Los días transcurrieron bastante rápidos para el clan recién formado. A Ginny le agradaba bastante tener gente entrando y saliendo de su nuevo departamento. Finalmente ya no se sentía tan sola. Desde que Hermione decidió dejar a Ronald, la castaña se quedaba en el departamento de su amiga y todas las mañanas el mismo Draco Malfoy se encargaba de llevarla hasta San Mungo con la firme creencia de que el pelirrojo no se atrevería a enfrentarse públicamente a él. Interiormente todos sabían que lo que el hijo de Narcissa Black deseaba era que Ron lo enfrentara, para así tener un buen pretexto que justificase el romperle la cara. Draco realmente quería hacerle pagar todo el dolor de la castaña, pero tanto Ron como Harry mantuvieron un perfil bajo durante aquellos días. Tal acción no hizo más que confirmar las sospechas de todos: Harry Potter realmente seguía tras el puesto de Ministro y Ron Weasley, su mejor amigo, seguramente se quedaría como encargado del Departamento de Seguridad Mágica, segundo al mando.
A Ginny le agradaba conversar con Blaise, creía que era un buen tipo a pesar de todo. Blaise por su parte no perdía el tiempo de sonreír de forma coqueta hacia la pelirroja provocando que Ginny de vez en cuando le golpeara el brazo. Nadie sabía si las intenciones de Blaise Zabini eran serias, Draco estaba convencido de que su amigo amaba a Pansy Parkinson, y que solamente le gustaba jugar con la mujer de su padre. Y realmente esperaba tener razón. Por otra parte, Edward Swan se la pasó explicando paso a paso y de la forma más sencilla posible las leyes mágicas a Narcissa para que ésta supiese como responder en dado caso de que tuviese que intervenir durante la campaña de Blaise, lo cual era casi seguro. La mujer poco a poco había perdido el miedo a hablar de leyes y seguridad mágica, aunque estaba segura de que se quedaría muda cuando el momento llegara. Si la ex mujer de Lucius Malfoy no se encontraba junto a su abogado y amigo, entonces estaba junto a Ginny aprendiendo cada vez un poco más de la chica.
Ninguna de las dos mujeres habría imaginado ni remotamente que terminarían charlando como las más íntimas amigas, y es que si la madre de Draco deseaba hacer un papel convincente de Ginny Weasley necesitaba conocerla. Así que la pelirroja optó por platicarle muchas cosas a la mujer, entre las cuales al único que no mencionó más de lo necesario fue a Lucius Malfoy. Todos podían notar la tristeza en el interior de la pelirroja, tristeza que luchaba por mantener oculta.
—Sí, bueno —sonrió Narcissa—, yo tampoco habría imaginado que terminaríamos así. No después de todo lo que ocurrió antes, durante y después de la guerra.
—Los Malfoy no hicieron tan mal papel después de la guerra, Cissy.
—Quizá, para mi desgracia no represento únicamente al apellido Malfoy sino también al Black, y el Black sí que causó bastante daño...
—Tú no eres como tu hermana, nunca lo serás.
—Ojalá yo fuera como tú crees que soy, niña —sonrió ampliamente la mujer al tiempo que suspiraba hondo y finalmente posaba su mirada en el abultado vientre de Ginny—. Ese niño no para de crecer... dentro de poco será necesario comprarte ropa especial.
—Hermione me trajo un par de cosas ayer, mi ropa normal ya no me queda.
Narcissa Black rio suavemente al notar la preocupación en el rostro de la joven.
—Es normal. Cuando el bebé nazca podrás regresar a tu peso, eres bastante joven, así que no te preocupes. Todo saldrá bien.
—Eso espero, en serio lo espero... —murmuró al tiempo que acariciaba su vientre con sumo cariño. La mujer de largos cabellos rubios la miró conmovida.
—Así será... pronto saldremos de esta, niña. Y cuando todo regrese a la normalidad... podrás disfrutar del resto de tu embarazo.
