CAP 23
"Ruego al cielo"
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Finn McMissile observaba en silencio la puerta de aquella habitación
Sus pensamientos iban y venían en medio de un mar de ideas entre las que iban aquellas que le hacían sentir terriblemente humillado puesto que tendría que admitir delante de sus jefes que había sido derrotado y que había fallado en su misión y entre aquellas, donde se daba cuenta de que el problema de aquella mañana había sido completamente su culpa; tan solo la memoria de lo que le había hecho al cuerpo del chico y a su rostro le taladraba el pecho con fuerza haciéndole sentir un dolor que no creía que pudiese punzar más que una herida física.
Había pasado las primeras horas de aquel día sintiendo como si se hubiese estado ahogando y como si la habitación se hubiese vuelto insufriblemente pequeña.
No se lo merecía.
No se merecía que aquel crío hubiese decidido tomar las cosas por su lado, preocupándose por su bienestar e insistiéndole, asimilando la culpa que había colocado sobre sus hombros y aceptándola con tal de que él pudiese sanar sus propias heridas; después de todo lo que le había gritado y dicho, no se merecía el que hubiera estado horas ahí afuera, pidiéndole que hablasen, que saliese, que al menos tratase de hacer algo con su cuerpo, al menos lo necesario para que no se hiciese más daño.
No se merecía… el haberle oído dejar alimentos en el exterior para que al menos comiese algo.
Era consciente de que por mucho que intentase culpar al chico de las repercusiones graves que pudo haber tenido aquel ataque de pánico, la mayoría de las consecuencias y culpas recaían en él.
Él era el mayor y era el responsable de aquellos actos y de lo producido en el corredor.
Solo…
Cerró los ojos y apoyó la cabeza en aquella puerta dejando escapar un pequeño gemido de dolor.
Durante la tarde había escuchado como el crío volvía a golpear la puerta y el espía en un intento por alejarle había devuelto el golpe de forma brusca esperando que con eso supiese que no tenía ganas de verlo; el auto del otro lado de la puerta apenas y pareció moverse y el Aston martin había dejado escapar un rugido amenazante de motor cuando la voz suave de una dama del otro lado se dejó percibir.
-En mi época cuando no queríamos ver a la otra persona generalmente pedíamos de forma educada que nos dejasen a solas…
Los ojos del viejo espía se habían abierto con alarma y al estirar la puerta se encontró de frente con la señora Daytona que le observaba con una expresión casi aburrida
-También les enviábamos a saludar a sus progenitoras aunque por supuesto utilizando un lenguaje un poco más duro e indecente pero solía funcionar –comentó la porshe ingresando en la habitación sin invitación ante la mirada avergonzada del británico –veo que mi hijo le ha vuelto a hacer saltar las juntas, señor McMissile…
-Lamento eso –se disculpó con el tono más educado que tenía hacia la mujer que seguía viéndole con un brillo que hacía que el inglés sintiese escalofríos –puedo… ayudarla en algo, madame?...
