Capitulo 34 – Elsa – Ataque inducido.
"¿Qué se supone que significa esa actitud?"
Solo pudo ofenderse al ver a la chica pelirroja apoyada en la pared. Su mandíbula apretada. Sus ojos turquesa llenos de molestia.
Volvió a apuntar el periódico en su escritorio, exigiendo respuestas.
Primera plana, una foto de Anna, haciendo un gesto muy inadecuado con su mano, mientras estaba siendo abrazada por dos chicos simultáneamente. En letras grandes el enunciado que decía; 'Heredera Arendelle armando un escándalo en local nocturno.'
La conoció antes, mucho antes, y nunca se había comportado tan inmadura e irracional como en ese momento, realmente la sacaba de sus casillas. Iba a cumplir los dieciocho y seguía comportándose como una adolescente.
"Anna, te lo preguntaré una vez más, ¿Qué se supone que intentas hacer? ¿Destruir la empresa? ¿Nuestra reputación? ¿La reputación de nuestros padres?"
La menor solo huyó de su mirada, mientras apretaba sus puños.
Se rehusaba a hablar, pero era algo serio, era sobre su futuro, debían hablarlo. Ella no podía seguir comportándose como una rebelde por siempre.
"Háblame, Anna, podemos solucionar esto."
Y por primera vez los turquesas la observaron, aunque la mirada solo podía causarle miedo. Inseguridad.
Tristeza.
"¿Qué vas a solucionar? ¿¡Eh!? Quizás tú puedas controlarte, quizás tú puedas encerrarte, pero no soy como tú. ¡No soy perfecta como tú!"
Solo pudo pasar una mano por su cabello. Estaba estresándose. No quería que todo el futuro, que toda la vida que estaban obligadas a compartir se tratara de eso, de un perpetuo tira y afloja. Anna no iba a ceder, mucho menos ella cedería.
"Necesitas hacerlo, tienes que hacerlo, entiéndelo."
Anna dio un paso adelante, haciendo que sus botas retumbasen por la oficina.
"¡He intentado hacerlo, joder! ¡Lo he intentado! ¡He intentado ser normal! …No porque quiera, si no…porque… ¡Porque sé que jamás aceptarás estos sentimientos enfermos que tengo hacia ti!"
No pudo evitar fruncir los labios, mientras se abrazaba a sí misma, intentando controlar sus temblores. Le dolía escucharla hablar así, sobre todo siendo consiente que, como mayor, debía asumir la culpa. Debía decirle que eso estaba mal, que debía contener esos sentimientos, así como ella los llevaba conteniendo.
Anna era joven, y no dudaba en recalcárselo, diciendo que esos sentimientos eran erróneos, que eran una mentira, que eran una ilusión creada por su mente imaginativa.
Se lo decía una y otra vez, siempre que el tema salía, pero le dolía tanto, ardía en su pecho, como si el hielo se expandiese por sus órganos. Se puso recta, respiró profundo. Debía mantenerse firme. Debía hacerlo. No debía dejar que su hermana pequeña se viera influenciada, ni que pudiese ver un atisbo de esperanza en esa relación deforme que quería tener con su persona.
No podía.
No debía.
"Por eso mismo debes abandonarlo. Nunca obtendrás nada luchando por aquel romance infantil."
Podía ver las lágrimas correr por las mejillas pecosas de su hermana.
Hermana.
Hermana.
Se repetía una y otra vez.
No quería convertirse en un monstruo que mancillara a aquella chica, ni siquiera ser capaz de llevarla por un camino similar, un camino manchado de pecado. Por eso debía controlar esos sentimientos perpetuos. Si tenía que herirla, si tenía que alejarla, lo haría, aunque le rompiese el corazón. No podía permitir que algo así ocurriese. No podía permitírselo.
Sus padres no hubiesen querido algo así.
"Voy a renunciar a mi herencia…"
Abrió los ojos con sorpresa, sin haber podido prever siquiera que la menor diría semejante cosa.
"¿Qué? ¿Porqué? Arendelle Corporation es de ambas, nuestros padres trabajaron duro por esto, por darnos esto, no puedes simplemente botarlo a la basura."
Anna aún tenía fiereza en su mirada, aunque todo su rostro estuviese humedecido.
"A ellos le importábamos una mierda, Elsa."
Dio un paso adelante.
"Te prohíbo siquiera que repitas algo así, estás realmente equivocada."
Anna dio un paso adelante.
"No eres mi madre, así que diré lo que quiera. Ellos solo nos separaron, les importó una mierda como podía afectarnos. Nos trataron como hijas, por separado. ¡Y quien sabe! Quizás hubiesen seguido haciéndolo por el resto de nuestras vidas."
"Tuvieron sus propios motivos para tomar una decisión como esa."
"¡Merecíamos conocernos siquiera! ¡No recuerdo nada de ti ni tú de mí! ¡Somos extrañas! Te conocí por tu nombre, te conocí e intenté ser fuerte a tu lado. Mantenerme firme. ¡Me enamoré de ti sin siquiera saber que éramos hermanas! Y cuando lo supe… ¡Fue difícil!"
