Lucius Malfoy miró a los ojos verdes del recién llegado y se mantuvo en silencio. Estaba sentado nuevamente en su cómoda silla de cuero, con una pierna doblada sobre la otra y se mantenía jugando con el bolígrafo sin apartar su vista del hombre frente a él. El gran Harry Potter mantenía una sonrisa cortés en su faz y le miraba con la misma atención, parecía que buscaba algún dejo de complicidad entre el ex mortífago y su ex novia. El rubio se imaginó que estaba allí porque se había enterado de que su relación con la menor de los Weasley llegó a su fin, quizá querría corroborarlo con sus propios ojos. O quizá venía a decirle que nuevamente estaba con la pelirroja, Lucius ya se esperaba cualquier cosa, a decir verdad.
—¿Cambio de look?
Lucius Malfoy asintió lentamente.
—Me hacía falta un cambio.
—Es extraño no verle con su característica melena larga, pero... admito que le sentó bastante bien el cambio.
—Agradezco tus comentarios, Potter, aunque estoy seguro que no has hecho el viaje hasta mi oficina únicamente para hablar de mi cabello.
Harry Potter se echó a reír por lo bajo y justo en ese instante se inclinó hacia adelante, buscando quedar más cerca del hombre a pesar de encontrarse sentado al otro lado del escritorio.
—Tan inteligente como siempre, señor Malfoy. Hace un par de semanas me enteré de su ruptura con mi querida ex novia. Me preocupé bastante por usted, así que quise venir a echar un vistazo.
—Si tan preocupado estabas, sí que tardaste mucho en venir, ¿no crees?
—Ocupaciones del Ministerio. No puedo desplazarme con tanta libertad como me gustaría.
Lucius arqueó una ceja en claro gesto de curiosidad.
—Me pregunto qué tanto anda haciendo el salvador del mundo mágico para guardar un perfil tan bajo en las últimas semanas.
Harry sonrió ampliamente.
—Lo sabrá pronto, señor Malfoy. De hecho... —en aquel punto echó una veloz mirada a su reloj de muñeca—. hoy mismo se enterará. Solo faltan unas cuantas horas.
—Me pregunto, entonces —continuó el mago de mayor edad—, si tienes cosas importantes que hacer el día de hoy, porqué estás aquí. No creo que vengas a pedirme opinión alguna, ¿o acaso necesitas la ayuda de Malfoy Corp?
—La ayuda de esta empresa es lo último que necesitaría.
Lucius sonrió de lado.
—O tal vez serás nombrado Secretario de Finanzas y estás aquí para amenazarme... puesto que piensas que Malfoy Corp. no es tan santa como aparenta. ¿Lavado de dinero, tal vez?
—Jamás he aspirado a ese cargo y definitivamente no estoy aquí por lavado de dinero. Quiero saber en dónde está Ginny.
El patriarca de los Malfoy abrió los ojos con sorpresa y finalmente estalló en una estruendosa carcajada haciendo que Harry Potter apretara la quijada con molestia.
—En serio, Potter... —habló el mago entre risas—. No dejas de sorprenderme. Te superas a ti mismo a cada nuevo día.
—¿De qué está hablando?
—¿Realmente crees que yo tengo la más remota idea de dónde se encuentra Ginevra Weasley? ¿En serio lo crees? ¡Por Salazar! Ni la burla perdonas.
La sorpresa se vio reflejada esta vez en las esmeraldas del hijo de Lily Evans y James Potter. Se notaba que en serio creía que el hombre mantenía contacto con Ginny. Si bien al principio le creyó a su ex novia cuando le dijo que había terminado con el hombre, tan pronto Ginny desapareció de la faz de la tierra las dudas comenzaron a surgir dentro de sí. Por eso fue a la empresa de Lucius Malfoy, necesitaba ver si el hombre realmente estaba lejos de la mujer o si se mantenían juntos en secreto.
—Así que es verdad... —murmuró incrédulo—. Ginny Weasley terminó su relación Lucius Malfoy.
—Bienvenido a la realidad.
