Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.
Capítulo quince
Cayendo dentro y fuera de lugar
"La vida, pese a que no es más que un cúmulo de angustias, la amo y la defenderé" ~Mary Shelley
EDWARD
"Estas son noticias estremecedoras y sin precedentes. A solo horas después de la gala de caridad y la hospitalización de Isabella Cullen, la Primera Dama Julie Monroe fue arrestada y acusada de traición al país y de asesinar a su marido, el Presidente Monroe. Esto la convierte en la primera mujer en estar involucrada en el asesinato de un presidente estadounidense. El FBI declara que le dieron una pista anónima con pruebas irrefutables de su implicación. La Primera Dama Julie Monroe hace tan solo unos días prometió hacerse cargo del lugar de su esposo en las elecciones de este año. Esto es todo muy confuso y honestamente inconmensurable. Pero quédense aquí y te mantendremos informados sobre…"
—¿Te estás comiendo mi gelatina? —susurró Bella, intentando abrir sus ojos.
Echándole un vistazo al vaso en mis manos, solo fruncí el ceño.
—Pensé que odiabas la gelatina.
—Pensaste mal, ahora devuélvelo. —Estiró una mano, tomando el vaso y comiendo un bocado.
—¿Cómo te sientes? —pregunté.
—Como si he estado en cama por mucho tiempo… y hambrienta —murmuró, devorando lo poco que quedaba en el pequeño vaso.
—Serán por las dieciséis horas que dormiste. —Acercándome a la mesa de luz, tomé el segundo vaso que le arrebaté a la enfermera. Ella observó mi mano antes de quitarme la gelatina otra vez.
—¿Dieciséis horas? ¿Por qué diablos me dejaste dormir por tanto tiempo? —Si la hubiera despertado, me hubiese matado.
—No has dormido bien en días. Además, no había nada que pudieras hacer, de todas formas.
Ella se detuvo a medio masticar, fulminándome con la mirada.
—En nuestra línea de trabajo, siempre hay algo que hacer. Así que la verdadera pregunta es, ¿qué has estado haciendo?
Todo lo que pude hacer fue poner los ojos en blanco y subir el volumen del televisor.
"Gente de todo el mundo siguen sorprendidas por el arresto de la Primera Dama Julie Monroe. Hace unas horas el FBI anunció que la primera dama fue detenida por su conexión con el asesinato de su marido. Por lo que nos han informado, les tomó una pista anónima para desatar esta tragedia nacional…"
—¿Les alertaste? —me preguntó.
—No, solo se lo conté a tu infiltrado. Se merece un ascenso, ¿crees? Haber atrapado al asesino del presidente es bastante importante —respondí, llamando a Jasper por lo que debía ser la novena vez.
—¿Eso es todo lo que hiciste hoy? —Suspiró, mirando a su vaso vacío de gelatina.
—¿En serio? —Sonreí, sacudiendo mi cabeza—. No vas a matar mi felicidad, esposa. Voy a tener un hijo y estoy a punto conseguir la Casa Blanca…
Ella se rio, acariciando su vientre.
—Primero, perdón, el hambre está hablando. Segundo, vamos a tener un hijo.
Me senté a su lado, besé su frente y tomé sus manos en las mías.
—Vamos a tener un hijo —susurré hacia ella.
—¿Estás nervioso? —devolvió el susurro.
—Creo que en algún momento lo estaré. Pero, como dije, estoy entumecido de felicidad. ¿Estás nerviosa?
—Sí.
Echándose sobre la almohada, tomó aire profundo.
—Vas a ser una gran madre. Así que, ¿qué quieres comer? —le pregunté mientras llamaba a Angela.
Ella sonrió ampliamente.
—Sopa de cebolla con alcachofas rellenas a un costado y un gran batido de chocolate.
—¿Eso es todo? —Ella simplemente me golpeó el brazo.
—¿Señor?
—Quiero un gran bol de sopa de cebolla con alcachofas rellenas y un batido de chocolate…
—Tamaño grande —anunció Bella, mordiendo su cuchara.
—Batido de chocolate grande. —Diablos.
