Capitulo 38 – Weiss – Manipulación genética.
No quería admitir que las cosas se habían vuelto tensas por su culpa, pero lamentablemente era así.
Ruby era una idiota, pero siempre tenía buenas intenciones, siempre quería ayudar, y por eso mismo le dolía el ser la villana en todo momento. No quería ser vil, pero había cosas en ella que la marcaban, que estaban en su sangre, genes o lo que sea, que le impedían vivir su vida con normalidad.
Soltó un suspiro pesado.
Presionó sus palmas en su rostro. Quería hundirse en lo más profundo.
Solo quedaban unos días para que fuese el cumpleaños de Ruby y no podía estar más complicada al respecto. Quería arreglar las cosas, quería decirle tantas cosas, mas era débil y cobarde y no podía. Odiaba que su padre la hubiese criado de la forma que lo hizo, creando una máscara en ella, impidiendo que pudiese ser honesta.
Era tan difícil.
Maldición.
Soltó un gruñido ahogado.
Odiaba a su familia, a su madre débil, a su padre controlador, a su hermano manipulador y a su hermana distante. Todos habían contribuido en que no pudiese vivir con normalidad. Al menos en el plano sentimental.
Sentía tantas cosas por Ruby, pero no podía hacer nada.
Era como aquel disparo.
Eso sentía, un disparo.
Cada vez que sentía algo, cada vez que pensaba en el futuro, era como si una bala se incrustase en su cuerpo, recordándole su familia, como estaba destinada a fracasar. A lastimar a la chica que más quería en el mundo.
Era una Schnee.
Era el símbolo de la traición. De la manipulación.
Quizás Yang tenía razón. Simplemente se estaba aprovechando de Ruby, de su amabilidad, de su cariño, de su existencia. La quería para ella, así que la mantuvo a su lado, día y noche. Quería tener a su lado a la persona perfecta, y Ruby era la persona perfecta. ¿Calificaba para su vida perfecta?
No.
Porque la vida perfecta de una Schnee estaba ligada a la soledad. El aislamiento. La reclusión. El sufrimiento. La traición. Iba a lastimarla, estaba en su sangre. Iba a controlar a Ruby, hasta que perdiese la razón.
Iba a destruirla.
Solo podía ver el rostro enrojecido de Ruby, sus lágrimas recorriendo su rostro, y luego cayendo en el suyo. Ahí supo que todo estaría mal. Ruby se acababa de confesar. Acababa de besarla. Un beso salado, un beso con sabor a sangre.
Estaba muriendo.
¿Había peor presagio que una relación que empieza de esa forma?
Creyó que no.
Una semana después no podía siquiera reconocerse.
Las ideas habían empezado a aflorar en su mente. Esas malas ideas. La parte de su humanidad que quería a Ruby, e incitaba que estuviesen juntas, y la otra parte que le recalcaba la mala idea que era, el sufrimiento que pasarían.
¿Cómo lo solucionó?
Siendo débil.
El sabor a alcohol seguía en sus labios, pero aun así podía reconocer el sabor ajeno en su boca. Veía borroso, no estaba en todos sus sentidos en lo absoluto. ¿Ella había empezado? No tenía idea, pero tenía que culparse. Ruby es solo una niña, se decía.
Miró, siguiendo el rastro rojo y negro sobre su cuerpo. Podía notar claramente su desnudez, pero no hacía nada al respecto. Podía notar claramente como la chica bajaba por su cuerpo, besándolo, pero no hizo nada al respecto. Incluso podía notar como los dedos ajenos pasaban por su cicatriz, provocándole temblores, pero no la detuvo.
Solo estaba ahí. Mirando. Como un espectador. Como si ni siquiera estuviese ahí.
Su cerebro no estaba funcionando. Su cuerpo estaba completamente separado de su cabeza. No había caso. No había manera de acabar con aquel encuentro. Era demasiado tarde.
Estaba mal.
Estaba muy mal.
Solo le estaba dando esperanzas vacías. Solo estaba dándole un hueso que no podría comer, solo roer sin ningún tipo de beneficio. Ruby era una niña, se volvió a decir. Ella era la mayor, debía ser responsable respecto a esas cosas, y lo era. Lo era hasta ese momento donde su cabeza empezó a ser un caos. Donde se sintió dividida por miles de razones. Ya no era la misma en lo absoluto, realmente no se reconocía.
