Fruto de mi encierro aquí os dejo el siguiente capítulo de Gantz, que espero que os guste mucho aunque creo que va a ser el más controvertido hasta la fecha, o de los que más. En fin, un abrazo súper fuerte y mucho ánimo. ¡Hay muchas cosas que hacer aunque estemos en casa! A parte de escribir y leer fics tan buenos como este (ahí, sin modestia) podéis aprovechar para aprender algo nuevo, o para hacer alguna de esas cosas que hacía mucho que no teníais tiempo de hacer. O de estar más rato con la familia (que no siempre es fácil, claro) si es que aún vivís con ellos. En cualquier caso contad con mi afecto y apoyo, y como en Gantz, todo lo malo termina por pasar.
-Lollyfan33: Si te soy sincero cuando acabé el capítulo me fui a acostar y me daba miedo pensar en Oogie Boogie, es que de niño siempre fui muy miedoso, y por eso sé lo que sienten los pobres Darling al saber que hay un asesino suelto en la casa, jajajajaja. La verdad es que las escenas del capítulo anterior, sobre todo el ritual de Jack y Oogie y los asesinatos fueron muy crudas, pero me gusta tratar de despertar todo tipo de emociones en el lector, creo que así se disfruta más. Me ha gustado mucho tu observación de que a los miembros del equipo se les ve más organizados, es algo que quiero que vaya evolucionando, aunque no lo explicito demasiado si me gusta que se vaya notando poco a poco, así que me satisface mucho leerlo de tí.
Por otra parte veo que Cobra Burbujas y Hércules se están convirtiendo en los personajes más polémicos siguiendo la estela de Merlín y Rourke, jajajaja. No puedo decirte nada pero tus sospechas son muy buenas y generalmente tus teorías suelen ser bastante acertadas. ¡Aunque de momento si te diré que Hércules está con los buenos! En este capítulo habrá más pequeñas pistas, y una especialmente importante sobre el gran puzzle de Gantz.
Me alegro mucho de que te guste Lady Tremaine, la verdad es que siempre estoy pendiente de ella también porque tú misma me lo mencionaste en reviews anteriores, pero efectivamente es una villana genial y con más matices que Úrsula o Oogie, que son tan monstruosos que casi no tienen humanidad, si no que al igual que Rourke presenta las luces y sombras de una persona. En fin, espero que este capítulo también te guste y que tú te encuentres bien de salud, un muy fuerte abrazo y mis mejores deseos para que pases esta crisis tan dura de la mejor manera posible. Si mi fic puede hacer que pases un buen rato y estés contenta, para mí eso significa un montón.
-Dianaa34: (Respondo a tu comentario en el episodio "Correteos Navideños" ya que es el siguiente al que acabas de leer).
Bueno, que lo disfrutéis mucho y dejadme un review con vuestra opinión por fa que de verdad que es decisiva a la hora de escribir, cada vez lo está siendo más, en serio.
QUINTA MISIÓN: SACO DE BICHOS (DESENLACE)
Cuando Mary recuperó la consciencia, se dio cuenta de que estaba sumergida en una bañera, desnuda, mientras Bert la enjabonaba distraídamente, limpiándole toda la mugre que en las cloacas se le había pegado.
-Ooooooh…-Mary parpadeó varias veces, reconociendo el cisne de oro que tenía por pico el grifo de los Banks. Notó la esponja y la mano de Bert en su espalda, escurriéndola.
-¿Ya vas mejor?-preguntó el agente con su habitual y contagiosa sonrisa.
A Mary no se la iba a contagiar.
-Trabajas para ellos-dijo la mujer, mientras se cubría los pechos, avergonzada-me mentiste.
-Bueno, de salida mentiste tú-replicó Bert encogiéndose de hombros-¡Mary Poppins no es ninguna agente de policía!
Mary Poppins lo fulminó con la mirada haciendo que él se la desviase, incómodo. Ella le quitó la esponja de la mano y luego se encogió, avergonzada de su desnudez.
-Sal de aquí inmediatamente-le dijo-y no vuelvas a hablarme. Nunca.
Bert iba a replicar, pero supo que no había replica posible. Sí, ciertamente había sobrepasado todos los límites con Mary Poppins… pero es que estaba perdidamente enamorado de ella. Desde hacía días no podía dejar de pensar en ella. Era la mujer de su vida, estaba seguro de ello.
-¿Cómo está?-preguntó Cobra cuando Bert cerró la puerta del baño. El agente se encogió de hombros.
-Me odia, pero aparte de eso bien. Pero no la harás volver a enfrentarse a ese monstruo… ¿no?-preguntó, alertado. Cobra Burbujas no respondió.
-Esa decisión es de ella-dijo finalmente, cortante. Bert arqueó una ceja.
-Ya te escuchado decir eso antes, y luego haces lo que te da la gana-le espetó a Cobra. Burbujas por su parte había colocado a los señores Banks en la cama. Ellos continuaban en estado de shock.
-¿Qué les has borrado?-preguntó Bert, mirándolos intranquilo. Conocía bien a Cobra, y sabía que este no se andaba con chiquitas.
-Los recuerdos de ayer y de hoy-dijo-estarán confusos cuando se recuperen, pero nada más. Mejor que los problemas que les acarrearía a la conciencia lo sucedido hoy.
-Sabes Cobra, a veces es bueno enfrentarse a los problemas… aunque sean muy malos-dijo Bert observando los inexpresivos ojos de la señora Banks.
-Ya. Me lo vas a decir tú a mí-dijo él mirando por la ventana cruzado de brazos.
-No me has entendido… quiero decir que es bueno que los problemas fluyan en esta ciudad… porque Suburbia debe aprender a enfrentarse a ellos sin nuestra ayuda. Llegará un día en el que el D23 no pueda seguir protegiendo a esta ciudad.
Cobra no respondió. Las luces de la ciudad ya sumida en la noche se reflejaban en sus gafas de sol. Quedaban aproximadamente seis horas para que terminase el plazo de los participantes de Gantz. Tenían que terminar con aquello como fuera. Fuera como fuera, acabaría esta noche.
-No contestan…-Cobra Burbujas tecleó en su interfono, impaciente. ¿Qué les pasaba a sus agentes? Deberían estar reteniendo a Oogie en estos precisos instantes. Si las cosas habían salido mal…
-Voy a ver cómo van estos-dijo Bert distraído. En el baño se escuchó la ducha correr nuevamente. Mary Poppins seguía sintiéndose sucia después de haber visto tanta basura en las cloacas.
En la cocina, los participantes de Gantz habían atacado sin reservas el refrigerador de los Banks. Hay que tener en cuenta que llevaban casi veinticuatro horas sin comer, poco más que el té de Mary Poppins y unas barritas energéticas que Aladdín había robado. Y necesitaban reponer fuerzas como fuera, porque después de aquella brutal aventura, estaban muy cansados.
-Ñaf, siempre he odiado el pescado… sabe a… bueno, sabe mal-le dijo Aladdín a Lilo mientras atacaba el bistec que acababa de calentarse. Si la cocinera miss Brill lo hubiese visto comer de tan mala manera su muy cuidada carne, sin duda lo hubiese molido a palos. Pero tanto miss Brill como Ellen, las dos criadas de los Banks, estaban de vacaciones hasta el día siguiente, lo cuál había sido una suerte. De lo contrario, Cobra Burbujas habría tenido que borrar un par de memorias más.
-A mí no me gusta porque me recuerda a Gordito-dijo Lilo con su habitual tono etéreo.
-¿Gordito?-repitió Aladdín pasándose la lengua por los dientes para sacarse los pedazos de carne que se le quedaban entre ellos.
-Es un pez que vive en la playa donde vamos a veces de vacaciones-explicó Lilo-él… controla el tiempo.
-Ah…-Aladdín asintió fingiendo estar muy impresionado por la convicción de Lilo, con lo que la niña se quedó muy satisfecha. El moreno luego miró a Ariel, que estaba con ellos, y la guiñó un ojo. La pelirroja le sonrió, pero se dio cuenta de que se estaba ruborizando, y entonces se alejó enseguida.
-Joder…-Aladdín volvía a notar por Ariel esos sentimientos que había intentado reprimir. Apurando el vino del señor Banks, cerró los ojos un momento e intentó concentrarse en lo que le contaba Lilo. No debía pensar en ella, no…él ya tenía novia… ya tenía… pero Yasmín había desaparecido, y Ariel estaba allí y… era espléndida… joder, ¿qué le estaba pasando?
Jim por su parte estaba sentado con Bella, y contemplaba la afilada espada de Gantz mientras ella le hacía un masaje en la espalda.
-Has sido muy valiente… esos niños… podrían haber muerto…-susurró Bella preocupada.
-Yo no los salvé-replicó Jim con voz ronca.
-Pero hiciste lo que pudiste-dijo Bella, poniéndose en frente suyo-y eso es lo importante.
-Yo…-Jim se acercó a sus labios y la besó con fuerza. Necesitaba sentir esa calidez, llenarse de fuerzas y alejar el miedo y la desesperanza que aquella misión había generado en él. Joder, había visto tanta maldad. Tanta muerte…
Ariel observó desde el rellano de la puerta como Jim y Bella se besaban. El chico estiró los brazos hacia Bella y la abrazó contra él en un gesto de cariño que a la pelirroja le sentó como una cuchillada. No podía seguir viendo aquello, y sin embargo era incapaz de dejar de mirarlo. Ella sabía cómo Jim la había rondado todo ese tiempo, deseoso de besarla, deseoso de verter ese amor en ella, y le había rechazado, sumida en su propio pesar y sus problemas. Ahora él ya no la quería, no la volvería a querer nunca más. Los tiempos en que la llevaba en su tabla y la hospedaba en su casa, bajo su protección, habían terminado. Y no supo por qué, pero Ariel rompió a llorar y salió de allí a uno de los balcones de la casa, dejándose caer en él y derramando sus lágrimas sobre las plantas. La señora Banks tenía muchas plantas en el jardín que se jactaba de preservar todo el año. El secreto estaba en que todas eran de plástico.
-No no no, mi niña, no llore…-Sebastián se acercó a Ariel dando un traspiés en el balcón y le acarició el rostro con sus pinzas-vamo, tranquila… sonríeme…
-Qué rápido me has encontrado…-sollozó Ariel, forzando una leve sonrisa. Por lo menos ahora valoraba a las personas que se seguían preocupando por ella, cosa que antes no habría hecho. Su último y mortífero encuentro con Úrsula había servido por lo menos para eso.
-No te quito el ojo de ensima, llámame loco pero prefiero no haserlo-dijo Sebastián con una sonrisa-venga, tranquila… sobreviviremo… todo saldrá bien…
-No es eso es que…-Ariel se echó el cabello a un lado mientras dejaba toda la angustia y el dolor en gruesas lágrimas. No quería morir, cierto. Pero tampoco soportaba vivir así. No soportaba estar más sola-yo… aaaaaaarrrrr, soy una idiota…
-No creo que lo seas-dijo Sebastián, compasivo-solo está cresiendo..
-No puedo más, Sebastián… lo he hecho todo mal-dijo Ariel, mirando al cangrejo con los ojos enrojecidos. Él la miró muy serio, y poniendo una de sus pinzas en la barbilla de la chica la obligó a mirarlo.
-Lo único que ha hecho mal e enserrar ese corasonsito tuyo tan bello en tu interior…-dijo el cangrejo acariciándola enternecido-solo porque una ve alguien malo te hiso daño en él. Acuérdate de mamá… ella sabía lo que había en ti. Fuite su mayor regalo, hasme caso, yo la conosí bien.
-Mamá ya no está… ya no me queda nadie del mar…-susurró Ariel. Pero Sebastián la miró con una sonrisa, recordándola a su padre y sus hermanas. La decisión era suya, como siempre.
-Y también etoy yo…-dijo el cangrejo, dándola un pellizquito en la nariz-vamo… no sé que se cuese dentro pero hay que enterarse…
Todos se habían sentado en el cómodo salón de los Banks: Jim y Bella con Aladdín en un sofá. Lilo en las piernas del árabe que las movía un poco para hacerle el caballito, y Lady Tremaine en una confortable butaca de piel donde solía colocarse la señora Banks, sorbiendo lentamente de una taza de té con aire siniestro. Pumba estaba echado a un lado en la alfombra, deprimido, mientras que Hércules y Meg cuchicheaban en una esquina, de pie.
Ariel ocupó una discreta sillita cerca de la puerta, y no comentó nada con nadie.
-Cobra acaba de hablar conmigo-dijo Hércules intentando sonar tranquilo al resto de participantes de Gantz-sus agentes no contestan, lo que puede significar qué… bueno…
-Que se los ha cargado a todos-cortó Meg con dureza-tenemos que ir nosotros mismos.
-Pero… ¿qué podemos hacer? Es muy poderoso-dijo Bella asustada.
-Bueno, tú sabes hacer magia ¿no?-dijo Aladdín mirándola de reojo muy serio.
-Sí, pero…-ella miró a Jim en busca de apoyo, pero su chico no dijo nada.
-Si ni siquiera esa maga ha podido vencerlo, ella tampoco podrá hacer nada-dijo Meg-pero no se trata de eso… nosotros podemos destruirlo sin ayuda de fuera…
-La pieza es la clave-dijo Hércules sacando el bastoncito de caramelo que esta vez les había dado Gantz-siempre lo es.
Todos miraron el caramelo con los ojos muy abiertos intentando pensar en algo. Pero todas las mentes estaban en blanco.
-Si lo chupamos todos uno a uno-ironizó Meg-a lo mejor le transmitimos alguna enfermedad si se lo damos a él luego.
-Tiene que ser algo-dijo Hércules-tal vez le guste el caramelo… o sea venenoso, no lo sé.
-Nunca es tan obvio-replicó Jim secamente-siempre es más rebuscado.
Pensaba en el reloj de Garfio… ¿cómo coño habrían imaginado ellos que servía para llamar a aquel puto cocodrilo? Aladdín por su parte pensaba en el rubí de la primera misión, que había resultado ser la clave para abrir la caja fuerte de Juan y encontrar aquel extraño código. Código que buscaba Cobra Burbujas…
En ese instante Cobra entró en la habitación, seguido de Bert y Jean y Michael, que no paraban de corretear por toda la casa, emocionados por lo que estaba ocurriendo aunque no supieran muy bien el qué era.
-Jim ¿vais a pelear con ese monstruo?-le preguntó Michael al chico, que sonrió mientras dejaba que se sentase también en su regazo-¡hala, como mola tu espada!
Michael se cortó levemente la yema del dedo con el filo de la espada, y Jim se la apartó, cauteloso.
-¿Estás bien?
-Caballeros, seré franco-dijo Cobra frotándose sus manos cargadas de anillos de oro. Todos le miraron con seriedad. No terminaba de caerles bien aquel amenazante desconocido que hace solo unas horas había tratado de matarlos. Jim seguía sin entender muy bien qué le había hecho cambiar así de opinión-Oogie Boogie aumenta su poder por momentos, y mis hombres… bueno, ha terminado asesinando a todos los que no asesinasteis vosotros… así que las cosas están claras: si queremos acabar con él antes de que termine la noche, debemos ir a su escondite ahora mismo.
-¿Y el Sombrerero?-preguntó Aladdín mirando a Hércules con escaso convencimiento.
-No responde-dijo él, preocupado-me temo lo peor…
-Aquí siempre es lo peor-dijo Meg mientras daba un paso al frente y mostraba su afilada espada al grupo-bien, pues vamos. No perdamos más tiempo.
-Esperad…-dijo Jim arqueando una ceja-¿a dónde vamos?
-A la guardia del monstruo, es un desagüe de cloacas en el centro de la ciudad-dijo Cobra secamente.
-Ya, ya, eso lo he entendido-replicó Jim con impaciencia-lo que quiero decir es… ¿por qué vamos a ir allí? Es su puto escondite… si hay un sitio en el que estará bien protegido es allí.
Aladdín, Bella y Lady Tremaine asintieron dándole la razón al chico, mientras Hércules miraba a Meg y se pasaba la mano por su gruesa mandíbula, meditando una respuesta.
-El tiempo corre chico, y por lo que he entendido no os queda mucho-replicó Cobra-solo os queda pues, una opción posible.
-Una salida…-murmuró Meg.
-Ir allí y enfrentarnos a él… y que gane el mejor…-dijo Hércules.
-Me parece bien…-dijo Aladdín incorporándose y observando el holomapa de la ciudad de Suburbia que les mostraba Cobra.
-Pues a mí no me lo parece-replicó Jim, enfadado-no podemos entregarnos a él así, de primeras. Nos matará a todos. Tiene que haber otra forma…
-Contamos con las armas, y si la maga nos ayuda podemos vencerlo-dijo Hércules con convencimiento.
-Te das cuenta de que en estas dos últimas misiones no has dejado de repetir eso y hemos estado más cerca de morir que nunca, ¿verdad?-replicó Jim secamente.
-Eso es verdad-admitió Meg. Hércules la miró disgustado, y luego a Jim.
-Vaya Jim, veo que todavía no lo has entendido-dijo el héroe apesadumbrado. No hablaba con ira, si no con cautela. A Jim le maravillaba la calma y bondad que lo rodeaban siempre-nunca hemos tenido demasiada esperanza de sobrevivir… pero si no nos aferramos a ella… ¿qué nos queda?
Jim quiso replicarle que no había que confundir esperanza con insensatez, pero se dio cuenta de que en el fondo Hércules tenía razón. No había nada que hacer. Era el momento de actuar.
-Creo que podemos vencerlo…-dijo Aladdín de repente, sorprendiéndolos.
-¿Ah sí?-dijo Jim acercándose a su amigo extrañado. Aladdín señalaba el holomapa de la ciudad de Suburbia, en el lugar exacto donde se suponía se encontraba el escondite de Oogie Boogie, de acuerdo a las indicaciones del Sombrerero Loco.
-Sí…-dijo Aladdín mientras una taimada sonrisa se dibujaba en su rostro-sí que la hay…
El plan trajo consigo una larga discusión ya que ni Cobra Burbujas ni Mary Poppins (que acababa de reincorporarse al resto tras terminar su ducha y recuperarse de su último enfrentamiento con Oogie) lo veían factible. Sin embargo Hércules parecía más convencido, y también Meg.
-Es tan loco… que podría funcionar-reconoció Jim-además… ¿para qué otra cosa nos lo habría dado Gantz? Demasiada coincidencia…
-Puede ser…-aventuró Hércules-sí…
-Está bien, entonces así lo haremos-dijo Cobra una vez quedaron decididos los últimos términos del acuerdo-¿alguien tiene algo que objetar?
-En realidad yo sí-dijo Bert cruzado de brazos.
-Bueno, pues te callas-le cortó Cobra limpiando los cristales de las gafas de sol-solo queda decidir… quién se queda con la niña.
-¿Qué niña?-preguntó Lilo, aunque ya se temía la respuesta.
-Tú, claro-dijo Cobra cortante-Tu hermana mayor y tutora legal ya está informada de que te tenemos recluida. Debes regresar con ella cuanto antes.
-Un momento ¡eso no es justo!-protestó Lilo dando un paso al frente. Todos los demás la sacaban como poco dos cabezas, por no hablar de Cobra que era cinco veces el cuerpo de la niña-¡Yo también formo parte del equipo! ¡Yo también he de participar!-insistió Lilo.
Miró a Jim que negó con la cabeza, dando a entender que estaba de acuerdo con Cobra.
-Ella debe venir con nosotros-dijo Hércules de repente. Todos lo miraron con sorpresa-lo siento, pero es así. Si Gantz la ha elegido debe participar activamente hasta el final… si no… la misión puede fracasar.
-Si ella baja a la guarida de Oogie, la matará-dijo Cobra acercándose a Hércules y encarándose a él. Pero el fortachón no se dejó intimidar.
-Es tan imprescindible como el resto. Es la norma de Gantz-dijo, totalmente convencido.
-¡Sí!-exclamó Lilo, poniéndose al lado del héroe.
-¡No!-protestó Jim, cruzándose entre ella y Hércules, y mirándolo enfadado-¡ella no irá, es muy peligroso!
-Ya ha estado antes en otras misiones…-recordó Hércules.
-No me importa, en otras no teníamos opción pero ahora sí, jugamos en casa-cortó Jim, decidido. Las imágenes de aquellos niños descuartizados no se le iban de la cabeza. De ningún modo permitiría que a Lilo le ocurriese lo mismo. Y ya había estado a punto de morir varias veces en esa misión, en la carpa-no vendrás Lilo, lo siento.
Hércules como siempre no perdió la paciencia. Miró a Jim con sus grandes y expresivos ojos azules, parpadeando.
-Si no permanecemos unidos…
-Tampoco tendremos muchas más opciones-interrumpió Meg, zanjando la discusión-fortachón, en Gantz no hay normas. Si la ha elegido es porque cree que tendremos más opciones de ganar con ella. Pero eso no significa que sea la única forma.
Hércules quería insistir, pero las fieras miradas de Jim y Meg lo hicieron desistir.
-Decididlo vosotros. Pero tened claro mi voto en esto-dijo, antes de retirarse.
-Te quedas-le dijo Jim a Lilo, que inmediatamente comenzó a protestar.
-¡Yo puedo ayudaros! ¡En serio!-insistió la niña enfadada-¡No puedes hacer esto, no es justo!
Jim no supo que decir. Miró a Aladdín en busca de apoyo, pero el árabe se había escaqueado atacando otro pedazo de filete de los Banks.
-Yo me quedaré con ella-intervino Pumbaa-no quiero luchar. Ya… me da igual esto…
-Está bien-dijo Meg tranquilizadora-gracias.
Mientras calentaba la carne en la cocina, Aladdín miró a Lady Tremaine que estaba pelando una pera para ella.
-¿Tú vendrás, no?-preguntó mientras daba un buen trago a la botella de vino del señor Banks.
Lady Tremaine lo miró arqueando una ceja con desdén. ¿De qué iba aquel pordiosero impresentable preguntándola de aquella manera? Pero nadie más le había preguntado nada. En el fondo la halagó, ciertamente.
-Sí-contestó Lady Tremaine mientras echaba la piel de la pera al cubo de la basura y comenzaba a comérsela con movimientos lentos y elegantes. Sus hijas debían de estar muy preocupadas (si no habían quemado ya la casa, o el barrio). Aquello debía de acabar cuanto antes. Y la mejor forma de asegurarse de que acababa era ir ella misma con aquellos aficionados a dar muerte al monstruo. Lady Tremaine no temía a Oogie, por pavoroso y sangriento que fuera. En realidad, a estas alturas de la vida había pocas cosas que Lady Tremaine temiera.
-Hay cuatro autovolantes esperándonos fuera-le dijo Bert a Cobra Burbujas colgando su interfono-y cinco agentes disponibles más para acompañarnos. Pero empezamos a ser pocos… nos van a pedir muchas explicaciones cuando acabe esto.
-Las tendrán, créeme. Todos las tendremos-replicó Cobra sacando su revólver y cargándolo de balas-muy bien, nos vamos.
-¡Quiero ir con vosotros!-insistía Lilo.
-¡No puedes!-protestó Jim, mirándola enfadado-Lilo, por favor… déjalo ya. No puedes.
Lilo miró a Jim consternada, y su rostro se endureció. Jim no quería ver la decepción en aquel rostro. No, en aquel rostro no…
-Lo siento… de veras-dijo de nuevo.
-Vete…-dijo Lilo, dándole la espalda furiosa-déjame en paz…
Jim se quedó unos instantes de pie al lado de la niña, sin saber qué decir. Entendía bien a Lilo. Entendía lo que es sentirte impotente y no poder ayudar. Entendía lo que es sentirte pequeño. Y solo. Pero nunca se lo perdonaría si se la llevase consigo.
-Nos vemos…pronto-dijo Jim, y luego salió del salón. En el pasillo Bella le estaba esperando.
-Has hecho bien… ella corre peligro-dijo la chica acariciando a Jim.
-¿Tú no prefieres quedarte?-dijo él con voz ronca mientras la tomaba de la mano. Tampoco quería perderla. Pero Bella negó con la cabeza.
-No… no serviré de gran cosa pero… no voy a dejarte solo.
En realidad estaba muerta de miedo, pero por Jim habría ido hasta el fin del mundo. Su amor se había convertido en algo tan necesario para ella para vivir como el respirar. No podía pensar si quiera en separarse, y que pudiera perderlo.
-Voy a despedirme de Lilo…-le dijo Bella a Jim-espérame a bajo.
Jim fue hacia los ascensores donde estaban Cobra, Hércules y Ariel. Se montón con ellos para bajar de la casa de los Banks a los coches, y miró hacia la dirección opuesta a la que estaba la pelirroja, ceñudo. Aún no se habían dicho nada desde su último encuentro. Ariel no sabía qué decirle, estaba avergonzada y sobre todo dolida. Jim tenía demasiados problemas rondándole la cabeza como para ocuparse ahora de su obsesión por la pelirroja. Estaba viva, y eso ya le tranquilizaba. Pero la prioridad ahora era matar a Oogie.
-Podéis quedaros aquí y… y rezar por nosotros-sugirió Bella mientras sentaba a Michael, Jean y Lilo en un sofá. Los niños se miraron entre ellos. Lilo se encogió y dio la espalda a los hermanos. Ya se le daba mal hacer amigos nuevos normalmente, menos ganas tenía ahora mismo de hablar con nadie.
-Lilo… no te preocupes… volveremos-dijo Bella acariciando el cabello de la niña. Ella asintió lentamente y la miró, sonriendo. Se habían hecho bastante amigas desde que había empezado la misión. En realidad, ambas tenían mucho en común, como su curiosidad por las historias y sus escasas habilidades sociales.
-Cuida de él…-le pidió Lilo a Bella, preocupada. Bella se humedeció los labios con angustia y luego asintió lentamente.
-Sí… sí, lo haré…-se alejó, encogida por el miedo. ¿Pero… qué iba a hacer ella? Solo era una chica… no creía que tuvieran muchas posibilidades. Dios, estaban todos perdidos. Ese monstruo los mataría, iba a matarlos a todos.
-¿Bajas?-Aladdín era el único que quedaba, había terminado por coger un buen surtido de yogures y flanes de los Banks y se los zampaba con avidez. Era el que menos escrúpulos había tenido a la hora de saquear las provisiones de la rica familia.
-Ssí…-Bella montó en el ascensor junto al moreno, que pulsó el bajo y se apoyó en la pared, sonriéndola.
-Las primeras veces parece imposible, pero luego sigues aquí… pero depende de tu actitud-dijo Aladdín chupando la cuchara del yogur mientras la miraba de refilón. El árabe no le había quitado el ojo de encima a la castaña desde que había empezado la misión. Sabía cuál era su problema.
-No… no te entiendo-dijo Bella avergonzada. Aladdín la miró fijamente, y ella a duras penas pudo sostenerle la mirada.
-Eres joven, inteligente y sabes hacer magia… ¡joder, magia! En la carpa nos salvaste la vida-dijo Aladdín mientras se acercaba a ella y le obligaba a mirarlo con seriedad-pero antes te he escuchado decir que "no servirás de gran cosa"… ¿en serio?
Bella se alejó de Aladdín, avergonzada.
-Ssí… es verdad… yo… yo apenas sé magia… no puedo hacer mucho-dijo, cortada. Aladdín frunció el ceño, en desacuerdo.
-Te diré una cosa: todo el mundo sirve para algo. Cada persona cuenta, y es indispensable. Sin excepciones. Y cuando lo entiendas, vas a poder ayudarnos un montón-dijo. Bella se atrevió a mirarlo de nuevo, avergonzada porque él la hubiese calado tan bien. Aladdín la guiñó un ojo y la ofreció un yogur, pero ella lo rechazó-¿no? Hay que reponer fuerzas…
Los coches les esperaban a bajo. Aladdín y Bella subieron en el que conducía Bert, mientras Meg iba en otro con Lady Tremaine, Cobra Burbujas en un tercero con Mary Poppins y Hércules conducía un cuarto con Jim, Ariel y Sebastián.
Sentados en la parte trasera del coche, Ariel miró por la ventana de su lado mientras Jim la miraba de reojo, apesadumbrado. ¿Qué podían decirse, después de tantas cosas? Tal vez él podía hablarla de su nueva novia, o de lo mucho que había intentado olvidarla con ella. O tal vez (y eso sería más importante) de que no lo había conseguido.
-Y… ¿qué tal os va?-le preguntó Jim a Sebastián-¿has compuesto algo nuevo últimamente?
-Tengo un bloqueo creativo-lamentó el cangrejo-pero hago lo que pueo. ¡Ay Jim, me acordaba mucho de ti eto días! ¡Arie me contó que estudiate en la Academia Estelá!
-¿Ah, sí?-dijo Jim sonriendo malvadamente al ver como a la pelirroja apretaba las manos sobre sus rodillas, ruborizada-¿y eso?
-Pue resulta que yo conosía a gente de la Academia… ya sabe, de esa vese que lo barco naufragaban y conosíamo a algún humano simpático… pue una vez conosí uno muy simpático, no sé si tú lo conoserá, tuvo un gran acsidente…
Jim no escuchaba a Sebastián si no que miraba a Ariel, quien a su vez lo miraba a él por el reflejo de la ventana. En los ojos de ella vio aquella habitual frialdad, aquel rechazo tan duro como siempre…
Cuando las patitas de Sebastián dejaron de sonar en el rellano de la escalera, se hizo un incómodo silencio. Jim miró a Ariel, que seguía con la cabeza gacha. Ella se levantó lentamente, y tras asomarse por la ventana le miró a él, muy seria.
