Daryl empujaba el carro de la compra fuera del supermercado en dirección a su coche. Su nevera estaba vacía y necesitaba hacer la compra de manera urgente si no quería morir de hambre junto a Nala. Justo al lado de su coche, había aparcado un AUDI de color negro y de éste salió alguien que le resultó demasiado familiar. Y entonces recordó quien era.

Teddy.

No podía ser que de todas las personas que había en la ciudad, tuviera que haber aparcado a su lado. Por las facciones de su cara, Daryl supo que él le reconoció también. Daryl no pretendía tener ningún tipo de conversación con ese hombre. Había algo en él que le hacía sentir que era una persona fría y malhumorada. El rubio se dedicó a abrir el maletero e ir poniendo la compra en este.

— ¿Estuvo bien la presentación?

Daryl no podía creer lo que éste le estaba diciendo, levantó la mirada para ver que Teddy se había parado no muy lejos de él con la clara intención de mantener una conversación, que él no quería tener. Bufó, le dirigió una mirada asesina y siguió con lo suyo, pero Teddy no se dio por vencido.

—Es una mentirosa, te darás cuenta a medida que la conozcas. Me robó mis libros, y se hizo famosa a costa mía.

—Ella no te ha necesitado en estos años para escribir. —Saltó sin poderse callar. —Tú eres el mentiroso y el ladrón.

— ¿Y tú qué sabes?—Sonrió Teddy con maldad.

—Mucho más de lo que crees. No vas a sacar a la luz ni un libro más robado. Ni uno, te lo aseguro. Pronto saldrá todo a la luz, lo que le has hecho a Carol y a las demás. Adiós, me tengo que ir. —Y tras esto, se giró sobre sí mismo para meterse en el coche, dejando a Teddy plantado en el asfalto.

Al decir la última frase, Teddy se le cambió la cara. ¿Cómo sabía él lo otro? Empezó a sentir como su enfado encendía todo su cuerpo y llamó a su primo y editor para comentar lo que había pasado.


Daryl recibió un mensaje extraño de Carol: "Necesito hablar contigo". Sorprendido, Daryl le dijo que estaba paseando a Nala en el parque estaba al lado de su apartamento y Carol le aseguró que estaría allí en pocos minutos. El rubio no sabía que estaba pasando, pero era evidente que algo ocurría.

Minutos más tarde, Daryl vio pasar el coche de Carol que aparcó cerca de allí. Nada más reconocerla, Nala salió corriendo hacia ella para darle la bienvenida. Carol se agachó y la acarició. Daryl se acercó a la pelirroja y se agachó para darle un beso en los labios, pero él notó que ella estaba distante.

— ¿Qué pasa?

—Teddy estaba esperándome a la salida del trabajo.

En ese momento, Daryl supo a que venía su enfado, probablemente le había contado su encuentro casual.

—Me ha dicho que le estás hackeando, ¿es verdad? —Preguntó la mujer con tono esperanzado. —Dime que se lo inventa.

Sin duda había subestimado a Teddy, pues creyó que él no se iba a enterar y quizá le dio más información de la que debía. Al ver el rostro de Daryl, Carol supo que estaba en lo cierto.

— ¡Por amor de Dios, Daryl! ¿Qué has hecho?

—Quería buscar pruebas de que fue él quien te robó, pensé que no encontraría nada pero…

—Puff, es ilegal, ¿lo sabes, no?

—Por supuesto, pero él no tiene pruebas.

—Daryl, me ha amenazado con denunciarte, te podrían meter en la cárcel. O te denuncia o le tengo que ceder los derechos de mi novela.

— ¡Ni hablar! ¡Ni se te ocurra hacerlo!

— ¿Y entonces qué? ¿Le dejó que te denuncie?

—Carol está muerto de miedo, él sabe que podría acabar en la cárcel por plagio, y por eso te está chantajeando.

—a mí me condenaron a pagar, no creo que le metan en la cárcel.

—No eres la única que le ha estado plagiado los libros. —Reveló Daryl. —Hay al menos dos alumnas suyas a las que les ha hecho lo mismo, pero no se han atrevido a denunciar, porque no les creían.

En la cara de Carol se mostró sorpresa.

—Hay varios mails de él y su editor admitiendo esto y planeando todo. E incluso hablan de ti. Él sabe que sé esto, porque ayer me lo encontré en la salida del supermercado e intentó tener una conversación y le dije que pronto se iba a saber todo, incluso la de las demás, seguro que dedujo que yo le hackeaba. Tiene miedo, por eso esta haciendo todo esto. Tengo pruebas y podemos mostrarlas.