—No puedo creerlo... —chasqueó la lengua en gesto divertido antes de sonreír con sorna—. Realmente el gran Lucius Malfoy fue botado por una niña menor que su propio hijo. Parece chiste, pero es anécdota.
—Si veniste a burlarte de mi fallida relación con tu ex pareja, será mejor que te vayas, Potter.
En aquel punto Lucius Malfoy se puso de pie y Harry hizo lo mismo, solo que sin prisas. Se mantuvo mirando con total burla al hombre tantos años mayor y sonrió de lado, se notaba que aquella situación alimentaba su ego.
—Discúlpeme, señor Malfoy. Es que no puedo evitar reír ante su desventura. Usted proclamó que me había robado a mi novia y mire... después de notarse tan seguro de sí mismo, ella lo echó a la basura tal y como hizo conmigo.
—Yo no te robé nada, mocoso.
El mago empezaba a perder los estribos y no podía darse el lujo de pelearse nuevamente con aquel joven. Tenía que guardar la cordura. Ya era lo suficientemente vergonzoso haber sido herido a su edad por una niña, necesitaba guardar el poco orgullo que quedaba dentro de sí.
—Cierto, que usted nunca lo vio como un robo. Como sea, finalmente esa mujer no se quedó con ninguno de los dos. Aunque, claro... no me he dado por vencido, señor Malfoy. Encontraré a Ginny Weasley y la traeré de vuelta a mi lado.
—Eres libre de tener a la mujer que desees a tu lado, Potter. Tan libre como Ginevra Weasley lo es de estar con quien le dé la gana y si su deseo es estar a tu lado, que así sea.
Harry rio suavemente.
—Tan maduro, señor Malfoy... De grande quiero ser como usted.
Lucius Malfoy presionó un botón sobre el comunicador que descansaba en su escritorio y la voz de Rubén no tardó en escucharse a través del auricular.
—El señor Potter ya se va —habló—, ¿puedes venir a escoltarlo?
—En seguida, señor.
—No será necesario —sonrió de lado el pelinegro—. Conozco el camino. Ha sido un verdadero placer saludarlo, señor Malfoy. Gracias por el cálido recibimiento. Por cierto... será un honor vernos las caras hoy. ¿Por qué no se da una vuelta más tarde por el Ministerio? Habrá un evento de gran importancia, será muy grato verlo de nuevo.
—Me temo que no te daré el gusto de saludarnos pronto.
Rubén abrió en ese momento la puerta e hizo un gesto hacia Harry.
—Señor Potter, por aquí.
—Conozco la salida, no te molestes. Señor Malfoy, con su permiso.
—Suerte, Potter.
—Lo mismo digo, señor Malfoy.
Después de inclinar la cabeza con respeto abandonó la oficina del hombre. Rubén permaneció de pie en la puerta observando la espalda del mago que se alejaba por el pasillo hasta perderse dentro del elevador. Resopló con fastidio.
—Un poco más y habría derribado la puerta. ¿Qué demonios quería?
Quizá Lucius Malfoy le había dado muchas libertades a su asistente, a pesar de ello no le dio importancia a su comentario. Simplemente se dejó caer sobre su silla y cerró los ojos tratando de normalizar su respiración, al tiempo que giraba en su asiento.
—Potter solo me trae dolores de cabeza, ha sido así desde que era un crío. ¡Joder!
La pluma que momentos atrás sostenía voló por aires. Lo que decía era cierto, desde que Harry Potter vino a este mundo no hizo más que complicar la vida de Lucius Malfoy. Su vida siempre estuvo ligada a la de aquel mocoso, siempre tuvo que estar pendiente de él, siempre tratando de llevarlo hasta el Señor Tenebroso para que éste pudiese tomar su vida. Siempre Potter escabulléndose de las manos de Lucius Malfoy... siempre haciendo que su propia vida colgara de un hilo y que además le diera esa jaqueca que solo podía quitarse con alcohol. Las cosas no habían cambiado mucho desde entonces.
El imbécil de Potter aún le provocaba jaqueca.
