Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

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A Frozen Fan: La sensualidad de esta pareja es unica jajaja, también a mi me gusta eso que se anden escondiendo, le da sabor a la historia.

La relación Tadelsa es una que tenía que acabar tarde o temprano, aunque te voy a confesar que me gustan mucho juntos pero el Helsa es el Helsa así que esa ruptura era un mal necesario.

A estas alturas es más que evidente el terror que le causa a Hans que el hermanito de Elsa se entere, nuestra rubia también sabe que no le conviene que Roy vaya tirando putazos a su cobrizo no no. A nuestro pelirrojo sí le va a importar, eso te lo aseguro, recordemos que son mejores amigos y el colorado puede ser todo lo que quieras, pero con su cuñadito... amigo todo cambia.

Elsa está mas cerca de Rusia de lo que crees. Espero que esta actualización sea de tu agrado, ya tengo el otro capitulo escrito y solo queda esperar. Saludos y abrazos psicológicos, Harry.

Delilah447: Muchas gracias por comentar, aquí hay una nueva actualización ¿nos leemos?, Harry.

PrinceMatt: Me gusta mucho tu sugerencia, trataré de tomarla en cuenta, por lo pronto disfruta de la actualización y espero que podamos leernos de nuevo. Saludos, Harry.

Ravenna51: Muchas gracias Ravenna, ¿volvemos a leernos?, yo digo que sí. Saluditos, Harry.


Hans.

Suspira cuando Honeymaren lo ve y comienza a acercarse a él, ruega por un poco de paciencia a todos los dioses de los que tiene conocimiento porque a veces─ exceptuando cuando está desnuda debajo de él─ la joven Nattura puede ser insoportable.

—¿Estás escondiéndote de mí? —pregunta al llegar a su lado.

—Para nada— el pelirrojo no puede evitarlo y pasea sus orbes verdes por la figura de la muchacha, lleva un vestido en color plata que se ajusta a ella como un guante, el cabello oscuro lo lleva suelto y bien planchado con un maquillaje ligero—. Puedes verte decente cuando te bañas.

—Desnuda también— Hans mira hacia los lados para asegurarse que nadie los haya escuchado, se encuentran en la fiesta tradicional de navidad donde las familias más influyentes del país se reúnen para pasar el rato, los Westergaard son los anfitriones ese año.

—Cuida lo que dices.

Honeymaren rueda los ojos.

—¿Trajiste algo de Noruega para mí o no?

—Traje mi presencia de vuelta, ¿qué más quieres? —contesta con cinismo, la joven niega con la cabeza.

—Mi abuela está por allá, vamos a saludarla.

—La saludé cuando llegó— Hans entrecierra los ojos—, pensará que es demasiado.

—Vas a presentarte con ella.

El muchacho se pone rígido.

—¿Presentarme? ¿cómo para qué?

—A ver, imbécil— Honeymaren lo toma del codo y lo guía fuera del salón—, lleva viéndote salir de mi habitación cada mañana de todos los domingos del ultimo par de años después de hacerme tuya toda la noche…

—Siempre me ofrece café y tostadas, tan amable ella.

—… y ya es hora que te presentes formalmente como mi pareja.

Hans se atraganta con el vodka que se ha llevado a la boca con anterioridad.

—¿Dis-disculpa? —carraspea para aclararse la garganta—. Mira, te lo dije desde el principio, pero tal parece que no te quedó claro— la muchacha arquea una ceja—, no tengo el tiempo y no estoy buscando una relación seria. Ni en ese entonces ni ahora.

Honeymaren suelta una helada carcajada corta mientras niega con la cabeza.

—Eres un cabrón— sisea antes de volver al salón. El bermejo resopla, su teléfono vibra en su bolsillo, lo saca para encontrarse con un mensaje de Roland.

"[Roy]: Feliz Navidad ¿ortodoxa?".

Sonríe mientras contesta con varios emoticones, está por guardar el aparato, pero frena en seco, busca entre sus contactos el chat de Elsa y se quiebra la cabeza durante varios minutos hasta dar con una excusa lo suficientemente buena para escribirle.