—Son pruebas obtenidas de forma ilegal, no creo que sirvan. No podemos hacer nada con esto. —Dijo con pesimismo mientras empezaba a alejarse.

— ¿No quieres verlas?

—No. Me voy a casa. —Daryl avanzó hacia ella, la agarró del brazo y detuvo sus pasos.

—Hey, por favor, quédate y lo hablamos.

—Necesito pensar. —Dijo antes de deshacerse de la mano de Daryl. Caminó unos pasos pero se quedó parada para volver a mirarle. —Daryl, sé que lo has hecho con la mejor intención, pero hackearme solo complica más cosas. Nos vemos mañana.

Daryl la vio caminar hacia su coche, mientras él sentía que esta vez lo había fastidiado todo.


Daryl entró en la escuela buscando con la mirada a Carol. Desde la tarde anterior no habían vuelto a hablar. A pesar de que le había enviado un mensaje de texto, la pelirroja no había contestado. Había dormido mal y aunque entendía la situación del porque estaba enfadada, ella solo quiso ayudarle.

No era la primera vez que hackeaba, lo había hecho por diversión en la escuela donde estudiaba hasta que le pillaron y le pusieron un castigo. Nunca más lo había hecho, hasta ahora. Él era consciente del riesgo que corría, pero creía que a pesar de todo, era por una buena causa. Carol se merecía de una vez cerrar esa etapa de su vida.

Nada más entrar en la sala de profesores, se topó con Aaron quien se acababa de reincorporar tras su baja paternal. Aaron le sonrió abiertamente y él le devolvió el saludo. Miró con una mirada rápida en el interior de la sala de profesores, pero no encontró a Carol, antes de volver a centrar la mirada en su amigo.

— ¿Qué tal, tío? —Le preguntó Aaron.

—Bien, ¿tú? ¿Con ganas de volver?

—Un poco, cansado de tanto cambiar pañales y rabietas. Y además dejar a la niña en la guarde ha sido lo peor de esta mañana.

A medida que hablaba Aaron, Daryl vio como Carol entraba en la sala. Cuando vio a Aaron se acercó a él dándole un abrazo de bienvenida. Tanto Daryl como Carol le preguntaron sobre la pequeña y este mostró orgulloso una foto de ella.

–Esta preciosa, tenéis que venir un día a casa a cenar. —Sugirió Aaron y ambos asintieron encantados.

En ese instante, el timbre sonó dando por iniciado la jornada lectiva. Aaron se despidió, para empezar su clase de vuelta y desapareció por la puerta.

—Tenemos que hablar. —Le dijo Daryl mientras ella se dirigía hacia la puerta.

—No es el momento.

—Problemas en el paraíso. —Dijo en voz alta Rosita, quien había pasado por al lado de ellos y les había escuchado hablar. Todos los miembros de la sala giraron el rostro para ver a la pareja.

—Metete en tus asuntos, Rosita. —Masculló Daryl con malhumor y entonces miró a Carol quien elevó la mirada también cansada.

—A la salida. —Anunció ella.


Daryl tenía una hora libre antes de acabar con su jornada laboral, así que dedicó el tiempo para corregir algunos trabajos y exámenes. Estaba concentrado corrigiendo algunos, cuando el teléfono vibró en el pantalón. A pesar de que Carol estaba dando clase en una de las aulas de la escuela él tuvo la esperanza de que el mensaje fuera de ella.

Pero no se trataba de Carol, era un numero oculto y rápidamente supo de quien se trataba.

—¿Qué cojones quieres, Hannah?

— ¡Que desagradable eres! Solo quería hablar contigo.

—No quiero saber nada de ti, ya no sé ni como decírtelo.

—Te extraño Daryl. La fastidié, lo sé... —empezó a lloriquear y Daryl elevó los ojos al cielo cansado de tanta tontería.

—Escúchame Hannah, que te quede bien claro. No voy a volver contigo, lo nuestro se acabó. No vuelvas a llamarme más ni intentes fastidiar mi relación actual. Que te vaya muy bien, chao.

Y sin darle más opción colgó la llamada.

Escuchó el timbre dando por finalizado el día, se levantó empezando a recoger los papeles para ir en busca de Carol, pero fue en ese momento que ella apareció por la sala. Carol le esperó en la puerta, mientras los demás profesores se despedían de ellos. Fueron caminando juntos a una cafetería que estaba cerca del instituto. El camino estuvo cargado de una extraña tensión entre ambos, aunque hablaron sobre algunas anécdotas del día en el instituto había algo entre ellos extraño.

