45. La última prueba.
Sakura miró a su oponente, con tan solo verlo podía notar la diferencia de poderes entre ellos dos, no estaba segura de poder proteger a Chiyo y a ella al mismo tiempo, pero no había tiempo para dudar. Masamune le hizo un mimo en la cara, reconfortándola.
—Ese cuervo que tienes en tu hombro. —dijo Sasori, clavando la mirada en Masamune. —Lo he visto antes.
—A tu suerte, será la última vez que lo veas. —contestó Sakura, tomando una posición ofensiva.
—No te olvides de mí, Sakura. —protestó Chiyo. —La razón por la que vine no es para saludar a mi nieto.
—Abuela Chiyo…
—Si me tratas como un estorbo, me enojaré contigo. —reprochó Chiyo, liberando su cabello. —Tsunade debió enseñarte como tratar a los mayores, ¿o me equivoco?
—Claro que no.
— ¿Terminaron su charla sin sentido? —recriminó Sasori. —Sabes que no me gusta estar esperando.
—Masamune. —murmuró Sakura, señalando hacía arriba; el cuervo bateó sus alas, emprendiendo el vuelo, perdiéndose de la vista de Sasori cuando escapó por un hueco de la cueva.
—No eres tan brillante como escuché mencionar. —comentó Sasori. —Dejar ir a tu mejor arma, es lo más estúpido que he visto hacer a alguien.
—Masamune no es un arma, es mi compañero. —sentenció Sakura.
—Comencemos, Sakura.
— ¡Entendido!
Lo primero que hizo Sasori fue abrir la boca de la marioneta y lanzar un centenar de agujas llenas de veneno, las cuales a su sorpresa ambas parecieron esquivar muy bien. Una vez que el dispositivo del brazo fue lanzado en medio de ellas, Sakura volvió a moverse a la voluntad de Chiyo, quién justo antes, entre las charlas, conectó los cables de chakra en ella. Tenía que destruir a la marioneta para que Sasori saliera.
Y ahí lo hizo, cuando escuchó el grito de la abuela, Sakura rompió la coraza de la marioneta.
Al instante notó una mancha borrosa moviéndose a toda velocidad, alejándose del muñeco roto, manteniendo la distancia entre ellas.
—Fue muy fácil darse cuenta de su truco. —comentó Sasori, retirando los pocos escombros de su cuerpo. —Pero su ventaja, se ha terminado.
— ¿Abuela Chiyo? —llamó Sakura, preocupada de verla sin habla. — ¿Ese es Sasori?
Sakura notó el parecido con Gaara, no obstante, casi se asemejaba a la edad que tenía ella, quizás unos años más tarde. ¿Los Akatsuki empezaban desde temprana edad? Pasó saliva, no había enojo o precaución en su mirada, se lo estaba tomando enserio, pero había algo en él que le decía a Sakura que no daría su máximo poder en esa pelea.
—Me tomó bastante matarlo y perfeccionarlo. —dijo Sasori, mostrando el pergamino. Sakura dio un paso atrás ante la nube de humo que se formó, mientras la nueva marioneta aparecía, Sakura apretó los labios, escuchando las palabras de Chiyo.
—Es el tercer Kazekage.
—Bueno, ya tuve suficiente charla, cortémoslo aquí o no terminaremos de hablar nunca. —sonrió Sasori, moviendo uno de sus dedos.
Sakura en ese instante se sintió ir hacía atrás a una gran velocidad, Chiyo la estaba jalando para esquivar al tercer kazekage, cuando los sellos del brazo de este hicieron efecto, revelando un montón de manos que con un impacto le hacían heridas demasiado graves, Sakura miró los hilos de chakra en su espalda, después miró el pequeño orificio donde Masamune había salido.
No, era muy pronto.
Moviéndose a la par de Chiyo pudo retorcer su cuerpo hasta evitar todos esos ataques que quedaron estampados en el suelo, perforando al menos veinte centímetros debajo. Chiyo volvió a jalar a Sakura con la misma velocidad, previendo otro ataque, sin embargo, Sasori activó una de las armas que incluía veneno en gas.
Pero lejos de la pantalla de gas, donde Chiyo apenas comenzaba a entender porque no podía atraer de nuevo a Sakura, esta misma apretó con fuerza los labios, deteniendo su respiración. No podría mantenerse así por mucho tiempo, necesitaba pensar rápido, seguro aún le quedaban más artilugios a ese sujeto.
Solo tuvo unos momentos para pensarlo, de recordar las palabras de la Itachi.
Y una explosión surgió esparciendo el gas.
—Interesante forma, ¿pero no te dañaste más de lo que habría hecho mi gas? —preguntó Sasori, con una sonrisa tranquila en su rostro. —Si haces eso siempre, al final tu cuerpo es el que sufre más daño.