"Sé que tenemos muchos hijos, pero dile a mi hija favorita─ Vivienne─ que papi le desea feliz navidad a la manera rusa".

Espera a que ella conteste, pero no lo hace así que devuelve el teléfono a su bolsillo.

—¡Boo! —soplan en su oído y Hans da un bote, la persona tras de él comienza a reírse.

El pelirrojo aprieta los dientes y se gira con la intención de decirle unas cuantas verdades a la atrevida que se ha pasado de la raya. Rueda los ojos con impaciencia cuando la ve.

—Pero si es la zarina— dice con indiferencia

—El trece de la buena suerte de la familia Westergaard— contesta del mismo modo.

—Creí que estabas perdida en París.

—Y yo que te hacías vulnerable al frío en Noruega.

Se miran durante un par de segundos antes de soltarse a reír, la joven pelirroja enreda la cintura del muchacho en un apretón brusco, Hans le rodea los hombros con fuerza.

—Mírate nada más, Hansy— dice la ojiazul cuando lo suelta—, eras un enclenque de catorce años la última vez que te vi y ya mides más de metro ochenta.

—Anya, estúpida, hay una gran diferencia entre la tú de trece años y la de ahora— contesta el colorado—. Ya tienes tetas.

La bermeja le da un manotazo y ambos estallan en carcajadas de nuevo, Hans recuerda muy bien a Anastasia Romanova, su mejor amiga de la infancia y compañera del crimen.

—¿Cuándo volviste? —pregunta Hans después de un rato.

—Hace un año.

—¿Y por qué no te eh visto en ninguna de estas fiestas?

—Mi abuela solo nos lleva cuando queremos ir— se encoge de hombros—, no todas las abuelas rusas presentan a sus nietas en sociedad para gritar que pueden aceptar una oferta de matrimonio y hacerse más ricas.

Hans arquea una ceja.

—O solo cuida a la última nieta soltera que le queda— añade Anastasia—. Entonces ¿tú y Nattura están…?

—Cogiendo.

Romanova asiente ante su sinceridad.

—Diablos, por un momento pensé que ella era la que había logrado meterte en cintura.

—Esa mujer todavía no llega— responde mientras pasa un brazo alrededor de los hombros de su mejor amiga, pero no puede evitar que su mente viaje a los días anteriores donde estuvo con Elsa.


Elsa.

Enero se abre paso con una tranquilidad que definitivamente dista mucho de la que hay en la vida de la rubia, entre prepararse para los exámenes finales, arreglar todo lo relacionado con su mudanza a Moscú, el trabajo de niñera y la carga emocional de su ruptura con el joven Hamada, Elsa se aplaude por no haber llorado en la ducha a esas alturas.

—Sí… lo entiendo… no, usted prometió que tendría mi paquete hoy a las diez… ya sé que hay mucha nieve— tiene el teléfono sujeto entre el oído y el hombro mientras sostiene a Harmony—. Mason y Mary— llama a los pequeños—, no les quiten el papel a los crayones— vuelve su atención al teléfono—. Pues espero que de verdad esté ese paquete en la verja de mi casa antes de las seis.

Arroja el teléfono al sofá después de colgar, baja a Harmony para acercarse a Caleb y Tony, el primero llora porque el segundo lo ha pellizcado, los riñe por su mal comportamiento antes de anunciarles que no comerán postre por portarse mal.

—Papá dice que ha encontrado un departamento precioso y bien ubicado en un vecindario elegante, queda cerca de la escuela— le comunica Anna mientras entra a la sala de estar, se acerca a ella para susurrarle al oído con complicidad—. Toma aire, no te va a gustar lo que mamá está por decirte.

Iduna aparece ni bien la pelirroja termina de hablar.

—Estaba pensando que sería maravilloso organizar una pequeña reunión de despedida— comenta—. Roy hizo esa fiesta salvaje con sus compañeros cuando se fue— la rubia la mira impasiblemente—, tu elegirás quien asiste y quien no de tus amigos— las mejillas de Elsa enrojecen cuando la voz de su madre se mezcla con el llanto de Caleb, los berridos de Harmony y el sonido de la televisión—. Solo dame la lista de invitados, tres lugares ya están ocupados, quiero decir, la familia de tu novio…

—¡Ya no hay más novio! ¡se acabó lo de Tadashi! —su madre y los niños se callan cuando estalla—, ¡quiero quedarme en la maldita residencia! ¡como una estudiante normal!