No fue hasta que se sentaron en la cafetería que finalmente abordaron el tema.

—Me ha llamado Teddy hace unas horas para decirme que tengo hasta el viernes de la semana que viene para decidir que quiero hacer… o te denunciará.

—No lo hagas, no cedas a ese chantaje… Ya se nos ocurrirá algo… Carol, lo siento, yo no quería perjudicarte. —Dijo Daryl con culpabilidad.

Carol suspiró mientras se dejaba caer contra el asiento. En ese momento, una camarera de unos 45 años se acercó a ellos, preguntándoles que querían tomar. Carol pidió una cerveza y Daryl una Coca-Cola. Cuando se fue, Carol le respondió.

—Sé que solo intentabas ayudarme… pero le has hackeando, Daryl. Y nos has puesto en una situación complicada a los dos, y no creo que me hayas ayudado mucho. —Carol pudo ver como en el rostro de Daryl que aquella última afirmación le había hecho daño, pero era así como lo sentía. —Lo siento Daryl, eso es lo que creo. Esas pruebas no tienen ninguna validez. —En ese momento, la camarera les trajo sus bebidas.

—No las has visto, son mails bastante descriptivos de cómo se apoderaban de todos vuestros libros.

Carol aprovechó para beber su bebida.

— ¿Y de qué sirve si no se puede presentar como prueba?

—Habla con un abogado, quizá podemos hacer algo. —Dijo Daryl intentando buscar una solución para el problema.

—Yo he pensado en otra cosa. —Dijo Carol. —Pero no sé cómo resultará.

— ¿De qué se trata?—Preguntó Daryl.

—Me dijiste que hay dos chicas más a las que les han hecho lo mismo. —Daryl asintió—Quiero ponerme en contacto con ellas. Y plantearles la posibilidad de presentar una demanda entre las tres. Creo que si lo hago yo sola, apenas tendrá peso, pero si somos las tres…

—Es una muy buena idea. Tengo todos los datos de esas dos chicas. Las investigué también.

— ¿Eres de Anonymus o qué? —Preguntó de forma irónica. —Espero que no te dediques a ser un hacker en tu tiempo libre.

—No, solo lo hice en el instituto una vez para cambiar una nota de mi expediente. Pero me pillaron cuando un amigo se chivó. Desde entonces no lo he vuelto a hacer.

—Vale, ya me quedo más tranquila.

—Mi amor, saldremos de esta. —Dijo Daryl, agarrando su mano y la elevó para darle un beso en la mano. Ante ese gesto, Carol no pudo evitar sonreír mientras sentía que su estómago se encogía.

A pesar de que estaba enfadada con él por hackearle, ella sabía que sus intenciones habían sido buenas y que solo había intentado ayudarle.

Llegaron a casa de Daryl, y se pusieron a revisar todas y cada una de las pruebas que había obtenido. Sin lugar a dudas, en los mails, tanto Teddy y Mark, su editor, quedaba claro que lo habían planeado absolutamente todo, e incluso, como escogían a las chicas que escribían bien y tenían potencial.

Tras ver esto, Carol tenía más ganas de poder darle su merecido a Teddy.

Daryl le dio el teléfono de Ruth Smith, una joven de 28, a la que tres años atrás le había robado sus dos novelas y, Micaela Brown, una joven de tan solo 22 años, a la que apenas unos meses atrás le había robado.

Carol marcó el número de Ruth Smith, suspiró se puso el teléfono en la oreja y esperó a que le respondiera.

— ¿Diga?

—Hola ¿Ruth Smith?

—Sí, soy yo. ¿Quién es?

—Soy Carol Mason, no me conoce pero me gustaría que nos reuniéramos para hablar sobre Teddy Davis.

—No quiero saber nada de ese señor. No me interesa.

—Sé que Teddy te ha plagiado. A mí también me lo ha hecho. —Dijo con rapidez para que ella no colgara. —Me ha robado. Y sé que hay otra chica a la que le ha hecho lo mismo. —La otra mujer se quedó en silencio. —Me gustaría poder reunirnos las tres para poder plantarle cara o denunciarle si fuera el caso.

— ¿Cuándo?

—Mañana a las 17h, en la cafetería de "Night".

—Me lo pensaré. Me tengo que colgar.

— ¿Cómo ha ido? —Preguntó Daryl quien había escuchado la conversación sentado en el sofá al tiempo que acariciaba a Nala.