-Quizá yo pueda ayudarlo a usted, en realidad –dijo la mujer de color azul metálico con simpleza mientras que el mayor sonreía de modo cansino
-Me temo que a estas alturas estoy más allá de cualquier ayuda –dijo con su tono de voz controlado y suave –quiero decir… me temo que le he hecho mucho daño a su hijo…
-Sobrevivirá –replicó con sencillez y firmeza la porshe haciendo que el adulto la viese con algo de confusión –Luck tiene más fuerza de la que piensa, señor McMissile… podría haberle atravesado el parabrisas y le puedo asegurar que lo tendría en dos horas tocando a su puerta queriendo saber si usted se encuentra bien –dijo la coche aún con tranquilidad –un corte en el rostro y unas pocas palabras no lo van a hacer alejarse de usted…
-Sin querer sonar maleducado, me temo que esa es una terrible decisión por parte de su hijo –respondió el espía suspirando pesadamente –como ya habrá notado, en estos momentos padezco de una fuerte inestabilidad mental que podría causarle problemas –dijo con firmeza el Aston martin –y el muchacho es demasiado impulsivo. No quiero exagerar al indicar que pude haberlo matado…
-Y no quiero pecar de altanera señor McMissile pero le aseguro que conozco lo suficientemente bien al hijo que adopté para saber que morirse no le sería una excusa para volver a su lado
Resopló por lo bajo alzando un poco la mirada y por un instante, el auto gris pareció querer sonreír
-Y no será usted ni el primero ni el último espía que trabaje para Chrome con problemas en la computadora, se lo aseguro –añadió la dama moviendo una llanta a lo que el británico la observó con un dejo levemente desconfiado y ahora, alerta
-Habla con un gran conocimiento sobre la agencia, madame…
-No es la primera vez que uno de ustedes me rescató de un secuestro, los villanos de turno siempre parecen construidos mediante el mismo plano para agredir a quienes piensan que son una población vulnerable –respondió sin alterarse la porshe –claro, que Healey tenía un acento francés de lo más encantador y sabía hacer reír a los demás…
Los ojos del McMisile se abrieron más
-Conoció al agente Healey?
-Por supuesto –asintió la porshe con calma –me sacó de apuros en más de una ocasión y… fue de gran ayuda para que yo me encuentre en estos momentos en este lugar –aseguró asintiendo levemente –William también lo conoció… fue una desgracia el saber que había desaparecido… es muy querido y extrañado…
-Entiendo –suspiró el auto gris plata
Aquello tenía sentido. Podía ver que aquella familia había pasado por sus problemas y el señor Daytona ya le había comentado que tenían roces y problemas con el mismo sujeto que había abusado de él… el que fuesen un blanco para cualquier demente, teniendo que ser rescatados por alguno de sus ex compañeros en Chrome no era tan extraño si lo pensaba seriamente; mientras tanto, aquella mujer continuaba observando sus reacciones con atención y seriedad antes de volver a hablar
-Entonces, usted se ha dado por vencido?
-Disculpe?
El aludido parpadeó un poco confuso y la porshe respiró profundo alzando la cabeza
-Pregunté si usted ya se había dado por vencido…
-Me temo que no comprendo –respondió con el tono más educado que podía el viejo inglés mientras que el auto femenino cerraba los ojos con algo de molestia
-Es evidente que a usted le entrenaron de las mil maravillas –dijo esta antes de volver a verle, con los ojos caídos a medio ojo lo que casi le daba un aire de una reina que observa a algún plebeyo irritante –Chrome supo muy bien a quién tomaba para sus filas y metió dentro de su cabeza la idea de que toda su vida giraba alrededor de ellos y que la verdad que ellos le colocaban por delante era la única que usted tenía que abrazar… -dijo con firmeza la mujer y por unos instantes aquella porshe le pareció verdaderamente molesta al inglés
Ahora entendía de dónde había sacado el crío esa mala costumbre de hablarle en ocasiones con tanta autoridad…
-Me temo que debo de indicarle que esa afirmación no es de todo cierta –indicó el McMissile manteniendo el aplomo –Chrome…
-Según tengo entendido en los últimos años muchos de sus agentes han desaparecido o muerto en circunstancias demasiado sospechosas, no es así? –replicó veloz como una centella la mujer, cortando al espía que pareció tensarse suavemente –curiosamente, los mejores espías que ha dado jamás la agencia mientras que usted no está muerto más sin embargo ha sido marcado como para desear desesperadamente aferrarse más que nunca a sus líderes…
Dijo la porshe y por primera vez el auto dejó ver con un gesto algo oscuro en el rostro que aquella porshe le había hecho enfadar de verdad…
Cómo se atrevía…?
-Señora…
-Todos aquellos agentes que comenzaron a pensar fuera de la agencia, que comenzaron a abrir los ojos y a darse cuenta de que algo no estaba bien empezaron a desaparecer o a ser asesinados uno tras otro con las mejores excusas al alcance –volvió a decir aquella fémina azul sin alterarse haciendo que el espía retrocediese casi como si le hubiese dado una bofetada –el agente James, Healey, Leland, Jason, Merry Jules, Lochty… todos agentes y espías de primera calidad que repentinamente se encontraron a sí mismos capturados por sus enemigos y convertidos en menos que nada…
Dijo la señora Daytona al tiempo que el británico delante suyo palidecía
-Cómo…?