-¿Qué pasa?-preguntó, secamente.
-Oye…-Jim se rascó el cabello, incómodo. Siempre se tocaba el pelo cuando no sabía que decir-pues que… lo siento…
Ariel le miró de reojo. Le había dado la espalda para mirar por la ventana. Aún estaba muy conmocionada por todo lo ocurrido. Aquella noche había pasado mucho miedo. Y enfrentarse así con los fantasmas de su pasado la había herido gravemente. Aunque también la había liberado, cosa que aún no estaba preparada para entender.
-Vale…-dijo finalmente la pelirroja, mordiéndose las uñas-gracias…
Jim tragó saliva, mirándola apenado. Le enfadaba que ella se comportase así, le gustaría que le abrazase y le dijera que se alegraba de verlo con vida, y que le besase, y que hiciera muchas cosas… pero ella era como era, y Jim la quería de todas formas. Ahora no iba de lo que quería él. Si no de lo que había que hacer.
-No, lo siento de verdad-dijo-tú estabas mal y… yo te traté peor… no… no se me da bien esto.
Ariel continuaba en silencio, de espaldas. Pero no se perdía ni una palabra de lo que él decía.
-Me… me gustas, es cierto-siguió Jim, con la cabeza gacha-y estas últimas semanas sin ti han sido… un infierno…
Las lágrimas asomaban de nuevo a los ojos de Ariel. Se extrañó de que le quedasen aún. Se extrañó aún más de que él hubiese conseguido hacerla llorar así. Pero lo había hecho.
-No quiero que pienses que es solo por… por eso pero… vuelve con nosotros… vuelve conmigo yo… joder…-Jim suspiró, intentando explicarlo. Le faltaba el aire, casi no podía exponerlo-yo quiero que tú seas… parte del mío…
Ella le entendió perfectamente. Vio el reflejo de Jim mirándola en el cristal. Antes solo Flounders conocía la verdadera historia de la chica, todo lo que ansiaba y temía. Ahora solo lo sabía ella… y Jim. El chico había atravesado toda la vida de ella a su lado, por culpa de Úrsula. Se sentía tan avergonzada por su actitud, tan ridícula… tan furiosa.
-Nno Jim…-Ariel se volvió hacia él, con los ojos enrojecidos-no voy a volver… no quiero volver a verte y… no…
Ambos respiraban muy rápido, asustados, pero Jim se sentía más ligero. Le había dicho lo que realmente se sentía, verdaderamente había sido capaz de abrir sus sentimientos. Tal vez tanto tiempo sin ella le habían ayudado a entenderlo. Solo sabía que no iba a volver a hacerlo. La quería.
-No puedo…-dijo finalmente la pelirroja. Luego salió de allí. Jim quiso agarrarla del brazo para detenerla, pero no lo hizo. Simplemente la dejó ir. Ya se volverían a ver aunque… no sabía que pasaría entonces.
El frío recuerdo atravesó el corazón del chico, apuñalándolo con la realidad de lo que podría haber sido y no fue. No sabía por qué no entendía que se había acabado. ¿Por qué no podía sacársela de la cabeza? ¿Por qué seguía mirándola, temblando, deseando que ella lo mirara? ¿Por qué seguía atado a ella, después de todo?
-Agarraos, llegaremos enseguida-informó Hércules pisando el acelerador aprovechando que se había abierto el semáforo. Los cuatro coches negros del D23 avanzaron como sombras en la noche, listos para la batalla final.
En la casa de los Banks, los pequeños Jean y Michael arroparon a sus del mismo modo que ellos solían hacerlo y los dejaron descansar. Ambos ya se estaban recuperando del bestial borrado de memoria que Cobra les había hecho, pero su mente aún se estaba despertando después del lavado.
-Mary Poppins ha dicho que mañana ya estaréis bien-dijo Michael con una ancha sonrisa-que descanséis mucho…
-Dormid y soñad con cosas bonitas-le dijo Jean al señor Banks, parafraseando lo que él solía decirles a ellos. George Banks asintió lentamente mientras la luz iba volviendo lentamente a sus pequeños ojos azules.
Jean y Michael volvieron al salón, donde Lilo permanecía de brazos cruzados.
-Los mayores nunca cuentan con los niños, pero no les hagas caso-le dijo Jean a Lilo, compasiva.
-Sí, son un asco-recordó Michael arrugando su naricita.
-¿Qué le pasa a tu amigo?-preguntó Jean acercándose a Pumbaa. El jabalí bufó, apartándose un poco. Realmente deseaba morir. No había ninguna otra cosa que quisiera más en ese momento.
-Está triste… dejadlo en paz…-dijo Lilo con voz monótona y depresiva-dejadnos a los dos.
Jean y Michael se miraron y luego se sentaron uno a cada lado de Lilo. Michael la tomó de la mano y la miró, sonriendo. Y Lilo se quedó momentáneamente alucinada. Vaya ojos más grandes y azules tenía aquel chico. Se parecían mucho a los de su padre.
-Cuando estamos tristes Mary Poppins dice que lo mejor para animarnos es cantar una canción-dijo Jean. Luego se levantó y fue a coger una bolsa de disfraces que tenía en su habitación. Sacando una tiara de princesa se la puso en la cabeza. Lilo la miró perpleja. Le gustaban mucho los disfraces…-¿te sabes alguna canción?
Lilo miró al suelo. Quería seguir enfurruñada. Y estaba muy preocupada por sus amigos. Pero tampoco podía hacer otra cosa.
-Sí, me sé una-dijo, sonriendo.
-¡Genial!-exclamaron Jean y Michael, y dando palmas se dispusieron a cantar con ella.
-Recordad, no vaciléis ni un solo momento, porque os matará sin dudarlo-dijo Cobra Burbujas por su interfono a los otros coches-no podemos pararnos a por los caídos. Para llorarlos habrá tiempo luego.
-No habrá caídos-dijo Hércules con convencimiento. Pero Jim vio en su mirada que no estaba para nada seguro.
-¿Por qué nos ayuda?-preguntó súbitamente Ariel una vez que el señor Burbujas cortó la comunicación. Llevaba ya varias horas masticando esa pregunta-¿por qué nos está ayudando? ¿Por qué cambió de opinión… de repente?
Hércules suspiró mientras recolocaba el cristal del retrovisor y torcía a la derecha siguiendo el autovolante de Meg y Aladdín.
-Cobra Burbujas es un agente del D23, pero lleva tiempo trabajando en un proyecto secreto… del que yo también formo parte-explicó. Ariel enmudeció de la sorpresa, mientras Jim abría mucho los ojos.
-¿Qué proyecto?-saltó el chico, ávido de respuestas.
-Gantz no ha pasado desapercibido al mundo, aunque lo parezca-dijo Hércules forzando una sonrisa-solo unos pocos lo conocemos y… bueno, pusimos en marcha un mecanismo para desmontarlo. Pero para ello… uno tenía que entrar en el juego. Y ese fui yo…
-Sigue-le instó Jim, que no le quitaba la vista de encima.
-No creáis mal… Cobra y yo nos hemos conocido esta noche. Su trabajo consistía en averiguar todo lo posible sobre Gantz, y ha cumplido-dijo Hércules, concentrado en la conducción aunque notaba los ojos de Ariel, Sebastián y Jim clavados en su espalda-cuando él y yo nos hemos identificado esta noche como miembros del mismo grupo, él ha entendido que era el momento de dejar su puesto y ayudarnos… aunque eso signifique ponerse a sí mismo en un peligro mortal.
-En peligro mortal…-repitió Ariel, confusa.
-Imagina que Gantz decide que él es el próximo objetivo-tendríamos que matarlo. No nos quedaría otra opción.
-Pero Gantz sabe que los dos trabajáis contra él… -razonó Jim-entonces… tú también estás en peligro…
-Bueno, dado que participo, sí, lo estoy, en la misma medida que tú-respondió Hércules riendo-pero sí, exactamente. Gantz sabe que luchamos contra él… y sabe perfectamente quiénes somos, y lo que hacemos. En realidad, Gantz lo sabe todo.
-Entonces… ¿cómo esperas poder destruirlo?-preguntó Jim, visiblemente confuso.
Una sonrisa traviesa asomó a los labios de Hércules.
-Bueno… lo sabe casi todo-reconoció, burlón. Jim y Ariel sí se miraron esta vez, ambos igual de perdidos.
-¿Y a qué vino la segunda pelea?-preguntó Ariel, echándose el cabello hacia atrás.
-Cobra quería… bueno, ahora que le toca posicionarse directamente como enemigo de Gantz, quería tener un último combate digno… por si muere. Ese es su mayor temor, aunque no lo diga. Según tengo entendido, él es un gran luchador, por eso accedí volver a pelear contra él cuando nos liberó-explicó Hércules-puedo darte fe de que lo es, tiene un derechazo demoledor…
-Y…-Jim tenía la pregunta del millón esperando en sus labios-¿y quién es Gantz?
Hércules asintió lentamente, con aún aquella curiosa sonrisa en los labios.
-Pues… no tengo ni idea…-dijo. Jim sabía claramente que mentía. Pero en aquel momento no se le ocurrió como hacerle decir la verdad. Así que cruzado de brazos, se dedicó a analizar toda aquella nueva información que acababa de adquirir. ¿Un grupo secreto contra Gantz? ¿Quién más sabía de aquello? ¿Hércules había muerto a propósito para entrar a formar parte del juego? Tantas ideas atosigaron la mente del chico, mientras trataba de abrirse paso entre ellas. Necesitaba tiempo para asimilar. Pero Hércules tenía la obligación de contestárselas, vaya que sí.
-No le des más vueltas ahora-dijo el musculoso héroe desde adelante-te responderé a su tiempo, te lo prometo. Pero de momento no, si es que quieres poder volver a dormir alguna vez…
Jim miró a Ariel, que estaba pálida, mientras Hércules torcía en una esquina. Una enorme fábrica de caramelos con un sonriente Santa Claus encima de ella iluminando la ciudad con un bastoncillo señalaba el punto exacto de Suburbia debajo del cual se encontraba el escondite de Oogie Boogie, de acuerdo a la información otorgada por el Sombrerero Loco. El Sombrerero seguía sin responder a las comunicaciones de sus compañeros por el chip del traje. Lo que los llevó a pensar en lo peor.
Sin embargo, él aún no estaba muerto…
-Mmmmpffff….-Tarrant abrió los ojos lentamente mientras recuperaba el sentido. Notaba un punzante dolor en la cabeza, y se dio cuenta pronto de que la tenía abierta en varios sitios. Los golpes con los bates metálicos le habían dejado molido, apenas podía moverse, ni reaccionar.
-¡Eh chicos, el hijo de puta se despierta!-dijo Lock llamando a sus amigos. Ellos rieron pérfidamente mientras avanzaban hacia él, divertidos. Tarrant tardó en enfocarlos mientras la sangre de la cabeza le chorreaba por el rostro. Se dio cuenta de que a parte de las ataduras metálicas, estaba completamente desnudo. Los niños debían de haberle robado la ropa.
-¿Cómo estás, capullo?-canturreó Lock mientras volteaba a Tarrant y le sonreía con sus blanquecinos dientes de niño.
-No puede responderte ¡no puede hablar!-chilló Shock señalando al bozal que le tapaba la boca al prisionero. Tarrant notó un súbito dolor en sus blancas nalgas: Barrel acababa de azotarlo con una fusta negra mientras se acercaba a sus amiguetes, risueño.
-Así que eres todo un hipnotizador, ¿no, Sombrerero?-ladró Lock, agresivo, mientras le enseñaba el reloj que guardaba en su chistera. El Sombrerero entrecerró los ojos, tratando de ignorar lo mucho que le dolía la cabeza. Mierda, estaba en un buen lío. Aquellos niños demoniacos iban a matarlo, y estaba seguro que de una forma ni rápida ni agradable.
-Tú truco estuvo bastante divertido para alguien no mágico-apostilló Shock-pero nosotros también tenemos unos cuántos trucos divertidos. ¿Te apetece ver alguno?
El Sombrerero no respondió, mientras entre Lock y Barrel lo cogían y arrastraban por los estrechos pasadizos del laberinto de tuberías. La zona genital también le dolía, y vio con horror como los niños le habían colocado ahí también un cepo de afilados dientes metálicos. Al menor movimiento que hiciera con las caderas, los fauces del cepo se iban cerrando cada vez más hundiéndose en el área erógena.
Después de subir por varios conductos verticales, Lock y Barrel tumbaron al Sombrerero sobre una cinta de montaje que había instalada en aquel antro. A Tarrant le pareció curioso. Ese lugar ya no eran las alcantarillas… Los niños luego lo sujetaron a ella con unas gruesas cadenas. El Sombrerero sintió las frías y metálicas argollas presionándolo en la piel, y reprimió un escalofrío.
-¿De dónde has sacado este traje?-dijo la pequeña Shock mientras estiraba el uniforme negro de Gantz con curiosidad-parece muy elástico.
-Tu coño sí que es elástico, zorra-respondió Lock tan feroz como siempre-¡Dámelo!
-¡NO!-se pusieron a pelear por el traje mientras el Sombrero comenzaba a temblar levemente, moviendo los dedos. Debía intentar liberarse como fuera. No sabía que iban a hacerle, pero la cinta de montaje no le daba muy buenas ideas al respecto.
-No te muevas mucho o te harás pupa… solo queremos jugar contigo…-dijo Barrel acercándose a él y acariciándole sus blancas mejillas con curiosidad. Barrel miró los verdes y atrayentes ojos del Sombrerero atraído por su magnetismo-¿cómo te llamas?
Le quitó el bozal, y el Sombrerero escupió sangre mientras sacudía la cabeza intentando pensar un modo de escapar o convencerlos para que lo dejasen.
-Soltadme…-pidió con voz ronca. Lock y Shock dejaron de pelear para reírse, mientras Barrel lo miraba con lástima.
-No podemos-dijo el pequeñajo-has descubierto nuestro escondite…
-¡Y por eso vas a morir!-intervino Lock acercándose y golpeando con bestialidad al Sombrerero en el rostro, golpeándole contra la cinta metálica-¿quién más lo sabe, eh? ¡Dilo!
-Está claro que el resto de sus amiguitos-intervino Shock con un chillido-¡vendrán aquí de un momento a otro!
-Qué bien… más amiguitos con los que jugar…-dijo Barrel con una macabra sonrisa.
-Más problemas…-gruñó Lock mirando a la niña. Ella iba vestida de brujita, mientras que Lock llevaba algo parecido a unos cuernos de demonio, y Barrel se había pintado la cara de blanco y llevaba un pijama con huesos de esqueleto. De no ser por la época que era, el Sombrerero podría haber dicho que era Halloween.
-¿Qué vamos a hacer?-preguntó Shock impaciente-se suponía que papi Oogie haría hoy el ritual con nosotros…
-No podrá si esos imbéciles siguen molestándolo-gruñó Lock. Luego le dio una patada a Barrel en la entrepierna, haciendo que el niño se doblase de dolor-¡ve a avisarlo!
-¡No hace falta que le pegues!-replicó Shock, defendiendo a su amigo-vamos Barrel, tranquilo…-le dio un suave besito en la frente, que Lock observó entrecerrando sus ojos con envidia.
Barrel se marchó corriendo en busca de Oogie, mientras Shock recolocaba al Sombrerero sobre la cinta de montaje y se aseguraba de que estuviera bien encadenado.
-Y no intentes hacer nada si es que no quieres enfadarme-le advirtió Shock al Sombrerero.
-No lo entendéis-dijo él que notaba como se estaba ahogando en su propia sangre-vuestro jefe morirá… y también vosotros.
-¿Morir?-Shock miró a Lock con sorna y luego soltó una carcajada-¡Jajajajaja! ¿morir nosotros? No entiendes nada… no sabes nada, tonto…
-Déjalo ya…-gruñó Lock acercándose a un panel de control que había cerca de la máquina-acabemos de una vez.
-¡No! Hay que esperar primer a Barrel-le recordó Shock, amenazante. Lock se apoyó en el panel de control, impaciente. Shock volvió a concentrarse en el Sombrerero. A él se le hacía raro ver a una niña tan pequeña hablar con aquel tono de madurez. La pequeña Shock detuvo brevemente su mirada en las partes íntimas del Sombrerero, y luego volvió a concentrarse en sus grandes ojos-nosotros no vamos a morir… chico. Oogie Boogie conoce el camino a la inmortalidad… y muy pronto nos lo va a enseñar…
-Estamos preparando un plato…-añadió Lock con una sádica y asesina sonrisa en los labios. Shock le dio un manotazo, alejándolo.
-Tú eres la décima persona que matamos hoy para preparar nuestro plato especial-agregó-llevamos tiempo formándolo. Oogie Boogie nos lo ha dicho… cuando tú mueras… cuando el plato esté preparado… beberemos de él, y podremos completar el rito… y seremos invencibles, como él.
El Sombrerero escuchó esas palabras con espanto, mirando hacia el final de la cadena de montaje, donde había una batidora metálica. No pudo ponerse más blanco de lo que era al oír lo que ella decía, pero su corazón sí que comenzó a latir de un modo mucho más rápido.
-Vas a morir, hijo de puta-dijo Lock acercándose a la oreja de Tarrant y echándole su fétido aliento-vas a morir y yo voy a disfrutarlo…
-Pero será por una buena causa-razonó Shock, fingiendo caridad-por nosotros… por el amo…
-Él no… no es invencible…-murmuró el Sombrerero. Luego echó la cabeza hacia atrás, intentando pensar en algo. Iba a tener que ser muy rápido si quería escapar. Y utilizar todos los trucos que durante tantos años en la clandestinidad le habían enseñado.
Lock y Shock se miraron fríamente, y luego la brujita se acercó al Sombrerero, apretándole con más fuerza el cepo de los testículos hasta que lo hizo gritar.
-Él es el mejor… y no quiero volverte a oír hablar-le avisó.
-¡Aaaaaaaah!-gimió el Sombrerero, notando la sangre salir de su entrepierna. Era un dolor insoportable. Pero él los había sufrido peores. Debía aguantar, como fuera. Aunque algo le decía que se estaba quedando sin tiempo.
-Fétidos sobacoños comedores de heces mamones discapacitados hijos de puta… vienen a por mí… esos putos pichas flojas maricas bastardos malparidos carapollas de los cojones quieren matarme…la voz de Oogie sonaba muy grave y retumbaba por todos los pasillos del laberinto de tuberías que era su último gran escondite, en el subsuelo de Suburbia. La red de alcantarillado era tan grande como la propia ciudad, y además de viviendas ilegales, mercados negros y escondites de la mafia, ahora ahondaba un mal tan atroz como pestilente ocultando entre sus largas paredes y atascadas cañerías al perverso monstruo asesino.
-Papi Oogie, creo que estás en peligro-le dijo Barrel descendiendo por unas escalerillas y acercándose a él. Oogie era ahora gigantesco, medía casi treinta metros aunque estaba esparcido horizontalmente por gran parte del suelo, y lo formaban tantísimas criaturas que ya no había saco que pudiese retenerlo. A parte de todas las especies de insectos e invertebrados que lo habían seguido desde el primer momento se le habían incorporado serpientes, ratas, murciélagos y lagartijas. La mezcla era una masa negruzca de la que asomaban antenas y patas por todas partes, y que formaba una boca gigantesca y dos ojos rasgados y amenazadores, movidos por una maldad y un deseo de causar dolor más allá de los límites humanos.
-Barrel…-el cuerpo amorfo de Oogie se movió hasta el niño, que se encogió de miedo al ver al gigantesco monstruo enfrente suyo, observándolo con atención-activad todas las trampas… y estad preparados…
-Claro Oogie-dijo Barrel sonriendo con inocencia. Luego bajo un poco la voz-Lock y Shock se impacientan… quieren hacer ya el ritual. ¿Cuánto más tendremos que esperar?
Oogie soltó un rugido y se alejó de él mientras sus insectos se iban desperdigando por los pasillos y él iba reduciéndose de tamaño hasta solo ser el cuerpo gordo y maltrecho de dos metros que solía ocupar, envolviéndose en un saco verde que terminó de darle forma.
-Preparaos… será hoy mismo… beberemos de la sangre de sus cadáveres…-dijo. Barrel asintió y se alejó rápidamente para comunicárselo a sus compañeros, mientras Oogie cogía un enorme hacha de su arsenal y observaba su reflejo en el filo de la hoja. Ah, Jack Skeleton le había enseñado bien el arte de la manipulación, pese a todo, aquellos críos esperaban de él ser un nuevo maestro. Pero en su lugar hallarían, como él halló, una verdad más dolorosa.
¿Quién era ese puto agente negro que se había atrevido a desafiarlo en las cloacas ayudando a Mary? ¿Y aquellos tipos tan raros vestidos de negro? No sabía, no sabía. Debía estar preparado. Querían destruirlo, terminar con su juego, pero no sería tan fácil trocar sus planes. Oogie se preguntó, notando por primera vez en mucho tiempo un cierto desasosiego, si Jack habría previsto que esto ocurriría una vez el se escapara. ¿Hasta dónde era capaz de llegar la visión de su amado y a la vez odiado maestro? Tal vez Jack sabía todo esto… había tantas cosas que Oogie no sabía.
-Tonterías…-susurró para sí, rabioso. Sabía matar, y eso era lo más importante de todo. Sí, sabía matar, y desgarrar, y causar dolor atroz a sus enemigos, hasta que le suplicasen la muerte. Y estaba en su propio terreno.
Oogie royó la pierna de un niño humano que guardaba en la cámara de congelación junto a casi treinta cadáveres más que tenía de reserva. No, no era probable que perdiera. El problema era de ellos… los mataría a todos. Estaba preparado para el juego. Sí, ellos no lo sabían, pero pronto iban a conocer un nuevo nivel de dolor gracias a los poderes mejorados de Oogie Boogie.
-¡Vamos! ¡Sin detenernos!-Hércules y Mary Poppins lideraban la avanzadilla que tras volar la tapa de la alcantarilla y descender nuevamente al fétido subsuelo se acababa de infiltrar en el laberinto de Oogie.
-Esta puede ser la mayor casa de los horrores en la que hayamos entrado nunca-comentó Aladdín con preocupación. Meg asintió mientras sujetaba con más fuerza el mango de su espada.
-Si dejamos que nos venza el miedo él habrá ganado-dijo Mary con autoridad-no permitáis que os asuste… en realidad, no es nada del otro mundo.
Una lejana risa pudo escucharse resonando por todos los pasillos llenos de tuberías y cables que se perdían entrelazándose frente a ellos. Mary respiró muy hondo, temiéndose lo peor.
-Sabe que estamos aquí…-fue Meg la que terminó por decirlo.
-Bien…-replicó Hércules, ceñudo-no me gustaría atacarlo por sorpresa. Eso sería una traición…
Así que el grupo siguió avanzando. Hércules conectó el auricular del traje para hablar con Jim y Ariel.
-¿Estáis listos?-preguntó bajando un poco el tono de voz. Esperaba que el plan de Aladdín diese resultado. En realidad era demasiado obvio, siendo Gantz, para que aquella no fuese la solución. Oogie caería, de un modo que no se podía ni imaginar.
-Encima del escondite de Oogie hay varias fábricas-observó Aladdín en el holomapa de Cobra con una sonrisa que le desbordaba el rostro-fijaos… en esta…
-Confitería… dulces…-Jim observó el mapa arqueando una ceja. No era tan preciso como el radar de Gantz y no indicaba ni la mitad de cosas, pero era lo suficientemente claro y venía con información individual de cada uno de los edificios de la ciudad. Efectivamente, al pulsar las fábricas encima de las cloacas un pequeño cartel apareció explicando que se trataba de una fábrica de dulces navideños, actualmente en pleno apogeo de la producción anual.
-Joder…-una sonrisa similar a la de Aladdín se formó en los labios de Jim. Era tan improbable que debía de ser la única forma de acabar aquello.
-Lo siento pero no os sigo-dijo Hércules torciendo el cuello extrañado. Aladdín y Jim rieron mientras cogían el bastón de caramelo que les había dado la bola y jugueteaban con ella.
-¿Quieres detener a Oogie Boogie?-preguntó Aladdín acercando el bastoncillo a la mesa de los Banks. El pegajoso caramelo se adhirió al mantel haciendo que se elevase al tocarlo. Aladdín separó el mantel del caramelo dando un fuerte tirón. Luego miró a Hércules con malicia. El fortachón ahora sí lo había entendido.
-Sí… quiero detenerlo…
Mientras Hércules, Meg, Mary Poppins, Lady Tremaine y Aladdín avanzaban por la red de alcantarillado buscando a Oogie, otro escuadrón formado por Cobra Burbujas, Jim, Bella, Ariel y Sebastián habían entrado en la fábrica de dulces navideños y recorrían a toda prisa sus múltiples plataformas de trabajo buscando el depósito de caramelo líquido. Antes de partir Cobra había analizado la fábrica hasta su último recoveco, y en solo un minuto se la había memorizado a la perfección.
-¡Tercer pasillo, izquierda!-gritó con convencimiento mientras saltaba por el hueco de unas escaleras para bajarlas más rápido. Jim refunfuñó algo mientras corría detrás suyo seguido por las dos chicas. Sebastián, sujeto al cuello de Ariel, resollaba mientras hacía lo posible por no caerse agarrándose a su pelo-¡Puerta seis!
Dando una violenta patada Cobra entró en la nave que poseía unos enormes contenedores llenos de espeso caramelo derretido. El ambiente era cargado y asfixiante debido al intenso calor que las máquinas desprendían para derretir el caramelo. Jim echó una ojeada a los gigantescos tanques llenos y se acordó de su jugarreta contra Yzma en la tercera misión. Esa vez también les había ido de poco, pero gracias a Gantz había salido bien. El chico sonrió al ver como Cobra tiraba de una enorme anilla y dejaba salir el caramelo por un conducto inundando el suelo de la enorme estancia.
-Abrid los desagües-ordenó Cobra, a lo que Jim y Ariel obedecieron sin vacilar. Bella se asomó por la barandilla para ver como toneladas de caramelo hirviendo se deslizaban por la estancia hacia los desagües de impurezas, que abiertos ahora los llevaban directos a las cloacas.
-Le va a encantar a ese hijo de puta-dijo Cobra sonriendo satisfecho-dentro de unos minutos estarán totalmente inundadas.
-¿Pero y si yo no estoy allí?
Cobra, Jim, Ariel y Bella se volvieron casi al mismo tiempo. Y su expresión fue casi la misma, de un terror espeluznante al encontrarse al mismísimo Oogie Boogie frente a ellos, con una enorme motosierra sujeta en las manos. El saco verde y remendado era grande y gordo, sus brazos terminaban en muñones afilados sin dedos, y sus pies eran gorditos y cortos. Lo peor era su rostro, unos rasgos simples, dos ojos y una boca pero que destilaban una maldad tan espeluznante que hasta podía olerse. Lo que desde luego podía olerse era el venenoso tufo de las criaturas que conformaban su cuerpo y se removían dentro de la tela.
-¡PIIIIIIIILLAAADOOOOOOOS!-gritó Oogie dando un salto mientras levantaba la motosierra y la hacía rugir encendiéndola.
-¡NO!-Cobra apartó a Jim y a Bella justo a tiempo. Jim ya había desenvainado su espada para defenderse de Oogie, pero el agente Burbujas no se lo permitió-¡CORRED!
-¡Pero…!-quiso protestar Jim. Oogie avanzó hacia ellos con la motosierra pero Cobra sacó su pistola y lo disparó varias veces, haciendo que soltase el arma. Oogie gritó, furioso, pero Cobra le acertó con una bala en el ojo, haciéndolo callar por un momento.
-Poneos a salvo ¡AVISAD AL RESTO!-les advirtió Cobra a Jim y a Bella, tomando por los hombros al chico. Jim distinguió el miedo en los pequeños ojos de Cobra a través del cristal tintado de sus gafas.
-Y tú… ¿tú qué harás?-preguntó el chico preocupado.
-¡CORRE!-Cobra lo empujó impulsándolo hacia la puerta de salida mientras se giraba y se disponía a enfrentarse a Oogie. El monstruo había recogido su motosierra y la había vuelto a encender.
-Muy valiente, capullo… negrata de mierda, calvorota… hijo de puta, vas a morir…-rugió el monstruo mientras su boca se curvaba en una mueca de desprecio.
-¿En serio? ¿Eso es todo lo que sabes decir?-preguntó Cobra Burbujas secamente. Oogie lo miró con cierta sorpresa unos segundos, antes de volver a la carga con la motosierra. Pero Cobra esquivó el ataque del monstruo y luego sacando un mechero se lo echó en la tela del saco que comenzó a arder rápidamente.
-¡BRRRRRRROOOOOGGGGH!-Oogie se giró muy rápido y le dio una patada a Cobra, pero él agarró al monstruo por las axilas y lo arrojó por el aire chocándolo contra una barandilla. Estaba muy cerca de caer al caramelo líquido que se iba filtrando por los desagües muy rápidamente.
