Cronopios del autor: Gracias por leerme.
ADVERTENCIA: Yaoi. Preparen los pañuelos, bebés.
Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.
.
.
.
Hyakkoryōran
Por St. Yukiona.
.
.
.
Epílogo II
.
.
.
—Yuuri... —alguien habla—, abre los ojos...—le suplican pero no siente su cuerpo, en lo absoluto. No queda más remedio, sus ojos siguen siendo borrosos ya no importa si usa sus lentes o no, sabe que la pérdida de la visión es a causa de la muerte que se aproxima, más bien, la muerte que le espera vestida de shinobi más allá detrás de todas las sombras que están a su alrededor. Siente que se ahoga, tuvo que haber muerto hace mucho tiempo atrás pero su kekkei touta se lo prohíbe, ahora entiende cuando en los textos de su familia decían que el kekkei touta de vida era una maldición. No te permite morir aunque tu cuerpo no responda más.
Viktor por su parte aún mantiene aferrado a Yuuri mientras contiene el llanto. Al rededor de ellos se han acercado los shinobis que no tienen alguna misión especialmente importante, algunos se hincan porque han visto el poder de un dios shinobi, el lugar donde tuvo lugar la lucha contra Haru es una verdadera masacre. Hay pedazos del cuerpo cercenado de Haru, y se ha restringido el área con cordones de seguridad hechos por una escolta especial pues toda la escena es tóxica, la sangre y carne de Haru es tóxica y al menor contacto puede ocasionar la muerte absoluta. Por otro lado, ha acabado con tres bestias, sin contar que hizo aquella hermosa lanza bicéfala. Se hincan los presentes porque no saben cómo reaccionar ante ese poder.
—Dense prisa —gritan mientras que Mila vierte lo último que le queda de chakra en sus manos para buscar alguna manera de rescatar a su maestro. Pero todos los ahí presentes saben que es imposible. Viktor lo mantiene contra su cuerpo y sostiene su mano en silencio. Pega su frente contra la cabeza ajena. Huele a sudor y sangre. Es el aroma de Yuuri. Yuuri no se mueve ya, no le queda más energía.
Alguien ha corrido para buscar a Minako, quizás ella sí pueda hacer algo para salvar a Yuuri.
El moreno abre sus ojos, con trémulos párpados, y la luz le lastima. Detrás de todas esas personas que tratan de ayudarlo, distingue perfectamente a sus padres. Cierra sus ojos, los vuelve a abrir y le duele aún más el corazón al ver a Minako y a Otabek, al cuál la sensei regaña. Trata de hablar de extender la mano hacia ellos pero vomita sangre de forma preocupante y Viktor tiembla del terror, los ojos azules llueven, sus manos sin querer han empezado a congelar allá donde toca al moreno y Mila le mira con impotencia, quizás Yuuri hubiera sido capaz de salvarse así mismo, pero no ella. No la inútil Mila. Aprieta los puños y golpea el suelo.
—¡Mierda! —rezonga rompiéndose porque no puede hacer más y alza la mirada a ver a Yuri, había ido a buscar a Minako, y por el gesto sombrio y serio, la negación contundente, la mirada baja, le hacen saber a la pelirroja que no hay más qué hacer. Sus ojos también se inundan y solo quiere aferrarse a su madre a llorar su incompentencia.
—Vik-tor... —dice y el aludido alza la cabeza buscando ver a Yuuri—. Siem-pre... te ame... —jura y sonríe, o amaga un gesto que debe de ser una sonrisa, es lo que quiere imaginar Viktor que asiente con un movimiento copioso de cabeza.
—Lo se... —besa sus labios aunque están manchados de sangre.
—Viktor —dice de corrido y alza la mano para tomar las manos de Mila negando apenas en un gesto que le cuesta trabajo, porque la mujer otra vez se empecina en brindarle los primeros auxilios médicos. Él sabe sobre medicina, y sabe que ni ganando todo el tiempo del mundo podrá hacer que su cuerpo se recupere, el núcleo que hay en su cuerpo y que le da el hilo de vida que le permite hablar es lo que seguirá funcionando pero sus órganos sufrieron demasiado daño. Un daño irreversible. Yuuri toma aire—. En mi... bol-sa... hay dos pergaminos —cierra los ojos porque vuelve a ver borroso.
