en brazos.
- Espera. ¿Vas a llevarme en brazos en el ascensor?
- Por supuesto que no –replicó, indignado, tras lo que comenzó a subir las escaleras.
- ¿En serio vas a subir los cuatro pisos cargando conmigo?
- No se me ocurre mejor manera de demostrarte que sigo siendo el Alfa.
- Cariño –Le dio un par de palmaditas en la cara. Un gesto que era tan de cariño como de burla-. Ya sabes que para mí siempre serás mi macho Alfa. Da igual que haya conseguido que sientes la cabeza.
- Eso espero. Pero por si acaso…
En lugar de terminar la frase puso una rodilla en el escalón, no esperando siquiera a llegar al rellano del primer tramo, y tumbó a Stiles en las escaleras.
- ¿Qué haces?
- Creo que es buen momento para estrenar el regalo de Erica –comentó sacando la bolsita de plástico de su chaqueta.
- ¿Aquí? –Miró a su alrededor para asegurarse de que no se había equivocado. Sí, seguían en las escaleras-. Ya sé que la tradición es hacerlo en todas las habitaciones, pero creo recordar que eso ya lo hicimos a conciencia cuando me vine a vivir contigo.
- Exacto. Y por eso hay que tachar de la lista lo que queda –dijo, desabrochando ya el cinturón de Stiles- ¿O has olvidado que somos propietarios de todo el edificio?
La sorpresa de Stilinski duró los pocos segundos que Derek necesitó para quitarle el cinturón, desabrochar el botón y bajarle la cremallera del pantalón.
- ¿Me estás diciendo que…?
- No te lo estoy diciendo –susurró en su oído al tiempo que metía la mano en sus calzoncillos y agarraba su erección-. Lo estoy haciendo.
- Joder… -gimió, cerrando los ojos para sentir mejor sus habilidosos dedos- Cuando creía que ya no te podía querer más.
A partir de ese instante Stiles perdió toda coherencia, así como el sentido de la discreción. Cuando Derek terminó de bajarle los pantalones y calzoncillos y procedió a devorar su carne bien dura y dispuesta, en un principio trató de acallar sus gemidos mordiéndose el labio. Pero entonces recordó que Sara no estaba con ellos, por lo que no había riesgo de despertarla, y que ni siquiera tenían otros vecinos a los que molestar. Dicho en otras palabras, que podía gritar lo que quisiera.
Y eso fue justo lo que hizo, sin contenerse tampoco a la hora de agarrar el pelo de Derek y obligarle a que se tragara su erección, acompañando el gesto con peticiones de lo más sutiles, tipo "cométela, es toda para ti".
No podía evitarlo. Desde los primeros meses del embarazo que no había estado tan cachondo. La combinación de haberse casado con Derek Hale, que antes de eso hacía 24 horas que no se veían, y que desde el momento en que le vio tan jodidamente sexy, siendo la envidia de todos los presentes, había estado deseando tener un rato a solas con él sin conseguirlo; había logrado que su libido subiera por las nubes. Y ahora que por fin estaba dando rienda suelta a tanta tensión sexual no resuelta, no pensaba contenerse ni mucho menos.
Todo ello hizo que en cuestión de segundos estuviera a punto de tener el orgasmo. Consiguió apartar a Derek a tiempo, no queriendo que todo terminara tan pronto. Y no tuvo más que mirarle con desesperación para que el hombre lobo supiera perfectamente lo que quería… Lo que necesitaba.
Derek sacó entonces el bote de lubricante de la bolsa y observó la etiqueta. Con sabor a mango. Ya lo saborearían en otra ocasión, decidió echando un poco en sus dedos. Ahora lo que necesitaba era tomar posesión de lo que ya era legalmente suyo.
No necesitó ir con excesivo cuidado a la hora de abrir a su compañero, dado lo excitado que estaba. Y tampoco le preocupó demasiado que estuviera tirado en las escaleras cuando separó sus piernas y se enterró en él de una sola embestida. El gemido de absoluto placer que soltó Stiles fue similar al que salió de su boca cuando tocó fondo, y eso fue todo lo que necesitó para saber que no necesitaba contenerse. Menos aun cuando su marido se agarró a sus hombros, desesperado por tenerle aún más dentro, y sus gemidos se convirtieron en auténticos gritos de éxtasis.