-Usted mismo –la mujer cerró los ojos y movió afirmativamente la cabeza una sola vez a lo que el espía sintió como si sus ejes hubiesen comenzado a temblar –tengo entendido que recientemente se hizo de dos amigos, uno de ellos externo a la agencia como tal y con una visión de la vida que difiere fuertemente de la de usted al grado que consiguió convencer a otra agente de igual forma de que había cosas más allá de sencillamente, entregar la vida por causas que no tenían demasiada lógica
Los ojos de aquella coche se clavaron en el inglés que retrocedió un poco sin saber que decir
-No le mataron porque sus ideales aún están firmemente clavados en la agencia sin embargo, le dieron lo suficiente como para hacerle ver que cualquier cercanía con todo externo podría traerle una herida con la que no quiere lidiar, señor McMissile –dijo la porshe y finalmente esta comenzó a conducir rumbo a la puerta aún abierta para salir por esta mas sin embargo, se detuvo unos momentos –no es mi intención decirle qué hacer señor McMissile ni regañarle ni comportarme como si fuera su madre… así como suele decir de mi propio hijo, usted está muy niño aún
Finn McMissile parpadeó rápidamente, abriendo y cerrando la boca sin saber qué responder mientras que aquella dama continuaba dándole la espalda
-Mi único consejo es que tenga mucho cuidado de aquí en delante… y comience a sopesar las opciones que tiene. Lo que se le ha presentado hasta ahora es algo mucho más grande que usted o que yo pero en mi caso, tome lo que considero que ha sido la mejor decisión de mi vida y solo lamento no haberlo hecho antes. Usted aún tiene la oportunidad de hacer las cosas a tiempo pero eso será de usted y solo de usted. Lo último que me queda es… desearle la mejor de las suertes y rezar por el camino que decida tomar… ahora descanse… y buena suerte…
La porshe cerró los ojos y se alejó dejando a un muy confundido y ofendido espía que había cerrado la puerta, haciendo nota mental de investigar un poco más de aquella mujer.
Aunque hasta donde lo veía en aquellos momentos… realmente todos ellos eran extraños.
….
El Aston martin dio un pequeño respingo despertando de sus recuerdos de aquella tarde y volvió a ver la puerta del muchacho, silenciosa, como una barrera que los separaba y que de alguna forma le comenzaba a traer un poco de angustia.
Alzó una de sus llantas mientras que el recuerdo de las palabras de la madre del chico retumbaba en su cabeza.
Aún tenía tiempo de hacer las cosas bien
Aún podía…
Cerró los ojos una última vez y suspiró dolido, sabiendo que de todas maneras iba a decir adiós y que por mucho que hubiese deseado sencillamente largarse sin más y en completo silencio a final de cuentas, no podía dejar de aquella manera al muchacho; no cuando este le había dado su tiempo, su sonrisa, todo lo que tenía para darle los mejores dos días de su vida y hacerle abrazar por unos segundos la posibilidad de una felicidad que a final de cuentas le huía por el compromiso que sentía para con su nación.
Una nación… que no le conocía del todo.
Pero aquel Ford…
Cerró los ojos con pesadez mientras retenía unas cuántas lágrimas. Nunca había conocido a alguien como ese crío, alguien que le daba tantas problemas y que difería de ideas con él de una manera tan extrema como lo eran el frío y el calor o el sol y la luna; jamás en su vida se había visto arrastrado a gritar tanto pero tampoco, se había divertido de una manera que en comparación con su trabajo era infinitamente más sana al grado que incluso sus discusiones le habían terminado por hacer reír.