Tal vez en ese momento ambas temblaban. De miedo. De rabia. De pena.
¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué el destino tenía que ser tan cruel? ¿Tan fatídico?
Se aborreció a sí misma, como si se tratase de un ser diabólico, asqueroso, repulsivo por el simple hecho de enamorarse de una persona que conoció de una manera tan atípica. Sentía lo mismo. Ambas sentían lo mismo, pero no podía dar el brazo a torcer.
No podía.
No podía vivir con esa sensación desagradable subiendo y bajando por su garganta, ardiendo como el licor, quemándola como el ácido.
No podía siquiera mirarse. Le daba asco su imagen.
Sintió la mano de Anna en su muñeca, agarrándola con fuerza, causando escozor en su piel. Sus ojos eran suplicantes, llenos de ira, rabia, dolor, y un millón de sentimientos. Debía mantenerse seria. Debía mantener sus sentimientos dentro, sin que nadie pudiese ver un atisbo de ellos. Debía concentrarse en el trabajo, en la empresa, no en algo tan ínfimo como su corazón.
No necesitaba su corazón.
No necesitaba esos estúpidos sentimientos, no los quería, quería simplemente eliminarlos. Solo la lastimaban, solo lastimaban a Anna, solo lastimaban sin detenerse, sin parar, esparciéndose y destruyendo cada parte de su razón.
"¡No quiero tener que estar en esta empresa si voy a tener que verte todos los días! ¡Me rehúso! Quiero venderte mi parte de la empresa. ¡No quiero estar cerca de ti si seguirás rechazándome, si seguirás retrayéndote y escondiendo tus sentimientos!"
Negó e intentó soltar su mano, sin mucho éxito. No la quería ver a los ojos, porque siempre se volvía débil ante ellos, vulnerable.
"Entonces vete…"
Solo dijo, despacio, como un susurro, sintiendo que en cualquier segundo las lágrimas caerían por sus ojos. No quería llorar, no quería que la viera llorar. No quería ser débil. No quería serlo. Su padre la crio para ser fuerte, para poder soportar cualquier cosa.
La crio para tener el control.
El agarré fue soltándose poco a poco.
"Me iré, pero dime que no sientes nada por mí."
Abrió los ojos de golpe, mirando a la menor frente a ella. Su ceño fruncido, pero sus ojos bañados en determinación.
"Se honesta conmigo y dímelo, y desapareceré de tu vida. Empezaré una nueva vida y me desligaré del estigma de nuestros egoístas padres."
Cerró los ojos.
Abrió la boca, para decírselo, moduló, pero su voz no salió. No podía. Podía ignorarlo, pero no decirlo.
No siento…nada por ti…
No, no podía. Porque no era verdad.
Las lágrimas empezaron a caer sin control. Había perdido el control. Lo había perdido. Era débil, siempre lo fue. Podía simular ser la reina del hielo de la que todos en la empresa hablaban, ser perfecta, hacer todo de la manera más calculadora y minuciosa que era capaz.
Pero no podía negar esos sentimientos tan latentes.
Te amo…
Abrió los ojos de golpe, encontrándose en su habitación oscura. Sentía su respiración completamente desbocada, así como el sudor corría por su cuerpo. Todo le dolía, sobre todo su pecho y su cabeza. Se aferró a las sabanas, y miró a su lado.
No había nadie, estaba sola.
Nuevamente estaba perdiendo el control.
No importaba cuanto abriera la boca, no podía ayudar a que el aire entrara y la presión en su pecho parecía crecer con cada movimiento de sus pulmones doloridos.
Estaba teniendo un ataque.
No sabía si era sudor o lagrimas las que corrían por su rostro y mojaban la almohada.
"Anna."
Logró gritar, o al menos eso intentó, saliendo su voz ahogada y rasposa, doliendo en su garganta.
Los pasos se sintieron tranquilizadores.
Anna abrió la puerta de golpe, sosteniendo una jarra con agua y una toalla. Se acercó a ella, veloz, rauda, tomándola del torso, ayudándola a sentarse.
"Estoy aquí, está todo bien."
Negó.
Negó.
Negó.
Las memorias seguían frescas en su cabeza, y parecía que lo que estaba viviendo era el verdadero sueño. La mano de Anna acarició con cuidado su espalda, mientras que la otra se depositaba en su pecho, presionando su esternón.
"Tranquila, ya pasó, respira profundo, yo te ayudo, ¿De acuerdo?"
Anna respiró sonoramente, e intentó calmarse poco a poco, imitando dichos movimientos, mientras la mano en su pecho parecía guiarla con más precisión. Las lágrimas seguían cayendo, pero ahora de manera automática, como si quisiera botar todas las lágrimas que había guardado durante los últimos años. ¿Hace cuánto que no le pasaba aquello?
¿Por qué ahora?