Así que Derek le respondió como mejor podía: follándole sin descanso y tragándose cada uno de sus jadeos. Y cada vez que el cuerpo de Stiles temblaba de esa manera que conocía tan bien y que significaba que estaba a punto de llegar al clímax, salía de él para impedirle tener el orgasmo, deseando que durara todo lo posible. Entonces silenciaba sus protestas a base de besos que más parecían mordiscos hasta que Stiles se dejaba llevar por el roce de sus labios y todo volvía a empezar: entraba en su cálido cuerpo, esta vez más lentamente, y poco a poco aumentaba la velocidad de sus caderas y el volumen de sus gemidos. Consiguió hacer eso dos veces, pero a la tercera Stiles clavó los talones en su culo, obligándole a quedarse donde estaba, y entonces le miró con tal deseó, sus pupilas completamente dilatadas y gimiendo un "más" con voz tan ronca, que consiguió que Derek se empalmara aún más de lo que ya lo estaba.
El Alfa no pudo por menos que obedecer y siguió penetrándole como si no llevara ya un buen rato así, apurando la puntería para que cada mísera embestida diera de lleno en su próstata. Todo ello sirvió para que el tan esperado orgasmo, cuando por fin llegó, durara más de lo que jamás había visto, hasta el punto de que Derek no tuvo claro si había sido uno increíblemente largo o es que aún no estaba terminando de cabalgar el primero cuando Stiles ya estaba entrando en el segundo por la puerta grande. Fuera como fuese, Derek quiso acompañarle en ese momento de máximo placer.
En un último segundo de coherencia levantó a Stiles del suelo, sentándole en su regazo para que no siguiera clavándose los peldaños, de tal modo que cuando alcanzó el orgasmo no tuvo más que moverse un milímetro para besar sus labios y llenaba su deliciosa boca de gemidos, en el mismo instante en que vertía su semen en ese cuerpo igual de ansioso por ser llenado.
No tuvo muy claro cuánto tiempo estuvieron tirados en las escaleras y medio desnudos. Fuera el que fuese a Stiles no parecía importarle, pues no se quejó ni del frío ni de lo incómodo de la postura. Supuso que se habría quedado dormido, por lo que no le quedó otra que llevarle en brazos una vez hubo recuperado el control de sus piernas.
Sin embargo, cuando llegó al segundo piso, llevando los pantalones y zapatos de Stiles en la mano, éste dejó claro que no se había quedado dormido ni mucho menos:
- ¿A qué esperas? –murmuró, abriendo los ojos.
- ¿Cómo?
- Estamos en el segundo piso –Alzó una ceja al más puro estilo Hale- También habrá que estrenarlo.
- ¿En serio? –La respuesta de Stiles consistió en subir un poco más la otra ceja-. Joder, cómo te quiero.
Y así fue como los recién casados estrenaron a conciencia, aunque fuera con años de retraso, cada rincón del edificio. Si en el primer piso lo hicieron directamente en las escaleras, en el segundo Derek se apiadó de la espalda de Stiles y le colocó a cuatro patas en el rellano, al menos teniendo la decencia de poner la chaqueta en el suelo para que sus rodillas no sufrieran tanto. Y en el tercero, tras recuperar el resuello y optar por un ligero cambio de escenario, lo hicieron dentro del ascensor con Stiles encaramado a Derek y siendo aplastado contra las rejas con cada embestida que daba. Pero tampoco es que tuviera en funcionamiento las neuronas suficientes como para protestar, y ni mucho menos iba a quejarse cuando su maridito acababa de darle otro explosivo orgasmo. Especialmente cuando antes el hombre lobo había tenido a bien el terminar de desabrocharse la camisa, por lo que mientras se corría Stiles pudo tocar y besar a conciencia su espectacular torso.
Al llegar al cuarto piso, dos horas después de haber empezado a subir las escaleras, Derek tiró de nostalgia y le levantó en vilo, empotrándole contra la puerta corredera en una postura muy similar a la que protagonizaron cuando acababan de conocerse. Salvo que esta vez toda esa tensión sexual fue definitivamente resuelta, además de haber bastantes menos amenazas.