Iduna cuadra los hombros.

—Desapruebo totalmente que te dirijas a mí de esa manera— dice con tono calmado—, lo dejaré pasar esta vez— gira para salir de la habitación—. Voy a pasar toda la tarde en la biblioteca si quieres hablar.

Elsa se cubre la boca con la mano mientras las uñas de la otra se clavan en su palma con fuerza resistiendo el impulso de llorar.

—¿Estás bien? —pregunta Anna, acercándose a ella con cautela—. Lo siento, sé que lo querías mucho.

—No hables de él como si hubiese muerto— su tono helado disfraza el cansancio en su voz.

—Perdona por no haberme dado cuenta antes— musita su hermana—, con lo de Jack estuviste muy callada hasta que comenzaste a ser tú de la nada, pero con Tadashi…

—Ahora mismo no tengo tiempo para lamentarme de algo que es culpa mía— se encoge de hombros—, tengo tanto por hacer que Tadashi no es una prioridad muy grande.

"Menos ahora que ha dejado claro que no existe posibilidad alguna de volver".

—A ver— un gesto pensativo se planta en la cara de la pelirroja—, tienes un examen pasado mañana ¿no? — Elsa asiente—, pues bien, ve a tu habitación y estudia lo que necesites, yo me ocupo de recoger tu paquete y de cuidar de los niños, te llamaré cuando sus padres lleguen por ellos— instruye, la mayor de las dos adquiere un semblante preocupado—. Puedo encargarme, de verdad.

—De acuerdo— cede al final—, pero avísame si necesitan cualquier cosa.

Toma sus cosas para irse a su habitación, está atravesando la puerta cuando la voz de su hermana la alcanza.

—Deberías considerar lo de la reunión y el apartamento— dice con voz calmada—. No verás a tus amigos ni a nosotros en un tiempo, además— añade—, eres la persona más privada que conozco.

Elsa solo atina a sonreír.


Hans.

Cierra sus libros y se deja caer en la cama con pesadez, Lars de pie junto al closet, lo mira con burla.

—¿No vas a salir esta noche? —pregunta—. Es sábado.

—¿Vas a traer a alguien?

—¿Y arriesgarme a pasar mi domingo libre en acción disciplinaria? ¡jamás!

Hans elige no contestar, se levanta para ponerse un pijama, pero el sonido de su teléfono interfiere en sus planes.

"[Anya]: Dimitri y yo iremos a Gusteau's* ¿vienes? Honeymaren puede unirse también."

Teclea una respuesta rápida y pasa a Lars rápidamente para encerrarse en el baño.

—Creí que no saldrías— Lars aporrea la puerta—. Mas vale que te des prisa.

Media hora después se encuentra con los dos pelirrojos, Dimitri siempre ha sido una presencia constante entre ellos, solían corretear de pequeños por los jardines de sus casas cada que jugaban.

—¿Dónde está la loca de Nattura? —pregunta Dimitri cuando lo ve llegar, su teléfono suena y Hans está seguro que es ella. Casi abofetea al otro pelirrojo por acertar.

"[Honeymaren]: ¿Dónde carajos estás?"

—En su casa, supongo— contesta con indiferencia, entran al elegante restaurante y el maître los lleva hasta la mesa que Anastasia reservó—. No puedes sacar a París de ti ¿verdad?

Dimitri se ríe ante la burla en el comentario de Hans, pero se calla cuando la muchacha lo mira con frialdad.

—Simplemente quise venir a cenar aquí ¿algún problema? —ninguno de los jóvenes contesta, ordenan y pasan toda la velada hablando de lo que fue de sus vidas en los últimos años.

—Pero volvimos aquí— concluye Dimitri después de quejarse de un par de franceses—, los rusos siempre volvemos a la madre patria.

Anya y Hans asienten solemnemente, pagan y se marchan, el pelirrojo mayor se despide de los otros antes de conducir a la casa de Honeymaren, abren la verja y se encuentra con Ryder en la entrada.