—Haré que le llegue en media hora —respondió.
—Apresúrate, antes de que se coma mi brazo —dije rápidamente antes de terminar la llamada. Ella estiró su brazo para golpearme de nuevo, pero tomé su mano y besé su muñeca.
—No me mires así —espetó.
—¿Así cómo?
—Como… —Fue interrumpida por el sonido del segundo teléfono en mi bolsillo—. ¿Es ese mi teléfono?
—Lo es —le dije antes de responder—. Cullen.
—¿Señor? Soy el oficial Samuel Uley y creo que tenemos un problema.
Poniéndome de pie, pongo el teléfono en altavoz.
—¿Crees o sabes que tenemos un problema?
La sonrisa en el rostro de Bella se esfumó y observó el teléfono con furia.
—Señor, hay una criada aquí que dice que escuchó la conversación de la Primera Dama y Renée cuando volvió a su casa para buscar sus pertenencias después de haber sido despedida. También afirma que ha visto más en la mansión Cullen. Pero eso es todo lo que está diciendo, no va a hablar en detalle hasta que Inmigración le dé una visa. El FBI intenta hacer un doble paquete y presentar cargos contra ustedes. Ella se encuentra protegida.
—Mierda, maldita Rosalie —siseó Bella—. Sam, contiene la situación y asegúrate de que no pueda hablar hasta que te llamemos devuelta.
—¿Cómo mierda esto involucra a Rose? —le pregunté cuando colgué.
Sacudiendo su cabeza, tomó aire profundo.
—Ella despidió a todos los trabajadores ilegales para la mierda de caridad. Quien sea esta mujer, probablemente esté afilando su hacha para nosotros, queriéndose vengar por lo que el idiota de tu hermano y la estúpida de su mujer hicieron. Diablos. ¡Esta es la última vez que lo dejamos a cargo de algo!
—Amor, relájate, el bebé.
Se detuvo, colocando una mano sobre su vientre antes de volverse hacia mí.
—Tenemos que movernos rápido.
—Sam no puede matarla —Pensé en voz alta—. Hay mucha atención alrededor de ella ahora mismo ya que sabe lo suficiente sobre nosotros como para usarlo para negociar. ¿No debería estar más asustada…?
—No creo que las criadas sean tan inteligentes, para comenzar. —Suspiró, intentando calmarse, pero estaba furiosa. Podía verlo.
—Incluso un idiota sabe cuando estar asustado. —El miedo era naturaleza humana. La gente instintivamente sabía cuándo apartarse. Es lo que mantenía a la raza humana viva.
Bella se tensó, levantando la vista hacia mí.
—No a menos que esté más asustada de lo que pasará si no habla… Su visa, Edward. Por alguna razón necesita una visa y la necesita ahora.
—Relájate. —Besé su frente—. Te pondré al tanto después de lidiar con ello…
—Edward…
—Bella, no. —Lo último que necesitaba era que se estresara por esto. No valía la pena.
Afortunadamente, antes que pudiera llamarme un imbécil sexista, Angela entró con su bandeja de comida.
—Dale de comer, ya vuelvo —le dije mientras marcaba al teléfono y caminaba hacia la puerta.
—No soy un perro, maldito imbécil machista y no terminamos aquí. ¿Quién…?
Cerrando la puerta, le grité rápido:
—También te amo.
Saliendo al pasillo, me encontré con enfermeras chismosas observando la puerta.
—¿Qué miran? ¿Acaso no tienen vidas que salvar o algo?
Apartaron sus miradas de inmediato, fingiendo estar ocupadas.
—Jasper, esta es mi novena llamada. Más te vale que estés muerto o muriendo en alguna parte. —Esta familia comenzaba a enfadarme.
—Edward, ¿Bella está bien? —Mi madre caminó hacia mí con un ramo de girasoles en una mano y Rose del otro. Ella mantenía su cabeza en alto y pasando una mano por esas estúpidas perlas blancas que siempre usa.
No me molesté en responderle a mi madre, sino que tomé a Rose del brazo y la arrastré.