- Esto es justo lo que quise hacer aquel día en tu cuarto –susurró en el oído de Stiles nada más entrar en él pero todavía sin moverse, disfrutando del agradable calor que le proporcionaba su cuerpo.
- ¿Sí, eh? –rio Stiles. Y luego gimió cuando Derek besó su cuello-. Te aseguro que nuestra relación habría mejorado considerablemente si lo hubieras hecho.
- No creo que puedas quejarte mucho de cómo están las cosas ahora –apuntó, moviéndose lo justo para que su miembro se clavara un poco más.
- Es verd… aah… –jadeó, dejándose llevar por el ligero vaivén de las caderas que Derek ya había iniciado-. Pero piensa en la cantidad de polvos que podríamoshaber tenido... –Tuvo que cerrar los ojos y tragar para concentrarse en lo que estaba diciendo, en lugar de en la polla que tan bien le estaba llenando.
Era en momentos como aquel que Stiles se arrepentía de ser incapaz de callarse, pues la verdad es que podía dejar la conversación para luego-… Y dado cómo estaban las cosas por aquel entonces, con kanimas y manadas de Alfas, estarás conmigo en que el sexo habría ayudado mucho a relajar tanta tensión…
- El problema… –Derek le lamió el lóbulo de la oreja-, es que había demasiada tensión en esos momentos… Al menos por mi parte.
- ¿En serio? –la risita se transformó en un gemido roto cuando rozó su próstata. Otra vez-. Pues dis… disimulaste muy bien.
- ¿Por qué crees que cogí el libro más grande que tenías en tu cuarto? –sonrió, rememorando aquella tarde-. Era la única manera de que no vieras lo empalmado que estaba.
Stiles se habría regodeado un poquito más en el hecho de que le tuvo en el bote desde el mismo instante en que se conocieron. Pero hubo dos cosas que se lo impidieron. Uno: que él no fue consciente en su día de esa atracción que despertaba en el sexy hombre lobo, lo que era bastante triste. Y dos: que ahora mismo, a diferencia de aquel entonces, el hombre lobo estaba haciendo mucho más que mojarse las ganas de follarle.
Así que en lugar de obligarle a admitir que estaba loquito por sus huesos, lo que ya era evidente por lo que estaban haciendo, optó por besarle de tal manera que casi le rompe los dientes. Entonces le miró fijamente, apoyándose en sus hombros para responder a las penetraciones como mejor podía, y gimió un "más fuerte" que Derek no pudo sino obedecer.
Quince minutos más tarde entraban en el loft pareciendo dos soldados que volvían del frente de batalla: con la respiración jadeante, apoyándose el uno en el otro para mantenerse en pie y con la ropa echa un burruño. Al tirar los pantalones al suelo Derek se dio cuenta de varias cosas: que no tenían toda la ropa con ellos, pues al menos faltaba un calcetín de Stiles y no encontraba sus calzoncillos por ningún lado; y que cuando llevaran los trajes a la tintorería iban a resultar muy difícil de explicar ciertas manchas.
Stiles sugirió que se olvidaran de eso por ahora. Le besó con modorra antes de darle una juguetona palmada en el culo y le guiñó el ojo de un modo aún más juguetón, entrando en el baño.
Cinco minutos después los dos estaban en la ducha, imposiblemente pegados pero sin haber iniciado nada más, tan solo enjabonándose el uno al otro. Y no es que el lugar fuera excesivamente reducido como para no intentarlo siquiera (de hecho, ya lo habían hecho allí unas cuantas veces), pero ya habían tenido bastantes acrobacias por una noche, por lo que no pasaba nada si ahora se limitaban a disfrutar de ese momento más relajado después de tanto gasto de energía.
Stiles estaba terminando de enjabonar el pecho de Derek mientras que el hombre lobo hacía lo propio con su culo (cada uno tenía sus prioridades) cuando el Alfa cayó en la cuenta de un detalle que, visto lo visto, ahora se le antojaba crucial.
