-¿Quieres decirme que hacemos aquí, Björn?-
Indagó divertida, mirando a su compañero. Estaban encima de un campanario, observando el pequeño pueblo donde ella vivía.
-No lo sé...- la abrazó por los hombros -Quería estar a solas contigo y además, quería mostrarte mi segundo lugar favorito en este pueblo- la besó en la sien.
-¿De verdad?- preguntó interesada -¿Puedo saber cuál es el primero?-
-Claro... El bosque-
-¿Y eso por qué?- quería saber más sobre ese hombre -¿Es por que eres un cazador?-
-No, es porque en ese lugar...- la apartó para mirarla a los ojos -Hace un año atrás, aproximadamente, yo te ví a ti, por primera vez- le acarició el rostro -Y fuiste lo más hermoso que ví en mi vida-
Ella estaba muda y temblaba como una hoja.
-¿Hace un año atrás?- murmuró y cerró sus ojos con fuerza. Un horrible recuerdo llegó a su mente -¿Fuiste tu?-
Preguntó con pánico, incorporándose de golpe y alejándose de él.
-¿Qué?- preguntó aturdido por su repentina reacción. Intentó acercarse, pero se alejó, parecía que le tenía miedo -Por favor... Eyra- suplicó con terror. Ella podría caer si daba un paso más -Prometo no acercarme a ti... Pero, por favor... No des un paso más ¿Esta bien?- asintió con lágrimas en sus ojos -No sé de que me hablas, gaviota...-
-¡No me digas gaviota!- gritó histérica, llorando a mares -¡Yo no soy nada tuyo! ¡No me llames así!- lo señaló con su mano temblorosa -¡Y mucho menos! ¡Después de lo que me hiciste!-
-Esta bien... Esta bien- dió un paso hacía atrás -No volveré a llamarte así, lo juro- levantó ambas manos como juramento -¿Qué fue lo que te hice?- la miró a los ojos. Los de él reflejaban pánico y los de ella, terror -Dímelo y voy a intentar solucionarlo-
Lloró, todavía más, después de escuchar sus palabras. Definitivamente, él no era el culpable de su desgracia, ninguna persona diría eso, sabiendo el dolor que a ella le había causado.
-Lo siento- limpió sus lágrimas con amargura -Tu no fuiste... Tu no lo hiciste... Discúlpame- levantó la vista hacía él -No quería perturbarte...-
Se acercó al cazador, un poco más tranquila, pero seguía temblando.
-Esta bien...- le secó una última lágrima y la besó en la frente -¿Quieres decirme que fue lo que pasó contigo?-
Tragó grueso, tenía que contárselo, lo había acusado de hacerlo. Apretó sus labios y asintió, cerrando los ojos.
-Hace un año o quizás un poco más...- abrió sus ojos que estaban en blanco -En una de mis rondas por el bosque, para recoger insumos para nuestros productos...- se entremecio. El recuerdo era muy doloroso -Un hombre... Mientras yo estaba distraída recolectando raíces- lo miró a los ojos -Me golpeó, muy duro, para intentar robarme y no conforme con eso, cuando me vió prácticamente inconsciente en el suelo... Intentó abusar de mí-
Cubrió sus rostro por la vergüenza. Lloraba, como lo había hecho unos minutos atrás, se sentía tan mal.
Él estaba impactado, pero sobre todo, furioso, la habían intentado lastimar de todas las formas posibles que se podían lastimar a una mujer. Sus instintos fueron más grandes y la abrazó con todas fuerzas, jurando en silencio, ante el mundo y los dioses, que nadie la lastimaria nunca más. Primero, tendrían que matarlo para hacerlo.
-Lo siento...- la besaba en la cabeza con fuerza -Lo siento, bonita- sus ojos lanzaban llamas -Voy a matarlo cuando me enteré quien intentó lastimarte de esa manera... Lo juro-
La miraba a los ojos para que le creyera. Ella rió con amargura, limpiando su rostro con la tela de sus mangas.