Se puso de pie y fue hacia un mueble del rincón. Se sirvió un vaso completo de Whisky de fuego y lo bebió de golpe. No podía creer que aquel crío hubiese tenido las pelotas para ir a burlarse de él a su propia empresa.
—Debe calmarse, señor... El señor Potter siempre ha sido así, su rivalidad es legendaria.
—¿Lo es?
—Todos saben que los Malfoy y el señor Potter jamás se llevaron bien. Aunque, bueno, también sabemos que él al final de la guerra...
No terminó de hablar. La mirada de su jefe le indicó que debía guardar silencio sino quería morir de una forma extremadamente dolorosa.
—¿Que le debo mi vida a Potter? No existe un maldito y miserable día que no recuerde que esta libertad se la debo al imbécil de Harry Potter. No existe un maldito y miserable día donde no recuerde que los Malfoy le debemos el perdón al imbécil que salió hace un momento por esa puerta.
—Lo siento, Señor...
—No existe un maldito día donde no recuerde que quien llevó a mi familia hasta lo más bajo fui yo, solo yo y nadie más. Y quien los salvó de pagar uno a uno mis pegados fue ese imbécil. ¡Lo tengo más que presente!
El despiadado mortífago del pasado se reflejó en el rostro del hombre que hablaba y Rubén tragó con bastante nerviosismo. Tenía mucho tiempo sin ver a su jefe de esa manera. El Lucius que estuvo recluido en Azkaban regresó de golpe. Sus ojos se inyectaron en sangre y lágrimas, pero no lloró. Su faz se llenó de ira y sus puños se cerraron con fuerza. Las imágenes de su familia cayendo en la mierda más baja, los momentos traumáticos que vivió en Azkaban, el miedo de perder a su único hijo en la batalla final. Todo estaba allí gracias a una visita de Harry Potter.
Le gustara o no, aquel mocoso era el salvador de Londres Mágico. Aquel imbécil era a quien le debía la libertad de su esposa, la vida de su hijo. Se lo debía todo. Incluso le debía a la mujer que amaba, o eso quería darle a entender. ¿Acaso existía algo que no le debiera a ese imbécil? Si Ginevra hubiese sido el pago que tenía que dar por salvar la vida de su hijo, se la habría entregado a Potter sin dudarlo, porque Draco era su hijo y Ginevra era la mujer que amaba, pero podría vivir sin corazón toda una vida mientras su hijo siguiera libre y con vida. Sin embargo, Ginevra Weasley no era un objeto, era una persona. Ella era libre de elegir con quién estar y definitivamente no lo había elegido a él.
Se preguntó si después de todo lo vivido junto a la mujer, ésta elegiría regresar junto a Potter. Sinceramente esperaba que no fuera así. Su leona era muy inteligente y sin duda alguna se merecía algo mejor que aquel infeliz.
—¿Qué demonios habrá esta tarde en el Ministerio?
—¿Qué?
—Quiero que investigues qué pasará esta tarde en el Ministerio. El estúpido de Potter habló sobre algo que pasará esta tarde, quién sabe en qué diantres anda metido ese idiota.
—En seguida, señor. ¿Algo más que necesite?
Lucius negó.
—Déjame solo y no me pases a nadie más. En cuanto Draco llegue que entre a mi oficina.
—Por supuesto. Con permiso, señor.
Rubén se inclinó ante su jefe y abandonó de inmediato aquella oficina. Lucius Malfoy se sirvió una nueva copa y dio un par de tragos antes de regresar a su asiento. Una lágrima silenciosa resbaló por su mejilla y se apresuró a limpiarla. No podía creer que la vida fuera tan mierda. De qué servía haberse arrepentido de sus acciones, de qué demonios servía haberse enamorado y haber estado dispuesto a darlo todo por amor si el fantasma del mortífago que alguna vez fue lo seguiría a todas partes. Porque era eso. Ginny Weasley no estaba con él por culpa del mortífago que alguna vez fue.