—¿Qué rayos haces? ¡Suéltame en este instante! —gritó como la llorona que era.
Llevándola hacia las escaleras, la tomé del cuello, forzándola contra la pared.
—¿Sabes lo que tengo que hacer hoy? Tengo que limpiar tu mierda. ¿Acaso luzco como el tipo de persona que limpia?
—No… puedo… respirar… —jadeó, arañando mis manos con fuerza. Sus uñas falsas se le salieron.
—Bien. Si no puedes respirar, no puedes hablar. Estoy a segundos de romperte la cabeza…
—¡Suelta a mi esposa! —Emmett me tiró hacia atrás, impactando su puño con mi mandíbula.
Cayendo al suelo, Rose jadeó en busca de aire. Sus manos se encontraban sobre su garganta mientras Emmett se cernía sobre ella.
—¿Te has vuelto loco? —gritó él.
Me pasé un dedo por el labio y observé la mancha roja en mi manga. Podía sentir la sonrisa sádica en mis labios mientras miraba a mi hermano.
—Esta es tu última advertencia, Emmett. Controla a tu esposa o juro por Dios que la mataré…
—¿Yo debo controlar a mi esposa? ¿Qué tal si dejas que la tuya no te controle? ¡Todo se trata de ella! ¿Qué ha hecho? ¿Acaso no estuvo de acuerdo con los zapatos de Bella? —Él era la mismísima definición de un tonto enamorado.
—El drama entre mi esposa y la tuya no me concierne. Tú de todas las personas deberías saber que Bella no me necesita para que luche sus peleas. —Otra vez me limpié el labio lastimado, observando al idiota frente a mí—. Sin embargo, al momento que tu llorona breallóg esposa despidió a las criadas de mi casa, sin hablarlo conmigo, o explicarles lo que pasaría si hablaban con la policía… tu esposa se convirtió en el enemigo.
Se congeló como si estuviera envuelto en hielo.
—No pensé que alguno de ellas…
—¡NO PENSASTE! —rugí hacia ella, haciendo que se sobresalte—. El drama que creas en esta familia puedo y lo he dejado pasar. Cuando creas drama en mi trabajo, mi forma de vivir, ¡tienes suerte de estar con vida! Respiras en la dirección incorrecta y no vivirás para arrepentirte.
Caminando hacia la puerta, el triste pedazo de mierda que era mi hermano llamó:
—Edward, ella…
—¡NO PONGAS EXCUSAS! —rugí. Tomé aire profundo, intentando calmarme antes de que le volara los sesos en este hospital—. Todo lo que necesito de ti es que encuentres a Jasper y que atienda su maldito teléfono.
Cuando salí hacia el pasillo, mi madre estaba allí esperando. El ramo de girasoles que tenía en sus brazos fue reemplazado por un kit de primeros auxilios. Sus ojos se enfocaron rápidamente en mi labio antes de mi brazo y mano lastimada.
—Disculpa, cariño —llamó a un enfermero, tomándolo del brazo—. ¿Podemos conseguir una habitación privada, por favor?
—Madre.
—Señora, lo siento, pero no…
—Déjame reformularlo. ¿Puedes llevarnos a mí y a mi hijo herido a un cuarto privado en el hospital que él ayudó a salvar de la bancarrota? —Su voz era educada, pero el agarre que tenía en el brazo del enfermero gritaba hostil.
Asintiendo inteligentemente, señaló hacia una cama vacía.
—Puedo tratar sus heridas.
—No, gracias, querido. —Le dio unas palmadas a su brazo—. Vamos, Edward…
—Madre, estoy bien. Deja de ser ridícula.
Dio un paso hacia adelante y, a pesar que tenía que bajar mi cabeza para encontrarme con su mirada, sabía que no debía cuestionarla sobre esto. Esto… esto era código para "tengo que hablar contigo, así que cállate y escucha."
Sacando mi teléfono, marqué el número, caminando hacia la habitación privada.
—Sabía que alguno de los dos iba a necesitar esto —suspiró, sacando las vendas.
—Estoy bien, estaría mucho mejor si las personas contestasen sus malditos teléfonos.
