Capitulo 35 – Weiss – Rutina defectuosa.

No había hablado de absolutamente nada con respecto a su salida, al menos no con sus amigas, al menos no de todo lo relativo a la pelinegra.

Su vida seguía avanzando, su trabajo seguía ahí, y así como las reuniones y los pendientes que debía llevar a cabo. Quizás una parte de sí misma agradecía tener que ir a Arendelle Corporation y así podría hablar con Elsa, y quizás ponerse al día.

Se enteró que la heredera Cavendish estaba bien encaminada en su historia romántica, así como esas plagas habían salido de sus vidas, dígase el chico Isles y la tía Cavendish. 'Los Jacques' de ambas rubias habían desaparecido. Pero todo esto no se lo contó Elsa, sino su hermana, para extrañeza de ambas.

Anna le pasó una serie de papeleo, correspondiente a un nuevo y ambicioso proyecto que estaba llevando a cabo para contribuir en la mejoría de uno de los asentamientos más abandonados de su padre, y, de hecho, el primer asentamiento que había visto, aquel lleno de pobreza, problemas, maltrato y abuso. No podía arreglar el problema de un día para otro, pero podía intentarlo.

"Firma aquí y empezaremos de inmediato."

Tomó en sus manos el contrato y lo leyó una última vez.

"¿Está todo bien?"

Se sorprendió al escuchar a Ruby en su espalda, la cual normalmente permanecía en perpetuo silencio, aunque estando solo las tres ahí dentro, poco importaba. Entendía la preocupación de la menor, ya que la pelirroja se notaba distante, sobre todo cuando observaba su teléfono.

Esta soltó un suspiro pesado.

"Elsa está enferma, me tiene muy preocupada su condición, y me costó hacer que se quedara en casa. No se siquiera si me hizo caso en mantenerse acostada o si está tomando las medicinas. Llegaré tardísimo hoy con todo el trabajo pendiente."

No recordaba haber visto a la chica con tanto pánico y preocupación en su semblante, así como no recordaba que Elsa se hubiese enfermado en ese tiempo.

Dejó su firma en varios sectores de los documentos, concentrándose en su trabajo, y dio un salto cuando la pelinegra estaba a su lado, mirándola con ojos brillantes.

"¿Que?" Entonces Ruby puso su mejor cara de cachorro. Como odiaba cuando utilizaba aquella arma en su contra. Sabía muy bien lo que quería lograr con todo ese teatro. "¿Y si llego a enfermarme, Ruby?"

La chica se sorprendió, pero la miró con determinación, posando una mano en su hombro. Su sonrisa llena de seguridad hizo que sus piernas temblaran. Odiaba que usara esa otra arma contra ella.

"Te cuidaré día y noche, y no te dejaré sola ni un segundo."

Se quedó en silencio, intentando controlar el rojo que parecía querer tomar lugar en su rostro, en su cuello, en su humanidad.

No aceptaría eso, nunca, no podía enfermarse, no podía dejar la empresa a merced de su padre, si se descuidaba un momento, él podría volver a cometer errores que hundirían aún más su apellido. Soltó un suspiro. Sin embargo, la idea de estar día y noche con Ruby, sin pensar en el trabajo, sonaba a un plan realmente perfecto. Sabía que, si enfermaba, la chica se apegaría a ella, y haría todo lo posible para hacerla sentir mejor, y la idea seguía pareciendo demasiado buena.

Entre la espada y la pared.

Elsa era su amiga, debía asegurarse que estuviese bien.

"De acuerdo, vamos a visitarla, pero que quede claro que no lo hago por ti, si no por ella."

Ruby le dio una gran sonrisa, levantando sus puños en victoria.

Pudo escuchar un gran suspiro aliviado desde el otro lado de la sala, donde estaba la pelirroja, la cual lucía realmente tranquila. Se les acercó lo suficiente para poder abrazarlas. Se sentía asfixiada con la fuerza que ambas chicas estaban poniendo en el abrazo, pero cerró los ojos, dejando que la risa orgullosa de Ruby y los chillidos agradecidos de Anna llenaran el pequeño espacio.

"Si la pillan trabajando, o de pie, o haciendo algo que no debería estar haciendo, denle un golpe de mi parte."

Anna habló luego de un momento, dejando las llaves de su casa en la mesa, mientras apretaba uno de sus puños, se notaba fastidiada, aunque conocía mucho a Elsa, así que probablemente estuviese en lo cierto con sus deducciones.