La joven creyó por un instante que la mujer mencionaría al padre de su bebé, pero la bruja se detuvo antes de pronunciar el nombre de su ex marido, gesto que Ginny agradeció. Se puso de pie lentamente y caminó hacia su recámara, deseaba recostarse un momento. Sus pies estaban algo hinchados y ya dolían.
Hermione no tardó en unirse a ella. Al menos eso sintió la pelirroja, quizá sí había demorado más de lo que pensaba.
—Esto está de locos —comentó la castaña sentándose en el borde de la cama—. Pero ya está tomando forma, sí que sí.
—No te escuché llegar.
—No tiene mucho realmente, la guardia estuvo tranquila gracias a Merlín. Draco y Blaise fueron por algo de desayunar, creo que estuvieron toda la noche armando la estrategia de campaña.
—Algo así —sonrió su amiga—. Yo les ayudé en lo que pude, pero el embarazo me provoca bastante sueño.
—Es lo normal, el lunes te toca chequeo conmigo, ¿recuerdas?
—Lo recuerdo perfectamente bien, pero hoy es sábado, así que déjame ser feliz.
Ambas rieron con suavidad y la castaña terminó por asentir.
—De acuerdo, de acuerdo. Dejaré de hostigarte con la consulta por ahora, el lunes ya verás. Realmente espero que te estés tomando las vitaminas.
—Sin falta, doctora.
Hermione sonrió ampliamente y estiró una de sus manos para acariciar los dedos contrarios. Ginny entrelazó su mano con la de su aún cuñada. El silencio pronto se hizo presente entre ambas brujas y solo entonces Hermione tuvo una visión amplia del dolor que su amiga llevaba muy dentro de sí. En las últimas semanas únicamente había visto a una Ginny decidida que peleaba y reía junto a Blaise mientras se preparaban para dar el golpe final. Había visto a una pelirroja que se dejaba consentir por Draco y que platicaba de cosas bastante personales junto a Narcissa, la veía fuerte a pesar de hablar de Hogwarts o los Weasley, y del porqué decidió convertirse en abogada. Era la Ginny que intercambiaba puntos de vista jurídicos y hablaba durante horas con Swan esperando que éste pudiese enseñarle a Narcissa todo lo necesario para representar un papel convincente.
Mas la Ginny que se encontraba en este momento tendida sobre la cama era la Ginny de Lucius Malfoy, la Ginny que lo extrañaba y que muy dentro de sí lo único que quería era que el padre de su bebé se encontrara a su lado. Muchas noches se despertó en medio de la madrugada imaginando cómo sería darle la noticia al hombre. Quizá en otra circunstancia, una mucho mejor, el hombre se habría emocionado... pero, ¿qué pasaría luego de todo esto? El que su plan funcionara no le garantizaba a Ginny Weasley que el patriarca de los Malfoy regresaría a su lado, no le garantizaba que el hombre seguiría amándola y, sobre todo, no significaba que Lucius le perdonaría el haberle ocultado su embarazo.
La pelirroja sabía que le había robado al hombre su paternidad. Lucius Malfoy no se encontraba a su lado a la hora de los antojos sino que su hijo, Draco, era quien de madrugada se despertaba para buscar lo que su hermanito quisiera comer a altas horas de la noche. Incluso Blaise era el encargado de recordarle a la pelirroja de las medicinas, mientras que Edward Swan, quien nunca tuvo hijos, con algo de nerviosismo le ayudaba a Ginny a investigar más sobre el embarazo, prestando especial atención a las explicaciones de Hermione.
Sí, Ginny le había robado todo eso al hombre que amaba y no sabía si el hombre algún día sería capaz de perdonarla. En ocasiones deseaba llamarle y contarle todo. Quería sentir su calor, sus besos... Lo necesitaba, pero también lo necesitaba libre. Ella nunca podría ser feliz junto al mago sino le demostraba a Harry y a su familia que ya estaba lo suficientemente grande para tomar sus propias decisiones. Necesitaba enseñarles que nadie se metía con ella, con el hombre que amaba y su hijo sin enfrentar serias consecuencias.
—¿Qué sucede, Gin? —Preguntó Hermione en tono suave, visiblemente preocupada.
