Dado el poco feedback que he recibido este será el último capítulo y no adaptaré el resto. La semana que viene subiré el epílogo y empezaré nuevos proyectos. Muchas gracias a todos los que me habéis apoyado, nos veremos a la proxima :)

La historia pertenece a Adriana Rubens y los personajes a Thomas Astruc. Mío solo es el tiempo que invierto en hacer esta adaptación.

Capítulo 38

Dos días después, el sol brilló más que de costumbre por ser testigo del feliz enlace. La ceremonia se celebró en la pequeña capilla de Chat Noir House, con familiares y amigos íntimos, y pese a la improvisación resultó hermosa y muy emotiva.

Cuando Marinette recorrió el pasillo del brazo del duque de Chat Noir se sentía flotar en una nube de felicidad, sobre todo cuando, al mirar los ojos del hombre que la esperaba al pie del altar, podía leer un profundo amor, reflejo del suyo propio.

Intercambiaron sus votos con voz solemne, y cuando Adrien le puso el anillo no pudo evitar que las lágrimas de dicha rodaran por sus mejillas.

L a amaba. A Marinette Anne Cheng, no a Marinette Dupain. Eso significaba que no le importaban sus orígenes y que era cierto que estaba enamorado de ella, no de la imagen que había proyectado para encajar.

En cuanto terminó la boda se vieron envueltos en un torbellino de abrazos y felicitaciones.

-Ya somos hermanas oficialmente – exclamó Alya, jubilosa, mientras le daba un fuerte abrazo -. No sabes lo feliz que soy. Es el mejor regalo de cumpleaños que podría desear.

-Para nosotros es un orgullo darte la bienvenida a la familia – aseguró Nathaniel Agreste con voz grave, abrazándola con cariño.

-Siempre ha sido de la familia – rectificó Emilie con una tierna sonrisa -. Solo que ahora ya es una Agreste.

-Como ya le dije a mi hermano, eres una mujer extraordinaria – aseveró Luka con seriedad -. Solo te encuentro un defecto.

-¿Cuál? – preguntó Mari con cautela.

-Tu pésimo gusto para los hombres – contestó Luka con una sonrisa que se convirtió en gruñido cuando Adrien le dio un codazo en las costillas.

Marinette rio encantada, más feliz de lo que podría describir con palabras.

Tía Caline – que bien se sentía al llamarla así – corrió a darles la enhorabuena con lágrimas de felicidad en las mejillas. Parecía que, una vez abierta, la puerta de sus sentimientos se resistía a volver a cerrarse. Pero Marinette la prefería así, más accesible, más sincera.

Fue un día agotador, pero el tiempo pareció volar para ellos, sumidos en la burbuja de dicha que los envolvía.

O0o0o0

En cuanto quedaron a solas, Marinette abrazó a Adrien y depositó un tierno beso sobre su mejilla.

-Gracias.

-¿Por qué? – inquirió él con voz ronca, abrazándola a su vez.

-Por hacer realidad mi sueño. Por darme la familia que siempre he deseado tener. Te amo – añadió acariciando los labios del hombre con los suyos.

-Dios, muchacha – gimió Adrien, estrechándola con fuerza -. Ti sí que eres un sueño hecho realidad. Mi sueño – La tomó en brazos con suavidad, mirándola a los ojos con pasión -. Voy a demostrarte cuanto te amo – musitó, depositándola en la cama con delicadeza.

Hicieron el amor despacio, como si el tiempo se hubiese detenido entre las sábanas, con una lánguida entrega que los hizo suspirar de placer, acariciándose con ternura, amándose con pasión, hasta que el sueño los envolvió en su cálido abrazo mientras en sus mentes se repetía el eco de las promesas de amor susurradas.

Minutos después, un suave latido la arrancó de los brazos de Morfeo y la depositó en los brazos de su amado.

Tum, tum.

Tum, tum.

Mantuvo los ojos cerrados, dejando que sus sentidos disfrutaran del momento.

Inspiró con fruición el olor de Adrien, un sutil aroma de sándalo que siempre lo acompañaba, un olor efímero que siempre provocaba en Mari deseos de enroscarse alrededor de su cuello, de meterse bajo su piel.

Su mejilla se entibió sobre en cálido torso masculino mientras el suave vello del pecho le cosquilleaba la nariz, haciéndola sonreír.

Había sido el día más feliz de su vida, todo un sueño del que, por desgracia, debía despertar. Quedaba un asunto de suma importancia sin aclarar entre ellos.

Adrien había dejado bien claro que no estaba dispuesto a permitir que corriera riesgos callejeando por Whitechapel y, a su pesar, lo entendía a la perfección. Después de todo lo vivido por culpa de Moth, Marinette estaba aterrada, no por lo que pudiera pasarle a ella, sino por si Adrien resultaba herido al intentar protegerla.

Tendrían que encontrar alguna solución que los satisficiera a ambos, porque Mari estaba decidida a continuar ayudando a las mujeres y los niños que habían caído en las redes de la prostitución. Si bien era consciente de que no podía rescatarlos a todos, sí que podía beneficiar a unos cuantos, empezando por sus niños y por las muchachas de El Jardín Secreto.

El problema era que no quería sacar el asunto tan pronto porque sabía que terminaría en discusión. Se merecían un par de días en paz después de todo lo que habían pasado. Suspiró, intentando que su mente se abstrajera.

-¿Qué te preocupa?

La voz de Adrien, ronca por el sueño, era música para sus oídos. Se imaginó escuchándola por las mañanas el resto de su vida y no pudo evitar un estremecimiento de placer.

-Nada, duerme.

Adrien se incorporó, apoyó un par de almohadas en el cabecero y se recostó en ellas con Marinette acunada bajo el brazo, mirándola con intensidad.

-Tal vez haya llegado el momento de hablarte de tu regalo de bodas.

-No…, no quiero ningún regalo – balbució la muchacha -. Ya me has dado demasiadas cosas.

-Shhh – la acalló con un dedo en los labios -. Tengo que hablarte de una propiedad que tengo. Está en Greenford, en una zona tranquila. Es una mansión de estilo tudor rodeada de amplios jardines; incluso cuenta con un lago.

-Adrien, no quiero que me regales una casa – murmuró desconcertada -. Esperaba que viviéramos juntos.

-Y vamos a vivir juntos. Muy juntos – aseguró, estrechándola con fuerza -. Había pensado que los niños podrían ser felices allí; disfrutarían más viviendo en el campo. Es una mansión muy grande. Cabrían muchos más niños si quisieras. Podrías convertirla en un hogar de acogida para huérfanos, un lugar donde puedas asegurarte de que reciben los cuidados y el cariño necesarios para crecer.

Marinette sintió una opresión en el pecho.

-Un sitio como ese podría dar trabajo a muchas mujeres – continuó su esposo -. Sería una solución para sacar de la prostitución a las chicas que intentas ayudar. Allí podrías seguir dándoles las clases que tanto te gusta impartir para que… - Se detuvo al ver como las lágrimas rodaban por el rostro de la muchacha -. No llores – exclamó compungido -. Pensé que te gustaría; tan solo era una idea que se me ha ocurrido para hacerte feliz.

-Es la mejor idea del mundo – sollozó Marinette.

-¿Y por qué lloras?

-Porque me conoces, porque me comprendes y porque de verdad, de verdad, me amas. A mí…, a la mujer que se escondía detrás de la máscara.