Era su cuarto día acampando en medio del bosque.

El final de ese día habían encontrado al cuarteto (Sakura, Karin y quienes ahora conversaban) en la frontera entre los Campos de Arroz y la Hierba, a donde los había llevado su tarea de rastreo de toda el área circundante a las aldeas atacadas por Kabuto, siempre en búsqueda de algún rastro de la escurridiza serpiente o de sus peones.

Otro día inútil, aunque no perdido, principalmente para los ex-compañeros varones del equipo siete.

Y ahora estaban allí, ambos junto al fuego.

Debían de ser las dos de la madrugada.

La luna, alta y brillante en el cielo, en su máximo brillo, parecía haber afectado a las chicas del grupo.

Karin había logrado convencer de alguna manera a Sakura de levantarse y dirigirse a una poza de agua cercana a un baño bajo las estrellas. Según sabía el Maestro Sennin aquello era algo que los sapos de los pantanos hacían para disfrutar la tibieza de las aguas nocturnas (no gustaban de las sulfurosas aguas termales y aquello era para esos anfibios lo más cercano a dicha experiencia) y Karin, encontrada por uno de dichos sapos durante uno de sus entrenamientos nocturnos en Myobokuzan, le había aceptado la invitación a acompañarlos por mera deferencia -según ella decía-, pero el gusto por la experiencia se le quedó, para tortura del rubio que era quien debía acompañarle cuando sentía ganas de aquello y le despertaba, en medio de la noche.

Así, con Karin despertando a la pelirrosa, con Sasuke despertando por su lado al notar como quienes ocupaban la tienda cercana a la de ambos varones moverse a una hora tan sospechosa y luego despertando éste a Naruto para que le acompañara por si se trataba de algún peligro ya que no pretendía acaparar toda la diversión para sí -y dejar que el dobe le reclamara por no avisarle- mientras ignoraba como el rubio le insistía que no pasaba nada, que si algo hubiera afuera sus clones de sombra le habrían alertado de alguna forma u otra o sus propios sentidos ultra desarrollados le pondrían en alerta -nada de lo cual había pasado-, para finalmente terminar ambos chicos golpeados por una poderosa onda de viento cuando se aparecieron en donde las muchachas se desnudaban para entrar al agua.

Aunque habían alcanzado a escuchar antes de irse que el ver a ese par derribado sin que pudieran reclamarles nada compensaba para Sakura el haber cedido ante el pedido de la pelirroja, aumentando la incomodidad del par (y los "te lo dije" del rubio a su compañero) Sasuke no se veía enojado por el (mal)trato. Así que, en vez de decidirse a regresar a sus tiendas, el pelinegro Uchiha le ordenó a su amigo -pareció pedirlo, pero el tono que usó el huraño joven no admitía espacio para una negativa, a juicio de Naruto- el quedarse allí, a su lado, junto al fuego.

Sasuke quería conversar.

A Naruto aquello le extrañó: oportunidades mejores para hablar mientras viajaban juntos habían tenido por decenas esos días, o para hacerlo en sus tiendas, antes de dormir. Le iba a observar aquello cuando comprendió: él le había dicho al Uchiha que Karin tardaría un par de horas (lo que hacía no era precisamente un baño de aseo, si no más bien un relajo sumergida en el agua tibia), por lo que tendrían una oportunidad de hablar a sabiendas de que no serían espiados por Karin y sus raros sentidos Uzumaki.

Así, por primera vez en cuatro días, los amigos estaban realmente solos y con tiempo para decir lo que sea, en completa libertad. Una libertad que parecía haber afectado particularmente al joven Uchiha, quién miró a su amigo con su rostro más serio:

- Naruto…

- Dime, teme.

- Tengo algo muy importante que preguntarte.

- Vamos, ¿y ese tono, Sasuke? Lo dices como si realmente existieran temas tan importantes entre nosotros.

- Así es. Ésto es en serio.

Aquella frase final disparó las alarmas del rubio, recordando una idea que había estado dándole vueltas las últimas semanas. Naruto tragó saliva, nervioso, mientras trataba de adelantarse a las palabras de su amigo y evitar que dijera algo que arruinaría todo lo que habían construido entre ambos ("espera, que de construido nada, solo es algo que se dio"):

"Mira, Sasuke. Si bien me siento alagado no creo poder… quiero decir… no es que critique tus gustos, incluso los comprendo. Digo, sé que tengo cierto… magnetismo animal; sí, eso… pero soy hombre y tú… Espera, no quise decir que no seas hombre; seguramente eres muy masculino, pero ese es el problema… Cómo te lo digo… es que tú conoces mis gustos… y quizás ese sea el problema… sé que Sakura no era la chica más femenina del mundo, incluso que de lejos parecía hombre, pero eso era antes. Y lo que me gustaba de ella era su lado femenino… sí, mal ejemplo… ¡Ajá! ¡No te olvides de Hinata-chan! Nadie, jamás, podría decir que parecía niño (aunque de pequeña tenía ese pelo corto tan raro, pero en ese entonces no me gustaba, creo), y cuando creció… aunque podrías decir que el que no me llamara la atención probaría mis verdaderas inclinaciones, pero me enamoré de ella y… ¡ni siquiera lo insinúes!, no digo que fue su físico el que… pero tampoco es como si no me provocara… uf, si que me lo pones difícil… y ya sé lo que me dirás: que en realidad nunca he estado con una mujer de verdad, pero es que yo y Konan-sensei… ¡No te atrevas a decir nada de ella! Sé que no debí haberlo hecho pero en ese momento, estando tan cerca… espera… ella… ¿se aprovechó de mi? Digo, me doblaba en edad, y no es como que yo hubiese podido obligarla a nada; es más como si ella hubiese jugado con mi cabeza y… ¡Rayos, deja de meterme ideas raras, teme!… Espera, no quise ser grosero contigo: no te pongas a llorar; tampoco pongas esa cara, que no quiero que nuestra primera vez sea una violación… no, no, no quise decir eso, nada de primera vez… ¿Ves todas las estupideces que me haces decir porque me pones nervioso? Y te lo repito: el que tuviese esa fijación con el jutsu sexi no quiere decir que tuviese un deseo homo reprimido y esa fuera la forma de conseguir que otros hombres me desearan, ¡dattebayo!; ¡SOLO ERA UN ESTÚPIDO JUEGO, TE LO JURO!

Naruto, encogido sobre si mismo, a casi cinco metros más lejos de Sasuke (se ha ido alejando centímetro a centímetro mientras hablaba), se cubre la cabeza con sus brazos, como si esperara un golpe por el rechazo, incapaz de pensar que el teme reaccione diferente a Sakura o a Karin.

Uchiha Sasuke, rojo de ira, que ha aguantado estoicamente hasta ese punto la palabrería del chico, se toma unos momentos para tranquilizarse, respirando profundo antes de hablar nuevamente:

- Dale gracias a Kami de que te aprecie y que después de todos estos años haya aprendido a lidiar con tu estupidez, dobe retrasado.

- ¿Qué… dices?

- Que si no fuese el genio que soy hubiese perdido el hilo de la sarta de sandeces que has dicho al minuto.

- Eh… me alegro que lo entendieras… y que no quieras matarme por rechazarte.

- Nada de rechazo, Naruto.

- ¡No puedes obligarme! ¡Te acusaré con Kakashi-sensei si lo haces! -le advierte el rubio, temeroso, mientras parece estar listo para salir corriendo de allí- ¡Te juro que gritaré!

- Mira, idiota: no puedes rechazarme porque nunca, jamás, ni en un millón de años, ni aunque yo fuese mujer y tú el único hombre sobre la faz de la tierra, me sentiría atraído por ti. Eres incluso peor que yo como prospecto romántico y aún sigo sin entender cómo la chica Hyuga terminó enamorada de ti.

- Entonces… tú no…

- No, Naruto, y solo alguien tan tonto como tú podría haber creído algo así.

- Entonces, ¿puedo acercarme? ¿no intentarás nada?

- Lo único que podría intentar es golpearte, pero me agota. Además prefiero tenerte cerca a tener que gritarte, dobe.

Más tranquilo (ciertamente prefiere a su amigo irritado que… "raro"), el rubio decide colocarse cerca suyo, llevando esa sonrisa tonta con la cual pretendía que le disculparan cuando era chico y decía algo más tonto que de costumbre. Pero el pelinegro no respondió a su gesto, y solo se quedó mirando fijamente las llamas de la fogata que, para ese punto, habían subido bastante:

- En realidad si hay algo que quiero preguntarte.