- ¿Qué pasa? –preguntó Stiles al ver el alzamiento de cejas.
- No hemos usado preservativo.
- No, ¿en serio? –rio-. Ahora entiendo por qué tengo el culo así.
- ¿No te preocupa?
- ¿Por qué debería hacerlo?
- ¿Porque ya te quedaste embarazado una vez?
- Oh… No… No había pensado en eso –Derek se separó un poco, mirándole preocupado-. No pasa nada. Yo también podría haberlo pensado –trató de animarle. Pero cuando la expresión taciturna del hombre lobo se acentuó, fue él quien empezó a preocuparse-. ¿Qué pasa? ¿Crees que puedo volver a quedarme embarazado?
- No lo sé. Cuando pensaba que todo había ocurrido por decisión de las Fuerzas Sobrenaturales para mantener el equilibrio, habría dicho que no puede volver a pasar. Ahora todo está en su justa balanza…
- Pero en realidad fue Peter quien intercedió –terminó Stiles por él y Derek asintió-. Aun así, fue un intercambio. Su mitad de lobo por un nuevo lobo. Todo está igual.
- Salvo que Peter va a volver a ser un hombre lobo, porque esas mismas Fuerzas nos han dado su consentimiento.
La nueva información hizo que Stiles palideciera.
- ¿Me estás diciendo que les hemos caído en gracia a las Fuerzas Sobrenaturales y que ahora tenemos carta blanca para dar a luz a todos los hombres lobo que queramos de este mundo?
- No lo sé.
- Joder… -se puso aún más pálido-. Mi madre se quedó embarazada en su noche de bodas. Y sólo lo hicieron una vez –Señaló las zonas de su cuerpo donde aún eran bien visibles las marcas de los dedos de Derek-. Con lo que acabamos de hacer podría tener ahora mismo a toda una camada creciendo dentro de mí.
- Lo siento –murmuró, bajando la vista al suelo-. Tendría que haber sido más responsable.
Stiles observó al hombre lobo con extrañeza. Después de haberle tenido dentro de él las últimas dos horas, la distancia que ahora estaba manteniendo Derek resultaba abismal.
- ¿Por qué pones esa cara? –le preguntó. Y en ese mismo instante encontró la respuesta-. Espera, ¿crees que si estuviera embarazado no querría tener al bebé?
- La otra vez no te hizo mucha gracia al principio.
- Nooo… –replicó-. Porque acababa de enterarme que los hombres se podían quedar embarazados. Y que yo iba a dar a luz… Ahora ya he vivido todo ese proceso. Y salvo la parte del bisturí durante la cesárea no fue tan malo –Derek alzó una ceja, obligándole a rectificar-. Vaaaale. Tal vez hubo algunos momentos delicados. Pero ya te lo dije, no me arrepiento de nada de lo que he hecho en mi vida –Pasó ambos brazos por su cuello, quedándose imposiblemente pegado a él-. Ni respecto a ti ni en cuanto a nuestra hija.
Recordar los votos compartidos en ese preciso instante consiguió que el beso que le dio a su marido fuera de lo más efusivo.
- ¿Significa eso que vamos a ser padres otra vez? –preguntó, ilusionado, comenzando con la tarea del aclarado. A este paso no saldrían jamás de la ducha.
- ¿Por qué no esperamos primero a ver qué pasa? –rio Stiles-. Por muy macho Alfa que seas, tampoco es plan de tratar a tu polla como la infalible creadora de bebés.
Su marido le miró de mala manera, sorprendido porque describiera de ese modo tan burdo lo mismo que hacía cinco minutos había hecho que le suplicara que le follara hasta dejarle inconsciente. Pero en ese sentido el culo de Stiles, tan prieto y perfecto, también había contribuido a mejorar la experiencia, así que le recompensó transformando el ceño fruncido en una de esas sonrisas picaronas que sabía le volvían loco.
- Todo es cuestión de repetir hasta conseguirlo.
- Ya… –Terminó de retirar los restos de jabón de su pecho-. Para eso siento decirte que primero tendría que recuperar el control de mis piernas. Y con lo que me has hecho eso no va a pasar hasta dentro de una semana.