Le dio la dirección al chofer y fueron en silencio hasta aquel sector de la ciudad. Al llegar le dijo que no demorarían mucho, para que las esperase afuera, pero él insistió en que tomaran su tiempo. Le agradaba su conductor, más de un año de servicio, y no haría algo tan impropio como conducir con un short hawaiano, como el que contrató en la isla.

Pasaron por las grandes rejas y por el jardín bien cuidado. Macetas y diferentes plantas, todo lucía hogareño. La casa también daba esa sensación, aunque también se notaba grande y moderna, con detalles únicos. Según sabía, los mismos padres hicieron la casa, así que no dudaba que ellos habían influido en los detalles arquitectónicos tan bien cuidados.

No imaginó que esa sería la forma en la que visitaría a su amiga, ni el momento ni la ocasión.

Abrió la puerta, y ambas se mantuvieron en silencio, si veían a Elsa, querían encontrarla con las manos en la masa.

Pudo ver la cabellera rubia en la sala de estar.

Su cuerpo acomodado en una de las sillas del comedor, mientras tenía la computadora y una taza humeante en la mesa.

La mayor dio un salto al percatarse de la puerta abriéndose, y fue como que sus movimientos, y tecleos, se detuvieron en ese mismo instante. Incluso notaba sus temblores. Se dio vuelta lentamente, con evidente miedo.

"Anna, puedo explicarlo."

Su rostro estaba rojo, claramente agotado. Su cabello estaba en una trenza, mientras que algunos mechones de cabello caían por los costados de su rostro, muy diferente a aquellas veces donde esos mechones parecían desafiar la gravedad. Nunca la había visto tan desarreglada y evidentemente enferma.

Sus azules se abrieron como platos al darse cuenta de que no se trataba de su hermana.

"¿Weiss? ¿Ruby? ¿Qué hacen aquí?"

Terminó la frase con un sonoro estornudo.

Soltó un suspiro exasperado antes de caminar hasta la rubia, pararse frente a ella y golpearle la frente con su dedo medio. Elsa frunció el ceño y se llevó la mano a su zona lastimada, quejándose. Tenía incluso un parche helado en su frente, aunque no haría mucho efecto si seguía forzándose.

Puso una mano en su cadera, y se vio imitando la típica posición que ponía cuando retaba a Ruby.

"Anna te dijo que descansaras." Vio de reojo la pantalla de la computadora. "¡Y estas trabajando!"

Ruby estaba ahora a su lado, con sus brazos cruzándose mientras negaba con una expresión reprobatoria.

Elsa se quedó en silencio unos segundos, mirando la nada, para luego levantarse, mirándolas a ambas, con claro arrepentimiento en sus ojos.

"No le digan a Anna sobre esto, por favor."

"No le diremos, pero no mejorará si no se cuida correctamente."

Fue Ruby quien habló, y no pudo evitar sorprenderse con su actitud madura. Quizás las hermanas menores eran mucho más preocupadas por esas cosas que las mayores, aunque no podía ponerse a sí misma en la balanza, claramente su vida familiar no era de las más normales.

Elsa soltó un suspiro.

"Lo sé."

La vio moverse, cerrando la pantalla de su computador.

Se sorprendió al ver a Ruby inerte mirando las fotografías colgadas en las paredes. Aprovechó de mirar alrededor, notando que esa casa también tenía el toque hogareño dentro. No había fotos actuales, por el contrario, solo antiguas. Sus padres, sus familiares, y las chicas en edades tempranas. En la más 'actual' Elsa parecía tener apenas unos cinco años, no más que eso.

Ahí fueron separadas, ¿No?

Ruby seguía mirando las fotos, una donde Anna era solo un bebé, y Elsa parecía tener unos tres años. Ambas muy pequeñas en una gran cuna. Los ojos grises brillaban tanto que empezó a temer un poco. Sintió la mano ajena rozar la propia, así como la mirada en la suya, con una sonrisa que le costó captar pero que le dio suficientes ideas como para imaginar que es lo que pasaba por su mente.

Esperaba que no tuviese que ver con niños.

"¿Pensando en tener hijos tan pronto?"

Ambas dieron un salto al sentir a la rubia detrás de ellas, con una sonrisa que nunca había visto en su rostro. Estaba realmente enferma para siquiera decir algo así sin vergüenza alguna.