—No creí que estuvieras aquí— dice Hans después de estrecharle la mano—. Es sábado, pensé que estabas rompiendo la fiesta en un bar o algo así…

—Vivo aquí— lo corta el castaño, mira a su alrededor antes de cogerlo por el brazo y guiarlo nuevamente hasta su convertible—, me agradas Westergaard, de verdad que sí.

—Pero…

—No existe pero, eh salido para advertirte de algo— masculla—. Mi Babushka está muy enfadada, Honeymaren le dijo que vendrías a cenar y no apareciste.

—¡¿Qué?! jamás dije nada por el estilo— aclara Hans—, no sé por qué tu hermana le dice esas cosas a la señora Yelena.

—Pues como haya sido, Babushka se cansó— informa—, te esperamos media hora, mi padre se fue después que ella le gritara horrible a mi hermana. Vete ahora.

—No, ya saben que estoy aquí— se deshace de su agarre—. Es momento que le diga las cosas a Honeymaren con alguien delante, no lo entendió las veces que hablamos y lo tendrá que hacer ahora.

Ryder se palmea la cara, pero lo sigue dentro de la casa, encuentran a Honeymaren sentada frente a la chimenea con un libro en su regazo, tiene los ojos marrones hinchados, junto a ella, Yelena Nattura lo observa con frialdad.

—Mi nieta me dijo que deseabas conocernos y llegas dos horas tarde— la voz de la mujer mayor está forrada en hielo, pero Hans no se deja intimidar—, ¿no te enseñó tu abuela que es de muy mala educación faltar a un compromiso?

—Me educó perfectamente, gracias— contesta con gélida educación—, pero no hizo de mi un adivino.

Honeymaren levanta la cabeza rápidamente.

—¿A que te refieres?

—Jamás le pedí a Honeymaren venir a cenar para conocerlos— responde—, desconozco los motivos por los que ella dijo algo como eso.

Yelena mira a su nieta de inmediato.

—Honeymaren.

—Creí que vendría esta noche, como todos los sábados— musita con molestia.

—¿Y que pretendías? —espeta el pelirrojo, con la rabia calentándole la sangre—, ¿obligarme a hablar con tu familia sobre una relación que no existe?

—No me creo que te atrevas a negar algo que eh estado presenciando durante el último par de años— Yelena se irgue—, no es como si solo hablaran toda la noche.

—Desde el principio le aclaré a su nieta el carácter de nuestra relación, como usted insiste en llamarla— Hans se cruza de brazos—, lamento mucho que ella no se lo dijera.

La mujer mayor fija sus helados ojos en Honeymaren, la aludida se muerde el labio nerviosamente.

—¿No vas a decir nada?

—Pensé que él cambiaría de opinión con el tiempo— responde a regañadientes—, lo obligaría de no ser así.

—Tu no eres una zorra— los tres jóvenes se sorprenden por el vocabulario de la señora—. Mi nieta no es la puta de nadie y mucho menos tuya.

—A mí me queda claro, señora Nattura— declara Hans encaminándose a la salida—. Ahora haga que Honeymaren lo entienda.

Yelena comienza a reñir a Honeymaren a su espalda y a pesar que se siente mal por la muchacha, no se detiene para defenderla.

"Sola se buscó esto, que sola lo afronte".


Elsa.

Febrero se abre paso rápido e implacable, la rubia siente el peso del tiempo sobre sus hombros.

—Mira este— dice su padre mostrándole las fotografías de un departamento en el iPad—. Es elegante y muy espacioso, además— añade—, está a justo en medio de la facultad y el teatro.

—Es bastante bonito— reconoce Elsa mirando las fotografías con detenimiento.

—Solo tienes que elegir, tesoro— Agnarr apaga el iPad cuando su hija se lo ha devuelto—. Te daré hasta el fin de semana para que me des una respuesta.

La blonda suspira, no entiende porqué su padre insiste tanto en comprar el departamento cuando claramente faltan tres meses para que tenga que irse a Rusia.