-Pillado-dijo Cobra secamente pegándole una patada a Oogie y tirándolo de la plataforma al caramelo. Escuchó al monstruo gritar mientras caía, pero al asomarse vio que no estaba, y desde luego no había llegado a tocar el caramelo-mierda…
Oogie apareció por detrás suyo y lo atacó nuevamente con la sierra: dos rápidos tajos hicieron que el brazo derecho de Cobra se amputase y cayera al suelo. El agente soltó un grito desgarrador mientras rápidamente se llevaba el izquierdo al bolsillo de su chaqueta y sacaba un aparato especial: era el potente vibrador de sonido con el que ya lo había derrotado otra vez.
-¡NO!-Oogie quiso impedirlo pero nuevamente las vibraciones atacaron su cuerpo y los insectos se empezaron a salir por los agujeros de costura de su saco, vaciándolo. El monstruo intentó pararlo pero no pudo y entonces Cobra, haciendo un esfuerzo supremo, le metió el vibrador por la boca a Oogie mientras este volvía a clavarle la motosierra esta vez en la pierna y luego lo empujó. Oogie cayó hacia el caramelo y esta vez no pudo evitarlo pues su cuerpo se descomponía a la vez, y se estrelló contra el denso líquido haciendo un ruido similar al de alguien que cae a una piscina.
-¡NNNNOOOOOOO!-el monstruo luchó contra el caramelo pero este ya se había adherido a todos los insectos y los impedía moverse o volar. Estaban atrapados, como moscas en la miel.
Cobra hizo un amago de sonreír, pero el dolor en su cuerpo era tan intenso que se desplomó sin poder soportarlo: la pierna donde acababa de herirlo Oogie se le había rajado hasta casi desprendérsele y en el hueco donde una vez había estado su brazo derecho ahora brotaba una cascada de sangre que estaba abandonando su cuerpo. Pálido y mareado Cobra tembló tirado sobre el frío metal del puente. Sabía que este era el fin.
-¡Oogie Boogie está con nosotros! ¿Me oís? ¡Está aquí, con nosotros!-gritó Jim por el micro de su traje. No le respondían. Miró a Ariel, preocupado, mientras Bella los alcanzaba, jadeando.
-¿Q… qué está pasando?-preguntó la chica castaña mientras intentaba recuperar el aliento tras la carrera.
-Qué cabrón… sabía que veníamos…-dijo Jim furioso-sabía que era peligroso… tendremos que cambiar de plan.
-Ya es tarde para eso-dijo Ariel con seriedad. Jim ya se esperaba que ella dijera algo así. Aunque fuese solo por llevarle la contraria-aún hay que liberar tres tanques… ese era el plan.
-El plan no vale si el objetivo no está dónde lo queríamos…-le recordó Jim encarándose con ella. Ariel le miró enfadada. No le tenía ningún miedo, por muy amenazante que se le pusiera.
-Pues le llevaremos allí-dijo la pelirroja con decisión-soltaremos lo que queda… y bajaremos con ellos…
-Oh, sí, es muy fácil-ironizó Jim-no sabes ni cómo bajar.
-¡Pero tú sí!-replicó Ariel enfadada.
-No es tan fácil…
-¿Es que tienes una idea mejor?-preguntó ella con impaciencia.
-Seguramente sí, aunque no querrás escucharla-terció Jim con enfado, dándola la espalda. Pero Ariel no iba a dejar que él la ignorase tan fácilmente.
-Jim, esto no va de nosotros, ¿sabes? Hay vidas en peligro…
-¿De nosotros?-replicó él elevando el tono de voz, y Ariel retrocedió un poco, ahora sí un poco intimidada. Jim la miró con dureza, y ella supo que lo que iba a decir le dolería-no hay nosotros, tú ya lo sabes. Pero ¿podrías hacerme caso por una puta vez? Creo que tengo un poco de experiencia en esta mierda. Ya sabes, salvándote la vida y tal.
Ariel abrió y cerró la boca varias veces mientras Jim la miraba fijamente, haciéndola encogerse. Odiaba como él podía intimidarla de ese modo, como cuando sus miradas se encontraban ambos sabían perfectamente lo que estaban pensando, y una especie de conexión superior a ellos la hacía sentirse fuera de sí. Odiaba el poder que él tenía sobre ella, y que siempre se esforzaba por ocultar.
-Haz lo que quieras-dijo la sirenita con decisión-yo me voy.
-¡Ariel, espera!-exclamó Bella con angustia. Ariel se giró y la miró enfadada. En realidad toda la culpa era de ella ¿por qué tenía que haber aceptado Bella a Jim? ¿por qué no podía haberlo rechazado, como ella hacía? Todo era culpa suya… "No, claro que no lo es"-pensó Ariel para sí, avergonzada de sus propios pensamientos.
-Ariel… ¿y tú cangrejo?-preguntó Bella con preocupación. Ariel se tocó la nuca, notando qué Sebastián no estaba allí. Llevaba tiempo allí sujeto que ya se había acostumbrado a su tacto, ni siquiera se había dado cuenta de su desaparición.
-¿Sebast…?-Ariel se giró y comenzó a buscarlo. Debía de haberse caído en alguno de los pasillos de la fábrica mientras corrían-¡¿Sebastián?!
Ariel miró a Jim angustiada e indefensa ¿dónde estaba su amigo? No, no podía perderlo. No a él. Sebastián era quien más la había apoyado en esas últimas semanas. No iba a permitir que le pasase algo malo justo cuando acababa de entender que era una de las personas más importantes en su vida, quién la había cuidado desde que era una niña.
-Tranquila…-dijo Jim suspirando mientras desenvainaba nuevamente su arma de Gantz-vamos a buscarlo.
Sebastián por su parte correteaba desorientado por una de las cintas de producción de la fábrica. De repente escuchó unos sonidos extraños al fondo y ocultándose tras una enorme máquina de envolver galletas distinguió dos siluetas de niños y otra más grande, atada a una cinta de montaje. Afinando un poco más la mirada, Sebastián distinguió a aquel extraño tipo, el supuesto Sombrerero terrorista, atado a la cinta. Los dos extraños niños reían y correteaban en torno a él, canturreando una extraña canción.
Double, double, toil and trouble.
Fire burn and cauldron bubble.
Double, double, toil and trouble.
Something wicked this way comes!
Eye of newt and toe of frog,
Wool of bat and tongue of dog,
Adder's fork and blind-worm's sting,
Lizard's leg and owlet's wing.
Double, double, toil and trouble.
Fire burn and cauldron bubble.
Double, double, toil and trouble.
Something wicked this way comes!
-Vaia… eso niño están mu mal… eta juventude son terribles…-comentó el cangrejo rascándose su carnosa cabeza. En ese momento una sombra lo cubrió, envolviéndolo por sorpresa. Sebastián se dio cuenta demasiado tarde de que el humo negro lo había atrapado y ahora lo consumía-¿PERO QUÉ…?
-Boooooooogh…-el espíritu de Oogie se metió en el cuerpo de Sebastián, y después de luchar durante unos segundos pataleando y retorciéndose mientras intentaba sacarlo de su interior sin poder conseguir impedirlo los ojos del cangrejo se volvieron completamente blancos, y por su boca salió un asqueroso líquido negro similar al alquitrán. Su alma no tenía la resistencia que poseía la de Mary Poppins, y aunque había prestado sorprendente batalla para tratarse solo de un simple cangrejo, era inevitable que terminase siendo consumida por el poder del monstruo.
-¡Chicos, ya estoy!-anunció Barrel corriendo a donde estaban Lock y Shock con el prisionero Tarrant-¡Oogie ha dicho que bajemos a ayudarlo!
-No, esperad-dijo una voz. Los tres niños se volvieron con sorpresa al ver como el cuerpo de un pequeño cangrejo volaba torpemente hacia ellos y los hablaba mientras su cabeza rotaba totalmente y los demás miembros de su cuerpo vibraban poseídos por el oscuro fantasma-hay aquí unos malditos entrometidos, su plan es liberar todo el caramelo para matarme…
-¿El caramelo?-repitió Shock, extrañada.
-¡UOOOOO!-el cangrejo poseído golpeó a Shock en el rostro lanzándose contra ella directo y brutal como un misil, y la brujita se llevó las manos a las narices, dolorida, liberando por ellas un chorro de sangre.
-¡Au!-protestó asustada.
-Id y acabad con ellos-ordenó Oogie-yo volveré a bajo y mataré al resto. No falléis ¿entendido?
-¡Claro papi Oogie!-dijo Lock encantado con la orden mientras Barrel consolaba a Shock que se frotaba dolorida. El cangrejo salió disparado volando en la otra dirección con intención de regresar a las alcantarillas. Si creían que iban a vencerlo de ese modo tan patético, estaban equivocados. El maldito agente negro que llevaba molestándolo todo el día debía de estar ya muerto y su aparato perdido entre el caramelo. Ahora solo le quedaba neutralizar a Mary Poppins, y después mataría gustosamente al resto. Malditos cabrones entrometidos… acabaría con todos ellos.
Había sido muy fácil infiltrar una pequeña arañita en la casa de los Banks y espiarles mientras trazaban su plan. Así sabía ahora perfectamente donde se encontraban Hércules y el resto de los que intentaban abordarlo en su escondrijo, y también que el otro agente, el tal Bert, estaba en la otra base del D23 preparando refuerzos. Para cuando los agentes del D23 de refuerzo llegaran, la bomba que tenía preparada en las alcantarillas detonaría, y entonces estarían todos muertos. Simplemente brillante. Como todos sus planes. De paso, había dejado a una polilla blanca siguiendo a Bert para averiguar dónde estaba la otra base del D23, allí supuestamente se encontraba Skeleton. Así que después de morir todos, iría allí y consumaría su venganza. Solo le quedaría esa tirada del dado. Simplemente perfecto.
-Jejejejejeje… vosotros aún no me conocéis-rió Oogie dentro del consumido cuerpo del cangrejo mientras volvía a meterse en las cloacas. Efectivamente como se esperaba estaban llenas del pegajoso caramelo que sus enemigos habían soltado contra él. El cangrejo lo sobrevoló movido por el alma de Oogie mientras regresaba al epicentro de su escondite. Ellos creían que lo habían vencido, pero como buen jugador que era, Oogie Boogie siempre guardaba un as en la manga.
-¡Joder! ¡ME CAGO EN LA LECHE!-Aladdín esquivó otra de las cuchillas mientras levantaba la espada y destrozaba los mecanismos del robot. Era el octavo "juguetito" de Oogie que intentaba matarlos.
Durante su trayecto por las cloacas el equipo formado por Hércules, Meg, Aladdín, Lady Tremaine y Mary Poppins se habían encontrado ya con varias trampas preparadas por el monstruo para invitados no deseados: cuchillas sorpresa, una trampilla que caía a un abismo lleno de pinchos y una llamarada de fuego sorpresa que había quemado a Hércules en el brazo. El héroe sin embargo no se había dejado vencer por el dolor, y había conseguido repeler fácilmente las otras trampas de Oogie con las funciones proporcionadas por el traje que ahora estaba casi sin batería.
-Ya estamos…-indicó Hércules cuando salieron de un estrecho conducto para llegar a una amplia estancia donde estaba la depuradora central del barrio. El agua sucia de los váteres y lavabos en áreas de la zona blanca era depurada en estas máquinas y luego se llevaba a la zona roja, donde era reutilizada o incluso vendida en botellas. Aladdín podía dar fe de que por desgracia esa agua no siempre se depuraba del todo, lo cual para los consumidores de la zona roja era una gran mierda.
La sala de la depuradora llevaba casi dos años sin funcionar y Oogie la había "retocado" a su estilo particular durante esas semanas escondido allí: había una enorme ruleta de la suerte en el suelo y varios dados gigantescos colgando del techo, además de una pista de bolos donde en vez de bolos había calaveras, y en las paredes un enorme tablero de parchís y un castillo de naipes. Encima de una plataforma más elevada habían descomponiéndose casi cien cadáveres, los desaparecidos en esas últimas semanas a causa del monstruo, más de la mitad de ellos ni siquiera eran conocidos por la policía ya que Oogie atacaba a vagabundos y personas solitarias para que nadie pudiese seguirle el rastro. También había niños, abuelos, muchas mujeres con sus partes íntimas simplemente destrozadas y cuerpos que no se podía saber lo que eran por su lamentable estado de destrucción. Con la carne y la muerte Oogie Boogie había ido fortaleciendo su poder hasta convertirse en la formidable y cuasi invencible entidad que era ahora. Ya no le afectaba ni el fuego ni las balas ni el metal. Apenas ya incluso los hechizos formulados por la poderosa Mary Poppins.
-Lo han conseguido…-observó Aladdín señalando el caramelo que estaba inundando el santuario de Oogie Boogie. Chorreaba por las paredes y las tuberías que conectaban con la depuradora. Hércules sabía que pronto toda la alcantarilla estaría anegada de ese líquido, tenían que terminar deprisa con todo aquello.
-Pero… él no está aquí…-dijo Mary Poppins, preocupada.
-Sí, mire…-Hércules señaló a los insectos: efectivamente, había cientos de ellos atrapados por el caramelo. Luchaban por escapar batiendo las alas o sacudiendo sus afiladas patas, pero era imposible. Un saltamontes más espabilado consiguió alejarse dando un salto, pero Aladdín lo atrapó al vuelo y lo espachurró en el suelo con toda la mala leche de la que fue capaz. El árabe realmente estaba harto de Oogie Boogie.
-Él no está aquí…-dijo Mary preocupada, negando con la cabeza-no, no está…
Hércules la miró con seriedad unos segundos, y luego agachó la cabeza hacia su micro.
-Jim ¿me recibís? ¿Jim?-dijo.
-¡Joder, por fin!-se escuchó la grave voz del chico a través del micro.
-Jim, Oogie no est…
-¡Sabe que estamos aquí!-le interrumpió Jim con fiereza-¡Sabe todo lo que planeamos, debió de espiarnos! ¡Estaos preparados, porque irá a por vosotros!
-¡Mierda!-Aladdín miró a Hércules muy preocupado-¿Y ahora qué hacemos?
Hércules miró a Meg, que asintió, decidida, y luego hizo crujir sus nudillos con rabia.
-Luchar. Como hemos hecho todo el rato.
En ese momento por el tubo de la cañería principal, situado en el techo de la sala, descendió un pequeño cangrejo. Ya no llevaba puesto el traje de Gantz, y flotaba con siniestra gracilidad mientras se posaba encima de la montaña de cadáveres asesinados por Oogie Boogie.
-Ahí está-indicó Mary, con voz robótica. Estaba preparada.
-Veo que aún quieres volver a verme… es una suerte que hayas venido… me has ahorrado el tener que preparar otra trampa para ti, Mary Poppins-el cangrejo habló con la potente voz de Oogie Boogie. Ya no sonaba raspada ni cavernosa, tampoco aguda ni ahogada como otras veces. Ahora mismo, por primera vez, sonaba como una voz humana real, como la del joven que una vez fue él, Damien Brahms. Una mente perturbada, que se dejó arrastrar por otra más perturbada aún.
-Hoy vas a morir Damien. Como debiste haber muerto hace cinco años-dijo Mary avanzando valientemente hacia él.
-¡No!-Hércules la retuvo. Mary le miró con sorpresa, pero entonces se percató de que había dos grandes metralletas ocultas en la ruleta de la fortuna del suelo, y apuntaban ya hacia ella-cuidado…-la avisó el fortachón. Mary asintió lentamente-mucho cuidado…
Sebastián paseó por encima de uno de los cadáveres humanos mientras una débil risa se escuchaba salir de él, aunque ni siquiera movía la comisura de los labios.
-¿Creéis haberme derrotado, chicos?-preguntó Oogie disfrutando al verlos tan asustados de él.
-Pues… lo esperábamos, la verdad-reconoció Aladdín señalando a los cientos de insectos que se ahogaban en el caramelo. El nivel subía cada vez más, y los morros de las ratas y las cabezas de los gusanos intentaban escapar del pegajoso líquido que se espesaba cada vez más sumergiéndolos en él sin compasión. Demasiado densa para nadar, demasiado líquida para flotar.
-Ya no tienes a tus bichos-observó el árabe. Pero Hércules sospechaba ya que eso no importaba. Si Oogie conocía sus planes desde el principio y había permitido que todos esos insectos murieran es porque ahora tenía una idea mejor. ¿Pero cuál sería?
-No, ya no los tengo-reconoció Oogie con maldad-pero no los necesito. Mi poder ha aumentado. Ahora todo forma parte de mi cuerpo… los bichos… los cuerpos… y dentro de poco… VOSOTROS…
El cangrejo alzó sus pinzas y de repente los cadáveres bajo él comenzaron a vibrar. Mary abrió mucho la boca, horrorizada, al ver como la carne de los cuerpos comenzaba a descomponerse arrancándose de ellos y volando hacia donde estaba Sebastián. Los estómagos de los humanos asesinados se rajaron y las vísceras salieron disparadas enroscándose y empezando a formar de nuevo el cuerpo de Oogie. También los bichos que aún asomaban entre el caramelo se arrancaron y vomitaron sus propios órganos, que fueron uniéndose al nuevo Oogie. Una risa histérica y descontrolada del monstruo resonó por todos los pasillos de las laberínticas cloacas mientras nuevamente la criatura se conformaba en su forma final. Mary alzó su paraguas y le disparó un rayo de energía rojo, pero apenas le hizo nada.
-¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA! ¡JOJOJOJOJOJOJO! ¡VAIS A MORIRRRRRR, VAIS A MORIRRRRR TODOS!-rió Oogie maquiavélicamente mientras crecía y crecía hasta rozar el techo y miraba a sus enemigos con voracidad ansiedad. Volvía a ser gigantesco, y esta vez daba mucho más miedo: manos, brazos, riñones, corazones, ojos, dientes y pelo humano conformaban a la sádica bestia del Infierno que había surgido ante ellos, además de murciélagos que lo rodeaban e iban uniéndose a su cuerpo, y un montón de cotrosos excrementos y suciedad de las paredes que fue mezclándose para conformarlo. Dando un grito tan potente que hizo derrumbarse el techo Oogie Boogie se lanzó contra sus enemigos sin darles un segundo para reaccionar.
-¡CORRED!-gritó Aladdín empujando al resto. La enorme boca de Oogie Boogie estuvo a punto de comérselo, pero sacando la granada de Gantz que llevaba colgando del cinto el árabe se la lanzó a Oogie y la explosión hizo que una parte del monstruo se desintegrara. Sin embargo este se repuso enseguida. Cada vez era más grande, e iba ocupando más hueco en las alcantarillas de Suburbia, extendiéndose por ellas. El terrorífico cuerpo de Oogie extendió una gigantesca manaza tratando de atrapar a alguno de sus enemigos. Estuvo a punto de coger a Lady Tremaine pero ella se desapareció girando la muñequera de su traje.
-¿EH?-Oogie se quedó dando manotazos al aire, pasmado, mientras intentaba entender lo que acababa de pasar-NONONONONONO…. ¡NADA DE TRAMPAS! ¡BUAAAAAAAAAGH!
El vómito corrosivo del monstruo inundó la sala abrasando la ruleta de la fortuna y los dados gigantes, que cayeron y se estrellaron en el líquido de caramelo salpicando.
-OOOOOOOH…-Oogie se dio cuenta de que no podía avanzar en el caramelo: parte de su cuerpo se quedó pegado al líquido y le fue imposible moverse.
-Alá bendiga al tofe-dijo Aladdín sonriendo al verlo-¡rápido, a por él!
-¡ESPERA!-gritó Hércules preocupado, pero Aladdín no esperó a más: lanzándose encima del monstruo comenzó a clavarle la espada por todas partes con un grito de rabia que le salió de lo más hondo.
-Asesino… de mierda…-musitó el chico mientras acuchillaba al monstruo sin detenerse un segundo. Sin embargo del cuerpo de Oogie Boogie asomaron varias manos cercenadas de los cadáveres que agarraron a Aladdín por el tobillo y tiraron de él tratando de meterlo dentro del cuerpo del monstruo. Aladdín se dio cuenta y ensartó las manos con su espada hasta crear un horrendo kebab con ellas.
Hércules miró a Meg, que contemplaba la escena muy impactada: mientras el escondrijo de Oogie Boogie se derruía el monstruo seguía aumentando de tamaño siendo una mole negruzca espeluznante que no podía avanzar porque el caramelo lo había retenido. El nivel de la sustancia, anaranjada e hirviente, seguía aumentando y pronto todo los alcanzaría a ellos. Debían retirarse y pensar otro plan, o seguir luchando.
-Tú decides-le dijo Hércules a Meg. Ella le miró con sorpresa. Él tragó saliva. Si morían ahora… nunca podría decirle lo mucho… que lo sentía. Meg pareció entenderlo, porque asintió con delicadeza.
-Creo que ya nos tocaba morir un poco-dijo la chica antes de saltar de un modo similar al de Aladdín agarrándose a la cabeza del monstruo con su espada y dándole un fuerte tajo cerca del ojo. Oogie agarró a Meg y la acercó a su boca dispuesto a comérsela, cuando Hércules se arrojó también encima suyo y hundiéndole su espada en el brazo se lo cortó en dos. Meg y Hércules saltaron al vacío acompañados de la mano cortada de Oogie que rugía dolido por el golpe. Iban directos al hirviente caramelo cuando Meg presionó su rueda y se elevó con la función de vuelo. Hércules se había quedado sin energía, pero Meg ya contaba con eso y sujetándole lo alejó del caramelo hasta posarlo encima de la casa de naipes gigante. Viéndolos allí Oogie arrojó su otro brazo contra ellos y aplastó los naipes, pero los chicos lo esquivaron nuevamente.
-RRRRRRRRR…. VAIS A MORIR…-les avisó Oogie babeando su vómito verdoso que se mezclaba con el caramelo mientras intentaba abrirse paso-MORIRÉIS…
Unas esferas de luz dorada chocaron contra el cuerpo de Oogie y desintegraron parte del monstruo que era ahora. Él se volvió hacia Mary Poppins, que lo apuntaba nuevamente con su paraguas. Soltando una carcajada la empapó de sustancia negruzca, que ella soportó con paciencia mientras le chorreaba por su impecable chaqueta y su sombrero.
-¡NO PUEDES VENCERME, PERRA! ¡YA NO, PUTA GEMIDORA ASQUEROSA! ¡ESTÁS PERDIDA!-rió el monstruo arrancando un trozo del techo para intentar liberarse del caramelo utilizándolo como cuchara. Oogie solo estaba consiguiendo hundirse más, pero aún podía salir de allí si lo deseaba. Siendo tan grande como era… ¡arrasaría todo el barrio! Y quién sabe, si seguía creciendo más…
-Aún no…-dijo Mary mientras lo apuntaba nuevamente con el paraguas y entrecerraba los ojos-¡EXPELLIO!
Un rayo rosa traspasó la cabeza de Oogie que dando horríficos gritos se tambaleó provocando un temblor en toda la alcantarilla, mientras Aladdín aprovechaba para clavarle con más fuerza su arma en lo que parecía el estómago de uno de los cadáveres. Hércules y Meg volvieron también a la carga aferrándose a la espalda de Oogie y acuchillándolo allí.
-JJJJJJJJJJJJJJJJ….-Oogie cerró nuevamente los ojos mientras sentía la rabia bullir en su interior. Estaba a punto de hacer algo muy malo. No sabía qué, pero sería terrible, y todos pagarían por ello.
Mientras todos estos acontecimientos se habían ido sucediendo muy rápidamente en la casa de los Banks Lilo había hecho buenas migas con los pequeños Michael y Jean, cuando un acontecimiento inesperado la había sorprendido:
Estaban los tres niños sentados contándose cosas de su vida, cuando alguien en la ventana los había sorprendido.
-Entonces nos convertimos en animales, y yo era un oso panda…-decía Lilo mientras sus dos nuevos amigos la miraban impresionados. De repente la cara de Michael cambió, y pareció asustado.
-Mirad…-indicó, señalando a la ventana. Lilo se volvió para descubrir a un viejo amigo allí.
-¡Stitch!-exclamó la niña corriendo hacia la ventana y abriéndola de un tirón. El monstruito azul abrió la boca enseñando la lengua y los afilados dientes mientras decía con su voz casi inentendible.
-¡Hola!
-¡IIIIIIIIH!-chilló Jean asustada.
-¡Cómo mola!-exclamó Michael yendo hacia él-¿qué es?
-¡Stitch!-repitió Lilo abrazando a su fiel amigo. El monstruo azul rodó por el suelo como un perrito mostrando su barriga a Lilo que se la acarició cariñosamente-¡Stitch, me has encontrado! ¡Eres un detective, te dije que eras bueno!
-¡Stitch detective bueno!-repitió el monstruo incorporándose satisfecho y alzando sus brazos mostrando sus músculos como una vez le había visto hacer a Jim de broma.
-Ven, acarícialo, no tengas miedo-le dijo Lilo a Jean gentilmente. La niña miró a Stitch aún muy asustada, pero luego le fue acariciando el pelaje primero muy poco y luego cada vez con más confianza, haciendo que la bestia gruñera de placer y la diese un lametón.
-Uau…-exclamó Jean soltando una risita al notar las frías babas de Stitch en su mejilla-eres… ¡eres muy mono!
-Gliiiiiik…-Stitch abrazó a Jean con tanta fuerza que la cortó la respiración unos segundos. La niña miró a su hermano y ambos prorrumpieron en sonoras carcajadas.
-¡Chócala!-exclamó Michael enseñándole su mano, y Stitch chocó, divertido.
-¿Has rastreado mi olor hasta aquí?-le preguntó Lilo interesada-¿Como ensayamos?
Llevaban varias semanas con aquello: Lilo dejaba a Stitch contando en casa y se escondía por el edificio donde estaba el piso de Nanny. El monstruíto tenía que olisquear su olor hasta dar con ella, y se había vuelto un auténtico lince haciéndolo. Sin embargo Lilo aún tenía pendiente el que lo ensayaran en distancias más largas… ¿cómo había hecho Stitch entonces para encontrarla, si ella había desaparecido en la otra punta de Suburbia?
Una vez más, Lilo subestimaba a la criatura: Stitch no era un simple perro azul con súper fuerza y súper agilidad: había sido desarrollado por el profesor Von Drake y su equipo en E.P.C.O.T para ser una absoluta máquina de matar, un soldado perfecto (aunque en el campo del adiestramiento había fallado estrepitosamente). Stitch tenía una inteligencia superdotada y un talento para la tecnología similar al de Jim Hawkins, además de un sexto sentido que lo advertía del peligro, la capacidad de ver a través de los edificios y por supuesto un olfato y oídos tan potentes que podía rastrear a una persona a más de un millar de kilómetros. Todos estos "poderes" del monstruos estaban en crecimiento exponencial, lo que significaba que aún los estaba desarrollando, pero al desaparecer Lilo en aquella Nochebuena Stitch había podido al fin ponerlos en prácticas.
-¿Dónde está Lilo? ¿Dónde está?-Nanny recorría toda la casa de los Kawena cada vez más agobiada. Tenía un mal presentimiento sobre aquello: solo hacía unos minutos que se había ido de la cocina, pero el radar de la hermana mayor se había puesto alerta inexplicablemente, y al buscarla en varias habitaciones y no verla se estaba preocupando.
-Tranquila Nanny, se debe de haber escondido-viéndola así de nerviosa David la ayudó a buscarla, pero el chico también se empezó a preocupar al ver que efectivamente no aparecía-¿Stitch?
David se asomó al despacho de su padre y vio al monstruo asomado en la ventana. Nada más desparecer Lilo su mascota se había asomado a la ventana y había comenzado a olisquear, preocupado. Habría jurado captar un ligero olor, pero ahora había desaparecido. Fuera como fuese, Stitch estaba seguro de que ahora ella no estaba ni en aquella casa, ni en aquel edificio, ni siquiera en aquel barrio. Pero seguramente seguía en la ciudad. Así que descolgándose por el balcón el monstruo dio un tremendo salto al vacío y aferrándose al maletero de un autovolante se dejó llevar hacia el centro.
-¡STTTTIIIIIIIIIICH!-lo llamó David asomándose a la ventana. ¿A dónde coño iba? ¿Y Lilo?
-No está, David ¡No está!-exclamó Nanny llevándose las manos a la cabeza con angustia entrando también en el despacho. David prefirió no decirle que el perro acababa de defenestrarse porque ya le daría un ataque-¿DÓNDE PUEDE ESTAR?
-Tranquila Nanny, la encontraremos-dijo el señor Kawena con benevolencia.
-¿Habrá salido al pasillo?-sugirió la señora Kawena abriendo la puerta a fuera. Pero no era probable.
-Otra vez no…-gimoteó Nanny tirándose del pelo con ansiedad. No estaría tan nerviosa si no tuviera un muy mal presentimiento sobre aquello-¡DIOS, OTRA VEZ NO!
-Tranquila Nanny… tranquila…-dijo David abrazándola. Miró a sus padres, cortado-vamos… vamos a buscarla.
Ellos no podrían encontrarla. Pero el experimento 626 tal vez sí. Stitch sacó sus dos brazos extras y sus antenas mientras aspiraba el contaminado aire de Suburbia.
-Aaaaajgh, puagh…-el monstruito escupió repugnado al notar el sabor a contaminación, pero luego siguió olisqueando tratando de concentrarse. Cada partícula del aire podría llevarla a ella. Pero no la encontraba… no sabía ni por dónde empezar. Por suerte, la frustración era algo con lo que Stitch no había nacido.
