La historia pertenece a Adriana Rubens y los personajes a Thomas Astruc. Mío solo es el tiempo que invierto en hacer esta adaptación.

Capítulo 33

Acordaron celebrar la boda en Chat Noir House. Pese a la oposición de Emilie y Alya, y con el apoyo de Adrien, decidieron que sería una ceremonia íntima a la que solo acudiría la familia.

Antes de la boda, Mari insistió en ir a Londres, y Adrien, en acompañarla. La muchacha quería empezar su nueva vida como Marinette Anne Agreste – que bien sonaba – vitando cualquier cosa que pudiera avergonzar a su nueva familia. Y eso significaba no volver a pisar El Jardín Secreto.

Mientras Adrien ultimaba unos asuntos en la oficina, Marinette fue a su casa a ver a los niños. Al no contar con la ayuda de Tikki, y puesto que ella estaba ausente la mayor parte del tiempo, había decidido contratar a Daffy, Bluebell y Marigold para que se encargaran de los pequeños. Las tres habían progresado mucho con las clases y estaban entusiasmadas con la nueva vida que se les ofrecía. Mientras buscaba un nuevo hogar para los niños, quería asegurarse de que allí no les faltaría de nada.

Después e comprobar que todo estaba en orden, Mari fue a El Jardín Secreto. Nada más salir del pasadizo encontró a Nino sentado a su escritorio.

-La verdad es que ese sillón te queda bastante bien.

El hombre, concentrado en unos documentos, levantó la mirada sorprendido.

-Por Dios, ¿Qué te ha pasado? – exclamó la muchacha, azorada.

Nino tenía un ojo casi cerrado por la hinchazón, varias contusiones y el labio partido.

-Tu exprometido es lo que me ha pasado – gruñó -. Será mejor que hagáis las paces pronto y que aprendas a hacerlo feliz en la cama, para que no vaya descargando su mal humor en inocentes como yo.

-¡Nino Lahiffe! Haz el favor de cuidar tus palabras – lo reprendió -. Voy a aclararte un par de cosas. – Nino puso cara de resignación -. Primero, no es mi exprometido; vuelve a ser mi prometido. Ya hemos hecho las paces – añadió con una sonrisa de absoluta felicidad.

-Mi enhorabuena. Has pescado el pez más gordo del lago.

-Segundo – continuó ella sin prestarle atención -, mi prometido me ha dejado muy claro que es muy feliz compartiendo el lecho conmigo.

-¡Que comentario más soez! – exclamó con una sonrisa irónica.

-Y tercero, y aunque esto te sorprenda, de inocente no tienes nada.

Nino hizo un gesto teatral como si le hubiesen clavado un puñal en el corazón.

-¿Sabes? Creo que te voy a echar de menos – confesó Mari entre risas.

-¿Qué quieres decir? – inquirió Nino, repentinamente serio.

-Adrien ha hablado con el inspector Gabriel y se le han quitado las ganas de seguir chantajeándome – aclaró con una sonrisa complacida -. Así que ya no tengo que seguir viniendo por aquí. El Jardín Secreto es todo tuyo.

Marinette observó con asombro como Nino se recostaba en el sillón, pensativo. Su ceño fruncido era muy esclarecedor.

-¿No era eso lo que querías? – añadió.

-Puede que lo quisiera antes, pero no sé si lo quiero ahora – declaró Nino con cautela -. No quiero tener nada que ver con un negocio por el que niñas de diez añs acaban embarazadas – afirmó pensando en Mary -. Todo lo contrario: me gustaría acabar con los indeseables como Hawk Moth y hacer de Whitechapel un lugar mejor.

-Tal vez podrías convertirte en inspector de Scotland Yard – sugirió Mari, entusiasmada por aquel giro inesperado.

-¿Bromeas? Si son como Gabriel, prefiero trabajar por cuenta propia. Para tu información, tu prometido me ha contratado para que vele por la seguridad de Whitechapel. Ha sugerido que organice una brigada de vigilancia privada que colabore con la policía. Y mi primer objetivo es acabar con Hawk Moth.

Marinette se sorprendió por la noticia.

-De hecho, la dichosa libreta que buscaba el inspector Gabriel sería de mucha ayuda, pero he vuelto a revisar el maldito secreter y no aparece – masculló frustrado -. Tan solo he descubierto un par de cartas antiguas. Por cierto, una de ellas es de tu tía Caline.

-Caline Bustier no es mi tía – aclaró Mari con una sonrisa.

-No he dicho que se apellide Bustier – objetó Nino -. Firmaba como Caline Cheng.

-No puede ser – musitó la muchacha con un estremecimiento.

-Mírala tu misma – dijo Nino mientras se la entregaba.

Marinette cogió la carta con manos temblorosas y la leyó. Estaba fechada hacía más de veinte años. Por lo que parecía, era la última carta de una correspondencia fluida entre hermanas. En ella, Caline le decía a Natalie que tenía la oportunidad de emprender una nueva vida, una vida respetable, pero para ello debía romper todo contacto con su existencia anterior. Rogaba a Natalie que no diera a conocer su nueva identidad y guardara su secreto.