—Modales.
No pude evitar poner los ojos en blanco.
—¿En serio, madre?
—Solo intento ayudarte. ¿Realmente quieres que tu hijo nazca maldiciendo? Deberías prepararte para controlar tu vocabulario. Ahora, dame tu mano. —Obedeciéndola, intento contactar a Sam, pero sigue enviándome al correo de voz. Algo estaba pasando y rápido.
—¿Jasper?
—No —siseé cuando vertió alcohol sobre mis heridas—. Trabajo. Trabajo que no debería estar haciendo, pero tu nuera ha sido solo un dolor cancerígeno en mi… ¡Ah, diablos, ma!
—Deja de comportarte como un bebé. —Rio mientras envolvía mi mano—. ¿Has siquiera dormido desde que todo esto comenzó?
No le respondí, no porque no haya dormido, sino porque sabía que diría que no es suficiente. Pasé la mayoría del día analizando las cámaras de seguridad, los signos vitales de Bella, y los contactos en la policía.
—Naciste con mal genio, Edward. Empeora cuando no duermes.
—Duerma o no, Rose cruzó una línea y estuve muy cerca de matarla recién.
—Pero no lo hiciste, porque muy en lo profundo amas a tu hermano, a pesar de lo mucho que quieras odiarlo.
—Así que esto no es por las acciones de Rosalie, sino por Emmett. —Debería haberlo sabido.
—Por mucho que ame a sus esposas, mi primera prioridad siempre será la felicidad tuya y la de tus hermanos. Lo que sea que pase con Rose, los separará aun más. Emmett ha esperado años…
—Madre, no me importa. Si quiere estar a mi lado, hay un lugar libre. Pero necesita asegurarse que su esposa sepa donde ella pertenece y eso es lejos de mí. Ya no confío en ella.
—Si no puedes soportarla ahora, como la esposa de tu hermano. ¿Cómo la soportarás como la hija del presidente? Ustedes están elevando su estatus. Recuerda, Frankenstein no era el monstruo, sino el doctor.
Odiaba cuando ella hacía esto.
—Me vas a llevar al cigarrillo, ma.
—¿Cigarrillo? ¿No a la bebida? —Rio.
—Papá hizo eso años atrás.
Antes que pudiera responder, comenzó a sonar mi teléfono; una llamada bloqueada intentaba contactarme. Solo una persona tenía este número… Sam.
—Cullen.
—Señor, recibí sus llamadas. No podía hablar…
—¿Qué está pasando?
—El FBI está consiguiéndole una visa, todo lo que necesitan es que ella hable. Creo que tiene un hijo en la frontera…
—¿Crees? —¿Por qué rayos todos creen y no saben?—. Sam, arregla esto. Encuentra una forma de hacerle saber lo que pasará si abre su boca. Nuestra imagen pública no será arruinada por esto, ¿me entiendes?
—Estoy en ello, señor.
.
SAMUEL ULEY
Guardando mi teléfono, miré todas las insignias frente a mí. Algunos de ellos, la mayoría, me saludaban al pasar por mi lado.
—Bien hecho, Uley.
—Uley, haciendo bien tu trabajo.
—Felicitaciones, Uley.
Todo lo que pude hacer fue asentir, tomar aire profundo, ingiriendo el aroma a sudor y café rancio, antes de repetir la misma frase vieja:
—Solo hago mi trabajo.
Por años, solo fui un pobre policía. Jamás pedí ser más que eso. Mi trabajo real era observar las calles. Ahora, se dice en el departamento que estaba cerca de ser un detective. Necesitaba llegar a esa criada tan pronto como fuera posible, pero el FBI la tenía encerrada en la parte trasera del precinto. Ellos querían sus nombres en esto ya que no pudieron conseguirlo con lo de la esposa del presidente. Pero atrapar a los Cullen era casi tan bueno como eso.
—¿Crees que sea verdad? Si lo es, necesitamos estar en este caso —dijo mi compañero, inclinándose sobre mi escritorio.