—No lo sé. No la veo demasiado convencida. Voy a probar con Micaela.

Pero esta no respondía al teléfono y le dejó un mensaje de voz.

—Hey, vamos a conseguirlo. —Susurró Daryl agarrándole de la mano para tirar de ella para que se sentara en sus rodillas.

— ¿Y si no se presentan o no quieren hacer nada? —Carol se acomodó encima de él, mientras sentía la presión en su pecho.

—Ese hombre se está haciendo de oro a costa vuestra, seguro que querrán recuperar lo que es suyo.

Daryl la abrazó, ella correspondió a ese gesto ocultando su rostro contra su cuello, cerró los ojos disfrutando de ese momento e intentando que todos sus temores desaparecieran. Él tenía ese efecto en ella, parecía que cada vez que él le abrazaba todos sus problemas se evaporizaban, sentía tanta paz. Daryl giró el rostro dándole un beso en la sien.

—Podréis con él. Lo conseguiréis. —Susurró contra su oreja.

Carol asintió separándose de él mirándole a sus ojos.

—Te amo, Daryl.

Daryl sonrió abiertamente, llevando su mano a su rostro enmarcándola con suavidad.

—Yo también te amo.


La pierna de Carol se movía nerviosamente mientras miraba a todas las chicas jóvenes que entraban en el local. No estaba segura si tan solo alguna de las dos se iba a presentar en el lugar. Quizá no había sido una gran idea. Las 16:54h pero no había ni rastro de ninguna de las dos. Los minutos pasaban muy lentos.

Entonces, Carol se fijó en una joven afroamericana de pelo castaño y rizado que miraba curiosa a todos lados. La pelirroja levantó la mirada para coincidir con la suya, cuando coincidieron la joven se dirigió a ella a paso decidido.

— ¿Carol? —Preguntó la mujer con duda.

—Sí, soy yo.

—Soy Micaela Brown, recibí tu mensaje ayer.

Carol la invitó a sentarse y la joven lo hizo, se le veía nerviosa e inquieta.

—Gracias por venir.

Micaela se sentó y empezó a jugar con sus dedos. Había algo en esa joven que le recordaba a ella.

—En tu mensaje me dijiste que sabías lo que Teddy me había hecho, y que no era la única. ¿Es verdad?

—Sí, Micaela, a mí también me lo ha hecho. Y a otra alumna llamada Ruth. —Carol pudo ver como la joven suspiró y de pronto, empezó a llorar.

Por lo que había visto en los mails, ella era el caso más reciente; el último libro de Teddy que justo en ese momento estaba promocionando era de la joven. Carol comprendió el dolor de la joven pues ella había pasado por lo mismo años atrás.

—Nadie me ha creído. —Dijo entre lágrimas. —Ni la universidad, ni la editorial.

—Sé lo que es eso. Me llevaron a juicio y nadie me creyó. Pero… —En ese momento, sintieron la presencia de una mujer rubia y alta que se había parado enfrente de ellas. Micaela aprovechó la ocasión para limpiarse las lágrimas y recomponerse un poco.

— ¿Ruth? —Preguntó Carol y ella asintió. —Siéntate por favor. Os agradezco que hayáis venido, no estaba segura de que vinierais.

—Ni yo. —Reveló Ruth sentándose al lado de Micaela. Ambas mujeres se miraron y se presentaron.

— ¿Cómo lo descubriste que nos ha plagiado a nosotras también?

—Investigando para intentar recuperar mis libros, he descubierto lo que os sucedió a vosotras. —Omitió deliberadamente que habían hackeado a Teddy, pues no conocía a esas chicas. —Creo que entre las tres podremos conseguir que nos hagan caso.

— ¿Una denuncia? —Preguntó Micaela. —Antes me has dicho que a ti te denunciaron y perdiste.

—Sí, no existían pruebas, ni existen. Estaba casada con Teddy, me dejó de un día para otro y se llevó consigo el portátil donde escribía. Era su ordenador.

—Yo le pedí que me revisara la novela y ya no supe nada de él. También teníamos una relación. —Habló Ruth.

—Se aprovechaba de eso, nos seducía y nos robaba. —Confirmó Micaela.

—Creo que la denuncia no será muy efectiva en este caso. Al menos por ahora. —Dijo de repente Ruth.

— ¿Qué propones? —Entrecerró los ojos Carol queriendo saber cuál era su sugerencia.

