Si alguien le preguntase (y por alguien, se refiere a ese par de cotillas que tiene por hermana y amiga) si ha vuelto a utilizar los servicios de Velour tras esa "fatídica" noche de estreno en el restaurante, respondería que no.
Y mentiría.
No sabe cuantas veces ha abierto la aplicación del móvil, ni cuantas veces su pulgar ha estado tentado de marcar la casilla "solicitar cita con Eliza", que la aplicación (muy maja ella) ya le da por defecto, visto sus preferencias en tantas llamadas pasadas (lo vuelve a decir, está muy bien montada, la verdad). Y sólo cuatro veces ha decidido seguir adelante, marcando el resto de opciones, dejando que sea el azar quien decidiera con quien hablase.
No niega que, al oír la nueva voz al otro lado de la línea, sintiese un pinchacito de desilusión, uno pequeño, apenas sin importancia (o al menos de eso intenta convencerse).
Ha hablado con cuatro chicas diferentes. Cuatro profesionales que, la verdad, consiguen lo que prometen. Saben usar ese maravilloso don que es la palabra para, junto con su tono de voz juguetones/sensual, aumentar la temperatura de cualquiera. Dando caña cuando hay que darla. Provocando y jugando en su justa medida.
Profesionales de 10.
Y, pese a ello, al colgar cada una de las veces, una de las neuronas puñeteras de Lexa le suelta siempre un "ya, pero no es lo mismo".
Malditas neuronas y su manía de opinar por todo.
Tira el móvil a un lado, cerrando los ojos en gesto de dolor al oír como rebota a su lado en el colchón, terminando en el suelo.
- Mierda -susurra.
Pero pasa de ir en su búsqueda.
Dios santo, no puede con su alma. Tiene un mechón de pelo en la boca y no tiene fuerzas de mover un brazo para sacarlo de ahí, ni de limpiarse el sudor de la frente.
Joder con Sherezade y su "¿alguna vez has probado el edging?". No, hasta ahora no. Lo de la negación del orgasmo le parecía absurdo. Con lo que molan los orgasmos, ¿quién quería negárselos? ¡Que vivan los orgasmos!
El mundo necesita una Oprah regalando orgasmos.
¡Un orgasmo para tí! ¡Y otro para tí! ¡Y para tí! ¡Todo el mundo con orgasmos!
Un mundo feliz.
Y bendita ignorancia, la verdad.
Sherezade le había abierto una puerta que jamás hubiese pensado en abrir.
Estuvo tentada de ignorarla varias veces. Mandar a tomar por culo los "ahora deja de tocarte", los "ten paciencia". Y, sin embargo, cuando por fin obtuvo el "dale, no pares, quiero oírte"... La madre que... Había sido tan intenso, tan la mente en blanco y una explosión de placer tipo bomba nuclear recorriéndole el cuerpo... Buf.
No puede más, en seri...
- Eres consciente de que tus paredes son de papel, ¿verdad? -suelta Anya, tranquila, entrando en su dormitorio con taza en mano.
- ¡Anya! -grita, sorprendiéndose a sí misma al encontrar fuerzas para coger la sábana a sus pies y taparse.
- Como si no lo hubiese visto antes. Anda que no te he bañado veces de peques. Pero, te lo digo de verdad, para ser un apartamento en una de las zonas ricas, las paredes aíslan una mierda. ¿Crees que la señora Haggis te habrá escuchado? Haz hueco, anda.
No sabe qué responder, aún con el cerebro recuperándose de una imagen de la señora Haggis escuchando sus... actividades extracurriculares... llamémoslo así. Aunque se aparta un poco al sentir los golpes que le da su hermana para que le deje sitio en la cama.
- Tía, estás sudada y respiras como si hubieses corrido tres maratones. Esa tal Clarke debe ser la hostia -comenta su hermana, sentándose y en la cama, con la espalda apoyada en el cabecero, y bebiendo un trago de lo que sea tenga en la taza.
- No era ella.
No da más información, optando por alargar un brazo hacia su mesilla y coger la botella de agua que tiene siempre ahí.
- Uy, ¿lo sabe ella?
- ¿El qué?
- Que tienes a otra.
- No tengo a otra, y ni lo sabe ni le importa.
- Digo yo que algo le importará, ¿no?
- Créeme que no -se sube un poco la sábana, quitando un par de arruguillas- ¿No tienes nada que hacer?
- Pues no, la verdad. Ciertos gritos me han quitado las ganas de leer el libro que mamá me recomendó. Lo de leer acerca del porvenir de la humanidad analizando nuestro pasado, mientras mi hermana pequeña grita a pleno pulmón "Oh, joder, sí", pues como que no me va mucho. Así que me he ido a hacer un té y luego aquí a vacilarte.
- Podrías irte a la mierda.
- Podría, pero esto es más divertido. ¿Sabe Clarke que sigues usando la app?
- Como ya he dicho, ni lo sabe ni le importa.
- ¿No se lo has dicho?
Gira la cabeza para poder mirar a su hermana, con lo que espera que sea un claro "¿pero qué mierdas me estás preguntando?" pintado en la cara.
- ¿Qué? ¿No hablas con tu novia?
- Anya, Clarke no es mi novia.
- No porque lo hayas intentado, eso seguro -sonríe su hermana, bebiendo otro sorbo de la taza.
- Para.
- No estoy haciendo nada.
No le responde.
