Nota de la autora: Hola a todas mis viejas lectoras que están con la boca abierta pensando. En serio que despues de 6 años actualizó la historia. Pues sí decidí regresar de la tumba y actualizar. Recibí un review hace unos meses que me hizo abrir los ojos y ver que tan cretina había sido dejando la historia sin actualizar. Llevo unos 2 meses trabajando en actualizar, les explico por qué. Practicamente fuí por toda la historia y cambié un sin numero de cosas entre ellas el hecho que añadí 2 capitulos, el capitulo 38 y 39 son totalmente nuevos. También les recomiendo que si tienen el tiempo (ya sé que es mucho pedir) que re lean la historia por que literalmente casi todos los capitulos tienen cosas nuevas. Escribí esta historia hace 13 años y cuando la re leí me di cuenta de todas las fallas que tenía asi que arreglé algunas. No quise tocar demasiado el contenido, pero hay cosas en las que tuve que hacerlo. Ademas que le dí mas contexto a algunas de las historias de amor aparte de la de nuestros protagonitas. Bueno lo que les puedo decir es que siento no haber actualizado en 6 años. Pero estoy definitivamente trabajando en el final. Esta vez sí no los voy a dejar hasta que la termine. Espero que la disfruten. Y sí les sale de su corazón me pueden dejar un review, Acepto hasta insultos por haberlos abandonado por tanto tiempo.

Y sí este capítulo lo había publicado pero como les dije tuve que añadir dos nuevo capítulo justo en el medio. Pero el proximo es totalmente nuevo. Así que espero lo disfruten.

Besos

Adelis

Capítulo 49- Sangre, Fresa y chocolate.

La cabeza le dolía de manera casi absurda. Le tomó un momento ajustar sus ojos al extraño lugar. Se sentó y trató de hacer memoria de sus últimos recuerdos, y como un balde de agua helada vino la visión de Luna siendo sacada de aquel cuarto por los enmascarados. Aún no había terminado de recapitular cuando se abrió de sopetón una cortina que rodeaba el lugar donde se encontraba.

- Vaya hasta que despierta señor Malfoy, ya nos estaba comenzando a preocupar que no lo hiciera- dijo una mujer de mediana edad que se encontraba frente a él haciendo unos apuntes en lo que parecía un expediente.

- ¿Dónde estoy? ¿DÓNDE ESTÁ LUNA?- Preguntó en tono autoritario el rubio tratando de ponerse de pies.

- Jovencito se acaba de despertar después de tres días, no se puede levantar de la cama aun. El hechizo que le lanzaron fue muy fuerte podría tener secuelas, necesito que permanezca en la cama mientras se le revisa- le dijo la mujer poniendo una mano sobre el pecho del rubio y obligándolo a sentarse.

- No me puedo quedar aquí, usted no entiende. Tengo que buscarla- le decía el rubio tratando de ponerse en pies nuevamente pero esta vez esquivando la mano de la sanadora. Un fuerte mareo lo hizo perder el balance y casi golpea el suelo si una mano fuerte no lo hubiese sostenido.

- ¿Malfoy, te acabas de levantar y ya andas dando problemas?- dijo la voz masculina dueña de la mano.

- ¿Potter donde está Luna?- le preguntó molesto y algo desesperado.

Harry miró al rubio un momento con pensar. Y se tomó un segundo para contestar.

- Malfoy llevamos tres días buscándola, y aun no tenemos rastros de ella- le contestó en tono muy cansado el pelinegro.

- Potter no se puede haber desvanecido sólo así. Además imposible que lleven tres días si eso pasó apenas hace un rato- le dijo entre confundido y molesto.

- Señor Malfoy lleva tres días inconscientes. El hechizo que le lanzaron sabrá Merlín cual, fue muy fuerte como le dije anteriormente. Aquí en San Mungo se ha hecho todo lo posible para su pronta recuperación- le contestó la sanadora mirando al rubio.

- Bueno en ese caso me puedo ir ya.- dijo Malfoy obstinado como siempre.

- No se puede ir señor Malfoy, no hasta que se haya…- comenzó la mujer

- ME IMPORTA UNA MIERDA, NO PERDERÉ UN DÍA MÁS AQUÍ- gritó molesto.

- Malfoy, si pretendes servir de algo en la búsqueda de Luna te necesito recuperado, sé que estás preocupado, todos lo estamos. Además la estamos buscando incansablemente, en cuanto te recuperes te pondré al tanto de todo pero mientras debes permanecer el tiempo necesario aquí.- le dijo en tono autoritario Harry.

