Especial 3 – Anna – Funeral.

Las lágrimas caían como cascadas por sus mejillas.

Recordaba ese día, esa sensación en su pecho, viendo a su madre partir, sintiendo en su interior el pesar, la intuición siendo más fuerte que su cabeza. Probablemente jamás imaginó la tragedia, solamente se quedó ahí, mirando por la terraza de su departamento, observando el infinito.

Ella había partido hace algunas horas, y se despidió animosamente de ella, para luego ir al balcón, mirando la lluvia que empezó a caer con fuerza. No supo porque empezó a llorar, sintiendo la angustia indescifrable en su cuerpo.

No tuvo que esperar mucho, solo horas, ni siquiera un día entero, y ahí dio explicación al dolor que sentía.

Su madre no iba a volver.

La perdida la dejó destruida.

Era su mamá, la persona más importante en su vida, y tal vez la única importante.

Si bien había cosas que no entendía, como lo que esta hacía para traer dinero a la casa, la cual era una buena suma, ya que parecía trabajar desde su computadora. También la forma en la que la mantenía en su hogar, con profesores, con tutores, pero sin libertad de salir, de ir a escuelas públicas ni nada similar. Una manera estricta de educarla, aunque fuese tan contrastante con su personalidad cálida.

Y lo que más carecía de explicación, era la razón por la cual no tenía un padre.

Por años en su niñez le hizo tal pregunta, y recibía una historia en respuesta. Lamentablemente se veía tan ensimismada que olvidaba por completo la pregunta inicial, siendo esta jamás respondida. Su ingenuidad enterrándola aún más en ese mundo de fantasía que su madre creo para ella.

¿Ahora se cuestionaba aquellas dudas?

No.

No tenía caso, no si ya no podían ser respondidas.

No mientras el cuerpo estuviese desaparecido en las profundidades del océano.

Soltó un suspiro pesado, sintiéndose amarga por dentro. Vacía. Las lágrimas que parecían ya no existir de pronto volvían, siendo disparadas por los llantos ajenos, solo a unos metros de ella, centímetros incluso. Muchos estaban ahí reunidos, la pena y la muerte revoloteando entre la multitud.

Dio un par de pasos hacia atrás, sintiendo los ojos arder, sintiendo su pecho apretado. No quería seguir al lado de esa gente que estaba sufriendo. No le gustaba ver a la gente sufrir, y eran tantos que era impensable intentar hacer algo por ellos.

El pasto bajo sus pies parecía crujir, el sonido llegando a sus oídos, estos siendo capaces de escuchar algo más que llanto al verse alejada de aquellas almas en pena.

Silencio fue lo único que había a su alrededor, sobre todo ahora que hasta sus pasos estaban detenidos. Observó el suelo, el forraje verde que en ese momento parecía gris. Era un día gris como todo funeral.

No sabía cuántas veces había suspirado, pero esta vez se sintió más calma.

No debía seguir llorando, tenía que seguir adelante, debía seguir sonriendo, como su madre, cálida, amable, cariñosa, amorosa, le había enseñado.

Levantó la mirada, intentando animarse, intentando ver algo en el horizonte que le diera un último empujón para salir de ese cementerio y empezar una nueva vida.

Entonces la vio.

Logró divisar una figura en la hierba.

Una chica delgada y rubia se mantenía sentada, a la lejanía, manteniéndose al margen de todo el suceso. No la había notado en lo absoluto, pareciendo casi una estatua en aquel lugar, inerte, placida. Notó su rostro, pálido, sus ojos azules brillaban, pero lucían demasiado cansados. Su cuerpo temblaba, pero no parecía ser de llanto, ni tampoco de frio. Era extraño. Se le hacía tan familiar, tan…no lograba comprenderlo.

Algo había en su expresión.

Oh.

Soledad.

Esa expresión era la que veía en sí misma. Reconocía aquello en el rostro de la chica.

Ambas estaban solas.

Le dolió, su pecho volvió a encogerse, esta vez con mucha más intensidad. Dolía. Dolía mucho. Como si algo físico empujase sus costillas. Reiteraba, no le gustaba ver sufrir a las personas, pero le dolía el ver a esa chica sufriendo.

Ambas eran parecidas, podía sentirlo.

No podía hacer caso omiso.

No podía quedarse ahí y no hacer nada.

Esa chica estaba sola, no podía permitir que alguien estuviese solo.

No iba a permitir que alguien sintiese esa impotencia, ese dolor, ese aislamiento. No quería que nadie viviese lo que ella vivió. El saber que no hay nadie a tu alrededor, el saber que te estas manteniendo alejada de todo y todos. El saber que estas restringido en un metro cuadrado, viviendo en un sueño, en otra realidad.

Nadie merece sentirse solo.

Así que se acercó, su vergüenza siendo contrarrestada con el valor que le daba su dolor.

Habló, sonando empática.

No tenía que preguntar, lo sabía.

La chica no hizo atisbo alguno de su presencia, pero su cuerpo tembló levemente, dándole a entender que al menos la había escuchado, que al menos sabía que estaba ahí.

Sin darse cuenta se sentó tras de ella, imitando su posición, mirando hacia otra dirección. Sus espaldas no se tocaban en lo absoluto, y en realidad se agradecía a si misma por no hacerlo. Quería apoyar a la chica, no estorbarle. No ser una molestia.

Era extraño estar ahí, con un alma silente, pero no le importaba. No sabía por qué, pero el estar ahí, a su lado, le daba una tranquilidad abrumante.

Era casi como si tuviese que estar ahí.

Como que era parte del destino el que se acercase.