- Y es importante, ¿verdad? -le dijo serio el Maestro Sennin-

- Más de lo que te puedas imaginar. Digamos que es una especie de duda existencial.

- Aunque lo de "Maestro Sabio" no se refiere a lo que uno esperaría de buenas a primeras, supongo que soy tu mejor alternativa si deseas una respuesta, sea cual sea.

- La única.

- Entonces adelante: soy todo oídos.

El Uzumaki espera algo dramático, como el que su antiguo compañero de equipo le mire a los ojos y haga su consulta, por lo que trata de adoptar la pose más señorial posible allí, sentado junto al fuego. Pero el último Uchiha baja la cabeza, y aunque su voz es clara parece imposible no deducir que preguntar aquello le da… vergüenza:

- ¿Porqué eres mi amigo, Naruto?

- No te entiendo, teme.

- Eso, que te estoy preguntando el porqué eres mi amigo.

- "Somos", se supone que es algo mutuo -le indicó algo molesto el rubio-

- No te ofendas, que no lo he dicho por ello. También te considero mi amigo, pero yo sé porqué lo soy tuyo, dobe. Lo que no comprendo es porqué tú lo eres mío.

- ¿Y lo tuyo… sería por qué?

- Supongo que es lo que merezco por preguntar. A ver… si dejo de lado el cómo me has ayudado antes, el que estuviste detrás de mi todos estos años, el que fueses el único que realmente nunca perdió las esperanzas conmigo y-

- (interrumpiendo) Sakura-chan y Kakashi-sensei tampoco perdieron la fe en ti, teme.

- Te equivocas: ellos hace ya mucho dejaron de creer en mi. Y no los culpo: yo mismo me veo y no soy capaz de concederme nada que me haga apreciable, no al nivel de lo que ellos se merecen.

- ¿Es por eso que me preguntas eso? ¿Acaso tu soberbia y tu auto complacencia ya no funcionan, Sasuke?

- Tú mejor que nadie debería saber que eso que llamas auto complacencia, el decirte a ti mismo ante todos lo especial y único que eres en realidad es una mala mentira, una que usamos los fracasados para disimular ante todos que somos conscientes de nuestra propia insignificancia.

Naruto calla. Sasuke, extrañado porque su amigo no le responde nada luego de un rato, decide mirarlo: el rubio se ve decaído, avergonzado pero de una manera diferente, y el Uchiha sabe perfectamente porqué:

- ¿Sabes que no lo decía por ti, verdad?

- Si, pero… es imposible no recordar mi propio pasado.

- ¿Aún te duele?

- No, solo… es extraño. Es como cuando creces y sabes que nada se esconde bajo tu cama esperando lastimarte, pero aún eres capaz de tener pesadillas con ello, y luego despiertas, y vas y te asomas con miedo para asegurarte que el monstruo realmente no está allí.

- Si… mis miedos también me visitan en mis propias pesadillas, Naruto. Te entiendo perfectamente.

- ¿Ves? Por eso eres mi amigo: eres el único capaz de entender lo que significa ser yo.

- ¿En serio es eso?

- Mira… reconozco que te detesté en un inicio, y que hubiese renunciado al ramen si eso me garantizaba que no fueras mi compañero de equipo.

- Todavía recuerdo lo que me hiciste ese primer día que formamos equipo… dobe atrevido.

- ¿Lo dices por atacarte en tu casa? -pregunta Naruto, nervioso-

- ¿Porqué otro motivo, eh? ¿O acaso me hiciste algo peor ese día?

- No era nada personal, Sasuke. En realidad se trataba de algo con Sakura-chan. Necesitaba…

- ¿Necesitabas?

- Quería saber lo que ella pensaba realmente de mi.

- Lo siento -le dice el pelinegro en tono lastimoso-

- ¿Porqué lo dices así, teme?

- ¿Recuerdas que salí a buscarte cuando me liberé? ¿Que nos encontramos en el parque? Quería darte una paliza allí mismo, pero saliste corriendo. Y por tu cara era evidente que no era porque me tuvieras miedo por lo que hiciste.

- Si… lamento todo eso.

- No te gastes, Naruto. Parte de la carga de ser tu amigo es saber que inevitablemente harás alguna estupidez cada cierto tiempo.

- ¡Eh, eso no es justo, dattebayo!

- Lo que sea. Te decía que luego de que saliste corriendo me encontré con Sakura. Parecía estar esperándome y dijo… cosas sobre ti, cosas que no debió decir. Realmente nuestra compañera era casi tan tonta como tú en ese entonces: fue como si olvidara exactamente con quien hablaba, y por querer ofenderte terminó ofendiéndome a mi. Pero al menos eso me hizo conocerte un poco más, comprender con qué lidiabas y me dio un poco de tolerancia hacia ti. Y claro, te salvó de una golpiza por tu… "pequeña broma".

- Entonces fue por eso que Sakura-chan se disculpó conmigo. Y yo que creía que era porque… En realidad nunca pensé porqué lo hizo; sinceramente creí que ella quería llevarse bien conmigo, dejar su maltrato en la Academia de lado y… y…

- ¿Te hiciste castillos en el aire? Seguramente ya te veías yendo de la mano con ella, camino al altar.

- Y contigo mirándonos en primera fila, rabiando porque te había ganado y me había quedado con ella.

Aquella revelación le sacó una carcajada al Uchiha, la primera en mucho tiempo:

- Bien, entonces es porque nos parecemos. Por eso eres mi amigo.

- Es más que eso, Sasuke. Contigo a mi lado pude sentir como mejoraba, como me hacía mejor. Y no hablo de mi fuerza, de mi poder como shinobi: era ese lado… oscuro de mi ser; el ser tu compañero me permitió lidiar con la rabia y el resentimiento que alimenté durante años por como todos me trataban, como si el ayudarte y estar a tu lado fuese una especie de reconciliación con esa parte mala de mi. El que un sujeto que me detestaba pudiera-

- Desprecio. Lo que sentía por ti era desprecio: eras como un mal chiste queriendo ser mejor que yo -le interrumpe el pelinegro, aclarando aquello-

- Claro, lo que sea. Decía que el que precisamente tú reconocieras como mejoraba más y más era como si realmente fuera posible que algún día todos podrían llegar a hacerlo . Y cuando peleamos contra Haku en el puente-

- (interrumpiendo) Cuando te salvé la vida.

- ¿Sabes que Haku en realidad nunca trató de matarnos, verdad?

- Eso no importa. Ninguno de nosotros sabíamos eso; no creas que lo olvidaré.

- Yo tampoco lo he olvidado, teme. Y me aseguraré de pagártelo algún día.

- No lo decía por eso, Naruto.

En eso el rubio se queda en silencio, pensativo, con una sensación de deja-vu que no es capaz de comprender. Decide continuar con su plática:

- No importa. El hecho es que el ver como eras capaz de renunciar a tus sueños y metas allí, por alguien que se supone no era nadie para ti, me hizo entender que Uchiha Sasuke si valía la pena y entonces, por primera vez en mi vida, me plantee la posibilidad de tener un amigo.

- ¿Por primera vez?

- Antes, con todos aquellos que se acercaron a mi, siempre tuve el mismo problema. Claro, no sabía a qué se debía entonces, pero siempre pasaba algo que obligaba a quien quiera que estuviese cerca de mi mantuviera su distancia o, peor aún, se alejaran. Todos habían aprendido que yo era peligroso y que no debían acercarse ni permanecer a mi lado. Y si bien hubo sujetos como Shikamaru, o Choji, o incluso el tonto de Kiba que se juntaban a jugar conmigo, todos ellos terminaban alejándose por miedo a lo que les significaría desobedecer la prohibición de estar cerca de mi.

- Podrías haber insistido con ellos. Seguramente habrían sido mejores amigos que yo.

- No lo sé. Nunca quise saberlo. Todavía recordaba como Sakura-chan, como tú mismo te habías alejado, y prefería tener ese poco con ellos que tratar de ir más allá y provocar que sus padres les forzaran a darme la espalda: ese era un error que no repetiría.

- ¿Yo? ¿De qué rayos hablas? -pregunta Sasuke, incapaz de recordar una época en que ambos hubiesen tenido cualquier contacto antes de que fuesen equipo-

- No te acuerdas. Es normal, supongo. Hubo una época en que era más inocente y traté realmente de hacer amigos. Sé que era chico: no recuerdo si tenía cinco, seis o siete, pero si los recuerdo claramente a ustedes, a ti y a Sakura-chan. Claro, sus padres estaban furiosos de que ustedes jugaran con el niño-demonio y los obligaron a abandonarme. Supongo que por eso no te acuerdas, no con todos los que te rodeaban en ese entonces, pero para alguien como yo, que no tenía a nadie, las pocas veces que estuvimos juntos fueron valiosas, incluso con lo efímero que todo eso fue.