Recordaba con claridad como Ruby era un poco torpe, pero muy cariñosa y apasionada. Le sorprendió. No se esperaba eso de la chica. Tenía una visión muy reducida de ella. Era solo un guardaespaldas idiota que tenía problemas para comunicarse.
En ese momento no la vio como una niña.
En ese momento cambio su visión de ella.
Y fue aun peor, porque en esos momentos se dio cuenta que realmente le gustaba. Que sentía cosas reales por ella. Que no era un simple capricho de la persona mimada que se había convertido con los años. No era aquello. No era el simple hecho de encontrarla linda, o el que tuviese sentimientos por ella y quería correspondérselos.
Le gustaba.
No recordaba mucho más.
Solo llegar al borde del placer, solo el sentimiento de gozo, de sentir los labios en su cicatriz, en ambas cicatrices. Disfrutó ese momento, pero las revelaciones y aquellos actos tan inocentes y tiernos la hicieron colapsar.
Lloró.
Lloró.
Lloró sin parar.
Esa fue la segunda vez que lastimó a Ruby, cuando la miró, con los ojos aún más nublados y le dijo; 'vete'.
Aun escuchaba sus propias palabras bruscas y duras resonar por las paredes.
Tenía miedo. Tenía tanto miedo.
Le aterraba el enamorarse. Le aterraba el hacerle daño. Le aterraba que Ruby la dejara. Le aterraba que el apellido Schnee estuviese incrustado en su carne. Le aterraba pensar en el futuro, en lo incierto, en lo confuso, en lo relativo.
En lo imperfecto.
Nunca se había sentido tan imperfecta y odiaba que aquello le afectase.
Nadie era perfecto, pero ella fue criada para serlo e iba a serlo. Lo había intentado ser por años, desde que tenía conciencia. El lograr la perfección era su objetivo de vida, su mismo padre se aseguró que de eso se tratase su vida entera, de lograr la perfección, de ser la perfecta heredera de la familia Schnee, aquella quien llevaría la compañía Schnee a lo más alto.
Gritó.
Gritó.
Gritó sin parar.
Su garganta parecía desgarrarse, y ardía, aun mas que con el licor. Pero no le importaba, ahora estaba sola. Probablemente Ruby estuviese escuchando desde el otro lado de la puerta, inerte, sin saber el sentido de todo eso. No la culpaba, ella misma no entendía que mierda le sucedía.
Luego de gritar y llorar, perdió la conciencia.
Su cuerpo nunca había sido resistente en lo absoluto, normal que le ocurriese.
Despertó con su cuerpo dolorido, pesado y su rostro hinchado. No tenía siquiera que mencionar su garganta y su cabeza.
Se quedó recostada, inerte, recordando poco a poco como fue que llegaron ahí. Solo fueron unas copas que se tomó. Incluso Ruby intentó detenerla. Ambas tenían la misma relación con el alcohol, pero ella era débil, estaba en su sangre. La fue a dejar a su departamento. ¿Qué hizo después? No era difícil adivinarlo, claramente había seducido a la menor.
¿Cómo pudo hacer eso siquiera?
El arrepentimiento no era suficiente, pero se seguía sintiendo que la había ultrajado.
Como la había hundido.
Como había jugado con sus puros sentimientos.
Lloró nuevamente.
Se estaba hundiendo, y no encontró mejor cosa que hundir a la menor con ella. Hundirla en lo más profundo de la desesperación. De la traición. Así era su familia. Eso hacían. Arrastrar a otros con ellos. Hundirlos y luego usar sus cadáveres para seguir flotando en la superficie. Usar a otros para beneficiarse a sí mismos.
Eso hizo.
Se aprovechó de Ruby. Recibió cariño, atención y placer, y luego la desechó. No, no la había desechado aún. Seguiría utilizándola. Una y otra vez como a un muñeco.
Era su propio padre.
Se dio asco.
Se miró al espejo, y no se vio. No era ella misma. No lo era ni en lo más mínimo. ¿En que se había convertido? Veía a una manipuladora, a una controladora, a una persona sin corazón. Veía a una aprovechadora, a una pedófila, a una maltratadora. ¿Ese sería su reflejo desde ahora en adelante?
