Cronopios del autor: Gracias por leerme.
ADVERTENCIA: Yaoi. Preparen los pañuelos, bebés.
Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.
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Hyakkoryōran
Por St. Yukiona.
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Cola de faisan
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—Después de eso, Viktor dejó a cargo a Yakov y salió con una cuadrilla ANBU a buscar el escondite de Cao Bin y Chihoko para saber qué tanto habían estado haciendo, encontraron a Seung Gil con vida, como había dicho Yuuri cuando lo despertaron... el nido de más bestias como en el asalto al Castillo de las Camelias y a dos personas más con vida... un chico llamado Masumi y un bebé...
Hay un silencio tenso, el humo del cigarro es visible gracias a la luz de las velas y seguido continua tras una larga calada.
—El bebé tenía... uno o dos meses de nacido, según los registros eran de Chihoko y ese chico Masumi que resultó ser hijo de una de las ramas del clan Sakurakouji, no emparentado con Yuuri pero que pertenecía a esa familia, no sabemos como logró encontrarlo Chihoko pero lo hizo, los ANBU hicieron la promesa de guardar silencio por lo que habían encontrado, pues si se sabía en la aldea que había un bebé de Chihoko y su padre, no iban aceptar que estuviera en la aldea, así que todos juraron ante Hokage que no dirían nada... —otra calada del cigarrillo—. Masumi solo era un prisionero más con severos traumas por tortura y confinamiento que se recuperó años más tardes gracias al apoyo de Chris, ahora están juntos —sonríe débilmente y apagó el cigarrillo en el cenicero y sirvió más té—. Tuvieron dos hijos más con la ayuda de madres sustitutas... la investigación de Chihoko, los estudios que Minako-sensei dejó tras su muerte y el chakra con las células de Yuuri ayudaron mucho para que muchas mujeres que no eran fértiles pudieran tener hijos... —sonríe aunque la sonrisa se borra un instante porque adivina lo que sigue.
—¿Y... el bebé? —le da miedo preguntar a la oyente, la que narra la historia mira a la persona frente a ella y baja la mirada, sabe que no le corresponde decirlo, traga saliva sin saber cómo decirlo.
—Viktor ordenó a los ANBU regresar a la aldea y él se quedó atrás con unas tres personas —comenta Mila y sus ojos claros se fijan en la chica frente a ella—, era cierto que ese bebé era de Masumi pero... Ren y Umi eran de Yuuri y aún así Umi es capaz de controlar el hielo, encontraron otra vez ADN de Viktor, de Mikado y otros cinco prospectos más... con Kekkei Genkai, Viktor decidió hacerse cargo nuevamente del bebé... —nuevamente el silencio invade todo y la pelirroja se cruza de piernas.
Ya no es una niña, y sus curvas se pronuncian aún en la oscuridad de aquella habitación. Aspira suavemente, incorporándose para ir por la ramen instantanea que está lista, regresa dejando una frente a su invitada, y otra para ella, los palillos de madera sobre la tapa para que no deje escapar el calor.
—Si resultaba que el bebé manifestaba un kekkei genkai diferente lo suprimirían como habían suprimido el poder de Morooka Haru, pero si resultaba que tenía el kekkei genkai de Viktor sería más fácil decir que era su hijo —cuenta Mila—, pero necesitaban una madre porque no era posible que de la nada Viktor hubiera engendrado un bebé él solo... fue difícil explicar la primera vez que llegara a la aldea con dos bebés, una segunda vez sería más extraño, así que una de las ANBU se ofreció a ser la madre.
—Sara Crispino —sentencia la invitada y Mila asiente.
—Regresaron a la aldea seis meses más tardes excusando haber hecho una investigación más profunda, es cierto que encontraron muchísima información y sofocaron un montón de pequeñas chispas peligrosas que pudieron evolucionar así que cuando dijo que había tenido un bebé con Sara Crispino en el entre tanto no causo novedad, sólo furia en muchas personas... Viktor se había casado con Yuuri, a quien se le consideró como el héroe del ataque de Cao Bin y Chihoko Kin, y de un romance con un hijo tan pronto con Sara Crispino no solo lo volvieron impopular si no alguien que no merecía la confianza de las personas con el tiempo lo perdonaron porque era bueno gobernando...
—¿Y los gemelos?
Mila niega.