Las palabras que le dirigía, tanto como para avergonzarlo como para hacerle saber sus sentimientos por él…
Esa palabra… Ramé… no tenía ni idea de lo que significaba y esperaba averiguarlo en algún momento pero de todas maneras, la forma en la que se lo decía con los ojos brillantes, felices, emocionados, como si esperara una respuesta positiva de su parte…
Lo exasperaba pero tenía que admitir que admiraba la forma en la que defendía sus ideas con tanta pasión que ardía en su mirada, con tanta fuerza como la tenía una hoguera y que podía comparar a su propia forma de defender sus ideales en pro de Inglaterra… la manera en la que sus ojos relucían por su emoción al defenderse de las agresiones verbales del espía, los gestos y miradas que le dirigía y la forma en la que le ayudaba para que se apoyase a su costado haciéndole sentir seguro…
El espía bajó un poco los párpados
Se daba cuenta de lo que el menor provocaba en él. Tanto como si era completamente feliz como si de repente se mostraba completamente serio o triste, el Daytona tenía un aura que de poco en poco había comenzado a encontrar atractiva al grado que a veces sentía que buscaba provocarla a propósito; en más de una ocasión se había pillado a sí mismo reteniendo el aire durante alguna de sus discusiones puesto que cuando lo deseaba, el Ford sabía imponerse al grado que le hacía sentirse culpable y avergonzado de su propio comportamiento o de la forma en la que se abrazaba a una institución para la que no le significaba nada.
Vaya
Qué raro era volver a pensar en eso sintiendo cada vez menos dolor por el descubrimiento de lo evidente.
Quizá era como una de esas heridas que primero dolían por días antes de comenzar a sanar para dar paso a la cicatrización; quizá su relación con la agencia era igual… necesitaba de sentir dolor al pensar en lo que le habían hecho antes de poder aceptarlo y seguir adelante.
Y todo eso le era demasiado extraño.
No estaba acostumbrado
Todo ello le hacía sentirse torpe y algo temeroso, como si todo el tiempo estuviese equivocándose acerca de lo que tenía que hacer.
No era como si en su trabajo aquellos que le rodeaban no le viesen con interés, en todos esos años de misiones se había esforzado en crearse un aura magnética para atraer a todo tipo de coches según los necesitase… había creado relaciones físicas con autos que en aquellos momentos le servían como fuente de información pero…
Lo que se refería al crío era diferente. Podía saber a ciencia cierta que sin desearlo se había convertido en el centro del universo del más joven y que incluso en sus peleas, los ojos celestes del otro no le veían con menos que casi una adoración tierna, como si fuese su todo y su sola presencia le hiciese feliz; y se preocupaba por él tan sinceramente que le ardía sentir que no le estaba pagando de la manera apropiada, especialmente al recordar la manera en la que se había mostrado tan protector y paciente con él, soportando sus gritos y sus miedos en una noche que se le había antojado eterna.
No le había dejado sufrir a solas, se había esforzado en no dejarle sentirse humillado al despedazarse delante suyo, tan solo susurrándole palabras cariñosas y besando su cabeza mientras le dejaba explotar como nunca lo había hecho en su vida; le apretaba en contra suyo hasta dejarle percibir el murmullo de su motor, le cubría y le consolaba mientras él sacaba todo su miedo, haciéndole ver que solo quería estar a su lado y que eso era para siempre mientras le proporcionaba un asidero que a diferencia de en otras ocasiones, se sentía tan firme como una roca sólida.
Y quizá por eso mismo…
-Me importas… no puedo… no puedo permitirme el perderte también…
Tembló con fuerza y con miedo, dándose cuenta de lo que había dicho para sí mismo y le costó trabajo dejar de estremecerse.
Oh Mills… era ridículo…
No podía… no había admitido…
Jadeó por unos momentos intentando recuperar el autocontrol mientras su corazón golpeteaba despiadadamente en contra de su pecho y su cabeza zumbaba con mayor fuerza que nunca; debía de irse de inmediato, no podía perder más tiempo, solo iba a dedicar una rápida despedida al más joven, quizá le permitiría acompañarlo hasta la salida para que se sintiese más tranquilo, un par de promesas falsas acerca de regresar para que se mantuviese tranquilo y entonces, finalmente, desaparecería.