Draco pensó un momento en decirle muchas cosas a Harry pero sabía el ojiverde tenía razón. Así que se limitó a golpear muy fuertemente la camilla y a volver a recostarse en ella. Harry sin mucho más procedió a retirarse aunque la voz seseante del Slytherin lo volvió a detener.

- ¿Potter, cómo se encuentra Xenophilius?- pregunto sabiendo lo importante que era esto para la rubia

- Igual de desesperado que todos, está también internado aquí- contestó Harry.

- Y que paso con Parkinson- el rubio tenía que preguntar. Sabía que Pansy era una arpía pero si en realidad Luna le había hecho daño sabía que no se lo perdonaría ella misma.

- No lo logró, la herida en su cuello era muy profunda se desangró antes de que alguien pudiera ayudarla- contestó Harry en tono neutral.

Draco miró un momento al moreno y agregó

- Sabes... si esos desgraciados le hacen algo a Luna los voy a matar Potter, eso es una promesa. Así sea mi padre quien esté detrás de esto- prometió en tono frío el rubio y Harry asintió con la cabeza, luego se retiró sin decir nada sabiendo que esto último era una afirmación y no una amenaza.

Draco abrió los ojos, la oscuridad lo rodeaba. La cama de hospital donde se encontraba era unas de las más incómodas en las cual el rubio había dormido. Decidió acomodar su cuerpo, al acostarse de lado casi se cae de la cama al ver que había una figura sentada en la silla que estaba justo a lado de la cama.

- Señor Malfoy, veo que está despierto- dijo la ronca voz de un hombre. En la oscuridad, Draco no podía distinguir quien era.

- Lumos- dijo el rubio chico y una pequeña lámpara en la mesa se encendió. Lo que lo dejó ver al hombre sentado allí. Un muy maltrecho y cansado Xenophilus Lovegood lo miraba. Draco se sentó en su cama enfocándose en el hombre.

- Señor Lovegood, cómo se encuentra?- fué lo que atinó a pregunta Draco. No sabía que el hombre hacía allí en la oscuridad del cuarto y observando al rubio dormir. Era un poco inquitente.

-¿Quien se llevó a mi hija Malfoy?- preguntó el hombre ignorando la pregunta del rubio.

- Fueron los mortifagos. La quieren por su magia negra - contestó Draco- Traté de salvarla señor… traté- dijo Draco con voz casi quebrantada. El pensamiento que se lo comía desde el momento que se había levantado era el hecho de que no pudo detener a los mortifagos. Se la habían llevado en su propia cara y el no pudo detenerlos.

- Joven Malfoy, en realidad ama a mi hija?- le preguntó el hombre tomando al rubio por sorpresa.

- Sí, señor. Luna es lo único que me importa en la vida- respondió sinceramente.

- Si ese es el caso, no descansará hasta encontrarla. Tenemos que encontrar a mi hija. Su magia… su magia es muy poderosa para estar en manos de el señor tenebroso. Ella es muy poderosa- le dijo Xenophilus en un tono desesperado.

- Señor Lovegood, debería estar en su cama- dijo una enfermera que acababa de entrar en la habitación. Y exaltando a los dos hombres que no la habían oído entrar. La mujer Tomó con cuidado el brazo de Xenophilus y lo ayudó a ponerse de pies.

- Si de verdad la amas me la traerás de vuelta- fue lo último que dijo antes de ser sacado de allí por la enfermera.

- Así lo haré, es una promesa- dijo Draco pero ya se encontraba solo.

El se recostó en la cama pero el sueño no vino a él. Cumpliría su promesa, encontraría a Luna y haría pagar a todo los que le habían hecho daño. Su rubia no se merecía todo lo que estaba pasando. Tanto derramamiento de sangre, tanto sufrimiento. Una vez encontrara a Luna se hizo la promesa que la ayudaría a olvidar todo aquello. La haría feliz. Quería hacer una vida con ella. Quizás en unos años hasta tener un hijo o dos con ella. El rubio nunca había sido fanatico de los niños y la idea de ser padre le repugnaba un poco, pero la idea de uno con Luna no le parecía del todo horrible. Pero primero tenía que encontrarla. Debía encontrarla. No podía imaginarse una vida sin ella, no quería una vida sin ella. Con eso en mente y la ayuda de los medicamentos se sumió en un pesado sueño. Su último pensamiento fue su rubia, y sus ansias de volver a tenerla en sus brazos.

…...