—Eres un cachorro, Scooter, deja de intentar morder casos cuando ni siquiera tienes dientes —le dije, mirando la botella de agua en mi escritorio. Tenía un plan, solo necesitaba más tiempo.
—Dicen que los Cullen son lo peor que le pasó a esta ciudad desde Al Capone. Que asesinan hombres, mujeres, y niños… sin problemas. Que mueven drogas, marihuana, cocaína, heroína. Si es ilegal, lo venden y hacen millones por todo el país, y aun así…
—¡Eso es porque no tenemos nada! —le grité, creando atención hacia nosotros—. ¿Alguna vez has hablado con algún traficante que haya señalado a un Cullen?
—Todos saben que eso es porque les tienen miedo.
—¿Quiénes son todos? ¿Todos van a testificar en un juicio? Jamás ha habido alguna evidencia que pruebe que los Cullen son algo más que simples ciudadanos de esta ciudad. Ni siquiera tenemos alguna multa. Todo lo que he escuchado son rumores entre policías al lado de una cafetera. Tenemos oficiales intentado crear casos de la nada para intentar probarse a sí mismos. Probar que pueden hacer lo que muchos otros no han podido. Dame evidencia y les meteré unas esposas. Pero hasta entonces, guárdate tus historias fantasmas para tus amiguitos y salte de aquí.
Dio un paso hacia atrás, mordiéndose los labios antes de colocarse la gorra devuelta en su cabeza rubia.
—Bueno, conseguimos una criada, su criada.
—No, conseguimos una inmigrante ilegal, que está enojada por hacer sido despedida, y ahora chantajea al gobierno de los Estados Unidos para conseguir una visa.
—¿Sabes qué, Uley? Todos nosotros estamos intentando hacer algo… ¡Lo intentamos! Intentamos salvar nuestra ciudad. Para recuperarla de los mafiosos y los ladrones, los Cullen, ¡¿por qué no comienzas a apoyar al equipo?! —Eso me detuvo y me costó todo lo que tenía no darle un puñetazo en la cara.
—¿Apoyar a mi equipo? —Reí, colocándome mi abrigo—. Niño, he estado aquí por siete años. He sido disparado, atropellado y casi bombardeado. Trabajo en casos que puedo conseguir un arresto. Esto no es un juego, mi chaqueta dice "Policía de Chicago", no "equipo de policía". Mi insignia dice Oficial Uley. ¿Quieres probarte? ¿Quieres ver a los Cullen hundirse incluso cuando no tienes idea de quiénes son? Está bien, lo que sea. Solo búscame en la sala de interrogación en cinco minutos.
Tomando la botella de agua, salí de allí.
—Ya no soy un novato —gritó detrás de mí, ¿qué más podía decir?
—Cierra tu pico, niño, y tráenos algo de café —gritó alguien detrás de mí, pero no me molesté en mirar atrás.
Siempre podías notar cuando los federales estaban en la ciudad; se robaban los casos de perfil alto y se aseguraban de meter sus nombres de un color amarillo pato por todo el lugar. Caminando por el pasillo, me aseguré de no mirar a nadie a los ojos antes de entrar en la sala de archivos. No tenía mucho tiempo, estaba jugando con un nuevo tipo de fuego aquí.
El agua de la botella era mi única oportunidad.
¿La clave para ser un mentiroso? Cree tus mentiras. Era tan simple como eso. Cuenta mentiras que puedas creer y cuando lo hagas, el mundo lo creerá contigo. Sabía la mentira que creería. La criada era una mentirosa e iba a hacer que lo admita.
Todo se sintió intenso, mis sentidos jamás habían estado tan claros e iba a usar cada truco que tenía. Los agentes del FBI estaban esperando, deseando tener algo. A su lado estaba Scooter, que casi parecía que estuviera frotándose las manos.
Observé a la mujer de piel bronceada y cabello oscuro mientras rezaba en la mesa. Intenté no quebrar el personaje.
—¿Dijo algo?
No podría tener más de treinta años.
—No va a hablar hasta que vea su visa. Pero no tiene sentido. Ella tiene un hijo en la frontera, ¿por qué no le pide que él tenga una en vez de a ella? —preguntó Scooter rápidamente.