-¡RUAAAAAAGH!-el monstruito saltó de un autovolante a otro aterrizando luego en el techo del endobús, que a toda velocidad lo paseó rápidamente por gran parte de Suburbia. Eso le vino muy bien a Stitch porque pudo avanzar gran parte de la ciudad en poco tiempo, aunque iba tan rápido que apenas podía detectar nada. Lilo ya le había hablado de Gantz durante muchos días. Stitch no entendía muy bien lo que la niña le explicaba, salvo que había una bola mala y gente mala, asesinos. Stitch no podía sentir angustia como Nanny. Pero sí que quería encontrar a Lilo cuanto antes.
Tras tres horas recorriendo al ciudad por fin le pareció sentir algo: entonces saltó del endobús a una calle por el centro. La Torre de Suburbia, el edificio más grande de la ciudad, podía verse brillando como una tercera luna en el cielo. Stitch se convirtió en una bola azul que rodó calle arriba hasta un edificio. Entró y subió corriendo por las escaleras hasta llegar a una puerta, pero esta estaba cerrada. Stitch intentó abrirla de una patada pero no pudo. Quiso echarla abajo con golpes bestiales, pero tampoco pudo. Finalmente probó a forzar la cerradura con su uña, pero solo consiguió partirla en dos.
-GÑÑEEEEEEEKYYYY…-Stitch pronunció como pudo algunas palabrotas aprendidas de David y luego se volvió a lanzar dando cabezazos contra la puerta del piso, sin conseguir nada en absoluto. Algo había en esa puerta que la hacía imposible de abrir. Frustrado finalmente se alejó pensando otro modo de acceder a él. Tal vez por una de las ventanas le fuera posible hacerlo…
¡BOOOOOOM! En ese momento la pared reventó y Stitch saltó por los aires, estrellándose contra la casa de al lado. Se incorporó, debilitado, y reconoció para su desgracia la figura que avanzaba hacia él, grande y amenazadora.
-Objetivo improcedente, inmediata destrucción-dijo el Baymax estirando su puño hacia el monstruito para aplastarlo-llevamos semanas buscándote…
-¿"Llevamos"?-repitió Stitch sorprendido. En ese momento la otra pared del edificio se destruyó también y otros dos Baymax se abrieron pasos con sus robóticos y pequeños ojos negros clavados en él.
-Objetivo improcedente, inmediata destrucción-repitieron.
Stitch dio un salto y esquivó el puño del primer Baymax mientras saltaba a la cara del segundo y le arañaba el casco, tratando de llegar a sus ojos. Sabía que eran el punto débil del robot, pues sin ellos daba palos de ciego.
-Ah, no-el Baymax agarró a Stitch por el lomo y lo apartó de su cabeza para estamparlo luego en el suelo violentamente, reventando las baldosas y causándole al experimento 626 un dolor brutal en la columna. Baymax levantó su puño para golpear nuevamente a Stitch pero él se escurrió de su agarre y rodó como una bola tratando de escapar por el hueco de la escalera. El primer Baymax que había llegado disparó su puño contra él y le acertó de lleno. Stitch notó los nudillos de acero de Baymax clavarse en su costado, y luego dio un traspiés y cayó por la escalera, rebotando en varios peldaños y aterrizando en el portal. Los tres Baymax aterrizaron casi a la vez que él y lo miraron, imponentes y terribles, rodeándolo.
-Inmediata destrucción-repitieron, apuntándolo. Un experimento fugado de E.P.C.O.T. se convertía en un peligro en potencia. Era la única opción.
Con los ojos hinchados y habiendo perdido cuatro dientes Stitch notó la sangre brotarle de la nariz. Tenía una oreja rasgada y una antena doblada. Los Baymax lo apuntaban con sus puños a la cabeza, se la aplastarían como a un melón. Un brillo en los negros ojos del monstruo dio a entender sin embargo que no lo conseguirían tan fácilmente.
-¡COWAAAABUNGAAAA!-Stitch saltó a un lado justo a tiempo de evitar los tres puños de los Baymax y luego rebotó en una pared estrellándose contra el rostro del primero. El robot intentó quitárselo pero esta vez Stitch lo esquivó. Le enseñó la cloaca de su trasero a los otros dos Baymax, que cerca de la emoción humana del asco apuntaron hacia él. Saltando nuevamente a tiempo, Stitch esquivó los puño-bala de sus atacantes, que fueron a estrellarse a la cabeza del primer Baymax, reventándosela.
-¡KIAJAJAJAJAJAJAJAJA!-rió Stitch burlón mientras rodaba fuera del portal y los dos Baymax lo perseguían furiosos-¡KIAJAWALABANUWANDA!
-¡ME CAGO EN LA LECHE!-un hombre que corría hacia su casa con los regalos para sus hijas esquivó a Stitch por los pelos y maldijo hasta que los dos robots pasaron también y se lo llevaron por delante. Stitch seguía rodando pero luego vio pasar por encima un levitransporte en el que iban diez personas y pegando otro de sus tremendos botes se aferró a él y escaló hasta el techo.
-Maniobra de cierre-le dijo un Baymax al otro. Ambos se elevaron volando hasta el levitransporte. La gente prorrumpió en exclamaciones al ver a los dos droides, que subieron hasta el tejado y trataron de coger a Stitch. El monstruito saltó a una moto, y luego de coche en coche por el vórtice de tráfico mientras intentaba dejarlos atrás. La nieve y la ventisca eran más fuertes que nunca y azotaron a Stitch en su pequeño y peludo rostro pero él no se rindió y continuó su huida seguido de cerca por los dos robots. Al llegar a una rotonda Stitch saltó al endobús que pasaba por la línea 5 y comenzó a correr por el techo de los vagones. Un Baymax sin embargo se colocó delante, y el otro detrás suyo, cortándole el paso.
-¿Ahora qué harás?-le preguntó uno de los robots, con un tono tan escalofriantemente educado como siempre.
-¡PAPAFRITA!-se burló Stitch señalando al túnel. Los dos Baymax se elevaron dejando el endobús justo antes de darse con el techo de la entrada al túnel. Ellos eran demasiado altos para pasar, pero Stitch por el contrario cabía perfectamente. El monstruo rió aferrado al techo del vagón viendo las luces del túnel que lo iluminaban por momentos hasta que volvió a salir al exterior. Se le borró la sonrisa sin embargo al ver a los dos Baymax que volaban hacia él nuevamente, dispuestos a rodearlo otra vez.
-Caca…-Stitch saltó al interior del vagón del endobús provocando exclamaciones por parte de la gente y corrió por el pasillo mientras los Baymax destrozaban la ventana y volaban rápidamente detrás suyo, derribando a todo el mundo.
-Cuidado, cuidado… perdonen…. Cuidado-pidieron los robots, teniendo finalmente que frenarse preocupados por hacer daño a alguien.
Stitch saltó del último vagón aterrizando en otra moto y se alejó riendo y haciéndoles un corte de manga a sus perseguidores que ya quedaban muy atrás.
Fue entonces cuando creyó ver a su amiga pasar en un coche cerca suyo, y detrás un enjambre de motoristas vestidos de negro que iban disparándolos.
-¿Lilo?-Stitch saltó de su moto a la de uno de los agentes del D23, que girándose con sorpresa lo apuntó con su arma e intentó dispararlo-¡FUERA!-Stitch arrojó al agente de su moto, y subida a ella persiguió el autovolante donde creía haber visto a la niña. Los otros agentes del D23 vieron a Stitch conducir al lado suyo, y así tres de ellos se quedaron enfrentándose al monstruo mientras el resto continuaban su persecución a los vehículos de los participantes de Gantz, como ya se relató.
-¡HA HA BLIZNAK!-se burló Stitch haciendo un looping en su moto y disparando con la ametralladora a los otros agentes. Derribó a dos de ellos, y sobre el tercero saltó y le pegó un buen bocado en la cabeza, arrancándosela. Lilo le había dicho que nada de matar a la gente. Pero Lilo no estaba allí ahora…
Después de vencer a los agentes Stitch continuó su búsqueda de Lilo. Ahora el área de búsqueda se había reducido para él ya que estaba seguro de haberla visto pasar en aquel coche, así que continuó intentando olfatearla o percibirla con sus sentidos hiperdesarrollados.
La búsqueda duró dos horas más hasta que la moto se quedó sin energía y Stitch tuvo que robarle el coche a un repartidor de pizzas que tenía trabajo incluso en Nochebuena. Mientras encendía la radio y se partía de risa él solo, Stitch se comió cuatro pizzas cada una de un bocado, y cantó a pleno pulmón la canción que sonaba.
I see you driving 'round town
With the girl I love and I'm like,
Forget you!
Oo, oo, ooo
I guess the change in my pocket
Wasn't enoug, I'm like,
Forget you!
And forget her too!
Said, if I was richer, I'd still be with ya
Ha, now ain't that some shit? (ain't that some shit?)
And although there's pain in my chest
I still wish you the best with a
Forget you!
Oo, oo, ooo
Sus pesquisas lo llevaron hasta un lugar extraño que no identificaba, llamado "La Isla de los Juegos", el parque de atracciones abandonado de donde se habían llevado a Lilo ya hacía un rato. Stitch recorrió el parque hundiendo sus patitas en la nieve. El monstruo ya no reía. Estaba cada vez más preocupado, y cuando encontró un montón de cuerpos de niños desmenuzados en el suelo de una carpa destrozada recientemente, se preocupó aún más. ¿Y si Lilo estaba…? No, eso no podía ser. Stitch simplemente no podía concebir una idea así en su privilegiado cerebro.
Distinguió unos coches de policía y uno negro muy particular, acordonando la zona. Stitch decidió seguir al coche negro, y montándose nuevamente en el camión de pizza fue detrás suyo. Mientras engullía una cuatro estaciones el monstruo concentró su vista en los conductores del coche negro. Le habían visto, estaba seguro.
-Deshazte de ese espía-dijo el agente del D23 que conducía a su acompañante. Él activó en una pantalla la metralleta que el coche tenía en su maletero. La metralleta se asomó y abrió fuego contra el coche de Stitch, que echándose al suelo esquivó las balas justo a tiempo.
-GYYYYYYY…-el experimento 626 le pegó una fuerte patada a la puerta del camión de pizzas y saltó fuera de él antes de que este perdiera el control y se cayera estrellándose en medio de la calle y explosionando con violencia.
-Podría haber heridos-le reprendió el agente que conducía a su compañero.
-Los hay todos los días-replicó él encogiéndose de hombros.
-¡Didiplash! ¡Dididaaaa!-canturreó Stitch risueño asomándose por la ventanilla del coche.
-¡AAAAAAAH!-los dos agentes sacaron sus armas y se liaron a tiros contra el monstruo pero al final el copiloto se cargó accidentalmente al piloto y el coche se estrelló contra un enorme anuncio de perfumes de Jessica Rabbit, explotando también. Stitch salió disparado y cayó cientos de metros hasta aterrizar en la acera abriendo un boquete en ella.
-Auuuuuu… ayayayayay…-el monstruo salió del agujero que había hecho en la calle dando tumbos y se metió en un bar donde cogió un dispensador de cerveza y se lo vació en la boca. La gente que lo veía pasar lo miraban atónitos, pero nadie dijo nada.
Sería muy largo de explicar cómo el monstruo se las fue ingeniando para rastrear a su amiga, pero gracias a su encontronazo con los agentes en el coche negro pudo encontrar un olor similar en el aire y seguir la pista hasta un enorme edificio industrial en apariencia abandonado, casi cuatro horas más tarde de su encuentro con la niña. Cuando Stitch entró en el edificio, el grupo de Gantz ya se había fugado nuevamente y los pocos agentes del D23 que quedaban estaban preparando su marcha a la base del norte donde habían transportado a Jack Skeleton.
-Suban a este coche…-ordenó Cobra Burbujas, llevándose a Hércules y Ariel en él. Stitch reconoció a la pelirroja y al agente calvo de sus anteriores encuentros, pero no dijo nada. Esperó a que se marcharan para seguirlos, cuando un ruido ya conocido lo alertó. Él no era el único que había rastreado esa noche…
-Objetivo improcedente, inmediata destrucción-dijo uno de los dos Baymax, destrozando la pared del edificio.
-¿Qué coño hacen estos robots aquí?-exclamó un agente del D23 apuntando a los Baymax y disparando.
-Por favor, no disparen, venimos en son de paz-dijeron ellos.
-¡BLIZNAKK!-Stitch agarró un coche de los que estaban aparcados en el hangar y se lo lanzó a los Baymax y al agente. Ellos quedaron sepultados en él pero lo apartaron enseguida. El agente no tuvo tanta suerte, y se quedó en el suelo, con los huesos destrozados.
-¡JIBILIJIBILIJIBILI!-se burló Stitch echando a rodar por las instalaciones de la base secreta. Los agentes del D23 lo persiguieron seguidos de los Baymax que apenas podían desplazarse bien por aquellos pasillos tan estrechos, hasta acorralarlo en el bloque de celdas.
-Si lo que queréis es destruirlo entonces compartimos un objetivo en común-le dijo uno de los agentes a los Baymax. Ellos asintieron.
-Nuestro objetivo es eliminar al experimento 626. Nada más-respondieron los robots secamente.
-Ya… E.P.C.O.T….-dijo el agente suspirando. Los droides avanzaron por el pasillo donde Stitch los esperaba. En la oscuridad el monstruo sonrió pérfidamente.
-¡AKÍ!-chilló el monstruo con maldad saltando sobre uno de los Baymax. El otro se tiró encima suyo, y ambos perdieron el equilibrio cayendo en una de las celdas. Stitch giró la llave de la celda encerrándolos y avanzó hacia los agentes del D23, que sacaron sus pistolas y cuchillos de sus elegantes chaquetas negras.
-Premio para el que mate al bicho-dijo uno-podemos hacernos una alfombra con su piel…
-No da ni para un bolso…-se burló una agente y avanzó hacia Stitch disparando balas a lo bestia. Stitch esquivó todos los balazos con una velocidad asombrosa y luego le propinó a la agente una patada en la cara, tirándola al suelo. Aferrándola de la pierna la levantó en el aire y giró y giró cada vez más rápido mientras la usaba para atizar a los otros agentes. Algunos no tuvieron escrúpulos y dispararon también, matando a su compañera que recibió todos los disparos. Stitch la lanzó contra ellos y luego se lanzó él mismo. Los agentes del D23 pese a su larga preparación poco podían hacer contra aquella fiera que era casi un rayo de uñas, dientes y violencia. Stitch comenzó a girar sobre sí mismo cada vez más deprisa creando una especie de torbellino y fue golpeando uno tras otro a todos los agentes mientras chillaba y reía, rebosante de adrenalina.
-¡Que alguien… haga… algo!-gritó uno de los agentes. Al ver que estaba sin balas Stitch le pegó un mordisco en la mano tragándose la pistola y luego le pegó un puñetazo que lo propulsó hasta el fondo del pasillo.
-Objetivo improcedente, inmediata destrucción-los dos Baymax habían conseguido romper las paredes blindadas de la celda donde Stitch los había atrapado, y ahora estaban detrás de él listos para atraparlo. Ahora era el monstruo quien llevaba las de perder, lo tenían rodeado.
Los pocos agentes del D23 que aún seguían en pie recargaron sus pistolas y afilaron sus cuchillos mientras apretaban los dientes furiosos.
-Todos a por él-dijo uno de los Baymax abriendo sus enormes alas rojas. Stitch cerró los ojos un segundo mientras recuperaba fuerzas y se preparaba. Ahora sí que tenía que ser verdaderamente rápido.
-¡UAAAAAAAAAH!-los agentes y robots se tiraron contra Stitch pero él los esquivó a todos. Convertido de nuevo en aquel torbellino de furia azul los fue zurrando a todos cada vez más rápido. Agarró a un agente de las muñecas y le hizo disparar contra un Baymax reventándole el casco. El Baymax no podía atacarle porque no quería dañar al agente así que Stitch lo empleó de escudo mientras gastaba todos los tiradores. Un agente lo agarró por atrás y estuvo a punto de rajarle el cuello, pero Stitch utilizó sus dos brazos extras para golpear frenéticamente la tripa del agente como si fuese un saco de boxeo, haciéndolo caer al suelo doblado de dolor.
-¡IKARABLISKAH!-Stitch cogió el cuchillo de uno de los agentes y saltó sobre el Baymax que tenía el casco rojo, apuñalándole en los ojos. Al perder la visión el Baymax comenzó a mover de un lado a otro descontrolado y disparó sus dos puños, uno de los cuáles golpeó a un agente que estaba apuntando a Stitch, impidiendo que pudiera darle.
-No veo, no veo, no veo-repetía Baymax. Su compañero robot intentó ayudarlo, pero solo consiguió llevarse otro puñetazo.
-¡JUAJUAJUA! ¡IIIIIIH!-Stitch echó a rodar saliendo del pasillo de celdas. Los agentes del D23 lo persiguieron de vuelta al hangar de vehículos, donde Stitch peleó contra ellos dando tremendos saltos y piruetas para esquivar sus armas y abatiéndolos uno a uno.
-¡COGEDLO!-gritó una agente lanzando varias dagas contra Stitch, pero él de una patada le devolvió la última y se la cargó. El último agente disparó contra el bicho desesperadamente, pero Stitch arrancó una moto y se la tiró encima. Justo entonces el Baymax que estaba sano irrumpió en la escena y destruyó la moto con un terrible puñetazo, evitando que matara al agente.
-Ríndete-le ordenó el Baymax a Stitch. El experimento sin embargo saltó hasta el último tanque que quedaba y encendiéndolo apuntó a Baymax.-¡Oh, no lo creo!-el robot agarró el tanque y lo lanzó contra una pared, provocando una fuerte explosión. Stitch salió del tanque abatido, cuando Baymax lo agarró y lo sacudió con violencia. Luego le agarró la cabeza para espachurrársela, haciendo presión en ella.
-Aaaaaaaaghh… ¡SPLAT!-Stitch arrojó un gapo contra el cristal del casco de Baymax lo que lo distrajo por unos segundos. Nuevamente el pequeño salvaje consiguió escurrirse de él y escalando por el cuerpo de Baymax fue arrancándole cables de sus zonas más delicadas, provocándolo un cortocircuito que lo dejó seco. El robot se agitó unos instantes y luego cayó al suelo. El último agente se quedó mirándolo, perplejo, y luego intentó huir hacia los ascensores, cuando Stitch agarró al robot y se lo tiró encima.
-¡AAAAH! ¡MI… MIERDA!-el agente intentó quitarse al desactivado Baymax de encima, pero no pudo ni tan siquiera moverlo. Stitch se asomó por encima del robot y se despidió del agente, burlón, para luego subirse a una moto y echar a volar. Ahora debería volver a empezar su búsqueda de cero. Pero esta vez los Baymax ya no le darían problemas. El único que quedaba seguía en el pasillo de prisiones, dándose tortazos contra una pared.
-¡JAJIJIJIJI! ¡JOJOJOJO!-rió Stitch derrapando en una curva mientras continuaba buscando a Lilo. Seguro que aún tardaba unas cuantas horas en dar con ella, pero no le importaba.
Y efectivamente, al final su rastro le había conducido primero a un enorme chalet que estaba en llamas y rodeado de policías, donde estaba seguro que ella acababa de estar, y luego a un piso en la zona blanca, en un lujoso barrio residencial. Pegado al cristal del piso Stitch distinguió a su amiga jugando con unos niños… y su corazón sintió una emoción muy fuerte, que él no sabía comprender pero que siempre sentía cuando estaba ella a su lado. Stitch no sabía que significaba esa emoción, ni por qué venía, ni cuánto duraba. Solo sabía que quería estar junto a Lilo, todo el tiempo que pudiera.
-Stitch…-Lilo abrazó a su mascota con ternura, observada por Michael y Jean.
-Espero que papá no se despierte todavía. No le gustan los perros-dijo la niña preocupada.
-Seguro que este sí-replicó Michael convencido.
-No sabéis la de cosas que puede hacer-dijo Lilo emocionada-¡salta, y conduce, y es súper fuerte! ¡Además puede rastrearlo todo y…! Y…
Una idea se formó en la cabeza de la niña. Una idea peligrosa, pero que irremediablemente debía aparecer ahora. Ahora las cosas eran muy distintas…
-Stitch… necesitan tu ayuda…-dijo Lilo acariciando la cabeza del monstruo azul lentamente. Stitch la miró extrañado, torciendo un poco el cuello, sin entender-Jim… y los demás… están en peligro…
Pumbaa, que hasta entonces había estado echado en la alfombra sin mirar a nadie, levantó la cabeza y miró a Lilo asustado.
-Niña, no… recuerda lo que dijeron-la avisó. Pero Lilo negó con la cabeza, convencida.
-Stitch puede ayudarles… ¡él es el mejor!-exclamó, abriendo la ventana. La ventisca irrumpió en el salón de los Banks, haciendo que las figuritas de su Belén se cayeran-¿puedes llevarme? ¡Stitch, puedes llevarme!
Stitch la miró fijamente. En sus grandes ojos negros Lilo pudo verse reflejada. Y se vio mucho más adulta que de costumbre. Vio su melena negra ondear al viento, y su piel morena, con magulladuras todavía por su anterior batalla en la carpa. Y vio en la mirada de Stitch, y se vio en su propia mirada, que Gantz se había llevado una parte de ella que ya no la devolvería. Su infancia había acabado en el momento justo en el que esa maldita esfera la había hecho formar parte de ese sádico juego. Ahora se daba cuenta. Pero eso no era algo malo. Simplemente era la razón por la que ahora no se quedaría jugando con los hijos de los Banks, e iría a luchar.
Porque ahora era diferente.
-¿Puedes llevarme?-repitió Lilo, compungida. Por primera vez, su amigo parecía indeciso. Stitch negó levemente con la cabeza mientras sacaba sus antenas y brazos extras, provocando una exclamación por parte de Jean y Michael.
-Sip-dijo Stitch finalmente. Lilo sonrió.
-Mi perrito bueno…-dijo. Stitch asintió lentamente, y luego fue a la ventana junto a Lilo.
-Agárrate-le dijo Stitch a Lilo, muy serio.
-Esperad-los llamó Pumbaa. Lilo le miró frunciendo el ceño, decidida.
-No voy a quedarme-le avisó convencida.
-Lo sé…-reconoció Pumbaa inclinando su cabeza con cansancio-Yo tampoco. Me equivoqué. Voy con vosotros…
-No está, no está… ¿dónde está? ¿dónde está?-repetía Ariel. Estaba muy angustiada, y se frotaba las manos con nerviosismo. No podía haber perdido a Sebastián. ¿Y si estaba…? No, no podía ser así. Sebastián nunca moriría… él estaría siempre a su lado…
-Tenemos que acabar con esto…-Jim tiró de la manivela de cierre del tanque de caramelo líquido de la quinta sala liberándolo también hacia los desagües. Las alcantarillas iban a quedar llenas hasta rebosar. Jim no sabía dónde estaba Oogie ahora, pero al menos sabía que no podría regresar a su escondite. Quedaban menos de cuatro horas para terminar el plazo, pero seguían dónde estaban en un principio. Muy lejos de conseguir si quiera atraparlo.
-¿Y ahora… qué hacemos?-preguntó Bella abrazándose a sí misma con angustia-si sigue por aquí…
-Tenemos que volver a dónde estaba Cobra-dijo Jim con decisión. Él no tenía miedo a aquel puto monstruo asqueroso y ridículo ¡Podía vencerlo!
En ese momento Jim escuchó un sonido conocido detrás suyo: alguien estaba cargando un arma. Tuvo el tiempo justo de lanzarse encima de Ariel y Bella, con las que rodó por el suelo hasta quedar oculto tras el tanque de caramelo, mientras los disparos rebotaban en el metal.
-¡Mierda!-gritó Lock, furioso.
-¡Vamos, deprisa, están ahí!-le indicó Barrel: los dos niños se encontraban en una plataforma superior a la que estaban Jim y las chicas, y corriendo por encima de ellos trataron de dar con un ángulo desde el que dispararlos. Jim activó el escudo de su traje y protegió a Ariel y a Bella con él mientras iban hacia la salida.
-¡Joder! ¡Joder, los niños de mierda!-exclamó furioso-¿qué hacemos?
-¿Cómo que qué hacemos?-gritó Ariel, levantando su arma.
-¿Te los vas a cargar?-Jim vaciló un segundo. Después de todo, solo eran niños.
Pero Ariel no vaciló esta vez: se asomó por el tanque y apuntó hacia Lock y Shock, que sin embargo la dispararon sin darle un segundo: Ariel recibió un impacto de bala en la pierna y otro que por suerte la rozó el pecho. Jim la apartó a tiempo, o un tercer disparo la hubiera acertado en la cabeza.
-¡NO!-asustada, Bella apuntó con su pistola hacia Shock y Lock y apretó el gatillo. Del arma salió aquel deslumbrante chorro dorado que dio en la plataforma sobre la que estaban los niños, de manera que esta desapareció y ellos cayeron al caramelo dando patéticos gritos.
Bella volvió hacia Jim, preocupada. Él estaba arrodillado al lado de Ariel, mirándola con el rostro conmocionado.
-Estoy bien…-se apresuró a decir la pelirroja cerrando los ojos y tratando de ignorar el dolor. Nuevamente el traje había hecho su efecto suavizando el efecto de la bala-estoy bien…
-Vamos… ven…-Jim ayudó a Ariel a levantarse y tiró de ella como pudo ayudado por Bella. Incapaz de controlar el dolor Ariel soltó un grito ahogado y comenzó a llorar mientras a su colorado rostro le ardían las mejillas.
-De… dejadme…-pidió Ariel que sentía el dolor taladrándola en la pierna con cada vez más fuerza.
-No, claro que no…-dijo Jim tirando de ella. Se paró unos segundos y luego la cogió en brazos-claro que no.
Ariel miró a Jim con los ojos anegados en lágrimas. Él la devolvió la mirada unos segundos pero luego se la desvió, concentrado en el trayecto que debían hacer.
-¡CABRONES!-Lock apareció de la nada y empujó a Jim y a Ariel al vacío, haciendo que ambos cayeran al hirviente caramelo derretido.
-¡UAAAAAAAA!-Jim notó como el caramelo le abrasaba la piel y trató de nadar para alejarse de él, pero no pudo. A su lado Ariel se hundió sin remedio notando como le brotaba sangre del pie y se mezclaba con el caramelo. Iban directos al desagüe. Si no conseguían salir de aquel pringue antes de que se los llevase a las alcantarillas, morirían sin remedio. Y sería una muerte tan horrible como ridícula.
-¡JIIIIIIIM!-gritó Bella horrorizada, pero Lock corrió hacia ella con ansias asesinas. Aun así iba desarmado, y Bella le dio una fuerte patada en la cara que lo derribó. Seguramente el niño no se esperaba un contraataque así por parte de ella. Bella se reprendió a sí misma. Cuando había desintegrado el suelo sobre el que estaban Lock y Shock no había escuchado ningún ruido que confirmara su caída al caramelo. Lo que significaba que debían de haberse conseguido agarrar a algo y evitar la caída.
-¡ZORRA!-efectivamente Shock tenía un arma y apuntando hacia Bella disparó, pero la chica creó un campo de fuerza protector con la muñequera del traje y luego echó a correr en dirección contraria-¡A POR ELLA!-gritó Shock decidida.
-Ve tú, yo me quedo con estos-dijo Lock mirando con malicia a Jim y Ariel, que trataban inútilmente de resistir al ahogamiento. Shock iba a protestar pero finalmente echó a correr tras Bella, que ya había bajado varias escaleras mientras chillaba pillando ayuda.
-Nadie te va a escuchar, puta-dijo Shock con perfidia mientras seguía disparando. La brujita recargó los cartuchos de su pistola mientras avanzaba buscando a Bella. Debía de haberse escondido, y ahora no veía dónde estaba-no te escondas… no lo hagas peor…
Shock escuchó unos pasos en uno de los pasillos cercanos y corriendo hacia allí comenzó a disparar enloquecida sin importarle si acertaba o no. Bella consiguió ponerse a cubierto. Ahora estaba desarmada. Tenía que pensar algo.
Pero ella era una chica de recursos.
-¡CEDRA!-gritó la chica alzando las manos. Llevaba mucho tiempo perfeccionando ese hechizo: una enredadera rodeó los pies de Shock y la hizo caer al suelo. Bella sonrió, aliviada, mientras la niña chillaba de rabia, pero entonces…
-¡PRYOS!-chilló Shock, y la enredadera comenzó a arder, con lo que ella quedó liberada-veo que te sabes un par de trucos… ¿eh?-disparó de nuevo, pero Bella se escondió debajo de unas cajas llenas de dulces y trató de no hacer ruido para que no la oyera-¿quién eres niña? ¿quién eres tú? No eres maga… nunca te he visto en la Estrella Azul… no, no eres de allí… ¿quién te enseñó magia?
-"La Estrella Azul…"-repitió Bella preocupada. De ahí era el libro de hechizos de donde había aprendido tantas cosas esos últimos años. Si esa niña lo conocía significaba que era una alumna de la famosa escuela de magia… y que seguramente ya sabía más magia que ella.