Dolor, era el único pensamiento que pasaba por su cabeza. No solo el dolor físico que ya era insoportable, también su dolor emocional. Se encontraba en posición fetal sobre la pequeña cama que la había sostenido por mucho tiempo, ya había perdido la cuenta de cuanto, solo veía por una pequeña ventana pasar el día y la noche. Sabía que llevaba unos meses, cuántos exactamente no había manera de saberlo a ciencia cierta. Sentía que tenía que salir, si sus cálculos ya muy imperfectos no fallaban el día debía estar cerca, no podía darse el lujo de que ocurriera todo allí. Pero ya no le quedaban fuerzas para luchar. Sus pies hinchados ya casi ni la sostenían así que mucho menos podría darse el lujo de tratar de huir, le habían retirado la cadena que hasta hace unas semanas atrás ataba su pierna, su condición física la hicieron innecesaria, además ella no pondría en riesgo todo lo que ahora era importante en su vida, se había limitado a solo permanecer en cama. Se sentía como un animal indefenso a la merced de sus captores. Lágrimas de impotencias circulaban sus mejillas nuevamente. La puerta de la habitación se abrió, ella ni se molestó en voltear a mirar quien entraba. Sabía que debía ser hora de la cena.

- Buenas Tardes señorita Lovegood- dijo la voz fría de una mujer con la que ya Luna se había familiarizado. La rubia ni se inmuto a contestar el saludo.- Aquí le tengo su cena, la cual tiene que comer. Hoy no tiene opción.- le dijo poniendo una bandeja encima de una pequeña mesa que acercó a la cama de la rubia.

- No tengo hambre, tengo muchas náuseas y dolor- contestó Luna sin siquiera mirarla.

- Señorita, me dieron ordenes explicitas de hacerla comer - le dijo sin cambiar el tono la severa mujer quien se paró frente a la bandeja y la acercó más donde la rubia.

La rubia pensó un momento en oponerse nuevamente pero sabía lo que sus secuestradores eran capaces cuando ella no hacían lo que ellos querían, y en el estado en que se encontraba no podía darse el lujo de recibir ningún maltrato. Así que con ayuda de la mujer se incorporó hasta quedar sentada.

- ¿Podría tomar una ducha antes de comer?- preguntó en tono bajo.

- Si niña, pero sabe que no me retiraré de la habitación hasta que coma.- diciendo esto se sentó en la cama de la rubia de piernas cruzadas.

Luna tomó una toalla que estaba sobre la cabecera y camino al baño con trabajo. El baño era bastante grande y no se habían molestado en quitar la puerta, no poseía ninguna ventana por donde pudiera escapar. La rubia dejó correr el agua caliente para llenar la tina. Se despojó de la bata blanca que llevaba quedando totalmente desnuda. Ya apenas y se veía los pies. Posó su mano sobre su vientre cuando iba a entrar en la tina pero en el momento en que se disponía a sostenerse de la agarradera para entrar, su mano se resbaló haciendo esto que perdiera el balance y cayera al suelo de espalda. La rubia sintió como si algo se desgarraba en su interior, trató de incorporarse pero en cuanto lo hizo una fuerte punzada en su entrepierna la hizo volver a recostarse del suelo, de pronto se sintió mojada. Con la respiración agitada llevó su mano entre sus piernas y pudo sentir como agua salía de ella. Sin poderlo evitar de su boca salió un fuerte alarido de dolor, no solo del dolor por lo que estaba pasando si no su dolor emocional que fuera precisamente en su encierro que pasara. Había roto la promesa que ella misma se había hecho.

El rubio se levantó agitado. Su respiración errática y descontrolada. La había soñado de nuevo. Pero esta vez a diferencia de todas las demás tenía un lugar. La había escuchado gritar muy claramente, aunque no sabía el por qué sabía que estaba sufriendo. Como pudo se colocó una camisa y bajó corriendo las escaleras de la mansión Black. Allí en el comedor se encontraba sentado un ojeroso Harry que observaba un mapa.

- La vi Potter. Pero esta vez tengo datos.- le dijo Draco a Harry mientras tomaba un papel blanco y un lápiz y comenzaba a hacer trazos sobre este a la velocidad de la luz, casi frenéticos.

- ¿De qué hablas Malfoy? - le pregunto el pelinegro no entendiendo bien lo que había dicho el rubio por la rapidez con la que había hablado.

- Tuve un sueño, pero sé que no es solo un sueño - le decía exasperado Draco quien estaba muy concentrado en lo que hacía. En momentos así agradecía que Grace le hubiese enseñado a dibujar bastante bien, ya que la única manera de poder sacar sus pensamientos de manera rápida y sin un pensadero era así.