—Compra ese— responde después de un rato, quitarse la cuestión del hospedaje de encima le es atractiva—, el que acabas de mostrarme.

—¿Segura? —Agnarr arquea una ceja.

—Sí— contesta, su padre asiente y se marcha a efectuar la compra. Su teléfono suena ni bien el hombre rubio desaparece por la puerta.

"[Kris]: ¿Qué me dices del Poultry Palace*, tú, Anna y yo?".

El estomago le ruge de solo pensar en el delicioso pollo.

"[Elsa]: Estoy cuidando a Gale*, vayan ustedes" contesta, el pequeño de rizado cabello castaño claro le sonríe desde donde está sentado en la alfombra, armando un castillo con los legos que alguna vez fueron de Anna.

"[Kris]: él puede venir, no seas tonta" Elsa sonríe al leer la respuesta de su mejor amigo, Kristoff jamás la ha dejado de lado mientras trabaja, Anna baja corriendo y sonríe con emoción.

—Vámonos, vámonos— canturrea la bermeja levantando a Gale del suelo y llevándolo de la mano hasta la puerta de entrada.

—El abrigo, Anna— le recuerda la blonda a su hermana.

—Pues por supuesto, no se me olvidaba— Elsa arquea una ceja en su dirección—. Bueno, sí se me olvidó.

Elsa se enfunda en su abrigada chaqueta azul y embute al niño en su chamarra térmica con estampado de planetas. Kristoff los espera frente a la puerta de entrada.

—¿Me escribiste ya que estabas dentro? —pregunta la blonda.

—¿Sí?

Elsa niega con la cabeza.

—Iremos en mi coche— declara—, el tuyo no tiene sillita para niños.

—Ya tengo seis— alega Gale.

—No importa, chico grande— dice Anna mientras vuelven dentro de la casa para ir al garaje—, según la ley, debes ir sentado en una silla especial.

Elsa le da las llaves al rubio y se sienta con el niño en el asiento trasero, cediéndole a Anna el asiento de copiloto. Conducen con música de fondo hasta llegar al Poultry Palace.

—Hoy no hay mucha gente— comenta el blondo al ver pocos autos en el aparcamiento.

—¿Y si ordenamos por Drive-Thru? —sugiere la colorada.

—Quiero una cajita sorpresa— pide Gale.

—Podemos ordenarla también, amiguito…— Kristoff trata de razonar con él.

—Sí, pero yo quiero elegir mi juguete— pone sus mejores ojos suplicantes—. Por favor.

Anna suelta un sonido de ternura y Elsa está por ponerse firme, pero Kristoff suspira con resignación y abre la puerta del coche.

—¿Los ojos de cachorro eran necesarios? —pregunta mientras saca al niño de su sillita y pone todo su peso en una de sus caderas.

—Que gran resistencia— Elsa rueda los ojos y baja del coche.

—Él es tan lindo— comenta Anna, pellizcando cariñosamente la mejilla de Gale.

—Tu tienes la culpa— Kristoff la apunta acusadoramente y Elsa abre la boca, ofendida. El aire cálido con olor a pollo los golpea cuando entran al establecimiento, ordenan papas fritas, una cubeta grande de pollo, sodas y el pequeño elige un Mini-Buzz como regalo.

—¿Puedo ir a la piscina de pelotas? —pregunta a Elsa.

—Solo hasta que esté nuestra orden— el niño suelta un gritito y corre en dirección de los juegos. Uno de los encargados anuncia que su pedido está listo varios minutos después, la blonda llama al pequeño y se disponen a marcharse.

—No, no, no— Elsa mira a Anna con confusión cuando la escucha susurrar.

—¿Qué pasa?

—¡Tadashi!

Su pregunta es rápidamente respondida por Gale, quien chilla de felicidad y corre hasta el aludido. El muchacho asiático sonríe y lo coge en brazos.

—Mira nada más, pero si es Gale Dahl— dice Tadashi pinchándole el estomago con cariño—. ¿Dónde está tu mamá? —mira hacia los lados en busca de la señora Dahl y tensa la mandíbula cuando sus ojos oscuros chocan con los azules de ella.

"Estás parada a cinco metros de distancia, justo frente a él. Muévete ahora."