Se iría.
Abandonaría esa ridiculez acerca de amores que nunca sucederían, mantendría fuera de su vida a aquel crío de forma que este estuviese a salvo y que no corriese peligro porque…
Al final del día, tenía que admitirlo.
Le importaba.
Le preocupaba y valía demasiado para él como para siquiera tolerar la idea de verle en una posición parecida a la suya, donde quizás el otro no tendría la fuerza para seguir adelante… y entonces… entonces descubriría que él había tenido la razón y le dejaría atrás, solo haciéndole más daño; ni siquiera sabía por qué aquella escena le venía a la mente pero para la mayoría de los espías aquella era una verdad absoluta una vez que se atrevían a integrar a alguien de la familia a sus existencias:
Aquellas personas terminaban dándose cuenta de lo peligrosa y lo atemorizante que era el ser un espía… y entonces, les abandonaban.
Con el corazón roto y un ánimo que en nada ayudaba a salvar el mundo.
Al final del día, la vida de los espías no era ni tan excitante ni tan emocionante como todos creían, era más bien solitaria, oscura y tan vacía como una copa sin vino.
Tomó aire de forma profunda y finalmente, con una de sus llantas golpeó la puerta del muchacho
-Chico?
Llamó el Aston martin abriendo esta para pasar a pesar de que no había percibido la voz de este o algún sonido del otro lado, queriendo creer de buenas a primeras que se había quedado dormido y que no le había escuchado; bueno, eso haría por mucho más sencilla la despedida puesto que no tendría que enfrentar la mirada acusadora ni una discusión que solamente haría que aquello pudiese ser aún más difícil de lo que ya era.
Sin embargo pudo notar que la habitación estaba extrañamente vacía.
Finn McMissile frunció el ceño y sus ojos verdes brillaron comenzando a observar los alrededores silenciosos y que apenas y daban señas de que el joven corredor hubiese estado ahí en algún momento; su presencia se percibía pero no… de la misma manera que siempre, podía oler aún aquel extraño perfume que lo acompañaba después de un baño y que se le había impregnado tanto que podría reconocerlo incluso si estuviese en el extremo más alejado de la ciudad.
Avanzó despacio en medio de las sombras, notando la falta de algunos artículos que sería lo normal encontrar en aquel sitio para un corredor.
Al menos había unas pocas medallas… unas cuántas copas menores…
Fotografías del Rayo McQueen y eso le hizo sonreír divertido al reconocer una de aquellas con una firma del número 95 dirigida hacia lo que según decía la nota "Un muy querido amigo que le había apoyado desde hacía varios años a pesar de que no habían podido conocerse pero que estaba ansioso de tener la oportunidad de verle algún día".
Incluso había una curiosa fotografía que hizo que el espía se acercase a verla mejor entornando los ojos para enfocarla.
De nuevo, era aquel chico… el número 95 pero en lo que parecía ser una boda. La suya.
Parpadeó un poco y sin querer terminó por sonreír, entendiendo ahora a qué se había referido su amigo Mate al comentar durante el Prix que la pareja del corredor rojo se había tenido que quedar atrás para recuperarse de una condición de salud delicada pero que estaba al pendiente de todo; ahora lo entendía mejor, al parecer aquel auto se había casado con alguien y era aquel coche viejo y azul aquel que le había aguardado en su pueblo natal.
Y ahora que lo pensaba…
Sí, lo había visto.
