La historia pertenece a Adriana Rubens y los personajes a Thomas Astruc. Mío solo es el tiempo que invierto en hacer esta adaptación.
Capítulo 36
-¿Quién iba a decir que una rata de alcantarilla como tu pescaría a un marqués? – comentó el inspector Gabriel, mirándola con desprecio -. Y no a un marqués cualquiera; al mismísimo heredero del duque de Chat Noir, uno de los hombres más influyentes del país, dueño de una de las mayores fortunas.
Habían vuelto a la casa de Gretta, pero en vez de bajar al sótano habían subido por una angosta escalera hasta una pequeña habitación.
Era una estancia austera, iluminada por una ventana que en esos momentos estaba abierta y dejaba entrar una suave brisa que hacía ondear juguetonas unas raídas cortinas color crema. Su único mobiliario constaba de una cama de sabanas amarillentas en una esquina y un destartalado palanganero con un aguamanil y una jofaina en la otra.
Al entrar, el inspector Gabriel – todavía le costaba pensar en él como Hawk Moth – la había lanzado contra la cama y se dedicaba a pasear en círculos, nervioso.
Marinette se había hecho un ovillo en la esquina de la cama, observando los movimientos de Gabriel con cautela. No lo perdía de vista por si de repente decidía atacarla, aunque de momento solo despotricaba sin parar.
-Tu maldito prometido se atrevió a presentarse en Scotland Yard y amenazarme con acabar conmigo profesionalmente – rugió indignado -. Pues bien, lo ha conseguido. Un inspector que me tenía ganas lo oyó y le fue con el cuento a mi superior. Y ahora me han echado del cuerpo. Todo por tu culpa y por culpa de la ramera de tu tía – escupió, apuntándola con la pistola y mirándola con tanta furia que la hizo estremecer.
Con el rabillo del ojo, Marinette percibió en la ventana un movimiento tan fugaz que pensó que lo había imaginado. ¿Podía haber visto la cabeza de un chico que se asomaba? Era inverosímil, ya que estaban en la primera planta.
Gabriel contaba hablando, gesticulando profusamente mientras se movía por la habitación.
-La muy puta me la jugó del todo. Me puse en contacto con ella para que me dejara utilizar su burdel para colocar mi mercancía – explicó, refiriéndose sin duda a las niñas -, pero se negó, alegando que Lahiffe estaba en contra de la prostitución infantil. Como sabía que era peligroso contrariarme, endulzó la negativa ofreciéndome su cuerpo y caí como un tonto. Me sedujo con sus encantos y me robó la libreta. Pretendía utilizarla para chantajearme. La muy zorra.
-¿Por eso mandó a sus hombres a asesinarla?
-¿Crees que soy estúpido? Mandé a mis hombres a recuperar la libreta, pero se les fue la mano. Eran unos incompetentes. – gruñó -. Cabos sueltos que era mejor eliminar. Me sorprende que una mosquita muerta como tu acabara con uno de ellos.
Marinette se estremeció al recordar que había matado a un hombre, pero prefirió no pensar en ello. Debía mantener la mente fría.
-¿Por qué me cuenta todo esto? – preguntó en un intento por disimular su asombro cuando otra vez vio asomarse una cabeza por la ventana.
No habían sido imaginaciones suyas. Era el mismo chico de antes. Sonrió de forma tranquilizadora, le indicó con un gesto que guardara silencio y sus impactantes ojos aguamarina le dedicaron un guiño cómplice. Acto seguido volvió a desaparecer.
Marinette intentó centrar su atención en Gabriel, que continuaba su diatriba.
-Ahora que me han echado de Scotland Yard, mi negocio corre peligro. Para mí era una ventaja perseguirme a mí mismo – explicó con tono de burla -. Era inalcanzable. Pero ahora se va a complicar todo. Su maldito prometido está movilizando a la policía y a detectives privados para que acaben con Hawk Moth, y si continúo con el negocio, pronto darán conmigo. Por eso voy a poner en práctica mi plan B.