—Publicar nuestro caso. Estoy trabajando como becaria en The Atlanta. Podríamos hacer un escrito explicando nuestro caso. Teddy es conocido por nuestros libros, y ha sido entrevistado por muchos de estos periódicos.

—Me parece bien. También podríamos publicarlo en las redes sociales. —Intervino Carol.

—Y enviarlo al rector de la universidad. —Dijo Micaela.

Las tres mujeres se miraron entre sí y parecieron encontrar como un atisbo de esperanza.

Aquella tarde, ya tenían listo el comunicado que iban a presentar al día siguiente. Carol habló con su editora para informar sobre lo que iba a hacer, y si esto iba a traer consecuencias para la editorial. Andrea le aconsejó que firmara ese comunicado como Nancy Payne de esa forma el impacto de la noticia sería más grande, y le aseguró que tanto ella como la editorial iban a estar de su parte.


Carol apenas durmió aquella noche, estaba inquieta por lo que iba a suceder al día siguiente.

Cuando se levantó, el comunicado ya estaba publicado en las redes sociales, en el periódico de The Atlanta y ya había sido enviado al rectorado de la universidad donde trabajaba Teddy. Las redes sociales estaban ardiendo con el tema y ya tenía algún que mensaje de periodistas que querían llamarle para entrevistarle sobre el asunto. Pero ella no quería nada de eso, solo quería que Teddy les devolviera sus libros.

—Wow, está todo el mundo hablando del tema. —Masculló Daryl cuando Carol entró en la cocina para desayunar. —Hey, ¿Qué pasa?

— ¿Y si no conseguimos nada? —Empezó a decir llena de dudas, pues temía que no surgiese el efecto deseado y él se vengara denunciando a Daryl. — ¿Y si te denuncia?

— ¡Que me denuncie y haga lo que quiera! Pero dudo mucho que no tenga repercusiones, esta todo el mundo opinando. Tarde o temprano tendrá que hacer algo.

Daryl se acercó a ella y le abrazó.

—Todo saldrá bien. —Le besó suavemente en los labios. —Deberíamos irnos sino queremos llegar tarde.

Carol se pasó el día pendiente del móvil, mientras sus compañeros de trabajo le preguntaban sobre lo sucedido. Fue un día bastante estresante. Pero pronto llegaron algunas reacciones: Daryl le informó a media mañana que la editorial de Teddy había publicado un comunicado prescindiendo de su contrato con Teddy y su editor Mark.

Y horas más tarde, la universidad anunció que estaba investigando lo ocurrido e iba a tomar las medidas oportunas. A su vez, Aaron le dijo a Carol que Eric, quien era abogado, que él se ofrecía a ser su abogado si ellas querían.

Y entonces, la temida llamada llegó a media tarde. Teddy se puso en contacto con ella y Carol decidió que era mejor grabar la llamada.

—Hola.

— ¡Que estáis haciendo, me estáis arruinando la vida! —Chilló Teddy enfadado al otro lado del teléfono.

—Teddy, tú nos la jodiste a nosotras. Si fueras inocente no tendrías nada que temer, ¿no? La denuncia ya está puesta.

—No os pienso ceder nada. Son mis libros, puede que vosotras los escribierais, pero sin mí no se hubieran publicado. —Carol negó con la cabeza ante el ego que tenía ese hombre.

—Así que admites que nos robasteis nuestras novelas y después te aprovechaste de nosotras.

—No fue tan difícil.

—Teddy, acabas de confirmar que nos robasteis… te estoy grabando.

—Hija de puta.

—Vamos a llegar a un acuerdo. Danos los derechos de nuestros libros y la parte proporcional de las ventas obtenidas por estos y nos comprometemos a retirar la denuncia.

— ¡Que te den!

Carol se desanimó tras colgar, pues creía que no había servido para nada, al igual que Ruth y Micaela. Pero la sorpresa llegó cuando a la mañana siguiente, Eric le llamó realmente contento.

—Me acaba de llamar el abogado de Teddy. Acepta el trato: os cederá los derechos y os pagará lo que os debe.

— ¿Estás de broma? —Preguntó Carol sorprendida.

—No. No sé qué le debiste decir, pero ha surgido efecto.

—Hasta que no lo vea no lo creo. ¿Ha dicho algo sobre la demanda a Daryl?

—No. Parece que tiene demasiadas cosas en la cabeza.

—Gracias Eric.

Apenas unos días después, Carol recibió los derechos de sus primeros libros, de forma que la editorial se comprometía a retirar todo los libros con el nombre de Teddy. Y además un cheque con más de 500.000 dólares por todos los beneficios obtenidos por los libros. A su vez, Andrea le aseguró que iban a publicar sus primeros libros y que además le renovaban el contrato por varios años.

