64. ¿Es a esto a lo que llegamos?
—Sakura. —llamó Itachi, la chica de nuevo iba perdida en sus pensamientos. Tobi como siempre, molestaba a un dormido Lee, arrancándole las cejas. —Sakura.
— ¿Qué ocurre, Itachi-san? —preguntó. Llevaba el anillo en la mano, mirándolo constantemente, haciéndose recordar que todo aquello valdría la pena al final.
—Debes dormir un poco. —pidió Itachi. —Apenas has dormido algo en estos dos días, Masamune se alimenta de tu energía, podría desaparecer en cualquier momento.
—No puedo dormir. —murmuró ella. La mente se le llenaba de pesadillas al instante que conseguía conciliar el sueño. —Prefiero ver la noche.
Itachi se sentó a su lado, haciendo que Sakura recargara la cabeza en sus hombros, la chica no cerró los ojos, se quedó contemplando el cielo oscuro, nublado por el tiempo, advirtiendo que se estaban acercando a la Aldea oculta entre la Lluvia. Esa noche no había estrellas que ver.
Lee cayó de agotamiento a las primeras dos horas del viaje, a pesar de que Sakura usó su ninjutsu médico en él, el cansancio no lo pudo desaparecer de ninguna manera. Todos estaban agotados, pero Sakura sentía que Lee lo estaba aún más. Seguro que al momento de ver a Neji se replanteó si estaba haciendo lo correcto, ciertamente, Sakura nunca interactuó con el genio Hyuga, sin embargo, pudo percibir que el dolor en su mirada era tan intenso como el de Naruto y Sasuke.
Sakura con cuidado deslizó su mano hasta tomar la de Itachi, de cierta forma, le daba ánimos para seguir adelante. Casi con una ternura paternal, Itachi le atusó el cabello a Sakura, peinándoselo por encima de las orejas hasta que notó que los mechones no se le escaparían por los costados; Sakura se dejó hacer, cerrando los ojos, ahí, sobre el hombro de Itachi sentía que nada podía alcanzarla. Ni Orochimaru, ni Danzo, ni Akatsuki, todo se desvanecía y podía ser libre, junto a él, no había sentimientos catastróficos inundando su mente, las caras de Naruto y Sasuke no venían a su cabeza, el simple hecho de fantasear con la felicidad de no llevar nada sobre sus hombros era tan tentador que nunca quería dejar de sentirlo.
Más de una vez Sakura idealizó un mundo sin que nada de eso hubiera pasado, que todos hubieran tenido las vidas que merecían. Sasuke e Itachi viviendo junto al clan Uchiha, sin matanzas ni traiciones, siendo la feliz pareja de hermanos que eran antes; Sakura siempre se preguntaba cómo sería Sasuke entonces, seguro un chico que desparramaría dulzura de todos lados, sin esa barrera que tanto lo caracterizaba. También imaginó a Naruto conociendo a sus padres, sin ser tratado como una peste en la aldea, seguro que su sonrisa sería mucho más bonita que la que tenía ahora; Lee, por supuesto, estaba incluido, un Lee sin ser tratado mal por otros, sin ser subestimado por no tener habilidades en las técnicas ninjas.
Sakura imaginó un mundo donde sus padres la hubieran amado desde el momento en que nació.
Y más de una vez se preguntó si Itachi podría meterla en un genjutusu y dejarla ahí para toda la eternidad.
Una gota de agua le cayó en el rostro, despertándola, seguida de un montón más que comenzaron casi a ahogarla. Sakura se sentó de golpe, cubriéndose la nariz y boca con su mano. A Masamune le costaba mantener el vuelo, por lo que fue reduciendo la velocidad para poderlos dejar en el suelo; mientras descendían, Lee le pasó la mascará que utilizaban en la aldea de la lluvia. Debido a que no tenían una para Masamune, este terminó marchándose de ahí, desapareciendo en una pequeña nube de humo.
Acababan de llegar de nuevo a la aldea, no obstante, lejos de como fue antes, nadie los detuvo y llegaron a la guarida en cuestión de minutos. Esta vez solo estaban Sasori, Deidara y Konan en el lugar.