-¿Y es?
-Comenzar una nueva vida en los Estados Unidos, la tierra de las oportunidades – declaró con una sonrisa -. Entre lo que he sacado durante todos estos años con los niños y lo que voy a sacar por tu recate, podré llevar una vida de lujo.
-¿Va a pedir un rescate por mí?
-Una verdadera fortuna. Un rescate digno de un rey. Seguro que tu prometido no pone reparos en pagarlo; lástima que a cambio solo vaya a recibir un cadáver. – Eso confirmaba la sospecha de que iba a matar -. Sin duda quedará desolado – continuó -; parecía que le importabas mucho cuando vino a verme. – Su voz se tornó pensativa cuando deslizó los ojos por el cuerpo de Marinette -. Algo especial tiene que tener una rata de alcantarilla como tu para haber pescado un hombre como él.
Un escalofrío recorrió la columna de Mari cuando leyó la lujuria en los ojos de Gabriel. Se encogió más sobre sí misma en un instinto inconsciente de autoprotección.
Su movimiento desesperado no pasó desapercibido al hombre, que esbozó una sonrisa cruel.
-Venga, no te hagas la remilgada. Ya te has abierto de piernas para el marqués, y seguro que también para esa rata de Lahiffe. Te aseguro que te voy a hacer pasar un rato que no olvidarás, al menos hasta que dejes de respirar.
Un segundo después de que Gabriel soltase la pistola y se abalanzase sobre ella, un silbido sesgó el aire, silenciando el chillido que iba a brotar de la garganta de Marinette.
Dos cosas sucedieron a la vez. El muchacho al que había visto asomarse entró por la ventana, con un movimiento ágil y silencioso digno de un gato, y se hizo con la pistola. Mientras, Adrien echaba la puerta abajo y prorrumpía en la habitación como un mastodonte enfurecido, con las aletas de la nariz dilatadas y un brillo asesino en la mirada que se clavó en Gabriel sin vacilar.
Lo quitó de encima de Marinette, agarrándolo por la ropa, y lo estampó contra la pared. No importaba que Gabriel fuera igual de corpulento; el miedo y la furia que habían atenazado a Adrien durante aquellas horas hacían de él un adversario insuperable. Cuando Gabriel se lanzó al ataque, Adrien lo derribó con un par de puñetazos.
Un instante después abrazaba a Marinette con desesperación.
-Por Dios, mi amor. Acabo de envejecer cien años – gruñó contra su cabello -. Cuando llegué a El Jardín Secreto y Lahiffe me dijo que te habían secuestrado…
Marinette sintió temblar su poderoso cuerpo y se abrazó más a él, enterrando el rostro en su cuello, inhalando con desesperación el aroma familiar que siempre lo acompañaba. El mejor aroma del mundo. Adrien.
Y solo cuando sus fosas nasales lo absorbieron, cuando sus pulmones se desbordaron de él, dejó de sentir miedo. Entre los brazos de su amado sabía que siempre estaría protegida.
Algo que había dicho Adrien se coló en su mente.
-¿Has hablado con Nino? ¿No…, no ha muerto? – balbució con un atisbo de esperanza en la voz.
-Querida, me temo que Lahiffe seguirá incordiándonos muchos años más – dijo Adrien con fingido pesar.
Un suspiro de alivio escapó de los labios de Marinette.
-¿Y quién es tu amigo? – preguntó con franca curiosidad, mirando al muchacho que se había colado por la ventana.
Te atrapé, le oyó murmurar mientras pateaba la figura inconsciente de Gabriel.
El chico levantó la mirada al oír la pregunta.
-Me llamo Waze – declaró, con una fluida reverencia y una sonrisa.
Marinette lo miró parpadeando, pensando que aquel chico guardaba más de un secreto. Porque, para ser un muchacho, tenía una sonrisa notablemente femenina.
¿Review? :)
