Capítulo 36 – Diana – Noviazgo público.
Respiró profundamente.
Inhaló.
Exhaló.
Los dos pares de ojos que la observaban, atentos, empezaban a hacerla flaquear en su decisión, en su declaración.
"Chicas, yo, estoy saliendo con alguien."
Hannah la miró con una ceja levantada, y evidentemente sorprendida, mientras que Barbara juntaba sus manos, claramente emocionada de escuchar tal noticia.
"¿Quién es el afortunado?"
La emoción en la voz de la pelinegra era insistente, y no pudo evitar sentir una molestia al captar el género que estaban insinuando. Eso iba a ser difícil. Se quedó en silencio unos minutos, no quería que sus compañeras de casa y amigas se enojasen con ella, o que la mirasen diferente por la preferencia que tenía.
Y ahora que miraba en retrospectiva, jamás se había interesado en algún chico, de ningún tipo de forma.
Aunque aceptasen que tuviese preferencias por su mismo sexo, seguía siendo Atsuko Kagari de quien hablaban, y eso era algo que ellas no imaginarían.
"No es un chico, es una chica."
Ahora sus caras lucían más sorprendidas, pero no parecían mostrar rechazo. La castaña puso una mano en su mentón, con mirada perspicaz.
"Bueno, Diana está a un nivel superior que cualquier chico, ninguno es suficiente para ella."
Se sintió en igual parte avergonzada y halagada, aunque no encontraba que ella fuese la gran cosa tampoco, como para que ningún varón fuese de su nivel. No podía ser tan así.
"¿Entonces quien es ella?"
"¡Debe ser una chica muy bonita y famosa!"
"¡O con mucha clase! Y lo suficientemente inteligente para estar al nivel de la gran Diana."
Ambas empezaron a hablar entre ellas, intentando adivinar las características de la susodicha.
Dios, no podían estar más equivocadas.
Sentía tanta vergüenza y tanto nerviosismo que creía que podría llegar a desmayarse.
Respiró profundamente.
"Es Akko."
La declaración se perdió entre la conversación de las chicas, pero luego de unos segundos se detuvieron, y la miraron.
"¿Qué dijiste?"
Dijeron al unísono. Ambas observándola como si hubiese dicho la peor broma en la historia de la humanidad. Como si no le creyeran en lo absoluto. Sentía su rostro arder, mientras fruncía sus labios. Esto es tan difícil, pensó.
"Es Akko. Atsuko Kagari, nuestra compañera de clases."
Ellas sabían claramente quien era Akko, pero debía decirlo, debía sacarlas del letargo en el que estaban. Ambas gritaron de sorpresa e incredulidad.
No puede ser.
No puedo creerlo.
¿Qué clase de hechizo te puso?
¿Te obligó a aceptar?
Todo lo que preguntaban o las conjeturas que sacaban eran ridículas.
Soltó un suspiro, dejando que las chicas hablasen entre ellas, o con ella, pero no les contestó. Tomó un poco más de su té, y miró la hora. Akko le había preguntado si podía ir a visitarla, y le había dicho que si de manera automática, y pensó que quizás era el momento de decirle a sus amigas lo que ocurría.
Curiosamente justo sonó el timbre.
Se levantó a abrir, siendo consciente de las miradas de las chicas, que observaban el más mínimo movimiento que estaba haciendo. Abrió la puerta, encontrándose con Akko, la cual andaba con una camiseta y shorts, pero con un abrigo bajo el brazo. Los días estaban helados, pero el sol seguía pegando con fuerza a esa hora.
La chica levantó la mano, y le dio una sonrisa, y le contestó de la misma manera, como acto de reflejo.
"Buenas tardes, Akko."
La castaña soltó una risa.
"Hola, linda."
Pudo escuchar las voces cuchicheando en su espalda. Solo pudo acercarse un poco a la castaña, para decirle lo sucedido. La chica rápidamente se puso tensa, y se asomó por su costado para mirar hacia adentro con claro nerviosismo.
Le sonrió y tomó su mano, para quitarle aquel peso de encima.
Cerró la puerta y se empezó a dirigir a su cuarto, pero antes de detuvo frente a las dos chicas, las cuales aún no se quitaban el asombro de su rostro. Podía ver de reojo como Akko las saludaba con su mano.
"Estaremos en mi habitación, con su permiso."
