Eran dos capítulos, nomás. A leer.

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Narcissa Black tomó el brazo que Blaise Zabini le ofreció y como si se tratara de una bella y llamativa pareja del momento avanzaron hacia la entrada del Ministerio de Magia y Hechicería. En efecto, tal y como Lucius le contó a Draco, parecía que Potter había dicho la verdad, pues para ser un día común en el Londres Mágico, lo cierto era que había muchísimo movimiento dentro del Ministerio.

Las cámaras y los reporteros de distintos medios de información del Mundo Mágico comenzaban a llegar de todas direcciones y en la entrada checaban a todos los que entraban y salían del lugar. Blaise estaba seguro de que Harry estaría ya adentro, al igual que la odiosa comadreja. El rubio y el abogado los siguieron muy de cerca, aunque acordaron que se mantendrían, una vez en el interior, a una distancia prudente para evitar salir en los medios.

—Señor, Zabini —saludó educadamente el guardia de la entrada al percatarse de la presencia del mago—. ¿Algún pendiente?

Blaise asintió con una sonrisa.

—Dejé varios pendientes en la oficina y es justo que venga a terminarlos. De hecho, mi buena amiga, la Abogada Ginevra Weasley me ayudará un poco.

—Oh, que bien. Buena tarde, licenciada.

—Por cierto... veo mucho movimiento. ¿Ocurre algo importante? No fui informado sobre ninguna junta.

—Al parecer es algo del Ministro —respondió el guardia con sinceridad—. No nos explicaron nada. Únicamente nos pidieron reforzar la vigilancia y no dejar entrar a nadie sospechoso. Nos están pidiendo que registremos a todo el que entra y sale.

—Ya veo... Sí que es extraño. Ya veremos dentro de un rato —sonrió—. Por cierto, el señor Malfoy Black y el licenciado Swan vienen conmigo, los atenderé en un rato libre.

—Perfecto. Adelante —señaló el hombre mientras su compañero anotaba en una libreta los nombres de los cuatro personajes.

—Realmente nadie sabe lo que va a pasar... —comentó Draco cuando estuvieron lejos de la entrada—. Todo está preparado para que Harry tome el cargo.

Blaise asintió.

—Nunca pensé que el Ministro, aún tratándose de Harry Potter, se prestara a hacer esto. Finalmente, existe el derecho de oposición, así como yo alguien más puede ejercerlo.

—Parece ser que todos se están reuniendo en el patio principal... —señaló el rubio—. Hacia allá caminan todos los reporteros.

—Es cierto. Será mejor que nos despidamos aquí —habló Blaise—. Ustedes vayan hacia allá luego de unos minutos y traten de confundirse entre las personas que se encuentren detrás. Ginny y yo trataremos de perdernos entre los reporteros para no ser vistos hasta que llegue el momento.

—De acuerdo.

Draco posó una mano en el hombro de su madre y le sonrió.

—Todo estará bien, mucha suerte —besó su mejilla con amor y se alejó junto al abogado de la familia. Swan por su parte no dijo nada, solo regaló una reconfortante sonrisa a la mujer.

—Todo estará bien... —repitió Blaise cuando se quedó a solas con la mujer. Realmente era idéntica a Ginny Weasley, pero la hermosa mujer que iba colgada de su brazo no era la pelirroja sino la madre de su mejor amigo y eso tenía que tenerlo muy presente en todo momento—. Lo haremos bien.

—No olvides que soy Ginny Weasley —comentó Narcissa—. Debes tratarme como tal o podrás delatarnos.

—Cierto, cierto... Aún es algo difícil, pero sé que voy a lograrlo. Vamos.

Se dirigieron a la sala principal del Ministerio de Magia y Hechicería y, en efecto, todos los medios estaban reunidos allí. Al frente lucían unos asientos vacíos y un podium desde donde seguramente el Ministro lanzaría el comunicado a la comunidad mágica. Trataron de confundirse en el medio de aquella multitud y la falsa Ginevra Weasley apretó el brazo del chico mientras ambos buscaban con la mirada a Harry Potter pero no parecía haber rastro de él.

—Tiene que ser hoy... —Murmuró el mago de piel oscura—. No podemos equivocarnos. Hoy debe ser el día, pero... ¿por qué no está?

—Potter y el ministro están convencidos de que nada puede salir mal el día de hoy, seguramente llegarán en cuanto inicie la transmisión.

Blaise asintió. La mujer parecía tener razón, sonaba muy parecido a lo que harían Harry y el ministro en ese tipo de situaciones. Observó el enorme reloj que adornaba los pasillos del ministerio y siguió las manecillas con la mirada. Faltaba muy poco para las cinco de la tarde. El hombre moreno lucía muy nervioso, Narcissa lo vio pasar saliva con bastante dificultad, así que esta vez fue ella quien le dio ánimos.