Sintió el pecho de Anna en su espalda, obligándola a acompasar su respiración con la de ella, abrazándola, sosteniéndola.
Luego escuchó su voz.
Donde el viento del norte se encuentra con el mar,
Hay un rio lleno de recuerdos,
Duerme, cariño, sana y salva,
Porque en este río todo se encuentra.
El suave canto de Anna fue suficiente para ayudarla a calmarse. Su cabeza poco a poco empezaba a tener control de su cuerpo, aunque su corazón siguiese latiendo fuertemente, resonando en su cráneo, como si su cerebro quisiera salirse.
Anna siempre sabía como calmarla.
Le hubiese gustado escuchar esas canciones que su madre le cantaba cuando era niña, pero al menos podía escucharlas de ella, y estaba segura que siempre preferiría la voz de Anna.
"Muy bien, Elsa, ya estás bien."
Si, pero, ¿Algún día estaría realmente bien?
Negó sin darse cuenta, y solo recibió un gran abrazo de la chica. Sus brazos usando la suficiente fuerza para sentir que los trozos de su humanidad se mantenían unidos, pero con la delicadeza suficiente para sentirse cómoda.
Se había acostumbrado a los abrazos con los años.
"Ya estoy mejor, Anna."
Le dijo, intentando sonar lo más segura posible, aunque nuevamente la atacaba ese pensamiento eterno, si es que alguna vez se sentiría en paz, si alguna vez dejaría de retener esos sentimientos en su interior. Luego de tanto tiempo controlándolo, de mantenerlo dentro, parecía imposible el poder liberar todo aquello.
La culpa seguía latente.
Anna asintió, y se alejó. Le pasó un vaso con agua, mientras iba al baño a humedecer una toalla. Se le acercó luego de un rato, cuando ya había bebido el contenido del vaso. Se sintió bien en su garganta, pero cuanto más bajaba hacia su estómago, empezaba a ser nauseabundo. Anna la ayudó a sacarse el camisón, el cual tenía empapado. Sintió la toalla húmeda en su cuerpo, limpiando su sudor, y se sentía bien, frio, estaba acostumbrada al frio, pero ahora su piel se sentía hirviendo.
Debía ser la fiebre, empeorando cada vez más.
La ayudó a vestirse y a recostarla cómodamente, con su torso con un poco de altura. Anna se quedó de rodillas a su lado, poniendo una segunda toalla húmeda en su cabeza. Lo agradecía, porque sus sienes parecían ser las más molestas en aquel minuto.
"Te tomarás el día libre, cariño."
Negó.
"No puedo tomarme descansos."
Vio como Anna rodaba los ojos.
"Dijiste lo mismo para mi cumpleaños, donde prácticamente te suicidaste. No dejaré que te hagas daño de nuevo, y lo sabes. Te esfuerzas demasiado, necesitas un descanso. Nada malo va a ocurrir si te tomas las cosas con calma, cariño."
No tenía energías para replicarle. Con todo el estrés su cuerpo se debilitaba rápidamente. Su mente la lastimaba aún más de lo normal. Odiaba estar enferma y no poder ir al trabajo. Sentirse inútil. Anna se dio la vuelta, acostándose a su lado, apoyándose en uno de sus brazos, mientras la observaba, sonriendo levemente.
Sintió la mano ajena en su rostro acalorado, trazar patrones en su piel, en sus mejillas, en su mentón, en su nariz, en su cuello. Se sentía bien. Cerró los ojos, disfrutando aquellas caricias que poco a poco mermaban el dolor que le provocaban los recuerdos vividos que la consumían.
"¿Algún día dejará de perseguirme?"
Miró a la chica, cuyos ojos turquesa brillaban con la leve luz del exterior.
"Quizás no, quizás sí, no lo sé." Sintió las caricias nuevamente en su mejilla, sintiendo el calor de la chica muy frio en contraste con su piel debilitada. "Pero estaré aquí todo el tiempo. Te lo prometí. Nunca te dejaré sola, y nunca dejaré que nos separen otra vez."
Cerró los ojos, sonriendo.
No tuvo más memorias espeluznantes esa noche.
LO SIENTO POR EL HIATUS CULPARE A MI ESPOSA. Pero la perdono porque leyó los diálogos de Elsa. No, en serio, siento haberme tardado tanto, pero lo olvidé, así tal cual. Pero he vuelto, así que intentaré mantenerme constante.
Espero hayan disfrutado este capitulo SAD. Se vienen más, aun más SAD, así que prepárense. Me gusta el drama, nada que hacerle. El próximo será divertido, hasta cierto punto, pero bueno, me conocen. Y si, traduje directamente la cancion All is found, pero siempre puede ser en español en su mente jij.
Capitulo siguiente: Weiss – Rutina defectuosa.
Si me demoro en subir capitulo en las fechas saben que pueden darme un martillazo digital, así tienen la excusa de seguirme en instagram wink wink. (Les estoy guiñando y la esposa se me enoja, entiendan que juego con fuego así que sean buenitos.)
Nos leemos pronto.