—Cuando Viktor regresó Umi y Ren vivían con su abuelo Yakov, y Viktor llevó a Sara y al bebé a vivir a otro lugar, la residencia Nikiforov no se utilizó más —explica—. Años más tardes la gente presionaba a Viktor y a Sara, y empezaba a haber sospechas, las fechas no encajaban, el bebé no se parecía para nada a Viktor, y se esforzaban por encontrarle parecido a Sara... así que Viktor embarazó a Sara y tuvieron a su segundo hijo... no fueron felices, ni antes ni después. compartieron habitación por la cuestión de procrear y acallar todos esos rumores... Yakov murió al año siguiente de que Sara dio a luz. Umi se fue al país de la Nieve a entrenar, regresó 2 años después... parecía más Viktor que el propio Viktor... sólo para pedirle a Ren que fuera con él, per se negó y Umi se volvió a ir... sin embargo Ren la tuvo más difícil porque su genética estaba ligada a la naturaleza y al Kekkei Touta de Yuuri-sensei... así que él decidió buscar por su parte y no le volvió hablar a Viktor, creímos que se iría al País de los Vegetales pero se quedó aquí, en Konoha... en los Vegetales no había un solo usuario del Kekkei Genkai de Floral, salvo por Masumi pero... Ren estaba mucho más aventajado que él —expresa encendiendo otro cigarrillo, suspira mientras ve hacia afuera. La chica que está ahí asiente dándole la razón. Aunque Mila puede ver sufrimiento en los ojos ajenos, le pasa un pañuelo.
—¿Qué pasó con el cuerpo del Capitán Yuuri y el segundo pergamino que tenía? No encontré ninguna lápida con su nombre, y en la tumba de sus padres solo están ellos dos —Mila ve un momento a la menor.
—El 80% del cultivo en la nación del Fuego no servía porque Cao Bin junto a Haru la envenenaron, Yuuri-sensei sabía que iba a morir... necesitaba morir para rescatar a la region de la hambruna, era demasiado consciente de eso, de la pobreza y la infelicidad de su gente... amaba a tu padre más que a nada en la vida pero también amaba Konoha —dice muy seria mirando a los ojos a la menor, Mila fue por un pergamino y lo sacó después de quitar la llave con un jutsu de sellado. Volvió con la menor y se lo entregó—. Aunque el muriera, su poder y chakra seguiría fluyendo en su cuerpo muerto...
—Son instrucciones —dice la menor un poco afectada porque toca con ceremonia la tinta en el papel y es como si sintiera a Yuuri.
—Así es... él pidió que enterráramos su cuerpo en un punto en específico, ahí donde fue la batalla con Haru —moja sus labios—. Al enterrarlo ahí su cuerpo nutrió la tierra completa, Ren fue el encargado de activar el jutsu... no volvió a ser el mismo jamás —murmura cruzándose de brazos—. El poder que reside aún en nuestros días dentro de Yuuri es tan grande que nos sigue dando de comer... Ren entrenó duro y actualmente es el guardián del bosque sagrado.
—Pero entonces... Ren... ¿está protegiendo ese poder? —cuestiona y Mila niega.
—Lo que Ren protege es a su padre... no lo pudo proteger en vida así que lo protege en la muerte —susurra la pelirroja.
—Fuiste su maestra... ¿cómo es Ren-niichan?
Mila lo piensa un poco y después se ríe.
—Es un chico muy tierno, y agradable, aunque siempre está con el ceño fruncido, su poder es tremendo como el de sus padres... creo que... actualmente podría tener el mismo poder que Yuuri-sensei —infiere sonriendo, para después suspirar. La mano de Mila acaricia el cabello castaño de la menor—. Sin importar... cómo hayas sido concebida, Yuriy, tus padres te aman... —masculla mirándola a los ojos—. De no ser así, no habrían estado tanto tiempo juntos...
La menor aprieta los labios y baja la mirada.
—Aunque me digas eso... después de haber escuchado... toda la historia... papá siempre amó al Capitán Yuuri... —suspira restregándose el rostro—. Por mi culpa no pudo estar con mis hermanos... quizás también por mi culpa Umi...
Mila suspira.
—Lo de Umi para la mayoría fue una sorpresa... para mí no... —destapa su sopa para empezarla a comer—. Siempre creí que Umi tenía mucha oscuridad en su corazón... siempre se guardó todo lo que ocurría, cuando murió Yuuri-sensei no lloró y miraba fijamente el cuerpo, Ren me contó que cuando volvió después de su entrenamiento hablaba como "loco" sobre una venganza a quienes habían hecho a su padre, Ren no quería pelear... Ren sólo quería que su papá descansara en paz... "Pero Chihoko, Cao y Haru están muertos... ¿De quién se va a vengar?", se reprocha mucho Ren de no haberlo previsto.