Sasuke se queda mirando a su amigo en silencio, como si tratara de hacer memoria de aquello, pero le resulta inútil. Naruto, intuyendo aquello, le dice: "No te preocupes: nunca he esperado que puedas recordarlo. Siempre comprendí que aquello en realidad no te importó".

El Uchiha, frustrado, niega con la cabeza:

- Lo… siento -dice el pelinegro con dificultad-

- ¿Por qué?

- Por olvidar.

- Si. Es extraño poder ver hacia atrás y percatarte que hubo momentos a los que debiste prestar mayor atención, y al final resulta que solo te queda lamentarte porque por simple descuido terminaste dejando pasar algo que con el tiempo se volvería trascendental.

- ¿Hablas de la chica Hyuga?

- Ahora… no, Sasuke. Pero…

- (completando la frase de su amigo) Sientes lo mismo respecto de ella.

Naruto se rasca la cabeza, incómodo por esa verdad:

- Así es. Toda la vida me enorgullecí de poder atesorar cada momento valioso, a cada persona especial, pero con ella… simplemente la dejé pasar. Por eso trato de que no me vuelva a suceder: ni con ustedes, ni con mis maestros, ni con mis amigos.

- ¿Ni con Karin?

- Supongo.

- Tendrás que hacer algo con eso.

- ¿Con qué?

- ¿Necesito decirlo, dobe?

- No deberías.

- Le gustas -le dijo el Uchiha con tono serio-

- Tú le gustabas más, teme.

- No. Diría que yo… le resultaba sexy. No lo llamaría amor, sino… "atracción" -dice, remarcándolo con sus dedos en el aire-.

- Claro, lo que digas -dice Naruto, con tono incrédulo-.

- A ti te quiere, es evidente. Demasiado, diría.

- Lo sé, Sasuke -replica el rubio, cansado-

- ¿Acaso te molestan sus sentimientos? Suenas agobiado. Recuerdo que ella podía ser bastante asfixiante.

- Qué va, solo permanece allí, a la espera. Como si me temiera; es como lo que Sakura siente por ti.

- Sentía, querrás decir.

- No, teme, nuestra compañera de equipo nunca dejará de amarte.

- Hace poco me rompió un brazo. Creo que me detesta.

- No, solo no sabe como confrontarte. Pienso que después de tanto tiempo de insistir contigo finalmente se rindió.

- ¿Y acaso eso no es prueba de que sus sentimientos ya no son los mismos? Es obvio que ya no le gusto.

- Claro que no son los mismos, pero todavía te ama. Y tienes razón: no le gustas, y quizás ahora mismo no desee nada contigo, pero estoy convencido de que si fueras sincero con ella te daría una oportunidad.

- ¿Sincero? ¿Con ella? Desvarías, Naruto.

Ofendido por la insinuación de su amigo, el pelinegro arruga su frente, bufando. Pero el Maestro Sennin, con su mirada más firme, le pregunta al chico: "¿Eres capaz de decirme, con toda sinceridad, que existe otra chica en alguna parte que te interese aparte de Sakura? ¿Que existe otra a quien podrías imaginar como tu compañera de vida y madre de tus hijos?

Molesto, Sasuke agarra una piedra cercana y la lanza al fuego, provocando que chispas incandescentes salten de los leños y se eleven hasta consumirse, mientras responde hastiado de la actitud de su amigo:

- El que yo, analíticamente, considere a Sakura como el mejor prospecto de su género no implica que tenga sentimientos románticos por ella, Naruto

- Eres todo un caso teme, ciego a más no poder. Es eso o estás en negación.

- No niego nada: no hay nada que negar.

- Veamos: estos últimos años has tenido como único propósito honrar tu posición como patriarca de tu clan, actuando como el honorable líder de los Uchiha con todos y ante todos.

- Yo soy el líder de los Uchiha. Es lo único que me queda.

- Sí, mi amigo. Y resulta que tú, quien debería ser el sujeto más selectivo del mundo, cuya finalidad es reconstruir tu clan y devolverle su grandeza, has llegado a la conclusión que el mejor prospecto para matriarca de tu clan es…

- ¿Una Senju? ¿Por eso piensas que-

- (interrumpiendo) Peor que eso: una chica sin fortuna ni clase, que en realidad no proviene de un clan tradicional, una perfecta don nadie de origen. Tú, quien deberías haber elegido alguien a la altura del papel de tu consorte, la sucesora de tu propia madre, has escogido a la que seguramente es la peor alternativa de todas, sin importar su fuerza ni su clan adoptivo.

- Extraña forma de expresarte de ella, Naruto. Casi ofensivo.

- Solo soy directo. Además, ahora el amor no me enceguece respecto de sus defectos.

- ¿Quizás la comparas con… otras?

- Tal vez. Pero ese es problema del tonto que se le ocurrió escogerla.

- Yo no he escogido nada, dobe estúpido.

- Mientes: la escogiste, creo que desde hace mucho. Lo que no entiendo es qué te detiene: antes tenías esa supuesta venganza tuya, después vino la guerra, pero ahora…

- Ahora nada, Naruto. Y no quiero seguir hablando de ello.

Sasuke, frustrado por las molestas palabras de su amigo, fija su mirada en las llamas, como si pensara, lidiando con la imposibilidad de decirle a Naruto la verdad de lo que le sucede. Por un momento el pelinegro no puede evitar imaginar en qué pensará el Uzumaki de él cuando haya muerto: seguramente lo tomará como una traición, pero eso es mejor que tener que aguantar el drama que alguien como aquél haría ante una fatalidad inminente.

Unas palabras del rubio interrumpen las reflexiones del último Uchiha:

- Sakura-chan no estará libre para siempre, teme.

- No sé porqué sigo siendo tu amigo, idiota -replica rabioso el pelinegro-

- ¿Enserio? En este punto creía que era más algo de conveniencia. Tú sabes, el poder usar mi nombre cada vez que necesitas algo, Sasuke -dijo su compañero, mientras le sonreía burlonamente a su amigo-.

Las palabras del rubio (y el relajo que denotan en ellas) le señalan al líder Uchiha su oportunidad. En ese momento Sasuke se decide a arrancarle una promesa a Naruto, pero debe ser cuidadoso para llevarlo a ese punto sin que sospeche nada:

- Olvidate de mí y de Sakura un momento, y mejor dime qué pretendes hacer con Karin, Naruto.

- No lo sé. Sinceramente no lo sé -responde el chico, cansado-

- Yo creo que lo que te frena para decidir sobre ella es ese sueño que tienes de revivir a la chica Hyuga.

- No sé porqué te lo conté, Sasuke. Y no le digas "sueño", que suena a algo imposible.

- No te quejes: sabes que nunca he estado de acuerdo con tu idea. Y te repito que esa locura es solo un sueño, uno que insistes en tomarte demasiado en serio.

- No es un sueño: es un proyecto. Ya lo tengo casi todo.

- Y ese es justamente tu problema: estás tan convencido de que lo harás en el corto plazo que no puedes evitar verte junto con ella, y por eso ignoras a Karin. Pero tampoco la rechazas directamente: te gusta tenerla "en espera".

- Dicho así suena egoísta, teme.

- ¿Y cómo lo dirías tú?

- Diría… que no quiero negarme por que sí la posibilidad de tener algo con ella. Se lo debo.

- Mentiroso: en realidad mi antigua compañera te gusta, bastante.

- Tal vez. No puedo evitar sentir que sentir algo por ella es, en el fondo, una traición a Hinata-chan -dice Naruto, resignado-

- Deberías olvidar todo eso, dejar a la chica descansar en paz y seguir con tu vida, Naruto.

- Lo dice el mismo que vivió media vida obsesionado con su hermano.

- No puedes compararlo: lo mío era una cuestión de honor.

- Pues lo mío también, Sasuke. ¿Sabes? Si pudiera liberar a Kurama de mi cuerpo sin matarme podría revivir a Hinata-chan sin problemas: su energía, la de Gyuki y la mía propia deberían bastar para traerla sin necesidad de matar a nadie permanentemente.

- ¿Permanentemente?

- Kurama seguramente moriría, pero sería por poco tiempo.