- ¿Me estás diciendo que no quieres hacerlo en la cama?
- Si por hacerlo te refieres a dormir, por supuesto que quiero. Aunque... –su relato se vio interrumpido, apartando incluso la mirada.
- ¿Qué pasa?
- Pues que estaba pensando en otra cosa que podíamos hacer –se mojó los labios, dudando.
- ¿Me va a doler? –bromeó-. Porque con la cara que tienes…
- Depende de lo que definas por "doler".
Derek colocó dos dedos bajo la barbilla de Stiles, obligándole a alzar el rostro.
- Suéltalo antes de que me preocupes más.
- ¿Te importaría que fuéramos a por Sara? –susurró-. Sé que le dije a mi padre que no daríamos señales de vida hasta mañana por la tarde como pronto pero…
- Yo también la echo de menos –terminó por él.
- ¿En serio?
- También soy su padre –fue toda la explicación que necesitó-. Sé que en mi caso sólo contribuí colocando la semilla pero…
- Oh, por Dios –Dejó los ojos en blanco, cerrando el grifo-. Hazme un favor y no vuelvas a hacer bromas de semillitas y abejas. No tienen ninguna gracia.
Derek comenzó a secarse, pensando para sí que su sentido del humor jamás sería comprendido.
- Entonces, ¿qué? ¿Vamos a por nuestra hija?
Quince minutos más tarde, cuando acababan de dar las 8 de la mañana, ya habían aparcado frente a la residencia Stilinski. Stiles no había llamado a su padre para decirle que iban, queriendo darle una sorpresa, pero al final él fue el sorprendido cuando, antes de haber llamado al timbre, la puerta principal se abrió. Al otro lado les esperaba el sheriff con Sara Hale en sus brazos, tomando el biberón.
- Me preguntaba cuándo apareceríais –fue el saludo del hombre nada más dejarles entrar.
- ¿Cómo sabías que íbamos a venir?
- Hmmm, no sé, ¿porque te conozco como si fuera tu padre?
Derek dejó a su marido hablando con su suegro, más preocupado por coger a Sara y terminar de darle el biberón. A su hija no le molestó mucho el cambio de manos, pues en ningún momento dejó de comer, pero cuando se dio cuenta de que era su padre sus ojos se abrieron un poquito más.
- Hola, mi vida. ¿Nos has echado de menos? –Le besó la cabeza-. Porque nosotros sí.
- No seas tan exagerado –le reprochó Stiles, acariciando la mejilla de Sara-. No vayas a pensar ahora que no podemos estar lejos de ti ni un minuto –le susurró a su hija.
- Entonces, ¿no os la vais a llevar en vuestra luna de miel? –preguntó el sheriff-. Sabéis que a mí no me importaría quedarme con ella…
Stiles no tuvo más que mirar a Derek, quien apretó un poco más el menudo cuerpo de su hija contra su pecho para asegurarse que no se la quitaban, para tener claro que esa no era una opción. Y al ver que a su padre se le habían formado esas arruguitas en torno a los ojos que le salían cada vez que intentaba aguantar las ganas de reír, supo que tampoco era una opción para el abuelo de la criatura.
No era para menos. En dos días estarían de camino a Nueva York, el que fue el hogar de Derek durante años y que ahora quería mostrar a su familia. No había mejor lugar para pasar una luna de miel.
- Gracias pero no, gracias –le guiñó un ojo a su padre, aun sabiendo que no se tomaba a mal el comentario-. Con lo que nos ha costado traerla al mundo y que esté con nosotros, no vamos a separarnos de ella tan fácilmente.
El sheriff Stilinski le dio unas palmaditas en la espalda, asegurando que no habría esperado otra respuesta.
Les preguntó entonces si tenían tiempo para desayunar, aprovechando que estaban todos despiertos, y que incluso podían llamar a Cora y Peter para terminarse entre todos la tarta que había sobrado del banquete.
A los dos les pareció una idea estupenda.
Jamás habrían imaginado que su primer día de casados estarían haciendo algo tan cotidiano como desayunar en familia. Pero en fin, después de haberse quedado embarazados, ya no había nada que pudiera sorprenderles… ¿No?