-Nadie quiere ayudar a una bruja blanca- indicó, entrecerrando sus ojos -Eso fue lo que me dijeron las autoridades, cuando fuimos a denunciar lo ocurrido- se sentó de nuevo donde habían estado -Aunque, había pruebas suficientes para demostrarlo, ya que mi hermana atacó a ese maldito justo a tiempo, impidiendo que lo hiciera, nadie me ayudó o al menos, me creyó- juntó sus piernas en su pecho -Sólo mi hermana y mis amigas... Pero no fue suficiente- escondió la cabeza entre sus rodillas -Aún el recuerdo me atormenta-
Él la abrazó por detrás, apoyando su cabeza en ella. Se sentía tan mal, ella era la persona más bondadosa del mundo y había vivido una situación como esa. Era muy difícil ser una mujer en la sociedad en la que vivían y sin mencionar, una mujer sola, sin padres a quien recurrir o un esposo que la protegiera.
-Nunca más vas a vivir algo así, Eyra...- murmuró sobre su cabello -Yo voy a protegerte de ahora en adelante... Lo prometo-
-Es ridículo... Yo no tengo nada que darte- intentó alejarlo, pero no pudo -Me siento tan avergonzada...Tan indigna de todos...Tan poco amada o valorada por los hombres- descansó su cabeza en el pecho de él -Estoy condenada a morir sola-
-Eso no es cierto... Tu tienes mucho para darme- entrelazó sus dedos -Y además, si tu mueres...Yo moriré contigo-
Colocó una cadena de plata en el cuello de ella. En donde colgaba un extraño dije que parecía una serpiente enrroscada en una espada.
-¿Qué es esto?-
Preguntó mirando el obsequio entre sus manos.
-No lo sé, mi hermana me lo dió para ti... Ella lo llama flamel-
-Es hermoso... Muchas gracias- lo besó en la mejilla -Me encanta...-
-De nada... Mi hermosa alquimista- la tomó de la mejilla para besarla en los labios -Vine aquí para salvarte- susurró, mirándola a los ojos.
En otra parte del pueblo, una bellísima y despampanante hechicera, se encontraba en la cama con un apuesto pirata, que había conocido esa noche. Él le acariciaba el cabello y la miraba hipnotizado. No sabía como había terminado allí, pero ese hombre le había encantado, desde el momento en que la invitó a bailar.
-Ahora dime, ¿Cómo fue que termine aquí?- preguntó divertida -A penas te conozco, ¿Cómo llegamos a esto?-
-No lo sé y tampoco me importa- la besó en un extraño lunar que ella poseía en el omóplato derecho -Pero me encanta que estes aquí...- la mordisqueba con pequeños besos -Además, eres la primera a la que invito a mi camarote-
Ella rió por las cosquillas en su hombro.
-Voy a fingir que creo en esa absurda mentira...- tomó entre sus manos un extraño amuleto que colgaba del cuello de su acompañante -El rompecabezas del milenio- levantó sus ojos hacía él -Eres un vidente- aseguró.
-¿Cómo sabes eso?- esa chica era brillante -¿Hay algo que no me hayas dicho aparte de tu nombre?-
Preguntó en el mismo tono divertido que ella usaba al hablar.
-No...- contestó nerviosa haciendo una cara extraña -Pero, eres un vidente... Averígualo-
Sonrío guiñándole un ojo, para luego observar alrededor la variedad de objetos procedentes de otras tierras, que había allí.
-Lamento decepcionarte... Mi preciosa campesina de cabello indomable y ojos hermosos- le acarició el rostro, adorandola -Pero no puedo tener visiones contigo y créeme, esta noche, te he tocado de todas las formas posibles que pueden existir y nada paso- Ella mordió su labio para no reír -Así que... Tendrás que decírmelo-
La joven cerró un ojo y lo miró con duda. Era un pirata, no estaba segura si podía confiar en él pero, el juego había comenzado.
-Esta bien... ¿Pero prometes no entrar en pánico?- él asintió -Soy una... Una...- bajó la mirada -No te lo diré... Mejor, te lo mostraré-
Levantó una mano y un rayo de luz roja salió disparado hacía el techo, iluminando el lugar.
-Eres una hechicera- murmuró mirando hacía arriba y ella asintió -Pero no pronuncias hechizos...- volteó a verla -Manejas la magia del silencio... Eso es extraño-
-Lo sé... Pero, por favor- rogó mirándolo -No le digas a nadie sobre esto... Mi hermana y yo, corremos peligro si alguien lo sabe- tomó su cabeza entre sus manos -Podrían colgarnos al ser descubiertas-
-¿Tu hermana también puede hacerlo?- preguntó interesado. Ella negó -No te preocupes preciosa, mis labios están cerrados... Lo prometo- la besó en la mejilla -Yo voy a cuidar de ti, hasta que me vaya de aquí y no vuelvas a verme...-
Sonrío convencida, ese apuesto muchacho de brillantes ojos verdes, no mentía en lo absoluto.