- Vaya, has pensado bastante en ello. ¿Y qué te detiene? El peligro mortal nunca te ha frenado antes -le dijo el pelinegro en tono irónico-

- Hay… cosas que debo hacer antes de jugarme el cuello en eso. Además le debo demasiado a Karin y quiero, al menos, darle un lugar que pueda llamar hogar.

- Tiene sentido.

- Pero quizás la fortuna me sonría: ahora que Kabuto ha reaparecido quizás tenga la respuesta que necesito.

- ¿La forma de recuperar el Gedo Mazo?.

- Si hay alguien en todo el mundo que pueda saber como hacerlo debe ser ese sujeto.

- Entonces asegúrate de encontrarlo antes que yo, porque si cae primero en mis manos no tendrás oportunidad de preguntarle nada.

- Esta cacería nunca ha sido una carrera, Sasuke.

- Dilo por ti, dobe.

Los amigos se miran uno al otro, seriamente, como si se retaran. Luego, el Uchiha pregunta:

- Entonces, cuando tengas a los biju… ¿podrás revivir a quien quieras, sin peligro? ¿sin arriesgar tu vida?

- Se supone. ¿Acaso tienes a alguien en mente? No obligaré a los biju a nada, pero estoy seguro que si se los pedimos apropiadamente te ayudarán a traer de vuelta a quien quieras.

- No, Naruto: nunca te pediría algo así. Aunque me gustaría deshacer lo que sucedió con mi clan comprendo que aquello sucedió por algo, y que eso forma parte de todo lo que nos ha llevado a este punto. Además sé que volveré a ver a mi hermano y a mis padres, pero no será en esta tierra.

- Nunca te ha gustado el que pueda ser capaz de aquello, ¿verdad?

- Simplemente pienso que hay cosas que no deben ser cambiadas.

- ¿Incluso si se tratara de Sakura? ¿O de ti?

- Incluso si se trata del Densetsu no Sennin -señala el pelinegro, con toda la seriedad posible-

- Gracioso. Eso quiere decir que si te mueres prefieres seguir muerto, ¿eh, Sasuke?

- Si muero es porque ese era mi destino, y un Uchiha abraza su destino con la frente en alto.

- Bien. Entonces te juro que si llegas a morirte te dejaré tranquilo, aunque Kakashi-sensei o Sakura-chan me rueguen que te reviva.

- ¿Es una promesa, Naruto?

- Claro.

- Dilo.

- Te doy mi palabra: prometo nunca revivir a mi amigo Uchiha Sasuke.


Finalmente las cosas se habían calmado, con la alarma inicial respecto de la reaparición del discípulo de Orochimaru y último gran criminal de la pasada guerra bajando a niveles aceptables para que el Maestro Sennin siguiera con sus misión de búsqueda de los últimos Uzumaki dispersos por los diferentes países del continente elemental, siempre en compañía de su compañera pelirroja.

Mucho había ayudado el que Kabuto, luego de aquella macabra reaparición que significó el ataque a las tres aldeas fronterizas, parecía haberse sumido nuevamente en las sombras. Naruto también pudo notar que el peón del discípulo de Orochimaru, ese que a veces le vigilaba (y cuya identidad todavía era desconocida por el rubio de Konoha), había simplemente desaparecido.

Así, con esa precaria calma recuperada, los días pasados habían sido bastante agradables, con ambos jóvenes de visita en la capital del País de la Lluvia.

La Aldea de la Lluvia, ahora una ciudad abierta, estaba de celebración: era el primer aniversario de su Kage, el primero en usar ese título (nombrado después de un interregno que se extendió por más de dos años desde la muerte del dios Pain).

Hare Kirisame, un joven de diecisiete años, había llegado a la aldea siendo un niño cuando ésta estaba ya bajo el alero de Nagato. Si bien nunca había mostrado interés en el mando y solo era un chunnin más dentro de las fuerzas de la Lluvia, la destrucción de la misma (lo que conllevó la pérdida de los más fuertes y experimentados shinobi de la misma a manos del falso Madara y del Gedo Mazo antes de la guerra) lo llevó a adoptar una nueva mentalidad y tomar sobre si la responsabilidad de la protección de su gente, ascendiendo con rapidez y convirtiéndose en el consejero más joven de la reconstruida villa y subcomandante de su cuerpo ninja. En esa posición, con apenas quince años de edad, fue la única voz que se opuso a la pretensión de los mayores de entregar el mando supremo al asesino del dios Pain.

Fue ese valor y esas convicciones las que llevaron a Uzumaki Naruto, quien tenía en sus manos el determinar el liderazgo de la villa de su maestra Konan, el designarlo como Shodai Amekage: no necesitaba a alguien que besara el suelo que pisaba como líder de una de las aldeas shinobi, no cuando su plan era, a la larga, que todo continuara sin que su nombre hiciese sombra a todos.

Aquello mejoró en algo las relaciones entre Naruto y Kirisame, pero no mucho: al final la mayoría del entrenamiento especial del joven líder era llevado a cabo por el gigantesco Gamahiro, quien le enseñó el arte de la espada doble y sus propios jutsus de agua y viento (con un poco de supervisión del propio Maestro Sennin, para molestia de la Sombra de la Lluvia).

Aunque para esas horas la práctica ya había terminado.

En la plaza principal de la aldea, donde se alzaban las estatuas de los dos venerados pasados líderes de la Lluvia, el pueblo estaba reunido en pleno. Una suave llovizna caía en medio de la misma, donde en una tarima colocada en medio, bajo la atenta mirada de los pétreos rostros de Pain y Konan, el líder de Ame renovaba sus votos de protección de esa tierra, para luego honrar a los fundadores de la Aldea.

Naruto, tal y como lo había hecho el año anterior, depositó un ramo de flores recolectadas de todo el territorio de la Lluvia a los pies del monumento a su maestra, mientras Kirisame-sama hacía lo mismo con el dios del Rinnegan. Lejos, Karin contemplaba con tristeza la faz decaída de su compañero y amor secreto: la presencia de Konan era de las pocas cosas que lograban sacar al rubio de su alegría habitual, sumiéndolo en una tristeza que aunque habitual en su niñez (según el mismo joven le había contado) había logrado dejar atrás con la madurez.

Al menos la fiesta posterior, en el gran salón de la torre del Amekage, sacaría al rubio de su decaimiento.

.

.

.

Luego del ataque del Gedo Mazo, previo a la gran Cuarta Guerra Shinobi, la villa de la Lluvia había sido reconstruida mucho menos intrincada de lo que fue levantada en tiempos de Nagato. Sin tener sentido ya el secretismo que rodeaba la existencia del en ese entonces líder nominal de Akatsuki dejó de tener razón su construcción laberíntica así como sus defensas exteriores, transformándose en una ciudad más descubierta, tanto exterior como interiormente.

El metal, siendo aún el material dominante de la urbe, dejaba ver entre medio mucho verde y tierra. Las altas torres de acero y cobre seguían siendo el elemento dominante (la energía dependía de ellas), pero grandes sectores de la urbe habían sido reconstruidas con edificaciones más bajas, lo que inevitablemente extendió mucho el plano de la urbe.

Fuera de aquello, estaba el hecho de que muchos extranjeros, atraídos por la seguridad dada por la presencia permanente de los sapos y la garantía de seguridad del Maestro Sennin para la misma, llegaron durante la guerra y una vez terminada ésta a habitarla, lo que alteró su fisonomía, obligando así mismo a cubrir buena parte de la urbe con paneles transparentes que crearan zonas que, estando al aire libre, permanecieran protegidas de la lluvia pero que a su vez permitieran el paso del sol en las escasas ocasiones en que éste se asomaba. Aquellos trabajos, costeados por la fortuna en piedras preciosas de los sapos, llenaron de vida muchas de las calles antes vacías de la aldea escondida.

A Karin le encantaba caminar por aquellas zonas, ver como los niños rodeaban a Naruto y le pedían jugar con él, comprar y comer en alguno de los muchos lugares establecidos bajo ese cielo de cristal, sobre el cual rebotaban las gotas de agua que, inofensivas, creaban un murmullo sostenido que se confundía con la música y el ruido de abajo.

Así, mientras descansaban al alero de un cerezo en flor, con el rubio tendido a su lado, la pelirroja no dejaba de desear que sus días fuesen así, tranquilos y seguros, y no aquel eterno peregrinar, siempre viviendo bajo la amenaza de la muerte o, peor aún, de la llegada de aquella que pondría fin, de una forma u otra, a esa relación que tenía con el Uzumaki mestizo, una relación que ella deseaba fuese más de lo que tenía en ese espacio de momentánea calma, con el chico durmiendo apoyado junto a su pecho y la lluvia incesante adornando la media tarde de Amegakure no Sato.


