52. Promesas del pasado.

—Llevará algo de tiempo, pero lo conseguiremos, Tsunade-sama. —dijo Kurenai.

—Partirán en dos horas, así que alisten todo lo que puedan. Y prioricen su seguridad, no intenten pelear con ningún Akatsuki.

— ¡Entendido! —dijo Kurenai y los demás miembros del equipo ocho.

Hinata salió en silencio, preocupada por Naruto. Según Tsunade, los cuerpos de Sakura y Lee estarían en el hospital para extraer el veneno de Sasori y poder estudiarlo, en esos momentos Shizune y otro personal médico de Konoha se encarga de ello.

— ¿No deberías ir a verlo? —preguntó Kiba, subiendo a Akamaru. Hinata lo observó, sabiendo perfectamente a que se refería. —Sé que tu relación con él no es tan cercana como nos hubiera gustado, pero… al menos asegúrate de que esté bien.

—Debo ir a arreglar mis cosas.

—Deja de preocuparte por cosas insignificantes. —bufó Kiba, dándole un golpecito en la cabeza. —Hanabi, tu padre e incluso Neji ya me conocen demasiado bien, estoy seguro que no se opondrán si les digo que estoy ahí para preparar tu equipaje.

—Kiba…

—Si te preocupa que vea tu ropa interior le diré a Hanabi que la aliste por mí. —sonrió, simplón.

— ¡Kiba!

—Que repulsivo, Kiba. —intervino Shino.

— ¡No quiero escuchar eso del sujeto que tiene insectos en su cuerpo! —reprochó Kiba, ruborizado.

—Solo ve. —masculló el castaño, emberrinchado. —Basta con ver tu rostro para saber que te mueres de preocupación por Naruto, así que deja de perder el tiempo.

—Kiba tiene razón, Hinata. —se metió Kurenai. —Si vas con todas esas preocupaciones a la misión, será peligroso. Solo charla un rato con él y después pasa por Kiba, nos veremos en la entrada de la aldea en dos horas, ¿de acuerdo?

— ¡Entendido!

Hinata fue la última en marcharse, rascándose una parte de la cara, suspiró y avanzó. Era estúpido pensar que ella se sintiera mal al no poder cumplir la promesa que le hizo a Naruto cuando niños, él, Sasuke y Kakashi deberían estarla pasando fatal, lo mismo sucedía con su primo Neji y su equipo. A pesar de que no había convivido mucho con las personas muertas, el hecho de pensar que eso podía sucederle a Kiba, Shino o Kurenai, le partía el corazón, y pensar que en vez de Lee pudo ser Neji, le destrozaba el alma.

Si bien eran limitadas las misiones que compartía con el equipo Guy, debido a que preferían separar a los dos Huyga para tomar más terreno, Hinata estaba considerando comenzar a pedir más misiones con él, de esa forma se aseguraría de protegerlos.

Y la posibilidad de que pasaran estas tragedias, aunque fuera un dos por ciento, reduciría.

Al estar frente a la casa de Naruto, tardó bastante en lograr tocar la puerta, aunque nadie contestó pudo escuchar el quejido de Naruto. Así que volvió a intentarlo, ahora no escuchó nada de nada.

—N-Naruto, soy Hinata. —dijo, preocupada. ¿Y si se había lastimado?

De nuevo hubo silencio.

— ¿Naruto?

— ¡Quiero estar solo, vete! —gritó Naruto. Hinata se encogió en sus hombros, sorprendida por el grito y la intensidad del mismo, la voz de Naruto estaba rota.

—Tsunade-sama nos encargó la misión de ubicar a Sasori, Naruto. —bien, aunque fuera un truco sucio, necesitaba saber que Naruto se encontraba bien.

Casi al instante escuchó como el rubio corrió a la puerta, golpeándose estruendosamente con la pared al no frenar a tiempo y después abrió.

Hinata pasó saliva al verlo, ¿dónde estaba el chico alegre y energético que siempre iba con una sonrisa a todos lados? Y no, no es que estuviera buscando que sonriera en una situación así, nadie podría hacerlo, pero… Naruto se veía tan mal, que parecía que jamás recuperaría esa alegría.

Sus ojos estaban hinchados al igual que sus labios, seguro por estarlos mordiendo. Tenía rastros de lágrimas por sus mejillas y se notaba cansado, de llorar, de pensar, de la culpa que seguro estaba cargando en sus hombros.

—Hinata, la vieja bruja me ha prohibido ir con ustedes. —comentó Naruto, aquella frase sonaba como el fin del mundo. —No estás aquí porque haya cambiado de opinión, ¿cierto?

—No, Naruto. —murmuró, entrando a la casa; al menos entendió que podía hacerlo cuando el rubio dejó la puerta abierta.

—Tienes que encontrar a ese bastardo, Hinata, por favor.

—Lo haré. —sonrió a medias, notando el polvo que cubría los muebles, incluso la cama parecía algo sucia pero al chico no pareció importarle, igual se volvió a acostar sobre ella. — ¡Definitivamente lo haré, Naruto!

—Mataré al bastardo que se atrevió a hacerle eso a Sakura y a Lee.