La menor asiente. Mila acaricia la cabeza de Yuriy y le sonríe.
—Come —alenta mientras se incorpora y sale de la cocina.
Yuri le espera en el pasillo enfundado en su traje militar, mira en silencio a la mujer.
—No creo que le tuvieras que contar todo aquello, Mila —susurra el rubio que le sobrepasa en altura.
La pelirroja niega.
—Tenía que saberlo... ella lo hubiera investigado de cualquier otro modo —susurra mientras mira al rubio que desvía la mirada siguiendo a la chica.
—Sara te va asesinar cuando sepa que le contaste.
—Que venga, tengo un par de cosas que decirle —sentencia con confianza Mila llegando a la torre donde están las palomas mensajeras.
—Por respeto al Hokage Vikt-.
Mila se gira mirando a Yuri a los ojos de forma retadora.
—¿Crees que me intimida ese bastardo? ¿Crees que le tengo algo de respeto a ese bastardo? —inquiere—. ¿Crees que me importa si viene del jodido más allá? —aprieta los labios—. Adoro a Yuriy, sabes que lo hago... no tiene la culpa de nada pero no tuvo porque hacer eso Viktor —señala frustrada—. Yuri, Yuuri-sensei dio su vida por Konoha... ¿Y de esa manera le pagó Viktor? —escupe el suelo—. Espero que su muerte haya sido realmente dolorosa, y que en el otro mundo no se pueda encontrar con Yuuri-sensei —aprieta los ojos tomando aire. Traga saliva y baja la mirada.
Yuri acerca sus brazos y envuelve a su compañera, le besa la cabeza. Cierra sus ojos.
—Lo lamento.
Mila se aferra al rubio.
—No pude hacer nada... no pude hacer nada... —repite mientras que solloza profundamente.
Yuriy observa todo en silencio desde la lejanía, tuerce los labios para alejarse. Ella no juega ninguna parte en todo ese enorme embrollo, solo había sido una ficha que salió mal y que de pronto había echado a perder un montón de cosas, no obstante, no podía pensar en que su madre la había usado para estar con Viktor. El propio Umi le había dicho que Viktor jamás amo a Sara pero Sara no había dejado de ser insistente. ¿Tan desesperada estaba su madre? Restregó sus ojos una vez más. Desde que se había enterado de todo aquello no había espacio para nada más que el dolor en su pecho. Era como si desde el interior le estuvieran desgarrando el pecho y nada pudiera hacer parar el sangrado, había obtenido las respuestas que tanto había buscado y ahora... ¿qué hacía con ellas? Regresa a la cocina para sentarse frente a la sopa y la come, pero las lágrimas no paran de escurrir.
...
Regresa a casa por la mañana, no puede ver su hogar como su hogar y en cambio siente rabia, sin embargo suspira por que un par de personas se acercan y hacen una pronunciada reverencia apenas ven a la hija mayor del hokage, ella se las regresa con calma y sigue su camino a casa. Abre la puerta.
—Estoy en casa —dice sin muchas ganas.
Sara está de pie con su traje negro esperándola.
—¿A qué fuiste a casa de Mila Babicheva? —pregunta encubriendo su miedo con enojo la castaña y la chica no responde, se sienta en la escalerilla de la entrada para quitarse las sandalias para dejarla junto a las de su madre, más allá están las de su padre, las toca y suspira recogiéndolas para guardarlas, no tienen caso que sigan ahí—. No te quedaste al último incienso para el alma de tu padre, no podrá descansar en paz sin su hija presente —Yuriy camina sin vida en los ojos y Sara detrás de ella gritando—, de por sí ha sido horrible su muerte cómo pretendes que descanse y aho-
—¡Cállate! —grita la chica dándole la cara—. Cállate... —le pone un dedo en la boca y sus ojos vuelven a llenarse de llanto—. No sigas... por favor... —sus lágrimas vuelven a caer mientras aferra las sandalias de Viktor contra su pecho—. Lo sé... lo sé todo... —sentencia abrazándose a ellas, y es un hilo de voz—. Lo sé todo... Lo sé todo del Capitán Yuuri... de Viktor, de ti, de Chihoko... lo sé todo... —sus ojos castaños se alzan mirando a Mila—. Lo sé... y... —niega—. Es injusto... —la señala—. ¡Es injusto! ¡Ni una maldita vez me mostraste cariño! ¡Sólo fui el maldito medio para que mi padre estuviera a lado de ti! ¡Sin mí jamás hubieras dado a luz a Tsubaki! ¡Sin mí jamás hubiera sido la señora de Nikiforov! ¡Y lo sabes perfectamente bien porque papá siempre amó, y amará al Capitán Yuuri Katsuki! —La mano de Sara se alza con intenciones obvias y Yuriy saca una kunai antes de que eso pase—. No, madre... no esta vez... —tira la kunai al piso antes de subir a su habitación.