—Lo harás bien, tienes experiencia en esto y mereces la candidatura. Pase lo que pase al final... es tu derecho participar en esta competencia.

—Gracias.

—Potter también haría un gran papel, por desgracia, su deseo de venganza lo ha cegado... Quizá con esto, pueda olvidarse del pasado y seguir adelante... entonces podríamos decir que se convertiría en el mejor ministro.

—Yo solo espero que esto funcione. Sea o no la silla para mí, también espero que recapacite.

—Esperemos que así sea.

De pronto, las luces de la sala se apagaron y únicamente quedaron encendidas las de la parte frontal. Las cámaras se encendieron y los reporteros comenzaron a hablar frente a las mismas: "Nos encontramos en la sala principal del Ministerio de Magia y Hechicería de Londres Mágico, en unos momentos más el Ministro dará un anuncio muy importante. Les pedimos que no cambien este, su canal favorito".

La pelirroja entonces apretó fuertemente la mano de Blaise Zabini. Ninguno de los dos supo si fue para darle seguridad al chico o para darse seguridad a sí misma, lo cierto fue que aquel agarre logró tranquilizarlos un poco a ambos. El sudor de sus manos delataba el nerviosismo que sentían, incluso si trataban de no demostrarlo.

Segundos más tarde, el actual Ministro de Magia y Hechicería hizo su entrada triunfal al recinto en medio de los aplausos de su personal de confianza que lo seguía muy de cerca, entre ellos Harry Potter y Ronald Weasley resaltaban. Ambos elegantemente vestidos. El Ministro se dirigió al podium, mientras que Harry se mantuvo varios pasos detrás de él con las manos entrelazadas sobre su propio abdomen mirando atentamente al frente.

—Buenas noches, brujas y magos que nos ven desde sus hogares. Gracias a los medios mágicos por su presencia en esta favorable tarde —comenzó el hombre con una sonrisa amable—. Durante cinco años he representado dignamente a la comunidad mágica. Hemos tenido muchos más aciertos que errores y al día de hoy, Londres Mágico se posiciona como una de las grandes potencias mágicas volviendo a nuestra Inglaterra más fuerte.

Era el típico discurso de un político, aunque mucho de lo que decía era cierto. Había hecho un buen papel, no excelente, pero bueno.

—Sin embargo, todo debe llegar a su fin y el mío ha llegado el día de hoy, pero no se preocupen. Ejerciendo mi Derecho como Ministro de Magia y Hechicería me permito presentar el día de hoy ante ustedes, con la debida formalidad que esto requiere, a quien desempeñará dignamente el cargo que he tenido durante cinco años. Con ustedes: Harry James Potter Evans, su nuevo Ministro de Magia y Hechicería.

A la risa de júbilo con la que acompañó aquella declaración pronto se unieron otras risas y gritos de júbilo. De un momento a otro, las personas deambulando por el Ministerio se habían acercado para escuchar en vivo y en directo el mensaje de su Ministro.

—Es ahora, Blaise... es ahora... —murmuró Ginny.

Un extrañado Lucius Malfoy no tenía mucho de haber ingresado a la sala principal del Ministerio. Tan pronto entró escuchó el anuncio del Ministro y su boca se abrió en claro gesto de sorpresa. ¿De qué iba todo aquello? Harry Potter jamás expresó el deseo de convertirse en Ministro, por el contrario, en cada entrevista que se vio obligado a ofrecer, siempre rechazó rotundamente la posibilidad. ¿Por qué de buenas a primeras lucía tan interesado en convertirse en Ministro de Magia y Hechicería? Quizá los presentes no lo sabían, pero Lucius estaba al tanto de los sentimientos de Harry, pues el mismo Potter había ido aquella mañana a su oficina para hablarle bastante entusiasmado sobre el anuncio del actual Ministro y no había perdido la oportunidad de invitarlo a tan magno evento. Ahora el rubio entendía que el joven de cabello azabache solo deseaba restregarle su poder en la cara.

Quizá pensaba que únicamente por ser el nuevo Ministro de Magia se quedaría finalmente con el amor de Ginevra. A pesar de no entender últimamente el comportamiento de la bruja de rojos cabellos, lo cierto era que Lucius Malfoy creía conocerla cuando menos lo suficiente para saber que un cargo no deslumbraría a la mujer y que si decidía volver con Potter sería por amor, únicamente. No por interés.

—Joder, Blaise... —murmuró Draco muy cerca de Swan. Ambos se encontraban ubicados en la parte trasera del lugar—. ¿Qué demonios haces? Habla ya...

—Draco —lo llamó Swan en el mismo tono—. ¿No es ese tu padre?