El visitante, el más joven líder de los clanes shinobi fundadores de la Hoja, ya llevaba una hora reunido con el líder Hyuga en dependencias de la mansión del Soke. Ese era un papel que Uchiha Sasuke ejercía, al menos nominalmente, desde el día en que su padre, junto al resto de su clan, murieron a manos de su hermano mayor (lo que inhabilitó al mismo, convertido en criminal fugitivo, para ejercer el mano de un clan casi extinto) y del traidor de Obito.

Y lo que había llevado al joven pelinegro allí (un lugar que había visitado no más de cinco veces con anterioridad) era la necesidad de dejar arreglado uno de los pocos asuntos que realmente le preocupaba al condenado joven.

Era extraño, sumamente extraño. Y si su padre estuviese vivo seguramente jamás se lo perdonaría: ahora mismo seguramente Uchiha Fugaku estaba revolcándose en su tumba. Pero la verdad era que Sasuke no tenía ninguna otra opción.

Y es que de los cuatro clanes fundadores los Hyuga eran los únicos que aún subsistían con un tamaño y poder suficientes como para asumir esa responsabilidad: los Shimura eran numerosos, pero durante la última década habían caído en el mismo proceso que afectó a los Senju, fragmentándose y con muchos de sus integrantes abandonando las tradiciones shinobi. Y los Senju, por su lado, apenas estaban comenzando a recuperarse por la gestión de su nueva líder, pero sin la carga tradicional de antaño y con un componente que, fuera de escaso en su número, era principalmente mestizo (y, por lo mismo, incapaces de comprender la importancia de ese tipo de tareas).

Así, obligado por su propio inevitable destino, el líder y último miembro del clan de los ojos rojos, resignado a aquello, había concurrido esa mañana a reunirse con el cuadragésimo séptimo patriarca de los Hyuga en misión oficial (y su lado Uchiha se sentía incómodo al pensar en como los portadores del byakugan insistían en que su historia era incluso más antigua que la de los del sharingan).

Allí, con ambos patriarcas sentados en un pequeño salón privado, sin más compañía que un suave té verde servido por la heredera en persona, el orgulloso último Uchiha, con forzada humildad, le ofrecía a Hyuga Hiashi un grupo de pergaminos legalizados con el sello del hace mucho inexistente Concejo de los Uchiha, por medio de los cuales Sasuke cedía al clan rival, a su muerte, el control de los santuarios de su extinto clan en todo el País del Fuego, junto con los recursos necesarios para su mantención por los próximos cien años.

Aquello no era gratuito, y la cesión involucraba que los Hyuga accederían a los secretos que dichos santuarios guardaban, así como a su uso exclusivo. A cambio, los parientes políticos de Naruto preservarían el nombre y la historia de sus tradicionales competidores.

Una victoria completa para los del byakugan.

Tampoco era una situación placentera para Hiashi.

El líder del clan Hyuga era, aparte del Hokage y de la líder Senju, el único que sabía de la condición de salud del joven líder Uchiha: cuando éste fue tratado por la célebre discípula de Godaime y ella, incapaz de conseguir respuestas con el equipamiento al que tenía acceso en el hospital shinobi, había recurrido (con cierta resistencia de Sasuke) al don de los Hyuga para obtener información completa de lo que invadía el cuerpo del joven, se vio en la necesidad de recurrir al más importante miembro del clan del byakugan.

Claro que la primera propuesta de Shizune había sido recurrir a Hyuga Neji, creyendo que la cercanía de edad y el trato previo entre el prometido de la heredera Hyuga y Sasuke facilitaría todo, pero el joven Uchiha se negó de plano: siendo Neji amigo de Naruto el riesgo de que éste le terminara contando de su condición al Maestro Sennin era una posibilidad que Sasuke se negaba a aceptar. De allí que habían terminado recurriendo al líder Hyuga, una persona con el nivel de dominio de su dojutsu que la doctora Senju necesitaba y que por su misma calidad sabría mantener reserva de todo lo que viera -sumado al hecho de que tenía nulas relaciones con Naruto o con cualquier otro fuera de los miembros de su clan, subordinados a los que nunca compartiría nada de aquello-.

Dicha situación y el secreto compartido derivado de todo aquello apenas había servido como pie para que ambos líderes de clan se dirigieran la palabra, pero le dio al joven Uchiha la certeza de que, al menos, Hyuga Hiashi resultaba alguien digno de su confianza. Aunque claro, nunca podrían llegar a ser amigos o algo que siquiera se pareciera.

Y es que la ancestral repulsión entre los guardianes de sus respectivos dojutsus parecía algo que los separaba incluso en esas circunstancias, más allá de sus edades o de sus circunstancias de vida.

Era obvio que Sasuke no era como su amigo rubio y que el líder Hyuga, fuera de su utilidad, no tenía para él mayor interés ni deseaba del mismo otra cosa que aquello en lo que el mayor le fuese útil, como si de una relación de negocios se tratara. Hiashi, por su parte, parecía mostrar cierto nivel de empatía con el chico y su fatídica condición, como si el ver en aquél el final de sus tradicionales adversarios le evocara una sensación de victoria vacía, como cuando tienes un rival de toda la vida, con quien batallas constantemente, terminando por disfrutar más de la competencia que de la recompensa final, y ahora, con los Uchiha condenados al exterminio definitivamente, el patriarca Hyuga pudiera ver hacia atrás, hacia todo lo que él y sus ancestros contendieron con esos arrogantes portadores del sharingan (y la figura de Fugaku, el padre del joven que ahora tenía enfrente, se le hacía más patente) y ante aquella realidad todos esos conflictos, toda esa energía gastada le pareciera algo inútil.

Porque era verdad: el final de los Uchiha en nada beneficiaba al clan de los ojos blancos. Y lo que era peor, resultaba en una pérdida para la Aldea y el País del Fuego que Hiashi, con todo, era capaz de reconocer sin reticencia alguna.

De allí que, ignorando los rechazos previos del muchacho Uchiha, el patriarca Hyuga le había insistido nuevamente en su propuesta, luchando contra los fingidos recelos del hijo de Mikoto:

- Tu actitud resulta demasiado egoísta, Uchiha-dono.

- Tal vez, pero sigue siendo mi decisión… MI decisión.

- Una que no solo nos perjudica a todos, sino que también desconoce la voluntad de tu hermano mayor, si me permites el atrevimiento.

- Explíquese.

Sasuke miró al líder Hyuga con evidente molestia: era la primera vez que alguien usaba en su contra la carta de Itachi, y el que fuese "el enemigo" quien recurría a ella era incluso peor que el que fuese algún amigo. Pero Hiashi, inmutable ante la molestia de su igual, le insiste:

- Cuando tu hermano hizo lo que hizo decidió que serías tú quien mantendría vivo el legado de su clan. Al darle muerte por tu propia mano aceptaste su voluntad.

- Yo no-

- (interrumpiendo) Tú sabías lo que significaba ser el último de tu clan. Has venido hoy aquí alegando que al pedir algo que no deseas pedir solo cumples con tu deber con tus ancestros, el de preservar su nombre y fama para la posteridad, pero olvidas el deber más importante de todos: el que tienes con la aldea y sus clanes.

- Yo no tengo ningún deber con nadie, excepto con los muertos. Los Uchiha no le deben nada a Konoha o al País del Fuego.

- Te equivocas. Los juramentos de sus ancestros los atan a todos nosotros, y ni siquiera la traición de su líder Madara pudo romper dichos juramentos. Cuando tus padres y los demás líderes de los Uchiha planearon traicionar dichas promesas fue uno de los suyos quienes hizo efectivos dichos juramentos con la sangre de todos ustedes, y te dejó a ti como único depositario de sus compromisos para con los demás clanes. Y tú, como su hermano y sucesor, debías simplemente agachar la cabeza y cumplir con tu parte. Al negarte a hacer lo necesario para preservar tu herencia de sangre deshonras a tu hermano Itachi y a tu apellido, Uchiha Sasuke.

El pelinegro muerde sus labios, mientras trata de controlar sus emociones, mismas que parecen querer forzar la activación de su dojutsu. Y es que Hiashi no deja de tener razón, pero la razón no basta para obligarle a hacer algo que no desea hacer:

- Quizás usted esté en lo correcto, pero lamentablemente para mi hermano mayor me hice a mi mismo la promesa de no dejar que otros decidieran mi destino, y aunque venero a Itachi debo decir que él perdió cualquier derecho a decidir por mi el día en que eligió ocultarme la verdad de todo: por diez años llevé conmigo esa carga, su mentira, y sinceramente pienso que fue tiempo suficiente para dar mi deuda con él por pagada.