No había nada que la relacionara con la señora Bustier, pero Mari identificó la letra y la firma. Era la misma rubrica con diferente apellido.

La cabeza le daba vueltas. Siempre le había extrañado que la hubieran admitido en el internado: todavía recordaba como habían discutido Natalie y Caline el primer día, y esa carta ofrecía el motivo más verosímil. Seguro que Natalie chantajeaba a Caline, por lo que esta última siempre la había detestado.

-Así que, después de todo, el secreter sí que guardaba un gran secreto – musitó Mari pensativa.

-A saber que más esconde. Es un artefacto infernal. – Nino se puso a parlotear, frustrado -. Natalie me decía siempre que los secretos más importantes se esconden detrás de una máscara, pero te aseguro que no tenía en cuente este maldito mueble. El que lo creó debía de ser un genio, porque…

Marinette, que solo lo estaba escuchando a medias, se puso repentinamente alerta.

-¿Qué has dicho?

-Que el creador de este mueble debía de ser…

-No, antes – apremió, impaciente.

-Que Natalie siempre me decía que los secretos mas importantes se esconden detrás de una máscara.

-Pero que tonta he sido. – Mari se llevó una mano a la frente -. Hemos esta buscando todo el tiempo en el lugar incorrecto. Y tú ya podías haberlo dicho antes – añadió, frunciéndole el ceño.

-¿De qué demonios hablas? – preguntó Nino, confuso.

-A que me juego lo que sea a que la libreta está ahí – aseguró Mari, señalando la pared.

-¿En la chimenea?

Si este es un ejemplo de la capacidad de deducción de Nino, el pobre se moriría de hambre como inspector, pensó con ironía.

Fue hasta la chimenea y descolgó el lienzo enmarcado en el que iba montada la máscara.

-Ya miré ahí y no había ninguna caja fuerte detrás.

-Eso es porque está aquí – señaló Mari, inspeccionando la parte trasera del lienzo.

No tardó en descubrir un doble fondo. Introdujo la mano conteniendo el aliento, mientras Nino la miraba con expectación.

-¿Está ahí?

-¿Tú que crees? – inquirió Mari, con una sonrisa, y le mostró una pequeña y roída libreta.

-Creo qu'eso nos pertenece – aseguró una voz desde la puerta.

Los dos se giraron sorprendidos y miraron con asombro a los dos secuaces de Hawk Moth que habían irrumpido en el jardín varias noches atrás.

Portaban sendas pistolas; sin duda iban mejor preparados que la otra vez. Uno de ellos, rubio, tenía agarrada a la señora Befana y le apuntaba a la sien con el arma. El otro, el que había hablado, parecía ser el cabecilla. Sus fríos ojos negros tenía el mismo brillo mortífero que la pistola con que los apuntaba.

-Lo siento, mademoiselle – sollozó la mujer -. En cuanto he abierto se me han echado encima.

-No se preocupe, señora Befana – aseguró Mari, recorrida por un estremecimiento -. Usted no tiene la culpa.

-Lahiffe, no mueva ni un pelo – advirtió el hombre de los ojos negros, con voz fría, al ver que Nino intentaba colocarse ante Mari.

El rubio empujó con brutalidad a la señora Befana adentro de la estancia. La mujer trastabilló; al caer se golpeó la cabeza y quedó inconsciente.

-He dicho que no mueva ni un pelo – gruñó el hombre al ver que Nino se le acercaba.

Pese a la furia que destilaba su mirada, Lahiffe intentó razonar.

-No hay necesidad de dañar a nadie. Cojan la libreta y márchense.

El hombre de ojos negros escupió en el suelo.

-¿Quién te crees que eres? Ahora no tienes tu pistola para darnos órdenes. ¿Por qué esperas que nos vayamos sin más?

-Porque apreciáis vuestra vida. Porque si hacéis daño a la futura marquesa de Chat Noir, todo el mundo removerá cielo y tierra para acabar con vosotros, y yo, personalmente, no descansaré hasta que vuestros míseros cuerpos estén bajo tierra.

Lo dijo con una mirada y una voz tan mortíferas que los hombres dudaron pese a ir armados. Nino aprovechó ese momento de vacilación para lanzarse contra ellos. Desarmó al de los ojos negros de una patada y se lanzó encima del rubio en cuestión de segundos.

Mientras forcejeaban en el suelo, Mari vio como el de los ojos negros se apresuraba a recuperar la pistola. Sin dudarlo se lanzó hacia él, pero demasiado tarde. El disparo le hizo zumbar los oídos y con el rabillo del ojo vio como Nino se derrumbaba. Marinette gritó hasta que un dolor agudo le atravesó la cabeza y la oscuridad la envolvió.

¿Review? :)