El que uniesen sus caminos.

Iba a seguir esa sensación, sin importar lo que pasara.

La chica fría se removió en su lugar, y esa fue casi una señal para seguir hablando. Y lo hizo, sin tener respuesta alguna. Y de nuevo, no la necesitaba. Podía notarlo en sus ojos. ¿Su padre? ¿Su madre? ¿Algún hermano? ¿Todos?

Tal vez estaba completamente sola, como ella, sin nadie en que afirmarse, sin nadie que la ayudase a levantarse.

La realización volvió a su cabeza, pensamiento que quiso ignorar, pero le era imposible.

Pronto llegaría aquella carga del gobierno, donde la pondrían en el sistema. Lo tenía claro. Lo había escuchado, lo había visto. No era lo suficientemente mayor para poder valerse por sí misma. Solo era una niña.

Le dio una mirada a la chica tras ella, intentando ignorar el pesimismo que parecía envolverla.

El rostro parecía maduro, y ahí vislumbró que tal vez ella no tendría sus mismos problemas, pero eso no significaba que no tuviese otros mucho peores.

Simplemente soltó un suspiro, mirando las hebras rubias.

La situación era desagradable, sí.

Pero se podía seguir adelante.

Iba a seguir adelante.

Tenía que.

Se vio sorprendida y emocionada de ver a la chica voltear, sus ojos buscando los suyos.

Pudo ver de cerca cada detalle de su rostro.

Era bonita, muy bonita. Sus ojos brillaban con curiosidad, cansados, sí, pero curiosos. No podía siquiera imaginar que tan bonita sería si no tuviese todo ese dolor en su interior. Que tan bonita sería si no se viese dolorida, perdida, triste y sola.

Intentó sonreírle, sintiendo que esta fallaba, el dolor de nuevo en su pecho.

¿Cómo el destino puede lastimar tanto a alguien?

Quería ver a esa chica reír.

Quería ver a esa chica sonreír.

Quería verla siendo libre.

Siendo ella misma.

No la careta de dolor que tenía plasmado en su rostro.

Se lo propuso en ese mismo instante, cuando sentía los ojos azules observándola, profundo, ambas mirándose casi sin pestañear. Iba a estar con ella. Iba a hacer que olvidase su dolor. Tal vez esa era la señal. Ese era el pequeño empujón que necesitaba.

La carta del sistema llegaría, pero hasta ese entonces, se iba a mantener al lado de esa chica.

Quería estar ahí para ella, y torpemente, así le confesó.

La sorpresa fue inminente en el rostro ajeno, y se sintió una idiota al decirle eso, pero era la verdad.

Esta volteó, alejándose, pero sin moverse un milímetro. Solo negando la conexión que sus ojos tenían, así que tomó aquel gesto de una manera positiva. Tal vez fue tonto asumir eso, pero no le importaba. No iba a alejarse y al parecer ella tampoco lo iba a hacer.

Tomó la decisión de acercarse más, de sentarse a su lado, tomó la decisión de mirar el mismo horizonte que ella, el mismo camino.

El horizonte era aquel sepulcro.

Aquel sacerdote.

Aquella multitud.

Odiaba esas palabras ajenas, como intentaba inducirte en un engaño, en un mundo de fantasías, como el que su madre la consumió por años. Nadie encontraría los cuerpos, nadie volvería caminando por la calle, nadie resucitaría. Todas eran mentiras. Los ojos de la chica le daban razón en su pensamiento, el cual dejó de ser solo un pensamiento ante su lengua suelta.

¿Volvería su madre?

¿Volverían los seres queridos de aquella chica?

Esperar por ellos solo las volvería locas. Tener esa fe ciega, esa esperanza, era algo que tal vez les daría fuerzas, pero al mismo tiempo las destruiría. Sabía en su corazón que su madre había fallecido, lo sentía. Esperar por ella no es algo que su madre querría. Desvivirse por el deseo de volver a ver a alguien, sería demasiado autodestructivo.

Estaba sola ahora, pero podría hacer las cosas a su manera, empezar de nuevo, ser quien siempre quiso ser, poder entender siquiera quien siempre quiso ser.

Pudo ver por una fracción de segundo el rostro de su madre en el rostro de la chica, e hizo que sus latidos se detuviesen por un momento, para luego empezar a golpear con fuerza en su pecho.

No necesitaba otra señal, pero la agradecía.

Necesitaba saber de ella.

Necesitaba conocerla.

Estaban predestinadas a conocerse, o al menos sentía que eso era lo que su madre quería.

Se miraron nuevamente, los azules observándola con intensidad, abandonando lo cálido que vio de su madre por el frio de su propia existencia. Pero no dejaba de ser cálido, de ser mágico.

No se dio cuenta del frio agobiante que había en ese lugar, su cuerpo olvidando todo al verse en aquella situación. Solo lo notó cuando el vapor salió de los labios de la rubia.

Esa chica se llamaba Elsa.


Bueno, esto es triste.

Espero no arruinarles aun más la vida ahora que está todo lo del corona en el mundo, espero se estén cuidando. A mi me dieron un permiso especial por ser crónica, pero se acaba hoy así que aproveché de descansar que mi cuerpo lo necesitaba.

Tomen mucha agua, y lávense las manos no sean sucios. No soy quien para decirlo, empece a hacer esas cosas a conciencia recién el año pasado jij. Gracias waifu, por si soy mas sana y limpia.

Como nadie me escribe, olvido subir capitulo, o simplemente no tengo energías así que no me auto obligo, así que esa es mi vida, pero si, sigo viva, sufriendo, pero viva.

Nos leemos pronto.