Ginny apretó la mano de su amiga sin soltarse de su agarre.
—Lo extraño, Herms. Realmente lo extraño... —Suspiró.
—Oh, Gin...
—¿Has sabido algo de él?
Hermione sintió su corazón encogerse ante la pregunta de su amiga y negó con pesar.
—No realmente. Lo siento, Ginny. No he sabido nada de Lucius Malfoy desde hace semanas. Lo último que supe fue que había regresado a la empresa, dijo que necesitaba algo de distracción. Al menos eso fue lo que Draco me contó.
—¿Te ha dicho algo más?
—No, no hablamos de su padre... Draco habla mucho de ti y del bebé, pero nada más.
—¿Segura que no te ha dicho más? ¿Crees que Draco quiera contarme sobre su padre?
La voz de Ginny sonaba anhelante, casi urgida. Hermione poco a poco soltó la mano de su amiga y le sonrió de forma gentil.
—¿Por qué no se lo preguntas tú? Viene hacia acá...
Los pasos de Draco Malfoy se fueron acercando hacia la habitación cuya puerta abierta dejaba ver a las jóvenes que charlaban en baja voz. Iba vestido de forma bastante casual, con unos jeans y un suéter color café que se pegaba a su figura varonil.
—Hey, hola —saludó con una amable sonrisa deteniéndose justo detrás de Hermione, posando una mano sobre su hombro—. ¿Cómo está el hermanito más hermoso del mundo, mh?
—Sin duda alguna muy contento de verte —sonrió Ginny.
—Me alegro mucho. Muero de ganas por tenerlo aquí. Nunca antes imaginé que tendría un hermano... Creo que si esto hubiese ocurrido hace años no me habría gustado tanto como ahora.
—Realmente dudo que te hubiera gustado —rio suavemente Ginny.
—Eso es verdad.
—No imagino lo desesperado que serás como papá —comentó Hermione—. Tu hermano aún no se mueve y ya quieres que nazca.
—Lo espero con mucha emoción, es todo —respondió sin quitar su mano del hombro de Hermione y posó la otra en el hombro libre, comenzando una especie de suave y ligero masaje que la castaña no rechazó. Realmente le gustaba cuando el chico hacía aquello, la relajaba bastante.
Era lo que necesitaba después de un arduo día de trabajo.
—Draco...
—¿Sí?
Ginny tragó saliva con nerviosismo antes de armarse del suficiente valor para preguntarle al hijo del hombre que amaba sobre el paradero de su padre, y es que no quería escuchar algo que le partiera el corazón, no mientras su bebé podría sentir la tristeza de su madre.
—¿Has sabido algo de tu padre?
El masaje de Draco se detuvo. Hermione elevó la cabeza para mirar el rostro del hombre tras ella y de momento también sintió miedo de la respuesta del rubio. Draco por su parte carraspeó levemente y abandonando a Hermione tomó asiento en la silla que se encontraba junto a la cama.
—Algo así.
Aunque Ginny no dijo nada se notaba que esperaba que el mago siguiera hablando, así que Draco continuó sin saber muy bien qué deseaba saber la pelirroja.
—Él está bien, quédate tranquila.
—¿Lo está?
Asintió lento.
—No se encuentra como cuando estaba contigo... él solo está. Ni mal ni bien, únicamente está, existe.
—Respira —murmuró Ginny.
—Respiran, diría yo —habló Draco en tono bajo—. Creo que ambos están sufriendo con esta separación, Ginny, pero respeto tus ideas y conozco tus motivos, así que... te comprendo y estaré aquí apoyando todo lo que decidas hacer.
—Gracias, Draco.
—Es lo menos que puedo hacer por la mujer de mi padre... por la madre de mi hermano —sonrió.
Hermione también sonrió. Ginny observó a aquel par y suspiró. Esperaba que en un futuro su amiga pudiera darse una oportunidad en el amor junto al hijo de Lucius, así como creía en el padre de su bebé, también creía genuinamente en el cambio de Draco. Una risa muy suave brotó de sus labios, de improviso, confundiendo a sus acompañantes. Recordó aquel crush que tuvo con Draco Malfoy durante el colegio, era tan gracioso... siempre prendada del hijo sin imaginar que terminaría encamada con el padre. Y es que Lucius... joder, Lucius, sí que era un hombre ya maduro. Ginny podía recordar las canas que brillaban entre sus rubios cabellos. Pero qué importaba, si ella lo amaba así, de esa forma. Lo amaba muchísimo.