-Me parece un trato justo... Mi amigo vidente- tomó la mano de él cerrando lo pactado -Puedo confiar en ti-
-¿Amigo?- cuestionó irónico -Te puedo asegurar, preciosa...- se acercaba a ella como un felino al asecho -Que con ninguna amiga mía sucedió lo que experimenté e hice contigo-
Los cubrió a los dos con una sabana y ella río divertida, mientras él la besaba.
-¡Bájame, Björn!- reía sobre el hombro de él. Estaban bajando las escaleras del campanario -¡Esto no es divertido!- lo golpeaba en la espalda para que la bajará -¡Oye! Tienes una marca aquí- le apartó los cabellos de la nuca -¡Eres un Alfa!- exclamó con asombro -Al igual que Gia, ¿Cómo es eso posible?-
Él la bajó y la sentó en una pequeña ventana, tomándola de la cintura para que no cayera.
-En realidad, bonita- la besó en la mejilla. Le era inevitable no besarla, le resultaba tan tierna -Ella es la Beta... Yo soy el Alfa-
-El beta es el segundo al mando cuando falta el Alfa, ¿Verdad?-
-Así es- sonrío -Me gustan tus ojos...- le acarició sus labios -Y tus hermosos labios- la volvió a besar -Toda tu, me encantas- la abrazó aún sentada -Mira, ya esta amaneciendo- Ella volteó a ver el sol.
-Me encanta el amanecer...- confesó mirando los primeros rayos de luz -El día no es día sin el sol- se abrazó a él -Gracias...-
-¿Por qué?- preguntó conmovido.
-Por hacerme sonreír de nuevo... Gracias- lo besó ella por primera vez -Gracias-
-De nada, bonita...- aspiró su dulce aroma, olía a jazmines -Bien... Ya es tiempo de volver a casa, tu hermana y tus amigas, seguro te matarán-
-No lo creo...- sonrío divertida mirando por la ventana -Allí esta Leire, mira-
Señaló a una rubia muy despeinada, que caminaba por la cubierta de un barco pirata, acomodando su ropa. Hasta que el capitán del navio, sin camisa, apareció de la nada y la cargó en su hombro, adentrándose ambos en un camarote.
-¡Vaya!- exclamó él con asombro -¿Esa no es Amaia?-
Apuntó a otra rubia, que intentó salir de una posada, pero el brazo de un hombre la introdujo de nuevo al interior, el cual asomó su cabeza después para comprobar que no había nadie fuera, era Tristán.
-Si, si es...- rió divertida por escena -Y esa es mi hermana- señaló de nuevo hacía el barco -Mira su cabello... Que espanto-
Rió a carcajadas al verla abrir la ventana, vestida con una camisa blanca de hombre e intentando escapar por allí, pero un brazo en su cintura la jalo al interior, cerrando la ventana, después. Era el muchacho con el que había bailado la noche anterior, por lo que pudo ver.
-Bien... Creo que estaré sola en casa- miró a su compañero después de limpiar sus lágrimas de risa -¿Quieres venir?-
Él abrió sus ojos sorprendido.
-Eyra, bonita- la ayudó a bajar de la ventana tomándola de la cintura -Después de lo que me contaste... No quiero que te sientas presionada a hacer algo que no quieras- indicó con culpa.
-No sé de lo que me estas hablando...- aseguró caminando a su lado -Pero ahora, me haces sentir culpable de que quiera invitarte a desayunar-
Él sofocó una risa. Ella era tan inocente a pesar del momento traumático que había vivido, por suerte, ese dolor, no había contaminado su alma.
-Me encantaría desayunar contigo- la abrazó por los hombros y la besó divertido -Eres increíble, acabas de conseguir que me enamoré un poco más de ti-
-Lo siento...- se disculpó arrepentida -No era mi intención-
-Lo sé, bonita... Pero es inevitable, yo ya estoy enamorado de ti- le dió la espalda en el último escalón de la salida -Sube... Hay algo que quiero mostrarte-
Ella subió a su espalda y él, corrió a toda velocidad hasta llegar a destino. Estaba experimentando la velocidad del Alfa y eso, le encantaba.