Después de un rato tenía una casa en medio de un bosque. Dio un fuerte golpe en la mesa exasperado y se dejó caer en una silla al lado de Harry quien lo miraba de manera extraña.

- Ahora me puedes hablar en español.- le dijo mirándolo y esperando una respuesta. Ante el comportamiento casi demente de Draco.

- Tuve un sueño, estaba Luna encerrada en un cuarto acostada. Lo único que podía ver era su espalda, pero era raro porque era como si escuchara lo que pensaba. Estaba pensando en huir, pero también pensaba que no podía porque estaría en riesgo si lo hacía. Sentía dolor y miedo. Luego no sé cómo la visión se fue a las afueras del lugar donde se encontraba, vi que era una mansión pero no reconozco donde es, en ese momento oí un grito y me levanté.- dijo mientras ponía sus dedos sobre el puente de su nariz y se frotaba tratando de acordarse de todos los detalles.

- Malfoy no quiero ser negativo pero como sabes que no es un simple sueño- le preguntó la voz de Ron quien había llegado al lugar sin que Draco lo hubiese notado.

- Solo lo se Weasley y estoy seguro que este es el lugar donde la tienen- dijo acercando el dibujo a Ron.

- Sé dónde es..- dijo Hermione quien acababa de entrar con una taza de café al lugar y el cabello hecho una maraña. Dejó la taza sobre la mesa y tomó el dibujo. Los tres chicos la miraron entre extrañados y expectantes. Después de un momento volvió a hablar.- Es el Bosque San Roots en Londres Muggle.- dijo la castaña.

- ¿Cómo lo sabes?- preguntó Draco.

- Fui muchas veces a escalar con mis padres cerca de allí y siempre me pareció curiosa esa casa en el medio de la nada, es una mansión hermosa. Pero allí viven muggles.- dijo más como factor que como duda Hermione.

- Oigan no se si me creen o no pero hay que ir allí. Se que es donde tienen a Luna y si ustedes no me acompañan me iré solo no me importa. Ya han pasado 8 meses desde que perdimos a Luna y no quiero esperar más. Así que voy a tomar acción así sea solo. ESTOY HARTO DE QUEDARME A ESPERAR PISTAS AQUÍ, CUANDO ELLA ESTA SUFRIENDO SABRA MERLIN QUE TORTURA- Dijo alzando la voz el rubio y mirando a los tres adolescentes.

- Malfoy, no estoy poniendo en duda lo de tu sueño. Se lo que es tener un vínculo con alguien de esa índole. Pero tampoco podemos lanzarnos totalmente a ciegas. Le diré a la orden lo que tenemos. Ellos irán a investigar y de ser allí, sé que nos dirán. Así podremos prepararnos de manera adecuada para que el rescate sea un éxito. No podemos permitir que las cosas salgan como en el primero. Solo te pido un día como máximo dos- Le dijo Harry en tono calmo. Sabía que Draco estaba desesperado y no lo culpaba.

- Dos días Potter, dos días es lo que tienes. Si no voy a ir por ella, no me importa lo que digas.- le dijo el rubio y volvió a encaminarse escaleras arribas pisando fuerte.

Los tres lo miraron en silencio mientras subía y azotaba la puerta de su habitación.

- Saben esto sonará raro y unos meses atrás jamás se me hubiese pasado ni por la mente un pensamiento así. Pero me da mucha pena por Malfoy. Sé que está sufriendo muchísimo, ha tenido muchas pérdidas y Luna es lo que le queda no sé cómo tiene que sentirse el perder todo lo que amas y lo que te queda pendiendo de un hilo. - dijo Hermione sentándose al lado de Harry con sus ojos inundados en lágrimas.

- Yo sí sé lo que se siente y créeme no es agradable -dijo Harry. Poniendo la mano sobre la mano de su amiga y tomando aire.- pero ya verán que todo va a salir bien y pronto tendremos a Luna bailando a nuestro alrededor como siempre- dijo Harry con una sonrisa de añoranza.- Bueno es hora de dar las nuevas noticias a la orden. Voy a mi habitación a escribirle a Kingsley y a Dumbledore. Y creo que después tomaré una siesta me siento exhausto- le dijo el pelinegro poniéndose de pies y tomando el mismo camino que el rubio.