-¡Oogie Boogie nos ha prometido poder, niña!-chilló Shock mientras disparaba contra las cajas de reparto. Bella se agachó, esquivando los balazos-¡Nos hará más fuerte de lo que nunca hubiéramos sido con Yokai! ¡Puede que nos veas como niños, pero no lo somos! ¡Conocemos el camino a la inmortalidad! ¡Y el terminará de mostrárnoslo! ¡Está noche!
-"Está enferma…"-pensó Bella preocupada. Entonces Shock hizo otro conjuro, y una parte de las cajas tras las que estaba escondida reventaron.
-¡CEGATTO!-Bella abrió las palmas de sus manos haciendo un movimiento de repulsión y arrojó un líquido parecido a la tinta a los ojos de Shock que por unos momentos no vio nada.
-¡NIÑATA DE MIERDA! ¡ME CAGO EN LA PUTA!-gritó la brujita, furiosa. Entonces chasqueó los dedos y unas flechas salidas de la nada estuvieron a punto de atravesar a Bella, que echándose al suelo las esquivó por los pelos.
Si no pensaba otro hechizo rápido, sería el fin. Entonces se le ocurrió uno que había estado probando hacía tiempo. Nunca le había funcionado demasiado bien, pero le vendría muy bien ahora mismo si funcionase.
-Hikitus figitus… alakasam-susurró Bella haciendo los gestos memorizados del manual de magia. Al principio no pasó nada, así que probó a repetirlo-hikitus figitus… hikitus figitus… ¡alakasam!
Las cajas de reparto comenzaron a elevarse y revolotear como pájaros. Moviendo sus manos con concentración, Bella trazó un movimiento de impulso hacia Shock.
-¡NO!-gritó la niña, asustada, pero era demasiado tarde para escapar. Las cajas llovieron contra ella con fuerza, derrumbándola y sepultándola entre todos los dulces que al abrirse liberaron.
-Je…-Bella se frotó las manos, satisfecha. Debía volver para ayudar a Jim, pero Shock se fue quitando las cajas de encima rápidamente y comenzó a disparar de nuevo. Bella se perdió por otro pasillo que la alejaba más de su amado y de Ariel, pero no tuvo más remedio que seguir por él.
-¡JOJOJOJOJO! ¡JE JE JE JEEEE!-gritaba Oogie Boogie triunfal: los tenía acorralados, y ya no tenían donde escapar. Aunque de cintura para abajo el monstruo estaba aprisionado por el caramelo, aún seguía siendo inmenso, y su sombra cubrió a Hércules, Meg, Mary y Aladdín mientras alzaba los brazos para darles el golpe final.
-Poneos detrás de mí-dijo Mary alzando su paraguas-¡PREGO!
Una cama elástica apareció de la nada, y al golpearla Oogie rebotó y retrocedió dando un alarido de rabia.
-¿PERO TÚ CREES QUE TUS TRUQUITOS VAN A CONSEGUIR PROTEGERTE DE MÍ? ¡BUAAAAAAAAH!-el monstruo echó su vómito ácido sobre ellos, y Mary los protegió con el paraguas mientras trataba de pensar en otro hechizo. Oogie Boogie estaba demasiado cerca, apenas podía hacerle frente, y la mayoría de sus hechizos ya no funcionaban con él. Su ponzoñoso y corrupto poder había aumentado sin que ella lo supiera, y ahora utilizando la energía negativa de los cadáveres que había matado bloqueaba los hechizos de pureza de la maga.
-JEJEJEJEEEEEEE-reía Oogie malvadamente-¡NO TENÉIS YA ESCAPATORIA!
-Es cierto, no la tenemos-susurró Aladdín. La sala de la depuradora además de cada vez más llena de aquel pegajoso e hirviente líquido naranja estaba en llamas. Con Oogie dando terribles gritos y agitándose de forma histérica, parecía el mismísimo infierno.
-Creo que es el momento-dijo Hércules hablando ahora por el micro. Acababa de improvisar un pequeño plan con el único miembro del grupo al que Oogie Boogie no había acorralado.
-Vale…-Lady Tremaine apuntó con su arma a la pared izquierda y disparando un rayo la desintegró: el caramelo, aumentado por las otros dos tanques liberados por Jim, entró en la estancia como una marea imparable de dulce y se llevó por delante al monstruoso Oogie.
-¡NNNNNNOOOOOOOOOOOO!-gritó el monstruo tratando de luchar contra el pringue mientras este lo derribaba. La ola que se provocó al hundirse Oogie en el caramelo fue tragada enseguida por otra ola más grande provocada por el caramelo que iba entrando-¡UUAAAAAAAAAAAAH!
-¡VAMOS!-Mary invocó otro conjuro y de repente todos estaban montados en una pequeña barquita adornada con flores que surcó el caramelo remontando las olas y vadeando al lado de Oogie. El monstruo estiró sus brazos y estuvo a punto de coger la baquita, pero Mary la dirigía con su magia y pudo alejarla a tiempo de él.
-Tío. Te necesitamos en todas las misiones-dijo Aladdín, alucinado.
-¡Esto aún no ha acabado! ¡Vamos allí!-gritó Hércules señalando el alto sobre el que se encontraba Lady Tremaine. La barca navegó hasta allí y todos bajaron mientras esta desaparecía.
-¿Se ahogará?-preguntó Aladdín mirando a Oogie con odio. El monstruo luchaba por escapar del pringue pero le era imposible. Ni siquiera podía deshacerse como antes, porque el caramelo se estaba solidificando por todo su cuerpo.
-Ayudémoslo-dijo Mary sonriendo y de repente abriendo su bolso hizo aparecer un enorme cañón. Acercó el paraguas a la mecha de este, y disparó un enorme balazo que impactó en la cabeza del monstruo. Oogie se derrumbó en el caramelo que lo tragó completamente. Ahora estaba perdido. Los participantes de Gantz sonrieron, aliviados, pero entonces se dieron cuenta de que el caramelo los estaba alcanzando y comenzaron a escalar las paredes, alejándose de él.
-NNNNOOOOOOOOOOOOO…. CABRRRRR…-Oogie se revolvió en el caramelo furioso, mientras uno de sus enormes dados caía del techo y se hundía cerca suyo. Su perturbada mente se había bloqueado ahora ¿qué iba a hacer? ¿cómo escaparía ahora?
-¡AAAAAAAAH!-pese al pegajoso caramelo, Jim consiguió nadar hacia un saliente a donde el caramelo no había llegado. Vio que Lock corría hacia él para impedirle escalar. Iba a dar igual. No se iría sin Ariel. La pelirroja estaba siendo arrastrada hacia el desagüe y parecía haber perdido el conocimiento. El hirviente caramelo abrasaba la piel del chico, que hizo un esfuerzo tratando de ignorarlo, sin éxito. Tenía que salir de allí… le quemaba… pero no se iría sin ella.
Jim pulsó la función de respiración submarina, y para su alivio y sorpresa se dio cuenta de que el caramelo ya no le quemaba. Comenzó a nadar torpemente hacia Ariel, que era arrastrada por la corriente como un peso muerto. La pelirroja tenía el rostro lleno de llagas y casi tan rojo como su pelo, pero Jim apretó su rueda y así consiguió que no siguiera abrasándose. Tirando de ella buscó un saliente al que aferrarse, pero Lock le vigilaba, y había cogido una vara de hierro, con la que trataba de golpearle si se aferraba demasiado.
-¡JAJAJAJAJA! ¡Adiós!-se rió el diablillo señalando al desagüe del que Jim estaba cada vez más cerca. El chico luchó contra la corriente asesinando con su mirada a Lock, que le hizo un corte de manga y luego gestos obscenos incitándole a tocar las tetas de Ariel-¡Vamos, muérete!-le dijo, burlón-¡muérete, muérete, y muérete con ella! ¡Marica!
¡CRASH! En ese momento un ventanal al fondo de la nave se rompió y un ciclomotor entró en la fábrica a toda velocidad. En él iban montados tres criaturas que Jim conocía bien, sobre todo a dos de ellas. Stitch aceleró la moto en lugar de frenar cuando iba hacia Lock, llevándoselo por delante.
-¡IIIIIIIAAAAAAAAAAAAH!-chilló el chiquillo, horrorizado, antes de que la moto de Stitch lo embistiera haciéndolo papilla en el suelo. Jim notó como la sangre de Lock lo salpicaba en el rostro: había quedado literalmente planchado en el suelo.
-¡Stitch, NO!-le gritó Lilo a su amigo, enfadada, pero ya era tarde. La niña bajo de la moto y miró al cadáver de Lock horrorizada-¡STITCH!
-Ups… o siento…-se disculpó el alien fingiendo arrepentimiento.
-¡AYUDADNOS!-gritó Jim desesperado. Pumbaa ya había ido hacia ellos, y aferrándose a su gran hocico Jim consiguió salir del pegajoso caramelo que tiraba de él cada vez más intentando tragárselo. Tumbó a Ariel en el metálico suelo y luego se tiró al lado suyo. Se encontraba peor que nunca. Apenas podía moverse, ni respirar.
-Jim, ¿estás bien?-preguntó Lilo, preocupada-¿Jim?
Jim entrecerró los ojos. Era tan insoportable que realmente creía que se estaba muriendo. Vio el rostro de la niña difuminarse frente a él, y de nuevo quedó sumido en las sombras que lo atrapaban en él. Vio aparecer ante él fantasmas, caras blancas y esqueléticas que lo miraban a través del velo del pasado: Silver, la capitana Amelia, Billy, Timón… también vio a su padre. Abría la boca lentamente y extendía sus brazos hacia él. ¿Lo cogería al fin en ellos? ¿Sería su padre… de nuevo? Jim se sintió desnudo, flotando en medio de la oscuridad, y deseó efectivamente que su padre lo cogiera y arrullase de nuevo. Ya no sentía el dolor abrasador en la piel, ni el miedo opresor en el pecho. De hecho, cada vez sentía menos cosas…
-Aloha hui, aloha hui… E ke onaona noho i ka lipo… te dejo hoy, Aho'i ahoe… hasta que te vuelva a ver… hasta que te vuelva a ver…
Jim fue abriendo los ojos lentamente mientras notaba una manita acariciarle las mejillas. No, él no estaba muerto… ¡y de ninguna manera podía morir! Aún tenía muchas cosas que hacer en la vida… mucha gente a la que cuidar… y una verdad que contar… no, no podía morir ahora.
Jim tomó de la mano a Lilo y poco a poco en su quemado rostro fue formándose lentamente una sonrisa. Tenía los labios destrozados y la carne de la nariz levantada, pero se recuperaría. Mientras ella siguiera cantándole así seguro que podía hacerlo.
-Lilo…-susurró Jim con voz ronca. Ella asintió, devolviéndole una sonrisa radiante-eres la mejor.
-¿Por qué no vienen? Estoy harto de esperar…-musitó Barrel, cruzado de brazos. Miró a Tarrant, que mantenía la mirada fija en el techo, sin decir nada, pero en cuanto el pequeño se distrajo el Sombrerero Loco volvió a concentrarse: ya tenía un brazo libre de las cadenas, y el otro estaba casi. Necesitaba concentrarse en las piernas, pero esa zona era más complicada por culpa del cepo que le habían enganchado en la entrepierna.
Entre otras de sus muchas habilidades Tarrant Altacopa era un experto en el escapismo, lo que le había llevado a conseguir fugarse una vez detenido por la policía unas diez veces. Aunque esta vez lo tenían bien atrapado, aquellas cadenas no serían nada para él. Si Tarrant iba a morir, desde luego no sería de un modo tan ordinario.
-Deberíamos ir preparando la comida-murmuró Barrel pensativo. Luego se giró hacia Tarrant y le sonrió con sus grandes y blancos dientes de leche-¿tú qué opinas?
El Sombrerero mantuvo su desviada mirada fija en el techo. No diría nada, nada de nada.
-Eres un humano muy raro y… bueno…-Barrel inclinó la cabeza y las mejillas se le sonrosaron. Ahora que no estaban sus dos compañeros, podía sincerarse-yo… creo que… muy guapo.
El Sombrerero le miró con sorpresa, arqueando sus pobladas cejas naranjas. Barrel se llevó als manos al rostro, muerto de vergüenza.
-No… no se lo digas a nadie pero… creo que me gustas…-reconoció.
-Oh…-esta vez el Sombrerero no pudo evitar hablar, mientras miraba al niño extrañado-no, no, tranquilo. No lo diré…
-Es que ellos… no lo entenderían… dicen que nadie me quiere… que nadie me querrá…-Barrel se acercó al Sombrerero y estiró sus manitas hacia él, acariciándole los rosados pezones, que contrastaban con su blanca piel. A excepción de la cabeza Tarrant no tenía en el resto del cuerpo ni un solo pelo. Sin embargo, si muchas cicatrices. Barrel paseó su mano por ellas, curioso-¿quién te ha hecho esto?
El Sombrerero miró a Barrel fijamente. Si se acercaba un poco más, quizás podía cogerlo.
-Alguien malo… pero duelen más las que tengo dentro-dijo. Barrel asintió, y pasó un dedo por las cicatrices, recorriendo el torso del Sombrerero hasta llegar a sus partes bajas. Tarrant cerró los ojos mientras Barrel enredaba sus dedos en su vello púbico, con los ojos como platos. Era un niño pequeño, y reprimido. Solo estaba experimentando. El Sombrerero podía entender a Barrel, mejor de lo que el niño creía. Mucho mejor.
-Vaya… que bonito…-Barrel llevó la mano al pene del Sombrerero y comenzó a acariciarlo. Tarrant aprovechó para ir liberando su otro brazo. Lo cogería por sorpresa y lo dejaría k.o. Pero entonces el niño empezó a apretar con más fuerza el cepo, clavándoselo en las pelotas. El Sombrerero gritó dolorido mientras una perturbada mirada enturbiaba el pueril rostro de Barrel.
-Me lo voy a quedar-dijo el niño con voz temblorosa. Se dispuso a apretar más fuerte, hasta arrancárselo.
-Ya, claro-el Sombrerero estiró su brazo hacia Barrel que chilló de sorpresa, y comenzó a ahogarlo estrujándolo contra él.
-¡YIAAAAAAAAAH! ¡NO!-gritó Barrel pataleando e intentando zafarse del agarre del Sombrerero. Tarrant estaba dispuesto a matar al niño si era necesario, pero Barrel le pegó un fuerte mordisco en el brazo, aflojando su agarre, y luego le dio una patada en el cepo clavándoselo más, con lo que el Sombrerero pegó un fuerte alarido y se retorció, perdiendo al chico. Barrel cayó al suelo y corriendo hacia el panel de control lo activó, haciendo que la cinta de montaje sobre la que estaba el Sombrerero comenzara a avanzar hacia las cuchillas de la batidora de tartas.
-¡NO!-Tarrant se retorció intentando liberarse mientras la cinta iba aproximándolo cada vez más a las cuchillas. Sus pies fueron lo primero en llegar, y solo con rozar el metal de las cuchillas tres dedos salieron disparados, cortados del pie del Sombrerero. Él dio un grito mientras estiraba sus piernas hacia los lados intentando evitar las cuchillas. Su culo estaba cada vez más cerca de ellas, y pronto Tarrant sabía que iba a sentir un dolor tan fuerte que hasta el de las cicatrices de dentro le iba a parecer una broma.
BOOOooooooooom… la cinta se detuvo justo cuando la cuchilla iba a llevarse media nalga de Tarrant. El Sombrerero se giró con sorpresa y vio que Barrel estaba en el suelo, inconsciente, y sobre el panel de mandos un hombre negro que sin duda estaba en peor estado que él: le faltaba un brazo y una pierna, y literalmente todo él estaba cubierto en sangre.
-Altacopa…-dijo Cobra Burbujas con voz débil- nunca pensé que un día llegaría a salvarlo…
-Us… usted…-el Sombrerero echó la cabeza hacia atrás mientras el alivio de haberse salvado mitigaba el de los dedos perdidos del pie. Cobra Burbujas se arrastró hacia él para liberarlo, pero el Sombrero lo rechazó-tranquilo… puedo yo… no se preocupe…
-Joder…-Cobra sujetaba con su único brazo un revólver-me quedan pocas balas.
En ese momento un revuelo los sorprendió: Bella entró corriendo en la estancia seguida de Shock, que disparaba balazos a todas partes emocionada.
-Joder, mierda…-Cobra apuntó a la brujita y disparó nuevamente, volándola el sombrero de punta. Ella lo miró y quiso dispararle, pero el segundo tiro de Cobra reventó el arma de la niña. Shock dio un grito de frustración y echó a correr en dirección contraria, mientras Cobra echaba la cabeza hacia atrás y reía, agonizante.
-Si… sigues vivo…-Bella fue hacia él, impactada pero apiadada por el estado en el que se encontraba el agente. Cobra ya no llevaba sus características gafas de sol, y su rostro estaba plagado de arrugas además de la sangre que le había salpicado por todas partes. Por el hueco de su brazo derecho se podía ver perfectamente el hueso que se unía al húmero, y que Oogie Boogie le había amputado.
-No soy tan fácil de matar…-jadeó Cobra, malherido-pero pronto… moriré…-dijo-necesito ver a Jim… tienes que llevarme hasta él… rápido…
Bella palideció al recordarlo. Huyendo de la chiflada de Shock no había tenido tiempo de pensar en otra cosa.
-Jim…-dijo, con el corazón en la garganta.
-Lo han conseguido… está terminado-dijo Aladdín impresionado. Las alcantarillas estaban atestadas de caramelo, y este se iba resecando convirtiéndose en una sólida aunque aún muy pringosa superficie sobre la que los participantes de Gantz aterrizaron. Entre todo aquel pringue se distinguía una masa negra, mórbida y aún viva que se retorcía en el interior del caramelo, luchando por salir.
-Termina ya con esto-le dijo Hércules a Mary Poppins, que asintió mientras avanzaba hacia Oogie. Hércules miró a Meg y sonrió débilmente. Bueno, después de todo no había salido tan mal. Tan solo habían muerto el cangrejo y el suricato. Pero podrían reponerse.
Mary avanzo con decisión hacia el atrapado Oogie, cuando la superficie de caramelo tembló, y ella se detuvo, alertada. "Esto aún no ha acabado"-pensó, angustiada.
-¡PROOOOOOOAAAAAAAAAA!-la superficie de caramelo reventó y la masa informe que era el cuerpo de Oogie salió disparada hacia arriba.
-¡PÉTREO!-gritó Mary lanzando un potente rayo dorado, que al golpear el cuerpo de Oogie lo fue convirtiendo en piedra. Sin embargo una parte de él ya había salido del caramelo, y echó a volar hacia la cañería del techo.
-Detenedlo-ordenó Lady Tremaine que ya no tenía armas. Aladdín intentó alcanzar a Oogie con su espada pero no pudo. Hércules lo apuntó con su pistola de Gantz. Era la última arma de luz que les quedaba a ellos. Pero Oogie se movía muy rápido, y Hércules no alcanzaba a dar a su cuerpo. No estaba seguro, no podía arriesgarse. Así que no disparó.
-¡JODER!-exclamó Aladdín al ver lo que quedaba del cuerpo de Oogie desaparecer por la cañería vertical-¡NO!
-¡HÉRCULES!-gritó Meg, llevándose las manos a la cabeza.
-¡No podía acertarlo! ¿qué querías que hiciera? ¡Si fallo habríamos perdido la última arma!
-¡No Hércules! ¡Ellos!-exclamó Meg asustada-¡Vuelve hacia la fábrica!
Hércules miró hacia Mary que estaba al lado del resto del cuerpo de Oogie Boogie. Por fin el monstruo había sucumbido a uno de sus hechizos, y se había petrificado. Pero la parte de él que se había separado a tiempo había conseguido escapar. Debían darle caza antes de que fuera tarde.
-¿A qué esperáis?-dijo Aladdín que había activado la función de vuelo y ya ascendía por el mismo lugar que lo había hecho Oogie-¡vamos!
-¡JIM!-Bella corrió hacia su chico y arrodillándose a su lado lo miró con angustia-¡Oh, no!
-Esttoy bien… sí… bien…-dijo Jim con voz cascada. Apenas podía enfocarla, porque ni siquiera veía bien. Pero el chico era muy duro de pelar, ya lo había demostrado en el resto de misiones. Ni siquiera aquella sustancia hirviendo iba a conseguir vencerlo.
-Jim… oh Dios… Jim…-Bella sollozó acercando su rostro al del chico, pero sin atreverse a besarlo, temerosa de hacerle más daño-Jim…
-Chsssst, tranquila, en serio… ¿verdad qué estoy guguapo…?-tartamudeó Jim echándose el pelo a un lado. Bella rió, aún llena de lágrimas.
-Jim… no sé si puedes moverte… pero… Cobra quiere hablar contigo…-dijo Bella preocupada.
-¿Está vivo?-Jim sonrió levemente-vaya cabrón… que venga él…
-Él… no se puede mover más…-susurró Bella angustiada. Jim levantó un poco la cabeza y distinguió dos figuras al fondo de la nave: una era el Sombrerero, que volvía a vestir el uniforme de Gantz y su alto y lustroso sombrero de copa. El otro era Cobra Burbujas… más bien lo que quedaba de él.
-Joder…-Jim se levantó lentamente y avanzó hacia allí. Se detuvo un momento al lado de Ariel, a la que Lilo y Pumbaa estaban atendiendo, mientras Stitch montaba guardia. El experimento 626 tenía las orejas bien alerta, y parecía preocupado.
-¿Cómo va…?-le preguntó Jim a Lilo, que le sonrió tranquilizadora.
-Respira bien y el pulso es bueno-le rebeló con profesionalidad-no te preocupes…
-Sssssh, tranquila…-Pumbaa acarició el rostro de Ariel, que musitaba algo, semi inconsciente-la herida de bala no es grave… por suerte… pero no puede moverse…
Jim miró a Ariel y no pudo evitar sonreír enternecido ¿cómo podía haber estado tanto tiempo lejos de ella? Joder, como la quería. Solo tenía ojos para su chica de pelo rojo. Una vez más él y ella habían vuelto a burlar a la muerte. Él y ella siempre juntos.
Bella vio el brillo en los ojos de Jim mientras miraba a la inconsciente Ariel. La chica agachó la cabeza, dolida, mientras ayudaba a Jim a seguir avanzando, y contenía las lágrimas. Aquello le dolió más que cualquier otro golpe o contusión que podía haber sufrido en toda la noche.
-Ji… Jim…-susurró Cobra. Jim se inclinó frente al agente, que había hecho un tremendo esfuerzo por llegar hasta donde estaba él , recorriéndose media fábrica ayudado por el Sombrerero y Bella.
-Nos salvaste…-dijo Jim arrodillándose a su lado-gracias…
Cobra no respondió. Sus pequeños ojos estaban cerrados, y habían aparecido multitud de arrugas en ellos. Sus labios temblaban débilmente, mientras una vena hinchada en su cuello palpitaba con fuerza.
-To… toma…-dijo, poniendo algo en sus manos. Jim reconoció el desmemorizador. Extrañado, lo guardó en su bolsillo mientras continuaba mirando al agente, perplejo.
-Me muero…-dijo Cobra con voz débil- me estoy muriendo… joder…
-No… no morirás…-dijo Jim, aunque la verdad lo veía bastante crudo para el agente. Al no ser participante directo del juego Cobra no se regeneraría una vez acabada la partida, lo que significaba que nunca recuperaría ni su brazo ni su pierna original, por no hablar de las otras heridas que presentaba en el costado y la espalda, también ocasionadas por la feroz motosierra de Oogie.
Jim no sabía qué sentir: llevaba tanto tiempo detestando a Cobra que verlo ahora allí tirado, incluso después de toda la ayuda que les había prestado en el último momento, le hacía tener sentimientos encontrados. No sabía quién era, ni lo que quería de él. Nunca lo había sabido, pero después de lo que Hércules les había contado en el coche, mucho menos.
-Tú… eh…-Jim negó con la cabeza, intentando encontrar las palabras. Para él también estaba siendo un gran esfuerzo hablar, porque se encontraba realmente mal-¿quién eres?
Cobra agarró a Jim del brazo y lo obligó a acercarse más, mientras abría sus ojitos y desvelaba aquella mirada tan intimidante que aún en su lecho de muerte presentaba.
-Jim… el Código de Er… tienes que quemarlo…-dijo con un hilo de voz.
-¿Quemarlo?-Jim sabía perfectamente a qué código se refería Cobra. Desde que Aladdín se lo había dado estaba en su casa, ahora guardado en el bolsillo de su abrigo, que por supuesto no había viajado con él a Gantz.
¿Por qué quemarlo?
-Él lo busca… lleva mucho buscándolo…-susurró Cobra con la voz rota-sabe que lo tienes… te encontrará… deshazte del Código, pero no se lo des… no se lo des nunca…
-¿Quién lo busca?-preguntó Jim alertado. Cobra intentó abrir la boca, y luego nuevamente la volvió a cerrar, soltando un leve gemido. Era incapaz de seguir conteniendo por más tiempo el dolor. Entonces estiró su dedo anular, el que llevaba el anillo más grande y gordo, y señaló hacia detrás de Jim. Él se volvió y vio una rata que mordisqueaba un trozo del caramelo líquido-¿quién? ¿la rat…?
Jim de repente lo entendió. O eso creía, porque un segundo pensamiento apareció en su cabeza. ¿Qué hacía ahí esa rata?
Volviéndose con la sangre helada comprobó que efectivamente Oogie Boogie estaba allí, aunque parecía diferente: su cuerpo estaba compuesto por vísceras y trozos de carne humana, algunos insectos, murciélagos y ratas supervivientes y una negra y purulenta sustancia, que aún conservaba trazas del caramelo hirviente que le había atrapado. Oogie Boogie sujetaba en su mano una enorme hacha de doble filo, con la que apuntaba hacia Ariel y Lilo.
-¡NO!-gritó Jim incorporándose. Bella ahogó un grito cuando Oogie lanzó su hacha, pero entonces Stitch se interpuso y la detuvo en el aire. El experimento 626 agarró el hacha y saltó sobre Oogie, pero el cuerpo del monstruo se deshizo una vez más evitando su ataque, y de repente su mano agarró a Stitch del pie y lo lanzó al caramelo hirviendo.
-¡STITCH!-chilló Lilo al verlo.
-¡UAAAAAA!-Stitch se retorció mientras se hundía. No sabía nadar. Ese era su único punto débil, con el que Oogie Boogie, sin quererlo, había dado.
-¡JOJOJOJOJOJOJOJOJO!-rió Oogie Boogie malvadamente. Recuperando su hacha saltó en frente de Ariel, Lilo y Pumbaa, que corrió hacia él para embestirlo, pero al que Oogie decapitó de un solo corte. El cuerpo de Pumbaa se derrumbó en el suelo, como si nunca hubiera estado vivo.
-¡NOOOOOOO!-gritó Lilo aterrada, pero gritó todavía más cuando Oogie la cogió y se la llevó-¡JIIIIIIIIIIIIIM!
-¡LILOOOOOOOO!-Jim intentó alcanzar a Oogie pero él escapó por el pasillo corriendo a toda prisa.
-¡CÓGEME VAMOS… CORRE, CORRE, QUE NO ME ATRAPARÁS, SOY EL OOGIE BOOGIE Y HOY TU MORIRÁS!-cantó el monstruo mientras desaparecía por los pasillos. Jim tropezó y se dio de narices en el suelo.
-¡JIM!-exclamó Bella corriendo hacia él y ayudándolo a levantarse.
-¡AYÚDAME A SEGUIRLO, VAMOS!-gritó Jim sin pensarlo más.
Jim y Bella se alejaron detrás de Oogie mientras el Sombrerero veía como Stitch chapoteaba en el caramelo, incapaz de salir.
-Vaya…-supuso que tendría que ir a salvarlo. Se giró hacia Cobra Burbujas, y se dio cuenta de que este ya no respiraba. El agente estaba muerto, con la cabeza caída hacia adelante y goteando sangre por todo el cuerpo. Su último aliento lo había gastado tratando de advertirle a Jim.
El Sombrerero se quitó el sombrero mirando a Cobra con respeto. Luego sin pensarlo más se lanzó al líquido hirviente, no sin antes activar la función de desaparecer para evitar sentir el dolor.
-Por aquí tampoco se puede-observó Aladdín, nervioso. Todas las salidas estaban llenas de caramelo.
-Dejadme a mí…-dijo Mary Poppins dando un paso al frente.
-Puedo abrir un boquete en el techo si es necesario…-ofreció Hércules pero Mary Poppins estiró los brazos y el caramelo se apartó dejando un pasillo para que ellos lo atravesaran-o si… también podemos hacer eso…
-¡Rápido!-Meg siguió a Mary por los pasillos formados a partir del caramelo hasta una de las entradas a la fábrica. Oogie Boogie también debía de haberse metido por ahí.
-Aún nos quedan más de tres horas-calculó Hércules-deberíamos pensar en cómo atraparlo…
-¡Esta vez no hay tiempo, VAMOS!-exclamó Meg con decisión.
-¿Jim, estás ahí? ¿Jim?-preguntó Aladdín por el micro del traje, pero no obtuvo respuesta. Miró a Hércules angustiado, pero el fortachón no tenía palabras de consuelo que pudieran animarle.
Solo esperaba que para el resto no fuera tarde.