Estaba en el pueblo cuando había ido a por Mate y se le había quedado viendo a la distancia con expresión vigilante e inquisidora, siendo acompañado por una criatura que apenas y le llegaba a la mitad del tamaño de una de sus llantas y que también clavaba sus pequeños ojos claros en él mientras intentaba convencer a la grúa de que les acompañase a una nueva misión en Viena; realmente no había sentido mayor curiosidad al respecto pero…
Solo de ver esa foto y las demás, podía entender que la familia de su hermano le era muy importante al Daytona
"El Rayo McQueen es mi mejor amigo"
Realmente decir eso con toda la fuerza del corazón era algo que envidiaba en cierta manera de autos como Mate aunque había sido sincero cuando le dijese a la grúa que él le consideraba un amigo muy querido; estaba aliviado por supuesto de que el otro hubiese decidido no seguir adelante con el trabajo de espía, realmente no quería que aquella grúa sufriese de algún daño por involucrarse en algo tan peligroso como sus misiones o Chrome… pero aun así, también le tenía un cariño especial…
Pero… aquel muchacho…
Volvió a ver la habitación a su alrededor, resignándose al hecho de que a final de cuentas no iba a poder despedirse como hubiese querido. Una parte de él se encontraba aliviada y la otra realmente se lamentaba el no poder ver su rostro, su sonrisa… memorizar su mirada y quizá… besarle una última vez…
Porque lo que había hecho con él… había sido de corazón a diferencia de cuando lo hiciese para su trabajo
Y habría querido llevarse eso consigo una vez más…
Parpadeó
Un pequeño destello le había molestado a la vista mientras se acercaba a la cama, solo para sentirla un poco y entonces nuevamente aquel destello que le hizo parpadear varias veces hasta que finalmente pudo detectar lo que era; con el corazón latiendo de forma acelerada y sintiendo que se iba poniendo frío, se acercó despacio a aquel pequeño aparatito que se encontraba caído cerca de la puerta y que dejaba ver apenas un mensaje por parte de la agencia que le urgía a enviar su reporte, como si su tardanza hubiese sido por mera diversión del espía más que por haber salido lastimado.
Apretó los dientes en un acceso de ira, sintiendo como crujían estos por unos segundos al recordar cómo había arrojado aquel infernal comunicador hacia un lado en su habitación y entonces…
-El chico lo tenía… -farfulló repentinamente impactado mientras que la bilis comenzaba a subir por su garganta –Lucky… porqué… tenías esto…?
Dijo de forma torpe hacia sí mismo mientras que sus ojos comenzaban a moverse rápidamente conforme las ideas se iban moviendo por su cabeza a la velocidad del relámpago y entonces, comenzó a sudar frío; dejando a un lado el hecho de que aquel mocoso del demonio se había tomado la libertad de hurgar entre sus cosas sin pensar que podían ser privadas… otra idea, una cada vez más terrible comenzó a pasar por su cabeza lo que hizo que se sintiese mareado
-No… no puedes… no pudiste…
Guardándose aquel dispositivo apenas sin verlo, salió disparado en dirección de los pasillos del estadio y no se detuvo sino hasta llegar a aquella zona que daba directamente a la vista del enorme estadio donde varias noches antes hubiese visto al Daytona entrenando sin parar durante toda la noche; aunque ya se lo imaginaba, el dolor y el impacto de ver que no se encontraba entrenando hizo que retrocediese negando con la cabeza antes de volver a acelerar sin preocuparse por el ruido para lanzarse hacia la rampa que descendía a los pisos inferiores para luego, resbalar de lado y meterse de golpe a una de las alas de servicios mecánicos.
Vacío
Su sexto sentido ahora le golpeaba con alarma y con luces rojas haciéndole ver un sinfín de posibles significados ante aquello.
Cada escenario todavía más grave que el otro pero estaba negado a creerlo. No había realmente motivos para asustarse, incluso si el chiquillo hubiera decidido esperarlo en el exterior como seguramente estaría haciendo para intentar detenerlo… sí, eso era lo más probable, se lo encontraría en el exterior, tendrían una pelea ridícula en la que terminarían lastimándose el uno al otro hasta que se arrepintiese de haber querido despedirse y entonces…
Y entonces…
Podría regresar a su estúpida vida. Regresaría a ser el admirado Finn McMissile… uno al que siempre le iba a faltar aquello que le parecía haber estado buscando por una vida entera.
Sacudió la cabeza, no era momento para entrar en pánico.