—Ya lo sé. —bufó Sakura, seria. —Pero, ¿no dijiste que era suficiente de tanta charla?
—Mis disculpas. —completó él, volviendo a activar una nueva trampa, esta vez un montón de kunais salieron de la antiguas manos que estaban enterradas en el suelo, directo a ambas.
Fue el turno de Chiyo de liberar dos pergaminos, revelando a los padres de Sasori.
Sakura solo pudo observar la intensa pelea que estaban librando ambos marionetistas, sin poder intervenir. No obstante, Chiyo parecía cada vez más agotada debido a la cantidad de chakra que se necesitaba para manejar las marionetas. Y, en cuanto Chiyo presenció la mejor técnica del tercer Kazekage, la arena de hierro, pronunció las únicas palabras que Sakura no quería oír.
—Tienes que salir de aquí ahora. —pidió Chiyo. —Vuelve con tus amigos, Sakura. Seguiré sola a partir de aquí.
— ¿Qué dice…?
—No podrás con esto…
La arena al lado de la marioneta comenzó a dar forma de gotas, pero gotas que Sakura estaba segura que le atravesarían.
— Shigure Satetsu!
Aún no era momento.
Pese a que la primera horda fue lanzada, Chiyo volvió a protegerla de nuevo, provocando que sus marionetas quedaran inservibles. Solo unos segundos más. Sasori volvió al ataque, repitiendo el ataque, está vez dejando el brazo de Chiyo indefenso.
—No tienes ninguna escapatoria, abuela. —dijo Sasori. —Esa chica a tu lado no sirve de mucho, solo ha resultado un estorbo para ti, quizás sin ella hubieras tenido una oportunidad.
—Eso no es verdad.
—No veo el interés que tiene en ti. —continuó Sasori, ahora centrando toda su atención en Sakura. Chiyo intercaló miradas entre ambos, había algo, por pequeño que fuese, que los mantenía unidos a pesar de no conocerse; quizás un secreto. —Ni un rasguño me has podido hacer, Sakura.
—Ya lo comprendí. —dijo Sakura, poniéndose delante de Chiyo. —Estaba dudosa desde el comienzo, pero ahora lo entendí.
— ¿Humm?
—Porque me pusieron a pelear contra ti. —bufó Sakura. Ella puso un dedo en su cabeza, provocando que Sasori frunciera las cejas. —Tú tienes algo que me pertenece.
— ¿Y qué es?
Sakura se quitó uno de sus guantes, aventándolo a un costado de la marioneta de Chiyo.
— ¿Sakura? —llamó Chiyo.
—Lo siento, abuela Chiyo. —sonrió ella, dándole una mirada triste. —Por favor, no crea que soy una traidora con esto.
— ¿A qué te refieres?
—Shigure Satetsu!
Al ver las gotas de arena ir directo a ellas, Sakura mordió su dedo rápidamente logrando sangrarlo.
— ¡Técnica de invocación: El cuervo de las alas de acero, Masamune!
Los segundos pasaron en cámara lenta para Chiyo, que buscó correr a Sakura, sin embargo, todo se puso negro en un minuto para ella. Aunque para sorpresa de Chiyo, no estaba inconsciente o muerta, de hecho parecía que algo de gran tamaño la había rodeado, incluso Sakura estaba dentro de ese lugar.
— ¿Qué es esto?
—Usted también es un ninja médico, ¿verdad?
—Sakura, ¿qué es esto?
—Por favor, salve a Gaara por mí. —pidió con una sonrisa. —Se ha convertido en un gran chico, Naruto y Lee estarán muy tristes si llega a morir.
— ¡Sakura!
—Masamune, si se ha detenido el ataque, redúcete. —ordenó Sakura. Acatando la orden, Masamune volvió a la proporción de un cuervo normal, parándose en el hombro de Sakura.
—Ser capaz de invocar a ese cuervo maldito, es una gran hazaña. —alabó el pelirrojo, deteniendo un momento sus ataques.
—Tu arena de acero está formada por pequeñas partículas que se solidifican por instantes debido a tu chakra, lo cual es por demás efectivo. Sin embargo, aun cuando son conocidas por ser de acero, las alas de Masamune contienen otros elementos que las hacen mucho más poderosas, casi tan duro como un diamante. —hubo una pausa, donde Sakura dio un paso y toda la tierra tembló bajo sus pies.
—Wao.
— ¿Y sabes que es lo mejor? —la comisura del labio de Sakura se fue elevando con sorna. —Que ahora Masamune me obedece solamente a mí.
—Eres cruel, Sakura. —habló Masamune, picándole una mejilla. —Aunque no lo parezca me he lastimado un ala intentando protegerlas.
—Dudo mucho que tenga que matarte. —dijo Sakura, golpeando un puño en la palma contraria. —Así que por favor, dime hasta donde tengo que llegar o de lo contrario no me contendré.