—Veo que cumplieron. —dijo Konan al ver el anillo que llevaba Tobi ahora en el dedo, Sakura apenas se daba cuenta que lo había arrebatado de su persona. Incluso Itachi pareció sorprendido de que Sakura no lo llevara encima.
— ¿Con esto ya me puedo convertir en Akatsuki, no? —pregunto Tobi, modelando el anillo.
—Agh, que molestia contigo. —suspiró Deidara.
—Sí. Ese fue el trato. —continuó Konan en su tono neutral. —Según las ordenes de Pain: Tobi irá con Deidara. Sasori me ha dicho que tienen asuntos pendientes que atender, siempre y cuando generen ganancias a la organización no veo problema en que se lleven a cabo. Es todo.
La chica se marchó sin más, perdiéndose por una puerta que a Sakura le daba curiosidad sobre su paradero.
— ¡Esto es injusto, jefe! —reprochó Deidara. — ¿Por qué me tengo que quedar con el más odioso de todos?
—Tu no tienes que venir. —dijo Sakura, molesta, dirigiéndose a Sasori. — ¿Se puede saber a que demonios irías? ¡Son tus marionetas en primer lugar!
—No pintas nada ahí. —siguió Lee, igual de defensivo que Sakura.
De pronto las quejas de Deidara quedaron en el aire, irritándolo mucho más.
—No tengo que darles explicaciones a un par de mocosos como ustedes. Ni a Itachi.—contestó Sasori, divertido de ver sus rostros. —Voy porque me apetece hacerlo. Además, el líder ya lo autorizo, no pueden hacer nada al respecto.
Sakura gruñó, frunciendo frente y nariz, quería darle un buen puñetazo a ese sujeto y mandarlo a la tumba de una vez por todas. Tanto ella como Lee no querían que nadie ajeno a Konoha entrara a su preciada aldea, podría traer muchos problemas, sin embargo, Sasori tenía razón, si Pain lo autorizó no podían hacer nada. El instinto de Sakura le decía que era mejor no hacer enojar al líder de Akatsuki.
—Antes de partir, dejemos algo en claro. —Sakura caminó a Sasori, plantándole cara. Deidara y Tobi estaban a unos centímetros de ellos, notando la recién formada tensión y aunque Tobi dio un paso a ellos para intentar alivianarla, Deidara lo tomó del cuello de la capa, haciéndolo hacía atrás, indicándole con la mirada que no le convenía meterse. —Si te cruzas en mi camino, si lastimas a uno de mis amigos, no te dejaré seguir caminando en este mundo.
—Una apuesta interesante para alguien que no pudo vencerme sin ayuda de la vieja bruja. —contestó Sasori, sin inmutarse.
— ¿Quieres probarlo? —Sakura alzó uno de sus puños, tronando los huesos de su mano.
—Suficiente, Sakura. —ordenó Itachi. —No nos conviene convertirnos en enemigos cuando vamos a una misión juntos.
—Ahí lo tienes.
Sakura había intentado no pensar en Chiyo, en como la dejó a su suerte para irse con Itachi, pero el tener que compartir misión con ese sujeto le causaba asco. Además, fue él quien generó el problema de las marionetas en Konoha, que su madre fuera una. —Como sea. —bufó ella, dándose la vuelta y tomando la mano de Lee, lo comenzó a llevar en dirección contraria. Mientras menos contacto tuvieran con ellos, mejor. El único que interesaba de todos ellos, era Pain.
Aun cuando se marchaba, Sakura pudo sentir la mirada burlona de Sasori persiguiéndola.
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Naruto quería que Hinata parara lo que estaba haciendo de una buena vez. No estaba de ánimos para nada que no fuera su cama. La chica lo estuvo mirando desde la ida de Sasuke con una tristeza infinita, casi con lastima, ni siquiera Neji lo miraba así, el parecía estar sumido en sus pensamientos tanto con él. Y, aunque Yamato los invitó a unas aguas termales para subirles el ánimo, Naruto lo que más quería era llegar a su aldea.