¿Esa sería la persona que vería todos los días?
Era un monstruo justo como su padre.
Vomitó.
Vomitó.
Vomitó sin parar.
Quería eliminar esa sensación, aunque no tuviese nada en su organismo. Quería botar todo lo que la ligaba a ese bastardo. Quería ser capaz de vomitar todo lo que la hacía igual a su familia.
Pero no podía.
Era un estigma plasmado en su piel, en su carne, en sus huesos, en sus órganos. No podía huir tan fácil del destino. Era su destino. No podía huir de él. No importaba cuando rencor y rabia tuviese hacía aquel hombre, no podía quitarse las marcas que él le había dado.
El estigma que la convertía en solo un títere.
Su padre se lo decía.
No puedes huir de tu destino.
Y era cierto. Ahora lo entendía. Su padre había forjado ese camino para ella. Lo había hecho desde su nacimiento. Estaba en su destino el curso de las cosas.
Ella tomaría la cabeza de la compañía algún día, y las cosas seguirían iguales. Sería él. Seguiría con el legado. Con la traición. Con el odio. Seguiría manipulando y lastimando a miles de personas sin ningún remordimiento. Estaba en su destino.
Tu eres Weiss, no eres tú apellido.
Por un segundo vio el rostro de Ruby frente al suyo. Sintió el sudor frio correr por su rostro. Por eso le gustaba. Por eso le gustaba Ruby. Ella no la veía como una Schnee. Ella no veía todo aquello. Todo el estigma. No veía el camino predispuesto en su cicatriz, no, ella no veía eso.
Jamás se había sentido tan dividida.
Tan rota.
¿Quién era ella?
¿Quién iba a decidir ser?
¿Sería quien su padre forjó a punta de manipulación y dolor?
¿O sería aquella mujer responsable que quiere ayudar a otros que Ruby ve en ella?
No lo sabía.
No tenía idea.
Todo era demasiado complicado para tomar una decisión.
Solo iba a seguir. Iba a seguir su camino. No iba a tomar partido. No iba a hacerlo. Por una parte, porque aún tenía la perfección clavada en su pecho, y el camino de su padre le daría perfección y estabilidad en su vida. El camino de Ruby era incierto. No sabía que hacer al respecto. Era tan brumoso. El miedo y los cambios repentinos le jugaban una mala pasada.
¿Sería capaz de vivir con eso?
Los golpeteos la sacaron de su ensimismamiento.
"¿Estas bien, Weiss?"
No se había dado cuenta de cual alterada estaba su respiración. Estaba perdiendo los estribos. Toda la situación se le escapaba de las manos y no sabía cuánto más resistiría.
Tenía que tomar una decisión pronto. No podía seguir así.
No podían seguir así.
Debía hacerlo.
Debía decidirse. Debía escoger un camino.
"Estoy bien."
Le dijo, lo más convincentemente posible a pesar de su malestar.
Su cabeza era una serie de divagaciones sin sentido. Nunca se había sentido de aquella forma. Ni concentrarse en el trabajo era suficiente para calmar sus pesares.
Dejó su frente en la mesa.
Estaba enfadada consigo misma. ¿No había una especie de luz divina que pudiese guiarla? Estuvo demasiado tiempo haciendo los que otros querían que le era tan difícil elegir su propio camino.
Cerró los ojos.
Necesitaba ayuda.
En ese momento sintió algo extraño en su pecho. Una presión extraña. Entonces su mente parecía querer recordar algo, mostrarle algo.
Entonces recordó aquella lápida.
Recordó sus propias palabras.
¿Había olvidado aquello?
No, solo lo había guardado en un lugar muy profundo de sí misma.
Le había prometido algo, había hablado por sí misma en aquel momento. Lo había hecho. Era lo que sentía. Había sido honesta ante la presión de la situación, y el claro sentimentalismo.
Levantó la mirada, enfocándose en la puerta, donde la chica estaba. Había tomado una decisión. Tendría que tener el coraje para demostrarlo. Para llevarlo a cabo.
Ya tenía la idea perfecta.
Era el momento.
Hola a todos, disfruten el capitulo extra que viene, se lo merecen. Y lo siento por herir a Weiss, pero necesitabamos un poco de recuerdos del pasado.