- Eres joven, y ese es un defecto fatal: hablas con liviandad sobre cosas que son más grandes que ti, más grandes que cualquiera. Veo que el orgullo Uchiha y el egoísmo que lleva consigo perdurará hasta que el último de ustedes se consuma.

- Eso es mejor que el ser esclavos de un mito que les hace creer que son especiales más allá de sus ojos.

- Los Hyuga no son esclavos de su misión: nada nos obliga más allá de nuestra propia voluntad.

- Se esquivoca, Hyuga-dono: llevan tanto tiempo obedeciendo a una leyenda que ahora son incapaces de actuar diferente, como si para ustedes esa condición servil fuese la única realidad que son capaces de concebir. Es una lástima que la única que parecía tener la aptitud para romper ese molde haya muerto.

- Mi hija mayor era una Hyuga consciente de su legado y de su deber.

- Tanto que se sacrificó por un extraño a su clan, olvidando su responsabilidad como guardiana de ese supuesto legado.

- Podría decir lo mismo de Itachi y su decisión de elegir a la Aldea por sobre su propio clan, contrariando su propósito como primogénito de su padre e inminente patriarca de quienes asesinó.

- Cierto: ambos defectuosos a su particular manera de ser. Lástima que nosotros seamos tan… correctos. Como usted para los Hyuga, yo soy un perfecto ejemplar del clan Uchiha, y como tal no traicionaré a los míos entregando lo que es solo nuestro: el sharingan solo puede existir en manos de un Uchiha, de un verdadero Uchiha, y si mi clan está condenado a desaparecer nuestro don desaparecerá con nosotros, sin importar que aquello pueda o no perjudicar a Konoha, al País del Fuego o a cualquier otro.

Irritado, Hiashi decide calmarse bebiendo de su té, en silencio. Considera que su propuesta es inmejorable: los Hyuga estaban dispuestos a entregar tres o cuatro doncellas de la casa principal, confiando en que al descender ambos clanes de ancestros comunes y gracias a la estrecha relación entre los dos dojutsus, el sharingan y el byakugan, sumado al grado de pureza de la línea sanguínea del menor de los hijos del anterior patriarca Uchiha podrían garantizar que los eventuales descendientes de dicha unión tendrían las mayores probabilidades de todas de preservar el don de los ojos rojos. Incluso, en aras a poner en primer lugar el beneficio de la aldea y de los clanes y vencer las resistencias del joven líder Uchiha los Hyuga están dispuestos a renunciar de antemano a cualquier derecho sobre esa línea de sangre y permitir que las eventuales concubinas de Uchiha Sasuke sean formal y legalmente integrantes de segundo orden del clan próximo a extinguirse, de tal manera que sus hijos sean solamente Uchiha, incluso si eso les significa entregar a esos descendientes el acceso a su propio dojutsu, el byakugan, y a lo que resulte de la fusión de ambos.

Aquello era preferible a dejar que el don del hijo mayor de Rikudo Sennin simplemente se perdiera.

Pero Sasuke ni siquiera había querido considerar dicha propuesta, insistiendo en su negativa a siquiera conversar aquello y poniendo furioso a ratos a Hyuga Hiashi, para quien era inconcebible ese grado de terquedad y egoísmo.

.

.

.

El resto de la reunión transcurrió en casi total silencio, con Hiashi revisando los documentos preparados por el líder Uchiha y limitándose a hacer pequeñas consultas sobre tal o cual punto.

Cuando todo estuvo ya conversado y Sasuke dejó en evidencia su intención de retirarse, el Hyuga le hizo una pregunta: "¿Cuánto tiempo falta? Si has venido a entregar todo ésto supongo que es porque sabes que tu final es inminente y próximo.

El pelinegro, ya de pie y próximo a la salida del salón, le respondió a su igual sin mirarle, con voz calmada: "El suficiente, Hyuga-dono"; luego, continuo caminando.

Al tomar la puerta corrediza para salir de allí Hiashi le dijo en su tono más amargo: "Sinceramente deseo que suceda algo y al final nada de ésto sea necesario". Sasuke, sin soltar la puerta, se gira a verlo y le pregunta con rostro incrédulo: "¿Acaso insinúa que me aprecia?". Pero el líder Hyuga le responde, inmutable: "No es eso. Digamos que una parte de mi desea ver como fracasas incluso en ésto. Tal vez así entiendas que esa forma de ser que tienen ustedes, los Uchiha, la ambición, el egoísmo, la rabia, el resentimiento, la desconfianza para con el resto de nosotros, que esa manera siempre fue la incorrecta, y que los Hyuga siempre tuvimos la razón: esa sería una victoria que realmente podría disfrutar, más que el ver como simplemente se extinguen para siempre".

Sasuke sonríe con malicia, saliendo sin decir nada más.

Mientras camina por lo pasillos interiores de la mansión del Soke del clan rival el joven Uchiha pensó para si mismo: "No. Los Uchiha jamás seremos sirvientes ni nos doblegaremos al mandato de otros. Y yo honraré mi nombre como el último de los míos, Hyuga".


El águila del desierto había llegado con un mensaje de parte de Kankuro hace un día. Naruto, que recibió el recado del hermano mayor de Gaara cuando recorría el País de los Pájaros torció su camino al sur, a fin de llegar a las tierras del norte del País del Viento.

.

.

.

-¿Estás segura de que éste es el lugar, Karin-chan?

- Sí, Naruto. Sentí su chakra en esta zona. ¿Acaso no lo notas con tu senjutsu?

El rubio, que tenía el rostro marcado con las señales de su modo sabio, negó con la cabeza. Preocupado, miró a su compañera, esperando que ésta le diera un lugar exacto, pero la chica negó a su vez: "Lo siento. Los rastros de chakra están en toda la zona, pero no logro detectarlos con precisión".

Viendo que no tenía otra alternativa Naruto activó su byakugan, fortaleciendo sus capacidades gracias a su senjutsu. Cerca de unos árboles notó algo extraño, por lo que le hizo una seña a su compañera para que se pusiera en alerta, lo que hizo que Karin desenvainara su cuchilla de acero negro, concentrando sus sentidos en los alrededores.

Al notar como el Maestro Sennin se le acercaba uno de los shinobi camuflados entre los árboles se descubrió: una chica, de cabello castaño claro y corto, ojos azules, de rostro joven y uniforme de los shinobi de Suna.

Aquella visión relajó a Naruto, quien desactivó su modo sabio mientras relajaba su byakugan: "Mucho tiempo sin verte, Natsukashii". La chica no responde nada, sino que permanece quieta, con nada más que una sonrisa tenue, como si esperara; tras de ella, se quitan su camuflaje el resto del equipo de cazadores jounin de Suna, el que permanece a la espera, saludando con respeto al Densetsu no Sennin. Caminando hacia la chica, Kankuro, quien en un gesto de confianza hace visibles los hilos de chakra que conectan sus dedos con su marioneta cambia formas.

El maestro marionetista hace una seña a su equipo, el que se distribuye alrededor para vigilar la zona, mientras él activa un sello en su brazo izquierdo, el que provoca que Natsukashii cambie a su forma neutra, como un muñeco sin forma y con ningún adorno más que los sellos especiales de transformación que cubren su cuerpo, el que rápidamente desaparece, de regreso a su sello de almacenaje.

"Sigo sin comprender como reconoces con tanta facilidad a mi marioneta, Naruto", comenta Kankuro, a lo que su interlocutor responde: "Fácil: Gaara me ha mostrado fotos de su madre demasiadas veces para no reconocerla. Eres tú quien debería darle una forma menos reconocible".

El marionetista bufa frustrado: "Al menos nuestras técnicas de ocultamiento son bastante buenas. No pretendo que seamos una presa fácil para Kabuto o sus esbirros".

Naruto le concede aquello, para orgullo del de rostro pintado. Luego, mientras Karin se aproxima a ambos, le pide al jounin de Suna que le diga el motivo de su llamado.

Kankuro se sienta en el suelo, sacando de sus ropas un pergamino de seguridad, el que abre con un sello de sangre. Del mismo aparece unos restos: trozos de lo que parece una marioneta con forma humana, pero como si se tratase de un maniquí.