No importaba que pidiera perdón o que mostrara arrepentimiento, las personas no miraban su sonrisa sincera ni la nueva vida que había construido. Las personas miraban a través de él, miraban al pasado y no veían más que a un sanguinario mortífago que lastimó a cientos de personas. El mortífago en su interior se reflejó en el vaso de cristal y le sonrió de lado. Sí que daba lástima aquel mortífago. Tenía los ojos inyectados en sangre. Nada le importaba. Odiaba a los muggles y peleaba por una causa equivocada. Solo anhelaba el poder. Aquel mortífago odiaba a los Weasley y solo deseaba aniquilarlos a todos. Odiaba a Potter y solo deseaba su muerte. Odiaba a los muggles y quería su exterminio.
Aquel mortífago no amaba ni sentía. Aquel mortífago arriesgó a su propia familia, a la carne de su carne.
Las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas sin que pudiera evitarlo y trató de secarlas a prisa. Odiaba al que una vez fue. Lo odiaba porque si él no hubiera existido probablemente Ginny seguiría a su lado. La mujer que amaba se fue porque no pudo con el peso de su pasado. Llegó a creer que la leona sería lo suficientemente fuerte para luchar por su amor, pero no fue así y a Lucius no le quedaba más que entenderla. Se trataba de sus padres... de su familia. Él no podía arrancarla del seno de su familia, no podía condenarla a la infelicidad.
A pesar del odio del mundo los Malfoy se mantuvieron juntos como una auténtica familia. Ginny necesitaba a su familia.
Sonrió con tristeza. Al menos tendría a su familia, ¿verdad? Pero... si estaba con su familia, entonces... ¿por qué Potter la estaba buscando?
—¿Qué estarás haciendo, Ginevra? —Cuestionó en medio de un suspiro—. Yo... yo solo quiero que seas feliz.
Un par de horas más tarde Draco Malfoy entró a la oficina del hombre. Había decidido llegar antes y ayudarlo con lo que necesitaba, así estaría desocupado pronto y podría regresar junto a las mujeres que ocupaban su día a día: una rubia, una castaña y una pelirroja.
—Padre —saludó al ingresar. Lo que vio lo dejó sin habla.
Lucius Malfoy estaba, en efecto, trabajando, pero tenía un vaso de Whisky a su lado y además se notaba muy mal. Era casi como estar viendo el Lucius Malfoy de varios años atrás. Cuando hablaron vía telefónica definitivamente el hombre no sonaba así. Le había dicho que estaba mejor y que ya no pensaba tanto en Ginny, ¿verdad? ¿Entonces porqué esa imagen tan lastimera?
—Padre... —murmuró preocupado.
—Hey, Draco —saludó igualmente, estiró su diestra al frente señalando el asiento disponible para que su hijo tomara asiento—. Adelante.
—¿Por qué estás bebiendo?
Lucius sonrió de lado.
—Solo quise beber un poco, ¿qué hay de malo en eso? ¿Gustas?
Draco negó. Se había hecho el propósito de no beber ni una gota de alcohol por el embarazo de Ginny. Todos estaban haciendo su mejor esfuerzo, no deseaban que la chica cayera nuevamente en el vicio. Necesitaba cuidarse por el bienestar del bebé.
—Estoy bien así.
Rubén abrió la puerta y saludó respetuosamente al recién llegado
—Joven Malfoy, buenas tardes.
—Buenas tardes, Rubén.
—Lamento interrumpir, señor, pero ya tengo los datos que me pidió.
—De acuerdo, puedes decirlo.
—Me costó bastante trabajo averiguarlo, al parecer lo que el señor Potter dijo esta mañana era algo tan importante que nadie estaba enterado al respecto, así que apenas hace unos minutos uno de mis contactos en el Ministerio pudo darme razón.
—¿Potter? ¿Esta mañana?
—Continúa.
—Al parecer el Ministro dará un anuncio importante hoy a las 5 de la tarde. Los medios más importantes han sido convocados, pero todo ha sido de forma muy discreta, así que no hay invitados externos. ¿Por qué quería saberlo?