Stitch se hundía en el caramelo hirviente sin remedio. Pudo ver como Oogie atrapaba a Lilo y desaparecía con ella. Eso le hizo luchar con más fuerzas para liberarse. La sustancia era muy pegajosa y apenas le permitía moverse, pero si hacía un esfuerzo se podría liberar. El problema era… que no sabía cómo nadar. Abriendo la boca desesperado solo consiguió que el caramelo se le metiera hasta la tráquea. Stitch notó como le empezaba a faltar el aire y chapoteó, asustado. En teoría él podía nadar, había nacido con esa capacidad y la sentía en su interior, pero el agua le aterrorizaba (y en este caso el caramelo). Una sustancia con esa densidad molecular tan superior a la suya que simplemente se lo iba tragando y le hundía y le hundía. A Stitch le aterrorizaba.
-¿Te da miedo?-Nanny le sobresaltó. Stitch pegó un brinco y la gruñó, enfadado. No estaba acostumbrado a que lo sobresaltaran.
-Ijiii vlisznak…-murmuró el bicho agresivo.
-Oye, no seas borde-Nanny puso los brazos en jarra, fingiendo enfadarse-¿sabes qué? Mi madre nos enseñó a Lilo y a mí una forma de vencer nuestros miedos… sabiendo que siempre estaríamos juntos.
Stitch la miró parpadeando, inexpresivo. Nanny se preguntó si la estaría entendiendo. Desde luego, a Lilo la entendía, eso lo había visto varias veces.
Nanny estiró la mano y se la dio a Stitch, que la cogió receloso. Luego empezó a cantar la querida canción. Cuando ella tenía miedo su padre se la cantaba, y el monstruo del armario y la bruja que robaba niñas desaparecían al momento.
Aloha ʻoe, aloha ʻoe
E ke onaona noho i ka lipo
Te abrazo hoy
A hoʻi aʻe au
Hasta que te vuelva a ver…
Hasta que te vuelva a ver.
Cogidos de la mano fueron entrando en el agua. Stitch la encontró gélida y cortante. Hizo varios ademanes de salirse, pero finalmente desistió. Nanny se había quitado el pantalón y la camisa, y empezó a nadar a braza a su lado. Stitch la observó unos segundos, memorizando sus movimientos en su impresionante cerebro, y luego la imitó, nadando también. Se hundió un par de veces y asomó la cabeza chillando asustado, pero finalmente siguió nadando y le fue cogiendo más el truco. Nanny le miró sonriendo mientras seguía cantando Aloha'oe. Al rato se salieron. Nanny estornudó. Tenía que subir corriendo a darse una ducha caliente.
-Ven-dijo, guiándolo hasta la ducha del primer piso y metiéndolo allí-cuando acabes avísame-le pidió. Luego le sonrió un momento y subió a su cuarto a cambiarse.
Stitch recordó aquel momento en la casa de los Kawena, que para él había sido uno de los más importantes en su corta e insólita vida. Sí, había nadado, al menos de la mano de Nanny. Nanny era una mujer especial, al igual que Lilo. Lilo… Stitch no permitiría que la ocurriese nada malo.
-"Aloha… oe… aloha oe… E ke onaona… noho i ka lipo"-cantó el monstruo para sí. Comenzó a dar brazadas hacia la superficie mientras recordaba la canción. Lilo y Nanny siempre la cantaban.
El caramelo quería llevarse a Stitch por los desagües de la fábrica, pero él luchó contra la corriente nadando con cada vez más fuerza mientras seguía repitiendo la canción para sí como un mantra. Era su manera de enfrentarse a su miedo. Era su manera de vencerlo.
Te abrazo hoy… A hoʻi aʻe au… hasta que te vuelva a ver…hasta que te vuelva a ver.
La cabeza de Stitch asomó entre el denso caramelo buscando desesperadamente el oxígeno.
-Oh, estás ahí-escuchó una voz, aunque no sabía de dónde venía. De repente unos brazos invisibles sujetaron a Stitch por las axilas y lo arrastraron hacia la zona fuera de peligro. Stitch al verlo hizo también la patada de crol ayudando a alejarse del caramelo, y finalmente quedó fuera de él.
-Ooooooh awayyyyy…-musitó Stitch notando las quemaduras del hirviente caramelo en su piel y tumbándose en el suelo, agotado.
-Eres una criatura sorprendente…-comentó el Sombrerero Loco reapareciendo a su lado y recolocándose su sombrero-¿cómo… cómo te llamas?
"Es mi amigo, y se llama Stitch"
-¡AAAAAAAA!-Stitch se reincorporó de un brinco y siguió el fresco rastro de Lilo por la fábrica. ¡Debía darse prisa!
-Uau…-el Sombrero fue tras él, impresionado, dejando a Ariel, aún inconsciente, tirada, y los cadáveres del decapitado Pumbaa y de Cobra Burbujas. A todos les costaría mucho creerlo, pero efectivamente el agente del D23 estaba muerto… lo estaba.
…
-Papi Oogie… ¡tengo miedo!-murmuró Barrel asustado-¿dónde está Lock?
-Ellos lo han matado, seguro-dijo Shock con el rostro ensombrecido-malditos cabrones…
La sala donde tenían preparado el "plato" para la inmortalidad era un enorme horno donde se calentaban los moldes de los pasteles. En el centro de la estancia había un enorme caldero lleno de un espeso líquido rojo, subido a una cinta de montaje que iba directa a un enorme horno cuya rueda estaba puesta a la temperatura máxima. En cuanto el caldero entrase en él, su contenido se cocería y estaría "listo".
El contenido era claro la sangre de un montón de víctimas más de Oogie, sobre todo niños desaparecidos en los últimos días y también los empleados y vigilantes de la fábrica de dulces a los que el monstruo había asesinado hacía dos días. El espeso caldo de sangre y órganos debía ser bebido por Lock, Shock y Barrel antes de que ejecutaran un hechizo con el que, según Oogie, alcanzarían la inmortalidad. Había sido más fácil engañarlos que al propio Brahms en su momento. Oh sí. Oogie los había tomado bajo su protección solo por el mero placer de hacerlo. Exactamente igual que Jack.
-¿Oogie, qué hacemos sin Lock? ¡Tenemos que ir a buscarlo!-exclamó Shock preocupada-tal vez aún no esté muerto… ¡tal vez podamos ayudarlo!
-¡CÁLLATE!-Oogie Boogie sujetaba a Lilo a la que mantenía sujeta en uno de sus brazos mientras con el otro encendía todos los hornos de la sala y activaba sus "sorpresitas" especiales. Naturalmente también había preparado alguna que otra en la fábrica para posibles intrusos.
-¿Vamos a hacer el ritual?-preguntó Barrel siguiendo a Oogie que iba correteando de un lado a otro-¿seremos inmortales? Nos… nos lo prometiste…
-¡Nos estamos quedando sin tiempo!-chilló Shock impaciente-si hacemos lo que tú… podemos ayudarte…
Oogie Boogie activó todas las luces de la estancia y lanzó un rugido de furia mientras pensaba en cómo terminar con aquello. No podrían vencerlo. Aún podía recuperarse. Puta Mary Poppins… putos entrometidos.
-Mmmmmmn…. Mnnnnn…-Lilo intentó soltarse. Se estaba poniendo verde del asco que le daba oler la putrefacta carne de Oogie. Y además estaba muy asustada. ¿Qué iba a hacer él con ella? Tenía miedo… a morir.
-¡HALA!-Oogie arrojó a Lilo al caldero, y la niña se zambulló en la repulsiva sangre chapoteando mientras gritaba aterrorizada.
-¡IIIIIIIIIIIH! ¡AAAAAAAAAAAAAH!-intentó salir del caldero, pero no podía escalar sus metálicos bordes, y no llegaba a la salida del mismo. Entonces se hundió en la sangre, y notó, repugnada, como un trozo de cerebro que flotaba por allí chocaba con su mejilla.
-¡JAJAJAJAJAJAJAJA!-rieron Shock y Barrel señalándola con maldad-¡AJAJAJAJAJAJAJAJA!
-Grrrrrrrrr….-Oogie Boogie los cogió a los dos y los arrojó al caldero. Los niños chillaron horrorizados al zambullirse también en la sangre, y se chocaron contra Lilo mientras intentaban salir también de allí.
-¡PAPI BOOGIE NO! ¡SOCORRO!-gritó Shock asustadísima. Pero Oogie se asomó desde fuera del caldero sonriendo con malicia mientras se despedía de ella.
-¡NOOOOOOOO!-chilló Barrel tratando de saltar fuera del caldero, sin conseguirlo.
Lilo iba a pulsar el botón de su muñequera para desaparecer, cuando Oogie la agarró de nuevo. Ella se revolvió intentando escapar, pero le fue inútil. Oogie Boogie la sujetaba con fuerza, y no llegaba a tocarse un brazo con el otro.
-No te acerques…-le advirtió el monstruo al recién llegado.
-¡OOOGIE, NOOOOOOOOO! ¡SOCORRO!-gritaron Shock y Barrel desde el caldero, pero él les puso la tapa y los dejó atrapados dentro. El hedor de la sangre y las vísceras de las personas que ellos mismos habían ayudado a matar era ahora insoportable.
-¡SUÉLTALA!-gritó Jim con decisión. Estaba frente a Oogie, y aunque se encontraba fatal se mantenía en pie, desafiante. No tenía armas, pero había recogido una barra de hierro del suelo de la fábrica y apuntaba con ella al monstruo. Liberaría a Lilo, aunque fuese a hostias.
-¡JAJAJAJAJAJAJAJA!-se burló Oogie perverso-¡IMPÍDEMELO!
Y diciendo esto le dio un bocado en la cabeza a la niña, arrancándole la cara.
-¡YIIIIIIIAAAAAAAAAAAAAAAAAH!-Lilo se zarandeó mientras su cuerpo temblaba incontrolablemente y le salía sangre de todas partes. Oogie le dio un segundo mordisco y la arrancó totalmente la cabeza, masticándola con avidez. Pudo verse la carne de la pequeña y parte de su cabello negro entre las encías del monstruo, antes de que este lo engullera totalmente.
-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!-el grito de Jim fue el más desgarrador que había soltado en toda su vida. ¡NO PODÍA SER CIERTO! ¡ÉL NO PODÍA HABERLA…!
No podía estar muerta… ¡NO PODÍA ESTARLO!
-¡AJAJAJAJAJAJAJAJAJA!-rió Oogie mientras lanzaba el cuerpo sin vida de Lilo a un lado. Lo que quedaba de la pequeña chocó contra una columna metálica y se desplomó en un charco de sangre-¡JAJAJAJAJAJOJOJOJAJAJAJAAA! ¿VAS A LLORAR, PEQUE? VAMOS, VEN A POR MÍ… ¡VAMOS!
-¡AAAAAAAAAAAAAH!-Jim se abalanzó sobre Oogie con una rabia enloquecida alzando la barra de hierro pero el monstruo tiró de una palanca y una enorme cuchilla salió de la nada y cortó a Jim en el pecho, derribándolo. El chico notó el dolor de la cuchillada y la sangre brotándole, pero se reincorporó y continuó su carrera hacia Oogie sin vacilar. Ya no era un ser humano. Ahora solo era rabia, locura… venganza.
-¡NNNOOOOOOOOO!-Jim saltó encima de Oogie y le hundió la barra en el cuello pero el monstruo se la quitó y luego cogiendo a Jim por la nuca le estampó contra la tapa del caldero. Dentro de este se podía seguir escuchando a Shock y Barrel chillando y suplicando por sus vidas, aunque la cinta ya se había empezado a mover e iban directos al horno.
-¡AJAJAJAJAJAJAJAJA! MUEREMUEREMUEREMUERE…-repetía Oogie golpeando a Jim contra la tapa metálica. Le rompió las narices y le saltó los dientes, pero Jim apenas notaba el dolor. La sangre de sus venas se había vuelto fuego. Ya nada podía hacerle más daño.
-¡YIAAAAAA!-Jim intentó soltarse de Oogie pero no pudo, y entonces el monstruo agarró un cuchillo enorme y se dispuso a degollarlo. Jim se tambaleó luchando por liberarse y notando la hoja del cuchillo tensarse en su garganta, cuando una de las cadenas que colgaba del techo con un gancho para mover las tarteras y los moldes grandes se balanceó de un lado a otro, y finalmente le dio a Oogie en la cabeza, deshaciéndosela por unos segundos.
-¡OH!-Oogie soltó a Jim y dio un traspiés intentando defenderse. El chico miró hacia donde había venido el gancho, y vio que Bella estaba allí, temblando. Ella era quien lo había tirado, para salvarle.
-Hijo de puta…-Jim tiró la tapa de la tartera de una patada y agarrando el cuerpo del monstruo forcejeó con él acercándolo a ella. Las criaturas y trozos de carne que formaban a Oogie se pegaron al cuerpo de Jim pero el chico se deshizo de ellas valientemente y luego puso al monstruo contra la tartera.
-¡AYUDADNOS! ¡AYUDADNOS!-chillaron unos indefensos Shock y Barrel desde dentro del caldero.
Jim se colgó del gancho que había tirado Bella, evitando un contraataque de Oogie y entonces balanceándose hacia delante y atrás empujó al monstruo hacia el interior de la tartera. Distinguió entre su amorfo cuerpo mientras lo derribaba al cadáver de Sebastián, que ahora solo era una parte más de él. Esa última y espantosa visión le dio la fuerza decisiva para levantar la tapa metálica del caldero y cerrarlo de nuevo. Escuchó los gritos de Shock y Barrel unidos a los del propio Oogie que se removía y golpeaba por todas partes, justo antes de que la tartera entrase en el horno. Jim corrió a cerrar la puerta del horno pero Bella se adelantó, y la cerró primero.
-¡NNNNOOOOOOOOOO!-los gritos de Oogie Boogie eran cada vez más fuertes mientras el interior del horno se volvía rojo y lo abrasaba. Ahora ya no tenía cuerpo que poseer. No tenía nada. Nuevamente, era solo un espectro.
-Lilo…-Jim fue hacia el cuerpo de la chica, y se encontró con que ya había alguien junto a él: Stitch acababa de llegar listo para intervenir, pero al encontrarse a su amiga tirada en el suelo se detuvo. Acercándose lentamente a ella, la olfateó, asustado. Luego la giró y vio que ya no tenía cabeza. Las orejas de Stitch temblaron mientras sus ojos se abrían de par en par. Él sí entendía lo que era la muerte. Lo que no entendía era lo que ahora estaba sintiendo al verla así. Lilo… su amiga… lo único a lo que él amaba… aquella criatura tan tierna, que le había robado el corazón.
-Nno…-sollozó Stitch, e inclinando su cabeza en el pecho de la niña comenzó a tiritar, y sintió como un agua extraña le salía de los ojos, y le abrasaba la piel. Stitch apretó a Lilo con fuerza contra su cuerpo. Pero sabía que nada de lo que él pudiera hacer se la devolvería. Estaba muerta… muerta.
Jim se inclinó al lado de Lilo. Él también estaba llorando incontrolablemente. Pálido y con los ojos enrojecidos, ya no le importaba el tortuoso dolor que sentía por todo el cuerpo: ahora solo le importaba la sangre que brotaba por el cuello de su amiga y el sentimiento de culpa y horror que lo estaban estrangulando. Él ya se había temido muchas veces que esto ocurriera… pero no estaba preparado… simplemente no lo estaba…
-Lilo… no…
Jim enterró su rostro en el cuerpo de la niña y lloró también, y lloró más que nunca, hasta que su rostro quedó inundado con lágrimas. En unos pocos meses había perdido a Silver, la persona más importante de su vida junto a su madre, y a Amelia, y después a Billy… no podía perder a Lilo ahora. Dios, la quería muchísimo. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Qué sería de Nanny, y de David? ¿Qué sería de Stitch…?
Qué sería de él sin la sonrisa deslumbrante de esa pequeña. Lilo le daba fuerzas para continuar. Sacaba lo bueno que aún quedaba en él. Estaba tan llena de vitalidad, pese a su enfermedad y la mala vida que había tenido… Dios… Dios… no podía estar muerta.
-¡AAAAAAAAAAAAAGGGGGGGH!-gritó Jim con todas sus fuerzas, temblando de rabia. Stitch le miró con los ojos hinchados, mientras la acariciaba a ella.
-Jim…-Bella seguía de pie cerca del horno. Él no iba a contestarla. Simplemente no podía.
Pero era urgente que lo hiciera. Un humo negro salía del caldero que ya estaba al rojo vivo debido a las altas temperaturas a las que lo habían puesto. En su interior la sangre y los cuerpos de los dos niños se habían consumido en Oogie. El caldo de sangre y muerte había sido preparado por el monstruo para aumentar su poder, pero ahora solo le había servido para sobrevivir y reponer las pocas fuerzas que le quedaban. Convertido en un denso humo negro Oogie salió del horno y volvió a recomponerse en el suelo de la estancia, ante la horrorizada mirada de Bella.
-¡NO!-exclamó el Sombrerero que también acababa de llegar señalando al horno. El humo se recompuso formando nuevamente a Oogie, formado por la carne muerta de Shock y Barrel y las vísceras vertidas en el caldo. Oogie abrió la boca y por ella salió una inmensa cascada de sangre que manchó todo el suelo. Era más débil que nunca, pero aún era peligroso. Inclinándose recogió el cuchillo con el que antes había querido matar a Jim, y apuntando hacia él y Bella se dispuso a atacarlos.
-¡Vete de este reino, vete lejos… regna terrae, cantata Deo, regna terrae! ¡LIBERANOS DOMINATES! ¡LIBERANOS!-gritó Bella. Jim reconoció esa invocación. Era el mismo conjuro que ella había utilizado en la carpa la noche anterior. Oogie Boogie gritó llevándose las manos a la cabeza mientras se retorcía reconociendo las palabras. Era demasiado débil como para resistirlas. Ahora no tenía por dónde escapar. Ya apenas era nadie…
-¡LIBERANOS DOMINATES!-repitió Bella con más fuerza. Había tenido miedo de usar el hechizo, y pensaba que no iba a funcionar, pero después de que Aladdín hablase con ella las cosas habían cambiado. "Todo el mundo cuenta". Enardecida por aquellas palabras Bella hizo el signo de la cruz con las manos, tal y como ponía en el manual, mientras continuaba gritando con fuerza-¡VETE LEJOS!
-¡CABRRRROOONAAAAA!-Oogie se retorció maldiciendo en varios idiomas, pero entonces sonrió y lanzó su cuchillo contra Bella-¡JA!
-¡NO!-Jim se interpuso, y fue él quien recibió la cuchillada, justo en el corazón.
-¡JIM! ¡AAAAAAAAAH!-Bella lo cogió entre sus brazos mientras el muchacho se desplomaba con un débil gemido-¡NOOOOOOO!
-AJAJAJAJAJAJAJAJAJA-Oogie Boogie avanzó hacia ellos con el cuchillo-¡JAJAJAJAJAJEJAJAJAJAJA! ¡SE ACABÓ!
-¡OSAKA WUPPAAAAA!-Stitch saltó encima de Oogie Boogie y de un mordisco masticó el cuchillo que él sujetaba. Oogie Boogie intentó quitárselo de encima de nuevo, pero apenas podía luchar contra toda la furia de Stitch. El experimento 626 cogió a Oogie por la cabeza y lo sacudió violentamente de un lado a otro. Luego le taladró el estómago haciendo saltar la carne muerta que era parte de él, lo pisoteó, aporreó, mordió y escupió de un modo incontrolado, ayudado por el Sombrerero Loco que utilizando la barra de hierro le propinó unos buenos leñazos, hasta que del cuerpo del monstruo no quedó nada más que trazas. Un leve vapor negro salió del cuerpo muerto y flotó por encima de ellos. Stitch intentó atraparlo, pero no pudo.
-Ahí está el problema…-dijo la fantasmal voz de Damien Brahms mientras Stitch y el Sombrerero intentaban aferrarlo-no puedo ser vencido… no podéis matarme… estoy atado a este mundo… y vosotros moriréis…vais a morir… no podéis vencerme…
-Pero yo sí puedo-dijo una voz. Mary acababa de entrar, seguida del resto del equipo. La mujer miró a Oogie con los ojos echando chispas, y echando a un lado su paraguas y su bolso se elevó en el aire alzando sus brazos y señalando con ellos a Oogie-se acabó, Damien.
-No…-el espíritu de Oogie hizo temblar las tuberías y hornos de la fábrica, dispuesto a destruirlo todo consigo, pero Mary dio una palmada y una luz blanca lo inundó todo, deteniendo el poder del monstruo. Esta vez era demasiado débil para resistirlo.
-¡JIM!-Aladdín corrió hacia el chico que estaba tirado y respiraba cada vez menos. Bella susurraba el hechizo de curación con vehemencia intentando sanar su herida, pero el alma de Jim se estaba yendo: el cuchillo se le había clavado directamente en el corazón.
-¡LILO!-Meg vio el cuerpo de la niña al fondo y fue hacia allí, consternada.
-No…-Hércules observó la escena notando como se le helaba la sangre en las venas. Otra vez no…
-Criatura del averno, es hora de terminar con tus pecados-Mary conjuró una serie de espíritus blancos que rodearon el alma negra de Oogie. El malvado monstruo miró con miedo como una luz muy intensa lo rodeaba formando un escudo alrededor suyo y luego uno de los espíritus, más grande que el resto, con forma de paloma, avanzaba hacia él. Oogie chilló pero ya no era uno de sus gritos ensordecedores, si no el chillido de un niño, el niño solitario y maltratado que Damien Brahms fue una vez y que nunca había podido dejar de ser pese a todo. El niño que había matado a tantos otros niños, solo por no poder ser ya como ellos. Por pura maldad.
-Dea psallite aladia… omnibus legio…-dijo Mary juntando las manos como si rezase una plegaria y luego abriéndolas anchamente. Oogie dio un alarido mientras su alma temblaba y se retorcía entre los haces de luz que lo rodeaban y finalmente fue descendiendo hasta quedar en el suelo. Ya no era humo. Poco a poco se fue convirtiendo en un bulto negro y asqueroso, indescriptiblemente repulsivo que se arrastraba y suplicaba por su vida. El alma inmortal de la criatura había sido vulnerada. Ahora ya no quedaba nada de él… nada…
-oOOOOOOooooooh…-se le escuchó gimotear, antes de quedar reducido a la miseria. Apenas sentía dolor, pero porque ya no podía sentir absolutamente nada.
-Adiós.-Hércules apuntó con su pistola de luz a los restos de Oogie y tras un fuerte resplandor, estos desaparecieron.
Ahora sí, lo habían borrado del mapa.
Mary descendió lentamente mientras la luz blanca lo rodeaba todo y por unos segundos ya no estaban en aquella destrozada fábrica de dulces, si no en un lugar entre la Tierra y el Cielo, en el que se sentían realmente a gusto. Jim notaba como perdía el conocimiento, y ya casi no escuchaba a Bella y Aladdín. Ahora solo pensaba en Lilo. A lo mejor volvía a verla. Entonces sí merecería la pena morir…
-Gantz-dijo Hércules secamente, y entonces todo se detuvo. Lentamente comenzó a desaparecer, y Meg y el Sombrerero Loco le siguieron. Mary Poppins sin embargo se volvió hacia Hércules con sorpresa, frunciendo el ceño.
-¿Gantz?-repitió, con sorpresa.
Hércules desapareció rápidamente y después de Meg y el Sombrerero les siguió Lady Tremaine y Jim.
-Vamos, no te mueras… no me hagas besarte…-bromeó Aladdín apretando la mano de Jim. Al ver que las piernas de su amigo desaparecían, suspiró de alivio. Viviría. Un súbito miedo sin embargo ocupó la mente del árabe-Jim… ¿y Ariel? ¿Y Lilo…?
Pero Jim no pudo contestar, porque desapareció también. Aladdín se incorporó, preocupado, y miró a Bella que lloraba abrazada a sí misma.
-Lo hiciste… te enfrentaste a él-dijo el árabe con una débil sonrisa. Bella asintió.
Aladdín no había visto todavía a Lilo ni reparado en ella porque se había centrado en su amigo herido nada más verlo. Pero al girarse aun con la sonrisa en los labios vio el cuerpo de la niña, y se quedó paralizado. Mientras desaparecía, Aladdín notó las lágrimas brotar de su rostro incontrolablemente.
Solo quedaban Bella y Ariel. Bella, llorando débilmente en la sala del horno, se acercó a Lilo y la abrazó. Solo era un cuerpo, ni siquiera había rostro que contemplar, pero ella aún la veía perfectamente. Se habían hecho muy amigas en aquellos dos días, Bella recordaba lo último que le había dicho en la casa de los Banks antes de marcharse. Si ella tan solo se hubiera quedado allí… aunque si se hubiese quedado allí, no habría podido ayudarlos, y probablemente Oogie los habría matado a todos…
-Lo… lo siento muchísimo…-susurró Bella consternada-no… no quería esto…
¿Cómo podía haberse el mundo destrozado así en tan solo un momento? Hacía solo un día estaba celebrando la Nochebuena con su padre, salía con el chico que la había robado el corazón desde el primer día que lo vio en el cine y era por primera vez en mucho tiempo feliz. Ahora… Dios, ahora de todo eso no quedaba nada. Tan solo un vago recuerdo, y parecía increíble que hubiese sido verdad alguna vez…
Entretanto, tirada en la sala de los tanques de caramelo Ariel permanecía semi inconsciente, notando como las fuerzas también la abandonaban. La herida de bala la dolía mucho, y las quemaduras habían dejado su cuerpo destrozado. Respirando entrecortadamente Ariel hizo un esfuerzo por moverse, y se consiguió quedar sentada, apoyada en la pared. Vio a Cobra Burbujas muerto, y también a Pumbaa, y cerró los ojos de nuevo. Ojalá acabase todo. Ojalá no volviese a sentirlo nunca más.
Al ver que sus piernas desaparecían Ariel supo que, por lo menos por ahora, terminaba de nuevo.
Solo le quedaba volver a la sala, y averiguar cuán alto había sido el precio esta vez…
MISIÓN CINCO: SACO DE BICHOS (COMPLETADA)
Jim miraba a Gantz con los ojos vidriosos, y la sangre en las venas congelada. Uno a uno, las puntuaciones se sucedían, pero a él eso le daba totalmente igual.
GANTZ REPASA:
Aladdín, ladrón-53 puntos
Ariel, suicida-20 puntos
Jim Hawkins, pervertido-56 puntos
Hércules, musculitos-34 puntos
Agatha Tremaine, vieja zorra-40 puntos
Meg, joven zorra- 10 puntos
Tarrant Altacopa, bicho raro-3 puntos
Bella, empollona-10 puntos
-Vaya…-el Sombrero observó curioso las puntuaciones. Para él todo aquello era nuevo. Pero los demás por desgracia ya lo tenían muy visto. Ahora venía la parte más dolorosa.
LOS ELIMINADOS:
Timón, modisto
Sebastián, compositor
Pumbaa, trabajador social
Lilo, niña
-Nno…-Ariel no se había enterado de la muerte de Lilo, y al verla al lado de Sebastián palideció, aterrada. Ya no tenía ninguna de las heridas de la batalla, al igual que sus compañeros: Tarrant había recuperado todos los dedos del pie, Aladdín no presentaba ni una sola cicatriz por los balazos y la nariz y dientes de Jim estaban en perfecto estado, al igual que su herida en el pecho. Pero sus almas estaban más destrozadas que nunca.
Se quedaron en silencio mientras las fotos de Timón, Sebastián, Pumbaa y Lilo se unían a las de Billy, Kuzco, el señor Saltamontes, Ling, Yao, Chien Po, Talía, Silver, Amelia, Rourke, Helga y tantos otros de los que ya habían pasado por aquel infierno. Muchos de los que habían muerto eran mejores guerreros y más preparados que los que habían sobrevivido. Pero pese a ello, ahí estaban, recordados en la muerte. Y también estaba Merlín, que casi había conseguido esos cien puntos y su liberación…
Jim estaba convencido de que no sobrevivirían. Después de perder a Lilo estaba seguro de ello. Quería gritar y arrancarse las entrañas pronunciando el nombre de la niña. ¿Cómo podía haberlo permitido? Había pasado tan rápido, había sido tan repentino que apenas si quiera lo había visto. Su último grito de espanto… oh Dios… todo era culpa suya… todo era su culpa.
-¡JODER!-Aladdín le pegó una fuerte patada a Gantz, pero no consiguió nada más que hacerse daño.
-Déjalo…-le pidió Hércules con voz débil, pero Aladdín no se detuvo. Veía la foto de Billy, la foto de Helga y la foto de Lilo y la rabia lo poseía como ya lo había hecho con Jim. Aladdín le empezó a pegar puñetazos a Gantz sin conseguir absolutamente nada, hasta que sus nudillos se destrozaron, y la sangre que brotó de estos recorrió la curva superficie de la esfera tapando las fotos de los muertos. "Siguen jugando"-fue lo último que apareció en la esfera.
-Joder… no… joder…-Aladdín retrocedió mientras Meg le ponía una mano en el hombro, para tranquilizarle. Jim miró a su amigo que temblaba de rabia. Los ojos de Aladdín y del joven Hawkins se cruzaron. Ambos sentían aquel increíble dolor taladrándolos el alma.