Mila controlando su llanto saca los dos pergamino qué hay ahí, e invoca el que dice con la bonita caligrafía de Yuuri "1". Es una cantimplora. La pelirroja la destapa creyendo que es alguna pócima pero apenas la huele frunce la frente. Mira a Chris confundida, el rubio se ha acercado para ver de qué manera puede auxiliar.
—Es sake... —dice la pelirroja al rubio.
Chris sonríe con profundo dolor y toma de las manos el bote para vertir un poco en la tapa. Los Shinobi presentes bajaron la cabeza. No es cualquier sake, es uno de rituales. Chris traga saliva porque no sabe si le saldrá la voz. Conoce las palabras porque ha ido a muchas bodas, así que se esmera en hacer su mejor esfuerzo, sin sacarse la máscara ANBU porque no quiere que lo vean llorar.
—Ha llegado un hombre, valiente e inteligente, aquí que ha hecho un largo camino... para entregar su vida al hombre que ama, durante la adversidad y frente a los dioses está dispuesto a unir su vida —hace una larga pausa antes de aclarar su garganta. Viktor ha bajado la cabeza para que su fleco sucio encubra sus lágrimas que mojan el rostro de Yuuri, el mayor ha alcanzado la mano del menor que tuvo intenciones de tocarle la cara, y la sostiene contra su piel. Lamenta que siempre esté frío, porque quiere otorgarle su calor. Chris continúa—. ¿qué responden ustedes? —dice Chris con voz baja.
Nadie se atreve a contestar porque todos se muerden los labios por el llanto. Yakov, que ha llegado acaricia la espalda de su hijo, y con su mano aún sobre el albino, aclara su garganta.
—Hay un hombre aquí... que es terco y estupido pero digno que aceptar gustosamente al que llegan, ante los hombres, los dioses, en esta vida, en la muerte y la siguiente vida cuando puedan reunirse —responde Yakov que se hinca también cabizbajo detrás de Viktor. El Hokage solo mira el rostro de Yuuri que ha perdido el color. Sus labios empiezan a ponerse morados y la respiración es un hilo delgado que se sigue tensando. Chris aclara su garganta.
—Que los votos sean intercambiados... —responde Chris asintiendo con su cabeza, y entrega la copa improvisada.
Mila alza la mano de Yuuri para que sostenga la misma y la llevan a su boca entreabierta, el licor transparente se derrama pero es capaz de tragar unas pocas gotas.
—Te amo... —Viktor imagina que Yuuri le dice, para después tomar el resto del alcohol de golpe y asiente sonriendo.
—Yo... también te amo... —promete abrazandolo, fuerte, hundiendo su rostro en el nudo de brazos y cuerpo que ha hecho alrededor de Yuuri. El llanto de Mila se escucha fuerte mientras que Yuuri observa la escena silencio. Su mano acaricia la cabeza de Viktor aunque el albino ya no lo siente y ve al resto de shinobis que lloran alrededor de ellos. Otabek le toca su hombro y Yuuri asiente mientras que sonríe con plenitud. Su familia está viva, a salvo y un día se recuperarán. Antes de irse se flexiona a la altura de Viktor.
—Aquí te voy a esperar, amor mío... —reza besando su mejilla y Viktor empieza a temblar y a llorar de forma descontrolada. Yuuri se aleja, no puede hacer nada, el hilo rojo del destino es visible en su dedo meñique que se enlaza al de Viktor, y se ríe bajito porque al final es el esposo del peligroso chuunin que un día conoció a punto de asesinar a Otabek. Solo le queda girarse y caminar hacia donde le esperan para andar. Georgi se une a ellos mientras ríe diciendo lo vieja que se ha puesto Mila. Yuuri gira su mirada una vez más y se pierde en la luz que se ve al final de la calle que poco a poco se reconstruye a como la recuerda en sus memorias.
...
Fin de la segunda parte.
Gracias por leer.
St. Yukiona.
Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.