"¿¡Q-que!? ¡Nunca!" Puso su mano en el rostro de Ruby, alejándola de su humanidad. "¡Ruby es una niña aun!"

La chica soltó un gimoteo, seguido de una risa soñadora, lo que la hizo fastidiar aún más. Dejó a Ruby de lado para tomar a Elsa de los brazos y empujarla hasta las escaleras. Sentía su cara hervir y quería desaparecer lo más pronto posible.

"¡No le des ideas a esta idiota y ve a dormir!"

Elsa soltó un suspiro agotado y una risa casi irreal. Realmente la fiebre parecía estar sacando lo peor de sí misma.

No se fueron hasta que se aseguraron de que Elsa tomara el medicamento y se acostase finalmente a descansar y no a exigirse. Era una trabajólica, pero no creía que llegase hasta el punto de trabajar con una fiebre tan alta como la que tenía. Anna tenía razón, la rubia era un dolor de culo cuando enfermaba.

Dejaron la llave en una de las macetas antes de dirigirse a la salida. Anna les dijo aquel lugar secreto, justo al lado de un troll de piedra que parecía amigable, tan amigable que le daba escalofríos. Se subieron al auto, y tuvieron que volver a la empresa, aún tenía que resolver ciertas cosas, y avisarles a algunos departamentos que el nuevo proyecto empezaría de inmediato, también avisarle a su padre.

El día terminó rápido, porque estuvo demasiado ocupada, pero le agradó haber podido ver a la rubia, y cambiar un poco la rutina.

Ahora Ruby se bajaba siempre con ella, en su departamento. El chofer ya no la esperaba, y tenía claro que, si la chica quería irse con él, le avisaría. Le daba un poco de risa que la pelinegra se levantara temprano en la mañana, como buena madrugadora, y caminaba el par de cuadras a su casa, para que el chofer la recogiera. Ambas sabían que sería demasiado obvio si es que la dejaba en su casa y la recogía en su casa, no tenía que ser un genio para empezar a sacar conclusiones. Confiaba en el hombre, pero seguía siendo la opción elegida por su padre, así que debía ser cuidadosa, y a Ruby no le molestaba el hacer la pequeña caminata por la mañana, al contrario, decía que era buen ejercicio.

Le sorprendió el ver a Ruby tan ensimismada. Estaban sentadas tomándose un café de vainilla, mirando la televisión. Se volteó a mirarla, pero no parecía estar ahí, su mente parecía estar en otro lado.

"¿En qué piensas?"

La chica dio un salto, y puso una mueca pensativa.

"Imagina la mezcla de ambas, cabello blanco y visos rojos, o cabello negro y ojos azules, o cabello blanco y ojos grises. ¡Hay infinitas posibilidades!"

Casi escupe todo el café que tenía en su boca, y tuvo que toser para recuperarse. Le dio una mirada reprobatoria a la chica, la cual la miraba con la máxima inocencia en sus ojos.

De inmediato Ruby se silenció a sí misma, tomando más del líquido. Pudo ver como su mirada rápidamente cambió.

Ambas lo sabían.

Ruby sabía lo que un tema así provocaba en ella, lo sabía, no era tan idiota. Siguió tomando su café, y odió aquel silencio incomodo que había nacido entre ambas.

Tenía demasiado miedo como para simplemente enfocarse en aquello. Si el hecho de tener pareja ya la agobiaba, el tener descendencia parecía aún más abrumador. Era joven aún, pero la disfuncionalidad la marcaba de por vida. Aunque analizara las probabilidades, aunque pensase en el plan perfecto, no tenía seguridad de que pasaría finalmente.

Estaba aterrada.

No quería convertirse en sus padres.


Sad Weiss strikes again.

Siempre pido perdón y no me detengo, es que hay tanto drama que puede existir, y seguirá existiendo. Mi función como artista es usar todo lo que esté a mi alcance para hacer algo que sea significativo, aunque con eso termine lastimando a mis waifus y en serio sufro, pero intento no propasarme con mis malos actos.

Espero hayan disfrutado el capitulo, y ojala me digan que creen que pasara en los siguientes. COMENTEN O HAGO UN GRAN HIATUS. Lo siento, no fui yo, fue uno de mis alteregos, yo sé que muchos leen esta historia, y con eso estoy satisfecha. LA SUICIDACION SI NO COMENTAN.

Capitulo siguiente: Diana – Noviazgo público.

Hasta la próxima semana.

Nos leemos pronto.