—¿Dónde...? Verga... —maldijo por lo bajo—. ¿Qué rayos está haciendo aquí? No lo creí capaz de venir... Ven acá —tiró del antebrazo contrario—. Vayamos hacia el otro lado, no debe vernos... No ahora.

Harry Potter fue hasta el mago de mayor edad y correspondió a su abrazo. Estrechó la mano del gabinete anterior y se dirigió hacia el Podium con toda la intención de enviar su primer anuncio a la comunidad mágica. Entonces Ginny tiró de la manga de Zabini nuevamente.

—¡Ahora!

El mago de tez oscura pareció salir de su letargo ante aquella palabra y en medio de la multitud alzó el brazo al tiempo que se abría paso para llegar hasta donde se encontraban los hombres. Finalmente quedó justo frente a ellos, apenas separados por un par de metros.

—¡Señor Ministro! —Gritó.

Como era de esperar tanto el anterior Ministro como Harry miraron en dirección a donde Blaise se encontraba, incapaces de saber a quien se dirigía el mago. Una vez que miraron fue notorio que el moreno llamaba al hombre mayor y no al recién nombrado. Harry apretó los puños, no entendía de qué iba todo aquello.

—Lo que desee tratar conmigo, podemos tratarlo en otro momento —habló tratando de sonar amable.

—El señor Potter dará su primer mensaje —continuó el mago de mayor edad.

—Señor Ministro —habló Blaise Zabini en tono firme acercándose mejor a los hombres y mirando hacia los medios presentes. De pronto, el lugar se había sumido en absoluto silencio. Nadie deseaba perderse ni un solo detalle de lo que allí ocurría—. ¡Objeción!

Lucius Malfoy miró al hombre que pronunció aquello y esta vez la sorpresa se reflejó en sus ojos. ¿Aquel era Blaise Zabini? ¿Blaise, el amigo de su hijo, novio de su ahijada, que siempre se mostró tranquilo e indiferente a la política? Todo estaba tan raro... Se preguntó si Pansy estaría enterada e instintivamente la buscó entre la multitud. Narcissa desvió apenas un momento la mirada y entonces lo vio. Lucius Malfoy, el padre de su hijo, resaltaba entre todos los presentes. Aunque no llevaba su larga cabellera, aún sin Ginevra Weasley mantenía el porte arrogante de siempre. La mujer pasó saliva con nerviosismo pero centró nuevamente su atención en su acompañante.

Todas las miradas se volcaron sobre el mago de tez morena y Blaise Zabini carraspeó antes de continuar.

—Apelo a mi DERECHO DE OPOSICIÓN, y lo ejerzo contra esta designación de nuestro señor Ministro. Yo, Blaise Zabini —habló alzando la mano frente a todo el mundo mágico—, deseo competir de forma justa por el cargo de Ministro de Magia y Hechicería, siendo consciente de los requisitos y cumpliendo cada uno de ellos hasta este preciso momento.

Los murmullos no se hicieron esperar. Desde la comodidad de su departamento temporal, Ginny pudo apreciar a través de la pantalla la forma en que Harry apretó la mandíbula, justo como lo hacía cada que se encontraba molesto. Hermione también conocía muy bien aquel gesto. Blaise, por su parte, siguió robándose el primer plano de las pantallas y aunque todos conocían que se encontraba bastante nervioso, el moreno no dejó que nadie más lo notara. El actual Ministro por, su parte, abrió los ojos con bastante sorpresa y buscó entre su personal más allegado al Presidente del Tribunal esperando que le dijera algo al respecto. Tenía un vago conocimiento sobre el DERECHO DE OPOSICIÓN, pero no lo conocía al cien por ciento.

El Presidente del Tribunal de Leyes Mágicas se acercó hasta el hombre mayor y habló en tono bajo muy cerca de su oído. Mientras tanto los murmullos prevalecían reinando en la sala y los medios del mundo mágico simplemente aguardaban expectantes. Ninguno de ellos había sido informado sobre el tema a tratar aquella tarde, por lo que el anuncio de un nuevo ministro de magia les había tomado por sorpresa y más aún lo que estaba ocurriendo en ese instante. Luego de intercambiar unas cuantas palabras, incluso con Harry, aún estando Zabini mirando de frente a las cámaras, el Presidente del Tribunal fue hasta el podium. Carraspeó para despejar su garganta y con notable incertidumbre empezó a hablar.

—El señor Zabini... esta tarde ha externado su deseo de competir de forma justa por el cargo de Ministro de Magia y Hechicería, tal y como... como señala el Derecho de Oposición que está ejerciendo ahora.

—¡Señor Juez! —Llamó una reportera bastante joven, quien se encontraba más cerca del hombre—. ¿Puede hablarnos sobre el Derecho de Oposición?