Ariel y Bella lloraban en silencio mientras todos seguían observando la esfera apagarse lentamente. Todos se quedaron en silencio, en medio de la oscuridad, respirando entrecortadamente y mirando sin mirar. Nadie dijo nada.
-Tranquilo Jim… tranquilo…-Bella abrazó a Jim conmocionada mientras el chico lloraba de nuevo, apretando los puños y golpeándose a sí mismo. Todo era culpa suya. Tendría que haberlo impedido… tendría que haber sido más rápido…
Habían bajado a la calle. Lady Tremaine fue la primera en irse.
-Adiós…-dijo simplemente, antes de alejarse levantando sus faldones para andar más deprisa. Aunque no lo decía, ella también pensaba en Lilo. Y en sus hijas. Quería volver a su lado cuanto antes… asegurarse de que estaban bien.
-Supongo que volveremos a vernos-dijo el Sombrerero Loco estrechando la mano de Hércules-ha sido… diferente…
-Gracias por todo-dijo Hércules. Quiso sonar fuerte, convencido, heroico, como siempre, pero no lo consiguió.
El Sombrerero miró a Hércules con aquellos ojos suyos verdes tan intensos y una sonrisa curvada. Luego inclinó su cabeza respetuosamente y se alejó silbando una extraña melodía. Hércules se preguntó qué iría a hacer ahora.
El héroe inclinó la cabeza sacudiendo sus rizos cobrizos mientras exhalaba el aire, agónico. No lo había conseguido, no había podido protegerlos a todos. Había sido un estúpido, y un inútil. Incapaz de proteger a aquellos que más quería… como siempre.
Meg se acercó a Hércules de brazos cruzados. Él lanzó un vistazo leve, y descruzó los brazos. A ella sí que se alegraba de verla. Debían hablar de tantas cosas…
-Me mentiste…-dijo Meg con voz grave-otra vez…
-No…-Hércules quiso tomarla de las manos, pero Meg se las retiró-yo no te mentí…
Meg le enseñó a Hércules el lápiz de memoria que había robado en el despacho de Cobra.
-Trabajabas con él. Le conocías… ¿por qué no me lo dijiste?-preguntó Meg secamente.
-¿Cómo sabes que yo…?-preguntó Hércules desconcertado.
-Él mismo me lo dijo, cuando estuvimos hablando. Hablamos de muchas cosas…
Ariel miró a Hércules y Meg cuchichear en una esquina de la calle, mientras Bella y Jim se abrazaban en el otro extremo. Notó un frío que no tenía nada que ver con la nieve y la ventisca, si no con la soledad en la que se encontraba. ¿Quién la abrazaba a ella? ¿Quién la consolaría? Jim no, desde luego… le había perdido… como se odiaba a sí misma… con qué amargura recordaba el tiempo que habían pasado juntos.
Pero ya no deseaba morir, como con Eric. Sebastián había arriesgado su vida por ayudarla, al igual que Flounders, y le gustase o no también su padre. Ver morir a tanta gente a su alrededor, ver morir a Lilo… había hecho que Ariel se replanteara mucho las cosas. Cada instante que respiramos, cada segundo en el que se nos permite disfrutar del mundo que nos rodea, es un precioso regalo. Y Ariel no pensaba malgastarlo nunca más.
-¿Vas a tu casa?-la voz de Aladdín detrás de ella la sobresaltó. Se había olvidado totalmente de él.
-Ssí… puede…-susurró la muchacha. Hizo un ademán de inclinar la cabeza, como solía hacer cuando Aladdín la hablaba, porque le daba vergüenza. Pero esta vez no pensaba hacerlo. Esa época quedaba atrás.
-Sí-dijo Ariel con decisión. Aladdín la miró fijamente y asintió con lentitud. Al igual que ella, tenía los ojos enrojecidos por las lágrimas, y parecía muy afectado.
-Yo… yo no quiero volver a la mía…-susurró con voz ronca-podría… ¿irme contigo…?
Ariel miró a Aladdín respirando su fuerte aroma y cerró los ojos. Como deseaba abrazarlo, sentir el calor. Él parecía sentir lo mismo.
-En realidad yo no tengo casa… estoy perdida-susurró la pelirroja, consternada. Aladdín asintió lentamente.
-Podemos… ¿podemos perdernos juntos?-la preguntó ofreciéndole su mano. Ariel la miró unos segundos. Luego la tomó.
Jim vio como Aladdín y Ariel se alejaban por la otra calle de la mano, pero no le importó. Ahora ya le daba todo igual. Solo deseaba morirse, perder la conciencia y no recordar nada de lo que había pasado.
Aún notaba las suaves y pequeñas manitas de Lilo, de rollizos deditos y piel morena, acariciándolo en el rostro, y podía verla abrazándolo con la misma ternura y fuerza de siempre. Podía verla patinando, y hablándole de lo que había investigado con Stitch, y cantándole. Recordó su viaje a Atlántica, y su incursión en E.P.C.O.T. Lilo miraba todo lo que la rodeaba con fascinación y emoción. La niña estaba siempre abierta a descubrir nuevas cosas, y a disfrutar de ellas. Jim se había visto a sí mismo reflejado en ella. Joder, como le había robado el corazón.
"Yo también meto la pata muchas veces… pero Nanny dice que no hay plato que no se pueda arreglar"
-Nnno…. Nnno…-Jim se cubrió el rostro con las manos. Quería que volviera. Quería volver a verla de nuevo. No podía soportar la idea de no volver a verla nunca. Era simplemente…
…
Bella quería acompañar a Jim a su casa pero él insistió en ir primero en la suya, ya que sabía que ella se moría de ganas de comprobar que su padre estuviera bien. El edificio estaba destrozado por la explosión. Según le dijo un vecino Maurice había ido a una comisaría, porque al no encontrar su cuerpo insistía en que emitieran una orden de búsqueda.
-¿Dónde estabas Bella?-la reprendió el vecino indignado-casi le da un infarto…
Bella no le respondió. Fueron hasta la comisaría donde efectivamente se reencontraron con Maurice. El profesor tenía los ojos ojerosos, estaba pálido y parecía haber envejecido diez años en una noche. Jim lo entendía perfectamente. Él también se sentía así.
-Papá…-susurró Bella cuando lo abrazó fuertemente. Ya no le quedaban lágrimas que verter. Solo podía dar gracias de que él estuviera bien.
-Be… Bella… Bella…-Maurice cerró los ojos y notó como si su cuerpo flotara en el aire al sentirla a su lado. La amargura se transformó en una felicidad tan intensa que estuvo a punto de fulminarlo. Gracias al Cielo que ella estaba bien… menos mal…
Bella quiso acompañar a Jim, pero él la dejó con su padre y se fue andando hacia su casa. Llevaba la Solaryum en la mano, había vuelto a volar hasta él. Su fiel tabla le había ayudado mucho aquella noche, había salvado su vida varias veces gracias a ella.
Aunque eran unas cuantas manzanas Jim caminó en silencio, con la mirada en el cielo mirando las nubes de contaminación. Si forzaba un poco la vista, podía incluso ver las estrellas. Tal vez Lilo estaba allí ahora, mirándolo.
"Te quiero-pensó para sí, mientras dejaba que el dolor de la pérdida lo consumiera, sin intentar contenerlo más. Sabía que tenía que aceptarlo. Era el único modo de seguir adelante-te quiero muchísimo… po… por favor, perdóname…"
Y sintió, que de la mano, ella caminaba a su lado.
Jim llegó a su casa dejando la tabla tirada a un lado. Morfo dormitaba sobre una pila de platos, cerca de donde lo había dejado la última vez. En cuánto lo escuchó llegar, su madre salió de su cuarto y se echó a sus brazos.
-Estásbienestásbienestásbien…-susurró Sarah Hawkins con los ojos empapados en lágrimas mientras acariciaba el cabello de su hijo y lo apretaba con fuerza. Jim sintió que el amor de su madre actuaba como un bálsamo tonificante en aquel terrible momento, quizás el peor de su vida.
-Jim, ¿dónde estabas? No lo hagas más… por favor, no…-susurró Sarah consternada-Jim… ¿qué pasa? Explícamelo, por favor… por favor…
Él sacó una cosa de su bolsillo. Al igual que todo lo que se guardaba en el traje de Gantz, no lo había perdido. Apuntó a su madre con el desmemorizador de Cobra Burbujas. Unas dos vueltas de rueda bastarían.
-Lo siento mamá…-susurró Jim, secándose las lágrimas mientras la miraba enternecido-es por tu bien…
-Jim, ¿qué…?
Hubo un flash y luego Sarah se quedó paralizada, con los ojos inexpresivos. Jim la abrazo y la llevó hasta su cama, donde luego la dio un beso. Si no se equivocaba, al día siguiente ella ya estaría bien, como pasaría con los señores Banks. Pero no recordaría nada desde la cena de Nochebuena. Y eso sería bueno.
Jim besó a su madre en la mejilla, y luego se quedó a su lado abrazado un rato, hasta que notó que ella se dormía. Pero él no pudo dormir. Probablemente no iba a poder hacerlo nunca más.
Subido al tejado, contempló el amanecer en Suburbia. Cerró los ojos y dejó al frío viento azotarle en el rostro y ondear el cabello libremente.
¿Qué sería ahora de él? Era como si comenzase un nuevo mundo, un mundo sin Lilo. En ese mundo aunque hubiera sol no había luz, y aunque hubiese gente no había amor. Jim se abrazó a sí mismo mientras gritaba y dejaba que el dolor saliera así. Ojalá se fuera todo y no volviese nunca.
Ojalá estuviese Silver allí. Él sí sabría qué decirle. Él sabría cómo consolarlo. Pero estaba muerto, claro. Como todo el mundo. Todos le habían dejado.
-"Hay gente que no se ha ido…"-pensó Jim para sí intentando reconfortarse. Ella aún seguía viva… aún podía decirle la verdad, aún podía cambiar las cosas.
Si seguía con vida era porque aún podía hacer algo bueno. Lo había dado todo por proteger a Lilo, y aunque hubiese fallado aún podía seguir luchando. Aún podía ayudar, aún podía cambiar las cosas. Recordó aquella vez, durante su primera misión, cuando creyó que Ariel estaba muerta, y pese a estar paralizado por el calmante le había echado todo el valor del que era capaz y se había colado en el furgón de los esbirros de Juan. De no ser por él probablemente el Príncipe no habría caído, ni tampoco Garfio, ni Yzma, ni Úrsula en las siguientes misiones, ni tampoco Oogie Boogie. Una persona puede marcar la diferencia. Y mientras él estuviera, la marcaría. Por él. Por Lilo.
"Sigo aquí…"
Hércules regresó a su hogar dejando su ropa a un lado mientras se ponía su uniforme de gimnasio. Vio su cálida y cómoda cama. Realmente le apetecía tumbarse. Pero no había tiempo para eso: debía seguir entrenando, y hacerse más fuerte.
Sin ni siquiera molestarse en comer se puso a hacer abdominales tratando de olvidarse de todo lo sucedido. Él no podía llorar a los muertos de Gantz. Intentaba salvar a todo el mundo, pero sabía que no podía hacerlo, aunque se engañara a sí mismo.
-Uno… dos… vamos… uno…-quería olvidarlo todo, incluida su última conversación con Meg. Había resultado muy dolorosa.
-Me partiste el corazón… ¿lo sabías?-le había dicho ella, hablando muy alto. Hércules la observó, abatido-pero eso ya no importa… no importa lo que fuimos, ni lo que somos..
-Claro que importa…-replicó Hércules con angustia, pero Meg negó.
-Lo único que importa es ayudar los a ellos. Completar las misiones, y salvarlos… yo he conseguido una oportunidad… me ha costado mucho conseguirla…
-No debiste hacerlo…-susurró Hércules, intentando abrazarla, pero Meg se apartó de él.
-Tú no lo entiendes… no sabes de que va esto, aunque creas que sí-dijo, angustiada.
-Claro que lo entiendo Meg, eres tú la que no… ¿no lo ves? Ninguno sobreviviremos…
-Oh, cállate… cállate, cállate-dijo ella llevándose las manos a los oídos-déjalo ya, basta.
-Él no quiere dejarnos vivir Meg… Hades… él quiere…
Ella se volvió hacia él y le miró horrorizada. Hércules vio algo más que miedo en los ojos de la chica. Algo mucho peor.
-No… le… menciones…-pidió Meg con voz casi inaudible.
Hércules la sujetó por los hombros y la miró con firmeza.
-Voy a detenerlo, Meg. No lo conseguirá. Gantz caerá-dijo. Ella negó con la cabeza, mientras sonreía amargamente.
-No puedes detenerlo, fortachón… hay cosas que ni tú puedes cambiar…
Mientras sostenía todo el peso de su cuerpo en un brazo extendiendo verticalmente las piernas al techo, Hércules se hizo a sí mismo un juramento.
-"Pues claro que puedo".
El funeral de Lilo tuvo lugar un día después de Navidades, en cuanto su cuerpo fue devuelto a Nanny. David se pregunta todavía cómo pudo ser que su novia sobreviviera al colapso al verlo. Ni él mismo fue capaz de soportarlo.
-¿Stitch?-Nanny se había pasado la noche llorando en una comisaría peleándose para que sacaran una orden de busca y captura de la niña. Al comisario le había llegado información de parte de un agente no identificado de que ella había sido detenida junto a otros siete civiles en una feria abandonada, y que pronto se la devolverían. Pero ya no había habido más noticias de la niña. Y a las cuatro de aquella noche, cuando a Nanny la habían mandado a su casa y lloraba amargamente en su cuarto, Stitch se había asomado a la ventana de su cuarto, sujetando un bulto entre sus brazos. Un bulto envuelto en telas de seda… y con una sospechosa forma humana.
-No… no…-Nanny se levantó de la cama y abrió la ventana. Stitch entró en el cuarto con el cuerpo de Lilo y lo depositó lentamente en el suelo, mientras miraba a Nanny con el rostro inexpresivo. Ella notó como el miedo la subía hasta la garganta mientras negaba lo que ya a sus ojos era evidente-no, no, no… ¡NO, NOOOOOOOOO! ¡LIIIIIIIIILO!
Nanny se desplomó sobre el cadáver de su hermana y la abrazó desolada. ¿Dónde estaba su cabeza? No podía estar pasando de verdad. No… solo era una pesadilla… no era verdad, tan solo era un sueño.
-¿QUÉ HA PASADO?-gritó Nanny, histérica, mirando a Stitch-¡LILO!
Nanny lloró descontroladamente mientras Stitch la observaba sentado a un lado. David estaba en la cocina preparando algo para su novia, pero al oír los gritos fue hasta allí. Tardó unos segundos en focalizar la escena, pero cuando lo hizo estuvo a punto de caerse al suelo.
-Lilo… ¡NO!-David se inclinó al lado de Lilo y la abrazó con fuerza. Él tampoco podía creerlo-¡LILO! ¡LILO!
Es muy difícil de describir lo que ocurrió durante la siguiente hora, porque se sale de los límites de la desesperación y el sufrimiento humano. Nanny simplemente ya no era ella misma. Lloró y gritó mientras David la abrazaba y soportaba que le golpease, y que arañase el suelo. Al final ella no pudo evitarlo y vomitó. David se mantuvo todo el tiempo a su lado, llorando en silencio, mientras Nanny gritaba y suplicaba y negaba todo lo que estaba pasando. Lilo no podía estar muerta. Su hermanita no podía haberla dejado a sí. Era como sentir que la vida la arrancaba un trozo de ella misma, era algo tan cruel y horrible que ni siquiera estaba segura de que estuviese viviendo de verdad. Veía las cosas borrosas. Solo era capaz de ver con claridad el redondo e infantil rostro de su niña, que la decía adiós con la mano mientras se alejaba más y más de ella.
-Lilo… Lilo…-repetía Nanny, tirada en el suelo. Llevaba horas en esa habitación con ella al lado, y con David y Stitch, pero no se sentía capaz de moverse. Nunca podría abandonar a Lilo. Su hermana era lo más importante para ella.
La policía llegó a la mañana siguiente. David habló con ellos, porque Nanny no era capaz. El supuso que venían a preguntarles por la denuncia de la niña muerta, pero al parecer ellos ya estaban enterados. La agente principal, una tal Mary Poppins, habló con David y le explicó que la niña había sido secuestrada y asesinada por el maniaco homicida Oogie Boogie. Pero él no debía preocuparse más. Oogie Boogie estaba muerto. Nunca más volvería a hacer daño a nadie.
-Ya… a nosotros no puede hacernos más daño-dijo David con la voz rota, antes de cubrirse las manos con la cabeza.
Mary Poppins le miró compasiva mientras intentaba pensar algo qué decir. Sabía que sería duro, de hecho ella no tendría por qué haberse ocupado de ello, pero decidió hacerlo de todos modos. Después de haber desaparecido el último de los participantes vivos del juego, ella se había quedado sola con Stitch y la niña. Mary recordaba la mirada perdida de Lilo y lo valiente que se había mostrado queriendo participar en la batalla. Fue ella quien la envolvió en la tela de seda con la que Stitch la había transportado. Conmovida, había decidido ocuparse personalmente del asunto.
-Si… si hay algo que pueda hacer…-dijo Mary finalmente, mirando a David con seriedad. Él rió amargamente.
-No se preocupe… gracias…
El funeral fue esa misma tarde. Nanny sufrió una crisis nerviosa y la tuvieron que hospitalizar, por lo que el entierro se retrasó un día más, ya que David pidió que no se la enterrara todavía, al menos hasta que Nanny pudiera ir a darle un último adiós.
Avanzando lentamente por el cementerio, llevada por David, Nanny llevaba un traje negro y un enorme sombrero que le había prestado la señora Pelekai. No era porque quisiera cubrir su rostro. No deseaba recibir la luz del sol más.
Nanny pensaba que estarían solos en ese funeral. A fin de cuentas el resto de conocidos de Lilo eran niños, y no iban a ser informados de lo sucedido hasta la vuelta de Navidad. Pero la sorprendió lo que vio al llegar: además de los padres de David y Stitch estaban Jim y Sarah, y aquel muchacho amigo de ellos, Aladdín, y una chica pelirroja que creía que era la novia de él, y también una chica de pelo castaño, y una pareja muy extraña. Nanny estaba segura de que aquel tipo que iba al lado de una joven muy hermosa era Hércules, la estrella de los gladiadores, pero no dijo nada. En ese momento, le daba todo igual. También fue al funeral Bo, la otra gran amiga de Nanny, y la señorita Grotchke, tutora de Lilo y la única profesora que había visto el verdadero espíritu de la niña.
Jim pensó que no había estado tantas veces en un cementerio nunca como ese año. Se temió, por otra parte, que tendría que asistir muchas veces más en poco tiempo. Todo dependía de Gantz, y de cuanto de su mortal tiempo les otorgase. La esfera negra pasaba por las mentes de todos los participantes con aquel maléfico brillo, esperándolos con una nueva y seguramente más peligrosa misión.
Hubo muchas lágrimas. Más que en el funeral de Billy y el de Silver. Jim se dio cuenta de lo extremadamente doloroso que es perder a un ser querido. Enterrarlo es como… como tirarlo a la basura. Y saber que nunca más volverá a sonreírte, o a hablarte, o que ya nunca más podrá disfrutar de las cosas que tú sí, te hace querer marcharte con él. ¿Dónde estaría ahora Lilo? Jim no creía en la otra vida. Pero desde la muerte de la niña, aunque no lo hiciera, deseaba ardientemente que existiera. Así, al menos, se supone que sería feliz. Tal vez por eso se inventaron las religiones. Para calmar ese vacío del alma que nos queda, cuando ya no tenemos nada.
Era el tercer funeral al que asistía, y fue con diferencia el más duro de todos.
Aladdín depositó una rosa en la tumba de Lilo y rezó unas plegarias en árabe, aprendidas de niño gracias a su madre. Como la familia Pelekai no era religiosa el funeral fue civil, y lo ofició un juez conocido del señor Pelekai, que no habló demasiado, porque tampoco había mucho que hablar. Los que tenían creencias, como Bella, David y Sarah, se acercaron a la tumba y rezaron lo mejor que sabían, antes de despedirse.
Ariel fue la última en acercarse. Ella estaba muy unida a Lilo, habían pasado gran parte de las últimas misiones juntas, a excepción de esta. Ariel cerró los ojos e inclinó la cabeza en señal de respeto. Recordó el funeral de su madre. Su padre había utilizado el tridente para hacer un arco de oro encima de su tumba, en una enorme y colorida concha. En Atlántica los funerales son muy coloridos y solemnes, no tienen la tristeza de los funerales humanos porque las sirenas creen mucho en la vida más allá, lo que ellas llaman "el océano de luz".
Ariel querría hacer magia en la tumba de Lilo para hacerle un último regalo, como su padre había hecho. Pero fue incapaz. Desde su suicidio no había podido hacer un solo hechizo. Supuso que había perdido ese "horizonte" del que una vez había hablado con Úrsula.
-Que encuentres tu camino…-susurró Ariel a la tumba de Lilo, mientras notaba su corazoncito apretarse por el intenso dolor-por favor, acuérdate de mí…
Ariel se alejó de la tumba y fue a donde estaban Jim y Aladdín. La pelirroja miró a Jim, pero él la dio la espalda, para evitar que lo viese seguir llorando. Se encontraba muy mal. Ariel agachó la cabeza con tristeza, y se dispuso a alejarse. Sin embargo Aladdín la abrazó, y abrazó también a Jim. Ellos dos no se esperaban aquel abrazo por parte del árabe, pero cuando lo experimentaron se encontraron mucho mejor, y poco a poco se fueron apretando más fuerte. Cerraron los ojos y permanecieron un rato así abrazados, pensando en Lilo y en todo lo que había significado. Llevaba junto a ellos desde la segunda misión, había sido junto a Billy el miembro que más tiempo había pasado a su lado, y al que más habían llegado a conocer.
-Os quiero chicos…-susurró Aladdín. Jim no pudo sonreír, pero les apretó con más fuerza mientras juntaban las cabezas.
-Yo también…
Cuando la gente comenzó a marcharse Ariel miró a Jim y quiso ir a hablar con él. Llevaba toda la noche pensando en qué decirle. "Las personas a veces… bueno, nos equivocamos y… lo que quiero decir es que… he aprendido una cosa de todo esto… que si quieres a alguien, debes decírselo… antes de que sea tarde…".
Ariel tragó saliva y miró a Jim con decisión, hinchando el pecho. No era el mejor momento, pero tal vez no habría otro momento. Sin embargo en ese momento Bella fue a abrazarlo, y Ariel se quedó quieta, clavada en el sitio. "¿Qué estoy haciendo?"-pensó. Ella y Jim eran totalmente incompatibles, ya había quedado claro. Ella le quería, cierto, pero él no, quizás la había querido, pero ya no. Debía dejarlo ir… dejarle ser feliz con Bella. Ella era mucho más buena, y mucho más pura… sabía hacer magia… sabía curar heridas, del cuerpo y del alma.
Agachando la cabeza con tristeza, Ariel se alejó del cementerio paseando entre las blancas tumbas. Estaba triste, pero sabía que podría dejarlo atrás. Para empezar, tenía algo muy importante que hacer… si no había entendido mal a su padre, Atlántica estaba siendo reconstruida, y su padre se estaba recuperando. Iría a verlo. Volvería a hablar con él, y con sus hermanas. Intentaría la reconciliación, después de todo.
Mary Poppins y Bert también asistieron al funeral, aunque discretamente colocados un poco más lejos de los demás.
-¿Qué pasará ahora con el D23…?-preguntó Mary Poppins cuando la celebración hubo concluido.
-Oh, tranquila, estaremos bien…-bromeó Bert con una triste sonrisa-quiero decir…Cobra solo era un agente más… aunque le echaré de menos…
-Ya-Mary arqueó las cejas, indignada-Bert, no puedo creer que me engañara de ese modo. Le advertí que yo no soy ninguna estúpida.
-Jajajajaja, claro Mary Poppins, pero yo ya te dije que yo tampoco-rebatió él, guiñándola un ojo. Mary Poppins le dio la espalda y se alejó por la ladera del cementerio, mientras abría su paraguas para protegerse de los copos de nieve.
-¿Ahora a dónde vas?-escuchó que le preguntaba Bert detrás suyo. Mary Poppins se volvió, haciendo girar el paraguas lentamente.
-Tengo mucho trabajo por hacer… mucho que investigar…-dijo. Aún no había olvidado "Gantz". Sabía que Merlín estaba metido en algún oscuro asunto. Ahora esperaba poder llegar al fondo de la cuestión.
-Y tal vez… se me ocurre…. ¿no necesitarás la ayuda de algún apuesto policía?-le sugirió Bert, tomándola por la mano que sujetaba su paraguas y metiéndose con ella bajo él.
-Que descarado, Albert-le reprendió Mary Poppins, indignada-pues claro que no.
-Es que nieva, y no quiero calarme-dijo él sonriendo. Mary no pudo evitar devolverle la sonrisa-a lo mejor puedes dejarme ir contigo… y me llevas volando de paseo por la ciudad.
Mary Poppins cerró un momento los ojos. Se sentía tan mortificada después de su enfrentamiento con Oogie Boogie. Lamentaría siempre el no haber podido hacer las cosas mejor, pero el monstruo había sido demasiado incluso para ella. Sin embargo ahora que por fin lo había vencido, y que sabía que no volvería nunca más, se sentía mucho más liviana. Incluso la pérdida de Merlín la pesaba menos.
-Te dejaré venir conmigo…-dijo finalmente Mary dejando que Bert la cogiera por el brazo-¡pero no tientes a tu suerte!
-Oh, Mary Poppins-Bert rió-eso nunca…
Nanny se quedó junto a David al lado de la tumba de Lilo. Cuando cayó al noche, él la ofreció ir a por el coche y volver a casa.
-No podemos quedarnos Nanny…-susurró David con voz ronca-nos congelaremos…
-No me importa…-dijo ella con voz monótona. Nunca se iría de allí. Lilo estaba enterrada al lado de las tumbas de sus padres. Ahora ellos tres eran un Ohana. Y ella se quedaba sola. Nunca, nunca más se alejaría de su familia. Se quedaría allí hasta que la nieve y el frío la matasen también a ella, y así pudiese reunir con ellos al fin.
-Vale…-viendo que Nanny no se iba a mover David fue a por unas mantas que tenía en su coche. Tal vez se compraría también algún licor lo suficientemente fuerte como para calentarle, porque pasaría la noche con ella.
Cuando David se fue Nanny se quedó mirando en silencio la tumba de Lilo con profunda amargura. Entonces comenzó a llorar de nuevo, abrazándose a sí misma mientras los recuerdos compartidos con ella la sobrevenían de golpe. Todas aquellas veces riendo y jugando en la cama, peinándola, llevándola a clase de hula, en el parque, en el mar… Lilo había sido a la vez su hermana y su hija. Simplemente era su vida.
A Nanny le sorprendió reparar en Stitch. No se había movido de al lado de la tumba de Lilo en todo ese tiempo. El experimento miraba fijamente la lápida, como esperando que ella saliera y volviese a jugar con él. Nanny entendió que Lilo no solo había sido su vida, sino también la vida de Stitch. Y eso la hizo querer al monstruo mucho más.
-Ven…-Nanny abrazó a Stitch y lo sentó a su lado mientras ambos seguían mirando la tumba de Lilo. Stitch miró a Nanny con el rostro inexpresivo, y luego puso algo en su mano. Era el collar de identificación que le habían comprado. Nanny lo comprendió.
-Ya suponía…-susurró-que te marcharías… yo… te voy a echar de menos…-dijo. No pudo seguir hablando.
Stitch asintió. Nanny lo abrazó y continuó llorando, y el monstruo la consoló con sus patitas, sin saber qué decir. Para Stitch el dolor de perder a Lilo había sido tan fuerte que no podía ni enfurecerse, ni gritar ni golpear como solía hacer. Se notaba incapaz de hacer nada. Ni siquiera sintiera sentía que desease continuar sobreviviendo.
"Mi perrito bueno"-Stitch recordó esas palabras de Lilo y entonces sí que lloró el también. Nanny observó asombrada las lágrimas del monstruito, que eran de un denso color azul oscuro, y como Stitch se las frotaba intentando reprimirlas.
-No, no… sssssh…-Nanny le dio un beso a Stitch en su peluda cabecita y lo acuchó-deja que salgan… déjalas…
Cuando David volvió se encontró a Nanny y Stitch abrazados, mirando ambos la tumba. El chico los cubrió con una manta y luego se echó otra él encima. La noche fue muy fría, y ninguno de ellos pudo dormir. Sin embargo por la mañana, cuando el sol volvió a iluminarlos, Nanny y David se dieron cuenta de que Stitch ya no estaba. Al igual que Lilo se había ido de sus vidas, y al igual que Lilo nunca regresaría.
-Quiero que revisen absolutamente todo sobre él. Hay muchos números que no encajan… y llamadas-dijo el Mayor Monogram.
-Claro jefe-respondió Cal, tan servicial como siempre.
-No me valen "claros", quiero saber todo, por qué estaba en esa fábrica, cómo lo descuartizaron, quienes eran esos tipos de negros a los que perseguía y por qué no se me informó de esto-replicó el Mayor Monogram con autoridad.
-En realidad se le informó, jefe, pero es que se consideraba un caso de escaso peligro exponencial-explicó Cal-o al menos eso es como Cobra lo clasificó.