—¿Te encuentras bien? —Cuestionó Hermione bastante confundida.
—Solo recordé algo que ocurrió en nuestro tiempo de colegio... Más adelante te haré una pregunta.
—Oh, ya entendí —comentó Draco fingiéndose indignado—. No quieren que esté más con ustedes, de acuerdo. Entonces me iré.
Ginny rio nuevamente.
—Eres igual de sentido que tu señor padre.
—Cuidado, Ginevra. La genética de los Malfoy es bastante fuerte... mi querido hermano se parecerá mucho a mí.
—Merlín nos ampare —sonrió de lado la pelirroja.
—Digo lo mismo —se echó a reír Hermione—. No necesitamos otro insoportable Draco en la familia, por favor... Padecerte a ti es más que suficiente.
—Realmente las odio.
Los tres estallaron en carcajadas y hasta que el momento pasó, Ginny terminó por suspirar al tiempo que negaba levemente.
—En serio gracias por estar aquí conmigo. Su compañía me ha sido de gran ayuda... Me he sentido bien, realmente bien.
—Somos una especie de familia —declaró su amiga—, extraña, sí, muy extraña. Todos los que estamos aquí alguna vez nos odiamos, incluso quisimos matarnos, ¿por qué no? —sonrió con ironía en aquel punto—. Pero eso quedó en el pasado.
—Un hombre al que no valoré en su momento, solía decir que todos merecen una segunda oportunidad y me da gusto saber que los Malfoy supimos tomarla.
Los pasos de Blaise resonaron con fuerza hasta que la figura del atlético hombre se detuvo en el marco de la puerta dando tres golpes en ella con su puño, ligeros, como cuando buscas que alguien te abra.
—Ustedes, ¿acaso no piensan venir a desayunar?
—Vamos en seguida —sonrió Ginny—. ¿Puedes ayudarme, Draco?
—Claro.
El rubio se puso de pie y con mucho cuidado ayudó a la mujer de su padre a levantarse. Hermione acomodó las almohadas sobre las que Ginny había estado acostada y salió tras ellos con rumbo al comedor donde el resto esperaba. El desayuno estaba servido y lucía delicioso. Era de destacarse que Narcissa Black parecía hallarse bastante bien sin ningún elfo doméstico a su servicio, pues justo en ese instante servía el café.
La pelirroja sonrió ante la imagen y tomó asiento en su lugar preferido. A su lado se sentó Hermione y junto a esta Draco. De frente al rubio se encontraba Blaise. En el lado opuesto de la pelirroja estaba la señora Black y junto a la misma el abogado Swan. Recién la embarazada había probado un par de bocados cuando el comunicador de Draco comenzó a vibrar y para todos fue notoria su expresión.
—Disculpen.
Hizo intento de levantarse, pero Ginny lo detuvo.
—¿Es él?
Draco miró a la pelirroja y lentamente asintió.
—No es necesario que te marches, Draco. Puedes responder aquí mismo si lo deseas.
Aunque parecía tratarse de una amable sugerencia, todos sabían que Ginny realmente deseaba tener noticias de Lucius Malfoy.
—Yo...
—Responde.
El heredero Malfoy se mordió el inferior por un par de segundos y se acomodó nuevamente en su silla al tiempo que tomaba la llamaba activando el altavoz. A la mesa todos se habían congelado de un momento a otro. Dejaron de comer y casi pareció que aguantaron la respiración deseando fundirse con el entorno, como si el patriarca de los Malfoy pudiese verlos a través del auricular.
—¿Sí? —Cuestionó el joven.
—¿Sí? —Repitió el hombre al otro lado de la linea—. ¿Así es cómo te diriges a tu padre?