—Bien... —El hombre miró con algo de preocupación al actual Ministro, pero éste asintió dándole permiso de continuar. De un momento a otro las cartas del juego habían cambiado, pero necesitaban seguir adelante—. Cuando sin convocar a elecciones el actual Ministro de Magia y Hechicería nombre al nuevo Ministro de Magia, ya sea por mayoría de votos en el tribunal o usando su derecho inherente al cargo, al momento de la pronunciación puede surgir un oponente. Esto se conoce como DERECHO DE OPOSICIÓN. Claro que... como todo, tiene ciertas limitantes y requiere del cumplimiento de varios requisitos.

—Si me permite, señor Juez —habló finalmente Harry Potter avanzando hasta quedar a la par de Blaise Zabini y lo miró con una sonrisa en apariencia amable—. Esa ley es bastante vieja y no se ha usado durante décadas.

—Es cierto —respondió el abogado—. Pero sigue vigente. Siempre que el mago o bruja en cuestión ejerza este derecho en el momento justo del anuncio y se postule a mano alzada frente a la comunidad mágica... es válido.

—Pero no se ha usado en décadas —repitió.

—Con todo respeto, señor Juez, señor Ministro, magos y brujas que están presenciando esto —habló nuevamente el mago de tez oscura—, aunque admiro el papel que el Señor Potter tiene al día de hoy dentro de nuestra Historia, su postulación se encuentra cimentada dentro de un artículo de excepción, el cual dice que "el cargo de Ministro de Magia y Hechicería podrá ser ocupado por un mago o bruja que no cumpla con los requisitos antes mencionados en el presente artículo, siempre que se considere a nivel general que ha prestado servicios invaluables a la nación mágica". Justo lo que todos sabemos que el señor Potter hizo, pese a su juventud.

—¿Y qué servicios ha prestado usted, señor Zabini? —Cuestionó otro reportero.

—Llevo el mismo tiempo que el señor Potter laborando en el Ministerio de Magia y Hechicería. Ambos tenemos la misma edad y somos egresados del Colegio Hogwarts, distintas casas, cierto, pero mismo colegio. Quizá muchos estimen que no he brindado servicios invaluables a la Nación, pero... dentro de la ley también dice que quien busque competir ejerciendo su Derecho de Oposición debe cumplir con todos los requisitos estipulados dentro del artículo en cuestión o bien, estar académica y profesionalmente hablando al mismo nivel de su contrincante—. Repito: estar académica y profesionalmente hablando al mismo nivel de su contrincante.

—Me temo que... el señor Zabini ha acertado en todo cuanto ha dicho. En efecto, tal artículo existe y expresa cuánto se ha hablado hoy al pie de la letra. Para todos, creo sin temor a equivocarme, es notorio que... el señor Blaise Zabini se encuentra el nivel académico y profesional del señor Potter, por lo tanto... el Derecho de Oposición procede.

El juez guardó silencio por un momento.

—Si el señor Zabini está enterado de los requisitos para ser el contrincante del señor Potter, entonces... pido a los candidatos a Ministros de Magia y Hechicería que nos presenten a su candidato a Viceministro, quien en caso de resultar ganadores se convertirá en encargado del Departamento de Seguridad Mágica, segundo al mando de esta comunidad mágica. Señor Potter, comencemos con usted.

Harry Potter asintió y se inclinó en una respetuosa reverencia ante los presentes.

—Harry James Potter Evans, candidato a Ministro de Magia y Hechicería. Vicepresidente: Ronald Billius Weasley.

Los aplausos no se hicieron esperar, aunque éstos no fueron tan potentes como se esperaría. Sin duda alguna los magos y brujas en el Ministerio aún no digerían lo que estaba ocurriendo. El pelirrojo subió al estrado y estrechó la mano de Harry, se quedó de pie a su lado e hizo un gesto de saludo con su mano a todos los espectadores.

Un "Gracias" se leyó en sus labios.

—Llegó papá —murmuró un preocupado Draco llegado hasta su madre. Narcissa saltó del susto.

—¡Eso ya lo sé! ¿Qué se supone que debemos hacer?

—Nada —sentenció el rubio—. Seguir adelante con el plan... tarde o temprano tenía que enterarse.

—Esperaba que fuera más tarde que temprano... —murmuró la falsa Ginny.

—Puedes hacerlo —repitió Draco en baja voz.

Swan apenas y le sonrió. Silenciosamente él le deseaba lo mejor a la mujer. Habían practicado cientos de veces el guión que debía decir en caso de ser cuestionada sobre la postulación de Blaise y Narcissa, tan inteligente como lo era, había memorizado todo. Confiaba plenamente en ella.

Lucius a lo lejos sonrió de lado. Estaba de pie recargado contra una pared con los brazos cruzados sobre el abdomen. No le sorprendía que Potter hubiese designado como Vicepresidente al joven Weasley. Después de todo eran los mejores amigos del mundo.