—Después que nos contó sobre la Primera Dama comenzó con su "Avemaría llena eres de gracia" una y otra vez. Si fuera María, estaría molesto —bufó el oficial a mi derecha antes de girarse hacia el vidrio espejado—. Esto fue una pérdida de tiempo, están cuestionando a la Primera Dama ahora. Fue tu trabajo, deberías ir a ver.
—Iré allí en un minuto, solo quiero tener una oportunidad con ella primero.
—Nosotros —dijo Scooter, dando un paso hacia adelante—. Nosotros queremos.
—Adelante, pídanle a la Madre María que rece por nosotros. —Rio antes de alejarse caminando.
Paso uno, hecho.
—Entonces, ¿cómo vamos a por ella? —preguntó Scooter, intentando entrar, pero lo detuve en la puerta.
—Tú no eres un oficial de policía, ¿recuerdas? Eres una porrista. Puedes alentar al equipo detrás del cristal.
Dando un paso adentro, lo primero que escuché fueron sus plegarias.
—Dios te salve, María, llena eres de gracia. El señor es contigo…
—Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén —terminé por ella, dejando la botella de agua sobre la mesa antes de ayudarla a sentarse en la silla.
—María, madre de todas las madres —dije, tomando mi propia silla—. Mi madre la amaba también.
—¿Tienes mi visa? —preguntó con un fuerte acento.
—No.
—Entonces, no tengo nada para ti.
—No creo que hayas tenido algo para mí desde el momento uno.
—¡Trabajé en esa casa! ¡Vi cosas! ¡Escuché cosas! —me gritó.
—Ten algo de agua —le dije, acercándole la botella de agua.
La devolvió.
—Estoy bien.
—En serio, porque has estado aquí por un tiempo y lo último que quiero es que te deshidrates. Además, espero que hables mucho —comenté, empujando el agua devuelta hacia ella.
—No visa, no confesión —repitió antes de llevar la botella a sus labios. Ni bien bajó la vista, se tensó. Sus ojos oscuros lentamente leyeron las palabras escritas por debajo de la etiqueta.
—¿Se encuentra bien, Sra. Morales?
Ella solo me quedó viendo con ojos ensanchados, completamente quieta.
—Es solo agua —dije, tomando la botella—. No veneno. Estás a salvo aquí.
Para probar mi punto, bebí algo de agua.
—Los Cullen… —susurró, dejando caer su cabeza.
—Sra. Morales, sé que esto es aterrador. Mi compañero me recordó de las acusaciones en contra de los Cullen. Cómo algunos dicen que asesinaron a hombres, mujeres e incluso niños. Cómo no tienen respeto por la ley. Cómo cazan a quien sea que se cruce en su camino. Si eso es verdad, no puedo imaginar lo que hayas vivido en esa casa. Lo que puede que hayas visto. Sabemos de tu hijo en la frontera. —Se tensó y sus ojos se llenaron de lágrimas mientras que sus labios y brazos temblaban.
—Mi madre, ella era ilegal. Trabajó aquí toda su vida para gente como los Cullen. Pero a ella no le importó. Ella solo quería que sus hijos tuvieran las mejores oportunidades en la vida. Haría lo que fuera por ellos, por mí. Incluso meterse con los Cullen. Es por eso que quieres una visa, ¿no? Así puedes traerlo aquí de forma correcta. Así no tiene que ser etiquetado como ilegal. Quiero ayudarte, Sra. Morales. Pero tienes que ser honesta conmigo. Eres la única que puede derribar a esos bastardos. Nosotros te protegeremos. Yo personalmente te protegeré.
Me aseguré de que pudiera leer mis ojos y eso hizo que las lágrimas rodaran por sus mejillas. Secándose la nariz, asintió.
Enderezándose en su asiento, admitió.
—Fue una mentira. No sé nada. Solo quería a mi hijo.
—No tienes nada sobre los Cullen —repetí, fulminándola con la mirada.
Otra vez, asintió.