No recibió respuesta alguna y caminó aun sosteniendo la mano de la castaña en la suya. Pudo respirar en paz cuando cerró la puerta. Su shock era de esperarse, no esperaba menos de ellas, pero al menos era una reacción levemente favorable, ya que no la habían tratado ni con asco o cualquier otra forma retrograda.
Estaba más tranquila.
Escuchó un gruñido tras su espalda, y se dio vuelta a mirar a la chica, la cual dejaba su abrigo en la silla de su escritorio y luego se sentaba en su cama.
"Eso me tomó por sorpresa, ¿Qué te dijeron?"
Soltó un suspiro antes de sentarse al lado de la castaña. Por suerte su habitación era lo suficientemente grande para no sentirse sofocada ahí dentro.
"Quedaron en shock. Aceptaron que me gustaba una mujer…pero…"
Akko masajeó su nuca, con fastidio en su rostro.
"Pero soy yo."
Tomó la mano de la chica en la suya, y la llevó a sus labios, besando sus nudillos.
"Y eres la mejor."
Podía ver la sonrisa tranquila en los labios de Akko, así como se relajaba poco a poco. Lo que pensaran, quien fuese ella, como fuese, le daba igual, así es como le gustaba, y no había nada que pudiese hacer contra lo que su corazón le dictaba.
"Quien habría dicho que serías así de cursi, Diana."
Negó con el rostro. Ni ella misma lo hubiese sabido.
Akko soltó una risa antes de acomodarse en su cama, llevándola con ella. Esta miraba el techo y parecía relajada, se le quedó mirando un buen momento, hasta que la chica volvió a reír.
"Ellas van a pensar lo peor ahora que estamos encerradas aquí."
Sintió su rostro arder. Oh no. Eso era peor que ver a Akko en su cama, eso era mil veces peor. Se levantó de golpe, sintiendo su corazón latir en sus oídos. La castaña se reincorporó, mirándola, con sus ojos carmines brillando con diversión.
"Eres muy bonita, Diana."
Su corazón latió aún más fuerte, sobre todo cuando la chica se levantó un poco más, acomodándose, y sintió una mano ajena en su mejilla, forzándola suavemente a mirarla. Sintió los labios en los suyos, y no pudo evitar que su cuerpo temblara ante el momento. Akko siguió riéndose a penas se alejó un poco de su rostro.
"¡Estás muy nerviosa!"
La risa consiguió calmarla un poco, así como intentó mantener tranquila su respiración. Su cuerpo era un caos alrededor de la castaña, no podía controlarse en lo absoluto. ¿Qué pensarían sus amigas si la viesen así?
Carraspeó un poco, antes de volver a su semblante usual.
"Querías que te ayudara con una tarea, ¿No?"
La chica dio un salto, y se masajeó la nuca, soltando una risa nerviosa.
"Bueno, sí, pero puede que haya olvidado mi mochila en casa."
Se dio vuelta para observarla, sin creer sus palabras.
"¿Se te olvidó tu mochila?"
La chica volvió a reír, mirando hacía cualquier lado.
"Estaba muy emocionada de verte, así que lo olvidé. ¡Es una pena!"
Negó con el rostro, desaprobando la conducta de su novia, y el claro 'no interés' en hacer dicha tarea. Se levantó y fue a su escritorio, sacó un par de libros del lugar, despejándolo, para luego buscar su cuaderno de matemáticas. Sabía con claridad cual ejercicio era el que le estaba dando problemas a la castaña, y no dudó en borrar las respuestas, para señalarle el lugar a la chica.
Esta miró con asombro y finalmente soltó un suspiro.
"Debí saber que me harías hacerlo. Yo que quería que pasáramos la tarde abrazadas."
La propuesta si era tentadora, pero también conocía a la chica, lo suficiente para saber que, si descansaban, ella se las ingeniaría para no hacer los deberes. Le sonrió levemente, y se acercó, tomando su mano para ayudarla a levantarse de la cama, y luego la guío al escritorio.
"Son tres ejercicios, cuando los termines haremos lo que tú quieras."
La chica soltó un bufido y puso una mueca de fastidio, pero rápidamente le sonrió. La vio hacer otra mueca antes de sentarse frente al escritorio y tomar uno de los lápices que ahí estaban apilados. Le sorprendió verla tan entusiasmada con el ejercicio, sin embargo, era imposible que la chica no hiciera gestos molestos cuando llegaba a un camino sin salida.