—El imbécil de Potter se atrevió a decirme que me diera una vuelta por el Ministerio para que viera en qué rayos está metido.
—Esperen, esperen. Alto, alto... —alzó la voz Draco moviendo las manos—. ¿Pueden explicarme qué está pasando aquí?
Lucius Malfoy guardó silencio, así que Draco miró a Rubén en espera de una explicación.
—El señor Potter estuvo aquí esta mañana, joven Malfoy.
—¿Qué?
—Desconozco los temas que trató con su padre, pero... el señor Malfoy está mal desde ese momento.
—Rubén, a veces creo que tienes la lengua demasiado larga —gruñó su jefe.
—Lo siento, señor.
—Papá, ¿qué demonios quería Potter? ¿Por qué no me dijiste nada?
—Llegó de improviso. Casi después de colgarte se presentó. ¿Qué iba a querer? Burlarse de mí, por supuesto. Vino a ver con sus propios ojos lo miserable que es Lucius Malfoy desde que Ginevra Weasley lo botó como la basura que es.
—Papá...
—Es la verdad, ¿no? Bueno, Potter me hizo el favor de recordármelo.
—No puedes hacerle caso a ese imbécil.
—Como sea. También me preguntó por ella.
—¿Qué?
Lucius asintió.
—No sé dónde demonios está metida Ginevra Weasley... El otro día fui a su casa y está vacía, de hecho está en renta. Es como si a Ginevra Weasley se la hubiera tragado la tierra... —suspiró—. ¿Tú sabes dónde está?
Draco saltó nervioso de su asiento.
—¿Por qué habría de saberlo? —Se exaltó—. ¡Por supuesto que no!
—Tranquilo, no estoy diciendo que sepas algo, te preguntaba por Granger. ¿No la has visto?
Draco negó.
—Sabes que mi historia con ella es bastante complicada... y no, no la he visto. Ella debe tener sus propios problemas con la estúpida comadreja.
—Ya veo.
—¿Y qué más pasó? —Urgió Draco. Aún recordaba que el secretario había mencionado un evento—. ¿Dijo algo más?
—Le pregunté qué demonios estaba haciendo que había esperado tanto para venir a visitarme, es decir, se trata de Potter. Estaba claro que le urgía venir a burlarse de mí, ¿no? —En aquel punto Lucius Malfoy sacó un cigarrillo, lo puso en sus labios y lo encendió—. Me dijo que muy pronto sabría qué era lo que le tenía con un perfil bajo.
Draaco abrió los labios con sorpresa. Mil y un jodidos demonios. ¿En serio tenía que ser tan pronto?
—Se atrevió a decirme que hoy mismo sabría lo que estaba haciendo y antes de irse me invitó a darme una vuelta por el Ministerio, así que le di a Rubén la tarea de investigar qué ocurriría hoy. Y bueno, ya escuchaste lo que obtuvo Rubén.
Caló hondo de su cigarrillo y exhaló una gran bocanada de humo en espirales.
—¡Demonios!
El puño abierto de Draco Malfoy Black golpeó el escritorio de su padre y tanto el hombre como su secretario lo miraron con sorpresa.
—¿Pero qué diantres...?
—Debo irme, papá.
—¿A dónde vas?
—Necesito irme, en serio. Te juro que esto es de vida o muerte. ¡Mierda! Son las dos de la tarde. ¿A qué hora es lo de Potter, Rubén?
—Pues según lo que me dijeron a las 5 de la tarde el Ministro dará una especie de anuncio.
—Debo irme, debo irme. Vuelvo luego, papá. En serio esto es importante. ¡Nos vemos!
—Pero... ¡Draco! ¡Draco!
No importó cuánto le gritó, su hijo no lo escuchó. Necesitaba llegar pronto al departamento de Ginny. Demasiado pronto.
—¿Qué?
La pelirroja se dejó caer de golpe sobre el sofá. De pronto toda su piel se puso tan blanca como una hoja de papel. Sabía que ese día llegaría pronto, pero nunca pensó que sería tan, tan, pero tan pronto. Maldita sea
Narcissa Black comenzó a sudar frío, pero se mantuvo firme junto a la castaña. Posó una mano en el hombro ajeno y carraspeó un poco.