Hubo otro silencio antes de que Hinata volviera a hablar.

—Yo…

—No tengo ganas de ver a nadie, Hinata, gracias por venir, pero… por favor, vete. —pidió el chico, dejando que su cabeza reposara de nuevo en la almohada.

—Lo siento, Naruto. —dijo Hinata, parada delante de él, a unos cuantos centímetros de poder abrazarlo y reconfortarlo. No obstante, desistió.

— ¿Eh? —el chico se volteó hacia ella, confundido por su respuesta.

Hinata le hizo una pequeña reverencia en señal de despedida y se marchó de ahí, cerrando la puerta con suavidad. Naruto aunque confundido, pudo notar que la mirada de Hinata había cambiado de una preocupada a una seria y segura, casi prometiéndole con la mirada que cumpliría la misión asignada.

No había durado ni diez minutos su visita, en el transcurso del camino pensó en todas las palabras de aliento que le pudo dar a Naruto, en buscar animarlo, pero al verlo en ese estado se dio cuenta que ninguna de ellas servirían, porque Naruto no quería esas palabras de ella. Fue una tonta en pensar que podría animarlo cuando ni siquiera pudo cumplir la promesa que le hizo de niños.

"Protegeré a Naruto y eso conlleva a proteger todo lo que ama."

Era claro que ya no podía hacer nada por Sakura, nada la traería a la vida, ni a Lee tampoco. Pero podía capturar al sujeto que la mató, evitar que Naruto y Neji se mancharan las manos por una venganza.

—Hinata-sama, pensé que volvería más tarde. —comentó Neji. Estaba entrenando, seguro para mantener su cabeza ocupada y olvidarse de todo lo demás. —Kiba fue con Hanabi a preparar sus cosas.

—Sí, Kiba dijo que lo haría.

—Ya veo, ¿requiere alguna…información…? —balbuceó Neji, al recibir el abrazo de su prima. Con sus mejillas coloreadas de rosa permitió el mimo que ella le hizo en la cabeza.

—Lo siento mucho, hermano Neji. —masculló Hinata, con la cabeza enterrada en su hombro. —Debe dolerte mucho haber perdido a Lee.

—Hinata-sama.

—No tienes porque ocultarlo, somos familia, estoy aquí para escucharte. —dijo ella. Al instante sintió que Neji correspondía el abraza, poniendo la cabeza en su hombro.

El ver a Naruto también la hizo entender que su lazo con él no era demasiado fuerte, que no era la persona indicada para consolarlo y aprovecharse de ese momento para que Naruto generará sentimientos hacía ella, sería repulsivo. Por eso no insistió más, porque alguien con quién sí tenía estrechos lazos la necesitaba más que nunca, Neji.

Permanecieron abrazados durante un largo tiempo, pese a que Hinata no sintió que ninguna lágrima le cayera en el hombro, al momento de separarse, sí sintió que Neji se había relajado un poco.

—Gracias, Hinata-sama.

Ella negó con la cabeza. —Lamento no haber venido corriendo a ti cuando me enteré. —se disculpó, tomando las manos de su primo. —Te prometo que encontraré a quienes te lo arrebataron, hermano Neji.

Una sonrisa sincera se formó en él, asintiendo con la cabeza.

—Cuídate mucho, la heredera del clan Hyuga tiene que regresar.

Hinata desvió por unos momentos la mirada a un lado, aunque luego terminó por darle una sonrisa.

—No te preocupes hermano Neji, gracias a ti y a mí padre me he vuelto mucho más fuerte.

—.—.—.—.—

—Es extraño, Tsunade-sama. —comentó Shizune, preocupada. —Pese a que son el mismo tipo de sangre de las pruebas que tenemos en el laboratorio de hace tiempo, no coinciden en la máquina.

—Déjame ver.

—Lo hemos hecho tres veces y en todas ha dado positivo. —siguió Shizune caminando detrás de ella. —Extrajimos una prueba de su sangre para detectar el veneno, sin embargo, uno de los médicos sugirió compararla con una muestra de sangre fresca que teníamos de ambos, para ver como perjudicó el veneno a esta.

—Y dio que no era la suya.

—Exacto. —ella rascó su cabeza, sin comprender. —No obstante, es el mismo tipo de sangre y los cuerpos no están truqueados o algo así.

— ¿Ya has hecho una prueba con la medula ósea? —preguntó. —Aún tenemos el expediente de Lee, por lo que una vez que tengamos el resultado sabremos qué está pasando.

— ¿A qué se refiere, Tsunade-sama?

—Probablemente ellos pensaron que los enterraríamos al tiempo que llegaran a la aldea.

— ¿Ellos?

—No, incluso fueron más listos que eso. —Tsunade se detuvo en medio del pasillo del hospital, con la mano en la barbilla, poniendo a funcionar todas sus neuronas que parecían procesar toda la información casi en un segundo. — ¿Qué estás esperando, Shizune? Haz esas pruebas de inmediato.

— ¡C-Como ordene! —contestó ella torpemente, asustada por el grito.

Si es lo que estaba sospechando, no quería darles un segundo más de tiempo a esos bastardos para tener a Sakura en sus manos.