Blaise hizo una reverencia similar a la hecha por su contrincante y habló.

—Blaise Zabini, candidato a Ministro de Magia y Hechicería. Vicepresidenta...

¿Vicepresidenta? La palabra resonó en el recinto como si hubiese sido pronunciada en un tono mucho más elevado que todas las anteriores palabras, pero no fue así. Tanto Blaise como Harry hablaron en un tono similar, la diferencia radicaba en que aquella palabra era claramente femenina... y nunca antes se había tenido a una bruja como propuesta en ese cargo. Sí que era algo nuevo.

El signo de interrogación brilló en todos los rostros, incluso en el de Lucius. Dudaba mucho que se tratara de Pansy. Todos se preguntaban qué mujer estaría lo suficientemente preparada para llenar el cargo. Aquel pensamiento por supuesto era de los más machistas que podrían existir. Pues Ginny era tan buena como su hermano e incluso se encontraba mejor preparada que el hombre. Sin embargo, era difícil aún en el mundo mágico para un mujer destacar sin ser demeritada.

"Ginevra Molly Weasley"

Esta vez Lucius Malfoy sintió que el corazón le dio un vuelco. Se preguntó en cuestión de una milésima de segundo si acaso había escuchado bien el nombre que salió del labios del hombre moreno. Sus ojos grises buscaron por instinto a la mujer que amaba entre la multitud, entonces la vio.

Harry Potter también lo hizo.

Ginevra Weasley se abrió paso entre los medios de comunicación del mundo mágico y a paso lento pero firme se acercó hasta donde encontraba el hombre moreno. Narcissa Black era consciente de las miradas de Harry Potter y Ronald Weasley, pero no podía importarle menos, después de todo no era la verdadera Ginny. No tenía relación alguna con aquel par, Lucius era un caso distinto. Quizá no se trataba de la auténtica Ginny, pero conocía a Lucius Malfoy incluso mejor de lo que él mismo lo hacía, se trataba del hombre con el cual estuvo casada durante muchos años, el padre de su hijo, su mejor amigo.

Se detuvo finalmente junto a Blaise y le dedicó una radiante sonrisa, una de aquellas que aprendió a imitar muy bien en las últimas semanas de la hija menor de los Weasley. Luego miró hacia las cámaras e hizo igualmente una reverencia. Saludó ondeando su delicada mano como toda una debutante y cuando su mirada se cruzó con la del hombre rubio la sostuvo unos par de segundos en clara muestra de valor.

También en sus labios se leyó un claro "Gracias".

Aquello sí que era un bomba. Dos hermanos compitiendo por el cargo de Viceministro del Mundo Mágico... apoyando cada cual a un candidato distinto. Los periódicos hablarían del tema por días, eso estaba más que claro. El Ministro y el Juez tampoco podían creerlo. Ninguno de los presentes, realmente.

—Bien —continuó el Presidente del Tribunal—, una vez que los candidatos han presentado a su candidato a Viceministro... los declaro candidatos oficiales al cargo de Ministro de Magia y Hechicería y, a partir del día miércoles de la semana entrante a las 09:30 horas de la mañana, comienzan su campaña con duración de tres semanas para pedir el voto de la comunidad mágica. ¡Mucha suerte a los dos!

Los aplausos y vítores de alegría no se hicieron esperar. Las cámaras tomaron fotos y los reporteros se pelearon empujándose unos a otros, todos en busca de obtener una entrevista aislada con los candidatos. Ginny se aferró al brazo de Blaise Zabini y buscaron la manera de escabullirse sin enfrentar a Harry y a Ron, pero les fue imposible. El moreno les dio alcance, al tiempo que el pelirrojo trataba de contener a los reporteros que buscaban a su amigo.

—Nunca lo esperé de ti, Zabini —casi escupió aquellas palabras. Sonrió de lado—. ¿Realmente crees que podrás vencerme?

Blaise sonrió de igual forma. Su sonrisa era sincera.

—Siempre te he admirado, Potter. Respeto tu forma de ser y estoy consciente del papel tan importante que tuviste en la última Gran Guerra, pero... creo que estoy lo suficientemente preparado para competir justamente por el cargo. Así que... eso haré. Espero que no te moleste.

Harry nuevamente apretó la quijada y sin decir algo más al respecto miró a la hermosa mujer que era su ex novia. Porque nadie, ni siquiera Harry Potter, podía negar que lucía bellísima. Tan elegantemente vestida, justo para la ocasión, a la altura de una candidata a viceministra, sin duda.

—Todo esto es tu culpa, ¿cierto?

—¿Tan bien me conoces, Harry? —Cuestionó la joven con una amplia sonrisa. Al menos la sonrisas harían que los medios no hablaran sobre una pelea entre ellos. No en ese preciso momento.