—Todo saldrá bien, Ginny. Estamos preparados.
Todos sabían que ni ella misma se lo creía. Aunque era cierto, habían trabajado arduamente los últimos días. Habían dormido poco, de hecho. Se podría decir que el plan iba bien. Ahora dependían de Zabini y, claro, de Narcissa.
—Todo saldrá bien —intervino Draco—. Blaise ya fue a cambiarse de ropa. Él sabe lo que debe decir y cómo debe hacerlo. Mamá, tú debes estar allí. Es importante que estés allí cuando Blaise anuncie a su planilla. Recuerda que Ginny es su Secretaria de Seguridad Mágica. Hermione, ¿está lista la poción multijugos?
Hermione asintió de inmediato.
—Está lista. De hecho tengo la suficiente. Es decir, haré más, pero por el momento con la que tengo alcanza.
—De acuerdo, entonces... Estamos bien. Todo saldrá bien —repitió el joven Malfoy como si quiera convencerse a sí mismo—. Swan, ¿preparado?
—Narcissa ha sido una buena alumna —comentó el abogado—. Yo estaré a su lado, no te preocupes Draco. En cuanto ella tenga que hablar, yo la apoyaré.
—De acuerdo, de acuerdo.
Hermione salió de la estancia y a los 5 minutos estaba de vuelta. Llevaba consigo un frasco humeante. Ella misma recordaba cómo sabía la poción multijugos y no deseaba probarla de nuevo.
—Narcissa... ¿quieres pasar a la recámara? Ginny, hay que darle algo de ropa.
—Sí, claro... —murmuró la pelirroja poniéndose de pie con algo de dificultad—. Ahora venimos.
Draco la miró preocupado y se quedó de pie junto a Swan, realmente necesitaba fumar. Quizá lo hiciera más adelante lejos de la casa de Ginny.
Las mujeres fueron a la recámara de la chica. Una vez allí Narcissa Black respiró hondo y bebió a fondo el contenido de aquel frasco. Casi vomita. ¿Por qué mierda sabía tan feo? Era la primera vez que probaba algo tan asqueroso.
—Sabe asqueroso... —se quejó.
—La primera vez es horrible —la consoló Hermione—, pero se acostumbrará fácilmente..
Narcissa Black hizo una mueca en claro gesto de duda. Pronto un dolor se extendió a través de sus huesos y se hizo más bajita por un par de centímetros, su rostro se lleno de pecas y sus rubios cabellos también se hicieron más cortos y oscuros, hasta ser de un color rojo brillante. Su piel pareció alisarse, de nuevo era joven. Se tocó el rostro con ambas manos, miró sus brazos y manos y fue hasta el espejo. Soltó un grito de sorpresa.
En la habitación había dos Ginny Weasley. Una embarazada y otra con el vientre plano. Se miró de pies a cabeza. No podía creer que fuera ella.
—Soy como tú... —susurró sorprendida.
—Lo eres... —sonrió Ginny de lado—. Ven, te daré algo de ropa.
Fue hasta su armario y sacó un vestido formal, así como unas zapatillas que desde hacía varios meses no usaba por el embarazo. Todo lo pasó a la mujer. Tanto ella como Hermione se giraron hacia la pared y le dieron la privacidad suficiente a la mujer para que comenzara a vestirse. Narcissa Malfoy no quiso mirar mucho aquel cuerpo, sentía que estaba violando la intimidad de la pareja de su ex esposo, pero... tenía que acostumbrarse ya que tendría ese cuerpo por mucho tiempo.
Le habría gustado mirarse en el espejo largo rato antes de beber aquella poción. Ya extrañaba sus ojos azules y sus lacios cabellos rubios. En cuanto terminó de vestirse llamó a las otras dos.
—Ya quedó.
Ginny la miró maravillada al igual que Hermione.