Las palabras de Lucius fueron pronunciadas de forma lenta, con su característico arrastre. Ginevra ahogó un grito suave y apretó los labios, los cuales temblaron ligeramente. Llevaba semanas sin escuchar aquella voz, pensó que si pasaba más tiempo sin escucharlo se olvidaría por completo de lo bien que sonaba y del efecto que tenía en toda ella.
—Lo siento, papá —sonrió tratando de no escucharse nervioso—. Solo... estaba un poco distraído.
Lucius Malfoy rio suavemente y Ginny cerró los ojos al tiempo que posaba ambas manos sobre su abultado vientre.
—Únicamente jugaba. ¿Has visto a tu madre?
En aquel punto Draco miró a su madre y esta negó con ambas manos, al tiempo que le hacía señas que indicaban quizá que se había ido de compras o a tomar el café con las amigas, o quién sabe.
—No, no... no realmente. Es decir, salí muy temprano de casa y... ¡ah! Parece que hoy iba a ir de compras.
—¿Compras?
—Sí o a tomar un café con la mamá de Blaise, sabes que llegó a la ciudad hace unos días y se quieren poner al corriente.
—Es cierto... bueno, en realidad quería preguntarle sobre Robert.
—¿Swan?
Los ojos del abogado se abrieron como platos.
—Robert Edward Swan se encuentra literalmente desaparecido —suspiró Lucius—, justo cuando más lo necesito. ¿Podrías pasar a la empresa y ayudarme con algo?
—Eh... claro, sí, ¿por qué no? Ahora estoy algo ocupado, pero... tú dime la hora y paso.
El hombre maduro pareció checar la hora en su reloj de muñeca porque guardó silencio por un par de segundos antes de continuar.
—¿Qué tal a las 2? Terminando podemos comer algo.
—De acuerdo.
—Nos vemos más tarde, hijo.
Los ojos de Ginny se clavaron en Draco y pareció mirarlo de forma suplicante, así que el rubio hizo la pregunta cuya respuesta tanto deseaba conocer la pelirroja.
—¿Cómo sigues? —Lo detuvo.
—¿Mh?
—Sí... ¿cómo estás? Me preguntaba si... te sientes un poco mejor.
—Estoy, Draco. Estoy.
Un nudo se formó en la garganta de Ginny. La voz del hombre sonaba melancólica. Triste.
—¿Has pensado... no sé, quizá regresar a tu vida anterior?
—Recuerdo que ya me hiciste esa pregunta.
—Contigo nunca se sabe.
—Tal vez.
El corazón de la pelirroja pareció quebrarse. Draco la miró preocupado y Hermione le apretó la mano tratando de reconfortarla.
—¿Tal vez?
—Una parte de mí desea intentarlo, ¿sabes? Pero la otra está cansada de aquella vida... Estoy cansado de los excesos, solo quiero una vida tranquila. Por desgracia la tranquilidad y la tristeza no son una buena combinación.
—Ya veo. No te quito más el tiempo, papá. Nos vemos más tarde.
—Claro que sí. Y Draco...
—¿Sí?
—No te preocupes por mí, cada día duele menos.
Una lágrima resbaló por la mejilla de la pelirroja. Draco no respondió a su padre y presionó el botón rojo dando por terminada la comunicación. Narcissa carraspeó ligeramente y miró a Robert.
—¿Te ha llamado?
—No que yo recuerde —se defendió el hombre—. Lucius es bastante correcto, seguro llamó a la oficina, el contacto directo siempre fue a través de ti.
—Eso es cierto y llevas días sin ir a la oficina.
—Supongo que tendré que hablar con mi madre, ¿no? —Intervino Blaise tratando de cambiar el tema.
—No es necesario —comentó la rubia—. Realmente coincidí hace un par de días con tu madre, quizá más tarde pueda verla. De todas formas no creo que Lucius le pregunte a nadie sobre mi paradero.
—¿Estás bien? —Preguntó Hermione a su amiga en tono suave al tiempo que le entregaba una servilleta.
Ginny asintió ligeramente.