— ¡Naruto! —gritó Ino, desde una distancia cercana, venía justo detrás de ellos, junto a Chouji y otros dos ninjas que no conocía. Una sonrisa pícara se formó al ver a Hinata junto a él, pero poco a poco está comenzó a ser borrada cuando pudo contemplarles perfectamente bien los rostros.
— ¿Dónde está Sasuke y Sakura? —preguntó Chouji, confundido.
Naruto cayó en cuenta que Ino no había estado presente el últimos dos meses, había partido un día después que la misión de ellos para proteger a una princesa del país del fuego. No se había enterado de lo de Sakura. Y siendo francos él no quería darle la noticia de que su mejor amiga había traicionado a Konoha, pero al mismo tiempo, quizás ella fuera la única persona que pudiera entenderlo en ese instante.
— ¿Naruto? —llamó Ino al ver que se quedó sin habla. Un escalofrío recorrió la columna de la chica, como si predijera que algo le pasó a sus amigos. —Todo está bien, ¿verdad?
—Ino. —llamó Hinata, negando con la cabeza. La chica también sentía la ansiedad crecer dentro de ella, no quería que Naruto se sintiera peor, pero al mismo tiempo quería correr al hospital para saber el estado actual de Kiba. —Vayamos con la Hokage, ahí te enterarás de todo.
Todo ocurrió bastante rápido, en momentos atrás, Ino mantenía su energía usual de siempre, buscando animar a Naruto al contarle tan descabellada historia de que había una princesa igual a ella en el país del fuego, no tardó en darse cuenta que al rubio apenas le interesaba su historia.
—Sasuke y Sakura se marcharon. —dijo Naruto, con voz seca y rasposa. —Sakura y Lee con Itachi, se han unido al Akatsuki.
Silencio.
—Sasuke creó un clon de sombras sin que nos diéramos cuenta, se marchó. Seguro intenta detener a Sakura. —prosiguió Naruto, sin dejar que nadie interviniera en su explicación. —No va a volver hasta que la encuentre y la convenza, o hasta que muera. Lo que pase primero.
Incluso las aves pasaban sin emitir ningún sonido, las cigarras no cantaban pese al calor que emitía el sol, el viento dejó de soplar en algún punto del trayecto. Era un silencio seco. Naruto no estaba mirando a nadie a los ojos, veía la ventana y las ondas de calor que se podían apreciar por fuera, haciendo que las casas se hicieran ligeramente borrosas. Ya se había cansado de llorar, es más, quizás sus lágrimas fueron evaporadas por el mismo calor.
Tsunade miró con tristeza a Naruto, parecía tan destruido por dentro y por fuera. Así que sin pensárselo mucho, se levantó y ahí, delante de todos, le dio un largo abrazo que provocó un temblar en la boca del rubio. Ese abrazo le hizo sentir que seguía vivo, que aún contaba con personas a su lado.
Que podía salvar a Sakura y Sasuke.
—Lo… lo siento…—masculló Naruto. Con una seña de la Hokage, todos los ninjas presentes se retiraron sin emitir sonido. —Lo siento, abuela… lo siento tanto… no pude salvarla, no pude salvar a nadie.
Tsunade le acarició los cabellos con cariño, sintiendo que las lágrimas de Naruto le resbalaban por el cuello. —No es tu culpa, Naruto.
—Me volveré fuerte, más fuerte que nadie, —sollozó, abrazándola con fuerza. Como un niño que buscaba el consuelo de su madre al caerse en el barro. Tsunade correspondió el abrazo, sintiendo que las propias lágrimas resbalaban por su rostro. — ¡de esa manera lo podré proteger todo, abuela!
Tsunade dejó que Naruto descargara todo su dolor en ella, que llorara hasta que anocheció y quedó dormido en su regazo. Con sus manos pasó con delicadeza sobre su cabello, como si el simple movimiento fuera romper al chico. Ella se sentía de la misma manera, ahora comprendía sin duda las palabras de Sakura la última vez que charló con ella.
—Niña tonta. —suspiró, dejando caer su cabeza hacía atrás. —No tienes por qué cargar todo tu sola.