Elsa se tensa en su lugar, pero afortunadamente no deja ver cuanto la incomoda la situación. Ya pasaron dos meses desde que ella y el joven Hamada terminaron, se han topado algunas veces desde entonces y él se limita a ignorarla, fingiendo que no la vio y siguiendo su camino como si nada.

—Traigan a Gale— instruye a Kristoff—, los espero en el coche.

Levanta la nariz con altivez y pasa por un lado del asiático sin dirigirle ni una sola mirada, el aire frío la envuelve y puede sentirse más relajada. Anna y Kristoff salen minutos después, el ultimo cargando nuevamente a Gale.

—¿Sabes? —dice el rubio cuando conducen de regreso a la residencia de las hermanas—, tú y Hamada parecen un par de padres divorciados.

Anna le da un golpe en el hombro y Elsa se lo agradece en silencio.


Hans.

Frunce el ceño al ver el contacto de Elsa, la muy… cabrona ha abierto su snap, pero no respondió y eso es lo que desquicia al bermejo.

Que la rubia lo ignore lo pone de mal humor.

—Quita esa cara, es día de visita— Sealgair le susurra mientras comen—. No arruines el día.

"Como si me importara" piensa con fastidio, a sus hermanos jamás les ha importado lo que le pase al otro y él como el menor no es la excepción.

Se disculpa alegando ir al baño y se pierde entre los pasillos, medita durante varios minutos que hacer hasta que presiona el botón de llamada, ya pasaron dos meses desde que habló con Elsa y tal parece que la reina del hielo no tiene intención de iniciar una conversación.

Aprieta los dientes cuando lo envía al buzón.

"Vas a contestarme sí o sí" piensa con decisión y no cesa de marcar hasta que la rubia contesta finalmente.

¿Qué demonios quieres, Hans? —ladra la rubia del otro lado de la línea, el bermejo se pone derecho, ¿acaso estaba enojada?

—¿Copito?

¿Solo para eso me llamas? ¿para decime Copito?

—¿Ahora qué carajos te pasa?

¡Me pasas tú! ¡no has hecho mas que ponerme las cosas difíciles!

—¡¿Disculpa?!

¡Estabas muy bien en Rusia y tenías que venir a joder todo!

—¡Yo no te eh echo nada que no hayas querido!

¡Deja de ser tan cínico! ¡lo de Tadashi se acabó por tu maldita culpa!

—¿De verdad? —pregunta, la molestia se evapora de su organismo en cuanto escucha esa información.

Ya estarás contento ¿no? —ella deja de gritarle, pero la calma helada que se apodera de su voz le da mala espina al colorado—. No cantes victoria, porque no quiero que vuelvas a dirigirme la maldita palabra otra vez.

La blonda cuelga antes que él pueda decir nada y Hans se pregunta qué es lo que acaba de pasar.

"Te echó de su vida, eso pasó" lo pica la molesta voz en su cabeza mientras la rabia comienza a colarse por sus venas, algunos muchachos que pasan por ahí lo miran con curiosidad y eso no hace más que molestarlo.

—¿Se les perdió algo? —la dureza en su voz provoca que los espectadores se encojan de hombros con indiferencia y se marchen.

—¿Estás bien? —se gira lentamente al escuchar a Honeymaren a su espalda—. Mira, ya sé que fue estúpido e infantil lo que hice en enero, no hemos hablado así que… bueno yo… lo siento.

El pelirrojo la mira con frialdad implacable, sabe lo mucho que le cuesta a la joven delante suyo disculparse.

"Porque es tan orgullosa como tú".

—Bien, nos vemos por ahí…— se despide dispuesta a marcharse, pero Hans la coge fuertemente de la mano y tira de ella para pegarla cerca de él—. ¿Qué estás…?

—Cállate de una vez— la corta antes de besarla con fuerza.


ACLARACIONES:

Gusteaus: Restaurante de Ratatouille.

Poultry Palace: Es la tienda donde venden pollo frito en las películas Pixar.

La ultima escena... decidí escribirla así porque ya sabemos que los hombres (la mayoría) se van con otras cuando la oficial se enoja jojojoj.


Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.