Estaba sentada en el tronco en el que habían atado a Naruto. La prueba de supervivencia había terminado. Kakashi les estaba dando un discurso sobre la vida de un shinobi luego de informarles que habían aprobado. Hikaru escuchó palabra por palabra mientras su mirada se posaba en la piedra memorial que estaba detrás de él.

—El ejercicio acabó, los tres aprobaron. El equipo 7 comienza su primera misión mañana.

Los genin, que aún no eran conscientes de la presencia de la kunoichi, festejaron a su manera. Un grito femenino, un alboroto y una leve sonrisa.

—Parecen prometedores —dijo Hikaru.

Los tres se sobresaltaron al oírla. Naruto, que a diferencia de los otros dos era incapaz de verla, comenzó a gritar histéricamente mientras se movía contra las ataduras.

—Ah, sí... —dijo Kakashi y se aclaró la garganta para llamar la atención de los presentes— Chicos, ya la habían conocido pero permítanme presentarla oficialmente... ella es Hikaru Sarutobi, shinobi de la Hoja y, de ahora en más, parte del equipo 7. Está aquí para ayudar con su entrenamiento y acompañarnos en las misiones, ¿entendido? —Los tres genin asintieron. Kakashi les dedicó una sonrisa—. Vámonos a casa.

El peliplata se retiró del campo de entrenamiento con Sakura y Sasuke siguiéndolo, dejando solos a Hikaru y Naruto, el cual comenzó a patalear apenas vio que lo habían dejado colgado. La kunoichi, que se divertía con la escena ante sus ojos, dejó que se quejara unos minutos más.

—¿Necesitas ayuda?

—¡¿Qué?! ¡¿Quién habló?! ¡¿Quién anda ahí?!

—Tranquilo, Naruto... cielos, ¿en verdad olvidaste que estaba aquí? —La kunoichi saltó de donde se encontraba para aterrizar hábilmente frente al rubio. Posó una de sus manos en la cadera y le echó una mirada cuestionadora al niño, solo para molestarlo.

—¿QUé? No, no. Solo estaba... probando su trabajo en equipo, eso es, ¡de veras!

—Claro —respondió Hikaru aguantando las ganas de reír. No tenía sus armas encima así que se acercó al niño, concentró una gran cantidad de chakra en su mano derecha y cambió la naturaleza de su chakra a rayo cubriendo su mano con un resplandor. En un segundo, ya había cortado la soga y liberado al niño de sus ataduras.

—Eso fue... genial —dijo Naruto mirando la mano de la kunoichi como si estuviera en un trance. Cuando salió del mismo, su vista se posó en Hikaru quien tenía una pequeña sonrisa en el rostro y lo veía de una manera en la que no estaba acostumbrado a ser visto... con cariño. Esta repentina revelación hizo que Naruto se sonrojara y apartara la mirada para evitar ser visto por la kunoichi. Se cruzó de brazos mientras observaba sus pies y habló—. Bueno, ya sabes... gracias.

—De nada. —Antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo, Hikaru posó su mano en la cabeza de Naruto revolviéndole el cabello. El gesto era demasiado íntimo para la relación de dos extraños pero, por alguna razón, al rubio no le molestó,de hecho, le pareció algo familiar, como si no fuera la primera vez que la kunoichi actuaba de esa manera con él. Fue por eso que no se apartó ni dijo nada para que la mayor se detuviera. Sin embargo, apenas fue consciente de lo que estaba haciendo, Hikaru alejó su mano—. Deberías ir a descansar, mañana es un día importante. No querrás llegar tarde a tu primera misión.

Naruto asintió pero se quedó mirándola fijamente por unos segundos más antes de darse vuelta y dirigirse a su casa. Durante el resto del camino, no pudo deshacerse de la sensación de familiaridad que le generaba la kunoichi.

—La cena estará lista pronto, no deberías llenarte con eso —dijo Hikaru mientras veía a Konohamaru tomar un paquete de snacks y dirigírse al living a mirar televisión, haciendo caso omiso de lo que le había dicho la joven.

Hikaru miró a su hija que estaba con ella en la cocina ayudándola a pelar una papas. Emiko se encogió de hombros como diciendo que no debía darle muchas vueltas al asunto. La kunoichi exhaló exasperaba ante el comportamiento del niño pero no lo culpaba. La noticia de tener que vivir bajo el mismo techo que Hikaru no le había caído bien a Konohamaru.

—Voy a sacar la basura —avisó a su hija.