Ruth y Micaela también recibieron un cheque y sus derechos de sus novelas. Además Carol habló con Andrea para que intentaran publicar los libros de esas dos mujeres. La editora aceptó.


Carol se acercó a Daryl y Aaron quienes estaban hablando sobre una gamberrada de uno de sus alumnos. La copa de champán de Carol ya estaba medio vacía ya señal de que le había dado un buen trago. A diferencia de la fiesta de Navidad, nadie tenía que fingir; Carol y Daryl se pasaron todo el rato uno al lado del otro, y lo mismo ocurrió con Lori y Rick.

Por otro lado, Maggie y Rosita estaban en un lado de la fiesta y parecían pasarse el rato criticando a todo el mundo. Incluida a Tara pues parecía que algo había pasado entre las amigas que ya no se dirigían la palabra.

Carol no podía ocultar su felicidad por absolutamente todo en su vida. Sus libros. Su relación con Daryl. Sus amigos.

Tara se acercó a Aaron, Daryl y Carol con un libro en las manos.

—Hey, Nancy… —Le dijo a Carol y ella le sonrió cuando se dio cuenta de que tenía uno de sus libros en la mano. —Sabes este es mi preferido. Espero que no te moleste si te pido que me lo firmes.

—Para nada.

—Oye, Tara, te puedo preguntar qué ha pasado con Rosita y Maggie, parece que eres su nueva enemiga pública.

—Bueno tuvimos discrepancias en cuanto a lo de vuestro despido. Yo Carol, me gustaría disculparme por todos estos años. Sé que no estuvo bien.

—Lo agradezco Tara. Te perdono y lo agradezco que te disculpes. —A pesar de que agradecía sus palabras, Carol sabía que no iban a ser amigas nunca, porque ella junto a las demás le habían hecho daño durante muchos años. Pero ella no era rencorosa, nunca lo había sido, prefería perdonar que odiar a la gente.

En ese momento, Lori y Rick se acercaron a ellos.

— ¿Os apetece ir a tomar algo fuera de aquí?—Carol y Daryl se miraron y asintieron.

—Claro que sí, ¡vamos! —Anunció Carol, quien empezaba a sentir el efecto del alcohol en ella.

Pasaron una noche bastante divertida, pues las dos parejas y Aaron se fueron a un bar musical, dónde estuvieron hablando y riendo. Se creó un muy buen ambiente, tanto que prometieron volver a salir los cinco.

Llegaron a casa más tarde de las 3 de la madrugada y entre besos ardientes, entraron en el apartamento de Daryl. Este empezó a subirle el vestido para quitárselo, pero ella le apartó las manos.

—No. —Le dijo Carol, mientras le agarró la mano y lo arrastró hacia el sofá empujándolo para que se sentara en él.

Daryl estaba confundido.

—Solo disfruta.

Carol empezó a desnudarse haciéndole un striptease mientras se movía lentamente sus caderas. Llevó las manos a las tiras de su vestido dejándolo caer en el suelo. Daryl no podía más mientras observaba a esa mujer que le traía loco y empezó a acariciarse a sí mismo por encima del pantalón, aunque este empezaba a dolerle.

Carol sonrió con picardía mientras se giró sobre sí misma, dejando que Daryl observara su trasero y su espalda. Lo escuchó gemir en voz alta, y llevó sus manos a su sujetador para desabrocharlo, mientras él no dejaba de mirar. Aún de espaldas a él, lo dejó caer mientras Daryl solo podia ver su espalda desnuda. Giró el rostro para mirarle por encima del hombro, guiñándole un ojo, y vio que su novio ya no había podido aguantar más y ya se había dejado su miembro fuera del pantalón y se masturbaba mirándole. Aún de espaldas a él, Carol llevó sus manos a sus bragas dejándolas caer a través de sus piernas.

Carol se giró desnuda totalmente y se acarició suavemente los pechos con pura sensualidad, mientras sus miradas coincidieron. La mujer se acercó a él, se apoyó en sus hombros mientras se puso a horcajadas encima de Daryl.

El aprovechó para agarrarla por la cintura mientras buscó sus labios desesperadamente, necesitaba sentirla. Carol sintió su miembro en su entrada y gimió ante la sensación. Dejó que sea Daryl quien le guie en su interior, hasta que estuvo completamente en ella. Se quedó unos segundos quieta para adaptarse a él, mientras apoyaron sus frentes una contra la otra. Y entonces, Carol empieza a moverse lentamente, arriba abajo con movimientos decididos, pero manteniendo un ritmo lento que desesperaba a Daryl. Movió sus caderas en un pequeño círculo haciéndole gemir quien parece que cada vez está más desesperado.