—¿Sabes qué? —Rio suavemente el de negro cabello—. Este plan tuyo no funcionará esta vez... Te has expuesto totalmente al mundo mágico, Ginny —habló en tono ligeramente bajo—. Todos saben que tu y yo tuvimos una relación, es más, muchos creen que aún la tenemos.

—¿Y?

—¿Sabes lo que hablarán de ti ahora que todos saben que estás de parte de mi contrincante? ¿Y qué hay sobre tu hermano? ¿No crees que el apellido Weasley andará en boca de todos?

—Lo que pase con el apellido Weasley ya no es problema mío —declaró la pelirroja, justo como la verdadera Ginny lo hubiese hecho—. Dejó de ser mi problema desde la última vez que puse un pie en la madriguera, ¿acaso no lo recuerdas? Tú estabas allí.

Harry aguantó las ganas de soltar un bajo gruñido y optó por sonreír.

—Sería una pena que... todo el mundo mágico se enterara de tu relación con el patriarca de la familia Malfoy Black. Después de todo... es un hombre casado. Casado, mayor y... de una dudosa reputación. Me pregunto si a la comunidad mágica le gustaría tener a una mujer así como Viceministra.

—Yo me pregunto si a la comunidad mágica le gustaría tener a un mago golpeador de mujeres como Viceministro —intervino Blaise mostrando igualmente una sonrisa.

El semblante de Harry se puso serio de un momento a otro y todo rastro de color pareció escapar de su rostro. Eso sí que no se lo esperaba.

—Que gane el mejor —murmuró.

Tanto Ginny como Blaise le agradecieron con una seca cabezada y siguieron su camino. Ron no se detuvo a hablar con su hermana, fue detrás de su amigo, siendo detenidos adelante por varios reporterios. Blaise y la pelirroja corrieron con una suerte similar.

—Señorita Weasley, señorita Weasley... —la llamó un joven reportero—. Unas palabras, por favor.

Incapaz de huir Ginny se detuvo. Sus manos aún estaban aferradas al brazo de Blaise Zabini y en un intento de calmarla, el moreno tocó su mano.

—Buenas tardes.

—Señorita Weasley, díganos, ¿ha pasado algo entre Harry Potter y usted? ¿Por qué su hermano apoya al otro candidato pero usted ha decidido ser parte de la planilla del señor Zabini?

—No creo que mi vida personal sea algo que deba influir en el voto de la comunidad mágica. He tenido la oportunidad de conocer personas maravillosas a lo largo de mi vida y, como es de conocimiento general, siempre tuve cercanía con el señor Potter. Mi hermano, Ronald Weasley, siempre ha sido su más grande amigo, sin embargo, creo que eso no impide que yo busque representar dignamente a los magos y brujas de Londres Mágico como Viceministra.

—¿Ha pensado que esta decisión podría dividir no solo a familiares y amistades sino al mundo mágico por completo? El apellido Weasley está íntimamente ligado a la Gran Guerra, al día de hoy, luego de cinco años, sigue siendo símbolo de resistencia, lealtad, valentía y honestidad. Los dos Weasley podrían ser excelentes viceministros.

Ginny sonrió.

—Dejemos que eso lo decida la comunidad mágica.

—¿Señor Zabini?

—Mh. Estoy de acuerdo con mi bella compañera de planilla —sonrió el hombre de tez morena—. La campaña comenzará dentro de unos días. Londres mágico podrá escuchar las propuestas de cada candidato y conocer la experiencia de ambos, así como de sus posibles futuros viceministros. Como la señorita Weasley lo ha dicho, la comunidad mágica es quien tiene la última palabra.

—Gracias por su tiempo. ¿Me permiten una foto?

—Por supuesto.

Blaise tomó firmemente a la mujer por la cintura y muy junto el uno del otro sonrieron hacia las cámaras, las cuales de un momento a otro parecieron multiplicarse. Una lluvia de flashes los envolvió y sin dejar de sonreír ni de separarse lograron finalmente salir de la atiborrada sala. Bajaron velozmente las escaleras con Draco siguiéndolos muy de cerca. El plan decía que se verían los cuatro junto al auto. Así que corrieron a paso veloz alejándose cada vez más del bullicio de la gente dentro del Ministerio. Draco deseaba sacar pronto a su madre de allí y evitar un enfrentamiento con su padre. De último momento decidió que Robert Swan les alcanzara en el departamento de la pelirroja, pues no quería arriesgarse a levantar sospechas si su padre llegaba a verlo por allí. Todo era arriesgado.

Fue inútil.