-¡Pues está claro que no era así!-exclamó el Mayor furioso-Fue un error darle tantas libertades al agente Burbujas, ha quedado claro que como ya dije esta organización necesita urgentemente regenerarse.
-Sí jefe, claro jefe…
-Quiero que contacte con la plana mayor. Esta misma noche tendremos una interconferencia urgente. La ciudad está descontrolada, y es el momento de cortar cabos sueltos-dijo el Mayor Monogram haciendo girar la enorme silla de su despacho. Desde el gran ventanal podía ver la Torre de Suburbia y todos los rascacielos del centro-… ahora el D23 actúa.
-Y jefe… ¿el esqueleto?-se atrevió a preguntar Cal con angustia. El Mayor Monogram frunció su uniceja mientras meditaba su respuesta.
-De momento permanecerá retenido. Luego ya veremos…
Oculto en las profundidades de la base Eco, en aquella prisión totalmente insondable de donde jamás podría escapar, Jack Skeleton terminaba de escribir una carta que iba dirigida a Mary Poppins. Diez guardias lo vigilaban mientras lo hacía, y al menor movimiento lo freirían a tiros con sus armas especiales de contención.
-"… fue un verdadero soplo de aire fresco el verla en mi humilde prisión Mary Poppins, aunque como ya sabrá han decidido llevarme a otro lugar, donde le consolará saber que no estoy mucho mejor. Le agradezco nuevamente que me haya librado de Oogie Boogie. No hay nada peor que un alumno descontento, porque por mucho que se diga, rara vez el alumno llega a superar al maestro. Si me permite, creo que su error fue subestimar el poder de Oogie Boogie. Aunque no la culpo, pues yo también le subestimé. De haber tenido un poco más de margen, seguramente nos habría matado a todos.
Espero que se encuentre bien, y que la batalla fuese dura. Y que conserve cicatrices. Las cicatrices son buenas, porque nos recuerdan quienes somos y nuestras cruzadas personales, las que solos nosotros hemos librado. De cualquier modo quiero que sepa que estuve de su lado en todo momento, Mary Poppins. No se olvide de eso. Y para cuando llegue el momento de enfrentarnos (y confíe en mí, este llegará) me aseguraré al igual que usted de que el ganador conserve las más arduas cicatrices de su carrera.
Un afectuoso saludo, y muchas pesadillas de su esqueleto favorito
Jack".
Cuando terminó Jack entregó su carta al jefe de seguridad y luego volvió a colocarse en el suelo de la estrecha celda mientras meditaba. Al hacerlo al menos olvidaba su encierro, o de lo contrario se volvería todavía más loco.
-"Oh, Damien…-pensó Jack sonriendo perversamente-si yo hubiese sabido que realmente valías algo… te habría hecho mucho más daño… perdóname".
Un profesor de medicina alto y esbelto y su alumno, también alto pero gordo y feucho, paseaban por los jardines de la facultad compartiendo secretos de magia oscura. Jack pensó que después de todo, habían sido buenos tiempos. Pero mejores serían los que estaban por venir.
Lejos de allí, en Witzed, otro preso acababa de conseguir salir del bloque cero. Los guardias ni sabían que lo había conseguido, porque se había disfrazado de enfermera y ya iba por los primeros pisos.
-Oh Jack…-susurró Sally mientras sonreía con su malformada boca-pronto volveré a estar contigo…
Sí, Skeleton no había perdido su fascinante facultad de engatusar a otras desdichadas almas. Ya se vería lo que para él significaba eso en un futuro…
Las últimas nevadas del año azotaban Suburbia con toda su fuerza, ocupándose de que sus ciudadanos no se olvidasen demasiado pronto de ellas dejándolos un gélido recuerdo. Habían pasado casi tres semanas desde la muerte de Lilo. Desde la ventana del apartamento Ariel observaba los copos de nieve caer y tamborileaba los dedos en la ventana, pensativa. Echaba de menos el instituto Porter y la vida que llevaba con Jim. Sobre todo echaba de menos a Jim. Pero empezaba a sentirse a gusto con la nueva vida que tenía.
Aladdín se había portado muy bien con ella: la había dejado ese piso en el centro que antes había pertenecido a Billy, y se había encargado de enviarla un sueldo más que aceptable cada semana. Aladdín había regresado a su papel en "La Banda del Patio" en la MTV, pero la mayoría de sus apariciones públicas y trabajos como modelo habían desaparecido. Era parte de la firme decisión que había tomado. No se echaría a perder como le había ocurrido a Billy. No renunciaría a quien era.
En cambio, había conseguido un buen trabajo como DJ en las discotecas de los puentes. Resultó que gracias a su renombre le dieron una oportunidad, y a los dueños del establecimiento les gustó, así que pronto Aladdín consiguió cerrar varios contratos y cobrar un buen sueldo por su trabajo. Era algo que le gustaba bastante y le motivaba un montón. Además le hacía sentirse más cerca de Billy. Sin duda el Cobra estaría orgulloso de él, le había enseñado muchos trucos para pinchar durante sus meses de estrecha amistad.
Ariel por su parte no sabía qué hacer. Una parte de ella regresaba fervientemente regresar al Porter y volver a ver a Jim, pero sabía que eso ya no era posible, sobre todo teniendo en cuenta que él ahora estaba con Bella. Ariel supuso que aún seguiría destrozado por la muerte de Lilo. Ella también lo estaba. No había mañana en que no despertase y pensase en su amiga, y se preguntase si aún la estaría viendo, si aún seguiría a la escucha…
Finalmente la pelirroja le había pedido a Aladdín que la ayudase a encontrar un empleo, y habían pasado varios días entrevistándose en distintos lugares de la zona blanca. Hubo un puesto de secretaria que a Ariel le pareció interesante, pero Aladdín le dijo que mejor no lo aceptara después de hablar con el jefe de la empresa y darse cuenta de por qué quería contratarla a ella…
Finalmente habían encontrado un puesto interesante en una tienda de ropa como dependienta. Pagaban bastante bien, y a Ariel le encantaba la moda humana. La jefa de personal le estuvo explicando en una tarde todo lo que tenía qué hacer, y a Ariel le emocionó tanto (¡su primer empleo de verdad!) que se memorizó todas las prendas. Cuando al fin consiguió el trabajo se sintió muy feliz, y aunque los horarios eran exigentes y acababa exhausta, se sentía mejor porque estaba haciendo algo productivo, y por primera vez ganaba un sueldo por sí misma. Ariel atendía a los clientes con amabilidad y dulzura. Muchos eran impertinentes o muy pesados, pero a ella no le importaba. Participar en cinco misiones de Gantz y sobrevivir a ellas vuelve los nervios de acero.
Y por las noches, cuando se tiraba en la cómoda y gran cama que una vez había pertenecido a Billy, Ariel sonreía y se sentía satisfecha. Y pensaba en Jim y en sus amigos del Porter y en todas las cosas que quería, pero ya no las veía como algo malo, ni triste ni doloroso. Lo veía como algo bueno, que la había hecho feliz, y que aún podía recuperar. De momento, debía concentrarse en el presente y olvidarse de todo lo demás. Y en el presente se sentía cada vez mejor… mejor que en toda su vida.
Una noche de martes Ariel regresó al piso después de cenar fuera con sus compañeras de la tienda, con las que había hecho muy buenas migas. Ellas le habían contado un montón de cosas sobre el mundo humano que ella todavía desconocida, se reían y se hacían fotos juntas, y Ariel las imitó y se sintió integrada, y se sintió a gusto. Cuando llegó dejó su nuevo bolso que Aladdín la había regalado para que pudiera llevar sus cosas (entre ellas un carnet de identidad falso que ya había empezado a usar cuando vivía con Jim) y se quitó la chaqueta. Ariel se echó el cabello a un lado y miró su reflejo en el espejo. Se veía hermosa. Y feliz. Segura de sí misma, y lista para todo.
Entonces le llamó.
Media hora más tarde la pelirroja abrió la puerta. Aladdín estaba allí, con agua nieve todavía en el pelo, y levantando la cabeza la miró, sonriendo.
-Hola-saludó con voz ronca.
-Hola…-respondió Ariel, mirándole apoyada en la puerta y sonriendo levemente. Aladdín parecía muy serio. Al verla sonreír así asintió lentamente.
-¿Puedo pasar…?-preguntó dando saltitos inquieto en la entrada y señalando al interior.
Ariel caviló unos segundos. Llevaba tiempo rondándolo, pero hasta ahora no se había atrevido a hacerlo. Hasta ahora.
-Sí-dijo finalmente. Aladdín sonrió y entró en la sala. Ariel cerró la puerta detrás de él.
Fueron al salón, y allí Aladdín se sentó en el sofá, mientras ella se quedaba de pie a un lado, mirándole. Aladdín se dio unas palmadas en las rodillas mientras observaba a la chica y sonreía.
-Puedes dejar ahí el abrigo…-sugirió ella señalándole el perchero-oh… te traeré algo…
Fue corriendo a la cocina a por las pastas que había preparado. Sabía que Aladdín era todo un glotón, ya habían cenado varias veces fuera durante la búsqueda de un trabajo y le había visto comer. Las pastas eran compradas, Ariel había querido preparar ella unas pero había acabado quemándolas y había tenido que ir a por otras ya hechas.
Aladdín dejó el abrigo donde ella le indicaba y luego esperó mientras la escuchaba trajinar en la cocina. En un momento ella tiró un vaso, y se la escuchó maldecir por lo bajo. Aladdín sonrió. Pues sí que estaba nerviosa… joder, él sabía por qué estaba allí tan bien como ella. Quería decírselo, pasar a la acción… pero era tan delicioso que prefería demorarlo un poco más. Se estaba poniendo a mil.
-Toma te… te he hecho esto…-mintió Ariel sonriendo mientras le ofrecía las pasas y una bebida. Aladdín cogió una y la sonrió, dejándola un hueco para que se sentase a su lado. Ariel se estaba arrepintiendo de todo aquello, y bastante cortada se sentó alejada de él, mientras se abrazaba a sí misma.
-¡Están muy buenas! Gracias-dijo Aladdín mientras masticaba una de las pastas distraídamente. El sabor a caramelo sin embargo no le traía muy buenos recuerdos, así que finalmente las dejó-bueno… ¿qué tal en el trabajo?
-Oh… muy bien, muy bien, yo…-Ariel se echó el cabello a un lado mientras forzaba una sonrisa-Xaro me ha dicho que ahora que se va la encargada de distribución yo podría… ocuparme. Sería más tiempo pero… ganaría más dinero.
-Tiempo y dinero… esa es la cuestión-dijo Aladdín acomodándose en el sofá con la bebida en su mano. Ariel había conseguido una bebida alcohólica gracias a su carnet falso según el cual ya era mayor de edad. Ella también se rellenó un vaso y bebió un buen trago del ron notando como las mejillas la ardían y perdía parte de la inhibición que la hacía tener tanto miedo. ¡Vamos, se había enfrentado a cosas peores! Y ya se había besado antes. Pero estando al lado de Aladdín, que era pura testosterona, pura tensión sexual, se sentía tan vulnerable como descontrolada por el deseo. Sí, lo estaba deseando… más que nunca…
-Yo ahora tengo de las dos cosas-dijo Ariel sonriendo. Se atragantó con la bebida y tosió un poco, con los ojos lagrimeando. Volvió a echarse el cabello a un lado, nerviosa, mientras Aladdín le lanzaba otra de sus ardientes miradas.
-Sí… a los dos nos va bien… ¿verdad?-dijo levantando el vaso y bebiendo con ella. Aladdín le ofreció otra de las pastas, pero Ariel la rechazó.
-Bueno… en realidad…-Ariel rió, nerviosa, aún sin atreverse a mirarlo-yo… me siento un poco…
-¿Sí?-Aladdín ya no sonreía. La miraba muy serio. ¿Por qué había tan poca luz? Ariel escuchó la nevada golpear contra el cristal y dio gracias de que al menos se estuviera escuchando ese ruido.
-A veces me siento… sola-dijo finalmente-y… bueno… pensé… en ti..
Ariel notó la cálida mano de Aladdín en su barbilla. El chico se había acercado a ella, y la obligó a mirarlo mientras le daba un trago a la botella y la dejaba de malas maneras en la mesa.
-En realidad… yo también he pensado en ti-reconoció. Ariel asintió lentamente-aunque no sé si de la misma forma.
Ariel vio un brillo salvaje en los ojos del muchacho. Sí. Definitivamente estaban pensando en lo mismo. La tensión iba en aumento en su interior.
Entonces él despegó los labios, y acercándose a los suyos la besó. Ariel sintió como toda la tensión desaparecía en cuanto sus labios y los de Aladdín se juntaban. El beso fue primero despacio, luego cada vez más rápido. Aladdín besaba con pasión y lujuria, y se la iba comiendo mientras la rodeaba con sus manos y acariciaba los pálidos brazos de la chica con lentitud y sensualidad. Ariel cerró los ojos disfrutando del increíble sabor del chico, que mezclado con el alcohol le era muy fuerte. Notó la respiración de Aladdín junto a la suya, y sus manos recorrerle la espalda hasta acariciarla el pelo y apretárselo con fuerza.
-Ooooh…-jadeó él cuando por fin se separaron para darse un respiro-llevo… llevo mucho tiempo queriendo hacer esto.
-Yo también-dijo Ariel, sofocada, y volvió a besarlo con fuerza. Aladdín le puso las manos en las mejillas y luego se puso de rodillas en el sofá, cogiéndola y subiéndola encima suyo. Ariel notó algo muy duro en el pantalón del chico, algo que la excitó todavía más y la hizo sentir una fuerte descarga por todo el cuerpo.
-¡Ha!-rió Aladdín cuando ella le besó por todo el rostro incontrolablemente: en la frente, la nariz, los labios, la barbilla. Aladdín descendió al cuello de Ariel que comenzó a mordisquear con lascivia, raspándola con la sombra de la barba y haciéndola ahogar un gemido-eh, no… no te cortes… quiero escucharte…
Ariel gimió nuevamente al notar como las manos de Aladdín bajaban a su escote y la tocaban las tetas. Joder, él llevaba muchísimo tiempo muriéndose por tocar esos pechos. Eran perfectos, blandos pero turgentes, y los pezones, al sentirlos entre los dedos… esta vez fue Aladdín el que gimió más agudo de lo que hubiera querido.
-¿Te gusta?-preguntó Ariel soltando una risita al verlo así de emocionado. Él asintió, riendo también.
-Sí…-dijo, y la besó de nuevo, recorriendo toda su cavidad bucal con la lengua-¡Sí!
-Oooooh…. ¡oooooh!-Ariel fue recostada por Aladdín en el sofá, y él bajando de su cabeza a su tronco la levantó la blusa y comenzó a repartirle besos por el vientre. Cada vez que sus labios rozaban la suave y blanca piel de la chica dejaban una leve marca rosita, y Aladdín escuchaba como ella gemía con cada vez más fuerza, deseando que siguiera-AaaaaAAAAAH…-Ariel notó como sus sandalias se le caían de los pies mientras estiraba los dedos sintiendo el placer recorrerla cada miembro del cuerpo. Aladdín la sujetaba por la cintura y la estaba besando cerca del ombligo. Ella quería que él continuara, pero Aladdín tenía planeado jugar todavía un poco más.
-¿Vamos a tu cuarto?-sugirió. Tenía todo el negro cabello alborotado porque ella se lo había levantado al pasar sus manos por él mientras se besaban. Ariel sonrió y le apartó un mechón del pelo a Aladdín mientras le volvía a besar. En el cuarto, o en el sofá o en el suelo. Ella solo quería que él continuara. Y que fuera ya mismo.
-Mmmmmmmnnn…-se fueron besando por el pasillo mientras Aladdín la llevaba sujeta por las piernas. Chocaron con una estantería y tiraron varios de los adornos que Billy había dejado en el piso, aunque estaban seguros de que a la estrella del rock no le hubiese importado. Billy seguramente se hubiese mostrado feliz de ver a sus colegas "entenderse" tan bien. Aladdín estaba seguro de ello.
Se pararon antes de entrar al cuarto y Aladdín siguió besándola apoyándola en la pared y recorriéndola todo el cuerpo con las manos. Ariel gimoteó cada vez más nerviosa… ¡quería que él siguiera! El chico la desabrochó la blusa y masajeó sus senos lentamente como si los estuviera amasando. Aún tapados por el estrecho sujetador de color violeta, Ariel notó un placer indescriptible al ser estos masajeados de un modo tan lento y perfecto por el chico, que la levantó las faldas y fue bajándole poco a poco las bragas, dejándolas en el suelo.
-Oh…-Aladdín besó las bragas de Ariel y luego las echó a un lado. Instantes después volvió a cogerla entre sus fuertes brazos y tirándola a la cama se descalzó y saltó al lado de ella.
-¿Desde hace cuánto… que te gusto?-le preguntó Aladdín apoyando la cabeza en una mano y mirándola, divertido.
-Oh, yo…-Ariel no tenía planeado hablar mucho. Sobre todo porque no sabía qué decir. Estaba tan excitada que su cuerpo apenas la respondía a cualquier otro impulso que no fuera el de besarle-yo… me gustas… mucho… desde siempre…
-Ya… creo que tú también me gustas desde siempre…-reconoció Aladdín acariciando los brazos de Ariel y terminando de quitarle la blusa. Ahora ella estaba con el sujetador puesto, y sentados el uno en frente de otro en la cama Aladdín extendió sus brazos a su alrededor y se lo desabrochó. Ariel besó los poderosos bíceps de los brazos del chico mientras él le quitaba el sujetador y lo echaba a un lado.
-Joder… joder Ariel son… preciosas-dijo Aladdín mirándola con la boca seca. Ariel, colorada como un tomate, se cruzó de brazos protegiéndose los grandes pechos, pero Aladdín se los hizo apartar para poder verlos mejor-eres… eres increíble…
Aladdín tomó uno de los pechos de la chica e introduciéndose el pezón en la boca lo besó con avidez, haciéndola gimotear de nuevo. Mientras besaba uno, acariciaba y apretaba el otro. La chica estiró la cabeza hacia atrás y exhaló un profundo gemido de placer, a la vez que él gruñía de un modo tan erótico que la provocó aún más.
-¿Por qué te avergüenzas…?-susurró Aladdín colocándose encima de Ariel y besándola otra vez en los labios-tienes un cuerpo estupendo… eres preciosa y… y especial. Eres una mujer única…
-¿U… única?-repitió Ariel elevando el tono en las dos últimas notas, porque a través de la tela de su pantalón la punta del miembro de Aladdín la rozó la zona de la entrepierna. Sí, vaya… esa sensación también la conocía-por favor…-le urgió a seguir.
Aladdín sonrió complacido al verla tan excitada, y entonces se quitó él también su camisa y dejó que ella le acariciase. Ariel siempre había tenido debilidad por los chicos musculosos. Pasando sus manos por los trabajados pectorales y la tableta del chico exhaló un profundo suspiro de placer mientras detenía los dedos en sus pezones y jugueteaba con ellos.
-Qu… ¿qué haces…?-preguntó Aladdín con sorpresa cuando ella empezó a besarlo en el cuello, pero luego descendió hasta sus pectorales. Nuevamente la voz de Aladdín se quebró un poco-¿Arieel…?
Ella le succionaba el pezón, y el chico ahogó un gemido de placer muy fuerte, pues esa era una de las zonas que lo ponían más cachondo, aunque no solía contarlo. Ariel siguió acariciando y besando el torso escultural y moreno del chico, deteniéndose en sus lunares y besándolos también. Ella ya no era ella misma. Era esa otra Ariel, esa hembra intrépida y aventurera que vivía dentro de ella y que de vez en cuando tomaba el control, como en los viejos tiempos. Oh sí, ahora lo había perdido. Ese chico iba a ver lo que realmente era besar a una sirena.
Ariel acarició el trasero de Aladdín y le fue bajando los pantalones. Los fuertes glúteos del chico eran una de las zonas que más la habían llamado la atención desde el principio. Joder, era increíble. Aladdín rió levemente mientras Ariel lo acariciaba, completamente abstraída por él. Ella era novata en todo aquello. Aladdín entendía por lo que estaba pasando, y el pensar que estaba a punto de hacérselo a una virgen le ponía aún más.
-Yo pensaba… que Jim y tú…-dijo finalmente cuando sus labios volvieron a encontrarse en su largo beso. Ariel negó con la cabeza.
-Por favor…-pidió-ahora no…
Aladdín asintió lentamente y luego dejó que ella siguiera tocándolo. Finalmente Ariel se atrevió a ir todavía más lejos, y metió las manos por dentro de los calzoncillos blancos del chico, que hizo un gruñidito para indicar que le gustaba. Ariel masajeó su culo un poco más, pero luego llevó las manos hacia adelante.
-¿Buscas algo…?-Aladdín le colocó su miembro entre las manos a Ariel, y luego la besó en la frente, mientras ella notaba su tacto. Estaba muy duro, y muy, muy caliente. Era increíble como la sangre podía fluir tanto a un solo lugar del cuerpo y hacerlo casi arder.
Ariel jugueteó con el pene del chico masajeándolo con lo que provocó más gemidos por parte de él, hasta que Aladdín la obligó a sacar las manos de allí y tumbándola en la cama nuevamente la observó con una expresión traviesa en el rostro.
-Me toca…-dijo mientras posaba sus grandes y calientes manos en los pechos de ella. Pero la cabeza fue descendiendo, y dio besos y más besos hasta llegar a la zona delicada. Aladdín desabrochó la falda de Ariel con la boca y luego la echó a un lado, observando su mojadísima vagina-mmmmmnnnn…-se relamió, antes de volver a subir hasta su oreja y susurrarla-también eres pelirroja ahí abajo ¿eh? Voy a comerte, sirenita. Prepárate…
-Nno… espera…-Ariel rió mientras Aladdín la daba un atrevido beso y luego volvía a bajar, pegando los labios a su vulva y lamiéndola ávidamente, como un perro. Todo lo que Ariel había sentido hasta ese momento no fue nada en comparación con lo que su cuerpo experimentó al notar la lengua de Aladdín jugueteando en su cavidad. El chico tenía sobrada experiencia en esos juegos, y mientras se empapaba la boca con los fluidos de la chica introducía la lengua cada vez más hondo buscando sus zonas más sensibles, estimulándola y haciéndola vibrar.
-¡AAAAAAAAAAAH! ¡HAAAAAAAAAAAAAH!-Ariel gritó con todas sus fuerzas cuando notó la estimulación sexual llegar a su punto álgido mientras Aladdín, separándola las piernas, continuaba comiéndosela. Finalmente el chico se separó de ella con aquella traviesa sonrisa en el rostro, y limpiándose con la mano la boca la guiñó un ojo.
-Aladdín…-gimoteó Ariel, extasiada. Él la tomó de nuevo entre sus brazos y la abrazó con fuerza. Luego bebió de la botella de ron que se había llevado consigo y haciendo un enjuague la volvió a besar con más fuerza mientras la tocaba por todas partes, metiendo sus dedos en su vulva y enredándola entre su cuerpo hasta que parecían uno solo, la blanca piel y suave piel de ella frente a la áspera y curtida piel del moreno.
Después de más juegos y tocamientos Aladdín volvió a adquirir esa mirada tan seria, y abriendo nuevamente las piernas de Ariel fue acercando su miembro a su entrepierna. Ni llevaba protección ni le importaba, porque en aquel momento el chico pensaba con todo menos con claridad. Aladdín también sentía que antes o después morirían todos por culpa de Gantz. Si iban a hacerlo, por lo menos deseaba que fuese de un modo placentero.
-Oooooh… ¡OH! ¡AAAAAAladdín!-chilló Ariel al notarlo. Notaba que al metérsela le estaba doliendo un poco, pero él no se detuvo, aunque sí fue más despacio. Poco a poco se fue adentrando en ella tapando sus gritos con labios, y cuando por fin estuvo bien colocado empezó a moverse, muy despacio al principio, luego cada vez más rápido.
-Aaaaah… ¡Aaaaaaaah! ¡AAAAAAAAAH!-con cada embestida Ariel se iba excitando más. Finalmente enredó sus piernas en torno al torso del chico, notando sus talones rozar sus nalgas. Aladdín, encima suyo, fue cada vez más rápido mientras volvía a masajearla los pechos y jadeaba extasiado. Ariel notó el miembro del chico totalmente dentro de ella, traspasándola su calor y cerrando los ojos sonrió mientras Aladdín continuaba jadeando encima suyo y ella se dejaba hacer. Los siguientes minutos fueron de los más placenteros que había sentido nunca, y solo por ellos Ariel pensó que después de todo, había merecido la pena vivir. Pobre Eric… ahora ella había encontrado a alguien mucho más sexy, mucho más bueno y mucho más salvaje con el que liberarse, y sentir el amor. Sí… Ariel se sentía enamorada.
Aladdín se corrió dentro de la chica sin control alguno y ahí sí que Ariel sintió una sensación extraña al sentir el líquido del chico en su interior. Cuando terminaron se quedaron todavía un rato así, el uno encima de la otra, masajeándose y besándose poco a poco.
-Necesitaba… esto…-susurró Aladdín tumbándose al lado de ella y tomándola de la mano. Ariel pasó su mano por el pene del chico mientras cerraba los ojos y respiraba entrecortadamente. El orgasmo había sido… pufff… necesitaba volver a hacerlo, cuánto antes…
Aladdín besó a la chica en la mejilla y luego dejó que Ariel apoyase su cabeza en su pecho, descansando.
-¿Qué vamos a hacer ahora…?-le preguntó a la chica mientras aspiraba el delicioso aroma a vainilla de su cabello.
-Pues… quedarnos juntos…-respondió Ariel, dejando que Aladdín se tumbase encima de ella y la fuese masajeando poco a poco la espalda y los glúteos. Él también sentía una tentación devoradora por el trasero de ella. Sí. Iban a ser buenos tiempos.
-Nos quedaremos juntos… mientras aún quede tiempo-dijo la sirena, y Aladdín, con los labios pegados a su nalgas, asintió.
Gantz volvería a llamarlos nuevamente. Y volvería a correr peligro de muerte. Y volvería a ver a Jim. Y volvería a sentir eso que trataba de reprimir, pero que seguía sintiendo por él. Fuera como fuera, estaba preparada, porque sabía que hiciera lo que hiciera, no se iba a rendir.
Solo tenía que cambiar su perspectiva. Y en eso Gantz ciertamente sí que la había ayudado.
GANTZ…
Bueno, supongo que habrá que hablar de lo que todos estamos pensando: Lilo. Yo debo decir que desde que empecé esta misión sabía que le tocaba morir e intenté no hacerlo evidente, aunque sufría mucho con cada una de sus intervenciones, porque sabía que al igual que a Billy la iba a echar muchísimo de menos. Desde su muerte a su funeral lo he pasado muy mal escribiendo su parte, y debo disculparme porque no es que sea precisamente lo mejor para leer en estos momentos, pero el esquema que tracé para esta historia está organizado así, y por el bien de la misma debo mantenerme firme en mis decisiones creativas. ¿Qué opináis de Lilo? ¿Como yo, la vais a echar de menos? ¿Ha sido injusto?
Me ha gustado mucho escribir la confrontación final contra Oogie, la carta de Jack Skeleton y la escena final entre Aladdín y Ariel ¿seguirán juntos, o ocurrirá como pasó ya con Helga? ¿Qué va a opinar Jim al respecto? En cuanto a Hércules y Meg ya iremos avanzando el misterio aunque hay una clara pista sobre Gantz que será muy importante en el futuro. De igual forma ya sabremos más de un modo u otro de Cobra Burbujas, aunque haya muerto.
La incertidumbre de quién puede morir, de los personajes que parecen fundamentales para la trama pero en un segundo se les borra del mapa, me parece muy importante para la historia ya que la hace mucho más impredecible y mantiene despierto el interés. Hay muchos de los personajes que sobrevivirán, pero no todos.
Concluida esta quinta misión me voy a tomar un breve descanso, quizás suba después el siguiente intermedio, pero si no es así disculpadme pero necesito descansar un poco porque la escritura de estos episodios es muy intensa, y quiero escribirlos bien, así que prefiero esperar un poco, recuperar fuerzas y atacar a la siguiente misión con más energía. Así que tal vez en este mes suba otro capítulo, o tal vez hasta después del verano nada, perdonadme que así sea pero realmente necesito una pausa y además al acercarse el final de curso necesito invertir todo mi tiempo en los deberes y exámenes. En cualquier caso volveré pronto, y espero que este episodio os haya gustado mucho, pese a todo lo malo. ¡Ya hemos pasado más de un tercio de la historia! El siguiente bloque de villanos va a ser todavía más letal y terrible que estos ¿quiénes creéis que aparecerán? Solo os puedo decir que las misiones se van a volver todavía más difíciles de ahora en adelante.
Dedico este capítulo a Lollyfan33 y Dianaa34 mis dos fieles lectoras que me dejáis reviews (tengo dos amigos que lo leen tmbién pero no me las dejan, joder). Gracias a ambas porque sin vosotras quizás ya me habría rendido, y la verdad es que amo esta historia, creo mucho en ella y disfruto un montón escribiéndola. Así que gracias por vuestro tiempo, y ojalá pueda agradeceros algún día en persona todo lo que significa para mí. ¡Un abrazo, y pronto nos leemos!