El cabello de Carol caía en cascada por al lado de su cara y aunque esta despeinada, él la encontraba lo más sexy que ha visto en su vida. Observó su rostro enrojecido, como gime mientras se muerde los labios, mientras sigue moviéndose lentamente de arriba abajo. Daryl bajó la mirada hacia sus pechos que se mueven a cada embestida y les da un poco de atención: los besa, los lame, los pellizca. Carol no puede evitar gemir ante esa sensación.

Ella empezó a acelerar el ritmo, y él gimió por su cambio. Supo que estaba a punto de llegar, y entonces, la siente estremecerse contra él, mientras gimió con fuerza, y se dejó caer contra sus hombros, escondiendo su rostro en su cuello. La escuchó jadear contra su oreja y la abrazó acariciando su piel.

Daryl esperó a que se calmara para buscar sus labios de nuevo, enmarcó su enrojecido rostro dándole un sentido beso. Daryl agarró a Carol y de un movimiento, cambió de postura dejando a Carol apoyada su espalda contra el sofá. Él volvió a entrar en ella, moviéndose despacio, pues quería que durara.

—Más rápido—Pidió ella.

Él le hizo caso y sus movimientos se hicieron más y más desesperados hasta que ya no pudo más, y llegó a su propio orgasmo.

Se quedaron allí, abrazados mientras ambos intentaban recuperar el aliento, y entonces se levantaron para ir a la cama donde se quedaron dormidos al minuto.


La lluvia chocaba con fuerza contra la ventana, Carol lo escuchaba aun medio adormilada, mientras sintió un pequeño escalofrío en su cuerpo desnudo. Se movió ligeramente hacia atrás para sentir más el cuerpo caliente de su novio, quien aún dormía profundamente. Al sentir su cuerpo, Daryl abrió ligeramente los ojos e instintivamente le abrazó. Carol suspiró entre el placer y la comodidad, mientras se acomodaba en contra de su cuerpo y volvió a dormitar un poco más.

Casi eran las 13h cuando Carol se despertó con unos besos en la mejilla y después en el cuello.

—Buenos días, —susurró ella, disfrutando de esas caricias suaves y tiernas.

—Buenas tardes, dirás. —Dijo él besando el cuello de la mujer, haciendo que gimiera de gusto.

Hicieron el amor de manera lenta y tranquila, dedicándose el tiempo y caricias el uno al otro, sin dejar de besarse, mientras los gemidos de ambos se entrelazaron con los suaves golpes de la lluvia cayendo contra el cristal. Cuando acabaron, con el corazón a mil por hora, Carol se acomodó sobre Daryl y se besaron.

—Te amo. —Susurró él.

—Yo también te amo.

Estuvieron abrazados en la cama, tranquilos cuando de repente el rugido de las tripas de Carol resonó en mitad de la habitación, haciendo reír a Daryl.

— ¡No te rías! —Dijo ella sonriendo. —No hemos comido nada y me hiciste gastar mucha energía.

— ¿Sí? —Le besó en la garganta y le volvieron a sonar las tripas.

—Anda, vamos a comer, que yo también estoy muerto de hambre. —Dijo mientras se incorporaba.

—Espero que tengas algo más que un limón y cerveza en la nevera. —Se burló Carol, sabiendo de su tendencia a no tener nada en el refrigerador.

Daryl le miró entrecerrando los ojos, agarró la almohada y se la tiró. Carol se rió esquivándola.

—Por supuesto, fui a comprar el otro día. —Le contestó él mientras observaba a Carol moverse por la habitación aun desnuda. La observó de arriba abajo y se acercó para abrazarla y la empezó a besar de nuevo.

—Como sigamos así, no vamos a comer nunca. —Dijo cuando sintió que él volvía a excitarse.

—Lo sé. Vístete o no podré parar. —Carol medio sonrió.

—Si quieres podemos dejar la comida para después.

—Nah, vamos a comer… que debes reponer fuerza… para la noche.

— ¿Si? —Dijo mirándole con deseo.

Daryl se separó de ella intentando relajarse. Se puso la ropa interior y una camiseta. Mientras que Carol se puso unas bragas y una camiseta ancha de Daryl. Se pusieron a cocinar mientras iban repartiéndose besos y riendo de una cosa u otra. Comieron en la mesa los espaguetis que acababan de preparar. Aquel día hacía muy mal día, decidieron quedarse en casa de Daryl donde él le enseñó a jugar a videojuegos.