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Ino no dejó que Chouji la acompañara, pidiéndole de favor que le dijera a Shikamaru que estaría bien. Pese a que su amigo no le creyó del todo, la dejó ir, sabiendo que necesitaba estar sola por un tiempo. La chica siguió caminando, hasta la entrada del clan Haruno; de niños, siempre que iba a ese lugar, le entraba un miedo abrumador al recibir las miradas hostiles de todos los hombres. Una vez el padre de Sakura zarandeó a este, delante de ella, Ino no pudo hacer nada más que observar aterrada la escena y correr en busca de su padre.
Dio un largo suspiró, la noche comenzaba a caer, por lo que se alejó de ese maldito clan y comenzó a emprender marcha hacía otro lado de la aldea. Aquel parque donde la conoció por primera vez, donde le puso aquel listón en la frente y la invitó a jugar con ella. Ino se puso de cuclillas en el mismo lugar, observándolo como si estuviera contemplando al pequeño Sakura llorón que temblaba incluso con ella.
—Es inusual que vengas a visitarme tan seguido. —comentó Sakura, sorprendida de verla afuera de la cabaña. Masamune iba en su cabeza.
—Digamos que conseguí un permiso especial de la Hokage. —sonrió Ino, mostrándole el papel. —Me dejo quedarme aquí un mes, es como una misión.
— ¿¡De verdad!? —la cara de Sakura se iluminó, emocionada por la estancia de su mejor amiga.
—Bueno, no queremos perderte en alguna misión, ¿cierto? —contestó Ino, con las manos en la cintura. —Tengo que poner tu cuerpo en forma, desde los exámenes chunnin, has engordado.
— ¡Y quién lo dice, puerca! —gritó Sakura, arrojándole la cubeta que tenía en sus manos.
No fue hasta la última noche que permanecieron juntas que Sakura se animó a preguntar algo que confundió a su compañera. Estaban afuera de la cabaña, contemplando las extensas estrellas que adornaban el cielo, Sakura se vez en cuando señalaba unas, indicando que pertenecían a alguna persona que conocía.
—Creo que te está afectando estar aquí. —comentó Ino, con los ojos en blanco.
Sakura guardó silencio, luego Ino notó que jugaba con sus manos por lo que de inmediato supo que le quería comentar algo.
— ¿Qué es? —preguntó Ino, más tranquila.
Con eso, Sakura pareció darse valor para comentarle.
—Ino… si alguien te estuviera ofreciendo la felicidad que tanto buscas, aunque fuera una mentira, ¿lo tomarías? —soltó de pronto y de forma rápida, tanto que Ino tuvo que tomar un momento para procesar todas sus palabras. Al ver que Sakura tenía esa mirada seria en su rostro, supo que no le podría contestar con una broma.
— ¿Qué dices? —preguntó Ino, con una risilla. — ¿Por qué iría a vivir una mentira? Sería muy doloroso.
— ¿Y si pudieras salvar a Choji y Shikamaru con eso?
Ino hizo una mueca, pensándolo con detenimiento. ¿A qué venía esa pregunta? —Lo haría. —contestó con un suspiró, Sakura no iba a ceder con una respuesta vaga. —No importa qué, si sacrificarme a mi salva a las personas que amo, entonces no tengo ni porque pensarlo.
—Fue mi culpa. —murmuró Ino, saliendo de sus recuerdos. Llevó una mano a su boca y dejó que las lágrimas fluyeran una tras otra, pronto el suelo comenzó a humedecerse. —Es mi culpa que Sakura se haya ido.
Observó una silueta delante, el pequeño Sakura con su listón cayendo por sus hombros, sonriéndole, confiando en las palabras que dijo Ino de pequeña. "¡No te preocupes, Sakura, a partir de ahora… yo cuidaré de ti!". Ino buscó tocarlo, sin embargo, el pequeño Sakura se desvaneció entre la noche, haciendo que la chica estallara en llanto.
Los ninjas no deberían hacer promesas que no podrían cumplir.
Mis queridos lectores, un favor, sé que va a sonar súper infantil, pero ¿me podrían decir si les va gustando la historia o no. Necesito subirme el ánimo sobre esta historia en especial, una ayuda con eso, por fis.