Karin, sentada con el par, toma curiosa un trozo que parece ser un antebrazo, el que suelta de inmediato, asustada: "Chakra… como si se tratase de un alma humana".

Curioso, Naruto pregunta al del Viento: "¿Una marioneta humana, como las de Sasori?" Kankuro niega: "No. No hay en estos restos rastros biológicos de ningún tipo. Además… la firma de chakra no parece ser totalmente humana. Lo comparamos con las muestras de zetsus blancos que el Pacto tiene almacenadas, pero tampoco coinciden".

Preocupado, Naruto activa la forma avanzada de sus ojos, usando su Rinnegan y su Byakugan modificado para ver los restos. El chico se concentra, expandiendo su aura a los restos y haciéndolos flotar en el aire, como si pretendiera reconstruir ese cuerpo deshecho. Con su propio chakra sigue los hilos que corren por la marioneta destruída, reconstruyendo las partes faltantes con la memoria que logra rescatar de esos restos de chakra residuales, logrando una imagen incompleta: es un cuerpo, como de un hombre adulto; una especie de manto los cubría, pero lo más extraño es un símbolo que logra reconstruir, hecho por un chakra extraño: una media luna rodeando un circulo.

"La luna rodea al círculo… una esfera o, tal vez… un ojo… lo cubre, como si lo cobijara… y ese chakra… no es de Kabuto, me recuerda más a… a…"

La figura reconstruida se desmorona, con las piezas materiales cayendo al suelo y partiéndose todavía más. Naruto se disculpa con Kankuro, mientras le pregunta donde halló aquello. El marionetista le explica que le fue enviado por ninjas de la Hierba, que se encontraron con un equipo sospechoso y los combatieron: solo lograron derribar a uno, y siendo una marioneta le enviaron los restos a ellos, suponiendo que los maestros marionetistas de Suna podrían determinar el origen de la misma.

Kankuro le pregunta al Maestro Sennin una vez más si reconoce algo de los restos, pero Naruto baja la cabeza, disculpándose por no ser de mayor ayuda. Sin más respuestas el shinobi del Viento se despide, a fin de regresar a Suna a informar a su hermano de aquello y, por medio de él, a los mandos del Pacto.

Una vez solos, Karin interroga a Naruto:

- En realidad sabes de quien se trata, ¿verdad?

- No del todo.

- Pero tienes una sospecha, una que no quisiste compartir con el hermano del Kazekage.

- Si.

- ¿Es algo grave?

- Tal vez. Tal vez no sea nada, y no quiero crear alarma sin estar seguro, no mientras tenemos el asunto de Kabuto y sus revividos.

- Y a mi, ¿me lo podrías decir?

- Si prometes no decirle a nadie.

La chica levanta su mano, jurando mantener lo que le diga en secreto. Naruto, aceptando su compromiso, decide contarle:

- El chakra de esa cosa tenía una firma extraña, una que solo he visto un par de veces, pero más fuertemente en un ser… especial.

- ¿Especial?

- No tengo otra forma de llamarlo.

- Y ese ser, ¿tiene un nombre?

- Otsutsuki Hagoromo.

- ¿El Sabio de los Seis Caminos?

- Sí.

Evidenciando su confusión en su rostro, Karin le replica: "Eso no tiene ningún jodido sentido"; Naruto, ignorando las palabras de su compañera, le responde: "Lo sé. Claro que lo sé".


Sakura no podía dar fe a lo que veían sus ojos.

Era la mañana del día previo a la graduación de los noveles gennin de la Academia Shinobi, la oportunidad en la cual todos los futuros jounin-sensei se reunían con el Hokage para recibir de éste, de manera formal, sus asignaciones y el número correspondiente a sus equipos.

Los jóvenes nuevos maestros (entre los cuales se encontraba un par de veteranos quienes recibirían nuevos equipos para formar), una vez terminada la ceremonia, revisaban los archivos con los egresados asignados, sus perfiles de personalidad y cualquier información útil relativa a los mismos, así como una escueta hoja con consejos básicos relativos a la relación que deberían mantener con sus nuevos protegidos, el trato y la disciplina esperada de todos ellos.

Pero lo que había llamado particularmente la atención de la pelirrosa no era nada de aquello, sino un rostro que vio en su propio archivo, uno que no debería estar allí: Yamanaka Iro, el primo de Ino-chan. Y no debía estar allí porque no pertenecía a esa generación, sino que a la inmediatamente anterior, y su escueto archivo solo decía: "equipo previo perdido en acción".

Ella sabía que en caso de que un incidente dejara a un equipo gennin sin uno de sus miembros lo normal era mantenerlo solamente con dos, a la espera de que un tercer miembro quedara libre por un evento similar o por defección de sus compañeros (la tasa de deserción de los gennin dentro del primer año llegaba al veinte por ciento, lo que daba lugar a reconfigurar equipos). Si el problema era la muerte o incapacidad del jounin-sensei, solo se designaba un reemplazo, a menos que el equipo tuviese ya la experiencia suficiente para trabajar sin él (como cuando dos o más de sus integrantes eran ya chunnin).

Pero esa nota en el archivo de Iro-kun daba a entender que él era el último de su grupo original, y por su edad debió ser un evento reciente, uno que ella no era capaz de recordar. Preocupada, se dirigió al Archivo Central del Cuerpo Shinobi, esperando hallar allí las respuestas que necesitaba.

.

.

.

Era ya mediodía cuando Haruno Senju Sakura se encontró con un afligido Sai, que cabizbajo tomaba té, en silencio, en el puesto de Ichiraku.

Teniendo la necesidad de hablar con alguien respecto a lo que había descubierto la chica decidió esperar a que el puesto junto al pálido jounin se desocupara para sentarse a su lado, pidiendo un cuenco de miso ramen, esperando que su antiguo compañero de equipo le notara. Pero el prometido de la futura líder Yamanaka, demasiado ensimismado en sus propios líos, solo sorbía su té en silencio, sin ver a nada ni a nadie, ignorando incluso como Ayame se le acercaba de tanto en tanto, como si quisiera recordarle que aquél era un puesto de comida y que no podía pretender permanecer allí con nada más que un simple té.

Aquello le dio a la pelirrosa pie para hacerse notar, pidiendo para su amigo (así lo dijo) un ramen de carne, mientras tocaba el hombro del pelinegro para decirle, al notar como éste se giraba a verla: "¿Comemos juntos, Sai-kun?". El ex-Raíz, abatido, le respondió: "Supongo. No quiero otro problema con mujeres, Sakura".

Notando el rostro de extrañeza que puso la pelirrosa, como si no comprendiera aquello, Sai sacó de entre sus ropas el archivo de su equipo gennin, el número doce, ofreciéndoselo a la Senju. Ésta lo toma curiosa, leyéndolo con cuidado:

- ¿Equipo Doce?

- ¿Cuál es el tuyo?

- El Tres.

- El Hokage te dio el primer número. Veo que eres su favorita.

- Todos saben que soy su favorita. Lo que no entiendo es esa manía de prohibir números… ¿Cuántos van ya?

- A ver: están vetados el uno y el dos. Todos querían ser el primero y nadie quería ser el segundo.

- Ya -replica Sakura, incrédula-

- El cuatro, por eso de que evoca a la muerte. El trece por mala suerte.

- Y este año se añadieron el siete, el catorce y el veintiuno.

- Si, el siete. Hatake-sama le tiene fobia a ese número. No quiero ni pensar en el trauma que le provocaron todos ustedes.

- ¿Nosotros?

- Ya sabes: Naruto, el Uchiha y tú, fea. El último equipo siete.

- Me gustaría enojarme contigo por decirlo así, pero la verdad es más complicado que eso, Sai.

En eso Sakura, qe ha seguido leyendo el archivo del equipo doce, se encuentra con la razón del desánimo de su antiguo compañero:

- Veo que te tocaron tres chicas en tu equipo, Sai. Y no cualquier chica: una Hyuga de la casa principal, una Aburame y una Inuzuka.

- Es peor que eso: la Hyuga ni siquiera estuvo en la academia, solo hizo el examen y ya. Parece que quiere conocer la experiencia de ser parte del cuerpo shinobi. Al menos las otras dos parecen más normales, dentro de lo normal que pueden ser alguien de esos clanes.

- Es verdad. Recuerdo cuando todo era más tradicional, dos chicos y una chica.

- Se supone que ahora los equipos se arman más por afinidad, aunque creo que mi suegro pretende que pula mis habilidades tratando con féminas. ¿Acaso soy tan torpe todavía, fea?