Draco caminó un momento al baño. Se dirigió a lavarse los dientes ya que con la prisa no lo había hecho. En eso alzo su vista y se miró en el espejo que le devolvía una imagen deplorable. En los últimos meses no había dormido casi, además tenía una barba que no se había afeitado en mucho tiempo, apenas y había salido de Grinmund Place desde que le habían dado el alta del hospital, y si lo hacía era para seguir alguna pista que no lo había conducido a ninguna parte. Decidió que era tiempo de arreglar su aspecto un poco, tenía muchas esperanzas con esta pista de la mansión, estaba seguro que la vería allí. Así que se metió en la ducha y abrió el grifo dejando que el agua lo empapara. Pensó de nuevo en el sueño debía ser paciente, no era la primera vez que la soñaba aunque nunca la veía claramente, la veía sufriendo y adolorida, esto lo frustraba más que nada. La extrañaba demasiado… aunque más que extrañarla era una necesidad, necesitaba tenerla con él y a salvo. Tomo la navaja de afeitar y con cuidado se rasuró el rostro eliminando la grotesca barba. Al acabar se vistió, pulcramente como hace mucho no lo hacía, se colocó un pantalón y una camisa negra. Cuando terminaba de abotonarse la camisa escucho que tocaban la puerta de su habitación.

- Pase- dijo mientras se miraba en el espejo.

- Hola Hijo- dijo haciendo entrada a la habitación una anciana con una bandeja de comida en las manos.

- Gracias Nana pero no tengo hambre- le dijo con mucha cortesía y respeto el chico.

- Jovencito tiene que comer, su peso a disminuido muchísimo en estos últimos meses. Si quieres estar fuerte para mi niña tienes que comer.- le dijo dejando la bandeja sobre la mesa de noche. Luego se giró a mirar al rubio recién afeitado.- vaya que guapo. Aunque creo que necesita un corte- le dijo la anciana haciéndolo tomar asiento y dirigiéndose al baño a buscar una tijera.

El rubio se sentó muy derecho y dejó que la anciana le recortara el cabello. Debía admitir que la nana de Luna era una mujer muy dulce. Desde el secuestro de la rubia su vida entera había cambiado, llevaba ya 8 meses viviendo en Grimmund Place, tomando su clases vía lechuza ya que los profesores les enviaban las tareas, conviviendo con los que habían sido sus enemigos por mucho tiempo y ahora eran sus más leales aliados. El padre de Luna también se había movido allí, aunque a veces parecía no estarlo, su estado mental se había deteriorado con la pérdida de la rubia, por esto la nana de Luna se mudó con ellos también. Aunque tomándolo de un punto de vista un poco más macro cósmico había sido como un bálsamo para todos allí, ella era como una madre consentidora. Les cocinaba, se encargaba de que comieran y de subirles el ánimo de una manera u otra. Él le estaba muy agradecido, sin ella allí esos 8 meses hubiesen sido intolerables.

- Bueno mi niño quedaste hermoso, así que ahora come- le dijo la anciana tomando la tijera.

- Gracias nana- le dio una sonrisa sincera Draco.

- No es nada pero ahora si a comer.- le dijo en tono dulcemente autoritario y luego salió de la habitación dejándolo con un sentimiento de agradecimiento que muy pocas veces había sentido.

Harry ya un poco más descansado se encontraba sentado con una taza de té de naranja en su mano. Se acaba de dar un baño y se sentía con nuevas energías. Ya había notificado a Kingsley, solo esperaban su respuesta. A pesar de estar descansado al momento no podía evitar sentirse exhausto, desde sus once años había sido una batalla tras otra y más que nada estos últimos meses se habían hecho eternos, tener sus seres amados en peligro cuando le quedaban tan pocos era inaceptable. Para Harry, Luna era como una hermana, la cual siempre estaba a su lado pasase lo que pasase y era totalmente agonizante no saber si estaba bien o a saber Merlín a qué clase de trato estaba siendo sometida. Escucho la puerta de la cocina abrirse y de ella salió Ginny. Se veía hermosa como siempre, se le dibujó inconscientemente una sonrisa en sus labios al ver a la pelirroja.

- Es increíble cómo pasa el tiempo, no tenía idea que ya era sábado- le dijo Harry

- Si, llegue ayer en la noche. Ya dormías por eso no lo notaste- le dijo sonriendo de vuelta la chica.