—No te preocupes... estoy bien. Es solo que... me dio algo de sentimiento escucharlo luego de tanto tiempo —sonrió como si con eso pudiese calmar el corazón de los presente—. ¿No les ha pasado que dejan de escuchar a una persona por algo de tiempo y no recuerdan muy bien su voz? Sentí que eso me pasaría muy pronto.
—Sé a lo que te refieres —murmuró la mayor de las mujeres—. Cuando mi hijo se fue a Francia a menudo trataba de recordar su voz.
—Saber que está bien deja más tranquilo mi corazón, así que no se preocupen en serio. Por favor, desayunen. Ahora vuelvo.
Con cuidado Ginevra Weasley se levantó de su asiento y se dirigió hacia el tocador. Nadie hizo intento de detenerla, de alguna manera entendían que necesitaba unos minutos a solas. Sin embargo, el ambiente no era más el mismo. Todos se sumieron en un profundo silencio únicamente interrumpido por el ruido de los cubiertos.
Lucius Malfoy esperó una respuesta por parte de su hijo, pero no hubo nada, lo siguiente que escuchó fue que la llamada había sido finalizada. Ojalá que sus palabras fueran reales. Ojalá a cada nuevo día la ausencia de Ginevra Weasley doliese menos. Pero no era así. Su corazón aún dolía y sentía que casi le costaba respirar sin la mujer a su lado. Lo único que deseaba era tenerla de regreso, tener su cariño de nuevo, que curara con su amor todo el dolor que su partida le dejó. Se sentía tan cansado de llorar en soledad.
Regresa a mí, Ginevra, pensó.
Echaba de menos todo de ella.
La extrañaba en la intimidad, sí. Pero su necesidad de la pelirroja iba más allá de un simple deseo carnal. Echaba de menos su sonrisa, su mirada, y el suave toque de sus manos. Extrañaba envolverla entre sus brazos y besarla de forma dulce, muy dulce, al tiempo que acariciaba los costados de su cintura. Necesitaba tocarla, escucharla. Necesitaba murmurar todo cuanto sentía por ella quedamente a su oído, como tantas veces lo hizo. Suspiró con tristeza. Rubén se mantenía a su lado, de pie, inexpresivo. Por un instante el hombre se olvidó de su secretario, así que pareció sorprendido al recordar que se encontraban hablando de asuntos de la oficina.
—Ya puedes dejar ahí, Rubén. Como has escuchado, Draco vendrá en unas horas y podrá ayudarme.
—Señor, si gusta yo-...
—No —lo detuvo el hombre. Se encontraba sentado en su cómodo asiento de piel, la foto de la pelirroja permanecía aún sobre el escritorio, era como si se negase a quitarla, como si aún se aferrara a dejarla ir del todo—. No es tu culpa que la contadora se enfermara. El trabajo saldrá... tarde o temprano pero lo hará. Deja, mejor, todo listo para la reunión del lunes, recuerda que será a primera hora.
—Por supuesto.
Lucius Malfoy retomó la lectura del documento que yacía sobre su escritorio. Al no escuchar la puerta cerrarse tras su asistente alzó la mirada encontrándose con un Rubén que permanecía estático a su lado.
—¿Hay algo más que quieras decirme?
Rubén guardó silencio. Lucius suspiró y soltó el bolígrafo de su mano centrando toda su atención en el hombre.
—¿Y bien?
—Señor... —comenzó su empleado—, sé que no debo meterme en cosas que no son de mi incumbencia, pero... llevo años trabajando en esta empresa y yo... yo...
—Al grano, Rubén.
—Yo nunca creí que un Malfoy pudiese cambiar.
En otro momento la palabra cambio habría sido una gran ofensa para el rubio, pero en esta ocasión no se sintió mal. Ya no le importaba si la gente decía que estaba cambiado. Pensaba que, después de todo, incluso si nunca más volvía a saber de Ginevra Weasley, algo bueno tenía que traerle su nueva forma de ver la vida. El Lucius Malfoy de Ginevra Weasley se aferraba a sí mismo, se aferraba a la vida que llevaba con la mujer, porque era lo único que le quedaba de una época donde fue feliz. Quizá por eso se negaba a volver a su vida de excesos.