Sara se desvanece quedándose hincada en el piso mientras traga saliva y aprieta los ojos. No es cierto lo que dice Yuriy, no es cierto, se repite, no es cierto. Tsubaki nació de amor. Viktor la amó, claro que sí la amó. Ella lo sabía. En su cabeza era lo que se repetía para no caer en la miseria de la vida infertil que llevaban juntos, la humillación del rechazo de cada noche con Viktor, y el asco con que era mirada por parte de su marido cada vez que ella se le insinuaba o robaba algún beso en público. "Es para no levantar sospechas", decía y Viktor no respondía. Viktor había muerto hacía mucho tiempo atrás, el día en que sus manos se aferraron por última vez a Katsuki Yuuri, ahí había muerto él. Mientras ella, desperdició su vida entera dedicándola a un hombre que jamás la vio como una mujer, sino como una subordinada que cumplía con una responsabilidad más, una decepción, había dicho Viktor una vez: "Entrometes tus sentimientos con tu misión", qué cruel era.
...
Yuri conoce lo peligroso que pueden ser los secretos, a lo largo de la vida como Shinobi estaba obligado a guardar muchos de ellos. La gran mayoría era por un bien común, otro poco era por el bien de una o dos personas. En lo personal prefería ser franco y directo, y aún así no quiere interferir en la vida personal de las personas, por lo que se abstenía de opinar sin embargo... ahora siente que meter las manos en ese asunto es indispensable para que no tener que lidiar con dos locos, habían sido tiempos de paz, años prolongados en donde había ningún problema, sin embargo, ahí estaban otra vez, en el ojo del huracán y aunque tenían al responsable en custodia, algo le decía en su pecho (una corazonada) que solo era el inicio. Así que no le queda más que ir directamente al epicentro del problema esperando encontrar una solución alternativa que no le haga volar la cabeza y no lo haga cuestionar al final del día sus decisiones. Pero por donde lo vea, solo hablando y diciendo su versión de los hechos cree que será suficiente para evitar otra tragedia o una desgracia mayor.
Se detiene al filo de la celda hasta donde le es permitido estar. Ve al detenido en la zona de máxima seguridad de Konoha, un paso en falso por parte del prisionero y lo harán volar en pedazos, hay dos shinobis listos para atacar, dos shinobis bien preparados que se tocaran el corazón, ni siquiera por el sentimentalismo o la familiaridad, lo que ha hecho aquella persona ha sido atroz y no hay perdón. Chris Giacometti lo acompaña en silencio con el gesto sombrío. Todos en la aldea mantienen el mismo gesto. Yuri mira entonces a su otro lado, donde se encuentra Yuriy, en momento la adolescente de dieciocho años jamás hubiera podido entrar ahí pero Yuri se lo contó a Chris, y a Chris no le ha quedado más que darle la razón a Yuri. El rubio había ido a buscar en medio de la noche a la chica y la había sacado por la ventana para que le acompañara, si Sara se hubiera enterado quizás le hubiera reñido y algo más. No obstante estaban ahí, y aunque la kunoichi está contrariada, enojada y triste, se mantiene firme. Espera paciente para ver qué es lo que Yuri-sensei le quiere mostrar. Es uno en los hombres en que más confianza tiene después de Phichit-sensei, no obstante ahora no termina de comprender cual es el objetivo de todo aquello. La chica siente que el estómago se le revuelve cuando puede divisar un cristal aislante que los separa del detenido. Afuera ha estado lloviendo sin parar.
Yuri, Yuriy y Chris son capaces de verlo con claridad. Pero una venda cubre los ojos de Umi que espera pacientemente el veredicto del juez.
No se ha intentado defender una sola vez después de cometer aquel crimen, el magnicidio del hokage de la aldea, de Viktor Nikiforov. Su padre.
...o...o...
Gracias por leer.
St. Yukiona.
Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.