La ayudó lo que más pudo, para que entendiera el proceso del problema y así pudiese replicarlo en su cuaderno cuando llegase a casa. No era algo muy complicado, y no se le daba tan mal como algunos temas de lingüística. Al menos Akko, como era una chica muy determinada, se esforzaba al máximo por aprender las cosas, así que no se sentía como 'perder el tiempo' cuando le enseñaba una que otra cosa.
Luego de unos minutos la castaña finalmente terminó. Dio un grito agotado mientras levantaba los brazos.
"¡Al fin!"
Soltó una risa antes de revisar los resultados. Todos estaban muy bien, así que no dudó en felicitarla. Estaba mejorando cada vez más en todos los aspectos académicos, y eso era un alivio. Pronto se vendrían los exámenes, pero no estaba preocupada por la chica. Sabía que iba a conseguir buenas calificaciones.
"Pronto podrás derrotarme."
Lo dijo, buscando los carmines con la mirada. Las mejillas de la castaña se encendieron, y luego la vio cruzarse de brazos, y le sonrió de manera arrogante.
"Lo sé. Soy un rival digno de temer, ¿No?"
No pudo evitar soltar una risa ante su actitud sobreactuada. En realidad, esa chica era incorregible. Pudo escuchar la risa ajena acompañando la suya. Luego de unos segundos se tapó los labios completamente. No había sido consiente que era la primera vez que reía en su casa, con sus compañeras de cuarto cerca. Si, eso sí era un hito.
La realización la hizo sonrojar.
Akko la miró con preocupación en sus ojos.
"¿Pasó algo?"
Negó.
"No, solo pensaba en que contigo me rio bastante. No suelo ser así en casa."
Pudo ver un brillo de auténtica emoción en los ojos carmines. A la castaña le encantaba cuando la gente cambiaba a su alrededor, o que los demás la escucharan o apoyasen sus ideas alocadas. La vio levantarse mientras se tiraba nuevamente en su cama, dando un gran salto. A Atsuko Kagari le encantaba que la gente sonriera con ella, la hacía inmensamente feliz, y eso lo tenía claro.
Podía notar su felicidad por la gran sonrisa en sus labios.
Se acercó de manera automática, acostándose a su lado.
No pasó mucho tiempo para que los brazos ajenos rodearan su cintura y la castaña apoyase su rostro en su pecho. Podía sentir su respiración en su clavícula, y la hizo temblar levemente. Respiró profundamente para lograr relajarse un poco, ya que se sentía aun un poco tensa alrededor de la chica.
Era inevitable.
Su corazón aun no aceptaba del todo que Akko era suya.
Soltó un bufido cuando se dio cuenta de su pensamiento posesivo. La castaña no lo pasó por desapercibido y la miró con ojos curiosos.
"¿Estás pensando cosas pervertidas, Diana Cavendish?"
"¡P-por supuesto que no!"
No pervertidas del todo.
Akko hizo un puchero, seguido de una risa, y pudo sentir como iba dejando besos por su mejilla. No podía evitar ponerse tensa con el afecto que la chica le daba.
Pero no pudo evitar sonreír.
Era extraño, el haber vivido toda una vida sin ningún tipo de afecto, simplemente esforzándose día a día por el legado, por el honor familiar, por sus sueños, pero jamás pensó siquiera en compartir dicha vida con alguien.
Ahora las cosas parecían más claras.
No quería hacerse muchas ilusiones, pero estaba completamente flechada. No había mucho que pudiese hacer contra eso. Acarició la mejilla de Akko, para luego tomarla del mentón y levantarle el rostro, lo suficiente para poder besarla en los labios.
"En serio necesito que me digas que clase de hechizo pusiste en mí, Atsuko Kagari."
No recibió respuesta, solo una cara atónita y ferozmente sonrojada. Era raro que Akko perdiese las palabras, pero nuevamente daba por hecho que la había roto.
Realmente estaba enamorada.
¡Capitulo cursi! Digamos que hay mucho drama, pero el Diakko se mantiene firme, son dos almas inocentes libres de dramas de la vida, bueno, no libres del todo, pero digamos que Akko hace que todo se vea ínfimo.
Espero hayan disfrutado de este capítulo.
Espero estén al tanto en mis redes sociales, porque tengo un Diakko que quiero subir pronto, y realmente espero tener energías para escribir un poco más para sentirme confiada de terminarlo del todo, así que eso.
Capítulo siguiente: Elsa – Funeral.
(Lo siento, lo siento, lo siento.)
Nos leemos pronto.