— ¿De qué estás hablando, Sakura?
Sasori miró al costado de las rocas, luego dio un suspiro muy grande.
—A donde él intervenga, supongo.
—Bien.
En un segundo Sakura ya estaba corriendo hacía la dirección de Sasori, este mismo chasqueó la lengua, ejecutando un nuevo jutsu pese a la perdida de chakra que eso le traería.
—Satetsu Kaihou!
Era como una enredadera de espinas creciendo cada vez mas rápido, Sakura miró atrás un segundo, también estaba abarcando la parte donde Chiyo estaba.
— ¡Masamune!
El cuervo giró en su propio eje, yendo a la nueva dirección que Sakura le había mandado, directo a proteger a aquella anciana. No obstante, mientras las espinas caían, una nueva posición de manos atrajo la atención del cuervo, era esa lluvia de acero otra vez.
— ¡Sakura…!
Aún en contra de las ordenes de Sakura, Masamune voló lo más rápido que pudo a ella, si absorbía más chakra de Sakura para volver a crecer, ella ya no tendría para seguir luchando y estarían en desventaja, lo único que podía hacer era recurrir al que ella le suministro al principio de la invocación, por lo cual solo pudo crecer hasta tomar el tamaño de la mitad del cuerpo de la chica.
—Tsk. —bufó Sasori, al ver la mitad de su ataque desaparecer. —Si te hubieras metido antes, no tendría que haber gastado demasiado chakra.
—Te pedí que no la mataras. —dijo Itachi, saliendo de entre las rocas. —Y ese ataque lo iba a hacer.
—Humm, quería ver hasta donde podía llegar. —respondió Sasori, desapareciendo la marioneta del tercer Hokage. —No lo ha hecho tan mal, pero creo que has interrumpido en la mejor parte.
—Itachi Uchiha. —dijo la abuela Chiyo, sorprendida. — ¿Por qué…?
Sasori alzó una ceja al ver que de pronto se había quedado inmóvil, observando a la nada.
—Genjutsu, ¿ah? —sonrió. — ¿Qué le estás haciendo ver?
—La muerte de Sakura.
Itachi caminó hasta el cuerpo de su compañera de sueños, Masamune estaba sobre ella, jadeando debido al agotamiento. Sakura en cambio estaba tirada ahí, observándolo en silencio.
—Peleaste bien. —dijo Itachi, poniéndose de cuclillas al lado de ella.
Sakura lo observó un largo momento, como si estuviera reconociendo el rostro que siempre vio en sueños, los entrenamientos y las sonrisas que pasaron juntos, ya no tenían que quedar como algo inalcanzable, ahora lo tenía enfrente suyo, brindándole una oportunidad casi única.
Una que no podría lograr si se quedaba en Konoha.
—Gracias, Itachi-san. —sonrió Sakura, tomando la mano que él le ofrecía.
Casi de inmediato, los tres voltearon hacia la abertura de la cueva, notando la sombra que se movía hasta quedar unos metros delante de ellos.
— ¿Qué estás haciendo, Sakura?
—Lee.
Su amigo bajó la mirada a la mano que le sostenía Itachi, por lo que Sakura la apartó torpemente, sintiéndose avergonzada de que uno de sus mejores amigos la viera así. Itachi se enfocó en Lee, Sasori en cambió estaba recogiendo los pedazos servibles de sus marionetas, ignorando la escena de esos tres.
Lee caminó hasta Sakura, tomándole la mano con cariño. No miró a Itachi, ya había escuchado hablar a Guy de él, prodigio de los Uchiha y asesino, también experto en genjutsus.
—Rock Lee, esto no te concierne. —dijo Sakura, soltándolo. —No quiero que te maten, por favor, vuelve con los demás.
—Sakura. —él tenía un tono de voz decepcionado, casi triste. Sakura en ese instante se quiso tapar los oídos, abrumada por todas las emociones. Rock Lee la observó de reojo, sin bajar la guardia ante Itachi, este medio lo recordó como aquel chico que los ayudó aquella vez en la aldea de la hoja a encontrar el clan Haruno. —Él es Itachi Uchiha, quién mató a todo el clan Uchiha, a quien Sasuke desea matar.
—Lo sé.
—Si lo sabes, ¿por qué vas con él? —preguntó apretando los puños. Sakura se contrajo en sí misma.
—Lo prometí. —respondió ella de inmediato, sus ojos estaban cristalinos, era claro que una parte de ella no quería hacerlo. Pero al mismo tiempo, aquellos orbes verdes en los que Lee amaba verse reflejado, le decían que pasó añorando eso varias noches.