Un momento después se viró y salió disparado hacia el camino que le llevaría a la salida Este, aquella que había decidido que tomaría por contar con el menor número de guardias y vigilancia y que creía que sería la mejor opción para escaparse… y por la que por algún motivo tonto le parecía, que sería más viable que se encontraría al Ford gtx esperándole; la brisa ahora era fría, oscura y tormentosa cuando salió del estadio y algunas pequeñas gotas de lluvia comenzaron a golpear contra el metal de su cuerpo conforme aceleraba una última vez para acercarse a una reja de puertas abiertas.
Por un instante, el alivio y la irritación hicieron aparición por igual al pensar que se daría de bruces con aquel corredor que a esas alturas, lo tenía muerto de preocupación.
-Maldita sea muchacho, pero qué demonios estás…!?
Se frenó con un fuerte chirrido de llantas al salir al fin de aquel sitio y ser recibido tan solo por unas opacas luces de farolas que parecían guiñarle con sus luces conforme la lluvia se volvía un poco más densa; un pequeño sentimiento de decepción y tristeza lo inundaron conforme ahora encendía sus luces para tratar de buscar entre la oscuridad algún rastro del muchacho pero parecía que a este se lo había tragado el pavimento como si jamás hubiese existido.
Suspiró sintiendo la fría lluvia corriendo por su cuerpo
Estaba seguro de alguna manera, de que el chico no se encontraba en el estadio… ni en ningún lugar cercano. Cerró los ojos con cansancio… en verdad sus palabras lo habían herido tanto que había terminado provocando que se fuese de aquel sitio?... en verdad… lo que le había hecho había sido tan fuerte que había conseguido que el joven actuase justamente, de la forma más infantil posible dejando atrás a su familia tan solo por el golpe que le había dado a una relación que él había permitido por puro egoísmo?
Agachó un poco la cabeza sintiéndose miserable.
Por esos motivos era que tampoco estaba muy ansioso de una relación, sencillamente… hacía demasiado tiempo que había olvidado cómo comportarse de forma correcta con otro auto.
Siempre terminaba arruinándolo cuando intentaba algo seriamente.
"Luck tiene más fuerza de lo que usted piensa, señor McMissile…"
Abrió los ojos
No
El chico no se habría ido dejando todo atrás, si lo que decía aquella mujer era cierto (y el mismo lo había comprobado), aquel mocoso era lo suficientemente estúpido y cabeza hueca como para haberse plantado en aquel sitio hasta que él se decidiese a salir; no habría rehuido a una confrontación de frente con él, se habría asegurado de que Finn McMissile supiese que no se iba a librar de él tan fácilmente y se habría negado a dejarle ir aun así tuviese que… "amarrarlo a una cama"
Iluminó mejor los alrededores y siguió avanzando, tratando de encontrar algo entre las sombras que lo rodeaban y comenzando a mover sus limpiaparabrisas esperando poder distinguir algo
-Vamos Lucky… dónde estás?
Musitó el auto conduciendo despacio, en medio de la soledad de aquellas calles que no estaban siendo utilizadas por el momento conforme le parecía ver una mancha oscura en un punto, diez metros lejos de él.
Pasó por un lado, tan solo dándole una mirada curiosa a aquella marca y pareciéndole que había una más un poco más adelante…
"Yo te suelto. Soy bastante capaz de sacrificarte si es necesario por la seguridad de mi nación y no voy a titubear en dejarte atrás…"
Jadeó nuevamente
Porqué le había dicho aquello?
Volvió a temblar sintiendo algo de frío por la lluvia pero no se detuvo sino hasta que le pareció que distinguía una larga marca anaranjada en un muro cercano, iluminando mejor con sus faros y pareciéndole que aquello era el distintivo de un golpe dado por agresión; la imagen de las láminas que se arrojaban encima suyo y de varias que presentaban aquellos colores le hicieron revolver el estómago y retroceder cada vez más asustado.