Lo intentó, sí. Hacía un par de noches que salió a un bar dispuesto a embriagarse, cosa que consiguió hacer aunque en la soledad de su alcoba. Tan pronto bebió la primera copa en el bar y sus amigas de antes se acercaron hasta él, el gran Lucius Malfoy salió huyendo como si su integridad se encontrara en peligro. Quién lo diría.
—En otro momento te habría despedido por tales palabras, Rubén.
El empleado palideció.
—Pero justo ahora, supongo que no es malo que creas que cambié.
—Nunca lo había visto feliz, señor —continuó—. Quisiera que volviese a ser como cuando la señorita Weasley se encontraba con usted.
Un nudo se formó en la garganta de Lucius y Rubén agachó la cabeza.
—Lo siento, perdóneme, señor. En serio. Esta vez me he excedido.
—Lo hiciste.
—Lo lamento, lo lamento.
El hombre no dejó de hacer ligeras inclinaciones como si con eso su jefe pudiese perdonarlo, mas Lucius movió su diestra de lado a lado restando importancia a sus palabras.
—Sólo olvídalo y justo como le dije a mi hijo, estoy bien, Rubén. No hay nada de qué preocuparse, la separación con la señorita Weasley cada día duele menos.
—¿Es así?
Lucius Malfoy sonrió de lado, ¿por qué algo le decía que su asistente podía leerlo mejor que nadie? Se reservó el derecho a responder aquella pregunta y nuevamente centró su atención en el documento frente a él. Esta vez, su asistente sí salió de la oficina cerrando la puerta tras de sí. El rubio suspiró pensando que el trabajo podría distraerlo del recuerdo que tanto Draco como Rubén habían traído de vuelta, pero nuevamente la puerta se abrió.
—¿Qué pasa ahora?
Su voz sonó ligeramente irritada. Rubén se inclinó.
—Lo siento, señor. Alguien quiere verlo...
—Pregúntale qué desea y que reserve una cita, si es algún conocido o piensas que es un tema urgente puedo tratarlo tan pronto termine de firmar estos documentos.
El rostro de su asistente estaba casi tan blanco como el papel.
—Pero no te quedes ahí, hombre. Pareciera que acabas de ver un fantasma, ¿quién me está buscando?
—Buenos días, señor Malfoy.
Lucius Malfoy se puso de pie de inmediato y observó al hombre que saludó al otro lado de la puerta, quien lo miraba sobre los hombros de Rubén. Aquel par de ojos verdes enmarcados en unas gafas de negro armazón, con la cicatriz al descubierto, portada como si se tratara de una condecoración de guerra, resultaban inconfundibles.
—Buenos días, Potter.
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Nota: Holaaaaaaaaaaaaaaaaaa. ¿Cómo han estado? Sí, bueno, he estado muy ocupada. Este capítulo estaba a la mitad, igual me di el tiempo de terminarlo hoy y compartirlo con ustedes. Espero que aunque sea corto, les guste.
Por cierto, el título del capítulo se debe a una canción de IL DIVO conocida como Unbreak my heart o Regresa a mí. Por favor escúchenla. Les va a gustar. Acá les dejo el link.
En otras noticias, si les gusta el BL (boys love) sientanse libres de fangirlear conmigo, y de pasar a mis otros fics en wattpad o amor yaoi: 2MIN SOS TIME (Choi Minho x Lee Tae Min) y EL SECRETO DE MERLÍN (Arthur Pendragon x Merlin). Les recomiendo que vean The Untamed en netflix y que lean la novelaaaaaa es hermosa. Estoy colapsando porque recién hoy terminé de leerla y lloré. Es tan triste que China aún no acepte la homosexualidad y por ello la serie tuvieron que censurarla, en la serie de Netflix cambiaron el amor de los protagonistas por una fuerte amistad. Sin embargo en el audiolibro y el manga en emisión se respeta su amor.
En fin, ahora ya saben algo más de mí. Soy fujoshi sí señor. Espero verlos pronto. Gracias por su amor y paciencia.