Se dirigió a la puerta de entrada cargando dos bolsas negras. Cuando salió, una brisa la recibió causándole piel de gallina. Estaba anocheciendo y la temperatura comenzaba a bajar. Se apresuró hacia el cesto y dejo los residuos en el mismo, lista para volver a la calidez de su hogar. Pero una silueta al otro lado de la calle hizo que se detuviera. Para un ojo no entrenado, la persona a la que la silueta pertenecía hubiera pasado desapercibida, la sombra hubiera sido suficiente para ocultarla. Pero Hikaru no era una persona cualquiera. Gracias a su experiencia como anbu, conocía la oscuridad como la palma de su mano. Se requeriría a alguien mucho más habilidoso que la persona frente a ella para sorprenderla.

—Hola —dijo simplemente. Al ver que la otra persona no planeaba responder, continuó—. ¿Puedo ayudarte en algo?

La silueta al otro lado de la calle permaneció inmóvil, observándola con ojos penetrantes.

—Mira, estoy haciendo la cena y me estoy congelando aquí fuera así que si vas a hablar, hazlo pronto. —Ninguna respuesta—. ¿Nada?... de acuerdo... adiós, Sasuke.

Le dio la espalda para irse pero, antes de llegar a la puerta, el Uchiha habló:

—Pasé por el cementerio hoy —dijo de manera casual—. Tu nombre estaba en una de las lápidas.

—Sí... debería quejarme con atención al cliente sobre eso.

El comentario enfureció al azabache que se acercó a pasos agigantados hacia la casa de la kunoichi. Hikaru pudo observarlo bien, tenía el ceño fruncido y sus ojos mostraban un odio que nunca había visto en un niño de su edad. Pero pensándolo bien, tampoco había conocido a un niño que hubiese visto lo que él.

—Se supone que estás muerta —dijo Sasuke con su mejor cara de vengador emo.

La joven miró hacia abajo inspeccionando su cuerpo, como si estuviera buscando algo, lo cual confundió al niño. Luego de unos segundos, dijo:

—Por lo visto, estar muerta es una de las pocas cosas que hago mal.

—¿Te parece gracioso? —La voz de Sasuke estaba llena de cólera.

—Me pareció algo obvio... Si quieres saber algo, sólo pregunta y lo hablaremos, pero no me gusta que me señalen con el dedo.

El azabache pareció calmarse.

—Escuché un rumor sobre ti y... y sobre la noc-

—Conozco el rumor —interrumpió la joven.

—¿Es cierto?

Si alguna otra persona hubiera preguntado, Hikaru no hubiese dudado en soltar algún comentario sarcástico o incluso una amenaza. Pero era Sasuke quien le había hecho la pregunta, y a él le debía la verdad.

—No. Esos rumores surgieron de gente que no estuvo allí esa noche, no pueden saber qué paso... solo son rumores.

—Bien... —Sasuke parecía satisfecho con la respuesta de la kunoichi— Quiero que me entrenes.

—Eso haré, al igual que con Naruto y Sakura, es mi trab-

—No, no como los entrenarías a ellos. Conocías a mi hermano mejor que nadie, conoces su entrenamiento y su forma de pelear... quiero que me enseñes eso.

Hikaru se tomó su tiempo antes de responder.

—No.

—¿Qu-é? —La respuesta había tomado desprevenido al Uchiha.

—Dije que no. Voy a ayudarte a entrenar al igual que a Naruto y a Sakura pero no pienso ayudar en esta... sed de venganza que tienes.

—¿Te importa, aunque sea un poco, lo que pasó? —preguntó Sasuke mirándola con el ceño fruncido.

—Por supuesto que me importa —respondió Hikaru con voz cansada. Estaba harta de que lo único que las personas pensaban cuando la veían fuera en la masacre. Estaba harta de tener que revivir esa noche. No pudo imaginarse lo que Sasuke estaría sintiendo.

—Entonces, ayúdame. —La determinación en la voz del Uchiha hizo que las palabras sonaran como una orden más que un pedido de ayuda.

Hikaru se pasó la mano por el cabello en señal de exasperación, miró al cielo y a las estrellas sobre ellos como si estuviera buscando la respuesta a una pregunta no hecha. Era imposible. Volteó su mirada hacia Sasuke y dijo:

—Es porque me importa que no puedo ayudarte... Lo siento.

Sasuke no tuvo que mirar al cielo en busca de respuestas porque estaban justo frente a él.

—Aún lo amas. —No era una pregunta.

Hikaru guardó silencio. Sasuke supuso que debía sentirse enfadado pero, por alguna razón, sintió lástima por la kunoichi. Después de todo, ella no era la única a la que Itachi había engañado. Le dio la espalda y se dirigió de vuelta a la calle, dejando que la oscuridad lo envolviera de nuevo.