Tan pronto como Draco le dio alcance a su madre y a su mejor amigo, bastante cerca del auto y ya retirados de la entrada del Ministerio, Lucius Malfoy se interpuso en el camino de ambos. Los ojos de la falsa Ginny se abrieron con sorpresa y Blaise apenas y aflojó ligeramente el firme agarre de su cintura. Draco se paró en seco.

Maldición.

—¿Tú lo sabías? —Gruñó el mago de mayor edad.

Narcissa miró por encima de su hombro y vislumbró a su hijo casi sin aliento a escasos metros de distancia. Blaise también le vio.

—Papá...

—Todo este tiempo supiste dónde se encontraba esta mujer y no fuiste capaz de decirme nada... ¡¿Acaso eres mi hijo?!

La voz de Lucius Malfoy estaba temblorosa y llena de ira.

—Padre, por favor... Aquí no-...

—¡Me interesa muy poco lo que tengas que decir, Draco! ¡Me traicionaste! ¡Tú, mi hijo!

—Lucius, por favor... —intervino Blaise. Ginny por su parte se mantuvo callada—. No es un buen momento.

—Tú no te atrevas a dirigirme la palabra. Dime, Ginevra —habló en tono dolido mirando fijamente a la mujer que tanto amaba—. ¿Acaso me dejaste por él? ¡Contesta, maldita sea! ¿Me dejaste por Blaise Zabini?

—Papá...

—Señor Malfoy...

—¡Contéstame!

—¿Y si así fuera qué? —Habló con firmeza Ginny Weasley y aunque sonó idéntica a Narcissa Black, lo cierto era que aquella frase bien podría haber salido de labios de la verdadera pelirroja. La madre de Draco estaba convencida de que Ginny no se derrumbaría frente al hombre y se mantendría firme hasta el último momento, pues su amor de madre y de mujer se antepondría hasta el final.

La bruja se soltó del agarre del mago de tez oscura y se acercó al padre de su hijo, aún con el disfraz de la mujer que él amaba.

—¿Tienes acaso una idea de cómo me he sentido durante todo este tiempo?

De un momento a otro toda la ira contenida en su voz parecía haberse drenado. Lo único que estaba presente en los ojos grises del mago era un sentimiento de profunda tristeza, un sentimiento muy parecido al vacío.

—¿Tienes acaso la más remota idea de lo miserable que he sido?

Narcissa Black tragó en seco. Realmente esperaba que su exesposo no empezara a llorar, no en ese momento. Era su amiga y era bastante débil a su llanto.

—Lucius, basta.

—Dime, Ginevra... ¿acaso ya no me amas?

La pregunta salió desde lo más hondo del corazón del mago y Narcissa Black pensó detenidamente la respuesta que le daría. Debía pensar como Ginny lo haría.

—¡Contéstame! ¿Has dejado de amarme? ¿Alguna vez me amaste?

De un momento a otro Lucius tomó firmemente a Ginny por ambos brazos y la pegó a su cuerpo. Draco dio un paso al frente como deseando rescatar a su madre de los brazos del mago, mas Blaise le detuvo. Los ojos grises de Draco se cruzaron con los de su amigo y éste negó. Narcissa sabría que hacer, no debían intervenir.

—¡Suéltame! —Ordenó con voz firme.

—¡Contéstame! ¿Has olvidado todos los momentos que vivimos juntos? ¿Olvidaste tus promesas? ¿Por qué has huido de mí? ¡Dime! ¿Por qué?

Narcissa cerró los ojos y respiró hondo, cuando los abrió de nueva notó que lágrimas bajaban por el rostro de quien hasta hace poco fuera su esposo. El corazón se le quebró.

—Suéltame y piensa lo que quieras —repitió con total firmeza.

Mas antes de que pudiese hacer algo para impedirlo, en un acto desesperado del hombre, los labios que tenía años sin probar se estamparon apasionadamente contra su boca y le besaron con toda la necesidad que podría tener un hombre que ha buscado desesperado a la mujer que ama sin éxito alguno. Los ojos de Narcissa se mantuvieron abiertos y sus manos se posaron sobre el pecho contrario tratando de alejarlo.

Por su parte Blaise y Draco se quedaron inmóviles sin saber muy bien qué hacer al respecto. Blaise jamás creyó ver al padrino de su novia besar a Ginny Weasley frente a sus ojos y Draco, por otra parte, no podía creer que su padre estuviese besando a su madre luego de tanto tiempo sin amarse el uno a otro.

Los labios de Lucius reclamaron los labios amados casi con ferocidad, pero Narcissa luchó hasta que el hombre se retiró y le asestó una fuerte bofetada. Lucius se llevó la palma de su mano a la mejilla herida y sonrió con tristeza. La mujer se preguntó como el hombre podría sonreír en un momento como ese. Se sentía ofendida. No pensaba del todo como Ginny sino como la exesposa besada de un momento a otro por su exmarido. No podía considerarse más que una falta de respeto.