—Son como dos gotas de agua... —pronunció la castaña. Realmente la madre de Draco había aprendido a pararse como Ginny e incluso se había dejado sobre la frente el cabello rebelde de la pelirroja.
—Eres igual a mí... —murmuró Ginny con la voz quebrada. Se acercó a la mujer y la tomó de las manos—. Lo harás bien, Cissy. Confíamos en ti.
—Deseo tenerme la misma confianza —habló la mujer en un suspiro sincero.
Las tres mujeres regresaron a la sala. Los hombres que aguardaban por ellas tuvieron que sostenerse de las sillas cercanas, siempre supieron que Narcissa se haría pasar por Ginny y sabían, claro, que tendría que lucir igual a ella, pero una cosa era saberlo y otra muy distinta verlo con sus propios ojos.
—Mamá... —exclamó Draco sorprendido—. Luces... luces exactamente igual a Ginny.
—Narcissa...
—Dejen de mirarme así, se supone que soy Ginny Weasley, ¿no?
Su voz sonó tan parecida a Ginny y sus gestos tan naturales, que ambos hombres se echaron a reír.
—Definitivamente estás lista, madre. Digo, señorita Weasley. Ahora, debemos irnos. Blaise nos esperará a unas cuadras del Ministerio. Hermione, ¿vendrás con nosotros?
—No creo que deban vernos juntos hoy, Draco... además, quiero estar con Ginny. Como dijo Rubén, la transmisión será en vivo, así que... podremos ver todo desde aquí.
—Cierto será lo mejor —susurró mientras miraba a la auténtica Ginny con preocupación. Apretó el brazo de Hermione de forma delicada—. Necesitas acompañarla.
La castaña asintió y apretó el brazo ajeno de igual forma.
—Ten mucho cuidado, ¿sí?
—Mh. Seré cuidadoso, no te preocupes.
Hermione realmente estaba preocupada por el rubio, así que se colgó de su cuello y lo abrazó con fuerza. Draco respondió al abrazo con la misma fuerza. Ambos cerraron los ojos dejándose envolver con la fragancia contraria, y finalmente los labios de la chica besaron la mejilla del hombre que aceleraba su corazón.
—Nos vemos más tarde.
Draco sonrió. Sus mejillas se sonrojaron apenas un poco por aquel beso y se separó poco a poco de la mujer para ir hacia la puerta. Swan se paró a su lado. Narcissa Malfoy por su parte abrazó a Ginny y luego hizo lo mismo con la castaña.
—Nos vemos más tarde —se despidió igualmente.
Ginny asintió. Era incapaz de decir nada más. Hermione se detuvo detrás de ella y posó ambas manos sobre sus hombros como si con aquel gesto quisiera calmarla.
La nueva Ginevra Weasley caminó detrás de los hombres que la llevarían hasta donde Blaise Zabini aguardaba. En el camino todo fue silencio. Ninguno de los tres se sentía lo suficientemente tranquilo para decir algo. Lo que sea que habían aprendido, con eso querían quedarse. Hablar más del plan solo aumentaría su nerviosismo.
Estacionaron el auto y Blaise Zabini no tardó en alcanzarlos. La ventanilla del lado de Narcissa se bajó y el moreno la miró boquiabierto.
—¿Narcissa...? —Preguntó con duda.
—A menos que Ginny Weasley hubiese dado a luz hoy... claro que soy yo, niño.
Blaise rio nervioso.
—Lo siento, señora Black. Es que... wow, el parecido es extraordinario.
—Solo no olvides que es mi madre, Blaise —le regañó Draco—. Con ella no coquetees.
—Lo tendré presente, creéme —sonrió—. Pero bueno, dejando de lado los malos chistes... ¿Cómo se sienten?
—Bien —respondieron los hombres al mismo tiempo.
—¿Ginny?
Narcissa Black tomó aire y se armó de valor justo antes de responder con total seguridad:
—Luces, cámara, acción. Que empiece el show.
Les aviso que olvidé actualizar acá sakdsnslan les subo 3 capítulos de tirón.
Gracias por su paciencia.
Saluditos.