Más tarde, se quedaron tranquilos en el sofá mientras charlaban.

— ¿Qué vas a hacer en verano? —Preguntó Daryl mirando a Carol.

—Pues no lo he pensado. Me gustaría ir a visitar a Rob y a su familia a California. ¿Tú has pensado en algo?

—Ni idea.

—Vente conmigo a California. Y después hacemos otro viaje; dónde tú quieras.

—Me da igual, Mientras estemos juntos.

Carol sonrió y le besó en los labios.

—Debería pasar por mi apartamento para darle de comer a mi gata. —Masculló con fastidio, pero a la misma vez con pena porque últimamente pasaba mucho tiempo en casa de Daryl y dejaba a su gata a solas.

—Quizá podríamos irnos a vivir juntos. —Sugirió Daryl.

Carol se giró sorprendida por su propuesta. No llevaban ni un año desde que iniciaron su relación.

—Sé que llevamos muy poco, pero es que en las últimas semanas hemos estado durmiendo aquí todo el tiempo.

Aquello era verdad, pues debido a que Nala no podía estar sola por las noches, se veían en la obligación de pasar las noches en su casa. A excepción de cuando Nala estaba en casa de Roxanne, como era el caso.

—Lo sé. Pero no sé si es buena idea, quiero decir, llevamos poco tiempo y temo que estar en el trabajo y viviendo juntos nos pueda afectar a nuestra relación.

—Entiendo lo que quieres decir. Una parte de mí también tiene miedo de que eso ocurra o de que te canses de mí.

—Daryl, no me voy a cansar de ti. Mira, soy muy feliz contigo. Estoy enamorada de ti.

—Yo también, me traes loco desde que me abordaste en la sala de informática.

—Puff, siempre me lo vas a recordar. —Daryl se rió ante su reacción.

—Forma parte de nuestra historia, no podemos borrarlo, y si pudiera tampoco lo haría.

—Lo sé. Yo tampoco. Aunque hemos de dar gracias de que no hubieran cámaras. Si no nos hubieran despedido y con razón. —Daryl se rió.

—Y lo divertido que fue… —Carol negó con la cabeza y se rió.

— ¿Qué hacemos? ¿Nos vamos a vivir juntos? —Inquirió él.

—Pues creo que deberíamos irnos de viaje y a la vuelta ya decidimos.

—Está bien.

Se quedaron en silencio mientras Daryl vio como Carol jugó un poco a Days Gone, que parecía que ya iba dominándolo un poco más.

—Daryl.

—mmm

—Estoy pensando en dejar la escuela.

— ¿Por qué?

—Me gustaría dedicarme solo a escribir. Cuando pasó lo del consejo me di cuenta de que en realidad no estaba tan mal. Amo ser profesora, mucho, pero amo mucho más ser escritora. Y ahora gracias al nuevo contrato puedo permitirme el lujo de dedicarme a escribir exclusivamente, que es lo que siempre he soñado. —Dijo soltando los pensamientos que llevaban días rondando por su cabeza. —Pero me siento mal por todas las personas que me han defendido durante el incidente de la foto y que han luchado para que volviera. Sobre todo tú.

—Hey, cielo, debes hacer lo que quieras hacer. Si quieres dedicarte a escribir, hazlo. No te quedes en la escuela por mi o Lori o los alumnos. Haz lo que tú realmente quieras hacer. Lucha por tus sueños. Yo siempre te apoyaré en lo que te haga feliz.

Carol suspiró mientras sentía que se había quitado un peso de encima al hablar sobre lo que le estaba carcomiendo por dentro. Le sonrió ampliamente, antes de inclinarse para besar sus labios con suavidad.

—Gracias, Pookie.

— ¿Pookie? —él le miró medio riéndose, antes de volver a besarle con fuerza. —Te amo.

—Y yo a ti.


Hola Carylers,

Aquí está el último capítulo del fic. Queda solo el epilogo que ya está casi acabado pero que publicaré la semana que viene.

Espero que os haya gustado el final; aunque tengo dudas sobre este capítulo y no estoy del todo convencida. No soy buena escribiendo finales, siempre temo dejar tramas inconclusas o poco creíbles. En fin, espero que a pesar de todo os haya gustado.

Una vez más mil gracias por leer, comentar y votar. Me animáis mucho.

San