La sonrisa se mantuvo adorando el rostro del mago y se mordió el labio inferior.

—Realmente se acabó... ¿no es así?

Narcissa elevó una ceja en claro gesto de confusión.

—No hay más amor para mí en tu corazón... Pude sentirlo.

La pelirroja entreabrió los labios aún hinchados. ¿Ginevra amaba tanto a Lucius Malfoy que el hombre había sido capaz de sentir la diferencia entre ambas en aquel beso? Mierda.

—Lucius...

—Lo lamento. No volveré a molestarte.

El hombre no solo se notaba dolido sino bastante confundido. Tambaleante se alejó de la mujer y pasó por un costado de Draco, su hijo hizo intento de tomarlo por el brazo pero fue bruscamente empujado. Estaba metido en grabes problemas.

Narcissa miró la espalda del hombre al que inconscientemente acaba de romper el corazón... porque no quiso hacerlo en realidad. Era solo que... ella ya no lo amaba más. Le tenía un gran cariño, pero... no lo amaba. No como Ginny Weasley lo hacía. Probablemente en aquel momento Ginny Weasley no habría podido resistirse y habría terminado por corresponder el beso del hombre, pero ella no era Ginny Weasley. Su corazón no estaba más ligado sentimentalmente al mago de ojos grises.

—Yo... lo siento... —murmuró mirando a su hijo.

Draco negó. Fue hasta la mujer y la abrazó con fuerza besando su frente.

—Lo hiciste muy bien. Lo logramos, mamá.

Desde su departamento la auténtica Ginny casi pudo sentir el momento exacto en que se partió el corazón del hombre que amaba. Se dobló ligeramente soltando una exclamación de dolor y llevó la palma de su diestra a su pecho, justo por encima de su corazón. Éste latía con fuerza.

—¿Estás bien? —Cuestionó su amiga visiblemente preocupada.

—Sí, es solo que... solo fue un pequeño dolor.

—Será mejor que descanses un poco, ¿de acuerdo? Fueron muchas emociones por hoy. Draco y el resto no deben tardar en llegar.

La pelirroja asintió.

—No te preocupes... estoy bien, solo me acostaré un momento.

Hermione asintió.

—Vamos, te llevaré al cuarto.

Ginny apenas y le sonrió a su amiga, llevó ambas manos a su abultado vientre y acarició al bebé que de un momento a otro se movió.

—¡Hermione! —Gritó.

—¿Qué pasa? ¿Te duele algo? ¡Dime!

—¡Hermione! —Gritó de nuevo.

Una nueva patadita se hizo presente.

—¡Se ha movido! ¡Hermione...! Oh, joder... —se quejó—. Se siente tan extraño... ah.

Hermione se echó a reír suavemente.

—Es normal... Ya era tiempo de que empezara a moverse. ¡Draco estará tan feliz!

Ginny sonrió y reanudó su andar, solo que mucho más lento que antes, pues mientras caminaba dejaba caricias sobre su panza.

—Con cuidado, bebé... Mamá no está acostumbrada... —murmuró con todo su amor.

La castaña sonrió conmovida y guió a su aún cuñada hasta la recámara. La ayudó a recostarse sobre el cómodo colchón y la cubrió con una delgada sábana. Finalmente apretó una de sus manos con cariño.

—Por cierto... Muchas felicidades, Ginny. El plan fue todo un éxito.

Ginny apenas y sonrió ante aquellas palabras.

—Yo solo espero que, luego de todo esto... Lucius Malfoy sea capaz de perdonarme.

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Tan, tan, tan... Bueno, espero que les guste este capítulo, como siempre lo más seguro es que se me hayan ido algunos errores. Pero ya es tarde y quiero dormir, así que mañana lo corrijo sin falta. Por ahora espero que lo disfruten.

AVISO: Como todos saben muchos países están tomando medidas algo extremas debido al CORONAVIRUS. México a parecer ha tomado medidas estúpidas¿? (me refiero al gobierno. Vivo en una ciudad que es destino turístico y al suspender clases lo único que provocó es que las playas estén llenas de turistas y los antros full. Parecen vacaciones y no cuarentena. Aquí es donde creo que mi gobierno no está actuando como debe). Pero bueno, hay otros países que sí están llevando la cuarentena como es y sus gobiernos están actuando con inteligencia y rapidez.

Yo aprovecharé la cuarentena para actualizar mis fics en la medida de lo posible, incluso si son capítulos cortos, pero lo haré con todo mi amor para darles un poquito de felicidad mientras se encuentran recluidos en sus casas al igual que yo. Mh.

Tomen las debidas precauciones. Cuidense mucho. Mucha luz para todos ustedes. Gracias por seguir aquí. Ustedes me animan a seguir. Un abrazo fuerte.

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