- Mmmm… No creo, Sai. Ino-chan ha hecho un gran trabajo contigo. Aunque Inoichi-dono siempre ha sido bastante sobreprotector con ella.

- Y siendo su papá quien arma los equipos gennin… Al menos no me tocó supervisar a Iro; Ino quería que yo me hiciera cargo de él -dice aliviado Sai-

- Si, te entiendo. Aunque creo que sé el porqué lo pusieron a mi cuidado.

- Eso es obvio: teniendo como jounin-sensei a la kunoichi más poderosa de todas es imposible que lo que le ocurrió en el pasado se repita. Cuídalo, el clan Yamanaka espera mucho del muchacho.

- Lo haré, como con todos mis estudiantes. Digo, si Kakashi-sensei pudo hacer un buen trabajo con nosotros, siendo como era, ¿qué tan difícil puede ser la pega?

- No lo sé. Solo sé que mi experiencia personal no me servirá para nada.

- Es evidente: los métodos de Raíz deben ser los menos apropiados para formar un equipo normal.

La pelirrosa palmotea la espalda del jounin pálido de forma compasiva, mientras ve como el mismísimo viejo Ichiraku llega con sus porciones de ramen.

Sai, viendo ambos platos, decide tomar el miso ramen frente a Sakura y cambiarlo por el suyo. Molesta, ella mira directamente como el joven comienza a comer, pero éste decide terminar de sorber los fideos que tiene sujetos a sus palillos antes de defenderse: "Es tu culpa, fea: no me preguntaste qué quería, y en este momento quiero miso. Y gracias por invitarme: le diré a Ino lo generosa que eres", palabras que acompaña con una de sus usuales, forzadas y exageradas sonrisas, como si así pudiera aplacar a la enérgica mujer.

Sakura, resignada, decide comenzar con el plato que le ha tocado en fortuna antes de que se enfríe: su apetito es más grande que su molestia. Además, debe reconocer que Sai tiene razón.


En la pradera que formaba la entrada sur del complejo de túneles subterráneos conocido como la Caverna Ryuchi, el hogar de las serpientes invocadas.

Allí, bajo la estricta observación de Yakushi Kabuto, un niño pelinegro, de unos once años de edad, practicaba su taijutsu. Su oponente, el revivido Kimimaro, quien le asediaba llevando como armas un par de estacas de hueso que salían desde la parte superior de sus muñecas.

Una herida: un corte que la punta ósea hace en la mejilla derecha del muchacho, de la cual brota sangre. El niño cae, viendo con pavor cómo el revivido frena su segunda estaca a centímetros de su cuello.

Molesto, el Sabio de las Serpientes se mueve en un parpadeo junto a sus peones. Una vez allí, toma con fuerza el brazo amenazante de Kimimaro, forzando su avance y enterrando la estaca de hueso en el cuello del caído, atravesándole, para luego retirarlo con furia y lanzar al antiguo preferido de Orochimaru lejos, gritándole sin verle: "¡DEBES IR A MATAR, SIEMPRE! ¡DE NADA ME SIRVE ESTE MOCOSO SI CREE QUE LA PIEDAD ES UNA ALTERNATIVA!"

En eso el revivido Madara, que se encontraba observando el entrenamiento desde más lejos llega junto a su invocador: "El niño todavía no muere. Puedo curarlo para que continúe su práctica". Kabuto mira al chico: aunque la sangre es abundante y le cuesta respirar, el sharingan en sus ojos muestra decisión, como si tratara de levantarse, aunque carece de la fuerza para aquello; luego observa el rostro de Madara, preguntándole en tono burlón: "¿Acaso sientes lástima por un compañero Uchiha?". El aludido escupe al suelo, para luego replicar: "Nunca. Simplemente es más fácil curarlo que revivirlo".

Kabuto ríe, hablando mientras se aleja de allí: "No. Quiero que sienta la muerte por su fracaso. Que comprenda que el caer significa morir. Que esa sensación desesperante será su pago siempre que me falle. Que si es débil o si me decepciona esa desesperación será lo último que sentirá. Quiero que sepa que cuando me sea inútil será el final".

El Uchiha mayor se inclina levemente en señal de obediencia, activando su Rinnegan mientras espera el último aliento del muchacho.

.

.

.

Kabuto se encuentra sentado dentro de una gran cueva, rodeado de serpientes que se pasean por el lugar, grandes y pequeñas, que como al calor buscan la compañía del humano discípulo de la gran Naga Blanca que, en su modo sabio, irradia una gran cantidad de energía natural.

Madara, que ya ha cumplido con su trabajo, le busca para informarle que el muchacho ha vuelto a su práctica. Le ha dejado solo con Kimimaro a sabiendas de que el revivido no lo matará: aprecia demasiado ese rostro para hacerlo, incluso por sobre las órdenes del Sennin.

Pero antes de llegar ante su invocador este le hace detenerse.

El Uchiha observa las decenas de ataúdes que en las sombras de la cueva se extienden a los pies del antiguo alumno de Orochimaru, quien le recibe con una aseveración y una pregunta:

- Me odias, ¿verdad, Madara?

- Sí. Te odio -responde el Uchiha sin dudar-

- ¿Porqué? ¿Porque te tengo como mi esclavo? ¿O tal vez porque soy un obstáculo para tus propios planes?

- Mis planes son imposibles ahora. No, maestro: te odio porque eres una bestia, un animal. Te odio porque me recuerdas al Zorro Demonio.

- ¿Al Kyubi?

- Eres un monstruo con un poder inmerecido, que cree que ese poder le da el derecho de jugar con todos. Eres un demonio que se cree dios.

- Y tal y como el Kyubi, preferirías tenerme bajo tu control, pero en cambio estás bajo el mío. Detestas ser esclavo de un ser como yo.

- Así es, maestro.

- Y aún así crees que puedes engañarme. ¿O acaso piensas que no sé lo que pasa por tu mente? Eres demasiado transparente, Madara.

- ¿En qué?

- En que todavía piensas que tus propios planes podrán cumplirse. ¿Será que crees que podrás engañarme para que te reviva? ¿O que lograrás que sea el Maestro de los Sapos el que lo haga? Un hombre como tú no se rinde tan fácilmente, Madara.

- Y si fuera así…

- Oh, no te preocupes. Me gusta que tengas tus propias ambiciones. Hace que el controlarte sea más… placentero.

- ¿Usted me odia, maestro?

Kabuto se levanta, caminando frenético hacia el revivido, colocando su rostro a centímetros de el del sharingan. Allí, incluso con la escasa luz del lugar, Madara logra ver el rostro escamoso y los ojos reptilianos del sabio, quien con faz enloquecida le responde a gritos: "¡TE ODIO! ¡ODIO LO QUE ERES, LO QUE REPRESENTAS! ¡ODIO LO QUE CREASTE JUNTO CON HASHIRAMA! ¡ODIO A LOS UCHIHA, A LOS SHINOBI, A TODO EL MUNDO! ¡TODOS USTEDES ME HICIERON COMO SOY: UN DESCASTADO, SIN HOGAR, SIN MEMORIAS, SIN NADA, NADA! ¡USTEDES CONVIRTIERON MI VIDA EN UNA MENTIRA, ME USARON, ME DESPRECIARON! ¡USTEDES ME QUITARON AL ÚNICO QUE FUE CAPAZ DE COMPRENDERME, DE DARME UNA VERDADERA IDENTIDAD, Y SOLO ME SENTIRÉ SATISFECHO CUANDO PUEDA APLASTARLOS A TODOS BAJO MI PIE! ¡SOLO ENTONCES COMPRENDERÁN LO QUE HICIERON!"

Madara ve como las serpientes han huido de allí: tal ha sido la presión del aura de Kabuto que nadie más que él habría podido seguir en pie ante tal presencia.

Kabuto se tranquiliza, dándose la vuelta y caminando en dirección a una cueva más profunda, donde sus últimas copias de Manda crecen, prontas a estar disponibles para su próximo movimiento. Mientras se retira, le habla con voz calmada a su sirviente revivido: "Seguramente mi odio desaparecerá cuando me sienta satisfecho. Claro, no sé si para ese momento quedará algún shinobi con vida".

El Uchiha, intrigado por esas palabras, le pregunta: "Y después, ¿qué pasará después?". Kabuto, sin detenerse, le responde: "No lo sé, ni me interesa. Para ese entonces seré tan poderoso que seguramente la humanidad dejará de importarme. Si quieres, puedes pedirle a Kami que mi sed de venganza se satisfaga con pocos, aunque dudo que Kami tenga ya el poder para detenerme".