Rock Lee pensó por un momento en lo que su princesa tuvo que soportar toda la vida, desde negarle su verdadera naturaleza hasta ser privada de su libertad, por un bien común del clan Haruno y después por el bienestar suyo con Tsunade. Él no podría entender lo que estaba sintiendo, sería estúpido y grosero de su parte intentar hacerla reflexionar cuando él no entendía eso, tal vez Naruto y Sasuke lo hicieran, pero para cuando llegaran, Itachi y Sakura ya estarían miles de kilómetros alejados.
El equipo siete se fracturaría al instante de su partida.
— ¿Has pensado en Naruto y Sasuke? —preguntó, no como reclamo, sino que él en verdad quería entender qué pasaría con ellos dos.
—Sí. Fingiré mi muerte. —explicó ella. —Itachi-san y este sujeto me ayudarán. —señaló a Sasori que la miró por un segundo, para después volverla a ignorar.
— ¿A qué te refieres?
—Es una historia muy larga, no hay tiempo para contarla, Lee.
Masamune voló a la cabeza del chico, picoteándole la frente para que se quitara de en medio.
—Estará bien conmigo, Rock Lee. Yo la cuidaré. —dijo el cuervo, parando a Itachi con una mirada.
—De eso no me queda ninguna duda, Masamune. —contestó Lee, dando un suspiro. Sakura apretó una mano sobre su ropa, justo encima del pecho; no sabía que tan buena idea sería dejarlo ir con esa información, además Itachi no parecía querer negociar con ello. Su mirada no estaba jugando o Lee se marchaba o perecía.
—Vete, Lee. —se apresuró a decir Sakura, temerosa de la vida de ese chico. Rock Lee entonces tomó su mano y negó con la cabeza. —Lee tú no…
—Iré contigo. —sonrió, dejando pasmada a Sakura. —Por mucho que confié en Masamune, por mucho que tú confíes en Itachi Uchiha, no te dejaré ir sola.
— ¿¡Qué tonterías dices, Lee!?
— ¿Podrías aceptarme? —preguntó Lee, bajando la cabeza ante Itachi. Sakura seguía replicando.
—Eres amigo de Sakura, por eso no te he matado, pero sigues tentando a tu suerte. —dijo Itachi lo más seco que pudo. —Vete antes de que mueras.
—Lo siento, no puedo aceptarlo. —continuó Lee. —Juré que la protegería a costa de mi vida, así que si he de morir para protegerla, lo haré.
— ¡Lee!
—Si me matas ahora, se hará un gran estruendo de esta parte. —dijo Lee, ignorando a Sakura. —Vendrán algunos ninjas, sé que podrías matarlos a todos, pero el objetivo de que te marches con ella, quedará truncado.
— ¿¡Por qué estás haciendo esto!? —reprochó Sakura con los ojos llorosos. — ¡No quiero que te maten!
—Y yo no quiero pensar que ya no podrás volver a Konoha. —sonrió Lee, tranquilamente. —Es muy triste cuando pienso en eso, así que esto es como una pauta en lo que piensas en que quieres hacer en realidad.
Itachi alzó una ceja, molesto por las últimas palabras.
—Sakura. —Lee clavó la mirada en ella, serio. —No puedo seguirte a todos lados, lo sé, pero hasta donde pueda hacerlo, lo haré.
—Yo que tú me daba prisa, esos ninjas de Konoha vienen hacía acá. —dijo Sasori, indiferente. —Podemos matarlos a ambos, a Pain no le interesará.
—No podrás volver a tu preciada aldea. —comentó Itachi, serio. —Sakura se mentalizó mucho para ello, no voy a cometer ninguna falla cuando al fin la tengo conmigo.
—Eso tú no lo decides. —contestó Lee.
—Sí, me iré marchando entonces. —dijo Sasori, emprendiendo marcha. Itachi lo miró mal, tenían poco tiempo antes de que no pudieran escapar.
— ¿Confías en él? —preguntó Itachi.
Sakura miró a Lee y lentamente asintió con la cabeza.
—Sí.
—Andando.
Sakura miró a Chiyo, ella a pesar de todo estaba sangrando por un ataque de Sasori, así que tomando el antídoto se lo suministró, dejándola acostada junto a las marionetas de los padres de Sasori. Ella era la única que podía salvar a Gaara después de todo.
Lee esperó a Sakura, mientras Itachi iba más adelante, ambos se dieron una media sonrisa, exhaustos y frustrados por todo lo que dejaban atrás.
Solo esperaban que valiera la pena.
Al salir de la cueva, Sakura cerró los ojos un segundo, sintiendo como Masamune se posaba de nuevo en su cabeza, al abrirlos pasó saliva, apretando los puños y emprendiendo marcha. Ya después de comería la cabeza por lo que le había hecho hacer a Rock Lee, ya después lloraría a sus amigos, ahora, lo único que anhelaba con todo su corazón era ver ese pequeño mundo a la distancia, que por tanto tiempo intentó alcanzar, y que ahora, no parecía tan lejano.