—No tengo nada sobre los Cullen. Solo quería vengarme. Me despidieron sin razón alguna, no tengo nada, ellos se lo llevaron todo. Ellos tienen demasiado, ¿sabes? Solo quería algo para mi niño.
Sacudiendo mi cabeza hacia ella, tomé el agua.
—Sujétese fuerte, Sra. Morales. Sujétese fuerte.
—Por favor, no me deporte. ¡Por favor! Soy la única que envía algo de dinero. Mi hijo todavía es joven. Al igual que tu madre, solo quería darle lo mejor, conseguir un buen trabajo. ¡Necesito tu ayuda, por favor! Necesito la visa.
No había nada más que podía decirle, simplemente salí de allí. Scooter estaba de pie cuando entré en el cuarto, fulminando con la mirada hacia la mujer, que comenzó a rezar de nuevo.
—Diablos. Tiene que saber algo. Puedo sentirlo. Necesitamos hacer que hable; deberíamos presentar cargos. Obstrucción de la justicia, hacer una denuncia falsa…
—Sí, Scooter, presentemos cargos al único testigo que tenemos en la mentira de la Primera Dama porque ella no nos dijo lo que esperábamos escuchar —espeté—. Si sigues saltando de cabeza así, tu cerebro será esparcido por toda la acera pronto.
Fue justo después de salir del precinto que me atreví a romper la etiqueta de la botella. En español se traducía en solo tres simples oraciones.
Tu hijo llegó su casa a salvo hoy. Tus palabras determinaran si logra despertarse. No cruces esa línea.
Sacando mi otro teléfono, llamé, esperando ser atendido.
—Bienvenido a Flores de Bella…
—Dos docenas de colchicum autumnale para el Jefe.
—Espere, por favor.
Solo me llevó un segundo escuchar su voz.
—Cullen.
—Está hecho. Se retractó.
—Vigílala, asegúrate que no vuelva a intentarlo.
—Hecho.
BELLA
—Está controlado —anunció Edward, finalmente trayendo su estúpido trasero al cuarto. Se fue hace horas con mi maldito teléfono.
—Bueno, acaso no estás feliz contigo mismo —espeté sin molestarme en mirarlo y me coloqué los zapatos que mientras Angela esperaba con mi chaqueta.
—¿Sigues con hambre?
Estaba preparada para darle una paliza, pero parecía que alguien ya había comenzado.
—¿Qué mierda le pasó a tu rostro y a tu mano?
—Rose. —Suspiró, acercándose a mí.
—¿Acaso ella luce peor?
—Se siente peor.
—No me importa cómo se sienta, Edward.
—Iré a buscar el coche —comentó Angela antes de irse rápidamente.
Llevándome hacia él, besó mis labios con tanta fuerza que pude sentir el corte en su mejilla junto con la sangre.
Toc.
—Vuelve luego —gritó Edward hacia la puerta.
Pero ellos no escucharon, sino que la puerta se abrió y la persona que solía conocer como Jasper se adentró con las mismas prendas blancas, ahora llenas de mugre, cabello alborotado y bolsas debajo de sus ojos.
—Santo cielo, Jasper. —Edward me soltó y caminó hacia él justo cuando Jasper se cayó de rodillas sollozando.
—Jasper…
—Alice tiene cáncer de ovario. No me quiere hablar. Ni siquiera quiere moverse. No sé qué hacer, hermano. No se cómo luchar esto. No sé cómo perderla… Yo…
—Respira, respira. Pelearemos esto. Respira —susurró Edward, arrodillándose para abrazarlo.
Caminando por detrás de ellos, cerré la puerta. Esto era personal. Esto era para la familia y nadie necesitaba ver esto.
Edward levantó la vista hacia mí mientras su hermano sollozaba en sus brazos. Sus ojos me hacían una pregunta que odiaba tener que responder…
¿Cómo luchas contra el cáncer?
Sabía muy bien que a veces no puedes. El cáncer era una perra que no sabía cuándo morir. Posando una mano sobre la cabeza de Jasper, me quedé allí parada. No estaba segura de qué hacer.