Dumbledore les había pedido a todos que regresaran al colegio. Aunque el trío de oro y Malfoy se habían negado rotundamente a esto, los demás habían regresado. Así que los fines de semanas lo que tomaban clases volvían a Grimmund Place para ayudar. Nick y Narci habían abandonado el colegio por completo para cumplir con su tarea de agentes. Tambíen tratando de encontrar pistas acerca del paradero de Luna. Ellos iban y venían a la casa, y los mantenían informados de sus hallazgos, aunque ninguno había dado frutos tampoco. Nick había perdido peso y siempre estaba al borde de golpear a Draco cada vez que se aparecían en la casa. Por eso Narci trataba siempre de ir sola. Narci iba todos los fines de semana, ya que era cuando Neville, podía ir a la casa. Después del choque de descubrir que su novia era una agente especial del ministerio habían arreglado las cosas. Y trabajaban su relación alrededor de todo. Lo que parecía funcionar para ellos.

- ¿Cómo vamos con la búsqueda?- pregunto Ginny tomando asiento junto al moreno.

- Tenemos una pista, no sabemos qué tan sólida pueda ser, pero tenemos buenas esperanzas puestas en ella.- Le dijo Harry.

- Te vez cansado Harry- le dijo la chica mirando las ojeras bajo los bellos ojos esmeralda del chico.

- Es que no he dormido muy bien, me la paso entre siestas y siestas pero si te soy totalmente honesto estoy exhausto.- le contestó el chico.

- Ven- le dijo la chica poniéndose de pies.

- ¿A Dónde?- preguntó Harry sospechosamente.

- Solo ven y no preguntes- le ordenó Ginny con una sonrisa extendiendo su mano. Harry le dio una mirada algo dudosa pero tomó la mano de la chica que lo guió fuera de la casa. Caminaron unas cuadras y llegaron a una heladería. Una anciana atendía el mostrador. Cuando vio a los chicos entrar agarrados de manos no pudo evitar que un gesto de ternura se dibujara en su rostro.

- Que hermoso es el amor adolescente- dijo a los chicos. Ambos se tornaron del color del tomate y no pudieron evitar reír, pero aun así sus manos no se soltaron, ni corrigieron a la anciana. - Bueno jovencitos ¿qué van a querer?- preguntó luego.

- Yo quiero un helado de menta con chispas de chocolates- dijo Ginny sonriendo.

- Yo quiero uno de fresa- dijo el pelinegro.

Ambos tomaron sus helados y salieron de la heladería.

- Explícame ahora esto del helado- le preguntó en tono divertido el chico mientras tomaban asiento bajo un árbol cerca de la heladería.

- Pues simplemente te quería sacar un rato de la casa. Llevas muchos días ahí metido, planeando y haciendo estrategias. No te matará un ratito de aire puro y un buen helado- le dijo ella sonriéndole.

- No olvides la buena compañía- agregó el pelinegro sonriéndole de manera casi de coqueta.

- Si eso sobre todo- le dijo ella soltando una carcajada que hizo reír a Harry.

- Tienes una bella risa Ginny- le dijo el moreno haciéndola sonrojar.

- Ni digas! - le dijo ella dándole una palmadita amistosa en el hombro.

- Es cierto. No miento.- le aseguró él mirándola.

- Pues gracias. Tu sonrisa no se queda atrás, si me preguntas a mí.- le respondió aún muy sonrojada.

- Bueno gracias.- dijo y lamió su helado el chico.

- Harry te puedo preguntar algo.- le dijo Ginny en un tono bajo.

- Claro- respondió el pelinegro.

- ¿Te gusto?- pregunto sin rodeos. El pelinegro casi se atraganta con el helado.

- Bueno… este Ginny…- comenzó a tartamudear.

Sorprendentemente y sin previo aviso. La pelirroja se acercó sin vacilar al chico y sin decir una palabra simplemente juntó su boca a la del pelinegro. Por un momento esto sorprendió a Harry pero no tardó nada en recuperarse de la impresión y devolverle el beso a la chica. Un beso lento pero apasionado. Llevaba mucho aguantado las ganas de besarla, le sorprendía que hubiese sido ella quien hubiese tomado la iniciativa pero para nada le molestaba tampoco. Había una mezcla de sabores de menta con fresa para nada desagradable. La pelirroja se despegó solo unos centímetros de la boca del ojiverde.

- Esta era la respuesta que necesitaba- le dijo ella con una sonrisa en los labios. Harry también sonrió y volvió a besarla. Sabía que estaban en medio de una guerra, sabía que tenía que buscar a Luna, sabía que tenía labores que realizar. Pero después de tanto esfuerzo merecía aunque fuera un momento de felicidad y en los labios de la pelirroja esto era perfecto.