-No… esto no es…
Algo crujió bajo sus llantas
Con horror bajó la mirada y movió sus faros hasta que con un brillo intenso varios cristales se dejaron ver debajo suyo y de ahí, marcando un largo camino hasta la lejanía donde había todavía más piezas de autos y marcas de choque; nuevamente su boca se secó y su corazón se aceleró de forma dolorosa conforme comenzaba a subir la velocidad siguiendo aquello hasta que casi le pareció resbalar con una enorme mancha de aceite que cubría una buena parte de aquel escenario y de ahí, diversos goteos aquí y allá.
Marcas de choques por todas partes… evidencias de heridas, trozos de metal que se mezclaban y daban fe de que lo que había ocurrido en aquel lugar había sido especialmente violento.
Y entonces…
Un pequeño trozo metálico con lo que parecía ser el dibujo ahora rayado de un trébol de cuatro hojas.
Se mareó con fuerza
"Espero que alguien te de pronto una lección que se te quede lo suficientemente grabada como para que tomes un poco de consciencia, al menos, antes de que otro decida que lo mejor que puede hacer por ti es matarte"
-No… no, no, NO! –gritó sin pensarlo con una expresión horrorizada y desesperada, percibiendo un trueno ligero por encima de su cabeza –Mills, NO ME REFERÍA A ESTO! YO NO QUERÍA… YO NO…!
Exclamó al cielo con verdadera desesperación comenzando a entender lo que quería decir aquello.
Láminas
Seguramente habían ido buscándolo a él pero en su lugar se habían encontrado con un joven irritante y estúpidamente impulsivo que muy probablemente había tratado de defenderle o alguna tontería por el estilo, terminando por ser herido y secuestrado en contra de su voluntad, arrastrado seguramente para servir de rehén para capturarle o algo parecido; casi vomitaba pensando en volver a caer en las garras de aquel endemoniado firebird pero…
"Una lección que se te quede lo suficientemente grabada…"
La historia que aquel muchacho le había contado acerca de su pasado y todo lo que le habían hecho, lo que había perdido hasta finalmente haber llegado a aquel sitio donde tenía una familia cálida que lo adoraba…
Lo que había estado soportando durante esos meses para sacarlo adelante…
El "Te Amo" que le había dicho y la calidez que le había cubierto cuando más lo necesitaba…
Las últimas palabras que le había dicho…
Leland… Leland despidiéndose de él…
Leland pidiendo por ayuda…
Leland torturado, asesinado y convertido en un cubo de metal…
-Por favor, por favor… te lo suplico… por favor, no mueras –gimió retorciéndose por dentro en dolor conforme aceleraba sin pensar y sin fijarse mientras iba siguiendo lo mejor que podía todos los rastros que parecían haber dejado aquellos infelices en su afán por llevarse al joven Ford –por favor Lucky… te lo ruego, vive… Chrysler, te lo ruego solo… solo… solo vive, solo déjame verte una última vez… por favor…
Sollozó desesperado mientras se perdía en la lluvia y la oscuridad, mientras que sentía que todo lo ahogaba en aquellos momentos
Lo que le había dicho por última vez… sus palabras… el dolor en los ojos celestes que lo veían con admiración y adoración…
Si aquellos bastardos en verdad le hacían algo al más joven…
Si lo tocaban siquiera… si lo hacían llorar…
Si acaso…
Si solo llegaba para recoger su cadáver…
Aceleró rugiendo su motor sin importarle si era escuchado o no, sin siquiera pensar en lo que significaría si aquel maldito lo volvía a capturar o si le violaban todos al mismo tiempo, no le interesaba…
Si algo le sucedía al único auto que se había preocupado por él, que lo había amado en sus peores momentos… que le había dado un nuevo significado a su vida…
Jamás se lo perdonaría
Y si solo llegaba para verle muerto entonces, no esperaría ni un segundo más y se mataría en ese instante para permanecer a su lado por siempre, rogando su perdón por haberle hecho ese mal
Porque simplemente, no iba a poder seguir con vida, no toleraría la culpa de saber que había sido él quien hubiese empujado a la muerte al otro
Solo le quedaba rogar
Rogar y suplicar por un verdadero milagro…
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