Sabe que intenta picarla con ese tema para tenerla entretenida y que no piense en su otro gran pensamiento de estos días. El qué cojones va a hacer con su vida, y el hecho de que no la están llamando para hacer entrevistas de trabajo.
- Entonces, ¿no hablas con la rubia de ojos azules y cuerpo de infarto que no dejaba de mirarte en el restaurante?
No responde, tan sólo le roba la taza a su hermana para ser ella la que tome ahora un sorbo de la taza, y tosiendo al sentir el calor del vodka en su garganta.
- ¿Pero no era té?
- Iba a hacerme un té y cogí una taza. Luego vi la botella de vodka de tu mueble bar y me dije, pues oye, ya que Lexa está de fiesta, yo también. Y me consta que no has respondido a mi pregunta.
- ¿Podemos cambiar de tema?
- ¿Podías no haberme cogido la cazadora de cuero para la fiesta de Meghan Anderson y llenarla de pota tras tu primer pedo? No, esta es mi venganza. Responde.
Le devuelve la taza, intentando ignorar la ceja alzada de su hermana... todo lo que puede... no va a funcionar... no...
Suspira.
- No he vuelto a hablar con ella. No tengo forma tampoco. Me ha pedido que no la vuelva a contactar por la... la app y no tengo su teléfono. Tampoco pienso pedirle a Raven que me lo facilite, así que ni lo propongas.
Anya tan sólo levanta las manos en señal de rendición, antes de beber otro sorbo.
-Me parece correcto.
Lexa no se fía, no puede ser tan fácil.
- Aunque tampoco hace falta pedirle a Raven el teléfono de tu rubia -se levanta de la cama- Total, tengo el teléfono de su amiga, la que la acompañaba esa noche... empezaba por O -frunce el ceño, y abandona la habitación, dejando a su hermana en la cama, agarrada a su sábana y mirando el pasillo con cara de wtf.
Porque... ¿wtf?
Se levanta de un salto, matándose casi contra la pared al tener una de las piernas enredada en la misma sábana que sujeta.
- Mecagüen... ¿CÓMO? ¿DESDE CUÁNDO? -grita hacia el pasillo.
- Vístete y te lo cuento -se asoma la cabeza de su hermana, con el descaro de guiñarle un ojo antes de desaparecer de nuevo.
Si hubiese un récord Guiness de rapidez al vestirse, lo hubiese ganado. Lo de que cada calcetín fuese de un color distinto, ya es otro cantar, pero tampoco nos quedemos en los detalles.
Localiza a su hermana en la cocina, preparando otra taza de "té", que le acerca con una sonrisa que salta las alarmas de Lexa y le sube al 100 el instinto de huída.
- Ah... gracias... -lo acepta, aunque sin beber. Pese a todo, no le apetece ponerse a beber vodka a palo seco a las 11 de la mañana.
- De nada.
- No me has respondido.
- O sí pero no me has oído. No soy como tú, que voy poniendo a prueba la insonorización de mi piso, la señora Haggis debe estar rezando para que te mudes.
- Deja a la señora Haggis en paz.
- ¿Por qué? Con lo maja que es, no se merece oír tanto grito. ¿O es que os lleváis un rollo raro? ¿Le va el escucharte?
No puede más, deja su taza sobre la mesa de la cocina, y le tapa la boca a Anya a dos manos.
- Por favor, deja de hablar de la señora Haggis, y responde a mis preguntas.
- Mffpmmmmffm.
...
Bendita paciencia.
Le quita las manos de la boca, negando con la cabeza mientras su hermana bebe un sorbo.
- ¿Te importaría repetir la respuesta?
- Desde la cena, me lo dio ella.
- Ajá, y no lo has comentado antes porque...
- Sabes muy bien que no hay que ir soltando información así como así, tenía que esperar al momento oportuno.
- Mes y medio tras la dichosa cena ha sido el momento oportuno. Que, por cierto, ¿no te echan de menos en tu trabajo?
- Hacemos una llamada via Zoom todas las tardes, no te preocupes, mi vida laboral no corre peligro. Les dije que mi hermana tenía una emergencia sanitaria...
- ¿Emergencia sanitaria?
- ...y mi jefa, que te recuerdo que soy yo, me ha dado permiso para teletrabajar desde aquí. Es lo bueno de trabajar para un e-commerce, que el tema de hacerlo todo via internet se nos da de maravilla.
- Repito, ¿emergencia sanitaria?
- Nada preocupante, pero te mandan muchos ánimos.
- Anya.
- Lexa.
- Te odio.
- No es cierto.
- No, no es cierto.
- ¿Qué piensas hacer? Tengo el teléfono de su amiga, así que puedo ponerte en contacto con ella.
- Me dijo que no volviese a contactarla.
- Por la app, pero esto no es esa app maravillosa a la que te enganché. Es el teléfono de su amiga.
Ahora sí, ahora necesita ese "té", que coge de la mesa antes de sentarse.
- Necesito... necesito pensarlo, Anya. No quiero cagarla. Y tampoco quiero meter a su amiga en esto. No quiero forzarlo
Nota las palmaditas en la espalda de su hermana, animándola, o dándole su pésame, no está claro. Lexa tan sólo decide dedicarse al "té".
- Me parece bien. Pero mientras pienso seguir mensajeándome con su amiga.
Que te entre vodka en las vías respiratorias, no es divertido.
